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Hepatitis

La hepatitis es la inflamación del hígado, comúnmente causada por virus, con un 33% de la población mundial infectada. Existen cinco tipos principales de virus de hepatitis (A, B, C, D y E), cada uno con diferentes modos de transmisión y gravedad de la enfermedad. El tratamiento varía según el tipo de hepatitis y puede incluir reposo, antivirales y control médico frecuente.

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Hepatitis

La hepatitis es la inflamación del hígado, comúnmente causada por virus, con un 33% de la población mundial infectada. Existen cinco tipos principales de virus de hepatitis (A, B, C, D y E), cada uno con diferentes modos de transmisión y gravedad de la enfermedad. El tratamiento varía según el tipo de hepatitis y puede incluir reposo, antivirales y control médico frecuente.

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Hepatitis

La hepatitis es la inflamación del hígado que generalmente es causada por virus,


pero también puede ocurrir como consecuencia del uso excesivo e indiscriminado
de medicamentos, del consumo desmedido de bebidas alcohólicas o por un
trastorno autoinmune.
Se estima que el 33% de la población a nivel mundial está infectada por algún tipo
de virus de la hepatitis. Esta enfermedad es una inflamación del hígado debido a
una gran selección de causas, y que da lugar a un amplio abanico de problemas
graves de salud.

Una de las consecuencias más directas de la hepatitis es la reducción en la


producción de bilis, una sustancia que se encarga de absorber las grasas en el
intestino. Además, esta enfermedad disminuye la producción de proteínas por
parte del organismo, dando lugar a la retención de líquido.

Una hepatitis también puede desencadenar una hipoglucemia. El glucógeno se


transforma en glucosa siempre y cuando el organismo lo necesita; no obstante, si
las reservas no son suficientes puede dar lugar a una reducción del nivel de
azúcar en sangre del paciente infectado.

Etiología

Entonces, dentro de los virus causantes de enfermedades sistemas que pueden


afectar al hígado se pueden destacar:
 Virus de Epstein-Barr (mononucleosis infecciosa), hepatitis leve.
 Citomegalovirus (recién nacidos y personas inmunodeprimidas).
 Virus del Herpes.

Con respecto a los virus hepatotrópicos, se tienen:

 Virus de la hepatitis A (VHA)


 Virus de la hepatitis B (VHB)
 Virus de la hepatitis C (VHC)
 Virus delta asociado con la hepatitis B (VHD)
 Virus de la hepatitis E (VHE)
A pesar de que estos virus puedan causar hepatitis aguda, estos difieren en
diversos aspectos, tales como en su estructura, forma de transmisión, grado y
cronicidad del daño hepático, entre otros.

Clasificación
Existen un total de cinco virus de la hepatitis, cada uno de ellos denominado por
una determinada letra: A, B, C, D y E. Cada uno de ellos tiene sus propias
características:

 Virus de la hepatitis A: Se presenta a través de las heces de las personas


infectadas. En la gran mayoría de los casos se transmite a través
del consumo de agua o alimentos contaminados; el contagio también puede
darse a través de las relaciones sexuales. Se trata de una infección leve y
la tasa de curación es de prácticamente el 100%. No obstante, en países
pobres y en desarrollo el virus de la hepatitis A puede ser potencialmente
mortal debido al saneamiento deficiente y a la ausencia de vacunas para
prevenir su infección.
 Virus de la hepatitis B: Es el tipo de hepatitis más frecuente y se transmite a
través de la sangre, el semen y cualquier líquido corporal de una persona
infectada; es muy habitual el contagio mediante inyecciones con agujas
contaminadas, así como a través del consumo de drogas inyectables. En el
caso de mujeres embarazadas, cabe la posibilidad de que este virus se
transmita de la madre infectada al bebé. Actualmente existe una vacuna
muy efectiva para prevenir el virus de la hepatitis B.
 Virus de la hepatitis C: Se transmite en prácticamente el 100% de los casos
por la exposición a sangre contaminada, lo cual se da durante transfusiones
de sangre, inyecciones con instrumentos contaminados y el consumo de
drogas inyectables. En determinados casos también se puede transmitir por
vía sexual, aunque no es tan habitual. No existe ningún tipo de vacuna para
prevenir este tipo de virus.
 Virus de la hepatitis D: Sólo puede suceder en aquellas personas
previamente infectadas con el virus de la hepatitis B. En algunos casos la
infección por ambos virus sucede al mismo tiempo, generando una afección
muy grave que incluso puede causar la muerte.
 Virus de la hepatitis E: En relación al virus de la hepatitis E, se transmite por
el consumo de alimentos o de agua contaminados. Este virus es una de las
causas más frecuentes de los brotes epidémicos que tienen lugar en países
en desarrollo. Actualmente existen vacunas de prevención de este virus,
pero tienen una distribución muy reducida.

