MAGISTERIO DE LA IGLESIA SOBRE INTERNET
Y REDES SOCIALES1
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“Hagamos que Internet sea un lugar rico de humanidad y seguro para los menores, una red que no
aprisiona sino que ayuda a crecer.” Tweet de @Pontificex, 6 de octubre de 2017
1990. Mensaje para la XXIII Jornada Mundial de las Comunicaciones
Sociales: “El mensaje cristiano en la nueva cultura informática”. San Juan
Pablo II
“Con la llegada de las telecomunicaciones informáticas y de los sistemas de participación
informática, a la Iglesia se le ofrecen nuevos medios para llevar a cabo su misión. Métodos
para facilitar la comunicación y el diálogo entre sus propios miembros pueden fortalecer los
vínculos de unidad entre los mismos. El acceso inmediato a la información le da a la Iglesia la
posibilidad de ahondar en su diálogo con el mundo contemporáneo. En el marco de la nueva
"cultura informática". La Iglesia tiene más facilidades para informar al mundo acerca de sus
creencias y explicar los motivos de sus posturas sobre cualquier problema o acontecimiento
concretos. También puede escuchar con más claridad la voz de la opinión pública y estar en el
centro de una discusión continua con el mundo, comprometiéndose así a sí misma más
inmediatamente en la búsqueda común por resolver los problemas más urgentes de la
humanidad (cf. Communio et progressio, 144 ss.).
Está claro que la Iglesia tiene que utilizar los nuevos recursos facilitados por la investigación
humana en la tecnología de computadoras y satélites para su cada vez más urgente tarea de
evangelización. Su mensaje más vital y urgente se refiere al conocimiento de Cristo y al camino
de salvación que Él propone.
(…)
Sea cual sea nuestra edad, tenemos que afrontar el desafío de los descubrimientos y nuevas
tecnologías, aplicándoles una visión moral basada en nuestra fe, en nuestro respeto a la
persona humana y en nuestro empeño por transformar el mundo según el designio de Dios.
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Extractos de los Mensajes de los Santos Padres con motivo de las Jornadas Mundiales de las
Comunicaciones Sociales
2000. Mensaje para la XXXIV Jornada Mundial de las Comunicaciones
Sociales: “Anunciar a Cristo en los medios de comunicación al alba del
Tercer Milenio”. San Juan Pablo II
“No se exagera al insistir en el impacto de los medios sobre el mundo actual. El surgimiento de
la sociedad de la información es una verdadera revolución cultural, que transforma a los
medios en "el primer Areópago de nuestra época" (Redemptoris Missio, 37), en la cual se
intercambian constantemente ideas y valores. A través de los medios la gente entra en
contacto con personas y acontecimientos, y se forma sus opiniones sobre el mundo en el que
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vive. Incluso ahí se configura su modo de entender el sentido de la vida. Para muchos su propia
experiencia vital es en gran medida una prolongación de la experiencia de los medios de
comunicación (cf. Pontificio Consejo para las Comunicaciones Sociales, Aetatis Novae, 2). El
anuncio de Cristo debe formar parte de esta experiencia.
Naturalmente, al anunciar al Señor, la Iglesia debe usar con vigor y habilidad sus propios
medios de comunicación (libros, periódicos, revistas, radio, televisión y otros). Los
comunicadores católicos deben ser intrépidos y creativos para desarrollar nuevos medios y
métodos en la proclamación. Pero, en lo posible, la Iglesia debe aprovechar al máximo las
oportunidades de estar presente también en los medios seculares”.
2002. Mensaje para la XXXVI Jornada Mundial de las Comunicaciones
Sociales: “Internet: un nuevo foro para la proclamación del Evangelio”.
San Juan Pablo II
“Internet es ciertamente un nuevo «foro», entendido en el antiguo sentido romano de lugar
público donde se trataba de política y negocios, se cumplían los deberes religiosos, se
desarrollaba gran parte de la vida social de la ciudad, y se manifestaba lo mejor y lo peor de la
naturaleza humana. Era un lugar de la ciudad muy concurrido y animado, que no sólo reflejaba
la cultura del ambiente, sino que también creaba una cultura propia. Esto mismo sucede con el
ciberespacio, que es, por decirlo así, una nueva frontera que se abre al inicio de este nuevo
milenio. Como en las nuevas fronteras de otros tiempos, ésta entraña también peligros y
promesas, con el mismo sentido de aventura que caracterizó otros grandes períodos de
cambio. Para la Iglesia, el nuevo mundo del ciberespacio es una llamada a la gran aventura de
usar su potencial para proclamar el mensaje evangélico. Este desafío está en el centro de lo
que significa, al comienzo del milenio, seguir el mandato del Señor de «remar mar
adentro»: «Duc in altum» (Lc 5, 4).
