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Resumen Segundo Parcial - Inter

El documento analiza las relaciones entre la biomedicina y otros modelos de atención médica en sociedades latinoamericanas, destacando el pluralismo médico y la creciente importancia de la autoatención. Se argumenta que la biomedicina, aunque dominante, enfrenta críticas por su enfoque biologicista y su incapacidad para abordar adecuadamente las necesidades de los pacientes. Además, se propone una integración de la autoatención con los servicios de salud, reconociendo la diversidad de prácticas y creencias en la atención de la salud.
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Resumen Segundo Parcial - Inter

El documento analiza las relaciones entre la biomedicina y otros modelos de atención médica en sociedades latinoamericanas, destacando el pluralismo médico y la creciente importancia de la autoatención. Se argumenta que la biomedicina, aunque dominante, enfrenta críticas por su enfoque biologicista y su incapacidad para abordar adecuadamente las necesidades de los pacientes. Además, se propone una integración de la autoatención con los servicios de salud, reconociendo la diversidad de prácticas y creencias en la atención de la salud.
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Eduardo Menéndez

Modelos de atención de los padecimientos: de exclusiones teóricas y articulaciones practicas


En este trabajo se describen las relaciones que existen entre la biomedicina y otros modelos de atención
poniendo énfasis en la autoatención. Los modelos de atención (desde una perspectiva antropológica) son todas
aquellas actividades que tienen que ver con la atención de los padecimientos en términos intencionales
(prevención, curar, aliviar, controlar, tratamiento). En primer lugar, se asume que en las sociedades
latinoamericanas actuales existen diferentes formas de atención (reconoce el pluralismo medico), además de
reconocer la diversidad reconoce existencia; las diversas formas de atención tienen que ver con las condiciones
religiosas, éticas, económicas, políticas, técnicas y científicas. El reconocimiento de estas oposiciones (entre
la biomedicina y las MAC) suele darse sobre todo a través de las representaciones técnicas y sociales de los
curadores de las diferentes formas de atención. Lo que domina en las sociedades actuales dentro de los
diferentes conjuntos sociales estratificados es el pluralismo médico.
En las sociedades latinoamericanas y capitalistas se ha incrementado el uso de medicinas alternativas
pero las orientaciones biomédicas no son un factor decisivo, puede deberse: (1) a deterioro de la relación
médico/paciente, (2) pluralidad de factores, (3) saberes académicos de otros sistemas. (1) Para varias de estas
medicinas la asimetría es condición necesaria para ejercer la ocupación de atender los padecimientos y por lo
tanto de curar. (2) Intervienen una pluralidad de factores incluyendo la industria químico/farmacéutica. (3) En
cada sociedad los diferentes grupos utilizan formas específicas de atención tradicional/popular y la mayoría
están dejando de ser patrimonio exclusivo de determinados sectores sociales, económicos o étnicos. La
presencia en las sociedades occidentales de formas de atención que corresponden a saberes académicos de
otros sistemas muy distintos del occidental se debe a procesos migratorios de masa, y en otros casos un proceso
de apropiación generado por determinados sectores sociales. La totalidad de las actividades de las diversas
formas de atención actúan básicamente respecto de los padecimientos y enfermedades y no sobre la promoción
de salud, porque lo solicitan los sujetos y grupos sociales, ya que estos demandan acciones sobre sus padeceres
más que sobre su salud.
Los conjuntos sociales como eje de la atención de los padecimientos. La identificación y descripción
de las formas de atención la iniciamos a través de lo que hacen y usan los sujetos y grupos sociales para atender
sus padecimientos en un contexto determinado (carrera del paciente); además podemos observar el uso
articulado de las diferentes formas que usa cada grupo y no los usos excluyentes, esta aproximación implicaría
detectar y construir los perfiles epidemiológicos y las estrategias de atención que desarrollan en forma
particular lo cual posibilitaría observar no solo las convergencias y divergencias en la construcción del perfil
epidemiológico dominante sino el tipo de atención utilizada en situaciones específicas. Procesos sociales,
económicos y culturales posibilitan el desarrollo de diferentes formas de atención a partir de las necesidades
y posibilidades de los diferentes conjuntos sociales. Algunas formas de atención son de tipo biomedicina,
popular y tradicional, alternativas y paralelas, devenidas de otras tradiciones medicas académicas, centradas
en la autoayuda; esta clasificación no supone que las consideremos como formas estratificadas y aisladas si
no las asumimos como proceso dinámico entre las actividades de diferentes formas de atención. Dicha
dinámica opera en por lo menos dos niveles , el que refiere a las relaciones establecidas entre las diversas
formas de atención a través de uno de los diferentes operadores de las mismas, el otro nivel refiere a la
integración de dos o más formas de atención por sujetos y grupos que tienen algún padecimiento; otras fuerzas
sociales operan en este proceso de relación, ciertas organizaciones no gubernamentales en el campo de la salud
reproductiva o el de la propia industria químico/farmacéutica. Dichas articulaciones se desarrollan dentro de
relaciones de hegemonía/subalternidad, los propios curadores tratan de mantener su propia identidad como
curadores. El proceso de apropiación y eclecticismo podemos observarlo no solo a través de la biomedicina
sino de otra formas de atención, fue el sector de salud y un número cada vez más amplio de ONG las que
formaron y siguen formando cientos de promotores de salud que suelen utilizar una mezcla de técnicas
populares y biomédicas; otras formas de atención no fundamentan su legitimidad e identidad en la racionalidad
científica sino en la religiosidad y/o étnica. Pero el aspecto central es que los sujetos y grupos sociales
constituyen el agente que no solo usa las diferentes formas de atención, que las sintetiza, articula, mezcla o
yuxtapone, sino que es el agente que reconstituye y organiza una parte de estas formas de atención en
actividades de autoatención, la autoatención constituye la forma de atención más constate y el principal núcleo
de articulación practica de las diferentes formas de atención. Una aproximación epidemiológica (sociocultural)
posibilitaría además observar cuales son las formas de atención más usadas y las que tienen una mayor eficacia
para abatir, controlar o disminuir determinados daños en términos reales o imaginarios; también registrar los
factores económicos, técnicos e ideológicos que se oponen o facilitan la articulación de las diferentes formas
de atención.
Biomedicina: algunos rasgos y limitaciones. La biomedicina en tanto institución y proceso social se
caracteriza por su constante cambio y modificación. En los contextos desarrollados y subdesarrollados
denominados occidentales y pese al incremento de medicinas paralelas y alterativas, la forma de atención que
más se expande directa o indirectamente sigue siendo la biomedicina. Frente a situaciones de conflicto y/o de
cambio o crisis, la biomedicina hasta ahora ha encontrado siempre soluciones que siguen asegurando su
expansión, su impulso y justificación centrándose en la biologizacion; la mayor crisis fue a mediados de los
60 y fines de los 70 que se criticaba la relación médico/paciente la cual negaba la subjetividad, incrementaba
la ineficacia curativa, es centrada en los curativo y excluyente de lo preventivo, incrementa el costo económico
de la atención a la enfermedad; en los 80 y los 90 reaparecen las críticas, el retorno de la morbimortalidad por
tuberculosis broncopulmonar, colera o dengue, imposibilidad de curar la mayoría de las enfermedades crónicas
(solo es posible controlarlas), incremento constante de la desnutrición, problemas éticos, etc. El proceso de
expansión de la biomedicina se da en dos niveles, a través de las actividades de los profesionales (niveles de
cobertura, número de camas, profesionales, partos y cesáreas atendidos, etc.) y a través de las actividades no
profesionales de los sujetos y grupos (como por ejemplo la autoatención); además la expansión opera a través
del proceso de medicalización, el cual implica convertir en enfermedad toda una serie de episodios vitales que
son parte de los comportamientos de la vida cotidiana de los sujetos y que pasan a ser explicados y tratados
como enfermedades. Lo que las investigaciones y reflexiones actuales han cuestionado es la visión
omnipotente y unilateral de estos procesos, según la cual la biomedicina podía imponer casi sin modificación
y oposiciones sus maneras de explicar y atender los padeceres y sin tomar en cuenta las resignificaciones,
reacciones y acciones de los sujetos y grupos sobre los cuales actuaba; son estas tendencias las que operan en
las relaciones de la biomedicina con los conjuntos sociales y con los otros saberes médicos.
Las características del modelo medico hegemónico son el biologismo, asociabilidad, ahistoricidad, a
culturalismo/individualismo, eficacia pragmática, orientación curativa, relación médico/paciente asimétrica y
subordinada, exclusión del saber del paciente, profesionalización formalizada, identificación ideológica con
la racionalidad científica, la salud/enfermedad como mercancía; el rasgo estructural dominante es el
biologismo ya que constituye el principal criterio de diferenciación con las otras formas de atención; la
dimensión biológica es el núcleo de la formación profesional del médico, el medico no tiene formación
profesional sobre los factores y procesos sociales y culturales que inciden en el desarrollo y mantenimiento
de los padecimientos. La exclusión de la dimensión histórica omite los efectos negativos no solo de la
prescripción médica, sino de su notoria influencia en el uso de la automedicación por la población; es decir
que el equipo de salud y/o el desarrollo social más que actuar sobre las condiciones culturales opera a través
de acciones medicas o de estimulación económica. Si bien la uso de algunas de estas formas de atención, sobre
todo las consideradas tradicionales, fue propuesta por las estrategias de atención primaria y se han generado
investigaciones al respecto, las mismas han sido escasamente impulsadas por el sector salud, salvo en
determinados contextos y sobre todo en función de una concepción de ampliación de cobertura de bajo costo
y para poblaciones marginales rurales. La biomedicina se diferencia de la mayoría de las otras formas de
atención debido a varios indicadores, pero el más decisivo es el principio de racionalidad científica. El
conjunto de estas y otras características del modelo medico hegemónico tiende a establecer una relación de
hegemonía/subalternidad de la biomedicina respecto de las otras formas de atención no biomédicas,
contribuyen a excluir, negar o secundarizar las otras formas de atención no biomédicas a través de criterios
que solo refieren a la dimensión científica del proceso s/e/a.
Autoatención como proceso estructural. La autoatención constituye una de las activades básicas del
proceso salud/enfermedad/atención, siendo desarrollada por los grupos sociales; por autoatención se refiere a
la representaciones y prácticas que la población utiliza a nivel de sujeto y grupo social para diagnosticar,
explicar, atender, controlar, aliviar, aguantar, curar, solucionar o prevenir los procesos que afectan su salud en
términos reales o imaginarios, sin la intervención central, directa e intencional de curadores profesionales, la
autoatención implica decidir la autoprescripción y el uso de un tratamiento. La autoatención puede ser pensada
en dos niveles: (1) amplio, todas las formas de autoatención que se requieren para asegurar la reproducción
biosocial de los sujetos de grupos, formas que son utilizadas a partir de los objetivos y normas establecidos
por la propia cultura del grupo, (2) restringido, son las representaciones y practicas aplicadas intencionalmente
al proceso s/e/a. Consideramos a la autoatención como un proceso estructural, constante aunque en continuo
proceso de modificación, el carácter estructural es un proceso necesario en toda cultura a través de las acciones
de los pequeños grupos para contribuir a asegurar el proceso de reproducción biosocial, deviene de algunos
hechos básicos. La autoatención casi siempre es la primera actividad que el microgrupo realiza respecto de
los padeceres detectados y esa actividad no incluye inicialmente ningún curador profesional; es por la cual se
articulan las formas de atención existentes; además se constituye estructuralmente porque implica la acción
más racional, en términos culturales, de estrategia de supervivencia e inclusive de costo/beneficio no solo
económicos sino de tiempo. Hay toda una serie de procesos sociales, económicos e ideológicos que han
impulsado determinadas formas de autoatención en las sociedades actuales: la industria químico/farmacéutica,
concepciones religiosas y/o consumistas, grupos organizados (ejemplo AA). El autocuidado es un término
desarrollado desde de la biomedicina y desde el salubrismo a partir del concepto estilo de vida.
La biomedicina como generadora de autoatención (conclusión fuerte la biomedicina no debe
rechazar la autoatención). Por un lado, la biomedicina y el sector de salud cuestionan la automedicación y por
otro impulsan, favorecen, incluyen o aceptan formas de autoatención, incluidos ciertos tipos de
automedicación. La autoatención constituye el primer nivel real de atención.
Propuestas relacionales. Proponemos la inclusión protagónica de los grupos y sujetos sociales a través
de la autoatención o de otros procesos y mecanismos, pero articulada con los servicios de salud biomédicos y
con las otras formas de atención, lo cual implica incluir responsabilidad económica y social del Estado.

