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Beingolea Historia de Un Tambor

El relato narra la historia de Mauricio, un joven soldado que se enamora de Rosario, la hija de doña Luciana, mientras lucha con su timidez y la hostilidad de la madre. A pesar de sus sentimientos profundos, Rosario no corresponde a su amor y se siente atraída por un joven más sofisticado. La narrativa explora las tensiones entre el deseo, la tradición y las expectativas sociales en un contexto militar.

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Beingolea Historia de Un Tambor

El relato narra la historia de Mauricio, un joven soldado que se enamora de Rosario, la hija de doña Luciana, mientras lucha con su timidez y la hostilidad de la madre. A pesar de sus sentimientos profundos, Rosario no corresponde a su amor y se siente atraída por un joven más sofisticado. La narrativa explora las tensiones entre el deseo, la tradición y las expectativas sociales en un contexto militar.

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MANUEL BEINGOLEA HISTORIA DE UN TAMBOR Viso donde la amiga de su madre y en el fondo, Initad por distracctOn, mitad por habito, se sentia feliz en aquella nsuena casucha sin revoco, perdida entre un bosque de guayabos y cerceda por una que log retamares rebasaban. Como era de la fgada de infanteria, para ir a la Escuela Militar, Gesde el Barranco, donde habitaba con su madre, fomaba cotidianamente la carretera en cuya mitad se hallaba la casa de dona Luciana, Entraba a fumar tn pitillo y era.a ésta, o bien a Rosario su hija, @ «qenes sorprendia en innoble scans, junto fuego, en un amplio aposento sin revoco como toda fa ‘casa, que era comedor, cocina y sila de recibo todo & un tiempo. Dofia Luciana se encerraba siempre en un silencio hostil que embarazaba al tambor; Rosario fen cambio no le dejaba meter baza en la conversa- = jDiablo de chica! ;Y lo que sabia! Queri Contarlo todo, explicarlo todo, con una vocesita de 8 péjaro_y una sonrisilla que la hacfa mostrar sus dientes de arroz. El tambor se quedaba embele- Sado, hasia que un toque lejano, hacile levantarse con Su gorra, que por in deja’ de girar entre sus han toeado fa- Bueno... . hasta luego . ~iQue te vaya bien Mauricio, memorias por all! respondian a coro ambas mujeres, mientras Salvaba Is tranquera y desaparecerfa en el camino. Aquel dfa legé tempran. Tenfa un gran pro- yecto que comuntcar a dof Liciana, pero el ire Feeorvado y astuto de Ia vieja, hablo petniicado, tis de una ver la confesién pronta en sus labi Ta cuestion era muy sencilar queria casarse con Rosario. Se habla enamorado ‘de’ ella como un colegial, oyéndola disertar con soltura mostrando Sis dientocllog, Ademas Rosario estabe guapfoimt: Su pil morenay suave incite a mordiaco, como Anu frula, y sus ojos negros parecfan dos ti juelas que “Mauricio [Link], 9 su_alina, Pan escribile une cara lrg, con. movedora y logrd unos cuantos Comprados ‘al efecto, pero, em por ai detestable forma de letra, sea. por lo’ poco satisfactorio del contenido, resolvio romperlay Declararse a ella mis- ma hubiera sido prefenble, jpero, tenia tan buen jarabe de pico la condenada! Se. iba a refr de su aire embarazado y de su poca eloguenicia y enton- cohen { Enfrascado en un laberinto de indecisiones y temores estaba el pobre Mauricio, cuando se le ‘gcurrid, con esa rectitud candorosa del. plebeyo disciplinado, hablar con dofa Luciana del asunto. iNo se negaria, diablo! Salié pues de su casa a horas fabulosamente matinales, decidido ya. __ —Buenos dias, temprano vienes . ae a ~ dijo la Voy al cuartel — respondié el soldado. — ‘Agui tralgo esto para matar el gusano {Salua! -ando un frasco de! bolsillo, lo presentd a an ames fae aes ate acne ti emcee eerie ean des we puto 9 et as, “un osteo lamentable de mujer de raza equi- voca, con anchas arrugas yr de dos ojos so gana Pt ura nrg encore} pesto game teil Suen Roca ae