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Cosa Juzgada

El documento analiza el concepto de acto procesal firme y su relación con la cosa juzgada en el Derecho Procesal, destacando su naturaleza jurídica y la importancia de la preclusión procesal. Se enfatiza que una sentencia firme impide la reexaminación de la misma cuestión en un nuevo juicio, garantizando la seguridad jurídica. Además, se presentan diversas opiniones doctrinarias sobre la naturaleza de la cosa juzgada, subrayando su rol en la justicia y la certeza del derecho.

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El documento analiza el concepto de acto procesal firme y su relación con la cosa juzgada en el Derecho Procesal, destacando su naturaleza jurídica y la importancia de la preclusión procesal. Se enfatiza que una sentencia firme impide la reexaminación de la misma cuestión en un nuevo juicio, garantizando la seguridad jurídica. Además, se presentan diversas opiniones doctrinarias sobre la naturaleza de la cosa juzgada, subrayando su rol en la justicia y la certeza del derecho.

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Acto procesal firme y cosa juzgada

Autor:
Milone, Jorge E.

Cita: RC D 489/2024
Encabezado:

El autor analiza de forma pormenorizada lo que debemos entender por acto procesal firme, su naturaleza jurídica
y la condición procesal de ese apartado principal del transcurso de una instancia judicial.

Sumario:

I. Introducción. II. Cosa juzgada. III. Antecedentes históricos. IV. Opiniones doctrinarias.

Acto procesal firme y cosa juzgada

I. Introducción

Un capítulo de significación dentro del Derecho Procesal lo constituye el que se refiere al acto procesal firme. Se
trata de una cuestión que en no pocas ocasiones ha forjado discusiones y debates en la actividad forense, ya
que la preclusión procesal no es invariablemente contemplada por los jueces en sus decisorios, como en cambio
corresponde hacerlo en pleno acuerdo con el derecho. En tal sentido, analizaremos en este artículo lo que
debemos entender por acto procesal firme, su naturaleza jurídica y la condición procesal de ese apartado
principal del transcurso de una instancia judicial.

En efecto, cuando un fallo judicial no admite recurso alguno, se considera "firme". Es obvio que debemos
considerar a los actos procesales como las múltiples acciones originarias de la misma parte litigante, o bien del
propio órgano jurisdiccional. Esas acciones que constituyen las diferentes fases del proceso, adquieren la
categoría de firmes en alguna determinada instancia del proceso judicial.

Lo escrito es así y se verifica objetivamente en la práctica judicial, toda vez que esos actos deben ser realizados
en un plazo o término perentorio, que también siempre se concibe como improrrogable, por lo que queda claro
que su falta de oposición, como de apelación, en el tiempo y la forma de ley, establece en forma inobjetable su
preclusión, lo que significa afirmar la imposibilidad de que puedan ser alterados en el futuro.

De manera que los actos firmes y vinculantes para las partes, como para el propio tribunal, no podrán revisarse
y, por lo tanto, se considera que son concluyentes y definitivos. Es de toda obviedad que tampoco una ley
posterior puede retrotraer sus efectos a actos judiciales y jurisdiccionales que han quedado firmes, por lo que
-además- han causado estado en autos.

II. Cosa juzgada

La doctrina jurídica es muy serena y conforme al respecto: la cosa juzgada (del latín: res iudicata) es el efecto
impeditivo que, en un proceso judicial, ocasiona la preexistencia de una sentencia judicial firme dictada sobre el
mismo objeto. De modo que es inobjetablemente firme una sentencia judicial, toda vez que en la ciencia del
derecho y en el mundo procesal, no existe contra ese decisorio ningún recurso que reconozca la admisión de una
modificación.

Nos referimos específicamente al efecto impeditivo que se expresa naturalmente en el acatamiento y la


subordinación a lo resuelto sobre la misma cuestión litigiosa, en un proceso judicial anterior. Normalmente, el
instituto que estamos mentando en este artículo, es un medio apto y eficaz de defensa ante a una nueva
demanda trazada y esbozada sobre un análogo objeto, con las mismas partes y la misma causa, como lo ha sido

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la anterior controversia, ya objeto de sentencia, lo que natural y definitivamente, obstruye toda alternativa de
reedición del litigio.

Res judicata es una expresión latina propia de la esfera de la ciencia jurídica y que, traducida en forma literal,
significa "cosa juzgada". Pero su importancia y relevancia en el proceso judicial es más profunda aún que lo ya
expuesto, porque es decisiva y determinante del valor de la jurisprudencia en el sistema del derecho continental,
conectándose con principios sustanciales e inmarcesibles de la ciencia del derecho, como por ejemplo el de
seguridad jurídica, que se expresa en la certeza del derecho.

La presencia de la res iudicata imposibilita que una misma cuestión sea juzgada dos veces; de manera que, ante
un segundo litigio proyectado sobre el mismo objeto, se admite la alegación de la excepción procesal de la cosa
juzgada (res iudicata), para impedir que, por el mismo objeto, exista un segundo juicio.