Enrique Perdiguero
Una reflexión sobre el pluralismo médico
¿Por qué hablamos ahora de pluralismo medico? Se entiende como pluralismo medico a la
coexistencia de los modos diversos de entender la salud y la enfermedad, de diagnosticar y tratar los
padecimientos; fenómeno estructural (es decir el pluralismo siempre ha existido y es inherente a la forma en
que las sociedades abordan la salud y la enfermedad). La mayoría de los modelos se han centrado en una de
las alternativas terapéuticas la dominante medicina científico-occidental (biomedicina), la cual es un producto
histórico, surgido en Europa XVIII y XIX, primando un entendimiento biológico de los procesos salud-
enfermedad. Ciertos modelos han pasado a ser considerados “norma” por parte de los actores sociales, de
modo que han acabado definiendo lo que es actuar bien o mal cuando se quiere recuperar la salud. El
pluralismo asistencial y terapéutico es un fenómeno estructural en la mayoría de las sociedades, pero para
hacerlo visible es necesario revisar los modelos dominantes, los cuales se han ido mostrando progresivamente
insuficientes para explicar lo que la población hace para intentar recuperar su salud, para mantenerla o
mejorarla.
Medicinas alternativas y complementarias. MAC (homeopatía, acupuntura, naturismo, terapias
manipulativas, uso de hierbas medicinales), el uso frecuente en la sociedades en las que la medicina científica-
occidental se encuentra más desarrollada y extendida. Uno de los obstáculos principales para medir la
prevalencia de uso de las MAC es la enorme dificultad que supone definir, precisamente, lo que entendemos
por MAC. Otro punto difícil es si se debe incluir en el concepto el “uso” el consumo de productos (vitamínicos
o hierbas), o tan solo el hecho de acudir a un proveedor de MAC o medicinas tradicionales. La utilización en
los países desarrollados varía en función del género y la clase social. Usan con mayor frecuencia estas opciones
mujeres con educación media/alta y con niveles de ingreso medios-altos; no son bien conocidos los motivos
por los cuales se llega a utilizar este tipo de opciones, pero el cambio del patrón epidemiológico en las
sociedades investigadas (hay un predominio de padecimientos crónicos), cierto rechazo al consumo de
productos químicos, terapias invasivas, todo lo relacionado con la salud en un objeto de consumo más. La
creciente tendencia de uso de las MAC y la importante repercusión económica ha provocado que los gobiernos
hayan publicado informes oficiales sobre la materia (en ellos se trata de ir avanzando en aspectos como la
financiación, acreditación y educación a los profesionales).
Medicinas tradicionales. Las medicinas tradicionales son formas milenarias con tradiciones
doctrinales bien establecidas. Por fuera de las sociedades occidentales más opulentas (es decir, Europa, EE.
UU., etc.) es preferible hablar de medicina tradicional la cual utiliza terapias con medicación (natural) o sin
medicación; el objetivo de la estrategia sobre medicina tradicional (OMS), es que esta misma esté disponible
y asegurable y asegurar su uso racional; el objetivo es compartido por las preocupaciones de la salud pública.
Parece evidente la relevancia del uso de la medicina tradicional y su importancia al utilizar una perspectiva
intercultural para entender la existencia de diferentes sistemas médicos usados por los latinoamericanos (por
ejemplo, el modelo de salud indígena).
La insuficiencia de los modelos de estudio del pluralismo asistencial. Los comportamiento frente a
la enfermedad se entienden como modos diferentes de respuesta de los individuos a las señales corporales, los
modos diversos de prestar atención a sus estados internos, cómo definen e interpretan los síntomas, realizan
atribuciones causales, eligen el tratamiento y utilizan varios recursos asistenciales tanto formales como
informales; considera los modos de entender la salud y la enfermedad y buscar tratamiento como socialmente
construidos. Modelos propuestos para el estudio del comportamiento microsociológicos, económicos,
geográficos, sociodemográficos o de redes sociales; se pueden organizar en dos grandes categorías, según
como traten de organizar el modo de comprender lo que se hace frente a la enfermedad: macro-
sociológicos/determinantes o microsociológicos. Modelos determinantes: uso de técnicas cuantitativas,
dominantes a la hora de entender el comportamiento (se trata de entender porque utilizan una formas y otras
no), son generados en ámbitos sociales, políticos y económicos determinados, limitaciones del factor
económico como única o fundamental para la explicación del comportamiento, además de la accesibilidad
geográfica; otros determinantes socio-demográficos (edad, sexo, religión, clase social, etnia); la crítica a estos
enfoques es que no son capaces de tomar en consideración en toda su amplitud las complejas experiencias
individuales vividas en el contexto social (es decir no conectan al sujeto con sus contextos), cultural y de
poder. Las experiencias individuales gobiernan el proceso de toma de decisiones ante un problema de salud.
Modelos microsociológicos se basan fundamentalmente en el proceso individual (papel del enfermo) de
búsqueda de la salud, se han formalizado como una serie de etapas, ej: Modelo clásico (Suchman y Parsons),
etapas: experiencia de los síntomas, aceptación del papel del enfermo, contacto con la asistencia, aceptación
de la figura paciente-dependiente, recuperación o rehabilitación (figura del paciente: “rol” social con derechos
y deberes, como derechos se encuentra liberado de sus obligaciones sociales y no es culpable de su enfermedad
y como deberes debe ponerse bien lo antes posible, cooperando con los médicos). Críticas: (1) el cuerpo está
construido socialmente y un momento histórico determinado y no nos es posible percibir sensaciones
biológicas sin tomar en consideración el contexto cultural; el propio inicio del proceso de búsqueda de la salud
se basa no en los síntomas sino en la valoración que se hace de ellos (social). Por ende, el modelo no acierta
a explicar las variaciones de conducta debidas a diferencias sociales, culturales y económicas. (2) crítica hacia
el “rol del paciente-dependiente”: no permite dar cuenta de las variaciones que se están produciendo en los
modos de relación. (3) está absolutamente imbuido de los valores propios del optimismo de la clase médica
occidental, no tiene explicaciones para muchos de los fracasos de la medicina científico-occidental; por ej. El
aumento de las desigualdades; tampoco hay lugar en estos modelos para la interculturalidad en salud, el
fenómeno de las MAC o el pluralismo asistencial. Redes sociales: grupos de gestión terapéutica irían tomando
las decisiones en el proceso de búsqueda de la salud. Intento de establecer puentes entre los diferentes modelos
(Bernice Pescosolido).
La aportación de la Antropología de la Medicina: un lugar para el pluralismo médico. Chrisman
(anglosajón): trata de explicar la elección de una instancia terapéutica determinada para recuperar la salud
como un proceso de integración sociocultural. Kleinman (anglosajón): clasificación de todas las instancias
asistenciales y terapéuticas existentes en una sociedad en tres grandes sectores: el popular (no especializado,
no oficial, profano), el profesional y el folk (por ejemplo: sanadores locales). El enfermo utilizará uno o varios
sectores estando situado en el centro de una “red terapéutica” en la que la importancia de los consejos y
opiniones del ámbito doméstico sería decisiva. Antropología Francesa: “Itinerario terapéutico” (Sindzingre)
todos los procesos que se llevan a cabo para buscar una terapia, desde que aparece el problema, se ponen en
marcha diversas tipos de interpretación y cura y se utilizan diversas instancias terapéuticas, institucionales o
no, todo ello en un contexto de pluralismo médico. Se adentran en los usos sociales de la enfermedad y en las
interrelaciones entre lo biológico, lo social y lo cultural, superando las limitaciones de los enfoques micro y
macro-sociológicos. Menéndez (España): estudio de los procesos salud/enfermedad/atención; la existencia en
toda sociedad de representaciones y técnicas para entender, enfrentar y, a ser posible, solucionar la ineficacia
y consecuencia generadas por los daños a la salud; resultado: gran cantidad de simbolizaciones y
representaciones colectivas donde se producen relaciones de hegemonía y subalternidad.

Sergio Caggiano
Racismo, Fundamentalismo cultural y Restricción de la ciudanía: formas de regulación
social frente a inmigrantes en Argentina
Las instituciones políticas y culturales hegemónicas definen a los flujos migratorios como amenazantes
o peligrosos al tiempo que procuran ejercer un control sobre ellos a través de destinitos mecanismos entre los
cuales el racismo, el fundamentalismo cultural y la restricción de la ciudadanía; se trata de formas de
jerarquización social de exclusión y de rechazo del otro que pueden combinarse y potenciarse en sí.
El objetivo central del trabajo es desplegar los múltiples aspectos de la discriminación contra los
inmigrantes (perfil de los inmigrantes: bolivianos, en situación de desempleo y tienen puesto de baja calidad)
y mostrar el entramado complejo que esta supone.
Lo que propongo mostrar en este trabajo es: (1) se trata de tres mecanismos alternativos que
eventualmente pueden ser complementarios, (2) los tres están vigentes en la Argentina actual, (3) pueden
recaer todos sobre un mismo grupo o sector, (4) su carácter de mecanismos de regulación social los tres pueden
ser considerados en cierto sentido como equivalentes.
Raza y racismo. Racismo como fenómeno social (segunda mitad del siglo XX comienzan las criticas)
que apunta a postular las razas, ya que la racialización es un proceso tanto cognitivo y valorativo, es decir no
es algo natural si no una construcción social que es sostenido/utilizado para establecer relaciones de poder.
Dos aspectos como criterio para considerar racista una práctica o un discurso discriminatorio: (1) una
referencia inmanentista/inexorable al cuerpo y a los trazos físicos de otro social, (2) que funciona como
explicación de sus valores y capacidades socioculturales, morales y éticas.
Inmigrantes y racismo en Argentina. El racismo permite y legitima la explotación y configura una
relación de dominación que da forma y contenido a las relaciones de clase; aporta una racionalización para las
prerrogativas de clase (es decir las clases que tienen privilegios) naturalizando la inferioridad socioeconómica
de los desfavorecidos.
Diferencia cultural y fundamentalismo. El concepto de cultura comienza a naturalizarse como el
concepto de raza, se pone énfasis en la particularidad (es decir no es que las culturales no tengan
particularidades, sino que el problema radica cuando estas se llevan al extremo); la naturalización y
particularidad generaron que a cultura tenga una esencia determinista, es decir determina los comportamientos,
valores sin posibilidad de cambio, la cultura deja de ser algo que se aprende y se transforma. La esencializacion
de la cultura es un fenómeno particular (ya que hay diferencias esenciales insuperables), con condiciones de
posibilidad e implicaciones propias, y que da cuenta de un ordenamiento especifico de relaciones de poder;
Stolcke propone que el fundamentalismo cultural implica un modo de discriminación diferente al racismo,
mientras que el racismo percibe al otro como inferior por naturaleza, el fundamentalismo cultural que se apoya
en el discurso culturalista legitima la exclusión de los forasteros, los extranjeros. Según la autora son dos
modos de ejercicio del poder y de justificación de las desigualdades, mientras el racismo designa grupos y los
ordena jerárquicamente, establece un arriba y abajo (espacialización vertical), el fundamentalismo cultural
organiza sobre una plano territorios permitidos y excluidos, estipula un adentro y afuera: cada cultura en su
lugar (espacialización horizontal). Los medios masivos de comunicación suelen ser claros exponenciales del
fundamentalismo cultural (como ejemplo)

El racismo tiene su base en una justificación biológica, y el fundamentalismo tiene su base en una cultura
(esencialista y determinista) como justificación

Restricción de la ciudadanía. La restricción de ciudadanía como factor que produce, que genera él
mismo sujetos sociales y políticos, como mecanismo de regulación social configura un régimen de ilegalismos
(esto quiere decir que el Estado no solo castiga lo ilegal si no también lo produce generando leyes migratorias
restrictivas, empujando a las personas a utilizar medios ilegales). La producción de ilegalismos se dentro de
un sistema social y es dentro de ese sistema que tales ilegalismos operan como amenaza y como justificación
del control. Ciudadanía restringida refiere a un estado que en nuestras sociedades forma parte del proceso
general de ciudadanización (es decir el proceso por el cual la ciudadanía va cambiando, como a lo largo del
tiempo se reconocen ciertos grupos sociales otorgándoles derechos, etc.), la cual sirve para confirmar la
legitimidad del lugar social de otros, la figura de los incluidos como excluidos reafirma la pertenencia de los
incluidos.
Inmigrantes y ciudadanía restringida en Argentina. El sujeto no es considerado como sujeto de
derechos, uno de los instrumentos privilegiados que dan forma a una tendencia general restrictiva y de control
es el documento nacional de identidad (DNI). El régimen de los ilegalismos genera pliegues internos a la
sociedad que nos recuerdan persistentemente el reverso de la ciudadanía, el reverso de los derechos y de la
pertenencia.
Formas de regulación de poder, relaciones de poder y desigualdad. Los tres mecanismos como
regulación social, el racismo pone el cuerpo de los inmigrantes en primer plano y sus atributos morales
aparecen atados a sus rasgos físicos, justificando relaciones de sometimiento; el fundamentalismo cultural se
manifiesta en los casos en que la diversidad es asumida como un dato fijo y como justificación de un
apartamiento, escencializadas, las diferencias introducen un peligro de disgregación; por último la restricción
de la ciudadanía apera allí donde se ponen trabas, normas legales. Estos mecanismos organizan y justifican
relaciones de poder y formas de desigualdad, la racionalización de las relaciones sociales y el racismo
instituyen una percepción a partir de la cual reconocer a u inferior y naturalizar la inferiorizacion; el
fundamentalismo cultural instaura una dinámica de exclusión de aquellos que no pertenecen por hábitos,
costumbres, valores, etc.; la restricción de la ciudadanía establece la clandestinización de aquellos que, como
consecuencia de dicha clandestinización, pasan a formar parte de nuestra sociedad en el lugar de la
ilegitimidad. Los tres mecanismos contiene un reverso (la otra cara), o consecuencias paradójicas o nuevas
problemáticas que surgen por la aplicación de estos mecanismos, el reverso del racismo es cierta forma del
universalismo: aquella que toma como dato de base la unidad de la especie, antes de que el concepto moderno
de raza se desenvolviera, los conceptos modernos de igualdad y humanidad se habían desenvueltos también,
el racismo trata de controlar la sociedad pero la división de razas genera resistencias y conflictos; en el
fundamentalismo sucede que toma a la cultura como algo fijo e invariante lo cual no permite un lugar a la
diversidad, si no que obliga a las personas que pierdan su cultura para integrarse a la cultura dominante,
creando una tensión y una solución muy difícil; en el caso de la restricción de la ciudadanía es el carácter
productivo de la misma, tiene la capacidad de producir ciudadanías restringidas, sesgadas o negadas y de
producir los ilegalismos como margen interno de la sociedad.
El racismo, el fundamentalismo cultural y la restricción de ciudadanía sostienen un estado de cosas
que ineludiblemente beneficia a sectores de poder económico empresarial que pueden contar con obra de mano
barata y a sectores del poder político que pueden instrumentar políticas de control, e incluso a miembros de
sectores desfavorecidos que pueden encontrar en la figura de los otros y en el maltrato que recae sobre esos
otros una explicación para sus propias dificultades y una justificación de sus propias desgracias.

