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A) Estructura Administrativa de La Iglesia en La Colonia

La Iglesia Católica tuvo un papel crucial en la estructura social, política y económica de Honduras durante el período colonial, organizándose en cuatro obispados y colaborando estrechamente con el Estado español. La evangelización de los indígenas fue llevada a cabo principalmente por órdenes religiosas como los Franciscanos y Mercedarios, aunque con resistencia por parte de la población indígena, lo que llevó a un sincretismo cultural. Además, la Iglesia se convirtió en una poderosa entidad económica, acumulando riqueza a través de diezmos y propiedades, y desempeñando funciones educativas y de bienestar social en la sociedad colonial.
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A) Estructura Administrativa de La Iglesia en La Colonia

La Iglesia Católica tuvo un papel crucial en la estructura social, política y económica de Honduras durante el período colonial, organizándose en cuatro obispados y colaborando estrechamente con el Estado español. La evangelización de los indígenas fue llevada a cabo principalmente por órdenes religiosas como los Franciscanos y Mercedarios, aunque con resistencia por parte de la población indígena, lo que llevó a un sincretismo cultural. Además, la Iglesia se convirtió en una poderosa entidad económica, acumulando riqueza a través de diezmos y propiedades, y desempeñando funciones educativas y de bienestar social en la sociedad colonial.
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3.

8) EL PAPEL DE LA IGLESIA CATÓLICA DURANTE EL PERIODO COLONIAL

A) Estructura administrativa de la Iglesia en la colonia

Desde el inicio del régimen colonial la Iglesia Católica desempeñó un importante papel
en los aspectos ideológicos, económicos y políticos, tanto en Honduras como en toda
la América Hispana.

Por otro lado, recordemos que Centroamérica fue organizada en el período colonial en
la Capitanía General de Guatemala, la cual comprendía desde Chiapas hasta Costa Rica.
Durante el curso de dicho proyecto político, Centroamérica también se organizó
eclesiásticamente, con el propósito de hacer más eficiente el proceso de
evangelización, por lo tanto, el istmo fue dividido en cuatro Obispados: el de
Nicaragua, con sede en León (1531), Honduras en Trujillo (1539), Guatemala en
Santiago (1534) y Chiapas en Ciudad Real (1538). Esta estructura Jurisdiccional
quedaría sin mayores cambios durante el resto del período colonial.

Majestuoso Claustro del Convento de la Merced en Antigua, Guatemala, que era, -además de capital
del Reino de Guatemala-, sede del Arzobispado.

En el caso de Honduras, el Obispado fue trasladado de Trujillo hacia Comayagua en


1561, con lo cual, esta última se convirtió en la ciudad colonial más importante de
Honduras no solamente en el aspecto religioso, sino en el civil, ya que también se
convirtió en la capital de la Provincia de Honduras1.

1
Webre, Sthepen, “Poder e ideología: La consolidación del sistema colonial”, En: Historia General de
Centroamérica, Madrid, Ediciones Siruela/FLACSO, Tomo II, 1993, p. 171.
Vista de la ciudad de Trujillo, en un grabado holandés de 1671 atribuido a Montanus. Trujillo
fue la primera sede del Obispado de Honduras, creado en 1561.

Por otro lado, la Iglesia Católica no se preocupaba solamente por la evangelización de


la población indígena de Honduras y Centroamérica, sino que también formaba una
unidad indisoluble con el Estado español, es decir que Iglesia y Estado formaban una
sola fuente de poder. De esa forma, la Iglesia también colaboró tanto en la conquista
como en el poblamiento y gobierno de las colonias. El éxito de la alianza entre Iglesia y
Estado se consolidó desde 1493, cuando el Vaticano, dirigido en ese entonces por
Alejandro VI autorizó por medio de la Bula “Inter Caetera” el Patronato Real.

Por medio del Patronato Real, el Vaticano cedía a los monarcas de España y Portugal el
derecho para organizar la evangelización de los indígenas americanos. Bajo el
Patronato Real, los reyes de España determinaban en sus reinos las jurisdicciones
territoriales de la Iglesia, presentaban candidatos a todos los oficios eclesiásticos y
cobraban los diezmos.

B) La evangelización en Honduras

La Monarquía Española y la Iglesia Católica se dieron a la tarea de consolidar


conjuntamente la Conquista Militar y la Conquista Espiritual del Nuevo Mundo. Para
efectuar la “Conquista Espiritual” en Centroamérica, se establecieron diversos
mecanismos de difusión religiosa. Por un lado, se establecieron los “Clérigos
seculares” o diocesanos, los cuales eran pocos en número y se dedicaban
fundamentalmente a la administración de las parroquias establecidas en los centros
de población española o mestiza. Por el contrario, el “Clero regular” se dedicó
fundamentalmente a lo que hemos denominado la "Conquista Espiritual", es, decir, la
evangelización de los indígenas, organizándolos en sitios o parroquias llamadas
Doctrinas o Misiones.
Las tres órdenes religiosas más involucradas en la campaña misionera del istmo fueron
los Franciscanos, los Mercedarios y los Dominicos, aunque también estuvieron
presentes en la Capitanía General de Guatemala otras órdenes religiosas como los
Jesuitas, los Agustinos y los Jerónimos, pero sin un papel importante en la campaña
misionera.

En principio, los frailes católicos convirtieron a los indígenas por la fuerza y a los
que se negaban a aceptar el cristianismo los asesinaban.

En el caso de Honduras, fueron los Franciscanos y los Mercedarios las órdenes


religiosas que se establecieron para evangelizar a los indígenas. En este sentido, ambas
órdenes religiosas se propusieron evangelizar a los indígenas que habitaban la
Taguzgalpa (Actualmente Olancho, Colón y Gracias a Dios), sin embargo, los intentos
casi siempre fueron infructuosos debido a la hostilidad de los indígenas que habitaban
esa región. A pesar de lo anterior, el trabajo misionero y de conversión progresaba
paulatinamente y la Conquista Espiritual se hacía efectiva. Dicha conquista
representaba en el fondo un choque de dos culturas y tradiciones irreconciliables. Por
una parte se obligaba a los indígenas a abandonar su propia religión y todas sus
creencias por una nueva fe, el cristianismo. Hay que resaltar que el sentido religioso
de los indígenas americanos era politeísta, en cambio el cristianismo es monoteísta.
Esta contradicción provocó que en un principio los indígenas se resistieran a aceptar el
cristianismo, o en última instancia aceptaran los sacramentos como mecanismo para
salvarse del esclavismo o los maltratos. De una forma u otra, la Iglesia utilizó ciertos
artificios para convertir a los indígenas valiéndose de una serie de símbolos que
suplantarían y representarían a los antiguos ídolos indígenas. Así la diosa Luna sería la
virgen María, el Dios del maíz sería Jesús, el Dios del Sol sería una custodia, los
antiguos templos o estelas serían las iglesias etcétera.

