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Lección 03 - Un Comienzo Difícil - Escuela Sabática

La lección aborda el desafío que enfrentó Moisés al cumplir el mandato de Dios de liberar al pueblo de Israel de Egipto, destacando la resistencia del faraón y las dificultades iniciales que aumentaron el sufrimiento del pueblo. A pesar de la frustración de Moisés y la incredulidad de los israelitas, Dios reafirma su compromiso de liberación y establece su relación de pacto con ellos. La narrativa ilustra la importancia de confiar en Dios en medio de pruebas y la necesidad de perseverar a pesar de las adversidades.

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Lección 03 - Un Comienzo Difícil - Escuela Sabática

La lección aborda el desafío que enfrentó Moisés al cumplir el mandato de Dios de liberar al pueblo de Israel de Egipto, destacando la resistencia del faraón y las dificultades iniciales que aumentaron el sufrimiento del pueblo. A pesar de la frustración de Moisés y la incredulidad de los israelitas, Dios reafirma su compromiso de liberación y establece su relación de pacto con ellos. La narrativa ilustra la importancia de confiar en Dios en medio de pruebas y la necesidad de perseverar a pesar de las adversidades.

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Lección 3: Para el 19 de julio de 2025

UN COMIENZO DIFÍCIL
Sábado 12 de julio

LEE PARA EL ESTUDIO DE ESTA SEMANA: Éxodo 5:1-23; Apocalipsis 11:8; Éxodo
6:1-13; Salmos 73:23-26; 2 Corintios 6:16; Éxodo 6:28-7:7.

PARA MEMORIZAR:
“Después Moisés y Aarón se presentaron ante Faraón, y le dijeron: El Señor, el Dios
de Israel, dice así: ‘Deja ir a mi pueblo a celebrarme fiesta en el desierto’. Y Faraón
respondió: ‘¿Quién es el Señor para que yo obedezca su voz y deje ir a Israel? Yo no
conozco al Señor, ni tampoco dejaré ir a Israel’ ” (Éxo. 5:1, 2).

M uchos creyentes piensan que seguir a Jesús trae consigo solo felici-
dad, prosperidad y éxito. Sin embargo, eso no es necesariamente así,
como la propia Biblia muestra a menudo. A veces aparecen muchos
obstáculos y nuevas dificultades. Esto puede resultar muy frustrante y suscita
preguntas que no siempre tienen respuestas sencillas o, al parecer, ninguna.
Quienes confían en Dios se enfrentarán a numerosas pruebas. Sin embargo,
cuando perseveramos, Dios nos provee soluciones en el momento correcto y
en sus términos. Sus caminos pueden entrar en conflicto con nuestras expec-
tativas de soluciones rápidas o instantáneas, pero debemos aprender a confiar
en él a pesar de todo.
El tema de esta semana es la orden dada a Moisés de sacar de Egipto al pueblo
de Dios, un llamado que no podía ser más claro, ya que incluyó milagros y la
comunicación verbal directa de Dios diciéndole exactamente qué quería que
hiciera.
Debería haber resultado sencillo para Moisés, ¿verdad?
Sigue leyendo.

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Lección 3 | Domingo 13 de julio

¿QUIÉN ES EL SEÑOR?
Tras las órdenes de Dios, Moisés se presenta ante el faraón para iniciar el
proceso en virtud del cual él sacaría de Egipto al pueblo de Dios (Éxo. 3:10).

¿Cuál fue la respuesta del faraón a la exigencia divina: “Deja ir a mi


pueblo” (ver Éxo. 5:1, 2) y qué es lo significativo de su respuesta?

“¿Quién es el Señor?”, declara el faraón, no con el deseo de conocerlo, sino


como un acto de desafío o incluso de negación de Dios, a quien admite que no
conoce.
“Yo no conozco al Señor”, dice, casi como un alarde.
¿Cuántas personas han dicho lo mismo a lo largo de la historia? Cuán trá-
gico es eso porque, como dijo el mismo Jesús: “Y esta es la vida eterna, que te
conozcan a ti, el único Dios verdadero, y a Jesucristo, a quien tú has enviado”
(Juan 17:3).
Egipto, con el faraón como rey, representa un poder que niega la presencia
y la autoridad de Dios. Es una entidad que se opone a Dios, a su Palabra y a su
pueblo.
La siguiente declaración del faraón (“tampoco dejaré ir a Israel”) pone aún
más de manifiesto esta rebelión contra el Dios vivo, convirtiendo a Egipto en un
símbolo no solo de la negación de Dios, sino de un sistema que lucha contra él.
No es de extrañar que muchos vieran esta misma actitud, milenios después,
en la Revolución Francesa (ver también Isa. 30:1-3; Apoc. 11:8). El faraón creía ser
una deidad o el hijo de un dios, claro ejemplo de la pretensión de que el poder,
la fuerza y la inteligencia propios son supremos.
“De todas las naciones mencionadas en la historia bíblica, fue Egipto la que
con más osadía negó la existencia del Dios vivo y resistió sus mandatos. Ningún
monarca se aventuró jamás a rebelarse tan osada y altaneramente contra la au-
toridad del Cielo como el rey de Egipto. Cuando se presentó Moisés ante él para
comunicarle el mensaje del Señor, el faraón contestó con arrogancia: ‘¿Quién
es Jehová, para que yo oiga su voz y deje ir a Israel? Yo no conozco a Jehová, ni
tampoco dejaré ir a Israel’ (Éxo. 5:2). Esto es ateísmo; y la nación representada
por Egipto iba a oponerse de un modo parecido a la voluntad del Dios vivo, y
manifestaría el mismo espíritu de incredulidad y provocación” (Elena de White,
El conflicto de los siglos, p. 312).

