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Reporte 12

Álvaro Obregón fue un destacado general y político de la Revolución Mexicana, conocido por su pragmatismo y reformas que cimentaron el Estado posrevolucionario. Su carrera abarcó desde su ascenso militar y la derrota de Villa hasta su presidencia, donde implementó reformas agrarias y educativas, aunque su ambición por la reelección culminó en su asesinato en 1928. Su legado es una mezcla de modernización y autoritarismo, dejando una huella duradera en la educación y la política mexicana.

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Reporte 12

Álvaro Obregón fue un destacado general y político de la Revolución Mexicana, conocido por su pragmatismo y reformas que cimentaron el Estado posrevolucionario. Su carrera abarcó desde su ascenso militar y la derrota de Villa hasta su presidencia, donde implementó reformas agrarias y educativas, aunque su ambición por la reelección culminó en su asesinato en 1928. Su legado es una mezcla de modernización y autoritarismo, dejando una huella duradera en la educación y la política mexicana.

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Reporte 12: Álvaro Obregón, el vértigo de la victoria

Álvaro Obregón Salido (1880–1928) es uno de los generales más célebres y


complejos de la Revolución Mexicana: fillo-musulmán revenu et républicain qui
combina pragmatismo político con visión reformista. Enrique Krauze lo describe
como “el vértigo de la victoria”: un militar astuto que supo sobreponerse a caudillos
populares Villa y Zapata y luego evolucionar para llegar al poder civil,
implementando reformas sociales y económicas que cimentaron el Estado
posrevolucionario. Este reporte recorre su biografía desde sus orígenes modestos
hasta su asesinato como presidente electo en 1928, explorando su dinámica con
Carranza, su derrota a Villa, su política agraria y educativa, y su legado
institucional.

Álvaro Obregón nació el 21 de febrero de 1880 en Siquisiva, Huatabampo,


Sonora, en el seno de una familia campesina anglo-mestiza. Su padre era profesor
y su madre indígena Yaqui. Estudió magisterio en la Escuela Normal de México y
luego fundó la escuela en Navojoa. Interesado en la pedagogía y la agricultura, se
adentró en la política local a través de la Sociedad Pesquera de Guaymas y el
Partido Liberal mexicano. Sus primeros contactos con la política le dieron
experiencia en administración local, pero su vida cambió al estallar la Revolución
en 1910: en Sonora, se unió a las filas constitucionalistas encabezadas por
Carranza y Heck, empezando su carrera militar sin formación formal en estrategia,
pero con gran determinación.

Ascenso militar y alianzas tempranas


Obregón entendió rápidamente que el dominio sobre su región sería clave para el
ascenso político. En 1913, tras la firma del Plan de Guadalupe, tomó las armas
contra Huerta y derrotó a tropas federales en la Batalla de la Paredón (septiembre
1913). Su ascenso se consolidó con la victoria en la Batalla de Nogales (mayo
1914), que abrió la frontera norte a suministros revolucionarios. Cuando Villa se
replegó tras la Convención de Aguascalientes (octubre 1914), Obregón fiel a
Carranza se le presentó como el hombre capaz de contener las ambiciones
villistas.

Derrota al Villa en Celaya y León


La batalla decisiva que definió el ascenso de Obregón fue la Batalla de Celaya
(abril 1915). Obregón aplicó tácticas de trincheras y alambradas, empleando
ametralladoras que aniquilaron la caballería de Villa. Su victoria técnica demostró
que la guerra civil, si bien había sido dominada por fuerzas guerrilleras, podía
llevarse a cabo con disciplina militar moderna. Esta lección se repitió en León
(junio 1915), consolidando a Obregón como líder militar supremo. Villa se exilió al
norte y Obregón se volvió el brazo derecho de Carranza, quien ya ejercía la
presidencia constitucional en la Ciudad de México.

Relación con Carranza y transición al poder civil

Aunque Carranza confió en Obregón, surgieron tensiones: Carranza promovía un


modelo político conservador en materia agraria, mientras Obregón, conocedor de
las demandas populares, presionaba por una reforma agraria más amplia. En
1917, fue nombrado secretario de Guerra, pero renunció ante la falta de apoyo a
su visión. Obregón se postuló como candidato presidencial con el respaldo de
Carranza, ganando cómodamente las elecciones de 1920. Sin embargo, este
triunfo no fue fruto de combate militar, sino de un acuerdo con la élite: Obregón
representaba la continuidad revolucionaria sin desplazar por completo a los
intereses de inversionistas y militares.

