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La Oracion

El documento destaca la importancia de la oración en la vida de Jesús y su enseñanza a sus seguidores sobre cómo orar. Se menciona que la oración es fundamental para la relación con Dios y que puede ser contestada de diversas maneras, dependiendo de la fe, obediencia y la intención del corazón. Además, se enfatiza que la oración debe ser realizada en el nombre de Cristo y para la gloria de Dios, siendo un privilegio y responsabilidad de los creyentes.

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La Oracion

El documento destaca la importancia de la oración en la vida de Jesús y su enseñanza a sus seguidores sobre cómo orar. Se menciona que la oración es fundamental para la relación con Dios y que puede ser contestada de diversas maneras, dependiendo de la fe, obediencia y la intención del corazón. Además, se enfatiza que la oración debe ser realizada en el nombre de Cristo y para la gloria de Dios, siendo un privilegio y responsabilidad de los creyentes.

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LA ORACION

Nadie ha alentado más la oración que Jesús. Los seguidores de


Cristo recibieron tanto el aliento como la enseñanza para orar.
Veían constantemente el ejemplo que Él daba en la oración, y
notaron la relación directa entre el ministerio excepcional de
Jesús y su devota vida de oración.

Jesús consideraba que la oración era más importante que la


comida, porque la Biblia dice que horas antes del desayuno,
«muy de madrugada, cuando todavía estaba oscuro, Jesús se
levantó, salió de la casa y se fue a un lugar solitario, donde se
puso a orar» (Marcos 1:35).

Para el Hijo de Dios, la oración era más importante que reunir


grandes multitudes. La Biblia dice: «Sin embargo, la fama de
Jesús se extendía cada vez más, de modo que acudían a él
multitudes para oírlo y para que los sanara de sus enfermedades.
Él, por su parte, solía retirarse a lugares solitarios para orar»
(Lucas 5:15-16).

Las preciosas horas de comunión con su Padre celestial


significaban mucho más para nuestro Salvador que el sueño,
porque la Biblia dice: «Por aquel tiempo se fue Jesús a la
montaña a orar, y pasó toda la noche en oración a
Dios» (Lucas 6:12).

Oró en funerales, y los muertos resucitaron. Oró por cinco panes


y dos peces, y una multitud fue alimentada con el almuerzo de un
niño. Oró: «No se cumpla mi voluntad, sino la tuya», y se abrió un
camino para que los hombres y mujeres pecadores pudieran
acceder a un Dios santo.

Dios le entregó un plano


Dios quiso relacionar su obra en el mundo con las oraciones de
su pueblo.

 Noé oró y Dios le dio un plano del arca de la liberación.


 Moisés oró y Dios libró a los israelitas de la esclavitud
egipcia.
 Gedeón oró y las huestes de un enemigo formidable
huyeron atemorizados ante sus trescientos valientes
hombres de oración.
 Daniel oró y las bocas de los leones se cerraron.
 Elías oró y el fuego de Dios consumió el sacrificio y el agua
que rodeaba el altar.
 David oró y derrotó a Goliat en el campo de batalla filisteo.
 Los discípulos oraron y fueron llenos del Espíritu Santo, de
modo que se agregaron 3000 personas a la iglesia en un
día.
 Pablo oró y cientos de iglesias nacieron en Asia Menor y
Europa.

Dios ciertamente contesta las oraciones.

Algunas oraciones son contestadas con un «sí», y algunas con un


«no». Pero, ¿qué pasa con las oraciones no contestadas?

Tal vez sus oraciones han estado mezcladas con dudas. Tal vez
ha orado en forma egoísta. Tal vez ha pedido a Dios cosas que
no son las que más le convienen.

«Oré fervientemente, pero no ocurrió nada», dirán muchos con un


dejo de desánimo.

«Pedí sanidad y estoy afligido».

«Pedí dinero y estoy quebrado».

«Pedí orientación y estoy en serios problemas».

«Pedí a Dios una persona para formar una familia y no he


encontrado ninguna».
«Pedí a Dios un buen hogar y miren la desdicha y confusión que
hay en nuestro hogar».

La Biblia dice que hay razones específicas por las que hay
oraciones no contestadas.

Podría ocurrir que nuestras oraciones no son contestadas por


causa de la desobediencia. Un hijo desobediente no puede
esperar «Pero debes saber que, si no obedeces al Señor tu Dios
ni cumples fielmente todos sus mandamientos y preceptos que
hoy te ordeno, vendrán sobre ti y te alcanzarán todas estas
maldiciones» (Deuteronomio 28:15).

¿Un cortocircuito en la comunicación?

