Órgano/Sistema Enfermedades Dietoterapia
Hipertensión arterial: Dieta DASH (alta en frutas, verduras, lácteos bajos en grasa). Reducción de sodio (<1500-2300
mg/día). Aumento de potasio, magnesio y calcio. Control del peso corporal y reducción de alcohol.
Corazón Insuficiencia cardíca: Restricción de sodio (1.5–2 g/día). Control de líquidos si hay retención. Dieta baja en grasas
saturadas y colesterol. Suplementación de tiamina si hay deficiencia (por diuréticos).
Cardiopatía isquémica (o enfermedad Dieta mediterránea (rica en omega 3, frutos secos, aceite de oliva). Reducción de grasas trans y
coronaria): saturadas. Aumento de fibra (30-40 g/día). Control de peso y lípidos.
Dislipidemia: Aumento del consumo de fibra soluble (avena, legumbres). Reducción de azúcares simples y alcohol.
Ingesta de ácidos grasos omega 3 (pescado, chía). Reducción de grasas saturadas/trans.
Arritmias cardíacas: Aporte adecuado de electrolitos (magnesio, potasio). Reducción de cafeína y alcohol. Dieta
balanceada con control de grasas. Evitar ayunos prolongados.
Infarto agudo de miocardio: Dieta ligera post-infarto (baja en sodio y grasas). Aporte de antioxidantes (frutas, verduras). Dieta
cardioprotectora a largo plazo (mediterránea). Rehabilitación nutricional progresiva.
Enfermedad renal crónica: Controlar el consumo de proteínas (moderado en fases iniciales, restringido en etapas avanzadas).
Reducir sodio, potasio y fósforo según niveles en sangre. Aumentar ingesta de calorías para prevenir
catabolismo muscular. Suplementos específicos si hay deficiencias (ej. vitamina D, hierro).
Riñón
Sídrome nefrótico: Proteína moderada (0.8–1 g/kg/día, ajustado por pérdidas urinarias). Restricción de sodio (<2
g/día) para controlar el edema. Control de grasas (hipolipemiante) por hipercolesterolemia. Ingesta
adecuada de calorías para mantener peso.
Glomerulonefritis aguda: Restricción de sodio y líquidos si hay hipertensión o edema. Proteínas moderadas. Controlar potasio
si hay hipercalemia. Dieta rica en calorías si hay pérdida de apetito o catabolismo.
Litiasis renal (cálculos renales): Restricción de sodio y líquidos si hay hipertensión o edema. Proteínas moderadas. Controlar potasio
si hay hipercalemia. Dieta rica en calorías si hay pérdida de apetito o catabolismo.
Insuficiencia renal aguda: Proteínas según fase (restricción en fase oligoanúrica, aumento en fase de recuperación). Restricción
de sodio, potasio y líquidos si hay retención. Ingesta adecuada de calorías para evitar catabolismo.
Dieta baja en sodio y proteínas (en etapas avanzadas). Control de presión arterial mediante dieta
DASH. Control de peso y buena hidratación.
Pielonefritis (infección renal): Aumentar hidratación para eliminar bacterias. Dieta equilibrada, rica en antioxidantes y vitamina C.
Evitar irritantes urinarios como café, alcohol, y especias si hay molestias.
Acidosis tubular renal: Aporte de bicarbonato (oral o dietético). Dieta alcalinizante: rica en frutas y verduras.
Evitar alimentos acidificantes en exceso (carnes, embutidos, azúcares simples).
Hígado graso no alcohólico: Dieta hipocalórica si hay sobrepeso. Reducción de azúcares simples y grasas saturadas. Aumento de
fibra (frutas, verduras, granos enteros). Incorporar grasas saludables (aguacate, frutos secos, aceite
de oliva). Evitar alcohol completamente.
Hepatitis viral (A, B, C): Dieta equilibrada y rica en nutrientes. Evitar alcohol, cafeína y comidas muy grasosas. Aporte
Hígado adecuado de proteínas sin exceder. Buena hidratación. En casos agudos, reposo digestivo con
comidas suaves.
Cirrosis hepática: Dieta normocalórica, alta en carbohidratos complejos. Proteínas moderadas (si no hay
encefalopatía). Reducción de sodio (control de retención de líquidos). Suplementación de vitaminas
del complejo B y K si es necesario. En encefalopatía hepática: dieta baja en proteínas animales,
aumentar proteínas vegetales y lactosuero.
Hepatocarcinoma: Dieta hipercalórica e hiperproteica si hay pérdida de peso. Fraccionamiento de comidas (5-6 al día).
Suplementos nutricionales si hay inapetencia. Control de náuseas y vómitos con comidas suaves y
sin olores fuertes.
Colestasis: Dieta baja en grasas. Aporte de vitaminas liposolubles (A, D, E, K) en forma hidrosoluble. Aumentar
carbohidratos complejos. Hidratación adecuada.
Hepatomegalia: Dieta balanceada según causa subyacente (grasa, inflamación, congestión). Evitar alimentos
ultraprocesados y grasas trans. Si es por hígado graso, seguir recomendaciones de HGNA.
Pancreatitis aguda: Dieta baja en grasas para reducir la estimulación pancreática. Distribución adecuada de
carbohidratos para mantener niveles glucémicos estables en la diabetes. Consumo de proteínas
magras y fibra dietética y el control del azúcar en sangre. Ayuno absoluto en fase aguda (NPO).
