Administrativo II
Administrativo II
3. Principio generales.
La Administración pública y demás sujetos del sector público realizan otras actividades que se materializan de distintas formas y,
por ello, será necesario para su identificación agruparlos según distintos criterios:
-Criterio material o de las actividades típicas del poder ejecutivo, que permiten diferenciar la actividad del Gobierno y de la
Administración Pública de la desarrollada por otros poderes públicos: como el legislativo o el judicial.
-Criterio formal referido tanto a la distinción entre la actividad técnica y la jurídica, como a la diferencia entre la actividad
administrativa regida por el Derecho Privado y la sometida al Derecho Administrativo.
-Criterio instrumental, que describe las distintas figuras jurídicas que utilizan las Administraciones Públicas al desarrollar sus
actividades.
-Por último, encontramos otras manifestaciones de la actividad administrativa como son la actividad organizativa, la
planificadora, o la de arbitraje en sentido amplio o solución de controversias jurídicas entre particulares.
Vamos a centrar nuestro estudio al criterio instrumental, que distingue tres manifestaciones de la actividad de la administración:
1. La actividad de policía: referida a las limitaciones y condicionamiento de la actividad a los particulares, que se realiza por la
Administración.
2. La actividad de fomento: referida a la utilización por la Administración Pública de medios económicos, honoríficos y jurídicos
para estimular o fomentar la actividad de los ciudadanos en orden a satisfacer un “interés general”, si bien, no lo hace por medio
de la imposición, sino a través de la persuasión, mediante estímulos y ayudas de carácter económicos.
3. La actividad de prestación de los servicios públicos dirigida a atender las necesidades de los ciudadanos y a organizar la
correcta prestación de estos, nos referimos a servicios como el abastecimiento de aguas, el transporte urbano etc.
Hoy en día la actividad de policía no puede identificarse simplemente como las funciones represivas orientadas a eliminar la
perturbación causada a los interés públicos, sino que además abarca las <<funciones preventivas>> orientadas a evitar que se
lesione el interés general, la Administración limita o condiciona la actividad de los ciudadanos en muchos sectores de la vida en
orden a preservar el interés común.
Así es, partiendo de que los ciudadanos no son titulares de derecho absolutos o ilimitados, los poderes públicos contribuyen a
perfilar los confines del estatuto jurídico de ciudadanos aprobando reglamentos, dictando órdenes, otorgando o denegando
autorizaciones, etc., técnicas jurídicas que permiten controlar las actividades privadas. Por ello que se pueda definir la actividad
de ordenación o regulación y control como el conjunto de potestades e instrumentos que utilizan los poderes públicos para
incidir en el ejercicio de actividades, restringiendo la esfera de derechos y libertades de los particulares, pero sin sustituir con su
actuación la actividad de éstos.
Las técnicas y medidas que utilizan las Administraciones públicas para ordenar y fiscalizar los derechos y libertades de los
ciudadanos, distinguiendo los controles previos y los que se realizan a posteriori.
Ø Son técnicas de ordenación y control “ex ante”:
3. PRINCIPIOS GENERALES.
- El principio de reserva de Ley: en el marco de la Constitución de un Estado social y democrático de Derecho, la libertad de los
ciudadanos no puede reducirse o limitarse sin que la Administración esté habilitada por la ley para regular y condicionar los
derechos e intereses legítimos de los ciudadanos.
- El principio de especificación, que en el plano de las potestades de intervención implica que ese principio de legalidad no se
satisface adecuadamente por la simple habilitación contenida en una norma con rango de Ley, esto es que la Ley no puede
limitarse a atribuir a la Administración una genérica potestad de intervención en la libertad de los ciudadanos, sino que debe fijar
las condiciones básicas de ejercicio de la potestad, así la habilitación legislativa habrá de ser no sólo previa y expresa, sino que
también concreta y específica.
- El principio de proporcionalidad y “favor libertatis”, la ordenación administrativa de los derechos y libertades de los ciudadanos
tiene que ser equilibrada o proporcionada. El principio de proporcionalidad postula la adecuación de los medios a los fines. Y
dentro de esto, se encuentra la necesidad de atender a los medios necesarios para alcanzar los fines perseguidos que resulten
menos restrictivos de la libertad de los ciudadanos (principio “favor libertatis”), que sirve para resolver las dudas que puedan
surgir.
- El principio de buena fé, protección de la confianza legítima y el precedente administrativo como manifestación del principio de
igualdad: la buena fé es la creencia de la persona titular del órgano administrativo de que su actuación burocrática es lícita y
conforme a derecho, e implica la necesidad de observar de cara al futuro, la conducta que los actos anteriores hacían prever, y
aceptar las consecuencias vinculantes que se desprenden de los propios actos, de forma que si se contravienen o no se asumen
se infringe la confianza legítima depositada. por el ciudadano en la Administración.
La producción de normas es la técnica jurídica paradigmática de la ordenación de los derechos y libertades de los ciudadanos
mediante la cual se establecen requisitos y cargas que habilitan el ejercicio de ciertos derechos o actividades.
Ahora bien, esta tarea no es exclusiva de las A.A.P.P. pues es a los poderes legislativos a quienes corresponde la tarea de la
ordenación primaria, esto es, el dictado de normas con rango de Ley que habilitan posteriormente a la Administración a limitar y
controlar los derecho de los ciudadanos, correspondiendo a estas A.A.P.P. la ordenación secundaria mediante reglamentos
dictados en ejecución y desarrollo de las leyes, es decir, la producción de normas generales y abstractas de carácter imperativo.
En cuanto a la planificación administrativa, a través de la cual se pretende prever, conformar y racionalizar de modo conjunto y
sistemático, la acción de los particulares y de las A.A.P.P. en aras a la satisfacción del interés general que puede justificar la
necesidad planificación previa de un determinado ámbito.
Dentro de esta potestad planificadora podemos distinguir entre:
●La planificación territorial y de los recursos naturales: los poderes públicos deben velar por la utilización racional de los recursos
naturales, y para ello resulta indispensable la planificación administrativa.
●La planificación económica: señala que el Estado, mediante ley, podrá planificar la actividad económica general para atender
a las necesidades colectivas, equilibrar y armonizar el desarrollo regional y sectorial y estimular el crecimiento de la renta y de la
riqueza y su más justa distribución.
Por otro lado, en cuanto a la regulación técnica o normalización definida como: “la actividad por la que se unifican criterios
respecto a determinadas material y se posibilita la utilización de un lenguaje común en un campo de actividad concreto”, en
nuestro ordenamiento encontramos dos modos de conferir a las reglas técnicas un valor jurídico que trasciende de lo puramente
privado:
1. Los reglamentos técnicos son disposiciones normativas de carácter general en las que se imponen las especificaciones y
características de productos o instalaciones.
2. La normalización es el proceso de elaborar, aplicar y mejorar las normas que se aplican a distintas actividades científicas,
industriales o económicas, con el fin de ordenarlas y mejorarlas.
Son técnicas jurídicas que puede utilizar la Administración para el control de las actividades privadas, todo sistema jurídico
necesita de instrumentos orientados a verificar el cumplimiento de su compuesto normativo, y también que las infracciones a
las mismas se ven correspondidas una sanción.
Como con todas las categorías jurídicas podemos clasificar los instrumentos de control de formas diferentes, distinguimos tres
clases:
A. LAS TÉCNICAS DE INFORMACIÓN: tienen por objeto garantizar a la Administración el acceso a una determinada información
relativa a las circunstancias personales o a las actividades realizadas por los sujetos particulares, permitiendo así facilitar el control
sobre quiénes y cómo se ejercen determinadas actividades, así como facilitar el diseño de políticas públicas.
● Deberes de registro: Exigibles tanto a los particulares, como a las personas jurídicas se les impone la obligación de inscribir en
registros administrativos determinados datos en referencia a actos o hechos con trascendencia jurídica.
● Deberes de comunicación: cada vez con más frecuencia, nuestro ordenamiento jurídico se dota de normas legales y
reglamentarias que imponen el deber de poner en conocimiento de la administración competente la existencia de determinados
hechos, datos o circunstancias.
a) Obligación de facilitar a la Administración competente información determinada y a menudo periódico sobre la actividad. Con
ellas se busca asegurar la transparencia de los mercados o de determinadas actividades económicas con independencia de que
en ocasiones la Administración pueda adoptar otras medidas a raíz de la información solicitada, ya sean de prohibición, inspección
o sanción, sin perjuicio de que la omisión del deber de información o su cumplimiento irregular se sanciona como infracción
administrativa.
b) Requerimientos de información emitidos por la Administración para el ejercicio de sus funciones de supervisión.
Aspectos jurídicos relevantes inherentes a este instrumento: El deber de secreto o de reserva sobre los datos personales de que
tengan conocimiento en virtud de las informaciones administradas por particulares o entidades privadas.
B. TÉCNICAS DE CONDICIONAMIENTO: de mayor intensidad que las de información al limitar más intensamente la esfera de
derecho y libertades de los ciudadanos. Las normas jurídicas someten el ejercicio lícito de una concreta actividad privada a una
intervención previa o control preventivo por parte de la Administración, de este modo, el sujeto interesado ve limitada a priori
su libertad de acción ya que necesita de un pronunciamiento previo favorable por parte de la administración correspondiente.
●Las comprobaciones consisten en trámites objetivos y reglados realizados por un ente público para verificar que una persona o
actividad cumple con requisitos de aptitud e idoneidad establecidos en una norma. No admiten valoraciones adicionales fuera de
dichos requisitos.
a. Las acreditaciones son un proceso mediante el cual una unidad administrativa evalúa la calidad, pertinencia o aptitud de un
determinado individuo o sujeto con relación a un concreto programa o requisitos predeterminados.
b. Las homologaciones oficiales son procedimiento administrativo con una triple función:
1. De control: para verificar la seguridad del producto o del título por su adecuación a la normativa que lo regula.
3. Autorizante: toda vez que la homologación autoriza a las prestaciones del servicio, ejercicio de la actividad o fabricación del
prototipo.
-Las auditorías y evaluaciones: a través de estos procesos se pretende conocer en profundidad los efectos previsibles de una
actividad sobre determinados intereses públicos a los que pueda afectar.
-Las autorizaciones administrativas: para el otorgamiento, modificación y extinción de autorizaciones aprobadas por Real
Decreto.
i. La autorización realiza un control previo es un control administrativo “ex ante”, que exige la obtención de esta antes del inicio
de la actividad, que se establece mediante la prohibición general que impide realizar esa actividad sin previa autorización ante el
potencial riesgo que implica su ejercicio.
ii. La autorización realiza un control reglado, es decir, se trata de comprobar o fiscalizar que la actividad que se proyecta realizar
se ajusta a la norma sectorial que regula la materia.
-Son actos administrativos declarativos de derechos, dirigidos a producir efectos jurídicos vinculantes, sin prejuzgar cuestiones
ajenas al cumplimiento de los requisitos exigidos para su otorgamiento.
1. La autorizaciones subjetivas, objetivas y mixtas: las subjetivas se otorgan en atención a las personas, las objetivas por razón
de las características de la actividad o de las cosas, y las mixtas en las que se toman en consideración tantas cualidades personales
como exigencias objetivas.
2. Las autorizaciones singulares y las operativas: en este caso las singulares habilitan a desarrollar una concreta actuación de
forma aislada y agotan su eficacia jurídica una vez se consuma la actividad autorizada.
Las autorizaciones operativas crean, en cambio, una relación duradera y estable entre el autorizado y la Administración Pública.
Ahora bien, las autorizaciones operativas exigen que se controle el cumplimiento de las condiciones cumplidas en el momento de
su otorgamiento.
3. Autorizaciones regladas y discrecionales: la regladas persiguen controlar la mera legalidad de la actividad privada pretendida,
mientras que las discrecionales: para otorgarlas la Administración debe comprobar además de su legalidad que no queden
perjudicados intereses públicos o de terceros.
C. TÉCNICAS ABLATORIAS: son las técnicas más restrictivas de la libertad individual, en cuanto a que inciden directamente en su
esfera jurídica, tanto en la libertad, como en aspectos patrimoniales, reduciéndose al introducir restricciones o incluso
eliminándola.
Las técnicas ablatorias son aquéllas mediante las cuales la Administración priva al sujeto de algún bien o derecho.
En atención al grado de afección a los derechos y libertades de los particulares podemos distinguir entre:
1. Ablaciones parciales (las órdenes): la intervención administrativa en los derechos y libertades de los ciudadanos puede
instrumentarse mediante órdenes, que son actos administrativos imperativos y de eficacia jurídica vinculante, que sirven para
transformar un deber genérico en una obligación concreta. Definimos orden como: la declaración de voluntad por la que la
Administración impone una mandato o prohibición.
●Las órdenes son <mandatos positivos>, prescripciones u órdenes imperativas, que se orientan a lograr el bien común o el
bienestar común; las prohibiciones son los <mandatos negativos> u órdenes prohibitivas que se orientan a evitar el mal.
●Desde la perspectiva del contenido del mandato este puede ser una obligación de hacer, de no hacer, o de dar alguna cosa.
●Por razón de los sujetos destinatarios del mandato administrativo, la orden puede ser individual cuando se dirige
específicamente a una persona, o puede ser un mandato general destinado a un grupo de personas.
●Órdenes preventivas: pretenden evitar posibles lesiones concretas al interés público afectado, o de restablecimiento de la
legalidad vulnerada tendientes a restablecer la situación ilegalmente generada.
2. Privación de un derecho o ablación total: es decir, se priva de una situación jurídica activa, de una actividad que yo realizo, no
nos referimos a una privación por ley, sino una actuación concreta de la Administración; el acto típico es la expropiación, otros
casos son transferencias coactivas de derechos o de bienes, pero no de naturaleza expropiatoria.
No se trata en puridad de medidas de regulación o policía administrativa, sino que tienen por objeto resolver conflictos entre
particulares. Podemos distinguir entre:
Se justifican estas potestades ya sea porque la Administración no puede permanecer impasible ante conflictos sociales o
económicos que pueden afectar a la prestación de los servicios públicos, a la economía genera; bien porque se trata de prestar a
los ciudadanos un servicio ágil y gratuito de solución en supuestos en que no es realmente útil acudir a los Tribunales civiles.
La atribución de este tipo de funciones a la Administración no vulnera ni restringe el derecho a la tutela judicial efectiva de ningún
sujeto.
TEMA 2: LA ACTIVIDAD DE FOMENTO Y AYUDAS PÚBLICAS.
2. Principios generales.
Estas son ventajas para estimular a perseguir determinados objetivos. Estas se pueden diferenciar en atención a su contenido:
- Instrumento honorífico: la administración para la satisfacción del interés general otorga premios y atribuye honores,
condecoraciones o títulos nobiliarios para espolear las virtudes individuales y colectivas. Esto lo que hace es apelar al
estímulo emocional para conseguir su objetivo.
- Los mecanismos económicos: son los más generalizados, con ellos la administración asume el protagonismo del sector
privado en la prestación de servicios o desarrollo de actividades económicas, incentivando económicamente a los
particulares. Entre ellas encontramos tres tipos:
1. Las técnicas fiscales o tributarias: con las que se trata de estimular la inversión para fines específicos: vivienda,
industria o energía.
2. Los mecanismos crediticios: por los que se establecen líneas privilegiadas de financiación. la AAPP lo que hace es
intervenir en aras a la flexibilización de las condiciones en favor de ciertos particulares, ya que el crédito es una actividad
privada.
3. Las subvenciones.
2. PRINCIPIOS GENERALES:
Este principio hace referencia a que el gasto público que resulta del otorgamiento de una subvención debe cumplir con las
exigencias del principio de legalidad presupuestaria, conforme al cual los Presupuestos Generales del Estado incluirán la totalidad
de los gastos e ingresos del sector público estatal.
Esta es una regla de buena administración, que persigue que los medios o recursos públicos se utilicen de forma óptima para
satisfacer los fines que persiguen, y garantizar así los mejores resultados en la gestión de los caudales públicos. Los principios de
publicidad, objetividad e igualdad.
La decisión administrativa de otorgar una ayuda debe ser transparente y responder a una justificación objetiva y razonada,
evitando así la posibilidad de corrupción o favoritismos impropios. Para evitar la aplicación de criterios subjetivo o arbitrarios se
establecen los principios generales informadores entre los que destacan: publicidad, transparencia, concurrencia, objetividad,
igualdad y no discriminación.
La intención es satisfacer los intereses públicos que la UE defiende. Entre ellas destacan:
-Las ayudas del Fondo Europeo Agrícola de Garantía, destinadas al sostenimiento de las rentas agrarias y a la regulación de los
mercados agrícolas.
-Las ayudas concedidas con cargo a los Fondos estructurales, destinadas a reforzar la cohesión económica y social de la Unión.
Uno de sus objetivos prioritarios es garantizar la igualdad entre todos los operadores económicos. Para ello controla las ayudas
otorgadas, mediante los mecanismos de control y límites establecidos.
Ahora bien, esa noción de ayuda es un concepto técnico, por lo que sólo tiene la consideración de ayudas del Estado las que
reúnan los requisitos de:
Estos requisitos solo afectan a las ayudas que puedan comprometer al comercio comunitario, en caso de que afecten solamente
al comercio intracomunitario, rigen las normas internas estatales en materia de defensa de la competencia.
Ø Se entiende por subvención toda disposición dineraria realizada por cualesquiera entidades del sector público a favor de
personas públicas o privadas, que cumpla los siguientes requisitos:
-Que la entrega esté sujeta al cumplimiento de un determinado objetivo, debiendo el beneficiario cumplir las obligaciones
materiales y formales que se hubieran establecido.
-Que el proyecto, la acción, conducta o situación financiada tenga por objeto el fomento de una actividad de utilidad pública o
interés social o de promoción de una finalidad pública.
-Tiene que tener carácter subsidiario: la cuantía de la subvención no puede superar el coste de la actividad a desarrollar.
Ø Asimismo, cualquiera tendrá la consideración de beneficiarios salvo en quienes concurra alguna de las siguientes
circunstancias:
-Haber sido condenadas mediante sentencia firme a la pena de pérdida de la posibilidad de obtener subvenciones por delitos de
malversación o prevaricación.
-Haber solicitado la declaración de concurso voluntario, haber sido declarados insolventes etc.
-Haber dado lugar a la resolución firme de cualquier contrato celebrado con la Administración.
-Estar incursa.
-No hallarse al corriente en el cumplimiento de las obligaciones tributarias o frente a la Seguridad Social.
-Tener la residencia fiscal en un país o territorio calificado reglamentariamente como paraíso fiscal.
-No hallarse al corriente de pago de obligaciones por reintegro de subvenciones en los términos que reglamentariamente se
determinen.
3. La tramitación del procedimiento de concesión de acuerdo con las normas que resulten de aplicación.
1. En primer lugar, una fase de iniciación en la que será iniciado siempre de oficio por el órgano competente mediante
convocatoria que habrá de publicarse en la Base de Datos Nacional de Subvenciones y un extracto de la misma en el Boletín Oficial
correspondiente. A partir de aquí, se presentarán solicitudes de los interesados junto con los documentos e informaciones
determinados y en un plazo de diez días se realizará la subsanación de las solicitudes que no cumplan con alguno de los requisitos.
2. La segunda fase, la de instrucción, corresponde al órgano que se designe en la convocatoria, que realizará de oficio cuantas
actuaciones estime necesarias para la determinación, conocimiento y comprobación de los datos. Sus actividades pueden
consistir en: petición de informes o evaluación de solicitudes. Una vez evaluadas las solicitudes, un órgano colegiado emitirá un
informe en el que se concrete el resultado de la evaluación. A la vista de este, el órgano instructor formulará propuesta de
resolución y concederá 10 días para presentar alegaciones.
La propuesta de resolución definitiva, cuando resulte procedente de acuerdo con las bases reguladoras, se notificará a los
interesados que hayan sido propuestos como beneficiarios, para que en el plazo previsto en dicha normativa comuniquen su
aceptación.