Si alguien te preguntara si conoces al Señor, ¿qué le responderías? Si tu respuesta


fuera afirmativa, ¿cómo lo describirías y por qué?

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Lunes 14 de julio | Lección 3

UN COMIENZO DIFÍCIL
Aunque Moisés vislumbraba sin duda cuán difícil era lo que el Señor le había
encomendado (de allí su renuencia), probablemente no tenía siquiera idea de
lo que le esperaba.

Lee Éxodo 5:3 al 23. ¿Cuáles fueron los resultados inmediatos del primer
encuentro de Moisés y Aarón con el faraón?

Incluso antes de presentarse ante el faraón, Moisés y Aarón reunieron a los


ancianos y al pueblo de Israel, les refirieron las palabras de Dios e hicieron ante
ellos las señales sobrenaturales de origen divino, lo que hizo que Israel creyera
que el Señor los liberaría de su esclavitud. Como resultado, adoraron al Señor
(Éxo. 4:29-31). Las expectativas eran grandes: el Señor iba a liberar por fin al
pueblo hebreo de su esclavitud.
Moisés presentó entonces al rey de Egipto las exigencias de Dios, y las cosas
empeoraron para los israelitas. Su sufrimiento aumentó, y su trabajo diario se
hizo más pesado y exigente. Se los acusó de ser perezosos, se los trató con más
dureza y su servicio se hizo más difícil de lo que ya había sido.
En consecuencia, los líderes del pueblo no estaban contentos, y el enfrenta-
miento entre ellos y Moisés y Aarón fue desagradable, algo que, como veremos
más adelante, presagiaba el tipo de conflictos que Moisés tendría con su propio
pueblo en los años venideros.

Lee Éxodo 5:21 y ponte luego en el lugar de estos hombres cuando con-
frontaron a Moisés y a Aarón. ¿Por qué dijeron eso?

No es tan difícil entender por qué se habían airado contra Moisés (“Que el
Señor los examine y juzgue”, dijeron). Pensaban que Moisés venía a liberarlos
de los egipcios, no a hacer el yugo de su servidumbre aún más difícil.
Así, además de lidiar con los egipcios, Moisés y Aarón tuvieron que hacerlo
también con su propio pueblo.

¿Cuáles son algunas de las mejores maneras de tratar con los líderes de la iglesia
local cuando surgen desacuerdos, como inevitablemente sucede?

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Lección 3 | Martes 15 de julio

EL DIVINO “YO”
Pobre Moisés. Primero es reprendido por el faraón, y ahora su propio pueblo
no hace más que maldecirlo.
Así, pues, Moisés presenta su queja a Dios. En su amargura y decepción por
el empeoramiento de las condiciones de Israel, le dice: “¿Por qué tratas tan mal
a este pueblo? ¿Para esto me enviaste? Desde que me presenté ante el faraón y
le hablé en tu nombre, no ha hecho más que maltratar a este pueblo, que es tu
pueblo. ¡Y tú no has hecho nada para librarlo!” (Éxo. 5:22, 23, NVI). El descon-
tento de Moisés con el Señor es obvio y comprensible en vista de la situación.
La respuesta de Dios, sin embargo, es contundente. Él actuará, y de manera
muy decidida. “Ahora verás lo que voy a hacer con el faraón” (Éxo. 6:1, NVI).

Lee Éxodo 5:22 a 6:8. ¿Cuál es la respuesta de Dios a Moisés y qué im-
portantes verdades teológicas se destacan aquí?

