Cpo Fallos 2018
Cpo Fallos 2018
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Expte. Nº 63.436/2008 - "Santucho Juan Federico y Otro c/ Canzani Alicia Angélica y Otros s/ Daños y
Perjuicios" – CNCIV – SALA J – 24/02/2015 (Citar: elDial.com - AA8E00-Publicado el 06/04/2015 )
///nos Aires, a los 24 días del mes de febrero de 2015, reunidas las Señoras Jueces de la Sala "J" de la
Excma. Cámara Nacional de Apelaciones en lo Civil de la Capital Federal, a fin de pronunciarse en los autos
caratulados: "Santucho Juan Federico y otro c/ Canzani Alicia Angélica y otros s/ daños y perjuicos"La Dra.
Marta del Rosario Mattera dijo:
I.- La sentencia obrante a fs. 1057/1067 hizo lugar parcialmente a la demanda condenando a los accionados
Alicia Angélica Canzani, Santiago Martín Ossoinak, Pablo Luis Ossoinak, Norberto E. Avena y al Consorcio de
Propietarios del edificio de la calle Honorio Pueyrredón 657/659, a pagar a cada uno de los actores, la suma
de $10.000 en forma concurrente, debiendo responder los obligados en el porcentaje y forma establecido en
el considerando IV, con más intereses y costas del proceso.-Contra dicho pronunciamiento se alzan los
accionados Canzani y Ossoinak y la parte actora luciendo sus quejas a fs. 1122/1123 y fs. 1124/1139
respectivamente, asimismo el consorcio afectado expresa agravios en el escrito obrante a fs.1141/1143.
Corridos los pertinentes traslados de ley obran a fs. 1145/1146; 1148/1152; 1153/1157 los respondes de las
contrarias.-A fs. 1165/1166 obra el dictamen del Defensor Oficial en respuesta a los agravios vertidos y
solicitando la confirmación de la sentencia de grado.-A fs. 1168 se dicta el llamado de autos a sentencia,
providencia que se encuentra firme quedando los presentes en estado de dictar sentencia.-
II.- Agravios La presente acción de daños tiene su origen en el reclamo incoado por los accionantes de los
daños y perjuicios sufridos - según sus dichos- con motivo de las emanaciones de monóxido de carbono en el
inmueble que habitaban en la calle Honorio Pueyrredón 659 piso 4° B de esta ciudad y de propiedad de los
accionados.-Los codemandados Canziani y Ossoinak en cuanto locadores y propietarios de la unidad,
consideran suficientemente acreditado en autos, que el problema se centró específicamente en el trabajo
efectuado en la unidad del piso superior, por lo que resulta irrelevante a los fines de su responsabilidad, los
fundamentos esgrimidos por el sentenciante de grado, relativos a las rejillas de ventilación de su unidad.-La
parte actora por su parte señala que la causa determinante de la intoxicación padecida, fueron tanto las
omisiones de las propietarios de la unidad que habitaban como del Consorcio accionado, pues la pericia da
cuenta de la mala colocación de las rejillas de ventilación en la unidad locada, su falta de funcionamiento,
haciendo caso omiso a la normativa del Energas NAG-200C circunstancia determinante en la intoxicación
padecida, como las deficiencias existentes en el edificio e informadas por la inspección efectuada por
Metrogas, desprendiéndose así la palmaria responsabilidad de ambos en el evento dañoso.-Cuestionan
asimismo que no se haya dispuesto la responsabilidad solidaria del consorcio como guardián de las cosas
comunes y de los propietarios del inmueble, frente al resarcimiento del daño padecido.-De la misma forma se
agravian del rechazo del daño psicológico como por el monto por el cual prosperara el daño moral. -A su turno
el Consorcio accionado, cuestiona la responsabilidad endilgada y solicita la revocación de la sentencia,
entendiendo que la conducta omisiva de los accionantes en la denuncia del hecho sumado a la inexistencia
de conductas o acciones objetivamente imputables a su parte- a titulo de culpa omisiva-transforman la
condena en un acto meramente voluntarista.-
III.- Responsabilidad En torno a los agravios vertidos por las partes en relación a la responsabilidad
endilgada en la instancia de grado, cabe en principio señalar que toda pretensión indemnizatoria supone
acreditar una vinculación fáctica entre la situación dañosa invocada y el sindicado como responsable. La
relación causal constituye un elemento del acto ilícito y del incumplimiento contractual, que vincula el daño
directamente con el hecho, e indirectamente con el elemento de imputación subjetiva o de atribución objetiva.
