FACULTAD DE DERECHO Y CIENCIAS POLÍTICAS
PROGRAMA DE ESTUDIOS DE DERECHO
“Formas de gobierno parlamentario, clásicos y sus variantes”
Grupo 05
Celi Brophy, Graace
Gómez Montero, Nataly
Juárez Ruidias, Santiago
Monjarás Jiménez, Antonella
Olivares Sarmiento, Bruno
Docente
Carlos Arcaya Mogollón
Piura, 2024
ÍNDICE
INTRODUCCIÓN.......................................................................................................................3
CAPÍTULO I: FORMAS DE GOBIERNO CLÁSICAS.........................................................5
2.1. Monarquía......................................................................................................................5
2.2. Aristocracia.................................................................................................................10
2.3. Democracia.................................................................................................................14
CAPÍTULO II: SISTEMAS CONTEMPORÁNEOS.............................................................22
3.2. Semi-Presidencialismo.............................................................................................22
3.3. Presidencialismo.......................................................................................................25
CONCLUSIONES....................................................................................................................33
REFERENCIAS.......................................................................................................................36
INTRODUCCIÓN
La evolución de las formas de gobierno ha sido un tema central en la
historia política y constitucional de las sociedades humanas. Desde tiempos
antiguos, diferentes sistemas políticos han surgido y evolucionado, reflejando
las necesidades, creencias y valores de las comunidades que los han
adoptado. En este contexto, las formas de gobierno clásicas, como la
monarquía, aristocracia y democracia, han servido como fundamentos para el
desarrollo de sistemas más complejos y variados, tales como el
parlamentarismo, semipresidencialismo y presidencialismo.
La monarquía, caracterizada por el gobierno de un solo individuo, ya sea
un rey o una reina, ha sido una de las formas de gobierno más antiguas y
duraderas en la historia de la humanidad. En este sistema, el poder político se
transmite por herencia o designación divina, y el monarca ejerce autoridad
absoluta o limitada, dependiendo del contexto histórico y cultural. La
aristocracia, por otro lado, se basa en el gobierno de una élite privilegiada,
donde el poder político está concentrado en manos de una clase noble o
aristocrática, cuyos miembros son seleccionados por linaje, riqueza o méritos
militares.
La democracia, en contraste, se caracteriza por la participación política
del pueblo, donde los ciudadanos tienen la oportunidad de tomar decisiones y
ejercer el poder a través de la elección de representantes o la participación
directa en la toma de decisiones. Este sistema político, originado en la antigua
Grecia, ha evolucionado a lo largo de los siglos, adoptando diversas formas y
modelos, como la democracia directa, representativa o participativa, según las
necesidades y circunstancias de cada sociedad.
A partir de estas formas de gobierno clásicas, han surgido variantes más
complejas y modernas, como el parlamentarismo, que combina elementos de la
monarquía y la democracia, donde el poder ejecutivo es ejercido por un primer
ministro y un gabinete responsables ante un parlamento electo. El semi
presidencialismo, por otro lado, presenta una división de poderes entre un
presidente con funciones ejecutivas y un primer ministro encargado del
gobierno cotidiano, siendo un sistema híbrido entre el parlamentarismo y el
presidencialismo.
Finalmente, el presidencialismo se distingue por la concentración del
poder ejecutivo en un presidente electo directamente por el pueblo, quien
ejerce funciones de jefe de Estado y jefe de Gobierno. Este sistema, común en
países como Estados Unidos y Brasil, otorga al presidente amplios poderes
ejecutivos y una fuerte autoridad política, pero también puede conducir a la
polarización política y a la concentración excesiva de poder en una sola figura.
En conjunto, estas formas de gobierno y sus variantes representan una amplia
gama de modelos políticos que han moldeado y definido la historia y el
desarrollo de las naciones a lo largo del tiempo.
CAPÍTULO I: FORMAS DE GOBIERNO CLÁSICAS
Una sociedad requiere de un sistema de gobierno para el cumplimiento
de sus fines, es así que desde siglos atrás existen formas de gobiernos. En
este apartado se empezará desarrollando las formas clásicas de gobierno;
dentro de las cuales existe la monarquía, la aristocracia y finalmente la
democracia. Cada una de ellas tiene una concepción y características que las
hacen únicas en su especie.
Sin perjuicio de la finalidad de este apartado, cabe introducir un
concepto básico para entender el porqué de la existencia de una forma de
gobierno. Como se precisó en el párrafo anterior, una sociedad requiere de un
gobierno.
La sociedad es un elemento fundamental de un Estado. El Estado
conceptualmente es una organización social que cuenta con instituciones que
permiten la vida en comunidad dentro de un espacio territorial. En síntesis un
Estado contiene un Gobierno, una población y un Territorio.
De manera más específica, un Estado de Derecho, le suma a los
elementos del Estado, la idea de que tanto como la población y el gobierno
están bajo las mismas leyes, es decir, existe un marco jurídico preestablecido
en virtud del cual las decisiones tanto como de gobernantes o sociedad se guía
por ley en respeto a sus propios derechos.
Ahora bien, un Estado necesita un gobierno, es así que la primera forma
de gobierno es la Monarquía.
2.1. Monarquía
Inicialmente, se debe indicar que un “reino” (o “monarquía”) corresponde
a una de las formas clásicas de gobierno; (…) La “monarquía” o el “reino” es un
régimen por el que se gobierna una sociedad comunitaria”. (Alvear, 2019)
La monarquía puede entenderse desde 3 dimensiones. La primera es
desde una dimensión histórica en la que un reino es una realidad histórico
social proveniente de la ciudad clásica y cristiana. En segundo lugar, desde un
punto político-jurídico, es un inmenso esfuerzo por explicitar tradiciones
políticas. Finalmente, desde un punto de vista que regula la creación de ideas,
un reino es donde emerge la figura del rey, por lo general se espera que el rey
sea justo, además que, deba servir a sus súbditos.
A su vez existen tres tipos de monarquías.
Monarquía absoluta
De acuerdo a Elorrieta y Artaza (S.F.), siguiendo a Monstesquieu, “El
gobierno monárquico es aquel en el que gobierna uno solo, pero con arreglo a
leyes fijas y establecidas, mientras que en el gobierno despótico uno solo, sin
ley y sin regla, arrastra todo por su voluntad y caprichos”.
En suma, también lo que caracteriza a la monarquía absoluta es la
concentración de poderes en el monarca.
De acuerdo a Montoro (2011) este tipo de Monarquía constituye una
“atribución de la soberanía al rey, que ejerce el poder sin someterse a ningún
límite ni control y que reduce la ley a un puro mandato, a un mero acto de la
libre voluntad incondicionada (voluntarismo) del monarca.” (p. 145)
Este tipo de monarquía era de corte autoritaria de la Europa Occidental
del final del Medioevo e inicios de la edad moderna. Un ejemplo de Monarquía
Absolutista fue el reinado de Luis XIV, en Francia durante el periodo de 1643 a
1715; este monarca ejerció de modo personalísimo los tres poderes políticos
que conocemos: el Ejecutivo, el Legislativo y el Judicial. Este monarca es el
más representativo junto a su frase “L´État, c´est moi” que significa “El Estado
soy yo”. (Etecé, 2024)
Características de la Monarquía absolutista.
- Carece de Separación de Poderes.
- Control absoluto del Estado.
- Es vitalicio, hereditario y le corresponde a la Nobleza.
- Se vincula a la divinidad.
- El soberano tiene derechos y sus súbditos obligaciones.