Jante. Tenia un paca Gi atado a ied Sle cpa aoe HOCLRREAty Bade curse wars —Y Rosario? — pregunt6 Mauricio. a —puerme, = ewpondi a va tind cut Pare nants sein, Se ena en cate he Se abn poe ue Bi her 9 do rapes oe » Jeainds Incas ued? —foaina el tambor uid ae avg AN on wooo, Quin sabe! Mateo sio ymin Aa Maui bee atagntabe a peta: sn cone ti itindon vivo, demi conto, ctl used prone it Dodie punt 2Y qué afin one? lurioonoje® hala ln lees, La vieja miraba. ‘Hubp una larga pausa. Se ofa el chis- ve elit aso de sels oie eal! ~ ajo Mauro depend ora ver ot brace” Babin. Bol deaivaba un barre Se SAR Base atta dena os ladrillos usados del piso. Las paredes desconchadas Catenlaban consfas fe tolarahar Maltoud de clavos ae, nada sjlaban de fy gue nada pend ban sembrados en la pared. Entre la deanudez, $B Shape ce fle ‘ie Maat le gus repressntabe i ohcilidu de a Bare Militar agrupada en el patio claustral. Corea Los asientos paraliticos con los sidos; Jn ancha ‘mesa cubierta por un ilo obncare eon ‘una pata sostenida por dos ladrillos; los pucheros {de barro y los plaige. de reborde azul esparcidos Sobre ella: el brazaro sobre tun pedestal de adobes, nto al mtr, en un sngulo ennereido por i Peewee —Dofia Luciana . Rosario». {Consentiria La vieja lo mir6, sorprendida ante el esco tazo. Iba'a contestar algo chusco, pero se encontrs osteo solemne de Baurieio, como una impo- Xo pienso casarme con Mira: sobre exo ar... ihe has dicho algo? . Te ee ee Nada ....no me he atrevido Ah! Pues yo le dité.... Si el Vena latarde oo quie Conversaron més tiempo ain. Fue una parra- {ada einbarazosa en que no Se miraron de free, El habla des pore on mle Ela claba on a cara franeida por el humazo que se dena de Ia suai. cuando ‘espidieron, caminando con desenvoltura se digi ‘cuartel sin volver la cabeza. se 1 ‘Todo el dfa estuvo Mauricio intranguilo, con rostro grave como cuando se sale del cuarto de un Tronbundo, Hacia la tarde, después del rancho, 1a jor del meriendén le’ torn voluptuoso y se Pera en conjeturas acerca de su amada. Se ima. Pirie ya duel de ese cutis moreno como el de un GRlocovoncillo por madurar, y sus dedos presen: an ya, la suzvidad de esa garganta gordezuela y Galsoes que quiza cubriria con besos devorantes. {a cinaba {La adoraria siempre, diablo! Y todos this movimientos de marcha y de contramarcha es {aban presididos por dos, sanguijuelas negras que se mn eon el rojo de los, pantalones, el SSiumbron de las espaldas y el oro de los entorcha, ‘Joe, Como se preparaban para as maniobras de fin de fio, el ejeretcio era dian y continuo, Todo, el frundo sudaba [Link] debatia en el ancho patio Gustral el mismo de la fotografia y los arti. fleros con sus obuses, Jos de & caballo con sus grandes sables, y los infantes con las pantorrillas Gidadas de un pako gris, todos tenian el sire de Subrepujarse para alcanzat un premio. ‘Mauricio tocaba su tambor y pensaba en sus sanguijuelas. Con el erepiisculo salio. El momento fe acereaba. Alla lejos extendiase Chorrillos, acos {ado sobre sa cerro como sobre un sofa parduzco. Gon la languider crepuscular el camino soleado tomaba una coloracion tenue. Desde ahi se divisaba Tn'casita entre una perspectiva de sauces. El mar al frente se extendia como una muselina silpicada de Gro. Mauricio descubrié Ia ventanuca humarenta Como la boca de un horno. Atris verdeaban, las Graderas hasta las colinas azules que se, sucedian Romo un mar de teatro. Ya muy cerca de ls casa, {ora un joven vestido de azul; un rostro pilido y fevero que conoeia mucho no sabia de donde. ‘Guando ‘estuvo junto a él fue mirado con unos ojos or color de caramelo marrén, frios y hostiles. Mauri- ion de i Sto expetimento una sensacion de angustia. Hay caras que 35i ian mal. ‘Trat6 de recordar onde habia visto af desconocido joven, Pero en fe momento, oy6 la vor. de Rosario canturreando Gentro. Apur6 ol paso y legs. Apenas en el dintel, ‘fo unas faldas