0% encontró este documento útil (0 votos)
3K vistas198 páginas

Consuelo Peligroso (Fuego en El Hielo #3) - Mira Lyn Kelly

Consuelo Peligroso es la tercera entrega de la serie 'Fuego en el Hielo' de Mira Lyn Kelly, que narra la historia de Cammy, una madre soltera que navega por las complicaciones de las relaciones mientras se enfrenta a su exnovio y a sus sentimientos hacia Rux, un jugador de hockey. A lo largo de la trama, Cammy lidia con su deseo de demostrar que está bien sin su ex y la inesperada conexión que desarrolla con Rux, quien la besa en un momento de tensión. La novela explora temas de amor, amistad y la búsqueda de la felicidad personal en medio de desafíos emocionales.
Derechos de autor
© © All Rights Reserved
Nos tomamos en serio los derechos de los contenidos. Si sospechas que se trata de tu contenido, reclámalo aquí.
Formatos disponibles
Descarga como PDF, TXT o lee en línea desde Scribd
0% encontró este documento útil (0 votos)
3K vistas198 páginas

Consuelo Peligroso (Fuego en El Hielo #3) - Mira Lyn Kelly

Consuelo Peligroso es la tercera entrega de la serie 'Fuego en el Hielo' de Mira Lyn Kelly, que narra la historia de Cammy, una madre soltera que navega por las complicaciones de las relaciones mientras se enfrenta a su exnovio y a sus sentimientos hacia Rux, un jugador de hockey. A lo largo de la trama, Cammy lidia con su deseo de demostrar que está bien sin su ex y la inesperada conexión que desarrolla con Rux, quien la besa en un momento de tensión. La novela explora temas de amor, amistad y la búsqueda de la felicidad personal en medio de desafíos emocionales.
Derechos de autor
© © All Rights Reserved
Nos tomamos en serio los derechos de los contenidos. Si sospechas que se trata de tu contenido, reclámalo aquí.
Formatos disponibles
Descarga como PDF, TXT o lee en línea desde Scribd

CONSUELO PELIGROSO

A SLAYERS HOCKEY ROMANCE

SERIE FUEGO EN EL HIELO


LIBRO 3

MIRA LYN KELLY


Copyright © 2020, 2025 por Mira Lyn Kelly
Todos los derechos reservados.
Ninguna parte de esta publicación puede ser reproducida, distribuida o transmitida en ninguna forma
ni por ningún medio, incluyendo fotocopias, grabaciones u otros métodos electrónicos o mecánicos,
sin el permiso escrito del editor, excepto para citas breves en reseñas literarias y otros usos no
comerciales permitidos por la ley de derechos de autor.

Este libro es una obra de ficción. Todos los nombres, personajes, lugares e incidentes descritos son
producto de la imaginación del autor. Cualquier parecido con personas reales, vivas o fallecidas, o
con hechos o lugares reales es pura coincidencia.

Título original en inglés: DIRTY REBOUND


Primera edición en español: 2025
ÍNDICE

Capítulo 1
Capítulo 2
Capítulo 3
Capítulo 4
Capítulo 5
Capítulo 6
Capítulo 7
Capítulo 8
Capítulo 9
Capítulo 10
Capítulo 11
Capítulo 12
Capítulo 13
Capítulo 14
Capítulo 15
Capítulo 16
Capítulo 17
Capítulo 18
Capítulo 19
Capítulo 20
Capítulo 21
Capítulo 22
Capítulo 23
Capítulo 24
Capítulo 25
Capítulo 26
Capítulo 27
Epílogo

Otras Obras de Mira Lyn Kelly


Acerca del Autor
1

Cammy

—M ira, Cammy, eres una chica agradable. De buen ver. Y traté


de darle una oportunidad —dice en medio de un bostezo que ni se molesta
en cubrir—. Ya sabes, hay que respetar a la madre soltera y todo eso. Pero
simplemente no lo siento.
Uf, yo tampoco.
Subiendo la cierre de mi parka contra el frigido aire nocturno de enero
fuera del Wagner Arena, asiento mientras los fanáticos salen a nuestro
alrededor. —Entiendo.
Yo entiendo que debería haber aguantado más tiempo con las entradas
de hockey. Estirar otro mes, tal vez hasta dos. Pero él fue persistente,
quejumbroso, y sí, me sentí culpable por usarlo. Incluso sabiendo que él me
estaba usando por mis conexiones con el equipo de hockey Slayers.
¿Por qué pensé que esto era una buena idea?
Soy una romántica. Y a pesar de un historial bastante pésimo cuando se
trata de chicos —incluida la presente compañía, gracias— todavía creo en
los finales felices.
Este tipo no era candidato.
Hace ese movimiento de cuello que me saca de quicio y hace una
mueca. —¿Vas a estar bien llegando sola a casa?
¿En serio? Suelto un suspiro vaporoso y me obligo a sonreír
educadamente. —Estoy bien.
La compasión brilla en sus ojos y me dan ganas de vomitar un poco. —
Mantén la frente en alto.

—¡Qué mierda! —exclama George desde el otro lado de nuestra mesa en el


fondo del Five Hole—. Si vas a terminar con alguien, lo haces antes del
partido. No después. Nunca después. ¿Está aquí esta noche? —
Enderezándose en su asiento, mira con el ceño fruncido hacia la parte
delantera del bar—. Apuesto a que está aquí.
—Sí está —resoplo, jugueteando con la etiqueta húmeda de mi cerveza
—. Un par de amigos lo estaban esperando cuando terminó de botarme. Fue
súper incómodo caminar quince pies detrás de ellos todo el camino desde el
estadio hasta el bar.
—Por esto evité salir con fanáticos del hockey —se queja Natalie,
girando distraídamente el gordo diamante en su dedo—. Es tan difícil saber
cuándo realmente están interesados en ti en lugar de estar interesados en tu
hermano, o en tu cuñado en tu caso. —Frunce el ceño—. No, espera... Julia
tenía esa cosa así que Greg donó sus entradas esta noche. George y yo nos
sentamos en las de Vaughn. ¿En qué asientos estabas tú?
—En los de Rux.
Apretando los labios para contener la risa, niega con la cabeza. —Oh,
hombre, va a estar furioso.
—Furiosísimo —acepta George alegremente, chocando su cerveza con
las nuestras.
Seis botellas más aterrizan en la mesa mientras Quinn O'Brian se inclina
entre ellas. —Hola Georgeous, ¿quién va a estar furioso?
Las chicas se levantan de sus asientos en un instante, George lanzando
sus brazos alrededor del cuello de Quinn, y Natalie riéndose mientras
Vaughn Vassar la envuelve en los suyos. Pasa otro minuto antes de que Rux
se abra paso entre la multitud. Es alto y fornido, vestido con uno de sus
hermosos trajes personalizados post-partido, con el cabello castaño peinado
hacia atrás, pero es esa sonrisa descarada la que lo distingue. Este tipo.
Incluso mientras se deja caer en el asiento junto a mí, los fans siguen
dándole palmadas en la espalda.
Poniendo un poderoso brazo alrededor de mí, muestra una enorme
sonrisa. —¿Lo viste?
—Buen contraataque. —Fue hermoso. Empate con treinta y siete
segundos restantes en el tercer período, y anotó el gol ganador.
Atrayéndome con fuerza, me da un rápido beso en el cabello y luego se
recuesta, mirando alrededor. —¿Dónde está cómo-se-llame?
—¿Te refieres a El Borrón? —ofrece George, poniéndose cómoda en el
regazo de su hombre—. Probablemente masturbándose con una selfie desde
tus asientos.
Estas chicas son las mejores.
Rux se recuesta con una sonrisa satisfecha. —¿Finalmente lo mandaste
a volar?
Me ahogo con un trago de cerveza.
Esta vez es Nat quien interviene. —No exactamente.
Ya no hay sonrisa.
Entre la música y la multitud eufórica después de la victoria, el Five
Hole está bastante ruidoso, pero juro que puedo oír sus molares rechinar
mientras ella lo pone al día. Rux ha sido un poco sobreprotector conmigo
desde que obtuve lo que Natalie llama estatus de hermana-pequeña-
sustituta, pero yo lo considero más como ser mejores-amigos-políticos. Y la
mirada en su cara ahora es lo más amenazante que he visto. Pero estoy
bastante segura de que no tengo que recordarle la regla de no-golpear-a-los-
ex-novios-de-Cammy.
—¿Mantén la frente en alto? —gruñe—. ¿Está jodidamente
bromeando?
Me apoyo en su lado para un apretón. —Lo sé, ¿verdad? ¿Como si fuera
a estar tan destrozada por perderlo a él? Por favor. Y honestamente, ni
siquiera puedo enojarme porque esperara hasta después del partido...
porque, vamos, entradas para los Slayers.
Todos alrededor de la mesa asienten de mala gana.
—Lo que me molesta es que solo acepté salir con él porque me lo pidió
como dos horas después de enterarme que Jeremy regresaba a Chicago. Y
no quería estar soltera cuando él llegara. Pero ahora, ni siquiera un mes
después y aquí estoy... soltera otra vez.
Rux niega con la cabeza. —¿Qué te importa si Jeremy piensa que estás
saliendo con alguien? Ese imbécil te dejó embarazada a los dieciocho.
No debería importarme. Después de todos estos años desearía que no
me importara. Pero la forma en que me dejó fue brutal.
—Supongo que solo quería que viera que estoy bien sin él. —Que ya no
estoy esperando.
—Sunshine, estás más que bien. Es cierto que no sales mucho...
—Soy selectiva. —Cuidadosa. Paciente. Dios, he sido paciente.
—Claro que sí. Y también eres una mamá increíble y extremadamente
sexy con un niño increíble, una hermana que daría su vida por ti, y amigos
geniales que te quieren. Además, estás triunfando en un gran trabajo que te
permite trabajar desde casa, tu refrigerador siempre tiene las mejores
botanas, y consigues entradas para los Slayers cuando quieres. Nena, la
estás haciendo.
Siento que me estoy poniendo un poco llorosa, así que me enfoco en lo
divertido. —Tus asientos son bastante buenos.
Crecí con el fútbol americano gracias a Julia, pero desde que ella se
casó y entró al mundo del hockey, he visto la luz.
—¿Verdad que sí? —Alcanzando mi otro hombro, Rux me gira para que
estemos frente a frente y esté mirando directamente a sus ojos marrones
oscuros. Como si solo fuéramos él y yo—. ¿Jeremy sabe con quién estabas
saliendo?
—No. —Ni siquiera ha preguntado.
Lo cual está perfectamente bien. No es como si pensara que Jeremy
Levenson estaría golpeando mi puerta tratando de conseguir una segunda
oportunidad largamente retrasada. Ha tenido siete años y aún no lo ha
hecho. Además, si realmente ha vuelto por nuestro hijo, entonces no quiero
que nada más enturbie las aguas.
Un asentimiento. Rux mira más allá de mí. Sus ojos se vuelven duros, y
juro que la siguiente respiración que toma llena su pecho al doble de su
tamaño, ensanchando sus ya intimidantes hombros. Siguiendo su mirada
glacial, encuentro a El Borrón parado a unos metros, sus ojos de fanboy
clavados en Rux.
—Oye, Rux, gran partido esta noche... ¿te compro una cerveza?
No. Puede. Ser.
Me vuelvo hacia Rux, esperando que las costuras de su traje estén a
punto de reventar. Pero en lugar de transformarse completamente en Hulk...
está sonriendo. Más o menos. Esta no es la verdadera sonrisa de Rux, esa
que es tan contagiosa que mi hijo no puede verla sin estallar en ataques de
risitas. Esto es algo más. Algo peligroso.
Rux asiente al tipo que estoy bastante segura que quiere hacer pedazos.
—Oye, gracias por quitarte de mi camino.
¿De su camino? ¿Qué está...?
Al segundo siguiente, su boca se inclina sobre la mía en un beso tan
inesperado que en un millón de años no lo habría visto venir. Un beso que
me deja paralizada, congelada en su agarre mientras me inclina hacia atrás
durante un latido, dos... trece. Cuando Rux se aparta, mira más allá de mí
hacia donde El Borrón está parado con la cara roja y la boca abierta, y
gruñe: —Vete.
No hay discusión.
La mesa está en silencio a nuestro alrededor y todavía no he
parpadeado.
George rompe el silencio, con los ojos bien abiertos, y susurra
emocionada: —¡Rux es tu rebote sucio!
Finalmente, balbuceo: —¡Rux, acabas de besarme!
Me guiña un ojo. —De nada.

Rux

—Ruxton Meyers, estás tan muerto. —Ojos azules del color del cielo de
verano se estrechan hasta convertirse en rendijas de pura ira mientras mi
mejor amiga me mira con furia. Estoy pensando que es algo adorable, pero
luego ella cierra el puño, plantándolo en su cadera, y me doy cuenta de que
esto es serio.
—Vaya, estás furiosa. —Lo está. Lo he visto antes, solo que rara vez
dirigido a mí.
—¿Um, sí? —Mira alrededor del pasillo trasero desierto, con rizos
rubios rebotando alrededor de su cara—. ¿Qué esperabas con ese numerito?
¡Me besaste!
A riesgo de empeorar las cosas, me encojo de hombros y lo acepto. —
En serio, esperaba más bien un gracias.
Definitivamente no a Cammy Wesley agarrándome por la oreja y
arrastrándome al pasillo trasero del Five Hole para poder clavarme su dedo
puntiagudo en el pecho hasta que estoy bastante seguro de que tendré un
moretón más grande por ella que por ser empujado contra las bandas en el
partido de esta noche.
Por un segundo, ella solo parpadea mirándome —entonces su cara se
arruga y me vuelve a pinchar. E incluso bajo la tenue iluminación del bar,
puedo ver sus mejillas tornándose rosadas. Espera, rojas.
Oh mierda.
Nunca más me va a dejar entrar a su refrigerador. Matty va a crecer
jugando fútbol americano en vez de hockey. ¿Qué he hecho?
—Dijiste que querías que Jeremy pensara que estabas viendo a alguien
—empiezo, buscando desesperadamente mi defensa—. Y entonces ese
pequeño pisacaca venía hacia acá y pensé, matar dos pájaros de un tiro.
Dejar claro a El Borrón quién necesita mantener su maldita frente en alto y
empezar a circular algunos rumores sobre con quién estás saliendo.
Con Greg Baxter fuera, los últimos partidos han sido duros. La gente
está observando, esperando para ver qué sucede. Y ese gol de último minuto
esta noche va a poner ojos sobre mí.
Este lugar está lleno de fans felices de tomar fotos y probablemente
también alguna prensa. Alguien captó ese beso y, garantizado, para mañana
todos van a saber al respecto.
Problema resuelto.
Ella levanta las manos. —¿Y cómo voy a evitar parecer desesperada —
no, borra eso— cómo voy a evitar parecer totalmente patética cuando
dentro de una semana El Borrón te vea con tu lengua metida en la garganta
de alguna conejita?
Levanto un dedo y ella inclina la cabeza como si más me valiera que
fuera bueno.
—Primero, ¿cuándo fue la última vez que me viste con mi lengua
metida en la garganta de alguien?
De hecho, he estado en un descanso de conejitas por un tiempo.
Ella cruza los brazos. Lentamente. —Um, fue en este mismo bar, de
hecho. Contra esa pared.
Bueno, y sé de lo que está hablando, porque cuando salí a tomar aire y
la vi al otro lado del bar... no se sintió bien. Así que fue la última vez. —Eso
fue hace meses.
Ella pone los ojos en blanco. Pero tengo razón.
—Y en segundo lugar, ¿a quién demonios le importa lo que piense ese
tipo?
—A mí no. No realmente. —Pierde algo de su ímpetu y sus hombros
caen—. Pero... ¿no tienes ex que hayan dicho cosas sobre ti que te gustaría
demostrar que son falsas en lugar de verdaderas?
La pregunta me agarra desprevenido y, metiendo las manos en los
bolsillos de mi pantalón, me aclaro la garganta. —Mira, sabes que no estoy
realmente hecho para la vida de niños y cercas blancas. Las relaciones no
son lo mío. Pero de las muy pocas mujeres con las que he salido en serio...
básicamente dieron en el clavo.
—¿Qué dijeron?
—Que soy impulsivo. Irresponsable. Poco confiable y desorganizado.
—Para empezar. El resto... no quiero ir allí.
Cammy parece querer discutir. Es dulce así, siempre viendo lo bueno.
Pero tenemos esta cosa de honestidad, así que no lo endulzo. —Tienen
razón.
Después de una respiración, ella niega con la cabeza. —Bueno, no estoy
segura de eso, pero...
—Pero no quieres que El Borrón tenga razón sobre ti —le digo. Por más
valiente que sea Cammy, manejando cualquier cosa que la vida le arroje y
nunca retrocediendo, mi chica también es vulnerable.
—No importa —murmura.
Claro que importa.
—Cammy, mírame. —Esos grandes ojos azules se levantan para
encontrarse con los míos. No soporto la idea de que esté molesta y
prácticamente me arrastraría sobre mi vientre sobre vidrios rotos para quitar
esa mirada preocupada de su cara—. Hey, lo siento. Solo quería que te
sintieras mejor.
Quiero protegerla de los tipos que no la merecen.
Demonios, quiero protegerla de todo. Ha sido así por tres años. Desde
esa primera noche que fui a su casa con Greg para recoger a Julia. Allí
estaba Cammy. Veintidós años, Matty aferrado a su costado. Estaba tan feliz
por Julia, sonriendo esa sonrisa brillante y hermosa mientras nos
llevábamos a su hermana y ella se quedaba en casa. Pude ver el anhelo en
sus ojos, la envidia. Solo que en el segundo en que miró hacia ese niño
pequeño, desapareció.
Era una madre tan buena. Esforzándose tanto.
Al principio, solo quería ayudarla. Darle un respiro de vez en cuando.
Así que hacía apuestas tontas con Julia, ofreciéndome a cuidar niños aquí y
allá. Cammy volvería a casa y hablaríamos un poco sobre su noche antes de
que me fuera. La próxima vez hablamos un poco más. Y bastante pronto no
era solo cuidar niños y no era solo querer ayudarla. Caímos en el tipo de
amistad fácil que no encuentras con la mayoría de las personas.
Ella niega con la cabeza y suelta uno de esos largos suspiros que
generalmente significan que está superando su enojo. —Lo sé. Y gracias. —
Las comisuras de su boca se levantan, y es como el sol saliendo después de
un mes de lluvia—. ¿Viste su cara?
—¿La de El Borrón? Claro que sí. Estoy bastante seguro de que su boca
golpeó el suelo lo suficientemente fuerte como para sacudirle los dientes.
—¿Rux?
—Sunshine.
Pone los ojos en blanco, pero sé que le gusta cuando la llamo así. Y se
ajusta perfectamente a quién es ella.
—Nada de conejitas la próxima semana.
Recibo otro pequeño pinchazo en mi pecho para asegurarse, y luego
atrapo su dedo en mi mano y la atraigo para un abrazo que se siente como
todo lo bueno en el mundo. —No hay problema.
2

Cammy

—V amos, tienes que contarme —suplica Julia a la mañana


siguiente, con los brazos extendidos sobre la mesa de la cocina en una
súplica tan lastimosa como jamás he visto a mi hermana hacer.
Había planeado dedicar unas horas a mi trabajo de codificación médica
antes de que Matty regresara a casa, pero cuando ella se enteró de ese beso,
no hubo forma de postergar la conversación, no es que quisiera hacerlo.
Julia y yo hablamos de todo y la extraño como loca cuando no está.
Pero gracias a Dios por los horarios flexibles.
—¿Fue bueno? ¿Asqueroso? ¿Intentó comerte la cara o fue uno de esos
besos de labios apretados tipo programa educativo? Rux es un tipo tan
ostentoso, apuesto a que fue uno de esos besos donde tus labios están
cerrados pero mueves la cara por todos lados.
Debería responderle. Después de todos los años viviendo vicariamente a
través de la vida amorosa de Julia, exigiendo detalles que solo una hermana
menor se atrevería a pedir, sería justo. Pero diablos, ella nunca soltaba la
información sin hacerme trabajar un poco, y lo justo es justo.
Así que finjo leer el formulario de excursión escolar frente a mí. Muevo
mi bolígrafo por la página —tendré que leerlo de verdad más tarde, podrían
necesitar un acompañante— y parpadeo inocentemente al otro lado de la
mesa que solíamos compartir.
Sus ojos se entrecierran. Esta chica consigue que atletas profesionales le
cuenten sus secretos todos los días: es una mujer con la que hay que lidiar.
Pero también es mi hermana, y en una batalla de voluntades, no voy a ceder
fácilmente. Sería un insulto para ambas.
Finalmente, se quiebra. —¡Cammy!
¿Y quién soy yo para mantenerla en suspenso? —¡Está bien! Bien, bien,
bien. Relájate. Te contaré.
Ella se apoya en sus codos, con los dedos tamborileando
impacientemente sobre la mesa.
Me inclino hacia adelante. —Estuvo bien.
—¿Bien? —tose, echándose hacia atrás.
—Lo sé, sería mucho más divertido si se inclinara más hacia un extremo
u otro, pero la verdad es que, en cuanto a besos se refiere, el de Rux no fue
ni fu ni fa.
—¿Lengua?
—Por favor.
—Bueno, no sé. ¿Boca abierta o cerrada?
—Un poco abierta. Me sorprendió a mitad de un jadeo. No lo vi venir y
entonces —levantó las manos al estilo Rana René — ¡ahí estaba!
Julia hace uno de esos ruidos indefinidos y asiento.
—¿Ves a lo que me refiero? No es como si tuviera mal olor o un
problema de saliva.
—No, Rux siempre huele bien —dice, pelando una mandarina como si
estuviera tratando de hacer confeti.
—Es cierto. —Estirándome sobre la mesa, le doy un manotazo para
apartarle las manos, pelo esa cosa de un solo tirón y se la devuelvo.
Está impresionada. Y con razón. Pero el asombro por pelar una
mandarina tiene una vida útil de quizás tres segundos, y Julia todavía me
está mirando. O quizás observándome sería más preciso.
—¿Qué?
Su cabeza se inclina hacia el otro lado. —Rux.
—No. —Sé adónde va y simplemente no. Ella sigue observando, y yo
exhalo con impaciencia—. Julia, sé que sería adorable de todas las formas
posibles si terminara con el compañero de tu esposo, pero por mucho que
quiera a Rux —y absolutamente lo quiero— existimos únicamente en la
zona de amistad.
—Mmm.
—¿En serio?
Me da uno de esos encogimientos de hombros casi imperceptibles que
dominó en la secundaria y espera. Así que, aparentemente, sí. En serio.
—Bien. Te lo explicaré. Rux es increíble. Es leal y divertido. Guapo. Y
podría quererme casi tanto como quiere a mi hijo.
—Rux es el mejor.
—¿Verdad? —Suspiro pensando en lo afortunada que soy de tenerlo en
mi vida.
—Y tal vez algún día se le meta en la cabeza por cinco segundos que la
vida matrimonial podría ser divertida, y diez segundos después, hará muy
feliz a alguna conejita como esposa de deportista. Pero no a mí.
—Es exitoso, divertido, emocionalmente disponible, se lleva bien con tu
hijo, y vamos con eso de "guapo". Es ardiente. No como Greg, pero si te
gustan un poco salvajes.
—Sí, ves, justo ahí. Ese es el problema. No quiero salvaje. Quiero
estabilidad. Confiabilidad.
Julia me mira con una de sus miradas sin rodeos. —¿No quieres
salvaje?
Diablos, ella sabe lo que está haciendo. Y ahora estoy pensando en todo
lo que salvaje podría abarcar y me siento un poco acalorada. —No para
nada más que una cita con Bob. —¿A quién no le gusta una buena fantasía
de vez en cuando?
Ella resopla, poniendo los ojos en blanco. —Bob, ¿tu novio a baterías?
Tienes que dejar de llamarlas citas, Cammy. Me pone triste.
Tal vez también me pondría triste si me permitiera pensar demasiado en
ello, pero no lo hago. Lo que pienso son todas las formas en que soy
increíblemente afortunada en mi vida. Con Matty. Mi hermana. Rux, quien
definitivamente entra en la categoría de un poco salvaje, razón por la cual
es mucho mejor como amigo.
—Como sea. Todo lo que digo es que lo salvaje está bien para las
fantasías. Pero no es lo que busco a largo plazo. —Y ambas sabemos que,
en última instancia, es lo que busco. Mi propio final feliz—. Quiero un
buen tipo. Un tipo que esté comprometido a largo plazo, alguien con quien
Matty y yo podamos contar... Quiero un tipo que esté quizás un poco
cansado.
—¿Qué? —se ríe, sacudiendo la cabeza.
—No me interesa un tipo que vaya a tener tentaciones cada dos horas
por el resto de su carrera, ya sea otro equipo, una mujer más hermosa o
simplemente la siguiente aventura. Quiero al tipo que ya haya tenido la
aventura y quizás solo le guste la idea de quedarse en casa.
—¿Quedarse en casa? Sales una vez cada dos semanas. —Mira
alrededor, examinando el apartamento en el que solíamos vivir juntas—.
Este es un lugar lujoso, pero Cammy, en serio, ¿no has tenido suficiente de
quedarte en casa?
La descarto con un gesto. —Bien, quedarse en casa a veces. Sabes a lo
que me refiero. Sí, quiero enamorarme y que me barran los pies de la tierra.
Quiero esa necesidad palpitante en todo el cuerpo de acercarse más... de
tener más. —Me muerdo el labio y apoyo la cabeza en mi mano—. Pero por
encima de todo eso, quiero al tipo que se va a enamorar de ser parte de
nuestra familia. Así que mientras salvaje suena como una diversión que te
eriza la piel... busco el felices para siempre que le dé a Matty el tipo de
estabilidad y seguridad que tú y yo nunca tuvimos al crecer con mamá y su
desfile de inútiles.
Julia gime, sacudiendo la cabeza. —Bill.
—Tim.
—Sal.
—Puaj, Sal.
Nuestros ojos se encuentran y juntas decimos: —¡Harry!
Julia aplana su mano sobre la mesa y toma un respiro. —Cammy,
podríamos seguir enumerando a los novios de mierda de mamá uno tras
otro hasta la mañana. Pero esos tipos no fueron el verdadero problema.
—Lo sé. —Es una concesión calmada. Nada nuevo, pero nunca es fácil
decirlo en voz alta.
Nuestra madre estaba tan atrapada en el drama de su vida amorosa, en
su ciclo de malas decisiones, y en cualquier imbécil por el que sacrificaría
todo para no perderlo, que no le quedaba nada para nosotras. Si no fuera por
Julia... ni siquiera quiero pensar en lo que me hubiera pasado.
No quiero eso para mi hijo.
—Cammy, ya le has dado a Matty todas las cosas que nunca tuvimos.
Lo pones primero en cada elección que haces. Lo amas con todo lo que
eres. Y más que eso, le has dado una red de familia y amigos con los que
puede contar. Ese pequeño tiene estabilidad y seguridad a montones.
Y nunca quiero que lo pierda. Especialmente no porque me enamore de
un tipo —sin importar lo increíble que pueda ser— que no quiere las
mismas cosas que yo.
Mi teléfono suena y sonrío. —Matty dice que ellos estarán en casa en
unos diez minutos.
Mi hermana se recuesta. —Ellos estarán en casa, ¿eh? ¿Es eso lo que
esperas con Jeremy, ahora que ha vuelto? ¿Después de su aventura... quizás
un poco cansado?
—¿Qué? ¡No! De ninguna manera. Absolutamente no. Nunca. Ni un
poquito.
Cuando termino, ella inclina la cabeza. —¿Cómo se ve estos días, de
todos modos?
Jeremy tenía dieciocho años la última vez que mi hermana lo vio. Un
niño. Desde entonces ha estado casado, se ha divorciado y ha viajado por el
mundo.
—Se ve como... Jeremy. Pero como un Jeremy adulto. —Han pasado
siete años.
Sus hombros caen, y su boca se tuerce en un pequeño gesto disgustado.
Alcanzo mi té. —¿Qué querías que dijera?
—No sé, supongo que solo esperaba que el tipo hubiera perdido todo su
cabello o se hubiera puesto implantes. Malos. Que le hubiera crecido alguna
joroba benigna pero inoperable en la espalda.
Chasqueo la lengua y sonrío. —Es dulce que quieras eso para mí.
—Quiero lo mejor para ti. —Su voz baja a un susurro—. Y lo mejor
sería que Jeremy tuviera un exterior que coincidiera con su interior egoísta
y podrido.
Ha habido momentos en que habría estado de acuerdo con esa
evaluación del hombre que me prometió para siempre y luego me dejó
embarazada y sola. Momentos en que lo habría llamado con todos los
nombres del libro. Casi tantas veces como me dormí llorando imaginando
cómo sería que él volviera. A mí. A nosotros.
Pero ahora que ha vuelto —por Matty— realmente no sé qué pensar.
—Bueno, desafortunadamente, o tal vez afortunadamente —ni siquiera
lo sé— se ve prácticamente igual que siempre. Guapo de esa manera como
discreta. En forma, pero obviamente nada como Rux o Greg. Su cabello
sigue siendo espeso y rubio. Nariz recta. Ojos todavía...
—¡Guau! Ya es suficiente. —Julia me mira con severidad—. Cuando
describes a ese tipo, me dan ganas de vomitar. Porque puedo escuchar en tu
voz la misma adoración ciega que había en la secundaria. Y este tipo no se
la ha ganado. Si te pregunto cómo se ve, puedes decirme 'se ve bien'. Eso es
todo. Y si te encuentras pensando en lo espeso que es su cabello, piensa en
alguien cuyo cabello sea más espeso. —Comienza a chasquear los dedos—.
Rápido, dame un nombre. ¿Quién tiene cabello espeso?
—Rux tiene buen cabello espeso. —No es que piense en él de esa
manera. Pero su cabello es realmente espectacular. Es de un marrón cálido
con un poco de rojo que se nota al sol. Largo alrededor de su cara. Siempre
parece que acaba de levantarse de la cama. Pero de una buena manera. Un
poco salvaje.
La sonrisa vuelve. —Eso es de lo que estoy hablando. Entonces, ¿cómo
se ve Jeremy estos días?
Pongo los ojos en blanco exageradamente, pero le doy lo que busca. —
Está bien.
—¿Todavía en buena forma?
Caramba. —Supongo. —Y entonces, porque es mi hermana y burlarnos
es uno de nuestros lenguajes de amor, me abanico la cara con la mano,
abriendo los ojos lo más posible—. Pero no como Rux. Porque ese tipo está
buenísimo. —Añado un suspiro—. Más de seis pies de altura, músculo
sólido en un cuerpo que no tiene fin. ¿Y su cara? Rasgos duros y un poco
toscos en los bordes... delicioso. ¿Pero lo mejor de él?
Julia tiene las manos juntas bajo su barbilla, sus ojos brillando de
deleite. —Suéltalo.
Hay un golpe en la puerta y me pongo de pie, haciendo una pausa solo
para decir: —No está más interesado en mí de lo que yo estoy en él.
Un minuto después, mi pequeño está volando por la puerta principal y a
mis brazos. Está todo sonrisas y charla sin aliento sobre su noche con su
papá. Me da otro fuerte abrazo y siento que puedo respirar de nuevo.
Cuando miro hacia la entrada donde Jeremy está parado como si no
estuviera seguro de si debería entrar, me doy cuenta de que de todas las
cosas que he pensado, esperado y deseado sobre este hombre... lo que siento
más profundamente es gratitud por darme a este niño.
Por eso le digo: —Probablemente deberías correr. Julia está aquí.

Rux
—Hola, amigo, pasa —dice Greg Baxter, limpiándose el sudor de la frente
con el dorso del brazo mientras salgo del ascensor a su sala de estar.
Tiene un apartamento genial, beneficios de haber ido a la escuela con
Jack Hastings, el tipo que es dueño del edificio. Daría mi testículo izquierdo
por vivir en un lugar como este... bueno, tal vez el derecho, no, el izquierdo.
Les doy un ligero ajuste. A la mierda este lugar, ustedes se quedan
conmigo.
Actualmente está pedaleando como una bestia, sin ir a ninguna parte en
la bicicleta estática recientemente trasladada a su sala de estar. Si fuera yo,
tendría esa cosa frente a la ventana panorámica con vista al río y la ciudad
más allá, pero por muy bien que nos llevemos Greg y yo, somos de
diferente estilo. Tiene la cosa apuntando a su televisor, donde está viendo el
programa semanal de su esposa.
—Deberías haberme dicho que ibas a dar un paseo, habría traído mi
bicicleta también. —Casi puedo ver a los reporteros acampados afuera
esperando captar algo sobre el capitán de los Slayers, Greg Baxter,
viéndome cargar alguna enorme bicicleta estática por el vestíbulo.
Sería mejor que la nada que tienen para informar sobre su estado ahora.
Greg me muestra el dedo medio, riendo mientras sus piernas se detienen
y toma un trago de la botella de agua en el portabotellas.
Es bueno ver al tipo sonriendo. Con el final de mi carrera mirándome a
la cara, no estoy seguro de que yo podria.
—¿Cómo está el hombro?
—Más o menos donde debe estar según los médicos.
Esas son buenas noticias, supongo. Sería mejor si el hombro fuera la
única razón por la que Greg no está en el hielo. Pero aunque es lo que el
equipo ha estado compartiendo con los medios, el problema mayor es la
cabeza de este tipo. Después de una conmoción cerebral que lo dejó fuera
durante gran parte de la temporada pasada, el golpe que lo estrelló contra
las tablas y le jodió el hombro también le jodió la cabeza otra vez. No es
nada como esa primera conmoción, pero el hecho de que esté teniendo
problemas ha hecho que todos se pregunten si volverá.
Pero supongo que no es algo de lo que quiera hablar hoy cuando
empieza a preguntar sobre el partido de anoche.
—¿Sientes que está funcionando mejor con Vassar y O'Brian?
Me encojo de hombros, sin querer realmente admitir que no es así,
probablemente de la misma manera que él no está listo para admitir lo que
está pasando con su carrera. O tal vez no es lo mismo, ya que sería muy
difícil mirar a los ojos al tipo con el que he estado emparejado durante la
mayor parte de mi carrera y decirle que la estoy arrasando sin él.
Y a pesar de ese milagro anoche, no lo estoy.
No con Vassar y O'Brian, y tampoco con ninguna de las otras
combinaciones que el entrenador ha estado probando.
—Oye, sucederá, amigo.
Sucedería si él volviera, pero Baxter no es solo el capitán del equipo y
mi compañero en el hielo. Es mi amigo. Y mantenerlo a salvo es más
importante que cualquier cosa que suceda en un partido.
Toma otro trago. Luego: —¿Cómo están los chicos?
—Estarían mejor con su capitán de vuelta.
Sacude la cabeza, apuntándome con la boquilla de la botella. —Tienen a
su capitán. Olvida lo que dice tu camiseta. La única razón por la que no es
oficial todavía es porque...
—Porque tú eres su capitán —lo interrumpo—. Y lo serás hasta que
haya un anuncio oficial de que estás fuera. Y todavía no estamos ahí,
¿verdad?
Asiente y aunque ese todavía es algo grande entre nosotros, la tensión
en mi pecho comienza a aflojarse un poco. Sé que estoy en línea para la C
mayúscula, pero la verdad, no estoy seguro de estar a la altura del trabajo
como lo está Greg. Soy la bomba cuando se trata de respaldarlo. Así que
asistente del capitán, diablos, sí. Pero capitán no es un parche que haya
codiciado alguna vez. Me importa demasiado el equipo como para
arriesgarme a decepcionarlos.
—Dejando toda esa mierda a un lado, deberías salir con los chicos. Te
extrañan.
—Sí, tal vez. —Vuelve a mirar la pantalla grande y toma otro trago
largo.
Me dirijo a su cocina, meto la cara en el refrigerador para ver qué tipo
de delicias tienen él y Julia allí. Tengo un tipo que también viene y llena mi
refrigerador, pero nunca es tan emocionante como lo que hay en el de otra
persona.
—¡Mantente alejado de ese sándwich! —grita desde la esquina.
Murmurando una maldición, deslizo el sándwich que se ve increíble de
vuelta en el estante y cierro la puerta. Vuelvo a la sala con las manos
lamentablemente vacías y me dejo caer en el enorme sofá.
—Amigo, Cammy dice que besas como la mierda.
Sí, claro. —Ja-ja. Inténtalo de nuevo. ¿Qué dijo Cammy realmente?
Hay un brillo malvado en sus ojos y es mucho mejor que lo que hay
cuando hablamos del juego que ha sido una constante en nuestras vidas
hasta ahora. —Dijo que tu boca fue decepcionante como la mierda. Tomó
un Sharpie en el baño de mujeres del Five Hole y dejó una reseña de una
estrella.
—Tonterías. —Subo los pies a la mesa de centro—. No hay manera de
que ella dijera que soy un mal besador. Soy el mejor... tu mamá me lo dijo.
Greg gime, echando la cabeza hacia atrás con una carcajada. —Amigo,
no lo hiciste.
Me lamo el dedo y toco el aire sobre mi cabeza, añadiendo un pequeño
efecto de sonido de chisporroteo.
—Pero en serio, ¿en qué estabas pensando al besarla? —Me mira a los
ojos y después de un momento, se ríe otra vez—. Claro, no estabas
pensando.
Historia de mi vida.
3

Rux

—¿C ómo demonios es esto posible? —grito desde la cocina de


Cammy. Su refrigerador siempre está lleno. Tiene los mejores
bocadillos. Bocadillos caseros y montones de ellos.
Ya tenía hambre antes de salir de mi casa, pero sabiendo que vendría
aquí, esperé por las cosas buenas. Cupcakes. Pan de calabacín. Esas
enormes galletas con chispas de chocolate que guarda en una bolsa en el
congelador.
Pero hoy, nada.
—¿Dónde están los bocadillos?
Ella aparece en el umbral, con el puño apoyado en la cadera.
—¿En serio estás buscando comida? —dice con una tos—. Literalmente
estamos saliendo a cenar ahora.
Siempre tengo hambre. Y su refrigerador siempre está lleno. Señalo
adentro.
—¿Dónde está la comida?
Esa mirada divertida y paciente que me está dando se desvanece y un
toque de preocupación se asoma en sus ojos.
—Matty estaba preocupado de que no hubiera nada para comer en casa
de su papá esta noche. Le dije que estaba segura de que todo estaría bien,
pero de todos modos llenó la hielera de playa con la mitad de la cocina.
Cierro el refrigerador, mi apetito se ha esfumado.
Cammy está haciendo un buen trabajo fingiendo que deja entrar a ese
imbécil en la vida de Matty, pero sé que la está matando cada vez que tiene
que dejar ir a su hijo. Podría haberle dicho a Jeremy que se fuera a la
mierda cuando apareció de nuevo en Chicago, pero no lo hizo. Habiendo
crecido sin un padre, quiere algo mejor para su hijo. Y porque su corazón es
tan grande, también le importa que Jeremy tenga una segunda oportunidad
con Matty.
Si me preguntas, cualquiera que abandone a su novia embarazada
porque no podía manejar la responsabilidad es un verdadero idiota y no
merece otra oportunidad con el regalo que tiró. Pero por mucho que me
duela, no tengo voz ni voto. Así que solo intento estar ahí para mi chica lo
mejor que puedo.
Ella se lo merece.
—¿Matty estaba nervioso de que su papá intentara alimentarlo de nuevo
con hummus de tomate seco y galletas saladas? —Sí, me enteré de lo que
pasó la última vez.
—Eso parece —dice con una sonrisa suave, pero la preocupación sigue
ahí.
—Ese niño es todo tú. Listo como un rayo. No estaba seguro de que su
papá hubiera recibido el mensaje, así que decidió mostrarle cómo se hace.
—Y aunque sé que ella lo sabe, también sé que no hace daño escucharlo, así
que añado—: Estará bien.
Ella respira un poco más profundamente de lo normal y me da una
sonrisa que no es tan brillante como de costumbre. Y agradezco a Dios que
no me guarde rencor por ese beso. Porque puedo ver en sus ojos que
Cammy necesita un abrazo.
Al abrazarla, respiro profundamente el aroma del champú de vainilla
que tanto me gusta. Sus brazos rodean mi cintura y se relaja contra mí.
—Gracias, Rux. Necesitaba eso.
Tal vez yo también. Eso es lo bueno de estar con Cammy: me da cosas
que ni siquiera me había dado cuenta de que necesitaba. Cosas que calman
un lugar dentro de mí que hago lo mejor por olvidar, ese en el que ya es
demasiado tarde para arreglar.
Tengo muchos defectos y no le desearía tenerme como esposo ni a mi
peor enemigo, pero cuando se trata de ser el amigo de Cammy, lo estoy
haciendo genial. En esto, nunca la decepcionaré.
Pasando una mano por su espalda, miro hacia abajo la cascada de rizos
rubios contra mi camisa.
—Y yo necesito comida, Sunshine. ¿Qué dices si salimos de aquí y
conseguimos algo?
Ella se ríe contra mi pecho, y maldición si esa no es la mejor sensación
del mundo.
—Sí, vámonos de aquí.
Dejo que Cammy elija el restaurante y terminamos en este local
destartalado de fideos donde hemos estado un par de veces. No aceptan
reservaciones y les importa un bledo que yo sea un Slayer, así que siempre
tenemos que esperar, apretados en el nicho junto a la puerta con todos los
demás, pero la comida vale totalmente la pena.
Comemos, hablamos y bromeamos. Ella me muestra el patrón para el
delantal de Lego Masters que Matty le pidió que le hiciera. Negociamos
sobre qué vamos a ver esta noche, yo quiero The Curse of Oak Island y ella
quiere Blacklist, lo que siempre me mata, considerando cuántas novelas
románticas tiene cargadas en su teléfono. Pero cuando se trata de televisión,
todo es acción e intriga. Eso o documentales de rock.
Lo más probable es que veamos su elección, pero es divertido negociar
cuál va primero.
Para cuando he terminado el Pollo con Albahaca Tailandés que Cammy
no pudo terminar y la cuenta está pagada, me siento bastante bien por la
sonrisa en la cara de mi chica. Volvemos al nicho, abriéndonos paso entre
los cuerpos hasta donde cuelgan los abrigos junto a la puerta. La ayudo con
su abrigo y ella envuelve la bufanda azul que le regalé para Navidad en
algún tipo de nudo elaborado mientras yo me pongo mi chaqueta.
De repente siento su mano en la mía. Levanto los ojos porque, aunque
somos bastante cariñosos con los abrazos y me gusta estar cerca de ella,
agarrarse de las manos no ha sido algo nuestro. Pero entonces esa delicada
mano me da un apretón aplastante que me hace preguntarme si podré
sostener mi palo para el juego de mañana.
—Maldición, mujer, ¿qué...?
—Hazlo de nuevo —susurra a través de una sonrisa algo aterradora.
¿Hacer qué de nuevo? La ayudé con su abrigo. Choqué con al menos
cuatro personas porque el espacio es estrecho y soy un tipo grande. Pero me
disculpé. Sin embargo, si ella piensa que necesito hacerlo mejor... comienzo
a volverme hacia el tipo que está detrás de mí pero me detengo cuando me
da otro apretón que casi me tritura los huesos.
—¿Qué? —Mira, soy un tipo bastante rápido, no se me escapan muchas
cosas. Es lo que me hace bueno en lo que hago. Pero ahora mismo no tengo
ni idea de qué quiere esta mujer de mí. Pero basado en esa mirada
intensamente rara que me está dando, lo que sea, lo quiere con ganas.
—Bésame. Ahora —exige a través de dientes que no se mueven—.
¡Está aquí!
Y lo entiendo. —¿El Borron?
Empiezo a girarme pero, para ser una cosita pequeña, Cammy es
sorprendentemente fuerte y me jala de vuelta con un siseo: —No mires. No
mires. No mires.
Intento borrar la sonrisa de mi cara, porque, vamos.
—¿Qué? Te enojaste cuando te besé hace dos semanas. ¿Ahora quieres
otro?
Ese bufido enfadado. —No, no quiero otro, Ruxton. Pero prefiero eso a
que El Borron piense que solo me diste un beso de lástima o peor —su cara
se transforma en una máscara trágica de horror que me hace querer
abrazarla sin siquiera saber qué es lo peor— sexo por lástima.
Ahogando una risa estrangulada, le doy palmaditas en la mano mientras
libero cuidadosamente la mía.
—Whoa. Nadie piensa eso, Sunshine.
—Piensa en lo que me dijo. Cree que estoy desesperada. Que no tengo
opciones. Piensa que soy el tipo de mujer que sería presa fácil para un
jugador como tú.
—¿Presa fácil? —Dios, es adorable—. No podemos permitir eso.
—Tengo mi orgullo, Rux.
Tal vez, pero su confianza podría necesitar un empujón.
—Bien, entonces nuestra situación es esta. Realmente no quieres mi
beso –lo que es una locura porque es asombroso– pero lo necesitas para que
El Borron sepa que no estás desesperada. ¿Sí?
—Tranquilo, semental. Tu beso fue agradable. Pero mis expectativas
son altas.
Mis ojos se entrecierran. —¿Por quién?
Si me dice que algún chico de la secundaria de hace siete años que no
supo suficiente como para aferrarse a lo que tenía, puede que tenga que
hacer un punto que esperaba no tener que hacer.
—No beso y cuento —dice, con ojos que bailan con picardía.
Como sea.
—Pero sí. En lo que respecta a El Borron, ahora eres mi novio. —Suelta
un pequeño chillido, agarrando mi mano de nuevo para otro apretón—. Se
está dando la vuelta. Hazlo. Hazlo. Hazlo.
—Cammy...
Dándome un codazo en las costillas, se acerca más. —Solo hazlo y
bésame ya. —Ni siquiera me he movido una pulgada cuando su mano
empuja contra mi pecho, deteniéndome. Sus ojos están mortalmente serios
—. Y Rux, hazlo bien.
Por regla general, estoy totalmente dispuesto a darle a esta chica lo que
quiera. Ha tenido una vida difícil y hacerla sonreír es una de las mejores
malditas cosas en la vida. Pero hacerlo bien probablemente no sea una gran
idea. Dicho esto, tengo otra jugada en mente que podría serlo.
—Cammy, relájate. —Cuando ella respira, tomo su barbilla en el hueco
de mi dedo, llevando sus ojos a los míos.
Se queda quieta.
Paso mi pulgar por la curva de su labio inferior. Esta chica tiene la boca
más caliente, ácida y dulce, y es divertido jugar con ella así por un minuto
cuando normalmente me aseguro de dejar a un lado esas observaciones
objetivas. Pensar demasiado en ese labio sexy y suave podría meter a un
tipo en problemas.