Esta última, no crea derecho alguno a favor del beneficiario propuesto, mientras no se le haya notificado la resolución de
concesión.
3. Por último, en la fase de resolución, una vez aprobada la propuesta, el órgano competente resolverá el procedimiento y lo
notificará en un plazo que no podrá exceder de seis meses, salvo que una norma con rango de ley establezca un plazo mayor o
así venga previsto en la normativa de la Unión Europea. Si se ha dado el vencimiento del plazo máximo sin haberse notificado la
resolución legítima a los interesados se podrá entender desestimada por silencio administrativo la solicitud de concesión de la
subvención. La Administración Pública no puede revocar la subvención, salvo en caso de incumplimiento. En caso de
incumplimiento se producirá el reintegro de la ayuda.
Singularmente en materia de subvenciones la Administración tiene un plazo de 4 años para instar el reintegro de la subvención,
el plazo se computará, según el caso:
-Desde el momento en que venció el plazo para presentar la justificación por parte del beneficiario o entidad colaboradora.
-En el supuesto de que se hubieran establecido condiciones u obligaciones que debieran ser cumplidas, desde el momento en
que venció dicho plazo.
Para determinar si efectivamente concurre alguna causa que justifique el reintegro de la ayuda, y determinar el importe de la
devolución, debe tramitarse un procedimiento administrativo "ad hoc”, en el que debe darse audiencia al interesado. Este
procedimiento concluye con la resolución que declara si se ha producido el incumplimiento y que determina el importe que debe
reintegrarse.
TEMA 3. ACTIVIDADES DE SERVICIO PÚBLICO.
2. Los principios rectores del servicio público y del servicio de interés general.
3. Los servicios públicos en sentido estricto: Creación, formas de gestión, derechos y obligaciones de los usuarios.
Los servicios públicos y los servicios de interés general se definen como un conjunto de actividades regidas total o parcialmente
por el Derecho administrativo que tienen por objeto ampliar la esfera vital de los ciudadanos, mediante la organización de
servicios a los que tienen derecho a acceder según las leyes, con los requisitos y condiciones que se establezcan en cada caso.
Debemos diferenciar:
- SENTIDO ESTRICTO: DIRIGIDA TOTAL O PARCIALMENTE POR EL DERECHO ADMINISTRATIVO, QUE TIENE POR OBJETO
AMPLIAR LA ESFERA VITAL DE LOS CIUDADANOS.
Las notas que caracterizan el servicio público son: (SATISFACER NECESIDADES GENERALES, REGULARIDAD Y CONTINUIDAD, SU
SOMETIMIENTO ADMINISTRATIVO):
a) La atribución del servicio a la titularidad de una Administración, ya sea en régimen de monopolio o en competencia con la
iniciativa privada.
b) La finalidad prestacional.
c) No obstante, no supone que la gestión del servicio público corresponda siempre a la Administración titular, ya que puede
adjudicarse a empresas privadas, una vez obtengan un título jurídico habilitante para gestionar el servicio.
d) Tampoco es imprescindible que el acceso al servicio sea siempre universal, libre y gratuito, pues puede someterse a
condiciones y requisitos limitativos.
e) Los servicios públicos así concebidos se rigen por principios específicos del Derecho administrativo. Los servicios de interés
general y servicios de interés económico general.
- Por servicios de interés general se entiende aquellos servicios y actividades que las autoridades públicas consideran de interés
general por su relevancia y que, están sujetos a obligaciones específicas de servicio público.
- Los servicios de interés económico general son los que consisten en una actividad por la que se ofrecen servicios a un
determinado mercado. Pueden ser de titularidad pública o privada.
Sin embargo, en este sector es donde se ha producido una paulatina privatización en los últimos años. Están en cualquier caso
sometidos al régimen de la libre competencia. Los poderes públicos controlan tales servicios para garantizar el interés general,
y por ello, pueden ser sometidos a una estricta regulación, además de que a las empresas y entidades que presten el servicio les
son impuestas obligaciones de servicio público, y en su caso, de servicio universal.
- Por una parte, porque la liberalización tiene límites, ya que sólo alcanza a los servicios y actividades que pueden ser prestados
por las empresas privadas mediante una contraprestación.
- Por otra parte, el Estado no puede desentenderse totalmente del servicio, ya que debe garantizar la satisfacción de necesidades
esenciales de los ciudadanos e inclusive el correcto funcionamiento del mercado.
2. LOS PRINCIPIOS RECTORES DEL SERVICIO PÚBLICO Y DEL SERVICIO DE INTERÉS GENERAL.
Los estándares del servicio: Son los criterios que presiden, con carácter general, la regulación de los servicios públicos, con
independencia de su forma de gestión, directa o indirecta, y que se concretan en las siguientes reglas o principios:
- El principio de continuidad: Este principio obliga a que el servicio se preste de manera regular, permanente y sin
interrupciones salvo justificación. Supone la disponibilidad del servicio para los usuarios las 24 horas del día.
El incumplimiento de tales obligaciones puede dar lugar a la imposición de sanciones en el caso de servicios prestados en régimen
de libre competencia.
- El principio de mutabilidad: En virtud de este principio, los poderes públicos pueden modificar las condiciones de
prestación de los servicios públicos, por razones de interés público, incluso si dicha prestación corresponde a las empresas
privadas.
No obstante, si con ello se altera el equilibrio financiero del contrato, la Administración estará obligada a compensar al
contratista. Si el servicio es de interés general, pero no público y se presta en régimen de libre competencia, los poderes públicos
pueden introducir modificaciones en aquellas actividades que tengan carácter de reguladas y en las obligaciones de servicio
público que deben ser atendidas.
- El principio de igualdad: Los servicios públicos tanto los gestionados por la Administración, como por un particular
mediante contrato y de interés general tienen régimen de libre competencia deben prestarse respetando los principios
de no discriminación y de igualdad entre los usuarios.
Significa que los usuarios tienen derecho a acceder al servicio en condiciones de igualdad y sin ser discriminados, pero no prohíbe
que puedan establecerse modalidades o condiciones de acceso diferentes siempre que sean razonables y proporcionadas
(discriminación positiva).
- Principio de calidad: La calidad del servicio se define por relación a un conjunto de factores variables en cada caso. Con
este principio se pretende atribuir a la Administración competente facultades de regulación, planificación, ejecución,
evaluación y control que permitan asegurar y mejorar los niveles o estándares de prestación de cada servicio. Los
instrumentos que prevé la legislación con este fin varían según el servicio se preste.
3. LOS SERVICIOS PÚBLICOS EN SENTIDO ESTRICTO: CREACIÓN, FORMAS DE GESTIÓN, DERECHOS Y OBLIGACIONES DE LOS
USUARIOS.
La creación de un SP necesita de una decisión de los poderes públicos que publique una determinada actividad, es decir, se asume
como propia del Estado o de cualquier otra Administración pública, en el marco de sus respectivas competencias y por razones de
interés general.
A ello se une la regulación de la organización del servicio o su forma de gestión, de su contenido prestacional, de los derechos y
deberes de los usuarios y de su financiación.
- En el caso de los servicios obligatorios: La decisión de crear un SP, como la de ampliar o suprimir, no es una decisión
enteramente libre o discrecional de la Administración pública.
También los Estatutos de autonomía, sobre todo, los modificados recogen alusiones a servicios públicos necesarios de la
competencia de las respectivas CCAA. En tales casos, el legislador puede determinar el alcance de las prestaciones o la extensión
del servicio, pero nunca suprimirlos, ni reducirlos a un mínimo incompatible con su propia finalidad, sin infringir la Constitución.
La ley Reguladora de las Bases del Régimen Local también establece una serie de SP mínimos. De hecho, los vecinos tienen
derecho a exigir la prestación de tales servicios obligatorios.
- En el caso de servicios no obligatorios: Pueden crearse, modificarse o extinguirse por el legislador o por la Administración
competente de conformidad con lo previsto por las leyes o, en ausencia de éstas, por decisión propia y discrecional.
- Servicios en régimen de libre concurrencia y servicios esenciales: Los servicios en régimen de libre concurrencia con la iniciativa
privada es hoy la regla general. En estos casos, la asunción de una actividad como servicio público no excluye la realización de
actividades semejantes y concurrentes por las empresas o entidades privadas.
Ahora bien, la Ley puede reservar al sector público servicios esenciales especialmente en caso de monopolio, esto supone una
habilitación al legislador para que pueda excluir determinadas actividades del mercado y del principio de libertad de empresa.
Finalmente, el servicio en cuestión ha de estar sometido en su organización y funcionamiento a un régimen jurídico de Derecho
Público, lo que supone, el establecimiento de diversas prerrogativas en favor de la Administración titular de aquél.
La declaración formal de una actividad como servicio público no impide que pueda prestar o gestionar el servicio por empresas
privadas. Pueden hacerlo, pero no libremente o por iniciativa propia, sino en virtud de un título habilitante que otorga la
Administración titular del servicio.
Los servicios públicos siempre de titularidad administrativa pueden ser gestionados materialmente:
- De forma directa: Al quedar en manos públicas, no sólo la titularidad sino también la gestión de servicio público, no hay
plazo máximo de duración aplicable. A este respecto, las modalidades de gestión directa son las siguientes:
Por la propia Administración titular del servicio, bien encomendando dicha labor a un órgano ordinario de la misma, que sumaría
esa tarea al resto de las competencias que ya tuviera atribuidas a gestión indiferenciada, o bien creando en su seno un órgano
específico o diferenciado al efecto, sin personalidad jurídica independiente gestión mediante establecimiento propio sin
personalidad.
- O indirectamente: Cuando la gestión la realiza un empresario particular, en virtud de un contrato de gestión de servicio
público. Dicho contrato se celebra entre la Administración concedente del servicio y el particular que va a encargarse de
la explotación.
Las formas de gestión indirecta del servicio dan lugar a las siguientes 4 modalidades de contratos de gestión de servicios públicos:
● La concesión: la gestión de la actividad se confía a un tercero quien deberá pagar un canon, que la asume bajo su entera
responsabilidad.
● La gestión interesada: Se trata de un sistema mixto de gestión. La Administración y el contratista participan en la gestión y,
consecuentemente, en los resultados de la explotación del servicio, en la proporción que se establezca en el contrato.
●El concierto: Con la persona natural o jurídica que tenga instalaciones adecuadas y venga prestando una actividad análoga a la
del servicio a prestar.
●La sociedad de economía mixta: Se trata de sociedades en las que existe capital público y privado a la Administración y de
otras personas naturales y jurídicas.
-El derecho al establecimiento de los servicios públicos cuando éstos sean obligatorios o si están garantizados por el
Ordenamiento Jurídico, dicho derecho está incluso protegido jurisdiccionalmente.
-El derecho de acceso a los servicios públicos: En muchas ocasiones, ese acceso es universal y, por tanto, está garantizado a
todos, sin restricciones; aunque unas veces el usuario está exento del pago y otras no. En otros casos, el acceso no es universal,
existiendo servicios públicos cuyo acceso requiere estar en posesión de determinadas condiciones.
La igualdad de condiciones para el acceso, sin perjuicio del trato diferenciado y más beneficioso que merezcan determinados
colectivos en atención a sus circunstancias.
-El derecho al goce o disfrute de los servicios públicos, una vez se accede a los mismos, también en condiciones de igualdad sin
perjuicio de que se otorgue situaciones de ventaja a determinados colectivos, en atención a sus circunstancias de hecho,
garantizando determinadas prestaciones sanitarias obligatorias, y de calidad.
- El derecho a participar en la organización de los servicios públicos: al menos se asegura su presencia en los órganos de consulta,
y, a veces, se extiende incluso a los de gestión.
Si el servicio se gestiona directamente por la Administración se hará por medio de una tasa o cuando no se presta en
concurrencia; y por medio de un precio público, cuando no concurren esas circunstancias. En ocasiones están exentos de pago.
Si el servicio se gestiona indirectamente, el usuario pagará una tarifa tipo privada, debiendo aprobarse previamente esa tarifa
por la Administración.
La UE ha progresado hasta la delimitación de las reglas del juego en relación con la intervención de los poderes públicos en los
mercados económicos. TIENEN UNA DOBLE DIMENSIÓN:
- Actividad prestacional ejercida por el poder público.
- Parámetros de control administrativo.
Las empresas que gestionan SIEG están sometidas a las reglas de competencia:
PUEDEN IMPONERSE POR LA LEGISLACIÓN INTERNA O EUROPEA, Y SUELEN CONLLEVAR QUE LOS GASTOS SEAN REEMBOLSADOS
POR AYUDAS PÚBLICAS.
(trata de una noción que describe el contenido elemental más común de los SP, que deben proporcionarse al ciudadano).
Estos intereses forman parte de los valores de la UE, y su PROMOCIÓN aporta mayor eficacia.
Se prestan, ya sea por empresas públicas o privadas, en régimen de libre concurrencia, sin que, como es regla general en el
Derecho Comunitario, las empresas públicas puedan tener una posición más ventajosa por el mero hecho de serlo.
Son actividades sometidas, por su propia naturaleza, a una regulación pública, que puede ser muy intensa y, por consiguiente, a
medidas de control y supervisión, autorizaciones previas, tarifas, etc.
TEMA 4.LA ACTIVIDAD SANCIONADORA DE LA ADMINISTRACIÓN.
3. El procedimiento sancionador.
También es preventiva, donde podemos destacar dos tipos de prevenciones: la prevención especial (asegura que el sujeto no
vuelva a incurrir en la misma conducta) y la prevención general (desalentar ese tipo de conductas a otros sujetos).
-Contenido: la sanción consiste en una represalia, que es un acto materialmente punitivo. Las penas en principio deberían ser
funciones del Poder Judicial, pero la administración colabora en la actividad sancionadora del Estado por razones prácticas.
No todo acto de gravamen es una sanción, solo sucede cuando se vulnera un interés público específicamente protegido o cuando
se afecta a valores que son objeto de una especial protección por el O.J.
- Constituyen INFRACCIONES ADMINISTRATIVAS las acciones y omisiones dolosas o culposas antijurídicas, tipificadas y
sancionadas en una norma legal. En atención a la gravedad que el legislador asigna a los hechos tipificados, podemos
clasificar las infracciones en leves, graves y muy graves.
En el caso de infracciones de resultado independientemente de la sanción que pueda imponerse, los infractores deberán
responder de los daños producidos esa responsabilidad patrimonial o civil tiene 2 modalidades:
- Las SANCIONES ADMINISTRATIVAS son resoluciones de gravamen que restringen la esfera jurídica de los ciudadanos, esto
es, se les priva, limita, o suspende determinados derechos o bienes jurídicos del sujeto responsable de la infracción, como
castigo por la comisión de la misma.
CLASES
- Por el contenido: La sanción más común es la multa, cuya cuantía está predeterminada dentro de unos márgenes.
Junto a la multa, existen otras sanciones que consisten en la suspensión o restricción de un derecho o de la autorización que
condiciona el ejercicio de tal derecho.
En atención a la gravedad que se les asigna pueden ser: leves, graves y muy graves
- Según su naturaleza:
Principales: como retribución directa de la conducta infractora.
Accesorias: las que se hacen derivar de la sanción principal impuesta.
> LÍMITES.
La CE establece una serie de límites:
• El principio de legalidad y la consiguiente reserva de ley: La prohibición de imponer penas privativas de libertad La
Administración civil no podrá imponer sanciones que, directa o subsidiariamente, impliquen privación de libertad.
- PRINCIPIO DE LEGALIDAD: Alcanza su máxima expresión en el ámbito sancionador, ya que en éste se disponen medidas que
afectan directamente a la libertad de los ciudadanos y se prevén consecuencias que afectan a patrimonio. Por ello en este
contexto, se exige lex previa y lex certa.
De este principio de legalidad derivan otros principios básicos sustantivos del Derecho administrativo sancionador, como son LA
RESERVA DE LEY, LA TIPICIDAD Y LA IRRETROACTIVIDAD.
2) PRINCIPIO DE TIPICIDAD.
El principio de tipicidad exige que las conductas sancionables y las correspondientes sanciones estén definidas en una norma
previa, asegurando claridad y previsibilidad.
En el ámbito administrativo, estas infracciones y sanciones deben estar recogidas en leyes formales. Los reglamentos pueden
desarrollar y precisar aspectos de estas normas, siempre que no creen nuevas infracciones o sanciones ni alteren los límites
establecidos por la ley, contribuyendo a una mejor aplicación y comprensión de las disposiciones legales.
3) EL PRINCIPIO DE IRRETROACTIVIDAD:
Significa que una norma sancionadora no puede aplicarse a hechos que ocurrieron antes de que esa norma existiera, si es
desfavorable para la persona. Este principio está relacionado con la legalidad, ya que garantiza que las normas sancionadoras sólo
se apliquen hacia el futuro y protege a las personas de ser castigadas con reglas que no existían cuando actuaron.
Es consecuencia del principio de seguridad jurídica razón por la que se establece un plazo para poder exigir responsabilidades
por incumplimiento de las normas. Una vez transcurrido ese plazo ya no será posible imponer las sanciones o ejecutar la
impuestas el principio de prescripción afecta tanto las infracciones cometidas como a las sanciones impuestas.
Si no fuera así, los ciudadanos estarían expuestos sine die, a las consecuencias jurídicas de una determinada actuación u omisión
realizada, o de una sanción impuesta y no cumplida ni ejecutada.
El régimen de la prescripción se fija en las normas sectoriales. Sin embargo, se establece, con carácter general que:
• Se inicia "dies a quo" desde el día en que la infracción se hubiera cometido. En el caso de infracciones continuadas o
permanentes el plazo comenzará a correr desde que finalizó la conducta infractora.
• Se interrumpe por la iniciación, con conocimiento del interesado, del procedimiento sancionador reanudándose el plazo de
prescripción si el expediente sancionador estuviera paralizado durante más de un mes por causa no imputable al presunto
responsable.
5) EL PRINCIPIO DE CULPABILIDAD:
Se refiere a la faceta subjetiva, es decir, a la existencia de un sujeto pasivo al que se le impute la conducta constitutiva de
infracción administrativa y que puede ser tanto una persona física como una persona jurídica. En todo caso, el TS viene declarando
la necesidad de que concurra dolo o culpa en los sujetos implicados. Por tanto se requiere una imputación objetiva y subjetiva.
La LRJSP añade ahora, que podrán ser sancionadas no sólo las personas físicas y jurídicas sino, también, cuando una Ley les
reconozca capacidad de obrar, los grupos de afectados, las uniones y entidades sin personalidad jurídica y los patrimonios
independientes o autónomos.
Para garantizar la efectiva observancia de las normas administrativas por parte de las personas jurídicas, se considera que existe:
El art. 28.4 de la LRJSP tipifica como infracción el incumplimiento de la obligación de prevenir la comisión de infracciones
administrativas por quienes se hallen sujetos a una relación de dependencia o vinculación.
- PRINCIPIO DE PROPORCIONALIDAD: obliga a guardar la debida adecuación entre la sanción impuesta y la gravedad del hecho.
b) La prohibición de duplicidad de sanciones administrativas y penales respecto de unos mismos hechos, excepción de aquellos
supuestos en los que exista una relación de supremacía especial de la Administración, en cuyo caso está justificada el ejercicio del
ius puniendi por los tribunales, y la potestad sancionadora por la Administración.
3. EL PROCEDIMIENTO SANCIONADOR.
a) El procedimiento general u ordinario.
b) El simplificado.
Los trámites en ambos procedimientos son los mismos, ya que en el segundo únicamente se reducen los plazos de tramitación y
se concentran algunos actos procedimentales, con el fin de lograr una mayor celeridad en la sustanciación del procedimiento,
cuando el órgano competente para iniciarlo considere que existen elementos de juicio suficientes para calificar
la infracción como leve, sin que quepa la oposición expresa por parte del interesado.
●Iniciación.
Los procedimientos sancionadores se inician siempre de oficio, por acuerdo del órgano competente. Este acuerdo puede
producirse por iniciativa propia, por orden superior o por denuncia.