Por varios motivos, la Iglesia toleró muchas de las sobrevivencias religiosas


prehispánicas, llegando a permitir que las iglesias se utilizaran para ciertos ritos
indígenas. Por una parte, temían la posibilidad de un levantamiento indígena si
trataban de interferir, pero lo más importante, no querían perder la buena voluntad de
los feligreses, quienes con sus prestaciones financieras sufragaban los costos de las
misiones o parroquias a través de los diezmos, limosnas y otras contribuciones.

Todo este proceso provocó un sincretismo religioso y cultural entre las creencias
autóctonas y el cristianismo importado de Europa, sincretismo que aún hoy en día se
percibe en pueblos indígenas de Honduras, como el caso de los Lencas, en donde se
denotan rituales como el “Guancasco”, el cual a las claras es un ritual mezclado con
elementos cristianos y las religiones prehispánicas.

Por otra parte, la iglesia, además de institución de poder político en la época colonial,
también constituyó una entidad de poder económico. En efecto, mediante una serie
de imposiciones, la iglesia captaba ingresos no solamente para subsistir, sino inclusive
para competir con las élites económicas civiles.

Entre los mecanismos más comunes de generación de ingresos estaban los diezmos,
los cobros por oficios de los sacramentos (bautismos, casamientos, Primeras
comuniones, confirmaciones, santos óleos, misas) y otros rituales. Asimismo, las
Capellanías y las Cofradías constituían fuentes de ingresos de primer orden. Mediante
las Capellanías las personas ricas buscaban perpetuar su memoria otorgando bienes,
dinero o herencias cuantiosas a la iglesia, en cambio, las Cofradías eran asociaciones
dedicadas al culto de algún Santo, las cuales se financiaban con contribuciones
particulares. Igualmente, la iglesia logró acumular una buena cantidad de tierras en la
Capitanía General de Guatemala, especialmente en la provincia de Guatemala, en
donde en muchos casos llegaron a tener las mejores haciendas, plantaciones de
azúcar, granos básicos y obrajes de añil, situación que no fue tan distinta en el resto de
provincias de la Capitanía General. La iglesia gastaba una porción importante de la
riqueza que poseía en la construcción de templos y en las obras de arte que las
adornaban.

Sin embargo, dicha riqueza también permitía a las autoridades eclesiásticas


desempeñar funciones que hoy se considerarían inherentes al Estado. Entre ellas se
contaban la educación a todo nivel y los servicios de hospitales y de bienestar social,
como veremos en la lectura siguiente.

En general, podemos expresar que la Iglesia Católica jugó un papel determinante en el


normal funcionamiento de la sociedad colonial, ya que además de representar un
mecanismo de control social, también fue un bastión importante en el proceso de
Conquista y Colonización a través de la “conquista espiritual” del indígena por medio
de la conversión al cristianismo y por ende, someterlos a la nueva ideología dominante
de los españoles.
Catedral de Comayagua, que desde 1561 fue sede del Obispado de Honduras. (Grabado de José Sotero
Lazo, reproducido en el libro de Williams Wells Aventuras y exploraciones en Honduras, de 1857).

Grabado del siglo XIX de la parroquia de San Miguel de Tegucigalpa, donde se aprecia una procesión
religiosa. Al costado izquierdo, la desaparecida iglesia de la Limpia Concepción, y al fondo la Iglesia de
San Francisco. En un espacio tan reducido, se aprecia el poder de la Iglesia en aquél tiempo, con
templos esparcidos por todas las ciudades. (Grabado de José Sotero Lazo, reproducido en el libro de
Williams Wells Aventuras y exploraciones en Honduras, de 1857).
3.9) APUNTES SOBRE EL DESARROLLO CULTURAL Y LAS MANIFESTACIONES
ARTISTICAS DE HONDURAS EN EL PERIODO COLONIAL

Una vez que España conquistó y sometió a los pueblos indígenas de América, procedió
a eliminar sistemáticamente las manifestaciones culturales de los pueblos americanos
y en su lugar se implantó en definitiva, el elemento social y cultural de España en el
Nuevo Continente. Es cierto que sobrevivieron muchos elementos y tradiciones
prehispánicas durante el período colonial, empero, en el mayor de los casos esas
tradiciones se entremezclaron con los rasgos culturales españoles formando a la larga
una cultura sincrética en América, aunque claro está, dominada por la influencia
española.

Como mencionamos anteriormente, durante el período colonial, la Iglesia Católica fue


la institución más poderosa en la transmisión de valores culturales. Su influencia se
denotaba profundamente sobre el mundo artístico e intelectual, ya que controlaba la
enseñanza formal y dominaba casi todos los instrumentos de expresión cultural.

En efecto, desde principios de la colonización, España procuró transplantar su patrón


cultural a las colonias americanas y fue precisamente, a través de la Iglesia, que se
logró ese propósito.

En este sentido, en el aspecto educativo, desde el inicio de la colonización se


instituyeron en el Nuevo Mundo Escuelas y Universidades similares a las que existían
en España y acordes con el sistema educativo imperante en Europa. En ese tiempo, la
creación de instituciones educativas incumbía a la Iglesia y a las autoridades del
Estado.

La primera Universidad que surgió en América fue la de Santo Domingo en


1538. Posteriormente surgieron la Universidad de Lima, en 1551 y la de México
en el mismo año, y en el caso particular de Centroamérica, se creó la
Universidad de San Carlos de Guatemala en 16762.

En todos los casos, las universidades fueron creadas conforme al modelo de la


Universidad de Alcalá de Henares, que para ese tiempo era la más importante y
prestigiosa de España. Dichos centros eran regidos tradicionalmente por la Iglesia
Católica, particularmente por los Jesuitas y Dominicos, por ello, los cursos
fundamentales se regían con base al sistema Escolástico de enseñanza, que centraba
toda la formación educativa en la Teología y la Jurisprudencia. En los mismos, se
enseñaba por lo tanto con mayor énfasis Gramática Latina, Retórica, Filosofía,
Jurisprudencia y Teología.

