Resumen Segundo Parcial - Inter
Resumen Segundo Parcial - Inter
Enrique Perdiguero
Una reflexión sobre el pluralismo médico
¿Por qué hablamos ahora de pluralismo medico? Se entiende como pluralismo medico a la
coexistencia de los modos diversos de entender la salud y la enfermedad, de diagnosticar y tratar los
padecimientos; fenómeno estructural (es decir el pluralismo siempre ha existido y es inherente a la forma en
que las sociedades abordan la salud y la enfermedad). La mayoría de los modelos se han centrado en una de
las alternativas terapéuticas la dominante medicina científico-occidental (biomedicina), la cual es un producto
histórico, surgido en Europa XVIII y XIX, primando un entendimiento biológico de los procesos salud-
enfermedad. Ciertos modelos han pasado a ser considerados “norma” por parte de los actores sociales, de
modo que han acabado definiendo lo que es actuar bien o mal cuando se quiere recuperar la salud. El
pluralismo asistencial y terapéutico es un fenómeno estructural en la mayoría de las sociedades, pero para
hacerlo visible es necesario revisar los modelos dominantes, los cuales se han ido mostrando progresivamente
insuficientes para explicar lo que la población hace para intentar recuperar su salud, para mantenerla o
mejorarla.
Medicinas alternativas y complementarias. MAC (homeopatía, acupuntura, naturismo, terapias
manipulativas, uso de hierbas medicinales), el uso frecuente en la sociedades en las que la medicina científica-
occidental se encuentra más desarrollada y extendida. Uno de los obstáculos principales para medir la
prevalencia de uso de las MAC es la enorme dificultad que supone definir, precisamente, lo que entendemos
por MAC. Otro punto difícil es si se debe incluir en el concepto el “uso” el consumo de productos (vitamínicos
o hierbas), o tan solo el hecho de acudir a un proveedor de MAC o medicinas tradicionales. La utilización en
los países desarrollados varía en función del género y la clase social. Usan con mayor frecuencia estas opciones
mujeres con educación media/alta y con niveles de ingreso medios-altos; no son bien conocidos los motivos
por los cuales se llega a utilizar este tipo de opciones, pero el cambio del patrón epidemiológico en las
sociedades investigadas (hay un predominio de padecimientos crónicos), cierto rechazo al consumo de
productos químicos, terapias invasivas, todo lo relacionado con la salud en un objeto de consumo más. La
creciente tendencia de uso de las MAC y la importante repercusión económica ha provocado que los gobiernos
hayan publicado informes oficiales sobre la materia (en ellos se trata de ir avanzando en aspectos como la
financiación, acreditación y educación a los profesionales).
Medicinas tradicionales. Las medicinas tradicionales son formas milenarias con tradiciones
doctrinales bien establecidas. Por fuera de las sociedades occidentales más opulentas (es decir, Europa, EE.
UU., etc.) es preferible hablar de medicina tradicional la cual utiliza terapias con medicación (natural) o sin
medicación; el objetivo de la estrategia sobre medicina tradicional (OMS), es que esta misma esté disponible
y asegurable y asegurar su uso racional; el objetivo es compartido por las preocupaciones de la salud pública.
Parece evidente la relevancia del uso de la medicina tradicional y su importancia al utilizar una perspectiva
intercultural para entender la existencia de diferentes sistemas médicos usados por los latinoamericanos (por
ejemplo, el modelo de salud indígena).
La insuficiencia de los modelos de estudio del pluralismo asistencial. Los comportamiento frente a
la enfermedad se entienden como modos diferentes de respuesta de los individuos a las señales corporales, los
modos diversos de prestar atención a sus estados internos, cómo definen e interpretan los síntomas, realizan
atribuciones causales, eligen el tratamiento y utilizan varios recursos asistenciales tanto formales como
informales; considera los modos de entender la salud y la enfermedad y buscar tratamiento como socialmente
construidos. Modelos propuestos para el estudio del comportamiento microsociológicos, económicos,
geográficos, sociodemográficos o de redes sociales; se pueden organizar en dos grandes categorías, según
como traten de organizar el modo de comprender lo que se hace frente a la enfermedad: macro-
sociológicos/determinantes o microsociológicos. Modelos determinantes: uso de técnicas cuantitativas,
dominantes a la hora de entender el comportamiento (se trata de entender porque utilizan una formas y otras
no), son generados en ámbitos sociales, políticos y económicos determinados, limitaciones del factor
económico como única o fundamental para la explicación del comportamiento, además de la accesibilidad
geográfica; otros determinantes socio-demográficos (edad, sexo, religión, clase social, etnia); la crítica a estos
enfoques es que no son capaces de tomar en consideración en toda su amplitud las complejas experiencias
individuales vividas en el contexto social (es decir no conectan al sujeto con sus contextos), cultural y de
poder. Las experiencias individuales gobiernan el proceso de toma de decisiones ante un problema de salud.
Modelos microsociológicos se basan fundamentalmente en el proceso individual (papel del enfermo) de
búsqueda de la salud, se han formalizado como una serie de etapas, ej: Modelo clásico (Suchman y Parsons),
etapas: experiencia de los síntomas, aceptación del papel del enfermo, contacto con la asistencia, aceptación
de la figura paciente-dependiente, recuperación o rehabilitación (figura del paciente: “rol” social con derechos
y deberes, como derechos se encuentra liberado de sus obligaciones sociales y no es culpable de su enfermedad
y como deberes debe ponerse bien lo antes posible, cooperando con los médicos). Críticas: (1) el cuerpo está
construido socialmente y un momento histórico determinado y no nos es posible percibir sensaciones
biológicas sin tomar en consideración el contexto cultural; el propio inicio del proceso de búsqueda de la salud
se basa no en los síntomas sino en la valoración que se hace de ellos (social). Por ende, el modelo no acierta
a explicar las variaciones de conducta debidas a diferencias sociales, culturales y económicas. (2) crítica hacia
el “rol del paciente-dependiente”: no permite dar cuenta de las variaciones que se están produciendo en los
modos de relación. (3) está absolutamente imbuido de los valores propios del optimismo de la clase médica
occidental, no tiene explicaciones para muchos de los fracasos de la medicina científico-occidental; por ej. El
aumento de las desigualdades; tampoco hay lugar en estos modelos para la interculturalidad en salud, el
fenómeno de las MAC o el pluralismo asistencial. Redes sociales: grupos de gestión terapéutica irían tomando
las decisiones en el proceso de búsqueda de la salud. Intento de establecer puentes entre los diferentes modelos
(Bernice Pescosolido).