El acuerdo de iniciación puede estar precedido de determinadas ACTUACIONES PREVIAS, que se orientarán a determinar los
hechos susceptibles de motivar la incoación del procedimiento, la identificación de la persona o personas que pudieran resultar
responsables y las circunstancias relevantes que concurran en unos y otros.
Como regla general, estas actuaciones previas las realizan los órganos que tienen atribuidas funciones de investigación,
averiguación e inspectoras en la materia.
b) Hechos que motivan la incoación del procedimiento, su posible calificación y las sanciones que pudieran corresponder, sin
perjuicio de lo que resulte de la instrucción.
c) Identificación del instructor y, en su caso, del secretario del procedimiento, con expresa indicación del régimen de recusación
de estos.
d) Órgano competente para la resolución del procedimiento y norma que le atribuya la competencia, indicando la posibilidad
de que el presunto responsable pueda reconocer voluntariamente su responsabilidad.
e) Medidas de carácter provisional que se hayan acordado por el órgano competente para iniciar el procedimiento sancionador.
f) Indicación del derecho a fórmulas alegaciones y a la audiencia en el procedimiento y de los plazos para su ejercicio, así como
indicación de que, en caso de no efectuar alegaciones en el plazo indicado sobre el contenido del acuerdo de incoación, éste podrá
ser considerado propuesta de resolución cuando contenga un pronunciamiento preciso acerca de la responsabilidad imputada.
La jurisprudencia tiene declarado que, al ser un acto de trámite, no es susceptible de impugnación jurisdiccional, ésta sí será
posible cuando dicho acto incorpora alguna medida cautelar que afecte a los derechos fundamentales del inculpado. Asimismo,
se señala la obligación de notificar la adopción de medidas provisionales en el acuerdo de iniciación del procedimiento, ya que
ese es el momento en el que suelen adoptarse, aunque nada impide que se puedan adoptar a lo largo de la tramitación de este o,
incluso cabe su adopción incluso antes de incoarse el expediente sancionador, tal como también sucede en el procedimiento
común.
Estas medidas provisionales sirven para preservar el interés general que puede estar en peligro por las presuntas infracciones.
Aparte de las medidas provisionales, podrán adoptarse otras, si bien para ello deberán estar expresamente previstas en las
distintas leyes sectoriales. Cabe citar:
●Fase de instrucción.
Una vez iniciado el procedimiento sancionador, si el infractor reconoce su responsabilidad, se podrá resolver el procedimiento,
con la imposición de la sanción que proceda; lo que también se producirá por el pago voluntario por el presunto responsable, en
cualquier momento anterior a la resolución.
En ambos casos, en cuanto a la sanción de carácter pecuniario, deberá aplicarse unas reducciones de, al menos, el 20% sobre el
importe de la sanción propuesta, siendo estos acumulables entre sí. Las citadas reducciones, deberán estar determinadas en la
notificación de iniciación del procedimiento y su efectividad estará condicionada al desistimiento o renuncia de cualquier acción
o recurso en vía administrativa.
• Se prevé la separación entre la fase instructora y la sancionadora. La instrucción corresponde necesariamente a un órgano
distinto de aquél que ha de dictar la resolución sancionadora.
• La formulación de la acusación: Es una de las actuaciones iniciales de la instrucción del procedimiento sancionador si no se ha
efectuado en el acto de incoación.
• Los interesados tienen un plazo a contar del siguiente a la notificación del acuerdo de iniciación, o en, su caso, del pliego de
cargos para hacer alegaciones sobre el acuerdo de iniciación, aportando cuantos documentos e informaciones estimen oportunos
y, en su caso, proponer los medios de prueba de que pretendan valerse para acreditar los extremos contenidos en el escrito de
alegaciones.
• Sentadas ya las posiciones iniciales de la Administración y del inculpado, se inicia la labor instructora en sentido estricto,
mediante la realización por el instructor del procedimiento de cuantas actuaciones resulten necesarias para el examen de los
hechos, recabando los datos e informaciones que sean relevantes para determinar, en su caso, la existencia de responsabilidades
susceptibles de sanción.
●La prueba
Transcurrido el plazo concedido para las alegaciones, el órgano instructor podrá acordar la apertura de un período de prueba por
un plazo no superior a treinta días ni inferior a diez días, tanto cuando no tenga por ciertos los hechos alegados por los interesados
como cuando así se los soliciten éstos.
Sólo podrán rechazar aquellas pruebas que sean improcedentes o innecesarias mediante resolución motivada.
La jurisprudencia y doctrina constitucional admite que las pruebas indiciarias pueden, con determinadas condiciones, ser
suficientes para desvirtuar la presunción de inocencia, siempre que los indicios no sean meras sospechas, sino que estén
probados y que se exprese el razonamiento que lleva a concluir con una sanción.
• Los hechos constatados por funcionarios, observando los requisitos legales pertinentes y que se formalicen en documento
público gozan de una presunción legal de certeza, sin perjuicio de las pruebas que puedan presentar los interesados para
desvirtuarlos.
• De un lado, puede resolver la finalización del procedimiento, sin que sea necesario formular propuesta de resolución, cuando
en la instrucción del procedimiento se haya puesto de manifiesto que concurre alguna de las siguientes circunstancias:
• En el resto de los supuestos, el instructor debe formular una propuesta de resolución que trasladará al órgano competente para
imponer la sanción, en la que fijará de forma motivada:
- Se fijará la sanción que se propone, la valoración de la prueba practicada y, en particular, aquellas que constituyan los
fundamentos básicos de la decisión, así como las medidas provisionales que, en su caso, se hubieran adoptado.
• Dictada la propuesta de resolución y antes de que se acuerde la resolución definitiva se prevé un trámite de audiencia y vista
del expediente.
• La propuesta de resolución debe notificarse a los interesados, y deberá indicarles la puesta de manifiesto del procedimiento y
el plazo para formular alegaciones y presentar los documentos e informaciones que se estimen pertinentes.
Antes de dictar resolución, el órgano competente para resolver podrá, mediante acuerdo motivado, realizar actuaciones
complementarias indispensables para resolver el procedimiento:
3. El plazo para resolver el procedimiento quedará suspendido hasta la terminación de las actuaciones complementarias.
En cuanto al contenido de la resolución: La resolución que ponga fin al procedimiento habrá de ser motivada y resolverá todas
las cuestiones planteadas en el procedimiento al igual que al resto de resoluciones administrativas. Las faltas de motivación de la
resolución sancionadora no pueden subsanarse en vía de recurso o contencioso administrativos.
En todo caso, la resolución incluirá la valoración de las pruebas practicadas, en especial aquellas que constituyan los fundamentos
básicos de la decisión, fijarán los hechos y, en su caso, la persona o personas responsables, la infracción o infracciones cometidas
y la sanción o sanciones que se imponen, o bien la declaración de no existencia de infracción o responsabilidad.
En la resolución no se podrán aceptar hechos distintos de los determinados en el curso del procedimiento. Consecuentemente,
el órgano competente para resolver está vinculado por los hechos declarados probados en la fase de instrucción del
procedimiento.
Cuando el órgano competente para resolver considere que la infracción o la sanción revisten mayor gravedad que la determinada
en la propuesta de resolución, se notificará al inculpado para que aporte cuantas alegaciones estime convenientes en el plazo de
quince días. Siempre que la decisión del órgano competente para resolver se aparte de la propuesta de resolución exige una
motivación especialmente fundamentada. Más aún cuando da lugar a un resultado más grave para el infractor.
- Caducidad: En los procedimientos sancionadores el vencimiento del plazo máximo establecido sin haber dictado y
notificado resolución expresa determina la caducidad del procedimiento sancionador, por tanto, la sanción impuesta
después de caducado un procedimiento es nula de pleno derecho. El órgano competente deberá emitir, a solicitud del
interesado, certificación en la que conste que ha caducado el procedimiento y se ha procedido al archivo de las
actuaciones.
Con carácter general, la caducidad de un procedimiento sancionador no impide la incoación de un nuevo procedimiento
por los mismos hechos, siempre y cuando no se hubiera producido la prescripción de la infracción.
- Cuando el infractor reconoce su responsabilidad: En tal caso se resuelve el procedimiento con la imposición de la
correspondiente sanción. En realidad, en este caso, sí habría una resolución sancionadora.
- El pago voluntario: Cuando la sanción tenga únicamente carácter pecuniario, o bien quepa imponer una sanción pecuniaria
y otra de carácter no pecuniario, pero se ha justificado la improcedencia de la segunda, el pago voluntario por el
presunto infractor en un momento anterior a la resolución implica la terminación del procedimiento, salvo en lo relativo
a la reposición de la realidad jurídica alterada o a la determinación de la indemnización por los daños y perjuicios causados
por la comisión de la infracción.
- En los casos de autoinculpación y pago voluntario, cuando la sanción únicamente tenga carácter pecuniario, el órgano
competente para resolver el procedimiento aplicará reducciones de, al menos el 20% del importe de la sanción
propuesta, siempre y cuando se desista o renuncie a cualquier acción o recurso en vía administrativa contra la sanción.
- El cumplimiento de la sanción.
- Por condonación o perdón de la responsabilidad, que aun cuando no se admite con carácter general, si se contempla en
determinadas materias.
Ahora bien, la extinción sobrevenida de la persona jurídica autora de la infracción antes de ser sancionada no debe suponer la
extinción de la responsabilidad. Por ello algunas leyes establecen expresamente que en estos casos se considerarán autores a las
personas físicas que, desde sus órganos de dirección o actuando a su servicio o por ellas mismas, determinaron con su conducta
la comisión de la infracción.
Por regla general, los plazos fijados por las leyes sectoriales son más amplios.
Por tanto, el inicio de las diligencias reservadas o las informaciones previas no interrumpe el plazo de prescripción de la infracción.
-Determinación de la fecha final: La posibilidad de prescripción de la infracción termina en el momento en que la Administración
dicta y notifica la resolución sancionadora
●EFECTO: La prescripción de la infracción extingue la responsabilidad administrativa, si bien, ello no impide que pueda exigirse
la restitución de las cosas y su reposición a su estado anterior.
• Consiguientemente, si las leyes sectoriales no fijan plazo de prescripción, regirá para las sanciones
- muy graves (a los 3 años),
- graves (a los 2 años)
- leves (1 año)
En el caso de desestimación presunta del recurso de alzada interpuesto contra la resolución por la que se impone una sanción,
el plazo de prescripción de la sanción comienza a contarse desde el día siguiente a aquel en que finalice el plazo legalmente
previsto para la resolución de dicho recurso.
● El recurso de alzada es una solicitud para que un órgano superior revise y, si procede, modifique o anule una resolución
administrativa. Se presenta dentro del plazo legal (normalmente un mes) y es obligatorio agotarlo antes de acudir a los tribunales
en muchos casos.
● El recurso de reposición es una solicitud para que el mismo órgano que emitió una resolución administrativa la revise, porque
considera que contiene errores o es injusta. Se presenta en el plazo de un mes y es una alternativa al recurso de alzada cuando
no hay un órgano superior.
No obstante, pueden adoptarse en la misma las medidas cautelares precisas para garantizar su eficacia mientras aquella no sea
ejecutiva.
Cuando la resolución sea ejecutiva, se podrá suspender cautelarmente, si el interesado manifiesta a la Administración su intención
de interponer recurso contencioso-administrativo contra la resolución firme en vía administrativa.
La teoría general de la responsabilidad patrimonial, entendida como el deber que tiene un sujeto de reparar el daño patrimonial
que se ha ocasionado a otro, cuando éste no tiene el deber de soportarlo.
Se distingue entre la responsabilidad patrimonial que dimana de un contrato suscrito por ambas partes (responsabilidad
contractual) y la que nace en ausencia de un vínculo contractual (responsabilidad extracontractual).
En la actualidad podemos hablar de un sistema de responsabilidad extracontractual propio de los poderes públicos.
En la evolución del sistema se ha pasado de un principio general de impunidad del poder público por los daños derivados de su
actuación hasta la situación actual, en la que el grado de responsabilidad de los poderes públicos es amplísimo. Y ello porque,
en términos generales, el sistema vigente de responsabilidad de la Admin. extracontractual es general, directo, no subsidiado, y
de carácter objetivo (no basado en la culpa).
Asimismo, dicho sistema administrativo, tanto en su régimen como en su procedimiento de exigencia y en su control judicial.
Tiene especialidades y criterios propios, y, además, se exonera de responsabilidad a la Admin. si su actividad ha cumplido el
estándar de prestación del servicio, es decir, si su actuación se acomodó al nivel de prestación que se había previsto para esa
concreta actividad.
Como pórtico de todo el sistema, la C.E. proclama en su art. 9.3 un principio general de responsabilidad que alcanza a todos los
poderes públicos. La C.E. también recoge manifestaciones concretas del ppo. de responsabilidad aplicables a cada poder público.
En relación con la responsabilidad extracontractual de la Admin., el art. 106.2 C.E. señala que los particulares, tendrán derecho
a ser indemnizados por las lesiones que sufran en sus bienes, salvo en los casos de fuerza mayor, siempre que la lesión sea
consecuencia del funcionamiento de los servicios públicos.
Por otro lado, el art. 149.1.18° C.E.: reserva al Estado la competencia exclusiva para determinar el sistema de responsabilidad
extracontractual de todas las A.P.
Los ppos. del sistema vigente de responsabilidad administrativa extracontractual son los siguientes:
a) La responsabilidad es total, es decir, cubre los daños producidos por la actuación no sólo de la A.P. sino de la totalidad de los
poderes públicos.
b) La responsabilidad de las AA.PP. es siempre directa, porque a pesar de que pueda identificarse al empleado público concreto
que ha causado el daño, los ciudadanos exigen la responsabilidad directamente a la Admin, lo cual representa una garantía para
los ciudadanos.
Posteriormente, y cuando proceda, la Admin. podrá repetir contra el empleado público, si existe culpa o negligencia grave.
c) Es una responsabilidad objetiva, pues basta que concurran una serie de requisitos objetivos para su surgimiento. Así, la culpa
no es el fundamento único del deber de indemnizar, sino que es sólo un criterio más de los que sustentan ese deber.
d) La responsabilidad de la Admin. se genera siempre que el daño sea causado por el funcionamiento normal o anormal de los
servicios públicos entendidos en sentido amplio, es decir, como actividad de cualquier naturaleza de la A.P., y también en los
casos de pura inactividad en los que se incumple una obligación de actuar.
e) Sólo se excluye la responsabilidad directa de la Administración en los casos en que el daño se produce como consecuencia de
fuerza mayor.
Las Admin. públicas pueden generar daños tanto dictando actos admin., como llevando a cabo actuaciones de ejecución
material, o como por omisión de un deber de actuación. Pero para que surja la responsabilidad administrativa no basta con que
tal daño se haya ocasionado, sino que, además, es preciso que reúna ciertos requisitos: ha de ser un daño efectivo, evaluable
económicamente, e individualizado con relación a una persona o grupo de personas, y debe tratarse asimismo de un daño
antijurídico:
1. Daño efectivo: significa que puede repararse el daño emergente y el lucro cesante, pero no meras suposiciones de futuro. Debe
asimismo haberse consumado.
2. Daño evaluable económicamente: impide la reparación de daños carentes de reflejo patrimonial. Ha de demostrarse la realidad
del daño y su cuantía. Sin embargo, se entienden indemnizables los daños físicos (lesiones corporales), o morales (muerte de un
familiar).
3. Daño individualizable: no resultan indemnizables las cargas generales que pesen sobre la colectividad, sino que el daño debe
recaer sobre un sujeto concreto o un grupo determinado de personas.
4. Daño antijurídico: el daño cumple este requisito cuando el interesado no tiene el deber de soportarlo. No son indemnizables
los daños producidos en los casos de fuerza mayor, los deberes de colaboración en caso de catástrofe, ni el retraso en el inicio
de una actividad debido a la tramitación del procedimiento de otorgamiento de licencia, así como los que no se hubiesen podido
prever o evitar según el estado de la ciencia en el momento de producirse el daño.
- La relación de causalidad.
Para que surja el deber de reparación, el daño generado deberá encontrarse vinculado con la actividad o inactividad de la Admin.
en una relación causa-efecto, puesto que la lesión es indemnizable "siempre que sea consecuencia del funcionamiento normal o
anormal de los servicios públicos"
Es lo que se conoce como imputabilidad del daño, esto es, la determinación de quién lo ha generado. En este sentido, la relación
de causalidad puede interrumpirse, o debilitarse debido a 3 circunstancias diferentes:
a) Culpa de la víctima: el propio sujeto lesionado realiza alguna acción que interrumpe o atempera el vínculo causal.
b) Culpa de un tercero: un sujeto distinto del perjudicado ha podido influir en la generación del daño.
c) Fuerza mayor: el sistema de responsabilidad admin. consiente la reparación de los daños generados por caso fortuito, pero no
los producidos por fuerza mayor. La fuerza mayor es un hecho exterior e irresistible al que no puede sobreponerse quien lo
soporta.
1. Criterio objetivo en sentido estricto: la mera generación de un daño por la actividad de la Admin. obliga a su reparación,
independientemente de si el servicio funcionó o no correctamente en los siguientes casos:
b) los actos por los que se impone limitaciones a un concreto sujeto sobre derechos patrimoniales preexistentes.
c) los daños derivados de la ejecución subsidiaria de actos administrativos desfavorables, cuando estos actos fueran anulados
posteriormente.
2. Criterio objetivo circunstancial: en estos casos se realiza una valoración de la actividad de la Admin., de modo que si concurren
ciertas circunstancias o cláusulas de exoneración se podrá excluir su responsabilidad, a pesar de haberse causado un daño
efectivo, evaluable e indemnizable, vinculado causalmente con su actividad. Entre las cláusulas de exoneración cabe citar:
c) El margen de tolerancia: cuando la actuación administrativa se ha desarrollado dentro de unos parámetros razonables, los
daños que se produzcan no serán susceptibles de indemnización. Los supuestos incluidos en este criterio objetivado
circunstancial son: las actividades prestacionales, las actividades materiales de ejecución de los actos administrativos, la
inactividad de la Administración.
3. Criterio culposo de la imputación: se trata de un análisis subjetivo. Este criterio sólo puede operar sobre sujetos físicos, que se
encuentran dotados de voluntad psíquica. Opera sobre la conducta de los funcionarios públicos y, en general, del personal y demás
sujetos dependientes de la Administración; en los casos de acción de regreso dirigida al reintegro de la indemnización satisfecha
por la Administración a terceros y en los supuestos de resarcimiento de daños causados a bienes y Dºs de la Administración.
La reparación debe ser integral, y, por tanto, hay que dejar indemne a la víctima, esto es, en la misma situación que estaba antes
de sufrir el daño. Ello exige reparar todos los daños y perjuicios ocasionados.
En lo que respecta a la extensión de la reparación, cabe decir que conforme al ppo. de la reparación integral, la reparación del
daño puede ser:
a) In natura: consiste en la compensación en especie de los daños y perjuicios. Admite expresamente que la indemnización puede
sustituirse por una compensación en especie cuando resulte más adecuado para lograr la reparación y convenga al interés público,
siempre que exista acuerdo con el interesado.
b) Mediante indemnización o reparación sustitutiva: consiste en la compensación en metálico de los daños y perjuicios, e incluye
el daño emergente y el lucro cesante.
a) Daños materiales: el art. 34.2 de la LRJSP establece que la indemnización se calculará conforme a los criterios establecidos en
la legislación de expropiación forzosa, fiscal y demás, ponderándose, en su caso, las valoraciones predominantes en el mercado.
Por otra parte, también es indemnizable la pérdida de oportunidad.
b) Daños personales: en los casos de daños personales (lesiones físicas, psíquicas y el fallecimiento), el art. 34.2 señala que "en
los casos de muerte o lesiones corporales se podrá tomar como referencia la valoración incluida en los baremos de la normativa
vigente (Ley 30/1992) en materia de seguros obligatorios y de la Seguridad Social", haciendo referencia expresa a los mismos, si
bien mantiene su carácter orientativo y no vinculante.