Monarquías absolutas vigentes
En Europa, si bien es cierto, es una forma de gobierno que desapareció
tras la histórica revolución Francesa y sus subsecuentes revoluciones en
distintos reinados europeos, siendo su último representante el Zar Nicolás II de
Rusia, quien abdicó frente a la revolución de febrero de 1917; también es
cierto, que a la actualidad aún hay Estados donde continúa vigente debido a
razones políticas propias de cada nación.
Como ejemplo de este tipo de monarquías, en primer lugar está Arabia
Saudita gobernada por Salmán Bin Abdulaziz; en segundo lugar Catar
gobernada por Tamim bin Hamad Al Thani; Brunéi por Hassanal Bolkiah, entre
otros.
Monarquía constitucional
El inicio de la Monarquía Constitucional se remonta al momento en el
que el Rey se vio obligado a respetar las leyes, o lo que los Ingleses
denominan el respeto del Bill of Rights.
Bajo esta forma de gobierno, se asimiló la separación de poderes, es
decir, el Soberano ya no concentra todos los poderes. Así, la monarquía
constitucional significó un modelo producto del proceso revolucionario en el
cual destacan la predominancia de asambleas, los avances del
constitucionalismo liberal; en el cual el monarca o Rey, estaba situado en el
centro como personificación del Estado de Derecho. (Lario, 1999)
Para Montoro (2011) implica la combinación del principio monárquico,
limitado por el principio racional del imperio de la ley (la ley natural y la
constitución).
En una Monarquía Constitucional, se supone que la sociedad es
posterior al Estado y nacen derechos para ellos producto de la existencia del
Estado, de ese modo, se requiere de una representación de la sociedad siendo
el Soberano quien los represente. A diferencia de la monarquía absolutista, el
Soberano ya no es el Estado sino, el representante de la sociedad que
conforma un Estado y como tal se le designa dicha representación para el
gobierno del Estado, específicamente encargándole el poder ejecutivo, siendo
así el Jefe de Estado. (Lario, 1999)
Dicha atribución al monarca, teniendo en cuenta la existencia del Estado
que nace de una Constitución, lo limita a dirigir al Estado de acuerdo a lo que
exprese la Constitución; por lo general no establecen la política pública ni elige
a los lideres políticos, pero ese dependerá de lo que exprese su constitución.
Características de la Monarquía Constitucional
Del estudio de diversas monarquías constitucionales, se puede advertir
las siguientes características:
- Es hereditaria y vitalicia.
- Es ceremonial.
- De política neutral, lo que permite su convivencia con regímenes
democráticos.
- Es familiar.
- Se sostiene con los impuestos de los contribuyentes.
Beneficios de la Monarquía Constitucional
El primer punto a favor es que, el Monarca antes de ocupar su cargo ha
sido preparado psicológica e intelectualmente para el ejercicio de sus funciones
a la nación con respeto a la constitución.
El segundo punto favorable es que, tienen relaciones internacionales,
debido a que es una figura de protocolos y a su vez tienden a ser lideres
morales. Aunado a que, un monarca permanece durante mucho tiempo en el
cargo como jefe de Estado, esto le permite establecer relaciones a largo plazo.
El tercer punto a favor es su neutralidad política, la cual sirve para una
correcta protección de los intereses generales de la población.
Monarquía parlamentaria
De acuerdo con Montoro (2011) este tipo de monarquía se diferencia de
las demás dado al retroceso del poder real que ostenta al Monarca ante la
representación popular, puesto que a su soberanía se le interpone un órgano
denominado “gabinete”.
En una monarquía parlamentaria el Soberano está más limitado en su
poder, siendo el parlamento quien tome decisiones que necesariamente el Rey
debe cumplir. La figura del rey queda con poca injerencia en las decisiones
políticas y gubernamentales del país, siendo su participación en actividades o
temas de poca trascendencia en el rumbo del país.
Se introduce la figura del primer ministro, quien es elegido por el pueblo
y se encarga de dirigir el gobierno, siendo el Jefe de Gobierno.
Por lo general, dada a la historia y sentimiento de la nación hacia su
monarca es que continúan existiendo a la actualidad, puesto que la
identificación de los súbditos con su Rey permite que estos sigan en función
gozando de ciertos privilegios por ser los representantes del país y Jefes de
Estado.
En palabras de Díaz (2015):
“(…) la monarquía parlamentaria se caracteriza porque el mantenimiento
de la jefatura del Estado de carácter vitalicio y hereditario se
compatibiliza con la mayor racionalización democrática en el diseño del
modelo de separación de poderes. Ello implica que el propio monarca
pierde todo poder político, partiendo la legitimidad de los demás poderes
del Parlamento, que es quien elige, legitima y controla al poder
ejecutivo.”
Características
- Soberano reina, pero no gobierna.
- Monarca no ejerce poder político.
- Las funciones del Monarca son simbólicas y representativas.
Modelo de Monarquía Parlamentaria
El modelo que más destaca como monarquía parlamentaria es el del
Reino Unido. Del análisis del modelo anglosajón se puede extraer que parte de
las funciones del monarca es convocar al líder del partido ganador a formar un
gobierno, la disolución del gobierno antes de una elección general, dar inicio
del año parlamentario y exponer los planes del gobierno, aprobar o desaprobar
formalmente una ley votada por el parlamento. (BBC News Mundo, 2023)
En cierto sentido, realiza funciones protocolares como recibir a otros
Jefes de Estado, reunirse con embajadores, y otro tipo de relaciones
internacionales, puesto que es el representante del Estado, es decir del Reino
Unido, y por tanto representa a sus súbditos.
2.2. Aristocracia
La aristocracia es un sistema de gobierno donde el poder reside en una
élite privilegiada, típicamente determinada por la nobleza, el linaje, la riqueza, o
una combinación de estos factores. El término "aristocracia" deriva del griego
antiguo "aristokratía", que significa "gobierno de los mejores". Históricamente,
las aristocracias han surgido en sociedades donde ciertas familias o grupos
han concentrado el poder y la influencia, basándose en su supuesta
superioridad moral, intelectual o guerrera. (Real Academia Española, 2024)
En la antigua Grecia, filósofos como Platón y Aristóteles discutieron
ampliamente sobre la aristocracia. Platón, en su obra "La República",
idealizaba una forma de gobierno donde los filósofos, considerados los más
sabios y justos, gobernarían la polis. Por su parte, Aristóteles reconocía la
aristocracia como una de las formas "correctas" de gobierno, junto con la
monarquía y la república, siempre y cuando los gobernantes actuaran en
beneficio de la comunidad.
Según la autora Lane, M. (2011) durante la Edad Media, la aristocracia
fue predominante en Europa, donde la nobleza terrateniente ejercía un poder
considerable sobre sus dominios y sus súbditos. Este poder se transmitía
hereditariamente, consolidando aún más la estructura jerárquica y excluyendo
a la mayoría de la población de la toma de decisiones políticas. En muchos
casos, la aristocracia se justifica a través de la doctrina del "derecho divino de
los reyes", que sostenía que el poder de los gobernantes era otorgado por
Dios.
Miller, F. (1997) resalta que pesar de su aparente declive en el mundo
moderno, las reminiscencias de la aristocracia todavía pueden observarse en
ciertas instituciones y prácticas políticas. Por ejemplo, la existencia de casas
nobles y títulos de nobleza en algunos países, y la persistencia de élites
económicas y sociales que ejercen una influencia desproporcionada en la
política y la sociedad, pueden ser vistas como formas contemporáneas de
aristocracia.
