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POSESIÓN

El documento aborda la posesión en el ordenamiento peruano, destacando su importancia como atributo del derecho de propiedad y su evolución a través de diferentes sistemas jurídicos. Se analizan conceptos clave como la posesión inmediata y mediata, así como las modalidades de posesión ilegítima de buena y mala fe. Además, se menciona la relevancia de la posesión en la efectividad de otros derechos reales y su papel en la vida comunitaria.

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POSESIÓN

El documento aborda la posesión en el ordenamiento peruano, destacando su importancia como atributo del derecho de propiedad y su evolución a través de diferentes sistemas jurídicos. Se analizan conceptos clave como la posesión inmediata y mediata, así como las modalidades de posesión ilegítima de buena y mala fe. Además, se menciona la relevancia de la posesión en la efectividad de otros derechos reales y su papel en la vida comunitaria.

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Todo lo que debes saber

sobre la posesión en el
ordenamiento peruano
1. Introducción
Todos somos o hemos sido poseedores de algún bien en algún momento de
nuestras vidas. Ejemplos los encontramos a borbotones en la vida cotidiana,
así el smartphone que usamos para chatear con la gente de nuestro entorno o
incluso en otros continentes; la laptop con la que contamos para realizar
nuestro trabajo o para entretenernos con los juegos en línea; el anillo que
tengamos puesto en algún dedo de la mano; el monedero, la billetera, el morral
o la cartera en los que guardemos dinero, tarjetas y otros objetos; la casa
dónde vivamos, pudiendo ser poseedores inmediatos (si pagamos renta al
propietario), o poseedores mediatos (si siendo propietarios alquilamos cuartos
a terceros percibiendo con ello dinero).
Institución que al ser abordada en el curso de derechos reales presenta dos
teorías que explicarían cuándo es que hay posesión y cuándo no. Nos
referimos a la teoría del corpus de Ihering y del corpus más el animus
domini de Savigny.
La primera señala que basta el contacto con el bien (meterse en el bien,
ocuparlo) para ser calificado de poseedor (elemento objetivo). En cambio, la
segunda refiere que no es suficiente entrar en contacto con el bien (elemento
objetivo) sino que además debe tenerse la intención de ocuparlo, de meterse
en el bien, de comportarse como sino uno fuese el propietario del mismo
(elemento subjetivo) por más que, en realidad, uno no lo sea.
Fuera de que la posesión es condición indispensable para el ejercicio del
derecho de propiedad, también lo es para la efectividad de los demás derechos
reales. ¿Podría concebirse el usufructo sobre un inmueble sin su correlativa
posesión por parte del usufructuario? ¿Acaso la garantía prendaria común
(ahora garantía mobiliaria) no exigía ineludiblemente la posesión del bien
mueble por el acreedor o un tercero? ¿Y cómo podría ser eficaz la anticresis si
el acreedor no poseyera el bien anticrético? Las respuestas tienen un
denominador común: en ninguna de esas figuras puede ignorarse la presencia
de la posesión (Arias Schreiber Pezet, 2011, pp. 83-84)
También la posesión interviene como figura autónoma en la interrelación de la
vida en comunidad. Funciona, además, en la transferencia de la propiedad
mobiliaria pues sin ella no habría adquisición del derecho, e interviene en forma
activa e inevitable en la prescripción adquisitiva, pues esta no es otra que la
posesión alargada en el tiempo y a título de dueño. (Ibídem, p. 84)
Como hemos podido apreciar, la posesión es un atributo del derecho de
propiedad presente en otros derechos reales tales como la propiedad, garantía
mobiliaria, anticresis, usufructo, prescripción adquisitiva, etc. Es por ello que
sostenemos que la posesión es una expresión del derecho de propiedad y de
los derechos reales.
En el presente trabajo desarrollaremos, puntualmente, el concepto y las
modalidades que adopta la posesión en el Código Civil peruano.

