0% encontró este documento útil (0 votos)
19 vistas1 página

Rev 3

El desarrollo de la Revolución Industrial británica es objeto de debate entre historiadores, destacando la importancia del mercado exterior según Hobsbawm, mientras que Mori enfatiza el papel del mercado interno. La industria textil, especialmente el algodón, fue la primera en industrializarse, impulsada por la creciente demanda tanto interna como externa. La introducción de innovaciones tecnológicas en el hilado y tejido llevó a la creación de fábricas, aunque los avances fueron modestos y accesibles para artesanos.

Cargado por

Juan López
Derechos de autor
© © All Rights Reserved
Nos tomamos en serio los derechos de los contenidos. Si sospechas que se trata de tu contenido, reclámalo aquí.
Formatos disponibles
Descarga como DOCX, PDF, TXT o lee en línea desde Scribd
0% encontró este documento útil (0 votos)
19 vistas1 página

Rev 3

El desarrollo de la Revolución Industrial británica es objeto de debate entre historiadores, destacando la importancia del mercado exterior según Hobsbawm, mientras que Mori enfatiza el papel del mercado interno. La industria textil, especialmente el algodón, fue la primera en industrializarse, impulsada por la creciente demanda tanto interna como externa. La introducción de innovaciones tecnológicas en el hilado y tejido llevó a la creación de fábricas, aunque los avances fueron modestos y accesibles para artesanos.

Cargado por

Juan López
Derechos de autor
© © All Rights Reserved
Nos tomamos en serio los derechos de los contenidos. Si sospechas que se trata de tu contenido, reclámalo aquí.
Formatos disponibles
Descarga como DOCX, PDF, TXT o lee en línea desde Scribd

el desarrollo de la Revolución Industrial británica fue tema de debate entre los historiadores.

Según Eric J. Hobsbawm, el mercado exterior fue la "chispa" que encendió la revolución
industrial, ya que mientras la demanda interior se extendía, la exterior se multiplicaba. Además
considera que la primera manufactura que se industrializó -el algodón- estaba vinculada
esencialmente al comercio ultramarino. Esto no implica para Hobsbawm negar la importancia
del mercado interno -lo considera como la base para la generalización de una economía
industrializada- pero lo coloca en una posición subordinada al mercado exterior. Otros
historiadores, como el italiano Giorgio Mori, ponen, en cambio, el acento en el mercado
interno. Considera que el papel del comercio exterior fue irregular, mientras que el impulso
para la industrialización provino de la demanda interna: de la existencia de una masa de
consumidores -incluso "pobres"- en expansión por lo precios bajos de los nuevos productos,
sobre todo, textiles. Sin embargo, no hay dudas de que la constante ampliación de la demanda -
interna, externa o ambas- de textiles ingleses fue el impulso que llevó los empresarios a
mecanizar la producción: para responder a esa creciente demanda era necesario introducir una
tecnología que permitiera ampliar esa producción. De este modo, la primera industria "en
revolución" fue la industria de los textiles de algodón.
La introducción de nuevas técnicas se desarrolló paulatinamente. Para aumentar la
producción, en primer lugar, fue necesario superar el desequilibrio entre el hilado y el tejido.
El torno de hilar, lento y poco productivo, no era suficiente para abastecer a los telares
manuales que no sólo se multiplicaban sino que se aceleraban por la introducción de la
"lanzadera volante." De allí la necesidad de introducir innovaciones tecnológicas que
aceleraron el proceso del hilado y que, desde 1780, exigieron la producción en fábricas. De
este modo, las primeras fábricas de la Revolución Industrial fueron establecimientos donde se
cardaba el algodón para hilarlo y, fundamentalmente, hilanderías. En un primer momento, el
aumento del hilado multiplicó el número de telares y tejedores manuales, tanto de los que
trabajaban de acuerdo al antiguo sistema domiciliario como de los que comenzaban a ser
concentrados en grandes talleres. Es cierto que los bajos salarios y la abundancia de
trabajadores conspiraron en contra de la tecnificación de los telares; sin embargo, la
abundancia de hilado y la apertura de mercados en el continente europeo -después de las
guerras napoléonicas- llevaron a la introducción del telar mecánico. En rigor, la Revolución
Industrial requirió pocos refinamientos intelectuales. Sus inventos técnicos fueron
sumamente modestos, ninguno de ellos -como la lanzadera volante, la máquina para hilar o el
huso mecánico- estaban fuera del alcance de artesanos experimentados o de la capacidad
constructiva de los carpinteros. La máquina más científica que se produjo, la giratoria de vapor
(James Watt, 1784), no estaba más allá de los conocimientos físicos difundidos en la

También podría gustarte