(…)
Internet también puede facilitar el tipo de seguimiento que requiere la evangelización.
Especialmente en una cultura que carece de bases firmes, la vida cristiana requiere una
instrucción y una catequesis continuas, y esta es tal vez el área en que Internet puede brindar
una excelente ayuda. Ya existen en la red innumerables fuentes de información,
documentación y educación sobre la Iglesia, su historia y su tradición, su doctrina y su
compromiso en todos los campos en todas las partes del mundo. Por tanto, es evidente que
aunque Internet no puede suplir nunca la profunda experiencia de Dios que sólo puede brindar
la vida litúrgica y sacramental de la Iglesia, sí puede proporcionar un suplemento y un apoyo
únicos para preparar el encuentro con Cristo en la comunidad y sostener a los nuevos creyentes
en el camino de fe que comienza entonces”.
2010. Mensaje para la XLIV Jornada Mundial de las Comunicaciones
Sociales: “El sacerdote y la pastoral en el mundo digital: los nuevos
medios al servicio de la Palabra”. Benedicto XVI
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“Las vías de comunicación abiertas por las conquistas tecnológicas se han convertido en un
instrumento indispensable para responder adecuadamente a estas preguntas, que surgen en
un contexto de grandes cambios culturales, que se notan especialmente en el mundo juvenil. En
verdad el mundo digital, ofreciendo medios que permiten una capacidad de expresión casi
ilimitada, abre importantes perspectivas y actualiza la exhortación paulina: «¡Ay de mí si no
anuncio el Evangelio!» (1 Co 9,16). Así pues, con la difusión de esos medios, la responsabilidad
del anuncio no solamente aumenta, sino que se hace más acuciante y reclama un compromiso
más intenso y eficaz. A este respecto, el sacerdote se encuentra como al inicio de una «nueva
historia», porque en la medida en que estas nuevas tecnologías susciten relaciones cada vez
más intensas, y cuanto más se amplíen las fronteras del mundo digital, tanto más se verá
llamado a ocuparse pastoralmente de este campo, multiplicando su esfuerzo para poner dichos
medios al servicio de la Palabra.
Sin embargo, la creciente multimedialidad y la gran variedad de funciones que hay en la
comunicación, pueden comportar el riesgo de un uso dictado sobre todo por la mera exigencia
de hacerse presentes, considerando internet solamente, y de manera errónea, como un espacio
que debe ocuparse. Por el contrario, se pide a los presbíteros la capacidad de participar en el
mundo digital en constante fidelidad al mensaje del Evangelio, para ejercer su papel de
animadores de comunidades que se expresan cada vez más a través de las muchas «voces»
surgidas en el mundo digital. Deben anunciar el Evangelio valiéndose no sólo de los medios
tradicionales, sino también de los que aporta la nueva generación de medios audiovisuales
(foto, vídeo, animaciones, blogs, sitios web), ocasiones inéditas de diálogo e instrumentos útiles
para la evangelización y la catequesis.
El sacerdote podrá dar a conocer la vida de la Iglesia mediante estos modernos medios de
comunicación, y ayudar a las personas de hoy a descubrir el rostro de Cristo. Para ello, ha de
unir el uso oportuno y competente de tales medios –adquirido también en el período de
formación– con una sólida preparación teológica y una honda espiritualidad sacerdotal,
alimentada por su constante diálogo con el Señor. En el contacto con el mundo digital, el
presbítero debe trasparentar, más que la mano de un simple usuario de los medios, su corazón
de consagrado que da alma no sólo al compromiso pastoral que le es propio, sino al continuo
flujo comunicativo de la «red».
También en el mundo digital, se debe poner de manifiesto que la solicitud amorosa de Dios en
Cristo por nosotros no es algo del pasado, ni el resultado de teorías eruditas, sino una realidad
muy concreta y actual. En efecto, la pastoral en el mundo digital debe mostrar a las personas
de nuestro tiempo y a la humanidad desorientada de hoy que «Dios está cerca; que en Cristo
todos nos pertenecemos mutuamente» (Discurso a la Curia romana para el intercambio de
felicitaciones navideñas, 21 diciembre 2009).”