Aristocracia Pura
Miller, F. (1997) La aristocracia pura es un concepto ideal de gobierno en
el cual los "mejores" ciudadanos, definidos por su virtud, sabiduría y capacidad
moral, son los que ejercen el poder. Esta forma ideal de aristocracia se
fundamenta en la idea de que aquellos que son moral y éticamente superiores
deben liderar la sociedad para asegurar el bienestar común. Platón fue uno de
los primeros en teorizar sobre esta forma de gobierno en su obra "La
República", donde proponía que los filósofos, considerados los más sabios,
deberían ser los gobernantes.
Aristoteles, (2002) resalta que en una aristocracia pura, los gobernantes
son seleccionados no por su riqueza o linaje, sino por su excelencia y mérito
personal. Este tipo de régimen se basa en el principio de la meritocracia, donde
la capacidad individual y el desempeño determinan la posición de poder. Platón
describió una sociedad donde los gobernantes, o "guardianes", son educados
desde una edad temprana para alcanzar un alto nivel de conocimiento y ética,
permitiéndoles gobernar de manera justa y eficaz.
Sin embargo, en la práctica, la implementación de una aristocracia pura
ha demostrado ser extremadamente difícil. La corrupción y los intereses
personales a menudo socavan los ideales de este sistema. La historia ha
mostrado que incluso en las sociedades donde se intentó establecer una
aristocracia basada en la virtud, los factores como la riqueza y el poder familiar
tendieron a influir fuertemente en la selección de los líderes.
Un ejemplo de la búsqueda de una aristocracia pura se puede ver en los
intentos de algunos gobiernos y organizaciones de implementar sistemas de
selección basados en el mérito, como los exámenes de servicio civil en China
imperial. Aunque estas iniciativas buscaban asegurar que los más capaces
llegaran al poder, en la práctica, los sesgos y la corrupción a menudo
comprometían sus ideales.
Oligarquía
La oligarquía es una forma de gobierno en la cual el poder está
concentrado en un pequeño grupo de individuos, generalmente los más ricos o
influyentes de una sociedad. Este término proviene del griego "oligarkhia", que
significa "gobierno de unos pocos". A diferencia de la aristocracia, que
idealmente se basa en la virtud y el mérito, la oligarquía se caracteriza por la
dominación de la sociedad por un grupo reducido que busca principalmente su
propio beneficio. (Real Academia Española, 2024)
Aristóteles clasificó la oligarquía como una forma desviada de la
aristocracia, donde el interés personal prevalece sobre el bien común. En una
oligarquía, los líderes a menudo utilizan su poder y recursos para mantener y
expandir su control, creando una sociedad con grandes desigualdades
económicas y de poder. La concentración del poder en pocas manos puede
llevar a la corrupción y a la explotación de los recursos y la población.
Winters, J. (2011) señala que históricamente, las oligarquías han surgido
en diversas sociedades. Por ejemplo, en la antigua Grecia, muchas ciudades-
estado, como Esparta, fueron gobernadas por pequeños grupos de élites.
Durante la República Romana, las familias patricias controlaban la mayor parte
del poder político y económico. En la Edad Media, la nobleza feudal en Europa
constituía una oligarquía que dominaba vastas extensiones de tierra y ejercía
un poder significativo sobre los campesinos.
En la era moderna, el término oligarquía a menudo se usa para describir
sistemas donde las corporaciones y los individuos extremadamente ricos tienen
una influencia desproporcionada sobre las políticas gubernamentales y las
decisiones económicas. En algunos casos, las democracias pueden degenerar
en oligarquías si el poder se concentra en las manos de una élite económica,
como se ha argumentado en contextos como Estados Unidos, donde el poder
de las grandes corporaciones y los intereses financieros pueden eclipsar el
poder político del ciudadano promedio.
Timocracia
La timocracia es una forma de gobierno en la cual el estatus y la
influencia política de los ciudadanos se basan en la cantidad de propiedad y
riqueza que poseen. Este concepto proviene del griego "timokratía", donde
"timé" significa honor o valor, y "kratía" significa poder o gobierno. La timocracia
se encuentra en algún lugar entre la aristocracia y la oligarquía, ya que
combina elementos de ambas al valorar tanto el mérito como la riqueza. (Real
Academia Espalola, 2024)
Según Plato, (2003) Platón y Aristóteles fueron los primeros en teorizar
sobre la timocracia. Platón, en "La República", describió una sociedad
timocrática como una etapa de degeneración de una aristocracia ideal hacia
una oligarquía, donde el amor por la virtud es reemplazado por el amor por el
honor y la riqueza. Para Aristóteles, la timocracia era una forma de gobierno en
la cual los ciudadanos ricos tienen más derechos y poder político, lo que puede
ser visto como una transición hacia la oligarquía si la riqueza se convierte en el
criterio principal de gobernanza.
En una timocracia, los derechos políticos se asignan según la propiedad
y la riqueza. Por ejemplo, en la antigua Atenas, durante ciertos periodos, solo
aquellos que poseían propiedades suficientes podían participar en la asamblea
o servir en ciertos cargos públicos. Este sistema intenta asegurar que aquellos
con intereses económicos significativos en la comunidad tienen una mayor
influencia en las decisiones políticas, bajo la suposición de que su bienestar
está ligado al bienestar general de la sociedad.
2.3. Democracia
Democracia es una palabra de origen griego que fue acuñada por los
atenienses para referirse a su propia forma de gobierno, instaurada en los
últimos años del siglo VI a.C. Aunque siempre es difícil averiguar el momento
exacto en que una palabra empieza a usarse, nuestro término aparece en
Heródoto, un historiador y geógrafo del siglo V a.C. como el nombre de una
forma de gobierno ya entonces objeto de debate. Etimológicamente,
democracia significa gobierno “del pueblo” o “popular”.
Por tanto, la democracia es un sistema político donde el poder está en
manos del pueblo participando en la toma de decisiones políticas a través de
mecanismos legales. Siendo así, la principal forma de participación ciudadana
a través del sufragio universal, libre, igualitario, directo y secreto. Es decir, los
ciudadanos eligen a sus propios representantes dentro de un plazo
determinado.
De igual manera, la democracia puede entenderse como una doctrina
política y una forma de vida social cuyas funciones principales consiste en
respetar los derechos humanos, proteger las libertades civiles y los derechos
individuales, además garantizar la igualdad de oportunidades para participar en
la vida política, económica y social.
Democracia Directa
“La democracia directa se refiere a una forma de gobierno donde el
pueblo participa de manera continua en el ejercicio directo del poder. Se trata
de una democracia auto gobernante. Esto significa que el pueblo, reunido en
asamblea, delibera y decide en torno a los asuntos públicos” (Ruiz M., 2000, p.
10-11)
Según Cabello (2017), la democracia directa es aquel régimen político
en el cual los ciudadanos, ejercen su soberanía directamente, tomando ellos
mismos las decisiones de interés general para la comunidad de modo personal
e individualizado. Es el clásico ideal de autogobierno. (p.15-16)
La democracia directa se ha definido también, como aquella forma de
gobierno en la que se da una coincidencia de forma inminente entre el ejercicio
y la titularidad del poder por parte de los miembros que forman parte de una
comunidad política. (Cabello, 2017, p. 18)
Básicamente la "democracia directa" se refiere a las reglas, instituciones
y procedimientos que facultan a los ciudadanos para votar directamente sobre
propuestas de reformas constitucionales, leyes, tratados o decisiones políticas.
Además, las formas mas importantes de democracia directa que se pueden
conocer son los referéndums y las iniciativas legislativas o ciudadanas.