Roberto Cipriani
La definición sociológica de la religión
Para definir la sociología de la religión hay que afirmar que analiza la fenomenología religiosa con el
auxilio de instrumentos teóricos y empíricos que son típicos de la sociología. La orientación personal de cada
sociólogo emerge claramente en sus definiciones de la religión, Lambert distingue entre definiciones
sustantivas las cuales son elementos sustantivos como el culto, lo sobrenatural, lo invisible, el rito, etc., y entre
definiciones funcionales que ponen importancia en el papel de la religión en la sociedad; unas y otras han sido
atravesadas y condicionadas principalmente por el problema de la creencia (o no creencia) y de la pertenencia
confesional (o no pertenencia) de cada estudioso.
Las definiciones con tendencia sustantiva de la religión (Durkheim y Weber). Para Durkheim la
religión es un sistema solidario de creencias y practicas relativas a las entidades sacras, creencias y prácticas
que unen en una misma comunidad moral llamada iglesia; los contenidos sustantivos son las creencias, las
practicas, las inalcanzables entidades sacras, la iglesia. Weber no ha proporcionado una definición precisa de
religión sin embargo para él la religión son sistemas de reglamentación de la vida, los cuales han sabido reunir
a su alrededor a grandes cantidades de fieles; Weber insiste en la dimensión de la acción cuando afirma que
actuar de modo religioso o mágicamente orientado tiene su origen en un proceso mundano, existe una sólida
relación entre la dimensión religiosa y la terrenal. La definición implícita de religión de Weber es de tipo
funcional ya que ha intentado estudiar la acción religiosa colectiva, es decir la comunidad y lo que se refiere
a las potencias sobrenaturales; los sujetos sociales definen su creencia, su visión religiosa del mundo y su
ritual.
Las definiciones funcionales de la religión (Luckmann y Luhmann). Para Luckmann las prácticas
religiosas no tienen relevancia sociológica primaria que poseen los universos simbólicos, es decir los sistemas
de significado socialmente objetivados (esto significa que si queremos entender la religión no alcanza con ver
las practicas si no que hay que ver esos universos simbólicos es decir los valores y las concepciones de la vida
que tienen esas sociedades que trascienden lo biológico); la definición de la religión va más allá de los
esquemas habituales (de las practicas) ya que considera que está en armonía con el significado elemental del
concepto de religión definir el fenómeno religioso como la trascendencia de la naturaleza biológica de parte
del organismo humano, el cual es un fenómeno universal de la humanidad. Por lo tanto, podemos considerar
el proceso social que lleva a la formación del Yo como un proceso fundamentalmente religioso. Para
Luckmann la religión es una concepción del mundo. Para Luhmann la religión desempeña en el sistema social
la función de trasformar el mundo indeterminable en un mundo determinable, en donde el sistema y ambiente
puedan estar relacionados al punto de excluir de ambos la arbitrariedad del cambio, es decir que la función de
la religión consiste en reducir la incertidumbre y la complejidad. Por otro lado la religión es un sistema donde
el elemento de referencia a lo divino falta, el dador de significado está ausente ya que la única referencia al
sistema religioso se encuentra en el mismo, es decir el propio sistema religioso es autoproyectado (genera sus
propias ideas), autocreativo (genera sus propias verdades) y autoconstructivo (se construye y se mantiene así
mismo); por ende la religión es un sistema parcial autónomo por su capacidad de autotransformación y
autoespecializacion.
Una propuesta de definición más abarcadora. Primero hay que prescindir de las nociones basadas
en experiencias subjetivas, colocarse en un aspecto más amplio, múltiple, pluralista y universal; el autor tratara
de plantar dos dominadores comunes para tratar de definir la religión desde una mirada antropológica. Un
primer factor podría ser representado por la noción de referencia mataempírica (algo más allá de lo humano),
sin embargo el carácter metaempirico es una hipótesis apenas orientadora que sensibiliza, (quiere decir que
cuando se habla de religión hay siempre una idea de algo más allá), es una definición mínima inicial (es decir
es lo mínimo que necesitamos considerar para empezar a estudiar algo como religioso), que puede diluirse
adaptándose a las diversas situaciones concretas (es decir que no siempre la figura mataempírica va a ser
idéntica o super clara). Un segundo factor para terminar de entender y definir la religión es la investigación
de campo, que orienta y verifica (es decir permite confirmar si las teorías/hipótesis que vos tenías sobre esa
sociedades están en lo correcto), sugiere y puntualiza (el ir al campo e interactuar con la gente genera nuevas
ideas), precisa y pone en discusión los puntos de partida iniciales (es decir termina de darle forma a tu
investigación, los puntos de partida iniciales seria por ejemplo la referencia mataempírica), junto con las
definiciones provisorias que están en correlación.