Fisiopatología
Una vez que el virus se introduzca en el organismo, sea de forma parenteral o
enteral, irá directamente al torrente sanguíneo, en el cual luego llegará al higado,
una vez ahí, este virus comenzará a aprovecharse de los hepatocitos
introduciendo su material genético en el núcleo de los ellos, con tal de que estos le
sinteticen las proteínas necesarias para la incentivar la reproducción del virus y
comenzar la infección. A causa de esto se producirán dos procesos el primero es
inmunitario, donde al momento de que las células del sistema inmune ataquen a
este microorganismo provocará la inflamación del hígado, es decir que crezca.
Mientras que el otro, seria la lisis de los hepatocitos, a causa de la alta
multiplicación de este virus dentro de la célula.

Dicho proceso se va a identificar por el aumento de la bilirrubina, ya que dicha


inflamación causará que se interrumpa el mecanismo de flujo biliar (colestasis,
disminución del flujo biliar), que se ve expresado en ictericia en la piel, sin
embargo, no todos los casos de hepatitis por virus hepatotrópicos producen
ictericia.

La hepatitis anictérica (hepatitis sin ictericia) se produce con más frecuencia que la
hepatitis ictérica, en pacientes con infección por VHC y en niños con infección por
VHA. Por lo general se manifiesta como una enfermedad seudogripal leve.

Síntomas de la enfermedad
La hepatitis puede dar lugar a un cuadro clínico leve o crónico. En el caso de que
sea leve, significa que la afección comienza y desaparece de forma rápida. En
cambio, si la hepatitis es crónica, la enfermedad perdura en el tiempo, pudiendo
dar lugar a un amplio abanico de enfermedades graves como insuficiencia
hepática o incluso determinados tipos de cáncer.
La gravedad de la enfermedad depende una gran selección de factores, siendo los
más importantes dos. Por un lado, la causa de la infección. Y, por otro lado, el
estado de salud general del paciente.

Los primeros síntomas de la hepatitis aparecen aproximadamente una semana


después de la infección. Uno de los principales problemas que presta esta
enfermedad es que los síntomas son muy similares a los de la gripe; este es el
motivo por el que muchísimos pacientes tardan en acudir al médico y la afección
es detectada en fases avanzadas.

Generalmente, las primeras señales de alerta son malestar general, cansancio,


dificultad para concentrarse, fiebre, dolor muscular, dolor de cabeza, náuseas y
falta de apetito.
A medida que la enfermedad avanza, comienzan a tener lugar otros síntomas más
específicos.

 Piel: la piel toma un tono amarillento debido al aumento de la bilirrubina en la


sangre. El hígado se inflama, dando lugar a una alteración en las funciones
enzimáticas.
 Orina: la orina también cambia de color, tomando un color muchísimo más
oscuro de lo habitual debido a un trastorno en la circulación hepática.
 Aliento: otro de los síntomas más comunes de la hepatitis es el mal aliento;
la sensación de tener un sabor amargo continuo en la boca.
 Dolor: algunos pacientes también sienten dolor abdominal en el lado derecho
o izquierdo.
Diagnóstico
Cuando el paciente acude a la consulta del médico con una serie de síntomas que
hacen sospechar de alguna afección relativa al sistema hepático, en primer lugar,
se estudia su historial clínico; de esta manera, el médico comprueba si existen o
no antecedentes familiares de enfermedades hepáticas y de si el paciente tiene
alguna enfermedad crónica.
Generalmente, se solicita una analítica para valorar los niveles de transaminasas.
En el caso de una hepatitis aguda, los niveles son muy altos; mientras, si la
afección es crónica, los niveles no son tan altos, aunque su concentración varía.
En la analítica también se comprueban los niveles de bilirrubina sérica, fosfatasa
alcalina y γ-glutamil-transpeptidasa con el objetivo de determinar el
funcionamiento del sistema hepático.
Si tras la realización de la analítica el médico sospecha de una hepatitis, es
necesario realizar una serie de pruebas adicionales para determinar la presencia
del virus. El objetivo de las mismas es determinar la cantidad de virus que hay en
el organismo y detectar la presencia de anticuerpos específicos para cada uno de
los tipos de virus de hepatitis que existen.
Si se confirma el diagnóstico de hepatitis, se solicita una biopsia hepática; se toma
una muestra del hígado con una pequeña punción para determinar hasta qué
grado está afectado el órgano a causa de la infección.

Tratamiento de la hepatitis

- Según el tipo de hepatitis:

- Hepatitis viral A y E: suele resolverse sola con reposo, hidratación y dieta


adecuada.

- Hepatitis B y C: pueden requerir antivirales específicos para eliminar o controlar


el virus.

- Evitar alcohol y medicamentos que dañen el hígado.

- Control médico frecuente para monitorear función hepática.

- En casos graves, puede requerirse hospitalización.

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