La aportación de la Antropología de la Medicina: un lugar para el pluralismo médico. Chrisman
(anglosajón): trata de explicar la elección de una instancia terapéutica determinada para recuperar la salud
como un proceso de integración sociocultural. Kleinman (anglosajón): clasificación de todas las instancias
asistenciales y terapéuticas existentes en una sociedad en tres grandes sectores: el popular (no especializado,
no oficial, profano), el profesional y el folk (por ejemplo: sanadores locales). El enfermo utilizará uno o varios
sectores estando situado en el centro de una “red terapéutica” en la que la importancia de los consejos y
opiniones del ámbito doméstico sería decisiva. Antropología Francesa: “Itinerario terapéutico” (Sindzingre)
todos los procesos que se llevan a cabo para buscar una terapia, desde que aparece el problema, se ponen en
marcha diversas tipos de interpretación y cura y se utilizan diversas instancias terapéuticas, institucionales o
no, todo ello en un contexto de pluralismo médico. Se adentran en los usos sociales de la enfermedad y en las
interrelaciones entre lo biológico, lo social y lo cultural, superando las limitaciones de los enfoques micro y
macro-sociológicos. Menéndez (España): estudio de los procesos salud/enfermedad/atención; la existencia en
toda sociedad de representaciones y técnicas para entender, enfrentar y, a ser posible, solucionar la ineficacia
y consecuencia generadas por los daños a la salud; resultado: gran cantidad de simbolizaciones y
representaciones colectivas donde se producen relaciones de hegemonía y subalternidad.
Sergio Caggiano
Racismo, Fundamentalismo cultural y Restricción de la ciudanía: formas de regulación
social frente a inmigrantes en Argentina
Las instituciones políticas y culturales hegemónicas definen a los flujos migratorios como amenazantes
o peligrosos al tiempo que procuran ejercer un control sobre ellos a través de destinitos mecanismos entre los
cuales el racismo, el fundamentalismo cultural y la restricción de la ciudadanía; se trata de formas de
jerarquización social de exclusión y de rechazo del otro que pueden combinarse y potenciarse en sí.
El objetivo central del trabajo es desplegar los múltiples aspectos de la discriminación contra los
inmigrantes (perfil de los inmigrantes: bolivianos, en situación de desempleo y tienen puesto de baja calidad)
y mostrar el entramado complejo que esta supone.
Lo que propongo mostrar en este trabajo es: (1) se trata de tres mecanismos alternativos que
eventualmente pueden ser complementarios, (2) los tres están vigentes en la Argentina actual, (3) pueden
recaer todos sobre un mismo grupo o sector, (4) su carácter de mecanismos de regulación social los tres pueden
ser considerados en cierto sentido como equivalentes.
Raza y racismo. Racismo como fenómeno social (segunda mitad del siglo XX comienzan las criticas)
que apunta a postular las razas, ya que la racialización es un proceso tanto cognitivo y valorativo, es decir no
es algo natural si no una construcción social que es sostenido/utilizado para establecer relaciones de poder.
Dos aspectos como criterio para considerar racista una práctica o un discurso discriminatorio: (1) una
referencia inmanentista/inexorable al cuerpo y a los trazos físicos de otro social, (2) que funciona como
explicación de sus valores y capacidades socioculturales, morales y éticas.
Inmigrantes y racismo en Argentina. El racismo permite y legitima la explotación y configura una
relación de dominación que da forma y contenido a las relaciones de clase; aporta una racionalización para las
prerrogativas de clase (es decir las clases que tienen privilegios) naturalizando la inferioridad socioeconómica
de los desfavorecidos.
Diferencia cultural y fundamentalismo. El concepto de cultura comienza a naturalizarse como el
concepto de raza, se pone énfasis en la particularidad (es decir no es que las culturales no tengan
particularidades, sino que el problema radica cuando estas se llevan al extremo); la naturalización y
particularidad generaron que a cultura tenga una esencia determinista, es decir determina los comportamientos,
valores sin posibilidad de cambio, la cultura deja de ser algo que se aprende y se transforma. La esencializacion
de la cultura es un fenómeno particular (ya que hay diferencias esenciales insuperables), con condiciones de
posibilidad e implicaciones propias, y que da cuenta de un ordenamiento especifico de relaciones de poder;
Stolcke propone que el fundamentalismo cultural implica un modo de discriminación diferente al racismo,
mientras que el racismo percibe al otro como inferior por naturaleza, el fundamentalismo cultural que se apoya
en el discurso culturalista legitima la exclusión de los forasteros, los extranjeros. Según la autora son dos
modos de ejercicio del poder y de justificación de las desigualdades, mientras el racismo designa grupos y los
ordena jerárquicamente, establece un arriba y abajo (espacialización vertical), el fundamentalismo cultural
organiza sobre una plano territorios permitidos y excluidos, estipula un adentro y afuera: cada cultura en su
lugar (espacialización horizontal). Los medios masivos de comunicación suelen ser claros exponenciales del
fundamentalismo cultural (como ejemplo)
El racismo tiene su base en una justificación biológica, y el fundamentalismo tiene su base en una cultura
(esencialista y determinista) como justificación
Restricción de la ciudadanía. La restricción de ciudadanía como factor que produce, que genera él
mismo sujetos sociales y políticos, como mecanismo de regulación social configura un régimen de ilegalismos
(esto quiere decir que el Estado no solo castiga lo ilegal si no también lo produce generando leyes migratorias
restrictivas, empujando a las personas a utilizar medios ilegales). La producción de ilegalismos se dentro de
un sistema social y es dentro de ese sistema que tales ilegalismos operan como amenaza y como justificación
del control. Ciudadanía restringida refiere a un estado que en nuestras sociedades forma parte del proceso
general de ciudadanización (es decir el proceso por el cual la ciudadanía va cambiando, como a lo largo del
tiempo se reconocen ciertos grupos sociales otorgándoles derechos, etc.), la cual sirve para confirmar la
legitimidad del lugar social de otros, la figura de los incluidos como excluidos reafirma la pertenencia de los
incluidos.
Inmigrantes y ciudadanía restringida en Argentina. El sujeto no es considerado como sujeto de
derechos, uno de los instrumentos privilegiados que dan forma a una tendencia general restrictiva y de control
es el documento nacional de identidad (DNI). El régimen de los ilegalismos genera pliegues internos a la
sociedad que nos recuerdan persistentemente el reverso de la ciudadanía, el reverso de los derechos y de la
pertenencia.
