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Teoria Clasica

Desarrollo cronologico de la teoria politica clasica

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Antigua Roma

Los historiadores dividen la historia romana en tres largos períodos:

1) Período monárquico (Età regia): abarca desde el 753 a.C, año en el cual se
fundó Roma, hasta el 509 a.C., el año de la expulsión de los Tarquini (quienes fueron los
últimos reyes de Roma) de la ciudad.

2) Período republicano (Età repubblicana): va desde el 509 a.C. al 27 a.C., año en el


cual el Senado de Roma otorga el pleno poder y el título de “Augusto” a
Ottaviano.

3) Período imperial (Età imperiale): abarca desde el 27 a.C. al 476 d.C., año de la caída
del Imperio Romano de Occidente.

Fundación de Roma

Los gemelos Rómulo y Remo son tradicionalmente considerados como los fundadores de
Roma. Ellos establecieron la ciudad en el monte Palatino, que compartían con otras tribus
como los latinos, sabinos y etruscos, cuya cultura tuvo una fuerte influencia en la romana.
Algunos historiadores afirman que, aunque la fusión con los latinos fue significativa, lo que
estableció el origen étnico principalmente latino de Roma, los etruscos también
desempeñaron un papel fundamental. Su poder y prestigio influyeron en aspectos
importantes como la religión y los ornamentos usados por las clases altas, primero los reyes
y luego los magistrados. Además, se dice que los etruscos actuaron como intermediarios
entre la cultura griega y la romana, lo que explica las similitudes entre ambas civilizaciones.

En sus inicios, Roma estaba habitada solo por hombres. Ante la falta de mujeres, los
romanos idearon un plan conocido como el "rapto de las sabinas". Invitaron a sus vecinos
sabinos a participar en unos torneos, y durante las festividades los embriagaron y los
expulsaron de la ciudad, quedándose con las mujeres y los niños. Sin embargo, para evitar
un conflicto con los sabinos, pactaron permitirles vivir en tierras romanas y compartir el
trono. Aunque este acuerdo nunca se concretó, ya que el rey sabino destinado a gobernar
tras Rómulo murió, lo que permitió que Rómulo siguiera en el poder hasta su misteriosa
desaparición, cuando se cree que fue llevado al cielo para convertirse en el dios Quirino,
dios de la guerra

Monarquía Romana

La primera forma de gobierno en Roma fue la monarquía, que se extendió desde el 753 a.C.
hasta el 510 a.C., durante la cual gobernaron siete reyes:

