EPISTAXIS
Integrantes: Berón Valentina, Chuca Adriana, Colba Lara, Lescano Johana.
Curso: 2do A.
Carrera: Enfermería Profesional.
IDICSA
Epistaxis
¿A qué hace referencia epistaxis?
Epistaxis hace referencia al sangrado o hemorragia nasal.
¿Cuáles son las causas?
Puede suceder por diversos factores como traumatismos (desde pellizcarse la
nariz hasta traumatismos contusos), sequedad de las mucosas nasales, las
infecciones, el abuso de sustancias (como la cocaína), la arteriosclerosis o la
hipertensión.
Puede sugerir también un trastorno hemorrágico relacionado a una leucemia
aguda, trombocitopenia, anemia aplásica o hepatopatía grave. Además, el
tratamiento con antiagregantes o anticoagulantes puede producir una
hemorragia nasal.
¿Cuál es su sintomatología?
Hemorragia nasal. Puede variar desde un hilo de sangre a un flujo abundante
y las consecuencias varían desde un malestar menor a una hemorragia
potencialmente mortal.
¿Qué manifestaciones clínicas puede presentar el paciente?
La nariz cuenta con una alta irrigación sanguínea ya que recibe las principales
arterias de los sistemas de las arterias carótidas interna y externa.
Un 90% de las hemorragias nasales se originan en el tabique nasal anterior,
siendo estas denominadas epistaxis anteriores. Los vasos sanguíneos en esta
zona resultan muy susceptibles de sufrir traumatismos cuando la persona se
pellizca la nariz, por la sequedad o por infecciones. El sangrado por los orificios
nasales es evidente.
Las epistaxis posteriores se suelen asociar a trastornos sistémicos, como
discrasias sanguíneas (alteraciones en los componentes de la sangre como
glóbulos rojos, glóbulos blancos, plaquetas o plasma), hipertensión o diabetes.
Suelen ser más graves y afectan con mayor frecuencia a ancianos. Producen
un sangrado a través de las narinas además de hemorragia hacia la parte
posterior de la nariz y la orofaringe. Puede ser menos evidente ya que la mayor
parte de la sangre se dirige hacia la nasofaringe posterior y es deglutida por el
paciente. También pueden aparecer náuseas y vómitos en relación con la
sangre que se traga.
¿Cuál es el accionar de enfermería?
Valoración
La valoración de enfermería del paciente con epistaxis se centra en el
problema inmediato y también en los posibles trastornos de base.
Anamnesis: Duración del sangrado actual. Cualquier factor precipitante
identificado como traumatismos. Antecedentes de hemorragias nasales
previas. Medicamentos que se toman en este momento. Trastornos
crónicos como hipertensión, trastornos hemorrágicos, etc.
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Exploración física: Cantidad estimada de sangre. Presencia de sangre
en la orofaringe. Constantes vitales. Evidencias de traumatismo nasal o
facial.
Pruebas diagnósticas: Hemoglobina, hematocrito y HC, según se
indique. Saturación de oxígeno. Pruebas de función orgánica como
pruebas de función hepática o renal.
Tratamiento de la epistaxis
El objetivo es identificar y controlar el foco de la hemorragia.
La hemorragia nasal anterior se suele controlar con medidas sencillas de
primeros auxilios. Se coloca al paciente sentado para reducir el flujo de sangre
hacia la cabeza y disminuir la presión venosa. Si el paciente se inclina hacia
delante se reducirá el drenaje de la sangre hacia la nasofaringe y se tragará
menos sangre. Se aplica de presión empujando la nariz contra el tabique
durante 5-10 minutos y también pueden aplicarse compresas con hielos en la
nariz y la frente para inducir vasoconstricción. Se pide al paciente que escupa
la sangre para estimular la intensidad del sangrado y prevenir las náuseas y
vómitos por la sangre deglutida. Si no se consigue controlar la hemorragia con
presión, se pueden necesitar fármacos, taponamiento nasal o cirugía.
Las hemorragias nasales posteriores se controlan con mayor dificultad y es
necesario un taponamiento anterior y posterior. Los taponamientos nasales
posteriores resultan muy incómodos y pueden producir complicaciones
cardiovasculares y respiratorias.
Asistencia de enfermería al paciente con taponamiento nasal
Monitorizar de forma continuada la saturación de oxígeno. Administrar
suplementos de oxígeno, según se indique. Los taponamientos nasales
posteriores condicionan una hipoxemia (baja concentración de oxígeno
en la sangre). Se administran suplementos de oxígeno para mantener la
perfusión tisular.
Monitorizar con frecuencia las constantes vitales y la frecuencia y patrón
respiratorios. El taponamiento posterior nasal aumenta el riesgo de
complicaciones respiratorias y cardiovasculares. La taquicardia y la
taquipnea pueden ser signos precoces de afectación cardíaca o
respiratoria.
Inspeccionar la boca y la orofaringe. Avisar al médico si se ve el relleno
nasal en la orofaringe. Una mala colocación del relleno nasal obstruye la
vía aérea superior.
Elevar la parte superior de la cama. Elevar la cama por la parte superior
facilita la ventilación.