Formas de regulación de poder, relaciones de poder y desigualdad. Los tres mecanismos como
regulación social, el racismo pone el cuerpo de los inmigrantes en primer plano y sus atributos morales
aparecen atados a sus rasgos físicos, justificando relaciones de sometimiento; el fundamentalismo cultural se
manifiesta en los casos en que la diversidad es asumida como un dato fijo y como justificación de un
apartamiento, escencializadas, las diferencias introducen un peligro de disgregación; por último la restricción
de la ciudadanía apera allí donde se ponen trabas, normas legales. Estos mecanismos organizan y justifican
relaciones de poder y formas de desigualdad, la racionalización de las relaciones sociales y el racismo
instituyen una percepción a partir de la cual reconocer a u inferior y naturalizar la inferiorizacion; el
fundamentalismo cultural instaura una dinámica de exclusión de aquellos que no pertenecen por hábitos,
costumbres, valores, etc.; la restricción de la ciudadanía establece la clandestinización de aquellos que, como
consecuencia de dicha clandestinización, pasan a formar parte de nuestra sociedad en el lugar de la
ilegitimidad. Los tres mecanismos contiene un reverso (la otra cara), o consecuencias paradójicas o nuevas
problemáticas que surgen por la aplicación de estos mecanismos, el reverso del racismo es cierta forma del
universalismo: aquella que toma como dato de base la unidad de la especie, antes de que el concepto moderno
de raza se desenvolviera, los conceptos modernos de igualdad y humanidad se habían desenvueltos también,
el racismo trata de controlar la sociedad pero la división de razas genera resistencias y conflictos; en el
fundamentalismo sucede que toma a la cultura como algo fijo e invariante lo cual no permite un lugar a la
diversidad, si no que obliga a las personas que pierdan su cultura para integrarse a la cultura dominante,
creando una tensión y una solución muy difícil; en el caso de la restricción de la ciudadanía es el carácter
productivo de la misma, tiene la capacidad de producir ciudadanías restringidas, sesgadas o negadas y de
producir los ilegalismos como margen interno de la sociedad.
El racismo, el fundamentalismo cultural y la restricción de ciudadanía sostienen un estado de cosas
que ineludiblemente beneficia a sectores de poder económico empresarial que pueden contar con obra de mano
barata y a sectores del poder político que pueden instrumentar políticas de control, e incluso a miembros de
sectores desfavorecidos que pueden encontrar en la figura de los otros y en el maltrato que recae sobre esos
otros una explicación para sus propias dificultades y una justificación de sus propias desgracias.
Roberto Cipriani
La definición sociológica de la religión
Para definir la sociología de la religión hay que afirmar que analiza la fenomenología religiosa con el
auxilio de instrumentos teóricos y empíricos que son típicos de la sociología. La orientación personal de cada
sociólogo emerge claramente en sus definiciones de la religión, Lambert distingue entre definiciones
sustantivas las cuales son elementos sustantivos como el culto, lo sobrenatural, lo invisible, el rito, etc., y entre
definiciones funcionales que ponen importancia en el papel de la religión en la sociedad; unas y otras han sido
atravesadas y condicionadas principalmente por el problema de la creencia (o no creencia) y de la pertenencia
confesional (o no pertenencia) de cada estudioso.
Las definiciones con tendencia sustantiva de la religión (Durkheim y Weber). Para Durkheim la
religión es un sistema solidario de creencias y practicas relativas a las entidades sacras, creencias y prácticas
que unen en una misma comunidad moral llamada iglesia; los contenidos sustantivos son las creencias, las
practicas, las inalcanzables entidades sacras, la iglesia. Weber no ha proporcionado una definición precisa de
religión sin embargo para él la religión son sistemas de reglamentación de la vida, los cuales han sabido reunir
a su alrededor a grandes cantidades de fieles; Weber insiste en la dimensión de la acción cuando afirma que
actuar de modo religioso o mágicamente orientado tiene su origen en un proceso mundano, existe una sólida
relación entre la dimensión religiosa y la terrenal. La definición implícita de religión de Weber es de tipo
funcional ya que ha intentado estudiar la acción religiosa colectiva, es decir la comunidad y lo que se refiere
a las potencias sobrenaturales; los sujetos sociales definen su creencia, su visión religiosa del mundo y su
ritual.
Las definiciones funcionales de la religión (Luckmann y Luhmann). Para Luckmann las prácticas
religiosas no tienen relevancia sociológica primaria que poseen los universos simbólicos, es decir los sistemas
de significado socialmente objetivados (esto significa que si queremos entender la religión no alcanza con ver
las practicas si no que hay que ver esos universos simbólicos es decir los valores y las concepciones de la vida
que tienen esas sociedades que trascienden lo biológico); la definición de la religión va más allá de los
esquemas habituales (de las practicas) ya que considera que está en armonía con el significado elemental del
concepto de religión definir el fenómeno religioso como la trascendencia de la naturaleza biológica de parte
del organismo humano, el cual es un fenómeno universal de la humanidad. Por lo tanto, podemos considerar
el proceso social que lleva a la formación del Yo como un proceso fundamentalmente religioso. Para
Luckmann la religión es una concepción del mundo. Para Luhmann la religión desempeña en el sistema social
la función de trasformar el mundo indeterminable en un mundo determinable, en donde el sistema y ambiente
puedan estar relacionados al punto de excluir de ambos la arbitrariedad del cambio, es decir que la función de
la religión consiste en reducir la incertidumbre y la complejidad. Por otro lado la religión es un sistema donde
el elemento de referencia a lo divino falta, el dador de significado está ausente ya que la única referencia al
sistema religioso se encuentra en el mismo, es decir el propio sistema religioso es autoproyectado (genera sus
propias ideas), autocreativo (genera sus propias verdades) y autoconstructivo (se construye y se mantiene así
mismo); por ende la religión es un sistema parcial autónomo por su capacidad de autotransformación y
autoespecializacion.
Una propuesta de definición más abarcadora. Primero hay que prescindir de las nociones basadas
en experiencias subjetivas, colocarse en un aspecto más amplio, múltiple, pluralista y universal; el autor tratara
de plantar dos dominadores comunes para tratar de definir la religión desde una mirada antropológica. Un
primer factor podría ser representado por la noción de referencia mataempírica (algo más allá de lo humano),
sin embargo el carácter metaempirico es una hipótesis apenas orientadora que sensibiliza, (quiere decir que
cuando se habla de religión hay siempre una idea de algo más allá), es una definición mínima inicial (es decir
es lo mínimo que necesitamos considerar para empezar a estudiar algo como religioso), que puede diluirse
adaptándose a las diversas situaciones concretas (es decir que no siempre la figura mataempírica va a ser
idéntica o super clara). Un segundo factor para terminar de entender y definir la religión es la investigación
de campo, que orienta y verifica (es decir permite confirmar si las teorías/hipótesis que vos tenías sobre esa
sociedades están en lo correcto), sugiere y puntualiza (el ir al campo e interactuar con la gente genera nuevas
ideas), precisa y pone en discusión los puntos de partida iniciales (es decir termina de darle forma a tu
investigación, los puntos de partida iniciales seria por ejemplo la referencia mataempírica), junto con las
definiciones provisorias que están en correlación.
Martín E. Díaz
Del disciplinamiento de los cuerpos al gerenciamiento de la vida. Mutaciones biopolíticas en
el presente en torno a la construcción de la anormalidad.
En primer lugar, lo que el autor va a hacer es, a partir de los aportes de Foucault explicar el surgimiento
de la biopolítica como estrategia de gobierno y analizando las estrategias discursivas que dieron lugar al par
normal/patológico (como criterio de demarcación social). En un segundo lugar va a examinar las
transformaciones que se generan con el despliegue de la gubernamentalidad neoliberal y con ello la mutación
del par normal/patológico; la racionalidad neoliberal es modelar la conducta de los sujetos con las estrategias
discursivas del mercado.
