Dra. Lorena Ángela Ivars…..
PRIMER TRABAJO PRÁCTICO:
LA FUERZA DEL ORADOR RADICA
EN SU ETHOS
► ES POR ELLO QUE NECESITAS RECONOCER TUS DEBILIDADES Y FORTALEZAS.
COMPLETA LOS SIGUIENTES CUADROS A PARTIR DE TU PROPIA PERCEPCIÓN Y DE
LO QUE GENTE QUE CONOZCAS TE SEÑALA:
GUÍA BÁSICA SOBRE PRECEPTOS DE ORATORIA
1. Siempre que tengas que preparar una exposición en público, empieza haciéndote estas tres
preguntas:
¿De qué voy a hablar? (Tema)
¿Ante quién voy a hablar? (Tipo de público)
¿Para qué voy a hablar? (Finalidades que busco al exponer).
2. Siendo la palabra hablada una extensión del pensamiento, para hablar bien es necesario
pensar bien. Por lo tanto, manejar los principios de la retórica y de la tópica es indispensable.
3. Dice una regla: “Si quieres que te vean, ponte de pie; si quieres que te oigan, habla fuerte; si
quieres que te aplaudan, termina pronto.”
Sin embargo, cuando el orador tiene experiencia, puede hablar en tono bajo intencionadamente
para conservar la atención del público, pues no quiere perder ninguna de sus palabras.
4. Dice otra regla que el orador no debe hablar de sí mismo. Sin embargo, cuando el orador
adquiere experiencia, puede encontrar la ocasión pertinente de referirse a sí mismo en su
discurso sin que esto lo distancie del público, sino que, por el contrario, lo acerque más a él.
Hay que tener en cuenta que al utilizar este recurso se apela al pathos del auditorio y debe ser
muy sutil para que no parezca fuera de lugar o produzca el efecto contrario.
5. Antes de comenzar su discurso, es aconsejable que el expositor guarde silencio unos pocos
segundos y pasee la mirada por el auditorio, con seguridad, pero con naturalidad y sin
arrogancia. Esto tendrá dos efectos importantes: primero, contribuirá a dar la impresión de
que el orador está seguro de sí mismo y de que no tiene necesidad de escudarse
precipitadamente en su tarea, sino que observa y deja que lo observen.
Segundo: ese silencio crea expectación. En la oratoria, al igual que en la música, el primer
movimiento es el silencio. Es en este momento cuando el público calla y atiende. En la frase
inicial, también llamada exordio, el silencio inicial provoca un clima de tensión y expectativa, en
el que el público espera interpretar al orador, adivinarlo, juzgarlo, para ver si satisfará o no su
inquietud intelectual. Si el orador atina a decir lo adecuado en el exordio, rompe esa inquietud
mezclada de desconfianza. Ello exige corrección y limpieza de lenguaje, así como también
lograr una correcta modulación en la voz, porque ante la tensión y expectativa que el silencio
ha producido en el auditorio, en el instante en el que el orador pronuncia sus primeras
palabras, el público detecta los mínimos defectos que tal vez en otro lugar pasarían
inadvertidos. Por ello, es indispensable trabajar en el exordio con el mayor cuidado y
detenimiento.
El exordio debe inspirar confianza, despertar cierto deleite en el público (logrado por la
entonación), curiosidad y ánimo de conocer el desenlace.
6. Grave error es empezar con una disculpa: “No creo tener la absoluta verdad”, “Es mi primer
juicio oral”, “Me tiemblan las piernas”; o minimizándose: “En mi pobre opinión”, “Con mis
escasos conocimientos…”, “No soy orador”. Después del breve silencio, hay que ir directo al
exordio. La seguridad del orador en sí mismo debe mantenerse en todo momento, incluso en el
tono y en los gestos. Se debe trabajar en el Ethos personal para lograrlo.
7. Si no te han presentado formalmente, es un buen recurso comenzar por hacerlo: primero
saluda a la audiencia, luego preséntate según convenga en la situación y comienza con tu
discurso, ya sea con la introducción al tema o mencionando el objetivo por el que estás en esa
sala. Evita quitarle impacto a la frase inicial con un “Bueno, yo les voy a hablar de…”, o “A mí
me tocó desarrollar…”.