"Es el factor aglutinante que hace que el daño y la culpa, o en su caso el riesgo, se integren en la unidad del
acto que es fuente de la obligación de indemnizar" (Bustamante Alsina, "Teoría General de la Responsabilidad
Civil", p. 170 y 267) es decir que la existencia del daño y su vinculación con el ilícito o incumplimiento
contractual por una relación de causalidad adecuada es de ineludible justificación, de modo que no puede
otorgarse indemnización si falta tal comprobación, estando a cargo de quien lo reclama el acreditar dicha
certeza.-Es sabido que en casos como el de autos, la prueba pericial resulta determinante a fin de acreditar el
daño padecido y que aun cuando las normas procesales no acuerdan al dictamen pericial el carácter de
prueba legal, cuando el informe comporta -como en el caso- la apreciación específica en el campo del saber
del perito -conocimiento éste ajeno al hombre de derecho-, para desvirtuarlo es imprescindible contar con
elementos de juicio que permitan concluir fehacientemente en el error o el inadecuado uso que el experto
hubiese hecho de sus conocimientos técnicos o científicos, de los que por su profesión o título habilitante ha
de suponérselo dotado.-La circunstancia de que el dictamen no obligue al juez -salvo en los casos en que así
lo exige la ley-, no importa que éste pueda apartarse arbitrariamente de la opinión fundada del perito idóneo,
en tanto la desestimación de sus conclusiones ha de ser razonable y fundada, y ningún elemento se ha
aportado que permita un apartamiento del dictamen, que es lo que ha sellado la suerte del pleito y, por ende,
del recurso incoado.-A efectos de analizar situaciones con importante contenido técnico, resulta esencial
contar con dictámenes de profesionales especialistas en la materia de que se trate, que informan sobre las
particularidades que hacen a las cuestiones debatidas. Los valores que atribuyen y acerca de los cuales
dictaminan constituyen parámetros cuyo seguimiento o apartamiento depende del grado de convicción que tal
elemento acreditatorio produzca en el ánimo del juez. (CNCiv, esta sala, 18/5/2010, Expte 58972/2005
"Djenderedjian Julio Cesar c/ Brion Folgar Ángel Juan y otro s/daños y perjuicios").-En este tipo de cuestiones
he señalado que el informe pericial constituye uno de los elementos de juicio a apreciar en la ardua tarea de
lograr un detalle cierto de los daños ocasionados al inmueble, en tanto emana de un científico especializado
en la materia y que, como perito único designado de oficio, rinde asesoramiento sólo inspirado en su mejor
saber y entender (Conf CNCiv, esta sala, 25/4/2007,"Fundación Madre de la Esperanza c/ Consorcio de
Propietarios de la calle F.D. Roosevelt 2022 s/ daños y perjuicios" Cita: MJ-JU-M-12696-AR | MJJ12696 |
MJJ12696 ).-En el caso de autos, no se advierte ninguna razón para apartarse de las pautas sólidamente
fundadas, brindadas por el experto.-
Se encuentra pericialmente comprobado que en la unidad de piso 5° UF 46, se han realizado trabajos de
remodelación y demolición, compatibles con los daños en la cañería de evacuación de humos de combustión,
del calefón del piso inmediato inferior, aclarando el experto que aún encontrándose el conducto de humos
obturado en forma parcial, ello es causa suficiente, para una fallida evacuación de los gases hacia el interior
de la unidad.-En relación al conducto de humos se observa (ver fs. 909) bajo el mueble bajomesada, una
pieza cerámica de 15 cm colocada en desnivel ocultando la curva de la cañería de evacuación de humos, del
calefón perteneciente a la unidad inmediatamente inferior.-De lo observado por el experto en la unidad del