Evolución de la posesión
La posesión, como institución jurídica, ha sufrido una evolución a lo largo de los
años. Pasemos a ver, pues, sucintamente, como era concebida en el derecho
romano, el germánico y el canónico.
En el derecho romano, la posesión evoluciona progresivamente para iniciarse
en el concepto exclusivo del corpus y llegar hasta el elemento espiritual que es
el animus. Es decir, se trataba de tener la cosa sometida a la propia disposición
y a la satisfacción de los propios fines de la persona (Jarillo Gómez, 2008, p.
3).
Con respecto al derecho germánico, aparece el término gewere, que consistía
en que la posesión lleve consigo el corpus, el animus, y la propiedad, es decir,
se establecía una relación directa entre la persona y la cosa, y no habría
separación entre los conceptos de posesión jurídica y detentación. Este
concepto tuvo gran amplitud en el derecho germánico (Jarillo Gómez, 2008).
En cuanto al derecho canónico, el concepto de posesión era más amplio que
el derecho romano; la posesión incluía a los bienes incorporales y se establecía
la tutela posesoria como una de las fórmulas necesarias para la recuperación
de la posesión (Jarillo Gómez, 2008).
2. La posesión como expresión del derecho de propiedad

De acuerdo con el artículo 896 del Código Civil:


Artículo 896 Código Civil.- Noción de posesión
La posesión es el ejercicio de hecho de uno o más poderes inherentes a la
propiedad.
La posesión es una expresión del derecho de propiedad por ello su definición
nos reenvía a la noción de propiedad:
Artículo 923.- Noción de propiedad
La propiedad es el poder jurídico que permite usar, disfrutar, disponer y
reivindicar un bien. Debe ejercerse en armonía con el interés social y dentro de
los límites de la ley.
Para comenzar a entender a la posesión y posteriormente a las modalidades
que adopta en el Código Civil resulta indispensable desarrollar cada uno de
los atributos de la propiedad, es decir, el uso, disfrute o goce, disposición y
reivindicación. Destacamos que quien ejerza alguno de los atributos de la
propiedad, así sea uno solo, será considerado poseedor más no
necesariamente propietario salvo que pueda disponer o reivindicar el bien del
que sea titular ya que solo los propietarios pueden disponer o reivindicar.
2.1. Usar
Entendemos por uso o ius utendi a la utilización del bien (en algunos casos
ajenos) de conformidad con su naturaleza o destino sin llegar a alterar su
sustancia y que además presupone la posesión. Así, en el caso de una casa o
departamento el uso consistirá en habitar el bien; en el caso de un automóvil,
bicicleta o scooter el uso consistirá en utilizarlos como medios de transporte.
En ambos casos los bienes no se extinguirán, sino que solo tendrán un
desgaste natural producto del tipo y el tiempo de uso que se les haya dado.
Pudiendo beneficiar tal derecho a quien goce del mismo o a un tercero.
En el contrato de arrendamiento (o alquiler), el arrendatario (inquilino) tiene
derecho a usar un bien (viviendo en él) por un tiempo determinado a cambio de
una renta convenida a favor del arrendador (propietario) (art. 1666 del CC)
En el contrato de comodato el comodatario (poseedor inmediato) tiene
derecho a usar un bien mueble o inmueble (un automóvil), de forma gratuita,
para cierto tiempo (horas, días o meses) o para cierto fin (un viaje) y luego
devolverlo al comodante (poseedor mediato o propietario) sin mas deterioro
que el de su uso ordinario (art. 1728 del CC).
El usurpador, es decir, aquel sujeto que de mala fe ocupa un bien inmueble, a
sabiendas que pertenece a otro, para vivir (usar) en este.