Por eso, según los autores Aguado R. & Aragon R. (2011), la democracia
directa presenta principalmente dos formas de existencia. Una de ellas es la
intervención ciudadana inmediata, en este caso la democracia directa se
presenta como forma de Estado o sistema político. El otro modo en la que se
puede presentar, es tan sólo como una forma de resolver el problema de la
participación de la ciudadanía a la hora de tomar decisiones públicas, en este
caso diremos que la democracia directa no se presenta como sistema político
sino como técnica de participación ciudadana. (p. 24)
Así mismo, el autor Jean-François (2014) explica que la democracia
directa tuvo su origen en las ciudades (estados) de la Grecia clásica y alcanzó
su máxima expresión en Atenas. La democracia ateniense es considerada
como la que más se aproxima al ideal de democracia directa, aunque desde
una perspectiva institucional, puede calificarse como simple y primitiva. (p. 1)
Siguiendo la misma línea, según Aguado R. & Aragon R. (2011) su
estructura principal era la asamblea popular, donde todos los ciudadanos se
reunían en un mismo lugar y momento para votar directamente. Este sistema
se basaba en el autogobierno, permitiendo al pueblo asumir funciones
legislativas y judiciales como forma de participación en los asuntos del Estado.
También se sustentaba en la promoción de la igualdad en la participación
política entre todos los ciudadanos de la poli.
Tras la caída de la democracia ateniense, el concepto de democracia
directa desapareció por un largo tiempo, resurgiendo con una serie de cambios
a finales de la Edad Media y durante el Renacimiento.
Recorriendo la historia a pasos agigantados, las ideas de democracia
directa y participación política tienen su auge en la Francia revolucionaria en
1972 - 1973, en Suiza en 1831, en Italia, EEUU, Francia de nuevo y Reino
Unido en la década de 1860, y en Alemania y Europa del Este tras la guerra
fría, entre otros. (Rolf, 2009)
Por eso, a la democracia directa, se considera una expresión de la
soberanía popular: el derecho de la ciudadanía a decidir sobre asuntos de
importancia fundamental, de forma directa y con autoridad, sin la mediación de
sus representantes. Esto puede tener una importancia simbólica o ser
necesario para la legitimación de decisiones importantes, como el
establecimiento de un nuevo Estado o la adopción de una nueva constitución.
Así mismo, los referéndums o las iniciativas ciudadanas impulsadas por
las minorías pueden ser una forma de introducir en la agenda política un tema
que el Gobierno o la mayoría legislativa preferiría no afrontar, permiten a las
personas expresar de forma clara su voluntad sobre un asunto polémico.
Democracia Representativa
La democracia representativa, también conocida como democracia
indirecta, es un sistema político que sostiene la soberanía del pueblo y su
derecho a elegir y supervisar a sus gobernantes. Este sistema crea una
estructura de organización y convivencia social en la que las decisiones
colectivas son tomadas por el pueblo, compuesto por individuos libres e
iguales, a través de mecanismos de participación tanto directa como indirecta.
Estos mecanismos otorgan legitimidad a sus representantes, quienes deben
representar adecuadamente los intereses del pueblo y atender a la voluntad de
la mayoría, estableciendo relaciones sociales basadas en acuerdos
contractuales.
Este tipo de democracia utiliza mecanismos de participación ciudadana,
de formulación de iniciativas, la posibilidad de plantear reformas o asambleas
ciudadanas como la votación para investir legitimidad a los representantes
elegidos para que actúen, hablen y tomen decisiones en nombre de sus
representados.
Presenta sus orígenes en la Revolución Francesa, período histórico que
buscó abolir el antiguo régimen y establecer un sistema político más justo y
equitativo.
En el siglo XIII, Gran Bretaña despojó a su rey de poderes ilimitados e
institucionalizó un sistema que permitía a los ciudadanos comunes ser
representados por voceros. Lo cual derivó en la institucionalización de la
democracia liberal a través del Parlamento Británico, sentando las bases para
la Revolución Gloriosa y la Declaración de Derechos de 1689.
Así mismo, en el siglo XVIII, tanto Francia como Estados Unidos
adoptaron sistemas políticos democráticos basados en la Revolución de las
Trece Colonias Estadounidenses (1763-1776) y la Revolución Francesa (1789),
respectivamente. Lo cual causo la consolidación del concepto de
representación política y dieron lugar a la democracia representativa como la
conocemos hoy.
Una de las características fundamentales de esta democracia es la
representatividad, que implica la capacidad de actuar en nombre de una
persona, institución o colectivo. Esta se manifiesta especialmente en el ámbito
ejecutivo, como en las presidencias, gobernaciones y alcaldías, y en el ámbito
legislativo, como en los congresos, cámaras o asambleas. Así como, la
presencia de partidos políticos, formados por ciudadanos que representan los
intereses de sectores específicos de la población. Los valores que promueve la
democracia representativa reflejan principios del liberalismo, tales como la
libertad, igualdad, justicia, respeto social, participación ciudadana, pluralismo y,
especialmente, la tolerancia.
La democracia indirecta es la que caracteriza las sociedades actuales. Al
ser más grandes los Estados, más complejas las sociedades y sus conflictos,
más inclusiva la ciudadanía, se hace imposible que los ciudadanos tomen
todas las decisiones que afectan la vida en comunidad. Para ello, se eligen,
mediante mecanismos públicos de votación a personas que son sus
representantes. En estos casos, la soberanía sigue siendo popular, es decir, el
poder sigue quedando en el pueblo, quienes tienen el derecho de elegir y ser
elegido para ocupar cargos públicos de gobierno, controlar y reclamar a las
autoridades el cumplimiento de sus compromisos. Este tipo de democracias,
llamadas democracias representativas, tienen sistemas electorales para la
designación y renovación de los representantes del pueblo.
En el Perú tenemos un sistema democrático representativo, regulado en
la Constitución de 1993 ya que los ciudadanos peruanos eligen a sus
representantes mediante elecciones libres y competitivas.
Sin embargo, la democracia representativa presenta crisis debido a una
fatiga política que ha generado el descontento y la desconfianza de los
ciudadanos representados con sus representantes.
Como dice Subirats, J. (2011) la democracia representativa tiene como
una de sus debilidades el enorme poder direccional sobre las decisiones muy
significativas que delegan los ciudadanos a sus representantes, y la conciencia
actual de que este enorme poder se ha usado mal. A eso se suman los pocos
mecanismos de control y participación por parte de la población, la ausencia de
una renovación real, periódica de la confianza y una evaluación de gestión, así
como una clarificación y depuración de responsabilidades.
Por ejemplo, la democracia peruana al ser una democracia
representativa también adolece de varios problemas: (i) partidos políticos y
movimientos regionales precarios, sin compromisos con programas de
gobierno ni idearios políticos y poco representativos; (ii) política vulnerable a
prácticas de corrupción; (iii) deficiencias de gobernabilidad y control político con
consecuencias negativas para la provisión adecuada de servicios de calidad; y
(iv) limitaciones a la participación electoral y política de los ciudadanos.
Democracia Participativa
El autor Calle, A. (2011), explica que la democracia participativa es
entendida como el modelo en el cual la gestión pública se pone en manos de
los ciudadanos (quienes pasan a ser los gobernantes) estableciendo canales
de participación: desde iniciativas promulgadas por las instituciones, hasta
aquellas promovidas por el protagonismo colectivo.
Pero se debe dar a conocer, que la Democracia Participativa surge del
propio desarrollo de la Democracia Representativa y no pretende eliminarla o
substituirla. Su objetivo es complementarla, enriquecerla y mejorarla, pero
nunca eliminarla.