Martín E. Díaz
Del disciplinamiento de los cuerpos al gerenciamiento de la vida. Mutaciones biopolíticas en
el presente en torno a la construcción de la anormalidad.
En primer lugar, lo que el autor va a hacer es, a partir de los aportes de Foucault explicar el surgimiento
de la biopolítica como estrategia de gobierno y analizando las estrategias discursivas que dieron lugar al par
normal/patológico (como criterio de demarcación social). En un segundo lugar va a examinar las
transformaciones que se generan con el despliegue de la gubernamentalidad neoliberal y con ello la mutación
del par normal/patológico; la racionalidad neoliberal es modelar la conducta de los sujetos con las estrategias
discursivas del mercado.
Introducción. En primer lugar se trata de problematizar de qué modo el ingreso de la vida en la esfera
del poder constituirá un acontecimiento crucial, a partir del despliegue de una tecnología macrofísica la cual
va a delimitar entre aquello que debe vivir y aquello que debe morir, según los requerimientos del aparato
productivo capitalista, es decir, lograr una población sana y vigorosa en su totalidad; como resultado de este
ejercicio del poder sobre la vida, se genera, el par normal/patológico (siglo XIX). En segundo lugar, la idea es
poner en tensión la mutación de este parámetro del par normal/patológico en nuestro presente, a partir de las
nuevas tecnologías de gobierno y modos de existencia que se despliegan con la gubernamentalidad neoliberal;
ya que se abren paso nuevas formas de control y gerenciamiento de la vida sobre la base de la modelación y
sanción de la conducta de los sujetos, de acuerdo con las estrategias discursivas o mandatos del mercado.
La emergencia de la biopolítica y su relación con la formación del par normal/patológico. Frente
a las dificultades y desafíos que habrán de presentarse en el interior del funcionamiento de las sociedades
capitalistas modernas, tras el surgimiento de la cuestión social, la medicina moderna adquirirá una dimensión
profundamente social, al abocarse al cuidado de los cuerpos, por ende, se convertirá en una estrategia
discursiva; en tal sentido, la enfermedad pasará a ser concebida como un problema social, se deberá conocer
los procesos internos del cuerpo, así como de los factores que afectan su salubridad. La medicina moderna, en
el siglo XVIII se enmarcara en el desarrollo de una política de salud, una nueva mirada hacia la pobreza
vinculada con los problemas de la ociosidad y el desarrollo de los medios más eficaces para convertir la mano
de obra en algo útil dentro del aparato de producción económico propio de la sociedad liberal capitalista; otra
característica consistirá en la búsqueda por parte del poder político del bienestar en la sociedad, con un
conjunto de gestiones que permitirán intervenir sobre el cuerpo social. El cuerpo individual y colectivo se
convierte de esta manera en el foco de interés de la medicina moderna, la cual deviene de una medicina social,
ya que el origen de la prevención de la enfermedades deviene de factores económicos y sociales. La promoción
de la salud y el bienestar de la población irá acompañada de distintas estrategias de control social (por ejemplo,
el higienismo); y el proceso de medicalización de lo social permitirá al Estado moderno asumir como labor
central tomar a su cargo la vida de las poblaciones.
El proceso histórico establecerá una novedosa función por parte del Estado moderno, caracterizada por
convertir a la población en un objeto de cálculo y regulaciones, como asimismo de depuración biológica frente
a aquellos elementos anómalos capaces de interferir en su óptimo funcionamiento; Este despliegue de poder
sobre la vida la convertirá en un objeto posible de ser manipulado regulado y modificado de acuerdo con
ciertas metas previamente prefijadas (lo relevante de este análisis es la alianza indisociable que se establecerá
entre este poder que se ejerce al nivel de la vida y el desarrollo del capitalismo). El surgimiento de este poder
del Estado remitirá a dos tecnologías: (1) Anatomopolítica: focalizada sobre los cuerpos individuales, surge
en Francia principalmente (siglos XVII y XVIII) con el desarrollo de las disciplinas en el interior del Ejército
y la escuela, posibilita la vigilancia de la conducta y los comportamientos, este poder se focalizará en los
cuerpos de los individuos para hacer de ellos sujetos más dóciles y eficientes; (2) Biopolítica: Surge en
Inglaterra (mediados del siglo XVIII), es un ejercicio totalizante desplegado sobre la población, poder
focalizado en la totalidad de los procesos biológicos, con el proceso de convertir a la población en una máquina
de producir, de esta manera, la salud, la higiene como a sí mismo, los flujos de crecimiento y decrecimiento
se convierten en objetos de una tecnología totalizante (la biopolítica), encontrará en la estadística un saber
clave para la recolección de conocimientos necesarios que permitan convertir a la población en una totalidad
sana y vigorosa.
La biopolítica debe leerse como un proceso de mutación histórica que dejará atrás un poder de
soberanía por un nuevo tipo de poder ejercido por el Estado moderno. Este nuevo modelo de poder le permitirá
al Estado optimizar la vida de ciertas franjas de la población y su reverso, administrar la muerte, producir el
exterminio de aquellas franjas poblacionales consideradas peligrosas para el continuo biológico de la especie;
resultará (según Foucault) del surgimiento del racismo (dispositivo de guerra), que constituirá una estrategia
de control y de exterminio biopolítico. En este sentido, el despliegue del biopoder analizado por Foucault es
posible de ser pensado como una tecnología de poder que operará en distintos niveles de complejidad, lo que
permitirá actuar tanto a nivel molecular, molar como global a partir del control de los recursos materiales y
humanos disponibles en el planeta. Volviendo al racismo moderno, este mismo poseerá un rol clave en la
administración de la vida y la naturalización de la muerte mediante la apelación a una supuesta superioridad
natural de ciertos hombres y naciones, biopolítica, y tanatopolítica constituirán las dos caras o el doble rostro
de una misma tecnología de gobierno. Por otro lado, la dimensión individualizante y totalizante, que asumirá
el estado moderno respecto de los cuerpos individuales y colectivos, tendrá como punto de intersección la
esfera de la sexualidad; el control de la sexualidad constituirá uno de los mecanismos privilegiados utilizados
por la maquinaria estatal moderna. La sexualidad emerge como el campo, donde los sujetos deberán
constituirse en existencias: hereditariamente sanas, socialmente útiles y potencialmente emprendedor, es decir
“subjetividades capitalistas” (termino de Feliz Guattari); en este sentido, la emergencia de este dispositivo de
la sexualidad convertirá como objetos privilegiados de su saber (es decir como objeto de estudio) a la mujer
histérica, al niño masturbador, la pareja malthusiana y el adulto perverso. El desarrollo de este dispositivo de
la sexualidad constituirá entonces una pieza central frente a los requerimientos de la maquinaria estatal
moderna de: regular los nacimientos y matrimonios, preservar la fecundidad de la especie, como así mismo
combatir las enfermedades que puedan atentar contra la longevidad y salubridad de la población existente o
bien de las futuras generaciones. El Estado buscará, a través del dispositivo de la sexualidad, intervenir sobre
los cuerpos individuales y colectivos en pos de controlar su herencia y diagnosticar a tiempo los factores de
riesgo genéticos que conducen a la enfermedad, por consecuencia el tejido social quedará inmerso en un
proceso de normalización y disciplinamiento de las conductas que permitirá demarcar entre aquel ciudadano
normal aceptado a las normas sociales y morales prefijadas y aquellos sujetos desviados de ellas. El
surgimiento en el siglo XIX del par normal/patológico debe entenderse como el resultado de las intervenciones
producidas sobre la población en aras de convertirla en un todo sano y productivo; en este esquema del
biopoder, la construcción de la anormalidad involucra siempre una desviación, una especie de peligro de
muerte que acecha entre los vivos.
La gubernamentalidad neoliberal y la mutación del par normal/patológico en el presente. Los
modos que se despliega y ejerce el biopoder en las sociedades contemporáneas ya no responde a los parámetros
desarrollados en las sociedades disciplinarias y al par normal/patológico, tal como era pensado en el interior
de ellas; lo cual generará una nueva lectura acerca del funcionamiento de las racionalidades de gobierno
desplegado sobre las poblaciones, a partir de la utilización del concepto de gubernamentalidad. La analítica
de la gubernamentalidad permitirá por un lado indagar los modos de conductas, deseos y motivaciones de los
sujetos, los cuales son posibles de ser moldeados para el cumplimiento de ciertos fines o logros específicos, y
por otro indagar el desarrollo de una tecnología de poder basada en el Gobierno de las acciones de los sujetos.
Nos interesa (al autor) poner en tensión de qué modo los acontecimientos históricos producidos en la sociedad
occidental a mediados del siglo XX y las transformaciones socio-técnicas generadas a escala global por un
capitalismo mundial integrado parecen dar cuenta del ingreso de una nueva fase del desarrollo del biopoder
producido por la Gubernamentalidad neoliberal, lo cual supondrá la emergencia de una refinada tecnología de
autogobierno de los sujetos, así como un nuevo modo de delimitación de las potenciales peligros sociales,
sancionados ahora desde la racionalidad del mercado. El capitalismo mundial integrado (CMI termino de Félix
Guattari) genera un nuevo reordenamiento global sobre la base de transformaciones en los modos de
funcionamiento y acumulación, lo cual dará lugar a una red policéntrica compleja capaz de desterritorializar
las barreras nacionales (a partir de los nuevos complejos informáticos, militares-industriales y los medios
masivos de comunicación); estas transformaciones globales traen como consecuencia la imposibilidad de
diferenciar entre un adentro y un afuera, no es que hay una desaparición de las segmentaciones sociales, sino
que se generan zonas de súperdesarrollo y súperenriquecimiento, en contraste con zonas asignadas por una
pauperización absoluta. El CMI desarrolla nuevas dinámicas de poder producidas a escala global, capaz de
movilizar los deseos individuales hacia la esfera del consumo.
La década del 70, abrirá la puerta a escala global del despliegue del neoliberalismo (el libre mercado),
el cual no puede reducirse a una esfera estrictamente económica, sino que producirá un nuevo tipo de
gubernamentalidad, cuyo arte de gobierno, consistirá en dirigir las conductas de los sujetos de modo de
establecer ciertos modos de existencia prefijados. La racionalidad gubernamental neoliberal producirá modos
de existencia sostenidos en la lógica del sujeto, como empresario de sí mismo o como capital humano, lo que
permite estimular tanto el deseo de autogobierno como la competencia entre los individuos en el interior del
régimen empresarial (creando la llamada sociedad de control); el autocuidado y la autoinversión actúan como
eficaces modelaciones de la subjetividad promoviendo el entrenamiento, la inversión en educación, el cuidado
de la salud, en pos de que los sujetos internalicen la necesidad de maximizar los beneficios y de minimizar los
riesgos que conllevan sus acciones y decisiones. El reverso de la racionalidad neoliberal es que aquellos que
posean una autoadministración deficiente de su propio capital o capacidades fracasaran.
Una de las estrategias de gobierno puesta en marcha por organismos internacionales es la idea del
Grupo de riesgo, los cuales son grupos que representan, desde la perspectiva del mercado, una mayor o menor
potencialidad de alterar la gobernabilidad y el buen funcionamiento de aquel. La gestión de la pobreza aparece
como uno de los mayores objetivos (es decir como una meta) de las estrategias promovidas por el Banco
Mundial, dado que los pobres son visualizados como grupos vulnerables que poseen pocas o escasas
oportunidades de autogestionarse en sí mismos y de contribuir mediante la competencia individual a la riqueza
colectiva; desde las estrategias de la racionalidad de mercado, aparece como producto de la incapacidad (es
decir, la culpa no la tiene los modelos de orden social estructurado, sino los sujetos). El término focopolítica,
propuesto por Sonia Álvarez Leguizamón, es el modo particular en que la gubernamentalidad neoliberal
impactará sobre las políticas sociales de los países de América Latina sobre aquellos grupos sociales que se
encuentran en situaciones de vulnerabilidad; Sí, con acción tutelar, se procura fomentar por parte de estos
grupos vulnerables, formas de autocontrol mediante la promoción de redes productivas de autogestión y en
pos de permitir una subsistencia básica y evitar sanciones de conflictos que alteren el orden social global
establecido.
La construcción de un imaginario social que asocia la pobreza con el fracaso individual y con la
peligrosidad que representan para la seguridad de los ciudadanos consumidores, conduce a una
estigmatización que impide identificar las causas estructurales de la autorización de vastos sectores de la
población mundial y conduce a un profundo sufrimiento psíquico y social de estas vidas estigmatizadas.
Algunas palabras finales. La formación del par normal/patológico en la sociedad disciplinaria se
caracteriza por la necesidad de generar cuerpos dóciles y productivos para los requerimientos de una sociedad
liberal capitalista, naturalizar las desigualdades sociales y responde a ese sujeto que hay que resocializar para
adaptarlo a las normas sociales y Morales. La mutación del par normal/patológico (es decir sociedad
disciplinada tenes, un ciudadano normal o indisciplinado, en cambio en las sociedades contemporáneas tenes,
un sujeto exitoso autoadministrado o un pobre incapaz peligroso) va de la mano con el despliegue de la
gubernamentalidad neoliberal, lo que genera una nueva delimitación, ya que ésta se basa en la constante
competencia por los recursos y los logros disponibles en el universo del mercado. La modelación de una
subjetividad centrada en una competencia incesante conduce no solo a la imposibilidad de establecer lazos
sociales que posibiliten una transformación del mundo social establecido, sino también a la naturalización del
sufrimiento y la muerte de quienes son vistos como reembolsables y de su propio fracaso.