8. ¡Están prohibidas las muletillas! Si eres propenso a usarlas, intenta reducirlas al mínimo,
puesto que distraen al auditorio y tu discurso termina por parecer una “rumia” mental. Para
generar el impacto deseado en tu audiencia, tienes que hablar claramente, de manera concisa
y sin titubeos. ¡Piensa que las muletillas ayudan a tu contrincante! Por dos razones: a) te hacen
parecer dubitativo ante lo que estás diciendo y eso genera desconfianza en el auditorio, b)
mientras más demores en decir lo que quieres decir, tu oponente tiene más tiempo de pensar
cómo refutarte.
9. Toda exposición debe tener, aunque en diferente proporción (dependiendo del tema, del
público y de la finalidad del discurso) argumentos para la razón, figuras para la imaginación
y sentimientos para el corazón. Cualquier cosa que quieras que tu público sienta, debes
generarla a partir de tu discurso, de tu entonación, de las pausas. Razón por la cual, nunca
podrás convencer a un público si no logras transmitirle la sensación de que tú mismo estás
convencido de lo que estás diciendo. La cuestión es que el público no solo piensa, también
siente. No solo razona, también reacciona. Curiosamente, las grandes cosas de la historia no
se han hecho por grandes ideas, sino por grandes pasiones. El pathos es lo que “moviliza” al
auditorio a obrar en la dirección que le propone el orador. A eso llamamos persuadir: se
convence mediante argumentos lógicos, pero se persuade mediante la emoción (movere a la
acción).
10. El final de la exposición tiene tanta o más importancia que el inicio, pues serán las últimas
palabras del orador las que probablemente se queden grabadas con más intensidad en la
mente del auditorio, las que constituyan el recuerdo de su actuación y con las que logre el
objetivo general del discurso. Por lo tanto, se recomienda que el final se presente en forma
vigorosa, persuasiva y entusiasta, pues sin estas características, el final puede demeritar un
magnífico discurso; y en cambio, muchas veces, un buen cierre salva un discurso mediocre. El
final debe llegar como una consecuencia necesaria del discurso, cuando el público tiene la
impresión de que ya no queda nada por decir. En este sentido, una frase pensada, elocuente,
como cierre potencia todo el discurso en sí.
11. No se debe decir nada adicional a la frase final, pues hacerlo sería atenuar, o hasta invalidar,
el impacto que necesariamente debe tener todo cierre de discurso. Nada debe romper el clima
elocuente que hayas propiciado con tus palabras. No digas frases como: “He dicho”, ni “Ya
terminé”; tampoco te disculpes por “haberles robado su atención”, ni por haber dado tu “muy
modesto punto de vista”. Basta hacer alguna inclinación respetuosa con la cabeza y retirarse
con naturalidad.
12. Tampoco debes hacer ningún gesto ni ademán al terminar tu exposición que revelen que
estabas sujeto a presión o a inseguridad y que le manden un mensaje al auditorio de “Ya
pasó el trago amargo”.
13. Cuando preparas una exposición, integrándole todos los elementos hasta aquí analizados,
debes escribirla y luego practicarla o ensayarla varias veces. El que la hayas escrito
cuidadosamente no implica que al decirla debas repetir literalmente lo que escribiste. Cuando
estés practicando el discurso, basta que recuerdes las cuatro o cinco ideas generales que lo
integran, para que las expreses con las palabras que en el momento del ensayo te salgan. En
cada ensayo posterior, serán otras las palabras con las que digas lo mismo. Y esto es muy útil
porque así, cuando estés frente al auditorio, no tendrás el problema de que, por una palabra
que se te olvidó, interrumpiste el discurso, pues vas a tener ensayadas diferentes versiones del
mismo discurso. Adicionalmente, le das a tu exposición suficiente flexibilidad como para
poderla adaptar a las circunstancias específicas que se te presenten a la hora de decirlo.