2.2. Gozar o disfrutar

Entendemos por uso o goce o ius fruendi al aprovechamiento de los frutos y


productos del bien incluyendo su consumo cuando el bien sea consumible.
Teniendo este atributo carácter económico, social y político. Presuponiendo el
disfrute o goce el uso.
En el contrato de arrendamiento (o alquiler), el arrendador (propietario) tiene
derecho a recibir una renta convenida a cambio de ceder a favor de un
arrendatario (inquilino) el uso de un bien (viviendo en él) por un tiempo
determinado (art. 1666 del CC).
En un arrendamiento, pues, se obtiene pues un provecho económico de la
misma forma aquella persona que cede el uso temporal de su auto, bicicleta o
scooter por ejemplo a través de una cesión de uso a título oneroso.
El usurpador, es decir, aquel sujeto que de mala fe ocupa un bien inmueble, a
sabiendas que pertenece a otro, para vivir (usar) en este y además explotarlo
(disfrutarlo).
El usurpador, pues, podría alquilar un espacio del bien a cambio de una renta
convenida o percibir los frutos del mismo.
El arrendatario (inquilino) que subarrienda (alquila) el bien que posee a un
tercero (subarrendatario), a cambio de una renta convenida, con el
asentimiento escrito del arrendador (propietario). Nos encontramos aquí frente
a la figura del subarrendamiento (art. 1692 del CC)
Qué duda cabe que el en el subarrendamiento el arrendatario, al percibir una
renta convenida a cambio de la cesión en uso de todo o una parte del bien
arrendado, está ejerciendo de hecho uno de los atributos del derecho de
propiedad, el goce o disfrute.
El usufructuario a quien se le conceden las facultades de uso y disfrute
temporales de un bien ajeno no consumible (un bien inmueble) conservando el
propietario la facultad de disposición (art. 999 del CC).
El usufructuario, pues, podría no solo vivir en el bien sino también explotarlo y
percibir sus frutos.

Disponer

La disposición o ius abutendi es aquella que involucra la libertad de


enajenación del bien (jurídica) o el deterioro o destrucción del mismo (material).
Lo usual es la transferencia de la titularidad del bien a través de una
compraventa, permuta o donación; sin embargo nada impide que el dueño
altere la sustancia del bien deteriorándolo o destruyéndolo siempre y cuando
ello no riña con el interés social o los límites de la ley.
Es el propietario quien reúne todos los atributos del derecho de propiedad, es
decir, el uso, disfrute o goce, disposición y reivindicación del bien.
La disposición como característica del derecho de propiedad, es decir el
poder vender, permutar donar o destruir un bien, es exclusiva del propietario
del mismo tenga (propietario-poseedor) o no (propietario no poseedor) la
posesión en el momento de su enajenación.

2.4. Reivindicar

Entendemos por la reivindicación o ius vindicandi a aquella acción


imprescriptible interpuesta, como se señala en doctrina, por el propietario no
poseedor contra el poseedor no propietario quien usualmente posee el bien sin
causa jurídica alguna o injustamente. Los requisitos de dicha acción, siguiendo
a Vásquez Ríos, son a) que el demandante sea el dueño del bien; b) que el
bien esté individualizado y c) que el demandado esté en posesión del bien.
En la acción reivindicatoria (art. 927 del CC) el propietario no está ejerciendo
posesión (uso) alguna ya que el bien está siendo ocupado por un tercero.
La reivindicación como característica del derecho de propiedad, es exclusiva
del propietario tenga (propietario-poseedor) o no (propietario no poseedor) la
posesión del bien momento de interponer la demanda. Por ello se señala en
doctrina que la reivindicación es la acción interpuesta por el propietario no
poseedor (quien además puede disponer) contra el poseedor no propietario
(quien podría ser un ilegítimo, precario o usurpador).