Introducción. En primer lugar se trata de problematizar de qué modo el ingreso de la vida en la esfera
del poder constituirá un acontecimiento crucial, a partir del despliegue de una tecnología macrofísica la cual
va a delimitar entre aquello que debe vivir y aquello que debe morir, según los requerimientos del aparato
productivo capitalista, es decir, lograr una población sana y vigorosa en su totalidad; como resultado de este
ejercicio del poder sobre la vida, se genera, el par normal/patológico (siglo XIX). En segundo lugar, la idea es
poner en tensión la mutación de este parámetro del par normal/patológico en nuestro presente, a partir de las
nuevas tecnologías de gobierno y modos de existencia que se despliegan con la gubernamentalidad neoliberal;
ya que se abren paso nuevas formas de control y gerenciamiento de la vida sobre la base de la modelación y
sanción de la conducta de los sujetos, de acuerdo con las estrategias discursivas o mandatos del mercado.
La emergencia de la biopolítica y su relación con la formación del par normal/patológico. Frente
a las dificultades y desafíos que habrán de presentarse en el interior del funcionamiento de las sociedades
capitalistas modernas, tras el surgimiento de la cuestión social, la medicina moderna adquirirá una dimensión
profundamente social, al abocarse al cuidado de los cuerpos, por ende, se convertirá en una estrategia
discursiva; en tal sentido, la enfermedad pasará a ser concebida como un problema social, se deberá conocer
los procesos internos del cuerpo, así como de los factores que afectan su salubridad. La medicina moderna, en
el siglo XVIII se enmarcara en el desarrollo de una política de salud, una nueva mirada hacia la pobreza
vinculada con los problemas de la ociosidad y el desarrollo de los medios más eficaces para convertir la mano
de obra en algo útil dentro del aparato de producción económico propio de la sociedad liberal capitalista; otra
característica consistirá en la búsqueda por parte del poder político del bienestar en la sociedad, con un
conjunto de gestiones que permitirán intervenir sobre el cuerpo social. El cuerpo individual y colectivo se
convierte de esta manera en el foco de interés de la medicina moderna, la cual deviene de una medicina social,
ya que el origen de la prevención de la enfermedades deviene de factores económicos y sociales. La promoción
de la salud y el bienestar de la población irá acompañada de distintas estrategias de control social (por ejemplo,
el higienismo); y el proceso de medicalización de lo social permitirá al Estado moderno asumir como labor
central tomar a su cargo la vida de las poblaciones.
El proceso histórico establecerá una novedosa función por parte del Estado moderno, caracterizada por
convertir a la población en un objeto de cálculo y regulaciones, como asimismo de depuración biológica frente
a aquellos elementos anómalos capaces de interferir en su óptimo funcionamiento; Este despliegue de poder
sobre la vida la convertirá en un objeto posible de ser manipulado regulado y modificado de acuerdo con
ciertas metas previamente prefijadas (lo relevante de este análisis es la alianza indisociable que se establecerá
entre este poder que se ejerce al nivel de la vida y el desarrollo del capitalismo). El surgimiento de este poder
del Estado remitirá a dos tecnologías: (1) Anatomopolítica: focalizada sobre los cuerpos individuales, surge
en Francia principalmente (siglos XVII y XVIII) con el desarrollo de las disciplinas en el interior del Ejército
y la escuela, posibilita la vigilancia de la conducta y los comportamientos, este poder se focalizará en los
cuerpos de los individuos para hacer de ellos sujetos más dóciles y eficientes; (2) Biopolítica: Surge en
Inglaterra (mediados del siglo XVIII), es un ejercicio totalizante desplegado sobre la población, poder
focalizado en la totalidad de los procesos biológicos, con el proceso de convertir a la población en una máquina
de producir, de esta manera, la salud, la higiene como a sí mismo, los flujos de crecimiento y decrecimiento
se convierten en objetos de una tecnología totalizante (la biopolítica), encontrará en la estadística un saber
clave para la recolección de conocimientos necesarios que permitan convertir a la población en una totalidad
sana y vigorosa.
La biopolítica debe leerse como un proceso de mutación histórica que dejará atrás un poder de
soberanía por un nuevo tipo de poder ejercido por el Estado moderno. Este nuevo modelo de poder le permitirá
al Estado optimizar la vida de ciertas franjas de la población y su reverso, administrar la muerte, producir el
exterminio de aquellas franjas poblacionales consideradas peligrosas para el continuo biológico de la especie;
resultará (según Foucault) del surgimiento del racismo (dispositivo de guerra), que constituirá una estrategia
de control y de exterminio biopolítico. En este sentido, el despliegue del biopoder analizado por Foucault es
posible de ser pensado como una tecnología de poder que operará en distintos niveles de complejidad, lo que
permitirá actuar tanto a nivel molecular, molar como global a partir del control de los recursos materiales y
humanos disponibles en el planeta. Volviendo al racismo moderno, este mismo poseerá un rol clave en la
administración de la vida y la naturalización de la muerte mediante la apelación a una supuesta superioridad
natural de ciertos hombres y naciones, biopolítica, y tanatopolítica constituirán las dos caras o el doble rostro
de una misma tecnología de gobierno. Por otro lado, la dimensión individualizante y totalizante, que asumirá
el estado moderno respecto de los cuerpos individuales y colectivos, tendrá como punto de intersección la
esfera de la sexualidad; el control de la sexualidad constituirá uno de los mecanismos privilegiados utilizados
por la maquinaria estatal moderna. La sexualidad emerge como el campo, donde los sujetos deberán
constituirse en existencias: hereditariamente sanas, socialmente útiles y potencialmente emprendedor, es decir
“subjetividades capitalistas” (termino de Feliz Guattari); en este sentido, la emergencia de este dispositivo de
la sexualidad convertirá como objetos privilegiados de su saber (es decir como objeto de estudio) a la mujer
histérica, al niño masturbador, la pareja malthusiana y el adulto perverso. El desarrollo de este dispositivo de
la sexualidad constituirá entonces una pieza central frente a los requerimientos de la maquinaria estatal
moderna de: regular los nacimientos y matrimonios, preservar la fecundidad de la especie, como así mismo
combatir las enfermedades que puedan atentar contra la longevidad y salubridad de la población existente o
bien de las futuras generaciones. El Estado buscará, a través del dispositivo de la sexualidad, intervenir sobre
los cuerpos individuales y colectivos en pos de controlar su herencia y diagnosticar a tiempo los factores de
riesgo genéticos que conducen a la enfermedad, por consecuencia el tejido social quedará inmerso en un
proceso de normalización y disciplinamiento de las conductas que permitirá demarcar entre aquel ciudadano
normal aceptado a las normas sociales y morales prefijadas y aquellos sujetos desviados de ellas. El
surgimiento en el siglo XIX del par normal/patológico debe entenderse como el resultado de las intervenciones
producidas sobre la población en aras de convertirla en un todo sano y productivo; en este esquema del
biopoder, la construcción de la anormalidad involucra siempre una desviación, una especie de peligro de
muerte que acecha entre los vivos.
