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Lección 13 - El Tabernáculo - Escuela Sabática

La lección se centra en la importancia del Tabernáculo y el sábado en la relación del pueblo de Dios con Él, destacando cómo el Tabernáculo simboliza la cercanía de Dios y su deseo de habitar entre los humanos. Se enfatiza que el sábado es un recordatorio de la creación y la salvación, y que la generosidad del pueblo en la construcción del Tabernáculo refleja su gratitud hacia Dios. La presencia de Dios en el Tabernáculo y la encarnación de Cristo son vistas como manifestaciones de su deseo de estar con la humanidad.

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Lección 13 - El Tabernáculo - Escuela Sabática

La lección se centra en la importancia del Tabernáculo y el sábado en la relación del pueblo de Dios con Él, destacando cómo el Tabernáculo simboliza la cercanía de Dios y su deseo de habitar entre los humanos. Se enfatiza que el sábado es un recordatorio de la creación y la salvación, y que la generosidad del pueblo en la construcción del Tabernáculo refleja su gratitud hacia Dios. La presencia de Dios en el Tabernáculo y la encarnación de Cristo son vistas como manifestaciones de su deseo de estar con la humanidad.

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Lección 13: Para el 27 de septiembre de 2025

EL TABERNÁCULO
Sábado 20 de septiembre

LEE PARA EL ESTUDIO DE ESTA SEMANA: Éxodo 35:1-36:7; Génesis 1:1; Éxodo 36:
8-39:31; Hebreos 7:25; Éxodo 40:1-38; Juan 1:14.

PARA MEMORIZAR:
“Entonces la nube cubrió la tienda de reunión, y la gloria del Señor llenó el san-
tuario. […] Porque la nube del Señor estaba de día sobre el santuario y el fuego
estaba de noche, a la vista de toda la casa de Israel en todas sus jornadas”
(Éxo. 40:34, 38).

L a principal tarea del pueblo de Dios en el Antiguo Testamento (y la nuestra


hoy) era vivir en estrecha relación con el Señor, adorarlo, servirlo y repre-
sentarlo correctamente ante los demás (Deut. 4:5-8).
En el Jardín del Edén, Adán y Eva se escondieron de Dios porque su pecado
hizo que lo temieran. El pecado hace que los seres humanos teman a Dios, y este
temor distorsiona nuestra percepción de su carácter. La buena noticia es que
Dios tomó la iniciativa y dio el primer paso para zanjar esta brecha y reparar la
relación rota al llamar al pecador a volver a él: “¿Dónde estás?” (Gén. 3:9).
En consecuencia, nuestra misión principal es presentar correctamente el
carácter de Dios, sus actos de amor y su justicia a quienes nos rodean. Cuando
las personas se sienten atraídas por Dios y están convencidas de su amor, le
entregan su vida y hacen lo que él les pide pues reconocen que solo desea lo
mejor para ellas.
El Santuario demostró cuán cerca está Dios de la humanidad e ilustró la más
grande e importante verdad; a saber, cómo salva a quienes acuden a él con fe.

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Lección 13 | Domingo 21 de septiembre

EL SÁBADO DEL SEÑOR


Por mucho que argumenten, erróneamente, quienes se oponen a la obser-
vancia del sábado, el séptimo día de la semana, diciendo que era solo para
los judíos (el sábado fue apartado y santificado en el Edén [ver Gén. 2:1-3]); o
argumenten, también erróneamente, que los judíos oyeron hablar del sábado
por primera vez en el Sinaí (los judíos ya lo observaban antes del Sinaí [ver Éxo.
16:22-29]), no hay duda de que ese día estaba muy presente en la vida del pueblo
hebreo desde el principio.

Lee Éxodo 35:1 al 3. ¿Qué verdad fue reiterada aquí al pueblo en el con-
texto de la construcción del Santuario?