Dios ya no solo hablará; ahora intervendrá poderosamente en favor de su


pueblo. El Señor le recuerda a Moisés algunos hechos pertinentes: (1) Yo soy
el Señor; (2) me aparecí a los patriarcas; (3) establecí mi pacto con ellos; (4) he
prometido darles la tierra de Canaán; (5) he oído el gemido de los hijos de Israel;
y (6) me he acordado de mi compromiso de darles la Tierra Prometida.
Nótese la repetición del pronombre “yo” aplicado por Dios a sí mismo
(vers. 2, 6): Yo, el Señor tu Dios, he hecho tal y tal cosa, y por eso puedes confiar
en que yo haré por ti lo que te he prometido.
El Señor proclama ahora solemnemente que hará cuatro grandes cosas por
Israel porque él es su Señor viviente: (1) “Voy a quitarles de encima la opresión
de los egipcios”; (2) “voy a librarlos de su esclavitud”; (3) “voy a liberarlos con
gran despliegue de poder y con grandes actos de justicia”, y (4) “haré de ustedes
mi pueblo; y yo seré su Dios” (Éxo. 6:6, 7, NVI).
Estas cuatro acciones divinas aseguran y restablecen su relación con su
pueblo. Dios es el sujeto de todas estas actividades, y los israelitas son los des-
tinatarios de todos estos beneficios y de su gracia. Dios ofrece estos dones
gratuitamente y por amor. Lo hizo entonces en favor de ellos y lo hace ahora
en nuestro favor.

¿Qué otros personajes de la Biblia se quejaron ante Dios con buenas razones?
¿Por qué es correcto que a veces derrames tu alma ante Dios e incluso te quejes
de tu situación? ¿Por qué, sin embargo, debes hacerlo siempre con fe y confianza?

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Miércoles 16 de julio | Lección 3

LABIOS INCIRCUNCISOS
En efecto, el Señor había hecho a Moisés algunas poderosas promesas acerca
de lo que haría. Aunque aquel encuentro animó, sin duda, a Moisés, probable-
mente su ánimo duró poco dada la respuesta que recibió del pueblo.

Lee Éxodo 6:9 al 13. ¿Qué sucedió después y qué lecciones podemos
extraer de esta historia acerca de los momentos de decepción y lucha en
nuestra vida?

Los hebreos estaban tan descorazonados por su dolor, sufrimiento y duro


trabajo que no escuchaban las palabras de Moisés, quien les aseguró que Dios
intervendría para cumplir lo que prometió. Habían esperado tanto tiempo sin
ver cumplidas sus expectativas. ¿Por qué habría de ser diferente ahora? Estaban
perdiendo el ánimo y la esperanza, algo tanto más triste por cuanto aquella era
tal vez la primera ocasión en la que habían tenido una esperanza fundada de
liberación.
¿Quién no ha estado en una situación similar? ¿Quién no se ha sentido en
algún momento deprimido, decepcionado, insatisfecho e incluso abandonado
por Dios?
¿Recuerdas la historia de Job? ¿Y la de Asaf, un salmista que luchaba con
sus preguntas acerca de la prosperidad de los malvados y el sufrimiento de los
justos? Sin embargo, a pesar de sus luchas, Asaf dio expresión a una de las más
bellas confesiones de fe: “Pero yo siempre estoy contigo, pues tú me sostienes
de la mano derecha. Me guías con tu consejo, y más tarde me acogerás en gloria.
¿A quién tengo en el cielo sino a ti? Si estoy contigo, ya nada quiero en la tierra.
Podrán desfallecer mi cuerpo y mi espíritu, pero Dios fortalece mi corazón; él
es mi herencia eterna” (Sal. 73:23-26, NVI).
A través de la historia sagrada, Dios ha asegurado a su pueblo que él está con
ellos (Isa. 41:13; Mat. 28:20). Él les da su paz, su consuelo, y los fortalece para
superar los desafíos de la vida (Juan 14:27; 16:33; Fil. 4:6, 7).
La declaración pactual: “Los haré mi pueblo y seré su Dios” (Éxo. 6:7) expresa
la relación íntima que el Señor desea tener con ellos.
Piensa en la declaración “los haré mi pueblo y seré su Dios” (Éxo. 6:7). Aunque
el contexto de ella es corporativo, ¿cómo se aplica a cada uno de nosotros indi-
vidualmente y cómo debería esa relación ponerse de manifiesto diariamente
en nuestra vida? (Ver también 2 Cor. 6:16).

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Lección 3 | Jueves 17 de julio

COMO DIOS PARA FARAÓN


Lee Éxodo 6:28 a 7:7. ¿Cómo responde el Señor a la objeción de Moisés?