14. No obstante lo anterior, hay pasajes en el discurso, como el exordio, la conclusión y
algunas frases, que sí deberás memorizar, para poderles dar el impacto por el cual se
distinguen, y que es precisamente la razón por la que las escogiste para incorporarlas a tu
discurso.
15. El estar de pie es la posición natural que predispone a la acción, mientras que el estar
sentado es la postura natural de la reflexión. Cuando el discurso se pronuncia de pie hay
que procurar que las piernas estén juntas, pero de una forma natural, sin rigidez. La posición
de piernas abiertas puede mandar un mensaje de agresividad si está acompañada con puños
cerrados y, en general, con tensión muscular.
16. La tendencia natural del pensamiento es la distracción. No se piensa en línea recta: cada
unos 10 minutos la mente del oyente se evade. Así que el orador que sabe esto y sabe que
su disertación es larga, él mismo debe inducir al auditorio a una distracción “controlada”, es
decir, debe desplazarse en determinados momentos, hacer ademanes que acompañen sus
palabras y las destaquen, usar distintas inflexiones en la voz cuando vea que el auditorio se
dispersa, elevando o bajando el tono, etc. En un mensaje breve no es tan necesario.
17. El manejo de los gestos, de los ademanes y de la voz son los instrumentos corporales
con los que el orador transmite las emociones. El ademán sirve para subrayar una idea
que se dice. Los ademanes se estudian y se preparan a la par que se prepara el discurso,
pero no tanto que pierdan su espontaneidad.
Son los ademanes y los gestos del rostro los elementos más vulnerables para los nervios. Por
lo cual, tienes que aprender a controlarlos y saber qué gestos son los que te delatan cuando
estás nervioso, enojado, contrariado, etc. Así, podrás suavizarlos, de tal forma que el oponente
(cualquiera sea) no te vea vulnerable.
18. Los estudiosos del lenguaje corporal señalan que las manos sujetas entre sí a la altura de la
pelvis (postura muy común en los hombres) mandan un mensaje corporal de
inseguridad, pues inconscientemente se está protegiendo la parte externa más vulnerable del
cuerpo humano. Los brazos cruzados a la altura del pecho, se interpretan igual. Cuando una
mano sujeta la otra muñeca o sujeta el otro brazo por detrás, el gesto se puede interpretar
como una señal de frustración o un intento de autocontrolarse (por lo que genera
desconfianza).
No importa que el público no haya estudiado nunca lenguaje corporal pues, al tratarse de
un lenguaje universal, inconscientemente el público lo está interpretando todo el tiempo.
Un discurso tendrá éxito cuando hay una congruencia completa entre el mensaje verbal y el
mensaje corporal, cuando el mensaje corporal contribuye a reafirmar y sustentar
indudablemente todo lo que están diciendo tus palabras.
Se debe evitar llevar cualquier objeto (lapicera, papeles, etc.) en las manos que no tengan una
utilidad concreta en la exposición pues, distrae al público.
19. El rostro comunica muchas cosas. Los gestos deben ser acordes con el mensaje: si el
mensaje es serio o grave, tales deben ser los gestos. Si es amable o es gracioso, así deben
ser los gestos.
20. El retirarse frecuentemente el cabello del rostro, ya sea con una mano, ya sea con un
movimiento peculiar de la cabeza; estarse acomodando los anteojos o quitándoselos y
poniéndoselos; tocarse el nudo de la corbata, o los botones del saco son acciones que distraen
al público. La regla es no tocarse nada del vestido ni de los accesorios, ni pasar al frente con
algún objeto en las manos. Lo conveniente es pasar con el cabello sujeto, para que no estorbe;
con el saco cerrado; y en general, totalmente listo para hablar, sin la necesidad de corregir
sobre la marcha ningún detalle del atuendo y con las manos libres de objetos, para poder
utilizarlas en la expresión.