Ana Martínez Barreiro


La construcción social del cuerpo en las sociedades contemporáneas
Este articulo analiza los principales cambios sociales que se han operado sobre la imagen social del
cuerpo en la cultura contemporánea; bajo la perspectiva de la diversidad, se desarrollan diferentes cuestiones
sobre los usos sociales del cuerpo como un objeto de consumo y signo a la vez y el lenguaje del cuerpo. Se
plantea la controversia social sobre el futuro de los cuerpos al explorar el papel de la ciencia y la tecnología
en las nuevas concepciones acerca del cuerpo, de la vida, y la muerte. El interés está en conocer el carácter
profundo de las interconexiones que existen entre la vida social y el cuerpo y la socialización de la naturaleza.
Naturaleza y cultura. El cuerpo como algo que pertenece a la cultura y no a una identidad biológica,
desde esta perspectiva, el cuerpo es interpretado culturalmente en todas partes, por lo tanto, la biología no se
encuentra excluida de la cultura, sino que está dentro de ello. Turner ofrece dos razones por lo cual la teoría
social clásica descuidó y reprimió el cuerpo: (1) La teoría social heredó el dualismo cartesiano que daba
prioridad a la mente y a sus propiedades de conciencia y de razón sobre sus propiedades de emoción y de
pasión, (2) trató al cuerpo como un fenómeno natural, no social y por consiguiente no legítimo para la
investigación sociológica. La historia y la antropología han influido especialmente la legitimidad del cuerpo
como objeto de estudio social. El cuerpo tiene una historia: Norbert Elías señala las formas en que nuestra
comprensión y nuestras experiencias modernas sobre el cuerpo son históricamente específicas y surgen de
procesos sociales y psicológicos que remontan al siglo XVI, examina de qué modo los desarrollos históricos
como la centralización sirvieron para frenar la violencia, inducir a un mayor control social, y una mayor
conciencia de uno mismo como individuo; en este aspecto, el cuerpo se muestra como portador de la posición
social (Bourdieu). Desde la antropología la autora vuelve a citar a Turner (que para el autor el cuerpo ofrece
de por sí una amplia superficie apropiada para exhibir públicamente marcas de posición familiar, rango social,
afiliación trivial, religión, edad, sexo), el cual va a dar cuatro razones que influenciaron a la hora de ligitimizar
el cuerpo como objeto de estudio social: (1) La antropología se ocupó de cuestiones ontológicas (rama de la
filosofía que estudia la esencia del ser humano) y de la dicotomía entre naturaleza y cultura, es decir, el cuerpo
como objeto de la naturaleza fue mediado por la cultura, (2) Preocupación por las necesidades básicas
biológicas y por cómo éstas son afrontadas por la cultura, (3) según Mary Douglas el cuerpo como sistema de
clasificación primario para las culturas, es decir, a través del cuerpo se representan y se manejan los conceptos
de orden y desorden, (4) Según Marcel Mauss la cultura, da forma al cuerpo y describe con detalle lo que él
denomina las técnicas del cuerpo, medio importante para la socialización, a través de ellas y de su cuerpo un
individuo llega a conocer una cultura y vivir en ella. Haciendo más hincapié en la autora Mary Douglas,
también ha reconocido el cuerpo como un objeto natural moldeado por las fuerzas sociales, y para ella existen
dos cuerpos: el cuerpo físico y el cuerpo social, el cuerpo social restringe el modo en que se percibe el cuerpo
físico, la cultura hace de mediadora, traduce las propiedades fisiológicas del cuerpo en símbolos significativos,
el cuerpo es un medio de expresión altamente restringido; la situación social se impone en el cuerpo y los ciñe
a actuar de formas concretas, así, el cuerpo se convierte en un símbolo de la situación (la autora utiliza la risa
como ejemplo). Michel Foucault demuestra la importancia del cuerpo en la teoría social, lo que contribuye a
la inauguración de la sociología del cuerpo.
El auge de la cultura somática (se refiere a como el cuerpo toma una centralidad y visibilidad sin
precedentes en la vida social y cultural). Las prácticas y los saberes son promovidos por múltiples especialistas
(estilistas, médicos, publicistas, estilistas) que han construido crear o definir y legitimar los nuevos códigos
éticos y estéticos de los usos sociales del cuerpo; este nuevo interés está ligado a transformaciones sociales
profundas, a cambios en el modo de producción, en las formas de relación y a la emergencia de nuevas formas
de dominación. Razones que plantea la autora que explican el surgimiento del cuerpo en las sociedades
modernas: (1) Pensamiento feminista replantea el problema de la discriminación en términos de género, (2)
exaltación de la cultura consumista, el cuerpo como mercancía y que pasa a ser el medio principal de
producción y distribución de la sociedad de consumo, (3) Fuerte cambio demográfico, supone el
envejecimiento de la población, el cual es un hecho de interés político y económico, porque las implicaciones
económicas para el mercado de trabajo se consideran algo negativo, junto con las modificaciones de la
medicina moderna, que elevan a una significación peculiar la cuestión de la corporación; la aparición de las
medicinas alternativas llevan una nueva relación con el cuerpo y a una redefinición del concepto de
enfermedad y merecimiento, (4) la secularización actual (es decir una sociedad que se aleja de lo religioso) de
la sociedad facilita la mercantilización y el comercialismo del cuerpo, se observa el auge de nuevos valores
como la libertad sin restricciones, el reforzamiento del yo individual y el rechazo a la disciplina, (5) Por último,
la ecología y la defensa del medio ambiente han construido a un nuevo discurso del cuerpo en relación con la
sociedad y la naturaleza: la socialización de la naturaleza.
La política de los cuerpos: poder/sexualidad. Foucault (explicado en Diaz), (critica de feministas:
no tiene presente la cuestión del género) ideas sobre una política del cuerpo, cuerpo de los condenados, cuerpo
inmerso en el campo político, donde las relaciones de poder que operan sobre él le obligan a efectuar unas
ceremonias y le exigen unos signos; cuerpos dóciles, cuerpo que puede ser sometido, que puede ser utilizado,
que puede ser transformado y perfeccionado. Desarrolla la disciplina como el arte de hacer obediente al cuerpo
humano en las instituciones militares, médicas, escolares, industriales, y es donde se construye lo que el autor
denomina, la microfísica del poder y analiza la distribución de los individuos en el espacio por zonas y rangos.
Desde la perspectiva del materialismo histórico Jean-Mari Brohm plantea, el humanismo del cuerpo que se
vive en la actualidad no es más que una expresión de las exigencias del sistema capitalista, el cuerpo es fuente
de explotación, manipulado por falsas técnicas de la felicidad. Concepción política del cuerpo, pero desde la
teoría feminista, crítica a la utilización del cuerpo de las mujeres como objetos, signos y mercancías en la
sociedad actual. Tal y como señala la autora, las normas que se refieren al campo a las mujeres son más
estrictas y móviles que las referidas al cuerpo de los hombres, precisamente por su definición cultural de
cuerpo/objeto o cuerpo deseado; asimismo, el movimiento feminista ha desarrollado una reflexión sobre el
cuerpo de la mujer como objeto de represión, de escándalo de explotación y sobre los mitos de impureza en
las mujeres del cristianismo y el judaísmo. Algunas prácticas disciplinarias que engendran los cuerpos dóciles
y obedientes de las mujeres que producen un tipo de cuerpo típicamente femenino (la feminidad es una
construcción social) son: (1) aquellas que pretenden conseguir un cuerpo de cierto tamaño y configuración,
(2) aquellas técnicas que tienen como objetivo conseguir una forma de expresión corporal, (3) aquellas que
están dirigidas a mostrar un cuerpo como una superficie decorativa.
El cuerpo frente la corporalidad. La corporalidad se constituye en un instrumento de expresión de
nuestra propia personalidad, nos sirve para tomar contacto con el exterior, comparándonos con otros cuerpos
y objetos, e puede hablar dentro del esquema corporal de: un cuerpo objeto (como lo percibo) es la
representación aislada que nos hacemos de nuestro cuerpo en sí mismo, o, un cuerpo vivido (como lo perciben)
la forma en que nuestra corporalidad se manifiesta en nuestras relaciones humanas y en la socialización. Para
Merleau-Ponty el yo está ubicado en el cuerpo, que a su vez está ubicado en el tiempo y en el espacio; a veces
somos conscientes de nuestros cuerpos como objetos que se han de mirar (por ejemplo, en espacios sociales)
mientras que, en otros como el hogar, no sintonizamos con nuestros cuerpos como objetos que han de ser
contemplados. La vestimenta es siempre contextual, es decir, que se adapta a situaciones muy distintas, el acto
de vestirse puede ser un acto irreflexivo o un acto consciente y reflexivo. El tiempo y el espacio ordena nuestro
sentido del yo en el mundo, nuestras relaciones y encuentros con los demás y también la forma de cuidar de
nuestros cuerpos; el espacio es externo para los individuos en cuanto impone reglas y normas particulares
sobre ellos, e interno para los mismos en cuanto es experimentado y de hecho transformado por ellos.
El cuerpo habla. A comienzos de la década de 1960, el cuerpo se presenta como una estructura
lingüística que habla y revela afinidad de informaciones, aunque el sujeto guarde silencio y constituyen formas
de comportamiento; la nueva comunicación se concibe como un sistema cultural en el que se inserta el
individuo, sistema regido por una causalidad que ya no es lineal, sino circular, donde el efecto retro actúa
sobre la causa. La comunicación se define como cualquier intercambio de información que se verifique en el
interior de un sistema de relaciones, con independencia del medio que se utilice y el hecho de que los
interlocutores tengan o no conciencia de ello. Erving Goffman parte de la idea de que para que la interacción
social sea viable, se necesita información acerca de aquellos con quienes interactúa y entre las muchas vías
por las que los actores pueden adquirir dicha información es tanto a través de lo que dicen y hacen como de
la apariencia.
El cuerpo como mercancía y signo. (como mercancía: está en continua revisión, cambio y
transformación no es algo físico) En la sociedad de consumo, el cuerpo se transforma en mercancía y pasa a
ser el medio principal de producción y distribución. El análisis que Jean Baudrillard hace es que, la lógica
social del consumo es una lógica de consumo de signos, donde el cuerpo parece dentro de los objetos de
consumo y bajo el signo de la liberación sexual, y se constituye un proceso de sacralización sobre el cuerpo
como valores potencial; ha querido demostrar en su análisis que las estructuras actuales de producción y
consumo proporcionan al individuo una doble representación de su cuerpo, como capital y como fetiche, es
decir, como una forma de inversión y signo social a la vez. Featherstone investiga que desde principios del
siglo XX ha habido un espectacular aumento en los regímenes de autocuidados del cuerpo (ejercicio, dieta,
maquillaje, cirugía estética); el cuidado del cuerpo no hace referencia solo a la salud, sino también a sentirse
bien, nuestra felicidad y realización personal cada vez más, están sujetas al grado en que nuestros cuerpos se
ajustan a las normas contemporáneas de salud y belleza. Featherstone distingue dos tipos de exigencia con
respecto al cuerpo, que el cuerpo interior funcione bien y que la apariencia sea de cuidada. Las últimas décadas
se plantea la cuestión de conocer cómo las diferencias biológicas entre los individuos se transforman en
factores de discriminación social; en este sentido, diversos problemas de salud actual y chocan con la
definición de cuerpo ideal, que es mucho más importante para las mujeres que para el hombre.
Cuerpos, ciencia y tecnología. El cuerpo es ahora plenamente susceptible de ser trabajado por las
influencias de la modernidad reciente, una de las características de la modernidad es el reconocimiento de que
la ciencia y la tecnología tienen una doble filo y crean unos parámetros de riesgo y peligro, al tiempo que
ofrecen posibilidades beneficiosas para la humanidad. El progreso científico y médico genera unas soluciones
técnicas que cambian el significado del cuerpo, los dos tipos de procedimientos tecnológicos (los trasplantes
de órganos y la reproducción asistida.), comparten algunas características: (1) se extraen de una parte del
cuerpo del individuo al cual pertenecen, que pueden continuar ejerciendo sus funciones y desarrollándose en
otro cuerpo, (2) los procedimientos requieren de la participación de amplios grupos sociales. Las nuevas
tecnologías son ejemplos de la capacidad de la ciencia y de la medicina para construir imágenes sociales y
culturales, son exponentes del progresivo poder sobre el cuerpo y la vida. Giddens denomina la socialización
de la naturaleza, expresión que hace referencia al hecho de que ciertos fenómenos naturales o que venían
dados por la naturaleza, ahora tienen un carácter social, es decir, que dependen de nuestras propias decisiones
(por ejemplo, el uso de métodos anticonceptivos para la reproducción). La ciencia como fuerza transformadora
de cambio social, sitúa a la sociedad ante un conjunto de enigmas y dilemas valorativos, dos dilemas polémicos
que han planteado las nuevas técnicas de reproducción en las sociedades contemporáneas son el aborto y la
eutanasia; se entiende por eutanasia el conjunto de acciones u omisiones que de un modo deliberado y
consciente provoca o permite un curso de acontecimientos conducentes a poner fin a la vida de una persona
por el bien de esta, bien porque ella sí lo ha decidido, bien porque en los casos en los que no puede elegir por
sí misma entre la vida y la muerte, otros han tomado la decisión por ella. Las decisiones sobre la vida y la
muerte son los más cruciales, tanto por su extraordinaria relevancia moral como por su complejidad.
A modo de conclusión. En la actualidad, el cuerpo está sujeto a fuerzas sociales, por una parte, los
discursos contemporáneos sobre la salud y la imagen vinculan al cuerpo y a la identidad, y sirven para
promover ciertas prácticas de cuidados corporales típicas; por otra parte, el cuerpo se ve fragmentado por los
avances de la ciencia y la tecnología y la creciente socialización de la naturaleza y de la reproducción.

Joan W. Scott
Género: ¿Todavía una categoría útil para el análisis?
Este artículo traza la historia de los usos de la palabra género y los cuestionamientos que persisten en
cuanto al modo de cómo se definen y evolucionan los términos mujeres, hombres y las relaciones de poder
entre ellos.
En 1986 se usaba el término construcción cultural, los significados eran atribuidos, no inertes a los
cuerpos y había una historia y una política de estas atribuciones de significados; la idea de construcción
cultural se basaba en la noción de que podía distinguirse cuidadosamente entre el sexo y el género. Para
algunas personas, género se ha convertido en una forma cortés de referirse a cualquier cosa que tenga que ver
con el sexo, mientras que el sexo se reserva para los actos físicos; Otras personas, como los congresistas
republicanos, señalaron las implicaciones subversivas de género, advirtieron que la moralidad y los valores
de la familia estaban siendo atacados por aquellos que creen que puede haber hasta 5 géneros (es decir el
género como algo peligroso); insistieron en que un programa había sido secuestrado por feministas que creen
en el género y creen que todo lo que creemos natural, incluyendo la habilidad y la feminidad, la maternidad,
la heterosexualidad, el matrimonio y la familia, son fijaciones culturalmente creadas originadas por hombres
que oprimen a las mujeres, estas feministas profesan que tales roles han sido socialmente construidos y por lo
tanto, pueden cambiar.
No hay explicación del uso generalmente aceptado del género, como si el significado fuera
autoevidente, libre de ambigüedad y de todas las interpretaciones erróneas posibles. Género abrirá todo un
conjunto de cuestiones analíticas sobre cómo y bajo qué condiciones se habían definido los diferentes roles y
funciones para cada sexo, como varían los diversos significados de las categorías hombre y mujer, según la
época y el contexto, en lugar cómo se crearon e impusieron las normas regulatorias del comportamiento sexual,
como los asuntos relacionados con el poder y los derechos contribuian a las definiciones de masculinidad y
feminidad, como las estructuras simbólicas afectaban las vidas y prácticas de personas comunes y corrientes,
como se forjaban las identidades sexuales dentro de las prescripciones sociales y contra ellas. Género podría
referirse a las formas en las cuales se concedían las relaciones entre hombres y mujeres, pero no se tomaban
ni las relaciones ni los hombres ni las mujeres como iguales en todos los casos; lo importante era cuestionarse
todos estos términos y así historizarlos.
Con demasiada frecuencia género connota, un enfoque programático o metodológico en el cual los
significados de hombre o mujer se toman como fijos, el objetivo parece ser describir roles diferentes no
cuestionarlos. El énfasis debería ponerse no en los roles asignados a las mujeres y a los hombres, sino la
construcción de la diferencia sexual en sí. Se dice que el género trata acerca de relaciones entre mujeres y
hombres que se presupone no solo que es jerárquica, sino que lo es invariablemente. El sexo no era un
fenómeno transparente, adquiría su estatus natural de modo retrospectivo como justificación para la asignación
de roles de género. Creo que género sigue siendo útil si se toma como una invitación a pensar de manera
crítica sobre como los significados de los cuerpos sexuados se producen en relación el uno con el otro y como
estos se despliegan y cambian.
La identidad nos dice Riley, no nos permea y por ende es inconstante y no los puede dar una base
ontológica, el cuerpo no nos da esa base tampoco, ya que es en sí mismo un concepto que debe ser leído en
relación con lo que lo apoya y lo rodea; el cuerpo no es un punto de origen ni un término es un resultado o un
efecto. Hasta que los individuos se definieron como sujetos políticos no podía haber reclamo de ciudadanía ni
derechos políticos para las mujeres. Para entender el feminismo había que pensarlo como una intervención
estratégica en un conjunto de discursos que no estaban restringidos a las mujeres.
El género para el autor, es el estudio de la difícil relación, en torno a la sexualidad, entre lo normativo
y lo psíquico, el intento de a la vez colectivizar la fantasía y usarla para algún fin político o social, ya sea ese
fin, la construcción de nación o la estructura familiar; es el género el que produce significado para el sexo y
la diferencia sexual, entonces el género es una categoría útil para el análisis porque nos obliga a historizar las
formas en las cuales el sexo y la diferencia sexual han sido conseguidos.