Dios se presenta a Moisés como Yahvé, lo que significa que es el Dios per-
sonal y cercano, el Dios de su pueblo, el Dios que entabló una relación de pacto
con ellos.
Este Dios cercano vuelve a ordenar a Moisés que vaya a hablar con el faraón.
Sin confianza en sí mismo, Moisés vuelve a objetar: “¿Cómo me oirá Faraón?”
Aquí podemos ver de nuevo no solo la humildad de Moisés, sino también su
reiterado deseo de librarse de la tarea, que hasta ahora no había sido exitosa.
“Cuando Dios ordenó a Moisés que se presentara de nuevo ante el faraón,
Moisés manifestó desconfianza en sí mismo. El término aral sefataim (lit. ‘in-
circunciso de labios’ [RVA]), que se usa aquí para expresar la torpeza oratoria
de Moisés (6:12, 30), es similar al que aparece en Éxo. 4:10, ‘tardo en el habla’ ”
(Comentario bíblico Andrews [Florida: ACES, 2024], t. 1, p. 242).
En su misericordia, Dios hace que Aarón ayude a Moisés. Este hablará a
Aarón, quien a su vez hablará públicamente al faraón. Así, Moisés desempeñará
el papel de Dios ante el rey egipcio, y Aarón será su profeta.
Este relato proporciona una excelente definición del papel de un profeta
como vocero de Dios. Es decir, como su representante para transmitir e inter-
pretar la palabra dirigida por Dios al pueblo. Así como Moisés habló con Aarón
y este con el faraón, Dios se comunica con un profeta, quien luego proclama la
enseñanza de Dios al pueblo, ya sea verbalmente y en persona o, como era más
frecuente, mediante el registro escrito del mensaje recibido.
Dios también explica a Moisés lo que puede esperar de los encuentros con
el faraón. Le advierte que el enfrentamiento será intenso y prolongado, y le re-
calca por segunda vez que el faraón será muy terco y que endurecerá su corazón
(Éxo. 4:21; 7:3). Sin embargo, el resultado será positivo, ya que “sabrán los egipcios
que yo soy el Señor” (Éxo. 7:5, NVI). Es decir, Dios será glorificado incluso en
medio del caos que sobrevendrá.

Moisés ya no tuvo excusas para negarse a hacer lo que Dios le encomendó. ¿Qué
excusas podríamos presentar nosotros para intentar librarnos de lo que sabemos
que Dios quiere que hagamos?

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Viernes 18 de julio | Lección 3

PARA ESTUDIAR Y MEDITAR:


Lee el capítulo titulado “Las plagas de Egipto” en el libro Patriarcas y profetas,
de Elena de White, pp. 262-269.
Nota cómo empeoraron las cosas para Moisés y su pueblo después de que
este se presentó por primera vez ante el faraón:
“El rey, lleno de ira, sospechaba que los israelitas tenían el propósito de rebe-
larse contra su servicio. El descontento era el resultado de la ociosidad; trataría
de que no tuvieran tiempo para dedicarlo a proyectos peligrosos. Inmediata-
mente dictó medidas para hacer más severo su trabajo y aplastar el espíritu de
independencia. El mismo día, ordenó hacer aún más cruel y opresiva su labor.
En aquel país, el material de construcción más común eran los ladrillos se-
cados al sol; las paredes de los mejores edificios se construían de este material,
y luego se recubrían de piedra; y la fabricación de los ladrillos requería una gran
cantidad de siervos. Como el barro se mezclaba con paja, para que se adhiriera
bien, se requerían grandes cantidades de este último elemento; el rey ordenó
ahora que no se suministrara más paja; que los obreros debían buscarla ellos
mismos, y esto exigiéndoseles que fabricaran la misma cantidad de ladrillos.
Esta orden causó gran consternación entre los israelitas por todos los ám-
bitos del país. Los comisarios egipcios habían nombrado a capataces hebreos
para dirigir el trabajo del pueblo, y estos capataces eran responsables de la
producción de quienes estaban a su cargo. Cuando la exigencia del rey se puso
en vigor, el pueblo se diseminó por todo el país para recoger rastrojo en vez de
paja; pero les fue imposible realizar la cantidad de trabajo acostumbrada. A
causa del fracaso, los capataces hebreos fueron azotados cruelmente” (Elena
de White, Patriarcas y profetas, pp. 263, 264).

PREGUNTAS PARA DIALOGAR:


1. Piensa en alguna ocasión en la que aceptaste un llamado de Dios y las
cosas no comenzaron bien o no resultaron de la mejor manera. ¿Qué lec-
ciones aprendiste de esa experiencia? Comparte con otros tu experien-
cia acerca de cómo intervino Dios en tu vida cuando le pediste ayuda o
cuando no esperabas su intervención. ¿Cómo podemos creer en la bon-
dad de Dios cuando suceden cosas malas, incluso a quienes confían en
él? ¿Qué dirías a alguien que declara: “No conozco al Señor”? En caso de
que esa persona no expresara eso como un desafío sino como una reali-
dad en su vida, ¿qué podrías hacer para ayudarla a “conocer al Señor” y
explicarle por qué es eso importante?

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