Animar al paciente a respirar profunda y lentamente a través de la boca.
Apoyar psicológicamente al paciente, tranquilizarlo y enseñarlo. La
incapacidad de respirar por la nariz genera ansiedad y miedo.
Comprobar si hay sangre en la parte posterior de la garganta y si el
paciente traga con frecuencia. La presencia de sangre visible o las
degluciones frecuentes podrían indicar un sangrado posterior.
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Notificar la aparición de hematemesis (vómito con sangre). El sangrado
desde la parte posterior de la nariz se suele drenar por la nasofaringe y
se deglute. La hematemesis puede indicar un sangrado mantenido.
Aplicar compresas con hielos sobre la nariz. Las compresas frías o los
hielos reducen el dolor y fomentan la vasoconstricción, de forma que se
reduce el edema y el sangrado.
Garantizar el descanso. El descanso reduce las necesidades
metabólicas y el consumo de oxígeno.
Asegurar una adecuada ingesta de líquidos orales. La ingesta de
líquidos ayuda a mantener el equilibrio hídrico y reduce la sequedad de
la mucosa oral por la respiración oral.
Realizar una higiene oral frecuente. Utilizar un humidificador de
cabecera. Estas medidas reducen la desecación de las mucosas orales
y aumentan la comodidad.
Asistencia comunitaria
Tras un episodio de epistaxis, la enseñanza para la asistencia domiciliaria
incluye medidas para prevenir futuros episodios de sangrado.
Incluya los siguientes temas:
Evitación del ejercicio extenuante durante días o semanas, según la
gravedad de la epistaxis y su tratamiento.
No sonarse la nariz ni participar en actividades que exijan levantar pesos
o inclinarse porque podría aumentar la presión y desplazar la costra;
estornudar con la boca abierta para evitar el aumento de la presión en
los vasos nasales.
Cuando se trate de una epistaxis anterior, usar una gelatina de vaselina,
un lubricante hidrosoluble o pomada de bacitracina para lubricar la
mucosa nasal y reducir el riesgo de sangrado espontáneo.
Uso de un humidificador o vaporizador para reducir la sequedad de las
mucosas.
No sonarse con fuerza ni pellizcarse la nariz.
Cuando se produzca una epistaxis espontánea, consultar al médico para
descartar cualquier problema de base, como hipertensión o trastorno
hemorrágico.
Diagnósticos y sus acciones de enfermería
El personal de enfermería atiende a los pacientes con epistaxis de forma
ambulatoria y en urgencias, y también ayuda a los pacientes ingresados para
taponamiento nasal. El apoyo, la tranquilización y la educación son papeles
esenciales de enfermería en casos de epistaxis. Los diagnósticos de
enfermería prioritarios incluyen Ansiedad y Riesgo de aspiración.
Ansiedad
La cantidad de sangre perdida en una epistaxis puede ocasionar miedo. La
sensación de que cae sangre por la garganta y de no poder respirar por la nariz
aumenta la ansiedad. La epistaxis espontánea genera temor a sufrir otro
trastorno más grave, como una hipertensión.
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Acciones de enfermería
Mantenga una actitud calmada y tranquilizadora. Esta actitud de
confianza y tranquilidad permite al enfermero tranquilizar al paciente de
que la epistaxis no es un cuadro mortal.
Enseñe al paciente a apretarse las narinas sobre el puente nasal. La
mayor parte de las epistaxis tienen un origen anterior; la presión directa
suele detener el sangrado. Pedir al paciente que se apriete la nariz le
permite estar concentrado y ayuda a que recupere la sensación de
control, lo que reduce la ansiedad.
Recomiende al paciente que respire honda y lentamente a través de la
boca. La respiración oral controlada mantiene la ventilación pulmonar y
reduce la ansiedad.
Busque pañuelos de papel y una batea para el paciente y pídale que
escupa la sangre en lugar de tragarla. Estas medidas aumentan la
sensación de control y reducen el temor a asfixiarse por la sangre.
Valore al paciente con un taponamiento nasal con frecuencia para
controlar si la oxigenación resulta adecuada. Mantenga los suplementos
de oxígeno según se indique. La hipoxia cerebral produce temor y
aprensión.
Riesgo de aspiración
La ansiedad y el drenaje de sangre por la nasofaringe aumentan el riesgo de
que la sangre pase a la tráquea. Cuando se coloca un taponamiento posterior,
el paciente no puede respirar por la nariz, lo que aumenta el riesgo de
aspiración cuando se consumen alimentos o líquidos.
Acciones de enfermería
Coloque al paciente erguido con la cabeza inclinada hacia delante. Dele
una batea para que expectore la sangre. Estas medidas reducen la
cantidad de sangre que drena por la nasofaringe y se traga, lo cual
produce el efecto de reducir el riesgo de aspiración y las náuseas
provocadas por la sangre deglutida. Vomitar la sangre deglutida
aumenta el riesgo de aspiración.
Aplique compresas de hielo o frías a la nariz. El frío induce
vasoconstricción y reduce la hemorragia.
Coloque al paciente con un taponamiento nasal con la cabeza elevada y
de lado cuando duerme. Esta postura reduce el riesgo de aspiración de
las secreciones orales.