Presidencia de Obregón (1920–1924)

Obregón asumió la presidencia el 1 de diciembre de 1920. Su gobierno se


caracterizó por:

Reforma agraria: implementó el reparto de 2 millones de hectáreas a campesinos,


especialmente en Sonora, Sinaloa, Chihuahua y Morelos. Aunque no tan radical
como Zapata, buscó un equilibrio para no antagonizar a la clase terrateniente por
completo.

Reforma educativa: impulsó la Secretaría de Educación Pública, con José


Vasconcelos al frente, promoviendo la educación rural como pilar del desarrollo
social; se fundaron más de 10 000 escuelas primarias en todo el país.

Neutralización de facciones: pactó con antiguos villistas y zapatistas, otorgándoles


puestos menores o tierras, evitando su participación política para impedir
rebeliones.
Política económica: renegoció la deuda externa, estabilizó el peso y fomentó la
inversión petrolera con compañías extranjeras, al tiempo que surgía la semilla del
nacionalismo económico que florecería bajo Cárdenas.

La posición de Obregón fue pragmática: dio reformas suficientes para aplacar a la


base popular, sin desmantelar por completo los cimientos del porfirismo
económico.

Conflicto religioso: Guerra Cristera y restitución del orden


Al término de su gobierno, en 1924, Obregón vio cómo las disposiciones
anticlericales de la Constitución de 1917 se activaban con fuerza en el gobierno de
Calles (1924–1928). Esta situación desembocó en la Guerra Cristera (1926–1929),
conflicto armado entre el Estado y feligreses católicos. Aunque Obregón no estaba
en la silla presidencial cuando estalló el conflicto, su elección de Calles como
sucesor—un militar rígido en cuestiones anticlericales—generó resentimiento
religioso que tendría repercusiones políticas en su intento de reelegirse en 1928.

Reelección pretendida y asesinato

Obregón, tentado por el poder, promovió una reforma para reeligirse en 1928. Con
la complicidad de Calles, la Constitución fue modificada para permitir la reelección
inmediata. Sin embargo, su plan se frustró al ser asesinado el 17 de julio de 1928
por José de León Toral, un lector joven y fanático católico, durante un almuerzo en
el restaurante “La Bombilla” (Ciudad de México). Su muerte fue el clímax de la
Guerra Cristera y marcó el fin de su ambición reeleccionista. El país, polarizado,
entró en un periodo de luto y de incertidumbre que desembocó en el maximato y la
presidencia de Calles (1928–1934).

Álvaro Obregón es una figura emblemática del tránsito de la revolución armada a


la consolidación institucional. Krauze lo califica como “el vértigo de la victoria”
porque, tras vencer a Villa, supo traducir la fuerza militar en reformas moderadas,
estableciendo las bases del Estado posrevolucionario. Su obra esencial: distribuir
tierras, universalizar la educación y sentar las bases de un sistema político que
giraba en torno al presidente y su gabinete, limitando la autonomía de oficinas
regionales.

No obstante, su sucesión a Calles sembró la semilla de un presidencialismo más


autoritario, pues privilegió la mano dura sobre la negociación política. Obregón,
pragmático, a veces sacrificó ideales democráticos por la estabilidad. Su visión del
poder esuna mezcla de militarismo y reforma social moderada que permitió al país
recuperarse tras la guerra, pero su tentación reeleccionista reavivó la tensión entre
demanda popular y control institucional.

En la memoria histórica, Obregón ocupa un lugar intermedio entre Zapata (radical


agrario) y Carranza (constitucionalista pragmático). Su legado más duradero es la
SEP y las escuelas rurales, que cambiaron la articulación cultural de México. Su
violencia militar, empañada por la represión a villistas y cristeros, contrasta con su
faceta reformista. Obregón personifica el vértigo revolucionario: la capacidad de
ganar batallas decisivas y luego intentar reconstruir pacíficamente un país
fracturado.

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