La música como arte liberal en el marco
masónico
La Masonería tradicional integra en su simbolismo la idea de las siete
Artes Liberales provenientes de la Antigüedad clásica. Estas artes
representan la base educacional que “libera” al individuo del error,
buscando la sabiduría. Según la tradición, las siete artes se dividen en
el trivium (Gramática, Dialéctica/ Lógica y Retórica) y el quadrivium
(Aritmética, Geometría, Música y Astronomía). En particular, la
música es considerada una de las cuatro artes matemáticas del
cuadrivio, junto con la aritmética y la geometría, pues refleja leyes
numéricas y proporciones armónicas. Boecio y los pitagóricos veían la
música como la “aritmética de los tiempos” o proporción sonora del
cosmos. Desde las columnas del templo iniciático hasta las catedrales
del alma, la música ha sido una herramienta espiritual, científica y
filosófica al servicio de la humanidad. En la tradición masónica, ocupa
un lugar de honor como parte de las siete Artes Liberales,
representando no solo el refinamiento del alma, sino también la
armonía cósmica y la proporción divina que une al ser humano con el
Gran Arquitecto del Universo.
En las Constituciones masónicas (los llamados Antiguos Cargos), la
música (“Musick”) aparece junto a las demás artes liberales como
saber indispensable del iniciado. La Masonería acoge asimismo esta
herencia liberal: en los rituales, la música recuerda que el templo
interior del masón debe construirse con sabiduría (Gramática y
Lógica), fuerza (Geometría y Aritmética) y belleza (Música y
Astronomía) manifestadas armoniosamente.
Música, matemáticas, geometría y
armonía pitagórica
La música es inseparable de la matemática y la geometría desde la
Antigüedad. En la visión pitagórica y platónica, los intervalos
musicales básicos (octava, quinta, cuarta) corresponden a
proporciones numéricas simples (2:1, 3:2, 4:3), revelando que “hay
geometría en el zumbido de las cuerdas” y música en el universo.
La música es el arte del orden sonoro, una ciencia aplicada que
armoniza el tiempo y el espacio. Platón la llamaba "movimiento del
alma", y Pitágoras la estudió como proporciones matemáticas del
universo. Para los masones, la música es más que un arte: es
símbolo de la armonía universal, del ritmo cósmico que rige la
creación, y del equilibrio que debe regir nuestra conducta.
Pitágoras identificó que la frecuencia de una nota musical es
inversamente proporcional a la longitud de la cuerda que la produce,
y que los intervalos armónicos obedecen a razones numéricas
simples. Esta visión pitagórica –la armonía musical como expresión de
un orden universal– es heredada por la Masonería, donde la música
simboliza la armonía del mundo y la fraternidad que debe reinar
entre los hermanos.
La escuela platónica e incluso la escolástica medieval consideraban
que los astros giran emitiendo un canto de esferas (musica
universalis) formado por su movimiento armónico, un concepto
retomado también por Kepler en el Renacimiento (la idea de un
cosmos armonioso). En Masonería, esta tradición simboliza la
búsqueda de la verdad a través de la armonía. Se afirma a menudo
que la música es el arte de los “diferentes tiempos” y se vincula con
la geometría: por ejemplo, los pitagóricos ilustraron los intervalos
musicales con figuras geométricas (triángulos, tetractys) y se sentían
conectados con lo cósmico a través de la música. Así, la música no es
un placer vacío, sino una ciencia sagrada que une el intelecto
(cálculo numérico) con el espíritu (experiencia estética). En
consecuencia, los masones consideran que el estudio de la música
ayuda a comprender mejor tanto la razón matemática como la
simbología geométrica presente en el templo masónico.
Función ritual y simbólica de la música
masónica
Dentro de los rituales masónicos, la música cumple un rol
psicológico y simbólico fundamental. No es un mero fondo o
acompañamiento, sino que forma parte activa del “psicodrama”
iniciático. Las tradiciones masónicas describen una “columna de
armonía” conformada por músicos instrumentistas dentro de la Logia,
dirigida por el Maestro de Armonía o Director Musical. Estos hermanos
músicos son iniciados especiales (a veces exonerados de cuotas)
cuya misión es interpretar la música en cada escena del ritual. Como
explica una investigación sobre masonería en Cuba, “la música en la
logia está representada por la columna de armonía… destinada a la
ejecución de la música en el transcurso de los rituales”. El Maestro de
Armonía debe poseer tanto cultura musical como profundo
conocimiento del ritual: así puede elegir y tocar piezas que acentúen
cada momento ceremonial, adaptando la expresión sonora a la
escena simbólica. La música puede anunciar el ingreso de un
candidato, acompañar el juramento, el cierre del velatorio o el himno
de la hermandad, reforzando afectivamente el mensaje moral del rito.