Cammy

Rux es un tipo grande. Tiene músculos por todas partes. Manos


grandes. Hombros grandes. Un ego aún más grande. Pero cuando el
grandulón pone sus manos sobre mí, es increíblemente gentil, apartando el
cabello de mis ojos y colocándolo detrás de mi oreja con tanto cuidado
tierno que me derrito un poco.
No es lo que esperaba de mi amigo ostentoso.
—¿Qué estás haciendo? —pregunto en voz baja, demasiado consciente
de cómo su mano no se ha movido, y su pulgar acaricia mi mejilla.
—Siendo un buen novio. —Repite las acciones en el otro lado.
Nadie toca mi cabello, y la sensación de sus dedos en él casi me hace
gemir por el suave tirón. Tratando de mantener mi enfoque, susurro: —Este
beso necesita transmitir ternura a largo plazo y emoción. Entonces nunca
tendrás que hacerlo de nuevo.
Él asiente, la comisura de su boca temblando como si encontrara todo
esto tan lindo. Encuentra todo lindo. Lo cual es bastante lindo en sí mismo,
ahora que lo pienso.
Está sosteniendo mi rostro en la cuna de sus palmas. Como si fuera
preciosa. Como si nunca quisiera dejarme ir.
Como si estuviera poniendo mucho más en esta ficción de lo que
hubiera esperado. Diablos, la forma en que me está tocando casi es
suficiente para convencerme a mí.
Estoy a punto de decirle que continúe, pero entonces él empieza a
moverse y yo inclino mi cabeza hacia la suya, mis labios se separan
mientras me preparo para recibir este beso que realmente no quiero... que
no estoy esperando... que solo se trata de mi ego golpeado y una necesidad
mal ubicada de demostrar algo a un tipo que me importa un bledo.
Su rostro está tan cerca del mío, moviéndose a lo largo de los contornos
en esta lenta provocación, sus mejillas casi tocando las mías, narices casi
alineadas, tan cerca que puedo sentir el calor de su piel, el aliento que roza
mis labios, mi mandíbula -oh Dios mío- esa piel tierna debajo.
Trago. Intento mantener mi respiración uniforme, pero esta cosa que
está haciendo, este casi-beso que hace que mi corazón empiece a saltarse
latidos y mi estómago empiece a retorcerse, es algo realmente poderoso.
Y ni siquiera me ha besado todavía. Mis labios están comenzando a
hormiguear con el deseo. La atracción haciéndose más y más fuerte con
cada segundo que prolonga su provocación. Su boca está junto a mi oreja,
tan cerca que me dan escalofríos en el cuello por la sensación de ese poco
de aire cargado que ocupa el espacio entre nosotros.
—A la mierda este tipo, Cammy —murmura suavemente—. No merece
ni un solo pensamiento.
Asiento y el movimiento es suficiente para hacer contacto, llevando sus
labios contra el borde de mi oreja por un fugaz segundo. Justo lo suficiente
para que esa corriente de bajo nivel chisporrotee a través de mi piel,
arrancándome un suave jadeo.
Riéndose suavemente, Rux se aparta.
Una ceja levantada en una mirada tan arrogante y segura que en
cualquier otro momento tendría que darle problemas por ello. Pero hoy,
¿después de esto?
—Wow. De verdad sabes seducir.
Él asiente. —Lo sé, ¿verdad?
—Quiero decir, mi estómago se siente como si acabara de bajarme de
una montaña rusa en Six Flags y ¿ves esto? —Inclinando mi cabeza hacia
un lado, le muestro mi cuello.
—¿Escalofríos? Eres una cosita sensible.
Supongo. —Oye, no me besaste.
Me da otra sonrisa tan presumida que no puedo evitar sonreír con él. —
Estoy bastante seguro de que transmití el mensaje de todos modos.
Tiene razón. Aliviada, le sonrío. —Estás tan interesado en mí. Es
totalmente obvio.
—Sip. —Y luego pone su mano sobre la mía... donde he agarrado su
camisa contra su corazón—. Y no es unilateral.
Viendo lo que he hecho, mis cejas se disparan mientras me sonrojo,
alisando la tela con unas palmaditas de mi mano. —Parece que no.
—¿Estás lista para salir de aquí? —pregunta, abotonando mi chaqueta.
Asiento con la cabeza y nos dirigimos a la salida, probablemente
pasando junto a El Borron en la puerta. Pero honestamente, lo he perdido de
vista.
Afuera, Rux pone un pesado brazo alrededor de mis hombros y me
acerca, manteniéndome caliente.
—Gracias por eso, Rux.
—Claro.
Cuando llegamos a su camioneta, subo y me abrocho el cinturón
mientras él arranca el motor. Se vuelve hacia mí. —¿Qué?
—Debo admitir que ahora me pregunto qué tipo de beso tienes cuando
realmente lo intentas.
Negando con la cabeza y riendo, se incorpora al tráfico. —Apuesto a
que sí. ¿Y sabes qué?
Levanto una ceja.
—Me debes una. Vamos a ver Oak Island.
4

Cammy

A penas puedo mirarme al espejo. Lo de anoche fue... no fue nada.


Aunque de alguna manera mi subconsciente hambriento de sexo no está de
acuerdo y está haciendo un escándalo más grande de lo que debería por ese
casi beso que fue estrictamente para aparentar.
Nunca antes había tenido un sueño erótico sobre Rux. Jamás. Ni
siquiera antes de que fuéramos realmente amigos y todo lo que sabía de él
era que era esta gran y sexy estrella del hockey que salía con el novio
secreto de mi hermana. Aunque, en ese entonces tenía muchas cosas en
mente. Y para cuando lo había resuelto todo, Rux se había convertido en
alguien habitual en mi vida. Se había convertido en mi amigo. Uno que
necesitaba más que cualquier tipo de fantasía sexual.
Así que no, nada de sueños traviesos sobre Rux.
Hasta anoche. Cuando de repente aparece en mis sueños interpretando
un papel que nunca había hecho antes. ¿Y lo peor? Ni siquiera obtuve algo
de acción. Solo fue una repetición de los eventos de la noche anterior, pero
en lugar de sentirme deliciosamente mareada y silenciosamente
impresionada por las habilidades de galán de Rux... estaba completamente
atrapada en la cercanía de nuestros cuerpos, la forma en que su boca flotaba
tan cerca de la mía, la carga eléctrica que chisporroteaba entre nosotros.
Quería más.
Pero incluso cuando mi respiración se volvió irregular y mi pulso se
aceleró, él continuó atormentándome, provocándome, moviéndose a ese
espacio justo fuera de mi alcance. Tentándome con lo que no podía tener.
Haciéndome suplicar su nombre y susurrar ruegos que no respondería.
Todo lo que me daría era ese contacto visual cómplice, esa mirada de
párpados pesados.
Hasta que desperté estirándome hacia el espacio vacío de mi habitación,
sin aliento y excitada hasta un grado casi doloroso. Me avergüenza admitir
que pensé en Bob. Pero no había forma de que pudiera ceder a ese impulso
con Rux en mi mente... ¡Rux!
Nada cool.
Muy, muy, muy poco cool.
Y ahora Rux está en camino y no solo me pregunto cómo podré
mirarme al espejo... sino ¿cómo voy a poder mirarlo a los ojos?
El sonido de la puerta al abrirse dice que es demasiado tarde para
averiguarlo.
Me dirijo a la sala diciéndome que todo va a estar bien.
En serio, es Rux.
El tipo no tiene filtro y parece no entender el concepto de demasiada
información.
No hay razón para preocuparse. Ninguna.
La única razón por la que se volvería incómodo es si yo lo hago así.
—Buenos días, Sunshine. ¿Cómo dormiste?
Podría perfectamente esquivar la pregunta. Responder bien y seguir
adelante. Pero la idea de mantener en secreto un sueño estúpido se siente
como si le estuviera dando más poder, convirtiéndolo en algo más grande
que si simplemente lo saco a la luz.
Nos reiremos. Él me tomará el pelo mientras su ego se infla a
proporciones monumentales. Encontraré la manera de pincharlo.
Seguiremos con nuestro día.
—¿Tan bien, eh? —Se deja caer en el sofá, poniendo primero los cafés
y la bolsa de pan dulce en la mesa de centro—. Te traje una cosa de banana
nirvana esta mañana —dice, viéndose completamente encantado mientras
mueve su mano sobre la abertura para sorber, abanicando el aroma hacia su
nariz.
—Suena asqueroso, pero de todos modos me da curiosidad. —Me dejo
caer en el sofá junto a él, metiendo una rodilla en los cojines entre nosotros
mientras tomo la taza térmica humeante—. Oh, vaya, realmente huele bien.
Él asiente, su sonrisa haciéndose más grande cada minuto.
Este tipo es muy divertido. Devora nuevas experiencias como nadie que
haya conocido antes, y tengo que admitir que no está mal quedar atrapada
en la estela de esa emoción.
Doy un sorbo y mis cejas se levantan mientras mi boca entra en modo
derretimiento por lo delicioso que es. —Wow. Totalmente pensé que iba a
ser un fiasco, pero podría ser mi nueva bebida favorita.
Le paso la taza. Él toma un sorbo y cae hacia atrás contra los cojines del
sofá con un gemido que debería estar contenido en la recámara y me hace
querer patearme por dejar que mi cabeza vaya por ahí.
Rux es mi amigo. No quiero estar pensando en los sonidos que hace en
el dormitorio. Para nada. Pero aquí estoy, mirando fijamente la extensión de
sus largas piernas, la forma en que sus muslos pesados llenan sus
pantalones deportivos rojos y cómo su camiseta vintage de Easton se estira
sobre el terreno ondulado de sus abdominales.
—¿Qué pasa? ¿Sabor extraño? —Chasquea los labios, frunciendo el
ceño en concentración—. A mí todavía me sabe bien.
—No, el café está delicioso. Solo que... —Pienso en la forma en que me
había estado mirando en mi sueño la noche anterior y siento que mis
mejillas arden.
Agarrando mi muñeca, se sienta, con la sonrisa inclinándose como si
estuviera a un pelo de deslizarse de su cara—. ¿Solo qué?
Encontrando sus ojos, sacudo la cabeza y dejo escapar un suspiro tenso.
Lo cual odio, porque no hay nada tenso entre nosotros. Siempre es fácil y
abierto y... no voy a ser yo quien lo arruine convirtiendo la nada en algo
más grande de lo que debería ser.
—Esto es tonto y nunca me vas a dejar olvidarlo, pero...
Una ceja gruesa se levanta.
Tomo aire y me lanzo.
—Pero te metiste en mi cabeza con tu casi beso de anoche, y tuve un
sueño erótico contigo. —Las palabras salen precipitadamente y estoy
bastante segura de que voy a morir de vergüenza. Excepto que entonces
Rux suelta una carcajada, sus ojos brillando con satisfacción presumida.
—¡Dios mío, no tienes por qué reírte de eso! —exclamo, pero ya me
estoy uniendo a él mientras el alivio me inunda.
¿Cómo lo hace? Saber exactamente lo que necesito incluso antes que
yo.
—¡No lo estoy haciendo! —grita, dejando el café a un lado mientras le
pincho las costillas unas cuantas veces. Me atrapa la mano y me jala hacia
él, así que caigo contra su pecho.
Es un lugar donde he estado cientos de veces antes, y no voy a pensar
en ello de manera diferente ahora. Incluso si es un lugar bastante
espectacular para aterrizar.
—Bueno, quizás un poco.
Le pellizco las costillas y usando algún tipo de fuerza sobrehumana de
estrella de hockey, me acomoda a su lado, de manera que estoy debajo de su
brazo y mitad entre él y el respaldo del sofá, mitad encima de él.
De nuevo, es un lugar donde he estado cientos de veces antes. Es una de
mis formas favoritas de estar cuando vemos una película después de que
Matty se ha ido a la cama o simplemente estamos hablando y Rux quiere un
abrazo.
Ahora, su gran brazo me sujeta con fuerza, manteniéndome cerca
mientras deja escapar un suspiro de satisfacción.
—¿Y cómo estuve? —pregunta, bajando la barbilla para darme una
sonrisa lasciva—. Fui un semental, ¿verdad? Sacudí tu mundo hasta sacarlo
de su eje.
Dejo escapar una risa, más que agradecida de habérselo contado y de
que él hubiera encontrado exactamente la forma correcta de disipar
cualquier tensión que pudiera haber estado guardando al respecto.
—Fuiste un maldito provocador.
Se queda quieto y luego retrocede de nuevo. —¿Eh?
—Sí, era todo ese mismo juego que me hiciste anoche, excepto
multiplicado por diez. Y luego me dabas esas miradas sexys que, no voy a
mentir, eran bastante potentes.
Se aleja aún más, con un profundo surco grabado entre sus cejas. —¿El
mismo juego como que ni siquiera nos besamos?
—No me lo dabas. Yo lo quería, mucho. Pero no. No estabas siendo
complaciente.
Ese gran brazo me aprieta de nuevo y él sonríe contra mi cabello. —
Una completa estupidez de mi parte, Sunshine. Lo siento.
Me acurruco en su costado un poco más profundamente y suspiro. —
Fue una estupidez, pero te perdono.
—El Rux de los sueños suena como un idiota. Bastante desconsiderado
considerando...
Estoy tan relajada que creo que podría quedarme dormida justo donde
estoy. Pero hay algo en la forma en que ha dejado esa frase...
Levantando mi cabeza, encuentro sus ojos. —¿Considerando qué?
Oh sí, esa sonrisa es de todo tipo de traviesa e impenitente. —La
Cammy de los sueños siempre se entrega.

Cammy

—¡No dijo eso! —Julia prácticamente grita a través de la línea mientras


hurgo en mi escritorio, alineando mi pequeño montón de notas adhesivas en
forma de corazón con el dispensador de cinta en forma de tacón alto.
—Totalmente lo dijo. Y peor aún, ¡luego me guiñó el ojo! Y ahora, me
ha estado enviando estas fotos de labios toda la tarde.
—¿Qué demonios es una foto de labios?
—Como una foto de pene pero mostrando su sucia boca en lugar de su
paquete. —Pongo los ojos en blanco solo de pensar en la variedad de fotos
de los labios de Rux llenando mi teléfono—. Mira, te envío una ahora... Al
principio pensé que había tropezado accidentalmente con el teléfono, de
alguna manera tomó la foto y la envió, pero luego recibí la siguiente. —Y la
siguiente después de esa.
Espero, y sí, el chillido de mi hermana dice que la recibió.
—Dios, se está mordiendo el labio.
—Pero solo un poquito. —No como si estuviera tratando de
arrancárselo de un mordisco.
—Sí, algo elegante pero aún sexy.
—¡Eso es lo que le dije! —Me encantan esos momentos en que Julia y
yo compartimos el mismo cerebro. Ella es seis años mayor que yo, y ni
siquiera tenemos el mismo padre, pero somos cercanas de una manera que
viene de ella interviniendo y criándome cuando nuestra madre no estaba a
la altura de la tarea. O sea, la mayor parte del tiempo.
—Hay otra aquí con solo un indicio de lengua. Como apenas nada...
¡pero es tan sucio!
Julia y yo diseccionamos algunas fotos más antes de que escuchar a
Greg poniéndose curioso desde su lado de la línea. Menos de un minuto
después, tengo un mensaje de texto de Rux, porque esos dos son como
niñas de doce años.
Rux: Esas eran fotos privadas. No puedo creer que las hayas
compartido.
Y por supuesto está puntuado con un pequeño emoji de labios que
parece un signo de exclamación.
Cammy: Mi teléfono fue hackeado.
Rux: El internet es para siempre.
—Oye, préstame atención —bromea Julia a través de la línea—. Puedes
textear con Rux en cualquier momento.
—¡Perdón, perdón! —digo, tomando rápidamente una foto de mis
propios labios, ampliamente sonrientes, y aunque no estoy usando lápiz
labial, se la envío a Rux—. ¿Cuándo se van a Los Ángeles, de todos
modos?
Con Greg fuera por el futuro previsible, él va con Julia mientras ella
filma su programa.
—Mañana por la noche. Estaré allá por dos semanas pero Greg podría
volver antes. Oye, ¿cómo le fue a Matty en lo de Jeremy anoche?
Y así, mi buen humor muere. Saliendo de mi oficina, echo un vistazo
por el pasillo hacia la puerta de mi hijo. —Bien. Trajo de vuelta la hielera
vacía, para que su padre pudiera guardar los bocadillos para la próxima vez
que viniera. Y cuando llegó a casa, habló como por un kilómetro por minuto
sobre jugar a las cartas y juegos de mesa.
Julia también está más reservada ahora. —Es lindo que se haya
divertido.
—Lo es —concuerdo, sabiendo que a ninguna de las dos nos encanta
realmente tanto. A pesar que ambas queremos que Matty pueda tener el tipo
de relación con su padre que ninguna de nosotras tuvo con el nuestro,
todavía es un poco difícil emocionarse tanto por el hecho de que mi hijo se
esté uniendo a un hombre que, en el fondo, me preocupa que lo deje de
nuevo.
—¿Cuándo va Matty otra vez?
—Se va a quedar a dormir el fin de semana después del próximo, pero
creo que Jeremy lo verá unas horas el próximo sábado con sus padres.
—¿Cómo van las cosas con los abuelos ahora que él está de regreso?
—Es un poco extraño, la verdad. Como si tal vez no estuvieran seguros
de cuán cercanos deberían ser conmigo. No sé. Tal vez no es justo, pero
siento que cada vez que los he visto desde que dijo que volvería a casa, su
madre me ha estado mirando de manera diferente.
—¿Crees que está preocupada de que no dejes que Jeremy vuelva a la
vida de Matty de la manera que ella quiere?
Posiblemente. Los padres de Jeremy nunca han sido mis mayores fans.
Cuando salíamos en la preparatoria eran amables y acogedores, pero había
una frialdad, un desapego allí. Y cuando quedé embarazada, cambió a algo
más parecido a la culpa.
En ese momento, fue decepcionante porque siempre había soñado con
ser parte de una familia grande, cálida y amorosa, y estaba claro que ese no
era el caso con los Levenson. Y cuando Jeremy me dejó, bueno, no los volví
a ver durante un año. No hasta que se comunicaron, queriendo tener una
relación con su nieto.
—Creo que solo está tratando de averiguar cómo esto va a afectar su
relación con Matty. Han estado llevándoselo cada dos viernes por la noche
durante los últimos cuatro años. Ahora lo hace Jeremy y —suspiro,
sacudiendo la cabeza— hay un tiempo limitado que estoy dispuesta a
renunciar a mi hijo. Así que sí, va a ser diferente.
—No puedes sentirte mal por eso, Cam.
Mi corazón duele y asiento. —Lo sé. Es solo un poco difícil a veces
cuando la vida se siente como si se estuviera escapando de mi control.
Quiero algo mejor para Matty de lo que nosotras tuvimos. Y antes de que
Jeremy decidiera mudarse de regreso, de alguna manera pensé que podría
estar dándoselo. No tenía un padre, pero tenía todo lo demás. Tenía
estabilidad. Se sentía seguro. Y ahora que Jeremy está de vuelta, está
obteniendo la parte del padre, pero esa seguridad se siente como si se
estuviera escurriendo entre mis dedos.
—Oye, sé cómo se siente eso y sé lo aterrador que es. Pero esto no va a
ser otra repetición de lo que pasó durante nuestra infancia. Esto va a estar
bien. Tú y Matty tienen una estructura de apoyo aquí con la que mamá
nunca podría haber soñado y que ni siquiera habría querido. Va a estar bien.
—Te quiero, Julia.
—Yo también te quiero, pequeña.
5

Rux

S e nos acaba el tiempo. Vamos perdiendo por dos con menos de cinco
minutos en el reloj, y estoy desconectado. Fuera de sincronía con los
muchachos, fallando tiros que no debería fallar. Estoy medio segundo
atrasado, cuando necesito estar adelantado, y nos está costando el partido,
maldita sea.
Girándome, desenredo mi palo del de Halson, empujando con fuerza
para liberarme, para quedar abierto. Hay un instante cuando estoy buscando
dónde debería estar Greg, pero estoy alineado con Vassar y O'Brian, y en
lugar de saber instintivamente dónde están, tengo que buscarlos. Llegar a
donde puedan encontrarme.
Sucede, pero no puedo ignorar ese medio segundo de retraso que se
siente mal en todos los malditos sentidos. Incluso cuando derribo el disco
del aire y lo llevo por la pista, incluso cuando encuentro ese pequeño
espacio entre los tipos que me pisan los talones y el compañero que se
posiciona con potencia. Incluso cuando el disco aterriza en su palo y un
simple movimiento de muñeca después, la red se ilumina y la multitud
enloquece... no puedo sacudirme ese medio segundo de retraso porque se
siente como la razón por la que seguimos abajo por un punto en lugar de
liderar.
Es la razón por la que no ganamos.
Todos tienen demasiada agresión embotellada por dentro. Estamos
encabronados porque este es un partido que deberíamos haber ganado.
Podríamos haberlo ganado, si las cosas fluyeran entre los jugadores con
más consistencia... Si yo pudiera unirlo todo.
Odio esta sensación de decepcionar a los muchachos. Sé que ellos no
dirían que lo hice y sé que me dirían que se necesita más de un jugador para
formar un equipo. Pero también sé cómo se siente cuando esa conexión está
asegurada. Cuando ese medio segundo está a tu favor en lugar de trabajar
en tu contra.
Cuando termino con las entrevistas y la charla sincera con el entrenador,
no tengo ánimos para salir. Al menos no con los muchachos a los que
decepcioné esta noche. Lo que quiero es volver al departamento de Cammy,
sentarme en el sofá y escuchar sobre su día. Quiero saber con quién jugó
Matty en el recreo y si el horneado de tortellini que estaba probando de
Pinterest era realmente tan bueno como la lasaña casera. Quiero relajarme
de una manera que no consigo con nadie más que con ella.
Pero Cammy estuvo en el partido esta noche. Y tenemos planes para
encontrarnos en el Five Hole. Así que ahí es donde voy.
Entro al bar con Vassar y recibo una versión ligeramente más moderada
de nuestro saludo normal. Todavía hay vítores y palmadas en la espalda, y
tipos y chicas que nunca antes había visto acercándose a mi espacio para
decirme lo fan que son. Y sé que soy un imbécil afortunado, así que aunque
esta noche realmente no tengo ganas de estrechar todas las manos y sonreír
a todos los cumplidos que no siento que merezco, lo hago de todos modos.
Finalmente, despejo la entrada del bar, y una vez que llego al fondo, la
multitud se dispersa. Es una especie de regla no escrita en el Five Hole y la
razón principal por la que la mayoría de los muchachos vienen aquí: una
vez que pasamos esa primera área abierta, se nos permite ser tipos que salen
a tomar una cerveza. La gente no se nos acerca para apretones de manos o
selfies, no piden autógrafos.
Cammy está en el extremo del bar con Natalie, y solo verla ahí vestida
con mi número, con la cabeza inclinada hacia atrás, los ojos brillantes
mientras se ríe de algo que dijo Nat, es suficiente para aflojar la tensión que
aprieta mi pecho. Vassar coloca una mano en mi hombro y pasa a reunirse
con su chica. Agarrando cuatro cervezas de la barra, Cammy me encuentra
con esa sonrisa de la que no me canso.
Y todo está bien.
Tomo una de las cervezas y paso un brazo alrededor de sus delgados
hombros, atrayéndola para un abrazo mientras caminamos hacia nuestra
mesa habitual.
—¿Matty llegó bien a lo de Teddy? —No es la semana de Jeremy, pero
Matty fue invitado a una pijamada en la casa de su mejor amigo por esta
noche.
—Sí, Sally me envió un mensaje para avisarme que se lanzaron sobre
los Legos en cuanto llegaron y no pararon hasta irse a la cama —Levanta su
teléfono y no puedo evitar sonreír ante la foto del pequeño con su amigo
rodeados de un mar de piezas diminutas.
—Mira ese speeder, qué bien.
—Los ha estado construyendo una y otra vez desde que le enseñaste
cómo. Está muy orgulloso de su nueva habilidad.
Me siento más erguido y me limpio los hombros. —Soy chingón con los
Legos.
Cammy pasa a la siguiente foto: Matty dormido en la cama plegable en
el cuarto de Teddy, su rostro tranquilo, pelo un poco despeinado sobre su
frente.
—Demonios, hiciste un niño muy lindo.
Ella sonríe a mi lado y me entero de todas las cosas que me gusta
escuchar sobre su día, como la toma descartada hilarante que Julia
compartió de la grabación con uno de los novatos de los Bears. El tipo
estaba tan nervioso que terminó derramando una taza de café sobre su
pecho y luego estaba tan mortificado que intentó limpiarlo.
—Y su cara está como púrpura a estas alturas y ella sigue diciéndole
que está bien y los productores están invadiendo el set, pero él no suelta las
servilletas. Y me refiero a que este chico prácticamente le está agarrando el
pecho —está levantando sus manos, imitando toda la situación con una
mirada frenética en su rostro— y es como si pudieras ver en sus
horrorizados ojos que sabe que lo está empeorando pero simplemente no
puede parar.
Esto es lo que necesitaba.
Solo que entonces el rostro de Cammy pierde algo de su luz. Sigo sus
ojos hasta donde se abre el bar, y a pocas personas de Vassar y Nat está El
Borron.
—Jesús, este tipo está en todas partes.
Los músculos que apenas habían comenzado a destensarse de repente se
tensan de nuevo. Ese sentimiento de futilidad y exasperación presionando
en mi pecho.
Excepto que, a diferencia del partido, estoy bastante seguro de que
puedo hacer algo al respecto.
Cammy se recuesta en su silla y toma un trago de su cerveza. —
Olvídate de él. Yo ya lo hice.
—Lo haré —Extiendo la mano y aparto un rizo rebelde de su rostro,
metiendo ese mechón rubio detrás de su oreja—. Justo después de esto.
—¿Después de qué? —Sus ojos se abren un poco más, como si en algún
nivel ya lo supiera.
Dejando que el dorso de mis nudillos acaricie la sedosa piel de su
mejilla, me acerco más. —Justo después de dejar claro mi punto —Y me
inclino el resto del camino y la beso.

Cammy

El beso de Rux es una suave presión tan diferente de aquella primera


demostración de hace unas semanas, que apenas reconozco la conexión.
Mientras ese beso había sido repentino, una presión de partes del cuerpo de
manera casi clínica, esto se siente infinitamente diferente.
Tal vez es la forma en que me miró, buscando mis ojos antes de
acercarse. O el tierno toque que puso mis terminaciones nerviosas al límite.
O quizás es solo que pude leer en sus ojos lo que iba a hacer y después de la
semana pasada con ese casi-beso, sentía un poquito más de curiosidad de la
que debería tener.
Pero en lugar de provocar un shock frío de sorpresa, este beso me
calienta, enviando zarcillos de calor a través de mis labios y por mi piel.
Despertando una conciencia que no se supone que deba sentir con mi mejor
amigo, pero que es tan buena y agradable y diferente de cualquier cosa que
haya sentido en años... que me inclino hacia ella en lugar de alejarme.
Una de sus grandes manos se desliza entre el cabello en la parte
posterior de mi cuello y la otra suavemente acuna mi mandíbula,
sosteniéndome mientras prueba mis labios nuevamente. El contacto se
prolonga antes de romperse mientras su mano se desliza por la longitud de
mi cuello hasta justo debajo de mi clavícula, dejando más de ese calor que
despierta mis nervios a su paso.
Se siente bien. Tal vez demasiado bien.
Mis ojos se abren lentamente, porque vaya.
Tomando mi mano en la suya, entrelaza nuestros dedos, sosteniéndolos
contra su muslo como si fuéramos...
—Totalmente un movimiento de novio —murmura, inclinando su
cabeza hacia la mía—. ¿Verdad?
Un suave suspiro se escapa de mis labios aún hormigueantes y toco los
dedos de mi mano libre contra ellos. —Definitivamente un movimiento de
novio.
Tanto así que puedo sentir cómo los cables comienzan a cruzarse en mi
mente. La línea que siempre ha sido tan clara que nunca tuve que pensar en
ella antes... se está difuminando un poco.
Y lo veo.
Rux sería un novio realmente bueno para alguien.
Para la chica adecuada. En el momento adecuado. Si alguna vez
decidiera que eso es lo que quiere.
—Pensé en ir con todo, devorando tu boca como un hombre hambriento
—Está frotando el dorso de mi mano con su pulgar mientras habla: caricias
ligeras, círculos suaves—. Pero eso es más como algo del calor del
momento. Así que opté por algo más sutil.
Asiento, tratando de no pensar en esos pequeños círculos. En los
hormigueos que se extienden desde ese toque contenido. El calor
desplegándose en mi vientre mientras Rux discute casualmente su elección
de beso. Trato de no pensar en cómo habría sido esa otra versión.
—Parece que fue la decisión correcta. Estoy impresionada —Y aunque
no me siento tan indiferente al respecto como aparento, realmente lo estoy.
Él mira hacia donde nuestras manos están entrelazadas sobre su
montaña de muslo y luego me sonríe de nuevo. —Esto es agradable. El
tomarse de las manos. ¿Sería raro si quisiera hacerlo todo el tiempo?
Le doy un apretón. —Para nada.
Vaughn y Nat se deslizan en los asientos frente a nosotros, y Vaughn
levanta una ceja. —¿Ustedes dos tomados de la mano debajo de la mesa?
Rux asiente. —Somos pareja. Totalmente enamorados el uno del otro a
un nivel más que físico.
Natalie se recuesta en su silla con una sonrisa encantada y pregunta: —
Vaya, ¿entonces esto se está poniendo serio, eh?
—Claro que sí. Tres semanas de aniversario esta noche. Pensé en traerla
de vuelta a donde todo comenzó.
Casi escupo mi cerveza y, mirando al tipo que me hace reír como nadie
más, inclino mi cabeza. —Es tan sentimental.
—Ella está loca por mí. Pensando en esas tres pequeñas palabras —Se
inclina hacia nuestros amigos—. Estoy listo para presentarla a mi madre.
No es demasiado pronto, ¿verdad, Sunshine?
—Ya conocí a tu madre. Dos veces —Es como una versión suavizada de
su hijo... pero aún completamente exagerada.
Rux frota mi mano contra su muslo, inclinando su cuerpo hacia mí de
nuevo. —Sí, ella te adora. Tal vez podamos hacer una videollamada con
ella una de estas noches cuando Matty esté en casa.
Desde el otro lado de la mesa, Vaughn está sacudiendo su cabeza. —
Ustedes están locos.
Tal vez un poco. Mis ojos se dirigen a Rux. Tal vez mucho. Pero no lo
querría de otra manera.
Rux finalmente suelta mi mano. No hemos visto a El Intruso desde
antes del incidente del beso-de-novio-de-calidad, pero Rux no está
renunciando a la pretensión. Deja un beso en mi mano antes de ir a buscar
otra cerveza para Nat y para mí, y en el momento en que se sienta de nuevo
me atrae a su lado como siempre lo hace, excepto que no del todo como
siempre. Mi espalda descansa contra su costado, y donde su brazo
normalmente estaría enganchado detrás de mí, esta vez, se curva sobre mi
hombro, para que nuestras manos estén juntas en las proximidades de mi
corazón.
Nat y Vaughn nos dan mierda por eso, pero todo se siente tan natural
que es demasiado fácil olvidar que no es real. Que Rux no siempre sostiene
mi mano o juega con mi cabello. Que antes de esta noche, existía un
centímetro de espacio entre nosotros.
6

Rux

—¿L ista para irnos de aquí? —pregunto mientras Cammy bosteza


cubriéndose con la mano. Todavía está acurrucada a mi lado,
más cerca de lo que normalmente llego a abrazarla y, no voy a mentir, es
bastante agradable.
—Oh, sí, claro. Si tú lo estás. —Se sienta derecha, con los ojos alertas
mientras examina la multitud a nuestro alrededor.
Ahh. Buscando a El Borron. Probablemente preguntándose qué tipo de
movimiento sin cerebro voy a hacer en el camino de salida. No puedo
culparla realmente después de las libertades que me he tomado esta noche.
Tengo suerte de que no me haya arrancado la cabeza por robarle otro beso.
Pero me molesta un poco que estuviera preocupada de que un solo beso
la hiciera parecer disponible para una aventura de una noche. Incluso con el
poco tiempo que pasé con ese tipo, la mayoría de la gente se da cuenta
rápidamente de que soy bastante protector con Cammy. Y aunque ella se
sintiera vulnerable, de ninguna manera permitiría que nadie —ni un
compañero de equipo, ni un amigo, ni yo mismo— se acercara lo suficiente
como para aprovecharse.
Y no voy a dejar que algún imbécil demasiado estúpido para ver qué
tipo de oportunidad única en la vida tenía a su alcance piense lo contrario.
Aun así, es divertido recalcar el punto. Pero no es algo de lo que
Cammy deba preocuparse por una repetición después de esta noche.
—Estoy bastante seguro de que ya se fue —digo, pasando una mano por
su hombro—. Lo vi a él y a esos dos idiotas con los que siempre anda
dirigiéndose a la puerta cuando fui por las cervezas antes.
Estoy medio esperando que me ataque por mantener la farsa cuando ya
no la necesitábamos. Pero ya tengo mi defensa lista, así que puede venir con
todo. ¿Qué tal si él tenía otros amigos en el bar? ¿Qué pensarían si nos
distanciáramos en el segundo que ese tipo saliera por la puerta?
Es una excusa legítima, pero no la principal.
Acurrucarme con Cammy simplemente se siente bien. Y aunque recibo
afecto físico de ella regularmente, esto es diferente. Me gusta sostener su
mano. Tocar su cabello. Demonios, me gusta besar esa boca suave y dulce
suya. Pero nada de eso es realmente apropiado entre amigos, a menos que
tengan una muy buena excusa.
Y casualmente... yo la tengo.
Sí, voy a seguir siendo tan implacable como siempre para descartar
cualquier pensamiento extraviado que cruce la línea. Pero también voy a
disfrutar de esto mientras lo tenga. Porque es agradable.
—¿Se fueron? —pregunta ella.
—Casi seguro.
Su columna se relaja y con la forma en que sus hombros caen y sus ojos
se desvían... eso no puede ser correcto... casi parece... ¿decepcionada?
—¿Estás bien?
Tan rápido como apareció esa mirada, desaparece. Y entonces ella me
está sonriendo. Agarra su abrigo y me deja ayudarla a ponérselo.
Nat y Vassar ya se han ido, así que nos despedimos de Diesel y Grady,
quienes están acurrucados al final de la barra.
Una vez que estamos en la camioneta, ella se vuelve hacia mí. —Eres
un muy buen novio, Rux.
—Siempre y cuando nadie cuente realmente conmigo para nada.
Ella sacude la cabeza y, aunque sé que es verdad, me gusta que no esté
de acuerdo.
Incorporándome al tráfico, me dirijo hacia su casa. —Pensé que iba a
tener que soportar otra paliza de dedos punzantes por robar ese beso.
Capto cómo pone los ojos en blanco y luego cambio de carril.
—¿Qué? No. Ese beso fue lindo. Como dijiste, un beso perfecto de
novio.
—Tengo habilidades, nena.
Estamos detenidos en un semáforo cuando miro de reojo, listo para
cualquier comentario que esté a punto de lanzar contra mi ego. Pero hay
algo en la forma en que se da vuelta que pone mis sentidos arácnidos en
alerta.
—¿Qué pasa con esa mirada? —Mierda, tal vez realmente pensó que mi
beso fue malo. Esa primera vez no estaba haciendo un puto esfuerzo. Pero
ese beso de esta noche fue agradable. Mejor que agradable. Demonios, fue
más difícil de lo que esperaba detenerme porque fue tan agradable—.
¿Todavía crees que soy malo besando?
—¿Qué? —grazna, luego cubre su rostro con sus manos—. Umm... no.
Definitivamente no eres malo.
—Entonces, ¿qué pasa con todo... esto? —Agito mi mano frente a su
cara.
Una respiración profunda y luego se acomoda en su asiento para
mirarme más de frente. —Dios, como si tu ego realmente necesitara inflarse
más.
Ahora tiene mi atención. —Realmente lo necesita. Solo un bombeo
más, por favor.
Estoy siendo un idiota, pero ella me quiere de todos modos. Y quiero
saber qué está pasando. Después de un pequeño soplido, mira el parabrisas
y suspira. —Tu beso es realmente tan bueno, que tal vez estaba un poco...
decepcionada de que El Fantasma se fuera después del primero.
Esta vez es mi ceja la que se levanta. Me siento un poco más recto. —
¿Por qué es eso?
Sí, lo sé. Pero quiero oírla decirlo.
En su lugar recibo un golpecito en el brazo y ella murmura entre
dientes.
Maldición, es adorable.
—Lo siento, no escuché eso. ¿Qué decías?
Golpe, golpe.
—Así que esperabas otra probada de la buena mercancía antes de que
nos fuéramos del bar. Un beso no del todo real y ya estás enganchada, ¿eh?
Sus brazos se cruzan sobre su pecho, pero no me está engañando. No
cuando no puede luchar contra esa sonrisa ni para salvar su vida.
—Por favor. Quería un beso más. Uno. No he tenido un beso decente en
una eternidad. Y solo pensé... que si tenía una buena excusa... tal vez no
sería tan malo probar uno de tus otros besos característicos. Eso es todo.
Eso es suficiente para mantener la sonrisa en mi cara durante el resto del
viaje de regreso a su casa.
Tengo suerte con un lugar en su calle y la acompaño a su edificio. El
tipo en la recepción, Saul, creo, saluda y nos desea buenas noches. Volveré
después de que Cammy esté dentro de su apartamento, y lo más probable es
que saque el tema del partido antes de que me vaya.
En el ascensor, miro la mano de Cammy a su lado y deseo poder
sostenerla de nuevo. Solo porque es agradable. Nada más.
Cuando llegamos a su puerta, uso mi propia llave pero detengo a
Cammy antes de que entre.
—¿No entras? —pregunta.
Y maldición, quiero hacerlo. Pero algo me dice que es mejor idea irme a
casa.
—Esta noche no. —Pero en lugar de retroceder por el pasillo con la
promesa de llamarla mañana, me apoyo en el marco de la puerta y me doy
permiso para mirarla como la mujer que es en lugar de la amiga que
significa más para mí que el mundo.
Hay un parpadeo de confusión en sus ojos cuando se encuentran con los
míos, pero desaparece con el enganche de su respiración.
Esta mujer es mi mejor amiga, pero estaría mintiendo si dijera que ese
sonido no me afecta.
Atrapando mi rizo rebelde favorito, coloco ese mechón rubio rebelde
detrás de su oreja y dejo que mis dedos se detengan allí.
—¿Qué estás haciendo? —susurra.
Deslizando mi mano alrededor de su sedoso cuello, dejo que mi boca
caiga en la sonrisa enganchada que siempre ha dado resultados con las
chicas.
—¿Qué crees que estoy haciendo?

Cammy

—Oh, Dios mío. Vas a besarme. —Mi corazón comienza a saltarse latidos,
mis ojos recorriendo desde esa sonrisa sexy como el pecado que le he visto
usar con otras chicas, pero nunca conmigo, hasta esa postura casual que de
alguna manera hace que sus hombros ya imposiblemente anchos sean aún
más anchos, y los ojos que parecen tener un secreto detrás... uno que tendré
mucha suerte de conocer.
Definitivamente va a besarme.
Su otra mano se levanta para acunar mi mandíbula, el pulgar rozando
suave como una pluma mi mejilla mientras sus dedos se entrelazan en mi
cabello. La sensación de ser sostenida así es abrumadora. Embriagadora.
Tan buena que tengo miedo de respirar por temor a que sea una señal del
final y este toque suave e íntimo desaparezca.
Pero luego está inclinando mi cabeza hacia atrás. Y los ojos que estaban
fijos en los míos bajan a mi boca. —¿Qué es uno más, verdad? —dice en
voz baja, su voz profunda retumbando mientras cierra la distancia entre
nosotros—. Un último pequeño momento de diversión besándonos entre
amigos, ¿no?
—Sí —exhalo, y quiero que me bese. Tal vez todo apasionado y
devorador como había mencionado. Pero solo pensarlo hace que un chillido
de emoción suba por mi garganta y mi mano aparece entre nosotros—.
Espera, dame un segundo. No quiero estar riéndome cuando lo hagas. Si
este es el último, quiero que sea bueno.
Rux mantiene su suave agarre en mí, su risa áspera sonando mientras
intento quitar la sonrisa de mi cara, pero cuando no desaparece, suspiro. —
Eres el mejor, Rux.
—¿El mejor besador? —Oh, es tan engreído. Será insoportable después
de esto.
—No. Solo el mejor. —Tiro de su camisa y hago un pequeño sacudón
—. Bien, estoy lista. Dame, dame, dame.
Hay puro afecto en su sonrisa, y una vez más recuerdo por qué tengo
tanta suerte de contar a este hombre como mi amigo.
—De acuerdo, Sunshine. El último.
Asiento. Sus ojos se arrugan en las esquinas mientras un aliento cálido
se derrama sobre mis labios un segundo antes del contacto. Comienza con
una provocación. Una probada. Un aliento. El roce más ligero de sus labios
contra los míos. Un escalofrío recorre mi piel al sentir sus dedos en mi
cabello, la ligera tensión contra mi cuero cabelludo, y puedo sentirlo sonreír
en respuesta.
Y entonces me besa, realmente me besa, y cualquier risita persistente
que había hace un segundo desaparece bajo las sensaciones que se
encienden en cada punto de contacto entre nosotros. Rux es un muy buen
besador. Seguro, hábil y confiado.
Nunca pensé que sería malo. Pero no tenía idea de que sería así.
No estaba preparada. Y es... abrumador.
Adictivo. Porque, Dios, quiero más. Quiero que siga besándome así
hasta que nuestras bocas ya no funcionen y todo lo que podamos hacer sea
colapsar juntos en un montón en el sofá.
Quiero aprovechar al máximo este momento robado, que está tanto
fuera de nuestra amistad como dentro.
Intento mantenerme pasiva, no tomar más de lo que él está dando, pero
ha pasado tanto tiempo desde que tuve un beso que se acercara a esto. Y
luego mis manos están contra su pecho, deslizándose por su camisa y
rodeando su cuello. Lo que debe estar bien, porque deja escapar este
gemido áspero y desliza su brazo alrededor de mí, atrayéndome contra los
músculos duros de su cuerpo, apretado y luego más apretado. Mis manos
están en su cabello, y es espeso y se siente increíble enredado alrededor de
mis dedos y apretado dentro de mi puño... derramándose alrededor de mi
cara cuando me inclina hacia atrás.
Toma mi boca por completo. Nuestras lenguas giran en un
deslizamiento lento y húmedo que hace que mi corazón se acelere y que ese
lugar profundo en mi centro duela con una necesidad que me hace sentir tan
viva, tan bien que arranca un pequeño gemido de mí.
Este es el beso más caliente de mi vida.
Su boca se mueve hacia ese punto sensible y largamente desatendido
debajo de mi mandíbula y succiona.
El calor inunda mi centro de golpe mientras jadeo, —Rux.
—¿Quieres que pare? —pregunta, rozando sus labios sobre ese mismo
punto malvado.
—No, no, no, no, nooo, no pares —suplico con una prisa chillona que
me gana otro ronco retumbo, este enterrado en la curva de mi cuello. Y eso,
el sonido de su risa en medio de este calor... ese es un sonido peligroso, al
que una chica podría acostumbrarse.
No lo haré. Sé bien. Rux ha dejado claro dónde están trazados sus
límites. Que la vida que sueño no es para él. O al menos, no como
protagonista.
Pero durante el próximo minuto, voy a disfrutar todo lo que tiene para
darme.
—¿Quieres más, chica codiciosa? —bromea, su lengua trazando un
camino por la columna de mi cuello.
—Sí —jadeo mientras escalofríos se extienden por la piel que
desvergonzadamente le ofrezco. Aunque cómo se vería más, ni siquiera
puedo imaginarlo porque esto se siente como todo. Esto se siente como el
beso más caliente, más sucio, más completo de cuerpo y alma, más
abarcador de mi vida.
Rux me guía contra la pared junto a mi puerta y sujeta mis muñecas
sobre mi cabeza con una mano antes de deslizar la otra por mi brazo, mis
costillas, cintura y cadera. Mi corazón está acelerado, mi cuerpo en llamas.
Una pequeña voz distante en mi cabeza advierte que deberíamos parar, pero
luego él me está besando de nuevo, dándome su lengua en una serie de
embestidas lentas y sexys que me hacen pensar cosas que no se supone que
deba tener sobre este hombre.
Pensamientos sucios.
Pensamientos sudorosos.
Pensamientos profundos, palpitantes, deliciosos.
Gimiendo alrededor del empuje de su lengua, deslizo mis manos
liberándome de su agarre. Están en sus brazos, en su cabello, probando la
resistencia de sus pectorales increíblemente duros. No puedo tener
suficiente del cuerpo de este hombre bajo mi toque, del sabor de él. Nuestro
beso arde más y más caliente hasta que cualquier apariencia de control que
hubiera entre nosotros se quema por completo y...
Rux se echa hacia atrás, las cejas juntas sobre ojos oscuros ardiendo con
un calor que nunca ha existido entre nosotros antes.
Mis manos están temblando y no puedo recuperar el aliento. Esto es una
locura. Debería soltarlo, sacar mis manos de su cabello y despegar mi
cuerpo del suyo. Como mínimo, dejar de mirar sus ojos como si nunca
quisiera apartar la mirada.
Pero he sido tan buena, tan responsable todos estos años. Y esto...
—Cammy. —Este no es mi amigo mirándome, y por una vez no quiero
que lo sea.
Mi respiración se engancha en un pequeño gemido y entonces él lo
hace: me agarra por la nuca y me acerca con fuerza.
7

Cammy

N os encontramos en un intenso abrazo, manos y bocas por todas


partes, pies enredándose mientras tropezamos dentro del apartamento. Mi
espalda choca contra la pared dentro de la puerta y menos de un segundo
después él ya está ahí, su gran mano recorriendo mi trasero en una caricia
posesiva que termina con otro gruñido profundamente apreciativo contra mi
garganta.
Ese sonido. Me enloquece, me hace arder. Me pone frenética por llegar
adonde vamos antes de que cualquiera de los dos tenga la oportunidad de
pensar lo suficiente para detenerse. Porque los amigos no hacen esto,
¿verdad?
Parece que hay razones. Evidencia, tal vez. Pero entonces Rux levanta
mi rodilla a su costado y llena el espacio que ha creado con su cuerpo.
Los amigos totalmente pueden hacer esto.
Al menos amigos tan buenos como nosotros.
Inclina mis caderas para encontrarse conmigo, el contacto justo y... —
¡Rux!
Mis dedos se clavan en sus hombros y estamos sin aliento, meciéndonos
uno contra el otro como adolescentes. Pero incluso en la secundaria, cuando
sentía que moriría si no me acercaba más a Jeremy, no fue nada como esto.
Nunca ha sido como esto.
—Me estás arruinando —jadeo, tirando de la camisa que ya tengo
medio desabotonada fuera de sus pantalones de traje. No soporto la ropa
entre nosotros, necesito sentir su piel—. No pares.
Rayos, ese pudo haber sido un botón saltando, pero Rux no parece
importarle y, finalmente, su camisa cuelga abierta sobre ese pecho
increíblemente esculpido. Wow. Definitivamente voy a pasar mi lengua
entre los surcos de sus abdominales.
Mi jersey es lo siguiente, pero su número ni siquiera ha tocado el suelo
cuando Rux se echa hacia atrás y se queda quieto. Sus ojos me recorren y se
limpia la boca con la mano.
—Jesús, me estás matando. —Sus manos recorren mi cintura y costillas,
se detiene en el alambre de mi brasier, toma aire, y luego acuna mis senos
hipersensibles en sus palmas y suelta un gemido con una serie de elogios
ininteligibles que hacen que mi vientre se contraiga por la necesidad.
—Me sigo diciendo que debo detenerme, Sunshine. Que no debo llevar
esto demasiado lejos. Que no debería desearte así... pero con solo una
probada me estoy muriendo por ti. —Sus pulgares rozan los picos duros de
mis pezones tensos una vez, dos veces... Me mira a los ojos—. Dime que no
estoy cometiendo un error contigo. Dime que no estoy arriesgando lo
nuestro aquí, porque si es así... Dime que me aleje. Apareceré mañana con
café y donas y charlaremos sobre lo idiota que fui esta noche.
Mi corazón se rompe un poco al pensar cuánto significa este hombre
para mí. —No hay riesgo, y no eres un idiota. Eres perfecto. —Cubro sus
manos con las mías, animándolo a que continúe. A que me toque más. A que
me haga sentir las cosas que me he dicho a mi misma que no necesito.
—Somos amigos y eso no va a cambiar porque me estés dando algo que
no obtengo mucho en mi vida.
Rux escudriña mis ojos, y lo que sea que encuentra en ellos hace que la
comisura de su boca se curve en otra sonrisa derrite-calzones. —Entonces,
probablemente debería hacerte llegar al orgasmo.
Oh Dios, la confianza en esa afirmación es tan sexy. —Definitivamente
deberías hacer eso.
Mientras continúa jugando con mi pezón con una mano, la otra se
desliza dentro de mis leggins. Mi respiración se fragmenta con el
movimiento de su muñeca y la lenta provocación de sus dedos, primero
sobre mis calzones y luego debajo.
Está haciendo esa cosa de casi pero no otra vez, flotando cerca, pero sin
darme exactamente lo que quiero... haciéndome desearlo aún más. Su boca
está tan cerca de mi oído que puedo sentir el calor de su aliento, esas
pequeñas cargas estáticas saltando entre sus labios y mi piel... Sus dedos tan
cerca de mi sexo que estoy empezando a temblar.
—¿Estás mojada para mí, Sunshine? —El bajo retumbar de su voz me
atraviesa, asentándose en mi vientre como un peso cálido.
Asiento con la cabeza, mis ojos fijos en la línea dura de su mandíbula,
la salpicadura de barba incipiente y el sexy giro de sus labios. Estoy
empapada. Ardiendo.
—Buena chica.
No debería gustarme, pero estoy más cerca de llegar al orgasmo con
solo esas dos palabras que lo que el último tipo con el que me acosté logró
jamás.
Y entonces un dedo áspero me acaricia—Tan suave—y mis rodillas casi
ceden.
Me aferro a su brazo, su hombro. Gimo mientras ese único dedo grueso
sigue la hendidura húmeda de mi sexo, separándome y luego empujando
lentamente hacia adentro. —Rux.
—Tan mojada... Tan caliente. —Bombeando dentro y fuera, agrega un
segundo dedo y, volviendo su boca a la mía, lame el interior—. Tan
apretada. Dios, ya puedo sentirte apretándome. —Otra estocada profunda...
otro jadeo tembloroso mientras la tensión crece—. ¿Vas a venirte sobre mis
dedos?
Mordiéndome el labio con tanta fuerza que brota sangre, asiento.
Estoy cerca. Tan cerca. Mi respiración entrecortada y deshilachada, mi
cuerpo extendiéndose hacia cada toque, cada palabra sucia. Hacia Rux y lo
que me está haciendo y cuánto lo deseo.
—¿Quieres que te coja? —Empuja de nuevo, curvando sus dedos justo
así para alcanzar ese lugar imposible en mi interior. Frotando.
—Rux —suplico, la necesidad retorciéndose con fuerza, anudándose
sobre sí misma hasta que apenas puedo respirar. Hasta que estoy
meciéndome sobre su mano, jadeando en su boca, tambaleándome al borde
de...
Su pulgar presiona firmemente mi clítoris, y grito su nombre mientras
me precipito al abismo con el bajo retumbar de los elogios sucios de Rux en
mi oído.
Mi cuerpo todavía está siendo golpeado por olas de placer cuando él
murmura: —¿Mejor que Bob?
Suelto una risa entrecortada. Todo el mundo sabe de Bob. Pero solo Rux
lo mencionaría ahora.
Su lengua roza el lóbulo de mi oreja mientras las últimas olas de
orgasmo se retiran. —Más te vale decirme que sí, o haré que vea lo que te
haré después.
Desplomada contra la pared, aflojo mis dedos de su brazo y suspiro. —
Mucho mejor que Bob.
Y definitivamente estoy arruinada, pero antes de que pueda pensar
demasiado en ello, Rux presiona un beso abrasador en mis labios, luego se
agacha y me lanza sobre su hombro.
—¡Rux! —chillo mientras me lleva a través del apartamento que conoce
tan bien como el suyo.
—Vamos, nena. Vamos a romper tu cabecera.