21. Muy reveladora, en el lenguaje corporal, es la posición de la cabeza. Un orador cabizbajo,
aun cuando todavía no haya dicho nada verbalmente, ya está comunicando con la postura de
su cabeza inseguridad y temor. Por el contrario, al orador que vemos con una posición de
cabeza muy alta, en donde la barbilla se eleva sobre la línea horizontal, puede darnos un
mensaje de excesiva seguridad y hasta de prepotencia, lo cual tampoco es conveniente. En
todo caso, la posición de la cabeza no debe ser rígida ni inflexible. Dentro del contexto
adecuado, la inclinación cortés de la cabeza al final del mensaje le indica al público que ha
concluido el discurso.
22. El orador, mientras está hablando, debe buscar permanentemente en los rostros, en los
ojos y en la postura de cada uno de los miembros del público, los gestos que están
aflorando, al mismo tiempo que su oído debe percibir cualquier expresión o murmullo
proveniente del auditorio. De esta manera, puede reconstruir el ethos del público, es decir, qué
postura formada tiene respecto de lo que el orador está diciendo y, en consecuencia, puede
cambiar la entonación, cambiar las palabras, mejorar la expresividad, o apelar al pathos para
suavizar los ánimos, etc. Desde luego, no debe hacer un recorrido visual sistemático. También
en esto el orador debe ser natural y espontáneo, para adaptar favorablemente el discurso a la
situación dada. Ten en cuenta que el discurso es, en cierto sentido, un diálogo. Aparentemente
el público no habla, solo escucha. Pero, si el orador observa con atención a su público, al
tiempo que está hablando, descubrirá que son muchas las cosas que el público le dice y,
entonces, puede entablar con su audiencia una verdadera comunicación que implica, desde
luego, la adaptación sobre la marcha del discurso.
23. El discurso debe ser algo flexible, capaz de adaptarse al momento y a la circunstancia
concretos. Esto quiere decir que el orador debe ser capaz de hablar en cualquier circunstancia
que se le presente.
24. Es muy importante darle a la voz las inflexiones y tonalidades correspondientes al
estado de ánimo que deba tener el orador, según lo que está diciendo. Un discurso
pronunciado con un tono de voz monótono perderá muy pronto la atención del público, una vez
ocurrido lo cual, el público lo encontrará tedioso. En cambio, un discurso en el que hay tonos
de voz que se elevan en las partes vehementes o dramáticas; y tonos que bajan, incluso hasta
el susurro, en las partes reflexivas o emotivas, mantiene el interés del público y le dejan más
grabado el mensaje. Es esencial este aspecto para lograr empatía con el auditorio.
25. El orador debe mostrar seguridad ante el auditorio al que pretende convencer, liderar o
guiar pues es improbable que alguien quiera seguir a un líder indeciso y temeroso. Lo más
interesante de todo esto es que la primera impresión que causa el orador, sea de seguridad o
de inseguridad, la causa generalmente no con las primeras palabras con las que empieza su
mensaje, sino antes de comenzar a hablar.
El público comienza a calificar al orador y a formarse una imagen de él desde el momento
mismo en que es individualizado, es decir, desde que se le señala para que hable, o desde
que él mismo pide la palabra: ¿Cómo se puso de pie? ¿Lo hizo ágilmente o de manera
titubeante y temerosa? Si él pidió la palabra, ¿levantó la mano con decisión y por todo lo alto, o
tímidamente? ¿Cómo estaba sentado? Su cabeza, ¿estaba erguida o cabizbaja? Cuando se
dirigía al estrado ¿cómo caminó? ¿con paso firme y decidido o arrastrando los pies con el
ánimo vacilante de quien va al cadalso? Cuando se colocó frente al público, ¿qué nos dicen las
posturas de sus manos? ¿se sujetan la una a la otra? ¿están atrás o adelante? ¿Qué nos
dicen la postura de su cabeza, la de sus piernas? Su mirada ¿es directa o esquiva?
Como vemos, todavía el orador no ha dicho nada y ya empezó a ser calificado (o
descalificado). Claro, no siempre de forma definitiva, falta ver y oír lo que nos tiene preparado,
pero ese ethos inicial, a favor o en contra, contará en el balance final.
