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Clase 3

El documento explora la noción de lo simbólico en la teoría psicoanalítica, destacando su papel en la organización del ser humano y su relación con la cultura. Se analizan las perspectivas de Lacan, Klein y Freud sobre el simbolismo, enfatizando la importancia del lenguaje y la estructura del inconsciente. Finalmente, se plantea la cuestión de la capacidad simbólica en sujetos psicóticos, sugiriendo que su relación con lo simbólico puede estar interrumpida.
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Clase 3

El documento explora la noción de lo simbólico en la teoría psicoanalítica, destacando su papel en la organización del ser humano y su relación con la cultura. Se analizan las perspectivas de Lacan, Klein y Freud sobre el simbolismo, enfatizando la importancia del lenguaje y la estructura del inconsciente. Finalmente, se plantea la cuestión de la capacidad simbólica en sujetos psicóticos, sugiriendo que su relación con lo simbólico puede estar interrumpida.
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Hoy vamos a hablar de lo simbólico, que para Lacan determina lo

propio del ser humano. Dice en el Seminario 2 (pág. 31)

“La función simbólica constituye un universo en el interior del cual


todo lo que es humano debe ordenarse”

Y es por aquí que empezamos, porque lo simbólico es lo que


organiza al ser humano, es lo que pone orden. A partir de la aparición de
lo simbólico el sujeto puede inscribirse como humano porque a partir de
ese orden estará inserto en la cultura y formará parte de un linaje y de
unas relaciones de parentesco.

Pero antes de eso, vamos a pensar de qué hablamos cuando


hablamos de simbólico. Si buscamos significado de simbolismo en el
diccionario de Laplanche y Pontalis nos dice:

“en sentido amplio, modo de representación indirecta y figurada de


una idea, de un conflicto, de un deseo inconsciente; en este sentido, puede
considerarse en psicoanálisis como simbólica toda formación substitutiva”

Es en sentido amplio de la palabra simbólico que se dice, por


ejemplo, que el sueño o el síntoma son la expresión simbólica del deseo
inconsciente o del conflicto defensivo, entendiendo por tal que los
expresan de un modo indirecto, figurado y más o menos difícil de descifrar
(el sueño infantil se considera menos simbólico que el sueño del adulto,
en la medida en que en el primero, el deseo se expresa en una forma poco
o nada disfrazada, y por consiguiente, fácil de leer).

De un modo más general, se utiliza la palabra simbólico para


designar la relación que une el contenido manifiesto de un
comportamiento, de una idea, de una palabra, a su sentido latente; dicho
término se utilizará a posteriori en aquellos casos en que falta por
completo el sentido manifiesto, como los síntomas.

Es decir, es simbólico en el uso clásico aquello que es susceptible de


ser descifrado, de interpretarse, de algo que remite a otra cosa
inconsciente. Es decir, que el síntoma sustituye a algo que no se puede
tener en la conciencia, que la parálisis de la histeria remite a deseos
sexuales reprimidos. Es decir, en el sentido clásico del término lo
simbólico es lo metafórico.

Esta manera de entender lo simbólico está en Lacan pero no


constituye el orden simbólico, es un efecto de que este está establecido.

KLEIN

Para Melanie Klein y la escuela de las relaciones objetales, lo


simbólico está tomado de la equivalencia simbólica freudiana, es decir, de
la equivalencia pene- niño.

Así el bebé de Klein aparece con capacidad casi innata para


proyectar las pulsiones agresivas y libidinales al exterior, para ella el ello
trae las pulsiones agresivas y libidinales en el nacimiento. Y tomando a
Freud plantea que el yo se forma casi desde el inicio, porque el yo es la
parte del ello que está en contacto con la realidad.

Así el proceso de simbolización del sujeto en Klein tiene que ver con
la capacidad de frustración que tiene el bebé, de tolerancia a la
frustración, esta tb viene desde el nacimiento. Un bebé que proyecta a su
mamá que le frusta que no le da todas sus pulsiones agresivas (la orina, las
heces, etc) intentando destruir ese objeto frustrador y que cuando ha
hecho esto el objeto se vuelve persecutorio por retaliación de la
agresividad generando angustia que a su vez se calma con objetos
sustitutos que representan a la madre y que sirven para calmar la angustia
como el chupete, el osito, etc. Klein plantea que este deslizamiento de los
objetos es la función simbólica, que cada uno de estos objetos son la
madre, y que con la llegada del lenguaje donde la palabra sería el símbolo
de la cosa.

En la psicosis sin embargo plantea que lo que ocurre es que este


pulular de un objeto a otro, se ve interrumpida. Plantea que las pulsiones
agresivas se presentan en exceso y que cargan todos los objetos de
ansiedad y por tanto, ese proceso se interrumpe. O también que la
tolerancia del niño a la frustración es tan baja, que no es capaz de
modificarla y expulsar la agresividad y decide evadirse.

