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La crisis financiera de 2008, originada en el colapso del mercado hipotecario subprime en Estados Unidos, reveló fallas estructurales en la regulación financiera y tuvo efectos duraderos en la política económica y el comercio global. Los gobiernos implementaron medidas de estímulo y rescate para evitar un colapso sistémico, lo que llevó a una revalorización del papel del Estado en la economía y a un cambio en las cadenas globales de valor. Este evento marcó un punto de quiebre que impulsó una mayor supervisión y conciencia de la interdependencia económica mundial.

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La crisis financiera de 2008, originada en el colapso del mercado hipotecario subprime en Estados Unidos, reveló fallas estructurales en la regulación financiera y tuvo efectos duraderos en la política económica y el comercio global. Los gobiernos implementaron medidas de estímulo y rescate para evitar un colapso sistémico, lo que llevó a una revalorización del papel del Estado en la economía y a un cambio en las cadenas globales de valor. Este evento marcó un punto de quiebre que impulsó una mayor supervisión y conciencia de la interdependencia económica mundial.

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Universidad Autónoma Metropolitana, Azcapotzalco

Departamento de Economía
Licenciatura en Economía

Ensayo 10

Indicaciones: Realice un ensayo analítico de una extensión de entre 500-550


palabras sobre el proceso de crisis estructural del 2008 y sus efectos en la política
económica y la sociedad global en materia de comercio y finanzas.

La crisis financiera de 2008 representó un punto de inflexión en la economía global


contemporánea. Originada en el sistema financiero estadounidense, su alcance fue tal que
expuso fallas estructurales profundas en los modelos de regulación financiera, gobernanza
económica y comercio global. Este fenómeno no solo sacudió a las principales economías
del mundo, sino que también generó cambios duraderos en la política económica y en la
dinámica de las relaciones comerciales y financieras internacionales.

El epicentro de la crisis se localizó en el colapso del mercado hipotecario subprime en


Estados Unidos. Durante años, las instituciones financieras promovieron la expansión del
crédito mediante productos derivados altamente riesgosos, respaldados por hipotecas de
baja calidad. La desregulación del sector financiero y la fe excesiva en la autorregulación de
los mercados fueron factores clave que alimentaron la burbuja. Cuando los deudores
comenzaron a incumplir sus pagos, el sistema colapsó, afectando tanto a bancos como a
inversionistas globales que habían adquirido activos tóxicos. Este escenario provocó una
caída abrupta en la confianza del mercado, una contracción del crédito y una recesión
mundial.

Ante este colapso, la política económica debió responder de forma inmediata y enérgica.
Los gobiernos de las principales economías aplicaron paquetes de estímulo fiscal sin
precedentes, bajaron las tasas de interés y nacionalizaron o rescataron instituciones
financieras para evitar un colapso sistémico. Estados Unidos, por ejemplo, implementó el
programa TARP (Troubled Asset Relief Program) para inyectar liquidez al sistema bancario.
Por su parte, los bancos centrales, como la Reserva Federal y el Banco Central Europeo,
adoptaron políticas monetarias expansivas a largo plazo, incluyendo medidas de
flexibilización cuantitativa.

A nivel global, la crisis impulsó una revalorización del papel del Estado en la economía.
Durante décadas, el pensamiento económico dominante —inspirado en el neoliberalismo—
había promovido la desregulación y la reducción del papel del Estado. Sin embargo, tras
2008, muchos países rediseñaron sus marcos regulatorios financieros, fortaleciendo
instituciones de supervisión y promoviendo una mayor transparencia. Se puso en tela de
juicio la idea de que los mercados pueden autorregularse eficazmente, y se reactivó el
debate sobre la necesidad de modelos económicos más inclusivos y sostenibles.

En el ámbito del comercio internacional, la crisis provocó una desaceleración significativa


del intercambio global de bienes y servicios. Las economías más afectadas redujeron sus
importaciones y aumentaron ciertas medidas proteccionistas. A largo plazo, esto generó un
cambio en las cadenas globales de valor y aceleró la búsqueda de mayor resiliencia en los
sistemas productivos. Las economías emergentes también comenzaron a jugar un papel
más destacado en la gobernanza económica global, como se refleja en el fortalecimiento del
G-20 como espacio clave de coordinación internacional.
En conclusión, la crisis estructural de 2008 no fue solo un episodio de inestabilidad
financiera, sino un punto de quiebre que expuso las fragilidades de la arquitectura
económica global. Sus efectos trascendieron lo económico para impactar en la política y en
la forma en que se concibe la intervención estatal, la regulación financiera y el comercio
global. A partir de este evento, la economía mundial se ha movido, aunque de manera
desigual, hacia una mayor prudencia, supervisión y conciencia de la interdependencia
sistémica.

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