EL LENGUAJE CORPORAL Y SUS BEMOLES
PRIMERA PARTE: LA CABEZA Y EL ROSTRO
1) POSICIONES DE LA CABEZA:
En el documento anterior, vimos algunas precisiones generales respecto de la postura de
la cabeza. Veremos ahora otros detalles a tener en cuenta, porque comprender el
significado de las distintas posiciones que puede adoptar alguien con la cabeza es muy
eficaz para entender sus intenciones reales, como las ganas de gustar, de cooperar o de
mostrarse altivo.
PRESTA ESPECIAL ATENCIÓN A LAS POSTURAS MUY EXAGERADAS: significan que
esa persona lo está haciendo de forma consciente para influenciarte.
● Levantar la cabeza y proyectar la barbilla hacia adelante: es un signo que
pretende comunicar expresamente agresividad y poder.
● Asentir con la cabeza: se trata de un gesto de sumisión contagioso que puede
transmitir sensaciones positivas. Comunica interés y acuerdo, pero si se hace varias
veces muy rápido resulta en lo contrario: puede comunicar que ya se ha escuchado
suficiente o demasiado.
● Ladear la cabeza: es una señal de sumisión al dejar expuesta la garganta. Si lo
realizas mientras asientes cuando estés escuchando a alguien, lograrás aumentar la
confianza de tu interlocutor hacia ti. En el caso de las mujeres, también se ha
observado que se emplea para mostrar interés por un hombre.
● Apoyar la cara sobre las manos: es un signo que demuestra atracción por la otra
persona, porque se expone la cara habitualmente con el objetivo de “presentársela”
al interlocutor.
● Apoyar la barbilla sobre la mano: si la palma de la mano está cerrada es señal de
evaluación. En cambio, si la palma de la mano está abierta puede significar
aburrimiento o pérdida de interés.
2. LOS GESTOS DEL ROSTRO
El rostro es nuestra mayor fuente de información emocional, es por ello que debes tener
precaución a la hora de medir lo que la persona piensa a través de sus gestos faciales.
Como recomendación, siempre ten en cuenta más de un aspecto y evalúa si son
convergentes.
LLEVARSE LAS MANOS A LA CARA: en general, suele ser producto de
algún pensamiento negativo como inseguridad o desconfianza:
● Taparse o tocarse la boca: si mientras la persona habla se toca la boca o la tapa puede
significar un intento de ocultar algo. Si se realiza mientras se escucha puede ser señal de que
esa persona considera que se le está ocultando algo.
● Tocarse la oreja: es la representación inconsciente del deseo de bloquear las
palabras que se oyen. Si tu interlocutor lo realiza mientras hablas puede significar que
desea que dejes de hacerlo.
● Tocarse la nariz: puede indicar que alguien está mintiendo. Cuando mientes se
liberan las llamadas catecolaminas, sustancias que inflaman el tejido interno de la
nariz y pueden provocar picor. También ocurre cuando alguien se enoja o está
molesto por algo.
● Frotarse un ojo: es un intento de bloquear lo que se ve para no tener que mirar a la
persona a la que se le miente. ¡Mucho cuidado cuando la persona con la que hablas
se toca mucho la nariz y se frota los ojos!
● Rascarse el cuello: es una señal de incertidumbre o de duda con lo que uno mismo
está diciendo.
● Llevarse un dedo o algo a la boca: significa inseguridad o necesidad de
tranquilizarse, es una expresión inconsciente de querer volver a la seguridad de la
madre.
3. LA MIRADA:
La comunicación mediante la mirada se centra principalmente en la dilatación o
contracción de la pupila, la cual reacciona a los estados internos que experimentamos.
Cuando hablamos solemos mantener contacto visual entre un 40 y un 60% del tiempo. Eso
es debido a que tu cerebro está ocupado intentando acceder a la información, y por ello,
hace que desvíes la mirada.
Debes tener en cuenta que, en ciertas situaciones, la falta de contacto visual puede
interpretarse como nerviosismo o timidez, por lo que es mejor hacer una pausa para
encontrar en tu mente lo que deseas decir (y apartar la mirada del público para
concentrarte en esta tarea) y luego volver a mirar a tu auditorio. Ganarás así doblemente:
tu público se sentirá siempre atendido por tu interés, y tendrás el tiempo necesario para
articular bien tu pensamiento, calmarte si es necesario, desacelerar el ritmo de tu
exposición si ves que vas muy rápido, etc.