III. Antecedentes históricos

El origen histórico de la res judicata se halla en el legendario derecho romano, a través del instituto jurídico de la
excepción de la cosa juzgada (exceptio rei iudicatae o res in iudicio adiudicata). Por medio de esta figura jurídica,
el histórico derecho romano, al procurar el resguardo para las partes ante la posibilidad de un nuevo proceso
judicial y una nueva sentencia sobre la materia objeto del anterior litigio, logra a través de ello, establecer una
necesaria certeza, o lo que es lo mismo -lo hemos afirmado- la seguridad jurídica. Este precepto jurídico
inamovible en el Derecho Procesal se concentra en el latinazgo: "Non bis in ídem". La cosa juzgada es como la
jurisprudencia, por lo que en definitiva es ya un fallo que obstruye toda posibilidad de reiteración.

Las razones que han cimentado la existencia de la mentada institución jurídica de la cosa juzgada son las que se
expondrán seguidamente. En primer término, la certeza que significa que la cosa juzgada se encamina a
establecer con claridad y sin ningún género de dudas, la necesidad de que exista certidumbre en las
circunstancias que examina al advertir la repetición de un juicio, lo que constituye asimismo una interpelación de
carácter ético de la propia sociedad, porque son precisamente esas figuras jurídicas y los institutos propios del
Derecho Procesal, el inevitable camino hacia el logro final de la justicia.

A su turno, la estabilidad del derecho, que es una ineludible derivación del concepto de seguridad jurídica,
pretende certificar esa certidumbre a la que aludimos en este artículo. Este capítulo también es primordial,
porque concede firmeza a lo que ya la posee, por predominar la normativa jurídica sobre la discrecionalidad
judicial, que como es sabido, es siempre inversamente proporcional al bloque de legalidad.

De manera que es la seguridad jurídica, la materia que está en juego en este tema. Por esa causa agregamos,
en función de la cuestión analizada, que el principio "Non bis in idem" debe predominar como un carácter propio
de la institución de la cosa juzgada. A raíz de ello, resultará absolutamente imposible -también lo hemos
afirmado- una nueva apertura de la misma causa, en la que se verifica la identidad de sujeto, objeto y causa.

IV. Opiniones doctrinarias

Existen diversas posiciones doctrinarias acerca de la naturaleza jurídica de la cosa juzgada, sin que por ello
debamos observarlas como definitivas o excluyentes entre sí, ya que hay casos de juristas que coinciden en sus
apreciaciones con relación a la opinión de otros autores. Pero en líneas generales, analizaremos las que ofrecen
un marco referencial de oposición, de algún modo evidente.

Ulpiano, por ejemplo, entendía que la cosa juzgada se debía tener por verdad, a lo que Savigny contestará que
se trata de una "ficción de verdad" que resguardará el valor y la inamovilidad de la sentencia definitiva. Con
relación al pensamiento jurídico de Savigny, el autor de éste artículo entiende que solamente se puede hablar de
una verdad subjetiva, luego de un proceso cognitivo que admite abrir la causa y hurgar en sus fundamentos y en
su prueba, ya que alcanzar una objetividad pura e inmaculada, no es asequible a las posibilidades de la mente
humana, pero sí en cambio, el juez puede -y debe- con el auxilio de su ciencia y su conciencia, arribar a una
solución que contemple la razonabilidad como fundamento último, porque es muy difícil para el ser humano -el
juez lo es- llegar a una verdad absolutamente objetiva, pues el elemento de "verdad absoluta" es más que

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improbable en el caso de seres falibles. No obstante, si el juez se empeña en cumplir con lo que la ley manda,
habrá formulado una gran contribución al logro de la Justicia, como valor superior y máxima aspiración de la
ciencia del derecho.

Pothier, a su turno, entendía que el contenido de la sentencia comporta una presunción de verdad, que es lo que
en forma categórica ha sentado el pensamiento de la escuela jurídica de Alemania. De modo que el mencionado
Pothier mantiene el concepto de que la cosa juzgada es, como hemos dicho, una "presunción" de verdad, es algo
así como un criterio de verdad.

En opinión del autor de este artículo, la cosa juzgada es la frontera que no puede traspasar el juez, porque con
prescindencia de las ideas de los juristas al respecto -todas igualmente valiosas-, la verdad que emerge como
una sólida virtud tendiente al logro de la Justicia, es la que nos informa que el principio rector de "Non bis in
ídem" es la clave para interpretar la solución final a la cuestión. Si el decisorio judicial que cierra la causa, no se
apoya en una cosa juzgada írrita, es evidente que la conclusión del proceso judicial no puede elongarse hasta el
infinito, porque ello atentaría objetivamente contra la seguridad jurídica y la certeza del derecho. Todo dependerá
entonces, de que dicha sentencia haya sido el final razonado de un proceso cognitivo con plenas garantías para
los litigantes y definitivamente fundado en el derecho, en sus principios liminares y en las previsiones de la ley.

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