Rux

Ese gemido. Cristo. ¿Ver a Cammy estallar así? No voy a olvidar esa
mirada en su cara mientras viva. Necesito verla de nuevo.
Normalmente no me permito reconocerlo, pero Cammy tiene el mejor
trasero. Y me estoy sirviendo puñados de él mientras la llevo, riendo y
retorciéndose, sobre mi hombro hasta su habitación.
La hago rebotar en la cama y ella se arrastra hacia atrás, recostándose
sobre sus codos. Rizos rubios se esparcen alrededor de su cara, y sus labios
se separan en una especie de sonrisa sin aliento y sexy a la que me voy a
masturbar durante años. Avanzando hacia ella, planto un beso en esa boca
hermosa y le doy una probada de mi lengua.
Y cuando está arqueándose debajo de mí y estoy lo suficientemente
duro como para clavar clavos, me retiro de la cama y comienzo a quitarle
los leggins por sus exquisitas caderas. Estoy más distraído por la mirada
increíblemente sexy en su cara que por cualquier otra cosa, pero entonces
alcanzo a ver un destello de azul y dorado y...
Cielo santo. Sus calzones.
—Cammy, ni siquiera quieres saber cuántas décadas de fantasías sucias
se están haciendo realidad ahora mismo.
—¿Qué? —Parpadea confundida. Luego su cabeza se alza, ojos muy
abiertos—. Espera —chilla, cubriendo todas esas estrellas y el emblema de
doble W con las manos—. No pensé que nadie las vería. Ni siquiera me fijé
en lo que estaba sacando del cajón.
—Nena, amo a la Mujer Maravilla. —Le quito los leggins por
completo, muriendo por otra mirada, pero todo lo que puedo ver alrededor
de sus manos es un corte tipo boxer briefs bastante escaso. Me gustan
mucho—. Me he masturbado pensando en ella más de lo que quieres saber.
Así que las calzones de superhéroe no solo son adorables, también me
ponen tan duro que duele. Déjame ver.
—No es solo la cosa del superhéroe. —Sus mejillas se encienden.
—¿No? —Mi mente va a un millón de escenarios increíblemente sucios.
Y ahora realmente quiero verlas.
Con la rodilla entre sus piernas, trato de apartar sus manos. Y cuando
eso no funciona, comienzo a lamer un camino por su muslo. —¿Por favor?
Te muestro las mías si me muestras las tuyas.
—Julia las compró como broma, ¿de acuerdo?
—Mmm-hmm —le aseguro, girando mi lengua sobre la piel de su
muslo hasta que sus manos se retiran de ese lugar que estoy a punto de
devorar y... ¿Qué dice eso?
No puede ser.
Levantando una ceja, miro a Cammy, que está roja como un tomate,
cubriendo tanto de su rostro como puede.
Mujer Maravilla busca Hombre de Acero. Presentarse aquí.
Frotándome la sonrisa que no se irá a ningún lado, sacudo la cabeza. —
La flecha que apunta hacia abajo es un buen toque. Realmente aclara las
cosas.
Gimiendo, ella trata de darse la vuelta y esconderse aún más, pero
agarro sus caderas y la jalo de vuelta.
—Cammy, nena, no vas a creer esto.
Ella mira a través de la v de sus dedos mientras desabrocho mi bragueta
y dejo caer mis pantalones.
Sus manos se mueven de sus ojos a esa sexy boca mientras contempla
boquiabierta mi hombre de acero, tensándose contra los bóxers de
Superman que está listo para romper.
—No me lo puedo creer.
—Lo sé, ¿verdad?
Quiero una foto con tantas ganas. Pero de ninguna manera voy a pedirle
a mi mejor amiga, madre soltera, que me deje tomarle una foto casi
desnuda. Nunca compartiría esa mierda, pero...
—Dame el teléfono —suplica, con las cejas en alto—. Julia se va a
morir.
—¿Vas a llamarla? ¿Ahora? —¿Por esto?
—¡No! Pero... tenemos que tomar una foto. Sin tu cara, por supuesto.
—Espera, ¿estás preocupada por mi cara?
Sus ojos bajan y se nublan un poco. —Bueno, tal vez deberíamos hacer
algo con eso primero. —Se muerde el labio, y por muchas veces que haya
visto a Cammy hacerlo, nunca se ha visto así en ella. Tan completamente
sexy. Tan sexual—. Pero luego, una foto. ¿Por favor?
Creo que esta es probablemente la peor línea de pensamiento en la que
me he involucrado. Porque ahora mismo, todo en lo que puedo pensar es en
lo bien que le parece a Cammy la idea de que le tomen una foto en ropa
interior. Y en cuántas posibilidades emocionantes, sucias y depravadas
podría llevar eso.
Para el chico adecuado. No para solo un amigo. No para mí.
—Creo que vamos a tener que hablar de eso más tarde, en algún
momento cuando al menos un poco de la sangre en mi cuerpo se mueva
hacia mi cerebro.
Ella asiente, sus piernas moviéndose juntas, ese pobre labio inferior
todavía siendo maltratado.
—¿Qué piensas, Sunshine? ¿Todavía quieres hacer esto?
Esa mirada sensual y nebulosa en sus ojos se convierte en preocupación.
—¿Tú no?
—Jesús, mujer, lo estás viendo directamente. —Paso mi mano sobre mi
erección, dándole al amigo un apretón tranquilizador, esperando que sea
paciente. Pero esa mirada en los ojos de Cammy mientras lo hago tiene
cualquier efecto menos calmante.
Está excitada. Y la forma en que sus ojos se encienden cuando me toco
dice que no le molestó para nada.
De hecho, todavía está mirando, viéndose algo hipnotizada mientras
deslizo mi mano arriba y abajo por mi miembro una o dos veces más.
Su respiración se vuelve superficial, y sus pezones están tan duros que
mi boca está salivando por probarlos. Por averiguar si es tan sensible allí
como debajo de sus pequeños calzones sucios.
Mierda, esos calzones. No puedo soportarlo más, necesito probarla.
Necesito escucharla deshacerse con mi boca enterrada entre sus piernas.
Yo...
Ella comienza a tirar de mí, retorciéndose debajo de mí.
—Rux... boca aquí arriba... más besos.
8

Rux

M e vuelvo a colocar sobre ella, deseando besarla otra vez, no solo


porque no la besan lo suficiente, sino porque se siente increíblemente bien.
Besar nunca había sido así. Y todo lo que puedo pensar es que es la amistad
equilibrando la libertad. Como si de alguna manera la confianza y el cariño
profundo que siento por esta mujer, combinados con la libertad y la
diversión de lo que estamos haciendo esta única vez... es como si actuara
como un acelerante haciendo que todo entre nosotros arda con más
intensidad.
Eso, y me encanta darle a Cammy lo que quiere. Ciertamente,
normalmente no es un beso o unas horas revolcándonos en la cama, pero no
hay nada tan satisfactorio como ver la sonrisa extenderse por su rostro
cuando la sorprendo con algo que no esperaba.
Así que me hundo nuevamente en el beso, deleitándome con la
sensación de sus manos en mi cabello, la piel desnuda de sus piernas
deslizándose sobre las mías.
Y de alguna manera nos encontramos de nuevo en ese lugar
desesperado, devorándose mutuamente como si no pudiéramos parar. Nos
mecemos juntos, restregándonos como adolescentes. Ambos en ropa
interior, lo suficientemente cerca de estar desnudos que cada giro, presión y
provocación hace que mi cabeza esté a punto de estallar.
La deseo. La deseo de forma dura y rápida, y lenta y suave. La quiero
de rodillas mientras la tomo por detrás, la quiero mirándome a los ojos,
quiero mi cara enterrada entre sus piernas y mi nombre resonando en las
paredes. La quiero de mil maneras más que esas.
Y aunque dudo mucho que sea ni siquiera la mitad de lo que yo la
deseo, Cammy también me desea a mí.
Puedo sentirlo en el agarre de sus puños en mi cabello, en la presión de
sus muslos, en la forma en que su respiración se entrecorta cuando nos
movemos juntos. Y si eso no fuera suficientemente revelador, esas piernas
curvilíneas se están deslizando más arriba por mis costados, y está
empujando mis bóxers.
—Quítatelos... Te necesito.
—Carajo, sí.
La levanto conmigo, y ambos estamos empujando la ropa que queda
entre nosotros. Le quito el sostén, mientras ella libera al hombre de acero.
Sus pantalones son las siguientes y —Cristo— no puedo esperar.
Alcanzando entre nuestros cuerpos, gimo, encontrándola húmeda y lista.
Suave como seda y desesperada por mi tacto.
Hay un momento en que mi control parece peligrosamente cerca de
desaparecer, donde tener su sexo tan mojado para mí me tiene a punto de
explotar como un virgen inexperto. Pero de ninguna manera. No después de
haberle dicho lo gran semental del hockey que soy.
No pierdo la calma.
No pierdo el control.
No tengo problemas para cumplir con la regla de oro... Ella se viene
primero.
Pero con Cammy...
Presiono un dedo dentro de ella, acariciando, explorando su cuerpo para
descubrir todos sus secretos más sensibles.
—Rux.
Como ese justo ahí. Ese punto dulce que hace que su respiración se
entrecorte contra mis labios, y sus paredes internas se aprieten fuertemente
a mi alrededor.
Tan caliente. Necesito más, más de mi nombre en sus labios, más de ese
jadeo sorprendido y sobresaltado, más de lo que sucede cuando acaricio y
presiono y juego justo ahí⁠—
—Ay, Dios... Ahí mismo... Justo así... ¡Rux!
Santo cielo, ella va a ser mi fin.
Y cuando termina de venirse contra mi mano, mirándome con esos ojos
grandes que me hacen sentir como si hubiera hecho algo mucho más de lo
que realmente hice, no puedo soportarlo.
—Nena, necesito estar dentro de ti.
—Sí, ahora, por favor.
—¿Dónde tienes los condones?
Y es entonces cuando todo llega a un alto chirriante y el hombre de
acero muere una pequeña triste muerte.
Hay tanta desesperación en sus ojos que casi sería gracioso, si no fuera
tan dolorosamente trágico.
—¿Condones? ¿No tienes uno?
Mi frente se apoya contra la suya mientras yacemos desnudos juntos. —
Nena, salí contigo. ¿Por qué necesitaría condones?
Nuestros ojos se mantienen fijos un momento y luego caemos de nuevo
en la cama juntos riendo hasta que no podemos respirar. Maldición, amo a
esta mujer.
Después de un momento, ella gira la cabeza, esos lindos ojos azules
encontrándose con los míos. —Tal vez esto sea algo bueno. Que nos
detuviéramos, ¿sabes?
No quiero estar de acuerdo, pero— —Sí, tal vez. —Cruzamos algunas
líneas esta noche. Líneas que nunca había considerado cruzar con Cammy
pero a las que no di ni un segundo de pensamiento al patinar más allá de
ellas esta noche. Y probablemente debería reflexionar sobre eso. Pero por
ahora, solo quiero asegurarme de que donde sea que nos hayamos detenido,
estemos en terreno firme—. Quiero decir, ¿qué clase de amigo sería si te
arruinara para todos los otros tipos? Y si tuvieras aunque sea una probada
de lo que puedo hacer con este tipo... diablos.
Sus cejas se levantan y su boca se abre en una pequeña mueca. —No
acabas de decir eso.
Oh sí, lo hice. —Nunca serías la misma. Demonios, la barra está tan alta
solo con mi beso, apuesto a que ya está fuera del alcance de la mayoría de
los chicos.
Espero que me dé una lección. Que baje mi ego y lo pisotee. Pero en
lugar de eso, solo me sonríe. —Puede que tengas razón.
No la tengo. Uno de estos días va a conocer a algún idiota que voy a
odiar y ella va a amar, y el beso que él le dé borrará el mío de su memoria
por completo.
Mi mano encuentra la suya, y paso mi pulgar por encima. Supongo que
esto es una de esas cosas que tampoco debería estar haciendo, pero quizás
por el próximo minuto o dos, está bien.

Cammy

Ver a Rux vestirse es casi tan sexy como verlo desvestirse. Lo que
significa que estoy bastante segura de que no debería estar mirándolo en
absoluto. Cualquier locura que nos arrastró ha pasado, y con el tren de
"amigos" de vuelta en marcha, es hora de dejar de comerse con los ojos al
pobre tipo.
Pero esos bóxers de Superman son asombrosos. Aún mejor con su
camisa puesta pero todavía abierta. Y cuando se mete en los pantalones del
traje y los sube por esos muslos increíblemente poderosos... los sube de
modo que la bragueta abierta está como acunando lo que es un paquete
seriamente significativo antes de meter todo detrás de la cremallera⁠—
—Cammy, si vas a mirarme mientras me visto —dice, sin mirarme
realmente—, tienes que dejar de morderte el labio mientras lo haces. Es
jodidamente sexy y está abriendo agujeros en el cortafuegos de 'solo
amigos' que estoy tratando de reconstruir.
Con el calor subiendo a mis mejillas, me enderezo bruscamente desde
donde estaba apoyada contra la puerta de mi dormitorio, devorando a mi
amigo con la mirada como si fuera un pedazo de carne.
¡Cammy Mala!
—Lo siento —chillo, tratando de mirar hacia otro lado. Fallando.
Aunque mantengo los dientes cerrados, así que no me muerdo el labio. Pero
hay una parte desconocida de mí que está pavoneándose ante la idea de que
un hombre como Rux se vea afectado por algo que yo haga. Necesito
quitármelo de encima, pero considerando que estamos a menos de una hora
de haber estado jugueteando, voy a ser un poco indulgente conmigo misma.
Está abotonándose la camisa, esas grandes manos y dedos gruesos
haciendo rápidamente la tarea y haciéndome preguntarme cómo nunca
había reconocido el potencial sensual de un acto tan simple antes.
—Sin mordidas —dice, chasqueando los dedos y señalando donde me
estoy mordiendo totalmente el labio otra vez.
Mi mano vuela a mi boca y mis ojos se agrandan.
Rux deja escapar una risa baja, sacudiendo la cabeza mientras camina
hacia mí. —Sí, a mí también me va a tomar un minuto. —Se mete las
manos profundamente en los bolsillos y me sonríe mientras yo lo miro sin
palabras.
La comisura de su boca se levanta y deja un rápido beso en mi sien—.
Pero estaremos bien.
Asiento con la cabeza y me guiña un ojo antes de pasar junto a mí hacia
la sala de estar.
Después de respirar, lo sigo. Me quedo atrás, observando desde el otro
lado de la habitación, odiando que por primera vez desde que nos
conocimos, no sé qué decirle y el silencio se siente tenso.
Caminamos hacia la puerta y Rux se detiene, se pasa una mano por ese
cabello demasiado largo que se sintió tan bien entre mis dedos, y se vuelve
hacia mí. La mirada en sus ojos es una que realmente no sé cómo interpretar
y no estoy completamente segura de que quiera intentarlo.
—Cammy— comienza al mismo tiempo que yo digo: —Gracias. —
Ambos sacudimos la cabeza, luego poniendo mi mano en el pecho de Rux,
comienzo de nuevo—. Gracias por esta noche —digo, sintiéndome más
tímida de lo que jamás he estado con este hombre. Cuando miro a sus ojos,
es puro afecto, puro Rux mirándome—. Lo pasé muy bien.
Me atrae hacia uno de sus abrazos característicos con un solo brazo,
acurrucándome contra su costado y enterrando su cara en la parte superior
de mi cabeza. —Creo que quieres decir muy, muy bien.
Este tipo.
9

Rux

L levo dos cafés en las manos mientras empujo hacia atrás la puerta del
vestíbulo del edificio de Greg.
Le mandé un mensaje antes de que saliera el sol diciéndole que
necesitaba hablar y él aceptó. Pero hombre, no quiero hacer esto. Mierda,
no es como si nunca hubiera metido la pata antes. Lo he hecho. Demasiadas
veces para contarlas, y aunque siempre me he sentido como una mierda
cuando hago algo malo, nunca he tenido algo que me carcomiera las
entrañas como esto.
Greg es uno de mis mejores amigos. Tenemos historia. Hay una
confianza y entendimiento entre nosotros, y de alguna manera, anoche, lo
violé por completo. Y algo me dice que explicar todo el asunto de la
pendiente resbaladiza no va a funcionar cuando estamos hablando de su
cuñada menor.
En términos generales, soy un firme defensor del código de hermanos,
pero lo que pasó entre Cammy y yo no es asunto de nadie más que nuestro.
Quiero dejarlo así. Fin de la historia. El asunto es que Greg y yo hemos
estado metiéndonos en los asuntos de las chicas desde siempre. Es como lo
nuestro. Somos tipos protectores. Y para mí estar con Cammy de la manera
que estuve —o casi estuve— y no admitirlo? Una mierda.
Lo que significa que hay una buena posibilidad de que pierda la cabeza.
Estoy moviéndome de un pie a otro, y tengo la sensación de que el
guardia de seguridad tiene su dedo sobre la marcación rápida para llamar a
la policía, porque parezco muy sospechoso aquí parado esperando.
Las puertas del elevador se abren, y Greg sale usando el abrigo que
consiguió el mismo día que yo conseguí el mío. Trabajos a medida para
acomodar una envergadura que no es exactamente estándar.
—¿Listo para nuestra cita diurna, amiga? —pregunta con un brillo en
los ojos y una sonrisa que imagino está a unos tres minutos y medio de ser
borrada de su cara para siempre. Al menos en lo que a mí respecta.
—Sí, hermano —digo entregándole su café mientras salimos a las
calles. Debí haberle comprado una galleta o algo. Tal vez un brownie o un
cake pop. Mierda.
Greg mira hacia el final de la manzana y murmura una maldición—.
Jesús, ese tipo.
Sigo su mirada y claro que sí, ese reportero Waters está apostado al final
de la manzana—. ¿Ese tipo maneja un Smart car?
Todos saben la obsesión que tiene el tipo con nuestro capitán. Lo adora.
No es mutuo. Hace un par de años, Waters hizo algunos comentarios poco
halagadores sobre Julia, probablemente pensando que no llegarían a oídos
de su esposo. Lo hicieron. Y Waters ha estado en su lista negra desde
entonces, aunque él no lo sepa.
La puerta del lado del conductor casi se desprende cuando la abre hacia
el tráfico. Waters se agacha, levantando las manos en una rendición
avergonzada. Luego comienza una serie de señales animadas con miradas
bastante significativas hacia nosotros.
—¿Qué está diciendo?
Greg exhala profundamente y le da una sacudida brusca de cabeza—.
Ni idea. Sea lo que sea, la respuesta es no.
Los ojos del reportero se abren de par en par, con una sonrisa tímida en
su rostro mientras vuelve a subir a su micro auto—. ¿No nos va a seguir?
La conversación que estoy a punto de tener es del tipo privado mejor
para una conversación a puertas cerradas, pero existe una gran posibilidad
de que cuando Greg escuche lo que hice, lesión de hombro o no, se ponga
violento. Yo lo haría. Y si es así como va a ser, le debo a él y a Julia
asegurarme de que no suceda dentro de su departamento.
—Nah. Ya lo vimos, así que no intentará ninguna de esas mierdas de
encontrarnos accidentalmente. Hace unas semanas hubiera habido un grupo
de ellos estacionados afuera buscando información sobre mi estado. Pero
sin noticias, han seguido adelante. La mayoría de ellos, al menos.
Charlamos por un par de cuadras, antes de cruzar hacia la costa del lago.
Una de las cosas buenas de ser jugador de hockey es que incluso con
temperaturas bajo cero, estamos lo suficientemente aclimatados al frío que
caminar por los senderos en este clima no es gran cosa. De hecho, es como
un regalo, ya que cualquier otra persona que ande por aquí va a estar bien
abrigada, tratando solo de completar su carrera o hacer sus pasos, y sin
prestar mucha atención a los dos tipos que caminan delante de ellos.
Me vuelvo hacia mi amigo—. Espera un momento. He querido decirte
algo, y quiero hacerlo aquí.
Sus cejas se levantan, arrastrando la esquina de su boca en el proceso.
—¿Estás a punto de pedirme matrimonio, grandulón? Porque me caes
muy bien, pero como amigo. Mi verga le pertenece a Julia, cabrón.
Qué gracioso. Me froto la mandíbula. Esa es tan buena introducción
como voy a conseguir.
—Hablando de amigos y vergas —comienzo, y al escuchar lo que acabo
de decir, murmuro algunas palabras bien escogidas antes de intentarlo de
nuevo—. Hermano, la cagué... Solo que realmente no siento que lo hiciera.
Es decir, me siento mal por una parte, pero no por el resto. Aunque tal vez
debería sentirme mal por el resto también. Es que parecía tan correcto y
simple y directo en ese momento. Y honestamente, tú eras lo último en lo
que estaba pensando, lo que tal vez me convierte en un imbécil, pero
entonces, si estuviera pensando en ti en ese momento, quizás eso me
convertiría en otra cosa... No sé —sacudiendo la cabeza, tomo un doloroso
respiro—. Qué diablos, hermano, solo déjame fuera de combate. Estoy listo
para ello. No te preocupes por los dientes, pero tal vez aléjate de la nariz. Te
he visto balancear ese martillo antes, y no creo que el equipo necesite una
nariz rota que me haga más lento cuando nos enfrentemos con los Lightning
esta noche. Hablo en serio, hazlo. Me lo merezco.
Greg toma un sorbo de su café—. ¿Esto es sobre Cammy?
Por el amor de Dios—. Sí, es sobre Cammy. Acabo de decírtelo. ¿De
quién más sería?
¿Y por qué me está dando esa sonrisa tan alegre cuando acabo de
confesarle que estuve haciendo cosas seriamente sucias con su cuñada
menor?
Comienza a caminar de nuevo, haciéndome señas para que lo siga.
—Primero, no me dijiste una mierda. Empezaste a divagar sobre vergas
y culos. Estaba pensando que tal vez era solo otro sábado hasta todo ese
asunto de dejarme fuera de combate. Segundo, ¿por qué demonios te
dejaría fuera de combate? Cammy es una mujer adulta y tú eres el tipo más
íntegro que conozco. Ya hemos sido amigos y compañeros de equipo, no
hay nadie más a quien preferiría llamar... cuñado.
Estoy asintiendo, haciendo todo lo posible para dejar que sus palabras
me calen antes de responder, pero esa última cosa...
Todo movimiento hacia adelante cesa mientras una extraña presión se
acumula en mi pecho, deteniendo mi corazón y haciendo que mis pulmones
se contraigan mientras balbuceo.
—Hermano —apenas logro articular—. Tienes la idea equivocada,
hombre. Esto es lo que trataba de decirte. No es así. Somos amigos. Solo
amigos. Quiero decir, no solo solo amigos sino principalmente solo amigos
que tienen esta cosa que estamos haciendo, pero de manera amistosa —
Suficiente para que quisiera algo mucho mejor que yo para ella—. Maldita
sea, hombre, ¿por qué te estás riendo? Estoy parado quieto. Puedes
golpearme. Solo no empeores más tu hombro.
Y entonces Greg está doblado unos metros delante de mí, mira por
encima de su hombro, con lágrimas, juro por Dios, bajando por su cara.
—Maldito cabrón. ¡Ya lo sabías! —Tiene suerte de que no lo deje a él
fuera de combate.
Enderezándose a toda su altura, sacude la cabeza hacia el cielo—. Por
supuesto que lo sabía, carajo.
Oh—. ¿Cammy llamó a Julia?
Jesús, apenas son las siete. El sol ni siquiera ha salido.
—Eh, sí, supongo que estaba al teléfono antes de que siquiera salieras
de su casa.
Ahora que lo pienso, sí tenía su teléfono en la mano cuando me iba.
—Para tu información, me debes una noche completa de sueño. Ella
llamó a Julia y luego Julia me llamó a las cuatro de la mañana con todos sus
grititos y chismes sin aliento hasta que estuve completamente despierto. ¿Y
dónde diablos está mi galleta? Perdí cinco dólares con Julia pensando que
aparecerías con media panadería tratando de reconquistarme.
Sabía que debía haber traído una galleta.
—¿Cinco dólares? Tacaño de mierda.
—Hermano, ya sabes cómo es apostar contra ella. Tuve que bajar los
dólares.
Y así, la tensión en mi pecho se desenreda, permitiéndome respirar un
par de pulmones llenos de aire fresco del lago—. ¿En serio, no estás
enojado?
—Nah, hermano. Si fuera Diesel o Bowie tratando de meterse bajo la
falda de Cammy, entonces sí, probablemente tendría algo que decir al
respecto. Pero ustedes son amigos, y mientras estén en la misma página, a
Cammy le vendría bien algo de diversión.
Cierto—. Si hay algo para lo que soy bueno —además de cubrirte el
trasero en el hielo, claro— es para la diversión. Demonios, no me habría
opuesto a que Cammy me usara para más, pero probablemente ella tenía
razón en que fue una buena idea que nos detuviéramos cuando lo hicimos.
—No puedo creer que no estuvieras equipado. ¿Qué diablos, hermano?
Me encojo de hombros, sin interés en explicar todas las razones por las
que las aventuras casuales han perdido su atractivo este año.
Cuando ve que no voy a responder, sacude la cabeza—. ¿Entonces eso
es todo con Cammy, eh? ¿Casi-una-y-listo? ¿Ustedes dos vuelven a ser solo
amigos?
—Sí —no dudo. Cammy dejó bastante claro dónde estaba anoche y lo
entiendo. Es decir, sí, básicamente tengo los sonidos de ella deshaciéndose
para mí en repetición permanente en mi mente y básicamente he renunciado
a calmar a mi verga cada vez que pienso en ella. Pero eso es porque soy un
tipo. Pasará. Eventualmente. Probablemente. E incluso si no pasa, ¿a quién
le importa? Seguiremos siendo amigos, porque no dejaría que nada se
interpusiera en el camino de eso.

Rux

Gracias a Dios que puedo dormir en el avión. Después de salir del


departamento de Cammy, estuve despierto la mitad de la noche con mi
cabeza nadando en los sonidos de sus suaves gemidos, mi verga lista para
atravesar mi colchón. Eso junto con la culpa hizo que diera muchas vueltas
en la cama.
Hablar con Greg ayudó. Y luego la práctica ayudó un poco más.
Pero necesito dormir un poco. Dejándome caer en una fila para mí solo,
enciendo mis Beats y cierro el mundo exterior. Quisiera haber podido ver a
Cammy, pero ella tenía que recoger a Matty y... el tiempo.
No es gran cosa. Eso es lo que me estoy diciendo, aunque hay un tirón
en mis entrañas que se siente como si lo fuera. Con lo que pasó entre
nosotros anoche, quiero verla. Abrazarla. Escuchar su voz y saber,
realmente saber que no puse en peligro algo que es tan vital para mí como
respirar.
Tal vez solo deba contactarla. Casual. Divertido.
Yo: No puedo creer que le contaras a Julia.
Espero a que responda, mirando esos tres pequeños puntos.
El teléfono suena en su lugar y una presión que ni siquiera me había
dado cuenta que se estaba acumulando se libera en mi pecho.
—¿En serio? ¿No puedes creerlo? —bromea a través de la línea.
Pequeña bocona. No pienses en su boca.
—¿No podías dejarme hablar con Greg primero? —Meto una almohada
detrás de mí y me inclino hacia la esquina, con una sonrisa extendiéndose
por mi cara. Porque tiene razón, debería haber sabido que hablaría con su
hermana antes de que yo pudiera llegar a mi amigo.
—¿Realmente habría importado?
—¡Diablos, sí! ¿Has oído hablar del código de hermanos? Yo debería
haber sido quien le contara. ¿Y si hubiera estado enojado? ¿Y si hubiera
estado esperándome, listo para patearme el trasero cuando llegara?
Casi puedo verla poniendo los ojos en blanco.
—Bueno, ¿fue así?
—No, pero me dejó hacer el completo ridículo tratando de explicarle.
Esa risa. Eso es lo que necesitaba escuchar. Y como quiero escuchar aún
más, empiezo a contar los detalles, deleitándome con cada risita y suspiro
cargado de sonrisas.
El avión se está llenando, el espacio de filas vacías entre yo y los
siguientes tipos reduciéndose a donde tengo que tener cuidado con mis
palabras. No es algo en lo que generalmente sobresalga, pero esta es
Cammy.
—Oye, ¿estamos bien? —Bajo mi voz, deseando que estuviéramos
recostados en su sofá ahora para poder mirarla a los ojos mientras pregunto
—. ¿Estás bien con todo lo de hoy?
Ella toma un respiro y yo contengo el mío. Pero aún puedo escuchar la
sonrisa en sus palabras cuando responde—. Estoy bien, Rux. Un poco
distraída. La gente sigue preguntando por qué la sonrisa y dónde está mi
cabeza.
Froto ese punto en el centro de mi pecho, sonriendo—. ¿Ah, sí?
—Por Dios, escúchate. ¿Hay siquiera espacio en la cabina para ese ego
tuyo o van a tener que ponerlo abajo en la bodega de carga con todos los
otros palos grandes?
—Sunshine, si empiezas a hablar de palos grandes y si las cosas caben...
—¡Rux!
—¿Qué? —pregunto, haciéndome el tonto, igual que ella se está
haciendo la escandalizada.
Por un minuto solo la escucho respirar. Es agradable, y alguna parte
retorcida de mí se pregunta si me dejaría grabarla alguna vez, para tenerla
siempre para escuchar cuando necesite relajarme. No estoy seguro de que
incluso funcionaría si supiera que ella no está realmente ahí conmigo. A
kilómetros de distancia pero en el mismo momento.
—Sé que esto podría ser solo otro martes para ti...
—Es sábado, Sunshine.
Ella suspira, pero es uno de esos buenos—. Sabes a lo que me refiero.
Noches como la de anoche... no tengo muchas de esas. Así que sí, ha
mantenido una sonrisa en mi cara todo el día.
Me enderezo—. Aclaremos algo, anoche no fue solo otro martes o
viernes o cualquier otro día para mí. Anoche fue diferente. Estar con
alguien que significa tanto para mí fue especial. Y para que conste, también
me han estado dando mierda por la sonrisa en mi cara la mayor parte del
día.
—¿En serio? —pregunta, y maldición, me pregunto cómo es posible
que pueda conocerme tan bien en tantas formas y no saber esto.
—Sí, en serio —Y ya que estamos siendo honestos, le cuento el resto—.
Por mucho que desearía estar allí ahora mismo, probablemente es mejor que
no lo esté.
—¿Por qué?
—Porque fue tan bueno, que estoy teniendo un poco de problemas para
pensar como un amigo hoy. Y si estuviera allá —Lo suficientemente cerca
para tocar. Para extender la mano. Para ver si podría hacer que hiciera esos
mismos ruidos sexy como el pecado para mí otra vez. Para ver si podría
hacer que los hiciera más fuertes—. Podría tener problemas para actuar
como uno también.
Ella hace una pausa, pero confío en que no se asuste. Entonces—. Sí,
probablemente mejor entonces... Porque no serías el único.
No soy el tipo que se queda sin palabras, pero esa tranquila admisión
me deja atónito. Soy el idiota con problemas de control de impulsos. No
Cammy.
Ella es una roca. Sólida. Estable. El tipo de mujer dispuesta y capaz de
tomar la decisión difícil, sin importar lo que le cueste, para hacer lo
correcto. ¿Y no está segura de que sería capaz de resistirse a mí?
—Sunshine —medio gimo, tratando como un demonio de no revisar los
detalles de anoche, pero incapaz de luchar contra los aspectos destacados
mentales que pasan por mi mente.
—Lo sé, ¿verdad? —Otro suave respiro, solo que este no me calma. Me
hace pensar en cómo se sintió su aliento contra mi cuello cuando lo escuché
anoche. Mierrrrrda.
—Así que el viaje es algo bueno. Y cuando regrese, estaremos de nuevo
en el camino correcto.
—Absolutamente.
—Solo dos buenos amigos con una noche caliente entre ellos —Mierda,
estamos listos para despegar—. Oye, odio decirlo, pero tengo que irme.
Ella me desea un buen partido y colgamos. Estoy a punto de apagar el
teléfono cuando veo que llega su mensaje.
Cammy: Creo que quisiste decir una noche SÚPER caliente detrás
de nosotros.
Y al segundo siguiente aparece un archivo adjunto... y santo cielo, no
puedo creer que lo haya hecho. Pero ahí, esparcida por la pantalla que estoy
protegiendo con mi mano e inclinando hacia mi pecho, está la foto que
tomé con su teléfono anoche antes de irme.
Somos nosotros dos en su cama, su pierna desnuda sobre la mía, con
nuestra ropa interior de Wonder Woman y Superman en orgullosa
exhibición.
Cammy se puso un top, pero es tan delgado, mierda, incluso en esta
selfie tomada con el brazo extendido todavía puedo ver el contorno oscuro
de sus pezones erectos. El top está un poco arrugado, la parte inferior
alrededor de sus costillas, mostrando generosamente un tramo de piel
desnuda y suave debajo.
Trago con dificultad.
Ella me está mirando en la foto, y estamos riendo. Fácil y feliz, y esta
foto es tan perfecta, hay una parte de mí que sabe que debería borrarla
ahora. Deshacerme de ella antes de que tenga la oportunidad de penetrar
más profundamente y sembrar más de las ideas que no se supone que deba
tener sobre Cammy Wesley.
10

Cammy

H ubo un tiempo en que una llamada de Jeremy me habría dejado


sin aliento y rebosante de alegría. Pero eso se siente como hace toda una
vida. Hoy, lo que siento es principalmente vergüenza mientras me arrastro
fuera de la niebla de un sueño subido de tono que estaba poniéndose bueno.
El Rux de mis sueños volvió a aparecer anoche, pero esta vez no estaba
haciendo esas mismas tonterías provocadoras de la primera vez. Justo había
logrado meterme en sus pantalones cuando sonó el teléfono.
—Perdón por llamar tan temprano un domingo —comienza Jeremy
tentativamente mientras entrecierro los ojos para ver el reloj.
—Está bien. De hecho, no puedo creer que Matty me haya dejado
dormir más allá de las siete. —Apartándome el pelo de la cara, me dirijo
hacia su habitación cuando escucho el tintineo de los cubiertos que viene de
la cocina y doy la vuelta—. ¿Qué pasa?
—Un amigo del trabajo tiene entradas para el Museo de Ciencia e
Industria y no puede usarlas. Sé que no es mi día, pero pensé que si ustedes
no tienen otros planes, tal vez podríamos ir todos juntos.
Mi estómago se tensa. Estar cerca de Jeremy despierta tantos
sentimientos. Honestamente, no estoy segura de estar preparada para eso.
—Oh, um. Teníamos algunos mandados... —En la cocina, paso mi
mano por la espalda de Matty y le dejo un beso en la cabeza cuando se
inclina hacia mí. Este niño se ha perdido tanto tiempo con su papá, no
quiero ser la razón por la que pierda más.
Aclarándome la garganta, niego con la cabeza—. Pero claro. ¿Por qué
no?
—¡Genial! Fantástico. Pasaré por ustedes como a las once.
Matty me observa con ojos esperanzados, sin duda habiendo escuchado
a su papá a través de la línea—. ¿Papá viene hoy?
Y así, cualquier duda que tuviera sobre haber dicho que sí desaparece.
Logramos terminar algunas tareas antes de irnos todos juntos. El museo
es increíble. Matty ha estado ahí antes, pero es evidente que estar con su
papá hace que lo vea con nuevos ojos. Jeremy nos compra el almuerzo y
parece completamente absorto en todo lo que Matty tiene para contarle,
solo apartando la mirada de nuestro niño el tiempo suficiente para mirarme.
Como si yo no supiera ya lo increíble que es el cerebro de este niño.
Nos quedamos toda la tarde y para cuando nos vamos, estoy demasiado
agotada para aceptar la oferta de Jeremy de ayudarnos con nuestros
mandados. He perdido un mensaje de Julia con un video de Rux bailando
en el gimnasio del hotel.
Julia: Mira lo que Popov le envió a Greg esta mañana. Rux tiene los
movimientos como Jagger.
Tiene algo. Está haciendo el aspersor, el running man, la cortadora de
césped y el Cabbage Patch, que puedo identificar. Hay mucho más pasando
que no identificó.
Ese pelo grueso está recogido en la parte superior con un elástico, y su
cara y pecho desnudo están enrojecidos y brillantes de sudor. Y la forma en
que sus abdominales se flexionan y mueven con cada movimiento ridículo...
¿Sus shorts siempre cuelgan tan bajos? ¿Cómo es que nunca lo había
notado?
—¿Qué significa esa cara? —pregunta Jeremy desde el asiento del
conductor.
Estoy a punto de decirle que no es nada cuando Matty exclama desde
atrás—: ¿Es Rux? ¿Puedo ver?
Con las mejillas ardiendo, aprieto el teléfono contra mi pecho, pero en
una segunda mirada me doy cuenta de que lo único inapropiado del video es
cómo estoy reaccionando a él. Con un movimiento de cabeza, lo sostengo
entre los asientos. Las carcajadas de Matty hacen que mi corazón esté a
punto de estallar.
—Oye, siento que me estoy perdiendo algo —dice Jeremy, y Matty
intenta describir lo que Rux está haciendo, pero luego simplemente cae en
un recuento más general de fanático de todas las cosas sobre Ruxton
Meyers.
Y tengo que reconocerle el mérito a Jeremy, escucha, haciendo todos los
ruidos apropiados mientras Matty habla sobre cómo Rux le enseñó a
sostener su palo de hockey y cómo para Halloween Rux apareció vestido
como un luchador profesional.
Para cuando Matty sale a tomar aire, estamos casi en casa. Lanzando
una mirada a Jeremy, bromeo—: Apuesto a que te alegras de haber
preguntado, ¿eh?
Él lo considera antes de responder—: Sí. Parece un buen tipo. Sé que
me he perdido... —Desvía la mirada y empieza de nuevo—. Quiero saber
sobre las personas en sus vidas.
No sé realmente qué decir, así que solo asiento. Es decir, sí, yo querría
saber quién forma parte de la vida de Jeremy si fueran a estar involucrados
en la de Matty también.
Nos detenemos en la acera y Matty se desabrocha el cinturón en un
instante. Le agradece a su papá y envuelve con su pequeño brazo el asiento
delantero para un abrazo antes de salir disparado hacia el vestíbulo donde
Ray está trabajando en el mostrador de seguridad. Jeremy se baja conmigo,
caminando alrededor de la cajuela para recuperar el póster que compramos
en la tienda de regalos.
—Gracias por lo de hoy —digo, en serio—. Matty lo pasó muy bien y
fue realmente agradable.
Cierra la cajuela y se vuelve hacia mí con la mano apoyada en el metal
—. Así que, Rux.
—¿Rux?
—Al principio no pensé que ustedes estuvieran realmente juntos. Es
decir, Matty dijo que eran mejores amigos y cuando busqué en Google antes
de regresar a Chicago —ante mis cejas levantadas, se encoge de hombros—
no encontré ninguna mención de ustedes juntos... románticamente, de todos
modos.
—¿Le preguntaste a Matty? —No me gusta mucho que hable con mi
hijo de siete años sobre mi vida amorosa.
Sus manos se levantan entre nosotros—. Apenas. Matty estaba hablando
sobre Rux y le pregunté si era tu novio. Una vez. Me dijo que ustedes eran
"mejores amigos".
Matty es tan bueno imitando.
Jeremy toma un respiro, observándome—. No es asunto mío, pero
ustedes están...
—Mamá —llama Matty, asomándose por las puertas del vestíbulo, sus
pies haciendo un rápido zapateo—. Tengo que ir.
Nunca he estado más agradecida por la vejiga del tamaño de una nuez
de Matty. Claro, me gustaba la idea de parecer que estaba en una relación
con Rux, pero por alguna razón, lo que pasó esta semana me hace no querer
abordarlo en absoluto. No quiero decir que estamos involucrados cuando ya
tengo suficientes problemas manteniendo mis pensamientos fuera de sus
pantalones.
Me vuelvo hacia Jeremy, pero ya está subiendo al auto—. Está bien.
Hablamos esta semana.