1. Rómulo (751 a.C. – 716 a.C.): Fundador de Roma, estableció la ciudad en el monte
Palatino. Durante su reinado, creó un consejo político basado en creencias mágico-
religiosas, donde los augures interpretaban la voluntad divina, reflejando la
superstición romana y la fusión de religión y política. Formó la primera legión de 300
jinetes y 3,000 infantes, y expandió el territorio romano, conquistando tierras
estratégicas, como los montes. Según la leyenda, desapareció en una tormenta y
fue llevado al cielo, convirtiéndose en el dios de la guerra, Quirino.
2. Numa Pompilio (716 a.C. – 674 a.C.): De origen sabino, fue un rey pacífico y muy
supersticioso. Instituyó un calendario dividido en días nefastos y fastos, lo que
aumentó el poder del rey y los sacerdotes, ya que solo ellos conocían estos días. Se
le atribuye la organización de la religión romana, supuestamente inspirado por la
ninfa Egeria, quien lo aconsejaba. Introdujo un calendario de doce meses y los
colegios sacerdotales.
3. Tulio Hostilio (674 a.C. – 642 a.C.): Fue un rey militarista que se dedicó a expandir
Roma mediante guerras, conquistando Alba Longa, Veyes (Etruria) y otras
poblaciones vecinas.
4. Anco Marcio (642 a.C. – 627 a.C.): De ascendencia sabina, nieto de Numa
Pompilio, fue el último rey sabino-latino. Continuó la reforma religiosa de su abuelo y
expandió Roma hacia el mar, fundando el puerto de Ostia en la desembocadura del
Tíber. Promovió obras públicas importantes, como el puente Sublicio y las primeras
salinas, lo que impulsó el comercio y fomentó el intercambio cultural. También
promovió métodos para conservar alimentos.
5. Tarquino Prisco (627 a.C. – 579 a.C.): El primer rey de origen etrusco, introdujo
influencias culturales y arquitectónicas de Etruria, como el arco, base de la
arquitectura romana. Durante su reinado, Roma experimentó un gran progreso, con
la construcción del sistema de alcantarillado (cloaca máxima), el Circo Máximo,
pórticos en el Foro Romano y el templo de Júpiter Capitolino. Conquistó ciudades
como Lacio y aumentó el número de senadores a 300.
6. Servio Tulio (579 a.C. – 535 a.C.): Yerno de Tarquino Prisco, construyó murallas
que abarcaban las siete colinas de Roma para proteger la ciudad. Reconoció la
importancia del ejército y le otorgó participación política, estableciendo un censo que
distribuía a los ciudadanos según su riqueza, otorgándoles derechos políticos y
obligaciones militares. Aquellos con más recursos tenían más influencia en la
asamblea centuriada. Fue asesinado por su hija Tulia y su yerno, Tarquino "el
Soberbio".
7. Tarquino el Soberbio (535 a.C. – 510 a.C.): Gobernó como un déspota, imponiendo
su voluntad como única ley. Privó de poder político y económico a los sabinos y
latinos, dejando el control en manos de los etruscos. Esto provocó una revuelta que
terminó con la monarquía y la expulsión de los etruscos de Roma.
La división de la población se hacía desde las gens:

● 10 gens constituían una curia.


● 10 curias constituían una tribu.
● 10 tribus constituían una civita.
El sistema decimal está presente en otros aspectos de la sociedad romana:

● Cada gens contribuía con diez soldados de infantería (miles o milicia), uno
de caballería (eqües) y un senador.
● En las ciudades sometidas por Roma se establecía un Consejo de Cien
Ancianos (céntum-viri), cada uno de los cuales era el cabeza de diez
casas (diez gens = una curias), de donde surge la denominación de
decuriones.

En la sociedad romana había diversas clases


Los patricios , familias descendientes de algún antepasado mítico. Muchos de
ellos ocupaban algún puesto de poder.
Los plebeyos , no participan en la vida política, representaban al pueblo que no
gozaba de todos los derechos ni privilegios.
Los esclavos no tenían derechos ni eran libres.
El sistema de gobierno de esta Roma era la monarquía. El rey poseía el poder
militar y religioso. Era el jefe de los sacerdotes divinos y lo acompañaba en las
decisiones del senado , que estaba compuesto por ancianos patricios.
Además, había una asamblea curiada en la cual la gente que iba a la gerra se
reunía en la cima del capitolio para sancionar leyes.
REPÚBLICA
Tras la expulsión de los tarquinos (etruscos) en el 510 a.C., el poder que antes concentraba
el rey se dividió entre varias magistraturas, con el fin de buscar justicia y evitar abusos por
parte de quienes estuvieran en el gobierno. Sin embargo, este proceso no fue pacífico, sino
que surgió a raíz de numerosos conflictos internos, particularmente entre los plebeyos y los
patricios. A pesar de que los plebeyos desempeñaban un papel fundamental en la
economía y la vida cotidiana de Roma, en el ámbito político y jurídico tenían muchas
desventajas frente a los nobles. Estos enfrentamientos, como la famosa secesión plebeya,
fueron clave para que, con el tiempo, los plebeyos obtuvieran más derechos. Entre los hitos
de este proceso destacan la publicación de las XII Tablas, la Ley Canuleia y las leyes
Licinias-Sextias, entre otras.