●Momento de fijación de la indemnización y demora en su abono.
En cuanto al momento de fijación de la cuantía de la indemnización, dispone que la cuantía de la indemnización se calculará con
referencia al día en que la lesión efectivamente se produjo, sin perjuicio de su actualización a la fecha en que se ponga fin al
procedimiento de responsabilidad con arreglo al índice de Garantía de la Competitividad, fijado por el Instituto Nacional de
Estadística. Sobre las formas de abono de la indemnización, el art. 34.4 de la LRJSP prevé que puede abonarse en pagos
periódicos, cuando resulte más adecuado para lograr la reparación debida y convenga al interés público, siempre que exista
acuerdo con el interesado.
b) Si se trata de un daño causado por un acto o reglamento ilegal: el Derecho a reclamar prescribe al año de haberse notificado
la resolución administrativa o la sentencia definitiva, lo cual debe interpretarse como "firme".
c) Si se trata de actos dictados en ejecución de una norma con rango de ley declarada inconstitucional o de la aplicación de una
norma declarada contraria al Derecho de la U.E.: el Derecho a reclamar prescribirá al año de la publicación (en el BOE o DOUE,
según el caso), de la sentencia que declare la inconstitucionalidad de la norma o su carácter contrario al Derecho de la Unión
Europea.
De otro lado, al tratarse de un plazo de prescripción, el mismo se interrumpe con la presentación de la reclamación por parte del
interesado. En el caso de SP gestionados por un concesionario puede plantearse la cuestión de quién es el responsable. Dentro
del año siguiente a la producción del hecho, el tercero puede requerir previamente al órgano de contratación para que éste, oído
el contratista, se pronuncie sobre a cuál de las partes contratantes corresponde la responsabilidad de los daños.
3. Procedimiento acumulado o simultáneo con el recurso en el que se solicita la nulidad del acto o reglamento: en estos
procedimientos la resolución del recurso o de la sentencia debe pronunciarse también sobre la indemnización solicitada.
Procedimiento general.
La iniciación puede producirse de oficio o a instancia de parte. La iniciación de oficio es una posibilidad de uso escaso. La iniciación
a instancia de parte operará mediante un escrito de reclamación, en el que, además de los datos habituales debe incluirse una
descripción de las lesiones producidas, la fecha en que se produjeron, una demostración del vínculo causal que une el daño con
la actividad de la Admin., así como su valoración económica. Irá acompañada de los documentos e informaciones que se estimen
oportunos y de la proposición de prueba, concretando los medios de los que pretenda valerse el reclamante.
En la fase de instrucción, existe un período probatorio. En cuanto a los informes, se exige en 1er lugar uno que preceptivamente
deberá evacuar el órgano cuyo funcionamiento supuestamente provocó la lesión. Continuará el procedimiento con el trámite de
audiencia, debiendo luego dictarse propuesta de resolución.
Será preceptivo (no vinculante) solicitar el informe del Consejo de Estado cuando la cuantía de la indemnización reclamada sea
igual o superior a 50.000 €. En el caso de CCAA. y entidades locales se aplica el mismo régimen salvo que la legislación autonómica
establezca otra cosa, emitiéndose el informe por el Consejo Consultivo u órgano equivalente, cuando exista. El informe se emitirá
en el plazo de 2 meses y deberá pronunciarse sobre la existencia o no de relación de causalidad entre el funcionamiento del
servicio público y la lesión producida; así como, en su caso, sobre la valoración del daño causado y la cuantía y modo de
indemnización.
El plazo de resolución, y en su caso, notificación del procedimiento es de 6 meses, y los efectos del silencio son desestimatorios.
La resolución debe pronunciarse sobre la existencia o no de relación de causalidad, la valoración del daño y la cuantía de la
indemnización. Se permite la terminación convencional respecto de la determinación de la cuantía de los daños y de su modo de
pago.
Procedimiento simplificado.
Procede su tramitación si una vez iniciado el procedimiento administrativo, el órgano competente para su tramitación considera
evidente la relación de causalidad entre el funcionamiento del servicio público, así como la valoración del daño y el cálculo de la
cuantía de la indemnización. En tal caso, en la instrucción se seguirán los trámites previstos para el procedimiento simplificado,
cuyo plazo de resolución es de 30 días. El efecto del silencio es desestimatorio, aunque no lo dispone la LPAC.
-Efectos de la resolución en ambos procedimientos: los actos que ponen fin a estos procedimientos agotan la vía administrativa,
y son por tanto susceptibles de recurso potestativo de reposición, o recurso contencioso-administrativo.
- Jurisdicción competente.
La LPC declara que cuando las A.P. actúen en relaciones de Dº privado responderán directamente de los daños y perjuicios
causados por el personal que se encuentre a su servicio, considerándose estos actos como propios de la Admin. bajo cuya
dependencia se encuentran éstos.
Tema 6.- LA REVISIÓN DE OFICIO DE LOS ACTOS ADMINISTRATIVOS.
Al amparo del artículo 106 de la LPA se puede anular cualquier clase de actos administrativos firmes que estén contaminados
por un vicio de nulidad radical o de pleno derecho.
En estos casos la Administración podrá expulsarlo del mundo jurídico en régimen de autotutela y sin necesidad de intervención
judicial.
Señala el citado precepto que las Administraciones Públicas podrán declarar de oficio la nulidad de los actos (art. 106.1) o
reglamentos de Disposiciones generales (art. 106.2). "Artículo 106 Revisión de disposiciones y actos nulos:
- Las Administraciones Públicas, en cualquier momento, por iniciativa propia o a solicitud de interesado, y previo dictamen
favorable del Consejo de Estado u órgano consultivo equivalente de la Comunidad Autónoma, si lo hubiere, declararán
de oficio la nulidad de los actos administrativos que hayan puesto fin a la vía administrativa o que no hayan sido
recurridos en plazo, en los supuestos previstos en el artículo 47.1.
- Asimismo, en cualquier momento, las Administraciones Públicas de oficio, y previo dictamen favorable del Consejo de
Estado u órgano consultivo equivalente de la Comunidad Autónoma si lo hubiere, podrán declarar la nulidad de las
disposiciones administrativas en los supuestos previstos en el artículo 47.2. Pese a que dicho precepto regula en el
mismo precepto la revisión de actos y reglamentos, lo cierto es que hay elementos comunes, pero también otros que
son diferentes.
La regulación de la revisión de oficio de los actos y reglamentos tiene una serie de elementos comunes:
1°) En ambos casos, la potestad de revisión procede en los supuestos de nulidad de pleno derechos contemplados en el artículo
47.1 y 2 LPA, si bien la regulación de las causas de nulidad es distinta en uno y otro caso, sin que quepa alegar otros vicios o
infracciones administrativas.
2°) En los dos supuestos es necesario que la concurrencia de la causa de nulidad plena sea apreciada o dictaminada por el Consejo
de Estado u órgano consultivo equivalente de la Comunidad Autónoma en su caso (a través de un dictamen favorable, preceptivo
y vinculante).
3°) En coherencia con la naturaleza imprescriptible de la nulidad absoluta o de pleno derecho, la potestad de revisión de actos y
reglamentos puede ser ejercitada de oficio "en cualquier momento", esto es, sin límite de plazo alguno, sin perjuicio de los límites
establecidos en el artículo 110 LPA.
4°) Por último, quedan excluidos de la revisión de oficio los actos administrativos y las disposiciones generales cuya legalidad
haya sido recurrida y confirmada en vía jurisdiccional mediante un pronunciamiento sobre el fondo.
1°) El fundamento de la potestad de revisión es diferente en los actos, que, en las disposiciones generales, dado que el artículo
109.1 LPA establece un principio general de libre revocación de los actos de gravamen, por lo que el procedimiento de revisión
de oficio de los actos sólo tiene sentido en el caso de los actos
administrativos favorables: Ya que en relación con ellos rige el principio de irrevocabilidad de los actos administrativos, motivo
por el que su posible revisión debe contemplarse con todas las cautelas.
Sin embargo, los Reglamentos, en tanto que normas, son libremente revocables mediante su derogación o modificación por otro
posterior, con independencia de que su contenido sea o no favorable para sus destinatarios; por tanto, para proceder a su
revisión no se exige que su contenido sea favorable.
2°) En el caso de los actos administrativos se exige, como requisito de admisibilidad del procedimiento de revisión, que los mismos
hayan puesto fin a la vía administrativa (esto es, que no quepa recurso de alzada ante el superior jerárquico), o que tengan
carácter firme (por no haber sido recurridos en plazo), con lo que tal potestad de revisión se configura, claramente, como una
vía subsidiaria a la de recurso. Sin embargo, tales exigencias no rigen en el caso de los Reglamentos, ya que no cabe interponer
recursos administrativos contra los mismos.
3°) Y, en tercer lugar, la revisión de oficio de los actos favorables puede acordarse por la Administración, por iniciativa propia o
a solicitud del interesado; posibilidad que no se contempla en relación con los reglamentos, cuya revisión de oficio sólo puede
acordarse, de oficio, por la Administración. Finalmente, la LPA contiene ciertas previsiones adicionales sobre el procedimiento
que se ha de seguir para la revisión de oficio en ambos casos. Como requisitos previos debe tenerse en cuenta que:
- la competencia para conocer y declarar la nulidad corresponde a la Administración que dictó el acto y dentro de ésta al
órgano que la tenga atribuida.
- igualmente, el art. 106.3 autoriza a la Administración para acordar motivadamente la inadmisión a trámite de las
solicitudes formuladas por los interesados, sin necesidad de recabar dictamen del consejo de estado u órgano consultivo
de la comunidad autónoma, cuando las mismas no se basen en alguna de las causas de nulidad del artículo 47.1 o carezcan
manifiestamente de fundamento, así como en el supuesto de que se hubieran desestimado en cuanto al fondo otras
solicitudes sustancialmente iguales.
- El procedimiento ha de terminar normalmente mediante una resolución que declarará la nulidad del acto o disposición,
o su validez. Si opta por la anulación sus efectos serán "ex tunc", es decir, se retrotraen al momento en que se dictó el
acto anulado. La resolución que así lo declare (artículo 106.4 LPA) podrá contener también un pronunciamiento sobre la
procedencia de indemnizar a los interesados, si concurren los requisitos legalmente establecidos para declarar la
responsabilidad patrimonial de la Administración. Además, si lo que se anula es un reglamento, la declaración de
anulación no determinará por sí misma la ilegalidad sobrevenida de los actos dictados en aplicación de este.
- Finalmente, si se supera el plazo máximo para resolver de 6 meses (artículo 106.5 LPA), se producirá la caducidad (en los
casos en que la revisión de oficio se hubiera iniciado de oficio, por iniciativa de la Administración), o se entenderá
desestimada por silencio administrativo, si se hubiera iniciado a instancia de parte (por solicitud del interesado), a los
efectos de su impugnación ante la jurisdicción contencioso-administrativa.
Cuando se trate de actos administrativos favorables para los interesados que adolezcan de un vicio de simple anulabilidad (art.
48 LPA), la Administración no podrá revisarlos y anularlos de oficio, sino simplemente impugnarlos ante los tribunales previa
declaración de lesividad al interés público.
La declaración de lesividad de los actos favorables para el interesado se regula en el artículo 107 de la LPA y se configura como
un presupuesto procesal habilitante para que la Administración pueda recurrir sus propios actos ante el orden jurisdiccional
contencioso administrativo.
Para proceder a esta declaración de lesividad, previa a la vía judicial, deben concurrir una serie de presupuestos:
b) Que agoten la vía administrativa, o sea un acto firme, porque no haya sido recurrido en plazo, o haya sido confirmado
como cosa juzgada.
c) Que no hayan transcurrido 4 años desde que se dictó el acto (art. 107.2 LPA).
d) Que sea anulable conforme a lo previsto en el art. 48 LPA, y sea lesivo para el interés público, esto es, que resulte perjudicial
para la Administración.
En este caso, como en el resto de los procedimientos de revisión, opera el límite establecido en el artículo 110 de la LPAC,
conforme al cual no podrá ejercitarse la declaración de lesividad cuando por prescripción de acciones, por el tiempo transcurrido
o por otras circunstancias, su ejercicio resulte contrario a la equidad, a la buena fe, al derecho de los particulares o a las leyes.
Ahora bien, sin perjuicio de esta declaración previa de lesividad del acto anulable por parte de la Administración (resolución que
pone fin a la vía administrativa), para poder expulsar del mundo jurídico el acto será necesario que la Administración interponga
un recurso de lesividad ante los Tribunales, en el plazo de 2 meses, conforme establece el artículo 46.5 de la Ley 29/1998, JCA.
La doctrina lo denomina "autodemanda”, pues la administración denuncia ante los tribunales la infracción de legalidad en la
que incurren sus propios actos.
El artículo 109.1 de la LPA dispone que las Administraciones Públicas podrán revocar en cualquier momento, mientras no haya
transcurrido el plazo de prescripción, sus actos de gravamen o desfavorables.
Pero esta previsión, configurada como reverso del principio tradicional de irrevocabilidad de los actos favorables, debe ser
convenientemente comprendida.
No se trata con ello de habilitar a la Administración para que desconozca las normas o dispense de la vinculación a las mismas a
personas concretas. Aunque el precepto habla de revocación de los actos se está haciendo referencia a razones de legalidad y no
de mera oportunidad.
Los actos revocables han de ser, en todo caso, contrarios al Ordenamiento Jurídico, motivo por el cual dicho precepto dispone
como límite de tal potestad de revocación: Que la misma no constituya dispensa o exención no permitida por las leyes, ni sea
contraria al principio de igualdad, al interés público o al ordenamiento jurídico.
Cuestión distinta son los supuestos en los que la revocación se basa no en razones de legalidad, sino de oportunidad, en cuyo
caso dicha revocación, aun siendo legalmente posible, puede provocar una lesión patrimonial que debe ser resarcida por exigencia
del principio de responsabilidad patrimonial consagrado en el artículo 106.2 CE.
Por ese motivo el artículo 16.3 del Reglamento de Servicios de las Corporaciones Locales, aprobado
por Decreto de 17 de julio de 1955, dispone que la revocación de las licencias fundada en la adopción de nuevos criterios de
apreciación comportará el resarcimiento de los daños y perjuicios que se causaren.
5. LA RECTIFICACIÓN DE ERRORES.
Los actos administrativos, como todos los actos jurídicos, pueden incurrir en un error que justifique su revisión. El error, tanto de
hecho como de derecho, puede constituir un vicio de anulabilidad de los actos administrativos.
Pero el artículo 109.2 de la LPA establece un supuesto más limitado al regular la posibilidad de revisar los errores materiales o
aritméticos, disponiendo que las Administraciones Públicas podrán rectificar, en cualquier momento, de oficio o a instancia de los
interesados, los errores materiales, de hecho, o aritméticos existentes en sus actos.
Para evitar que tal potestad de mera rectificación pueda ser objeto de un uso fraudulento, que introduzca revisiones de fondo o
concepto, la Jurisprudencia ha realizado una interpretación restrictiva de la misma.
A tal efecto ha declarado que ha de tratarse de simples equivocaciones elementales de nombres, fechas o datos aritméticos,
cuya apreciación resulte indiscutible sin necesidad de grandes razonamientos, por lo que su determinación no puede requerir un
juicio valorativo o una calificación jurídica.
Consiguientemente, el resultado del ejercicio de esta potestad de rectificación no puede traducirse en la anulación del acto, ni
en la alteración fundamental de su sentido, que equivalga a uno nuevo adoptado sobre bases diferentes.
Por lo que, para poder aplicar el mecanismo procedimental de rectificación de errores materiales o de hecho, se requiere que
concurran, las siguientes circunstancias:
1. Que se trate de simples equivocaciones elementales de nombres, fechas, operaciones aritméticas o transcripciones de
documentos.
2. Que el error se aprecie teniendo en cuenta exclusivamente los datos del expediente administrativo en el que se advierte.
3. Que el error sea patente y claro, sin necesidad de acudir a interpretaciones de normas jurídicas aplicables.
6. Que no padezca la subsistencia del acto administrativo, es decir, que no genere la anulación o revocación de este, en
cuanto creador de derechos subjetivos, produciéndose uno nuevo sobres bases diferentes y sin las debidas garantías para
el afectado, pues el acto administrativo rectificador ha de mostrar idéntico contenido dispositivo, sustantivo y
resolutorio que el acto rectificado, sin que pueda la Administración, so pretexto de su potestad rectificatoria de oficio,
encubrir una auténtica revisión.
3. El recurso de alzada.
La anulación de los actos administrativos, por razones de estricta legalidad, puede ser declarada también por las
Administraciones Públicas a través de procedimientos administrativos de carácter impugnatorio promovidos por los interesados
que se conocen como recursos administrativos.
El recurso administrativo es un acto del interesado que cumple una función impugnatoria, mediante la que se opone a la validez
de un acto dictado por una Administración pública por considerarlo contrario a Derecho y se considera como el modo ordinario
de impugnación.
Los recursos administrativos pueden ser examinados desde una doble perspectiva: de una parte, son una garantía para los
administrados que pueden impugnar mediante los mismos los actos de las Administraciones Públicas garantizando de tal modo el
control de la legalidad de su actuación.
Pero, de otra, son también requisitos que han de cumplirse para poder acceder a la vía contencioso-administrativa. La exigencia
de una vía previa de recurso como requisito obligatorio que ha de cumplirse a la vía jurisdiccional constituye un privilegio de la
Administración, manifestación del de autotutela, que merece por ello una valoración menos favorable, en tanto que constituye
un elemento de retraso en el acceso a la vía judicial.
Existe una verdadera carga de recurrir los actos administrativos, pues en la medida en que existe la ficción de validez de los actos
administrativos, por lo menos quienes pretendan negar que los han aceptado y consentido, deben impugnar el acto
administrativo, pues de otro modo el acto ganará firmeza con la consecuencia de imposibilidad de atacar ese tipo de actos si han
sido consentidos.
En definitiva, el recurso administrativo que se puede interponer para combatir la ficción legal de validez de los actos es una de
las técnicas básicas del control jurídico de la actividad administrativa.
-Recursos administrativos especiales: son los que, aun basándose en cualquier motivo de impugnación como los ordinarios, sólo
están previstos por el legislador en materias concretas en los que justamente sustituyen a los recursos ordinarios (art 112.2 LPA).
-Recursos administrativos extraordinarios que en el caso de nuestro Derecho positivo sólo contempla el de revisión.
El objeto de los recursos administrativos es la impugnación de actos administrativos sean estos de "resoluciones" que son las que
se dicta poniendo fin la tramitación del procedimiento, o de "trámite" esto son los de iniciación o desarrollo del procedimiento,
pero solo cuando se encuentre especialmente cualificados (art. 112.1 LPA).
Del referido precepto cabe extraer en primer lugar que no cabe la interposición de recurso en vía administrativa frente a ninguna
disposición de carácter general, como termina por confirmar el apartado 3 del mismo, si bien se admite: "Los recursos contra un
acto administrativo que se funden únicamente en la nulidad de alguna disposición administrativa de carácter general podrán
interponerse directamente ante el órgano que dictó dicha disposición" que son los denominados recursos indirectos.
Además, frente a la regla general relativa a que "La oposición a los restantes actos de trámite podrá alegarse por los interesados
para su consideración en la resolución que ponga fin al procedimiento", cede cuando concurren circunstancias que cualifican el
acto de trámite:
Un buen ejemplo de actos de trámite susceptible de ser recurridos es aquellos de inicio de un procedimiento (por ejemplo,
sancionador), en los que no se limitan a los efectos formales de iniciar e impulso del procedimiento, sino que se extiende a otros
materiales susceptibles de causar perjuicios a los intereses y derechos de los administrados por adoptarse medidas de carácter
cautelar.
b) Las pretensiones.
