26/1/2023
Como hablamos el otro día el Estadío del Espejo implica que el yo se
constituye por el atrapamiento en la imagen del otro. Es decir, que el yo es
básicamente imágenes. Tuvimos también una aproximación a lo simbólico
que es la mirada de la madre que es el primer intento del Ideal del yo, es
decir, nosotros estamos abocados a repetir esa mirada de la madre que
dice: Sí ese eres tú. Y detrás de eso habrá una calificativo, ese eres tú tan
guapo, ese eres tú con menos valor por ser niña…..
La primera relación con el otro es especular, el yo se constituye por
identificaciones, se va a ir incorporando lo del otro, entonces el otro soy
yo, anulamos al otro para que no interprete más, incorporo al otro por
idealización, el yo se hace objeto. Cuando un paciente se encuentra con la
castración que implicaría poner en marcha el campo de lo simbólico, es
decir, el campo de la diferencia, de eso que rompe con lo especular no
sabe qué hacer y entonces utiliza el campo de lo imaginario.
A esta bella forma del espejo es a lo que llamamos narcisismo y éste
cada vez que se toca hay riesgo de desestabilización. No hay ataque si no
te sientes atacado, quién ataca tiene que estar colocado en el lugar de
quien reconoce en el espejo, es decir, del otro que nos da la identidad. El
tema no es que se hiera en el narcisismo, la palabra que cura es la palabra
de amor, es reconocimiento, el reconocimiento cura el narcisismo.
Cuando no te reconocen el narcisismo aparece la agresividad.
El narcisismo tiene que agarrarse a distintas cosas que le permitan
no tener cambios, es estático ese soy yo y el espejo, el yo es como una
estatúa. Mientras el espejo me devuelva algo vivido como en el espejo
todo va bien, cuando eso no es así aparece el caos. Imagen de mi yo, que
la miro como otros creo que miran a mí. Cuando algo en este circuito no
está bien primero intento negar lo que me pasa, es decir, cambiar algo en
lo real para no quedar impactado en el registro imaginario y no tener que
pensarlo en el registro de lo simbólico (ej. La cirugía estética. Concha). El
trabajo más costoso para el narcisismo es el trabajo que tiene que hacer
en lo simbólico para restaurar la paz de lo imaginario.
La diferencia que es puramente el campo de lo simbólico ( par de
opuestos) es siempre una herida narcisista, porque nos obliga a pensar. El
problema es como me llevo con algo que espero que sea igual por mi
imaginario y que resulta ser diferente. Lo diferente lo puedo forcluir.
El imaginario dice que los otros son como soy yo , lo que es es y lo
que no es no es. Elimino por tanto lo que no es como yo, el otro me
cuestiona en mi esencia. Yo amo todo lo que es como yo y odio todo lo
que no es como yo. El imaginario es el primer freno de la pulsión. Cuando
nos uniformamos tenemos que pensar menos.
Hay algo que me tiene que diferenciar del otro que es una negación
primera que dice eso no soy yo, si no hay negación hay incorporación, si
hay incorporación anulo al otro, deja de ser otro y pasa a ser yo. La
incorporación implica la destrucción del otro. Lo que no puedes convertir
en propio es la diferencia y el campo de lo simbólico, la presencia del otro
en tanto que diferente significa que no soy yo, estoy castrado. Todo el
asunto es como hace el yo para establecer la diferencia, para que pueda
utilizar el mecanismo de defensa de no, tiene que estar estructurado
antes. La negación aparece con la experiencia de entrada del padre que es
el acceso al campo de lo simbólico.
Este planteamiento es muy importante de cara a la clínica, porque
lo que nosotros tendremos es una necesidad de comprender los
fenómenos que pasan en la clínica y hacerlos partes de mi yo, es decir, si
no estamos atentos entenderemos al paciente en torno a nuestro propio
yo intentando que vuelva la imagen del espejo.
Es quizá esto por lo que la mayoría de los tratamientos no van,
porque nos dejamos atrapar por nuestro propio imaginario, sin tener en
cuenta el imaginario del paciente, nuestro imaginario que está compuesto
por teorías, entre ellas la psicoanalítica, el Complejo de Edipo, etc.
Así tendremos una primera versión de la Transferencia que es
Imaginaria, y que es por un lado la que permite continuar y por otro la que
interrumpe el tratamiento. Pondremos una frase como indicativo de esto:
SE RELACIONA CONMIGO EN FUNCIÓN DE CÓMO ES ÉL, NO DE
QUIÉN SOY YO.
Entonces todo el tiempo aunque sin saberlo vamos a estar tratando
de comprender al paciente pero con nuestro yo, con nuestros discursos y
nuestras teorías.
Lacan plantea este NO COMPRENDAN DEMASIADO como principio
de la clínica.