Además de las tensiones internas, Roma enfrentó conflictos externos con pueblos cercanos,
muchos de ellos apoyados por Etruria, contra la cual también lucharon, como en la guerra
contra Veyes. Durante la República, se desarrollaron diversas instituciones políticas. Es
importante destacar que estas no surgieron de forma simultánea, sino que fueron el
resultado de un largo proceso de división del poder, y cambiaron a lo largo de los siglos que
abarcó la República.

El Imperio Romano

Durante el período imperial, las instituciones republicanas, como el Senado, perdieron gran
parte de su relevancia. Aunque el Senado seguía existiendo formalmente, su poder quedó
subordinado a la autoridad absoluta del emperador, quien concentraba tanto el poder
político como el militar.

El Imperio Romano puede dividirse en dos grandes fases:


1. Fase de auge y esplendor (aproximadamente hasta el siglo II d.C.): Este período
comenzó con el ascenso de Octavio Augusto, el primer emperador de Roma, quien
puso fin a años de guerras civiles y trajo paz y estabilidad. Con su gobierno, se
inauguró la dinastía Julio-Claudia, que gobernó hasta el año 68 d.C., y que incluyó a
emperadores como Tiberio, Calígula, Claudio y Nerón. Durante esta fase, Roma
experimentó un gran desarrollo económico, cultural y militar. La máxima expansión
territorial del Imperio se alcanzó bajo el reinado del emperador Trajano (98-117
d.C.), quien extendió las fronteras desde Hispania hasta Asia Menor y desde Britania
hasta el norte de África.
2. Fase de crisis y declive (desde el siglo III d.C. en adelante): A partir del siglo III
d.C., el Imperio comenzó a enfrentar una serie de problemas internos y externos que
llevarían a su progresivo declive. Las invasiones bárbaras, las luchas internas por el
poder y la crisis económica marcaron este período, y culminaron con la caída
definitiva del Imperio Romano de Occidente en el siglo V d.C.

Dinastías Imperiales
1. Dinastía Julio-Claudia (27 a.C. - 68 d.C.):
○ Augusto (27 a.C. - 14 d.C.): Fundador del Imperio y artífice de la Pax
Romana.
○ Tiberio (14 - 37 d.C.): Continuó la administración de Augusto, pero su
gobierno fue marcado por una creciente desconfianza y represión.
○ Calígula (37 - 41 d.C.): Su reinado estuvo plagado de escándalos y
excentricidades, lo que lo llevó a ser asesinado.
○ Claudio (41 - 54 d.C.): Conocido por sus conquistas en Britania y sus
reformas administrativas.
○ Nerón (54 - 68 d.C.): Su mandato fue caótico y finalizó con su suicidio tras
una rebelión. Su muerte puso fin a la dinastía.
2. El Año de los Cuatro Emperadores (69 d.C.): Después de la muerte de Nerón, el
Imperio vivió un período de inestabilidad, con cuatro emperadores sucesivos (Galba,
Otón, Vitelio y Vespasiano) luchando por el poder.
3. Dinastía Flavia (69 - 96 d.C.):
○ Vespasiano, Tito y Domiciano: Vespasiano, impuesto por el ejército,
estabilizó el Imperio tras la crisis. Su hijo Tito gobernó brevemente, y su otro
hijo, Domiciano, fue conocido por su autoritarismo.
4. Dinastía de los Antoninos (96 - 192 d.C.):
○ Emperadores como Nerva, Trajano, Adriano, Antonino Pío y Marco
Aurelio llevaron al Imperio a una etapa de gran esplendor.
○ Cómodo, hijo de Marco Aurelio, marcó el inicio del declive por su gobierno
irresponsable y extravagante.
5. Dinastía Severa (193 - 235 d.C.):
○ Septimio Severo fundó la dinastía y fue seguido por emperadores como
Caracalla, quien otorgó la ciudadanía romana a todos los habitantes libres
del Imperio.
○ Alejandro Severo fue el último de esta dinastía, cuyo reinado terminó en
medio de una gran inestabilidad militar y política.

Estas dinastías reflejan la evolución del Imperio, desde su consolidación bajo Augusto hasta
los primeros signos de su colapso durante los reinados finales de la dinastía Severa. El
poder absoluto de los emperadores se convirtió en un rasgo característico del sistema
imperial, eclipsando por completo las viejas instituciones republicanas.