Por otro lado, a pesar de que en el caso de Centroamérica se fundó la Universidad de


Guatemala en 1676, en el resto de Provincias del istmo no se fundaron centros de
enseñanza superior, sino que se establecieron Colegios Mayores, por lo tanto, todas
las demás Provincias quedaron opacadas ante el esplendor cultural e intelectual del
que gozó Guatemala.
2
Konetzke, Richard, América Latina II, La Época Colonial, Volumen 22 de Historia Universal, Madrid,
Siglo XXI Editores, 1971, p. 314.
Precisamente, en el caso de Honduras se fundó el Colegio Tridentino de San Agustín
de Comayagua en el año de 1679, el cual servía fundamentalmente para la preparación
de sacerdotes, aunque también asistían esporádicamente elementos civiles e inclusive
indígenas hijos de los caciques3.

Vale afirmar que durante el período colonial, la Iglesia en Honduras nunca fue una
institución tan rica como en el resto de América, por lo tanto, tenía que recurrir al Real
Erario para la adquisición de fondos para la construcción y mantenimiento de las
iglesias, conventos, hospitales, orfelinatos etcétera, sin embargo, a pesar de las
limitaciones anteriores, la mayor labor realizada por la iglesia en Honduras es la
relacionada al desarrollo de las artes, principalmente la escultura, la pintura y la
arquitectura.

El arte escultórico en el período colonial de Centroamérica logró desarrollar


una escuela altamente calificada, cuyo principal exponente fue el guatemalteco
Quirio Cataño, autor del todavía venerado Cristo de Esquipulas en 1595. En el
caso de Honduras, destacó la Escuela de Comayagua, la cual estuvo
fuertemente influenciada por la escuela guatemalteca derivada del escultor
Quirio Cataño4.

Escultura de “La Piedad”, bella escultura estofada en oro que estuvo resguardada en el
antiguo “Museo de arte religioso” de Comayagua, pero que infortunadamente fue saqueada por
ladrones de arte hace varios años.
3
Martínez Castillo, Mario Felipe, “Honduras hace 150 años”, En: De la sociedad colonial a la crisis del
30, Tegucigalpa, Editorial Nuevo Continente, 1973, p. 222.
4
Webre, Stephen, Poder e ideología...Op. cit., p. 204
A través del desarrollo de la escultura, los artistas hondureños se dieron a la tarea de
esculpir la mayor parte de las estatuas de santos e imágenes de casi todas las iglesias
coloniales de Honduras, así como también de los principales personajes de la época.

Paralelamente al desarrollo del arte escultórico, también se dio un apogeo de la


pintura en Honduras, que si bien es cierto no alcanzó la estatura de la escuela pictórica
de México y Perú, si ha dejado una huella indeleble que no tiene que envidiarle al que
se desarrolló en el resto de la Capitanía General de Guatemala.

En efecto, durante el período colonial, sobre todo entre finales del siglo XVIII y
principios del XIX se nota un auge estilístico particular en la pintura. Para el caso de
Honduras, entre los principales pintores de esa época se pueden mencionar a
Villafranca, De Soto, Zelaya, Cubas, así como otros más que por razones de no firmar
sus pinturas desconocemos sus nombres5.

Hay que apuntar que la mayor parte de estos pintores radicaban en la Capital
Provincial, Comayagua, por ser ésta el centro de poder no solamente político, sino
también religioso.

De hecho, la preponderancia del trabajo artístico de los pintores estaba enfocada


eminentemente a la Pintura religiosa. Recordemos que en ese tiempo estamos ante
una sociedad dominada enteramente por la moral cristiana, por lo tanto, la
exclusividad del trabajo pictórico se centraba en temas religiosos, como por ejemplo la
representación de santos, pasajes de la vida de Jesús o alegorías bíblicas, no obstante,
también hubo pintores hondureños coloniales que no solamente trabajaban para la
Iglesia, sino que también para las familias y autoridades civiles de la Provincia.

5
Martínez Castillo, Mario Felipe, Honduras hace 150 años...Op. cit. p. 227.
San José, obra del pintor José Miguel Gómez (Colección
del Museo de arte religioso de Comayagua).

Para el caso, se tiene constancia que hacia principios del siglo XIX, el pintor
Toribio Torres, oriundo de Comayagua celebró un contrato para copiar los
retratos de 12 Obispos de Comayagua que estaban en la Sala Capitular de la
Catedral de dicha ciudad, y a la vez también se dedicaba a elaborar cuadros de
las principales familias de la ciudad6.

Con el aporte de la generación de los pintores coloniales hondureños se consolidó una


escuela pictórica hondureña al final de este período. El ejemplo más notable que
derivó ese movimiento fue la figura del pintor José Miguel Gómez, quien a juicio del
historiador Mario Felipe Martínez es el mejor pintor colonial de Honduras, el cual tuvo
la época de mayor apogeo hacia finales del período colonial.

Este pintor logró desarrollar un estilo pictórico sumamente particular. La mayor parte
de su temática son representaciones de San José. De hecho, él es reconocido por su
tradición “San Joseista”, de la cual aún podemos admirar cuadros en las Catedrales de
Comayagua y Tegucigalpa, así como en la Iglesia de los Dolores.

6
Ibíd. p. 226.
Es importante acotar que muchas de las pinturas elaboradas por los pintores
hondureños eran destinadas a las iglesias parroquiales de Honduras, sin embargo,
también venían a la Provincia, aunque en menor escala, pinturas de artistas de
Guatemala, México y esporádicamente de España.

Otras de las manifestaciones artísticas que florecieron en el período colonial en


Honduras fueron la orfebrería y la platería. Recordemos que Honduras fue el centro
minero más importante de la Capitanía General de Guatemala, por lo tanto, se
fabricaban regularmente objetos de plata que eran indispensables para los rituales de
la Iglesia, como por ejemplo cálices, copones, candelabros, custodias etcétera. En el
caso de artículos domésticos y comunes, la orfebrería descolló en la elaboración de
vajillas de mesa, joyas que en filigrana de plata y oro producían los mejores aritos,
pulseras, anillos y cadenas de toda la región centroamericana. Esta tradición de la
platería y orfebrería se desarrolló en el Valle de Río Piedras (hoy La Paz, Comayagua y
Tegucigalpa)7.