En relación con las acciones impugnatorias es habitual distinguir entre el "petitum" (el solicitar o suplico de un escrito) las
pretensiones que se interesan con el recurso y la "causa petendi", esto son los fundamentos de hecho y de Derecho del "petitum".
Curiosamente nuestro Derecho positivo no exige de forma expresa que en el escrito en el que se formaliza el recurso deba
incluirse un "suplico" que condenase lo pedido por el interesado, mientras que, sin embargo, si se exija la necesidad de explicar
"la razón de su impugnación" (art. 115.1.b) de la LPA), pero aparentemente no es indispensable que en ese documento el
interesado también especifique cuál es su pretensión.
Ahora bien, desde la práctica forense no cabe duda de la importancia de concretar mediante "petitum", esto es, mediante un
suplico, todas aquellas pretensiones que se interesan con la impugnación formulada, pues si bien se puede sobreentender la
solicitud de nulidad o anulabilidad que se deduzca de las razones de hecho o derecho que se esgrimen frente al acto, cuando a
las simples pretensiones anulatorias se unen
otras como el reconocimiento de una situación jurídica subjetiva, la adopción de medidas precisas para el pleno restablecimiento
de un derecho, o la indemnización de los daños y perjuicios, si esta no se concreta, nada obliga a la administración a resolver sobre
las mismas, pues el principio de congruencia de las resoluciones administrativas le impide pronunciarse al respecto.
No cabe duda por tanto de la posibilidad que tiene el administrado de formular, mediante petitum, pretensiones distintas a las
puramente anulatorias y, entre ella, ejercitar conjuntamente la pretensión resarcitoria de los daños y perjuicios que le causa el
acto cuya nulidad postula, pues así se infiere del plural que utiliza el artículo 119.1 de la LPA cuando alude a la necesidad de que
la resolución del recurso estime o desestime en todo o parte "las pretensiones formuladas en el mismo" o, también, del apartado
3 de ese mismo. artículo que obliga a que "la resolución será congruente con las peticiones formuladas por
el recurrente, sin que en ningún caso pueda agravarse su situación inicial".
El único límite que se establece en nuestro Ordenamiento jurídico a la facultad de fundamentar el recurso es el contemplado en
el artículo 115.3 LPA, que alude a que: "Los vicios y defectos que hagan anulable un acto no podrán ser alegados por quienes los
hubieren causado", recogiendo así legalmente la máxima del derecho: "allegans propiam turpitudinem nemo auditur".
Si bien el recurso administrativo siempre debe fundamentarse en la invalidez del acto que se combate, sin embargo, del tenor de
lo establecido en el artículo 115.b) de la LPA, cuando exige la necesidad de que el recurso exprese "la razón de su impugnación",
no excluye la posibilidad de que se esgrimen razones que no sean jurídicas, admitiendo la posibilidad de esgrimir cuestiones
relativa a los hechos "fácticas".
También puede fundamentarse el recurso en otros motivos como pueden ser de conveniencia o utilidad que
justifiquen la estimación de recurso, si bien sólo podrá prosperar cuando el órgano competente disfrute de cierto margen de
discrecionalidad administrativa, pues en el caso del ejercicio de potestades regladas no cabe esa posibilidad.
Por otro lado, la fundamentación jurídica que el interesado esgrime en sede administrativa, no condiciona de forma plena, total
y absoluta, la que posteriormente pueda aducir y argumentar ante los tribunales, pues si no se admitiera la posterior ampliación
de los fundamentos jurídicos aducidos al interponer un recurso, se estaría dañando el derecho constitucional a la tutela judicial
efectiva (art. 24 CE).
d) Los trámites procedimentales.
El procedimiento impugnatorio es distinto y autónomo de la tramitación que en su día se siguió para dictar el acto administrativo
al que se recurre.
En este sentido son pocas las precisiones y detalles incluidos en la LPA que regulen el procedimiento para examinar y resolver un
recurso administrativo, liberando así del corsé que representa el procedimiento
administrativo común y, no digamos ya del procedimiento contencioso-administrativo.
Ahora bien, pese a esta elasticidad en cuanto a la instrucción y el desarrollo, por el contrario, es muy rígida y estricta la
interpretación de las normas que establecen los plazos para recurrir.
Los plazos impugnatorios establecidos en normas imperativas afectan a la seguridad jurídica y constituyen una cuestión de
orden público. Esta rigidez en los plazos no resulta contraria al derecho a la tutela judicial efectiva (art. 24 CE), pues dicho derecho
fundamental lo es también de configuración legal y, por tanto, no se infringe el mismo por la aplicación estricta de la Ley ("dura
lex, sed lex").
- En el caso de los recursos administrativos, el procedimiento impugnatorio siempre se inicia a instancia de parte
interesada, a diferencia de los que sucede en materia de revisión de actos, por tanto, una nota característica del recurso
es que nunca se inicia de oficio, esto es, la Administración que ha dictado un acto no puede acudir a la vía del recurso
para despojarlo de sus efectos sino que, habrá de ejercitar la potestad de revisión que le reconoce el ordenamiento
jurídico.
El recurso que se interponga se debe realizar siempre por escrito, no cabe la oralidad para oponerse a un acto
administrativo, y además ese escrito deberá tener el contenido mínimo al que se refiere el artículo 115.1 LPA:
a) El nombre y apellidos del recurrente, así como la identificación personal del mismo.
c) Lugar, fecha, firma del recurrente, identificación del medio y, en su caso, del lugar que se señales a efectos de
notificaciones.
e) Las demás particularidades exigidas, en su caso, por las disposiciones específicas. Rige en la materia un
principio "antiformalista" que excluye la aplicación de criterios estrictos y rigurosos que puedan perjudicar al
interesado o mermar sus posibilidades de defensa en Derecho, hasta el punto de que se reconoce la
irrelevancia del "error o la ausencia de la calificación del recurso por parte del recurrente" conforme previene el
artículo 115.2 de la LPA, siempre que se deduzca su verdadero carácter impugnatorio.
La interposición de un recurso persigue evitar que el acto administrativo gane firmeza y devenga inatacable por las
vías ordinarias, pero no soslaya su inmediata eficacia práctica. Ahora bien, nuestro ordenamiento jurídico permite la
posibilidad de evitar los hechos consumados derivados de la eficacia inmediata del acto administrativo que pudieran
hacer peligrar la utilidad práctica del recurso mediante la solicitud de la suspensión de los efectos (art. 117 LPA).
- Aunque la LPA no establezca normas sobre la instrucción y trámites a seguir, la administración tiene amplio margen para
realizar aquellos que estime oportuno, incluso la práctica de los medios de prueba que estime oportuno si existieran
razón fácticas que se hubiesen puesto en duda, ahora bien, lo que sí hace es limitar la posibilidad de la Administración a
tener en cuenta nuevos hechos o documentos no recogidos en el expediente originario, a que se le conceda al
interesado/s el correspondiente trámite de audiencia para que formule las alegaciones y presenten los documentos y
justificantes que estimen procedentes(art. 118.1 LPA).
- Al final de la tramitación de este procedimiento impugnatorio, caben tres decisiones administrativas básicas sobre el
recurso interpuesto por el interesado: inadmitir por cualquiera de los motivos a los que se refiere el artículo 116 de la
LPA, desestimar, o estimarlo (art. 119.1 LPA). En atención a las circunstancias concurrentes en cada caso, la estimación
puede ser en todo o parte, como señala el referido precepto, pero también cabe la posibilidad de que la estimación
parcial la existencia de vicio de forma, pero sin entrar a resolver sobre el fondo, en cuyo caso, se ordenará la retroacción
del procedimiento al momento en el que el vicio fue cometido (art. 119.2 LPA). La resolución que ponga fin al
procedimiento deberá ser expresa y "decidirá cuantas cuestiones, tanto de forma como de fondo, plantee el
procedimiento, hayan sido o no alegadas por los interesados" (119.3 LPA), ahora bien, para poder pronunciarse sobre
cuestiones distintas a las alegadas por el administrado, también habrá de otorgarse un trámite de audiencia a este,
pero en todo caso, la resolución será congruente con las peticiones formuladas por el recurrente, sin que en ningún caso
pueda agravarse su situación inicial (prohibición de la "reformatio in peius").
3. EL RECURSO DE ALZADA.
El recurso de alzada es un recurso jerárquico mediante el que el órgano superior puede corregir la actuación del inferior. Es el
recurso común en la Administración del Estado y de las Comunidades Autónomas en las que concurre una estructura jerárquica
que lo justifica.
No tiene tanto sentido, sin embargo, como recurso administrativo único contra los actos de los entes locales, puesto que al
producirse la mayoría de sus resoluciones como decisiones del Alcalde o del Pleno del Ayuntamiento, no tiene posibilidades de
aplicación en muchos municipios.
El recurso de alzada es obligatorio respecto de los actos o resoluciones que no ponen fin a la vía administrativa, es decir, todos
aquellos que no se encuentren entre los señalados por el artículo 114.1 de la LPA que reseña los actos que si ponen fin a la vía
administrativa:
b) Las resoluciones de los procedimientos a que se refiere el artículo 112.2 de la LPA, que son aquellos recursos que sustituyan
al de alzada en ámbitos sectoriales determinados (recurso especial de contratación, o reclamación económica
administrativa).
c) Las resoluciones de los órganos administrativos que carezcan de superior jerárquico, salvo que una Ley establezca lo
contrario.
d) Los acuerdos, pactos, convenios o contratos que tengan la consideración de finalización del procedimiento.
e) La resolución administrativa de los procedimientos de responsabilidad patrimonial, cualquiera que fuese el tipo de relación,
pública o privada, de que derive.
f) La resolución de los procedimientos complementarios en materia sancionadora a los que se refiere el artículo 90.4. LPA
que refiere al procedimiento complementario al sancionador para determinar los daños y perjuicios causados por una
infracción administrativa.
g) Las demás resoluciones de órganos administrativos cuando una disposición legal o reglamentaria así lo establezca.
El recurso de alzada se podrá imponer ante el órgano que dictó el acto que se impugna, en cuyo caso, deberá remitir al
competente para resolver en el plazo de diez días con su informe y una copia completa del expediente, o también se puede
interponer directamente ante el competente para resolverlo (art. 121.2 LPA).
El recurso ha de interponerse en el plazo de un mes desde la notificación del acto si fuera expreso, transcurrido el cual la
resolución será firme a todos los efectos. Cuando el recurso se dirija contra un acto presunto (silencio administrativo), se podrá
interponer el recurso de alzada en cualquier momento a partir del día siguiente a aquel en que, de acuerdo con su normativa
específica, se produzcan los efectos del silencio administrativo (art. 122.1 LPA), haciendo así suya la doctrina sentada por la
jurisprudencia
tanto contencioso como constitucional que determina en la práctica la desaparición de los plazos para interponer los recursos
contra el silencio negativo, que puede ser impugnado en cualquier momento.
El plazo máximo para resolver y notificar la resolución será de tres meses, transcurrido el cual sin hacerlo podrá entenderse
desestimado salvo en los supuestos del artículo 24.1, tercer párrafo. Dicho precepto establece un supuesto de silencio positivo,
para los casos de doble silencio. Tras establecer el régimen de silencio negativo en materia de recursos, dispone que «No obstante,
cuando el recurso de alzada se haya interpuesto contra la desestimación por silencio administrativo de una solicitud por el
transcurso del plazo, se entenderá estimado el mismo si, llegado el plazo de resolución, el órgano administrativo competente no
dictase resolución expresa sobre el mismo».
Y contra la resolución de un recurso de alzada no cabrá ningún otro recurso administrativo salvo el de revisión en los supuestos
del artículo 125.1 de la LPA al que nos referiremos más adelante.
4. EL RECURSO POTESTATIVO DE REPOSICIÓN.
El recurso de reposición tiene un carácter potestativo, se puede interponer contra los actos (resoluciones o actos de trámite
cualificados a que se refiere el artículo 123.1 LPA) que agotan la vía administrativa antes de recurrir ante la jurisdicción
contencioso-administrativa.
Y constituye, por ello, la última posibilidad de arreglo antes de acudir a la vía judicial, no teniendo la condición retardataria que
cabe apreciar en el recurso de alzada al no ser obligatorio. Pero si se interpone, no se podrá interponer el recurso contencioso-
administrativo hasta tanto se haya producido la desestimación expresa o presunta del recurso de reposición (artículo 123.2
LRJPAC).
Conforme al artículo 123.1 LPA, el recurso se interpone ante el mismo órgano que dictó el acto en el plazo de un mes si el acto
fuera expreso o en cualquier momento si no lo fuera desde que se hubiera producido el acto presunto conforme a su normativa
específica.
El plazo máximo para dictar y notificar la resolución del recurso será de un mes, transcurrido el cual se entenderá en todo caso
desestimado. Y contra la resolución de un recurso de reposición no podrá interponerse de nuevo dicho recurso.
El recurso de revisión es un recurso extraordinario que cabe interponer ante el órgano que dictó el acto objeto de revisión contra
actos firmes en vía administrativa, esto es cuando hubieran devenido inatacables por no haberse interpuesto contra los mismos
los recursos administrativos ordinarios en tiempo hábil, o habiéndolo hecho no se recurrió en plazo en la vía jurisdiccional su
desestimación (art. 125.1 LPA).
El recurso de revisión es extraordinario porque únicamente procede cuando concurra alguna de las circunstancias siguientes:
a) Que al dictarlos se hubiera incurrido en error de hecho, que resulte de los propios documentos incorporados al expediente.
b) Que aparezcan documentos de valor esencial para la resolución del asunto que, aunque sean posteriores, evidencien el
error de la resolución recurrida.
c) Que en la resolución hayan influido esencialmente documentos o testimonios declarados falsos por sentencia judicial firme,
anterior o posterior a aquella resolución.
d) Que la resolución se hubiese dictado como consecuencia de prevaricación, cohecho, violencia, maquinación fraudulenta u
otra conducta punible y se hubiera declarado así en virtud de sentencia judicial firme.
El plazo para la interposición del recurso será de cuatro años desde la fecha de la notificación de la resolución impugnada en el
primer supuesto y de tres meses en los demás desde el conocimiento de los documentos o desde que ganó firmeza la resolución
judicial (art. 125.2 LPA).
Al igual que ocurre en el ejercicio de la potestad de revisión de oficio, durante la tramitación del procedimiento que se sustancia
como consecuencia de la interposición de un recurso extraordinario de revisión es preceptiva la solicitud de un previo dictamen
del Consejo de Estado y órgano autonómico similar.
La estimación, desestimación del recurso corresponderá al órgano al que dictó el acto impugnado, que también podrá acordar
motivadamente la inadmisión a trámite, sin necesidad de recabar dictamen del Consejo de Estado u órgano consultivo de la
Comunidad Autónoma, cuando el mismo no se funde en alguna de las causas previstas en el apartado 1 del artículo 125 de la LPA,
o en el supuesto de que se hubiesen desestimado en cuanto al fondo otros recursos sustancialmente iguales. La resolución que
se dicte debe pronunciarse no sólo sobre la procedencia del recurso, sino también, en su caso, sobre el fondo de la cuestión
resuelta por el acto recurrido (art. 126.2 LPA).
Transcurrido el plazo de tres meses desde la interposición del recurso, sin que se hubiera dictado y notificado la resolución, se
entenderá desestimado, quedando expedita la vía jurisdiccional contencioso-administrativa (art. 126.3 LPA).
TEMA. 8.- EL CONTROL JUDICIAL DE LA ADMINISTRACIÓN. LA JURISDICCIÓN CONTENCIOSO ADMINISTRATIVA.
Conforme al artículo 106.1 de la Constitución Española "Los Tribunales controlan la potestad reglamentaria y la legalidad de la
actuación administrativa, así como el sometimiento de ésta a los fines que la justifican". Precepto que reproduce literalmente el
artículo 8 de la Ley Orgánica del Poder Judicial.
El control jurisdiccional de los actos y disposiciones dictados por la Administración Pública es una consecuencia del Estado de
Derecho en tanto garantiza la sujeción del Poder Ejecutivo al Derecho (art. 9 y art. 106. 2 CE) y garantiza el derecho fundamental
a la tutela judicial efectiva (art. 24 CE).
El control judicial de la Administración Pública es plenamente compatible con el principio de autotutela administrativa porque,
aunque la Administración, a diferencia de los sujetos privados, puede por sí misma, declarar sus actos con carácter obligatorio y
vinculante e, incluso, ejecutar forzosamente los mismos en caso de incumplimiento, eso no significa que su actividad no quede
sometida al control jurisdiccional en todos los casos.
Toda la actuación de la Administración, tanto la declarativa como la ejecutiva, e incluso los supuestos de inactividad o vía de
hecho, está sometida a la tutela jurisdiccional.
Tutela judicial que es siempre externa a la propia Administración (heterotutela) y que viene atribuida en nuestro ordenamiento a
los Jueces y Tribunales del orden jurisdiccional contencioso- administrativo. Jueces y Tribunales integrados en el Poder Judicial
como los civiles, penales o laborales, y que se diferencian de ellos únicamente por su especialización material en asuntos de
Derecho Administrativo.
La afirmación anterior se corresponde con el modelo jurisdiccional vigente en España por lo que resulta necesario realizar dos
precisiones iniciales. La primera es que no todos los países cuentan con un orden jurisdiccional especializado en materia de
Derecho Administrativo: así ocurre en España y en los Estados del continente europeo por influencia del modelo de régimen
administrativo, de inspiración francesa, a diferencia del sistema de common law de inspiración anglosajona, que atribuye el
control judicial a los jueces ordinarios. Y la segunda, que la existencia de un control jurisdiccional especializado por razón de la
materia de la legalidad de la actuación administrativa es el resultado de una larga evolución que arranca de una radical separación
entre Administración y Justicia, derivada de una rígida interpretación del principio de división de poderes como total separación
de poderes, que determinó que el control de los actos de la Administración fuera durante mucho tiempo meramente interno,
encomendado a la propia Administración que se enjuiciaba a sí misma.
Ese control realizado por "tribunales administrativos", que no eran otra cosa que órganos de la Administración, se realizó
inicialmente, además, conforme a un sistema de justicia "retenida" en la que los tribunales administrativos se limitaban a
proponer una decisión y no a resolver por sí mismos la controversia, hasta que se estableció un sistema de "justicia delegada" en
el que esos llamados tribunales ya decidían sobre la legalidad del acto.
El proceso terminaría con la atribución de la función control a verdaderos Tribunales independientes de la Administración, con lo
que se pasó de un sistema de "justicia administrativa", a otro de jurisdicción contencioso-administrativa, verdadera jurisdicción,
especializada por la materia.
La promulgación del texto constitucional de 1978 significó la afirmación del Estado de Derecho (artículo 1.1), basado en la
proclamación del principio de legalidad y de respeto a los derechos fundamentales de los ciudadanos. Coherentemente con ello,
la Administración quedó sometida de modo pleno a la Ley y al Derecho (art. 103.1), encomendando por tanto el control de tal
sujeción a los jueces y tribunales (art. 106.1 y 153 c), la importancia práctica del texto constitucional obligaba a la aprobación de
una nueva Ley reguladora de la Jurisdicción que se retrasó hasta el año 1998, esta es la Ley 29/1998, de 13 de julio, reguladora de
la Jurisdicción Contencioso-administrativa (en lo sucesivo LJCA).
Conforme a nuestra tradición jurídica, la LJCA sigue refiriéndose al proceso contencioso-administrativo, con el nombre de recurso
contencioso-administrativo. Este término alude al carácter impugnatorio de este proceso en el que el recurrente ejercita
formalmente sus pretensiones mediante la impugnación de una actuación administrativa previa.
Durante mucho tiempo ese carácter impugnatorio se correspondió con una concepción sumamente restrictiva del alcance de esta
jurisdicción: el recurso contencioso-administrativo tenía una naturaleza meramente revisora de actos o decisiones
administrativas previas, de modo que esa decisión previa, constituía el requisito o presupuesto del proceso mismo (sin acto previo
no había posibilidad de acceso a la jurisdicción). Más aún, el recurso contencioso-administrativo se configuraba
como una segunda instancia de la vía administrativa previa (a la manera de un recurso de casación) sin que cupiera revisar los
hechos fijados por la Administración, ni alegar más motivos que los formulados en vía administrativa, como si se tratase de una
instancia jurisdiccional.