Mitologia Romana
Roma fue construida en principios mitológicos:

1. Rómulo y Remo

Es el mito fundador de Roma. Según la leyenda, los gemelos Rómulo y Remo, hijos de
Marte (dios de la guerra) y de la princesa Rea Silvia, fueron abandonados y criados por una
loba. Más tarde, Rómulo mató a Remo y fundó la ciudad de Roma.

2. Eneas

Eneas es un héroe troyano que, tras la caída de Troya, viajó a Italia, donde se convirtió en
el antepasado de los fundadores de Roma. Su historia es contada en la Eneida, una épica
escrita por Virgilio, que fue uno de los mitos clave que conectaban a Roma con la grandeza
de Troya.

3. El rapto de las sabinas

Este mito explica cómo los primeros romanos, bajo el liderazgo de Rómulo, raptaron a las
mujeres sabinas para asegurar la población de Roma. A pesar del conflicto inicial, las
mujeres sabinas mediaron la paz entre los sabinos y los romanos, uniendo a ambos
pueblos.

4. Los dioses romanos

Muchos de los dioses romanos fueron asimilaciones de los dioses griegos, pero adaptados
a las costumbres romanas. Algunos de los más importantes incluyen:

Júpiter (equivalente a Zeus), el dios supremo del cielo y el trueno.


Juno (equivalente a Hera), la diosa del matrimonio y reina de los dioses.
Minerva (equivalente a Atenea), la diosa de la sabiduría y las artes.
Marte (equivalente a Ares), dios de la guerra, y padre de Rómulo y Remo.
Venus (equivalente a Afrodita), diosa del amor y la belleza, madre de Eneas.
5. El mito de Saturno

Saturno era un dios antiguo relacionado con la agricultura y las cosechas, y se creía que
durante su reinado, conocido como la Edad de Oro, los humanos vivían en paz y
abundancia. Los romanos celebraban las Saturnales, una festividad en su honor, durante
diciembre, lo que influyó en algunas tradiciones actuales de la Navidad.

6. La leyenda de Lucrecia

Lucrecia era una mujer noble romana cuya violación a manos del hijo del rey Tarquinio
provocó una revuelta que llevó al derrocamiento de la monarquía y al establecimiento de la
República Romana. Su sacrificio fue visto como un símbolo de virtud y patriotismo.

Cristianismo
LOS SEIS GRANDES PERIODOS DE LA HISTORIA DE LA IGLESIA

Los grandes acontecimientos de la historia cristiana sirven como puntos divisorios y


señalan, cada uno de ellos, la terminación de una época y el principio de otra.

1. Iglesia Primitiva o Edad Apostólica: desde la ascensión de Cristo (30 d.C.) hasta la
muerte de Juan (100d.C.)

2. La iglesia perseguida: desde la muerte de Juan (100d.C.) hasta el edicto de


Constantino (313d.C)

3. La iglesia imperial: desde el edicto de Constantino (313d.C) hasta la caída de Roma


(476d.C.)

4. La iglesia medieval: desde la caída de Roma (476d.C.) hasta la caída de


Constantinopla (1453d.C.)

5. La iglesia reformada: desde la caída de Constantinopla (1453d.C.) hasta el fin de la


guerra de los treinta años (1648d.C.)

6. L iglesia moderna: desde el fin de la guerra de los treinta años (1648d.C.) hasta la
actualidad.

Historia del Cristianismo: Primera Parte (50 a.c -250 d.c)

El primer concilio de Jerusalén, celebrado alrededor del siglo I dC, constituye el primer acto
político en la historia del cristianismo y la base desde la cual podemos intentar reconstruir la
naturaleza de las enseñanzas de Jesús, así como los orígenes de la religión y la iglesia.
cristiana. Existen dos relatos casi contemporáneos de este concilio: uno escrito por Pablo
en su carta a las comunidades cristianas de Galacia, en Asia Menor, y el otro derivado de
una serie de fuentes secundarias. Este texto se centrará en las epístolas de Pablo, quien
fue el único apóstol que afirmó haber oído y visto a Jesús.