Detalle de un querubín que posa en el retablo mayor de la catedral de Comayagua, elaborado en plata
dorada, una muestra de la platería elaborada en Honduras durante la colonia.
Por otro lado, la manifestación artística que más desarrollo alcanzó en el período
colonial en Honduras fue la arquitectura, sobre todo reflejada en la construcción de
templos religiosos o iglesias, así como edificios civiles. El arte arquitectónico
hispanoamericano del período colonial recorrió las formas estilísticas que se sucedían
unas a otras en Europa, como ser el gótico, el renacentista, el barroco y el
neoclasicismo. No obstante, en Centroamérica evolucionó durante el siglo XVII un
estilo propio que se denominó “Barroco Sísmico”, caracterizado por las proporciones
bajas y pesadas de las fachadas, columnas y arcadas, así como la ausencia en general
de campanarios altos, por el temor a la frecuente actividad sísmica de la región.

7
Ibíd. p. 227.
Grabado del siglo XIX de la Iglesia de La Merced, en Gracias, Lempira, un ejemplo vivo del arte barroco
en Honduras.

De esa forma, la mayor parte de las iglesias coloniales de Honduras se construyeron


bajo el estilo Barroco, siendo los ejemplos más notables la Catedral de Comayagua, la
Catedral de Tegucigalpa, La Iglesia de Santa Rosa de Copán, la Iglesia de la Merced en
Gracias, la Iglesia de San Manuel de Colohete en Lempira etc. La característica más
peculiar del estilo Barroco es la profusión decorativa, tanto en las fachadas como en
los retablos.

Por otro lado, el mundo de las Letras, debido al poco alcance de la enseñanza y el
elevado índice de analfabetismo, tuvo un limitado impacto en la Capitanía General de
Guatemala y por ende, en Honduras. La ausencia de la imprenta (en el caso de nuestro
país, ésta se introdujo hasta después de la independencia), así como la intervención
eclesiástica a través de la Santa Inquisición, limitaron la producción de libros en la
región, ante lo cual, la mayor parte de los libros que circulaban en un principio
provenían del exterior.
No es sino hasta 1663 cuando se introduce la imprenta a Centroamérica. Ese
mismo año se imprimió el primer libro, intitulado Explicatio Apologética, cuyo
autor fue Fray Payo Enríquez de Rivera, siendo un libro de corte religioso. En
tales circunstancias, la creación literaria imaginativa se vio desestimulada,
ganando en importancia la religiosa8.

8
Webre, Stephen, Poder e ideología...Op cit. p. 207.
Grabado colonial del Cabildo de Tegucigalpa, tal como era a finales del siglo XVIII, un ejemplo
de la arquitectura civil en la colonia. (Archivo General de Indias).

A pesar del predominio de la literatura religiosa, Centroamericana y Honduras


aportaron unos cuantos literatos que bien pueden compararse con destacados
escritores de América y Europa.

Para el caso, en el campo de la Historia, son mundialmente famosas las Crónicas de


Francisco de Fuentes y Guzmán, descendiente de Pedro de Alvarado y Bernal Díaz del
Castillo y autor del libro “Recordación Florida”, en donde relata la historia y conquista
española de Centroamérica. Asimismo, destaca Fray Antonio de Remesal, autor de la
“Historia General de las Indias Occidentales y Particular la Gobernación de Chiapas y
Guatemala”, así como Domingo Juarros, autor del “Compendio Historia de la Ciudad
de Guatemala”. En cuanto a la poesía, el más famoso poeta colonial fue el Jesuita
guatemalteco Rafael Landívar, con su obra “Rusticatio Mexicana”, en la posteridad
publicada tanto en América como en Europa9.
En el caso de los literatos hondureños del período estudiado, sin duda los más
importantes fueron el Dominico Fray Juan Ugarte, nacido en Tegucigalpa en 1662 y
muerto en México en 1730, quien entre otras obras escribió “Diario y cartas de las
costas de California”, y asimismo destacó el intelectual más conspicuo de aquella
época, nos referimos a José Cecilio del Valle, el cual fue el representante más
reconocido del movimiento conocido como La Ilustración o pensamiento
enciclopedista, derivado de la ideología liberal de los franceses Montesquieu, Voltaire
y catapultado por la Revolución Francesa. El impacto de la Ilustración y del
Pensamiento de Valle demandaba la búsqueda de nuevas alternativas filosóficas y
científicas con el propósito de derogar la Filosofía Escolástica, para suplantarla por un
conocimiento de tipo racionalista, empirista y experimental.

9
Ibíd. pp. 210-213.
Edificio del cabildo de Comayagua, otro caso de arquitectura civil colonial. (Fuente: HONDURAS TIPS).

En resumen, durante el período colonial, el desarrollo de las manifestaciones artísticas,


así como de las ciencias y las letras estuvo determinado en su conjunto por el apoyo,
control y decisión de la Iglesia católica casi en su totalidad, es decir, las
manifestaciones culturales fueron instrumentos esenciales de la Iglesia, primero en el
proceso de Conquista Espiritual y después, en su necesidad imperiosa de controlar la
creación artística, científica y cultural para el mantenimiento y control de la sociedad
colonial.
Casa particular en la ciudad de Gracias, Lempira, con portada de estilo barroco adornada por un par
de leones y con columnas adosadas de estilo almohadillado, en donde se cree que funcionó la
Audiencia de los Confines.

Casa colonial en el centro de Comayagua, de los abundantes vestigios que todavía


quedan en la antigua capital de la arquitectura civil colonial.

3.10) LA VIDA COTIDIANA EN LA ÉPOCA COLONIAL EN HONDURAS: LAS


DIVERSIONES Y LAS FIESTAS POPULARES
El periodo colonial estuvo marcado fuertemente por la moral sancionada por la Iglesia
Católica, la cual imponía serias reglas de conducta para los hombres y mujeres. De este
modo, la forma en que las personas veían el mundo en la Honduras de la colonia era
diametralmente distinta a la nuestra, sin embargo, aún en la actualidad persisten
muchas prácticas, ideas y creencias que nos heredaron los antepasados y que a la larga
han contribuido al desarrollo y evolución de la cultura popular hondureña.

Como la Corona imponía las normas dentro del ámbito político y la iglesia dentro de lo
espiritual, el pueblo debía estar obligado a respetar la tradición de la cultura
dominante que se transplantó desde España, es decir, la gente admitía que lo
“públicamente correcto” era seguir la práctica impuesta por España, mientras que lo
aportado por los indígenas americanos o aún por los africanos, era en la mayoría de los
casos pecaminoso o peyorativo. No obstante, hemos visto que por su propio peso, la
cultura americana se fue alimentando de las tres tradiciones -Europa, América y África-
así que la cultura popular de Hispanoamérica se fue nutriendo y fusionando con las
tres fuentes culturales.