En otras palabras, la Democracia Participativa es un sistema político que
permite a los ciudadanos tener una mayor, más activa y directa participación e
influencia en las decisiones públicas. Uno de sus objetivos es que los
ciudadanos no se limiten a votar, como en la democracia representativa, sino
que asuman un papel principal, activo y propositivo en la política, a nivel
comunitario, regional y nacional. Asimismo, se ve como una evolución moderna
de la democracia directa de la Antigua Grecia, donde los ciudadanos tenían
una influencia y un peso significativo en todas las decisiones públicas de las
ciudades-Estado.
En la Carta de Derechos Humanos Emergentes realiza una breve
definición, en concreto, sobre el derecho a la participación: “implica el derecho
de todas las personas y toda comunidad a participar, mediante vías ágiles y
eficaces, en la adopción y el control de decisiones públicas en las materias que
les conciernan, así como a impugnar delante de los tribunales aquellas
decisiones respecto de las cuales aleguen un derecho o un interés directo o
indirecto como fundamento de su legitimación”
De igual manera, el autor Calbet (2012) afirma que la democracia
participativa no se debe entender sólo como un derecho en sí mismo, sino
también como un derecho de síntesis, ya que pasa a ser una herramienta clave
para el fomento y la garantía de otros derechos fundamentales. Así mismo,
fomenta la implicación de todos los actores ciudadanos, a la vez que provoca
un sentimiento de conexión y refuerza la solidaridad y la cooperación entre las
personas, que se convierten junto a las instituciones, en garantes de los
derechos y ejercen funciones de control. Una sociedad unida y fuerte dificulta la
violación de los Derechos Humanos y disminuye la pobreza y la exclusión
social.
En relación con el origen de este tipo de democracia, el autor Ramirez
(2013) sostiene que, si la Democracia Participativa ha de tener un origen
histórico remoto, se encuentra en la Democracia Directa ateniense. En la
Grecia clásica y, en particular, en la ciudad de Atenas en los tiempos de
Pericles, cuando surge la idea del gobierno de los ciudadanos por los propios
ciudadanos.
De igual manera, el autor Calle, A. (2011), señala los primeros modelos
de democracia participativa se desarrollaron en Porto Alegre, impulsados por el
Partido de los Trabajadores (PT), y se centraban en procesos de decisiones en
presupuestos públicos. El PT fue creado a finales de los años 70 en Sao Paulo,
a partir de los movimientos sindicalistas. Los modelos de democracia
participativa se exportaron a otras ciudades de Latinoamérica y de Europa,
pero con la diferencia de la baja voluntad real de los gobernantes europeos de
incorporar mecanismos eficaces de participación, y donde prima la voluntad de
conservar el poder y controlar totalmente el proceso, recayendo siempre la
decisión final sobre el órgano representativo
Otro tipo de experiencia de democracia participativa fue la movilización
ciudadana que se generalizó con las protestas de Seattle en el año 1999 y que
desencadenó la aparición de los Fórums Sociales Mundiales y, posteriormente,
regionales y temáticos. La diferencia entre estos radica en que provienen
directamente de la sociedad civil, sin voluntad de entrar a formar parte de los
sistemas de gobierno, mientras que el PT surgió de la sociedad civil, y entró a
formar parte de las instituciones y sistemas de gobierno preestablecidos.
Además, los movimientos surgidos de la experiencia de Seattle tienen una
clara voluntad rupturista con los sistemas democráticos actuales; son
movimientos globales, organizados e interconectados que buscan cambios en
el mundo, mientras que la experiencia de Porto Alegre es un caso que se
puede considerar aislado, sin voluntad de cambio y con visión local. (Calbet, N.
2012)
La esencia de la democracia participativa radica en que, además de los
representantes políticos, los ciudadanos actúen activamente en la creación de
propuestas y en la toma de decisiones que los afectan. Como su nombre
sugiere, se fundamenta en la participación activa de los ciudadanos en los
asuntos que les conciernen, permitiéndoles hacer aportes y tomar decisiones
mediante mecanismos eficaces. Es evidente que esta participación debe ser
incentivada, y todos deben tener el derecho a participar, ya que el objetivo es
que el pueblo, no solo sus representantes políticos, aporte ideas y tome
decisiones. Así, cuanto más se involucre la gente mejor será la democracia.
Por otra parte, mediante la democracia participativa, individuos y
comunidades que de otra manera hubieran sido silenciados, tienen ahora la
oportunidad de expresar libremente sus ideas, haciendo participe al resto de la
sociedad de sus anhelos y aspiraciones.
Finalmente, por su propia esencia, la democracia participativa fomenta la
transparencia en la toma de decisiones e involucra en mayor medida a los
miembros de la sociedad en el proceso político.
CAPÍTULO II: SISTEMAS CONTEMPORÁNEOS
3.2. Semi-Presidencialismo
Definición
“El semi presidencialismo combina un presidente, elegido por sufragio
universal, y un primer ministro responsable ante el parlamento, resultando en
un doble poder ejecutivo." (Cheibub, 2007, p. 20)
Asimismo, igual concepción desarrollan con Linz, J. & Valenzuela, A.
(1999), por cuanto describen al semipresidencialismo como un sistema donde
coexisten un presidente con poderes significativos y un primer ministro
responsable ante el parlamento, estableciendo un doble ejecutivo que busca
equilibrar la autoridad entre ambas figuras.
De igual forma, Sartori, G. (1996, citado en Carpizo, J. 2002) señala que
el semi presidencialismo es un sistema de gobierno en el cual un presidente,
con poderes significativos, y un primer ministro, que debe mantener la
confianza del parlamento, comparten la autoridad ejecutiva, permitiendo un
equilibrio entre el poder presidencial y parlamentario.
En síntesis, se puede colegir que el semi presidencialismo es un sistema
de gobierno que combina elementos del presidencialismo y el parlamentarismo.
Se caracteriza por la coexistencia de un presidente de la república y un primer
ministro, ambos con poderes ejecutivos, pero con responsabilidades distintas.
Este modelo busca equilibrar la autoridad entre estas dos figuras, mitigando los
riesgos de concentración del poder y promoviendo la cooperación entre las
ramas del gobierno.
Dentro de esta categoría se encuentran dos sistemas:
Sistema premier – presidencial: Consiste en que la figura del
Primer Ministro y el gabinete son exclusivamente responsables
ante el poder Legislativo. Asimismo, el Presidente será elegido
mediante sufragio popular, siendo que, una vez elegido, este
designará al primer ministro y su gabinete, los cuales serán
destituidos por el parlamento.
Sistema Presidente – Parlamentario: Consiste en que tanto el
Premier como el gabinete son elegidos por el Presidente; sin
embargo, son doblemente responsables ante el parlamento y ante
el Presidente.
Antecedentes
El origen del semi presidencialismo moderno se remonta a la
Constitución de la República de Weimar en Alemania (1919-1933). Este
sistema de gobierno fue diseñado para combinar las ventajas del
parlamentarismo y el presidencialismo, buscando un equilibrio entre la
autoridad del presidente y la responsabilidad del gobierno ante el parlamento.
Más adelante, el modelo fue adoptado y adaptado por varios países,
especialmente en Europa y América Latina, como una forma de mejorar la
estabilidad y eficiencia del gobierno democrático.
No obstante, autores señalan también que el semi presidencialismo
encuentra sus raíces en la crisis política y constitucional que enfrentó Francia
en la década de 1950. La adopción de la Constitución de 1958 bajo el liderazgo
del General Charles de Gaulle marcó el inicio de la Quinta República Francesa
y estableció el sistema semi presidencialista.
