HECTOR BERLIOZ (1803-1869)
Sinfonía fantástica, op. 14
La Sinfonía fantástica, compuesta por el compositor francés Hector Berlioz, se estrenó en París en
1830, en plena época romántica, y es una de las sinfonías más importantes de todo el siglo XIX.
Esta pieza pertenece al género de “música programática”, es decir, música que cuenta con un
programa detallado, narra una historia, describe un entorno literario, al igual que la música de una
ópera.
Como otras muchas obras románticas, la inspiración de esta obra fue el amor no correspondido que
Berlioz sintió por una actriz irlandesa, Harriet Smithson. El artista se enamoró locamente de ella y
fruto de esta pasión decidió componer esta sinfonía, una especie de autobiografía romántica; en
realidad el título de la obra es: “Sinfonía fantástica, episodio de la vida de un artista” (el artista,
claro está, era el propio Berlioz…)
La obra se divide en cinco partes o movimientos (¡recuerda que no hay que aplaudir hasta el final,
hasta el quinto movimiento!)
Argumento
La Sinfonía fantástica narra los sueños de un músico que, tras ser rechazado en el amor, recurre al
opio y que constantemente tiene la imagen y el recuerdo de su amada mediante una melodía, la
idea fija, imagen obsesiva de la amada del héroe, y que aparece en todos los movimientos:
1. Ensueños y pasiones
El joven músico, afectado por la “ola de pasiones”, se enamora de una bella mujer.
Su obsesión es tal que constantemente tiene la imagen de su amada; todos los delirios de la
pasión se apoderan de él mediante una “idea fija”, cuya melodía personifica a la mujer amada.
La partitura comienza con una introducción lenta, como un “ensueño melancólico”, eco de un
amor ideal.
Pronto aparece la idea fija en los violines (5´25´´), que se va a repetir en este movimiento en 2
ocasiones más (7´00´´ y 9´38´´).
Casi al final, la idea fija aparece más rápida y tocada por toda la orquesta en fortíssimo (12´36
´´).
2. El baile
La pieza es un bello movimiento de vals, de gran elegancia, en el que el músico sueña que está
en un baile, en una fiesta. En medio del jolgorio, la idea fija aparece de nuevo, de repente, como
un fantasma (2´06´´).
Es de destacar la importancia que da Berlioz a las arpas, que tienen gran protagonismo en este
movimiento.
3. Escena en el campo
La escena campestre comienza con un dúo de instrumentos de viento situados detrás del
escenario (oboe y corno inglés), que representan un diálogo de dos pastores con sus caramillos.
El compositor logra, con este comienzo, crear una atmósfera bucólica extraordinaria.
Seguidamente aparece una bella melodía de la cuerda (2´13´´), expresión de los sueños de
ternura y esperanza del joven músico; entre cantos de pájaros (6´19´´) esta melodía vuelve a
repetirse por los violoncelos, con un carácter más apasionado (6´27´´).
De repente aparecerá la idea fija, un poco más contrastada, interpretada por el oboe y la flauta (8
´00´´).
En la parte final de este adagio hay un pasaje para solo de corno inglés y cuatro timbales,
destinados a “sugerir” un gran trueno lejano que anuncia tormenta (14´32´´).
4. Marcha de la ejecución
El músico sueña que ha matado a su amada y que le llevan a la guillotina.
En el comienzo se va creando una atmósfera de tensión, ya que al músico se lo llevan para
ejecutarlo; inmediatamente aparece una melodía que destaca por su carácter de pendiente
vertiginosa y su ritmo lleno de “malos presagios”, que simboliza la fatalidad del futuro desenlace
(0´27´´).
El tema o melodía principal de esta marcha es una fanfarria (pieza interpretada por instrumentos
de viento metal para anunciar una ceremonia, en este caso la ejecución del protagonista), donde
las trompetas tienen mucha importancia (1´38´´).
La idea fija aparece brevemente en el atril del clarinete (6´20´´), reapareciendo como el último
pensamiento de amor del compositor, interrumpido por el implacable acorde fortíssimo que toca
toda la orquesta, que representa la caída de la cuchilla de la guillotina (6´28´´).
Este movimiento, de una instrumentación brillante y capaz de estremecer al oyente, fue repetido
el día del estreno a petición del público.
5. El sueño de una noche de aquelarre
Entre ruidos extraños, gemidos y risotadas el protagonista se ve en su propio funeral durante un
aquelarre.
Es la última parte de la sinfonía, la más desenfrenada, la más visionaria, sometida a las
alucinaciones del opio.
Hay una introducción misteriosa y pronto aparece un recuerdo de la idea fija (1´28´´), esta vez
grotescamente interpretada por el pequeño clarinete en mi bemol, que se convierte en el punto de
partida de una acción de delirio.
Es la última aparición de la idea fija, convertida en una danza grotesca y que da pie a una “orgía
diabólica”, mientras se celebra el funeral (1´47´´).
Tres toques de campana resonando en el silencio (3´00´´) dan de nuevo el toque fúnebre que se
mezcla con el “Dies Irae”, pieza religiosa que se incluye en los réquiems o misas de difuntos,
interpretada por el viento metal (3´27´´).
Pronto aparece la “danza de las brujas”, que representa a los seres malvados en torno al cadáver
del protagonista (5´22´´).
Al final del movimiento se mezclan la “danza de las brujas” y el “Dies Irae”, en un auténtico
frenesí sonoro (8´08´).