3. La posesión inmediata y mediata

De acuerdo con el artículo 905 del Código Civil:


Artículo 905.- Posesión inmediata y mediata
Es poseedor inmediato el poseedor temporal en virtud de un título.
Corresponde la posesión mediata a quien confirió el título.
Cuando la norma señala que el poseedor mediato es quien confiere el título,
quiere decir que este poseedor-propietario del bien ejerce el disfrute o goce,
atributo que implica la obtención de un beneficio del bien a través de,
verbigracia, la celebración de un contrato de arrendamiento.
Cuando la norma precisa que el poseedor inmediato es aquel poseedor
temporal en virtud de un título, quiere decir que este poseedor ejerce uno de
los atributos del bien, uno de los cuales podría ser el uso además, el hecho que
este atributo sea ejercido de manera temporal y en virtud de un título implicaría
que este poseedor reconoce a otro sujeto de derecho como propietario del
mismo. Es más, el sujeto que confirió el título es el que tendría la propiedad del
bien, en principio, y no de manera temporal sino perpetua, siendo esta última
una de las características propias de los derechos de propiedad.

4. La posesión ilegítima de buena fe y la posesión ilegítima


de mala fe

De acuerdo con el artículo 906 del Código Civil:


Artículo 906.- Posesión ilegítima de buena fe
La posesión ilegítima es de buena fe cuando el poseedor cree en su
legitimidad, por ignorancia o error de hecho o de derecho sobre el vicio que
invalida su título.
Este poseedor ilegitimo de buena fe ejercería uno de los atributos de la
propiedad, tales como el uso (arrendatario) o disfrute o goce (un arrendatario
que a su vez subarriende con el consentimiento del propietario) sin embargo su
posesión sería ilegítima, pero de buena fe en la medida en que, debido a un
error de hecho o de derecho, creyera en la legitimidad de su título viciado.
Contrario sensu, un poseedor ilegítimo de mala fe sería aquel que
conscientemente sepa del vicio que invalida su título y a pesar de ellos siga
ejerciendo uno de los atributos de la propiedad como el uso o el disfrute.
Para nosotros, la buena fe es una sola, en consecuencia, tanto su aspecto
subjetivo (creencia) como su aspecto objetivo (comportamiento) deberán
concurrir copulativamente para que se pueda alegar, valga la redundancia, la
buena fe y, de ese modo, el ordenamiento jurídico pueda tutelar el derecho del
tercero (o de quien alegue haber tenido buena fe).
Esto es, el estado de ignorancia del tercero (o de la personas que aleguen
haber tenido buena fe) solo será legítimo (buena fe subjetiva) en la medida en
que el comportamiento que lo acompañe sea el correcto (buena fe objetiva) lo
cual involucra, en primer lugar, que tercero (o la personas que aleguen haber
tenido buena fe) actué con diligencia, es decir, que haya practicado todos los
actos necesarios tendientes a buscar la información relevante acerca de la
situación jurídica que lo afecta (por ejemplos ir a registros públicos y verificar
que el inmueble que pretende adquirir no cuente con cargas y gravámenes)
acto seguido, en ese momento, su estado de ignorancia podrá considerarse
legítimo configurándose así finalmente la buena fe.

5. La posesión precaria

De acuerdo con el artículo 911 del Código Civil:


Artículo 911.- Posesión precaria
La posesión precaria es la que se ejerce sin título alguno o cuando el que se
tenía ha fenecido.
El presente artículo prevé dos supuestos. El primero de aquel poseedor, o sea
aquel sujeto de derecho que ejerce uno de los atributos inherentes a la
propiedad (como el uso o el disfrute) sobre un bien sin contar con título alguno
que le confiera alguna calidad posesoria como la de arrendatario, usufructuario,
superficiario, etc. Podría asimilarse este primer supuesto al del poseedor
ilegítimo de mala fe.
El segundo supuesto es de aquel poseedor cuyo título ha fenecido, es decir,
podría tratarse del caso del arrendatario, usufructuario o superficiario a quien el
propietario le confirió un título posesorio pero transcurrido un plazo
determinado este vence. En caso este poseedor siga ejercitando uno o mas
atributos inherentes a la propiedad podría calificárselo también como
un poseedor ilegítimo de mala fe.
La figura del poseedor precario es una muy polémica, así para el profesor
Jorge Avendaño es equiparable a una posesión ilegítima, para el Dr. Arias
Schreiber es una posesión sin derecho o de mala fe y para nosotros es una
posesión ilegítima de mala fe.
6. El servidor de la posesión

