Escuela Normal Rural “Lic.
Benito
Juárez"
Panotla,Tlax.
NOMBRE DEL ESTUDIANTE
MARLENE GONZALEZ CANO.
SEMESTRE : SEGUNDO GRUPO: ”B”
DOCENTE
MTRA. MILDRED RUBI VERGARA ZAVALA
MATERIA
DESARROLLO SOCIOEMOCIONAL Y APRENDIZAJE
ESCUELA PRIMARIA: “Paulina Maraver Cortés”
CLAVE: 29EPR0167H COL. CALLE Y NÚM: Av. 16 de septiembre
LOCALIDAD: Xicoténcatl MUNICIPIO: Huamantla, Tlaxcala
ZONA ESCOLAR: 11 SECTOR: 04
NOMBRE DE LA DOCENTE DEL GRUPO
MTRA. ADRIANA MERINO FARFÁN.
GRADO: 1° GRUPO: “A”
PANOTLA,TLAX DOMINGO 10-JUNIO-2025
INTRODUCCIÓN
En este trabajo se puede encontrar una propuesta sobre educación socioemocional pensada especialmente
para los niños y niñas del grupo de 1°A. La idea principal de este proyecto es ayudar a los estudiantes a
reconocer lo que sienten, expresar sus emociones de forma adecuada, mejorar la convivencia en el aula y
fortalecer valores como el respeto, la empatía y el trabajo en equipo.
Muchas veces, en la escuela nos enfocamos en enseñar materias como matemáticas, lectura o ciencias, y
dejamos a un lado algo muy importante: cómo se sienten los niños. Los niños también necesitan aprender a
conocerse, a decir cuando están tristes, contentos, enojados o nerviosos, y saber qué hacer con esas
emociones. Por eso me pareció muy importante preparar esta actividad para el grupo de 1°A, ya que a esta
edad todavía están aprendiendo a manejar sus emociones y a relacionarse con los demás.
La actividad que se propone en este trabajo tiene una duración de una hora y está pensada para ser divertida,
sencilla y útil. Incluye dinámicas en las que los niños puedan participar activamente, como juegos, dibujos o
conversaciones, porque ellos aprenden mejor cuando se sienten motivados y escuchados. Además, se utiliza
un lenguaje claro y cercano, adecuado para su edad, para que todos puedan entender y sentirse incluidos.
Durante la actividad, se busca que los niños de 1°A identifiquen diferentes emociones (como alegría, tristeza,
enojo o miedo), que aprendan que todas las emociones son válidas, y que descubran formas sanas de
expresarlas sin lastimar a los demás. También se trabaja la importancia de escuchar, de respetar a sus
compañeros, de pedir ayuda cuando la necesitan, y de saber que no están solos, que pueden confiar en su
maestra, sus compañeros y su familia.
Este trabajo está hecho con mucho cariño, pensando en el bienestar emocional del grupo de 1°A, y con el
objetivo de sembrar desde ahora pequeñas semillas que los ayuden a crecer como personas seguras,
respetuosas y empáticas. La educación socioemocional no es solo un complemento, es algo esencial que los
acompaña toda la vida. Por eso, dedicar aunque sea una hora para trabajar estos temas ya representa un
paso importante en su formación integral.
La educación socioemocional es algo que todos necesitamos, pero en especial los niños pequeños que
apenas están empezando su camino escolar. En el grupo de 1°A, he podido observar que muchos niños
todavía no saben cómo expresar lo que sienten, o a veces reaccionan con enojo o tristeza porque no saben
cómo manejar ciertas situaciones. Esto es completamente normal a su edad, ya que están aprendiendo a
convivir, a compartir, a escuchar y a respetar a los demás. Por eso es tan importante trabajar estos temas
desde ahora, para que puedan sentirse seguros y apoyados emocionalmente.
MARCO TEÓRICO
La educación socioemocional es una parte fundamental en la formación integral de los niños, especialmente
durante los primeros años de primaria. En el caso del grupo de 1°A, donde los alumnos apenas están
conociendo su entorno escolar y aprendiendo a convivir con otras personas, es importante brindar espacios
donde puedan reconocer, expresar y manejar sus emociones.
A través de este proyecto se busca fortalecer el desarrollo emocional de los estudiantes con una actividad
sencilla, creativa y cercana a su edad: la caja de los monstruos de las emociones. Esta herramienta didáctica
ayuda a los niños a identificar diferentes emociones básicas, como la alegría, la tristeza, el enojo, el miedo o
la calma, usando personajes visuales y coloridos con los que pueden relacionarse fácilmente.
La actividad está basada en dinámicas participativas que fomentan la expresión emocional por medio del
juego, el diálogo y el arte. Los niños participan diciendo cómo se sienten, qué color representa su emoción y
compartiendo situaciones reales en las que hayan experimentado alguna de las emociones trabajadas. Luego,
a través de una actividad para colorear y reflexionar, refuerzan lo aprendido y desarrollan la capacidad de
hablar de sus sentimientos con palabras sencillas.