( Seminario 3. Pág 15 y 16 ).Esta asunción de la que sería exagerado
decir que es muy ingenua, pues sin duda alguna es la más común, y temo
que aun entre ustedes, al menos entre muchos de ustedes. El progreso
principal de la psiquiatría desde la introducción de ese movimiento de
investigación que se llama el psicoanálisis, consistió, se cree, en restituir el
sentido en la cadena de fenómenos. En sí no es falso. Lo falso, empero, es
imaginar que el sentido en cuestión, es lo que se comprende. Lo nuevo que
habríamos aprendido, se piensa en el medio ambiente de las salas de
guardia, expresión del sensuscommune de los psiquiatras, es a
compruender a los enfermos. Este es un puro espejismo.
La noción de comprensión tiene una significación muy
neta……..Consiste en pensar que hay cosas que son obvias, que, por
ejemplo, cuando alguien está triste se debe a que no tiene en su corazón lo
que anhela. Nada más falso: hay personas que tienen todo lo que anhela
su corazón y que están tristes de todos modos. La tristeza es una pasión de
naturaleza muy diferente.
Quisiera insistir. Cuando le dan una bofetada a un niño, ¡pues bien!,
llora, eso se comprende; sin que nadie reflexione que no es obligatorio que
llore. Me acuerdo de un muchachito que, cuando recibía una bofetada
preguntaba:¿Es una caricia o una cachetada?. Si se le decía que era una
cacheta lloraba, formaba parte de las convenciones, de la regla del
momento, y si era una caricia, estaba encantado. Por cierto, esto no agota
el asunto. Cuando se recibe una bofetada, hay muchas maneras de
responder a ella además de llorar, se puede devolverla, ofrecer también la
otra mejilla, también se puede decir: Golpea, pero escucha. Se presenta
una gran variedad de secuencias que son descuidadas en la noción de
relación de comprensión
La comprensión sólo es evocada como una relación siempre
limítrofe. En cuanto no acercamos a ella, es, hablando estrictamente
inasible……son referencias ideales. un ejemplo como el suicidio da fe de
una inclinación hacia el declinar, hacia la muerte, parece que cualquiera
podría decir- pero únicamente si se lo busca para hacérselo decir- que se
produce con más facilidad en el declinar de la naturaleza, vale decir en
otoño. Ahora bien, se sabe desde hace mucho que los suicidios son más
numerosos en primavera. Esto no es ni más ni menos comprensible.
Sorprenderse de que los suicidios sean más numerosos en primavera que
en otoño, sólo puede basarse en este espejismo inconsistente que se llama
relación de comprensión, cual si hubiese alguna cosa, en ese orden, que
pudiese alguna vez ser captada.
(pag 22)…….La relación con el propio cuerpo caracteriza en el
hombre de campo, a fin de cuentas reducido, pero verdaderamente
irreductible, de lo imaginario. Si algo corresponde en el hombre a la
función imaginaria tal como ella opera en el animal, es todo lo que se
relaciona en modo electivo, pero siempre muy difícil de asir, con la forma
general de su cuerpo, donde tal o cual punto es llamado zona erógena.
Esta relación siempre es el límite de lo simbólico, sólo la experiencia
analítica permitió captarla por sus fines últimos.
(página 34.) ….Releía para preparar esta reunión, un artículo ya
antiguo de 1908, donde Abraham describe el comportamiento de un
demente precoz, y su así llamada desafectividad, a partir de la relación
con los objetos. Aquí lo tenemos habiendo amontonado durante meses,
piedra sobre piedra, guijarros vulgares que tienen para él el valor de un
importante bien. Ahora, a fuerza de amontonar tantos sobre la tabla, ésta
se quiebra , gran estrépito en la habitación, barren todo, y el personaje
que parecía acordar tanta importancia a los guijarros, no presta la menor
atención a lo que le pasa, no hace oír la más mínima protesta ante la
evacuación general de los objetos de sus deseos. Sencillamente, vuelve a
empezar y a acumular otros. Este es el demente precoz.
Darían ganas de hacer con este apólogo una fábula para mostrar
que eso hacemos todo el tiempo. Diría aún más: acumular multitud de
cosas sin valor, tener que pasarlas de un día al otro por pérdidas y
beneficios, y volver a empezar, es muy buena señal. Porque cuando el
sujeto permanece apegado a lo que pierde, no puede soportar su
frustración, es cuando podemos hablar de sobrevaloración de los
objetos………
(pás 35)…….El comentario que hice la vez pasada de que lo
comprensible es un término fugitivo, inasible, es sorprendente que nunca
sea calibrado como una lección primordial, una formulación obligada a la
entrada a la clínica. Comiencen por creer que no comprenden. Partan de la
idea del malentendido fundamental. Esta es una disposición primera, sin la
cual no existe verdaderamente ninguna razón para que no comprendan
todo y cualquier cosa. Tal o cual autor les da tal o cual comportamiento
como signo de desafectividad en determinado contexto, en otro será lo
contrario. Volver a empezar la obra tras haber sufrido una pérdida, puede
ser comprendido en sentidos diametralmente opuestos. Se acude
perpetuamente a nociones consideradas como aceptadas. Cuando de
ningún modo lo son.