Cammy

Es un partido temprano contra los Jets, y Matty y yo lo vemos completo


juntos. Apenas puede mantener los ojos abiertos al final, y cuando los
Slayers tienen una victoria de 3-2 bajo el cinturón, mi niño se tambalea de
regreso a su cama para el arropamiento más rápido de la historia.
Julia me envía varios mensajes y me pongo al día con algunos correos.
Pero a través de todo, estoy esperando tener noticias de Rux. Cuando las
tengo, estoy acurrucada en una esquina del sofá y él está en una habitación
de hotel en Nueva York y no en un avión de regreso a casa.
—Lo arreglarán durante la noche y estaremos listos para despegar
temprano —me dice. Hay un golpe sordo y me imagino su bolsa cayendo
sobre algún escritorio sin rasgos distintivos. Un sonido metálico me indica
que ha colgado su saco.
Puedo verlo en mi mente, aflojándose la corbata, desabotonando su
camisa. Quitándose el cinturón... Abriendo su cierre.
Detente.
Hablamos un poco sobre el museo. Las exhibiciones favoritas de Matty.
Las mías. Las suyas. El calendario de juegos que se aproxima. Cómo Bowie
y Static casi se pelearon por alguna chica la noche anterior, pero luego
ninguno de los dos terminó llevándosela a casa.
—No conozco tan bien a esos tipos, pero Julia dice que son todo un
caso.
—Sí, algo así. Esos jugadores defensivos pasan mucho más tiempo
juntos que con nosotros, pero aun así... Sí... Entonces, ¿qué tienen tus
calzones hoy?
Toso, agradecida de haber terminado ya mi té—. ¿Disculpa?
—Vamos —dice, totalmente impenitente—. Es solo una pregunta
amistosa. Inocente.
—¿Inocente? —No hay ni un solo hueso inocente en el cuerpo de Rux.
—Mayormente inocente. Después de 'solicita aquí', no había forma de
que no preguntara. Especialmente con esa foto quemándome un agujero en
el bolsillo los últimos dos días.
Puedo sentir mi sonrisa ensanchándose—. ¿Así que no soy la única
levemente obsesionada con esa foto?
Él emite un hmm y casi puedo verlo estirado en la cama, con esa sonrisa
traviesa a toda potencia.
—Cammy, casi me atraganté con mi lengua cuando apareció en el
avión. Y todo lo que quería hacer era mirar la maldita cosa todo el fin de
semana, pero en serio habría tenido que meter mi puño en la cara de alguien
si te hubieran visto así... incluso accidentalmente.
—Eres tan tierno. Pero nada de golpear a los compañeros de equipo.
—Sí, lo sé. De ahí toda esa cosa de quemar-un-agujero-en-mi-bolsillo.
—Tuve que enterrarla en una carpeta para que no apareciera de repente
si alguien joven e impresionable llegaba a abrir mi teléfono. —Pero sí, la
estoy mirando ahora.
—Inteligente.
—Rux, de una amiga a otro... Tu cuerpo es una locura. No puedo creer
que no te tengan haciendo sesiones de fotos de ropa interior.
—Tuve una oferta, pero soy un tipo privado.
Ante esto toso—. No lo eres. No tienes vergüenza. Eres el mayor
payaso que conozco.
—Claro, pero eso es con mis amigos. En mis términos. No me gustaba
la idea de que alguien más estuviera a cargo de cuánto de mí había por ahí.
—Lo entiendo. ¿Te molesta que tenga esta foto? Puedo borrarla
totalmente. —Me rompería el corazón, pero absolutamente lo haría.
—¿Qué? No hables locuras. Me encanta que tengas esta foto. —Gime y
por el sonido, sé que él también la está mirando ahora—. Que la tengamos
ambos. Y no puedo decirte lo mucho mejor que me siento sobre ti
admirando mis abdominales increíblemente marcados desde que he estado
con una semi erección cada vez que pienso en tu lazo dorado.
—Cállate —digo con una sonrisa, pero solo pensarlo es suficiente para
hacer que ese calor ahora familiar se agite en la parte baja de mi vientre y
que mis piernas se aprieten.
—Sobre los calzones. —De ninguna manera iba a dejarlo pasar—. ¿Qué
dicen hoy? ¿'Camino equivocado' en el trasero? ¿'Resbaladizo cuando está
mojado'? ¿Más superhéroes?
No puedo creer que esté haciendo esto, pero me bajo un poco las mallas
para echar un vistazo a lo que me puse esta mañana. Poniendo los ojos en
blanco, suspiro.
No debería.
—Te escucho debatiendo por allá. Solo dime. O podrías tomar otra foto.
Eso también estaría totalmente bien.
—¡Rux!
—Dime —insiste, con voz más baja, con matices de recámara a los que
nunca antes había prestado atención.
Murmuro mi respuesta, enterrando mi cara entre mis manos aunque no
pueda verme.
—¿Qué fue eso? —tose—. Podría jurar que dijiste 'cajita feliz'.
—¡Eran de una despedida de soltera! Y te juro que la mayoría de mis
calzones no dicen cosas así. Las de ayer tenían a Campanita.
—¿Campanita? Diablos, eso es extrañamente sexy. Además, no estoy
seguro de creerte. Tal vez tendré que hacer un recorrido por el cajón de ropa
interior cuando regrese mañana. ¿Te parece bien a las once?
Mis mejillas empiezan a doler por lo fuerte que estoy sonriendo—.
Directo desde el aeropuerto, ¿eh?
—Demonios, sí —Dios, me está dando esa voz grave y retumbante de
nuevo—. ¿Y estaría en lo correcto al asumir que podré conocer al muy
venerado Bob durante este recorrido?
Jadeo, pero es mayormente risa—. Estarías equivocado. Bob vive en la
parte trasera de mi mesa de noche.
Un sonido como estrangulado viene a través de la línea—. Cammy, no
puedes decirme eso. Me dices 'no' y me llamas pervertido.
—¿Qué? ¡Tú lo mencionaste!
—Sí, pero luego me dijiste dónde vive. Y ahora voy a estar pensando en
eso. Y realmente no debería estar pensando en lo muy cerca que está de tu
cama. Lo fácil que sería para ti darte la vuelta y agarrarlo. —Su voz se hace
aún más baja, desapareciendo todos los rastros de ese tono de broma—. Lo
que harías con él.
Trago saliva, con fuerza. Mi vientre está tenso. Debería cambiar de
tema, pero mi mente está repentinamente vacía de cualquier cosa que no sea
Rux pensando en mí así. Dios, me está poniendo caliente.
—Mierda, solo esta vez... y no volveré a preguntar... después de que me
fui, ¿lo hiciste?
Abro la boca, pero Rux me interrumpe con un brusco—: ¡No! No me
digas. No quiero saber. Doble mierda, sabes que quiero saber. Pero
Sunshine, creo que estamos de acuerdo en que es mejor que no lo sepa,
¿verdad?
—¿Rux?
—Cammy. —Suena torturado. Y siento esa única palabra recorrerme
por completo.
—Bob y yo estamos en un descanso —digo, aunque sé que es un error.
Otro gemido más bajo—. Dime por qué.
—Creo que sabes por qué.
Su voz es tan baja, el áspero raspado de ella es casi suficiente para
llevarme allí sin ninguna ayuda—. Dilo.
Estoy jugando con fuego. Pero no puedo evitar darle la verdad—.
Porque después de lo que pasó entre nosotros, no sería suficiente. Y no
estoy lista para dejar ir lo que hicimos todavía.
11

Rux

P ensé en ir a casa. Me dije que podría descansar después de volar


desde Nueva York horas antes del amanecer. Que debería esperar hasta que
Matty llegara de la escuela para ir entonces. Pero de alguna manera,
termino de nuevo en el departamento de Cammy, con una especie de
corriente eléctrica recorriéndome la piel mientras espero a que abra la
puerta.
Y sí, estoy siendo raro con esto de esperar. No es mi estilo. Tengo una
llave y normalmente no dudo en usarla. Pero hoy, tocar parece ser lo
correcto por si ella se siente rara o avergonzada o cualquiera de las otras
mierdas que espero por Dios que no esté sintiendo.
Esa conversación de anoche no fue lo que debería haber sido.
Sí, bromeamos y nos pusimos al día, pero solo el sonido de su voz me
tenía medio duro. Y eso fue antes de romper todas las reglas que me había
impuesto y empezar a buscar detalles que sabía que no me correspondían.
Como lo de Bob.
Así que el viaje no me dio tiempo para volver a encaminarme. No estoy
seguro de que mi cerebro vuelva a funcionar correctamente cerca de esta
chica.
No es que vaya a demostrarlo.
De ninguna manera. Somos amigos. De los mejores. Y no voy a dejar
que unas cuantas erecciones errantes se interpongan en algo que significa
más para mí que casi cualquier cosa en este planeta.
Así que aunque me esté muriendo pensando en lo que dicen sus
calzones hoy... no preguntaré.
No lo haré.
La puerta se abre y el aliento que estaba conteniendo se escapa. Esa
sonrisa.
—¿Tocando? —pregunta, apoyándose en la puerta abierta, con esos
labios exuberantes en una inclinación que, hombre, sí, realmente funciona.
Intento con eso de "los ojos aquí arriba", pero maldición, lleva un
pequeño suéter corto con jeans, y la forma en que está de pie deja expuesta
como una pulgada de piel desnuda en un lado.
—¿Rux?
Mis ojos se elevan de golpe y la culpa me invade.
Amigos, imbécil.
—Hola, Cammy —dejando un beso en su sien, la rodeo para entrar al
departamento, tratando de no mirar ese lugar junto a la puerta ni pensar en
lo profundo que tenía mis dedos dentro de ella la última vez que estuve
aquí. Tratando de no pensar en lo húmeda y apretada que estaba. Esos
pequeños sonidos desesperados que hacía.
Maldición.
—¿Viniste directo del aeropuerto? —pregunta, siguiéndome.
—Sí, pensé... —Mierda, ni siquiera sé lo que estaba pensando. Y peor
aún, ahora que he vuelto a su lugar, es como si nunca hubiera estado aquí
antes. No sé adónde ir. Dónde sentarme o pararme.
Cada lugar parece cargado de potencial sexual sin explotar. El sofá, sí,
quiero golpearme en la cara por lo que estoy pensando cuando lo miro. La
mesa de la cocina, donde me he sentado con ella y Matty tantas veces, la
estoy profanando mentalmente con imágenes de Cammy sentada en el
borde, con las piernas desnudas abiertas mientras devoro su cajita feliz. El
refrigerador, la arrinconaría contra él, la llenaría con embestidas duras.
Podría sentarme en el sillón mullido—está hecho para una persona, pero
sería tan fácil meter un dedo en el bolsillo de esos jeans sexys y tirar de ella
hasta que se sentara a horcajadas sobre mí.
No importa dónde me siente, va a sentirse como si estuviera haciendo
alguna maldita jugada con ella.
Eso es. Necesito irme.
Al darme vuelta para decirle que volveré cuando Matty llegue a casa,
me detengo en seco cuando veo esos grandes ojos azules volviendo a los
míos, luciendo tan culpables.
Tan calientes.
¿Qué iba a decir?
Sus dientes se hunden en la carne de ese exuberante labio inferior, sus
ojos bajando a mi boca. Deteniéndose allí el tiempo suficiente como para
que casi pueda saborear su beso de nuevo. Cristo, quiero saborearla otra
vez.
—Cammy —digo con voz ahogada, luchando contra los músculos que
se esfuerzan por alcanzarla y tocarla.
—No me estás mirando como un amigo —dice, y jooooder, la forma en
que lo dice—un poco sin aliento—no está ayudando.
—Tal vez el viaje no fue lo suficientemente largo. —O tal vez no
debería haber preguntado por Bob o cómo se veían sus calzones.
Y entonces estoy mirando el cierre de sus jeans, preguntándome qué hay
debajo.
No preguntes.
—Corazones.
—¿Eh? Deja de mirar fijamente, hombre.
Solo que, ¿cómo diablos se supone que debo parar cuando sus manos se
están deslizando sobre sus caderas, y sus pulgares se deslizan por debajo de
la cintura?
Trago saliva mientras veo cómo la mezclilla baja un poco en un lado,
más abajo. Lo suficientemente bajo como para exponer el ajustado algodón
blanco estampado con pequeños corazones rojos.
Y entonces es mi mano la que se estira, mis dedos rozando la cintura de
sus jeans antes de engancharse en el botón de latón. Mis nudillos rozando la
piel suave como la de un bebé debajo de su ombligo mientras la atraigo más
cerca.
Y son sus dedos los que rozan ligeramente mis antebrazos hasta donde
mi camisa está enrollada en los puños. Sus manos acariciando mi pecho,
bajando y luego subiendo, subiendo. Lo suficientemente alto como para
deslizarse alrededor de mi cuello.
¿Qué tiene sentir sus dedos entrelazados así?
No hay muchas formas de interpretar esto. Si la chica en mis brazos
fuera alguna conejita de hace dos años, ya estaría buscando un espacio
privado. Pero esta no es una conejita. Es Cammy, quien sueña con finales
felices y el tipo de para siempre que yo no podría vivir arruinando. Y así,
aunque estoy empezando a sudar por contenerme, sigo jodidamente
haciéndolo.
Inclinando la cabeza, miro en sus ojos. —Cammy, esto no es lo que
quieres. —¿Lo es?
—¿Y si quiero que sigas mirándome exactamente como lo estás
haciendo?
Maldita sea. No preguntes. —¿Cómo te estoy mirando?
La punta rosada de su lengua toca su labio inferior. —Como si quisieras
terminar lo que empezamos tanto como yo.
No puedo respirar, no puedo formar palabras. Necesito dejarla ir, solo
que en lugar de soltarla, mis puños se aferran a los costados de sus jeans.
—Solo una vez —logro decir. No será suficiente. Lo sé, como sé
respirar. Pero no me importa. Quise decir lo que dije, le daré cualquier cosa.
Sus ojos se apartan de los míos, siguiendo sus manos de vuelta por mi
pecho hasta donde comienza a jugar con el botón más afortunado de toda la
tierra. —O, quiero decir, ¿tal vez más de una vez?
Mi corazón deja de latir, luego comienza de nuevo, bombeando al doble
de velocidad. Llenando mi pecho con algo tan jodidamente bueno.
—Quiero decir, no te estoy pidiendo que seas mi novio de verdad. Sé
que eso no es... no es lo que ninguno de nosotros quiere del otro. Pero tal
vez, ya que hay esta cosa entre nosotros. Y ya hemos cruzado la línea. Tal
vez por un tiempo, podríamos simplemente... divertirnos juntos.
—¿Divertirnos? —pregunto, con mis dedos enganchados en la parte
delantera de sus jeans mientras la acerco más.
Sus ojos se iluminan y luego se nublan, diciéndome que no le importa
que mi cavernícola se suelte un poco de su correa.
—Por un tiempo. No para siempre. Lo prometo. Es decir, siempre y
cuando seamos cuidadosos con Matty.
Asiento. —Así que en lugar de volver a ser solo amigos, tal vez nos
divertimos siendo algo más que amigos. —Ella sabe cómo me siento.
Dónde están mis límites. Jesús, ¿realmente podríamos hacer eso? —¿Por
cuánto tiempo?
Ella niega con la cabeza. —Por el tiempo que se sienta correcto.
Pienso en la forma en que se deshizo para mí la última vez que estuve
aquí, los sonidos que hizo. Y estoy bastante seguro de que puedo
mantenerla sintiéndose bien para siempre.
No para siempre. Cammy es demasiado inteligente para invertir ese
hermoso corazón en un hombre que sabe que no puede darle el futuro que
ella quiere. Y me conozco. Me importa demasiado como para querer que lo
intente.
—Por el tiempo que se sienta bien —acepto, moviendo mis manos de
nuevo a sus caderas y deslizándolas hacia abajo y alrededor por debajo de
su trasero. La levanto y me dirijo hacia el dormitorio. —Empezando ahora.

Cammy

Las manos de Rux están por todas partes. Acunando mi rostro, agarrando
mi trasero, recorriendo mi cuerpo como si no pudiera decidir qué quiere
tocar primero. Cómo quiere sostenerme. Tocarme.
Y yo estoy igual. No sé por dónde empezar o terminar con él. Rayos,
eso no es cierto. No quiero terminar con él en absoluto.
Lo quiero todo. Quiero cada pedacito de él que pueda conseguir y lo
quiero todo ahora.
No hemos establecido un límite de tiempo para lo que estamos
haciendo, pero no va a durar para siempre. Hay un límite en esto, y Dios,
quiero aprovechar al máximo cada minuto.
Así que sí, mis manos recorren su cuerpo, se enredan en su cabello, se
extienden por sus mejillas mientras nos devoramos mutuamente.
Él me levanta, sosteniéndome contra él con un brazo alrededor de mi
espalda baja y el otro debajo de mi trasero.
—Tengo condones —jadeo contra sus labios.
—Bien, yo solo tengo tres en mi billetera.
¿Tres?
—Matty llega de la escuela a las cuatro menos cuarto.
—Eso es dentro de cinco horas. ¿Cuántos compraste?
—¿Diez?
—Bien, probablemente no tendremos que salir por más, entonces.
Está bromeando. Estoy segura de que está bromeando.
¿Verdad?
Mi espalda toca el colchón y luego Rux está sobre mí, arrastrándome
más arriba en la cama con la fuerza de ese brazo detrás de mí.
Wow.
Y entonces estamos rodando juntos, besándonos y tocándonos,
suspirando y jadeando. Tirando de la ropa del otro como si ninguno de los
dos pudiera creer que tendremos otra oportunidad para esto.
Como si en cualquier segundo, pudiera terminar.
Como si estuviéramos hambrientos el uno del otro.
Su boca moviéndose sobre mi cuello y pecho como si no pudiera tener
suficiente. Mi rodilla se desliza más arriba, mis caderas moviéndose
inquietas debajo de él hasta que coloca su otra pierna entre las mías,
alineándonos.
Gimo de alivio cuando se retira y luego avanza, arrastrando la gruesa
cresta de su verga sobre mí justo como debe ser.
Es tan bueno. Tan caliente, cuando endereza sus brazos y, apoyándose
sobre mí, observa mientras lo hace una y otra vez.
Todo dentro de mí se está tensando, elevándose, pero no quiero acabar
como una adolescente en el asiento trasero de un auto. —Quiero sentirte
dentro de mí.
Sus ojos se cierran, su cabeza cae entre sus hombros antes de volver a
levantarse.
—Sunshine.
Y luego está bajando por la cama, dejando besos húmedos y con la boca
abierta por el camino. Me arqueo para desabrochar mi sostén, y el sonido
que hace Rux hace que me contraiga fuertemente alrededor del espacio que
anhela ser llenado. Baja mis jeans por mis piernas y quita su camisa por
encima de su cabeza y se deshace de sus propios jeans y ropa interior
después de lanzar un paquete de papel aluminio cuadrado hacia la parte
superior de la cama. Regresa por los calzones cubiertos de corazones
parcialmente responsables de llevarnos hasta aquí, presiona un beso por
encima de mi sexo y hunde su nariz en el algodón antes de deslizarlos por
mis piernas.
Comienza a subir. Más besos, más gruñidos hambrientos.
Sé a dónde se dirige mientras lame y muerde el camino por el interior
de mis muslos, acercándose cada vez más a donde más lo necesito.
Pero no así.
Atrapando su cabello entre mis dedos, lo empujo hacia arriba.
—Así, no puedo esperar.
Sus ojos se encuentran con los míos y se mantienen. Un asentimiento.
Hace un trabajo rápido con el condón, poniéndoselo.
—Espera. —Mi mano se mueve al centro de su pecho—. ¿Es hasta ahí
donde llega?
Rux se mira a sí mismo, luego vuelve a mirarme. Y la sonrisa en su
rostro es puro Rux y me hace sentir más caliente de lo que jamás he estado.
—Está completamente puesto.
—¿Es seguro así? —Es decir, quiero esto. Pero un bebé no planeado es
suficiente para mí.
Él asiente. Sin bromas. Su mano corre por su longitud y más calor
líquido inunda mi centro ante la vista.
Wow.
Deslizando sus dedos entre mis piernas, acaricia. —Tan mojada para mí.
—Presiona un dedo dentro y me balanceo contra su toque. Es tan bueno,
pero quiero más.
Me da otro dedo, empujando de nuevo, estirándome de maneras que sé
que no se compararán con él.
—Quiero sentirte dentro de mí. Te necesito, Rux.
Su boca se encuentra con la mía y se alinea, posicionándose en mi
entrada. Es mucho más grande que sus dedos.
—Iré despacio —dice, penetrando mi cuerpo con la pesada longitud de
su verga.
—Rux —jadeo, mi respiración deteniéndose en mi pecho, mis ojos
abriéndose de par en par con sorpresa.
Es grande. Más grande que cualquiera con quien haya estado. No es que
haya habido muchos. Pero es diferente.
La presión es intensa, robándome el aliento mientras Rux entra y sale,
dándome una muestra de lo que vendrá pero no todo a la vez. Dejándome
ajustar a la forma en que me está estirando más allá de lo que pensé que mi
cuerpo podía soportar y luego quitándolo... así que para cuando me lo
devuelve, estoy desesperada por ello.
—Eres tan- Oh Dios.
Él se retira. —¿Demasiado?
Niego con la cabeza, subiendo mi talón por la parte posterior de su
muslo, como si pudiera de alguna manera mantenerlo en su lugar. —No. ¿O
sí? No te detengas.
Esa sonrisa. Esa sonrisa me mata.
Todavía está entrando y saliendo, todavía provocándome justo como en
mis sueños.
—¿Quieres mi verga? ¿Quieres sentirme tan profundo dentro, que no
sepas dónde termino yo y comienzas tú?
Lame dentro de mi boca, su lengua deslizándose contra la mía. —
¿Quieres que te dé todo lo que puedas soportar, y luego te dé más?
—Sí. ¡Rux, sí!
Está más profundo ahora, y Dios, apenas puedo respirar con la forma en
que me está llenando. Mis manos están por todas partes. Sus hombros, su
espalda. Su cabello, deslizándose por su mandíbula y luego atrapado en el
suave agarre de sus dientes mientras encuentra el lugar más profundo dentro
de mí y se detiene.
—Ahí —jadeo, mi cuerpo convulsionando alrededor del estiramiento y
la tensión de él tan grande dentro de mí.
—¿Aquí?
Contrayéndome y abrazándolo como si quisiera más.
—Por favor.
—Lo que quieras, Sunshine. —Y empuja de nuevo, larga y
profundamente, chocando contra el límite de lo que puedo tomar.
—Mierda, estás tan apretada. No quiero lastimarte.
—Tan bueno —jadeo, desesperada por más—. No me estás lastimando.
Este hombre nunca podría hacerme daño.
—Más fuerte. —Quiero sentirlo durante días.
Me da lo que le pido, observándome con ojos que registran todo. —¿Te
gusta eso?
—¡Mucho!
—¿Quieres que te haga venir?
—¡Sí!
Se inclina y me besa de nuevo, profundo y sucio y tan increíblemente
bueno.
—El primero te lo doy fácil, porque voy a morir si no te siento
viniéndote sobre mi verga. Pero después tendrás que trabajar por el
siguiente. ¿De acuerdo?
Estoy asintiendo, frenética. Porque probablemente podría pedirme que
le firmara mi cuenta bancaria y si pensara que me iba a llevar hasta allí, lo
haría.
Y entonces está deslizándose dentro y fuera, golpeando ese punto con
cada embestida, haciendo que mi respiración se corte y mi cuerpo se haga
añicos.
Cuando mis músculos se relajan, desacelera sus movimientos y se
inclina para besarme de nuevo. Hace el amor a mi boca, y es tan dulce, tan
completo, tan bueno que, ya estoy tensándome de nuevo.
Arqueándome contra él.
Deslizando mis talones para que se bloqueen detrás de su espalda.
Quiero más.
—¿Estás lista? —pregunta, meciendo lentamente sus caderas contra mí.
—Síííí. Muy lista.
—Entonces agárrate.
12

Cammy

—¿E ntonces lo viste ayer y fue totalmente normal? ¿Como amigos


de verdad y nada más? —pregunta Julia dos días después,
abrazando su cerveza mientras los fanáticos se mueven a nuestro alrededor
buscando sus asientos en el estadio.
—Sí. Pero acordamos que Matty no vería ningún cambio entre nosotros.
Así que aunque mi corazón empiece a acelerarse cuando Rux entra, no hay
besos ni coqueteos frente a niños impresionables que podrían hacerse ideas
equivocadas.
—Sí, pero Matty siempre está corriendo por alguna cosa. ¿Rux no hizo
una de esas tácticas accidentales a propósito donde pasa rozándote el pecho
cuando tienen treinta segundos a solas?
Mi cara se arruga con confusión. —¿Ese es uno de sus movimientos
característicos o algo así?
—No. Pero... quiero decir, si ustedes están yendo por el paquete
completo de beneficios, parece que tal vez deberías estar obteniendo más
beneficios, es todo.
Sacudo la cabeza tratando de no sumergirme demasiado en
pensamientos sobre cuántos beneficios ya he disfrutado.
Muchos.
Muy buenos.
Tomo un respiro para calmarme. —Estoy bastante segura de que voy a
disfrutar más del paquete de Rux. Pero lo de Matty es muy importante para
mí. Y realmente significa mucho que también sea importante para Rux. Él
lo entiende. Vamos a ser amigos sin importar qué. Y aunque lo que estamos
haciendo es realmente, realmente divertido para nosotros... no es justo
poner algo delante de Matty que no va a estar ahí permanentemente.
Ella asiente y toma un sorbo de su cerveza. Luego otro.
—¿Pero ni siquiera un besito cuando Matty está en la otra habitación?
—Solo el mismo pequeño beso en la parte superior de mi cabeza que he
estado recibiendo desde aproximadamente la segunda noche que nos
conocimos.
Otro asentimiento. Otro trago.
—¿Entonces eso significa que no van a estar encima uno del otro
después del partido?
Realmente no sé qué esperar después del partido. —Honestamente, creo
que todo va a ser como siempre mientras estemos afuera. Es decir, no
establecimos un horario ni firmamos un contrato. Creo que simplemente
está... sobre la mesa. Así que tal vez de vez en cuando... pero quién sabe.
—Pero Matty está en casa de Jeremy esta noche. ¿Entonces después?
—Sí, después.
Su sonrisa se ensancha y yo sacudo la cabeza. —Julia, en serio, no te
hagas ideas. Esto entre nosotros es solo para divertirnos.
—Um, esto entre Greg y yo también era solo para divertirnos.
Así comenzó para ellos. Un pagaré de una década por un solo beso.
Solo diversión entre viejos amigos. Pero había una diferencia significativa.
—Puede que tú solo estuvieras divirtiéndote, pero estoy bastante segura de
que Greg iba en serio desde el principio. —Ella pone esa sonrisa soñadora
en su rostro que me hace creer en los finales felices—. La cosa es que no es
así con Rux. Y tampoco es así conmigo.
Sus hombros caen y me mira. —¿Por qué no? Es un chico tan bueno.
—Julia, sé lo buen tipo que es. Lo quiero muchísimo y es uno de mis
mejores amigos. Pero Rux no está buscando establecerse. Es muy directo al
respecto. Y aunque quiero esto con Rux ahora mismo, el tipo me ha dicho
claramente que no es bueno manteniendo una relación. No quiere hijos. Es
un amigo leal y un compañero sólido, pero no quiero arruinar las cosas
entre nosotros tratando de convertir esto en algo que no puede ser.
Se hunde en su asiento, pero no dice nada más. Porque sabe que tengo
razón.
Es como lo primero que aprendes sobre él. Y generalmente te lo ha
dicho él mismo.
La música en el estadio está a todo volumen, los asientos a nuestro
alrededor llenándose. Miro a mi hermana mientras los Slayers salen al hielo
para calentar.
Espero a que Rux pise el hielo y lo animo mientras patina,
dedicándonos una sonrisa mientras golpea el vidrio y me deja un poco sin
aliento.
El partido es rápido e intenso. Rux termina en la caja de penalización en
el segundo tiempo y finaliza el juego con dos asistencias. Julia y yo
aparecemos en la pantalla gigante varias veces, algo a lo que me he
acostumbrado desde que su carrera despegó. Cuando suena el timbre final,
hemos ganado y estoy un poco ronca de tanto animar y reír con mi
hermana.
Julia revisa su teléfono y mira hacia el palco de los dueños donde Greg
nos saluda con la mano.
—Bueno, se va a quedar con los chicos y nos encontrará más tarde en el
Five Hole.
Yo también lo saludo y luego le envío un mensaje rápido a Rux
felicitándolo por el partido mientras un par de niños con camisetas de
Baxter se acercan para saludar a Julia y darle una nota para su esposo.
Después, nos dirigimos al bar con lo que se siente como la mitad del
estadio. Todos están emocionados por la victoria, hablando del partido, pero
yo estoy callada, mis pensamientos giran en torno a cierto jugador y cuáles
son mis posibilidades de anotar con él esta noche.
Estoy segura de que dijimos más de una vez. Pero no quiero hacer
suposiciones.
Es decir, puede que no estemos en la misma página. Rux no ha sufrido
escasez de mujeres hermosas disponibles y dispuestas... Caramba, de
repente no quiero pensar en eso para nada.
Julia y yo encontramos a Nat y George al fondo y nos unimos a ellas en
su mesa.
—Solo digo que una boda grande no es realmente lo mío —dice Nat
con cautela—. No es que no quiera una en absoluto.
George asiente, luego mira a Julia. —Tú pasaste por esto hace un par de
años. ¿Crees que es posible algo pequeño con este equipo?
Me río disimuladamente, recordando a Julia sudando por los planes, y
bromeo: —¿Has tomado suficiente distancia del trauma de esa lista de
invitados como para poder hablar de esto, hermanita, o necesitas un año
más o menos?
Julia bufa sobre su cerveza y me lanza una mirada malvada antes de
responder. —Creo que puedes hacer lo que quieras. Solo tienes que tener
una idea muy clara de lo que es. Si no estás completamente firme, vas a
terminar con una lista de un millón de personas y... puede ser abrumador.
Dicho esto, una vez que la planificación terminó, mi boda fue increíble.
Nat y yo estamos de acuerdo. Y luego revisamos fotos en nuestros
teléfonos para mostrarle a George. Hacemos una lluvia de ideas sobre
recuerdos de boda y nos ponemos al día con el último esfuerzo fallido de
Quinn O'Brian para conseguir la aprobación del padre de George para
casarse con su hija.
—Nunca, nunca, le pueden decir esto a Greg —dice Julia, haciéndonos
señas para que nos acerquemos a la mesa para escuchar cualquier secreto
sucio que esté a punto de revelar, aunque estoy bastante segura de que sé
cuál es.
—Suéltalo —dice Nat, con los ojos brillantes. Nada la hace más feliz
que tener algo sobre su hermano.
Julia toma un respiro dramático y luego confiesa apresuradamente: —
Mi boda de ensueño de la infancia era en la yarda cincuenta de Soldier
Field.
Sí, esa es.
Natalie realmente palidece, mientras la cabeza de George gira de un
lado a otro, como si estuviera aterrorizada de que alguien pudiera haberlo
escuchado. Pero cualquiera que conozca a Julia sabe que lo único que
podría hacer que amara más a Greg sería si hubiera jugado fútbol americano
en lugar de hockey.
Nat toma la mano de Julia y jura: —Nunca diré una palabra.
Recuperándose con un trago de cerveza, George codea a su amiga. —
Cuenta la tuya.
—Yo quería una boda en un yate —dice Nat, sus mejillas sonrojándose
—. Con el cortejo nupcial en motos acuáticas a ambos lados.
Julia asiente, con una amplia sonrisa. —Bien. ¿Bikinis o ropa formal?
—Formal de todas formas —interviene George con deleite—. Lo
confesó después de demasiados shots de gelatina en el tercer año. Soltó
cada detalle.
Y esos detalles siguen acumulándose, hasta que todos nos estamos
riendo tan fuerte que ni siquiera notamos cuando llegan los chicos hasta que
George mira hacia arriba y salta de su silla, con Natalie siguiéndola
rápidamente. Quinn y Vaughn las reciben en sus brazos, mientras Greg
toma la mano extendida de Julia y se inclina para un beso. Rux viene detrás
y a pesar de lo que le dije a mi hermana antes, no tengo idea de qué esperar
al verlo esta noche. Me lanza esa sonrisa increíblemente sexy, agarrando
una silla del otro extremo de la mesa y dando la vuelta para colocarla junto
a la mía.
Siempre nos sentamos juntos, pero esta vez verlo moverse al espacio
junto a mí hace que mi estómago se desplome y un millón de preguntas
sobre lo que sucederá una vez que estemos solos empiecen a surgir.
—Hola —digo, sonriéndole como una completa tonta.
—Hola a ti, Sunshine —responde, deslizando su mano alrededor de mi
nuca y atrayéndome hacia él en un movimiento tan suave que ni siquiera me
doy cuenta de lo que está sucediendo hasta que su boca se encuentra con la
mía para un beso. Un beso que dura. Y dura.
Cuando se aparta, está sentado a mi lado y mi mano está en su pecho.
Nuestros ojos están bloqueados, los suyos arrugándose un poco en las
esquinas. —Estuve esperando todo el día por esto —dice con un guiño—.
¿Adivino que no les dijiste que nos hemos unido a la competencia de
parejas más lindas?
Parpadeo y vuelvo hacia la mesa, donde seis pares de ojos están fijos en
nosotros, con las bocas abiertas en diferentes grados.
Mi respiración escapa en una risa temblorosa. Y estoy tan aturdida como
el resto de mis amigos.
¿Pareja?
Rux no tiene el mismo problema. —Cristo, compónganse, chicas —
dice, señalando alrededor de la mesa, deteniéndose en Quinn para darle una
palmada seguida de otro señalamiento directo.
Reclinándose, arrastra mi silla justo contra la suya y me jala hacia su
costado. —Si tienen preguntas, adelante.
Definitivamente tengo preguntas. —Rux.
Pero él solo se inclina y presiona un beso rápido contra mis labios.
Luego otro. Antes de asentir hacia Vaughn. —Pregunta.
—Ehhh... —los ojos de Vaughn saltan entre nosotros—. ¿Desde
cuándo?
—Anteayer. Es nuevo. —Luego, lanzándome una sonrisa pícara, añade
—: Más o menos.
George presiona ambas manos planas sobre la mesa, boquiabierta hacia
mí. —¿Estás saliendo con Rux y te sentaste aquí con nosotras durante más
de una hora sin mencionarlo?
—Ella quería activar la cadena telefónica —miente Rux con facilidad,
dándome un apretón en el hombro—, pero decidimos esperar hasta que
estuviéramos todos juntos para compartir la gran noticia.
Julia resopla y Greg simplemente mira al techo.
Quinn está sacudiendo la cabeza, con los ojos entrecerrados. —Mentira.
¿Esto sigue siendo por El Borron, verdad?
Dios, me había olvidado completamente del tipo que inadvertidamente
puso esta bola en movimiento. Pero sí, eso tiene más sentido.
—No.
Miro a Rux. —¿No?
Él sacude la cabeza y se acerca para otro beso. Este me roba el aliento.
Cuando responde, es a mí a quien le habla. —Puedo comportarme con
Matty. Pero no hay manera de que pueda mantener mis manos lejos de ti
cuando él no esté cerca. Y como no me has golpeado, supongo que no te
molesta del todo. Pero creo que si vamos a divertirnos juntos, deberíamos
aprovecharlo al máximo. A lo grande o para nada. No cambia lo que
realmente está pasando entre nosotros o hasta dónde va a llegar. ¿Sí?
Me muerdo el labio, pensando en lo que está diciendo. Tiene sentido. Al
menos el suficiente sentido para que asienta. —¿Así que puedo tocarte todo
lo que quiera?
Él sonríe, rozando mi labio con su pulgar. —Diviértete.
—Y entonces no tenemos que preocuparnos por bailar alrededor de
líneas que realmente no podemos ver. Solo cuando estamos con Matty. Y
cuando no lo estamos.
Todo o nada. Sonrío porque es tan propio de Rux, que no sé cómo no lo
vi venir.
—Está bien.
—Está bien. —Sus ojos brillan mientras me sonríe—. Y para tu
información, te quedan unos cinco minutos más antes de que te lance sobre
mi hombro y arrastre tu lindo trasero fuera de aquí.
—¿Sí?
—He estado acumulando una lista de cosas sucias que quiero hacerte
desde que salí de tu casa hace dos días. En realidad, desde antes de irme.
Mi respiración se entrecorta y el calor comienza a acumularse en mi
centro. —¿Cosas de dos días? Suena como una lista importante.
—La tengo en Google Keep.
Parpadeo. Él no está... Esto es Rux. Por supuesto que habla en serio.
13

Rux

—S oy el maestro del autocontrol. El rey —digo contra el cuello de


Cammy, haciéndola retroceder hacia su apartamento y cerrando la puerta de
una patada tras nosotros.
Mi abrigo cae al suelo y luego el de ella.
—Tienes la paciencia de un niño de dos años —jadea mientras le
desabrocho los jeans con una mano y se los bajo por las caderas. Ella se
quita las zapatillas con los dedos de los pies y sale del pantalón.
Me deshago de mi corbata y comienzo a desabrocharme la camisa.
—Esperé días —Y había pretendia esperar hasta que volviéramos aquí
antes de soltarme la correa, pero una mirada a Cammy envuelta en mi
camiseta, con las mejillas rosadas, los labios desnudos mientras reía con
nuestros amigos, y estuve acabado—. Tienes suerte de que no te arrancara
la ropa y te tomara sobre la mesa justo ahí, frente a todo el bar.
Sus manos se deslizan por mis abdominales y pectorales, rozando mis
hombros. —Qué suerte.
Ese toque.
La alcanzo y ella engancha una pierna suave alrededor de mi cintura y
luego la otra, sosteniéndose mientras le agarro su perfecto trasero y la llevo
a su habitación. —Mmm-hmm. Como un campeón, me conformé con unos
pocos besos inocentes, una conversación oportuna y directa sobre el estado
de nuestra unión...
—Ni siquiera me diste tres de los cinco minutos que prometiste con
nuestros amigos.
Es cierto. Pero tengo una excusa. —Necesitaba oírte gemir.
Como, a un nivel crítico, de próxima respiración.
Nunca es así para mí. Nunca esta necesidad imparable, irreprimible de
acercarme más, de tener más. Pero con Cammy, no puedo tener suficiente.
No puedo sacarla de mi cabeza y no solo de esa manera amistosa, divertida,
de a Cammy le encantaría esto en la que pienso en ella la mayor parte del
tiempo. Sino de la manera de voy a perder la maldita cabeza si no pongo
mis manos sobre ella.
No es solo que sé que esto entre nosotros es a corto plazo. No soy un
tipo de relaciones, así que todas son a corto plazo.
No, la diferencia es ella. Es que amo a esta chica —no de una manera de
ponerle un anillo, déjame arruinar tu vida— sino de la manera en que solo
los mejores amigos pueden preocuparse el uno por el otro. Cada pequeño
gemido, jadeo y grito entrecortado que le arranco significa algo para mí en
un nivel que supera algún estímulo a mi ego por hacerla llegar al clímax.
Es el cariño entre nosotros, la amistad, el amor lo que me hace atraerla a
mi regazo y robarle besos a diestra y siniestra.
Sus piernas se aprietan alrededor de mi cintura, acercando el caliente y
dulce contacto de ella con mi miembro.
—Estábamos en el bar, galán —suspira suavemente y, sí, ese sonido me
hace mecerme contra ella mientras la recuesto en la cama.
—Por eso no te llevé arriba y te cogí allí mismo —Dios, lo deseaba
tanto. Esa sala VIP siempre está vacía. Llena de potenciales rincones
oscuros que suplican ser usados. Así que sí, maestro del autocontrol.
—No, solo me besaste hasta la semana que viene.
—¿Hasta la semana que viene, eh? —Mis manos recorren la curva de su
cintura—. Parece que no fue totalmente terrible. —Sé que no lo fue. Sus
gemidos fueron tan calientes que estoy en peligro de acabar ahora mismo
solo de pensar en ellos.
—¿Terrible? —Sus ojos se abren de par en par y luego echa la cabeza
hacia atrás mientras me da esa hermosa risa que me llega a todos los
mejores lugares—. ¿Cuándo vas a superar eso? Fue un beso falso que no vi
venir y ni siquiera dije que fuera terrible. Ni siquiera estabas intentándolo.
Bajando mi boca a la suya, la provoco con el más mínimo roce de
contacto. —No, no lo dijiste —Otro susurro de un toque—. Le dijiste a
Julia que fue mediocre.
Sus labios se abren bajo los míos, y le doy mi lengua. Una caricia
húmeda. Dos.
Ella tiembla, sus manos agarran mi camisa abierta. —Pero lo has
compensado con creces.
Soy consciente, pero no estoy listo para dejar de jugar. —¿Eso crees?
Un asentimiento. —Tu beso, cuando le pones un poco de esfuerzo...
La interrumpo con otra caricia resbaladiza de mi lengua y un mordisco
en su dulce labio inferior.
—...es demoledor. Afirmador de vida —Su voz baja a un susurro—.
Casi suficiente para hacerme venir por su propio mérito.
—¿Casi? Creo que vamos a tener que probar ese beso otra vez... En un
camino diferente.
La confusión que destella en sus ojos desaparece un latido después
cuando empiezo a descender por su cuerpo para dejar un beso en el
diminuto y muy sexy lazo en la parte delantera de sus calzones amarillo
pálido. Enganchando mis dedos en los costados, los deslizo por sus
curvilíneas caderas. —Levanta.
Debería haber hecho esto antes. Lo había querido, incluso quizás hice
un movimiento en esa dirección, pero estábamos tan desesperados, que
todavía puedo sentir el tirón de sus dedos en mi pelo, atrayéndome hacia
arriba mientras exigía lo que quería.
Tan caliente.
Pero ahora sé lo que quiero. Y es el sabor de ella viniendo en mi lengua.
Sus gritos resonando en este apartamento, mi nombre en sus labios mientras
demuestro el valor de mi beso de la mejor manera posible.
Maldición.
—Rux, veo adónde vas con esto.
—Eso espero.
Diablos, ya le he liberado una pierna. Dios, es tan sexy. Su sexo está
depilado, suave y tan húmedo que ya se me hace agua la boca por ella. Tiro
sus calzones a un lado y me inclino, solo para que sus piernas se cierren
mientras me agarra la cara e intenta atraerme hacia arriba.
—Esta noche no, Sunshine —Esquivo y me muevo—. Está en mi lista.
—Yo... um... Rux, no tienes que hacerlo.
Eso es una locura. —Nena, se me hace agua la boca por probarte —Solo
entonces, la tensión en su voz me hace reaccionar, haciendo que la sangre
regrese a mi cabeza para una consulta de emergencia. Desenredándome de
sus hermosas piernas, estiro los brazos para mirar su cara—. ¿No te gusta?
Se muerde la esquina del labio y mira hacia otro lado. Lo que me
molesta a un nivel que no esperaba. Se supone que Cammy puede decirme
cualquier cosa.
—Oye, Cammy, ¿me miras?
Ella deja escapar un suspiro vacilante. —Nunca he... quiero decir, yo
no... —Sacude la cabeza, dándome una mirada lastimosa.
—¿Jeremy no lo hacía? —Ese tipo cae más bajo en mi estimación cada
vez que ella me cuenta algo nuevo. Por supuesto que no lo hacía. Pero
apostaría lo que fuera a que él estaba muy a favor de los orales. Egoísta de
mierda.
—Creo que lo habría hecho si yo hubiera querido, pero era tímida. Me
daba vergüenza.
Era tan joven. Y luego quedó embarazada.
—¿Y ninguno de los chicos desde entonces?
Un encogimiento de hombros.
Dios.
Los ojos más azules se encuentran con los míos. —Rux, solo he estado
con otros dos chicos además de ti y ambos fueron... Mira, no he hecho la
mayoría de las cosas.
Mis músculos empiezan a tensarse. —Odio a Jeremy.
Ella me lanza una mirada. —No lo hagas. Él me dio a Matty, y no
cambiaría a ese niño por nada. Sí, mi vida cambió mucho cuando quedé
embarazada. Y no he hecho tantas cosas como la mayoría de las mujeres de
mi edad. Pero tengo tanto. Sé que soy yo la afortunada.
Cristo, es la mujer más hermosa que he conocido. Aún más hermosa por
dentro que por fuera. Y eso es decir mucho.
Odio que Cammy no haya tenido esto. Que incluso ahora cuando se lo
estoy ofreciendo, esté demasiado insegura para aceptarlo.
—Aquí está la cuestión, Sunshine —digo, volviendo a apoyarme en mis
codos para que mi cuerpo descanse entre sus piernas mientras miro su
rostro—. Creo que te podría gustar. Mucho. De hecho, estoy bastante
seguro de que si me dejas intentarlo, podrías descubrir que te gusta tanto
que me suplicarás que te lo haga cada vez que estemos solos.
Ella pone los ojos en blanco, pero ese indicio de sonrisa ha vuelto a sus
labios, así que lo tomo. —¿Así de confiado estás?
—Oh, sí. —Y más todavía.
—Rux, yo solo...
—¿Confías en mí?
Deja escapar un suspiro, porque sabe que la tengo. Ella confía en mí
más que en cualquier otro tipo que conoce.
—Sabes que sí. Más que en nadie, es solo que...
Cuando no continúa, la animo. —Nena, ¿no tienes curiosidad de qué se
trata todo este alboroto? Quiero decir, tienes amigas y estoy bastante seguro
de que todas ustedes comparten demasiado, casi tanto como yo. Dame una
probada, y luego decides lo que quieres.
—Estoy nerviosa —susurra, y mi corazón se rompe ahí mismo.
—¿He hecho algo que no te haya gustado?
—No.
—Solo una probada, Sunshine —Estoy dejando besos por su vientre,
haciendo girar mi lengua alrededor de esos sexy huecos debajo de sus
huesos de la cadera—. Di que sí.
—Sí —susurra, con voz temblorosa.
Tomando sus manos en las mías, dejo un beso en cada palma y luego las
guío a mi cabello, antes de retroceder. —Vas a querer agarrarte.
Sus ojos se abren de par en par, pero hace lo que le pido, deslizando sus
dedos en mi cabello y frotando suavemente mi cabeza mientras comienzo a
besar sus caderas y muslos.
Pongo una pierna sobre mi hombro y luego la otra, observando su rostro
todo el tiempo. Está nerviosa, pero quiero que sepa lo bien que puedo
hacerla sentir. Y no quiero que sienta que se ha perdido de algo.
Empiezo lento, bastante seguro de que tendré todo el tiempo que quiera
una vez que supere las inseguridades iniciales.
Usando mi nariz, rozo a lo largo de la humedad de sus suaves labios, un
lado y luego el otro, escuchando cómo se le corta la respiración y evaluando
la tensión en sus piernas, cómo sus manos dejan de moverse por completo
una vez que la toco. Beso esa piel tierna y dulce, succionando suavemente
aquí y allá, pasando mi lengua una, dos veces. Acostumbrándola a donde
estoy antes de tomar lo que quiero... Una larga y pausada lamida por el
centro de ella, terminando en su clítoris.
—Carajo —gruño, saboreándola en mi lengua—. Nena, eres tan dulce
—Otra lamida lenta, porque no puedo evitarlo—. Tan buena.
Sus dedos se curvan en mi cabello y otro suspiro estremecido sale de
ella. Encuentro sus ojos desde el otro lado de la extensión de su cuerpo. —
¿Está bien?
Ella asiente, el movimiento nervioso y tenso, sus ojos nublados de
deseo.
—Bien, porque no puedo tener suficiente —Y entonces me hundo en
ello, besando su sexo como he fantaseado. Besos profundos y con la boca
abierta con lengua y dientes, sus manos cerrándose en puños en mi cabello,
sus caderas meciéndose mientras me suplica con su cuerpo por más.
Sonidos ininteligibles de placer, suyos y míos, llenando la habitación a
nuestro alrededor.
Abarcando su trasero con mis manos, la levanto hacia mi beso, entierro
mi lengua dentro y gimo al sentir cómo se aprieta.
—Rux, oh Dios, por favor, por favor... por favor.
Está cerca, y ahora la estoy devorando como un salvaje. No puedo tener
suficiente de su sabor, esos gritos entrecortados, y la forma en que se ha
entregado completamente a mí.
Quiero darle lo que nadie más le ha dado, quiero ser el que cambie su
forma de pensar sobre este tipo de sexo. Quiero ser aquel del que no pueda
tener suficiente. El que no puede dejar ir. El que la hace llegar tan fuerte,
que no puede recordar a ningún otro hombre haciéndola llegar excepto a mí.
—¡Rux! —Sus muslos comienzan a sacudirse mientras su espalda se
arquea, empujándose contra mi boca mientras llega al clímax, retorciéndose
y jadeando, y estoy usando todo lo que tengo para no venirme contra sus
sábanas. Pero quiero estar dentro de ella. Quiero llevarla al límite otra vez.
Sigo haciéndole el amor con mi boca hasta que se queda flácida debajo
de mí, luego beso el interior de sus muslos antes de quitarlos de mis
hombros para poder subir por su cuerpo. Sus manos todavía están en mi
cabello y me atrae para un beso que se prolonga y prolonga. Debería estar
frenético a estas alturas, rompiendo récords poniéndome un condón, pero
esto se siente como todo.
Es increíblemente excitante que me dejara entrar en su boca con su
sabor todavía cubriendo mi lengua. Y ese pequeño gemido al primer roce
tentativo, luego su toque más audaz y deslizamiento mientras nuestras
bocas se funden, convirtiéndose en una, hace que la parte primitiva de mí
golpee la jaula en la que la mantengo con una palabra una y otra vez.
Mía.
Sí, podría aferrarme a este beso para siempre. Podría aferrarme a ella
más tiempo que eso.
Pero no lo haré porque ella merece más.
14