De acuerdo con la Secretaría de Educación Pública (SEP), la educación socioemocional desde edades
tempranas permite a los niños fortalecer su autoestima, mejorar la convivencia en el aula y crear un ambiente
más sano y positivo para el aprendizaje. Si los alumnos aprenden desde pequeños a identificar sus
emociones y respetar las emociones de los demás, estarán mejor preparados para resolver conflictos, trabajar
en equipo y sentirse seguros en su entorno escolar.
La actividad se realizó pensando en el grupo específico de 1°A, adaptando el tiempo (aproximadamente 50
minutos), los recursos y las preguntas de acuerdo con su nivel de desarrollo. Se parte de un saludo y una
charla inicial sobre cómo se sienten, se pasa a trabajar las emociones con la caja y luego se cierra con una
reflexión donde se reconoce que todas las emociones son válidas y que saber cómo nos sentimos nos ayuda
a conocernos y a convivir mejor.
Además, se usan recursos visuales (como los monstruos y los colores), preguntas abiertas y actividades
creativas como el dibujo, porque a esta edad es importante que los niños aprendan jugando, viendo y
haciendo. Es así como se crea un espacio seguro donde pueden expresarse libremente y empezar a construir
una base emocional sólida.
También es importante destacar que en esta etapa, los niños aún están desarrollando su lenguaje y muchas
veces no saben cómo poner en palabras lo que sienten. Por eso, trabajar con materiales visuales como los
monstruos de colores les facilita la identificación emocional. Asociar cada emoción con un color les ayuda a
recordarla, hablar de ella y comprenderla mejor. Además, cuando los niños comparten sus emociones en
grupo, se fomenta el respeto, la empatía y la escucha activa. Poco a poco, van entendiendo que no están
solos en lo que sienten y que todos pasamos por momentos diferentes.
VALORACIÓN
FORTALEZAS OPORTUNIDADES
- Elaboré con anticipación un material didáctico - La maestra me dio la oportunidad de realizar la
visual y dinámico, adaptado al nivel de los actividad en su clase, lo cual me permitió llevar la
alumnos. teoría a la práctica.
- Tomé la iniciativa de pedir permiso para realizar - Pude experimentar cómo se comporta un grupo
la actividad, demostrando compromiso y real en un entorno escolar y cómo reaccionan
responsabilidad. ante nuevas actividades.
- Logré mantener la calma y retomar el control - Fue una experiencia enriquecedora que me
cuando el grupo se desorganizó. permitió reflexionar sobre cómo mejorar mi
- Desarrollé habilidades de comunicación al manejo de grupo y presentación.
interactuar con un grupo numeroso. - Aprendí a manejar situaciones inesperadas,
- Generé empatía con los niños, lo cual se notó como respuestas espontáneas de los alumnos o
en su participación y en la forma en que momentos de distracción.
expresaban sus emociones.
DEBILIDADES AMENAZAS
- Me sentí nerviosa al inicio porque nunca había - El comportamiento impredecible de un
realizado una actividad con tantos alumnos (32). grupo grande puede afectar la dinámica de
- Me faltó confianza al principio, lo cual hizo que la actividad.
hablara con inseguridad durante los primeros - La presión del tiempo escolar y el poco
minutos. margen para errores generan estrés
- En algunos momentos no logré que todos los adicional.
alumnos prestaran atención al mismo tiempo. - Las emociones expresadas por los niños
- Me faltó anticipar algunas reacciones del grupo, pueden desviar la atención del objetivo
lo que me obligó a improvisar sobre la marcha. principal si no se canalizan adecuadamente.
- La posibilidad de no contar con el apoyo
del docente en caso de una emergencia o
dificultad durante la actividad.
Esta actividad fue un reto muy importante para mí. Desde la creación del material hasta su presentación ante
un grupo de 32 niños, pasé por muchas emociones. Me sentí nerviosa, emocionada, y también conmovida por
la forma en que los niños expresaban sus sentimientos, incluso diciendo que lo que sentían era amor. Esta
experiencia me dejó muchas enseñanzas: la importancia de planear, de adaptarse a lo inesperado, de
mantener la calma y, sobre todo, de conectarse con los alumnos desde lo humano. Me llevo una gran
satisfacción y muchas ganas de seguir aprendiendo y mejorando en mi formación docente.
REFLEXION
Esta actividad fue mucho más que una simple clase; para mí representó un verdadero ejercicio de vocación,
entrega y aprendizaje. Desde el momento en que decidí trabajar las emociones con los niños de 1°A,
comprendí que enseñar no es solo transmitir conocimientos, sino también conectar con los sentimientos, las
vivencias y las realidades de cada niño. Me sentí muy motivada al preparar el material, pero también fui
consciente del esfuerzo y la responsabilidad que implicaba hacerlo bien. Quería que cada detalle fuera
significativo, que cada niño se sintiera visto y escuchado, y que esta experiencia les dejara una huella positiva.