Características
De acuerdo a Guzmán,C. (2021), este sistema se caracteriza por lo
siguiente:
El Poder Ejecutivo es dual, tal que existe un jefe de Estado,
denominado Presidente de la República y un Consejo de
Ministros o Gabinete presidido por su Primer Ministro, que actúa
como jefe de Gobierno; como ocurre en el sistema parlamentario.
El Gabinete es políticamente responsable, lo que significa que
puede ser sometido a interpelaciones y censuras. La
consecuencia directa de una censura o la negación de la
confianza parlamentaria es la destitución del ministro o del
gabinete en cuestión.
El jefe de Estado es elegido mediante voto popular, al igual que
en los sistemas presidenciales. Esta disposición se incorporó en
la Constitución Francesa tras la Reforma de 1962, estableciendo
una elección directa que equipara al Presidente de la República
con el Parlamento en términos de representatividad política.
El Poder Ejecutivo tiene la facultad de disolver la Cámara Baja o
Asamblea Nacional, en caso de grave controversia que ponga en
riesgo la gobernabilidad de la Nación, al igual que en los sistemas
parlamentarios.
Asimismo, el autor señala que una de las principales desventajas de
este sistema radica en la susceptibilidad a la parálisis y al conflicto cuando el
parlamento se encuentra dividido. En tales situaciones, la única solución viable
suele ser el cambio en el liderazgo ejecutivo. Esto puede resultar en un
entorpecimiento y una prolongación de los procesos gubernamentales,
dificultando el funcionamiento político eficiente de la república.
Sin embargo, hay excepciones en casos donde el partido dominante
coincide con el partido del presidente. En estas circunstancias, se observa una
mayor agilidad en los procesos, aunque esto también conlleva desventajas, ya
que la separación de poderes, que el sistema debería proteger, se ve
comprometida en tales situaciones.
Países con sistemas semi presidencialismo
Francia
Como el país donde se originó el sistema semi presidencialista, Francia
ha sido un caso notable de este modelo de gobierno desde la adopción de la
Quinta República en 1958. En Francia, el presidente es el jefe de Estado
elegido por sufragio universal y desempeña un papel significativo en la política
exterior y de defensa. Sin embargo, el poder ejecutivo se comparte con un
primer ministro y un gabinete que son responsables ante el parlamento. Esta
dualidad ejecutiva ha sido una característica distintiva del sistema francés,
proporcionando estabilidad política con un grado de responsabilidad
parlamentaria.
Portugal
Desde la Revolución de los Claveles en 1974, Portugal ha adoptado un
sistema semi presidencialista. En Portugal, el presidente tiene funciones
principalmente ceremoniales, mientras que el primer ministro y el gobierno son
responsables ante el parlamento. Aunque el presidente tiene poderes
ejecutivos limitados, como la capacidad de disolver el parlamento y convocar
elecciones, el sistema sigue manteniendo un equilibrio entre la estabilidad
presidencial y la rendición de cuentas parlamentaria.
Rusia
Tras la disolución de la Unión Soviética, Rusia adoptó un sistema semi
presidencialista en 1993 con la aprobación de una nueva constitución. En
Rusia, el presidente es el jefe de Estado y tiene amplios poderes ejecutivos,
mientras que el primer ministro encabeza el gobierno y es responsable ante la
Duma Estatal, la cámara baja del parlamento.
Aunque formalmente es un sistema semi presidencialista, en la práctica,
el presidente ruso ha acumulado un poder considerable. Controla áreas clave
como la política exterior, la defensa y la seguridad nacional. El primer ministro y
el gobierno son en gran medida subordinados al presidente, lo que ha llevado a
críticas sobre la falta de verdadera separación de poderes en Rusia.
Armenia
Tras la independencia de la Unión Soviética en 1991, Armenia estableció
un sistema político que combina elementos presidenciales y parlamentarios. En
este sistema, el presidente es el jefe de Estado y tiene ciertos poderes
ejecutivos, como la representación internacional y el nombramiento de altos
funcionarios. Sin embargo, el primer ministro es el jefe de Gobierno y es
responsable ante el parlamento, lo que le otorga un grado significativo de
control sobre la política interna del país. Este sistema semi presidencialista ha
sido un intento de equilibrar la estabilidad presidencial con la rendición de
cuentas parlamentaria en Armenia.
3.3. Presidencialismo
Definición
La Real Academia de la Lengua Española (2024) define al
Presidencialismo como un sistema de organización política en que el
Presidente de la República es también Jefe del Gobierno, sin depender de la
confianza de las Cámaras.
Aunado a ello, Guzmán, C. (2024) refiere que el Presidencialismo o
régimen presidencial, aparecido por primera vez en los Estados Unidos, es el
sistema de gobierno caracterizado por la existencia de una separación de
poderes rígida entre los organismos del Estado. De igual manera señala que el
mismo se encuentra formado por un Presidente que se caracteriza por ser Jefe
de Estado y Jefe de Gobierno a la vez, a diferencia de lo que ocurre en el
Parlamentarismo, donde el Ejecutivo es dual. Las decisiones son tomadas de
manera discrecional por el Presidente, siendo los ministros, en la práctica,
meros colaboradores del jefe de Estado.
Con respecto a la elección de los funcionarios que ocupan los cargos
públicos, estos son designados mediante voto popular, del Gobierno y de
Congreso, en forma independiente. En algunos casos, la elección del
presidente es indirecta, a través del empleo de colegios electorales, como
ocurre por ejemplo en los Estados Unidos. Sin embargo, en la mayoría de los
casos la elección del presidente es directa. (Cheibub, 2007)
En síntesis, en un sistema presidencialista, el presidente es elegido
directamente por el pueblo y ejerce tanto funciones ceremoniales como
ejecutivas. Como jefe de Estado y jefe de Gobierno, el presidente es
responsable de dirigir la administración pública, implementar políticas y
representar al país a nivel nacional e internacional. La separación de poderes
entre el ejecutivo, legislativo y judicial es una característica distintiva del
presidencialismo, con el presidente como cabeza del poder ejecutivo y el
Congreso como órgano legislativo
Antecedentes
El Régimen Presidencialista se desarrolló inicialmente en los Estados
Unidos de América sobre la base de la Constitución de 1787. Constituye ésta el
modelo por excelencia del Presidencialismo. En este sistema, el presidente,
como jefe de Estado, no es elegido por el Congreso; además, las atribuciones
del poder ejecutivo se expandieron, permitiendo al presidente nombrar a la
mayoría de los funcionarios públicos, incluyendo a los miembros del gabinete,
aunque estos deben ser confirmados por el Senado.
Desde el fracaso práctico de los principios de Montesquieu, plasmados
en la Constitución Francesa de 1791 respecto a la rígida separación de
poderes, los constitucionalistas han intentado fomentar la coordinación y la
colaboración entre los titulares del poder. Sin embargo, han mantenido en
consideración la compleja y a menudo problemática dinámica del poder
político, que no siempre conduce al equilibrio recíproco y a los controles ideales
entre el Gobierno y el Parlamento, como órganos detentadores de dicho poder.
(Castillo, M. 2002).
Las primeras constituciones estatales norteamericanas no fueron de
ningún modo, la única fuente principal a la cual los forjadores de la Constitución
de 1787 pudieron recurrir para modelar sus ideas sobre el Poder Ejecutivo. Las
obras de Locke, Montesquieu y Blackstone sirvieron de sustento para tal
creación.