rosadas que se perdian en el inte- Hor, fugitivas. Mauricio encontro a dofia Luciana ‘examinando el, contenido de un barrefio. Por el Sfenas tardes” comprendio lo grave del caso. La cara de la. vieja era mas hostil que nunca. jLa hhubiera extrangulado, diablo! -w? = iAh! , sobre eso? — todavia... .’qule no quiere . Pero, zde qué modo le ha dicho usted? “Ie he dicho... Le he dicho, pero no quis gut voy shack yo? = —2¥ por qué no quiere? — insistié Mauricio con la vor alterada. Dice que no piensa —;Vaya usted a saber! — refunfufé Ia vieja volviendo a su barreflo en cuyo contenido flotaban Tragmentos de verdura. Mauricio sentado qued6 absorto durante un buen rato. {Con que no? jAh! | jBueno! Pues no volveré‘a poner los ojos aqui. Y levanténdose brus- camente: —iAdios! — dijo. YY se perdié en el campo. m La verdad es que Rosario estaba, distraida Ademas no amaba a Mauricio. Le veia desde nifio, 58 pero era demasiado frivola para dejarse arrastrar de Fecuerdos liricos y ponerse & amar Fimo sirgento. Eé cierto que Ia costumbre habia fuesto dulzuras en_Ias relaciones de ambos, pero Purtan poca como la ondulacion que imprime a la food 1a perenne caida del agua. Criatura voluptuoss J bursa, amaba todo aquello que mece. Era epi- YateaBheonteaba vulgar. a. Mauricio ‘con sus Shandibulas cuadradas, sus grandes manos y ese aire Ge muchacho formal, incapaz de faltar a la disc flina, ‘Le encontraba torpe, limitado, con frases Pitmidas ¥ respetuosas y ella gustaba del desarreglo, de la rebelion, del pellizco audaz, de las frases Gidas y retribuidas. Queria brillar. Bn las retretas y cate lugares donde se reunia gente, estudiaba focados de moda y retenia en el ofdo las plezas de fence que esropeabar it bandas aba ono bres. de las personas distingwidas; y aunque nunce 1 tio, bar Un ia ey emu faanos un ejemplar descompagingdo de “La sefio- a an Se La eyoreon ween, ‘Gindose en ayunas en ciertos pasajes, pero su ima Ginacion evolvcioné y esto dio nuevo rumbo a su Sinicitu, Entrevid un ambiente seductor de levitas Jide intrigas pecaminosas. SoRd con el pecado. Zofsba que uno de esos sefiores venia sobre la palida lus del alba, con la chistera de felpa chafada, Pfcspertarla con un beso, haciendo sonar monedas Snel'bolsilo del pantalon. Un dia al salir de mise, foto que un joven la seguia, mirandola temamente on aus ojos color de caramelo, Ella no dio impor. famein a esto. Por la tarde le vio pasar muchas veces Galante de su casa. Entonces se fjo en él. Le cegontré distinguido, con el rostro perfectamente Ghat el [Link] decordenado, un Pigote incipiente que ponia en sus labios algo pro- eiciten Vestia de gris y tenia una herradura de Yro'en ia corbata. Su saco de alpaca le iba bien. Desde aquel dia encontro siempre en su camino los Dios de dolor de caramelo, ¥ como por aquel tiem: 0 po leyé “Maria” por Issacs, su alma tlena de lan- Muider sofiaba con la casita, ‘con el ramo de azuce- hus freseas de todas las mafanas, hublera deseado morit en brazos del joven apasionado del saco de alpaca. Volviose reservada, nerviosa, irascible. Dofia Luciana se lo reprocho. Una noche, unas amigas ‘uyas, tres chieas delgadas y enfecmizas, hyjas de un arquitecto de la vecindad, Is acompafaron & una retreta en el Barranco. Sentadas en un escafo de la scura plazuela escuchabr.n el vals “América” del Compositor Otayza, cuando de pronto aparecio ante’ ellas el joven del saco de alpaca, radiante y Correcto. Ostentaba un sombrerito de viruta del ue se escapaba su crespa y cultivada melena, y Engolado en un cuello que parecia de mérmol, fRstgaba nervioaameate sus pleas con un bejuco “Antiguo amigo de las chicas del arquitecto, le hicie- ron Una acogida carifoss, casi fraternal. Cuando le presentaron a Rosario le estrecho la mano con una presion significativa. Durante la retreta estuvo ins Pitado, refirio anéedoias, colgé frases ironicas de Pada uno de los que pasaban, hablo de Lima, de sus