piso 5° se encuentran perfectamente determinadas las reformas efectuadas en la cocina, de las cuales la
mayor influencia pueden tener en la controversia de autos, la demolición de tabiques, retiro de mosaico y
demolición de banquina dentro de la cual se encontraría oculto el conducto de humos (ver fs 909 vta).-A su
vez señala en su dictamen que dicho conducto se encuentra atravesando la losa de hormigón, por sobre la
unidad 4° y una vez traspuesta ésta, gira hacia el muro y vuelve a girar para tomar la vertical de la columna, y
que pueden haberse dañado durante la demolición de la banquina original, pudiendo haber quedado obturado
con escombros o con algún otro elemento, que se omitió retirar, al promediar la finalización del trabajo de
albañilería.-
Ahora bien y en relación al rol activo en el hecho, de las rejillas de ventilación en el inmueble locado, las
mismas no se encuentran colocadas según las reglas del arte, (ver fs. 910 vta) que por el contrario se
encuentran simulando estar correctamente colocadas, sin haber podido el perito verificar su correcta conexión
al exterior. –Que las mismas no cumplen las especificaciones de la norma NAG200, encontrándose una
ventilando hacia el ambiente único del inmueble, por lo que es totalmente factible, que los gases de
combustión, que no han podido se evacuados por el conducto ad-hoc, pudieran pasar desde la cocina hasta
el ambiente único por esta rejilla, dando lugar a la intoxicación denunciada.-Conforme surge de las pruebas
rendidas en los presentes, con entidad suficente como para acreditar la incidencia causal en el hecho, y tal
como lo señalara el sentenciante de grado, la emanación de monóxido de carbono hacia el interior del
inmueble, provino de la obstrucción del conducto de escape de gases proveniente el departamento superior
(5° B), de propiedad del co –demandado en autos Sr. Avena, por lo que no cabe duda de su responsabilidad
por las refacciones irregulares efectuadas en la cocina de su propiedad.-Sin embargo no puede soslayarse las
deficitarias condiciones en que se encontraban instaladas las rejillas de ventilación en el departamento locado
y de las que da cuenta en forma detallada el dictamen pericial, las que sin lugar a dudas actuaron como
concausa en el suceso, permitiendo la concentración de monóxido de carbono en el ambiente.-
Reiteradamente se ha sostenido que la obligación de mantener y entregar la cosa en buen estado, pesa sobre
la titular del inmueble dado en locación, constreñido por el exigente deber impuesto por el art. 1.515 y 1.516
del Código Civil (conf. CNCiv, sala B, 20/2/2004 " Vasallo, Ana Teresa c/ Cons. De Prop. Av. San Martin 1414
s/ daños y perjuicios y Díaz, Graciela Liliana c/ Cons. Prop. Av. San Martin 1414 s/ daños y perjuicios" ídem,
sala k, 13/4/2007 " G. N. y otros c/ C. A. C. s/ daños y perjuicios" Cita: MJ-JU-M-11203-AR | MJJ11203 |
MJJ11203 idem id,18/7/2003,sala I "S.B.A. y otro c/ A.E. y otro s/ daños y perjuicios" entre muchos otros).-
Poco puede agregarse a las categóricas conclusiones periciales como al informe de la empresa Metrogas que
luce a fs. 769/770, en relación a las deficiencias existentes en el edificio, relativas a los conductos de
evacuación de gases, no advirtiendo en los agravios vertidos circunstancia alguna que permita exonerar de la
responsabilidad endilgada al Consorcio de preservar el inmueble y las personas de cualquier amenaza o
peligro, por lo que deberá responder conforme el factor objetivo de atribución de responsabilidad, por la
omisión en el adecuado mantenimiento de la cosa común en los términos del art. 1113 del Código Civil, (conf.