2011. Mensaje para la XLV Jornada Mundial de Las Comunicaciones
“Verdad, anuncio y autenticidad de vida en la era Digital”. Benedicto XVI
“El compromiso de ser testigos del Evangelio en la era digital exige a todos el estar muy
atentos con respecto a los aspectos de ese mensaje que puedan contrastar con algunas lógicas
típicas de la red. Hemos de tomar conciencia sobre todo de que el valor de la verdad que
deseamos compartir no se basa en la “popularidad” o la cantidad de atención que provoca.
Debemos darla a conocer en su integridad, más que intentar hacerla aceptable, quizá
desvirtuándola. Debe transformarse en alimento cotidiano y no en atracción de un momento.
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La verdad del Evangelio no puede ser objeto de consumo ni de disfrute superficial, sino un don
que pide una respuesta libre. Esa verdad, incluso cuando se proclama en el espacio virtual de la
red, está llamada siempre a encarnarse en el mundo real y en relación con los rostros concretos
de los hermanos y hermanas con quienes compartimos la vida cotidiana. Por eso, siguen siendo
fundamentales las relaciones humanas directas en la transmisión de la fe.
Con todo, deseo invitar a los cristianos a unirse con confianza y creatividad responsable a la red
de relaciones que la era digital ha hecho posible, no simplemente para satisfacer el deseo de
estar presentes, sino porque esta red es parte integrante de la vida humana. La red está
contribuyendo al desarrollo de nuevas y más complejas formas de conciencia intelectual y
espiritual, de comprensión común. También en este campo estamos llamados a anunciar
nuestra fe en Cristo, que es Dios, el Salvador del hombre y de la historia, Aquél en quien todas
las cosas alcanzan su plenitud (cf. Ef 1, 10). La proclamación del Evangelio supone una forma
de comunicación respetuosa y discreta, que incita el corazón y mueve la conciencia; una forma
que evoca el estilo de Jesús resucitado cuando se hizo compañero de camino de los discípulos
de Emaús (cf. Lc 24, 13-35), a quienes mediante su cercanía condujo gradualmente a la
comprensión del misterio, dialogando con ellos, tratando con delicadeza que manifestaran lo
que tenían en el corazón”.
2013. Mensaje para la XLVIII Jornada Mundial de las Comunicaciones
Sociales: “Redes Sociales: portales de verdad y de fe, nuevos espacios
para la evangelización”. Benedicto XVI
“El desarrollo de las redes sociales requiere un compromiso: las personas se sienten implicadas
cuando han de construir relaciones y encontrar amistades, cuando buscan respuestas a sus
preguntas, o se divierten, pero también cuando se sienten estimuladas intelectualmente y
comparten competencias y conocimientos. Las redes se convierten así, cada vez más, en parte
del tejido de la sociedad, en cuanto que unen a las personas en virtud de estas necesidades
fundamentales. Las redes sociales se alimentan, por tanto, de aspiraciones radicadas en el
corazón del hombre.
La cultura de las redes sociales y los cambios en las formas y los estilos de la comunicación
suponen todo un desafío para quienes desean hablar de verdad y de valores. A menudo, como
sucede también con otros medios de comunicación social, el significado y la eficacia de las
diferentes formas de expresión parecen determinados más por su popularidad que por su
importancia y validez intrínsecas. La popularidad, a su vez, depende a menudo más de la fama
o de estrategias persuasivas que de la lógica de la argumentación. A veces, la voz discreta de la
razón se ve sofocada por el ruido de tanta información y no consigue despertar la atención, que
se reserva en cambio a quienes se expresan de manera más persuasiva. Los medios de
comunicación social necesitan, por tanto, del compromiso de todos aquellos que son
conscientes del valor del diálogo, del debate razonado, de la argumentación lógica; de
personas que tratan de cultivar formas de discurso y de expresión que apelan a las más nobles
aspiraciones de quien está implicado en el proceso comunicativo. El diálogo y el debate pueden
florecer y crecer asimismo cuando se conversa y se toma en serio a quienes sostienen ideas
distintas de las nuestras. «Teniendo en cuenta la diversidad cultural, es preciso lograr que las
personas no sólo acepten la existencia de la cultura del otro, sino que aspiren también a
enriquecerse con ella y a ofrecerle lo que se tiene de bueno, de verdadero y de bello» (Discurso
para el Encuentro con el mundo de la cultura, Belém, Lisboa, 12 mayo 2010). 5
(…)
Las redes sociales, además de instrumento de evangelización, pueden ser un factor de
desarrollo humano. Por ejemplo, en algunos contextos geográficos y culturales en los que los
cristianos se sienten aislados, las redes sociales permiten fortalecer el sentido de su efectiva
unidad con la comunidad universal de los creyentes. Las redes ofrecen la posibilidad de
compartir fácilmente los recursos espirituales y litúrgicos, y hacen que las personas puedan
rezar con un renovado sentido de cercanía con quienes profesan su misma fe. La implicación
auténtica e interactiva con las cuestiones y las dudas de quienes están lejos de la fe nos debe
hacer sentir la necesidad de alimentar con la oración y la reflexión nuestra fe en la presencia de
Dios, y también nuestra caridad activa: «Aunque hablara las lenguas de los hombres y de los
ángeles, si no tengo caridad, soy como bronce que suena o címbalo que retiñe» (1 Co13,1).