El mensaje del sábado siempre ha sido y será quién es Dios y cuáles son sus
poderosas obras. Ese día nos recuerda sus hechos como Creador y Salvador,
y centra nuestra atención en Dios, quien desea morar con su pueblo. De este
modo, el sábado y el Santuario apuntan en la misma dirección, a la presencia
de Dios en nuestra vida.
El sábado de la iglesia del Antiguo Testamento transmite un mensaje múl-
tiple. Su esencia puede ser resumida en cinco puntos cruciales:
1. Dios es el Creador. La Biblia comienza con esta asombrosa y fundamen-
tal proclamación (Gén. 1:1). El sábado es el memorial vívido de la crea-
ción realizada por Dios (Gén. 2:2, 3; Éxo. 20:8-11). De esta verdad, que Dios
es nuestro Creador, se desprenden todas las demás verdades bíblicas.
2. El Mesías vendrá. Esta esperanza se centra en la promesa de Dios acerca
de la Simiente, del Descendiente que vencería a la serpiente (Satanás) y
pondría fin al mal.
3. Dios establecerá su reino, cuyo anticipo es el sábado.
4. La salvación viene del Señor, y el pueblo de Dios da testimonio de que
Dios es su Salvador y Redentor, y que la salvación es resultado solo de
su gracia.
5. Dios es el juez último de todas las personas. Quienes lo desafían persis-
tentemente y lo rechazan no tendrán futuro, pero él concede vida eterna
por pura gracia a quienes lo aceptan como su Señor y Salvador.

Según un dicho judío: “El sábado guardó más a Israel que Israel al sábado”. Aun-
que los adventistas probablemente no diríamos eso acerca de nosotros, ¿qué pa-
pel importante cumple el sábado en la vida de nuestra familia eclesial?

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Lunes 22 de septiembre | Lección 13

LAS OFRENDAS Y EL ESPÍRITU


Lee Éxodo 35:4 a 36:7. ¿Qué importantes lecciones hay aquí para noso-
tros?

Para construir el Tabernáculo se necesitaba una gran cantidad de materiales


preciosos, y esto se consiguió gracias a las generosas donaciones del pueblo de
Dios, que dio de todo corazón, de buena gana y con alegría. Dieron oro, plata,
bronce, lino fino, piedras preciosas, telas especiales, madera de acacia, aceite
de oliva, especias y muchos otros artículos necesarios. La gente también donó
su mano de obra, pues muchos objetos específicos del Tabernáculo y su mobi-
liario debían ser elaborados mediante su trabajo artístico y diligente. Además,
los sastres debían confeccionar las vestiduras de los sacerdotes que servirían
en el Tabernáculo y las del sumo sacerdote, cuyo elaborado atuendo incluía un
pectoral y un turbante.
Dios había bendecido abundantemente a los israelitas mediante los regalos
que los egipcios les habían dado al salir de Egipto. Ahora era su oportunidad de
dar ofrendas de gratitud por el liderazgo misericordioso y poderoso de Dios. Sus
corazones fueron movidos a llevar a cabo esta obra para su gloria.
El pueblo daba con tanta alegría y abundancia que se le dijo a Moisés: “El
pueblo trae mucho más de lo que se necesita” (Éxo. 36:5). Así que Moisés tuvo
que detener sus donaciones, “pues tenían material abundante para toda la obra,
y sobraba” (Éxo. 36:7).
Mediante la guía del Espíritu Santo, Dios equipó y capacitó al pueblo para
construir con precisión el Tabernáculo. Bezaleel, Aholiab y otros fueron “llenos
[...] del Espíritu de Dios” (Éxo. 35:31), lo que significa que fueron dotados de habi-
lidades, sabiduría y conocimientos artísticos para realizar perfectamente todo
el trabajo. Era un proyecto enorme y había que hacerlo realidad exactamente
según el modelo que Dios mostró a Moisés.
Es significativo que el don del Espíritu Santo estuviera relacionado con las
diferentes habilidades y destrezas que las personas debían emplear en la cons-
trucción del Tabernáculo. Ser lleno del Espíritu no es un proceso mágico y no
significa que haya fuerzas espirituales especiales dentro de los seres humanos.
Dios capacita a sus seguidores para el avance de su causa, el cumplimiento de
su misión y para que alcancen los objetivos divinos de manera adecuada.