Este papel esencial lo reconoce la propia masonería especulativa. En
palabras de un autor masónico, «la música ha jugado y juega un
papel importante en la Masonería especulativa. En las logias
masónicas se desarrolla un ritual que actúa como un verdadero
psicodrama en el que… la música, llamada entre nosotros ‘la columna
de armonía’, juega un papel en muchos casos esencial». En otras
palabras, cuando la música resuena en el Templo masónico no es
mera decoración sonora sino un elemento constructivo de la
ceremonia. En la liturgia de otros ritos, el himno de apertura o de
cierre (“Dame la Mano Fraterno Hermano”, “Cantad Himno de
Fraternidad”, etc.) se entona para unir a los Hermanos en un mensaje
común de fe y fraternidad. El conjunto musical —ya sea piano,
órgano, coro o banda— coordina con los demás oficiales rituales para
que la Logia trabaje como una unidad simbólica. Como señala un
escrito masónico, «la música en la Logia no es simplemente un “hilo
musical” de fondo, sino [que] cuando la música resuena… lo hace
como un elemento constructivo más». En resumen, la música ritual
masónica sirve para ambientar el rito, marcar transiciones simbólicas
y sublimar los valores que se promueven: inocencia, alegría, sabiduría
y hermandad.
Músicos masones destacados
A continuación, se mencionan algunos músicos famosos que fueron
miembros de la Masonería, organizados por región. Además de los
casos emblemáticos señalados en la consigna, se incluyen referencias
documentales cuando han sido halladas:
Wolfgang Amadeus Mozart (Austria, 1756-1791).
Considerado el más célebre músico masón de la historia. Mozart
ingresó como aprendiz en 1784 a la logia vienesa “Zur
Wohltätigkeit” (“Beneficencia”) y pronto ascendió a Maestro
Masónen. También participó en la logia aristocrática “Zur
wahren Eintracht” y fue muy valorado por sus Hermanos. Su
afiliación masónica influyó notablemente en sus obras:
compuso numerosos cánticos, cantatas y músicas fúnebres
masónicas (por ejemplo, la Maurerische Trauermusik K.477
para un funeral masónico). Asimismo, integró símbolos
masónicos en su célebre ópera La flauta mágica (1791). Los
masones racionalistas de la época decían que “el propósito de
la música en las ceremonias [masónicas] es difundir buenos
pensamientos y la unidad entre los miembros” y que debía
inculcar “sentimientos de humanidad, sabiduría… honestidad,
lealtad… y, finalmente, una comprensión de la libertad”. Mozart
encarnó ese ideal humanista y empleó en sus composiciones
masonicismos musicales: por ejemplo, utilizaba armonías a tres
voces para destacar la importancia del número tres, o
“suspensiones” (notas retenidas) para evocar la fraternidad.
Jean Sibelius (Finlandia, 1865-1957). Gran compositor
sinfónico finlandés y masón influyente en su país. Sibelius fue
iniciado en 1922 en la Logia Suomi N°1 de Helsinki y sirvió
como Organista Gran de Finlandia. Junto con otros masones,
ayudó a reestablecer la masonería en Finlandia tras su
independencia. Compuso entonces música ritual
específicamente para las logias finlandesas. En enero de 1927
estrenó su “Música Ritual Masónica” op.113, un conjunto de
piezas para armonio y tenor con textos alusivos, algunas
basadas en poemas de Schiller, Goethe, etc. (conocida fuera del
gremio como Musique religieuse op.113). En general, su
producción masónica incluye himnos y marchas litúrgicas que
aún se interpretan en ceremonias masónicas finlandesas. La
masonería reconoce que sus últimas obras más grandes fueron
estas composiciones masónicas, vertiendo en ellas su genio
musical y los ideales de unidad masónica.
Edward “Duke” Ellington (Estados Unidos, 1899-1974).
Famoso pianista y líder de jazz. Ellington fue miembro de la
Masonería Prince Hall desde 1932, iniciándose en la Social
Lodge No. 1 de Washington D.C. (congregación de masones
afroamericanos). Su afiliación quedó atestiguada en cartas y
testimonios masónicos (por ejemplo, tocó la música en algunas
ceremonias lodge y llevó públicamente su simbología). Aunque
trascendió como icono musical global (bandas, conciertos
presidenciales, banda sonora cinematográfica pionera), él
mismo prefería llamarse “músico americano” antes que
encasillarse. Aun así, sus colegas masones valoraron
enormemente su obra, y el propio Ellington expresó en
entrevistas que la fraternidad y la música iban de la mano,
deseando extender con su arte “armonía y unidad” entre los
hombres, reflejando el espíritu fraternal.