A todo esto quería llegar: la dificultad de abordar el problema de la
paranoia se debe precisamente al hecho de situarla en el plano de la
comprensión.
Aquí el fenómeno elemental, irreductible, está a nivel de la
interpretación.
Tenemos pues un sujeto para el cual el mundo comenzó a cobrar
significado. ¿Qué quiere decir con esto?. Desde hace un tiempo es presa de
fenómenos que consisten en que se percata de que suceden las cosas en la
calle, pero ¿cuáles?. Si lo interrogan verán que hay puntos que
permanecen misteriosos para él mismo, y otros sobre los que se expresa.
En otros términos, somboliza lo que sucede en términos de significación.
Muy a menudo, no sabe, si escudriñan las cosas en detalle, si las cosas le
son o no desfavorables, pero busca que indica tal o cual comportamiento
de sus semejantes, tal o cual rasgo observado en el mundo, en ese mundo
que nunca es pura y simplemente inhumano puesto que está compuesto
por el hombre. Hablando del auto rojo, yo buscaba mostrarles al respecto
el alcance diferente que puede adquirir el color rojo, según lo
consideremos en su valor perceptivo, imaginario y en su valor simbólico.
También en los comportamientos normales, rasgos hasta cierto momento
neutros adquieren un valor.
¿A fin de cuentas, qué dice el sujeto, sobre todo en cierto período de
su delirio? Que hay significación. Cuál, no sabe, pero ocupa el primer
plano, se impone, y para él es perfectamente comprensible. Y justamente
porque se sitúa en el plano de la comprensión como un fenómeno
incomprensible, por así decirlo, la paranoia es tan difícil de captar, y tiene
también un interés primordial.
Si a este propósito se ha podido hablar de locura razonable, de
conservación de la claridad, del orden y de la volición, se debe al
sentimiento de que , por más que avancemos en el fenómeno, estamos en
el dominio de lo comprensible. Hasta cuando lo que se comprende no
puede siquiera ser articulado, enumerado, insertado por el sujeto en un
contexto que lo explícite, está en el plano de la comprensión. Se trata de
cosas que en sí mismas ya se hacen comprender.
Si existe una virtud en esta práctica esta es sin duda la escucha. Pero lo
difícil en sí mismo es poder formar a los futuros analistas en la escucha, es
decir ¿qué tenemos que escuchar? Y esto está irremediablemente unido a
la posición ética del analista.
Fíjense en lo que plantea Freud en 1913 en el texto Consejos al
médico sobre el tratamiento psicoanalítico:
“Tan pronto como uno tensa adrede su atención hasta cierto nivel,
empieza también a escoger entre el material ofrecido; uno fija un
fragmento con particular relieve, elimina en cambio otro y en esa selección
obedece a sus propias expectativas o inclinaciones. Pero eso, justamente,
es ilícito; si en la selección uno sigue sus expectativas, corre el riesgo de no
hallar nunca más de lo que ya sabe; y si se entrega a sus inclinaciones, con
toda seguridad falseará la percepción posible”
Así que nos plantea ya de entrada que escuchar no es cualquier
cosa, que cada uno escucha algo distinto, en referencia a su teoría, a su
práctica, a su propio análisis, pero sobre todo a su yo.
En el texto Lo inconsciente (1915) se ocupa de la noción de
comprensión, dice Freud.
Psicológicamente más correcta es, empero esta descripción: Sin una
reflexión especial, atribuimos a todos cuantos están fuera de nosotros
nuestra misma constitución y por tanto también nuestra conciencia; y esta
identificación es en verdad la premisa de nuestra comprensión.
Aquí Freud, nos está diciendo que no hay que comprender, el
hacerlo implica identificarse, y de esta manera el analista estaría
poniéndose en el lugar del paciente adjudicándole sus propios
pensamientos, creencias o sentimientos. Tratando de imaginar que es lo
que le causa sufrimiento a ese sujeto, sin darle la posibilidad de que
despliegue sus asociaciones. Porque si uno comprende, entonces ya no
escucha las otras ocurrencias del paciente, remite todo a lo mismo. De ahí
la importancia de limitarse en comprender, cuando se lo hace, se alcanza
un único significado y se detiene en él. Si el analista sabe qué quiere decir
cuando el paciente dice lo que dice, uno lo comprendió, pero no lo
escucha. Comprender es incluir, dando un sentido y el sentido tapona.
Cualquier intervención sugestiva dualiza el análisis volviéndolo especular.
Al decir de Lacan se pueden galopar leguas y leguas de comprensión sin
que resulte de ello el menor pensamiento