Nutrición parenteral si hay complicaciones o no se tolera la vía oral. Posterior progresión a dieta
Páncreas líquida, luego blanda, baja en grasa. Evitar alcohol, cafeína, frituras, alimentos picantes.
Pancreatitis crónica: Dieta hipocalórica, baja en grasa (30–50 g/día). Fraccionar comidas (5-6 al día). Suplementación de
enzimas pancreáticas (pancrelipasa). Control de glucosa si hay insuficiencia endocrina. Evitar
alcohol y tabaco.
Cáncer de páncreas: Alta densidad calórica y [Link] orales si hay pérdida de peso. Uso de enzimas
pancreáticas. Control glucémico si hay afectación endocrina. Dieta fraccionada y de fácil digestión.
Insuficiencia pácreatica exocrina: Dieta baja en grasa. Suplementación con enzimas pancreáticas. Vitaminas liposolubles (A, D, E, K).
Suplementación de minerales (calcio, magnesio, zinc).
Diabetes tipo 1: Dieta equilibrada controlando hidratos de carbono. Conteo de carbohidratos. Evitar azúcares
simples. Educación nutricional constante.
Quistes pancréaticos: Dieta baja en grasa si hay síntomas digestivos. Controlar digestión con enzimas si hay malabsorción.
Dieta normal si es asintomático y no hay afectación funcional.
Gastritis: Evitar alimentos irritantes (picantes, cítricos, café, alcohol). Comer porciones pequeñas y frecuentes.
Preferir alimentos cocidos, blandos y bajos en grasa. Evitar ayunos prolongados.
Estómago Úlcera gástrica: Dieta fraccionada (5-6 comidas al día). Evitar café, té, chocolate, condimentos, frituras. Incluir leche
descremada y alimentos no ácidos. Reducir el consumo de alimentos muy calientes o fríos.
Reflujo gastroesofágico (ERGE): Evitar comidas copiosas y acostarse después de comer. No consumir chocolate, menta, alcohol,
cebolla, ajo, comidas grasosas. Elevar la cabecera de la cama. Comer despacio y masticar bien.
Dispepsia funcional: Evitar alimentos flatulentos (legumbres, repollo, bebidas con gas). Fraccionar la alimentación.
Reducir grasas y alimentos irritantes. Registrar alimentos para identificar los que generan síntomas.
Gastoenteritis: Hidratación oral (suero, agua, infusiones suaves). Dieta astringente: arroz blanco, zanahoria cocida,
manzana rallada. Evitar lácteos, grasas y alimentos ricos en fibra durante la fase aguda. Reintroducir
alimentos poco a poco.
Gastroperesia: Comidas pequeñas, frecuentes y de bajo contenido graso. Alimentos blandos y fáciles de digerir.
Evitar fibra insoluble. En casos severos, nutrición enteral puede ser necesaria.
Anemia ferropénica: Aumentar consumo de hierro hemo (carnes rojas, hígado) y no hemo (legumbres, espinaca).
Suplementación de hierro si es necesario. Ingerir alimentos ricos en vitamina C para mejorar
absorción del hierro. Evitar té, café y lácteos junto con comidas ricas en hierro, ya que inhiben su
absorción.
Enfermedades Hematológicas
Anemia megaloblástica: Aumentar alimentos ricos en B12 (carnes, pescado, huevos, lácteos) y folato (vegetales de hoja
verde, legumbres). Suplementación de B12 y/o folato según el déficit. En casos de mala absorción,
puede requerirse B12 intramuscular.
Leucemia: Dieta hipercalórica e hiperproteica para combatir la pérdida de peso. Suplementación si hay
deficiencias. Higiene extrema en los alimentos (evitar riesgo de infecciones en pacientes
inmunosuprimidos). Control de efectos secundarios de la quimioterapia (náuseas, vómitos,
mucositis).
Linforma: Similar al de la leucemia: alta en energía y proteínas. Soporte nutricional en caso de pérdida de
apetito o caquexia. Dieta segura para pacientes inmunodeprimidos. Hidratación adecuada y manejo
de efectos adversos del tratamiento.
Trasplante de Médula Ósea Un trasplante de médula ósea es un Intervenciones comunes:
procedimiento médico en el que se Dieta alta en calorías y proteínas. Suplementos nutricionales si hay pérdida de apetito o peso.
reemplaza la médula ósea dañada o Corrección de deficiencias vitamínicas y minerales (como hierro, B12, ácido fólico). Evaluación por
destruida por células madre un nutricionista clínico.
hematopoyéticas sanas. Estas células
madre pueden provenir del propio
paciente (autólogo) o de un donante Después del trasplante:
compatible (alogénico).
1. Fase aguda (hospitalización): El paciente tiene el sistema inmune muy debilitado, por lo que se
¿Por qué se realiza? Por Leucemias, recomienda una dieta neutropénica (baja en bacterias).
Linfomas, Mielodisplasias que Se puede requerir nutrición enteral o parenteral si no puede comer por vía oral. Hidratación
requieren trasplante para restaurar adecuada. Control de efectos secundarios como náuseas, vómitos, mucositis o diarrea.
la función hematopoyética.
2. Fase de recuperación: Se reintroduce progresivamente la alimentación normal según tolerancia.
Se continúa con una dieta rica en proteínas y calorías. Control de peso, niveles de vitaminas y
minerales. Apoyo continuo para prevenir o tratar malnutrición y favorecer la recuperación
inmunológica.
Varela Morales Pamela Evelyn