El recurso contencioso-administrativo se configuraba, así como una especie de "proceso al acto" de carácter meramente
objetivo, en el que sólo cabía enjuiciar su legalidad, sin entrar a conocer las pretensiones de las partes, y pudiendo dictarse
únicamente sentencias anulatorias.
Si bien la Ley de 1956 de la jurisdicción ya salía al paso de esta concepción tan restrictiva, declarando en su Exposición de Motivos
que no cabía concebir este proceso como una segunda instancia, sino como una verdadera instancia jurisdiccional.
Coherentemente con ello resultaba pertinente la prueba, sin que pudieran tenerse por fijados los hechos por la Administración,
cabía aducir cualquier motivo de impugnación, hubiera sido alegado o no en vía administrativa y solicitar y obtener no sólo una
declaración de anulación del acto, sino también «el restablecimiento de una situación jurídica individualizada y la adopción de las
medidas adecuadas para el pleno restablecimiento de esta, entre ellas la indemnización de daños y perjuicios».
La LJCA avanzó de forma significativa previendo como objeto del recurso no sólo los actos y disposiciones generales previamente
adoptadas por la Administración, sino también contra su inactividad y contra actuaciones materiales en vía de hecho.
El recurso contencioso-administrativo es ya una acción judicial en la que tiene cabida cualquier pretensión de las partes fundada
en Derecho, tanto la anulatoria del acto, como la de restablecimiento de la situación individual, y de condena a la Administración.
Se configura como una auténtica instancia jurisdiccional en la que se da cauce al control pleno de la legalidad de la actuación
administrativa superando el carácter meramente anulatorio anterior. Y que se somete al principio dispositivo conforme al cual
el fallo debe ser congruente a las pretensiones de las partes, sin perjuicio de que puedan plantearse por el Tribunal nuevos
elementos de juicio, siempre que se sometan previamente a las partes para que se manifiesten en relación con los mismos.
La vigente LJCA de 1998, como su predecesora de 1956, define el ámbito de la jurisdicción contencioso-administrativa conforme
a una cláusula general que no agota, sin embargo, el ámbito de la jurisdicción, que es completado después con la utilización de
otros criterios de inclusión y exclusión.
La cláusula general viene definida en el artículo 1.1 en los siguientes términos: "los Juzgados y Tribunales del orden contencioso-
administrativo conocerán de las pretensiones que se deduzcan en relación con la actuación de las Administraciones públicas
sujetas al Derecho Administrativo, con las disposiciones generales de rango inferior a la Ley y con los Decretos legislativos
cuando excedan los límites de la delegación"
De este modo, la cláusula general combina tres criterios: subjetivo, objetivo y de régimen jurídico.
o El criterio subjetivo significa que la actuación y disposiciones normativas han de ser imputables a las Administraciones
públicas. A fin de determinar el concepto de Administraciones Públicas, el artículo 1.2 precisa que a los efectos de esta
Ley se entenderán por tales:
o El criterio objetivo se concreta en el empleo del término "actuación" referido a las Administraciones públicas, más amplio
que el empleado por la anterior LJCA de 1956, que aludía a los actos administrativos, al ser susceptibles de control
conforme a la Ley vigente, también los supuestos de inactividad o incluso los supuestos de actuación material calificable
como vía de hecho. El artículo 1.1 añade al control de la "actuación", el de dos tipos diversos de disposiciones: las
disposiciones reglamentarias de rango inferior a la Ley y los Decretos Legislativos, cuya atribución tiene alcance diverso.
o El criterio del régimen jurídico (actuación de las Administraciones públicas "sujeta al Derecho Administrativo") pone de
manifiesto que la Administración actúa tanto en régimen de Derecho público como en relaciones de Derecho privado,
correspondiendo a los Tribunales contencioso-administrativos únicamente el control de la primera. Ello planteaba
problemas prácticos de delimitación que hay que resolver acudiendo bien a las normas reguladoras de cada entidad
pública, bien a las normas reguladoras de cada tipo de actividad como sucede en materia de contratos, si bien, cada vez
se encuentra mejor delimitado.
A la cláusula general anteriormente expuesta añade la LJCA la inclusión de determinados supuestos adicionales,
atendiendo tanto a criterios subjetivos como objetivos. a) Así, en primer lugar, el artículo 1.3 LJCA somete también al
control de los Tribunales contencioso-administrativos los actos y disposiciones en materia administrativa de
determinados sujetos que no merecen la calificación de Administraciones Públicas integradas en el Poder Ejecutivo,
por tratarse de órganos constitucionales, judiciales o pertenecientes a la llamada Administración electoral. Conforme al
artículo 1.3 LJCA su ámbito se extenderá al enjuiciamiento de las pretensiones deducidas en relación con:
- los actos y disposiciones en materia de personal, administración y gestión patrimoniales sujetos al derecho público adoptados
por los órganos competentes del Congreso de los Diputados, del Senado, del Tribunal Constitucional, del Tribunal de Cuentas y
del Defensor del Pueblo, así como de las Asambleas Legislativas de las Comunidades Autónomas y de las instituciones
autonómicas análogas al Tribunal de Cuentas y al Defensor del Pueblo.
- los actos y disposiciones del Consejo General del Poder Judicial y la actividad administrativa de los órganos de gobierno de los
Juzgados y Tribunales, en los términos de la Ley Orgánica del Poder Judicial.
- La actuación de la Administración electoral, en los términos previstos en la Ley Orgánica del Régimen Electoral General. b) El
artículo 2 a) LJCA incluye también el conocimiento de determinados aspectos de los actos de gobierno, en concreto las cuestiones
que se suscitan en relación con «la protección jurisdiccional de los derechos fundamentales, los elementos reglados y la
determinación de las indemnizaciones que fueran procedentes, todo ello en relación con los actos del Gobierno o de los Consejos
de Gobierno de las Comunidades Autónomas, cualquiera que fuese la naturaleza de dichos actos».
El verdadero sentido de esta inclusión sólo se comprende recordando que la categoría de los actos políticos del Gobierno
constituía una exclusión tradicional del ámbito de la jurisdicción contencioso-administrativa (así art. 2 b) de la LJCA de 1956).
Frente a ella quiere reaccionar la LJCA de 1998, que considera en su Exposición de Motivos que la cláusula del Estado de Derecho
«es incompatible con el reconocimiento de cualquier categoría genérica de actos de autoridad excluida per se del control
jurisdiccional».
Se trata de una inclusión limitada del control de los actos del Gobierno. Para comprender su alcance ha de tenerse presente que
en nuestro ordenamiento el Gobierno y sus miembros asumen una doble condición, como órgano supremo de la Administración
(en virtud de la cual adopta decisiones típicamente administrativas como la declaración de urgencia de una expropiación) y como
órgano constitucional (condición en la que ejerce competencias directamente reguladas en el texto constitucional como la
iniciativa legislativa). De ahí que el control limitado a los supuestos del artículo 2 a) LJCA tenga únicamente sentido en relación
con los actos que dicta el Gobierno en tanto que órgano constitucional, puesto que en relación con su actuación típicamente
administrativa no operan esos límites.
c) El artículo 2 c) LJCA encomienda también a la jurisdicción contencioso-administrativa el conocimiento de los recursos contra
los actos y disposiciones de las Corporaciones de Derecho Público adoptados en el ejercicio de funciones públicas. Se trata de
entidades asociativas de base privada a las que se atribuyen determinadas funciones públicas de regulación, disciplina o fomento
de la actividad de los asociados. Es en relación con estas funciones públicas delegadas que se establece su inclusión en el ámbito
de la LJCA.
d) De modo análogo al supuesto anterior, el artículo 2 d) de la LJCA atribuye a la jurisdicción el conocimiento de los recursos contra
los actos dictados por los concesionarios de los servicios públicos, en el ejercicio de potestades administrativas conferidas a los
mismos. Se trata de actos de sujetos privados, ejercidos por delegación de la Administración, que tienden a asegurar la buena
marcha del servicio y a protegerlo respecto de conductas inadecuadas, lo que justifica esta atribución a la jurisdicción
contencioso-administrativa.
Además de las actuaciones imputables a los sujetos enumerados en el parágrafo anterior, el artículo 2 de la LJCA incluye en el
ámbito de esta jurisdicción los siguientes supuestos de naturaleza objetiva:
- Los contratos administrativos y los actos de preparación y adjudicación de los demás contratos sujetos a la legislación de
contratación de las Administraciones Públicas (apartado b). Se trata de una materia tradicionalmente incluida en el
ámbito de la jurisdicción contencioso-administrativa que alcanza a la totalidad de las cuestiones suscitadas en relación
con los contratos administrativos y los llamados "actos separables" de preparación y adjudicación (en realidad mero
procedimiento de formación de la voluntad) de los contratos celebrados por la Administración que se rigen por el
Derecho privado.
- La responsabilidad patrimonial de las Administraciones públicas cualquiera que sea la naturaleza de la actividad que la
ocasione, o el tipo de relación de que derive. La LJCA de 1998 establece, por tanto, un criterio de competencia exclusiva
de esta jurisdicción en materia de responsabilidad patrimonial de la Administración, que «no podrá ser demandada ya
por este motivo ante los órdenes jurisdiccional civil o laboral, aun cuando en la producción del daño concurra con
particulares o cuenten con un seguro de responsabilidad», expresión última añadida en la reforma de la LJCA.
- Finalmente, el artículo 8.5 LJCA atribuye a los Juzgados unipersonales de lo Contencioso-Administrativo la competencia
para conocer del otorgamiento de las autorizaciones «de entrada en domicilios y restantes lugares cuyo acceso requiera
el consentimiento de su titular, siempre que ello proceda para la ejecución forzosa de actos de la Administración pública».
Se trata de una función, justificada por la inviolabilidad del domicilio consagrado en el artículo 18.3 de la Constitución,
que impide a la Administración entrar en un domicilio para embargar un bien, o precintar una instalación y que antes de
la LJCA de 1998 venía atribuida a los Juzgados de Instrucción.
La delimitación del ámbito de la jurisdicción contencioso-administrativa se cierra con una serie de exclusiones contenidas en el
artículo 3 LJCA:
a) No corresponden a este orden jurisdiccional, en primer lugar, las cuestiones expresamente atribuidas a los órdenes
jurisdiccionales civil, penal y social, aunque estén relacionadas con la actividad de la Administración pública (apartado a),
ni la competencia para conocer del recurso contencioso-disciplinario militar, que es propio de la Jurisdicción militar
contemplada en el artículo 117.5 de la Constitución (apartado b).
Ello no impide, sin embargo, que conforme al artículo 4.1 LJCA, la competencia del orden contencioso-administrativo se extienda
conocimiento de las cuestiones prejudiciales e incidentales no pertenecientes al orden contencioso-administrativo (salvo las de
carácter constitucional y penal) directamente relacionadas con el recurso y que resulten necesarias para pronunciarse sobre el
mismo. Se trata, en todo caso, de un conocimiento limitado a ese concreto proceso y que no producirá efectos fuera de él
(artículo 4.2 LJCA).
b) Tampoco corresponde a esta jurisdicción la resolución de los conflictos de jurisdicción entre órganos judiciales y la
Administración, ni la de los conflictos de atribuciones entre órganos de una misma Administración, cuya resolución
interna corresponde a la misma (apartado c).
Conforme al artículo 6 LJCA el orden jurisdiccional contencioso-administrativo se halla integrado por los siguientes órganos
jurisdiccionales:
a) Juzgados de lo Contencioso-Administrativo.
Para la delimitación de la competencia entre dichos órganos, la Ley combina criterios materiales, cuantitativos y territoriales, no
faltando la utilización de cláusulas residuales, criterios todos ellos no siempre de fácil interpretación.
- La competencia general para conocer de los recursos contra actos de las Entidades Locales (así como entidades
instrumentales de ellas dependientes), con la sola excepción de las impugnaciones de cualquier clase de instrumento de
planeamiento urbanístico.
- En cuanto a los actos de las Comunidades Autónomas sólo conocen de tres supuestos: cuestiones de personal que no
afecten al nacimiento o extinción de la relación de servicios de los funcionarios de carrera; sanciones que consistan en
multas no superiores a 60.000 € o privación del ejercicio de derechos por tiempo no superior a seis meses; y
reclamaciones de responsabilidad patrimonial cuya cuantía no exceda de 30.500 €.
- También conocen de los recursos contra actos y disposiciones de la Administración periférica del Estado o de la
Comunidad Autónoma, así como de organismos, entidades o Corporaciones de Derecho público cuya competencia no se
extienda a todo el territorio nacional.
- Conocerán, igualmente, de todas las resoluciones que se dicten en materia de extranjería por la Administración periférica
del Estado o por los órganos competentes de las CCAA.
- Y, finalmente, conocen asimismo de los recursos contra los actos de las Juntas Electorales de Zona, contra los de
proclamación de candidatos y candidaturas efectuados por cualquier Junta Electoral, y del otorgamiento de las
autorizaciones para la entrada en domicilio, cuyo acceso requiera el consentimiento del titular.
Ø A los Juzgados Centrales de lo Contencioso-Administrativo (art. 9 LJCA), con sede en Madrid y jurisdicción en toda España,
les corresponde:
- El control de los actos de ministros y secretarios de Estado en asuntos de personal y en materia de responsabilidad
patrimonial, cuando lo reclamado no exceda de 30.050 €.
- El control de las sanciones impuestas por órganos centrales de la Administración del Estado consistentes en multas
superiores a 60.000 € o privación del ejercicio de derechos por tiempo superior a seis meses.2.3. El control de las
resoluciones de inadmisión de las peticiones de asilo político.
Ø A las Salas de lo Contencioso-Administrativo de los Tribunales Superiores de Justicia (artículo 10 LJCA), herederas de las
antiguas Audiencias Territoriales, les corresponde conocer:
A) En única instancia:
- De los recursos contra instrumentos de planeamiento urbanístico y disposiciones generales de las Entidades Locales.
- De los recursos contra las disposiciones generales de las Comunidades Autónomas y contra todos sus actos siempre que
su conocimiento no esté encomendado a los Juzgados; contra los actos y disposiciones de los órganos de gobierno de
las Asambleas legislativas de las Comunidades Autónomas e instituciones autonómicas equivalentes al Tribunal de
Cuentas y al Defensor del Pueblo, en materia de personal, administración y gestión patrimonial; contra convenios entre
Administraciones públicas de nivel de Comunidad Autónoma o inferior; y contra los actos de los órganos de las
Comunidades Autónomas competentes para la aplicación de la Ley de Defensa de la Competencia.
- Contra los actos en materia electoral de las Juntas Electorales Provinciales y de Comunidad Autónoma, así como del
recurso contencioso-administrativo electoral sobre proclamación de electos y elección y proclamación como electos de
presidentes de las Corporaciones Locales.
A) En única instancia.
- De los recursos contra disposiciones generales y actos de ministros y secretarios de Estado, en general, y singularmente
en materia de personal, cuando se refieran al nacimiento o extinción de la relación de servicio de funcionarios de carrera.
Asimismo, en materia de personal militar, de recursos contra actos de órganos centrales del Ministerio de Defensa
referidos a ascensos, antigüedad y destinos.4.2. De los recursos contra actos de ministros o secretarios de Estado que
rectifiquen los dictados por órganos con competencia en todo el territorio nacional.
- De los recursos en materia económico-administrativa contra actos del ministro de Economía y Hacienda o del Tribunal
Económico-Administrativo Central, salvo en este caso que se trate de tributos cedidos.
A) En única instancia.
- De los recursos contra actos y disposiciones de los máximos órganos del Estado: Consejo de ministros, comisiones
delegadas del gobierno, Consejo General del Poder Judicial, así como de los órganos competentes del Congreso de los
Diputados, del Senado, del Tribunal Constitucional, del Tribunal de Cuentas y del Defensor del Pueblo en materia de
personal, administración y gestión patrimonial.
- En materia electoral, de los recursos contra actos y disposiciones de la Junta electoral Central, de los recursos
contencioso-electorales sobre proclamación de electos en elecciones generales y contra los acuerdos de las Juntas
Electorales adoptados en el procedimiento de elección de miembros de las Salas de Gobierno de los Tribunales.
B) En vía de recurso:
- De los recursos de casación en general, de los de revisión contra sentencias firmes de los Tribunales Superiores, de la
Audiencia Nacional y del propio Tribunal Supremo; y de los recursos de casación y revisión contra las resoluciones
dictadas por el Tribunal de Cuentas.
-Conforme al artículo 14 LJCA la competencia material de los Juzgados y Tribunales Superiores de Justicia debe delimitarse
territorialmente conforme a las siguientes reglas:
1. Con carácter general será competente el órgano jurisdiccional en cuya circunscripción tenga su sede el órgano que hubiere
dictado el acto o disposición impugnados.
2. Si los actos impugnados se han dictado en materia de responsabilidad patrimonial, personal, propiedades especiales y sanciones
será competente, a elección del demandante, el Juzgado o el Tribunal en cuya circunscripción tenga aquél su domicilio o se halle
la sede del órgano autor del acto originario impugnado.
La persona o personas que ejercitan la pretensión frente a una determinada actuación administrativa es la parte demandante,
parte necesaria, cuya posición corresponde normalmente a un sujeto distinto de la Administración, a excepción de los procesos
en los que una Administración impugna la actuación de otra, o del denominado proceso de lesividad en el que la Administración
impugna los actos que ella misma ha dictado.
La posición de demandado o demandada corresponde a la Administración autora del acto o actuación recurrida. La demandada
es la Administración en su conjunto, que es la que goza de personalidad jurídica, y no el concreto órgano que dictó su acto, ni
menos aún su titular.
En el proceso de lesividad se confunden la posición de demandante y de demandada en la Administración que recurre el acto,
aunque, en rigor, ésta sólo actúa como demandante, sin perjuicio de su obligación de remitir el expediente administrativo con su
demanda.
En los recursos indirectos contra reglamentos en los que se impugna un acto porque se considera ilegal la disposición en aplicación
de la cual se dictó, cuando el reglamento hubiese sido dictado por otra Administración distinta a la que dictó el acto, la condición
de demandada corresponderá a ambas Administraciones (art. 21.3 LJCA).
La Ley habla también de parte demandada para referirse a «las personas o entidades cuyos derechos o intereses legítimos pudieran
quedar afectados por la estimación de las pretensiones del demandante». Se trata de una parte meramente potestativa, cuyo
emplazamiento es responsabilidad de la Administración demandada, que al remitir el expediente deberá hacer constar las
notificaciones practicadas a todos los que aparezcan como interesados en el procedimiento (art. 49.1 LJCA).
Debe tenerse en cuenta que la posición de codemandada solo sirve para oponerse a las pretensiones del
demandante a favor de la parte demandada, ya que, de sumarse a las pretensiones de la parte demandante, la parte codemandada
incurriría en un supuesto de desviación procesal.
- Tienen capacidad procesal las personas que estén en pleno ejercicio de sus derechos civiles. A ellos se añaden dos
supuestos: los menores de edad para la defensa de aquéllos de sus derechos e intereses legítimos cuya actuación les
esté permitida por el ordenamiento sin necesidad de la asistencia de la persona que ejerza la patria potestad, tutela o
curatela; y los grupos de afectados, uniones sin personalidad o patrimonios independientes o autónomos, aptos para ser
titulares de derechos y obligaciones. No basta con tener capacidad procesal para intervenir en el proceso.
- Es necesario que exista un cierto grado de conexión entre la esfera jurídica de dicha persona y el objeto del proceso, que
se conoce como legitimación. Se habla así de legitimación activa, para aludir a la aptitud para iniciar el proceso, y de
legitimación pasiva, para hacer referencia a las que han de demandarse y han de tener, consiguientemente, la posibilidad
de intervenir en el proceso.