Al comenzar la preparación, entendí que no se trata solo de tener una buena idea, sino de pensar en cómo
esa idea se convierte en una experiencia educativa concreta. Pensé en su edad, en lo que les llama la
atención, en cómo aprenden mejor. Elegí los recursos con cariño y dedicación, buscando que fueran
accesibles, visuales y sobre todo útiles para que pudieran identificar sus emociones. No quería que fuera una
clase más, sino una vivencia que los motivara a expresarse libremente y a comprender que sus emociones
son válidas y merecen ser nombradas.
Uno de los aprendizajes más importantes que me llevo es que cuando un docente pone el corazón en lo que
hace, los niños lo perciben. La emoción con la que recibieron la caja de los monstruos y la forma en que se
abrieron para compartir cómo se sentían me hicieron entender el valor de crear un ambiente seguro y
empático en el aula. Vi cómo, con herramientas sencillas pero significativas, se puede ayudar a los niños a
reconocer y expresar sus emociones, algo fundamental para su desarrollo personal y social. Me conmovió ver
cómo algunos niños, que al principio se mostraban tímidos o reservados, lograron poco a poco abrirse y
hablar de lo que sentían con una sinceridad..
También comprendí que ser docente implica mucha flexibilidad y paciencia. Hubo momentos donde mantener
la atención del grupo fue un reto, pero recordé que a esa edad es normal que se distraigan y que lo más
importante es mantener una actitud comprensiva, sin perder de vista el objetivo de la clase. Aprendí a
equilibrar la estructura con la espontaneidad, y a valorar la participación activa, aunque no siempre sea
perfecta. Aceptar que los niños no siempre responden como uno espera, y aun así seguir motivándolos y
guiándolos, es parte esencial del rol docente.
Esta experiencia reafirmó mi deseo de ser maestra. Me hizo ver que enseñar va mucho más allá de un plan
de clase; es estar presente, escuchar, observar, y sobre todo, acompañar a los niños en su crecimiento
emocional. Siento que este tipo de actividades no solo les enseña a ellos, sino también a mí, como futura
docente, a ser más humana, más sensible y más consciente del impacto que puedo tener en sus vidas. Es un
camino que exige compromiso, pero que también regala momentos muy valiosos que marcan y transforman,
tanto a los estudiantes como a quienes los acompañamos.
Además, esta clase me permitió visualizar el aula no solo como un espacio físico, sino como un lugar
emocional, donde cada niño llega con su mundo interior. Algunos con alegría, otros con tristeza, ansiedad o
entusiasmo. El simple hecho de preguntarles “¿cómo te sientes hoy?” y darles un espacio para responder me
hizo ver que muchas veces lo único que necesitan es ser escuchados. Ese reconocimiento de su mundo
emocional es el primer paso para formar vínculos sanos, fortalecer la autoestima y fomentar la empatía entre
ellos.
Me di cuenta también de lo importante que es ofrecerles herramientas para gestionar lo que sienten. No
podemos evitar que sientan enojo, miedo o tristeza, pero sí podemos enseñarles a nombrar esas emociones,
a comprenderlas y a comunicarlas. Y eso comienza con pequeñas acciones como esta, con juegos, dibujos,
colores, conversaciones simples, pero llenas de sentido.
Me siento profundamente agradecida por haber tenido la oportunidad de realizar esta actividad. Me llenó de
emoción ver sus sonrisas, sus miradas curiosas, su entusiasmo y su honestidad. Fue una experiencia que me
recordó por qué elegí esta profesión y que me dio aún más razones para seguir formándome con pasión y
compromiso.
Además, entendí que como futura docente debo ser también una observadora atenta. Detrás de cada
comportamiento hay una historia, una emoción, una necesidad que a veces no se expresa con palabras.
Escuchar con empatía y mirar más allá de lo evidente me ayuda a conectar con los niños desde el respeto y la
comprensión. Esta experiencia me enseñó que educar no es solo guiar, sino también aprender a leer los
silencios, los gestos y las pequeñas señales que ellos nos dan.
También reflexioné sobre lo importante que es el rol del maestro como modelo emocional. Los niños aprenden
no solo lo que decimos, sino también cómo reaccionamos, cómo tratamos a los demás y cómo manejamos
nuestras propias emociones. Si quiero enseñarles a ser empáticos, primero debo serlo yo. Si deseo que ellos
hablen con respeto y se escuchen entre sí, entonces debo asegurarme de hacerlo yo también. Ser coherente
entre lo que enseño y lo que hago es un desafío constante, pero necesario.
Finalmente, me llevo una gran lección: cada clase es una oportunidad para sembrar algo valioso en la vida de
los niños. Aunque a veces los resultados no se vean de inmediato, sé que cada esfuerzo, cada palabra, cada
gesto de cariño deja una marca. Esta actividad me recordó que educar no es solo una profesión, sino un acto
profundo de amor, dedicación y esperanza. Me siento más comprometida que nunca con este camino,
sabiendo que tengo mucho que aprender, pero también mucho que dar.