Elsa Dorlin
La historia del sexo
Arqueología del sexo. El concepto de género fue elaborado por los equipos médicos en la primera
mitad del siglo XX, cuando se hicieron cargo de los recién nacidos, llamados hermafroditas/intersexuales;
para esos médicos, el desafío era reasignar un sexo a un niño que testimoniaba un ambigüedad sexual de
nacimiento, ya que no dio lugar a una identidad sexual identificable como macho, hembra y el accionar era
intervenir sobre esos cuerpos para asignarles un “buen sexo”, el cual consiste en un aparato genital macho o
hembra plausible, comportamiento sexual coherente heterosexual. El sexo biológico es un factor relativamente
flexible, aleatorio y poco coercitivo. En materia de identidad sexual, es decir, de roles de género y de
comportamientos sexuales; El sexo biológico no determina la identidad sexual de los individuos, este es
reconstruirle y sin embargo construible, determinable, mediante una intervención técnica exógena. La primera
ocurrencia del término heterosexual aparece a fines del siglo XIX, se considera como una perversión sexual
la bisexualidad. La finalidad procreativa, permanece inconsciente en el acto sexual, pero desde entonces
permite distinguir el acto sexual: desviado, patológico o natural, normal, como las personalidades que están
asociadas; la heterosexualidad designa exclusiva y duramente la heterosexualizacion del deseo erótico y la
predisposición a la reproducción, trabajos de Krafft Ebing: el pensamiento médico comprende en el sexo
biológico los procesos de sexuación, la procreación y la sexualidad, en consecuencia la sexuación no es el
todo del sexo siempre hay ya en el sexo biológico de los individuos, género y las trazas de una gestión social
de la reproducción, es decir, una identidad sexual de género y sexualidad, impuesta asignada. En 1972 Ana
Oakley publica, obra en la cual ella distingue el sexo, el género y que señala la emergencia del concepto de
género en la teoría feminista, los fenómenos de transexualidad demuestran que ni el deseo sexual y el
comportamiento sexual ni la identidad de género son dependientes de las estructuras anatómicas. Concepto de
género, utilizado desde sociales para definir las identidades, los roles, tareas y funciones, los valores, las
representaciones o los atributos simbólicos, femeninos y masculinos, como productos de una socialización de
los individuos y no como los efectos de una naturaleza. La introducción del género en las ciencias humanas
responde a una política, presentar los rasgos de género como simbólicos o arbitrarios, dejando el sexo
anatómico el papel de real insoslayeble. A partir de fines de los 80 surgió una nueva conceptualización del
género, en esta perspectiva, el género no es pensado ya como el contenido cambiante de un continente
inmutable que sería el sexo, sino como un concepto crítico, una categoría de análisis histórico. Desde el siglo
XVII el sexo fue fingido según un modelo bicategoríal: la fisiopatología de temperamento, la anatomía de los
aparatos genitales y lo de las gónadas, la información hormonal, la genética; se trata de las cuatro grandes
definiciones de la bicategorización sexual: el sexo humoral, el sexo gonádico, el sexo hormonal y el sexo
cromosómico, fundamentos para la distinción entre machos y hembras. Podría definirse la bicategorización
sexual como un obstáculo epistemológico para la comprensión científica del sexo, como proceso complejo de
sexuación irreductible a dos categorías de sexo, el sexo femenino y masculino.
El sexo (M/F): un obstáculo epistemológico. La epistemología racionalista (conocimiento racional)
del sexo es particularmente heurístico a la vez en lo que permite pensar, pero también en lo que no logra
explicar, (es decir, que se trata de entender el sexo desde lo racional, se trata de clasificarlo, definirlo de forma
objetiva desde las múltiples disciplinas). La contradicción interna entre creencia/práctica y teorías médicas
parece plantear un verdadero problema epistemológico; en historia de las ciencias tendríamos tres tipos de
crisis: (1) las crisis relacionadas con las rupturas entre la ideología ambiente y la cientificidad naciente, (2)
ligadas a las reestructuraciones teóricas de la ciencia, (3) aquellas relacionadas con un statu quo que hacen de
la situación crítica un régimen casi permanente. Cabría entonces preguntarse en qué medida un conocimiento
científico puede tener interés en mantener la crisis en su propio sistema de sus propios mundos o principios,
en este caso, de la sexuación de los cuerpos. La distorsión crítica entre sexuación y bicategorización es
particularmente problemática en el pensamiento médico; la intersexualidad perturba la causalidad del sexo, el
género en sus condiciones se convierte en el fundamento último del sexo, entendido como la bicategorización
sexual de los individuos. Los protocolos de reasignación de sexo tienen en el caso de la vagina, se considera
lograda cuando se puede penetrar, la amplitud de la abertura, la lubricación, la sensibilización orgásmica no
son prioridades, mientras que el pene logrado debe ser apto para la erección y un tamaño aceptable para los
cánones de la virilidad; la identidad cromosómica o las gónadas no son la causa última del sexo, sino factores
determinantes de la elección de la identidad sexual.
El género precede al sexo. La relación de género es utilizada como el fundamento último de la
categorización sexual del sexo, muestra que la norma es exhibida en toda su dimensión social e histórica y se
expone a ser impugnada; pero el riesgo es inevitable o se acepta que no hay un criterio infalible fundado en la
naturaleza, o se escoge un criterio social infalible, pero cuyo valor normativo es considerablemente debilitado
a causa de su carácter social y, por tanto, convencional hasta arbitrario. La bicategorización es por eso
invalidada no solamente como norma natural, sino también como medio; son en verdad los criterios
discriminantes elaborados en el marco de una política de normalización de los cuerpos sexuados los que
socavan la definición misma de lo normal en materia de proceso de sexuación biológica. Hay que conservar
como barrera crítica que la aptitud para la reproducción jamás se existe en sí, que siempre es objeto de una
división social del trabajo sexual reproductivo; escribe Helene Rouch, hay que precaverse de una confusión
sistemáticamente practicada entre atributos de sexo, comportamiento sexual y rol en la reproducción que
conduce a muchas amalgamas: entre el individuo y la especie, entre sexuación y sexualidad, entre sexualidad
y reproducción. Si la crisis del fundamento natural del sexo permite mantener la relación de género en buenas
condiciones, es ante todo el efecto de una distorsión entre teoría y práctica científicas, que es a la vez el efecto
de la crisis y la solución de esta última, mantener las investigaciones del fundamento natural del sexo en
suspenso, utilizar “a falta de otra cosa” o “mientras” un criterio doxico-práctico: el género; la crisis es la
expresión misma de la historicidad de una relación de dominación que se modifica, muta y debe
constantemente redefinir su sistema categorial para garantizar las condiciones de su reproducción.
El género puede ser definido como una relación de poder que garantiza su reproducción, en parte
gracias a las mutaciones del sistema categorial que produce y sobre el cual se adosa, pero al hacer esto, a la
vista de todo el mundo, se expone plenamente en toda su historicidad: su historia es la de sus múltiples crisis
y de las múltiples mutaciones que operan sobre los cuerpos. La capacidad normativa del género, el hecho de
que esta relación social sobre substancializar el proceso de sexuación en dos sexos biológicos, a despecho de
una normativa natural polimorfa, radica pues, en su capacidad para mantener un régimen teórico y práctico en
crisis. Frente a la multiplicidad de las configuraciones sexuales posibles, la norma de género no logra
reducirlas a una binariedad supuestamente esencial, sino porque está en condiciones de operar constantes
mutaciones sobre dichos cuerpos.