Es fundamental que cuando hagas una petición mires directamente a los ojos de tu
interlocutor para aumentar tu capacidad de persuasión. Lo mismo cuando cierres tu
argumentación o para destacar frases y palabras que consideres importantes, de esta
manera subrayas esa frase a nivel inconsciente y también obligas a tu interlocutor a que no
se distraiga y te escuche.
Pero además existen otras funciones de la mirada:
● Pestañear repetitivamente: es otra forma de intentar bloquear la visión de la
persona que tienes enfrente, ya sea por aburrimiento o desconfianza.
● Mirar hacia los lados: otra manera de expresar aburrimiento, porque de forma
inconsciente se busca evadirse.
● Variar el tamaño de las pupilas: no puede controlarse, pero la presencia de pupilas
dilatadas suele significar que se está viendo algo que agrada, mientras que las
pupilas contraídas expresan hostilidad. En cualquier caso, son variaciones muy
sutiles que a menudo quedan enmascaradas por los cambios ambientales en la
intensidad de la luz.
● Levantar las cejas: es un saludo social que implica ausencia de miedo y agrado.
Hazlo frente personas a las que quieras gustar.
● Mantener la mirada: en el caso de las mujeres, establecer contacto visual durante 2
o 3 segundos para después desviar la mirada hacia abajo puede ser un indicador de
interés sexual.
4. LA SONRISA:
Aunque no seamos conscientes de ello, sonreír comunica muchas cosas. Existen 19 tipos de
sonrisas -reflejados en un estudio de la Universidad de San Francisco (California, Estados
Unidos)-, de los cuales solo 6 ocurren cuando estamos pasando un buen momento. El resto se
produce cuando sentimos dolor, vergüenza, incomodidad, horror o cuando estamos tristes.
Una sonrisa también puede significar desprecio, enojo, incredulidad, que estamos mintiendo o que
nos sentimos perdidos. Mientras que las sonrisas genuinas existen como una recompensa en
momentos en que hemos hecho algo bueno para nuestra supervivencia, las que no están
vinculadas con el bienestar tienen menos que ver con cómo nos sentimos y más con lo que le
queremos mostrar a los demás. Es por ello que hay que distinguir varios tipos de sonrisa y lo que
comunican:
● La sonrisa falsa: La mitad del córtex cerebral especializado en las expresiones
faciales se encuentra en el hemisferio derecho y envía señales principalmente a la
parte izquierda del cuerpo. Como resultado de ello, las emociones faciales falsas son
más pronunciadas en el lado izquierdo de la cara que en el derecho. En una sonrisa
auténtica ambos hemisferios cerebrales instruyen a ambos lados de la cara para que
actúen con simetría.
● La sonrisa torcida con mirada hacia arriba: Con la cabeza hacia abajo, pero con la
mirada dirigida hacia arriba y una sonrisa con los labios tensos, la persona que sonríe
tiene un aspecto juvenil, simpático y cómplice. Esta sonrisa ha demostrado ser la
favorita de los hombres de todas partes, porque la mujer que la esboza genera en
ellos sentimientos paternales, haciendo que los hombres quieran protegerla y
cuidarla. Es una de las sonrisas que la princesa Diana utilizaba para cautivar a la
gente.
● La sonrisa natural (o sonrisa de Duchenne) es la que produce arrugas junto a los
ojos, eleva las mejillas y desciende levemente las cejas.
● Una sonrisa tensa, con los labios apretados, denota que esa persona no desea
compartir sus emociones contigo y es una clara señal de rechazo.
La función biológica de la sonrisa es la de crear un vínculo social favoreciendo la
confianza y eliminando cualquier sensación de amenaza. Se ha comprobado que también
transmite sumisión, por eso las personas que quieren aparentar poder y las mujeres que
desean conservar su autoridad en entornos profesionales típicamente masculinos evitan
sonreír (Welpe I. et al.).