festudios, (ba para ‘abogado), del batio; cambio impresiones sobre las Jecturas, alabé a Obinet, dijo {que sus novelas eran “‘profundamente filosoficas", ‘oping de Bourget, que era “muy decadente” y Tecitd poesias que émpezaban as La vida es una trégica cadena Era uno de esos seres chiflados por lo corree- to, con un Ingenio atiborrado de codices, con refr nes que trascendia de los tratados de jurispru- dencithablando ironicamente de todo el mundo, jescubriendo con’ un regocijo polictaco, cast dia~ blico, las laridades de los hogares, los ante- cedentes sospechosos, las cosas ridiculas. Se apelli aba Sanz y hacia “sentidos versos” que publicaba en “El Barranquino”. Desde esa noche aproveché ‘Is oportunidad ara conducir 8 Rosario por todos los senderos del idilio: le hablo de su “corazon 60 lacerado” de su sufrimiento, “hondo,, profundo, créame usted, sefiorita”, y de que “A veces en Suefios, cuando el alma divage”. Rosario que jamas habfa escuchado palabras de azuear, entia una dulce languider y euando af fin do Ftreta, ol tumulto se hizo grande, tak, el Eeiruendo de las trompetas, y el joven le pregunto: SMhodia creerse “el mis feliz o el mas desdichado ellos mortales”, no pudo articular palabra. Vv arma, nt, Dre ee ae gett ah agen eg een, Mauger ect es, ce itt Ba aaa regen Sl, Serene ee ae Wade de pine, tm See ee soa ih ateoase treat ore wa Ht laatooane pe te ea fo Septet Pen een at do fs, ean com ac oe spe ni Vou eps ees iB otic tej mmc po up aug a ans ee i pene eo ih ot orca le Me fen AN oe emt otk ins cnealedln of ee ru xe de es os ne oe Butea img tact ¢ ae fat Conseady diene de eect Sate Bes por a oa Eee des rica ana Shepton lpi ontas a Pe a ee needa case a Fee a i te ad eee soe rane lene van sre po Maaco ges, cus, le Oe ee ie el ale dene He copa, eh ol a te Siitacicegt Se Mo it cre, Se hs, Sede ca act fs ea cia tac combate sao SC pe a ner Paumandiinag wares ee, penis fprnrenvon ademane riches orton er, a at hme corgi any manent ae aon faassen ap, as eet Eas Bayete era seo animal re A cap ied hos dia, SE ap tina sensacion astringente en la boca. En ese medio ambiente de cuarel y de batalla habs despertato Su aficign por. la milicia. Era en esos campos de Fecuerdo sagrado, donde habia caido su padre por Gefender a'la patria; eran esas tapias grises que Sabie cruzado tantas veces con el corazon goz080, aurynon an wars oaalen St ae ae mate a righ gate ate fe eo antologit FF emnpos en, que 10s bocados del eer iad wep fin of caer ee’ oe tacdee Ge OS tna ge i fa aera ek de otofio, el mar destefiido, exasperante, mond- aes ‘Ahora, cosas fegs, cosas feas siempre, jovenes de ojos de’ caramelo que lo miraban como @ un e tomo. ;Qué es pues un soldado? Coroneles con cara de ¥ oficiales con mucho de * jeh! Smiguito, la diseiplina”. ;¥ mi coraz6n? le daban ganas de gritar Pero... nada, tenfa que guardixselo y . ‘a formar. Se hizo més comprensivo, Su rostro adquirié ‘una forma mis regular y sus oos se tifteron de Inelancolfa. A menudo contemplaba el mundo ex- aguedad on a mirada some 6 nade Tejos mirabe, estatico la escuela gris, ‘lmenada, y las luces del malecon en hilera sobre li noche, como los puntos suspensivos de fuego de tuna inmensa frase negra interesante. v Rosario, por su parte, paso una vida bien Gistinta. Frecuentaba mas que nunca las retretas- Betas tenfan lugar en una plaza oscura a donde concurria todo el Barranco como a un patio de Secindad. Un Kiosko bizantino, rodeado de palme- Tus albergaba a los mésicos. Por entre las ofivas se Vela relumbrar el cobre de los trombones y Ia plata Ude los flautines. La banda deshilachaba los mismos Vals, las mismas polkas, las mismas mazurces. Por Jos ‘[Link] sus faldas Ins sefioritas. Manehas claras brillaban en los asientos, grupos de jovenes se agitaban tras de los drboles. Por sa parte A1'Ge ios ojos de caramelo, no faltaba, Alli le vei Siempre Mauricio, siempre correcto, siempre tenaz, Siempre