La tradición apócrifa conservada en las actas de Pablo, escritas aproximadamente un siglo


después de su muerte, presenta una descripción vívida de su apariencia física: un hombre
de baja estatura, con una gran cabeza y piernas arqueadas, pero de presencia noble y con
un semblante. amistoso. Aunque él mismo reconocía que su aspecto no era impresionante y
carecía de habilidades oratorias, Pablo estaba completamente convencido de poseer la
verdad. Escribe con pasión, prisa y un cierto temor, y sus discrepancias respecto a otros
relatos de los hechos no se limitan a diferencias de percepción, sino a una interpretación
radical de su importancia. Para Lucas, el Concilio de Jerusalén es un incidente eclesiástico;
Para Pablo, es parte de una lucha trascendental.

Para entender el análisis de Pablo, es necesario examinar la relación entre el judaísmo y el


contexto del siglo I dC En la época de Jesús, la República Romana, que se había expandido
por todo el Mediterráneo, representaba un tipo original de imperio: proporcionaba
estabilidad , facilitaba el comercio y la comunicación, y, aunque brutal en su aplicación, no
interfería extensamente en las ideas o su intercambio. En cuanto a las culturas religiosas,
los romaníes eran generalmente tolerantes, especialmente con el helenismo y el judaísmo.
La religión romana oficial era primitiva, orientada hacia la observancia cívica y sin un vínculo
profundo con las creencias personales, lo cual la hacía vulnerable a la variación según los
cambios de gobierno. Cuando la República colapsó, la figura del emperador emergió con un
estatus casi divino, lo que llevó a la divinización de ciertos emperadores destacados
después de su muerte.
El imperio helenístico de Alejandro había transformado las ciudades-estado en una unidad
territorial en la que los ciudadanos libres se desligaron del gobierno directo, promoviendo
así una exploración individual de la identidad y responsabilidad personal. Estas nuevas
asociaciones religiosas comenzaron a tender hacia un monoteísmo emergente en el cual se
buscaba no solo un dios, sino al único Dios.

En este contexto, el judaísmo presentaba un contraste notable. Los judíos no solo creían en
un Dios, sino en el Dios único, y habían defendido esta creencia monoteísta a lo largo de
milenios. Sin embargo, el judaísmo también era una religión que imponía mandatos y
prohibiciones, lo que presionaba intensamente al individuo en su observancia de la ley.
Además, los judíos se percibían a sí mismos como un "homo religiosus" al servicio de un
propósito divino, con una concepción de la historia como una narrativa guiada por Dios. La
ética judía y sus sistemas de ayuda comunitaria eran admirados y eventualmente imitados
por las primeras comunidades cristianas, lo cual facilitó la expansión del cristianismo en las
ciudades.

“ Los judíos con su antigua y firme tradición del monoteísmo tenían mucho que ofrecer a un
mundo que buscaba un Dios seguro y único. Aunque su ética era en ciertos aspectos más
atractiva que su teología. Se admiraba a los judíos por la estabilidad de su vida familiar, por
su adhesión a una castidad que coexistía con la prevención de los sexos del celibato, por la
por las relaciones impresionantes que mantenían entre hijos y padres, por el valor peculiar
que asignaban a la vida humana, por su aborrecimiento del robo y sus escrupulosidad en
los negocios.Aún más sorprendentemente era un sistema de beneficencia comunitaria.
Siempre habían mantenido la costumbre de remitir fondos a Jerusalén para ayudar al
mantenimiento del templo y el auxilio a los pobres. Particularmente durante el período de
Herodes ,el Rey de los judíos, también desarrollaron en las grandes ciudades de la
diáspora complicados servicios de bienestar social para los indigentes,los pobres, los
enfermos, las viudas y los huérfanos, los prisioneros y los incurables.” ( Paul Johnson)

No obstante, el judaísmo tenía ciertas ambigüedades teológicas: no contaba con una


cosmología clara ni una teoría coherente sobre la naturaleza de Dios, lo cual limitaba la
comprensión de su relación con la humanidad. Las divisiones y las corrientes internas de las
comunidades judías y helenísticas también reflejan esta diversidad de creencias.