Aunque la Corona y la Iglesia acordaron establecer mucho cuidado a la propagación de


prácticas culturales atentatorias de los indígenas y negros, como la idolatría, la brujería
o el chamanismo, muchas veces de manera clandestina estas prácticas se fueron
expandiendo y por ello, los españoles tuvieron que recrear una serie de mecanismos
para que la gente se “divirtiera”.

En este sentido, la Fiesta fue uno de los medios utilizados por el Imperio y sus
autoridades, así como por la iglesia para controlar a la sociedad y en especial a las
clases populares. El historiador hondureño Kevin Ávalos sostiene que la fiesta fue un
instrumento de afianzamiento de lealtades e integración social por parte del Estado
imperial durante la colonia10.

A) Las fiestas

La fiesta se popularizó en dos vertientes: las fiestas civiles y las fiestas religiosas. En las
fiestas civiles, generalmente los festejos contribuían a fortalecer el poder político.
También servían para hacer homenajes a Reyes, Virreyes, Gobernadores o funcionarios
reales. Asimismo, en estas fiestas se estructuraba un orden jerárquico característico en
aquella época, pues se estipulaban previamente la ubicación de los espectadores en
las plazas o demás escenarios festivos de acuerdo al rango social de las personas.

Por su parte, las fiestas religiosas fueron quizás las que mayor arraigo y popularidad
alcanzaron en Honduras y el resto de Hispanoamérica durante la colonia. La más
tradicional de las fiestas fue sin duda la Feria Patronal, que realizaban cada una de las
ciudades, pueblos o villas que se construyeron en Honduras.

En efecto, cada una de las ciudades o pueblos tenía acordado su santo o santa patrona,
al cual se le celebraba la feria patronal el día que le correspondía. En esta festividad,
las autoridades civiles, religiosas y el pueblo en general gastaban energías y recursos
10
Ávalos, Kevin, “Fiestas y diversiones urbanas: Una ventana a las mentalidades colectivas de la época
colonial”, En: Revista Paraninfo, Tegucigalpa, Año 4, No. 8, 1995, pp. 57-71.
para celebrar con bombos y platillos. El gasto en que se incurría era habitualmente
enorme, pues se tenían que sufragar a los músicos que amenizaban el evento; se
tenían que comprar los artículos de pólvora como las bombas, varillas o los famosos
“torofuegos” para alegrar al santo, todo lo cual se compraba a los gremios de los
coheteros; se tenían que construir escenarios para los bailes, obras de teatro, sainetes,
corridas de toros y otros eventos; se requería construir los espacios para los juegos de
azar o los “Palos Encebados”, que eran de lo que más esperaba la gente, etcétera.
Como se ve, en esta actividad de la fiesta tomaba participación toda la gente del
pueblo y era una oportunidad propicia para socializar, pues algunas personas salían
muy favorecidas con la fiesta. Así, muchas mujeres podían obtener pequeños ingresos
por la venta de bocadillos y licores como los tamales, enchiladas, rosquillas, rosquetes,
tustacas, quesadillas, yuca con chicharrón, sopas, dulces o bebidas como la horchata,
pozol, chilate, mixtelas o las más fuertes como la chicha y el guaro. Otras mujeres
simplemente aprovechaban para vender hortalizas o frutas, algunos hombres
aprovechaban para vender artesanías, achinería o instalar juegos de azar.

En Honduras, quizás la fiesta religiosa que mayor extensión tuvo fue la devoción de la
Inmaculada Concepción de María, el 8 de diciembre, pues muchas ciudades y pueblos
la tienen de advocación, por ejemplo Comayagüela, Santa Bárbara, Comayagua,
Choluteca, Cantarranas, Juticalpa y otros más. Sin embargo, con la institucionalización
de la devoción a la Virgen de Suyapa, que a la postre se convirtió en Patrona de
Honduras, el culto y fiesta religiosa más importante fue la festividad de la virgen de
Suyapa, que se celebra el 3 de febrero. Otro culto y fiesta popular muy extendido en
Honduras y Centroamérica fue la famosa celebración del Cristo Negro de Esquipulas,
el 16 de enero, del cual en Honduras hay numerosos pueblos que lo tienen por patrón
como Marale, Morocelí, Quezailica, Cedros y otros más.

Un aspecto importante de estas fiestas era que daban lugar a la recreación y descanso
de las labores cotidianas, pues normalmente la fiesta duraba una semana y a veces
hasta dos, lo cual dio lugar a la ruptura de normas y la disciplina, por lo que las
autoridades procuraron mantener el control tal como frecuentemente sucedía ante los
desordenes y escándalos provocados por la embriaguez11.

Hoy en día, se puede observar que la festividad más extendida en Honduras es


precisamente la feria patronal, pues no hay pueblo del país en donde no se celebre. De
hecho, en la actualidad, hasta en las zonas urbanas existen colonias que celebran a “Su
Patrón”, como el caso de Tegucigalpa, en donde la populosa Colonia Kennedy celebra a
San Juan Bautista el 24 de junio o el Barrio Buenos Aires, que celebra a San José el 19
de marzo. Así, queda demostrado que la fiesta popular ha permitido la conservación
de muchas prácticas culturales de la época colonial, como los torofuegos, obras de
teatro o las procesiones de los santos.

B) Dramas, Bailes, Toros y otras Diversiones durante la colonia

Además de las fiestas, en la colonia tuvieron mucha difusión otras formas de diversión
como los Dramas, que fueron diligentemente apoyados por la Iglesia católica con el fin
11
Ibíd.
de adoctrinar a los indígenas y negros en las prácticas del cristianismo. Uno de los más
divulgados en Centroamérica y Honduras fue el “Baile de Moros y cristianos” que
representaba las luchas de los primeros cristianos con los infieles. En Honduras ha
quedado en algunos pueblos del occidente, el centro y el norte, especialmente en
Comayagua, donde se le denomina “El baile de los Diablitos” 12 y los Garífunas tienen su
variante que la llamaron “El baile de las Tiras”.

En otras partes de Honduras y de Centroamérica, quedaron vestigios de estos dramas,


como en Guatemala, donde se dramatiza como “El Baile de la Conquista” o en
Nicaragua, donde apareció el “Güegüense”, los cuales se mezclaron con bailes y
dramas que los indígenas conservaron desde la época prehispánica.