Existen redes sociales que, en el ambiente digital, ofrecen al hombre de hoy ocasiones para
orar, meditar y compartir la Palabra de Dios. Pero estas redes pueden asimismo abrir las
puertas a otras dimensiones de la fe. De hecho, muchas personas están descubriendo,
precisamente gracias a un contacto que comenzó en la red, la importancia del encuentro
directo, de la experiencia de comunidad o también de peregrinación, elementos que
son importantes en el camino de fe”.
2014.- Mensaje para la XLVIII Jornada Mundial de las Comunicaciones
Sociales “La comunicación al servicio de una auténtica cultura del
encuentro”. Papa Francisco
“Sin embargo, también existen aspectos problemáticos: la velocidad con la que se suceden las
informaciones supera nuestra capacidad de reflexión y de juicio, y no permite una expresión
mesurada y correcta de uno mismo. La variedad de las opiniones expresadas puede ser
percibida como una riqueza, pero también es posible encerrarse en una esfera hecha de
informaciones que sólo correspondan a nuestras expectativas e ideas, o incluso a determinados
intereses políticos y económicos. El mundo de la comunicación puede ayudarnos a crecer o, por
el contrario, a desorientarnos. El deseo de conexión digital puede terminar por aislarnos de
nuestro prójimo, de las personas que tenemos al lado. Sin olvidar que quienes no acceden a
estos medios de comunicación social por tantos motivos-, corren el riesgo de quedar
excluidos.
….
Estos límites son reales, pero no justifican un rechazo de los medios de comunicación social;
más bien nos recuerdan que la comunicación es, en definitiva, una conquista más humana que
tecnológica. Entonces, ¿qué es lo que nos ayuda a crecer en humanidad y en comprensión
recíproca en el mundo digital? Por ejemplo, tenemos que recuperar un cierto sentido de
lentitud y de calma. Esto requiere tiempo y capacidad de guardar silencio para escuchar.
Necesitamos ser pacientes si queremos entender a quien es distinto de nosotros: la persona se
expresa con plenitud no cuando se ve simplemente tolerada, sino cuando percibe que es
verdaderamente acogida. Si tenemos el genuino deseo de escuchar a los otros, entonces
aprenderemos a mirar el mundo con ojos distintos y a apreciar la experiencia humana tal y
como se manifiesta en las distintas culturas y tradiciones. Pero también sabremos apreciar
mejor los grandes valores inspirados desde el cristianismo, por ejemplo, la visión del hombre
como persona, el matrimonio y la familia, la distinción entre la esfera religiosa y la esfera 6
política, los principios de solidaridad y subsidiaridad, entre otros.
….
No basta pasar por las «calles» digitales, es decir simplemente estar conectados: es necesario
que la conexión vaya acompañada de un verdadero encuentro. No podemos vivir solos,
encerrados en nosotros mismos. Necesitamos amar y ser amados. Necesitamos ternura. Las
estrategias comunicativas no garantizan la belleza, la bondad y la verdad de la comunicación.
El mundo de los medios de comunicación no puede ser ajeno de la preocupación por la
humanidad, sino que está llamado a expresar también ternura. La red digital puede ser un
lugar rico en humanidad: no una red de cables, sino de personas humanas. La neutralidad de
los medios de comunicación es aparente: sólo quien comunica poniéndose en juego a sí mismo
puede representar un punto de referencia. El compromiso personal es la raíz misma de la
fiabilidad de un comunicador. Precisamente por eso el testimonio cristiano, gracias a la red,
puede alcanzar las periferias existenciales”.