Por otro lado, Linz & Valenzuela (1999), señalan que la doctrina del
Federalismo Dual de Locke, junto con la doctrina de Separación de Poderes de
Montesquieu, constituyen dos de los grandes principios estructurales del
sistema constitucional norteamericano; y de ellos se derivan las siguientes
ideas: primero, que las tres funciones del gobierno se limitan recíprocamente;
segundo, que cada departamento debería estar en condiciones de defender
sus funciones características contra la intromisión de cualquiera de los otros
departamentos; tercero, ninguno de los departamentos puede renunciar a sus
atribuciones en favor de los otros.
Características
De acuerdo a Valega, C. (1994, citado en Castillo, M. 2002), el sistema
Presidencialista se caracteriza por lo siguiente:
El Presidente es Jefe de Estado y a la vez Jefe de Gobierno.
El Presidente es elegido por voto popular y por un plazo
predeterminado constitucionalmente.
Ni el Presidente puede disolver al Parlamento ni el Parlamento
puede revocar el mandato del Presidente, ni de sus
colaboradores. Por tanto, no rehace efectiva la responsabilidad
política.
Los Ministros de Estado son colaboradores del Presidente y no co
gobernantes.
Los miembros del Parlamento no pueden formar parte del Poder
Ejecutivo, ni a la inversa.
El Presidente dirige la política de gobierno y se constituye en el
líder de la Nación.
El presidencialismo latinoamericano
El presidencialismo en América Latina tiene sus raíces en las luchas por
la independencia a principios del siglo XIX. Los líderes independentistas,
inspirados por los ideales de la Revolución Americana y la Revolución
Francesa, buscaron establecer repúblicas soberanas con un poder ejecutivo
fuerte.
Los países latinoamericanos adoptaron el modelo presidencialista de la
Constitución de Estados Unidos, ideando así, la figura del Presidente de la
República, elegido por el pueblo, con poderes y atribuciones propias, pero con
limitaciones constitucionales.
Con respecto a la metodología de los paises latinoamericanos para la
elección presidencial, Nogueira, H. (2017) señala:
En nuestra América Latina, las elecciones presidenciales se desarrollan
esencialmente a través de dos procedimientos alternativos: la elección
por mayoría relativa como está establecido en las Constituciones de
Honduras (artículo 236); de México (legislación electoral); de Nicaragua
(artículo 146); de Panamá (artículo 177); Paraguay (artículo 230);
Venezuela (artículo 228); o por elección por mayoría absoluta y segunda
vuelta, en caso de que no obtenga ésta en la primera elección, en las
Constituciones de Brasil (artículo 77); de Colombia (artículo 190); de
Chile (art. 26); de El Salvador (Código Electoral); de Guatemala
(art.184); de Perú (art. 111), de República Dominicana (legislación
electoral) y de Uruguay (artículo 151). (p19)
Tomando ello en cuenta, en América Latina, el Presidente de la
República es un órgano colegislador, a diferencia del Presidente de Estados
Unidos, lo que constituye un contraste significativo entre el tipo de gobierno
presidencial de los Estados Unidos de Norteamérica y los presidencialismos de
Latinoamérica.
Los presidentes latinoamericanos disponen a menudo de las siguientes
atribuciones que no posee constitucionalmente el Presidente de Estados
Unidos: iniciativa de ley; iniciativa exclusiva de ley en ciertas materias;
declaración de urgencia en la tramitación de los proyectos de ley; participación
en el debate parlamentario de la ley a través de los ministros de Estado;
ejercicio del veto suspensivo parcial, delegación de facultades legislativas
hechas por el Congreso al Presidente, entre otros factores institucionales. A ello
deben agregarse las facultades que le otorgan al Presidente de la República
las Constituciones durante los estados de excepción constitucional. Un ejemplo
específico en la materia es el presidencialismo chileno desde la Constitución de
1925 y de la Constitución vigente. (Nogueira, H. 2017)
Luego de haberse explicado de manera sumera cómo funciona el
presidencialismo dentro de Latinoamérica, es pertinente desarrollar brevemente
como se ha incluido en el ordenamiento jurídico de alguno de ellos.
Bolivia
Carpizo, J. (2002) menciona que la Constitución de Bolivia establece
que el Órgano Ejecutivo está compuesto por el Presidente, el Vicepresidente y
los Ministros, quienes toman decisiones con responsabilidad solidaria. El
Presidente tiene diversas atribuciones, como dirigir las políticas de gobierno y
la administración pública, coordinar a los Ministros, dirigir la política exterior,
suscribir tratados, nombrar funcionarios, convocar sesiones extraordinarias de
la Asamblea Legislativa, promulgar leyes, presentar proyectos de ley urgentes,
dictar decretos, y ejercer el mando de las Fuerzas Armadas.
La Asamblea Legislativa Plurinacional, por su lado, tiene la facultad de
interpelar y censurar a los Ministros, lo que implica su destitución si es
aprobado por dos tercios de los miembros. Sin embargo, debido al alto quórum
requerido y el respaldo mayoritario de Evo Morales en la Asamblea, esta
facultad no ha sido ejercida. En la práctica, el presidencialismo en Bolivia
mantiene al Presidente como el órgano central del poder, similar a un
presidencialismo puro.
Venezuela
(Nogueira, H. 2017), desarrolla un breve resumen del presidencialismo
en Venezuela, el mismo señala que la Constitución aprobada durante el
gobierno de Hugo Chávez establece la figura del Vicepresidente Ejecutivo,
quien colabora con el Presidente en la dirección del gobierno, coordina la
administración pública, propone nombramientos y remociones de Ministros,
preside el Consejo de Ministros con autorización presidencial y coordina las
relaciones del gobierno con la Asamblea Nacional. El Vicepresidente Ejecutivo
puede ser censurado y removido por la Asamblea Nacional con una votación de
dos tercios, quedando inhabilitado para ocupar cargos ministeriales o la
vicepresidencia durante el resto del período presidencial.
La Constitución otorga al Presidente la facultad de disolver la Asamblea
Nacional si esta aprueba mociones de censura. El Presidente debe ejercer en
Consejo de Ministros competencias como la declaración de Estados de
Excepción, la dictación de decretos con fuerza de ley, la convocatoria a
referéndum y la disolución de la Asamblea Nacional. Los Ministros son
responsables de sus actos y deben presentar un informe anual ante la
Asamblea Nacional. Pueden ser destituidos por una moción de censura
aprobada por tres quintas partes de la Asamblea Nacional, quedando
inhabilitados para el cargo durante el resto del período presidencial.
Perú
Con respecto al acuñamiento de la figura del Presidente, Bernales, E.
2016, refiere
El término Presidente de la República inicialmente reflejaba una visión
liberal ortodoxa al concentrar las atribuciones ejecutivas y mantener la
separación de poderes, sin darle primacía al presidente sobre los otros
poderes del Estado. Sin embargo, en un país con una historia de poder
centralizado, como lo fue durante el imperio incaico y la época de los
virreyes, la percepción popular siempre consideró al presidente como
una figura superior, no solo en el ámbito ejecutivo, sino también como
jefe de Estado. Por lo tanto, en el siglo XX, las constituciones
empezaron a otorgar al presidente los atributos de jefe de Estado,
reconociendo así su arraigo histórico y su importancia para la autoridad
del Estado. (p. 346)
En el título IV de la Constitución Política Peruana de 1993, actualmente
vigente, se desarrolla la estructura del Estado, indicando cuáles y cómo están
formados cada uno de los poderes del Estado. Asimismo, del texto
constitucional se advierte “El Presidente de la República es el Jefe del Estado y
personifica a la Nación. Para ser elegido Presidente de la República se
requiere ser peruano por nacimiento, tener más de treinta y cinco años de edad
al momento de la postulación y gozar del derecho de sufragio.” (LP, 2024, art.