Tal vez sus oraciones no han sido contestadas por un pecado


secreto. David dijo (y él debería saberlo): «Si en mi corazón
hubiera yo abrigado maldad, el Señor no me habría escuchado»
(Salmos 66:18). El pecado produce un cortocircuito en el sistema
de comunicación entre la tierra y el cielo, así que su oración con
un corazón malvado ni siquiera llegará a Dios.

Otra razón por la que las oraciones no son contestadas es el


egoísmo o la terquedad. La Biblia dice: «Cuando piden, no
reciben porque piden con malas intenciones, para satisfacer sus
propias pasiones» (Santiago 4:3). El propósito de la oración es
doble: la bendición del hombre y la gloria de Dios. Si una
oración es hecha tercamente para nuestro propio beneficio y no
para la gloria de Dios, no merece ser contestada. «No sea lo que
yo quiero, sino lo que quieres tú» (ver Marcos 14:36) es el espíritu
de una oración eficaz.

La verdadera oración no es una vana repetición de palabras


pronunciadas en público como una exhibición religiosa. Jesús
dijo: «Cuando oren, no sean como los hipócritas, porque a ellos
les encanta orar de pie en las sinagogas y en las esquinas de las
plazas para que la gente los vea. Les aseguro que ya han
obtenido toda su recompensa» (Mateo 6:5).
No hay ateos en las trincheras

La oración, en el verdadero sentido, no es un vano grito de


desesperación que nace del temor o la frustración. Miles de
personas oran solo cuando están bajo mucha presión, o en
peligro, abrumados por la incertidumbre.

La oración no está limitada a posturas religiosas convencionales;


tampoco está restringida a casas de adoración o a ceremonias
religiosas. La Biblia dice: «Quiero, pues, que los hombres oren en
todo lugar» (1 Timoteo 2:8, RV60).

Al orar, su postura física no es tan importante como la actitud de


su corazón. Muchas personas ponen mucho énfasis en la
posición del cuerpo durante la oración. Algunos grupos o sectas
insisten en que uno debe arrodillarse cada vez que ora, o que
debe colocar las manos de cierta forma. Todo relativamente
carece de importancia, si bien el arrodillarse es un acto de
humildad cuando se hace sinceramente.

Orar es simplemente una conversación de doble vía entre usted y


Dios. La razón por la que los grandes santos han cerrado sus ojos
al orar es para dejar afuera los asuntos del mundo, para que sus
mentes puedan estar completamente concentradas en sus
conversaciones con Dios. Sin embargo, en ninguna parte de la
Biblia dice siquiera que cerrar los ojos es importante, si bien
ciertamente se presta a la actitud de oración.

Liberar el poder

La siguiente pregunta que hacen muchos es: «¿Quiénes deben


orar?». La Biblia tiene la respuesta: «Todos».

De nuevo, muchos preguntan: «¿Dónde se nos manda orar?».


Pablo nos da la respuesta cuando dice: «en todo lugar».

Algunos podrán preguntar, también: «¿Cuándo se nos manda


orar?». La Biblia dice: «siempre» (Lucas 18:1). Es un
mandamiento, un deber y un privilegio.
En esta era moderna en la que vivimos, hemos aprendido a
controlar la potencia del poderoso mundo.

Pero muy pocos de nosotros hemos aprendido a desarrollar


plenamente el poder de la oración.

Aún no hemos aprendido que los hombres y las mujeres son más
poderosos cuando están en oración que cuando están detrás de
las armas de fuego más poderosas que se hayan desarrollado.

No hemos aprendido que una nación es más poderosa cuando se


une en oración ferviente a Dios que cuando sus recursos son
derivados hacia armas defensivas.

No hemos descubierto que las respuestas a todos nuestros


problemas pueden venir a través del contacto con el Dios
Todopoderoso.

Oren por nosotros

Decenas de misioneros, en todas partes del mundo, me han


dicho: «Por favor, haga que las personas en nuestro país oren por
nosotros. Preferimos sus oraciones a cualquier otra cosa».

¡Pidan libremente!

Ahora consideremos la oración objetivamente. ¿Qué dice la Biblia


acerca de la oración eficaz?

Primero: La oración es para los hijos de Dios. Jesús dijo:


«Ustedes deben orar así: Padre nuestro…» (ver Mateo 6:9).

Dios tiene una responsabilidad específica para sus hijos; y a


menos que hayamos ingresado a la familia de Dios a través del
nuevo nacimiento, no tenemos ningún derecho de pedir favores a
Dios. La Biblia dice: «Mas a cuantos lo recibieron, a los que creen
en su nombre, les dio el derecho de ser hijos de Dios» (Juan
1:12).

Hay cristianos nuevos que me han dicho: «No sé cómo orar. No


tengo las palabras correctas».