La gubernamentalidad neoliberal y la mutación del par normal/patológico en el presente. Los
modos que se despliega y ejerce el biopoder en las sociedades contemporáneas ya no responde a los parámetros
desarrollados en las sociedades disciplinarias y al par normal/patológico, tal como era pensado en el interior
de ellas; lo cual generará una nueva lectura acerca del funcionamiento de las racionalidades de gobierno
desplegado sobre las poblaciones, a partir de la utilización del concepto de gubernamentalidad. La analítica
de la gubernamentalidad permitirá por un lado indagar los modos de conductas, deseos y motivaciones de los
sujetos, los cuales son posibles de ser moldeados para el cumplimiento de ciertos fines o logros específicos, y
por otro indagar el desarrollo de una tecnología de poder basada en el Gobierno de las acciones de los sujetos.
Nos interesa (al autor) poner en tensión de qué modo los acontecimientos históricos producidos en la sociedad
occidental a mediados del siglo XX y las transformaciones socio-técnicas generadas a escala global por un
capitalismo mundial integrado parecen dar cuenta del ingreso de una nueva fase del desarrollo del biopoder
producido por la Gubernamentalidad neoliberal, lo cual supondrá la emergencia de una refinada tecnología de
autogobierno de los sujetos, así como un nuevo modo de delimitación de las potenciales peligros sociales,
sancionados ahora desde la racionalidad del mercado. El capitalismo mundial integrado (CMI termino de Félix
Guattari) genera un nuevo reordenamiento global sobre la base de transformaciones en los modos de
funcionamiento y acumulación, lo cual dará lugar a una red policéntrica compleja capaz de desterritorializar
las barreras nacionales (a partir de los nuevos complejos informáticos, militares-industriales y los medios
masivos de comunicación); estas transformaciones globales traen como consecuencia la imposibilidad de
diferenciar entre un adentro y un afuera, no es que hay una desaparición de las segmentaciones sociales, sino
que se generan zonas de súperdesarrollo y súperenriquecimiento, en contraste con zonas asignadas por una
pauperización absoluta. El CMI desarrolla nuevas dinámicas de poder producidas a escala global, capaz de
movilizar los deseos individuales hacia la esfera del consumo.
La década del 70, abrirá la puerta a escala global del despliegue del neoliberalismo (el libre mercado),
el cual no puede reducirse a una esfera estrictamente económica, sino que producirá un nuevo tipo de
gubernamentalidad, cuyo arte de gobierno, consistirá en dirigir las conductas de los sujetos de modo de
establecer ciertos modos de existencia prefijados. La racionalidad gubernamental neoliberal producirá modos
de existencia sostenidos en la lógica del sujeto, como empresario de sí mismo o como capital humano, lo que
permite estimular tanto el deseo de autogobierno como la competencia entre los individuos en el interior del
régimen empresarial (creando la llamada sociedad de control); el autocuidado y la autoinversión actúan como
eficaces modelaciones de la subjetividad promoviendo el entrenamiento, la inversión en educación, el cuidado
de la salud, en pos de que los sujetos internalicen la necesidad de maximizar los beneficios y de minimizar los
riesgos que conllevan sus acciones y decisiones. El reverso de la racionalidad neoliberal es que aquellos que
posean una autoadministración deficiente de su propio capital o capacidades fracasaran.
Una de las estrategias de gobierno puesta en marcha por organismos internacionales es la idea del
Grupo de riesgo, los cuales son grupos que representan, desde la perspectiva del mercado, una mayor o menor
potencialidad de alterar la gobernabilidad y el buen funcionamiento de aquel. La gestión de la pobreza aparece
como uno de los mayores objetivos (es decir como una meta) de las estrategias promovidas por el Banco
Mundial, dado que los pobres son visualizados como grupos vulnerables que poseen pocas o escasas
oportunidades de autogestionarse en sí mismos y de contribuir mediante la competencia individual a la riqueza
colectiva; desde las estrategias de la racionalidad de mercado, aparece como producto de la incapacidad (es
decir, la culpa no la tiene los modelos de orden social estructurado, sino los sujetos). El término focopolítica,
propuesto por Sonia Álvarez Leguizamón, es el modo particular en que la gubernamentalidad neoliberal
impactará sobre las políticas sociales de los países de América Latina sobre aquellos grupos sociales que se
encuentran en situaciones de vulnerabilidad; Sí, con acción tutelar, se procura fomentar por parte de estos
grupos vulnerables, formas de autocontrol mediante la promoción de redes productivas de autogestión y en
pos de permitir una subsistencia básica y evitar sanciones de conflictos que alteren el orden social global
establecido.
La construcción de un imaginario social que asocia la pobreza con el fracaso individual y con la
peligrosidad que representan para la seguridad de los ciudadanos consumidores, conduce a una
estigmatización que impide identificar las causas estructurales de la autorización de vastos sectores de la
población mundial y conduce a un profundo sufrimiento psíquico y social de estas vidas estigmatizadas.
Algunas palabras finales. La formación del par normal/patológico en la sociedad disciplinaria se
caracteriza por la necesidad de generar cuerpos dóciles y productivos para los requerimientos de una sociedad
liberal capitalista, naturalizar las desigualdades sociales y responde a ese sujeto que hay que resocializar para
adaptarlo a las normas sociales y Morales. La mutación del par normal/patológico (es decir sociedad
disciplinada tenes, un ciudadano normal o indisciplinado, en cambio en las sociedades contemporáneas tenes,
un sujeto exitoso autoadministrado o un pobre incapaz peligroso) va de la mano con el despliegue de la
gubernamentalidad neoliberal, lo que genera una nueva delimitación, ya que ésta se basa en la constante
competencia por los recursos y los logros disponibles en el universo del mercado. La modelación de una
subjetividad centrada en una competencia incesante conduce no solo a la imposibilidad de establecer lazos
sociales que posibiliten una transformación del mundo social establecido, sino también a la naturalización del
sufrimiento y la muerte de quienes son vistos como reembolsables y de su propio fracaso.
Joan W. Scott
Género: ¿Todavía una categoría útil para el análisis?
Este artículo traza la historia de los usos de la palabra género y los cuestionamientos que persisten en
cuanto al modo de cómo se definen y evolucionan los términos mujeres, hombres y las relaciones de poder
entre ellos.