Highton, Elena I. "Propiedad horizontal y prehorizontalidad", "Derechos reales", vol 4, 2º edición renovada y
ampliada, ed. Hammurabi, pág. 552).-Para eximirse de responsabilidad frente a un factor objetivo de
atribución es el consorcio que debe acreditar la concurrencia de un elemento ajeno a su actuación -el hecho
de la víctima o de un tercero por el cual no debe responder- y probar que esa participación ha tenido la
entidad suficiente para erigirse en causa o concausa del hecho ilícito, con aptitud para interrumpir total o
parcialmente el nexo de causalidad entre el hecho y el daño, pues cabe la exclusión parcial de la
responsabilidad del dueño o guardián, en la medida que la conducta de la víctima o de un tercero ha
generado causal o concausalmente el hecho dañoso (Kelmemajer de Carlucci en " Código Civil y leyes
complementarias. Comentado, anotado y concordado" A.C Belluscio, E.A Zannoni, T.5, pág. 581) tal como en
definitiva sucedió en la especie.-En virtud de las consideraciones vertidas y no encontrando en los agravios
vertidos, fundamentación suficiente como para modificar lo resuelto en el fallo apelado en torno a la
responsabilidad en el evento, propiciaré al acuerdo su confirmación.-
IV.- Alcance de la condena En relación a la queja en torno al alcance de la responsablidad establecida en la
instancia de grado, cabe señalar que atento a la naturaleza de la obligación, las diferentes culpas de los
obligados concurrentes son suficientes, indistintamente, para darle derecho al damnificado, a la obtención del
resarcimiento total del daño contra cualquiera de los responsables in solidum. Sin perjuicio que, después de
ser desinteresado aquél, queda en pie una eventual responsabilidad compartida que puede ser alegada por
cualquiera de los deudores, a fin de que el monto de la indemnización sea cubierto, en definitiva, por todos los
deudores concurrentes, en la medida en que cada cual contribuyó a causar el daño. (Félix Trigo Represas,
"Régimen de las obligaciones concurrentes en nuestro derecho privado positivo", T. 11, D-7, Ed. Zeus, pág.
1595).-La distribución de responsabilidades entre los copartícipes del hecho ilícito no resulta oponible a los
demandantes, puesto que aquéllos responden in solidum frente a los damnificados, pudiendo éstos reclamar
la totalidad de la indemnización a cualquiera de los responsables sin que influya el grado de atribución de
responsabilidad asignada y sin perjuicio del eventual derecho a repetir.-Ello es así porque, en razón de la
solidaridad prevista en el artículo 1.109 del Código Civil para los supuestos de concurrencia de culpas, quien
fuere demandado a elección de la víctima, responde frente a ésta por la totalidad de los menoscabos
ocasionados, sin que exista razón para no extender tal solución a los supuestos en los que pueda imputarse a
los partícipes la creación de un riesgo u otra responsabilidad de tipo objetivo. Es decir, la prueba de la
responsabilidad de algunos no permite a los restantes exonerarse frente a la víctima, porque esa prueba sólo
tiene trascendencia para la acción de reintegro, es decir, en la relación interna entre los responsables (cfr.
Zavala de Gonzaléz, Matilde, Personas, casos y cosas en el derecho de daños, Ed. Hammurabi, 1991, p.160
y ss.; Kemelmajer de Carlucci, Aída, Caso fortuito y fuerza mayor, en Temas de Derecho Civil, Ed.
