La Alquimia
Pocos términos hay más evocadores de lo misterioso, lo
secreto, lo oculto, que la palabra alquimia. Laboratorios
siempre en penumbra, matraces en los que hierven líquidos
glaucos, vapores opalinos que dispersan la tenue luminosidad
que proviene de los hornos, alquimistas dentro de un territorio
de fantasía y magia
Alquimia proviene del árabe al-khimiya, que a su vez deriva del griego khumeia,
que significa “verter juntos” o “fusionar” así, este término también podría
traducirse como: “el arte de la transmutación”.
La alquimia es una antigua disciplina filosófica y protocientífica que se practicó
durante miles de años, desde la Antigüedad hasta el siglo XVIII. Aunque hoy se
considera una pseudociencia, su impacto en el desarrollo de la química moderna
es innegable. Los alquimistas buscaban comprender los misterios de la
naturaleza, estudiar la materia y descubrir formas de transformar elementos en
sustancias de mayor valor, como el oro, la plata, las gemas… Creían que se
podían recrear si se encontraba la combinación correcta de ingredientes y
métodos transformadores.
Historia de la alquimia: ¿de dónde proviene?
A lo largo de los siglos, la alquimia tuvo dos grandes ramas: la oriental y la
occidental. La alquimia oriental, originaria de China e India, estaba
estrechamente relacionada con el taoísmo y posee en el cuerpo de textos de
esta antigua religión su mayor conjunto bibliográfico.
A diferencia de la variante occidental, centrada en los materiales, la alquimia
china fue una especie de potro-farmacología. Es posible que la pólvora fuera uno
de sus grandes descubrimientos, y la búsqueda del elixir de la inmortalidad su
gran cometido.
Por otro lado, la alquimia occidental, nacida en Egipto, fue influenciada por la
tradición hermética, que se basaba en los escritos de Hermes Trismegisto. Esta
tradición fue reinterpretada a la luz de las visiones griegas pitagórica, jonista y
gnóstica, que proponían respectivamente la explicación del universo a partir de
los números, la concentración de los fenómenos naturales, la adoración de un
cosmos imperfecto y la transmutación de materiales.
El auge de la alquimia en el mundo islámico durante la Edad Media fue
fundamental para el desarrollo de la química. Los alquimistas musulmanes,
como Al-Biruni y Yabir ibn Hayyan, realizaron importantes avances en el estudio
de los materiales y la farmacología, lo que permitió la reintroducción de sus
conocimientos en Europa, sentando las bases para el futuro surgimiento de la
ciencia química.
Recetas y equipo de alquimia
Los antiguos alquemistas tenían una estrategia
doble para transformar sustancias ordinarias
en materiales preciosos. La primera era
eliminar lo que se consideraban ciertas
“características” o “impurezas”, de un metal en
particular, para dejar una versión más pura. La
segunda era combinar sustancias diferentes
para crear un nuevo material, o por lo menos
una nueva versión coloreada en una especie
de ejercicio de cocina química.
Su equipo incluía crisoles donde se calentaban
las sustancias, hornos miniatura, tubos y vasos
de vidrio y aparatos para la destilación.
De esta manera, los bancos de trabajo de los alquemistas fueron realmente los
primeros laboratorios químicos. Sin embargo, muy amenudo había un elemento
místico en los procedimientos. Muchos alquemistas no sólo creían que se tenía
que lograr la combinación correcta de sustancias sino que también los
experimentos debían ser conducidos en momentos determinados. Los
horóscopos, los hechizos y los encantamientos podrían formar parte del arsenal
de conocimientos del alquimista.
¿Cómo trabaja el alquimista?
La primera operación que debe llevar a buen término es la preparación y
purificación de los elementos. Para eso usará tres de ellos: un mineral de hierro,
una pirita arseniosa y un ácido orgánico, todos estos serán mezclados y así
durará varios meses. Una vez pasado ese tiempo el alquimista debera calentar
el preparado de una forma progresiva teniendo extremo cuidado de no liberar
gases tóxicos y así no atribuir una muerte mas de muchos alquimistas
descuidados. La mezcla así preparada se disuelve después mediante un ácido
luego se procede a purificar la mezcla, esto se consigue evaporando la parte
líquida y calcinando después la sólida una y otra vez. Este lento y continuado
evaporar y calcinar, una y otra vez, marca el final de la primera fase de las
operaciones. ¿Cuándo se llega a este final? Los libros de la alquimia no son
tampoco explícitos solo se dice que el ciclo se repite el cual puede durar meses,
años… hasta que se descubra, en la mezcla, la presencia de alguna Señal.
Símbolos en la alquimia
Así como los químicos actuales trabajan con la tabla periódica, los alquimistas
escribían sobre su labor apoyándose en el uso de símbolos. Estos variaban de
acuerdo con la región en la cual se empleaban y con las creencias que se
seguían. Por lo general, los símbolos representaban a los elementos, los
procesos, los planetas y las unidades de
medida.
El triángulo era la figura geométrica que se
dibujaba para los cuatro elementos básicos
— agua, aire, fuego y tierra —, los cuales
variaban al estar invertidos o con una línea
que los atravesaba de forma horizontal. Por
otra parte había tres elementos considerados
como la materia prima de nuestra
composición, los cuales eran mercurio, sal y
azufre.
El primero representaba a la mente; el segundo, al cuerpo; y el último al alma. A
su vez, cada uno de los siete planetas (aquellos que podían observarse desde
la Tierra) contaba con un tipo de metal asociado a ellos. Estos eran: oro (Sol),
mercurio (Mercurio), cobre (Venus), plata (Luna), hierro (Marte), plomo (Saturno)
y estaño (Júpiter).
Los alquimistas llevaban a cabo 12 procesos diferentes dentro de su labor e
identificaban a cada uno de ellos con el símbolo de un signo del zodiaco. Antes
se creía que estos procedimientos eran esenciales para lograr transmutar una
sustancia y, como te darás cuenta, algunos aún se utilizan en las ciencias e
incluso en el hogar.
La legendaria piedra filosofal
A pesar de su nombre, la piedra filosofal no era
necesariamente una roca, sino una sustancia de
naturaleza indefinida que tendría la capacidad de
transformar metales básicos en preciosos a través de
un proceso llamado crisopea o argiropea (cuyo
significado en griego es, respectivamente, “creación
de oro” y “creación de plata”).Esto se conseguía
supuestamente fundiendo el metal original y
mezclándolo con un fragmento de piedra filosofal,
cuyo contacto lo transformaría en oro o plata.
La búsqueda de esta piedra fue uno de los mayores retos de los alquimistas,
quienes creían que encontrarla sería el paso hacia la perfección espiritual y
material. La Piedra Filosofal se convirtió en un símbolo de iluminación, sabiduría
y trascendencia, representando la unión entre lo físico y lo divino.
El elixir de la vida eterna
Más que sus supuestos poderes transformadores, el principal interés que
despertaba provenía de tratados de filósofos de la Grecia clásica que hablaban
de una panacea, es decir, una medicina para todos los males, que se obtenía
preparando una infusión con polvo de piedra filosofal. Algunos la definían incluso
como una especie de elixir que podía alargar la vida, con descripciones tan
fantasiosas como que al beberla se caía la piel, el pelo y las uñas. Los más
aventurados incluso afirmaban que después de beber el líquido ya no se
necesitaba ingerir ningún alimento y el individuo se volvía inmortal