ALUMNO : MAX ANDERSON MIGUEL DIAZ SIPAN
CURSO : DERECHO PROCESAL ADMINISTRATIVO
Conclusión sobre la validez y eficacia del acto administrativo
En el ámbito del Derecho Administrativo, los conceptos de validez y eficacia de los
actos administrativos son fundamentales para garantizar la legitimidad y la efectividad
de la actuación administrativa. La validez se refiere a que el acto administrativo cumpla
con todos los requisitos establecidos por la ley, incluyendo competencia, objeto,
finalidad pública, procedimiento regular y motivación. Solo cuando un acto
administrativo es válido se puede considerar que está debidamente fundamentado y
legitimado para producir efectos jurídicos.
Por otro lado, la eficacia del acto administrativo se refiere a su capacidad de generar
efectos jurídicos en el mundo real, es decir, el momento en el cual empieza a producir
sus consecuencias, como la creación, modificación o extinción de derechos u
obligaciones. La eficacia depende de su notificación y de que se cumplan las
condiciones legales para que el acto se haga obligatorio.
Una distinción clave entre ambos conceptos es que un acto puede ser válido, pero no
eficaz de manera inmediata si existen requisitos adicionales para su eficacia, como la
notificación o el cumplimiento de ciertas condiciones. También, un acto puede ser
inválido, pero puede producir efectos si no se ha declarado su nulidad, gracias a la
presunción de validez que establece la Ley de Procedimiento Administrativo General
(LPAG), hasta que se declare su nulidad de forma expresa por las autoridades
competentes.
La presunción de validez y la presunción de estabilidad de los actos administrativos
son principios clave para asegurar la estabilidad y el normal funcionamiento de la
administración pública. Mientras un acto administrativo no sea declarado nulo, se
asume que es válido y obligatorio, lo que permite a la Administración Pública actuar
con la certeza de que sus decisiones serán cumplidas, salvo que se impugnen y se
declare su nulidad.
En cuanto a la nulidad de los actos administrativos, esta puede ser planteada tanto por
los administrados como por la propia Administración, ya sea por vía de recurso o de
oficio. La declaración de nulidad tiene efectos retroactivos, aunque puede excepcionarse
en casos de derechos adquiridos de buena fe por terceros. Esto implica que, cuando se
declara la nulidad de un acto administrativo, sus efectos quedan sin valor desde el
momento en que se emitió, salvo que el acto haya causado efectos irreversibles que
deban ser indemnizados.
Finalmente, en términos de eficacia, la Administración Pública tiene la capacidad de
ejecutar sus actos de manera obligatoria, lo que se traduce en la ejecutoriedad de los
mismos. La ejecutividad implica que los actos administrativos, una vez notificados,
obligan a los administrados a cumplir con lo dispuesto, incluso si están en desacuerdo
con su legalidad. Este principio permite que la Administración ejerza su autoridad de
manera autónoma y efectiva, sin depender de la intervención judicial a menos que se
cuestione la validez del acto.
En resumen, la validez y la eficacia de los actos administrativos son conceptos jurídicos
interrelacionados, pero diferenciados: la validez garantiza que el acto cumple con los
requisitos legales para ser legítimo, mientras que la eficacia asegura que dicho acto
produzca los efectos jurídicos esperados. Ambos son esenciales para el buen
funcionamiento de la Administración Pública y la protección del interés público.