Nat King Cole (Estados Unidos, 1919-1965). Legendario
cantante y pianista de jazz-swing. Nathaniel Adams Coles, alias
Nat King Cole, fue iniciado en 1944 en la Thomas Waller Lodge
No. 49 (Prince Hall) de California, recibiendo el grado de
Maestro Masón y más tarde ascendiendo en el Rito Escocés.
Cole acompañó a su grupo con piezas vocales y se convirtió en
un gran artista de televisión y grabaciones. Sus biógrafos y
registros masónicos mencionan su devoción a la fraternidad, y
en su funeral (1965) decenas de masones prominentes
asistieron, incluyendo a Sinatra y Clooney, rindiendo honores a
su labor musical y filantrópica. En sus entrevistas finales, Cole
aseguró que la Masonería le había enseñado la importancia del
servicio al prójimo, y la música fue siempre para él un medio de
sanar y unir a la sociedad.
The Chelsea Lodge No. 3098 en Londres es especial. Vincula
leyendas del rock y sociedades secretas. Esta logia ha atraído a
grandes nombres de la música rock, mezclando arte y
hermandad.
Chelsea Lodge tiene muchas estrellas de rock. John Entwistle,
bajista de The Who, fue uno de los miembros. Chris Squire de
Yes también se unió.
Rick Wakeman, el mago del teclado de Yes, se convirtió en un
Past Master aquí.
Dave Davies, guitarrista principal de The Kinks, es un famoso
masón en la música.
Bruce Dickinson, voz principal de Iron Maiden
James Hetfield voz principal y lider de Metallica
Scott Ian: Guitarrista de la banda de thrash metal Anthrax.
Aunque no se ha confirmado su afiliación a una logia específica,
es conocido por exhibir símbolos masónicos, como un tatuaje, lo
que indica su pertenencia a la Orden.
José Sabas Libornio Ibarra: Nacido el 5 de diciembre de 1858
en Santa Ana, Manila, Filipinas, Libornio fue un destacado
compositor y director de bandas militares. Llegó al Perú en
1895 para reorganizar la Banda del Ejército, siendo asimilado
con el grado de Capitán y posteriormente ascendido a Sargento
Mayor.
Es reconocido por componer la "Marcha de Banderas" en 1897,
una pieza emblemática que se convirtió en la marcha oficial
para honrar la bandera peruana. Esta composición fue adoptada
oficialmente mediante resolución del 17 de diciembre de 1897 y
renombrada en 1909 durante el gobierno de Augusto B. Leguía.
Además de su labor militar, Libornio incursionó en la música
popular peruana, componiendo valses como "Hortensia", "En la
Amaca" y "Orquídeas". Su obra musical abarcó más de mil
piezas, incluyendo arreglos de himnos nacionales y toques
militares.
En el ámbito masónico, Libornio fue iniciado como Aprendiz
Masón el 22 de diciembre de 1897 en la R:.L:.S:. Virtud y Unión
N°3, Valle de Lima. Avanzó al grado de Compañero el 9 de
febrero de 1898 y fue elevado a Maestro el 6 de abril del mismo
año. Posteriormente, el 27 de agosto de 1898, ingresó a la
Logia de Maestro Marca, dependiente del Capítulo del Real Arco
de Escocia "Alianza y Firmeza" N°161.
Claudio Rebagliati (Perú, 1843-1908). Pianista, organista y
compositor italo-peruano, autor de la Rapsodia Peruana (1868)
y de adaptaciones del himno nacional. Documentos logiales de
la época registran a Claudio Rebagliati como miembro activo de
la Masonería peruana: figura en los archivos de la Logia Orden y
Reforma N°19 como Primer Venerable Maestro en 1876. Esto
indica que fue iniciado y galardonado con cargos destacados.
Musicalmente, Rebagliati buscó integrar melodías criollas en
formas cultas; su Rapsodia Peruana recoge yaravíes, marchas
criollas y el himno patrio, demostrando un interés por el
patrimonio sonoro nacional. Su pertenencia masónica aún se
estudia, pero se le considera un pionero de la música nacional
en los talleres masones de Lima, participando como intérprete
en templos y enriqueciendo el repertorio litúrgico con sus
composiciones nacionales.