En 1986 se usaba el término construcción cultural, los significados eran atribuidos, no inertes a los
cuerpos y había una historia y una política de estas atribuciones de significados; la idea de construcción
cultural se basaba en la noción de que podía distinguirse cuidadosamente entre el sexo y el género. Para
algunas personas, género se ha convertido en una forma cortés de referirse a cualquier cosa que tenga que ver
con el sexo, mientras que el sexo se reserva para los actos físicos; Otras personas, como los congresistas
republicanos, señalaron las implicaciones subversivas de género, advirtieron que la moralidad y los valores
de la familia estaban siendo atacados por aquellos que creen que puede haber hasta 5 géneros (es decir el
género como algo peligroso); insistieron en que un programa había sido secuestrado por feministas que creen
en el género y creen que todo lo que creemos natural, incluyendo la habilidad y la feminidad, la maternidad,
la heterosexualidad, el matrimonio y la familia, son fijaciones culturalmente creadas originadas por hombres
que oprimen a las mujeres, estas feministas profesan que tales roles han sido socialmente construidos y por lo
tanto, pueden cambiar.
No hay explicación del uso generalmente aceptado del género, como si el significado fuera
autoevidente, libre de ambigüedad y de todas las interpretaciones erróneas posibles. Género abrirá todo un
conjunto de cuestiones analíticas sobre cómo y bajo qué condiciones se habían definido los diferentes roles y
funciones para cada sexo, como varían los diversos significados de las categorías hombre y mujer, según la
época y el contexto, en lugar cómo se crearon e impusieron las normas regulatorias del comportamiento sexual,
como los asuntos relacionados con el poder y los derechos contribuian a las definiciones de masculinidad y
feminidad, como las estructuras simbólicas afectaban las vidas y prácticas de personas comunes y corrientes,
como se forjaban las identidades sexuales dentro de las prescripciones sociales y contra ellas. Género podría
referirse a las formas en las cuales se concedían las relaciones entre hombres y mujeres, pero no se tomaban
ni las relaciones ni los hombres ni las mujeres como iguales en todos los casos; lo importante era cuestionarse
todos estos términos y así historizarlos.
Con demasiada frecuencia género connota, un enfoque programático o metodológico en el cual los
significados de hombre o mujer se toman como fijos, el objetivo parece ser describir roles diferentes no
cuestionarlos. El énfasis debería ponerse no en los roles asignados a las mujeres y a los hombres, sino la
construcción de la diferencia sexual en sí. Se dice que el género trata acerca de relaciones entre mujeres y
hombres que se presupone no solo que es jerárquica, sino que lo es invariablemente. El sexo no era un
fenómeno transparente, adquiría su estatus natural de modo retrospectivo como justificación para la asignación
de roles de género. Creo que género sigue siendo útil si se toma como una invitación a pensar de manera
crítica sobre como los significados de los cuerpos sexuados se producen en relación el uno con el otro y como
estos se despliegan y cambian.
La identidad nos dice Riley, no nos permea y por ende es inconstante y no los puede dar una base
ontológica, el cuerpo no nos da esa base tampoco, ya que es en sí mismo un concepto que debe ser leído en
relación con lo que lo apoya y lo rodea; el cuerpo no es un punto de origen ni un término es un resultado o un
efecto. Hasta que los individuos se definieron como sujetos políticos no podía haber reclamo de ciudadanía ni
derechos políticos para las mujeres. Para entender el feminismo había que pensarlo como una intervención
estratégica en un conjunto de discursos que no estaban restringidos a las mujeres.
El género para el autor, es el estudio de la difícil relación, en torno a la sexualidad, entre lo normativo
y lo psíquico, el intento de a la vez colectivizar la fantasía y usarla para algún fin político o social, ya sea ese
fin, la construcción de nación o la estructura familiar; es el género el que produce significado para el sexo y
la diferencia sexual, entonces el género es una categoría útil para el análisis porque nos obliga a historizar las
formas en las cuales el sexo y la diferencia sexual han sido conseguidos.
Elsa Dorlin
La historia del sexo
Arqueología del sexo. El concepto de género fue elaborado por los equipos médicos en la primera
mitad del siglo XX, cuando se hicieron cargo de los recién nacidos, llamados hermafroditas/intersexuales;
para esos médicos, el desafío era reasignar un sexo a un niño que testimoniaba un ambigüedad sexual de
nacimiento, ya que no dio lugar a una identidad sexual identificable como macho, hembra y el accionar era
intervenir sobre esos cuerpos para asignarles un “buen sexo”, el cual consiste en un aparato genital macho o
hembra plausible, comportamiento sexual coherente heterosexual. El sexo biológico es un factor relativamente
flexible, aleatorio y poco coercitivo. En materia de identidad sexual, es decir, de roles de género y de
comportamientos sexuales; El sexo biológico no determina la identidad sexual de los individuos, este es
reconstruirle y sin embargo construible, determinable, mediante una intervención técnica exógena. La primera
ocurrencia del término heterosexual aparece a fines del siglo XIX, se considera como una perversión sexual
la bisexualidad. La finalidad procreativa, permanece inconsciente en el acto sexual, pero desde entonces
permite distinguir el acto sexual: desviado, patológico o natural, normal, como las personalidades que están
asociadas; la heterosexualidad designa exclusiva y duramente la heterosexualizacion del deseo erótico y la
predisposición a la reproducción, trabajos de Krafft Ebing: el pensamiento médico comprende en el sexo
biológico los procesos de sexuación, la procreación y la sexualidad, en consecuencia la sexuación no es el
todo del sexo siempre hay ya en el sexo biológico de los individuos, género y las trazas de una gestión social
de la reproducción, es decir, una identidad sexual de género y sexualidad, impuesta asignada. En 1972 Ana
Oakley publica, obra en la cual ella distingue el sexo, el género y que señala la emergencia del concepto de
género en la teoría feminista, los fenómenos de transexualidad demuestran que ni el deseo sexual y el
comportamiento sexual ni la identidad de género son dependientes de las estructuras anatómicas. Concepto de
género, utilizado desde sociales para definir las identidades, los roles, tareas y funciones, los valores, las
representaciones o los atributos simbólicos, femeninos y masculinos, como productos de una socialización de
los individuos y no como los efectos de una naturaleza. La introducción del género en las ciencias humanas
responde a una política, presentar los rasgos de género como simbólicos o arbitrarios, dejando el sexo
anatómico el papel de real insoslayeble. A partir de fines de los 80 surgió una nueva conceptualización del
género, en esta perspectiva, el género no es pensado ya como el contenido cambiante de un continente
inmutable que sería el sexo, sino como un concepto crítico, una categoría de análisis histórico. Desde el siglo
XVII el sexo fue fingido según un modelo bicategoríal: la fisiopatología de temperamento, la anatomía de los
aparatos genitales y lo de las gónadas, la información hormonal, la genética; se trata de las cuatro grandes
definiciones de la bicategorización sexual: el sexo humoral, el sexo gonádico, el sexo hormonal y el sexo
cromosómico, fundamentos para la distinción entre machos y hembras. Podría definirse la bicategorización
sexual como un obstáculo epistemológico para la comprensión científica del sexo, como proceso complejo de
sexuación irreductible a dos categorías de sexo, el sexo femenino y masculino.