¿Qué dones espirituales has recibido cuando fuiste lleno del Espíritu Santo? Re-
cuerda que los dones espirituales solo pueden florecer cuando cultivas los frutos
del Espíritu en tu vida (Gál. 5:22, 23).

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Lección 13 | Martes 23 de septiembre

EL TABERNÁCULO CONSTRUIDO
Lee Éxodo 36:8 a 39:31. ¿Por qué crees que se dieron instrucciones tan
explícitas? ¿Qué nos enseña esto acerca del interés de Dios por cada detalle?

Moisés construyó el Tabernáculo cuidadosa y diligentemente según las


instrucciones que había recibido en el monte Sinaí. El texto bíblico enumera lo
siguiente: (1) el Tabernáculo, con sus diferentes telas, cortinas y partes (Éxo. 36:
8-38); (2) el Arca (Éxo. 37:1-9); (3) la mesa para los panes de la proposición (Éxo.
37:10-16); (4) el candelabro (Éxo. 37:17-24); (5) el Altar del Incienso (Éxo. 37:25-29);
(6) el Altar del Holocausto (Éxo. 38:1-7); (7) la fuente para el lavamiento (Éxo.
38:8); (8) el atrio (Éxo. 38:9-20); y (9) el material utilizado para el Tabernáculo
(Éxo. 38:21-31). Éxodo 39 describe el efod, el pectoral y otros elementos de la
vestimenta sacerdotal.
Los servicios del Tabernáculo eran lecciones visuales acerca del evangelio,
pues ilustraban todo el plan de redención. Las diversas ceremonias represen-
taban (1) cuánto aborrece Dios el pecado y cómo trata con él, (2) cómo salva a
las personas arrepentidas, (3) cuál es el destino de los malvados, y (4) cómo
asegurará Dios un futuro glorioso libre del mal.
Dos servicios diferentes, pero estrechamente relacionados, eran celebrados
durante el año en el Santuario, o Tabernáculo: el servicio diario y el anual. Este
ministerio en dos fases ilustraba cómo actúa Dios con el pecado y cómo salva
a los pecadores. A través de los servicios diarios del Santuario, Dios aseguraba
a quienes se arrepentían que perdonaba sus pecados y les ofrecía la salvación
por gracia. Para recibir este don de la salvación, era necesario realizar ciertos
sacrificios de animales cuya sangre señalaba la futura muerte del Mesías, cuya
sangre “nos limpia de todo pecado” (1 Juan 1:7). La confesión del pecado y la acep-
tación del manto de la justicia de Cristo eran el centro de este don (Sal. 32:1, 2).
De este modo, el pecador arrepentido recibía la seguridad del perdón y podía
regocijarse en la salvación.
El servicio anual, realizado durante el Día de la Expiación, demostraba cómo
erradica Dios el pecado, cómo resuelve el problema que este representa y cómo
asegura un futuro sin la existencia del mal (Lev. 16; Juan 1:29). En la actualidad,
el doble ministerio de Cristo en el Santuario celestial es otra expresión de la
obra de Dios en nuestro favor (Heb. 7:25) y traerá la solución final al problema
del mal (Dan. 7:13, 14, 22, 27; 8:14; Apoc. 21:4).
El Santuario era un lugar destinado a adorar a Dios, alabarlo y expresarle
gratitud. La adoración consiste en sostener nuestra relación con Dios, quien
invita a los creyentes a esa comunión.

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Miércoles 24 de septiembre | Lección 13

LA PRESENCIA DE DIOS EN EL TABERNÁCULO


Lee Éxodo 40:1 al 38. ¿Cómo percibían los israelitas la presencia de Dios?