De acuerdo con el artículo 897 del Código Civil:


Artículo 897.- Servidor de la posesión
No es poseedor quien, encontrándose en relación de dependencia respecto a
otro, conserva la posesión en nombre de éste y en cumplimiento de órdenes e
instrucciones suyas.
Es el típico caso del vigilante o guardián de edificio, quien se encarga de
custodiar un bien inmueble bajo una relación de dependencia, es decir en
cumplimiento de órdenes e instrucciones del o de los propietarios a cambio,
normalmente, de una suma de dinero. En esa línea, el servidor de la posesión
jamás podrá ser considerado poseedor por tanto, no ejercerá ninguno de los
atributos del derecho de propiedad: uso, disfrute o goce, disposición y
reivindicación.
Consecuencia lógica de que el servidor de la posesión no sea considerado
poseedor es que no podrá adquirir la propiedad del bien inmueble que custodia
por prescripción adquisitiva de dominio ya sea de buena fe (5 años) o de
mala fe (10 años). Es decir, el solo paso del tiempo no podrá configurar modo
de adquisición de la propiedad alguno ya que ninguno de los requisitos se
cumpliría, comenzando por el hecho de que el servidor no es poseedor.

7. La presunción de propiedad

De acuerdo con el artículo 912 del Código Civil:


Artículo 912.- Presunción de propiedad
El poseedor es reputado propietario, mientras no se pruebe lo contrario. Esta
presunción no puede oponerla el poseedor inmediato al poseedor mediato.
Tampoco puede oponerse al propietario con derecho inscrito.
El poseedor, es decir quien ejerza alguno de los atributos del derecho de
propiedad (uso, disfrute o goce, disposición y reivindicación), está premunido
de una presunción iuris tantum de propiedad, es decir, de tener la titularidad del
bien que posee ya sea mueble o inmueble. En esa línea de pensamiento, si el
poseedor es reputado propietario a fortiori se presume que ostenta también, al
lado de la facultad de disposición, los otros atributos del derecho de propiedad,
o sea, se entiende que pueda usar el bien (viviendo en él) o disfrutarlo
(mediante contrato de arrendamiento o explotación y percepción de sus frutos).
Naturalmente el poseedor inmediato (inquilino) no podrá oponer tal presunción
al poseedor mediato (propietario) ya que el contrato de arrendamiento
claramente está señalado los derechos y obligaciones de cada uno, entre ellos
el derecho del inquilino de usar un bien inmueble por cierto tiempo y el del
propietario de recibir una renta. En esta situación el arrendador confiere el uso
al arrendatario pero mantiene para sí las facultades de disfrute o goce y
disposición.
No se puede oponer tampoco la presunción a quien tiene su derecho de
propiedad inscrito en registros públicos ya que en ese caso el bien inmueble
gozará de publicidad erga omnes y además en materia registral en virtud
del principio de publicidad se presume, sin admitirse prueba en contrario, que
toda persona tiene conocimiento del contenido de las inscripciones (art. 2012
del CC).

8. La defensa posesoria
La defensa posesoria del bien la puede ejercer cualquier poseedor, sea este
legítimo, ilegítimo o precario, bastando con que ejerza uno o más atributos del
derecho de propiedad (como el uso y el disfrute). Resultando pertinente advertir
que, de acuerdo con nuestro Código Civil, el poseedor se presume propietario
salvo prueba en contrario. Es decir, la calidad de poseedor es tan fuerte que se
asume jurídica y extrajurídicamente que quien posee es el verdadero
propietario, aunque en la realidad pueda no serlo.
A continuación abordaremos los dos tipos de defensa posesoria, la judicial y la
extrajudicial.