El sexo (M/F): un obstáculo epistemológico. La epistemología racionalista (conocimiento racional)
del sexo es particularmente heurístico a la vez en lo que permite pensar, pero también en lo que no logra
explicar, (es decir, que se trata de entender el sexo desde lo racional, se trata de clasificarlo, definirlo de forma
objetiva desde las múltiples disciplinas). La contradicción interna entre creencia/práctica y teorías médicas
parece plantear un verdadero problema epistemológico; en historia de las ciencias tendríamos tres tipos de
crisis: (1) las crisis relacionadas con las rupturas entre la ideología ambiente y la cientificidad naciente, (2)
ligadas a las reestructuraciones teóricas de la ciencia, (3) aquellas relacionadas con un statu quo que hacen de
la situación crítica un régimen casi permanente. Cabría entonces preguntarse en qué medida un conocimiento
científico puede tener interés en mantener la crisis en su propio sistema de sus propios mundos o principios,
en este caso, de la sexuación de los cuerpos. La distorsión crítica entre sexuación y bicategorización es
particularmente problemática en el pensamiento médico; la intersexualidad perturba la causalidad del sexo, el
género en sus condiciones se convierte en el fundamento último del sexo, entendido como la bicategorización
sexual de los individuos. Los protocolos de reasignación de sexo tienen en el caso de la vagina, se considera
lograda cuando se puede penetrar, la amplitud de la abertura, la lubricación, la sensibilización orgásmica no
son prioridades, mientras que el pene logrado debe ser apto para la erección y un tamaño aceptable para los
cánones de la virilidad; la identidad cromosómica o las gónadas no son la causa última del sexo, sino factores
determinantes de la elección de la identidad sexual.
El género precede al sexo. La relación de género es utilizada como el fundamento último de la
categorización sexual del sexo, muestra que la norma es exhibida en toda su dimensión social e histórica y se
expone a ser impugnada; pero el riesgo es inevitable o se acepta que no hay un criterio infalible fundado en la
naturaleza, o se escoge un criterio social infalible, pero cuyo valor normativo es considerablemente debilitado
a causa de su carácter social y, por tanto, convencional hasta arbitrario. La bicategorización es por eso
invalidada no solamente como norma natural, sino también como medio; son en verdad los criterios
discriminantes elaborados en el marco de una política de normalización de los cuerpos sexuados los que
socavan la definición misma de lo normal en materia de proceso de sexuación biológica. Hay que conservar
como barrera crítica que la aptitud para la reproducción jamás se existe en sí, que siempre es objeto de una
división social del trabajo sexual reproductivo; escribe Helene Rouch, hay que precaverse de una confusión
sistemáticamente practicada entre atributos de sexo, comportamiento sexual y rol en la reproducción que
conduce a muchas amalgamas: entre el individuo y la especie, entre sexuación y sexualidad, entre sexualidad
y reproducción. Si la crisis del fundamento natural del sexo permite mantener la relación de género en buenas
condiciones, es ante todo el efecto de una distorsión entre teoría y práctica científicas, que es a la vez el efecto
de la crisis y la solución de esta última, mantener las investigaciones del fundamento natural del sexo en
suspenso, utilizar “a falta de otra cosa” o “mientras” un criterio doxico-práctico: el género; la crisis es la
expresión misma de la historicidad de una relación de dominación que se modifica, muta y debe
constantemente redefinir su sistema categorial para garantizar las condiciones de su reproducción.
El género puede ser definido como una relación de poder que garantiza su reproducción, en parte
gracias a las mutaciones del sistema categorial que produce y sobre el cual se adosa, pero al hacer esto, a la
vista de todo el mundo, se expone plenamente en toda su historicidad: su historia es la de sus múltiples crisis
y de las múltiples mutaciones que operan sobre los cuerpos. La capacidad normativa del género, el hecho de
que esta relación social sobre substancializar el proceso de sexuación en dos sexos biológicos, a despecho de
una normativa natural polimorfa, radica pues, en su capacidad para mantener un régimen teórico y práctico en
crisis. Frente a la multiplicidad de las configuraciones sexuales posibles, la norma de género no logra
reducirlas a una binariedad supuestamente esencial, sino porque está en condiciones de operar constantes
mutaciones sobre dichos cuerpos.
Hannah Arendt
Eichmann en Jerusalén: un estudio sobre la banalidad del mal
Hannah Arendt estudia en este ensayo las causas que propiciaron el Holocausto (gran tragedia del siglo
XX), el papel equivocó que desempeñaron en tal genocidio los consejos judíos, así como la naturaleza y la
función de la justicia, aspecto que las lleva a plantear la necesidad de instituir un tribunal internacional capaz
de juzgar crímenes contra la humanidad; va desentrañando la personalidad del acusado, analiza su contexto
social y político y su rigor intachable a la hora de realizar la deportación y el exterminio de las comunidades
judías.