Mia del consuelo Chapela


Concepciones sobre la salud, la enfermedad y el cuerpo durante los siglos XIX y XX
El texto comienza preguntándose. ¿Qué se entiende por salud o enfermedad?, ¿Quién tiene derecho a
suspender una vida?, ¿Qué es una vida humana y dónde termina?, ¿Quién debe decidir qué problemas de salud
son prioritarios? El análisis que hacen los autores es que todas estas preguntas no fueron formuladas por la
medicina, sino por la antropología, la filosofía, el derecho y la sociología, es decir, que la salud ha dejado de
ser un problema exclusivamente médico.
El problema del cuerpo y la salud. Los conceptos de ser, vida y mundo vivido como elementos
indisociables de los procesos sociales, dieron lugar a nuevos postulados ontológicos y epistemológicos sobre
la noción de cuerpo; en los estudios culturales, críticos, neomarxiano, feministas, masculinistas, raciales,
étnicos, queer, entre otros, lograron desarrollar perspectivas que vinculan los fenómenos biológicos humanos
con los históricos, sociales, económicos, políticos y del lenguaje, es decir, apuntan a la indisoluble/inseparable
existencia subjetiva y objetiva del ser humano, que constituyen, al ser como cuerpo material simbólico en el
campo de la salud. En el campo de la salud del pensamiento positivista médico domina, es decir, reducen a las
personas a objetos biológicos susceptibles de ser medicalizados e intervenidos mediante tecnologías cada vez
más sofisticadas, costosas e inaccesibles para la mayoría de los seres humanos; esta postura puede ser
entendida por razones del desarrollo de las ciencias médicas como ciencias naturales y la conveniencia para
el mercado. Durante el siglo XX, la dominación médica logró consolidar culturas dependientes de la vigilancia
y las prescripciones médicas en todos los aspectos de la vida, la dominación médica hegemónica silencio
concepciones ancestrales de los grupos subordinados históricamente, grupos indígenas y las mujeres, quienes
tradicionalmente adquirían, preservan y transmitían el saber histórico en salud generacionalmente, lo que cada
vez más podríamos entender como exterminio de la diversidad cultural de la salud, favorable al control del
orden social.
Aportes de la fenomenología y el paso de la posmodernidad. (entender el mundo desde la
fenomenología logro que se cuestionara el paradigma que estaba vigente, el positivismo) Edmund Husserl
padre de la fenomenología identifica que las cosas son fenómenos que aparecen ante nuestra conciencia; la
conciencia entre todas las cosas es siempre intencional, por lo que al querer conocer los fenómenos
necesitamos poner entre paréntesis lo que sabemos para permitir que el fenómeno se exprese por sí mismo. El
ser, solo puede ser entendido como ser en el mundo, Heidegger propone que el ser humano es una cosa situada
ahí, el ser ahí (dasein) con conciencia de estar ahí, de donde se desprende su potencial de ser; la idea de ser
humano en el mundo conlleva la necesidad de existir con los otros en el mundo cotidiano. Maurice Merleau
Ponty y Jean-Luc Nancy critican la fenomenología de Heidegger por no abordar la carnalidad o materialidad
necesaria para completar la perspectiva espacio temporal del dasein; la intencionalidad fundamental de las
acciones del ser está presente en la percepción como subjetividad encarnada, por lo que la percepción y la
práctica son inseparables, ya que ambas implican el movimiento de quien percibe al moverse en el mundo; el
cuerpo es la encarnación de intención, perspectiva, poder, temporalidad y espacialidad. Hans-Georg Gadamer
propone que la salud se hace visible a la conciencia cuando se carece de la primera (es decir cuando aparece
la enfermedad); la salud se encuentra en un estado oculto, no es visible ni se trae a la conciencia más que
cuando su alteración trastoca el orden de la práctica del ser. Pierre Bourdieu entiende el cuerpo individual
como indisociable de las relaciones que establece con otros cuerpos en las redes de intercambio (el campo) de
capital material, cultural o social que, finalmente son los que constituyen la sociedad; el cuerpo es social e
históricamente significado y significa los espacios en los que se lleva a cabo su práctica a partir de sistemas
duraderos de percepción, pensamiento y acción a los que Bourdieu llama habitus, de esta manera, los cuerpos
son generalizados y clasificados. Boltanski afirma que en la construcción de la cultura somática crea la
necesidad social del médico.
El nacimiento de la biopolítica. (Michel Foucault) Con el nacimiento de la clínica, el orden que
impone la mirada médica se convierte en una especie de nuevo orden sagrado, adoptando las funciones que
antes cumplía la religión; al sustituir a la iglesia como encargada del cuidado de las almas, el Estado se
convierte en responsable del cuidado del cuerpo. En el caso de la medicina, esta necesidad implica la
separación de la enfermedad y el enfermo, desuniendo un proceso que la realidad presenta unidos, pero que
el médico no es capaz de atender plenamente al no contar con instrumentos epistemológicos suficientes; a
partir del momento en que la enfermedad separada del enfermo queda dotada de existencia propia y se vuelve
un ente independiente, es decir, el discurso crea una realidad. La función del discurso médico es instalar al
enfermo la enfermedad legitimándolo como el territorio de un proceso que puede ser nombrado, comprendido
y modificado; la función normativa del discurso médico tiene un impacto sobre el paciente que va más allá de
la curación o el control de la enfermedad. La principal característica del enfermo es la obediencia y la principal
característica del médico es la de ser el dueño del discurso, depositario de la autoridad que confiere el saber
(el médico es el que sabe y por lo tanto es el que manda). Foucault señala que las consecuencias de la
medicalización de la vida son: (1) Legitimidad de la medicina para vigilar la apariencia, desviaciones y para
imponer formas que permitan el retorno del orden establecido, (2) biopolítica; la medicina industrializada es
muy costosa y frecuentemente innecesaria tiene un impacto destructor que es inherente a su ejercicio y termina
por crear sociedades enfermas que no requieren tratamiento y que multiplican exponencialmente la demanda
de servicios. Las verdaderas consecuencias de la medicalización de la vida son justamente consecuencia del
funcionamiento correcto, adecuado de las instituciones y del saber y poder médicos; la imposición de un orden
social mediante el discurso médico permite crear verdaderos sistemas de vigilancia de los comportamientos,
el pensamiento y los cuerpos de los seres humanos, completando el control que, desde otros espacios como el
derecho y la psiquiatría, es que ese poder estatal sobre los individuos. Todo dominio sobre el cuerpo social e
individual es ejercido en beneficio de la sociedad y las razones que lo justifican siempre son razones de Estado.
Paulatinamente, el cuerpo de monarca fue sustituido por el cuerpo social, formado ahora materialmente por el
conjunto de los cuerpos de los ciudadanos; el cuerpo biológico de los individuos que formaban la nación se
convirtió en el campo de lucha política y el dominio material de los cuerpos se convirtió en indispensable para
el ejercicio del poder; el cuerpo solo se convierte en fuerza útil cuando es a la vez cuerpo productivo y cuerpo
sometido (Foucault). Roberto Expósito apunta que la categoría biopolítica puede ser comprendida mejor si se
incorpora dentro de un marco explicativo capaz de contener a los fenómenos a los que denomina procesos
inmunitarios, los cuales son las respuestas generadas desde el poder político y que se despliegan
permanentemente para mantener el orden vigente; el biopoder convierte al Estado en un verdadero dador de
vida, conociéndola en el momento y lugar que el propio Estado determina y mediante los esquemas de
asignación que autónomamente decide. Según Expósito, en la modernidad, la conservación de la vida es el
presupuesto de todos los demás categorías políticas, se sitúa en el centro de cualquier procedimiento político;
en consecuencia, la vida es una categoría directamente traducible a la política que se ha convertido en
intrínsecamente biológica, el cuerpo, la carne, la muerte, la ley y el estado son categorías que responden a este
modelo y que son subsidiarias de su aplicación. El biopoder puede llegar al grado de matar abierta y
descaradamente si es consecuencia de un mecanismo inmunitario, el proceso inmunitario desplegado para
proteger la vida ha logrado legitimar el uso de cualquier medio, sea o no legal, para cumplir su cometido; la
cara más paradójica de la biopolítica radica en el valor de sus acciones negativas, ante las amenazas al orden,
la protección de la vida se realiza mediante acciones que frecuentemente incluyen actos que van contra la vida
y que se realizan de acuerdo con una lógica que es ante todo social y política, así, la vida se enlaza no solo
biológica, sino políticamente con la muerte. La política señala Expósito tiene como único fin conservar y
expandir la vida, el cuerpo es el lugar privilegiado para desplegar el combate político por la vida y solo en él
pueden advertirse con claridad la amenaza de la muerte; este carácter binario (asiento de la vida, pero también
de la muerte) hace del cuerpo en la zona limítrofe, en cuyo interior se ejerce la acción inmunitaria de la política:
demorar cuanto se pueda el paso de la vida a la muerte, empujar la muerte al punto más alejado en la actualidad
de la vida. En la modernidad el cuerpo es a la vez el campo de lucha biopolítica y el instrumento de este
combate; el ejercicio del poder es corporal y, en consecuencia, la corporeidad siempre es un objeto de dominio.
La salud y el derecho. En la Constitución de 1917 se reconocieron distintos derechos sociales, entre
los que sobresale el derecho a la salud, un ordenamiento jurídico de esta naturaleza requiere tanto una serie de
políticas estatales enfocadas a garantizar el ejercicio del derecho a la salud de sus distintos estratos sociales,
así como una sociedad demandante de ser considerada como sujetos de derechos. Desde la filosofía política,
el campo del derecho ha sido hegemonizado por una perspectiva liberal que concibe la justicia como
imparcialidad; desde esta lógica, una sociedad justa es aquella cuyas reglas han sido definidas desde un lugar
de imparcialidad. Otras perspectivas han planteado la necesidad de concebir la justicia como una equidad
societal, como ejerció redistributivo de la riqueza; en el campo de la salud se coloca en primer plano la justicia
social, que busca orientar las políticas de salud hacia la satisfacción de las necesidades diferenciadas de los
estratos sociales, el estado está obligado a garantizar una atención similar independientemente de la condición
laboral o estrato socioeconómico, resulta imprescindible comprender y denunciar las inequidades que en el
campo de la salud se generan a partir del modo de producción capitalista dominante, a partir de la cual se
explica que existen daños diferenciados a la salud de los distintos estratos sociales y una distribución
diferenciada. La actual tendencia dominante neoliberal en el campo de la salud, avanza en un sentido opuesto
al reconocimiento de esta justicia social, se vuelve cada vez más relevante la lucha que distintos sujetos
sociales hacen para obligar a los Estados a cumplir sus responsabilidades sociales; la lucha de distintos estratos
sociales, movimientos sociales y otras colectividades para que el Estado garantice su derecho a la salud ha
derivado en procesos de exigibilidad que implican la participación por parte de distintos actores sociales y
ciudadanos en el diseño, la puesta en práctica y la evaluación de políticas públicas, estas estrategias de
exigibilidad se plantean incidir tanto en el diseño como en la realización y evolución de las políticas públicas,
como una forma de pugnar por el cabal cumplimiento de los derechos sociales. En el contexto latinoamericano
de otras regiones que cuentan con antecedentes de dictaduras, violencia política o experiencias de alta
conflictividad social, la lucha por el derecho a la salud ha sido vinculada a los procesos públicos a partir de
los cuales se retoma a la memoria colectiva por medio de la generación de testimonios y distintos dispositivos
colectivos; a partir de la necesidad de considerar y entender a la salud como una capacidad humana para tomar
decisiones e involucrarse en proyectos de transformación, se retoma el testimoniar una experiencia traumática
de represión, proceso que se genera a partir de la capacidad de producir salud por parte de los sujetos y de
generar mejores condiciones para dar continuidad y ampliar el ejercicio de dicha capacidad. Una reflexión
interesante sobre las relaciones entre la vida, el derecho y el cuerpo humano es la de Stefano Rodota, que
señala que la época contemporánea asiste a un fenómeno caracterizado por el dominio del derecho sobre
prácticamente todos los espacios de la vida humana; surgido como resultado de los imperiosa necesidad de
los seres humanos de contar con mecanismos explícitos que le permitieran la convivencia social y el desarrollo
comunitario. En una sociedad que se caracteriza por la presencia de múltiples valores igualmente legítimos,
el peligro y la relativización moral es muy evidente, Rodota propone el impulso a una sociedad donde las
instituciones jurídicas se caracterizan por su baja intensidad, es decir, en las cuales la norma jurídica no sea
constructiva, posea autoridad, pero carezca de cualquier atisbo de autoritarismo y se presente como un
instrumento destinado a poner en comunicación a agentes morales distintos, pero dispuestos a dialogar y
consecuentemente, adoptar reglas de compatibilidad entre valores potencialmente en conflicto. Si el derecho
es capaz de combinar el respeto a los derechos humanos de naturaleza social con respeto a la dignidad y la
autonomía de la persona, es más probable que la sociedad esté en condiciones de cumplir una de sus
aspiraciones más básicas y legítimas, conservarse en buena salud hasta cuando lo permita la ciencia y hacerlo
en condiciones de libertad y dignidad.
Exoducción. Con el triunfo de la economía de mercado y con el desarrollo de la tecnología del siglo
XX, la tendencia dominante en el mundo fue reducir la vasta realidad a lo observable, lo demostrable, lo
medible; tenemos la responsabilidad de recuperar una forma de racionalidad que nos permita practicar una
medicina más completa, más humana, más armónica con la marcha del mundo, no puede aceptarse que las
respuestas a los problemas de salud sigan dominadas por intereses económicos o técnicos. El entendimiento
de la salud y las perspectivas diferentes de la biomedicina conduce a reconocer que existen múltiples culturas
de la salud capaces de atender a la diversidad del proyecto social en condiciones de dignidad humana, de
igualdad y de respeto, el diálogo y la tolerancia solamente son posibles entre agentes sociales formados como
ciudadanos, agentes de justicia y de derecho. Sin salud la vida no existe en plenitud, no puede existir, y sin
ella todo progreso humano es incompleto; en la búsqueda de una mejor salud deberíamos recuperar lo mejor
de los avances de la ciencia, alcanzar una plenitud semejante en la comprensión del mundo y en el respeto a
nuestros semejantes.

Eduardo Luiz Menéndez


Salud intercultural: propuestas, acciones y fracasos
Durante las décadas de 1980, 1990 y primeros años del 2000 surgieron y se desarrollaron en la mayoría
de los países de América Latina diversas propuestas y acciones de salud intercultural, que buscaron articular
el sector salud y la biomedicina con la medicina tradicional a través de establecer relaciones paralelas, tratando
de reducir o eliminar las relaciones de exclusión, de subordinación y de hegemonía/subalternidad dominantes
entre las mismas. Dichas propuestas tuvieron dos objetivos básicos:1) contribuir a la rehabilitación cultural de
los grupos étnicos demostrando la eficacia cultural y técnica de la medicina tradicional; y 2) mejorar la relación
personal de salud biomédico/paciente indígena. En este texto se analizan las causas que condujeron al fracaso
o escaso impacto de las propuestas y acciones de salud intercultural.
Introduccion. Los conceptos, procesos y usos de la interculturalidad emergieron en los países
latinoamericanos en la década de 1970 a 1990 por varias razonesy objetivos, entre ellos legitimar, defender o
empoderar a los grupos étnicos, así como cuestionara los sectores dominantes que excluían, subordinaban o
discriminaban a dichos actores sociales; la programación y organización de las actividades de interculturalidad
en salud, estuvieron a cargo de las instituciones e intelectuales. Objetivo en común, articular la biomedicina y
la medicina tradicional a partir de relaciones ‘paralelas’ y no de dominación ni de hegemonía/subalternidad;
buscaron la rehabilitación cultural y técnica de la medicina tradicional como parte del empoderamiento
cultural indígena, así como la mejora de la relación personal de salud/pacientede origen étnico, no solo para
lograr una mayor eficacia clínica, sino también para incrementar la demanda y abatir los rechazos de la
población indígena hacia la atención biomédica, especialmente en los centros de atención primaria.
Interculturalidad como proceso social permanente. Los procesos interculturales son permanentes y
tienen profundidad histórica, es decir, no es reciente ni ocasional, es parte normalizada en la vida cotidiana y
existen siempre que tengamos sociedades en contacto. Mientras las experiencias generadas entre 1920 y 1970
buscaban abatir la morbimortalidada través de la expansión de la biomedicina – aunque sea través de curadores
tradicionales o depersonal no biomédico – promovían una mejor relación y respeto mutuo entre la población
indígena y el personal de salud biomédico. En el caso de las nuevas propuestas interculturales, si bien
focalizaron también el segundo aspecto, sobretodo, buscaron revalidar, legitimar e impulsar la medicina
tradicional y especialmente a los curadores tradicionales. Pero, lo hicieron partiendo de algunos supuestos y
orientaciones teórico/ideológicas que no tomaron en cuenta una serie de procesos y de actores sociales que
limitaba la realización de sus objetivos, primera limitación no tomaron en cuenta las desigualdades
socioeconómicas, la pobreza y la concentración de la riqueza, segunda limitación fue pensar y aplicar las
relaciones de interculturalidad entre actores sociales considerados homogéneos y en ciertos casos monolíticos
(los pueblos originarios fueron pensados como si fueran una sola civilización). No tuvieron en cuenta las
diferencias internas étnicas en términos religiosos, de género, de adhesión política, de nivel educativo o de
poder o de grupos de edad. Los interculturalistas consideraron la cosmovisión indígena no solo monolítica,
sino como opuesta e incompatible a la occidental; además, no asumieron que los grupos sociales, incluidos
los étnicos, se caracterizaban por el cambio y no por la permanencia. Otro de los aspectos que no asumieron
fue la paulatina y acelerada reducción del número de curadores tradicionales; las propias instituciones oficiales
que impulsaron la interculturalidad contribuyeron directa e indirectamente a favorecer dicha reducción o
pérdida de actividades de los curadores tradicional. Tampoco asumieron que en los grupos étnicos funcionan
simultáneamente relaciones de solidaridad y cooperación junto con relaciones de conflicto y violencia; los
principales aspectos que no incluyeron como limitantes de los objetivos de armonía y de respeto que se
propusieron impulsar entre indígenas y no indígenas correspondena las situaciones de violencia (estructural,
generada por el crimen organizado, de género) que a nivel macro y micro social operaban y siguen operando.
Una de las principales omisiones de los interculturalistas fue, y sigue siendo, la de los aspectos racistas que
caracterizan nuestras sociedades; otro de los aspectos fue que no asumieron el papel de la biomedicina y del
sector salud como dos de las principales limitantes de sus proyectos interculturales, dado su continuo proceso
de expansión y su tendencia a la monopolización de la atención a la enfermedad. Una de las principales
omisiones fue y sigue siendo no registrar y analizar la notable penetración de productos y concepciones
biomédicas en la vida cotidiana de la población, incluida la vida laboral de los curadores tradicionales. No
analizaron las experiencias de interculturalidad referidas a los procesos de s/e/a-p que operan en la vida
cotidiana de los sujetos y grupos étnicos; trabajaron con la interculturalidad como si fuera un proceso reciente
y, además, como algo que hay que inducir en los sujetos y grupos sociales, como si estos no los vinieran
desarrollando a través de sus propias actividades y necesidades. Dos aspectos en medianas y pequeñas
comunidades entre 1976 y 1990 que hubieran tenido que ser asumidos por algunas de las propuestas de
interculturalidad: (1) no solo una parte de los curadores tradicionales utilizaban fármacos de patente, sino que
preferían trabajar autónomamente en sus viviendas o en las de las personas que trataban, varios parecían más
interesados en recibir los diplomas y constancias que podían obtener en los talleres en que participaban en el
propio aprendizaje, existían competencias y conflictos entre los curadores tradicionales que se reflejaban en
el precio de las consultas y tratamientos, (2) uno de los elementos más decisivos en términos de
interculturalidad a nivel microsocial, los procesos de autoatención donde observamos los usos simultáneos de
formas tradicionales y biomédicas de atención y curación, más allá de las posibles diferencias culturales y
epistemológicas que pueden existir entre las mismas.
Interculturalidad: algunos problemas metodológicos. Una parte de los investigadores que estudian
o aplican la interculturalidad, la relación pueblos originarios/sociedad dominante, se les aparece como el
encuentro de cosmovisiones diferentes y para muchos incompatibles. El concepto de cosmovisión, identidad
o diferencia, son conceptos que impulsan visiones a-históricas de los grupos y relaciones que estudian
(impulsan la búsqueda de congruencias, coherencias y equilibrios que tiendena eliminar ciertos conflictos,
ambigüedades y contradicciones que operan en todo grupo social). La búsqueda unilateral de las diferencias
conduce a subrayar las incompatibilidades lo cual es importante para tener en cuentalas dificultades de
construir interculturalidades (decir solo se centra en las diferencias y no en las similitudes). Desde que trabajo
con procesos de s/e/a-p, siempre me ha llamado la atención un hecho queo curre tanto en los grupos étnicos
como en los no étnicos, me refiero a que la mayoría de los curadores de mayor estatus social tanto tradicionales
como biomédicos son varones; es decir, el saber jerárquico es ejercido por varones, mientras el saber popular
es parte de las tareas femeninas. La principal limitacion metodológica es privilegiar la obtención de
información o de trabajar con un solo actor social al que consideran decisivo, y, por lo tanto, la exclusión de
un enfoque relacional que incluya no solo el punto de vista de un actor, sino el de todos los actores
significativos; necesitamos obtener el punto de vista de los que son tratados por los curadores tradicionales,
pero también de los que no son tratados, para saber porque ya no demandan ese tipo de atención. Otra tendencia
de la mayoría de los estudios e intervenciones sobre interculturalidad es comparar los usos y costumbres y la
cosmovisión de los sujetos y grupos étnicos respecto de los procesosde s/e/a-p con los de la biomedicina.
Tanto los estudios como las intervencionesen interculturalidad en salud deberían establecer quiénes son los
actores sociales significativos que participan en las relaciones de interculturalidad; y luego de establecer
quiénes son, trabajar con los dos, tres o más actores sociales y no reducir la interculturalidad a lo que dice solo
uno de ellos. Considero que gran parte del fracaso de los proyectos interculturales radica en el dominio
depreconceptos y orientaciones ideológicas que se impusieron a la realidad.