110).
De igual forma, de los artículos siguientes se advierte que el proceso de
elección del Presidente de la República se lleva a cabo mediante sufragio
directo, donde el candidato que obtiene más de la mitad de los votos es elegido
presidente. En caso de que ningún candidato alcance la mayoría absoluta, se
realiza una segunda elección entre los dos candidatos con las mayores
mayorías relativas. El mandato presidencial tiene una duración de cinco años,
sin posibilidad de reelección inmediata; y, en situación excepcional de
vacancia, esta se sustenta en la muerte, la incapacidad permanente, la
renuncia aceptada por el Congreso, la salida del territorio nacional sin permiso,
o la destitución por infracciones establecidas en la Constitución. Asimismo, la
asunción del cargo presidencial se lleva a cabo mediante un juramento de ley
ante el Congreso el 28 de julio del año de la elección. La inmunidad
presidencial tiene excepciones, permitiendo la acusación por traición a la
Patria, impedir elecciones o el funcionamiento de organismos electorales, entre
otros delitos graves.
De los artículos 119 a 129 de la Constitución, se advierten las
disposiciones relacionadas con la dirección y gestión de los servicios públicos
en el país. El Consejo de Ministros tiene la responsabilidad de dirigir y
gestionar los servicios públicos, mientras que cada ministro se encarga de los
asuntos específicos de su cartera. Aunado a ello, los actos del Presidente de la
República deben contar con el refrendo ministerial para ser válidos, y el
Consejo de Ministros se reúne bajo la presidencia del Presidente de la
República o del Presidente del Consejo de Ministros. Por otro lado, el
Presidente de la República nombra y remueve al Presidente del Consejo de
Ministros y a los demás ministros, y el Presidente del Consejo de Ministros
tiene la responsabilidad de ser el portavoz del gobierno, coordinar las funciones
ministeriales y refrendar diversos decretos y resoluciones.
Realizando un análisis a la Carta Magna de 1993, se denota que la
concentración del poder en el Presidente en nuestro sistema constitucional
hace de él un ciudadano con amplias facultades. Además de personificar a la
Nación, dirige la política general del gobierno, es el jefe de Estado, jefe de
Gobierno y comandante supremo de las Fuerzas Armadas. (Bernales, E. 2016)
El sistema presidencial en Perú ha funcionado con altibajos, generando
inestabilidad política en el país. La inclusión de elementos parlamentarios en la
Constitución desde 1979 no ha mejorado significativamente el orden
institucional. Factores como la madurez de la clase política, el crecimiento de
una opinión pública activa, experiencias políticas traumáticas, la influencia de
países vecinos, el colapso de regímenes comunistas y la globalización han
contribuido más al avance institucional.
CONCLUSIONES
1. Del estudio de las monarquías existentes a lo largo de la historia, cada una
cuenta con características y particularidades propias de sus contextos
sociales e históricos, de ese modo, se advierte que las monarquías han
seguido una tendencia hacia sistemas más moderados y democráticos.
2. Ha sido de suma importancia el Estado de Derecho en las monarquías
constitucionales y parlamentarias, pues, ha permitido la separación de
poderes y la sujeción del gobierno a la ley, asegurando un gobierno
legítimo y el respeto de los derechos ciudadanos.
3. Aunque las formas puras de aristocracia han desaparecido en la mayoría
de las sociedades modernas, los principios subyacentes de este sistema de
gobierno aún persisten en diversas estructuras sociales y políticas. La
influencia de las élites económicas y sociales sigue siendo significativa en
la toma de decisiones políticas y en la configuración de las políticas
públicas. Este fenómeno refleja una continuidad histórica en la
concentración de poder y recursos en manos de una minoría privilegiada,
destacando la necesidad de mecanismos democráticos que promuevan
una mayor equidad y participación ciudadana en el gobierno.
4. La aristocracia pura, basada en la gobernanza de los más virtuosos y
capaces, presenta un ideal difícil de alcanzar en la práctica. La corrupción,
los intereses personales y la influencia de la riqueza a menudo socavan la
selección meritocrática de los líderes. Históricamente, los intentos de
implementar sistemas de gobierno basados en el mérito han enfrentado
obstáculos significativos, demostrando que la pureza del concepto
aristocrático es difícil de mantener. Sin embargo, este ideal sigue siendo
influyente en las teorías políticas contemporáneas que buscan equilibrar la
competencia meritocrática con la equidad social.
5. La democracia es un sistema de gobierno en el que el poder reside en el
pueblo. Y a lo largo de la historia, ha evolucionado y adoptado diversas
formas, como la democracia directa, la representativa y la participativa. Con
la intención de empoderar a los ciudadanos, proteger sus derechos y
garantizar un gobierno justo y transparente. Además, fomenta un entorno
donde se pueden expresar diversas opiniones y se pueden abordar
pacíficamente los conflictos, contribuyendo al desarrollo social y económico
sostenible, siendo esencial para construir sociedades justas, inclusivas y
estables.
6. La democracia es fundamental porque garantiza la participación de los
ciudadanos en la toma de decisiones que afectan sus vidas, promueve la
igualdad y los derechos humanos, y permite el control y la rendición de
cuentas del gobierno. Por ende, la relación entre democracia y
parlamentarismo es estrecha, ya que ambos sistemas buscan asegurar la
participación ciudadana y la responsabilidad de los gobernantes. Mientras
la democracia proporciona el marco general de participación y protección
de derechos, el parlamentarismo ofrece un mecanismo específico para la
formación y supervisión del gobierno, promoviendo así una gobernanza
más equilibrada y responsable.
7. El semi presidencialismo se caracteriza por la existencia de un presidente
electo popularmente, que ejerce ciertas funciones ejecutivas, como la
dirección de la política exterior y la designación del primer ministro. Sin
embargo, el primer ministro y el gobierno están sujetos a la confianza del
parlamento, lo que significa que necesitan el respaldo de la mayoría
parlamentaria para gobernar efectivamente.
8. El sistema semi presidencialista fue diseñado en parte para superar los
desafíos del presidencialismo puro, donde la separación de poderes puede
llevar a conflictos entre el presidente y el parlamento, y del
parlamentarismo puro, donde el jefe de gobierno puede carecer de la
legitimidad popular directa. El semi presidencialismo busca combinar la
estabilidad y la eficacia del presidencialismo con la responsabilidad política
del parlamentarismo. Aparte de Francia, otros países que han adoptado
sistemas semi presidenciales incluyen Portugal, Rusia y algunos países de
África y Asia.
9. En síntesis, el presidencialismo, o sistema presidencial, es un tipo de
gobierno en el cual la Constitución de una República establece una
separación de poderes entre el Ejecutivo, el Legislativo y el Judicial. En
este sistema, el jefe de Estado también actúa como jefe de Gobierno,
desempeñando una doble función. Además de representar formalmente al
país, tiene facultades propias del poder ejecutivo. El presidente es elegido
directamente por los votantes, en lugar de ser seleccionado por el
Congreso o Parlamento.
10. A diferencia de lo que ocurre con el Sistema Parlamentario, en el
Presidencialismo la supervivencia del Congreso no depende del Poder
Ejecutivo y viceversa. La incorporación de la figura de la vacancia en
algunos países tendría que interpretarse de manera restrictiva y emplearse
de manera distinta al juicio político.
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