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El sistema educativo ha descuidado el desarrollo emocional de los estudiantes, priorizando los conocimientos académicos. La educación emocional es esencial para mejorar la gestión de conflictos, la empatía y la toma de decisiones, lo que a su vez impacta positivamente en el rendimiento académico y la convivencia escolar. Integrar la educación emocional en los programas educativos y capacitar a los docentes es crucial para formar ciudadanos íntegros y competentes en la resolución de problemas emocionales y sociales.

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El sistema educativo ha descuidado el desarrollo emocional de los estudiantes, priorizando los conocimientos académicos. La educación emocional es esencial para mejorar la gestión de conflictos, la empatía y la toma de decisiones, lo que a su vez impacta positivamente en el rendimiento académico y la convivencia escolar. Integrar la educación emocional en los programas educativos y capacitar a los docentes es crucial para formar ciudadanos íntegros y competentes en la resolución de problemas emocionales y sociales.

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La educación emocional en las escuelas: una necesidad urgente

Durante décadas, el sistema educativo ha priorizado los conocimientos académicos por


encima del desarrollo emocional. Se evalúan matemáticas, ciencias, historia o lenguas, pero
rara vez se enseña a los estudiantes a reconocer lo que sienten, cómo gestionarlo o cómo
relacionarse de forma sana con los demás. Esta carencia ha tenido un costo silencioso pero
grave.

En un mundo cada vez más complejo y acelerado, la educación emocional se vuelve


fundamental. Aprender a identificar emociones como la tristeza, la rabia o la frustración
permite a los estudiantes no solo manejar mejor sus conflictos personales, sino también ser
más empáticos, comunicarse efectivamente y tomar decisiones responsables. Varios
estudios demuestran que una buena salud emocional mejora el rendimiento académico,
disminuye la violencia escolar y fortalece la autoestima.

Incluir esta formación en los programas educativos no implica dejar de lado los contenidos
tradicionales, sino complementarlos. Se pueden trabajar las emociones a través de
actividades lúdicas, lecturas, debates o espacios de reflexión guiada. También es clave
formar a los docentes para que ellos mismos desarrollen competencias emocionales y
puedan enseñar con el ejemplo.

La educación del futuro debe formar ciudadanos íntegros, capaces no solo de resolver
problemas matemáticos, sino también de resolver conflictos personales y sociales con
inteligencia emocional.

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