Luis “Lucho” Macedo (Perú, 1930-2017). Pianista y director
de orquesta tropical limeño, nacido Luis Young Agüero. Fue un
hermano masón destacado de Lima, perteneciente a la R∴L∴S∴
“Alianza y Firmeza” N°6 (Valle de Lima). Documentos
masónicos y crónicas locales señalan que Lucho Macedo
mantuvo activa su militancia fraternal a lo largo de su vida
artística. Conocido por sus grabaciones de música (boleros,
criollo, salsa), compartió conciertos y proyectos con la Gran
Logia del Perú. Un artículo sobre discos masónicos peruanos
confirma su condición fraternal: describe sus interpretaciones
como músico “hermano masón” que colaboró en la creación de
un LP conmemorativo de la masonería peruana. En él se
consigna “el acompañamiento musical fue obra del hermano
masón Lucho Macedo”, lo que atestigua su vínculo con la logia.
Además, Macedo compuso arreglos de himnos masónicos
peruanos y participó en ceremonias internas, aportando su
talento pianístico al oratorio de la Hermandad.
Otros músicos peruanos masones: Más allá de los
mencionados, la documentación disponible sobre masones
músicos en Perú es escasa. Se sabe que varias logias limeñas
promovieron la música criolla en sus actos sociales, pero la
afiliación específica de compositores populares (pinglistas,
criollistas) es difícil de verificar. Quizá figuran como “hermanos
artistas” algunos pianistas o directores de las bandas de
Columna de Armonía en las décadas pasadas, pero no hay
fuentes públicas concluyentes. Lo cierto es que los ejemplos
citados ilustran la presencia de músicos en la fraternidad, tanto
al nivel global como local, un fenómeno reflejo del ideal
masónico de engrandecer todas las Artes y Ciencias.
Poder transformador de la música:
perspectivas filosóficas, neurocientíficas
y psicológicas
La idea de que la música transforma al ser humano ha sido sostenida
desde la Antigüedad hasta la ciencia moderna. En la filosofía clásica,
Platón asignó a la música un rol central en la educación del alma,
capaz de armonizar las pasiones con la razón. En el pensamiento
occidental posterior, Arthur Schopenhauer (1788-1860) destacó que
la música es la más elevada de las artes, pues es “la expresión
inmediata de la voluntad” misma. Es decir, es un lenguaje profundo,
más allá de las formas externas: permite al individuo trascender la
lucha de deseos cotidianos y participar de lo sublime. Nietzsche,
seguidor de esta tradición, habló del carácter dionisíaco de la música
como vía de catarsis emocional. En líneas similares, la masonería, con
su filiación a ideales humanistas y racionalistas, considera que la
música eleva el espíritu. Desde las filas ilustradas (Rousseau, Diderot)
se afirmaba que la música debía inculcar “sabiduría, paciencia,
virtud… y la comprensión de la libertad”. Así, la música se ve como
vehículo de perfeccionamiento interno y comunión fraternal.
La neurociencia contemporánea avala esa visión de forma
empírica. Estudios recientes muestran que tocar un instrumento o
cantar fortalece la salud cerebral, mejora la memoria de trabajo y
ralentiza el envejecimiento cognitivo. Por ejemplo, un estudio
británico indicó que músicos adultos mantienen una mayor
conectividad cerebral y reserva cognitiva. Escuchar música con
regularidad –especialmente piezas que gustan al oyente– activa el
sistema límbico y libera dopamina, neurotransmisor asociado al
placer y la motivación. Asimismo, la sincronización con el ritmo
musical (por ejemplo, en un coro o al escuchar música en vivo)
provoca actividades cerebrales conjuntas entre los participantes,
favoreciendo la empatía y el sentido de comunidad. Estos hallazgos
explican por qué la música puede generar emociones intensas y
estados de ánimo elevados: las “melodías que nos gustan activan
áreas relacionadas con el bienestar, segregando dopamina”. En
suma, la música induce cambios neuroplásticos en el cerebro,
modulando áreas de emoción, atención y memoria.
En términos psicológicos y clínicos, la música se ha incorporado
como terapia comprobada para aliviar el estrés, la ansiedad y
traumas. Según la Asociación Americana de Psiquiatría, la música
enriquece nuestra identidad y regula el humor. La musicoterapia,
disciplina que emplea la música con fines terapéuticos, ha
demostrado ser efectiva en entornos de curación: crea “un ambiente
seguro y de apoyo” para procesar emociones dolorosas, reduciendo la
ansiedad y promoviendo la resiliencia. Por ejemplo, comunidades
históricamente oprimidas han utilizado el canto grupal para afrontar
traumas colectivos, recuperando autoestima y solidaridad. En
hospitales y escuelas, se observa que sesiones de canto o percusión
grupal facilitan la expresión emocional, la reflexión personal y el
sentido de pertenencia. Esto concuerda con la ética masónica, que ve
en la música un medio de sanación y unión social. En conclusión, el
poder transformador de la música está apoyado por evidencias
filosóficas antiguas y modernas, así como por la ciencia del cerebro y
la psicología: ningún otro arte puede influir tan profundamente en las
emociones, el pensamiento y las relaciones humanas.