En resumen, el fracaso del tribunal de Jerusalén (juicio en 1961 a Eichmann que el teniente coronel de
las SS) consistió en no abordar tres problemas fundamentales harto conocidos y suficientemente estudiados,
a partir de la formación del tribunal de Nuremberg: (1) el problema de la parcialidad propia de un tribunal
formado por los vencedores (es decir judíos llevaban a cabo este tribunal lo que generaba que sea imparcial),
(2) el de una justa definición de «delito contra la humanidad», y (3) el de establecer claramente el perfil del
nuevo tipo de delincuente que comete este tipo de delito. En cuanto al primero de estos problemas, el tribunal
no admitió la presencia de testigos de la defensa. Además, si bien al término de la guerra resultaba inevitable
que fuesen los vencedores quienes dictaran sentencia -al argumento dado por el magistrado Jackson, «o bien
los vencedores juzgan a los vencidos, o bien estos se juzgan a sí mismos». (2) Lo que en Nuremberg se
mencionó ocasionalmente, como si de un asunto marginal se tratara -<las pruebas demuestran que los
asesinatos y crueldades masivas no fueron cometidos solamente con el fin de reprimir la oposición al
régimen», sino que constituían «parte de un plan encaminado a eliminar por entero poblaciones nativas». Los
judíos fueron asesinados a lo largo y ancho de Europa, no solo en el Este, y su aniquilamiento no se debió al
deseo de conseguir territorio «para su posterior colonización por parte de los alemanes». La gran ventaja
propia de un juicio centrado en los delitos contra el pueblo judío radicaba, no solo en que sentaba con la
claridad suficiente para permitir que pasara a formar parte del futuro derecho internacional aquella diferencia
que mediaba entre los delitos de guerra, tales como el fusilamiento de guerrilleros y la matanza de rehenes,
por una parte, y los «actos inhumanos», tales como la <expulsión y aniquilamiento» de poblaciones nativas,
a fin de permitir que los invasores colonizaran el territorio, por otra, sino que también sentaba la diferencia
entre los «actos inhumanos» (cometidos con propósitos conocidos, y criminales, cual la expansión colonial)
y los «delitos contra la humanidad», cuyo propósito carecía de precedentes. Sin embargo, tanto en el curso del
proceso como en el contenido de la sentencia no se mencionó, en el juicio de Jerusalén, siquiera la posibilidad
de que el exterminio de grupos étnicos, en su totalidad -judíos, polacos o gitanos-, pudiera constituir algo más
que un delito contra los judíos, los polacos o los gitanos, y que tales delitos ponían en peligro y lesionaban
gravemente el orden internacional y el género humano en general. (3) Los jueces sabían que hubiera sido muy
confortante poder creer que Eichmann era un monstruo. Lo más grave, en el caso de Eichmann, era
precisamente que hubo muchos hombres como él, y que estos hombres no fueron pervertidos ni sádicos, sino
que fueron, y siguen siendo, terrible y terroríficamente normales. Desde el punto de vista de nuestras
instituciones jurídicas y de nuestros criterios morales, esta normalidad resultaba mucho más terrorífica que
todas las atrocidades juntas, por cuanto implicaba que este nuevo tipo de delincuente -tal como los acusados
y sus defensores dijeron hasta la saciedad en Nuremberg-, que en realidad merece la calificación de hostis
humani generis, comete sus delitos en circunstancias que casi le impiden saber o intuir que realiza actos de
maldad; Eichmann carecía de motivos, salvo aquellos demostrados por su extraordinaria diligencia en orden
a su personal progreso (es decir, sus actos carecían de una lógica moral y ética, por ende, no se cuestiona si se
está cometiendo un acto inhumano o no, sino que estaba haciendo es cumpliendo con su trabajo, para tener
una mejor posición en la jerarquización nazi.).
Entre los grandes problemas planteados en el proceso de Eichmann, tenía principal importancia el
planteado por la premisa, común a todos los modernos ordenamientos jurídicos, de que para la comisión de
un delito es imprescindible que concurra el ánimo de causar daño. Cuando dicho ánimo no concurre, cuando,
por las razones que sea, incluso las de la locura moral, el sujeto activo no puede distinguir debidamente entre
el bien y el mal, consideramos que no puede haber delito. Rechazamos, y las consideramos bárbaras, las
afirmaciones de que «los grandes delitos ofenden de tal modo a la naturaleza, que incluso la tierra dama
venganza; que el mal viola la natural armonía de tal manera que tan solo la retribución puede restablecerla;
que las comunidades ofendidas por el delito tienen el deber moral de castigar al delincuente» (Yosal Rogat).
Pese a ello, estimo innegable que precisamente en virtud de estas olvidadas afirmaciones Eichmann fue
sometido a la acción de la justicia, y que tales afirmaciones fueron, en verdad, la justificación suprema de la
pena de muerte. Debido a que Eichmann había intervenido, cumpliendo una función central, en una empresa
cuya finalidad era la de eliminar para siempre a ciertas «razas>> de la faz de la tierra, tenía que ser eliminado.
En otras palabras, ante la ley, tanto la inocencia como la culpa tienen carácter objetivo, e incluso si ochenta
millones de alemanes hubieran hecho lo que tú hiciste, no por eso quedarías eximido de responsabilidad. Poco
importan las accidentales circunstancias interiores o exteriores que te impulsaron a lo largo del camino a cuyo
término te convertirías en un criminal, por cuanto media un abismo entre la realidad de lo que tú hiciste y la
potencialidad de lo que los otros hubiesen podido hacer. Aquí nos ocupamos únicamente de lo que hiciste, no
de la posible naturaleza inocua de tu vida interior y de tus motivos, ni tampoco de la criminalidad en potencia
de quienes te rodeaban. Si aceptamos, a efectos dialécticos, que tan solo a la mala suerte se debió que llegaras
a ser voluntario instrumento de una organización de asesinato masivo, todavía queda el hecho de haber, tú,
cumplimentado y, en consecuencia, apoyado activamente, una política de asesinato masivo. en materia
política, la obediencia y el apoyo son una misma cosa. Y del mismo modo que tú apoyaste y cumplimentaste
una política de unos hombres que no deseaban compartir la tierra con el pueblo judío ni con ciertos otros
pueblos de diversa nación como si tú y tus superiores tuvierais el derecho de decidir quién puede y quién no
puede habitar el mundo-, nosotros consideramos que nadie, es decir, ningún miembro de la raza humana,
puede desear compartir la tierra contigo. Esta es la razón, la única razón, por la que has de ser ahorcado».
Este libro no se ocupa de la historia del mayor desastre sufrido por el pueblo judío, ni tampoco es una
crónica del totalitarismo, ni la historia del pueblo alemán en tiempos del Tercer Reich, ni por último tampoco,
ni mucho menos, un tratado sobre la naturaleza del mal. Todo proceso se centra en la persona del acusado, en
una persona de carne y hueso, con una historia suya, individual, con sus propias formas de comportamiento,
y con sus propias circunstancias. Todo aquello con lo que el acusado no tuvo relación, o aquello que no ejerció
influencia en él, debe ser omitido en el procedimiento judicial y, en consecuencia, en el informe sobre el
mismo. Eichmann fue llevado ante el tribunal porque se necesitaba un chivo expiatorio, y este chivo expiatorio
lo necesitaba no solo la República Federal Alemana, sino también los hechos históricos ocurridos y cuanto los
hizo posibles, es decir, se trataba de un chivo expiatorio del antisemitismo y del gobierno totalitario, así como
del género humano y del pecado original. Cuando hablo de la banalidad del mal lo hago solamente a un nivel
estrictamente objetivo, y me limito a señalar un fenómeno que, en el curso del juicio, resultó evidente.
Podemos decir que Eichmann, sencillamente, no supo jamás lo que se hacía. En el curso de estas controversias
se han sentado muchas conclusiones curiosas que parecen especialmente reveladoras. Así vemos que algunos
hombres de letras norteamericanos han proclamado la ingenua creencia de que la tentación y la coacción son
una misma cosa, y que a nadie debe pedirse que resista la tentación.
En la actualidad, son muchos los que están dispuestos a reconocer que la culpa colectiva, o, a la inversa,
la inocencia colectiva, no existe, y que si verdaderamente existieran no habría individuos culpables o
inocentes. El proceso de Eichmann no constituyó una excepción, incluso teniendo en cuenta que los jueces se
hallaron ante un delito que no constaba en los textos jurídicos, y ante un criminal sin paralelo entre cuantos se
habían sentado en el banquillo en cualquier tiempo pasado, por lo menos antes del proceso de Nuremberg. El
objeto del presente informe ha sido determinar hasta qué punto el tribunal de Jerusalén consiguió satisfacer
las exigencias de la Justicia.