odiado, trivial como una pared, cargante ‘como un codigo, inevitable como un farol. Pero Rosario en vano buscaba esa languidez de lar novelas, ese abandono dulce en brazos del seiner antes bien sentia una sorda hostlidad que amindtucla en frases unconclusas, en ongullos ral Gieimalados. Altiva, en el fondo, no te perdonabe Gime tan burlen, tan sul, le hubiera preferido gies Hubiera querido amar, fundirse con &l Fe Rabin la valia de a Sronia, de su expat. {Abt ere ates no hullaria al de las novelas? ¥ cuando figgo cl inviemo Rosario desesperaba algo deslusio- eda del amor. No era to que se habia imaginado. ayjaurcio? Qué. se habia hecho Mauricio? aie to veta ya" Desde que dona Luciana le dio la aI nueva no habia vuelto la casa. Pobre Maur- er Megivisia?. (Baht, No la amaria éste tam- io, fash que el otro, Y desde entonces pens en EP Mduncio, despechada, i Mauricio lo hubiera sabido! VL Liegaron por fin esas famosas maniobras. A sun comdo de" la Escuela se habia preparado el Gampo en una pradera en. barbecho. Desde, tem pat, lon curb de eit alan ali ee Rimbradores y petrificados bajo el sol brutal. La atulleria tan lado, con 1os canes enfundados en ina tela oscura; la'cabaleri, al medio, como, una Murals de pechos de centauro y la infanteri al Inde, opucsto, gris ¢ inmovil, BL sol de diciembre, hacia foverberat las armas, los cobres de los tam: bores, y ls coraza plateada’ del coronel, A un lado, SO'hablan improvisado tribunas, para tos especta: oe ores y para el jefe de Estado: tribunas de fona que fl viento aglobaba como velas de navio y bajo las cuales se agitaba una ola movediza de plumas, de Sombreros, de cabezas y de estofas claras y vapo- rosts. Por todos los vericuetos, por encima de fapias, por el amplio camino, se vefan puntos ne- gros que se movian, cordones de multitud que Sndulaban, El tranvia lento y viejo vomitaba car- tos humanos delante de las tapias reverbe- Fantes. Soldados con pantalones blancos pasaban, Rosario, con las hija del arquitecto, se vieron se dijeron’ para introductse en una tribuna. El Joven de los Ojos de exramelo que inauguraba con al'solemne oportunidad tn traje plomo, las com [Link], eerea de la tar Binsa del joe del Batado, A evo de las tres, ego Site envudio en un gran cortejo de sefiores empe- fnachados, de cuyos heroicos pechos pendia, todo Mie ‘condecoraciones, ‘cntas, ‘abalorios. Simtallas Por encima de lor apuntados sombrerok Tamenben fos penachos de plums, rojos, blancos, ales, como pajaros posados en las cabezis. Abajo, {is plemnas se movfan con solemnidad, y los pants: Tonks nopos, roJos y blancos se méztlaban con ches Gevtctillo, El presidente —un sefior de pera, Westido de negro mostraba en cada movimiento lt anus bicolor cruzada sobre el pecho. Apenas se le Vola, por que los dems seiores del cortajo, gordos J iltow do ropajen le ocultabon con sus Fens stogithdols, Se acercaron a cada brigade ¥ fn'examinaron detenidamente: algunos se calaban Tee anteojos. Una vez hecho ol examen, el prea Sonia fa comitiva se istalaron. Un grat mur fnullo Yecor6 el campo y las maniobras comen- . sake, Bus fe infanteris la primera en evolucionat. ‘RY onando de a ef, se desplegs tomando dstintas tua como un ta se ven al fchicabe,, se” alargeba, engrosaba_o enflaquecio, indge se’ edlantaba como una olay s0 Tetras 6 como una reaca. Los pies pba Ia tierra con un fuido blando que se mezclaba al rastrillar de los Tusiles simétricamente manejados. De pronto s 0¥6 la vor del coronel como un clamor lejano, Gada ‘movimiento terminaba en aplausos que re pereutfan en Ia extension. ‘Alla, en un grupo de Pftcales y jefes, estaba Mauricio: de gran parada, con un gran tambor colgado a ia cintura, una fmaravilla-de tambor con una faja de oro que fulgu- Taba como una llama. Como era [Link] orde- Bid GS teri gaan, bers, fa ver, 9 ermo80, isto, con unk acta’ notable que Soducite “én au uniforme gis, su busto era erguido