Si seguimos esta lógica Kleiniana vamos a tener a un sujeto psicótico


que no tiene capacidad simbólica, que no es capaz de manejar las
pulsiones agresivas.

FREUD

Para entender por qué Lacan recurre a una explicación lingüística


tenemos que pensar en el planteamiento freudiano de representación de
cosa y representación de palabra.

Los primeros modelos teóricos destinados a explicar las


psiconeurosis se centran en la distinción entre quantum y afecto y
representación. En la neurosis obsesiva, el quantum de afecto se ha
desplazado desde la representación patógena ligada al acontecimiento
traumatizante a otra representación que el sujeto considera insignificante.
En la histeria, el quantum de afecto se convierte en energía somática, y la
representación reprimida es simbolizada por una zona o una actividad
corporal. Esta tesis, según la cual la separación entre el afecto y la
representación se halla en el principio de la represión, conduce a describir
un destino diferente para cada uno de estos elementos y a considerar la
acción de procesos distintos; la representación se reprime y el afecto se
sofoca, se desplaza, se suprime….

Para Freud la representación sería más bien aquello que, del objeto,
viene a inscribirse en los sistemas mnémicos. Ahora bien, Freud no
concibe la memoria como un receptáculo de imágenes, sino que habla de
sistemas mnémicos, reduce el recuerdo a diferentes series asociativas y
finalmente designa con el nombre de huella mnémica, más que una débil
impresión que guarda una relación de similitud con el objeto, un signo
siempre coordinado con otros y que no va ligado a una determinada
cualidad sensorial. Desde esta perspectiva la representación de Freud se
ha equiparado al concepto lingüístico de significante.

Sin embargo cabe distinguir aquí dos niveles de estas


representaciones, las representaciones de palabra y las representaciones
de cosa. Esta distinción subraya una diferencia, a la cual, por lo demás ,
Freud atribuye un valor tópico fundamental; las representaciones de cosa,
que caracterizan el sistema inconsciente, se hallan en una relación más
inmediata con la cosa: en la alucinación primitiva la representación de
cosa sería considerada por el niño como el equivalente del objeto
percibido y catectizada en la ausencia de este. Freud busca al extremo de
las vías asociativas, la representación inconsciente patógena, lo que
perseguiría sería el punto último en el que el objeto es inseparable de sus
huellas, el significado inseparable del significante.

Así las representaciones de cosa consiste en una catexis si no de


imágenes mnémicas directas de la cosa, por lo menos de huellas
mnémicas mas alejadas, derivadas de aquéllas. La representación de cosa
reaviva la huella mnémica que no es otra cosa que la inscripción del
acontecimiento. Mientras que la representación de palabra se introducen
en una concepción que enlaza la verbalización y la toma de conciencia. Así
la huella mnémica puede alcanzar la conciencia asociándose a una
representación verbal. Este paso es capital en Freud porque es
comprender el paso del proceso primario al proceso secundario, de la
identidad de percepción a la identidad de pensamiento.

Así en lo Inconsciente dirá: La representación consciente engloba la


representación de cosa más la representación de palabra correspondiente,
mientras que la representación inconsciente es la representación de cosa
sola”

En la esquizofrenia al igual que en el sueño, las representaciones de


cosa, es decir, según las leyes del proceso primario, en el sueño ciertas
frases pronunciadas en estado de vigilia se someten a condensación y al
desplazamiento en igual forma que las representaciones de cosa.

Entre la simbólica freudiana y lo simbólico en Lacan existe una


diferencia manifiesta: Freud pone el acento en la relación que une el
símbolo con lo que representa, mientras que para Lacan lo primario es la
estructura del sistema simbólico, la ligazón con lo simbolizado es
secundaria y está teñida de lo imaginario.
Lo que conecta ambas concepciones es que para Freud hay una
especie de lengua fundamental universal que extrae de la particularidad
de las imágenes y de los síntomas, aunque esté más interesado en saber
qué dice esa lengua que en su disposición.

ENERO

LACAN

Nos vamos a encontrar que el uso de lo simbólico en Lacan nos va


llevar a definir varios aspectos fundamentales de su teoría:

- El deseo y la falta
- El Edipo y el Nombre del Padre
- La oposición entre naturaleza y cultura.