Cuando sus hijos recién comenzaban a hablar y les costaba


encontrar las palabras correctas, igual lograban hacerse entender
con su madre y padre, y los errores que cometían solo nos hacían
quererlos más. De hecho, estoy seguro que ustedes atesoraron
esos primeros intentos de conversación más que las palabras de
muchos adultos que hablan sin titubeos y sin errores.

Oh, mi amigo ansioso cuyas oraciones no han sido contestadas,


Dios te invita a la intimidad de ser su hijo espiritual. «Para que
sean intachables y puros, hijos de Dios sin culpa en medio de una
generación torcida y depravada. En ella ustedes brillan como
estrellas en el firmamento» (Filipenses 2:15).

Segundo: La oración eficaz es ofrecida con fe.

La Biblia dice: «Por eso les digo: Crean que ya han recibido todo
lo que estén pidiendo en oración, y lo obtendrán» (Marcos 11:24).

No hay bicicleta para él

Maltbie Babcock dijo: «Nuestras oraciones deben significar algo


para nosotros si han de significar algo para Dios». No hace falta
decir que si nuestras oraciones son ambiguas, sin sentido y
entremezcladas con la duda, quedarán sin respuesta. La oración
es más que un simple deseo dirigido hacia el cielo… es la voz de
la fe dirigida hacia Dios.

Tercero: La oración dinámica emana de un corazón obediente.

La Biblia dice: «Y recibimos todo lo que le pedimos porque


obedecemos sus mandamientos y hacemos lo que le agrada» (1
Juan 3:22).
Conozco a un padre rico que no quería dar a su hijo una bicicleta
porque su boletín escolar tenía notas muy bajas, no había barrido
las hojas del jardín y no había cumplido con otras tareas. Estoy
seguro de que el padre no habría sido sabio si daba regalos
valiosos a un hijo tan desobediente y desagradecido.

La Biblia dice: «En cambio, si lo desobedecen y no acatan sus


mandatos, él descargará su mano sobre ustedes» (1 Samuel
12:15).

Si desea que sus oraciones lleguen a Dios, entréguele su


voluntad rebelde, y Él escuchará su clamor. La obediencia es la
llave maestra de la oración eficaz.

Cuarto: Debemos orar en el nombre de Cristo.

Jesús dijo: «Cualquier cosa que ustedes pidan en mi nombre, yo


la haré; así será glorificado el Padre en el Hijo» (Juan 14:13).

No somos dignos de acercarnos al santo trono de Dios excepto a


través de nuestro Abogado, Jesucristo.

La Biblia dice: «Por lo tanto, ya que, en Jesús, el Hijo de Dios,


tenemos un gran sumo sacerdote que ha atravesado los cielos,
[…] acerquémonos confiadamente al trono de la gracia para
recibir misericordia y hallar la gracia que nos ayude en el
momento que más la necesitemos» (hebreos 4:14,16).

Dios, por amor a Cristo, perdona nuestros pecados. Dios, por


amor a Cristo, suple nuestras necesidades. Dios, por amor a
Cristo, recibe nuestras oraciones.
Estar en concordancia con Dios

Muchos preguntarán: «¿No hay otra forma de orar excepto a


través de Jesucristo?». Uno puede orar, pero, según la Biblia,
«hay un solo Dios y un solo mediador entre Dios y los hombres,
Jesucristo hombre» (1 Timoteo 2:5).

Quinto: Debemos desear la voluntad de Dios. Aun nuestro Señor,


en contra de lo que sentía en el momento, dijo: «Padre mío, si no
es posible evitar que yo beba este trago amargo, hágase tu
voluntad» (Mateo 26:42).

La oración lo vincula con los verdaderos propósitos de Dios para


usted y para el mundo. No solo trae las bendiciones de la
voluntad de Dios a su propia vida personal, sino que le da la
bendición adicional de estar en concordancia con el plan de Dios.

Y por último: Nuestra oración debe ser para la gloria de Dios.

La oración modelo que Dios nos ha dado finaliza diciendo: «Tuyos


son el reino y el poder y la gloria» (Mateo 6:13). Si queremos que
nuestras oraciones sean contestadas, debemos dar la gloria a
Dios. Nuestro Señor dijo a sus discípulos: «Cualquier cosa que
ustedes pidan en mi nombre, yo la haré; así será glorificado el
Padre en el Hijo» (Juan 14:13).

¡Qué privilegio el nuestro: el privilegio de la oración! Cristiano,


examine su corazón, vuelva a consagrar su vida, entréguese a
Dios sin reservas, porque solo los que oran con un corazón limpio
serán escuchados por Él. La Biblia dice: «La oración del justo es
poderosa y eficaz» (Santiago 5:16).

Debemos orar en tiempos de adversidad.

Oren, creyendo, con esta promesa de nuestro Salvador en mente:


«Crean que ya han recibido todo lo que estén pidiendo en
oración, y lo obtendrán» (Marcos 11:24).

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