Cammy

—E n serio, ¿qué pasa con todo este reciclaje? —pregunta Julia,


mirándome por encima del hombro después de intentar meter una envoltura
de chicle en el bote que rebosa de empaques de Prime debajo del fregadero.
Puedo sentir el calor subiendo a mis mejillas mientras me asomo por la
puerta para asegurarme de que Matty no esté en la sala. Satisfecha de que
no hay moros en la costa, respondo:
—Rux. Ha estado enviándome pequeñas cosas aquí y allá, y esta
semana con él de viaje, quizás se ha pasado un poco.
Su ceja se arquea.
—No es lo que piensas —le aseguro, sabiendo que está recordando
cuando ella y Greg empezaban, y él le envió un vibrador.
—¿Entonces qué te está enviando?
Tras otro vistazo rápido para confirmar que Matty sigue ocupado en su
habitación, desabrocho el botón de mis jeans y los bajo lo suficiente para
mostrarle los calzones que me envió ayer.
—¡Dios mío, te está enviando lencería! —Luego sus ojos se abren como
platos—. Espera, ¿eso es un panqué?
—Sí, con un pequeño mordisco. En serio, es tan lindo de una manera
sucia muy de Rux.
—¿Un romántico poco convencional, eh?
Eso es. Y dulce y sexy y un ser humano tan increíble que tengo que
recordarme cada vez más que esta cosa con él no es para siempre. La
amistad sí. Pero mi acceso a este otro lado de él que me compra calzones
con una imagen de su merienda favorita tiene fecha de caducidad.
—Entonces... ¿estos son los únicos calzones o esos otros paquetes son
de pares con imágenes de... costillas y paletas también?
—Hay un par con un diente de león y las palabras "sóplame". Y... —
pienso en las del Día de San Valentín que dicen, "Rux lo lamió primero, así
que es suyo" y decido no compartir los detalles—. Hay un montón. Todos
son una mezcla de lindos y sexy. Y súper cómodos. Sin tangas.
—¿En serio? Hubiera pensado que él sería un chico de tangas.
—Yo también, de hecho, y tal vez lo era con las otras mujeres con las
que ha estado. Pero conmigo, es como si solo me comprara cosas que
encajan exactamente con quien soy.
La sonrisa de Julia se vuelve un poco temblorosa y toma una respiración
profunda.
—Porque eres todo lo que él quiere, tal como eres.
Asiento, mi sonrisa comenzando a descontrolarse. Para lo que tenemos
ahora, sí.
—¿Entonces solo usas sus calzones y luego... le cuentas sobre ellos
cuando te llama?
De repente estoy completamente absorta en limpiar una manchita
insignificante del mostrador. Jugueteando con los utensilios de cocina en la
jarra junto a la estufa.
—Cammy —susurra con un jadeo, y luego es ella quien corre a la
puerta para comprobar que no hay nadie—. ¡Suéltalo!
—Está bien, está bien, no solo le cuento sobre ellos. Quizás le envíe una
foto. —O incluso me permita una videollamada, aunque hasta anoche, no
habían escalado tan intensamente.
—¡Qué pícara eres!
Eso es lo que él dijo. Pero con más reverencia y aprecio que el shock
encantado de mi hermana.
—Bueno, eso es algo importante. O quizás no —dice dudosa, ladeando
la cabeza—. Para mí lo sería.
—Para mí también lo fue. —Me muevo hacia la mesa donde solíamos
pasar cada noche poniéndonos al día cuando ella aún vivía aquí.
Deslizándome en mi silla, paso la mano por la veta de la mesa—. Es decir,
nunca habría hecho eso con ninguno de los otros chicos con los que salí. —
Ni siquiera habría estado tentada—. Pero es Rux, y confío en él.
Ni siquiera me pidió que le enviara esa primera foto. Solo me estaba
dando ese gemido profundo y retumbante, hablando de lo duro que se ponía
sabiendo que yo estaba usando los calzones que me envió. Imaginándolos
en mí.
Me gustaba escuchar a este grande y atractivo jugador de hockey con
tanta experiencia en su pasado todo emocionado por mí. Y simplemente lo
hice. Tomé la selfie sexy y se la envié, sin dudar ni un momento que estaría
segura en sus manos.
Julia se desliza en la silla frente a la mía.
—¿Esto significa que las cosas tal vez se están poniendo más serias... de
verdad entre ustedes?
—¿Recuerdas que siempre dijiste que si un chico dice que no es lo
suficientemente bueno... debería creerle?
—Sí —dice con cautela—. Pero...
—Julia, él no quiere hijos. Y me lo dijo él mismo: cuando se trata de
relaciones, no es alguien con quien yo podría contar y nunca querría
decepcionarme así.
Sus hombros caen mientras se recuesta en su silla.
—Supongo que una advertencia tan directa sería bastante difícil de
ignorar.
Asiento, pero no menciono que hay momentos, cuando estoy acurrucada
en los brazos de Rux mientras vemos alguna serie documental hasta tarde
en la noche, en que es más fácil olvidar de lo que ella pensaría. Y cuando
eso sucede, cuando por unos momentos dejo de recordarme que esta cosa
entre nosotros no durará, siento como si pudiera ser feliz para siempre.
—No sería justo para ninguno de los dos, ¿sabes? Lo que hace que esto
sea tan bueno, tan seguro, es que ambos sabemos quiénes somos a nivel
fundamental para el otro.
—Amigos.
—Amigos. —Los amigos más cercanos, teniendo el tipo de diversión
que nunca podría tener con alguien que no fuera Rux—. Es suficiente.

Rux
Algo anda mal esta noche. Las conversaciones en el vestuario a mi
alrededor están más apagadas de lo habitual. Conversaciones que ocurren
en voces más bajas de las que generalmente escuchas antes de un partido, y
está arruinando mi concentración. Intento animar a los chicos con algo de
música y bromas pesadas, pero no funciona y mierda, necesito poner mi
cabeza en el lugar correcto antes de salir al hielo.
Revisando el reloj, todavía tengo unos minutos. Saco mi teléfono para
llamar a Cammy, no para mirar la foto que me envió anoche. No voy a
mirarla. Esa foto era lo suficientemente caliente como para derretir el hielo
en la arena, y de ninguna manera la abriré con los chicos del equipo por
todas partes.
Además, O'Brian es el tipo que se excita en el vestuario pensando en su
chica. Yo no.
Bueno, no que me hayan cachado todavía, y me gustaría mantenerlo así.
No, esta noche solo quiero hablar con ella. Escuchar su voz. Saber qué
están haciendo ella y Matty mientras espero para jugar. Quiero saber si
terminó el proyecto en el que ha estado trabajando para su jefe en el
hospital y si los zapatos que ordenó de Zappos eran tan lindos como
pensaba que serían y cómo quedó la cocina después de que Matty hiciera
licuados de espinaca para el desayuno.
Quiero ese sonido reconfortante de su voz y su risa calmando mi alma.
Solo que cuando salgo del vestuario intentando encontrar un lugar
donde tal vez tenga posibilidad de un poco de privacidad, mi llamada va
directamente al buzón de voz.
Le envío un mensaje de texto en su lugar, diciéndole que hablaré con
ella más tarde.
Que la extraño.
Sí, soy un sentimental. Gran sorpresa.
Cuando levanto la vista, Bowie y Kellog me están haciendo señas desde
donde están sentados en una de esas mesas plegables para jugar cartas.
Extiendo mi puño y choco con ambos defensas, dejándome caer en el
asiento libre.
Es Kellog quien pregunta:
—¿Has oído lo de Baxter?
Estoy bastante seguro de que todos sabemos lo que viene, pero:
—No, viejo. ¿Qué escuchaste?
Se inclina hacia adelante, mirando alrededor antes de responder.
—Oí que van a hacer un anuncio después del juego. Está fuera.
Siento como si acabara de recibir un disco en el estómago. Sabía que
venía. Pero no esta noche.
Aunque quizás debería haberlo sabido. Tuve una llamada perdida de
Greg esta tarde, pero no pude comunicarme con él cuando devolví la
llamada.
Los muchachos asienten, sus rostros tensos. Esto es lo que está mal esta
noche. La vibra extraña que estaba percibiendo en el vestuario. La razón
por la que el cuerpo técnico ha estado en reuniones todo el día.
—¿Cómo te enteraste?
—Bowie lo escuchó de Static, quien lo supo por esa reportera con la
que se estaba acostando el año pasado.
—Carajo.
Asienten, ambos pareciendo desanimados. Y lo entiendo. Apesta perder
a un jugador tan importante para el equipo. Perder a nuestro capitán.
Dejo a los chicos y trato de llamar a Baxter otra vez. Buzón de voz.
Llamo a Julia. Lo mismo.
Y luego a Cammy, aunque ya la había llamado. Pero esta vez, contesta,
sonando sin aliento y feliz.
—¡Ooh, pensé que no iba a poder hablar contigo de nuevo hasta
después del partido!
—Sí, tenía un minuto y pensé en intentarlo de nuevo.
Hay un momento de silencio y luego:
—Rux, ¿está todo bien?
Cierro los ojos y paso la mano por mi cabello. Por supuesto que ella se
daría cuenta.
—Sí, estoy bien. Es solo que... —Empiezo a preguntarle si ha
escuchado algo de Julia sobre esta noche, pero sé que es mejor no hacerlo.
Y diablos, realmente no quiero explicar. Saldrá a la luz en unas pocas horas
y ella lo verá entonces. Así que en su lugar, pido lo que necesitaba antes—.
Sunshine, cuéntame sobre tu día.
15

Rux

E l partido fue una mierda.


Esa noticia sobre Baxter saliendo antes era pura basura. Todo el equipo
estaba mal. Desincronizado. Tardando en pasar. Perdiendo oportunidades
que no deberíamos haber perdido. Vassar, que normalmente juega como una
bestia, parecía que recién se había despertado. Popov casi nos anota. Si no
hubiera sido por Diesel sacando un último salvamento, habríamos sido el
hazmerreír de la liga. ¿Y yo? Diablos.
Tres visitas al banco de penalización, cero puntos. Fue duro. El
entrenador parecía que iba a sufrir un aneurisma. Y después de ese desastre
de partido, hicieron el anuncio. Baxter bajó a la sala de prensa desde donde
sea que estuviera mirando. Julia se quedó a un lado. Y vimos cómo dio un
discurso emotivo sobre lo que significaba para él jugar en este equipo.
Sobre cómo su vida había sido el hockey desde que tenía memoria. Habló
de lesiones y de superar obstáculos y luego habló de las conmociones
cerebrales.
Habló de tomar la decisión más difícil de su vida y de mirar hacia
adelante para descubrir qué vendría después.
Al final, el entrenador parecía que estaba a punto de romperse, y la
verdad, yo también me sentí un poco emocionado.
Sabía que esto iba a pasar.
O al menos me había estado diciendo a mí mismo que lo sabía. Aunque
quizás eso no era del todo cierto, porque ver a Greg dándole la mano al
gerente general y respirando profundo antes de dar un último saludo a la
prensa... mierda.
Al salir, se acercó y me dio un fuerte abrazo.
Y luego él y Julia salieron juntos, y me sentí... desinflado.
No llamé a Cammy después, simplemente recogí mis cosas, me subí a
mi auto y me dirigí a su casa. Me gusta estar a solas con Cammy, pero la
mayoría de las veces me siento un poco decepcionado por no poder ver a
Matty después de mis partidos. Esta noche, sin embargo, me alegra que el
pequeño no tenga que verme cuando entro por la puerta principal
directamente a los brazos de Cammy. Ella es mucho más pequeña que yo,
pero carajo, la chica sabe cómo abrazar. Me mira y puedo ver que sus ojos
están un poco rojos.
—Eso fue difícil —dice contra mi pecho—. ¿Lo sabías cuando hablé
contigo? ¿Es eso lo que estaba mal?
Respiro profundamente el aroma de su cabello y cuello, absorbiendo ese
cálido olor a vainilla. —Escuché un rumor. No sabía si era cierto, pero tenía
un presentimiento.
—¿Greg no habló contigo?
Le cuento sobre la llamada perdida y no haber podido conectar con él
antes del partido. Que sabía lo que venía desde hace meses.
—Pero no es lo mismo que cuando realmente sucede —dice ella, con
comprensión en sus ojos.
Apartándome a regañadientes, paso una mano por mi cara. —No, no lo
es.
Mis piernas se sienten como plomo cuando me lleva al sofá. Cuando
nos sentamos, está demasiado lejos, así que la manejo un poco,
recogiéndola en mi regazo para abrazarla fuerte.
Esto es lo que necesito.
Me recuesto y ella apoya su cabeza contra mi hombro.
—¿Estás bien? —La pregunta es suave, gentil como la mujer que la
hace.
—Estoy enloqueciendo, Cammy —admito en el silencio de su
apartamento. Y cuando su palma se aplana contra mi pecho, la cubro con la
mía—. No creo haberte dicho que antes de empezar a jugar con Greg,
estaba por volver al equipo de ligas menores. —Demonios, no estoy seguro
de que me hubieran dejado jugar en ese punto. Tomo un respiro pesado, el
pasado pesando sobre mí como no lo había hecho en años—. Estaba
perdiéndolo todo.
Ella levanta la cabeza, con un pequeño pliegue entre sus ojos. —Dijiste
que tuviste un comienzo un poco difícil, pero no me di cuenta de que era
tan... precario.
—Sí, no muchas personas lo sabían. Diablos, en ese momento no sabía
lo cerca que había estado de perderlo todo. Me enteré después de que el
entrenador ya había hecho la llamada para dejarme ir, pero se contuvo
después de verme con Greg. Decidió ver cómo se desarrollaban las cosas.
Lo que podíamos hacer.
Debajo de mi mano, la suya se aferra a mi camisa, sujetando con fuerza.
—Me alegro de que lo hiciera.
—Yo también. —Me inclino para darle un rápido beso en la frente—.
Lo cierto es que no es que estuviera jugando como una mierda o algo así.
Era bueno. En la pista. Fuera de la pista estaba jodiendo todo. Fue un...
momento difícil en mi vida. Era volátil. Haciendo estupideces. Dejando que
mi boca corriera, buscando problemas. Bebiendo demasiado. Peleando. —
Cierro los ojos, recordando la piel desgarrada en mis nudillos, la sangre en
mis dientes cuando vi mi reflejo en el vidrio roto sobre el bar. El dueño del
bar, un amigo, diciéndome que me fuera. Que no quería volver a ver mi
cara. No fue el único—. Había trabajado tanto durante tanto tiempo, había
hecho tantos sacrificios para llegar a donde estaba, tomado tantas decisiones
que me costaron en formas que no aprecié completamente en ese momento.
Todo para tener mi oportunidad, y la estaba desperdiciando.
—Dios, Rux, ¿por qué?
La forma en que me mira, es como si ni siquiera pudiera imaginar esta
otra versión de mí. Como si no lo creyera. Y demonios, me he asegurado de
nunca darle una razón para sospechar que esa otra parte de mí existía. Pero
esta noche, necesito que lo sepa. Necesito que me quiera de todos modos.
—Mi cabeza no estaba en un buen lugar. —Paso mi mano por su
cabello, preguntándome si esta vez seré capaz de contarle—. Me
descontrolé un poco por una chica.
Sus cejas se levantan, pero a diferencia de las veces anteriores en que
han surgido mujeres, no hay un tono de broma en su voz cuando repite: —
¿Una chica?
Y entiendo su sorpresa. Durante todo el tiempo que Cammy me ha
conocido, las chicas han sido algo pasajero. Compañía casual. Todos saben
que realmente no salgo con nadie de manera significativa. No busco para
siempre, no quiero las cosas que la mayoría de las personas quieren.
Matrimonio.
Hijos.
Carajo.
Pero hubo un tiempo en que era diferente.
—Salimos en la secundaria y durante los torneos juveniles. —Puedo
sentir la prensa apretando mis pulmones con solo pensar en ella. Beth—.
Pensé que nos casaríamos. —Lo intenté. Supliqué.
Cammy está completamente quieta contra mí. Sus ojos están abiertos de
asombro cuando pregunta: —¿Qué pasó?
—Lo arruiné. —Trago saliva, odiando lo insuficiente que es esa
explicación. Cómo ni siquiera comienza a transmitir la magnitud de lo que
sucedió. Quiero contárselo, pero, Cristo, no puedo hacerlo—. Cometí
errores. Me conoces, imprudente, impulsivo. No siempre pienso antes de
actuar. Sorprendentemente, no era mejor a los veinte —digo, tratando de
bromear. Pero Cammy no sonríe.
—Rux, no tenía idea. ¿Cómo es que no sé nada de esto?
Aclaro mi garganta, tomo aire. —Bueno, las cosas terminaron mal.
Tengo... arrepentimientos. —Recuerdo ese maldito anillo dejando mi mano,
la luz reflejándose en la piedra mientras se catapultaba hacia el río. Esa
sensación enfermiza retorciéndome las entrañas, cortándome el aire en los
pulmones. El dolor—. Realmente no me gusta hablar de eso.
Intento decir más. Explicar. Pero no puedo forzar las palabras más allá
del nudo que estrangula mi garganta. No puedo decirle lo que mis acciones
me costaron. Cómo lo que pasó me cambió.
Cammy espera, pero cuando no digo más, esa mano sobre mi corazón
presiona más cerca. —Lo siento.
No tanto como yo. —Estaba bastante jodido después. No afectó mi
juego de inmediato. Pero eventualmente, nadie podía ver mi juego más allá
de toda la mierda fuera de él. No reconocía lo que estaba haciendo, lo mal
que se habían puesto las cosas. Simplemente había esta niebla roja de ira a
mi alrededor todo el tiempo, este ruido en mi cabeza que no podía
sintonizar.
—Ni siquiera puedo imaginarte así. Me rompe el corazón escuchar
sobre ti sufriendo tanto dolor.
No merezco su simpatía, pero tampoco puedo conseguir hacerle
entender. Y no puedo dejar que Beth pase más tiempo en mi cerebro del que
ya tiene o empezaré a pensar en...
No vayas ahí.
Fuerzo otra respiración, aclaro mi garganta y llevo la mano de Cammy
para darle un beso. —Pero algo sucedió cuando Greg y yo nos
emparejamos. Algo cambió. Él reconoció el potencial antes que yo, al igual
que reconoció que por muy buenos que fuéramos en la pista, lo que yo
estaba haciendo fuera de ella podría arruinarlo todo. Todavía recuerdo
meterme en problemas con uno de los muchachos en el vestidor después de
una práctica porque no me gustaba la forma en que me había estado
mirando o alguna estupidez. Greg me detuvo antes de que golpeara y casi
me derribó allí mismo. Se me puso en la cara y no se apartó hasta que pude
ver que esto no se trataba solo de mi oportunidad en la NHL, que no era
solo la suya. Que era la oportunidad de todo nuestro equipo y lo que
hiciéramos importaba para muchas más personas que solo yo o él. Que
había madres y hermanas y amigos y entrenadores y mentores detrás de
cada uno de estos tipos, todos haciendo sacrificios... a todos les debíamos lo
mejor que pudiéramos hacer. Cuando terminó, me sentí lo más bajo posible
por la forma en que había estado arruinando todo. Por no enderezarme y no
ser parte del equipo que me necesitaba.
La comisura de su boca se levanta. —Así que lo arreglaste.
—Lo arreglé. Me superé. Me Crecí. Lo que sea. —Mi cabeza cae hacia
atrás, y dejo escapar un suspiro corto antes de encontrarme con sus ojos de
nuevo—. ¿Conoces la expresión "fíngelo hasta lograrlo"? Hombre, Greg me
martilló esa mierda en la cabeza duramente. "¿No eres amigable con los
chicos del equipo? Fíngelo. Pregúntales sobre su fin de semana, su madre,
su chica. ¿No te importa la respuesta? Fíngelo. Muéstrate eufórico por
cualquier pequeña mierda que compartan contigo. Emociónate por su juego.
Simplemente fíngelo hasta que no tengas que hacerlo."
Entrecerrando los ojos por encima de mi hombro, Cammy sacude la
cabeza. —Imposible. Eres tan extremadamente amigable y entusiasta con...
todo. Eres genuino. —Sus cejas se juntan—. Sé que no estás fingiendo. No
puedes estar haciéndolo.
—Nah. Ese es el asunto, se siente muchísimo mejor estar feliz que estar
enojado. Se siente bien ver a alguien sonreír, hacerlos reír. Es adictivo. Y sí,
pasó un tiempo antes de que lo sintiera completamente, y aún más antes de
que mis compañeros confiaran en que no solo estaba jugando con ellos...
—¿Porque supongo que lo cambiaste de un día para otro?
Paso mi mano por su espalda, abrazándola cerca. —Probablemente. Y
ellos no me conocían antes de que las cosas se oscurecieran. La forma en
que soy ahora está mucho más cerca de cómo era antes de que todo se fuera
a la mierda.
—Mi hombre de extremos. —Hay afecto en sus palabras, pero no puedo
evitar preguntarme cuánto durará antes de que esta o una de mis otras
"peculiaridades" de personalidad comience a desgastarse. Un tiempo,
espero.
—Sí, sí. Todo o nada. Lo sé. Pero Baxter tenía razón. Funcionó. Estaba
viendo más tiempo de juego, y esa niebla se aclaró. El ruido en mi cabeza
se calmó y las multitudes que vitoreaban se volvieron fuertes. Y desde
entonces, hemos sido un paquete completo.
—Lo que sucede con su carrera sucede con la tuya —ofrece suavemente
—. Mismo agente. Mismos equipos.
Y sí, ella lo entiende.
—Excepto que su carrera ha terminado. Y yo no soy el líder que él es.
Siento que estoy fallando de nuevo. Quedándome corto. El equipo está
esperando que yo dé un paso al frente y entregue algo que no estoy seguro
de tener para dar sin él.
Ella deja escapar un suave suspiro y me mira. —Todo va a juntarse. De
una forma u otra. Solo dale tiempo. —Se acomoda contra mí nuevamente,
dejando que su cabeza descanse sobre mi corazón y sus dedos se entrelacen
con los míos—. Creo en ti.
Mis ojos se cierran ante las palabras que significan más de lo que ella
podría entender.
Debería irme a casa pronto. Dejar que Cammy duerma en su propia
cama. Pero no puedo hacer que la suelte todavía. No puedo renunciar al
consuelo de su cabeza contra mi pecho y la seda de su cabello bajo mi
mano.
La sostengo hasta que su respiración se alenta y ella se acurruca más
cerca. Hasta que siento que mi mundo no se está desmoronando. Y luego la
sostengo un poco más.
16

Cammy

—P órtate bien con tu papá —le digo, dándole un largo abrazo a mi


pequeño.
Jeremy está parado en la puerta, con el brazo apoyado en el marco, y
una mirada cariñosa mientras Matty entra corriendo.
Es un gran cambio desde la primera vez que lo traje para una noche a
solas con su padre. Esos primeros pasos ansiosos y miradas vacilantes hacia
atrás hacían que mi hijo pareciera años más joven de lo que realmente era.
Ya no más.
—¿Quieres pasar, quedarte un rato? —pregunta Jeremy, provocando esa
punzada que siente mi corazón cada vez que dejo a Matty. Siempre hay una
parte de mí que quiere quedarse. Que no quiere perderse nada de lo que mi
niño esté haciendo. Pero es importante que Matty y Jeremy tengan tiempo a
solas, y esta noche... bueno, estoy ansiosa por mis propios planes.
—No, este es su tiempo. Diviértanse.
Mira hacia atrás, luego se frota la mandíbula, dándome esa misma
mirada que solía ver en la preparatoria. —Nos divertiríamos mucho más si
te quedaras.
—Gracias. De verdad. Pero los veré mañana. —Mirando más allá de
Jeremy, grito hacia el apartamento—. ¡Adiós, Matty! ¡Te quiero!
Me responde con un rápido: —¡Adiós, mamá! —y me voy.
Rux ha estado viajando los últimos tres días y llegó tan tarde anoche
que se fue directamente a su casa en lugar de venir. Pasó esta mañana en el
Hospital Infantil compartiendo con los niños y luego tuvo citas seguidas
durante el resto de la tarde. Lo cual fue lo mejor, ya que tenía mi propio
trabajo por terminar, y no quería nada que interfiriera cuando finalmente lo
viera esta noche.
Conduzco a casa con una sonrisa ridícula en mi rostro, mi estómago en
un constante estado de caída libre sabiendo que estoy a punto de verlo.
Han pasado dos semanas desde que Greg anunció su retiro y Rux fue
ascendido a capitán del equipo, y se está adaptando a su nuevo rol. Julia
piensa que el equipo todavía está luchando por encontrar su equilibrio con
las nuevas alineaciones, pero los Slayers ganaron anoche de nuevo y no
puedo esperar para celebrar.
Para cuando llego a casa, mi corazón late a triple velocidad.
No espero a Rux por otros treinta minutos, pero mis ojos siguen
mirando el reloj, como si de alguna manera tuviera el poder de acelerarlo.
Hay esta especie de anticipación agitada en mi vientre que no había sentido
en tanto tiempo.
Es una locura. Pero se siente tan bien que ni siquiera puedo intentar
decirme que vaya más despacio. Que me contenga.
Llevo puesto un suéter amarillo delgado y suave, echándome loción en
las piernas cuando escucho la puerta principal, quince minutos antes.
—Oye, Cammy, ¿estás en casa?
—¡Ya voy! —Tropiezo con el frasco y salgo corriendo de mi baño.
Me detengo en la puerta del pasillo, mi corazón haciendo algo loco
cuando lo veo parado allí con sus jeans oscuros, una camisa Oxford blanca
sin meter tensada alrededor de sus bíceps, y su cabello peinado pulcramente
hacia atrás.
Rux se gira, sus ojos recorriéndome ardientes, y emite un gruñido tan
sexy que me estremezco. Y entonces nos unimos en un choque, sus brazos
atrapándome mientras me envuelvo a su alrededor como un koala. Mis
dedos están en su cabello, deslizándose por su pesada mandíbula, mis
piernas enganchadas firmemente contra su trasero. Estoy llenando su rostro
de besos mientras me lleva hacia la parte trasera del sofá.
Pasa sus manos por mis piernas desnudas donde están envueltas
alrededor de él y entierra su rostro en mi cuello. —Te extrañé.
—Yo también —jadeo mientras se mueve contra mí justo en el lugar
correcto, haciendo que mis entrañas se contraigan de necesidad—. He
estado mirando el reloj todo el día.
Nuestros ojos se encuentran. —¿En serio?
Dios, me encanta la expresión en su rostro, como si no pudiera creer que
sea cierto. Trago frente a la emoción que sube rápidamente dentro de mí y
lo alcanzo de nuevo. —Sí.
Somos un frenesí de manos, bocas y cuerpos en movimiento. Mi suéter
y su camisa desaparecen, la aspereza de su mandíbula provoca mis senos
donde se desbordan de mi sostén, luego provoca más abajo en mi vientre en
una indirecta no tan sutil de hacia dónde va, lo que quiere hacerme.
Una caliente necesidad se apodera de mi centro ante el pensamiento de
Rux y su nuevo pasatiempo favorito.
Se me escapa un gemido demandante, pero luego me deslizo fuera de su
agarre y bajo del respaldo del sofá al suelo. Por mucho que me haya vuelto
adicta a su lengua, he estado fantaseando con algo más durante días.
Poniéndome de rodillas, me llevo sus jeans y bóxers conmigo.
—Nena, qué estás- Oh, mierda.
Está inclinado sobre mí, los músculos de sus poderosos brazos y pecho
se destacan en marcado relieve mientras se apoyan contra el respaldo del
sofá, sus jeans empujados hacia abajo hasta sus muslos gruesos. Abrumada,
parpadeo.
Este hombre.
¿Cómo es esto real?
Traga. —Sunshine, no tienes que hacerlo —dice, con voz espesa
mientras pasa una mano temblorosa por mi mejilla.
Girándome hacia ese toque devastadoramente suave, froto mi rostro
contra su palma. —Quiero hacerlo.
Muchísimo.
Paso mis palmas por esos duros muslos musculosos, por las losas de sus
abdominales y de nuevo hacia abajo por la trayectoria de esa locura en
forma de V hasta que mis dedos lo provocan suavemente sobre su gruesa
longitud, apretando ligeramente y luego con más firmeza.
Rux deja de respirar cuando nuestros ojos se encuentran. Mis labios se
separan y apenas los rozo contra la punta dura.
—Cammy —gime, indefenso mientras lo tomo en mi boca.
He hecho sexo oral antes, a Jeremy, hace un millón de años. Siempre
fueron para él. Siempre un ejercicio de mecánica. Insertar la lengüeta A en
la ranura B y esperar la advertencia de que era hora de apartarse. Pero esto,
¿ahora? Este es un acto egoísta. Uno en el que estoy tan completamente
involucrada, no creo haber necesitado nada tanto como necesito la seda, el
acero y el sabor de Rux en mi lengua. Tan bueno.
Siento su moderación mientras lo atraigo lo más profundo que puedo,
retrocedo, y luego lo atraigo más profundo. No hay nada mecánico en esto.
Se trata de emoción, necesidad y esta cosa entre nosotros que ha estado
creciendo silenciosamente desde ese primer beso ridículo.
Recoge mi cabello, manteniéndolo fuera de mi rostro mientras
establezco el ritmo. Mis manos se deslizan alrededor de la parte posterior de
sus muslos, y lo acerco más. Luego nos mecemos juntos, y él se desliza
húmedo y duro en mi boca mientras gimo a su alrededor.
Elogios ásperos como grava llueven desde arriba mientras llega al fondo
de mi garganta.
—Nena, eres demasiado... tan buena...
Cada súplica gutural y desesperada-
—Estoy perdiendo la cabeza...
-aterriza entre mis muslos, haciéndome más mojada, más caliente, hasta
que deslizo mis dedos dentro de los calzones que me envió ayer. Nunca he
estado tan excitada. Nunca he estado tan atrapada en la necesidad de dar
placer a otra persona.
—Eso es tan caliente... —Está pesado contra mi lengua, palpitando. Sus
muslos como granito—. Tócate, Sunshine... necesito verte venirte... con mi
verga entre tus labios... ¡carajo!
Eso es todo lo que necesito y estoy cayendo al precipicio, llegando
intensamente y luego manteniéndolo cerca, tragando profundamente
mientras se derrama en mi garganta.
Cuando ambos terminamos, se desliza al suelo para que quedemos
recostados contra la parte trasera del sofá. Me atrae a sus brazos y me besa
larga y lentamente y con tal tierno afecto, que algo profundo en mi pecho se
abre y tengo que parpadear para alejar la humedad que se acumula en las
esquinas de mis ojos.
—Nena, eso fue una locura —murmura, abrazándome fuerte.
Sosteniéndome como si nunca fuera a dejarme ir—. Pero esto... esto es lo
que he estado esperando.
17

Rux

—¡R ux!
Tengo a Cammy recién duchada, todavía húmeda, cargada
sobre mi hombro, mi mano rodeando su muslo desnudo, su risa haciéndome
cosquillas en la espalda. Las mangas demasiado largas de mi camisa le
cuelgan más allá de las puntas de sus dedos mientras me agarra el trasero y
me pellizca los costados.
—¿Qué dices, Sunshine? No puedo oírte con tanta risita.
No hay nada mejor que esto.
—¡Bájame!
La voy a dejar en el sofá, donde me voló la cabeza hace unas horas, y
después me voy a ocupar de ella. Pero primero, a la cocina.
Ella se agarra al marco de la puerta mientras la llevo cargada. Y sí, estoy
disfrutando mucho de esta pelea de juego que está oponiendo. Me hace
pensar en cuánta diversión podríamos tener en mi casa. Hay mucho más
espacio para un juego de persecución.
—¿Necesitas un vaso de agua o algo? —Después de lo que hicimos en
su habitación, tal vez un Gatorade. Y después de la ducha, diablos, tal vez
dos—. Voy a agarrar esa crema batida.
Se queda inmóvil, ese cuerpo retorciéndose y agitándose se vuelve de
piedra.
—¿Cammy? —Habría jurado que le gustaría lo de la crema batida.
—Oh mierda, Rux, báj...
—¿Mami? ¿Qué estás haciendo ahí arriba?
Mi cabeza gira hacia donde Matty está parado detrás de nosotros, con
una expresión tensa en su rostro algo verdoso. Un segundo después, Jeremy
aparece detrás de él, con los ojos muy abiertos por el horror mientras mira
de Matty a nosotros y viceversa.
Me lleva la chingada.

Cammy

No hay nada digno en mi descenso del hombro de Rux, especialmente


considerando que mi trasero no está cubierto por nada más que unos
calzones que dicen "Ese es mi pastel" en letra cursiva al frente.
—Matty, bebé, ¿qué haces aquí? —grazno, pero solo me toma un
segundo ver y luego sentir cómo corre hacia mí, enterrando su cabecita
cálida en mi estómago. Gracias a Dios que esta camisa me llega casi hasta
las rodillas—. Cariño, ¿estás enfermo?
Asiente lastimosamente. Acaricio su cabello húmedo por el sudor y,
abrazándolo más cerca, me vuelvo hacia Jeremy, quien está parado
incómodamente en la entrada de la cocina.
—Mier... coles. Cammy, lo siento. Parecía estar bien antes. Cenamos y
jugamos. No se quejaba ni nada, pero hace como cuarenta minutos, gimió
una vez y vomitó.
Matty mira más allá de mí hacia Rux, quien está parado totalmente
quieto en sus bóxers ajustados y nada más. Dios mío. Mi pobre bebé. ¿Qué
estará pensando al entrar y ver esto?
—Rux, vomité en su ficus.
—Eso suena duro, pequeño. Lamento que no te sientas bien.
Matty asiente. —¿Por qué llevas puesta tu ropa interior?
Me voy a morir.
Rux abre la boca y luego la cierra de nuevo, lanzándome una mirada de
impotencia.
—Derramé nuestra cena —digo demasiado rápido, sintiendo las llamas
del infierno lamiéndome los pies por mentirle descaradamente a mi niño—.
Se salpicó por todas partes.
—Por todas partes —repite Rux.
Matty asiente, demasiado agotado para insistir en detalles. —Todos
cometemos errores.
Jeremy se aclara la garganta y comienza a entrar en la cocina, se detiene
en seco y luego como que hace un gesto para que Matty se acerque a él. —
Oye, chico, ¿qué tal si vamos a dejar tus cosas en tu habitación y te
ponemos el pijama para mamá?
Nunca he estado más agradecida con nadie como lo estoy en ese
momento.
Veo a mi hijo tomar la mano de su padre, sintiendo que no puedo
respirar. Como si nunca fuera a poder recuperarme de esto. Como si todo
fuera diversión y juegos hasta que tu hijo de siete años te encuentra usando
la camisa de un hombre con el trasero al aire.
—Cammy, vamos. —Rux toma mi mano—. Deja que guarde sus cosas
y nos cambiaremos.
Asiento mientras me lleva de regreso a la habitación... donde me
detengo y miro fijamente, la culpa retorciéndome el estómago. Parece que
la ropa explotó de nuestros cuerpos aquí.
—Sunshine.
—Está bien. —Frenéticamente, comienzo a agarrar calcetines sueltos,
jeans, cinturones y zapatos, empujando todo en sus manos—. Apúrate.
Me pongo las mallas que nunca me puse antes de que Rux llegara.
Calcetines. Una liga para mi cabello. —Voy a ir a revisar a Matty. ¿Qué
hacemos? No puedes escabullirte.
—No, me despediré de él y luego me iré. —Está parado ahí en sus
jeans, con el pecho desnudo. Por cómo está construido, es difícil imaginarlo
siendo algo más que confiado y seguro. Pero por la forma en que se frota la
nuca, su boca como atrapada entre una sonrisa y un ceño fruncido, dice que
no es así como se siente—. Quiero decir. Si quieres que lo haga. Podría
quedarme y ayudar. Me gustaría.
—Quizás esta noche no. Está enfermo. Y no quieres contagiarte de
nada, ¿verdad? Rux, ¿dónde está tu camisa? Tenemos que irnos.
Él deja escapar una risa áspera. —Nena. Tú la estás usando.
Miro hacia abajo. Mierda.
Otro cambio rápido y estoy lista. Jeremy me está esperando fuera de la
puerta de Matty, sin poder mirarme directamente a los ojos.
—De verdad lo siento, Cammy. Intenté llamar pero no respondiste y
pasó de estar bien a un colapso de llanto queriendo volver a casa en un abrir
y cerrar de ojos. Dijo que estarías en casa, y tenía una llave y... Mierda,
estaba tan alterado y quería estar en casa y... no pensé.
—No, Jeremy. Yo lo siento. —Había intentado llamar, y la razón por la
que no lo escuché fue porque estaba en la ducha con Rux. Mi hijo me
necesitaba, y yo no estaba ahí.
Me siento enferma.
—Siempre tengo mi teléfono, y esta vez...
Él levanta una mano, negando con la cabeza, con una mirada mitad
dolorosa, mitad suplicante en sus ojos. —Lo entiendo.
Las disculpas incómodas van y vienen durante otro minuto, y luego
Matty sale de su habitación, el peluche que decidió dejar esta mañana
apretado contra su pecho.
—¿Dónde está Rux? —pregunta, y noto una ligera mueca de Jeremy.
—Aquí mismo, amigo. —Rux sale de mi habitación, completamente
vestido.
—¿Te vas? Pero acabo de llegar —se queja Matty, viéndose
completamente patético.
Los ojos de Rux se dirigen a los míos. Se ofreció a quedarse. Pero...
aparto la mirada.
—Lo siento —dice con naturalidad—. Tengo que irme. Pero mañana
preguntaré cómo sigues.
Chocan los puños y Rux me da un rápido beso en la parte superior de mi
cabeza.
Me vuelvo hacia Jeremy. —No necesitas quedarte. Yo me encargo. Ve a
limpiar tu ficus y mira si es recuperable.
Rux se queda atrás, esperando. Pero Jeremy se pasa la mano por la
boca. —Así que, me preguntaba... —Se aclara la garganta y lanza una
mirada rápida a Rux antes de volver a mí. Con voz baja, se inclina más
cerca—. Cammy, sé que es mi culpa no tener idea de cómo cuidar a nuestro
hijo cuando está enfermo. Pero quiero que eso cambie. Quiero que muchas
cosas cambien. ¿Crees que tal vez podría quedarme? Así la próxima vez
que esté en mi casa, si ocurre algo como esto, no tendré que traerlo a casa.
Lo que dice tiene perfecto sentido, pero la parte de mí que no es
completamente racional... Esa que es posesiva con el hijo que he criado sola
se eriza ante la idea de que Matty esté en cualquier lugar que no sea
conmigo cuando está enfermo.
Egoístamente, quiero ser la única que pueda darle el consuelo que
necesita.
Pero eso es exactamente lo que es... Egoísta.
Mis ojos se dirigen a Rux, donde todavía está esperando a que eche a
Jeremy como lo he hecho con él.
Ya he sido demasiado egoísta esta noche.
¿Y si no hubiera estado aquí? ¿Y si hubiera estado en el lago en uno de
esos cruceros de verano con alcohol a los que Rux me invitó el verano
pasado? ¿Y si no pudiera regresar?
Más que ser aquella a quien Matty recurre cuando se siente mal, quiero
que mi hijo tenga la seguridad de saber que, aunque yo no esté cerca, hay
otras personas que pueden cuidarlo, que lo aman.
Así que, por más amargo que me sepa decirlas, igualmente pronuncio
las palabras.
—Claro. Por supuesto que puedes quedarte.
18

Rux

—¡U ff!
Navego de espaldas sobre el hielo, dejando caer
maldiciones murmuradas a mi paso.
Eso me pasa por tener la cabeza en las nubes en vez de concentrarme en
los ejercicios, el disco y los jugadores que tuvieron la mala suerte de
practicar conmigo esta mañana.
Estoy fuera de juego después de lo de anoche. Cammy estaba tan
molesta. Que Matty nos descubriera la asustó mucho. Demonios, claro que
sí. Ella no quiere que él se haga ilusiones sobre algo que no va a pasar.
Hemos sido tan cuidadosos sobre cómo actuamos frente a él, y en un
momento todos esos esfuerzos se fueron a la basura. Lo entiendo.
Pero ver cómo se cerró, cómo me dejó fuera... mierda, eso fue brutal. Y
luego esa estupidez con Jeremy ahí parado, como si todo lo que le
importara fuera aprender a cuidar de su hijo, me enfureció. Estoy seguro de
que le importa Matty. Es imposible que no sea así. Pero he visto cómo mira
a Cammy, cómo me mira a mí. Y lo de anoche fue una jugada.
Una que necesito dejar a un lado.
—Ay, mierda, lo siento, viejo —dice Kellog, frenando bruscamente a mi
lado, con una mirada culpable—. Pensé que estabas... —Sacude la cabeza
—. ¿Estás bien? No te golpeé la cabeza, ¿verdad?
—No, para nada. —Gracias al cielo. Nunca me perdonaría por
defraudar al equipo si les costara otro jugador con una conmoción cerebral
—. No te preocupes. Fue totalmente mi culpa. Estoy bien.
Volviendo a su posición, me señala con su bastón. —¿Seguro?
—Estoy seguro. —No dejaré que vuelva a pasar.
Hacemos algunos ejercicios más y logro concentrarme, encontrar ese
lugar donde solo existe el juego. Para cuando suena el silbato, estoy
empapado en sudor y me siento más como un jugador y menos como un
novio celoso. Pero sigue ahí, flotando en los bordes de mi mente.
¿Estamos bien?
¿Cuánto tiempo se quedó Jeremy?
¿Intentó algo?
¿La hizo sonreír? Jesús.
Me sentiré mejor cuando hable con mi chica. Quiero escuchar su voz.
Quiero ver sus ojos. Y demonios, tal vez quiero oírla decir que Jeremy es un
idiota. Que es un inútil. Que a Matty no le importó si estaba allí o no.
Pero tan pronto como pienso eso, me siento como el imbécil más grande
del mundo porque ¿quién le desearía eso a alguien? Lo que debería estar
deseando es que Jeremy se convierta en el mejor maldito padre que el
mundo haya visto. Porque lo quiero por Matty.
De verdad lo quiero.
Pero quiero algo diferente para Cammy. Algo mejor que el egoísta que
la abandonó cuando más lo necesitaba. Si pensara que soy lo
suficientemente bueno, ya le habría puesto un anillo en el dedo. Pero quiero
más para ella. Quiero lo mejor. Pero primero, quiero solo un poco más de
tiempo con ella antes de que lo encuentre.
Me ducho y me arreglo. Almuerzo con los chicos.
Tenemos un partido esta noche, pero me sobra una hora más o menos.
—Oye, Sunshine, ¿cómo está el enfermito? —pregunto desde el auto,
esperando que tal vez pueda pasar por allí.
—¿Cómo es que un cuerpecito tan pequeño produce tanto vómito?
—¿Tan mal está, eh? —Se escucha un gemido cansado a través de la
línea y odio oír ese sonido—. ¿Qué tal si paso y te echo una mano por un
rato? Puedo traerte algo de comer.
Es imposible no notar su vacilación antes de responder. —Matty acaba
de quedarse dormido y creo que voy a intentar descansar un poco mientras
pueda. ¿Lo dejamos para otro momento?
—Sí, claro. Descansa y dile a Matty que se mejore.
Lo digo en serio. Ella necesita un descanso.
Pero hay una parte de mí que sigue viendo la forma en que me miró, o
más bien cómo no me miró, cuando rechazó mi oferta de quedarme. Y esa
parte no puede evitar preguntarse si habría dicho que sí si lo de anoche no
hubiera ocurrido.