En cuanto a los bailes, en Centroamérica las danzas fueron incorporando sobre todo
las que se importaron de Europa y así fueron ingresando en la región los sainetes y
danzas españolas, a las que se les agregó melodías, diálogos, coreografías y vestuarios
americanos. De igual forma pasó con los instrumentos, pues a la guitarra española se
sumó la marimba, el tambor, la maraca o la caramba, instrumentos de raíces
americanas o africanas. De este modo, esta cultura popular centroamericana se
enriqueció con los aportes de la danza y la música de las tres culturas.

En la actualidad, sobre todo en la Honduras de tradición rural y campesina, todavía


persiste la banda de músicos de marimba y los grupos de cuerda o “currunchunchún”
que con su alegría amenizan las fiestas y ferias patronales de muchos rincones del país,
especialmente en Olancho, el sur, occidente y centro de Honduras, todo lo cual es de
herencia colonial.

Con respecto a loas “Corridas de Toros”, esta fue una diversión típicamente española,
la cual introdujeron los europeos en todos sus territorios y hasta la fecha es muy
popular en muchos países, especialmente en México, Colombia, Perú y en
Centroamérica, en El Salvador, Honduras y Nicaragua.

Originalmente en España, las corridas eran deportes de caballeros, pero al pasar el


tiempo, se llegaron a popularizar tanto que se convirtió en parte de todo el pueblo. En
las lidias de toros, los caballeros hacían alarde, bravura y ostentación ante el público,
especialmente ante el femenino. En estas corridas, los jinetes se dividían en dos
bandos para alancear toros. Con el tiempo, también empezaron a participar indígenas
y negros en las corridas y fueron acaparando protagonismo a través de la realización
de maniobras riesgosas o corridas bufas, que aún la propia élite promovió. Así, ya para
terminar el siglo XVII, tanto los indígenas como los negros y demás castas estaban
completamente asimilados al mundo taurino, sobre todo en ciudades como México,
Lima y Santiago de Guatemala y Comayagua13.

Estas corridas, en la mayoría de los casos, se hacían en la Plaza Mayor o en el Parque,


pues no todas las ciudades tenían el suficiente capital para erogar en la construcción
de una “Plaza de Toros”. El procedimiento para la corrida en la plaza consistía en
12
Véase: Ardón Mejía, Mario, “Moros y cristianos en Honduras: Texto del baile drama de David y el
Gigante Goliat”, En: Revista Mesoamérica, Antigua Guatemala, CIRMA, 7 (11) Junio de 1986.
13
Ávalos, Kevin, Fiestas y diversiones...Op. cit. p. 61.
encerrar el espacio con barandales de madera; por ello, ya en el siglo XVIII, se fue
extendiendo el “Toreo de a pie”, en el que espontáneamente, alguna persona se tiraba
al ruedo mientras el jinete alanceaba al toro. De ahí se fue ampliando la práctica del
“Toreo de a pie”. En Honduras, las Corridas de toros han quedado conservadas
principalmente en las regiones ganaderas como Olancho, Choluteca y Danlí, pero han
perdido mucho de la influencia española y más bien han incorporado la parafernalia de
las corridas estadounidenses, como se puede percibir en los trajes y maniobras de los
jinetes.

Otra diversión que tuvo mucho arraigo en Hispanoamérica en la colonia fueron los
famosos “Carnavales”, término derivado de “carne”, la celebración previa al miércoles
de ceniza, en donde la Iglesia Católica permitía a la gente unos días de “deleite carnal”
antes de los sacrificios de ayuno y abstinencias de la “Semana Santa” o “Semana
Mayor”. En estos carnavales, la gente acudía a las calles a bailar y beber
desenfrenadamente, pues tenían la ventaja de escudarse en máscaras y trajes, por lo
que los desordenes y excesos de sexo y embriaguez provocaron muchas veces que las
autoridades civiles y religiosas prohibieran estas diversiones. En Honduras, no
quedaron muchos vestigios de la práctica de los carnavales, pues solamente la ciudad
de La Ceiba celebra un carnaval que sí podría asemejarse a los que se hacían en la
colonia, pero hay que recordar que esa ciudad fue fundada ya a finales del siglo XIX,
muchas décadas después de que el país se independizará de España, por ello, creemos
que el carnaval de La Ceiba nació más como una influencia proveniente de otros
carnavales como Venecia en Italia o el de Río De Janeiro en Brasil, que celebra el
carnaval más famoso del mundo, así como de muchos extranjeros que han radicado en
la ciudad -como italianos, españoles, portugueses y franceses- y que en principio
celebraban apartadamente la festividad y luego fueron influenciando a los ceibeños,
especialmente a los Garífunas, quienes se muestran muy entusiastas con el carnaval.

Otra diversión muy popular en la época colonial en Hispanoamérica fueron los


“Maromeros”, que eran actores ambulantes. De ellos se podría decir que fueron los
antecesores de los actores de circo. Los maromeros salían en las calles tocando
instrumentos para atraer a los vecinos y transeúntes, ante quienes desempeñaban el
rol de bufones. Estos maromeros normalmente salían en las ferias patronales; algunos
de ellos eran personajes que radicaban en el mismo pueblo, que en el caso de
Centroamérica se les llamó como “Mojigangas”, pero en la mayoría de los casos, eran
actores foráneos, casi siempre gitanos. A estos últimos en Honduras se les denominó
todavía hasta el siglo XX como “Húngaros” o “Zíngaros” en vez de gitanos. Hoy, solo
son un recuerdo en las poblaciones del país.

Otras diversiones o celebraciones populares que permitían a la gente poder socializar


fueron por ejemplo las “Pastorelas Navideñas”, “La Adoración de los Reyes”, la
elaboración de los “Misterios” o “Nacimientos de Navidad” (en lo cual, Tegucigalpa
tenía primerísima reputación en Centroamérica) con el consecuente “Robo del Niño”;
El “Día de Muertos”; los Titiriteros; los Recitales Poéticos o la simple visita a la Taberna,
en Centroamérica llamada coloquialmente como “Cantina”, en donde los parroquianos
podían gozar de unos tragos de aguardiente y chicha si eran pobres miembros de las
castas, o de vino o cerveza si eran más pudientes, es decir, si eran de la élite blanca.
En resumen, a lo largo del periodo colonial, las fiestas y las diversiones sirvieron como
un instrumento de afianzamiento de las lealtades y las jerarquías, así como de
cohesión social por parte de la sociedad colonial. Muchas de esas prácticas han
contribuido al desarrollo de una cultura popular que ha consolidado un “Ser”
centroamericano que logró integrar las tradiciones europeas, americanas y africanas
en una sola materia cultural que hoy en día define a la región como una de las más
ricas en diversidad artística de Latinoamérica.