SEGUNDA PARTE:
1. LOS BRAZOS
Los brazos y las manos se llevan el mayor protagonismo en tu comunicación, puesto que
sirven para apoyar la mayoría de movimientos que realizas. También permiten defender las
zonas más vulnerables de tu cuerpo en situaciones de inseguridad, por lo que ponen en
evidencia fácilmente a la persona cuando se siente agredida o insegura.
Un dato que puede resultarte muy útil es lo que enseña la propiocepción: que la vía de
comunicación entre el cuerpo y la mente es recíproca, es decir, cuando experimentas una
emoción tu cuerpo la reflejará inconscientemente, pero también ocurre lo contrario: si
adoptas voluntariamente una posición, tu mente empezará a experimentar la emoción
asociada. Esto se puede percibir, por ejemplo, cuando te cruzas de brazos. Aunque creas
que es una posición cómoda, en realidad la ciencia ya ha demostrado que cruzarlos
predispone a una actitud crítica, por lo que estás dando a tu cerebro una orden contraria a
lo que crees que haces.
Esto es lo que comunicas con la postura de tus brazos:
● Cruzar los brazos: muestra desacuerdo y rechazo. Evita hacerlo a no ser que
precisamente quieras enviar este mensaje a los demás. En un contexto sensual, las
mujeres suelen hacerlo cuando están en presencia de hombres que les parecen
demasiado agresivos o poco atractivos.
● Cruzar un solo brazo por delante para sujetar el otro brazo: denota falta de
confianza en uno mismo al necesitar sentirse abrazado.
● Brazos cruzados con pulgares hacia arriba: postura defensiva pero que a la vez
quiere transmitir orgullo.
● Unir las manos por delante de los genitales: en los hombres proporciona
sensación de seguridad en situaciones en que se experimenta vulnerabilidad.
● Unir las manos por detrás de la espalda: demuestra confianza y ausencia de
miedo al dejar expuestos puntos débiles como el estómago, garganta y entrepierna.
Puede ser útil adoptar esta postura en situaciones de inseguridad para intentar ganar
confianza.
En general, cruzarse de brazos implica que se está experimentando inseguridad. De ahí la
necesidad de proteger el cuerpo. Existen multitud de variaciones como ajustarse el reloj,
situar el maletín delante del cuerpo, o sujetar un bolso con las dos manos enfrente del
pecho, pero todas vienen a significar lo mismo.
2. LAS MANOS:
Las manos, juntamente con los brazos, son una de las partes más móviles del cuerpo y,
por lo tanto, ofrecen un enorme registro de posibilidades de comunicación no verbal. Es
por ello, que debes emplearlas para apoyar tus mensajes verbales y darles mayor fuerza.
Existe una parte del cerebro llamada el área o sistema de Broca que está implicada en el
proceso del habla y que se activa al mover las manos. Esto implica que gestualizar está
directamente unido al habla, así que hacerlo mientras te expresas puede incluso mejorar tu
capacidad verbal y ayudarte a desbloquearte al hablar en público: se ha demostrado en un
estudio que reforzar con gestos una frase consigue que te lleguen antes a la mente las
palabras a usar, y también que tu mensaje sea mucho más persuasivo y comprensible. En
esa investigación, se comprobó también que los gestos más persuasivos son los que están
alineados con el significado verbal, como señalar hacia atrás al referirse al pasado.
Los principales mensajes que envían nuestras manos cuando hablamos:
● Mostrar la palma abierta: expresa sinceridad y honestidad, mientras que cerrar el puño
muestra lo contrario.
● Manos en los bolsillos: denota desinterés y desimplicación en la conversación o situación.
● Enfatizar algo con la mano: cuando alguien ofrece dos puntos de vista con las
manos, normalmente el que más le gusta lo refuerza con la mano dominante y la
palma hacia arriba.
● Entrelazar los dedos de ambas manos: transmite una actitud reprimida, ansiosa o
negativa. Si tu interlocutor adopta esta postura, rómpela dándole algo para que tenga
que sujetarlo.