Cammy

—¡Cuatro días! Pero has hablado con él, ¿verdad? —exige Julia a través
de la línea. Está en Los Ángeles otra vez y ve el partido conmigo por
teléfono—. No solo lo echaste y luego te quedaste en silencio total.
¿Verdad?
Pongo los ojos en blanco, confiando en que ella puede sentirlo. —Sí,
hablé con él. Aunque más que nada por mensajes. Estaba agotada por
quedarme despierta con Matty vomitando durante dos días. —Eso es cierto
—. Nuestros horarios no coincidían y luego él tuvo que irse. —
Técnicamente, también es verdad. Aunque podría haberlo arreglado. Hace
una semana, lo habría hecho. Habría estado esperando junto a la puerta a
que llegara después del partido, con el corazón acelerado, mi cuerpo
anhelando la oportunidad de estar cerca de él. De sentir sus brazos
alrededor de mí, su corazón latiendo contra el mío.
—Está bien. Además, es Rux. Con más de dos llamadas perdidas ya
tendría a todo el equipo involucrado. Las esposas de los jugadores pegando
carteles, los bomberos derribando tu puerta y algún equipo táctico entrando
por tus ventanas.
Intento reír, pero Julia debe oír algo extraño en mi risa porque de
repente su voz es seria, tranquila. —Oye, Cammy, ¿qué está pasando? ¿Está
todo bien entre ustedes?
Mi boca se abre para decirle que sí, pero las palabras no salen. Respiro
hondo. —Quiero que lo esté. Pero Julia... ¿qué estoy haciendo?
Dios, ojalá estuviera aquí ahora mismo. Me encanta lo que está
haciendo con su carrera, y me encanta que ella y Greg estén poniendo la
barra tan alta para las metas de una relación. Pero la hermanita que llevo
dentro extraña las noches en las que nos sentábamos a hablar hasta estar
demasiado cansadas para seguir hablando. Echo de menos el consuelo de su
brazo a mi alrededor cuando estoy ansiosa y saber que antes de ser de
alguien más, era mía.
Es egoísta. Pero la extraño.
—No entiendo. ¿Qué quieres decir? —pregunta—. Pensé que las cosas
iban bien entre ustedes. Divertidas y sexys y... todas esas cosas buenas.
—Así es. Es increíble. —Sacudo la cabeza, de repente abrumada por
una emoción que no puedo explicar—. Me hace sentir viva de una manera
que no he sentido en siete años. —Quizás nunca—. Como si todas esas
cosas que empecé a preguntarme si alguna vez encontraría... de repente
estuvieran a mi alcance.
—Pero eso es bueno, ¿no?
—No estoy segura de que lo sea. Es decir, se siente bien. —Muy bien
—. Pero Matty nunca debió vernos juntos así. ¿Y si empieza a hacerse
ilusiones sobre Rux y yo volviéndonos algo serio cuando eso no puede
pasar?
Julia hace un hmm a través de la línea. —Bueno, primero, es hora de
enfrentar los hechos. Ya son algo serio. No importa cuál sea su estado de
relación oficial, tú y Rux han sido algo serio desde mucho antes de que
comenzaran lo que sea que empezaron.
—Pero...
—Segundo, lo único que lastimará a Matty si las cosas no funcionan, es
si pierde a Rux. Es decir, ¿qué importa si el niño los atrapa a ti y a Rux B-
E-S-Á-N-D-O-S-E? No es como con mamá y su desfile de perdedores, que
pasaban de cero a vivir-con-nosotros en el transcurso de una noche.
—Entregándoles nuestro dinero del almuerzo para que pudieran
comprar cigarrillos al día siguiente. —Cierro los ojos, odiando esos
recuerdos. La confusión y el miedo cuando aparecía el siguiente tipo.
Preguntándome cuánto duraría, y si desearía que hubiera sido menos tiempo
al final.
Inquieta, camino hacia las ventanas y miro las calles cubiertas de nieve.
Matty va a necesitar botas mañana. —Sé que es diferente con Rux. —
Aparte de Julia, él es lo más cercano a una constante que hemos tenido en
nuestras vidas.
—Bien. Porque eso me lleva a mi tercer punto... No estoy segura de que
solo estés tratando de proteger a Matty. Creo que te estás enamorando de
Rux. Creo que esto entre ustedes se ha vuelto más real de lo que cualquiera
de los dos esperaba, y ahora que te has detenido a pensar, estás aterrada por
lo que eso significa.
Cierro los ojos y apoyo la cabeza contra el cristal frío.
Por supuesto, ella vería lo que yo he estado tratando de no ver.
—Sé lo que hago. Julia, no quiero seguir cometiendo los mismos
errores. Rux no busca algo para siempre. Ha dejado claro desde el principio
que no está interesado en ser el final feliz de nadie. —Lo sé. Lo entiendo.
Estuve de acuerdo con eso.
—Pero dijiste que tú tampoco estabas interesada en nada más. ¿No es
posible que él también haya cambiado de opinión? Créeme, no sería el
primer hombre con miedo al compromiso que se convierte por la chica
adecuada.
La chica adecuada.
¿Y si yo pudiera ser esa? ¿Y si mi final feliz ha estado justo frente a mí
todo este tiempo? ¿Y si Rux ya se ha enamorado de nuestra familia?
Parpadeo, mi respiración se entrecorta casi dolorosamente ante los "y
si" que nunca me permití considerar.
—¿Él... él le dijo algo a Greg?
—No que yo sepa. Pero las comparaciones de notas medio pararon
cuando ustedes empezaron a verse menos como una comezón que
necesitaba rascarse y más como el comienzo de algo que podría llegar lejos.
—Después de una pausa significativa, pregunta—: ¿Quieres que le
pregunte?
—No, no. No lo hagas. Solo necesito dejar de asustarme y hablar con él.
—Pronto, Cammy.
—Pronto.
—Bien. ¿Necesitas agua o un bocadillo? —pregunta, casi como si
estuviera junto a mí. Como si hubiera estado cuidando de mí desde que
éramos niñas—. Solo queda un minuto antes de que comience el tercer
período.
—Déjame ir al baño rápido y regreso enseguida.
Los chicos terminan con una victoria y hablo con Rux por unos minutos
en el avión antes de que despeguen, pero es una llamada rápida y,
honestamente, no puedo distinguir si esa fina capa de tensión subyacente
viene de él o de mí. Paso la mayor parte de la noche dando vueltas, odiando
no haberlo visto desde el viernes por la noche tanto como odio las preguntas
que rondan por mi mente repetidamente desde que hablé con Julia.
No si me estaba enamorando de Rux. En el momento en que ella lo dijo,
supe que era verdad.
Sino lo que significa para nosotros si nada ha cambiado para Rux. Qué
tipo de tensión pondría en nuestra amistad si él se da cuenta de lo que
siento. Si dejar que mi corazón se me escapara me ha costado una amistad
tan importante que ni siquiera puedo imaginar mi vida sin ella. Lo que
significa para Matty.
Mi oficina está en la antigua habitación de Julia, y estoy conectada al
hospital, trabajando con expedientes, corrigiendo y rellenando códigos
desde las cinco. Me tomé un descanso para llevar a Matty a la escuela y
luego trabajé durante el almuerzo. Pero mi mente sigue volviendo a los "y
si" en los que no quiero pensar pero que tampoco puedo ignorar. Me estoy
volviendo loca.
—Hola, Sunshine.
Se me cae el auricular y me pongo de pie de un salto, una parte de mí
queriendo lanzarme a sus brazos, la otra parte convencida de que necesito
contenerme. —No te oí entrar.
Tiene el hombro apoyado en el marco de la puerta y por su cabello aún
húmedo, peinado hacia atrás, los jeans gastados y la camiseta térmica que
abraza sus músculos, supongo que vino directo después de despertarse. Se
ve tan bien que mi corazón duele al verlo.
La comisura de su boca se curva y me mira con ojos que me dicen que
sabe que algo pasa.
¿Sería posible volver a ser solo amigos después de esto? ¿Todavía hay
una posibilidad?
—Cammy —dice, como si alguna parte de él también estuviera doliendo
y de repente mis pies se mueven y todos esos "y si" a los que me he estado
aferrando dejan de existir.
Mis brazos rodean su cuello, y la tensión y la ansiedad se levantan de
mis hombros cuando él gime en mi pelo y luego me levanta del suelo. —
Dios, te extrañé.
Con los dedos de los pies colgando sobre el suelo de madera, inclino la
cabeza hacia atrás. —Yo también te extrañé.
Esa media sonrisa se convierte en una completa y me besa, caminando
conmigo hacia la sala y alrededor del sofá. Cuando me acomoda en su
regazo, me acurruco.
Sus brazos me aprietan de la manera más celestial, y por un minuto solo
respiramos, mi cabeza en su hombro, su gran mano acariciando mi espalda.
—Sobre la otra noche —comienza Rux, con una vacilación en su voz
que normalmente no asocio con este hombre.
—Sí, sobre eso. —Trago saliva—. No exactamente como imaginabas
que sería nuestra noche, supongo.
—No, no lo fue. Pero no hay otro lugar donde quisiera que él estuviera
cuando está enfermo que contigo. Claro, hubiera sido bueno estar vestido
cuando el pobre niño entró, pero... demonios, Cammy, solo desearía que me
hubieras dejado quedarme para ayudarte.
No menciona a Jeremy, pero sé que le molestó.
—Lo siento. Me asusté. Durante siete años, nunca he dejado a mi hijo
sin tener presente que podría necesitar recogerlo. Que cualquier evento al
que asista, sin importar lo mucho que pueda significar para mí, o lo mucho
que me esté divirtiendo, estoy disponible si ese niño me necesita. Él es lo
primero en mi mente cada vez. Sin excepciones.
—Solo que esta vez no revisaste tu teléfono —dice, con voz ronca—.
Porque estabas conmigo.
La emoción oprime mi pecho, me hace parpadear para contener las
lágrimas.
—Estaba enfermo y me necesitaba. Y estaba tan seguro de que yo
estaría ahí para él, que convenció a su padre de traerlo de vuelta aquí sin
hablar conmigo. ¿Y con qué se encuentra, sino con...
—Su mamá divirtiéndose un poco. —Ante mi mirada, hace una mueca
—. No fue lo ideal. Pero podría haber sido mucho peor.
Mis mejillas arden al pensar en las promesas sucias que Rux me había
estado haciendo esa noche. Lo que podría haber estado pasando si Matty
hubiera aparecido diez minutos después.
—Oye, vamos, no te escondas.
Lentamente, levanto la cabeza de donde la había enterrado contra su
pecho. —Nunca ha pasado nada así con él. Nunca he traído a un hombre
aquí. Nunca lo he decepcionado.
Él toma mi barbilla. —No lo decepcionaste. Dejaste todo en el
momento en que supiste que te necesitaba. E incluso si Matty tuvo que
esperar, no fue mucho tiempo, y estaba con su padre.
Asiento, pero esa culpa todavía me carcome. Y no solo eso.
Aprieto los labios.
Necesito saber dónde estamos. Si tal vez estamos en la misma página...
Solo que he pasado demasiado tiempo imaginando la reacción de Rux si le
pregunto directamente y sus sentimientos no han cambiado.
—Me preocupé por lo que él podría pensar al vernos de esa manera. Es
decir, yo sé que esto no es para siempre. Que estamos... solo divirtiéndonos
y eso. —Es una excusa, pero no puedo arriesgarme a dañar nuestra amistad.
Así que hago una pausa, esperando a ver si tal vez él no está de acuerdo. Si
me muestra ese lado salvajemente apasionado y me voltea para quedar
encima, presionando besos contra mi boca mientras me dice que ha
decidido que nunca me dejará ir.
Pero en lugar de decirme que esto también es algo que nunca esperó, el
final feliz que no pensaba que quería pero ahora no puede vivir sin él, toma
mi mano en la suya y se la lleva a la boca para un rápido beso. —La mejor
clase de diversión, Sunshine. Pero lo entiendo, y seremos cuidadosos con
Matty. No quiero que se sienta decepcionado o confundido cuando
volvamos a poner el solo en nuestra amistad tampoco.
Ese lugar que nunca esperé que Ruxton Meyers tocara comienza a
desmoronarse. Él no quiere más. Tampoco quiere menos, que es la única
razón por la que me mantengo entera.
Bajando la cabeza, respiro a través del dolor crudo en mi pecho.
Pensé que me había preparado para esto. Pensé que me había
convencido de no tener esperanzas. Pero aparentemente, no tanto.
Esto no es el comienzo de nuestro para siempre después de todo.
Está bien. Es bueno saberlo. Sí, duele. Pero he tenido que aceptar cosas
peores.
Y aceptaré esto.
Conocía los límites de Rux desde el principio, y no importa lo bien que
se sienta esto, no han cambiado. Puedo vivir con eso, e incluso cuando esto
entre nosotros haya llegado a su fin, nuestra amistad seguirá siendo
suficiente. Más.
—Oye, Cammy. —Los ojos que encuentran los míos están
completamente desprovistos del humor y las bromas que siempre habitan en
ellos—. Nunca defraudaré a ese niño. Caminaría sobre carbones ardientes
por él. Sabes que siempre estaré ahí para los dos, ¿verdad?
Asiento, mis ojos se llenán de lágrimas. —Lo sé. Es una de las razones
por las que te quiero tanto.
—Curioso, es una de las razones por las que yo también te quiero.
19

Rux

M e quedo con Cammy todo el tiempo que puedo, usando la sala


para ponerme al día con algunas llamadas mientras ella trabaja en su
oficina. Me siento un millón de veces mejor ahora que he podido abrazarla
y hablar con ella, descubrir dónde estaba su cabeza con todo después de la
otra noche. Sí, hubo un momento en que pensé que podría estar
tanteándome sobre llevar las cosas a un nivel más serio. Pero lo atribuyo a
mi falta de sueño. Porque después pareció estar bien, y en serio, Cammy
sabe que es mejor no hacerse ideas sobre mí.
Y yo definitivamente sé que es mejor no hacerme ideas sobre ella.
Matty entra como un torbellino después de la escuela, todo abrazos y
hojas de matemáticas y noticias sobre la obra que se aproxima. Lo cual me
jode bastante porque cae en noche de partido, así que no hay forma de que
pueda ir. Matty entiende, pero igual apesta.
Hay un entrenamiento tarde, así que me voy con otra ronda de abrazos y
Cammy regalándome esa sonrisa radiante que me hace desear no tener que
irme, pero ya estoy demorando lo suficiente que para cuando llego a la
pista, tengo que correr desde el estacionamiento para llegar a tiempo al
entrenamiento.
—Oye, Rux —me llama el Asistente del Entrenador Mateo, haciéndome
señas—. El gerente general quiere verte en su oficina.
Me detengo en seco, repasando mentalmente los últimos días buscando
algo obvio que me habría hecho llamar a la oficina del director. Caminé de
manos por el vestíbulo del hotel haciendo el pino, pero soy bueno en eso.
Me mantuve alejado de todos los huéspedes. Tenía toda mi ropa puesta. ¿O
no? Sí, la tenía.
Mierda, mierda, mierda.
Si no hice nada seriamente estúpido, entonces solo hay una razón por la
que me estarían llamando allá arriba.
Un traspaso.
Los ojos de Cammy aparecen en mi mente. La sonrisa de Matty.
Carajo, no quiero renunciar a ellos. No quiero...
—¿Dijo por qué? —Nunca dicen por qué.
—Solo que te enviara arriba cuando llegaras.
Dejo mi bolso en el escritorio de seguridad y luego subo las escaleras de
dos en dos hasta el segundo piso donde están las oficinas, revisando las
noticias de hockey mientras voy. No hay noticias de un traspaso de los
Slayers. Mi agente no sabía nada cuando hablé con él antes.
Respiro hondo, cada derrota, tiro fallido y oportunidad perdida pasan
por mi mente en avance rápido. Estiro el cuello y repito tres veces: —No
me van a traspasar.
La puerta del Gerente General se abre antes de que toque, y el
Entrenador Adkins me mira con una mirada fulminante. —Ya era hora.
Jesús, Meyers, entra aquí.
La oficina está llena con tres entrenadores y un tipo que parece sentirse
tan cómodo como yo.
Desde detrás de su escritorio, Marty Sheely agita una mano gruesa entre
nosotros. —Danny Whalen, conoce a tu nuevo capitán, Ruxton Meyers.
Rux, Danny es nuestro nuevo central, viene del equipo filial. ¿Por qué no le
muestras el lugar?
Empiezo a respirar de nuevo. Le doy un choque mental al universo y,
después de estrechar algunas manos y prometerle al gerente general que
acomodaré al chico, salgo de allí.
Diez minutos después, estamos abajo en el vestuario donde estoy
poniendo al día a Danny y al equipo.
—Bueno, Popov y O'Brian ambos andan medio calientes aquí...
—Jesús, fue una puta vez —se queja O'Brian.
—Así que si sientes que algo roza tu muslo... mi apuesta es por ellos.
Vsev no es el tipo al que debes pedirle consejos sobre anticonceptivos. Si
quieres mantenerte fuera de la cárcel, probablemente sea mejor que
mantengas distancia de Bowie, Static y Diesel. ¿Tienes una foto de tu
madre en tu teléfono?
Danny asiente, con la boca atrapada entre una sonrisa y un ceño
fruncido. —¿Sí?
—No se la muestres a Bear. Tucker es quisquilloso. Si Grady aquí
parece que te está tanteando, no te emociones. Su hermano se casa este
verano y parece que no hay línea que no cruzará para asegurarse de tener
una cita cuando regrese a casa.
—Vamos, hombre —suspira Grady, sacudiendo la cabeza—. Préstame a
Cammy para el fin de semana y dejaré al novato en paz.
Viejo. No lo hizo.
Las manos de Grady se levantan mientras retrocede. —Whoa,
bromeando, Rux. Bromeando.
Más te vale.
Vassar muestra esa cosa que llama sonrisa. —Por si no lo captaste, no
bromees sobre Cammy.
—Palabras para vivir —interviene O'Brian.
Sacudo el puño. Veo quién sigue. —Y Kellog... Kellog es buena gente.
Deberíamos salir más.
Suena un silbato y miro alrededor. —Se acabó el tiempo. Tendrás que
conocer al resto del equipo por tu cuenta. Equipo, esto es lo que necesitan
saber sobre Whalen: es rápido como la mierda, hambriento como el
infierno, pasó dos años con el equipo filial, creció en Virginia, le gusta la
avena pero no las galletas de avena, su canción favorita es "Believe" de
Cher, y tiene una serpiente como mascota que no puede tener en el hotel y
necesita un voluntario para alojarla y alimentarla hasta que encuentre un
lugar propio.
Le doy una palmada al chico en la espalda y me dirijo a mi lugar para
prepararme para la práctica. Mi teléfono suena y pensando que podría ser
Cammy, lo reviso. Es del tipo de relaciones públicas de los Slayers. Y
quiere saber qué demonios pasa conmigo y el reportero/acosador de Greg,
Stuart Waters.
Ah, mierda.
Cammy

—No lo entiendo. Está sugiriendo que tengo algo que ver con cómo está
rindiendo el equipo esta temporada. —Lleno mi vaso del grifo y me deslizo
de vuelta a mi silla en la mesa de la cocina—. Eso no tiene ningún sentido.
Rux está sentado a mi lado, su lenguaje corporal casual, pero hay una
tensión en sus ojos que no puedo pasar por alto. Está más molesto de lo que
quiere que yo sepa. Lo suficiente como para venir aquí directamente desde
la práctica y aún no ha metido la cabeza en el refrigerador.
—No, no lo tiene. Y no creo que sea algo de lo que debamos
preocuparnos. Pero quería asegurarme de que supieras lo que estaba
pasando, ya que te mencionó.
Mis manos se levantan en confusión, porque simplemente no entiendo
por qué. Rux sacude la cabeza.
—Waters tiene algo contra Greg. No cree que se hubiera retirado si no
fuera por Julia. Ha sido bastante vocal sobre su falta de confianza cuando se
trata de que yo tome el relevo como capitán, y ahora ha ido y ha volado
cualquier pizca de credibilidad que podría haber tenido al sugerir que estar
contigo —la hermana de Julia— está maldiciendo al equipo. Es una
estupidez. Pero siempre hay unos cuantos locos por ahí. —Se frota la cara
con una mano—. Lamento que tengas que lidiar con cualquiera de ellos.
—No lo lamentes. —Me inclino más cerca y cubro su mano con la mía.
Sonrío cuando él voltea la suya y entrelaza nuestros dedos—. No me
encanta ser la caída de la organización de Hockey de los Slayers —bromeo
—. Pero he estado rodeada de estas cosas desde la primera vez que Julia
salió en vivo. —Ciertamente, normalmente no me mencionan por mi
nombre. Pero ha habido cosas antes.
—Mira, sé que la seguridad en tu edificio es buena, pero...
—Es muy buena. —Es por eso que Julia eligió este lugar—. Oye,
parece que este tipo solo está despotricando. Quiero decir, no hay ninguna
razón para pensar que irá más lejos, ¿verdad?
Si la hubiera, Rux habría empezado por ahí.
—No. —Respira hondo y se frota la cara con una mano—. Simplemente
no me gusta que termines en el centro de atención por mi culpa.
Mi teléfono comienza a vibrar sobre la mesa, el nombre de Jeremy
parpadeando en la pantalla.
—Adelante, contesta. Podría ser sobre Matty. —Me da un apretón en la
mano pero no me suelta y por alguna razón hace que mi corazón lata un
poco más fuerte por él.
—Hola Jeremy, ¿qué pasa? —pregunto, con los ojos aún fijos en los de
Rux.
—Cammy, ¿has visto este artículo? —ladra a través de la línea, con voz
tensa y fuerte—. Algún imbécil te señaló como la razón por la que Ruxton
Meyers no puede ordenar su mierda en el hielo.
Cierro los ojos mientras el calor se extiende por mis mejillas. Cuando
los abro, Rux sigue observando, su boca torcida en una sonrisa burlona que
dice que ha escuchado eso y todo lo demás que alguien podría decir sobre
su juego antes. Trato de soltar mi mano de la suya, esperando bloquear el
sonido, tal vez ir a la otra habitación. Pero Rux se aferra.
—Lo sé.
—Nena, ¿estás bien?
Rux levanta una ceja, la inclinación de su sonrisa aumentando incluso
mientras sus ojos se endurecen. Articula sin sonido: ¿Nena?
Algo me dice que nunca escucharé eso de la boca de Rux otra vez.
—Este reportero nunca debería haber tenido tu nombre. Meyers debería
saber cómo protegerte.
—Jeremy...
—Mira, no te asustes. Voy para allá.
Esta vez logro liberar mi mano de la de Rux y me levanto de mi asiento.
—Jeremy, detente. Gracias, pero estamos bien. Rux está aquí y
honestamente, no estoy preocupada.
Hay una pausa y puedo sentir a Rux esperando para ver cómo la llena.
—¿Él... se queda?
Parpadeo.
Huevos, articula Rux, y tomo aire, tratando de no erizarme ante la
pregunta que no es asunto de Jeremy.
—No se queda. Es solo un artículo. No hay razón para ello. Pero si algo
cambia, prometo mantenerte al tanto.

Rux
Waters no se rinde, pero al menos deja a Cammy fuera de su campaña
de difamación. El tipo la tiene contra mí, y aunque normalmente no me
importaría un carajo lo que alguien como él esté publicando, han habido
rumores sobre cambios en la organización de los Slayers más allá de traer a
Danny Whalen, y todos nos sentimos más vulnerables de lo normal.
Les digo a los chicos que son tonterías. Que la mejor manera de
proteger lo que tenemos es no dejar que los rumores se metan en nuestras
cabezas y concentrarnos en nuestro juego. Todos sabemos que es cierto,
pero cuando nos desmoronamos en los siguientes dos juegos, está claro que
no logré transmitirlo como ellos merecen.
Al bajar del avión, los chicos están callados, dirigiéndose a los autos sin
las habituales burlas y bromas. Nos recuperaremos mañana. Esta noche,
todo lo que quiero es ver a Cammy. Quiero perderme en su beso y su
sonrisa y el olor de su cabello cuando la abrazo y entierro mi cara en él.
Quiero esa sensación de paz y satisfacción que solo encuentro realmente
cerca de ella. La calma que no me llega fácilmente.
Una vez que dejo mi equipo en la cajuela, me subo al asiento del
conductor y saco mi teléfono para enviarle un mensaje de que voy en
camino. Hay un mensaje de voz de un número desconocido. Mi agente
mencionó que recibiría una llamada de una de las compañías con las que
cerramos un acuerdo de patrocinio la semana pasada, así que hago clic para
escuchar. Estoy esperando que alguna voz excesivamente entusiasta
retumbe a través de la línea buscando coordinar reuniones. No estoy
esperando la voz vacilante del fantasma de mi pasado.
Beth.
Mi estómago se vuelve plomo y mi piel se siente picazón y tensa
mientras ella balbucea sobre conseguir mi número de mi madre. Cómo
lamenta llamar después de todo este tiempo pero un reportero se puso en
contacto con ella. Que estaba haciendo preguntas. Ella no le dijo nada, pero
pensó que debería saberlo.
Desconecto el teléfono y salgo del auto. Necesito respirar. Necesito
moverme. Necesito poner mi puño en el pilón de concreto del
estacionamiento, pero de alguna manera hay suficiente actividad en mi
cabeza que no lo hago.
Ella no le dijo nada.
No será una historia.
Nadie va a saber.
Cammy y Matty no...
Camino unos metros, me detengo frente al contenedor de basura y
vomito.
20

Rux

M aldito Jeremy.
Este tipo está en mi lista. Y sí, las últimas semanas no han sido las más
tranquilas de mi carrera, pero lo estoy manejando. Y me mantengo firme en
mi afirmación... él es el imbécil, no yo.
Entiendo que quiera pasar tiempo con Matty. Pero últimamente, el tipo
parece encontrar una razón tras otra para estar cerca. Particularmente
cuando tengo un partido o estoy fuera de la ciudad.
Por ejemplo, el idiota está instalado en el sofá de Cammy, luciendo
como si estuviera acomodado para una noche en casa con su familia.
Nena, ya estoy en la tienda. Solo dime qué necesitas y te ahorro el viaje.
Qué tipo.
Y otra vez con el asunto de nena. Cada vez que "se le escapa" le sigue
ese encogimiento de hombros de lo siento, pero no lo siento y alguna
estupidez sobre que las viejas costumbres son difíciles de matar. Yo nunca
más la voy a llamar nena.
Mierda. Que lo jodan.
Debí haber insistido más cuando ofrecí ese servicio de comestibles hace
seis meses. Porque ahora Matty ha invitado al Padre Entrega Especial a
cenar y Cammy, siendo la blanda que es, dijo que sí.
Mis dientes están a punto de convertirse en polvo con la forma en que
los estoy rechinando.
Es la noche perfecta para enfrentarnos a los Epics. Necesito
desahogarme. Dicho esto, realmente no quiero irme, pero O'Brian está abajo
esperándome.
—¿Hora de irse? —pregunta Cammy, levantando la mirada de la
comida para la que no podré quedarme, pero Jeremy sí. Matty salta por
encima del respaldo del sofá, disculpándose con su mamá mientras se
desliza hacia mí.
Sonríe. —He estado practicando saltar las vallas para ser como tú.
Y demonios, mi corazón se derrite ahí mismo, mi mente recordando
aquella noche justo antes de que Jeremy regresara. Había sido él y yo
mientras Cammy estaba fuera con las chicas. Me había mirado con esos
ojitos solemnes y me había dicho que deseaba que yo pudiera ser su papá.
Tuve que respirar un par de veces antes de poder responder. Antes de
poder decirle la verdad, que hubiera sido el tipo más afortunado del mundo
si hubiera podido ser su papá. Pero que estaba feliz de tener lo segundo
mejor, que era ser su amigo.
Él había envuelto sus brazos a mi alrededor mientras mi corazón se
rompía.
No hay palabras para describir cuánto amo a este niño.
Cammy se ríe, revolviéndole el pelo, y yo me arrodillo y le doy un
abrazo.
—Buena técnica, pequeño.
Echo un vistazo a la sala donde Jeremy está estudiando su teléfono.
Mierda. Ahora, siento algo de lástima por el tipo. No debe ser fácil escuchar
a tu hijo decirle eso a otro hombre. Pero no tendría que escucharlo si
hubiera entendido lo malditamente afortunado que era desde el principio. Si
se hubiera quedado en lugar de tirar a la basura lo que otro hombre habría
hecho cualquier cosa por conservar.
—Buena suerte, Rux. Voy a ver parte del partido esta noche y el resto
mañana después de la escuela.
—Genial. Saber que me estás apoyando desde casa siempre me hace
jugar mejor.
Matty se aleja patinando y, por un minuto, somos solo Cammy y yo en
la cocina. Su mano en mi pecho, suaves ojos azules mirándome. Maldición.
—Que tengas un buen partido. —Poniéndose de puntillas, me da un
rápido beso en la mandíbula. Mi mano en su cadera se tensa. Quiero besarla
tanto ahora mismo, pero sus ojos se encienden en advertencia y luego ella
retrocede con una sonrisa que dice que no hay posibilidad.
—¿Me llamarás después del partido? —pregunta en voz baja.
—Siempre. —La forma en que nuestros ojos se sostienen hace que sea
tanto más fácil como más difícil salir por la puerta.
Jeremy se levanta, presumiblemente para ocupar mi lugar junto a
Cammy mientras ella cocina. Imbécil.
Excepto que en lugar de soltar otro nena y pararse demasiado cerca de
la chica a la que renunció a cualquier derecho hace siete años... se dirige
hacia mí.
—Tengo que agarrar algo del auto, saldré contigo. —Hay un ruido
metálico desde la cocina y luego Cammy está en la puerta, con las cejas
fruncidas. Él le sonríe. —Vuelvo en un minuto, Cam.
¿Qué demonios es esto?
Salimos juntos, intercambiando sonrisas tensas mientras nos dirigimos
al ascensor.
Está tramando algo y tengo una buena idea de qué es.
Espera hasta que estamos dentro y se vuelve hacia mí. —Los quiero de
vuelta.
Me toma un segundo asimilar esta declaración sin rodeos, pero cuando
lo hago, sacudo la cabeza ante las agallas que tiene este imbécil diciéndome
eso, especialmente dentro de un espacio cerrado como este. Ni siquiera
puede correr. —¿Qué?
—Sé que están juntos y puedes arrancarme la cabeza sin pestañear. Pero
se trata de Cammy y de mi hijo. Esta es la familia que deberíamos haber
sido. —Se pasa una mano por la cara y me mira a los ojos—. Tengo que
intentarlo.
—Esta vez. Eso es lo que estás diciendo, ¿verdad? Tienes que intentar
hacerte cargo de tus responsabilidades y compromisos con Cammy y Matty
esta vez. De la manera que no lo hiciste la primera vez ni en absoluto
durante los últimos siete años. Y ya que estamos aclarando, quieres a
Cammy de vuelta, pero a Matty nunca lo tuviste. ¿Porque te fuiste antes de
que naciera? Dejaste una nota o algo así, ¿verdad?
Este tipo es la peor clase de...
—Fui un cobarde. Un niño. Y tienes razón. Me perdí años con mi hijo
que nunca recuperaré. Me avergüenzo de lo que hice. Fue el peor error de
mi vida, pero estoy listo para enmendarlo.
Mis puños se aprietan junto con mis dientes.
—¿Un error? —espeto, ignorando la dolorosa honestidad en sus ojos.
Odiándola. Odiándolo a él—. Era su vida, Jeremy. Tuviste tu oportunidad
de ser parte de ella. Y la desperdiciaste.
Y sí, eso duele tanto. ¿Por qué él puede volver del peor error de su vida?
De su vergüenza. ¿Por qué el tipo que desechó todo lo que importaba
obtiene la segunda oportunidad?
—Rux, amigo, pasé años trabajando para llegar a un punto en el que
tuviera algo que ofrecerles.
Las puertas del ascensor se abren y salimos, derramando hostilidad y
agresión reprimidas. —¿Así que la esposa en Alemania fue solo una
experiencia práctica también? Estoy seguro de que Cammy realmente
aprecia eso. Diablos, probablemente le hubiera gustado devolverte el favor,
pero resulta que estaba demasiado ocupada criando a tu hijo sola para
conseguir un esposo de práctica.
Él traga saliva, mirando hacia otro lado. —Voy a compensárselo.
—Oh, está bien. —Le dirijo una mirada incrédula—. ¿Qué carajo?
¿Dices eso y se supone que debo estrecharte la mano y hacerme a un lado?
¿Besar a Cammy en la mejilla, dar una palmadita en la cabeza a Matty... e
irme? No va a suceder, amigo.
—¿Estás listo para ponerle un anillo en el dedo?
La pregunta me golpea como un puñetazo a traición, quitándome el aire
de los pulmones. Y así, sin más, Jeremy tiene la ventaja. Y él lo sabe.
Un asentimiento. —Lo que pensaba. Pues bien, yo sí. Si Cammy me da
otra oportunidad, eso es todo. Estoy completamente comprometido y nunca
la decepcionaré de nuevo. Puedo hacerla feliz, convertirnos en la familia
que deberíamos haber sido. Ella quiere seguridad. Puedo dársela. ¿Tú
puedes?
—¿Estás bromeando?
Él me mira fijamente. —Escuché que hay rumores de un traspaso.
Trago saliva. Lucho contra el impulso de revisar mi teléfono.
—Eso es todo lo que son. Rumores. —Por ahora. Al menos lo eran la
última vez que revisé. Pero con Baxter fuera definitivamente, todos han
estado observando. Esperando ver cómo encajan todas las piezas. Cuáles no
—. Si sucediera, ellos podrían venir conmigo.
Jesús. No puedo creer que haya dicho eso. Pero las palabras salieron
antes de que pudiera decirme a mí mismo que no se me permitía. Que se
supone que no debo querer eso.
Jeremy resopla mirando al techo. —Alejarla de todos los que ama para
que puedas pasar la mitad de tu temporada dejándola sola en una ciudad
donde no conoce a nadie, donde la estructura de apoyo que se ha construido
para sí misma durante todos estos años es inexistente. ¿Y qué pasa si la
próxima ciudad no es adecuada? ¿Qué pasa si terminas traspasado de nuevo
el próximo año... justo cuando Cammy y Matty comienzan a echar raíces?
El próximo año, o demonios, el próximo mes. Hay tipos que han sido
traspasados nueve veces en una temporada. Y aunque eso es extremo, no
hay garantía de que no vuelva a mudarme el próximo mes o unos pocos
después de eso.
En cierto modo, mi carrera es tan impredecible como yo.
Nunca me había molestado antes. O tal vez, es más que nunca he tenido
una razón para que lo hiciera.
—Y sé que no estoy en tu radar con todo esto, pero si arrancas a Matty
de su escuela y amigos, también lo estarás alejando de los únicos abuelos
que ha conocido y del padre que acaba de recuperar. Porque, ¿cómo
demonios se supone que voy a dejar el trabajo que he tenido por menos de
un año, recoger mis cosas y mudarme, encontrar un nuevo trabajo cuando
existe la posibilidad de que termines mudándote de nuevo unos meses
después? ¿Cómo se sentirá Matty al tener que renunciar a mí?
—No sabemos que nada de eso vaya a suceder —digo, con la garganta
como si estuviera recubierta de papel de lija.
Jeremy me mira duramente. —¿Realmente eres tan egoísta como para
pensar que Cammy sería feliz así? ¿Que una vida así sería buena para
Matty... demonios, para alguien además de ti? —Sacude la cabeza y se
vuelve para subir de nuevo—. Piénsalo, amigo. Sé que te importan. Tal vez
sea el momento de demostrarlo.

Cammy

Cuando Jeremy regresa con las manos vacías, bajo la voz y pregunto:
—¿Me vas a decir de qué se trataba eso?
Me da una cálida sonrisa y un guiño. —Más tarde.
Reviso mi teléfono, pero nada de Rux.
Yo: ¿Todo bien?
Rux: Ese tipo te quiere.
Una parte de mí quiere decirle que está equivocado, pero solo basta con
mirar hacia arriba y encontrar a Jeremy observándome por encima de la
cabeza de nuestro hijo, viendo la mirada que ni siquiera intenta ocultar en
sus ojos, y no puedo.
Y eso no es algo que haya estado esperando, aunque todos los demás
parecían hacerlo.
Hace años, esto habría sido un sueño hecho realidad para mí.
Literalmente. Ni siquiera podría comenzar a contar cuántas veces desperté
con lágrimas en los ojos habiendo imaginado que Jeremy regresaba.
Queriéndome de vuelta. Queriéndonos.
Pero ahora... no hay euforia. No hay alegría. Solo la angustia roedora de
que este hombre no es alguien con quien pueda contar. Y si en realidad no
está aquí por Matty, o si lo está, pero solo porque está pensando en el
paquete completo... entonces, ¿qué significa para mi hijo cuando le diga a
su padre que no? ¿Desaparecerá Jeremy de su vida tan rápido como
regresó?
Me siento enferma ante la idea de que mi bebé tenga que pasar por ese
tipo de rechazo. Ese tipo de angustia.
Necesito hablar con Jeremy esta noche.
La cena transcurre rápidamente, y dejo que Matty y Jeremy manejen la
mayor parte de la conversación, luego le pido a Matty que tome una ducha
en lugar de un baño, para tener unos minutos a solas con su padre.
—Rux parece pensar que podrías estar interesado en mí de nuevo —
digo desde la puerta de la cocina para asegurarme de que Matty se haya ido.
Jeremy me observa por un momento, y luego se recuesta en la silla que
Rux suele tomar. —Tiene razón.
—¿Es por eso que estás aquí? ¿Es por eso que has vuelto? Porque si has
estado haciendo todo este esfuerzo con Matty, haciéndole creer que él es
el...
—Whoa, no, Cammy. —Sacude la cabeza, levantándose de su asiento
para caminar hacia mí. Y luego su mano está en mi brazo y su cara frente a
la mía, sus ojos escrutadores e intensos—. Nunca usaría a nuestro hijo para
nada. Sí, te quiero. Los quiero a ambos.
Exhalo un suspiro inestable, el alivio relajando los músculos que se
habían tensado.
—¿Pero qué pasa si no puedes tenerme?
Jeremy se endereza, da un paso atrás y luego se apoya contra la nevera.
—Entonces significa que Matty tendrá dos padres totalmente
comprometidos que lo aman con todo su corazón... solo que por separado.
Pero Cammy, necesito que me creas. No habría vuelto, no habría llegado a
los extremos que llegué con el trabajo y encontrando un lugar, cambiando
toda mi vida, si no estuviera comprometido a ser parte de la suya. No voy a
mentir, te quiero. Desde que nos separamos, ha habido algo que falta...
—Jeremy, te casaste con otra mujer. Vivieron como marido y mujer en
otro país durante dos años. Y cuando regresaste, no fue a mí. Así que, si no
te importa ahorrarte la rutina de algo-que-falta, te lo agradecería.
Miro hacia atrás por la esquina, la ducha todavía corriendo, sin señal de
mi pequeño.
—¿Por qué crees que no funcionó? Porque ella sabía que había alguien
más —argumenta—. Ambos lo sabíamos. Nunca dejé de amarte.
Mi garganta está apretada, y puedo sentir lágrimas en el fondo de mis
ojos. No quiero llorar frente a este hombre. No quiero derramar otra lágrima
por él, nunca más por el resto de mi vida.
—Cammy. —Alarga la mano hacia mí, pero la aparto de un manotazo.
—No lo hagas. No quiero tu consuelo siete años tarde. Y para que quede
claro, no había alguien más, porque me perdiste el día que te fuiste. Y un
poco más cada día después de eso. Hasta que finalmente ya no estaba
esperando que volvieras, ya no estaba esperando y preguntándome y
deseando, porque te había dejado ir. Así que lo siento, porque sé lo que se
siente amar a alguien que no te ama. Pero lo que teníamos se acabó. Ahora
estoy con alguien más. —Y Dios, desearía que él estuviera aquí. No
importa si la parte física de nuestro acuerdo tiene fecha de caducidad,
cuando las cosas se ponen difíciles, Rux es el hombre al que recurro.
Jeremy traga saliva, con dolor en sus ojos. —Entiendo. Tienes una
relación. Una vida. Y tengo suerte de que hayas estado dispuesta a alterarla
lo suficiente para darme la oportunidad de ser el padre que debería haber
sido para Matty todos estos años. Pero quiero que sepas que si cambias de
opinión, si puedes recordar cómo era entre nosotros, estoy listo para ser el
hombre que te mereces. Estoy listo para que seamos la familia con la que
soñábamos.
No sé qué decir, pero parece que Jeremy no espera que diga nada.
Respira hondo y mira alrededor de la cocina.
—Oye, ¿por qué no limpio lo de la cena y cuando Matty salga de la
ducha, me despediré?
21

Rux

—E se cabrón la está manipulando. Ahora mismo —gruño,


caminando de un lado a otro en la sala de conferencias demasiado pequeña
que Baxter y yo requisamos durante los pocos minutos libres que tengo
antes del partido, con la energía inquieta acumulándose en mí como un
barril de pólvora.
Greg está aquí para ver el juego desde el palco del dueño, pero bajó al
vestuario hace unos minutos. Y después de una sola mirada, me sacó de allí,
exigiendo saber cuál era mi problema.
—Vaya, Rux, cuando dices "manipulando" no te refieres a que...
Levanto la mano, con el dedo temblando en el espacio entre nosotros.
—Ni siquiera lo digas.
Él visiblemente se relaja, caminando un par de pasos hacia mí y
apartando mi mano para atraerme en un abrazo con un solo brazo que
termina con él despeinándome el cabello.
—Me preocupaste por un segundo. Quiero decir, te he visto alterado
antes, pero, maldición, esto —agita su mano frente a mí— es un nivel de
pánico completamente nuevo. Pensé que seguramente... No importa.
Trago saliva. —¿Pensaste qué? ¿Pensaste que Cammy volvería a estar
con él?
No me gusta la mirada en sus ojos. —No mientras ustedes estén juntos.
Incluso con cualquier tipo de relación de amigos con beneficios que tengan,
ella no es así. Si algo va a pasar con Jeremy, terminará contigo primero.
Ahora quiero noquear a Baxter. Porque, —Por supuesto que no es así.
—Mira, sé que Julia odia a ese imbécil. No creo que eso cambie nunca.
Y el tipo no está ganando puntos conmigo. Pero no estoy completamente
seguro de que Cammy haya superado a Jeremy, ¿de acuerdo? Julia dice que
sí, pero si alguna vez la escuchas hablar de él cuando baja la guardia,
puedes notar que todavía hay algo ahí.
No es posible. —Él la abandonó.
—Lo sé. Pero... ¿Y si realmente ha cambiado? ¿Madurado en todos los
aspectos importantes? —Se encoge de hombros—. Estoy de acuerdo, no
hay excusa para lo que hizo, y espero que ella no lo acepte de vuelta. Pero
¿y si realmente ha estado tratando de ordenar su vida para tener algo que
ofrecer cuando regresara a casa? Julia dice que este tipo pasó un año
intentando que lo transfirieran a Chicago. Que aceptó una reducción de
sueldo considerable para lograrlo. ¿Y si, en el fondo, él es a quien ella
quiere?
De repente toda la energía que estaba lista para estallar en todas
direcciones comienza a concentrarse hacia adentro, arrastrándome hacia
abajo hasta que me desplomo en una de las sillas contra la pared, con los
antebrazos apoyados sobre las rodillas, sintiendo que es lo único que me
impide hundirme en el suelo.
—No quiero perderla, hermano —. Las palabras salen como una
confesión arrancada de la parte más profunda, oscura y secreta de mi alma.
Como si ni siquiera yo mismo lo hubiera reconocido hasta este momento.
—Vamos, hombre, es Cammy. No la vas a perder. Quiero decir, sí,
perderás los orales, pero esa chica te quiere.
Ni siquiera quiero oírlo bromear así sobre ella.
Ella me quiere como amigo. Debería ser suficiente. Pero en este
minuto... mierda, casi puedo ver cómo sería si me amara de verdad. Para
siempre.
—¿Viejo?
Me giro. Las cejas de Greg se fruncen, y tengo la sensación de que
podría estar percibiendo algo que yo apenas puedo admitir que deseo.
—Rux, esta cosa entre ustedes ha sido genial para ambos. Algo de
diversión. Justo lo que ella necesitaba. Sin responsabilidades, sin
expectativas... Justo como te gusta. Pero a menos que haya cambiado algo
fundamental que yo no sepa, tú no eres un hombre para siempre. Y en
última instancia, lo que Cammy ha estado esperando es un para siempre.
—¿Pero con Jeremy?
—No tengo idea, hermano. Ni siquiera estoy seguro de que Cammy lo
sepa. Quiero decir, diablos, ella te tiene encima cada minuto libre que pasan
juntos. Estás en su cama, con su hijo. Probablemente vaciando su
refrigerador como si fuera el tuyo. Eres más grande que la vida misma. Y
contigo frente a ella, no estoy seguro de si puede ver lo que ella misma
quiere.
Trago saliva, sintiendo que mis pulmones no funcionan muy bien
mientras intento respirar a través de esta sensación de estar destripado.
—¿Qué estás diciendo? ¿Crees que debería apartarme?
Estoy esperando que me dé un diablos no a todo volumen, y me diga
que continúe con esto por todo el tiempo que Cammy quiera darme. Pero
tengo la incómoda sensación de que en este momento, Greg Baxter es más
el cuñado de Cammy que mi compañero. Y por mucho que no me guste,
estoy agradecido de saber que él está velando por ella cuando mi mente está
demasiado nublada por mis propias necesidades egoístas para ver las cosas
con claridad.
—Solo digo que, si sabes que no eres el hombre adecuado para ella, tal
vez sea hora de hacerte a un lado para que tenga la oportunidad de
encontrar al que sí lo es.