Conforme al artículo 19.1.a) de la LJCA tienen legitimación activa, con carácter general, «las personas físicas o jurídicas
que ostenten un derecho o interés legítimo», que ha de ser un interés actual y no hipotético o futuro. Esto significa que
la resolución impugnada debe repercutir de manera clara y suficiente en la esfera jurídica de quien acude al proceso,
sin que sea suficiente el mero interés en la defensa de la legalidad, sino que se ha de poder obtener un beneficio/perjuicio
o ventaja/desventaja del proceso, razón por la que la jurisprudencia niega la legitimación al mero denunciante, salvo en
los supuestos de acción popular.
La legitimación se deduce de la existencia del derecho o interés legítima con respecto a la acción u omisión
administrativa, independientemente de que se haya participado o no en el procedimiento administrativo del que ésta
trae causa.
También la legitimación es exigible a las Administraciones públicas cuando recurren la afección a su ámbito de autonomía o a los
fines públicos que persiguen.
Además de esa legitimación individual, la Ley regula también la corporativa, al entender también legitimadas a las "corporaciones,
asociaciones, sindicatos, grupos y entidades que resulten afectados o estén legalmente habilitados para la defensa de los
derechos o intereses legítimos colectivos", que ha sido objeto de interpretación jurisprudencial amplia.
Existen, por último, dos supuestos especiales de legitimación: la acción popular que consiste en realidad en la no exigencia de
legitimación alguna, al reconocerla a cualquier sujeto; y la acción vecinal como un supuesto de sustitución procesal para el
ejercicio de las acciones de defensa de bienes y derechos de las Entidades locales, que pueden ejercitar los vecinos en defecto de
la actuación de éstas.
- Por último, debe aludir a la postulación, esto es, a la necesidad de que las partes comparezcan ante los tribunales
representadas por un Procurador y defendidas o asistidas por un Abogado. Sin embargo esta regla contiene excepciones:
la representación mediante Procurador es potestativa ante los Juzgados unipersonales, por lo que las partes se la podrán
otorgar al Abogado que hará, en tal caso, también de representante; los funcionarios en defensa de sus derechos
estatutarios podrán comparecer y defenderse por sí mismos, salvo que el objeto del proceso sea la separación de un
funcionario de carrera; y la representación y defensa de las Administraciones públicas corresponderá a los Letrados
integrados en sus respectivos servicios jurídicos.
Siendo el llamado recurso contencioso-administrativo un proceso de plena jurisdicción y no un mero "juicio al acto", queda
claro que en la actualidad el objeto del proceso lo constituyen las pretensiones de las partes que se deduzcan en relación con la
actuación de la Administración pública y las disposiciones objeto de control. Para comprender mejor su alcance es conveniente
aludir por separado a la actuación administrativa impugnable y a las pretensiones objeto de cada proceso singular.
En primer lugar, debe considerar cuál es la actividad administrativa impugnable. El artículo 25.1 LJCA se refiere, en primer lugar,
a los actos administrativos expresos o presuntos que ponen fin a la vía administrativa, ya sean definitivos o de trámite de carácter
cualificado por decidir el fondo del asunto, determinar la imposibilidad de continuar el procedimiento, o producir indefensión.
En consecuencia, el recurso contencioso no es admisible contra los actos de trámite ordinario, ni tampoco contra los definitivos
que han devenido firmes y consentidos por no ser recurridos en plazo, ni contra los que sean confirmación o reproducción de
los consentidos.
Son también impugnables los Decretos Legislativos y las disposiciones de carácter general. Conforme al artículo 26.1 LJCA contra
las mismas cabe tanto el recurso directo que persigue su declaración de ilegalidad, como el recurso indirecto contra los actos
dictados en aplicación de la misma, fundados en que son las disposiciones las que no resultan conformes a Derecho.
Para remediar los problemas que se derivan de este supuesto en el régimen de la LJCA de 1956, la nueva LJCA de 1998 introdujo
la llamada cuestión de ilegalidad, para que el órgano judicial que hubiera anulado el acto plantea la cuestión de ilegalidad al
Tribunal competente para conocer del recurso directo, a fin de que éste declarara la nulidad erga omnes de dicha disposición.
Como prueba de la superación del carácter meramente revisor del proceso contencioso-administrativo, la nueva Ley ha
introducido la posibilidad de impugnar la inactividad de la Administración en dos concretos supuestos (artículo 29 LJCA). De una
parte, los casos en que la Administración resulte obligada a realizar una prestación concreta a favor de una o varias personas
determinadas, quienes tuvieren tal derecho podrán reclamar de la Administración el cumplimiento de tal obligación y si en el
plazo de tres meses no se hubiere dado cumplimiento a lo solicitado o llegado a un acuerdo con los interesados, éstos podrán
deducir recurso contencioso-administrativo contra dicha inactividad de la Administración. De otra, cuando la Administración
no ejecute sus actos firmes, los interesados podrán solicitar su ejecución y si no se produce en el plazo de un mes, interponer un
recurso contra esa inactividad, se sustanciará por el procedimiento abreviado.
Finalmente, el artículo 30 LJCA faculta al interesado, en los supuestos de vía de hecho, a requerir a la Administración actuante
para que cese en dicha actuación. Si dicha intimación no fuere formulada, o si realizada no fuera atendida en el plazo de diez
días, podrá deducir recurso contencioso-administrativo.
El recurso frente a la vía de hecho se dispone para combatir aquellas actuaciones materiales de la Administración que carecen de
la necesaria cobertura jurídica y lesionan derechos o intereses legítimos de cualquier clase, convirtiéndose, por tanto, el
procedimiento de la vía de hecho en un medio de obtener la cesación de una actuación administrativa material ajeno a un
auténtico acto administrativo y sin la fuerza legitimadora de dicho acto. Su finalidad es no dejar sin cobertura jurídica y tutela
judicial a las actuaciones materiales de la Administración que, sin procedimiento administrativo y la cobertura de un acto de este
carácter, perturba el ejercicio de sus derechos por los particulares, al objeto de obtener la cesación de esa ilegítima actividad
material por parte de la Administración.
En cuanto a las pretensiones de las partes debe tenerse en cuenta que, cuando se impugnan actos administrativos, Decretos
Legislativos (ultra vires) o disposiciones reglamentarias pueden ser de dos tipos: de una parte, la declaración de no ser conformes
a Derecho y consiguiente anulación de los actos y disposiciones impugnados; y, de otra, el reconocimiento de una situación
jurídica individualizada y la adopción de medidas adecuadas para el pleno restablecimiento de la misma, con indemnización en
su caso de los daños y perjuicios. Ésta segunda pretensión tiene no obstante la limitación a tenor del cual «los órganos
jurisdiccionales no podrán determinar la forma en que han de quedar redactados los preceptos de una disposición general en
sustitución de los que anularon ni podrán determinar el contenido discrecional de los actos anulados».
Por lo que respecta a la indemnización, se puede solicitar en vía judicial sin necesidad de tener que plantear previamente una
acción de responsabilidad patrimonial en vía administrativa:
- En el caso de que se impugnen supuestos de inactividad administrativa, conforme al artículo 32 LJCA el demandante podrá
pretender que se condene a la Administración a que cumpla sus obligaciones en los términos que estén establecidas,
bien realizando la prestación, bien llevando a cabo las actuaciones de ejecución necesarias.
- En el supuesto de vía de hecho la pretensión podrá consistir en la cesación, en la anulación de sus consecuencias y en el
restablecimiento de la situación jurídica individualizada.
Con respecto a la fijación de las pretensiones en vía judicial a través de la demanda, debe tenerse en cuenta que existe un
principio de inalterabilidad de las pretensiones en el proceso contencioso-administrativo que obliga a mantener la que se hubiese
fijado en vía administrativa, de tal modo que si bien los fundamentos pueden variar, la pretensión debe mantener coherencia con
lo mantenido en vía administrativa, lo cual compromete la superación del carácter revisor de la jurisdicción contencioso-
administrativa.
TEMA. 9.- LA JURISDICCIÓN CONTENCIOSO ADMINISTRATIVA (II)
El estudio de los procedimientos o procesos contencioso-administrativos comenzará con el examen del que la Ley llama
procedimiento en primera o única instancia (artículos 43 a 77 LJCA), que cabe denominar "procedimiento ordinario" en la medida
que contiene las reglas generales aplicables, de forma supletoria, a los restantes procedimientos de primera instancia
(procedimiento abreviado y especiales) contemplados en la Ley Jurisdiccional.
En este sentido también debe tenerse en cuenta que, en lo no previsto por esta LJCA, rige como supletoria la de Enjuiciamiento
Civil (disposición final primera de la LJCA).
La Ley Jurisdiccional comienza la regulación del proceso ordinario haciendo referencia a actuaciones o diligencias preliminares
que, como su propio nombre indica, son previas al propio proceso.
En el tema 7 se han estudiado los recursos administrativos que no son otra cosa que trámites previos al proceso que, cuando
resultan preceptivos, se configuran como presupuestos de admisibilidad del recurso y, por lo tanto, auténticas actuaciones
preliminares.
Sin embargo, la Sección Primera del Capítulo Primero del Título IV de la LJCA, con el nombre de "diligencias preliminares" hace
referencia únicamente a dos supuestos en relación con la impugnación de los actos por las Administraciones Públicas y no se trata
de actuaciones previas de carácter judicial, sino a verdaderos requisitos para el acceso a la jurisdicción:
a) El primero tiene que ver con la declaración de lesividad (artículo 43 LJCA), cuando la Administración autora del acto quiere
demandar la anulación en vía contencioso-administrativa de un acto declarativo de derechos o favorable para el interesado, que
resulte contrario al ordenamiento jurídico por incurrir en un vicio de anulabilidad, tiene que declarar la lesividad del acto dentro
del plazo de cuatro años desde que el acto se hubiera dictado (artículo 107 LPA).
b) El segundo supuesto tiene que ver con el requerimiento o intimación que puede realizar la Administración recurrente cuando
interponga recurso contencioso-administrativo contra la actuación de otra Administración pública (artículo 44 LJCA), para que
derogue la disposición, anule o revoque el acto, haga cesar o modifique la actuación material, o inicie la actividad a que esté
obligada.
Dicho requerimiento que ha de realizarse en el plazo de dos meses desde la publicación de la norma, o desde el conocimiento
del acto, actuación o inactividad, tiene carácter facultativo, persigue evitar el proceso entre Administraciones y dispone el artículo
44.3 LICA que se entenderá rechazado si no se contesta en el plazo de un mes por el órgano requerido, dejando expedita la vía
jurisdiccional.
Aunque no haga mención de más modalidades de diligencias preliminares en esta Sección, la LJCA contempla en el su Título III
actuaciones previas a la interposición del recurso que se deben realizar por los administrados: es el caso de los requerimientos
que pueden realizar los particulares en el supuesto de la impugnación de la inactividad o la vía de hecho (obligatorio en el primer
caso y potestativo en el segundo), que constituyen también verdaderas diligencias preliminares al proceso tal y como establece el
artículo 29
de la LJCA:
La iniciación del proceso C-A ordinaria propiamente dicha se produce con la interposición del recurso, denominación del acto de
iniciación que tiene también reminiscencias del proceso meramente revisor.
El recurso se interpone mediante un escrito reducido a citar la disposición, acto, inactividad o actuación constitutiva de vía de
hecho que se impugne y a solicitar que se tenga por interpuesto el recurso (artículo 45 LJCA).
Es un escrito que no contiene ni descripción de los hechos, ni fundamentación jurídica, y que debe venir acompañado por los
documentos a que se refiere el artículo 45.2 LJCA:
a) los documentos que acrediten la representación del Procurador o Abogado que comparece en nombre del recurrente.
b) el documento o documentos que acrediten, en su caso, la legitimación del actor cuando se le haya transmitido por herencia
u otro título.
c) la copia del acto o disposición impugnado o la mención del periódico oficial en que se haya publicado y, en el caso de
impugnación de inactividad o vía de hecho, la indicación del órgano o dependencia al que se atribuya una u otra, el
expediente en que tuvieran su origen, o cualesquiera datos que sirvan para identificar el objeto del recurso.
d) así como el documento que acredite el cumplimiento de los requisitos exigidos para entablar acciones a las personas
jurídicas, con arreglo a las normas o estatutos que les sean de aplicación.
-Medidas cautelares.
Normalmente es con este escrito inicial cuando se suelen formular la solicitud de adopción de medidas cautelares que, aunque
puedan ser solicitadas en cualquier momento del proceso, tal y como dispone el artículo 129 de la LJCA, lo normal es que se insten
"ab initio" en orden a tratar de restar eficacia ejecutiva a los actos que se recurren.
El artículo 135 de la LJCA contempla la posibilidad de conceder la medida cautelar en supuestos de urgencia (las llamadas medidas
provisionalísimas o tutela precautelar) sin ni siquiera oír a la parte contraria, aunque convocándolas a una vista contradictoria,
tras las que se mantendrá o levantará.
En los casos previstos en los artículos 29 y 30 de la LJCA (inactividad administrativa o vías de hecho), cabe la posibilidad de
solicitarse antes de la interposición del recurso, si bien, al interponerse el recurso contencioso-administrativo debe solicitarse la
ratificación de esta, sino se interponer quedarán sin efectos las medidas acordadas.
1. El alcance de tales medidas, que no se limitan ya a la suspensión de la ejecución del acto o disposición impugnados, sino
pueden ser todas aquéllas "que aseguren la efectividad de la sentencia" (art. 129.1 LJCA), en contrapartida se pueden
exigir al mismo tiempo de su adopción por el órgano jurisdiccional medidas accesorias tendentes a garantizar los
perjuicios que se puedan derivar de la adopción de la misma (art. 133.1 LJCA).
2. La segunda es que para su adopción (artículo 130 LJCA) es necesario realizar una "ponderación de los intereses públicos y
privados en conflicto", fijando como criterio para su adopción el que la ejecución del acto o aplicación de la disposición
"pueda hacer perder su finalidad legítima al recurso" expresión que supera la de los "perjuicios de imposible reparación".
3. Si bien la Ley no hace alusión alguna a la "apariencia de buen derecho" (fumus boni iuris) y, por tanto, sin que pueda ser
el criterio decisivo a la hora de la adopción de la medida, lo cierto es que si opera como un requisito complementario e
implica que exista indicios de que asiste la razón al recurrente.
La razón de ser de la justicia cautelar descansa en la necesidad de satisfacer las exigencias constitucionales que se incluyen en el
haz de facultades o derechos que integran el derecho fundamental a la tutela judicial efectiva (24 CE) el denominado "derecho a
la tutela judicial cautelar" y, en este sentido, la fiscalización plena de la actuación administrativa que también deriva del artículo
106 de la C.E. comporta también que ese control judicial se extienda asimismo al carácter inmediatamente ejecutivo de sus actos.
Las medidas cautelares por regla general permanecerán en vigor hasta la sentencia (firme) que ponga fin al procedimiento
contencioso-administrativo o hasta que el procedimiento, en su caso, finalice por cualquier de las formas previstas en la Ley (art.
132.1 LJCA). Ahora bien, cabe la modificación o la revocación de las medidas cautelares, durante el curso del procedimiento en
atención al cambio de las circunstancias concurrentes que fueron determinantes de su otorgamiento.
a) Frente a los actos expresos y/o las disposiciones el plazo general de interposición es de dos meses, que se contará desde el
día siguiente al de la notificación o publicación.
b) El plazo para la impugnación de los actos presuntos es de seis meses que se contará a partir del siguiente a aquél en que haya
de entender producido el acto presunto conforme a su legislación específica o, si se hubiera interpuesto recurso administrativo
previo, desde el día siguiente a aquél que se entienda presuntamente desestimado.
El Tribunal Constitucional inicialmente y, después, el propio Tribunal Supremo han considerado que resulta contrario al derecho
a la tutela judicial efectiva la aplicación estricta y rigurosa del plazo para recurrir frente al silencio negativo de la administración,
ya que no se puede primar el incumplimiento del deber que tiene la administración de resolver en todo caso las solicitudes y
recursos formulados por los particulares en detrimento del derecho fundamento indicado como manifestación del principio "pro
actione", por cuyo motivo se puede afirmar que no existe plazo para recurrir contra el silencio negativo, esto es, que aun
habiéndose superado el plazo se puede interponer el recurso contencioso-administrativo frente a esa desestimación.
c) Finalmente, en el caso de impugnación de la vía de hecho del plazo difiere según que se hubiera formulado o no requerimiento
a la Administración: si lo hubo, será de diez días y se contará desde el día siguiente a la terminación del plazo de requerimiento;
si no lo hubo será de veinte días desde que se inició la actuación en vía de hecho.
d) Cuando se impugne la inactividad de la Administración el plazo de dos meses se computará desde el vencimiento del plazo
desde que se haya formulado el requerimiento.
Igualmente, cuando una Administración impugne el acto dictado por otra, el plazo de dos meses se contará desde la recepción
del acuerdo expreso o desde que se entienda presuntamente rechazado el requerimiento formulado por la Administración,
caso de haberse formulado. En el recurso de lesividad, el plazo se cuenta desde el siguiente a la adopción de la declaración de
lesividad (artículo 46.5 LJCA).
En todo caso, la presentación de este escrito puede realizarse dentro del llamado "plazo de gracia" que se lleva a cabo ante el
órgano jurisdiccional competente hasta las quince horas del día hábil siguiente a aquél en que finaliza el plazo, lo que ha sido
admitido finalmente también en este ámbito jurisdiccional, dicho plazo resulta de aplicación para todos los trámites procesales
incluido el de inicio del procedimiento.
- Actuaciones preparatorias.
Presentado el escrito de interposición del recurso el órgano jurisdiccional realiza una serie de actuaciones preparatorias que
tienen que ver con la admisión del recurso, la publicidad de este, el emplazamiento de las partes y la reclamación del expediente.
El órgano jurisdiccional debe examinar, antes de todo, la corrección formal del escrito de interposición y comprobar que
concurren los requisitos legalmente establecidos para su validez, concediendo en su caso un plazo de diez días para la
subsanación de los defectos (artículo 45.3 LJCA), transcurrido el cual, sin realizar la subsanación, se procederá al archivo de las
actuaciones.
Si lo pide el recurrente o lo estima de oficio por el órgano jurisdiccional se procederá a dar publicidad al recurso ordenando la
inserción de un anuncio en el periódico oficial que proceda según el ámbito territorial de la competencia del órgano autor de la
actuación impugnada. También procederá la publicación cuando se haya iniciado el recurso por demanda en los supuestos del
artículo 45.5 LJCA, los excepcionales casos en los que se comienza el recurso con demanda en el P.O. concediéndose en tal caso
un plazo de quince días para que se personen los interesados (artículo 47.2 LJCA).
Tanto si se acuerda la publicación de la interposición del recurso, en su caso, como si no se hace, lo siguiente será que el Juzgado
o Tribunal requerirá a la Administración demandada que remita el expediente administrativo, incorporando al mismo el
emplazamiento realizado por parte de la Administración demandada a todos los que aparezcan como interesados en el
expediente para que puedan personarse en el plazo de nueve días (artículos 48.1 y 49.1 LJCA).
El expediente, del que se da traslado a las partes, deberá ser remitido por la Administración demandada, en el plazo
improrrogable de veinte días desde el requerimiento judicial. Habrá de enviarse completo, foliado y en el caso de que no fuera
original, sino copia, autentificado, acompañado de un índice también autentificado de los documentos que comprenda.
Si el expediente no fuera remitido en plazo, se reiterará la reclamación por diez días, y si esta nueva intimación es desatendida,
se impondrán multas coercitivas a la autoridad o empleado responsable.
Sin perjuicio de lo anterior, el órgano jurisdiccional, previo examen del expediente administrativo, podrá en esta fase previa
declarar la inadmisión del recurso por falta de jurisdicción, incompetencia del Juzgado o Tribunal, falta de legitimación del
recurrente, haber sido interpuesto el recurso contra actividad no susceptible de impugnación o haber caducado el plazo (artículo
51 LJCA).
En todo caso, la falta de apreciación de estas causas por el órgano jurisdiccional no excluye que pueda ser apreciada su
concurrencia más tarde, como consecuencia de una alegación previa de la demanda o, en
definitiva, al dictarse sentencia.