Ceti re iste, cts somibrs on {fsGnomia mas grave y mis morena. Ejecutaba los novimientos con soltira, sin parecer sentir el peso ds ln caja que tenia al costado.y pasaba por delante de Ins tribunas sin mirar. Rosario establecia com paraciones entre su pretendiente actual y Mauricio, Pheontrando @ aquel ridiculo, tonto, demasiado seehora”, con sus versos ¥_ sus chistes malignos. ‘Alma tropical tivo una clarivideneia: ali estaba Jo trigico, fo serio, 10 romantico que ella quer epee, ce oe Manes teen cagery Tobie, tan interesante! (Sus. ojos 1 Rosato qued® ‘Una vex que termind la infanteria, os inetos se pusjeron’en movimiento, Sus grandes sables mar- {San longuas de fuego ene expacio vos atc de Sar cao evant ube de polo, Ble mn ejercicios espirales, eirculos, es trl, "radon ‘cere, de oben, >? Coronel la cabeza, en cuya coraza de plata, que- Serene ect yoo) cay crivers Negra Fata, Parec{a aquello una batalla: los oficiales y Refes’corrian de un lado para otro dando ordenes soe sus vivos Tojos que se agitaban como tiras de (ote. be pronto salio. de todas las bocas de fuego. Un'humo, una hilera de nubecillas como las peanas Ue los santos. Después se oyeron las descargas te: fumbando hasta el lejano e inmovil mar, como una. flonada. entre el humo, Mauricio altivo como un tromiés, iba de un lado a otro redoblando. De Sronto, vio & Rosario en una de las tribunas, ¥ cos Fira, 16 miraba, 1o miraba, se jo bien, ino coors Tada! ;Lo miraba, y qué mirada’ Encontro otra Guus queridas sanguijuelas, pero esta vez sumists, Telee cduinosas. Su corazon dio un gran vueleo. Y figwis redoblando como si le hubiera valido el generalato, Cuando todo acabé, y fue desfilando Ia tropa delante del presidente, Mauricio no cabia en si de del posano. de pie aplaudia junto con todos; Boro esta ver 10 hala mirandole, Como no vio a st Pere que habia desaparecido diseretamente, su ale. ri da en aumento y cuando después del desfile grid Vo en a. cuadra, listo para ir donde quisiera, Wold hacia el sitio de las tibunas Bl crepiisculo suave de verano, tefifa de rosa el soto Arboles se ecortaban sobre el cielo. El Ta desbandada en los cat as tapias, a través de las praderas con 1a Verba hasta las rodillas. La roseta de wn moling ¥erado sobresalia entre los arboles. Alto y sereno Volaba en el azul un cuervo. a ‘Mauricio, con el corazon palpitante, Hegé a la tribuna. Rosiro, y sus amigas se ‘marchaban en aquel momento. Mauricio no se atrevio a saludarlas yise limit a seguirlas a corta distancia, estreme- eléndose de goz0. Atravesaron el ‘confun- didas entre el gentio. Rosario volvia la cabeza y lo miaba con temura. jAh! jLas queridas sangui- juelas, por fin las tenia! Al Tlegar a la casa las amigas Se despidieron, Entonces Mauricio al verse solo #e detuvo en la puerta y dijo cortado: Y Ia besaba frenéticamente, apretandola con- tra su pecho, como ligindols para siempre. a, In noche inmune avanzeba, negra como tna enesperaion, El viento arasraba el Groma turbador.y potente de los vastos campos. Gieeabsieo de grilos rompis el slencio. —Buenss noches Mauricio... g¥a no nos quieres? =. 4Que te hemos hecho? — le inte- Frumpio “Rosario con la voz temblorosa "de emocion. —{Oht (Siempre! jSiempre! — murmuré el rmuchocho, cad lorena. No esta mama —insinud Rosario. Entonces en aquella semi-oscuridad, recond6 el soldado todo lo que habia sufrdo por ella, y 2 fo refine contusa y apasionadamente, Yo tambigin he sufrido — lio la ingrata. Entonces Mauricio la tomé de las mufiecas, la atrajo dulcemente a si y Ia beso en los ojos, con femura, Sinto la humedad de una lageima eo. er nee rebel chap g as fava de go c at sintioosario sobre au piel morena los besos | dal tambo, apasionados, deliantes: sobre las me} : Hes toy abo sof, ea a, on barbilla, detras de la nuce, en los fobulos de las orejas, devoradores, vampiricos . Alma mfa!’.... ite adoro!

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