8.1. La defensa posesoria judicial

Artículo 921.- Defensa posesoria judicial


Todo poseedor de muebles inscritos y de inmuebles puede utilizar las acciones
posesorias y los interdictos. Si su posesión es de más de un año puede
rechazar los interdictos que se promuevan contra él.
El artículo 921 del CC dice que todo poseedor puede utilizar las acciones
posesorias y los interdictos. Conforme a una tesis, las acciones posesorias
son el género y los interdictos son la especie, esto es un tipo especial de
acciones posesorias en las que no se discute el derecho a la posesión. Otra
concepción señala que si bien ambas acciones protegen la posesión, en las
acciones posesorias se discute siempre el derecho mientras que en
los interdictos no. En las primeras se ampara a quien tiene derecho a poseer,
es decir, al poseedor legítimo, y en las segundas se ampara al poseedor, así
no tenga derecho a poseer. (Avendaño Valdez y Avendaño Arana, 2017, p. 42)
Hay diversos casos de poseedores legítimos -con derecho a poseer- pero que
sin embargo no son propietarios. Por ejemplo, un usufructuario con título y con
derecho, a quien se ha desalojado o por la razón que fuere o no se lo permite
entrar a poseer el bien materia del usufructo. Este usufructuario, si ha sido
despojado, puede sin duda acudir a un interdicto, pero también puede
promover una acción posesoria en la cual discuta su derecho a poseer. Otro
ejemplo es el del arrendatario, también con título y derecho, a quien se priva o
cuestiona su posesión. Puede recurrir a la acción posesoria, que es el juicio
de derecho. (Ídem)
Para el presente trabajo lo que nos interesan son los interdictos (derecho de
posesión) y no las acciones posesorias (derecho a la posesión, juicio de
derecho), dicho en otras palabras, conocer cómo es que funciona la defensa de
la posesión como hecho y no como derecho, de tal suerte que cualquier clase
de poseedor, ya sea legítimo, ilegítimo o precario sepa que existe una vía para
proteger el ejercicio de hecho (uso y quizás hasta disfrute) que haga sobre un
bien incluso en el caso que ese bien sea propiedad de otra persona

8.1.1. Trámite de las acciones posesorias y de los


interdictos

Las acciones posesorias e interdictos se tramitan por la vía del proceso


establecido en los artículos 597 del Código Procesal Civil. Este consagra dos
clases de interdictos como son: el interdicto de retener y el interdicto de
recobrar. Nada dice sobre el interdicto de adquirir; y en cuanto a los interdictos
de obra nueva y de obra ruinosa, estos se hallan subsumidos dentro del
interdicto de retener, siéndoles aplicables las normas sobre la cautela
posesoria (ver artículos 606 y 684 del Código Procesal Civil) (Arias Schreiber
Pezet 2011, p. 138)
Como podemos apreciar, el trámite que siguen ambas figuras es el mismo sin
embargo, los interdictos admiten varias clases, doctrinalmente hablando, de las
cuales solo dos se encuentran plasmadas legislativamente.