- Tramitación del recurso.
Del expediente administrativo remitido por la administración demandada se dará oportuno traslado al recurrente para que
formalice su escrito de demanda en el plazo de 20 días, si los recurrentes fuesen varios y no actuasen bajo la misma dirección, la
demanda se formulará simultáneamente por todos ellos.
Si la recurrente estima que el expediente administrativo no está completo, dentro del plazo para formular la demanda, puede
solicitar que se reclamen los antecedentes para completarlo. Esa solicitud suspende el cómputo del plazo para formular la
demanda.
Se trata de suspensión y no de interrupción, por lo que no se reabre el plazo, y una vez recibido el expediente completo, restaron
los días del plazo de 20 días que no se agotaron hasta la presentación de la solicitud de complemento del expediente.
Si la demanda no se presenta dentro del plazo de 20 días, de oficio, el juzgado o tribunal debe declarar mediante auto la
caducidad del trámite que, en el caso de la demanda, conlleva la caducidad del recurso contencioso-administrativo, no obstante,
se admitirá a trámite el escrito de demanda y producirá sus efectos legales, si se presenta dentro del día en que se notifique la
resolución que haya declarado la caducidad.
A continuación, se da traslado de la demanda y del expediente a la parte demandada para que, en el plazo de 20 días, formalicen
la contestación a la demanda. En caso de que haya codemandados que hubieran comparecido en el proceso, tras contestar la
administración, se les dará traslado de ambos escritos (demanda y contestación) para que contesten en un plazo común también
de 20 días. En el caso de que la demanda se hubiera formalizado sin haberse recibido el expediente administrativo, en el
emplazamiento a la administración para que conteste a la demanda debe apercibirse de que no se admitirá su contestación a la
demanda si no va acompañada del expediente.
Dentro de los primeros cinco días del plazo para contestar la demanda las partes demandadas (administración o codemandados)
podrán formular escrito de alegaciones previas con fundamento en la incompetencia del órgano jurisdiccional o la inadmisión
del recurso. De este escrito se dará traslado al recurrente para que se opone al mismo en el plazo de cinco días o, en su caso
subsane el posible defecto que se haya apreciado de contrario en el plazo de diez días.
El órgano jurisdiccional resolverá el incidente mediante Auto que, en el caso de ser desestimatorio de las alegaciones previas no
será susceptible de recurso, y dispondrá que se conteste la demanda en el plazo que reste. Las alegaciones desestimadas podrán
ser alegadas nuevamente al contestar la demanda salvo la correspondiente a la incompetencia del órgano.
El auto estimatorio de las alegaciones previas declarará la inadmisión del recurso y, una vez firme, el secretario judicial ordenará
la devolución del expediente administrativo a la oficina de donde procediere.
También cabe que el defensor de la Administración demandada estime que la disposición o actuación administrativa recurrida
pudiera no ajustarse a Derecho y podrá solicitar la suspensión del procedimiento por un plazo de veinte días para comunicar su
parecer razonado a aquélla (art. 54.2 LJCA).
Los escritos de demanda y contestación son los escritos de fondo del proceso y deben respetar una determinada estructura: han
de consignarse con la debida separación los hechos, los fundamentos de derecho y las pretensiones que se deduzcan, en
justificación de las cuales podrán alegarse cuantos motivos procedan hayan sido planteados o no ante la Administración (artículo
56.1 LJCA). En este punto debe recordarse que los órganos del orden jurisdiccional contencioso-administrativo juzgan dentro del
límite de las pretensiones formuladas por las partes y de los motivos que fundamenten el recurso y la oposición (art.
33 LJCA).
En cuanto a la argumentación exigible en el escrito de demanda dependerá de su objeto y de sus pretensiones, sin que se pueda
exigirse un rigor y precisión absoluta en el contenido del mismo ya que esto sólo es exigible al Juzgado o Tribunal que conoce del
asunto conforme al principio "iura novit curia", lo cual no quita que se exija un nivel mínimo en la preparación de la demanda.
El contenido y la estructura de demanda y contestación a la demanda deber ser, en
aplicación supletoria de lo dispuesto en el art. 399 de la Ley de Enjuiciamiento Civil:
(iv) Los fundamentos de Derecho, tanto los formales o relativos a la válida constitución de la relación procesal (competencia
jurisdiccional, clase de proceso, legitimación), como los materiales relativos a la cuestión de fondo debatida que es objeto de la
pretensión procesal, de los que se pueda desprender la validez del juicio y la procedencia de una sentencia estimatoria sobre el
fondo (o desestimatoria si se contesta a la demanda).
(v) El suplico o petición (es decir, "petitum"), en el que con claridad y precisión se concretan las pretensiones del demandante
y las excepciones de la Administración demandada o los
codemandados.
(vi) Otro sí (uno, varios o ninguno), en el que se incluyen peticiones accesorias como, por ejemplo: el recibimiento del proceso
a prueba, la práctica de conclusiones o la fijación de la cuantía del procedimiento.
-La prueba.
En relación con la solicitud del recibimiento del proceso a prueba es importante destacar que como regla general se ha de hacer
mediante otrosí en los escritos de demanda y contestación y en los de alegaciones complementarias, en el que se deberán de
expresar los puntos de hecho sobre los que haya de versar la prueba y los medios de prueba que se propongan, por tanto, es un
requisito también de los mismos.
También debe señalarse en relación con el ámbito de las pruebas que se deben acompañar a la demanda y a la contestación los
documentos en que directamente se funde su Derecho, salvo que no obren en su poder, en cuyo caso designarán el archivo,
oficina, protocolo o persona en cuyo poder se encuentre.
Después de la demanda y la contestación sólo se admitirán la aportación de documentos que se hallen en los supuestos
previstos para el proceso civil: ser de fecha posterior a la demanda/contestación etc. El recurrente podrá aportar, además, los
documentos que tengan por objeto desvirtuar alegaciones contenidas en las contestaciones a la demanda y que pongan de
manifiesto disconformidad en los hechos, antes de la citación de vista o conclusiones (art. 56.4 LJCA), también podrá proponer la
práctica de dé la prueba o de nuevos medios dentro de los cinco días siguientes a aquél en que se le dé traslado del escrito de
contestación, cuando del mismo resultaron nuevos hechos de trascendencia para la resolución del pleito (artículo 60, apartados
1 y 2 LJCA).
La petición de prueba debe ser resuelta por auto decidiendo el recibimiento a prueba si existe disconformidad en los hechos y
éstos son de trascendencia para la resolución del pleito. También el Juez o Tribunal puede acordar el recibimiento a prueba de
oficio, incluso terminada la fase de prueba y la de vista o conclusiones como diligencias para mejor proveer, debiendo en tal caso
ponerlas de manifiesto a las partes para que puedan alegar lo que estimen procedente (artículo 61 LJCA).
En cuanto a los medios de prueba y a su práctica:
2.Documentos públicos.
3.Documentos privados.
4.Dictamen de peritos.
5.Reconocimiento judicial.
6.Interrogatorio de testigos.
7.Reproducción de palabras, imágenes y sonidos captados mediante instrumentos de filmación, grabación y otros semejantes.
Una vez admitidos los medios de prueba que son útiles y pertinentes, se podrá inadmitir por el Juez todos aquellos que no lo
sean, se abre un plazo de 30 días para la práctica de las pruebas.
-Conclusiones
Las partes pueden pedir que se celebre un trámite de conclusiones escritas (lo más común) o de vista oral, bien en los escritos de
demanda y contestación, bien dentro del plazo de tres días siguientes a la notificación de la diligencia en que se declare concluso
el periodo de prueba (artículo 62, apartados 1 y 2 LJCA).
El órgano jurisdiccional debe resolver la petición de forma congruente a lo pedido, concediendo el trámite solicitado si hay
coincidencia entre las partes; si no la hay sólo concederá el trámite de vista cuando lo pida el demandante si no hubo prueba, y si
se practicó prueba cuando lo pida cualquiera de las partes. El artículo 61.4 LJCA permite al Juzgador, de modo excepcional,
acordar la realización de este trámite sin que lo hayan pedido las partes.
En el acto de la vista o en el escrito de conclusiones no podrán plantearse cuestiones que no hayan sido suscitadas en los escritos
de demanda y contestación (art. 65.1 LJCA).
La vista de conclusiones se desarrolla en sede judicial y en audiencia pública, será señalada por riguroso orden de antigüedad de
los asuntos, y se desarrollará dándole la palabra a cada una de partes para que expongan sus alegaciones finales, la LJCA ofrece
la posibilidad al órgano judicial de requerir a las partes en ese acto para que concreten los hechos y puntualicen, aclaren o
rectifiquen cuanto sea preciso para delimitar el objeto de debate.
Cuando se acuerde el trámite de conclusiones escritas se deberá presentar unas alegaciones sucintas acerca de los hechos, la
prueba y los fundamentos jurídicos en que se apoyan las pretensiones en el plazo de 10 días sucesivos para el demandante y,
de forma simultánea para la entidad demanda y codemandados en su caso. Terminado el trámite de vista o conclusiones, si las ha
habido, y salvedad hecha de que el Juez o Tribunal acuerde la práctica de diligencias probatorias para mejor proveer -de las que
deberá darse traslado en su caso a las partes, para alegaciones- se declarará el pleito concluso, procediéndose a fijar día para
votación y fallo cuando proceda.
-La sentencia.
La sentencia es el modo normal de terminación del proceso, puede declarar la inadmisión, la desestimación o la estimación del
recurso (artículo 68.1 LJCA) y ha de pronunciarse también sobre las costas procesales.
Por lo que respecta a su contenido, la sentencia debe ser congruente en términos procesales, es decir, tiene que decidir sobre
todas las cuestiones controvertidas en el proceso:
1. La declaración de inadmisibilidad del recurso no entra en el fondo del asunto, no se pronuncia sobre las pretensiones de las
partes, por existir un defecto insubsanable. Tal pronunciamiento procede en los casos en que el Juez o Tribunal aprecie falta de
jurisdicción; la falta de capacidad, representación o legitimación del demandante; cuando el objeto del recurso son actos
disposiciones o actuaciones no susceptibles de impugnación; cuando recae sobre cosa juzgada o exista litispendencia; y cuando el
escrito inicial de recurso se hubiera presentado fuera de plazo.
2. La desestimación del recurso se produce ya por razones de fondo, cuando se entiende que la actuación recurrida se ajusta a
Derecho, supuesto en el que el pronunciamiento tiene mero alcance declarativo.
3. Y la estimación procede cuando se aprecia cualquier infracción del ordenamiento jurídico, incluida la desviación de poder
(artículo 70.2 LJCA). En este caso, según lo pedido por el recurrente, el fallo alcanzará todos o alguno de los pronunciamientos
siguientes (artículo 71.1 LJCA): anulará total o parcialmente la actividad impugnada; declarará, en su caso, el reconocimiento y
restablecimiento de una situación jurídica individualizada y la adopción de cuantas medidas sean necesarias para ello; y
reconocerá, en su caso, el derecho a la indemnización de los daños y perjuicios.
Las sentencias declaratorias de inadmisibilidad del recurso y las desestimatorias producen únicamente efectos inter-partes
(artículo 72.1 LJCA). Las sentencias estimatorias que anulen un acto producen efectos para todas las personas afectadas,
procediendo a su publicación si afectan a una pluralidad indeterminada de personas (artículo 72.2 LJCA). Las anulatorias de una
disposición general producirán efectos para los afectados desde que sea publicado el fallo, sin afectar a las sentencias o actos
administrativos firmes que la hayan aplicado antes de que la anulación tuviera efectos generales, salvo en el caso de que la
anulación del precepto supusiera la exclusión o la reducción de las sanciones aún no ejecutadas completamente (artículo 73 LJCA).
Finalmente, las sentencias estimatorias de pretensiones de reconocimiento o restablecimiento de una situación jurídica
individualizada producirán solo efectos para las partes (artículo 72.3 LJCA), pero podrán extenderse sus efectos a terceros en
materia tributaria y de personal.
Por último, la sentencia tiene que pronunciarse sobre las costas. La cuestión de las costas es problemática ya que se puede
constituir en un que disuade de acudir a la tutela jurisdiccional ya que se establece que, en primera o única instancia, el órgano
jurisdiccional impondrá las costas a la parte que haya visto rechazadas todas sus pretensiones, salvo que aprecie y así lo razone,
que el caso presentaba serias dudas de hecho o de derecho. En los supuestos de estimación o desestimación parcial de las
pretensiones, cada parte abonará las costas causadas a su instancia y las comunes por mitad, salvo que el órgano jurisdiccional,
razonando debidamente, las imponga a una de ellas por haber sostenido su acción o interpuesto el recurso con mala fe o
temeridad.
Además de por sentencia, el proceso puede terminar de otras formas: por desistimiento, allanamiento, satisfacción
extraprocesal de la pretensión o conciliación judicial.
El desistimiento del demandante (artículo 74 LJCA) es el acto por el que el actor declara su voluntad de poner fin al proceso, en
el caso de que sea la Administración, exige que se presente testimonio del acuerdo adoptado por el órgano competente. Puede
solicitarse en cualquier momento anterior a la sentencia; antes de resolver sobre el mismo debe oírse a las demás partes y, en
los supuestos de acción popular, también al Ministerio Fiscal.
No será aceptado por el órgano jurisdiccional cuando se oponga la Administración o el Ministerio Fiscal y podrá rechazarlo
cuando apreciare daño para el interés público.
El allanamiento del demandado (artículo 75 LJCA), menos frecuente que el anterior, supone la aceptación expresa de las
pretensiones del recurrente. Puede formularse en cualquier estado del proceso y una vez comunicado debe el órgano
jurisdiccional dictar sentencia de conformidad con las pretensiones del recurrente, salvo que ello suponga infracción manifiesta
del ordenamiento jurídico, en cuyo caso el Juez o Tribunal comunicará a las partes los posibles motivos de oposición, y tras oírlas,
dictará la sentencia que estime ajustada a Derecho.
La satisfacción extraprocesal (artículo 76 LJCA) se produce cuando la Administración reconoce totalmente en vía administrativa
las pretensiones del actor después de que se haya interpuesto el recurso. Comunicada esta circunstancia al órgano judicial, y tras
oír a las partes, dictará aquel auto dando por terminado el proceso, salvo que ello supusiera una infracción manifiesta de la ley,
supuesto en el que deberá dictar la sentencia que proceda en Derecho.
Por último, la LJCA de 1998 introdujo la posibilidad (de utilización escasa) de que el Juez o Tribunal de primera instancia
propusiera a las partes un acuerdo, siempre que el proceso versara sobre materias susceptibles de transacción. En caso de
aceptación, el órgano jurisdiccional dictará auto que recoja el contenido del acuerdo, siempre que no sea contrario al
ordenamiento, ni al interés público o de terceros.
- La ejecución de la sentencia.
El derecho a la tutela judicial efectiva reconocido en el artículo 24.1 de la Constitución comprende no sólo en derecho de acceder
al proceso para obtener una sentencia que se pronuncie sobre el fondo de lo solicitado, sino que alcanza también al derecho a
que la resolución que se adopte sea efectivamente ejecutada. En primer lugar, atribuye el poder de ejecución a los Juzgados y
Tribunales en coherencia con el artículo 117.1 de la CE, al disponer en el artículo 103.1 LJCA que "la potestad de hacer ejecutar
las sentencias y demás resoluciones judiciales corresponde exclusivamente a los Juzgados y Tribunales de este orden jurisdiccional
y su ejercicio compete al que haya conocido del asunto en primera o única instancia".
En segundo lugar, establece la obligación de las partes de cumplir las sentencias en las formas y términos en que se consignen,
y la obligación de colaborar en la debida y completa ejecución de lo resuelto por parte de todos los sujetos públicos y privados
(artículo 103, apartados 2 y 3 LJCA).
En tercer lugar, establece la nulidad de pleno derecho de los actos y disposiciones contrarios a sus pronunciamientos que se dicten
con la finalidad de eludir su complimiento (103.4 LJCA).
Y, en fin, establece un procedimiento de ejecución para que una vez que sea firme la sentencia se comunique en el plazo de diez
días al órgano que hubiere realizado la actividad objeto de recurso a fin de que "la lleve a puro y debido efecto y practique lo que
exija el cumplimiento de las declaraciones contenidas en el fallo, y en el mismo plazo indique el órgano responsable del
cumplimiento de aquél" (artículo 104.1 LJCA).
2. EL PROCEDIMIENTO ABREVIADO.
Una de novedades de la LJCA fue la introducción del procedimiento abreviado del que pueden conocer los Juzgados de lo
Contencioso-Administrativo y los Juzgados Centrales de lo Contencioso-Administrativo (no por tanto los órganos colegiados o
Tribunales), en asuntos que versen sobre cuestiones de personal al servicio de las Administraciones Públicas, sobre extranjería
y sobre inadmisión de peticiones de asilo político, asuntos de disciplina deportiva en materia de dopaje, así como todas aquellas
cuya cuantía no supere los 30.000 euros.
El recurso se inicia por demanda a la que se debe acompañar por el demandante tanto los documentos necesarios para el escrito
de interposición, como todos aquellos en los que el actor funde su pretensión. El Juez examinará la demanda y, tras comprobar
su competencia, la admitirá, dará traslado de la misma al demandado, reclamará el expediente a la Administración demandada
(que deberá aportase con una antelación mínima de quince días al acto de la vista), y citará a las partes al juicio oral, fijando día,
fecha y hora. Recibido el expediente, el Juez dará traslado al demandante y a los codemandados a fin de que se instruyan para el
acto de la vista.
De celebrarse el acto de la vista oral, que guarda grandes semejanzas con el proceso seguido ante la jurisdicción social, se
desarrolla bajo el siguiente esquema:
a) Se abrirá la vista si comparece a la misma el demandante. En caso de no hacerlo se le tendrá por desistido del recurso
y se le condenará en costas. Si la que no comparece es la Administración demandada, continuará la vista en su ausencia.
b) La vista comienza dándose la palabra al demandante para que exponga los fundamentos de su petición o ratifique la
demanda, trámite que se justifica porque el actor no ha podido contar con el expediente administrativo para hacer la
demanda, por lo que puede modificar tras examinar el mismo su fundamentación, pero no alterar su pretensión que ya ha
quedado fijada en la demanda.
c) Acto seguido se da la palabra al demandado que podrá formular causas de inadmisibilidad, sobre las que el Juez se
pronuncia en el acto, tras oír al demandante, declinando su competencia, declarando la inadecuación del procedimiento
abreviado o decidiendo que continúe la vista. Si no se formulan causas de inadmisibilidad, o aducidas, son rechazadas
por el Juez, los demandados exponen sus fundamentos de fondo de forma oral en ese mismo momento.
d) A continuación, y una vez fijada la cuantía del proceso, las partes pueden proponer la prueba, que se practica por lo común
en el acto de la vista. Contra las resoluciones del Juez sobre admisión o inadmisión de pruebas se puede recurrir en reposición,
que se resuelve en ese momento.
e) Practicadas las pruebas en su caso, las partes pueden exponer sus conclusiones y ultimado ese trámite los interesados
pueden intervenir si lo desean y el proceso queda visto para sentencia, para cuya emisión se fija el plazo de diez días.
No obstante, cabe la posibilidad de que el actor pide por otrosí en su demanda que el recurso se falle sin necesidad de
recibimiento a prueba ni tampoco de vista, en ese caso, el Letrado de la Administración de Justicia dará traslado de esta a las
partes demandadas para que la contesten en el plazo de veinte días. Las partes demandadas podrán, dentro de los diez primeros
días del plazo para contestar a la demanda, solicitar la celebración de la vista, lo que acorta aún más si cabe este procedimiento
abreviado.