● Puntas de los dedos unidas: expresa confianza y seguridad, pero puede llegar a
confundirse con arrogancia.
● Sujetar la otra mano por la espalda: es un intento de controlarse a uno mismo, por
lo tanto, expresa frustración o un intento de disimular el nerviosismo.
● Mostrar los pulgares por fuera de los bolsillos: en los hombres representa un
intento de demostrar confianza y autoridad frente a mujeres que les atraen, aunque
en una situación conflictiva también puede ser una forma de transmitir agresividad.
● Ocultar solo los pulgares dentro de los bolsillos: es una postura que enmarca y
destaca la zona genital, por lo tanto, es una actitud sexualmente abierta que realizan
los hombres para mostrar ausencia de miedo o interés sexual por una mujer.
● Llevarse las manos a las caderas: indica una actitud sutilmente agresiva, ya que
quiere aumentar la presencia física. Muchos hombres la usan tanto para establecer
superioridad en su círculo social como para aparentar mayor masculinidad en
presencia de aquellas mujeres que les atraen. Cuanto más se exponga el pecho,
mayor agresividad comunicará.
3. LAS PIERNAS:
Las piernas juegan un papel muy interesante en el lenguaje corporal, puesto que, al estar
más alejadas del cerebro, nuestra mente racional tiene menos control sobre ellas y les
permite expresar sentimientos internos con mayor libertad. Cuanto más lejos del cerebro
esté una parte del cuerpo, menor control tienes sobre lo que está haciendo.
Por regla general, el ser humano está programado para acercarse a lo que quiere y
alejarse de lo que no desea. La forma como alguien sitúa sus piernas brinda pistas
valiosas sobre la comunicación no verbal, ya que estará señalando hacia dónde quiere
dirigirse realmente.
● El pie adelantado: el pie más avanzado casi siempre apunta hacia dónde deseas ir.
En una situación social con varias personas también apunta hacia la persona que
consideras más interesante o atractiva. Por lo tanto, si deseas que una persona
sienta que le estás brindando toda tu atención, asegúrate de que tus pies estén
apuntando hacia él. Por el contrario, cuando tu interlocutor apunta con sus pies hacia
la puerta en lugar de hacia ti es una señal bastante evidente de que quiere terminar
la conversación.
● Piernas cruzadas: es una actitud defensiva y cerrada. Si una mujer se sienta de este
modo frente a un hombre significa rechazo sexual. En una situación social, la
persona que se sienta con brazos y piernas cruzados indica que se ha retirado de la
conversación. De hecho, existen investigaciones en las que se ha corroborado que
las personas que escuchan con los brazos y piernas cruzados una conferencia
recuerdan menos detalles que las demás.
● Sentado con una pierna elevada apoyada en la otra: típicamente masculina,
revela una actitud competitiva o preparada para discutir; sería la versión sentada de
exhibición de la entrepierna.
● Piernas muy separadas: otro gesto básicamente masculino que quiere transmitir
dominancia y territorialidad.
● Sentada con las piernas enroscadas: en las mujeres, habitualmente significa cierta
timidez e introversión.
● Sentada con una pierna encima de la otra en paralelo: varios autores reconocen
que en las mujeres puede interpretarse como cortejo al intentar llamar la atención
hacia las piernas, puesto que en esta postura quedan más presionadas y ofrecen un
aspecto más juvenil y sensual.
Como puedes apreciar, detectar las incongruencias entre el lenguaje verbal y el corporal te
puede resultar de mucha utilidad, puesto que es muy difícil controlar todas las señales que
nuestro cuerpo está emitiendo en una situación comunicativa. Por ello, debes interpretar
las señales corporales dentro de un contexto global y sabiendo que tiene ciertas
limitaciones, puesto que inciden otros factores ocasionales (frío, calor, incomodidad,
cansancio, etc.). Evalúa tu percepción de las señales que emite tu auditorio a partir de la
suma de varios gestos.
Asimismo, debes tener en cuenta que mientras más gestos positivos transmitas y que
indiquen seguridad en ti mismo más confiará tu interlocutor en lo que dices.