Fiesta en Honor a la llegada del Gobernador Pantaleón Ibáñez Cuevas a la Casa Real de
Comayagua en 1752. Pintura original de Gelasio Jiménez.
Colección del Museo del Hombre Hondureño.
3.11) LAS REFORMAS BORBÓNICAS: 1700-1821

Entre la llegada de Cristóbal Colón a América en 1492 y el año de 1700, los españoles
habían logrado someter a las culturas indígenas del continente y a la vez habían
creado el imperio más grande hasta ese momento organizado por un Estado en toda la
historia de la humanidad, pues los dominios españoles abarcaron a casi todo el
continente, con excepción de algunas islas del Caribe, el Brasil y las colonias Británicas
en Norteamérica.

Toda esa riqueza que España había encontrado en América evidentemente fue
codiciada por las otras potencias europeas como Inglaterra, Francia y Holanda, de tal
manera que la Corona española se vio inmersa en constantes guerras con esas
naciones debido a las incursiones piratas provenientes de esos países en contra de las
colonias Hispanoamericanas.

Frente a esa situación, a finales del siglo XVII, la monarquía española se fue debilitando
y a inicios del siglo XVIII, justo en año de 1700, se dio la caída de la Dinastía de los
Habsburgo, que habían dominado en España desde el siglo XVI y ascendió al trono una
nueva dinastía, los Borbones, con vínculos en la nobleza francesa.

El desolador panorama económico del imperio español en el siglo XVIII, coincide con el
arribo de la familia Borbón al trono español, luego de una cruenta guerra que
involucró a toda Europa y en la cual, con el apoyo francés, fue desplazada del trono
español la familia Habsburgo, con ramificaciones en las Coronas de Austria y de los
Reinos alemanes.

Con la llegada de los Borbones a la Corona española, el imperio tendrá un viraje en


cuanto a su concepción y manejo de la administración colonial de Hispanoamérica que
se conoce como las Reformas Borbónicas.

El ascenso al trono de los Borbones planteó en la metrópoli la necesidad de emprender


una serie de reformas de carácter administrativo, fiscal y militar que, inspiradas en la
ideología del Absolutismo Ilustrado francés, tendrían como principal objetivo
consolidar la autoridad del estado español y aumentar los ingresos de las arcas
reales.

Aunque las reformas se aplicaron desde principios del siglo XVIII, tuvieron mayor auge
en los reinados de Carlos III (1759-1788) y de Carlos IV (1788-1808). En general, las
Reformas Borbónicas se propusieron los objetivos siguientes:

- Estimular las comunicaciones y el comercio con otras colonias.


- Limitar el poder eclesiástico, atacando la propiedad y los privilegios de la
Iglesia.
- Crear el sistema de Intendencias, para suprimir a los funcionarios corruptos.
- Reformar la estructura de los impuestos, con el fin de financiar el creciente
poder gubernamental.
- Aumentar los gastos militares, para evitar la presencia británica en
Centroamérica.

Para comprender mejor el desarrollo y evolución de cada una de estas reformas,


pasaremos a explicarlas a continuación.

A) Comunicaciones y comercio

Debido a que los españoles no habían podido consolidar sus dominios sobre el Caribe
centroamericano, el cual se había convertido casi completamente en un enclave de los
ingleses -especialmente las Islas de la Bahía y la zona de La Mosquitia- las reformas
Borbónicas aplicaron la política de construir o reabrir algunos puertos ubicados en el
litoral caribeño. Así, se dio la autorización de habilitar los puertos de Omoa y Trujillo en
Honduras, los cuales habían sido asediados y asaltados por los piratas y corsarios
ingleses y franceses en los siglos XVI y XVII. Asimismo, se abrió el puerto de Santo
Tomás, en la región de Izabal en Guatemala14.

Hasta antes de las Reformas Borbónicas, los españoles prohibieron a sus colonias que
comerciaran con las demás potencias europeas e incluso entre ellas mismas, pues el
comercio era un monopolio de la Corona, pero tras la apertura de los puertos, se
permitió a las Provincias centroamericanas comerciar con otras colonias. Así, desde
Omoa y Trujillo se empezó a exportar añil, metales preciosos, maderas y reses a La
Habana, Veracruz y otros lugares de América.

Para agilizar el comercio de los puertos, también se tenía que construir una red de
caminos desde el interior hacia las zonas portuarias, de tal manera que los Borbones
comenzaron a construir carreteras y caminos reales desde las principales ciudades con
destino a los puertos.

B) El ataque a los privilegios de la Iglesia

Ya se vio antes que el poderío económico y político de la Iglesia era de una influencia
grandísima en la colonia. Muchas veces, la Iglesia Católica llegó a poseer haciendas,
hatos ganaderos y tierras que sin exageración, superaban a las fortunas de muchos
nobles españoles. Esa riqueza y poder ideológico de la religión católica eran un
obstáculo que se oponía al interés de los Borbones por hacer producir más la tierra y a
otras actividades productivas que estaban en manos de la Iglesia, como por ejemplo el
abastecimiento del azúcar en las principales ciudades

De esta forma, los Borbones se impusieron debilitar el poder de la Iglesia a través del
control que tuvieron sobre todo con las Órdenes Religiosas -como los jesuitas,
14
Fonseca, Elizabeth, Centroamérica: Su historia, San José, FLACSO/EDUCA, 1996, p. 121.
dominicos, franciscanos, mercedarios y jerónimos- que eran muy ricas. Por ello, los
Borbones decidieron expulsar a los jesuitas de Centroamérica en 1767, tras lo cual les
expropiaron sus bienes, los que pasaron a las arcas del Estado español. Con esta
acción, la monarquía dejaba sentado que no asumiría la competencia económica de la
Iglesia.

C) Sistema de Intendencias

A nivel político-administrativo, la creación del sistema de Intendencias fue el logró


máximo de las Reformas Borbónicas en Centroamérica. Como se recordará, la región
había sido organizada como la Capitanía General de Guatemala, con capital en
Santiago de Guatemala, a la que pertenecían las Provincias de Chiapas, Guatemala, El
Salvador, Honduras, Nicaragua y Costa Rica, pero entre 1785 y 1787, fueron
organizadas cinco Intendencias: Intendencia de Ciudad Real de Chiapas, Intendencia de
Guatemala, Intendencia de Honduras, Intendencia de El Salvador y la Intendencia de
Nicaragua, a la cual pertenecía la Provincia de Costa Rica15.