8.2. La defensa posesoria extrajudicial

Artículo 920.- Defensa posesoria extrajudicial


El poseedor puede repeler la fuerza que se emplee contra él o el bien y
recobrarlo, si fuere desposeído. La acción se realiza dentro de los quince (15)
días siguientes a que tome conocimiento de la desposesión. En cualquier caso,
debe abstenerse de las vías de hecho no justificadas por las circunstancias.
El propietario de un inmueble que no tenga edificación o esta se encuentre en
dicho proceso, puede invocar también la defensa señalada en el párrafo
anterior en caso de que su inmueble fuera ocupado por un poseedor precario.
En ningún caso procede la defensa posesoria si el poseedor precario ha
usufructuado el bien como propietario por lo menos diez (10) años.
La Policía Nacional del Perú así como las Municipalidades respectivas, en el
marco de sus competencias previstas en la Ley Orgánica de Municipalidades,
deben prestar el apoyo necesario a efectos de garantizar el estricto
cumplimiento del presente artículo, bajo responsabilidad.
En ningún caso procede la defensa posesoria contra el propietario de un
inmueble, salvo que haya operado la prescripción, regulada en el artículo 950
de este Código.
Doctrina peruana advierte que todo acto de violencia practicado por mano
propia está prohibido pues para ello existen autoridades, que actuando a través
de la norma jurídica son las encargadas de resolver los conflictos y restituir las
cosas a su estado anterior. (Arias Schreiber Pezet 2011, p. 135)
Sin embargo, el 920 del CC autoriza al poseedor a emplear la fuerza en
defensa de su posesión, así pues, por regla general, solo cabe decir, en
principio, que podrá defender violentamente su posesión en la misma medida
en la que pueda hacer uso del derecho de legítima defensa. En tal sentido, la
posesión encuentra o puede encontrar, como afirma Messineo, su primera
tutela en la legítima defensa contra el peligro actual de defensa injusta. Por
tanto, quien es despojado de la posesión (ya sea titular o no titular), puede
mientras lo haga inmediatamente (no en intervalo), esto es, mientras dure la
ofensa, quitar legítimamente, él mismo, al usurpador de la cosa, sin que con
ello incurra en el delito de “tomarse la justicia por su mano”. (Vásquez Ríos,
2005, p. 228)
En las primeras clases de derecho procesal se les enseña a los alumnos que la
“autotutela” está proscrita, es decir, la justicia por mano propia está vedada ya
que la coacción solo puede ser ejercida por el Estado y no por los particulares.
Sin embargo, bien sabemos que toda regla admite una excepción, así, tanto en
el derecho penal como en el derecho civil tenemos a la legítima defensa que
autoriza a los particulares a defender su vida (derecho penal, responsabilidad
civil) y posesión (derechos reales) recurriendo a la violencia física. En el primer
caso cuando la integridad de una persona se vea amenazada ante un peligro
inminente y en el segundo cuando existan actos perturbatorios o de despojo.

8.2.1. Requisitos de la defensa posesoria extrajudicial

Señala una doctrina brasileña, que fuera de la acción judicial, o antes, el


poseedor tiene el poder de repeler el ataque contra la posesión, manteniéndola
o reintegrándola por la fuerza. Para legitimar la reacción, el esfuerzo debe
cumplir con ciertos requisitos, sin los cuales la autodefensa, a su vez, se
convierte en un comportamiento antijurídico:
a) Su inmediatez, es decir, la repulsión a la violencia sin demora, sin permitir
que el tiempo fluya después de su inicio, y antes de que el invasor o el
perturbador consoliden la posición -non ex intervallo, sed ex continenti-.
b) La proporcionalidad entre la agresión y la reacción, que deberá estar
dentro del límite de lo que es indispensable para repelerla – moderamen
inculpatae tutelae – sin convertirse en una base para la violencia inversa,
similar a lo que sucede con la legítima defensa. Para Kohler, esta anula al
derecho mismo. Teniendo el titular el goce de un derecho, naturalmente, le
debe ser reconocida la facultad de defenderlo contra la agresión de terceros,
en la medida en que la paz pública lo permita. (Da Silva Pereira, 2014, pp. 73)
Para su configuración se requiere:
Un acto de violencia contra el poseedor del bien mueble o inmueble.
Que el poseedor responda ante este acto de violencia de forma inmediata.
Que la autoridad no pueda intervenir oportunamente.
Que el poseedor responda ante el acto de violencia de manera proporcional.