Hannah Arendt
Eichmann en Jerusalén: un estudio sobre la banalidad del mal
Hannah Arendt estudia en este ensayo las causas que propiciaron el Holocausto (gran tragedia del siglo
XX), el papel equivocó que desempeñaron en tal genocidio los consejos judíos, así como la naturaleza y la
función de la justicia, aspecto que las lleva a plantear la necesidad de instituir un tribunal internacional capaz
de juzgar crímenes contra la humanidad; va desentrañando la personalidad del acusado, analiza su contexto
social y político y su rigor intachable a la hora de realizar la deportación y el exterminio de las comunidades
judías.
En resumen, el fracaso del tribunal de Jerusalén (juicio en 1961 a Eichmann que el teniente coronel de
las SS) consistió en no abordar tres problemas fundamentales harto conocidos y suficientemente estudiados,
a partir de la formación del tribunal de Nuremberg: (1) el problema de la parcialidad propia de un tribunal
formado por los vencedores (es decir judíos llevaban a cabo este tribunal lo que generaba que sea imparcial),
(2) el de una justa definición de «delito contra la humanidad», y (3) el de establecer claramente el perfil del
nuevo tipo de delincuente que comete este tipo de delito. En cuanto al primero de estos problemas, el tribunal
no admitió la presencia de testigos de la defensa. Además, si bien al término de la guerra resultaba inevitable
que fuesen los vencedores quienes dictaran sentencia -al argumento dado por el magistrado Jackson, «o bien
los vencedores juzgan a los vencidos, o bien estos se juzgan a sí mismos». (2) Lo que en Nuremberg se
mencionó ocasionalmente, como si de un asunto marginal se tratara -<las pruebas demuestran que los
asesinatos y crueldades masivas no fueron cometidos solamente con el fin de reprimir la oposición al
régimen», sino que constituían «parte de un plan encaminado a eliminar por entero poblaciones nativas». Los
judíos fueron asesinados a lo largo y ancho de Europa, no solo en el Este, y su aniquilamiento no se debió al
deseo de conseguir territorio «para su posterior colonización por parte de los alemanes». La gran ventaja
propia de un juicio centrado en los delitos contra el pueblo judío radicaba, no solo en que sentaba con la
claridad suficiente para permitir que pasara a formar parte del futuro derecho internacional aquella diferencia
que mediaba entre los delitos de guerra, tales como el fusilamiento de guerrilleros y la matanza de rehenes,
por una parte, y los «actos inhumanos», tales como la <expulsión y aniquilamiento» de poblaciones nativas,
a fin de permitir que los invasores colonizaran el territorio, por otra, sino que también sentaba la diferencia
entre los «actos inhumanos» (cometidos con propósitos conocidos, y criminales, cual la expansión colonial)
y los «delitos contra la humanidad», cuyo propósito carecía de precedentes. Sin embargo, tanto en el curso del
proceso como en el contenido de la sentencia no se mencionó, en el juicio de Jerusalén, siquiera la posibilidad
de que el exterminio de grupos étnicos, en su totalidad -judíos, polacos o gitanos-, pudiera constituir algo más
que un delito contra los judíos, los polacos o los gitanos, y que tales delitos ponían en peligro y lesionaban
gravemente el orden internacional y el género humano en general. (3) Los jueces sabían que hubiera sido muy
confortante poder creer que Eichmann era un monstruo. Lo más grave, en el caso de Eichmann, era
precisamente que hubo muchos hombres como él, y que estos hombres no fueron pervertidos ni sádicos, sino
que fueron, y siguen siendo, terrible y terroríficamente normales. Desde el punto de vista de nuestras
instituciones jurídicas y de nuestros criterios morales, esta normalidad resultaba mucho más terrorífica que
todas las atrocidades juntas, por cuanto implicaba que este nuevo tipo de delincuente -tal como los acusados
y sus defensores dijeron hasta la saciedad en Nuremberg-, que en realidad merece la calificación de hostis
humani generis, comete sus delitos en circunstancias que casi le impiden saber o intuir que realiza actos de
maldad; Eichmann carecía de motivos, salvo aquellos demostrados por su extraordinaria diligencia en orden
a su personal progreso (es decir, sus actos carecían de una lógica moral y ética, por ende, no se cuestiona si se
está cometiendo un acto inhumano o no, sino que estaba haciendo es cumpliendo con su trabajo, para tener
una mejor posición en la jerarquización nazi.).
Entre los grandes problemas planteados en el proceso de Eichmann, tenía principal importancia el
planteado por la premisa, común a todos los modernos ordenamientos jurídicos, de que para la comisión de
un delito es imprescindible que concurra el ánimo de causar daño. Cuando dicho ánimo no concurre, cuando,
por las razones que sea, incluso las de la locura moral, el sujeto activo no puede distinguir debidamente entre
el bien y el mal, consideramos que no puede haber delito. Rechazamos, y las consideramos bárbaras, las
afirmaciones de que «los grandes delitos ofenden de tal modo a la naturaleza, que incluso la tierra dama
venganza; que el mal viola la natural armonía de tal manera que tan solo la retribución puede restablecerla;
que las comunidades ofendidas por el delito tienen el deber moral de castigar al delincuente» (Yosal Rogat).
Pese a ello, estimo innegable que precisamente en virtud de estas olvidadas afirmaciones Eichmann fue
sometido a la acción de la justicia, y que tales afirmaciones fueron, en verdad, la justificación suprema de la
pena de muerte. Debido a que Eichmann había intervenido, cumpliendo una función central, en una empresa
cuya finalidad era la de eliminar para siempre a ciertas «razas>> de la faz de la tierra, tenía que ser eliminado.
En otras palabras, ante la ley, tanto la inocencia como la culpa tienen carácter objetivo, e incluso si ochenta
millones de alemanes hubieran hecho lo que tú hiciste, no por eso quedarías eximido de responsabilidad. Poco
importan las accidentales circunstancias interiores o exteriores que te impulsaron a lo largo del camino a cuyo
término te convertirías en un criminal, por cuanto media un abismo entre la realidad de lo que tú hiciste y la
potencialidad de lo que los otros hubiesen podido hacer. Aquí nos ocupamos únicamente de lo que hiciste, no
de la posible naturaleza inocua de tu vida interior y de tus motivos, ni tampoco de la criminalidad en potencia
de quienes te rodeaban. Si aceptamos, a efectos dialécticos, que tan solo a la mala suerte se debió que llegaras
a ser voluntario instrumento de una organización de asesinato masivo, todavía queda el hecho de haber, tú,
cumplimentado y, en consecuencia, apoyado activamente, una política de asesinato masivo. en materia
política, la obediencia y el apoyo son una misma cosa. Y del mismo modo que tú apoyaste y cumplimentaste
una política de unos hombres que no deseaban compartir la tierra con el pueblo judío ni con ciertos otros
pueblos de diversa nación como si tú y tus superiores tuvierais el derecho de decidir quién puede y quién no
puede habitar el mundo-, nosotros consideramos que nadie, es decir, ningún miembro de la raza humana,
puede desear compartir la tierra contigo. Esta es la razón, la única razón, por la que has de ser ahorcado».
Este libro no se ocupa de la historia del mayor desastre sufrido por el pueblo judío, ni tampoco es una
crónica del totalitarismo, ni la historia del pueblo alemán en tiempos del Tercer Reich, ni por último tampoco,
ni mucho menos, un tratado sobre la naturaleza del mal. Todo proceso se centra en la persona del acusado, en
una persona de carne y hueso, con una historia suya, individual, con sus propias formas de comportamiento,
y con sus propias circunstancias. Todo aquello con lo que el acusado no tuvo relación, o aquello que no ejerció
influencia en él, debe ser omitido en el procedimiento judicial y, en consecuencia, en el informe sobre el
mismo. Eichmann fue llevado ante el tribunal porque se necesitaba un chivo expiatorio, y este chivo expiatorio
lo necesitaba no solo la República Federal Alemana, sino también los hechos históricos ocurridos y cuanto los
hizo posibles, es decir, se trataba de un chivo expiatorio del antisemitismo y del gobierno totalitario, así como
del género humano y del pecado original. Cuando hablo de la banalidad del mal lo hago solamente a un nivel
estrictamente objetivo, y me limito a señalar un fenómeno que, en el curso del juicio, resultó evidente.
Podemos decir que Eichmann, sencillamente, no supo jamás lo que se hacía. En el curso de estas controversias
se han sentado muchas conclusiones curiosas que parecen especialmente reveladoras. Así vemos que algunos
hombres de letras norteamericanos han proclamado la ingenua creencia de que la tentación y la coacción son
una misma cosa, y que a nadie debe pedirse que resista la tentación.
En la actualidad, son muchos los que están dispuestos a reconocer que la culpa colectiva, o, a la inversa,
la inocencia colectiva, no existe, y que si verdaderamente existieran no habría individuos culpables o
inocentes. El proceso de Eichmann no constituyó una excepción, incluso teniendo en cuenta que los jueces se
hallaron ante un delito que no constaba en los textos jurídicos, y ante un criminal sin paralelo entre cuantos se
habían sentado en el banquillo en cualquier tiempo pasado, por lo menos antes del proceso de Nuremberg. El
objeto del presente informe ha sido determinar hasta qué punto el tribunal de Jerusalén consiguió satisfacer
las exigencias de la Justicia.

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Interculturalidad en salud y eficacia: algunas indicaciones de uso para OGND con
proyectos de salud en América Latina
El texto abarca reflexiones críticas sobre el concepto de interculturalidad en salud, los discursos
generados y las prácticas, o ausencia, en las ONGD, a menudo situadas entre la falta de competencia cultural
y el uso retórico de la interculturalidad en sus acciones y programas de salud; pretende abrir una discusión
teórica-crítica sobre la interculturalidad en salud, desde la toma de conciencia de su necesidad y la
preocupación por eficacia. Sobre la base de una reflexión antropológica documentada, el autor hace una serie
de propuestas para una mejor gestión de la interculturalidad en salud.
Introducción.

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