Cammy

Matty y yo comenzamos el partido acurrucados bajo la manta de los


Slayers que Rux nos dio cuando comenzó la temporada el año pasado.
Jeremy se fue como dijo que haría y ahora somos solo yo y mi niño, viendo
a nuestro jugador favorito de hockey tener un mal partido.
Rux ha estado en el cajón de penalización dos veces, falló lo que los
comentaristas llamaron dos tiros perfectos y, como el resto del equipo,
parece no poder sincronizarse con su línea.
Cuando termina el período, Matty me da una mirada suplicante,
diciéndome que Rux lo necesita.
—Lo siento, amigo, podemos ver el resto mañana —. Pauso el partido y
le doy un abrazo a mi niño antes de dejarlo levantarse y luego seguirlo a su
habitación. Se sube a la cama y le leo un poco de Fly Guy antes de darle un
beso y decirle buenas noches.
Cuando regreso al partido, el segundo período es incluso peor que el
primero.
Los Epics están encima de nuestros jugadores. Quinn O'Brian está
enredado con un jugador contrario contra las bandas, los palos chocando
mientras luchan por el control del disco. Hay una abertura, pero Rux no
puede llegar allí y pierde el pase.
La mirada en su rostro en ese momento me destroza.
Tres minutos después y está en el cajón de penalización nuevamente,
todos hablando sobre su fracaso. Cómo tenían grandes esperanzas de que la
rivalidad con los Epics empujara a nuestros jugadores a rendir mejor, pero
en cambio nos estamos desmoronando.
Estoy al borde de mi asiento, esperando que el partido dé un giro. Pero
no sucede, y para el final apenas puedo soportar ver las entrevistas.
Rux tarda más de lo habitual en llamar, pero finalmente lo hace y siento
que puedo respirar de nuevo.
—Hola, ¿cómo estás? —pregunto en voz baja.
—He tenido mejores partidos, eso es seguro. Dime que no viste todo.
Debato mentir por un segundo, pero él interrumpe mis pensamientos
con una risa áspera.
—Claro que lo hiciste.
—Qué puedo decir, tienes una fan.
Lo escucho respirar profundamente a través de la línea e imagino que
está subiendo a su auto. —¿Vienes para acá?
Hay un momento de silencio, y luego... —Me encantaría. Pero ya estoy
en casa. Tengo una reunión con el entrenador temprano mañana, y no soy
muy buena compañía después de esta noche.
—Ah, claro. Descansa. Pero... umm... está bien, no quiero entretenerte
cuando sé que estás cansado, pero ¿sobre Jeremy y lo que me enviaste por
mensaje cuando te fuiste?
De nuevo hay esa mínima vacilación y salto al silencio antes de que él
tenga la oportunidad de responder. —No importa cómo se sienta él. No es a
quien quiero.
—Cammy, sabes... estaría bien si lo fuera.
Parpadeo, mirando el teléfono como si me hubiera mentido. Como si no
hubiera forma de que el hombre al otro lado realmente dijera lo que acabo
de oír. Sé que esto entre nosotros no es para siempre, pero... ¿Estaría bien?
Después de unos segundos más de mi silencio atónito, añade: —Lo
siento, pero estoy a punto de quedarme dormido. Hablamos luego,
Sunshine.
—Ah, claro, está bien. Um... buenas noches, Rux.
22

Rux

L as reuniones con los entrenadores van como era de esperar después


del partido que tuvimos. La temporada está llegando a su fin y, aunque las
posibilidades de playoffs no se ven bien este año, nadie está dispuesto a
rendirse. El entrenamiento matutino es brutal, pero es lo que necesito para
evitar hacer lo que pasé toda la maldita noche tratando de no hacer: ir a casa
de Cammy y suplicarle que me deje abrazarla. Decirle que no quise decir lo
que dije. Que no habría nada de bueno si decidiera que Jeremy es el hombre
para ella.
Pero no puedo hacer eso. Y no es porque no pondría un anillo en el dedo
de Cammy y haría de Matty mi propio hijo en un segundo si pensara que es
lo correcto. Es porque sé que ella merece algo mejor y por eso no lo haré.
Hacemos doble sesión de ejercicios, y luego me quedo aún más tiempo.
Me exijo más. Excavo más profundo. No voy a decepcionar a Cammy. Y
tampoco voy a decepcionar a este equipo.
Para cuando termino, apenas puedo arrastrarme fuera del hielo.
Mientras empiezo a quitarme los patines, O'Brian entra con Vassar y Popov
después de las pesas.
Justo el hombre que estaba esperando. —O'Brian, ¿qué tienes planeado
para esta tarde?
—Programa de artes para el centro de la ciudad. ¿Y tú?
—Nada. Me cancelaron el compromiso. Inundaciones en el centro de
convenciones o algo así. —Me odio por lo que estoy a punto de hacer, pero
lo hago de todos modos—. ¿Quieres que me encargue del tuyo? ¿Darte la
noche libre?
Las cejas de O'Brian se elevan, una sonrisa extendiéndose por su rostro.
Todos nos sentimos bien con el trabajo de caridad que hacemos con el
equipo, pero nadie rechaza la oportunidad de tener una noche libre.
Demonios, excepto yo, aparentemente.
Pero si estoy ocupado, entonces no apareceré en casa de Cammy,
construyendo Legos con Matty y robándole besos a su mamá cuando él se
vaya a dormir. No la tendré en mis brazos mientras vemos Oak Island,
cuando lo que necesito es dejarla ir para que tenga la oportunidad de
encontrar el tipo de "para siempre" que merece.

Cammy

—Te lo digo, estos chicos están a merced del equipo —me asegura Julia
por teléfono. Está en Los Ángeles esta noche pero tuvo unos minutos libres
antes de cualquier cena o evento que tenga programado—. Si relaciones
públicas les pide que hagan algo, tienen que hacerlo.
—Bien, entiendo eso, pero Julia, esta es la tercera vez en semana y
media. Y quizás no parezca mucho cuando estos chicos están viajando y tan
ocupados como están, pero este es Rux. Te lo digo, algo está mal.
Hay algunos ruidos desde el otro lado de la línea, y estoy bastante
segura de que es Greg en el fondo, pero no puedo distinguir lo que está
diciendo. Julia le dice que le dé otro minuto, y luego vuelve, con una nueva
preocupación detrás de sus palabras. —¿No has visto a Rux en semana y
media?
Soplo un rizo de mis ojos y levanto la mano en frustración aunque ella
no está aquí para verlo. —No. Quiero decir, sí, lo he visto. Pero solo ha sido
un par de veces, y solo cuando Matty está cerca. Como si tal vez, no nos
está evitando a nosotros. Solo me está evitando a mí.
—No. De ninguna manera.
Me gusta ese rechazo rotundo a aceptar algo tan obviamente imposible.
Quiero envolverme en ello, pero... sé que no es así. Conozco a Rux. Y algo
le está pasando.
Quiero culpar a lo que sea que haya sucedido esa noche cuando Jeremy
lo siguió afuera, pero había algo antes de eso. Más allá del hecho de que no
me estaba susurrando cosas sucias al oído cada noche, estaban los
momentos en que estaba demasiado callado. Cuando lo veía mirando a
Matty con una mirada de dolor en sus ojos. Le preguntaba si estaba bien, y
volvía a ser el mismo Rux de siempre, lanzando alguna sugerencia loca a la
que nadie podía decir que no.
¿Qué le está pasando?
—¿Crees que es posible que esto no tenga nada que ver contigo? Quiero
decir, con la manera en que ha ido la temporada, está lidiando con cierta
presión, ¿verdad?
Caminando de regreso a la cocina, abro gabinetes, los cierro con un
suspiro. —Lo está. Lo sé.
Y si eso es lo que es, lo entiendo completamente. Solo desearía poder
hacer algo para mejorarlo, de la manera en que él hace todo mejor para mí.
—Oye, Cammy —dice Julia suavemente—. ¿Quieres que le pregunte a
Greg?
Es tentador, pero de ninguna manera voy a pedirle a mi hermana que
sonsaque al mejor amigo de mi casi-novio para obtener información sobre
mi relación. —Gracias, pero hablaré con él yo misma.
Eso es lo que hacemos.
Hablamos sobre todo. Casi todo.
—¡Rux! —grita Matty, corriendo a través de la sala mientras nuestro
Slayer favorito cierra la puerta detrás de él.
Rux le da un gran abrazo de oso antes de caminar hacia mí y dejar caer
un beso en la parte superior de mi cabeza. Un brazo me atrae a su costado y,
Dios, huele tan bien. Y se ve aún mejor, alto y ancho en pantalones
deportivos azul marino y una sudadera gris, mejillas un poco rojas por el
viento que sopla desde el lago hoy.
—¿Cómo estás, Sunshine?
Mucho mejor ahora que está aquí. No sé por qué, pero todo el día he
estado preocupada de que no viniera.
—Estoy muy bien. Terminé el trabajo una hora antes. Conseguí los
materiales para el proyecto de Matty en la tienda de dólar y logré hacer algo
de yoga.
Esa cálida sonrisa que tanto amo se extiende más. —Genial.
Matty se desliza hacia él, sacudiendo la cabeza. —Solo hizo la rutina de
treinta minutos.
Los ojos de Rux se arrugan en las esquinas, y luego todos estamos
riendo juntos y se siente tan normal. Tan correcto. Se siente como el tipo de
momento que quieres una y otra y otra vez. Como el tipo de momento que
quieres seguir teniendo para siempre.
Matty lleva a Rux al refrigerador, señalando con orgullo el lote fresco
de cupcakes de pastel de zanahoria que hicimos. Rux hace todos los ruidos
apropiados, haciendo ooh y ahh sobre ellos. Pero lo que más me gusta es
que no es solo por el beneficio de Matty. Este es un hombre que dice lo que
piensa y lleva sus sentimientos en la manga. Y ama el pastel de zanahoria.
Después de pelar uno cuidadosamente y básicamente inhalarlo, todos
nos acomodamos en la sala para ponernos al día.
La cabeza de Matty se levanta y toma mi teléfono de la mesa para
revisar la hora. —Mamá, los padres de Teddy estarán aquí en diez minutos.
Me obligo a mantener los ojos en mi niño en lugar de analizar cada
parpadeo y trago de Rux ante la realización de que vamos a estar solos esta
noche después de todo.
Estoy siendo tonta. Lo sé.
En el momento en que la puerta se cierre, este hombre me tendrá contra
ella, devorando mi boca de esa manera voraz suya. Sus manos recorrerán
mi cuerpo con ese toque de fuego. Y luego más tarde cuando solo seamos
los dos en la cama, sus grandes brazos sosteniéndome contra él, le contaré
sobre mis temores infundados.
Me besará de nuevo y me dirá que no irá a ninguna parte.
—¿Por qué no tomas tu mochila de tu habitación y la pones junto a la
puerta? —Sonrío mientras Matty sale corriendo.
Todavía atrapada en esa fantasía, me vuelvo hacia Rux... y mi corazón
se hunde. Su expresión tensa es inconfundible.
No me lo estoy imaginando.
—¿Adónde va Matty? —pregunta, toda su habitual despreocupación
reemplazada por un tipo de incomodidad que hace que la angustia se
desenrede en mi vientre.
—Pijamada.
Es casi doloroso ver a Rux recostarse y forzar una sonrisa en sus labios.
Pretender que este no es un giro de eventos que preferiría no haber visto o
enfrentado. Se siente como si algo dentro de mí se estuviera rompiendo, y si
no tengo cuidado, traicionaré todo lo que he estado tratando de ocultar.
Antes de hacer algo estúpido como comenzar a llorar frente a él, invento
una excusa sobre comprobar que Matty haya empacado su cepillo de
dientes y escapo a la otra habitación.
Una vez fuera de vista, cierro los ojos y presiono mi mano contra mi
corazón adolorido. Trago el nudo de emoción en mi garganta y lucho por
contener las lágrimas.
Me toma un minuto aclarar mi cabeza, pero soy fuerte.
Cuando Matty sale de su habitación, mochila colgada sobre su hombro
y una sonrisa brillante en su rostro, estoy lista para devolverla con la mía.
—¿Estás emocionado, amigo?
Está prácticamente rebotando donde está parado mientras asiente con
entusiasmo.
Unos minutos después le estoy lanzando un beso y saludando mientras
se va con la familia de Teddy.
Al volver al apartamento, encuentro a Rux esperándome. Está de pie,
apoyado contra el respaldo del sofá.
Este es el momento.
Estamos solos. Pero en lugar de que Rux me acose a través de la
habitación y use su cuerpo para sujetarme contra la puerta, está mirando sus
zapatos.
Me muevo al espacio abierto a su lado y dejo mi mano descansar sobre
la suya.
Su cabeza cae y suspira.
—Hay rumores de un traspaso.
Mi pecho se tensa mientras aprieto su mano con más fuerza. —¿Qué?
¿Cuándo?
Finalmente sus ojos se encuentran con los míos. —No tengo idea. La
directiva no está hablando, pero eso no significa nada.
Sé por Julia y por estar alrededor de este equipo durante tanto tiempo,
que a veces un jugador es el último en saber, y a veces un jugador tendrá
rumores de traspaso a su alrededor durante años sin que nunca se concrete
nada.
—¿Ha habido rumores sobre ti antes?
Sacude la cabeza. —Son de fuentes confiables. Julia iba a llamarte, pero
le dije que venía en camino.
Trato de tomar aire, pero mis pulmones no quieren funcionar.
—Fueron solo un par de partidos —ofrezco débilmente, como si de
alguna manera mis palabras pudieran impactar acciones potencialmente ya
en movimiento.
—Partidos importantes. Aquellos en los que han estado observando para
ver cómo me desempeñaría.
Esto no puede estar pasando. Los Slayers nunca dejarían ir a Rux. No
pueden. Él ama Chicago. Ama a este equipo.
Con razón ha estado actuando extraño últimamente.
—¿Tú crees que te vas? —pregunto en voz baja.
—Honestamente, no tengo idea. —Luego, después de un largo suspiro,
sacude la cabeza—. Mira, Cammy. Hay mucha incertidumbre en mi vida
ahora mismo. Incluso si no me traspasan, los ajustes con el equipo...
—Es mucho —susurro, viendo la verdad de ello en sus ojos llenos de
disculpa. Odio lo que viene a continuación, pero necesito ser yo quien lo
diga—. Incluso sin añadir un paquete de amigos con beneficios a la mezcla
y los sentimientos que pueden o no acompañarlo.
El aliento que sale de su pecho es aliviado, aunque un poco irregular.
Cuando nuestros ojos se encuentran, trato de sonreír y aunque no funcione
muy bien, por una vez, Rux no lo señala.
Tomando mi mano en la suya, la lleva a su regazo. —No quiero
perderte, Cammy. No quiero perder a Matty.
—No lo harás —prometo, parpadeando ante las lágrimas que amenazan
con caer.
—¿Entonces, amigos? —pregunta, atrayéndome frente a él y rodeando
mi cintura con sus brazos.
No es el tipo de postura en la que nos habríamos encontrado antes de
que todo esto comenzara, y supongo que no es una que revisitaremos en el
futuro. Pero en este minuto, todavía puedo descansar mi mano contra los
sólidos planos de su pecho, todavía puedo acariciar la barba incipiente de su
mejilla con mi pulgar.
—Por supuesto. Amigos —digo, lo suficientemente bajo como para
esperar que no pueda oír la manera en que me cuesta decirlo—. Siempre.
Sus ojos se cierran en lo que debe ser alivio. Se gira hacia mi palma y
besa la piel sensible, haciendo que mi corazón duela aún más.
Pasa un minuto, pero ninguno de nosotros se mueve. Ninguno se aleja.
No sé cuál es su razón. Probablemente consuelo. Seguridad.
La mía es más que no parece que pueda dejar ir, que una parte de mí
quiere abrazarlo para siempre. Deslizando mi mano por su pecho, doy un
paso más cerca entre sus piernas y envuelvo mis brazos alrededor de su
cuello.
Los brazos en mi cintura se aprietan y luego uno se desliza por mi
espalda, sosteniéndome cerca y más cerca. Es tan bueno, tan cálido, tan
seguro, nunca quiero irme. Su mano acaricia mi cabello y acuna la parte
posterior de mi cuello.
Se retira y deja que sus ojos recorran mis rasgos, terminando en mi
boca.
Casi puedo sentir los ecos de sus besos.
Sus ojos vuelven a los míos, y como por un acuerdo tácito nos
inclinamos para un último beso.
Tiemblo contra él, lo respiro mientras él me respira.
Una última vez, mis dedos se enredan en su cabello.
Necesito dejarlo ir. Es hora. Pasada.
La respiración entre nosotros cambia, los segundos se estiran y tiran, la
conciencia se acumula y luego con una mirada desesperada, se rompe. Rux
me besa con fuerza, aplastando su boca contra la mía y gimiendo mi
nombre.
Sí.
Nuestros cuerpos no pueden acercarse lo suficiente. Nunca tendré
suficiente.
Nos movemos por el apartamento a ciegas.
—Una última vez —susurro cuando me recuesta en la cama.
Alcanzando sobre su hombro, agarra la parte posterior de su camisa y se
la quita por la cabeza en un movimiento del que nunca me cansaré. —Una
última vez.
Nos quitamos la ropa, pateando y tirándola a un lado, y volvemos a
juntarnos en un choque desesperado y hambriento de labios, dientes y
lenguas.
—Sunshine —gruñe contra mi cuello, mis pechos. Mis dedos se
enredan en su cabello, manteniéndolo contra mí mientras rodea mi pezón
con su lengua, luego lo atrae al calor húmedo de su boca.
—Te necesito, Rux —jadeo, tirando de sus hombros y brazos mientras
su firme agarre insta a mis caderas a presionarse contra las suyas.
Ojos oscuros se encuentran con los míos, ardientes e intensos. —Esto
no es un adiós. Lo sabes, ¿verdad?
Está equivocado. Este es el adiós a un sueño que apenas había
comenzado a creer. A una esperanza que silenciosa y furtivamente se había
enredado en mi corazón. Es el adiós a la idea de que finalmente podría
haber encontrado al único hombre en quien podría confiar con todo mi
corazón de nuevo. Que podría dejarme amar completamente y saber que,
con él, estaría segura.
Acariciando el lado de su rostro, sacudo la cabeza. —No es un adiós
para nosotros, pero... es un adiós a algo que fue bastante bueno, ¿verdad?
Nuestros ojos se mantienen, y por un momento parece dolorido. Pero en
un parpadeo, lo que sea que pensé que estaba viendo se ha ido, reemplazado
por la sonrisa de mi mejor amigo. —Muy bueno.
Y cuando siento que podría estar a punto de llorar, fuerzo una sonrisa en
su lugar y bromeo ligeramente: —¿Qué tal si me das algo para recordarte?
Rux golpea su frente contra mi pecho con una risa áspera y luego me
mira con una ceja arqueada. La travesura que amo brilla en sus ojos. —
¿Solo una cosa para recordarme?
Este chico. Mi sonrisa se extiende ampliamente. —Una cosa. Dos. Lo
que puedas manejar.
Y entonces mi gran y fuerte semental jugador de hockey está de vuelta,
merodeando por mi cuerpo, usando el suyo para encerrarme. —Oh, puedo
manejar más de dos.
23

Rux

N o debería haberlo hecho.


Debería haberle contado lo que estaba pasando con los rumores de
traspaso, agitado mi débil excusa, besado la parte superior de su cabeza y
salido. Pero cuando ella me miró, estaba justo ahí en sus ojos.
Una vez más.
Bromeó sobre que le diera algo para recordarme. Sí, yo también quería
eso. Quería darle tanto para recordarme que no pudiera pensar en sexo sin
prácticamente gemir mi nombre.
Quiero que el próximo imbécil que intente ponerle una mano encima-
—Rux, estás gruñendo —jadea Cammy, con su mano en mi pecho
desnudo mientras me hundo en ella completamente, moviendo mis caderas
de esa manera que hace que sus labios se separen y su respiración se
entrecorte.
-sea tan inferior a mí que una mano es todo lo que consiga ponerle
encima.
—Oh Dios... no puedo...
Ella puede. La llevaría más rápido si estuviera detrás de ella, pero no
renunciaré a estar con ella así, cara a cara. Así que me esfuerzo más⁠—
—Mmmm... otra vez.
Sus deseos son órdenes para mí.
—¡Rux! —Y entonces ella llega, dándome mi mejor marca personal en
número de veces que la hago llegar al orgasmo. Pero esta vez, no puedo
contenerme. Esta vez cuando nuestras miradas se encuentran y su cuerpo se
contrae fuertemente alrededor del mío, dejo que me lleve con ella. La sigo
hacia el precipicio, aferrándome a ese contacto, ese vínculo, esa sensación
de conexión a un nivel que no debería tener con esta chica, pero que
guardaré cerca de mi corazón por el resto de mis días.
Minutos después, su cabeza descansa en mi hombro, su mano sobre mi
corazón.
¿Cómo voy a renunciar a ella?
Ella toma una respiración uniforme, y luego otra. Y cuando me mira, mi
corazón se rompe.
—Sé que tienes demasiadas cosas ahora mismo. Y lo último que
necesitas es algo semejando a una relación cuando no se suponía que iba a
ser así. Pero tal vez, no tiene que ser el final. —Se muerde el labio, apenas
encontrándose con mis ojos—. Tal vez solo de vez en cuando, si el humor
nos llega, tal vez podríamos...
—No. —Jesús, una palabra nunca me ha costado tanto—. Cammy, no
podemos. Por increíblemente bien que se sienta esto. —Mejor que cualquier
cosa que haya tenido en mi vida. Especialmente la parte donde la sostengo
después—. No es lo que ninguno de nosotros necesita ahora mismo.
Es casi la verdad. Es lo mejor que puedo hacer por ella.
El asentimiento que me da es tenso contra mi pecho, y sé que no es lo
que ella quería escuchar. Que estoy hiriendo sus sentimientos, pero necesito
hacer lo correcto aquí.
Otra respiración, esta profunda y completa, y se sienta, mirándome con
una sonrisa. —Tienes razón. Lo sé.
Se inclina y presiona un suave beso en mis labios, y cuando se endereza,
ya no es mía.

Cammy

Rux tenía un partido fuera de la ciudad al día siguiente y regresó al día


siguiente. Pasó cuando Matty estaba cerca, y si me había preocupado de que
las cosas fueran raras o diferentes entre nosotros, no debería haberlo hecho.
Rux entró como siempre lo hace, lleno de energía y entusiasmo. Un beso
fácil en la parte superior de mi cabeza y ese breve abrazo con un brazo que
siempre se había sentido perfecto, al menos hasta el momento en que
descubrí lo buenas que podían ser las variedades de dos brazos o incluso de
cuerpo completo.
Era normal.
Era más difícil de lo que esperaba, simplemente por lo perfectamente
que Rux volvió al papel de solo amigos.
Debería haber estado agradecida. Es decir, ¿qué clase de idiota quiere
ver sufrir a alguien que le importa? Yo no. Ver a Rux infeliz es casi tan malo
como ver a mi niño con dolor.
Y la parte racional de mi cerebro sabe que esta facilidad es lo mejor que
podría haber pasado. Para mí, para Rux, y más importante para Matty.
Pero tal vez alguna pequeña parte fea de mí no le importaría una hora de
que las cosas no fueran tan cómodas entre nosotros. Una pequeña señal de
que en algún nivel, él extraña estar conmigo de la manera que yo extraño
estar con él.
Pero no.
Fue así de fácil para él dejarme ir.
Justo como lo había sido para Jeremy.
Así que pasamos el rato. Jugamos. Y luego Rux se fue para un viaje de
cinco días.
Y por mucho que no me guste, por mucho que lo extrañe, tengo que
admitir que el descanso es probablemente lo que necesitamos para que
pueda volver a encaminarme y restablecer mis emociones a solo amigos.
Solo tres días y todavía no estoy durmiendo. Sigo pensando en cómo era
entre nosotros. Lo correcto que se sentía en sus brazos. La forma en que me
miraba cuando venía después de sus partidos. Cómo le encantaba quedarse
en casa conmigo. La forma en que no podía tener suficiente de mi hijo.
Cómo podría haber jurado que se estaba enamorando.
—¿Estás enferma? —Matty me mira fijamente desde el otro lado de la
mesa del desayuno y estoy bastante segura de que el niño no se refiere a
mal de amores.
—No, cariño. Solo un poco cansada hoy. Estaré bien —le aseguro con
la sonrisa que siempre puedo encontrar para él.
—Si quieres, puedo quedarme aquí y cuidarte.
Esa parte hipervigilante de mí que está constantemente alerta sobre la
felicidad de este pequeño niño se pone en línea. —¿No quieres ir a casa de
tu papá?
—¡No! Quiero ver a papá. Pero también me gusta estar aquí. Tal vez
esta vez él podría venir aquí y pasar el rato con nosotros... Todos mis
juguetes están aquí, y quiero mostrárselos. ¿Por favor, mamá?
En serio, lo último que necesito ahora mismo es a Jeremy molestando.
Pero cuando miro la cara suplicante de mi hijo, no puedo decir que no.
—¿Qué tal si consultamos con tu papá y vemos si tiene algún plan?
Matty sacude la cabeza como si yo no tuviera idea, como si nunca
hubiera conocido a este tipo antes.
—Para nada. A papá le encanta venir aquí. Dice que pasar el rato
contigo es casi tan divertido como pasar el rato conmigo.
Cruzando los brazos, asiento. —Aun así, déjame llamarlo y ver.
Una hora y media después, estoy en mi cuarta taza de café y Jeremy está
descargando un nuevo set de Play-Doh en la mesa de la cocina.
A Matty normalmente no le interesa tanto ese tipo de cosas, pero por la
forma en que está actuando ahora, pensarías que fue lo único que pidió para
Navidad.
Estoy a punto de dirigirme a la sala de estar y revisar mi correo
electrónico, cuando Jeremy me pregunta si quiero participar en la
construcción. De nuevo, son esos ojos de mi niño los que me hacen decir sí
cuando realmente quiero decir no. Y admitiré que resulta ser divertido.
Jeremy siempre ha sido un tipo creativo, y cuando se aplica al Play-Doh y a
los dinosaurios puedo ver por qué Matty se divierte.
Pero no puedo evitar compararlo con Rux y la forma en que interactúa
con Matty. Definitivamente un juego más físico, incluso cuando están
construyendo con Legos, los brazos de Rux siempre vuelan desde sus
costados, imitando fuerzas atacantes, o tal vez un tornado. Su construcción
de mundos es activa con historias salvajes y personajes locos.
La de Jeremy es tranquila, reservada. Concentrada en el diseño y la
distribución. Hay una historia de fondo, pero mientras Rux está
construyendo un campo de batalla para jugar, Jeremy está construyendo uno
adecuado para exhibir.
Tengo una pequeña bola de masa a la que renuncié a dar forma hace
unos dos minutos. La fatiga me pesa, y cuando ya no puedo soportarlo más,
le doy a Jeremy una mirada suplicante.
—Oye, no dormí muy bien anoche. —Ni la noche anterior—. ¿Hay
alguna posibilidad de que ustedes estén bien solos mientras me acuesto?
—Absolutamente —me anima—. Ve a descansar un poco. Matty y yo
terminaremos nuestro monstruo de lava prehistórico.
Es una oferta que no puedo rechazar. Y después de dejar un beso en la
mejilla de Matty, me dirijo a la reclusión de mi habitación.
Sin mensajes de Rux.
Configuro la alarma en mi teléfono para cuarenta y cinco minutos y me
meto en la cama. Solo una siesta rápida y estaré lista para continuar.

Rux

Aguanté todo lo que pude. Pero si no hablo con Cammy en los


próximos cinco minutos voy a perder la cabeza.
"Espacio y tiempo" apesta.
Lo odio. Y sí, entiendo que con el tipo de cambios que estamos
atravesando, se supone que es algo bueno. Pero he estado a punto de
salirme de mi piel por no enviar mensajes solo para ver cómo está. Cómo
fue su mañana. Qué comió al almuerzo. Cómo durmió.
Mejor que yo, espero.
Estoy entrando por el vestíbulo del hotel después de la práctica y las
reuniones de esta tarde. Estoy ansioso como la mierda por el partido de esta
noche. Los últimos partidos hemos estado jugando mejor, pero todavía falta
algo. Algo más que la mujer que sigo diciéndome que no debo desear.
Sacando mi teléfono, asiento a un par de tipos con camisetas de los
Slayers que me observan desde el puesto de café. Uno de nuestros
entrenadores está hablando con una chica junto al restaurante. Perfecto,
puedo llamar con un relato detallado como excusa. Le encantará.
Espero a que la línea conecte, a que ese algo que falta en mi pecho se
llene con el sonido de su voz, con Matty de fondo soltando actualizaciones
sobre el drama en la escuela o su ciudad de Lego.
—¡Rux!
Aparto el teléfono, comprobando para asegurarme de que marqué el
número de Cammy y no el de Matty.
—Hola, pequeño, ¿qué haces con el teléfono de tu mamá? —pregunto,
imaginándolo en la mesa de la cocina con una figura de acción y Cammy en
la mostradore empezando a preparar la cena.
—Mi mamá y mi papá están tomando una siesta ahora mismo.
Soy un tipo conocido por mis reflejos rápidos como un rayo. Por
decisiones instantáneas que hacen ganar o perder un partido. Eso significa
procesar información a la velocidad de un disco volador.
¿Pero esto?
La piel de mis mejillas se siente extraña y mi voz no suena como la mía
cuando logro soltar la única palabra que puedo, "¿Qué?"
—Durmiendo. Supongo que, tal vez, no durmieron lo suficiente anoche
—me dice casualmente con esa vocecita ronca que amo.
Entrenador olvidado, giro donde estoy y empiezo a caminar de vuelta
hacia la calle. Hacia el aeropuerto o tal vez la autopista.
Todo dentro de mí exige acción. Retribución. Una patada en el trasero.
Yo de rodillas frente a Cammy suplicándole que me dé otra oportunidad.
Diciéndole que la cagué. Que no lo decía en serio.
Sea o no lo suficientemente bueno para ella, no quiero que lo elija a él.
Si ella merece más seguridad en su futuro de la que yo puedo darle,
¡entonces seguro que merece más que el tipo que la abandonó hace siete
años!
Matty sigue charlando. Suena casi divertido.
¿Y por qué no lo estaría? Tiene siete años. Y su madre y su padre están
juntos de la manera en que lo están las personas que son parte de una
familia.
Probablemente esté eufórico.
Yo debería estarlo. Es por eso que me arranqué el corazón y dejé ir a su
madre. Para que ella tuviera la claridad para tomar este tipo de decisión.
Ahora está hablando de dinosaurios y Play-Doh, y de cómo su papá es
realmente bueno construyendo. Cómo le mostró cómo hacer algunas cosas,
pero Matty no creía que el suyo fuera tan bueno.
—De ninguna manera, Matty. Apuesto a que el tuyo es el mejor de
todos.
Debería colgar el teléfono. Dejar que Matty vuelva con su familia. Pero
incluso sabiendo que Cammy y Jeremy...
¡Mierda!
No puedo hacer que cuelgue.
Más que nunca, siento la necesidad de aferrarme. De escuchar cada
palabra que Matty me está contando sobre cómo el naranja y el verde se
mezclaron demasiado y no pudieron separarse. Y cómo su papá era
realmente bueno haciendo cosas pero no sabía cómo destrozarlas como lo
hacía yo.
Este niño no tiene idea de lo acertado que está. Sé cómo arruinar las
cosas, sea o no mi intención.
—Está bien, Rux, mi papá se está levantando ahora. Tengo que irme.
Jesús, la imagen que pasa por mi cabeza ahora mismo me enferma.
Jeremy, con su perfecto cabello de niño bonito levantado como el mío
después de que Cammy ha tenido sus dedos en él durante una hora. Alguna
mirada presumida y satisfecha en su rostro mientras sale tambaleándose de
su dormitorio... Tal vez dándole unos minutos para que se arregle antes de
que ella vuelva con su hijo.
—Hablaré contigo más tarde, Matty.
—¿Oye, Rux?
Me detengo a mitad de la cuadra y me siento en el bordillo. —¿Sí?
—Que tengas un buen partido esta noche —dice, y esa sonrisa increíble
que se transmite por la línea me rompe el corazón.
—Gracias, amigo. Lo tendré.
Pero el equipo contra el que jugamos? Algo me dice que ellos no van a
tener un buen partido.
24

Cammy

D espierto, desorientada, saliendo de un sueño tan profundo e intenso


que tiemblo al incorporarme. La luz que entra por detrás de las persianas
parece extraña.
Me toma un minuto recordar que no es de mañana y que no he dormido
toda la noche. Solo cerré los ojos para una siesta, puse mi alarma, pero...
¿Dónde está mi teléfono?
La risita de Matty llega desde el otro lado de mi puerta, y sonrío. Casi
puedo verlo allá afuera, jugando con Rux, y...
Tropiezo cuando mi cerebro se pone al día.
No es Rux, me recuerdo mientras mi mano alcanza el metal frío de la
perilla.
Jeremy.
Cierto.
Mi corazón se desinfla un poco, y de nuevo busco mi teléfono con la
mirada. ¿Habrá llamado Rux, enviado un mensaje?
Pero otra mirada rápida por la habitación no revela nada, y decido que
volveré a buscarlo más tarde. Primero, quiero ver cómo está Matty.
Al salir al pasillo, me recibe mi pequeño lanzándose hacia mí para
abrazarme. Más allá, Jeremy está sentado en el sofá, viéndose un poco
arrugado también.
—Mamá, ¡dormiste una eternidad! Tu alarma estaba sonando, y papá
dijo que tal vez deberíamos dejarte descansar, así que entré y tomé tu
teléfono.
¿Es así? Mis ojos se mueven entre mi hijo y su padre, quien se frota la
nuca, dándome una sonrisa incómoda.
—Espero que esté bien. Te veías agotada y, como estaba aquí, pensé que
sería bueno dejarte dormir.
No quiero hacer un gran problema ahora, pero hablaré con Matty sobre
tomar mi teléfono en el futuro.
—¡Jugamos con plastilina por siempre! Papá no quería que los
dinosaurios destruyeran su casa nueva, así que pusimos egapac sobre ella y
luego jugamos un juego de mesa. Y después pusimos un programa, pero él
también estaba cansado y se quedó dormido mientras mirábamos. E hice
este dibujo para Rux, para que pueda llevárselo cuando vaya de viaje. Creo
que nos extraña cuando está lejos.
El torrente de información que me llega a velocidad relámpago
comienza a procesarse y paso mi mano por el pelo de Matty.
—Apuesto a que a Rux le encantaría ese dibujo. —Me inclino y le doy
un abrazo—. ¿Me lo muestras?
Orgullosamente, me lleva a la mesa de centro, y la sola hoja de papel
hace que mi corazón duela y la emoción trepe por mi garganta.
—Oh, le va a encantar esto —digo, esperando que Matty no pueda oír el
temblor en mi voz. Sin lágrimas, maldita sea.
El dibujo es claramente de Rux con su uniforme de los Slayers, con
pequeñas líneas bajo sus pies indicando patines. Muy cerca de él hay una
figura con cabello rubio y ojos azules, una ligera variación del dibujo que
hace de mí cada vez. Y a su otro lado está la pequeña figura de Matty
sonriendo ampliamente, tomándole la mano.
Matty se vuelve hacia su papá.
—Tú y Rux todavía no son tan buenos amigos, así que este dibujo
somos solo nosotros. Pero en el próximo que haga, tú puedes estar.
La sonrisa de Jeremy no vacila, pero conozco a este hombre desde que
era un niño. Y aunque está haciendo un buen trabajo ocultándolo, noto el
más pequeño gesto de dolor.
—Esperaré con ansias, campeón.
Matty me deja tomar una foto de su dibujo, y luego corre de vuelta a su
habitación para guardarlo en un lugar seguro para la próxima vez que vea a
Rux.
Me vuelvo hacia Jeremy, queriendo decir algo reconfortante. Pero él
levanta la mano, negando con la cabeza.
—Lo entiendo. Rux ha sido parte de su vida por años más que yo desde
que volví. Pero espero que con el tiempo Matty me vea tan parte de su
familia como a él.
Algo en la forma en que lo dice desencadena otra respuesta emocional.
Girándome hacia las ventanas, trato de mantener el desconsuelo y el dolor
fuera de mi cara.
Pero así como mi historia con Jeremy me permite ver cosas que otros no
podrían, la suya conmigo hace lo mismo.
Acercándose por detrás, apoya su mano en mi hombro.
—Oye, es la segunda vez en cinco minutos que pareces a punto de
llorar. Y estoy pensando en el hecho de que no estabas durmiendo. ¿Todo
está bien? Contigo y Rux, quiero decir.
Asiento firmemente, sin confiar en mi voz. Y honestamente, Jeremy es
la última persona con la que quiero hablar sobre Rux. Pero él no está listo
para dejarlo.
—¿Pasó algo entre ustedes?
Antes de que tenga que responder, Matty regresa patinando a la
habitación, con un puñado de figuras de acción firmemente agarradas en su
puño.
—¡Para jugar con la plastilina!
No puedo evitar sonreír, toda esa emoción amenazante evaporándose
bajo el entusiasmo de mi hijo. Al menos lo suficiente para evitar que se
derrame frente a estos dos.
—¿Sabes que la mejor parte de construir un modelo genial es
destruirlo?
Jeremy suspira.
—Sí, estoy captando esa idea. Ven a verlo antes de que las tropas lo
invadan.
Para cuando se va, he perdido mi oportunidad de que Rux llame, o de
llamarlo yo.
Estará preparándose para el juego, y considerando lo que dijo sobre las
distracciones, he estado trabajando muy duro para no ser una. Así que en su
lugar, le envío un mensaje rápido, deseándole un buen partido.
Quiero decirle que estaré despierta más tarde, que podría llamar cuando
termine el juego... si quiere hablar.
No lo habría pensado dos veces hace un mes o incluso seis. Pero ahora
parece necesitado. Insistente. Desesperado.
Y tal vez es porque conozco la verdad. Soy todas esas cosas.
Estoy ansiosa de hablar con él, escuchar su voz. Su risa.
Saber cómo se sintió con su juego y si ha escuchado algo más sobre un
traspaso.
Pero Rux terminó lo que estaba pasando entre nosotros porque era
demasiado. Necesitaba algo de espacio para respirar. Y voy a dárselo.

Rux

Recibo su mensaje y... maldición.


Me está deseando suerte en el juego.
No menciona casualmente que en menos de una semana, las cosas van
tan bien con Jeremy que, además de dejarlo mantenerla despierta toda la
noche, están tomando siestas juntos mientras Matty está ahí.
El aire en mis pulmones se vuelve de vidrio.
—Wow, amigo. —O'Brian está frente a mí, con una mirada de
preocupación mientras observa mi teléfono y luego mi cara—. Esa cosa
suena como si estuviera a punto de romperse.
Mis nudillos están blancos alrededor del aparato, pero la pantalla sigue
iluminada con el mensaje de Cammy.
—¿Todo bien ahí? —pregunta en voz baja, sin tratar de llamar la
atención. Es un buen chico, y después de cómo he estado jugando,
probablemente se pregunta qué significa mi inminente crisis para el juego
de esta noche.
—Todo está bien. Como debe ser. —Creo. Espero.
Bien, tal vez no lo espero. Porque soy un idiota celoso y egoísta.
Él asiente. Sacude la cabeza. Se encoge de hombros.
—No lo tomes a mal, pero realmente no parece así.
—Tendré mi mierda bajo control para el juego. Estoy bien. —Me paso
una mano por el pelo—. Solo me estoy acostumbrando a que las cosas sean
diferentes con Cammy, eso es todo.
—Te está enviando mensajes. Eso es bueno. O... —Da un paso atrás
incómodo, haciendo una mueca mientras pregunta—: ¿Eso no es bueno?
Puedo ver la incomodidad en su rostro.
—¿Qué, piensas que estoy tratando de librarme de ella? ¿Cammy
Wesley? ¿La cuñada de Baxter?
—Diablos, no sé qué pensar con la forma en que estás mirando esa cosa.
Y en serio, a estas alturas, no estoy seguro de que alguien por aquí esté
pensando en ella como algo de Baxter. —Sus manos se levantan antes de
que tenga la oportunidad de reaccionar—. No por su estatus en el equipo
tampoco. Es solo que estoy bastante seguro de que si alguien piensa en ella
como de alguien... es tuya.
Mía.
Me recuesto contra la pared y sacudo la cabeza.
—No creo que eso vaya a durar.
—¿Ustedes terminaron?
¿Sí? ¿No? ¿Es realmente terminar cuando vuelves a ser amigos después
de ser amigos con beneficios?
—Está volviendo con el padre de Matty. Seguimos siendo amigos.
Me mira fijamente un minuto. Luego mira alrededor antes de acercarse
más.
—Rux, lo siento, amigo. Y no hace falta más que mirarte para saber que
necesitas desahogarte de algunos... sentimientos. Pero esto es serio. La
gente está mirando. Lo que hagas esta noche importa. ¿Entiendes lo que
estoy diciendo?
Asiento. Ese rumor de traspasos no va a desaparecer. Necesito jugar con
la cabeza en el juego, no como un novio celoso y enfurecido. Porque
incluso si no soy el tipo que se queda con Cammy para siempre, no quiero
dejarla a ella y a Matty.
—Lo tengo bajo control.
—Sé que es así. Vamos a ser imparables ahí fuera. ¿Y esta mierda que
tienes en la cabeza ahora mismo?
Se siente más en mi corazón que en mi cabeza, pero no voy a discutir
con él.
—Úsala. Pero sé inteligente en cómo lo haces, ¿verdad? —Pone una
mano en mi hombro y se dirige al hielo.
Cerrando los ojos, respiro por la nariz. Pienso en las jugadas. El juego.
Los jugadores contrarios y todo lo que sé sobre ellos.
Pienso en esos suaves ojos azules mirándome la última vez que estuve
dentro... No.
Reenfocándome, pienso en lo que el entrenador asistente habló después
del entrenamiento matutino. Sobre Matty despertándose con su padre y su
madre saliendo de la habitación de Cammy... Mi puño golpea la pared.
Se me acabó el tiempo. Necesito concentrarme en el juego. Necesito
jugar como si fuera parte de este equipo ganador y no algún fracasado
esperando ser traspasado.
Llego al hielo con fuerza. No me molesta no ser titular. Si yo fuera
quien toma las decisiones, después de los últimos partidos, no estoy seguro
de que me pondría a jugar.
Pero esta noche es diferente. No es como los últimos partidos.
Esta noche, mi enfoque está nítido como un láser. No hay nada más que
el disco y un montón de idiotas que quieren evitar que lo tenga... Y cada
uno de ellos se parece a Jeremy Levenson.