9. Conclusiones
Todos somos o hemos sido poseedores de algún bien en algún momento de
nuestras vidas. Ejemplos los encontramos a borbotones en la vida cotidiana.
La posesión al ser abordada en el curso de derechos reales presenta dos
teorías que explicarían cuándo hay posesión y cuándo no. Nos referimos a la
teoría del corpus de Ihering y del corpus más el animus domini de Savigny.
La posesión es un atributo del derecho de propiedad presente en otros
derechos reales tales como la propiedad, garantía mobiliaria, anticresis,
usufructo, prescripción adquisitiva, etc. Es por ello que sostenemos que la
posesión es una expresión del derecho de propiedad y de los derechos reales.
La posesión (art. 896) es una expresión del derecho de propiedad, por ello su
definición nos reenvía a la noción de propiedad (art. 923).
La posesión adopta como modalidades a la posesión inmediata y posesión
mediata (art. 905), la posesión ilegítima de buena fe y la posesión ilegítima de
mala fe (art. 906) y finalmente a la posesión precaria (art. 911).
El servidor de la posesión es el típico vigilante o guardián de edificio, quien
se encarga de custodiar un bien inmueble bajo una relación de dependencia,
es decir en cumplimiento de órdenes e instrucciones del o de los propietarios a
cambio, normalmente, de una suma de dinero. En esa línea, el servidor de la
posesión jamás podrá ser considerado poseedor por tanto, no ejercerá ninguno
de los atributos del derecho de propiedad: uso, disfrute o goce, disposición y
reivindicación.
El poseedor, es decir quien ejerza alguno de los atributos del derecho de
propiedad (uso, disfrute o goce, disposición y reivindicación), está premunido
de una presunción iuris tantum de propiedad, es decir, de tener la titularidad
del bien que posee ya sea mueble o inmueble. En esa línea de pensamiento, si
el poseedor es reputado propietario a fortiori se presume que ostenta también,
al lado de la facultad de disposición, los otros atributos del derecho de
propiedad, o sea, se entiende que pueda usar el bien (viviendo en él) o
disfrutarlo (mediante contrato de arrendamiento o explotación y percepción de
sus frutos).
La defensa posesoria del bien la puede ejercer cualquier poseedor, sea este
legítimo, ilegítimo o precario, bastando con que ejerza uno o más atributos del
derecho de propiedad (como el uso y el disfrute). Resultando pertinente advertir
que, de acuerdo con nuestro Código Civil, el poseedor se presume propietario
salvo prueba en contrario. Es decir, la calidad de poseedor es tan fuerte que se
asume jurídica y extrajurídicamente que quien posee es el verdadero
propietario, aunque en la realidad pueda no serlo.
Las clases de defensa posesoria son la defensa posesoria judicial (art. 921
del CC) y la defensa posesoria extrajudicial (art. 920 del CC).
Defensa posesoria judicial: Para el presente trabajo lo que nos interesan son
los interdictos (derecho de posesión) y no las acciones posesorias (derecho
a la posesión, juicio de derecho), dicho en otras palabras, conocer cómo es que
funciona la defensa de la posesión como hecho y no como derecho, de tal
suerte que cualquier clase de poseedor, ya sea legítimo, ilegítimo o precario
sepa que existe una vía para proteger el ejercicio de hecho (uso y quizás hasta
disfrute) que haga sobre un bien incluso en el caso que ese bien sea propiedad
de otra persona.
Siguiendo a Max Arias Schreiber, las acciones posesorias e interdictos se
tramitan por la vía del proceso establecido en los artículos 597 del Código
Procesal Civil. Este consagra dos clases de interdictos como son: el interdicto
de retener y el interdicto de recobrar
Defensa posesoria extrajudicial: En las primeras clases de derecho procesal
se les enseña a los alumnos que la “autotutela” está proscrita, es decir, la
justicia por mano propia está vedada ya que la coacción solo puede ser
ejercida por el Estado y no por los particulares. Sin embargo, bien sabemos
que toda regla admite una excepción, así, tanto en el derecho penal como en el
derecho civil tenemos a la legítima defensa que autoriza a los particulares a
defender su vida (derecho penal, responsabilidad civil) y posesión (derechos
reales) recurriendo a la violencia física. En el primer caso cuando la integridad
de una persona se vea amenazada ante un peligro inminente y en el segundo
cuando existan actos perturbatorios o de despojo.
Para la configuración de la legítima defensa se requiere:
Un acto de violencia contra el poseedor del bien mueble o inmueble.
Que el poseedor responda ante este acto de violencia de forma inmediata.
Que la autoridad no pueda intervenir oportunamente.
Que el poseedor responda ante el acto de violencia de manera proporcional.

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