UNIDAD II.
TEORIAS ETICAS Y PLURALISMO MORAL
1. La Tradición Aristotélica. Búsqueda Prudencial de la Felicidad.
Aristóteles, uno de los filósofos más prominentes y trascendentales de la antigua Grecia, ha dejado una
huella indeleble en la historia del pensamiento occidental. Nacido en Estagira en el 384 a.C., Aristóteles
emergió como una figura clave en el ámbito filosófico, siendo alumno de Platón y posteriormente maestro de
Alejandro Magno. Su influencia abarca una amplia gama de disciplinas, desde la ética hasta la política, la
metafísica y la biología, estableciendo fundamentos que han perdurado a lo largo de los siglos.
Aristóteles establece una distinción clara entre el placer y la felicidad. Para él, el placer es un componente
de una vida feliz, pero no es su esencia. Argumenta que los placeres sensoriales y las gratificaciones
inmediatas son efímeros y no pueden sustentar una vida auténticamente feliz y significativa.
Crítico de las filosofías que sitúan el placer como el bien supremo, Aristóteles sostiene que una vida
centrada únicamente en la búsqueda del placer es más apropiada para los animales que para los seres
humanos. En su visión, la felicidad genuina se encuentra en una vida en armonía con la razón, que promueve
el bienestar a largo plazo a través del desarrollo moral y la sabiduría. Para Aristóteles, la felicidad no es un
mero objetivo secundario de la existencia humana, sino el fin último y el propósito más elevado de la vida. Esta
visión desafía las concepciones comunes de éxito y bienestar, sugiriendo que el verdadero propósito de la vida
es vivir virtuosamente. Aquí, la virtud no se limita a ser un conjunto de normas éticas, sino que es una
disposición estable hacia la excelencia en todos los aspectos de la vida.
Entre las virtudes que Aristóteles destaca están la valentía, la templanza, la justicia y la prudencia, vitales
para una existencia plena y ética. Estas no son cualidades innatas, sino que se desarrollan a través de la
educación y la práctica constante. De este modo, la virtud se convierte no solo en el medio para alcanzar la
felicidad, sino también en una parte integral de la felicidad en sí misma, subrayando que la felicidad
aristotélica es un proceso activo y dinámico de mejora personal y moral.
Aristóteles también resalta la importancia de la vida contemplativa, dedicada a la búsqueda del
conocimiento y la sabiduría, considerándola la forma más elevada de vida y la más cercana a la plenitud de la
felicidad.
En la visión aristotélica, la ética y la política están inextricablemente conectadas. La política, como ciencia
suprema, busca el bien de la comunidad, que a su vez facilita la búsqueda de la felicidad a nivel individual. La
vida contemplativa se entrelaza aquí, ya que una comprensión profunda de la realidad –incluyendo la
naturaleza humana y la sociedad– es crucial para la formulación de políticas éticas y efectivas. En el mundo
moderno, donde la actividad frenética y la búsqueda de gratificación inmediata a menudo dominan, la
perspectiva aristotélica de la vida contemplativa ofrece un contrapunto valioso. Sugiere que la pausa, la
reflexión y el profundo entendimiento de uno mismo y del mundo pueden ser caminos más verdaderos hacia
la realización personal y el bienestar.
En un mundo que a menudo valora la acción sobre la reflexión, su enfoque destaca la importancia de la
introspección, el conocimiento y la sabiduría como fundamentos para una vida verdaderamente plena y
significativa.
2. La Tradición Hedonista. Calculo Inteligente del Placer.
El fundador de esta corriente fue Epicuro, nacido en Samos (Grecia) en 341 a.c., uno de los grandes
filósofos de la cultura griega de su época y fundador de la corriente filosófica que lleva su nombre, el
epicureísmo, cuya principal característica fue la identificación de la felicidad con el placer.
Es Epicuro, por tanto, un hedonista, sí, pero no de la manera de otros filósofos, como por ejemplo Aristipo
de Cirene (que es lo que se entiende normalmente por hedonista: un amante de los placeres corporales).
Epicuro apuesta por el placer, pero lo hace desde un punto de vista del todo racional.
Pese a que la filosofía de Epicuro engloba las principales ramas de la filosofía, se centra en la ética, y de
esta, en un aspecto concreto: la felicidad. Cuestión básica según Epicuro, pues es la principal motivación que
persigue todo ser humano en su vida.
Existen dos factores que determinan nuestro grado de felicidad: el placer y el dolor. El primero nos acerca a
ella, mientras que el segundo nos aleja de la misma. De este modo, Epicuro determina que la clave de una vida
feliz es conseguir acumular la mayor cantidad de placer mientras reducimos al máximo el dolor. De hecho, esta
segunda parte de la fórmula es más importante que la primera. El requisito indispensable para una buena vida
es la erradicación del dolor.
Los principales placeres que hemos de perseguir no son los corporales, pues, pese a su intensidad, son
efímeros y desaparecen enseguida. Hemos de buscar antes los placeres espirituales. Ahora bien, para escoger
y saciar cualquier deseo placentero, es necesario hacer uso de una virtud, la prudencia, pues sólo con ella
podremos disfrutar de un modo inteligente. Es gracias a la prudencia que somos capaces de rechazar un placer
que más tarde podría provocarnos dolor (como ocurre con las adicciones).
No apuesta, en absoluto, por una existencia lasciva y descontrolada; al contrario, apuesta por una
existencia moderada y basada en el autocontrol, pues considera que, de esa manera, se maximiza el placer y
se evita, en lo posible, el dolor. Es por ello por lo que centra su búsqueda de aquellos placeres que son seguros
y a largo plazo.
¿En qué se traduce entonces su idea de una vida feliz? En una vida sencilla, con sólidas amistades,
pequeños placeres y alejada de tensiones innecesarias. Una vida tranquila, sin excesos. Independiente.
Autónoma. La tranquilidad de ánimo. La paz de espíritu. Y toda su filosofía está enfocada a ello. Para Epicuro,
el conocimiento no sirve para nada si no ayuda al hombre a ser feliz.
Palabras de Epicuro:
«Comamos y bebamos, pues mañana moriremos»
«¿Dioses? Puede que los haya. Ni lo afirmo ni lo niego, porque no lo sé y no tengo modo de saberlo. Pero sí sé,
porque me lo enseña la experiencia diaria, que si existen ni se ocupan ni se preocupan por nosotros»
«El placer es el principio y el fin de la vida feliz»
«La muerte es una quimera, pues, cuando yo estoy, no está ella; y cuando está ella, no estoy yo»
«Nada es suficiente para quien suficiente es poco»
«¿Quieres ser rico? No te afanes en aumentar tus bienes, sino en disminuir tu codicia»
«Debemos meditar sobre las cosas que nos reportan felicidad, porque si disfrutamos de ella, lo poseemos
todo, y si nos falta, hacemos todo lo posible por obtenerla»