Con esta medida, se pretendía sustituir a los Gobernadores, Alcaldes Mayores y


Corregidores, -quienes tenían fama de corruptos- por funcionarios leales a la Corona,
todo con el fin de consolidar la relación entre las colonias y la metrópoli.

D) La reforma fiscal

A mediados del siglo XVIII, los ingresos de la Real Hacienda en la Audiencia de


Guatemala provenían, fundamentalmente de los tributos de los indígenas. La Corona
se propuso incrementar los ingresos provenientes del comercio, mediante la creación
de receptorías de alcabalas, que era una especie de impuesto al comercio de
exportación.

Por otro lado, también con el propósito de recaudar más ingresos fiscales, los
Borbones implementaron en Centroamérica una serie de monopolios que eran
controlados por la Corona, como por ejemplo los monopolios de la venta del
aguardiente (1765), al tabaco (1766), a la pólvora y a los naipes o barajas.

Con el fin de controlar mejor el cobro de los impuestos, los Borbones establecieron
cuatro sub-administraciones (En San Salvador, Chiapas, Comayagua y León). Así, se
extendió al interior de las Intendencias el poder de la monarquía española. El
establecimiento de estas oficinas fue también importante porque en el futuro estipuló
las jurisdicciones que serían utilizadas por las Intendencias y luego definió los límites
de los Estados centroamericanos una vez que éstos alcanzaron la independencia.

E) La defensa militar

Una vez que los Borbones reorganizaron los caminos, el sistema administrativo y fiscal
en el Reino de Guatemala, se dieron también a la misión de contener la penetración
15
Ibíd. p. 123.
inglesa en el Caribe del istmo. La obtención de nuevos ingresos económicos y el
aumento del comercio entre las colonias habían animado a los ingleses a seguir
pirateando en la región del Caribe centroamericano. Por esa razón, los españoles
comenzaron a ampliar la presencia militar en la zona, enviando soldados y oficiales a
resguardar el litoral; pero también, como se vio antes, reabrieron puertos como Omoa
y Trujillo, ciudades que fueron repobladas por españoles, indígenas y mestizos. Para
ello, se estimuló la inmigración de españoles para que se asentaran en la región de
Trujillo y a finales del siglo XVIII, se instalaron más de 300 familias españolas de origen
asturiano, gallegos y vascos. También, en 1797, se dio la llegada de los negros
Garífunas, que se fueron ubicando en las Islas de la Bahía y en los alrededores de
Trujillo. Con los años, prácticamente lograron ocupar todo el Caribe centroamericano
desde Belice hasta Nicaragua.

Pero el punto culminante de la presencia militar de los Borbones en el Caribe


centroamericano se dio con la construcción de la Fortaleza de San Fernando de Omoa
en 1775 y la reconstrucción del Fuerte Santa Bárbara en Trujillo en 1782, con el
objetivo de evitar los ataques de los piratas.

Paralelamente, los ingleses firmaron en 1786 el “Tratado de París”, en el que se


comprometieron a abandonar la costa del Caribe centroamericano, pero a la larga ellos
siguieron manteniendo una presencia importante en la región, sobre todo por parte de
muchos traficantes de maderas preciosas y contrabandistas que se habían instalado en
la zona, por lo que la presencia inglesa continuó ininterrumpidamente en el litoral
Atlántico de Honduras hasta muchos años después de la independencia de 1821.

Todas estas innovaciones para sanear la economía y sociedad española e imperial


no dieron los frutos esperados por lo siguiente:

- La resistencia de las instituciones tradicionales en América (las reformas sólo


funcionaron donde no había tradición Virreinal).

- El permanente contrabando por injerencia de potencias extranjeras, que diluyó


la riqueza de América a España.

- El tiempo que tuvieron de ensayo fue muy corto (se aplicaron con vigor desde
el último cuarto del siglo XVIII), pues a las pocas décadas estallaron las
insurrecciones y movimientos pre-independentistas.

F) Crisis y decadencia del imperio colonial

Las Reformas Borbónicas pretendían, además de un control real más efectivo de la


administración colonial, el desplazamiento de los criollos de algunos organismos de
gobierno como las Audiencias. A nivel económico, la pretensión de liberalizar el
comercio inter-colonial (bajando impuestos y autorizando otros puertos) tendrá un
doble efecto negativo para la Corona: a) los comerciantes monopolistas de Cádiz
bloquearon la expansión de la construcción naval para mantener sus elevados
precios a las mercancías, y b) una buena cantidad de criollos obtenía pingües
ganancias con el contrabando inglés, por lo que la intensificación de los controles
contra el contrabando hizo decrecer sus ganancias.

Por otro lado, Brasil desde inicios del siglo XVIII, abrió sus puertas al comercio con
Inglaterra y otros países por lo que su amplio territorio se convirtió en punta de lanza
para el contrabando.

En 1808, Napoleón Bonaparte en su cruzada expansiva imperial invadió España y


tomó como prisionero al Rey. El resto de la Corte se refugió en Cádiz . Ante el
desplome de la autoridad imperial, los criollos condicionaron su apoyo al Monarca y
al imperio, a cambio de una mayor participación en el gobierno de las colonias
americanas y una mayor apertura al comercio internacional.

El incumplimiento de tales reivindicaciones por la Corona española cuando desde


1812 se expulsó a Napoleón, colmó la paciencia de los criollos, que en alianza con las
castas o mestizos, condujeron los movimientos independentistas. La independencia es,
aunque precipitada por un hecho externo:

Culminación de un largo proceso de enajenación en el que Hispanoamérica se


dio cuenta de su propia identidad, tomó conciencia de su cultura y se hizo
celosa de sus recursos16.

En síntesis, las Reformas Borbónicas intentaron reorganizar el sistema administrativo


de España en América, lo cual requirió atacar los privilegios de la Iglesia, aumentar los
impuestos e incentivar el comercio, ampliar la presencia militar en las colonias y
además mejorar las comunicaciones. Aunque todo esto se logró alcanzar, a la larga, las
ambiciones de la Corona en obtener el mayor caudal de riquezas en América
provocaron en los americanos -fuesen criollos, mestizos o indígenas- un espíritu
libertario que trajeron como consecuencia los procesos independentistas de América
durante las primeras décadas del siglo XIX

16
Lynch, John, Las revoluciones hispanoamericanas: 1808-1826, Barcelona, Editorial Ariel, Cuarta
edición, 1985, pp. 35 y ss.

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