El último capítulo de Éxodo (Éxo. 40) describe la dedicación del Tabernáculo,


el acontecimiento culminante de la historia de Israel en el Sinaí, y la entrega
del Decálogo.
La gloria de Dios es su santidad, su carácter y su presencia amorosa, que es la
bondad misma (Éxo. 3:5; 33:18, 19). Su presencia llenaba el Tabernáculo y se ma-
nifestaba de manera visible como la nube, la gloria, o shekiná. El libro de Éxodo
termina haciendo hincapié en la presencia divina y su conducción mediante
la nube durante el día y la columna de fuego por la noche. De una forma muy
concreta y poderosa, el pueblo hebreo iba a experimentar no solo la realidad
de Dios, sino también su presencia cercana y permanente mientras los guiaba.
Moisés erigió el Tabernáculo el primer día del primer mes del segundo año
(Éxo. 40:2, 17). También consagró todo, incluso a Aarón y a sus hijos para el
sacerdocio (Éxo. 40:9, 13-15), con el aceite de la unción. Recorrió el Lugar Santí-
simo, el Lugar Santo y el atrio, dedicando todo al Señor. Mediante este proceso,
inauguró los servicios de todo el Santuario (ver también Núm. 7:1). Moisés entró
en el Lugar Santísimo únicamente durante la inauguración del Tabernáculo. A
partir de entonces, solamente el sumo sacerdote podía ministrar allí una vez
al año, en el Día de la Expiación (Lev. 16:2, 17).
El texto bíblico afirma en tres ocasiones que la obra de Dios estaba termi-
nada: (1) al final de la semana de la Creación, Dios subraya la finalización de
sus obras (Gén. 2:1-3); (2) al terminar el Tabernáculo, el texto bíblico declara: “Y
así acabó Moisés la obra” (Éxo. 40:33); y (3) también se expresa esa idea cuando
Salomón terminó la obra del Templo (1 Rey. 7:51).
Esta conexión entre la Creación y el Santuario de Israel apunta a la dimensión
cósmica, al momento en que el Señor morará con los redimidos en la nueva
tierra, en la Nueva Jerusalén, que es “el santuario de Dios” (Apoc. 21:2, 3; com-
parar con Apoc. 22:1-4).
El hecho de que Dios llenara el Tabernáculo con su presencia (Éxo. 40:34)
fue el gran clímax de los acontecimientos que comenzaron con el nacimiento
de Moisés y continuaron con la derrota de los dioses egipcios durante las diez
plagas, con la huida de Egipto, con la derrota del ejército egipcio y, finalmente,
con la revelación de Dios en el monte Sinaí.

¿De qué maneras puedes experimentar la presencia de Dios? ¿Por qué es impor-
tante que lo hagas?

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Lección 13 | Jueves 25 de septiembre

JESÚS HABITÓ CON LA HUMANIDAD


Lee Juan 1:14. ¿Cómo es comparada la encarnación de Cristo con el Ta-
bernáculo?

La encarnación de Jesús es un misterio que los redimidos estudiarán durante


toda la eternidad. El apóstol Juan afirma que Cristo habitó con nosotros de forma
tangible al encarnarse. En virtud de la encarnación, Jesús se asemeja al Dios del
Antiguo Testamento, quien habitó con los israelitas en el Tabernáculo del Sinaí
y en el desierto mientras viajaban hacia la Tierra Prometida.
Durante su encarnación, Jesús habitó con la humanidad. ¡Qué concesión tan
insondable! El Dios eterno desciende hasta nosotros como uno de nosotros para
asegurarnos que él es verdaderamente “Emanuel, Dios con nosotros”.
En Mateo 18:20, Jesús dijo que si dos o tres se reúnen en su nombre, él estará
allí en medio de ellos. Cristo está con su pueblo en virtud de la presencia del
Espíritu Santo e invita a sus seguidores a estar en estrecha relación con él: “Yo
estoy a la puerta y llamo. Si alguno oye mi voz y abre la puerta, entraré a su casa,
y cenaré con él, y él conmigo” (Apoc. 3:20).