“En ciertos aspectos el judaísmo era sumamente inestable sin duda fisíparo. Tenía huecos.
Los judíos habían retomado de los griegos su teoría de la naturaleza. No hay una verdadera
cosmología en el Antiguo Testamento, no era del todo claro para los judíos el lugar ocupaba
exactamente Dios en relación con el hombre ya sea en el espacio o en el tiempo. Satán
rara vez se manifestaba de modo que no era posible considerarlo el agente causal del
pecado y solo unos pocos judíos aceptaban la explicación oriental de dos mundos gemelos
del bien y del mal enredados en Perpetuo combate. Todos los judíos reconocían la
existencia de los Ángeles seres intermedios que formaban un riguroso orden jerárquico. Sin
embargo, a decir verdad no tenían una teoría de Dios. Ellos sabían que Dios hacía cosas:
había creado el mundo lo guiaba eligió a Israel formuló la ley: pero no estaba claro por qué
existía o cuál era el propósito o su ambición final [...] la ley era Dios; de modo que no había
espacio para la gracia y un hombre podía salvarse solo a través de las buenas obras [...] “

Dentro de las comunidades cristianas, los primeros textos evangélicos se superpusieron con
la tradición oral y con los escritos de los Padres de la Iglesia, produciendo una compleja red
de versiones que reflejaban tanto controversias doctrinales como un esfuerzo por transmitir
el mensaje evangélico. Los evangelios, inicialmente difundidos en griego coloquial y hebreo,
contienen innumerables oportunidades de malinterpretación debido a las diferencias
lingüísticas y contextuales.

Así, las epístolas auténticas de Pablo se consideran fuentes primarias sin una "lente
editorial deformante". A diferencia de los evangelios, que fueron influenciados por el
contexto y la transmisión oral, Pablo narra su visión sin intermediarios.

“ [...] se ha dicho que el evangelio de Marcos es un libro de epifanía secreta, así como de
pantallazos misteriosos de una manifestación de la divinidad más que una explicación
coherente del fenómeno de Jesucristo.[...] Independientemente uno del otro Mateo y Lucas
escribieron sus propias narraciones. Es evidente que consideraron insatisfactoria la obra de
Marcos tanto en general como desde el punto de vista de sus intereses particulares.[...]
esta situación no debe verse como un fraude intencional en estas invenciones evidentes
pues no se tuvo la intención de engañar y adultera la verdad[...] Así un escriba, honesto que
quería sinceramente que la doctrina de la Trinidad era verdadera atribuida sencillamente a
accidente u omisión que no se le explicará en 1 Juan y por lo tanto entendía que era su
deber corregir el asunto. Los escribas no hacían más que trabajar constructivamente por la
causa de la verdad ,de la verdad que ellos comprenden.”

El cristianismo naciente enfrentó desafíos inherentes a la interpretación del mensaje de


Jesús. Los apóstoles, aunque no siempre comprendían plenamente sus enseñanzas,
comenzaron a predicar con la convicción de que Jesús había resucitado y les había
otorgado el poder para hacerlo. La enseñanza de Jesús, que inauguraba una religión
basada en el diálogo y la experimentación, presentaba una tensión constante entre el rigor
de la ley y el antinomianismo, entre el sufrimiento y la esperanza.

En este delicado trasfondo político y religioso, Jesús debía presentar una doctrina de
salvación a través del amor, el sacrificio y la fe, enraizada en la tradición judía pero también
accesible a un público más amplio. Aunque irradiaba autoridad, su misión era distinta de un
liderazgo militar o político. En su lugar, fundó un nuevo tipo de "reino", uno basado en la
alegría y la esperanza de la redención espiritual.

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