Cammy

Rux está en llamas. Los comentaristas no pueden dejar de hablar de él,


especulando sobre qué es lo que cambió entre el último partido y este.
Es como si se hubiera hecho cargo del hielo y todos se alinearan. Todos
de nuestro equipo, claro.
¿Los oponentes? No pueden recuperar el aliento. No pueden seguir el
ritmo. Y que Dios se apiade de cualquiera que se interponga en su camino...
Lo sienten.
Está jugando duro. Y está jugando inteligente. Y mientras cada golpe
que da hace que mis rodillas se aprieten más contra mi pecho y el aire salga
a presión de mis pulmones... son buenos golpes. Jugadas sólidas. Y está
poniendo a los Slayers sólidamente a la cabeza.
Así es como juega Rux cuando no está distraído, cuando puede despejar
su mente y volver a concentrarse en el juego.
He visto a Rux jugar duro antes. Pero esto es algo diferente. Es intenso,
y asombroso. Y un poco aterrador. Este es el hombre que amo, luchando por
permanecer en el equipo que ama.
Matty parecía que nunca me perdonaría cuando le dije que necesitaba
irse a la cama después del segundo período, pero cinco minutos después de
comenzar el tercero, sé que tomé la decisión correcta. El otro equipo ha
tenido suficiente de Rux y está comenzando a responder, tomando
represalias con golpes sucios y golpes que cruzan cada vez más la línea.
Y entonces sucede, ese palo alto del número doce descendiendo en un
tajo.
Mi respiración se detiene en mis pulmones, y me levanto del sofá,
tambaleándome hacia la TV como si pudiera hacer algo. Como si pudiera
detener el flujo de sangre en el hielo o la mirada asesina en los ojos de Rux.
Jugadores de ambos lados se abalanzan unos contra otros, mientras los
árbitros luchan por recuperar el control. Entonces Quinn O'Brian está ahí,
ayudando a Rux a ponerse de pie y bloqueándolo con su cuerpo cuando Rux
se vuelve hacia la pelea.
La cámara se aleja cuando llega al banco, y mi corazón se detiene. ¿A
quién le importa el estúpido juego? Lo único que me importa en este
momento es el hombre que acaba de dejarlo.
Mi teléfono suena con un mensaje de Julia diciéndome que está bien y
que apuesta a que Rux estará de vuelta en el hielo en los próximos cinco
minutos.
Yo: ¿Tal vez no debería volver a salir?
Julia: LOL no es mi decisión, hermana.
Julia: Es un juego duro. Están acostumbrados a esto. Y por la
mirada en los ojos de Rux al salir patinando, algo me dice que está más
que listo para volver.
Veo el resto del juego, enviando mensajes de ida y vuelta con mi
hermana. Tenía razón, Rux está de vuelta para los últimos cinco minutos. Y
el golpe que el número doce recibe de Vaughn cuando sale de la caja de
penalización lo hace volar. Duro. Es legal. Y definitivamente destinado a
detener a Rux antes de que tuviera la oportunidad de tomar represalias por
su cuenta.
Cuando termina el partido, le envío un mensaje preguntando si está bien
antes de poder convencerme de no hacerlo.
Probablemente tenga a alguien revisándole la boca. Hay entrevistas y
quién sabe qué más después del juego. Pero espero que llame si tiene un
minuto.
Pero cuando tengo noticias suyas, es solo un mensaje diciéndome que
está bien y que debería dormir un poco.
Traducción: No va a llamar.
Lo cual está bien. Excepto que entonces no puedo evitar preguntarme...
qué está haciendo para quemar toda esa agresión del partido de esta noche.
25

Rux

L legué tarde a casa anoche, y se sintió extraño entrar a mi apartamento


sin llamar a Cammy o pasar a verla. Pero soy lo suficientemente consciente
para reconocer que de ninguna manera estoy en condiciones de manejar una
llamada a las dos de la mañana y quizás escuchar a Jeremy en el fondo,
murmurando soñoliento —o peor, no tan soñoliento— preguntando quién
está al teléfono.
Tal vez lo superaré. O tal vez simplemente dejaré de llamar en medio de
la noche. Mantendré mis llamadas y visitas —como la de hoy—
restringidas a las horas en que Matty esté despierto.
Me paso una mano por el pelo, sintiéndome agitado y fuera de lugar.
¿Y si Jeremy está aquí? ¿Y si se está mudando?
Siento que voy a vomitar. ¿Y si ella se casa con él?
Apoyo la mano contra la pared junto a la puerta y bajo la cabeza,
tratando de recuperar el aliento.
No quiero pensar en Cammy vestida de blanco y mirando a los ojos del
maldito Jeremy mientras promete amarlo por el resto de su vida.
Una respiración se convierte en dos, y luego dos se convierten en tres.
Necesito controlarme. Ponerme mi cara de póker. Pero no esa donde
visualizo al ex de Cammy en lugar de todos los jugadores contrarios y me
doy rienda suelta para desahogar mis agresiones cuando intentan quitarme
algo que no quiero que tengan.
La puerta cruje al abrirse y veo un pequeño ojo azul que se abre de par
en par al verme.
Se acabó el tiempo.
—¡Te dije que estaba ahí fuera! —grita Matty a su mamá mientras la
puerta se abre de par en par y mi niño favorito en el mundo salta de un pie a
otro.
—Hola amigo, ¿cómo estás? —pregunto, entrando al apartamento
porque, aunque sé que él quiere, Matty es muy bueno para no salir del
apartamento ni siquiera un paso sin que su mamá esté justo ahí.
Unos bracitos con la fuerza de un hombre me rodean mientras empieza
a divagar—. Estuviste increíble, Rux. Vi parte de todos tus partidos y luego
pude ver el final de algunos, pero no todos. Mi mamá no quería que me
preocupara por si te lastimabas, pero Billy Felton lo tenía en YouTube y
entonces lo vi de todos modos y parecías muy enojado. Apuesto a que ese
tipo, el número doce, estaba asustado de ti. ¿Está bien tu boca? ¿Puedo
tocarla? ¿Te duele? ¿Necesitas algo de hielo? ¿Cuándo es tu...
—Matty —interrumpe Cammy suavemente, secándose las manos con
un paño de cocina y luego metiéndolo en el bolsillo de sus jeans—, déjalo
respirar.
Matty aprieta los labios y me mira como si no pudiera esperar para
verme de nuevo.
No puedo hacer que mis ojos se encuentren con los de Cammy porque
soy un completo cobarde y no estoy listo para lo que podría ver en ellos.
Así que en lugar de eso, me inclino, tomo una respiración grande y
exagerada y la suelto en un silbido ruidoso que lo hace reír y sacudir la
cabeza como una versión en miniatura de su mamá.
—Uf, creo que finalmente lo logré.
Matty sonríe y le froto su mata de pelo antes de prepararme para mirar
alrededor. El espacio se ve igual. Se siente igual. Sin plantas de ficus medio
muertas. Sin cajas de cartón sin desempacar apiladas en la esquina. Ni
siquiera un montón de cosas masculinas acumuladas en la mesa de café.
Sin señales de un nuevo ocupante, probablemente permanente.
Está bien, tal vez puedo respirar.
—Mamá no pensaba que vendrías hoy.
—¿No? —Miro del rostro sincero de Matty al de Cammy,
repentinamente ansioso, mientras una sensación de temor me invade.
Debería haber llamado. Comprobado que estaba bien.
—Le dije que vendrías. Pero ella me dijo que podrías estar demasiado
ocupado y que si no podías venir, no debía tomarlo personalmente.
Ella está negando con la cabeza, retorciéndose las manos mientras me
mira a través del espacio abierto entre nosotros.
—Como no había hablado contigo, no estaba segura si todavía... —
Toma aire y me lanza una mirada de impotencia.
Suelto una risa que no siento del todo y me anoto mentalmente que será
mejor que empiece a avisar antes de presentarme aquí.
—Dije que pasaría, así que...
—Me alegra que lo hicieras —se apresura a decir, moviendo la mano en
el aire en un gesto torpe que me dan ganas de atraerla hacia mis brazos y
abrazarla. En cambio, mantengo mis pies plantados donde están mientras
ella añade—: Nos alegra.
Matty me lleva de vuelta a la cocina para que pueda ver la nevera. Me
hicieron muffins de plátano y después de que me retaran a ver si podía
comerme todo el pastelito de un solo bocado —um, sí— Matty sale
corriendo para traerme algo de su habitación.
Limpiándome la boca con una de las servilletas finas del dispensador
metálico en la mesa de la cocina, levanto la mirada y encuentro a Cammy
en la entrada de la cocina.
Cristo, es tan jodidamente bonita, y lo único que quiero hacer es atraerla
a mis brazos y abrazarla. Quiero sus brazos alrededor de mí. Sus pechos
suavemente aplastados contra mi pecho, su cabeza contra mi corazón.
—Gracias por el muffin.
—Matty quería hacerlos para ti.
Matty. No ella.
Miro al suelo alrededor de mis pies, odiando esta tensión que hay en el
espacio entre nosotros.
Desde el primer día que conocí a esta chica todo fue fácil entre
nosotros. Todo era diversión, relajación y correcto. Y ahora ni siquiera
podemos hablar de un maldito muffin.
Ella da un paso hacia mí y mi corazón se acelera, pero luego se detiene.
Sus manos aterrizan en el respaldo de la silla de la cocina.
—Te veías bien jugando. Un poco intenso.
—Sí, buena victoria.
Sus manos se deslizan por el respaldo de la silla en un movimiento que
es casi inquieto, y no puedo evitar pensar en cómo se sentían sus manos
moviéndose sobre mí. Cómo me dejaba descansar la cabeza en su regazo
mientras ella jugaba con mi pelo, dándome ese toque suave y dulce afecto.
—Parecías como... diferente. ¿Está todo bien?
—Sí, solo encontré mi enfoque. Ritmo. Groove. Lo que sea.
—¿Están contentos tus entrenadores? ¿Has oído algo más sobre
traspasos?
Sí, he oído bastante. Pero a estas alturas es imposible filtrar los rumores
de la verdad.
—Nada concreto.
No tengo una respuesta sobre los entrenadores. Realmente no quiero
decirle que el entrenador Adkins dijo que parecía un psicópata ahí afuera en
esos dos últimos partidos.
—¿Te duele? —pregunta en voz baja, levantando su mano y acariciando
mi mandíbula justo debajo del corte que está sanando. Y ese toque, Jesús, ni
siquiera me había dado cuenta de que había estado cerrando el espacio entre
nosotros hasta que ella extendió la mano y pasó la punta de sus dedos sobre
mi piel.
Mi mano se cierra alrededor de su muñeca, manteniéndola donde está.
Cierro los ojos y siento ese toque suave y gentil. Resistiendo el impulso de
inclinar mi cabeza para poder llevar sus dedos a mi boca.
—¿Rux? —Mi nombre es apenas un susurro, pero no hay duda de la
incertidumbre que hay detrás.
Cediendo a una caricia de mi pulgar sobre su muñeca, abro los ojos y
sonrío.
—No duele. Estoy bien.
He alejado su mano de mis labios, pero no la he soltado. Si ella se aleja,
yo también lo haré. Pero por solo este minuto ella parece no notar la forma
en que seguimos conectados.
No debería estar haciendo esto. No debería estar parado a solas con ella
en esta cocina o tocarla como si todavía fuera mía. No debería estar
mirando esos interminables ojos azules y preguntándome qué pasaría si la
acercara más. Dejara que nuestros cuerpos se alinearan de la forma que se
siente tan bien. Inclinar su cabeza hacia atrás hasta que sus labios se
separen y pueda hundir...
—Rux, hice esto para ti —dice Matty, doblando la esquina con los ojos
fijos en la hoja de papel que tiene en las manos.
Cammy y yo nos alejamos el uno del otro, y aunque no puedo esperar
para ver lo que este chico hizo para mí, me duele querer traerla de vuelta.
Deslizar mis dedos entre los suyos. Atraerla contra mi pecho mientras
admiramos juntos la nueva obra maestra.
En cambio, me dejo caer en una silla de la cocina y le hago señas para
que me muestre lo que ha hecho.
En lugar de entregarme el dibujo, lo extiende sobre la mesa frente a mí
y comienza a señalarnos a cada uno de nosotros, aunque no hay duda de
quién es quién en esta imagen. Soy el tipo con todos los músculos tomado
de la mano con Matty y mi chica. Hay pastelitos, palos de hockey y Legos.
Y estoy totalmente serio cuando me vuelvo hacia él.
—Me encanta. Este es el mejor dibujo de todos los tiempos. ¿Puedo
quedármelo?
—¡Sí! —grita, levantando sus pequeñas manos a los lados—. Lo hice
para ti. También tengo uno para mí y uno para mamá.
Con eso, miro a Cammy, quien se encoge de hombros.
—Ha estado ocupado.
Matty sonríe mirando su obra de arte.
—Así no tendrás que extrañarnos tanto cuando estés lejos para tus
partidos.
Antes de que pueda hacer algo más que abrir la boca, sale corriendo,
decidido a mostrarme algo más.
Cammy se desliza en la silla a mi lado y sonríe mirando el dibujo.
—Te extrañó. Tenemos como siete versiones de este dibujo por toda la
casa ahora mismo. Creo que incluso le dio uno a Jeremy.
Aquí vamos. No hay manera de que Cammy no me diga que las cosas
han cambiado entre ellos. Probablemente no sabe que Matty me contó sobre
su pijamada —y la parte racional de mí sabe que en realidad no es asunto
mío de todos modos. Pero la idea de que ella no me dijera que están juntos,
dándole otra oportunidad, me molesta casi tanto como la idea de ellos
juntos realmente.
Lo cual me molesta mucho. Aunque se supone que no debería.
—Estoy seguro de que a Jeremy le encantó eso.
Cammy ladea la cabeza, el suave resoplido de su risa confirmando que
no fue así.
—Al menos Matty lo dibujó a él en el que le dio.
Asiento. Esperando.
—Entonces cuéntame sobre tu viaje.
O supongo que no lo hará.
26

Cammy

N o hay nada malo con el departamento de Jeremy. Es un cómodo


apartamento de dos habitaciones en Wicker Park con bastante luz, una
cocina funcional y baños limpios. Es el tipo de lugar que habría conseguido
para nosotros si no tuviera una hermana famosa que insistió, primero, en
que Matty y yo viviéramos con ella. Y luego, después de que se mudó y se
casó con Greg, en que me quedara.
Así que no es el apartamento, pero cada vez que estoy aquí no puedo
esperar para irme. No me gusta estar en el espacio de Jeremy. No me gusta
ver los estantes llenos de adornos de una vida que no incluía a Matty ni a
mí. Me hace sentir resentida, y cuando me siento tan vulnerable como ahora
por lo de Rux-
—Cammy, ¿estás bien? —pregunta Jeremy, con el hombro apoyado
contra la pared fuera del dormitorio de Matty.
-no estoy segura de ocultarlo tan bien como me gustaría.
—Estoy bien —logro decir, mirando mi reloj otra vez y preguntándome
qué está deteniendo a mi hijo—. Oye, Matty, ¿necesitas ayuda para empacar
ahí dentro?
Jeremy se frota la nuca y me da una mirada de disculpa.
—Lo siento, Cam. Tú siempre eres tan organizada y lo tienes todo
empacado y listo cuando voy a buscarlo a tu casa. Debería haberlo tenido
listo para irse. Estábamos... pasándola bien y supongo que, de manera
egoísta, no quería perderme nada de eso poniéndolo a prepararse para irse.
—Oh. Um, está bien.
Se aclara la garganta antes de mirarme a los ojos otra vez.
—En realidad, tenía la esperanza de que pudiéramos hablar un
momento.
¿Hablar?
Ahora que Jeremy tiene toda mi atención, noto la forma en que aprieta
sus manos en los bolsillos de sus jeans y la especie de vibra ansiosa que
emana. Mi corazón se hunde.
—¿Qué sucede? —¿Se está mudando otra vez? ¿Se va? Oh Dios, si me
dice que va a abandonar a nuestro hijo nuevamente cuando apenas acaba de
convertirse en parte de su vida. Cuando Matty creía que iba a tener un
verdadero padre-
—Cammy —Jeremy da un paso más cerca, sus manos agarrando mis
hombros mientras busca mis ojos—. Hey, mírame. Sea lo que sea que estés
pensando, detente. Te estoy preguntando si hay alguna posibilidad de que
tal vez de vez en cuando pueda quedarme con Matty más que solo una
noche. Si tal vez podríamos tener un segundo día también o incluso una
segunda noche.
Sacudo la cabeza, tratando de despejar la neblina del pánico lo
suficiente para dejar que las palabras me lleguen.
—¿No? —pregunta Jeremy, afligido.
—Oh, no. Quiero decir, no es un no. Yo... pensé que ibas a decir otra
cosa y yo...
—Pensaste que iba a abandonarlos otra vez —lo dice sin juzgarme, pero
no hay forma de confundir el remordimiento en sus ojos.
—Lo siento, Jeremy.
Él traga saliva.
—No lo sientas. Tienes todas las razones para pensar así. Yo te las di. Y
todo lo que puedo hacer es seguir presentándome y esperar que con
suficiente tiempo puedas volver a creer en mí. Confiar en mí.
Quiero decirle que ya confío en él, pero tiene razón. No lo hago. Estoy
esperando a que caiga la otra ficha, a que se dé cuenta de que la vida sin un
hijo es más su estilo. A que alguna distracción bonita entre en su vida y esas
prioridades por las que ahora jura cambien de nuevo.
Puede ver que estoy luchando con qué decir y me aprieta el hombro.
—Con el tiempo, Cammy. No me voy a ir a ninguna parte. Con el
tiempo, lo verás. Con el tiempo, me ganaré tu confianza de nuevo.
Respirando hondo, trato de eliminar la humedad de mis ojos.
—Oye, Matty?
—Un segundo, mamá —responde mientras abro la puerta de su
habitación.
—Cariño, tengo un millón de cosas que hacer esta tarde. ¿Te gustaría
venir conmigo o... quedarte aquí hoy y que tu papá te traiga a casa después
de cenar?
Treinta minutos después estoy estacionada frente al hogar de Rux.
Matty estaba exultante, y la gratitud de Jeremy era inconfundible. No
tenía nada de qué preocuparme. El corazón de mi hijo estaba bien. Jeremy
quería más de ser padre, no menos. Entonces, ¿por qué siento que me estoy
desmoronando?
Desde el segundo en que salí de la puerta de Jeremy, fue como si
estuviera en piloto automático. Todo lo que quería hacer era hablar con
Rux. Contarle cómo mi mente había ido automáticamente a la idea de que
Jeremy abandonaría a Matty otra vez, cómo incluso descubriendo
rápidamente que estaba equivocada, estoy tan conmocionada que apenas
puedo respirar. Quiero que me tome en sus brazos para un abrazo. Incluso
uno de esos medio abrazos serviría, porque lo que necesito ahora mismo es
sentir algo de esa fuerza inquebrantable a mi alrededor.
Pero como una completa cobarde, he estado sentada abajo
preocupándome sobre si debería subir. Debería estar en casa. El
entrenamiento matutino ya terminó y la cena benéfica a la que asistirá no es
hasta las siete. Pero como señaló Rux, tiene muchas cosas entre manos. Ese
psicópata de Waters sigue destrozándolo en un artículo tras otro, y los
rumores de traspaso son lo suficientemente frecuentes como para llegar
incluso a mí.
¿Sería yo sólo una cosa más, cuando él ya tiene demasiadas?
Dios, antes ni siquiera lo hubiera pensado dos veces antes de ir a él
cuando estaba alterada. Y si lo hubiera hecho, Rux me habría regañado por
estar loca. Porque él era mi persona. Mi mejor amigo.
Dijo que eso no cambiaría. Y sí, quizás las cosas se sintieron un poco
extrañas de una manera que no podía identificar desde la semana pasada,
pero tal vez necesitaba tener un poco más de fe en el tipo que nunca me ha
fallado.
Estoy a medio camino de salir del auto cuando lo veo y, Dios, es como
si pudiera respirar de nuevo. Como si el mundo estuviera bien y solo va a
mejorar una vez que me atraiga hacia su lado.
Está sonriendo, su cabello demasiado largo ondeando al viento mientras
mantiene abierta la puerta del vestíbulo. Levanto mi mano para saludar,
pero me detengo a medio camino cuando una alta y esbelta morena sale. Es
hermosa. Radiante a su lado. Y antes de que pueda siquiera intentar
imaginarme un escenario en el que ella sea solo otra inquilina que
casualmente sale al mismo tiempo que él... ella agarra su brazo con ambos
brazos y da saltitos mientras comienza a caminar junto a él.

Su nombre es Danika Lennox. Ni siquiera tuve que esperar un día


completo para averiguar quién era. Tampoco tuve que ir con Julia para
averiguarlo. Todo lo que necesité fue sentarme a la mesa de la cocina y
buscar a Rux en mi teléfono mientras mi cena congelada de microondas se
enfriaba.
La foto tiene menos de una hora, publicada desde el evento de etiqueta
del que Rux me había hablado, pero no había mencionado que llevaría una
cita.
Rux se ve increíble en su esmoquin a medida, con la cabeza inclinada
hacia ella, como si estuviera escuchando atentamente lo que sea que esté
diciendo. Y Danika parece una completa bomba. Está tan arreglada con su
cabello, maquillaje y vestido perfectos... y un bolso de mano tan pequeño
que ni siquiera cabría mi teléfono, mucho menos el resto de las cosas de mi
enorme bolso de mamá.
¿Por qué no me habría dicho que tenía una cita?
Él nunca querría lastimarme. Pero tal vez no pensó que lo haría...
porque no le importaría. Porque ya ha seguido adelante y ese lado posesivo
y loco suyo simplemente ya no está comprometido.
Mi estómago se revuelve y dejo mi cena sin tocar.
Dios, necesito superarlo. Necesito dejar atrás lo que compartimos...
porque somos amigos. Y tal como habíamos acordado que pasaría, eso es
todo lo que somos.
Mi teléfono suena con un mensaje de Jeremy avisándome que él y
Matty están en camino. Tiro mi cena a la basura y limpio la mesa. Me dirijo
a la puerta principal justo cuando Jeremy llama.
El hombre está más que dedicado a anunciar su presencia en estos días.
No es que haya algo que interrumpir.
Abro la puerta y recibo mi propio rayito de sol cuando Matty
alegremente me rodea con sus brazos, agradeciéndome por dejarlo quedarse
más tiempo. Luego pasa zumbando a mi lado, hablando a mil por hora,
contándome sobre cómo hizo huevos con Jeremy y el parque donde
corrieron, y finalmente que va a ducharse y guardar todas sus cosas por su
cuenta.
Y luego desaparece, y Jeremy y yo nos quedamos allí en un silencio
atónito durante unos segundos antes de sacudir nuestras cabezas con una
sonrisa.
—Bueno, tal vez no debí haberle dado helado después de la cena —
pasando junto a mí, levanta la bolsa de Matty—. ¿Puedo dejarla en su
habitación?
—Eso sería genial, gracias. Y gracias por traerlo a casa.
Oigo que la ducha se enciende, acompañada de una serie de golpes que
me hacen preguntarme cómo un niño pequeño puede hacer tanto ruido.
Jeremy regresa.
—Es lo menos que podía hacer.
Mete las manos en los bolsillos de sus jeans y no puedo evitar notar lo
diferente que se ve haciéndolo en comparación con Rux. Cómo casi hace
que sus hombros parezcan más pequeños en lugar de más grandes.
No es que importe.
—Cam, realmente aprecio lo que hiciste por mí hoy —baja la cabeza y
deja escapar un largo suspiro—. Aprecio cada día. Sé que cada uno es un
regalo. Que cada vez que puedo ver sonreír a ese niño o llamarme papá, es
gracias a ti.
—Jeremy...
—Déjame terminar. Porque he querido decir esto durante un tiempo y
nunca parece el momento adecuado. Pero necesito sacarlo.
—Está bien. ¿Qué quieres decir?
—Durante siete años, tú lo hiciste todo. Fuiste madre y padre, todo lo
que nuestro hijo necesitaba para convertirse en el niño increíble que es
ahora. Sé que no tuviste los descansos que vienen de tener un segundo
padre contigo cada noche. No tuviste el hombro para llorar cuando estabas
abrumada. Y no tuviste a la única persona que debería haberte apoyado
durante todos los momentos difíciles. No hay nada que pueda hacer sobre el
pasado, ninguna manera en que pueda transmitir cuánto lo siento. Cuánto
desearía haber hecho todo diferente, comenzando por el día en que te
abandoné.
Jeremy ha hablado de esto antes. Y aprecio la forma en que está
asumiendo la responsabilidad de sus errores. Pero esta noche se siente
diferente. Como si estuviera tratando de decirme...
—Nena, nunca debería haberte dejado —entra en mi espacio, sus ojos
buscando los míos—. Nunca dejé de amarte.
No. Trato de retroceder de lo que debería haber visto venir, pero el beso
me toma por sorpresa. Me congelo ante la presión de la boca de Jeremy
contra la mía, un beso que no he tenido en más de siete años. Uno que es
tanto extraño como familiar.
—Jeremy —me ahogo, tratando de romper el contacto con un suave
empujón. Pero cuando mis manos tocan su pecho, él cubre las mías y el
ruido que hace es de puro alivio equivocado.
Me aparto, sacudiendo la cabeza.
—Lo siento, Jeremy.
27

Rux

L a seguridad en mi edificio es de primera. Nadie entra sin aprobación.


Ni siquiera puedes lograr que seguridad me llame si no estás en una lista
muy corta.
Jeremy Levenson está en esa lista. Así que cuando aparece en la
recepción exigiendo verme a la madrugada, me llaman... Y mi mundo se
viene abajo porque los únicos escenarios que involucran a este imbécil
viniendo a mi departamento son los peores casos.
De esos de los que no hay vuelta atrás.
Frenético, tropiezo al salir de la cama, intento sacudirme la niebla del
sueño mientras brinco, poniéndome a tirones los primeros pantalones y la
primera camiseta que encuentro. Corro hacia la puerta, zapatos en una
mano, teléfono, billetera y llaves en la otra.
¿Y si es Matty? Maldición, ni siquiera puedo respirar pensando en eso.
Su cuerpecito. Esa cara alegre y esa mente asombrosa. Su corazón generoso
y alegre.
Desearía que fueras mi papá.
Me doblo, apoyando una mano en la pared mientras intento respirar a
través del dolor punzante en mi pecho. Si fuera Matty, Cammy no lo
dejaría. Pero si fuera Matty, y Cammy estuviera bien... no hay ninguna
posibilidad de que no me hubiera llamado ella misma.
No importa lo que haya estado pasando entre nosotros. Me habría
llamado, porque me necesitaría. Más que a Jeremy, más incluso que a Julia,
soy en quien ella puede confiar. A quien recurre. Sin importar qué. Por
siempre. Ella lo sabe.
Lo sé. Cristo, siento como si me hubieran empujado contra las bandas.
¿Por qué demonios pensé alguna vez que alejarme era la decisión
correcta? ¿Que renunciar a ellos era siquiera posible?
No puedo perderlos.
No puedo. Los amo.
Los amo más que a mi propia vida. Por una vez mis ojos están abiertos,
y estoy rezando por la oportunidad de decírselo. De rogarle a Cammy otra
oportunidad para demostrarle que puedo ser el hombre que ella merece.
Que la quiero en ese vestido blanco, sonriéndome. La quiero hoy, mañana y
cada momento de su para siempre.
Tienen que estar bien. Tienen que estarlo. Yo sabría si no lo estuvieran.
¿Dónde demonios está el ascensor?
No hay llamadas perdidas ni mensajes de Cammy, pero mis
notificaciones están explotando y estoy demasiado aterrorizado para
abrirlas.
Contrólate, hombre. Prepárate.
Tengo un zapato puesto cuando las puertas del ascensor se abren
suavemente y veo la expresión devastada de Jeremy.
Van a estar bien. Porque tienen que estarlo.
Con las manos flácidas a los costados, me quedo parado. —Dímelo.
Jeremy se tambalea hacia adelante y...
—¿Qué demonios? ¿Acabas de golpearme?
A juzgar por la forma en que acuna furiosamente su mano, parece que
sí. Y entonces estoy sonriendo, mi corazón vuelve a latir. Porque este
cabrón no está destrozado... está furioso. Y estoy a punto de caer de rodillas
por eso, pero no quiero arriesgarme a que el padre de Matty haga algo
estúpido como romperse la otra mano tratando de lastimarme.
Especialmente cuando voy a recuperar a mi chica, justo delante de sus
narices.
—Viejo, ¿cuál es tu problema?
Jeremy respira hondo y camina hacia mí. —¿Mi problema? —
Claramente, soy el único que siente cierto alivio—. Mi problema es que
eres un maldito hipócrita, Meyers. ¡Ella está enamorada de ti!
La aguja se sale del disco de acetato y yo parpadeo.
—¿Ella está bien? ¿Matty está bien?
—¿Qué? Sí, están bien. Físicamente. Pero cuando se enteren...
Ese lugar desgarrado en mi pecho comienza a latir nuevamente. Un
latido. Dos... dos mil.
—Ella me ama. —Todo este tiempo, he estado recordándome que había
una diferencia entre amar y estar enamorado. Intentando controlar mis
emociones para protegerla a ella y a Matty. Pero he sido un idiota al pensar
que alguien podría proteger a las dos personas que más amo en el mundo
mejor que yo—. Oye, Jeremy. Hombre, tu mano no se ve muy bien. Entra y
te traeré algo de hielo.
Se ríe, pero el sonido es amargo y nuevamente veo ese cambio entre
dolor y rabia y de vuelta en sus ojos.
—Ella me lo dijo anoche. Pensé que con ustedes dos separados y luego
tú saliendo con esa morena...
—Espera, ¿qué? —¿La morena como la nutricionista que el entrenador
hizo que contrataran la mitad de los chicos del equipo?
—...ella estaría lista para darnos otra oportunidad. Pensé que, en el
fondo, ella todavía tenía que amarme como yo aún la amo. Pero no es así.
—Gime, con los ojos brillantes—. ¿Tienes idea de lo que le va a pasar
cuando se dé cuenta de que le mentiste? De que eres tan malo como yo.
Eres peor.
Ella no lo ama.
Me ama a mí.
Claramente está alterado. Y hay algo en lo que está diciendo que sé que
debería prestarle atención, pero...
—Ella aún no había visto el artículo —gruñe Jeremy—. No sabe que
eligió al único tipo en quien ella y Matty deberían confiar incluso menos
que en mí.
—¿Qué artículo? —Toda la esperanza, alegría y alivio que habían
comenzado a llenar mi pecho se evaporan, reemplazados por una sensación
de terror. Jeremy no está aquí golpeándome porque esté celoso. Está aquí
porque ama a Cammy y lo que sea que leyó esta mañana fue lo
suficientemente malo como para estar dispuesto a enfrentarme.
—Aquí has estado mirándome como si fuera el peor tipo de imbécil.
Como si fueras mucho mejor y nunca defraudaras a nadie de la manera en
que yo lo hice. Solo que eso no es cierto, ¿verdad?
Mierda. No es posible. No hay manera.
Beth dijo que no habló con Waters.
Pero incluso mientras abro mi teléfono y abro la primera notificación, sé
que alguien lo hizo. Aparece el titular.
"EL CAPITÁN DE LOS SLAYERS, RUXTON MEYERS,
ABANDONÓ A SU NOVIA EMBARAZADA DE LA PREPARATORIA...
Capacidades de liderazgo en cuestión".

Cammy

Mis manos están temblando, mis ojos borrosos por las lágrimas y la
confusión.
Me costó todo lo que tenía mantener la compostura lo suficiente para
que Natalie viniera y sacara a Matty de aquí. Ni siquiera son las ocho de la
mañana y el teléfono ha estado sonando durante una hora. Una notificación
silenciosa tras otra aparece en la pantalla. No puedo apagarlo en caso de
que surja algo con Matty.
Y no puedo dejar de mirar la pantalla, esperando la única llamada que
necesito más que mi próximo respiro... Rux diciéndome que es una mentira.
Porque tiene que serlo. Lo sé en el fondo de mi alma, él no habría hecho
eso. Lo conozco... nunca habría abandonado como lo hizo Jeremy. Nunca.
Me dijo hace mucho tiempo que el matrimonio y los niños no estaban
en sus planes. Que no estaba hecho del material necesario para ser un buen
padre o esposo. Pero eso no significa...
La puerta principal del apartamento se abre de golpe y me giro para ver
a Rux entrando apresuradamente, con el arrepentimiento grabado en cada
línea de su rostro.
La presa dentro de mí se rompe y, sosteniendo mi teléfono, me ahogo en
un sollozo. —Solo dime que no es cierto. Ya lo sé. De verdad. Pero solo
necesito que lo digas.
Hay agonía en sus ojos y antes de que siquiera abra la boca, quiero
llamarlo mentiroso. Porque no es posible.
Lo conozco.
Rux es el hombre más leal que he conocido jamás. El más ridículamente
dedicado y fiel.
Lo amo.
—Es... Cristo —dice ahogadamente, pasándose una mano por la cara
demacrada. Sus ojos atormentados se encuentran con los míos y espero,
inclinándome hacia el silencio—. No estábamos en la preparatoria.
Y es entonces cuando me doy cuenta. Esta es la chica. Aquella por la
que estaba tan destrozado después de que terminó. Esto es lo que casi le
costó su carrera. Arrepentimiento a escala Rux.
El aire se escapa de mis pulmones mientras tropiezo hacia el sofá.
Rux está allí a mi lado, tomando mis manos entre las suyas. Diciéndome
que lo siente. Que debería habérmelo dicho, pero estaba avergonzado. Todo
el tiempo, estoy sacudiendo la cabeza, no. Pensando en esos momentos en
que lo veía mirando a Matty con esa extraña mezcla de amor, anhelo y dolor
en sus ojos.
Lo conozco.
—Rux, hazme entender —suplico, con lágrimas corriendo por mi cara
—. Dime qué pasó. Porque ese artículo hace parecer que dejaste
embarazada a tu novia de la preparatoria... y la abandonaste. —La dejaste
para que abortara a su bebé sola. Y nunca volviste a mirar atrás.
Presionando una mano contra mi vientre, lucho contra las náuseas.
Lo. Conozco.
—Me fui, pero no por el bebé. No porque no la quisiera.
—¿Qué? —susurro, agarrándome a sus antebrazos como si me aferrara
a la esperanza—. ¿No la abandonaste?
—Podría decirse que sí. Se suponía que iríamos a la escuela juntos, pero
en el último minuto, cambié de opinión y me fui a los Juniors. Ella estaba
muy herida. Muy enojada. Teníamos un plan, pero no pude cumplirlo. Vi mi
oportunidad y tuve que tomarla. Debería haber hablado con ella primero,
llevarla conmigo, algo. Pero pensé que uno de nosotros debería ir a la
escuela. Tal vez habría sido diferente si lo hubiera hecho.
—¿Ella quedó embarazada?
—Justo antes de que me eligieran en el draft. Me enteré cuando la
sorprendí en la escuela. —Traga con dificultad. Me mira con una
desolación que me devasta—. Ella no iba a decírmelo. Le rogué que
conservara al bebé. Se suponía que nos íbamos a casar. Lo habíamos
planeado. Le compré un anillo.
—Rux, ¿por qué le diría a Waters que la abandonaste?
Él mira más allá de mí. —Ella no lo hizo. Me llamó hace un tiempo. Me
avisó que él había estado indagando. Cuando ella no le dio nada, debe haber
descubierto lo del embarazo por alguien más.
—¿Perdió al bebé? —Es lo que decía el artículo. Pero la forma en que
dijo que le rogó que lo conservara me hace prepararme para algo más.
—Me dijo que podríamos hablar de ello. Pero cuando regresé la noche
siguiente, ya lo había interrumpido. Yo... mierda, sé que es su elección, pero
estaba destrozado. Le pregunté por qué no podía esperarme. Ella estaba tan
enojada. —Su cabeza cae—. Dijo que la había decepcionado demasiadas
veces. Que había visto qué tipo de hombre era, solo bueno para pasarla
bien. Pero que no era confiable, y que si hubiera decidido quedarse con el
bebé conmigo, tendría dos niños que criar sola.
—¿Por qué te diría esas cosas? —jadeo, quebrándome ante la pura
angustia en sus palabras.
—Estaba enojada. Consigo misma. Conmigo. Pasaron algunos años,
eventualmente me envió una carta. El bebé no era mío. Sintió que la
abandoné en la escuela. Vio las publicaciones en redes sociales mías
pasando el rato con los chicos fuera de la práctica. Siempre parecía una
fiesta. Y una noche bebió demasiado y tomó una mala decisión. No sabía
cómo admitirlo y todo empeoró cuando me enteré. —Su respiración se
escapa y se frota los ojos con las palmas de las manos—. Si me lo hubiera
dicho, la habría perdonado. Los habría amado a ambos.
Oh Dios. —Rux, lo siento tanto.
—No. —Se vuelve hacia mí—. Cammy, yo soy el que lo siente. Siento
que hayas tenido que enterarte así. Que te asustara. Que te lastimara.
—Desearía que me lo hubieras dicho, pero solo porque odio que hayas
estado cargando con esto solo todo este tiempo. Odio que haya alguna parte
de ti culpándose. —Odio que de repente entienda esos momentos en que
bromeaba sobre nunca casarse porque no quería tener el tipo de poder para
arruinar la vida de alguien así. Que cuando se inclinó y me besó en la
mejilla diciéndome que prefería ser mi mejor amigo y mantenerme para
siempre... debería haberle dicho allí mismo que nunca me decepcionaría.
Me acerco a él, acaricio su mejilla.
Sus ojos se cierran y luego, porque realmente es el hombre más
perfecto, me jala a su regazo y me sostiene contra su pecho. Nos quedamos
así durante mucho tiempo, simplemente abrazándonos. Cuando su mano se
mueve sobre mi espalda, me incorporo y...
—¿Qué llevas puesto?
Con las cejas fruncidas, mira hacia abajo... y se ríe.
Presiono mi mano contra su pecho y suspiro. —Ahí está mi Sunshine.
—Porque eso es lo que él es.
Sacude la cabeza, me da una sonrisa torcida. —Estaba algo apurado esta
mañana. Agarré las primeras cosas que pude sin pensar mucho en ello.
Y aparentemente lo primero fueron sus pantalones de esmoquin y la
camiseta que le regalé para que combinara con los calzones que me había
comprado. Dice, Lo lamí así que es mío, en el pecho.
Paso mis dedos sobre esas palabras, deseando que fueran ciertas.
Deseando que este hombre fuera mío en todas las formas posibles.
Voy a tener que decirle que lo amo uno de estos días. No quiero más
secretos entre nosotros, y él puede manejarlo. Lo conozco.
La gran mano de Rux se cierra sobre la mía.
Mis mejillas comienzan a calentarse, y me doy cuenta de lo que estaba
haciendo. Que ese toque reverente no estaba exactamente del lado
platónico. —Lo siento.
—No lo sientas. Quiero decir, es verdad. Lo lamiste y es tuyo.
No lo dice como yo quisiera que lo hiciera.
Lleva esa mano atrapada al centro de su pecho, aplanándola sobre su
corazón. —Pero esto, estoy bastante seguro de que esto ha sido tuyo desde
hace mucho más tiempo.
Parpadeo. Siento que esas lágrimas que apenas había logrado controlar
amenazan con volver.
Lo dice en la forma en que los amigos sostienen los corazones de los
demás. Porque somos mejores amigos.
¿Verdad?
Encuentro sus ojos.
Lo conozco. Confío en él.
—Te amo —susurro, confiando en que él me conoce de la misma
manera.
La comisura de su boca se curva hacia arriba y mi vientre da un
pequeño aleteo. —¿Como amar, amar?
Mi mano presiona con más fuerza y dejo que vea todas las cosas que he
estado tratando de ocultar durante estas últimas semanas. —Como que he
estado muriendo sin ti, mi corazón rompiéndose un poco más cada vez que
te veía y sabía que tenía que dejarte ir.
—Quería que tuvieras más. Pensé que no podía darte la confianza y
seguridad que merecías en tu para siempre. Pero Cammy, te juro que nunca
voy a dejar de trabajar para convertirme en el hombre que mereces.
Sacudo la cabeza. —Rux, ¿tú me amas, amas?
—Tanto que no puedo expresarlo.
—Entonces ya me has dado todo lo que importa, más de lo que jamás
soñé.
Traga, abre la boca. La cierra y mira hacia otro lado. Pero luego vuelve
a mirar y está allí en sus ojos. El futuro que ninguno de los dos creyó que
podríamos tener, el que teníamos demasiado miedo de ver, pero que nos
había estado esperando todo el tiempo.
—Te amo, Cammy. Amo a Matty. Y voy a pedirte que te cases conmigo,
pero no todavía.
Me inclino hacia atrás y susurro, —¿Qué?
—Sí, no quiero que pienses que es solo Rux siendo Rux, todo impulsivo
y precipitado.
Sacudo la cabeza. —¿Pero qué pasa si amo a Rux siendo Rux, y lo
precipitado e impulsivo son algunas de mis cosas favoritas de ti? Como leal,
cariñoso, dedicado...
¡Dios, esa sonrisa!
—¿Cammy?
—¿Rux?
—Te lo voy a pedir, pero no hasta que Matty sepa que estamos juntos,
juntos. Darle la oportunidad de acostumbrarse a vernos como pareja antes
de lanzarle una boda.
Amo a este hombre con todo mi corazón y alma.
—Buen plan —digo, moviéndome en su regazo para que mis piernas lo
envuelvan—. Pero si no vas a pedirme que me case contigo ahora mismo...
¿qué vas a hacer?
Él gime, jalándome contra él con una mano en mi cadera y la otra detrás
de mi cuello. —Voy a amarte. —Nuestras bocas se encuentran en un beso
que es tan dulce y correcto, y caliente y perfecto, que tiemblo con la
realización de que el para siempre ya está aquí.
Una hora después, todavía estamos en el sofá, ahora un enredo de
extremidades desnudas, piel húmeda y besos interminables. Rux murmura
una maldición contra mi cuello y levanta la cabeza.
—Eh, Sunshine, no lo mencioné antes... pero, mmm... probablemente
deberíamos revisar a Jeremy.
Mi ceja se levanta. —¿Por qué?
Rux se encoge. —Está bien, esto va a sonar mal, pero estoy bastante
seguro de que mi cara accidentalmente le rompió la mano.

Rux

—¿Pero por qué no me quieres decir qué pasó? —se queja Matty, pasando
sus deditos por el yeso en la mano de su padre.
Siento que Cammy se tensa a mi lado, donde estamos acurrucados en el
sofá de su apartamento.
Una semana después, las cosas se han calmado. Beth salió con un
comunicado desacreditando el artículo que Waters publicó mientras
preservaba la privacidad de ambos tanto como fue posible. Cuando estaba
preocupado por apresurar las cosas con Matty después de que él viera a sus
padres tomando una siesta juntos, Cammy afortunadamente aclaró ese
malentendido sobre la siesta que no fue realmente juntos. Y yo aclaré el
asunto con la nutricionista a la que ya dejé ir. Desafortunadamente los
rumores de transferencia resultaron ser ciertos, solo que no se trataba de mí.
Matty me vio besar a su mamá de despedida hace unas noches —boca
cerrada, sin lengua, gracias— y pasó los siguientes dos días dándome el
tipo de sonrisas de oreja a oreja donde podía contar todos sus dientes. Se
puede decir que mi hombre está a bordo, pero aún quiero darle un poco de
tiempo.
Aunque no demasiado.
Y en cuanto a Jeremy... sacude la cabeza desde donde está agachado
junto a Matty. —No estoy orgulloso de lo que hice, pero voy a ser honesto
contigo para que sientas que puedes ser honesto conmigo... Golpeé a Rux.
—¡¿Qué?! —chilla Matty, su cabeza girando entre todos nosotros,
horror en sus ojos azules.
—Fue un error, y Jeremy y yo hicimos las paces —agrego rápidamente.
—Fue un error. —Jeremy asiente—. Creí algo que no era cierto, y actué
antes de pensar.
Con los ojos tan grandes como platos, Matty susurra, —¿Qué pensaste
que había hecho?
—Algo para lastimar los sentimientos de tu mamá. Pero estaba
equivocado.
Matty me mira. —¿Te noqueó?
A mi lado, Cammy tiembla con risa contenida pero logra controlarse.
Puedo ver el asombro en sus ojitos y en lugar de decirle la verdad —que
su padre golpea como un cobarde— digo, —Muy cerca.
Jeremy se aclara la garganta. —Lo que pasa es que Rux fue el hombre
más grande ese día, Matty. —Pone su mano sobre su pecho— Aquí dentro.
Podría haberme devuelto el golpe. Haberme dejado destrozado. Pero
incluso aunque lo golpeé cuando no lo esperaba, y tenía todo el derecho de
vengarse... le importaban más tú y tu mamá que desquitarse.
Y, carajo, eso es una actitud bastante madura. Cammy parece notarlo,
porque me da un apretón en la mano.
Me aclaro la garganta. —Matty, ambos estábamos pensando en ustedes
ese día. Porque ambos los amamos.
Él asiente y mira a su mamá con ojos sinceros. —Somos afortunados en
ese sentido.
Cammy le revuelve el pelo, luego me mira. —Somos los más
afortunados.
No podría estar más de acuerdo.
EPÍLOGO

Rux
Tres años después

—A y, vamos. ¿Con esa mirada? Dios, una sola mirada a esos


hermosos ojos azules y siento que estoy cediendo. Lo que sería un error.
Estoy seguro.
En cualquier otra ocasión, mi chica me estaría apoyando. Siendo
sensata. Sugiriendo que nos detengamos, respiremos y pensemos bien las
cosas.
Pero sorpresa... Cammy embarazada es una Cammy impulsiva. Es
jodidamente adorable, y el 95% del tiempo la apoyo completamente.
¿Quiere tacos a las tres de la mañana? Yo manejo.
¿Un bote porque estar en el agua es tan relajante? Al mediodía ya
estamos navegando desde Belmont Harbor.
¿Pero esto?
—Sunshine, pasamos meses hablando sobre conseguir un perro —.
Sopesando los pros y contras. Debatiendo si queríamos macho o hembra. Si
queríamos un cachorro. Cuándo sería el mejor momento para traerlo a casa.
—Tenemos un plan—. Demonios, pasamos más tiempo definiendo esto que
con los detalles de nuestra boda en Fiji y esa fue fenomenal.
Ella me mira parpadeando, sonriendo mientras acurruca a un cachorro
inquieto y lametón, sedoso, que es todo ojos, orejas y patas... y no el perro
por el que vinimos a esta casa de adopción. —Lo sé, lo sé. Lo hicimos...
Pero son hermanos.
Oh no. No puedo resistirme a esa sonrisa. Y cuando la siguiente ráfaga
de lamidas provoca su risa burbujeante, empiezo a entrar en pánico.
Después de tres años, uno pensaría que habría desarrollado alguna
tolerancia a la risa de mi esposa, pero estoy tan perdido por ella como el día
que dijimos "sí, acepto". Diablos, desde el día que nos conocimos. Quizás
no estaba listo para ver el Felices Para Siempre escrito en la pared en aquel
entonces, pero desde el principio, esta mujer lo ha sido todo.
Y no quiero decepcionarla cuando las hormonas del sexto mes la hacen
actuar un poco... impulsiva.
Me dirijo a Matty—mierda, se supone que debemos llamarlo Matt ahora
—buscando apoyo, pero no sé en qué estoy pensando, porque tiene diez
años y me está dando la misma gran mirada que su madre mientras el
cachorro por el que vinimos le cubre la cara de besos. —¿Por favor, Rux?
La casa es lo suficientemente grande para dos..
Es lo bastante grande para muchísimo más que eso. Compramos el lugar
hace un año y medio cuando decidimos que estábamos listos para intentar
tener un bebé, esperando que cuando todo esté dicho y hecho, seamos una
familia de cinco.
Pero sin importar si tenemos espacio para un segundo perro o no, esta es
una decisión con la que viviremos por años.
El cachorro en los brazos de Cammy suelta un pequeño ladrido ronco y
mi barbilla se retrae.
¿Qué—?
Los ojos de Matt se abren como platos. —No puede ser.
A Cammy se le cae la mandíbula. Luego, sonriendo como una niña en la
mañana de Navidad, levanta al cachorro, mirándolo a él y luego a mí. —
¿Dijiste 'Rux'?
—No, no lo hizo —respondo bruscamente, justo cuando Matt se ríe—:
¡Sí, lo hizo!
El pánico es real. Porque ahora no solo me enfrento a mi preciosa
esposa y mi increíble hijo... ese maldito cachorro también está trabajando
en convencerme.
Cammy coloca al cachorro en su brazo y la ayudo a levantarse. Su mano
se mueve hacia su vientre y por un segundo todo lo que puedo pensar es en
esta mañana cuando besé cada centímetro de él y luego más abajo hasta que
sus gemidos entrecortados llenaron nuestra habitación.
—Amor —dice suave y dulcemente—. "Tal vez deberías sostenerlo un
segundo.
Sé que es mejor no hacerlo. De verdad. Pero extiendo los brazos para
tomarlo de todas formas, acogiendo ese cálido cuerpo en mis manos.
Me digo a mí mismo que soy un rudo jugador de hockey y que no me
ablando por los cachorros. Pero entonces esas pequeñas patas están
colgando sobre mis pulgares y su diminuta cola se menea tan fuerte que
todo su cuerpo tiembla.
Quiero hacer lo correcto. Quiero ser razonable, no impulsivo.
Él suelta otro ladrido gutural que suena increíblemente parecido a mi
nombre y me mira hacia arriba con esos grandes ojos que me suplican que
también lo lleve a casa.
Demonios.
—¿En qué estás pensando? —pregunta Cammy.
—Sunshine, estoy pensando que te amo.
Estoy pensando en aquella noche con los tacos, y cómo lo único mejor
que ver a Cammy bailando afuera de ese camión de tacos cuando dio su
primer bocado fue cuando llegamos a casa más tarde... y dejó que usara a
Bob con ella. Estoy pensando en cuánta diversión tenemos en ese bote. Y
estoy pensando en ese primer beso en el Five Hole, y cómo a veces esas
decisiones impulsivas de nuestro pasado nos dan un futuro mejor de lo que
jamás imaginamos.
Ella me regala la sonrisa de la que nunca me canso. La que hace que
Matt gruña y ponga los ojos en blanco. —Yo también te amo.
La atraigo hacia mí para un abrazo. —Entonces, ¿qué dices si llevamos
a estos pequeños a casa?

¡Gracias por leer Slayers Hockey! Suscríbete a mi boletín para


recibir la escena extra, enterarte de las rebajas, las novelas recién traducidas
y mucho más: [Link]

¿Listo para más diversión sexy con Slayers Hockey? La historia de


Wade y Harlow es la siguiente.
Diez días. Es todo lo que pido.
Pero ninguno de mis compañeros del equipo de la NHL está dispuesto a
prestarme una hermana, una prima o una amiga de confianza para que haga
de mi novia falsa en esta boda.
Qué tontería. Sí, es cierto que mi boca me ha metido en líos, pero esta
chica de clase cinco que me derrite las bragas está fuera de mi alcance
porque lo último que necesito es otra complicación.
Estoy a punto de rendirme cuando el destino me da la respuesta a mis
plegarias.
• No soy su tipo.
• Ella no sale con deportistas.
• Todo lo que quiere esta chica inteligente, sexy y ambiciosa es un poco
de diversión, escapar de su vida dedicada a la carrera profesional.
Es un acuerdo sencillo. Entonces, ¿por qué lo estoy complicando?
[Link]
OTRAS OBRAS DE MIRA LYN KELLY

SLAYERS HOCKEY
Secreto peligroso
Aventura peligrosa
Consuelo peligroso
Palabras peligrosas
Trato peligroso
Navidad peligrosa
Prometido peligroso
Defensor peligroso
Reto peligroso
Coqueteo peligroso
¡Cada semana se traducen más libros de Mira!
Suscríbete al boletín de Mira para acceder a escenas extra, recibir notificaciones cuando haya una
nueva historia disponible y mucho más. [Link]
ACERCA DEL AUTOR

Mira Lyn Kelly, una romántica empedernida, es una autora superventas cuyos libros han aparecido en
la lista de los más vendidos de USA TODAY. Ha escrito más de veinte apasionadas historias de amor
que han sido leídas por más de dos millones de lectores en todo el mundo.
Tras crecer en la zona de Chicago, se licenció en Bellas Artes por la Universidad Loyola.
Mientras estudiaba en Roma, Italia, conoció al amor de su vida... solo para descubrir que había
estado viviendo a la vuelta de la esquina durante años.
Mira pasó sus veinte años trabajando y divirtiéndose en la Ciudad del Viento, luego se mudó con
su marido a la Bahía de California, donde tuvieron cuatro hijos maravillosos, y finalmente a la
hermosa Minnesota, donde planea vivir el resto de sus días.

[Link]/espanol

También podría gustarte