Lee Apocalipsis 21:1 al 3. ¿Qué se nos presenta aquí?

La Nueva Jerusalén descenderá del Cielo a la Tierra, y Juan declara: “He aquí
que el tabernáculo de Dios está con los hombres, y él habitará con ellos, y ellos
serán su pueblo. Dios mismo estará con ellos y será su Dios” (Apoc. 21:3). No hay
templo en la Nueva Jerusalén (Apoc. 21:22) porque toda la ciudad es el Templo,
el Santuario de Dios. La longitud, la anchura y la altura de la ciudad son iguales
(Apoc. 21:16), como lo era el Lugar Santísimo en el Santuario, que tenía la forma
de un cubo, con todos sus lados iguales. Esto significa que moraremos en la
presencia inmediata de nuestro Dios durante la eternidad, en un mundo sin
pecado, muerte ni sufrimiento.

¿Cómo podemos aprender a resistir hasta el final en vista de lo que se nos ha


prometido merced al ministerio y la obra de Jesús?

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Viernes 26 de septiembre | Lección 13

PARA ESTUDIAR Y MEDITAR:


Lee el capítulo titulado “El Tabernáculo y sus servicios” en el libro Patriarcas
y profetas, de Elena de White, pp. 356-372.
“La construcción del Santuario fue precedida por un acto divino de reden-
ción, a saber, la liberación de Israel del poder esclavizador de Egipto. A su vez,
este acto fue seguido por la disposición de Dios para entrar en una relación
pactual permanente con su pueblo. Sería el Dios de ellos, y ellos serían su pueblo
(Éxo. 6:7). El modo en que se relacionarían con él y unos con otros quedaba
definido por la ley del pacto. El Tabernáculo era verdaderamente un lugar de
reunión, un lugar donde se reunían Dios y los humanos. Fue solo después de
la redención y el establecimiento de una unión permanente con Dios a través
del Pacto que el pueblo tuvo acceso a Dios en su morada” (Comentario bíblico
Andrews, t. 1, p. 264).
Por su parte, Elena de White describe la finalidad de los servicios del San-
tuario: “De este modo, en el servicio del Tabernáculo, y en el del Templo que
posteriormente ocupó su lugar, se enseñaba diariamente al pueblo las grandes
verdades relativas a la muerte y el ministerio de Cristo, y una vez al año sus
pensamientos eran llevados hacia los acontecimientos finales de la gran con-
troversia entre Cristo y Satanás, la purificación final del universo del pecado y
los pecadores” (Patriarcas y profetas, p. 372).

PREGUNTAS PARA DIALOGAR:


1. El derramamiento de sangre era un elemento central de los servicios
de culto en el Santuario. Diversos tipos de animales eran sacrificados,
y su sangre era utilizada en casi todos los rituales allí realizados. ¿Qué
simbolizaba la sangre y a qué apuntaban en última instancia todos esos
sacrificios?
2. Por asombroso que fuera el hecho de que Dios, el Creador del universo,
habitara en el Santuario, en medio de su pueblo, más asombroso aún es
que viniera a habitar entre nosotros como uno de nosotros, como un ser
humano. Eso en sí mismo habría sido una asombrosa expresión de amor.
Pero ¿ofrecerse a sí mismo como sacrificio por el pecado? Es decir, ¿morir
en nuestro lugar? ¿Qué nos enseña esto acerca del carácter de Dios? ¿Qué
nos enseña, además, acerca de cuánto desea Dios vernos salvados en su
reino eterno?
3. Lee Hebreos 8:1 al 6. ¿Qué nos dice este texto acerca de cómo reflejaba el
Santuario terrenal lo que Jesús está haciendo ahora por nosotros en el
Santuario celestial?

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