El orden simbólico se refiere, por decirlo de una manera simple, a la


parte metafórica del mundo, al significado profundo detrás de una acción,
al por qué hacer esto o lo otro. En un ejemplo, una persona gusta de
comer pescado todos los días porque eso le recuerda al amor y sensación
de protección que tenía cuando era niño. Añadiremos que el orden
simbólico está íntimamente relacionado con el lenguaje y con las teorías
de Levi- Strauss sobre las redes leyes simbólicas de una sociedad

Lo simbólico designa el orden de los fenómenos estructurados, por lo


que está estrechamente ligado con la función del lenguaje y más
especialmente con la del significante. Este lenguaje, que es más que
expresión o comunicación, obedece por un lado a una lógica y por otro a
las leyes del inconsciente. Si se da prioridad al significado y a la capacidad
expresiva de los sujetos parlantes, el lenguaje es considerado un
instrumento al servicio de la comunicación. Para Lacan, en cambio, el
hombre en tanto ser hablante, es causado y está regido por el lenguaje
porque desde que habla y hablan de él está dentro de un discurso que lo
transciende, o sea, dentro de una cadena significante en la que deberá
estructurarse. No es el hombre quien hace la palabra, es la palabra quien
hace al hombre. El sujeto no se constituye en su relación con el mundo, en
su relación con lo real, si no que lo hace en el orden simbólico.
Lacan tomó la noción de significante de la lingüística de Ferdinand de
Saussure, para éste el signo no une una cosa y un nombre sino un
concepto (significado) y una imagen acústica (significante). El vínculo que
une el significante y el significado es calificado por Saussere como
“arbitrario”. Sin entrar en las críticas, significa que entre el orden de los
signos y el de las cosas, la relación es de simple encuentro, lo mismo que
entre el significado y el significante. Finalmente, significado y significante,
tomados cada uno por su lado, son puramente diferenciales y negativos
(son lo que los demás no son, se definen por oposición).

A partir de aquí Lacan se apoyará en una escritura, la del signo


Saussuriano que escribe S/s invirtiéndola, con el fin de marcar la primacía
del significante sobre el significado. F(S)1/ s

No sólo existe una separación entre significante y significado, sino que


se impone la noción de un deslizamiento incesante del significado por
debajo del significante. Sustituye de este modo una lógica del signo, que
representa algo para alguien, por una lógica del significante. Del mismo
modo que la unidad del significante y del significado funda la lingüística, lo
que funda lo simbólico es la división del significante y el significado. Con el
fin de ilustrar la incidencia del significante sobre el significado, Lacan
sustituye el ejemplo de Sausserre:

Árbol

-----
Por otro de su cosecha

Caballeros Damas

Si se tomase por separado cada uno de los significantes caballeros y


damas, tendría el mismo significado. Lo que cuenta por lo tanto no es el
significante único ligado a un significado único, sino la oposición binaria de
dos significantes. Un significante se define por su oposición a otro. El
significado no es capaz de aclarar el equívoco de esta oposición como lo
muestra la historia que Lacan relata: Un tren llega a una estación. Un
muchachito y una niña, hermano y hermana en un compartimiento están
sentados el uno frente a la otra del lado en que la ventanilla que da al
exterior deja desarrollarse la vista de los edificios del andén a lo largo del
cual se detiene el tren: “Mira, dice el hermano, estamos en Señoras,
imbécil, contesta la hermana, ¿no ves que estamos en caballeros?

Lacan va a plantear que existen dos operaciones del significante que


están relacionados con las dos operaciones del síntoma, la condensación y
el desplazamiento, que son la metonimia, es decir que un significante
remite siempre a otro significante y la metáfora que remitirá a la
significación.

Para Lacan el inconsciente está estructurado como un lenguaje, es


decir con las reglas del lenguaje y por tanto del registro de lo simbólico.
Mientras que lo imaginario se caracteriza por la fascinación y la captación
especular en el plano consciente, el orden simbólico opera como
determinante al nivel del inconsciente. Lacan preciso que lo inconsciente
no debe ser confundido con lo no consciente. No es lo instintivo, no es lo
arcaico, no es lo primordial, no es el lugar de las divinidades de la noche.
Es el discurso del Otro. Aún antes de nacer, el niño ya estaba estructurado
en el universo simbólico que le es impuesto por el discurso parental, que
le asigna un nombre y lo gobernará sobre el plano consciente y el
inconsciente.

El inconsciente no es algo interior sino un término mediador entre yo y


el otro. El inconsciente es lenguaje porque desde el comienzo el sujeto
está nombrado o preinscrito en el discurso del Otro. Quiere decir que el
sujeto del inconsciente aparece en un discurso que no es el suyo y que
escapa a su dominio. El inconsciente designa simplemente lo que
sobrepasa al individuo, es decir, un discurso transindividual en el que
encuentra su definición.

El orden simbólico en el que el sujeto está inscripto es, pues, exterior a


él. Esa otra escena es el lugar de los elementos significantes que articulan
el inconsciente, que se repiten e insisten interfiriendo con el discurso y el
pensamiento conscientes. Es otro discurso que se despliega en otro lugar
y según leyes propias con relaciones metafóricas y metonímicas.

Desde esta perspectiva lo simbólico es un ordenamiento de reglas del


lenguaje que están antes de que el sujeto naciera y que organizan la
posibilidad de estar en cultura.

¿Entonces el psicótico no tiene registro de lo simbólico?

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