La música masónica: himnos, piezas
rituales y simbolismo
El repertorio específico de la Masonería incluye himnos y
composiciones rituales creadas para ceremonias fraternas. Estos
himnos suelen tener letras alusivas a la Moralidad y al simbolismo
masónico (por ej. La Fraternidad, Dios, la Patria), y se tocan en oficios
solemnes o cierre de tenidas. Un ejemplo histórico es el “Himno
masónico” Op.109 del español Máximo Marchal (publicado circa
1871), escrito para canto y piano en español. Este tipo de himnos
tuvo amplia difusión en logias hispanas. En tiempos más recientes,
masones-compositores han lanzado nuevos himnos masónicos (por
ejemplo, el peruano Mauro Calderón publicó en 2023 el “Himno
Masónico de América”). Más allá de los himnos a coro, existen
marchas ceremoniales (para procesiones de columnas) y piezas
instrumentales sacras masónicas. En la tradición de la Logia de
Investigaciones, también se recopilan o adaptan melodías clásicas
añadiéndoles letras fraternales.
Una particularidad simbólica es el uso de tonalidades y motivos
numéricos con significado masónico. Tradicionalmente se considera
que los tonos con tres bemoles (Do menor, Mi bemol mayor) son
apropiados para la música masónica, porque contienen tres
simbólicos bemoles (el “♭”, símbolo de humildad). Además, es
frecuente que las piezas masónicas usen estructuras en tres (acordes
de tónica-dominante-tónica con tres notas) para acentuar la
presencia del número tres, sagrado en Masonería. Tal como señalan
estudios, en la Música Fúnebre Masónica de Mozart o en La Flauta
Mágica aparece una figura de tres golpes (las tres palmadas del
aprendiz) transcrita musicalmente como tres notas cortas. Además,
se emplean suspensiones (armonías que se prolongan) para
simbolizar la fraternidad y la mutua ayuda, y triadas cerradas que
aluden a la unión de tres pilares fundamentales (sabiduría, fuerza,
belleza). En palabras de la historiadora Katherine Thomson: Mozart
introduce suspensiones para indicar amistad, armonías a tres partes
para resaltar el número tres, y ritmos especiales para significar la
fortaleza y virtud. Aunque esto fue observado inicialmente en Mozart,
es una praxis común en música masónica: los compositores
intencionan que cada elemento melódico o rítmico tenga un eco
simbólico.
Otro rasgo ritual es la ya mencionada columna de armonía,
propiamente la banda instrumental de la logia. En las primeras logias
masonas del siglo XVIII solía haber un ensamble con clarinetes,
oboes, cuernos, etc., y más tarde órganos u orquestas pequeñas. La
institución montó la costumbre de inscribir músicos en la logia
(hermanos artistas) para garantizar música en todas las
tenidasscielo.sa.cr. Hoy día es frecuente en el Rito de York que cada
logia cuente con un pianista u organista masón (Hermano de la
Armonía) que acompañe con himnos o preludios cada grado ritual.
Este músico oficiador es considerado un oficial de logia,
responsable de coordinar la música según el momento: por ejemplo,
ejecuta melodías solemnes durante la iniciación y cantos alegres en
la exaltación del segundo grado.
En síntesis, la música masónica se materializa en himnos patrióticos
fraternos, marchas procesionales, motetes litúrgicos y adaptaciones
de piezas clásicas, todas impregnadas de simbolismo. Como criterio
compositivo se privilegia la claridad tonal (armonías horizontales, no
barrocamente ornamentadas), acorde con la idea masónica de
sencillez y unión. Cada acorde y compás está pensado para reforzar
la escena ritual correspondiente, ya sea evocando al Gran Arquitecto
del Universo, manifestando el compromiso ético del candidato o
sellando la fraternidad entre los hermanos. Así, los masones cantan
“Behold, how good and joyful it is” (Oh, cuán bueno y agradable es) –
himno tradicional de júbilo fraternal– reconociendo en la música, una
vez más, la manifestación sonora de la justicia y la belleza
universales.
—
R∴H∴ Javier Barba Alva
Past Venerable Maestro, R∴L∴S∴ Alianza y Firmeza N°6 – Valle de
Lima (Rito de York)
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