2019. LIII Jornada de las Comunicaciones Sociales:‘Somos miembros unos
de otros’. De las comunidades en las redes sociales a la comunidad
humana”. Papa Francisco
“Internet representa una posibilidad extraordinaria de acceso al saber; pero también es cierto
que se ha manifestado como uno de los lugares más expuestos a la desinformación y a la
distorsión consciente y planificada de los hechos y de las relaciones interpersonales, que a
menudo asumen la forma del descrédito”.
(…)
“Hay que reconocer que, por un lado, las redes sociales sirven para que estemos más en
contacto, nos encontremos y ayudemos los unos a los otros; pero por otro, se prestan también
a un uso manipulador de los datos personales con la finalidad de obtener ventajas políticas y
económicas, sin el respeto debido a la persona y a sus derechos”.
(…)
La red constituye una ocasión para favorecer el encuentro con los demás, pero puede también
potenciar nuestro autoaislamiento, como una telaraña que atrapa”.
(…)
La imagen del cuerpo y de los miembros nos recuerda que el uso de las redes sociales es
complementario al encuentro en carne y hueso, que se da a través del cuerpo, el corazón, los
ojos, la mirada, la respiración del otro. Si se usa la red como prolongación o como espera de
ese encuentro, entonces no se traiciona a sí misma y sigue siendo un recurso para la comunión.
Si una familia usa la red para estar más conectada y luego se encuentra en la mesa y se mira a
los ojos, entonces es un recurso. Si una comunidad eclesial coordina sus actividades a través de
la red, para luego celebrar la Eucaristía juntos, entonces es un recurso. Si la red me proporciona
la ocasión para acercarme a historias y experiencias de belleza o de sufrimiento físicamente
lejanas de mí, para rezar juntos y buscar juntos el bien en el redescubrimiento de lo que nos
une, entonces es un recurso. 7
Podemos pasar así del diagnóstico al tratamiento: abriendo el camino al diálogo, al encuentro,
a la sonrisa, a la caricia... Esta es la red que queremos. Una red hecha no para atrapar, sino
para liberar, para custodiar una comunión de personas libres. La Iglesia misma es una red
tejida por la comunión eucarística, en la que la unión no se funda sobre los “like” sino sobre la
verdad, sobre el “amén” con el que cada uno se adhiere al Cuerpo de Cristo acogiendo a los
demás”
DOCUMENTOS “ÉTICA EN INTERNET” Y “LA IGLESIA E INTERNET” DE 2002
Por otra parte, es destacable que el 22 de febrero de 2002 el Pontificio Consejo para las
Comunicaciones Sociales publica “Ética en internet” y “la Iglesia e internet.
https://diocesisdecanarias.net/wp-
content/uploads/2018/04/iglesiaeinterneteticaeinternet.pdf )
En “Ética en Internet” se expone el punto de vista católico sobre Internet, como un punto de
partida para la participación de la Iglesia, en el diálogo con otros sectores de la sociedad. . Los
principios básicos para las otras formas y medios de comunicación, también son los válidos
para Internet, es decir, la persona humana y la comunidad humana son el fin y la medida del
uso de los medios de comunicación social; la comunicación debería realizarse de persona a
persona, con vistas al desarrollo integral de las mismas.
Este documento cita un pasaje de la instrucción pastoral 'Communio et Progressio', publicada
hace más de 30 años que indica que “ los medios de comunicación tienen la capacidad de
hacer de cualquier persona, en cualquier lugar que se encuentre un compañero en los 'asuntos
y dificultades que afectan a la humanidad entera' y ciertamente Internet puede hacer esto”.
En “la Iglesia e internet” se asegura que este nuevo medio de comunicación es un "don de
Dios", y como tal puede y debe ser usado para el bien común. Asimismo se comentan las
oportunidades y desafíos que ofrece este instrumento de comunicación y afirma "Internet es
importante para muchas actividades y programas de la Iglesia: la evangelización, que incluye
tanto la re-evangelización como la nueva evangelización y la tradicional labor misionera 'ad
gentes'; la catequesis y otros tipos de educación; las noticias y la información; la apologética, el
gobierno y la administración; y algunas formas de asesoría pastoral y dirección espiritual".