Universidad, 1980, p.106).-Se trata en el supuesto de obligaciones que la doctrina denomina conexas, en las
que el acreedor de ambas puede reclamar de cada deudor el todo de cada uno de los objetos, lo que habilita
a exigir de cada uno de los deudores el total de lo que debe en virtud de su propia causa fuente (Conf CNCiv,
sala M, 28/6//2007, "Montero Juan Horacio c/ Expreso General Sarmiento SA. s/ daños y perjuicios, Bentacor
Burgueño Wilfredo Ramón c/ Expreso General Sarmiento SA. Línea 176 s/ daños y perjuicios y Urquiza
Susana Beatriz c/ Expreso General Sarmiento SA. Línea 176 s/ daños y perjuicios").-
Cuando la causación de un daño es imputable a diversos sujetos, la obligación de reparar tiene, en principio,
carácter solidario (arts. 1081 y 1109, Cód. Civil), o bien, según los casos, pueden surgir obligaciones
concurrentes o in solidum.-Así hemos sostenido que mediando diversidad de título contra cada deudor, ha de
estar en libertad el acreedor para dirigirse contra uno u otro obligado, o contra ambos, con el único límite de
no poder cobrar doblemente, ya que el primer pago que se hiciera dejaría al otro sin causa. (CNCiv esta sala,
22/5/2012, Expte. Nº 95.402/2001 "Castillo, Rosa Beatriz y otros c/ Emprendimientos Maccarone S. A. s/
daños y perjuicios").-En virtud de ello en el presente los sindicados como responsables están obligados a
resarcir el total del daño, habilitando a la víctima a reclamar in totum la indemnización, ya que la proporción de
responsabilidad de ambos coautores rige en cuanto a la acción de reintegro que entre ellos podrán ejercer,
luego de desinteresado el damnificado.-
Asimismo cabe reiterar que la responsabilidad del dueño y la del guardián de la cosa (art. 1113 del Código
Civil) son dos obligaciones independientes, por cuanto cada uno responde por un título distinto frente al
damnificado, quien puede demandar a cualquiera o a ambos conjuntamente por el todo, con abstracción de la
responsabilidad que corresponde atribuir a cada uno de ellos.-Los supuestos de responsabilidad indistinta,
concurrente o in solidum, han sido instituidos a los fines de brindar mayores posibilidades de resarcimiento al
damnificado.-Es pues éste el alcance con que hay que entender el fallo de la anterior instancia, respecto de
cada uno de los condenados al pago.-
V.- Incapacidad sobreviniente-La incapacidad sobreviniente es la consecuencia de un ataque a un bien
jurídico extrapatrimonial, como lo es la integridad corporal. La protección de la vida y la integridad psicofísica
de la persona humana ha sido desplazada de la órbita de los derechos estrictamente individuales, para
quedar enmarcada en el marco de los derechos sociales y colectivos, de forma más contundente a partir de la
reforma constitucional de 1994, que otorgó jerarquía constitucional a los tratados internacionales sobre
derechos humanos, afianzando la primacía de la persona (arts. 42 y 75 inc. 22. Constitución Nacional).-
La Corte Suprema ha sostenido que cuando la víctima resulta disminuida en sus aptitudes físicas o psíquicas
en forma permanente, esta incapacidad debe ser objeto de reparación, al margen de lo que pueda
corresponder por el menoscabo de la actividad productiva y por el daño moral, pues la integridad física tiene
por sí misma un valor indemnizable y su lesión comprende, a más de aquella actividad económica, diversos
aspectos de la personalidad que hacen al ámbito doméstico, cultural o social con la consiguiente frustración
del desarrollo pleno de la vida (C.S.J.N. Fallos: 308:1109; 312:2412; 315:2834; 318:1715; 326:1673; Ídem.,
08/04/2008, "Arostegui, Pablo Martín c/. Omega Aseguradora de Riesgos del Trabajo S.A. y Pametal Peluso y
Compañía", L. L. 2008-C, 247).-Esta partida se refiere esencialmente a una merma de aptitudes, secuelas o
disminución física o psíquica luego de completado el período de recuperación, que sufre el individuo que
incide en la obtención de lucros futuros, sea en las tareas que habitualmente suelen desempeñar o en otras;
es una chance frustrada de percepción de ganancias.-
En relación al daño psíquico y como lo viene sosteniendo en forma reiterada de esta Sala, el daño psíquico no
constituye un daño autónomo, sino un aspecto a considerar dentro del rubro incapacidad sobreviniente, pues
configura una disminución de aptitudes con repercusión en el patrimonio y la vida de relación del damnificado
(conf. C.N.Civ. esta sala, 17/11/09 expte 95.419/05 "Abeigón, Carlos Alberto c/ Amarilla, Jorge Osvaldo y
otros s/ daños y perjuicios", Idem., id., 11/3/2010, Expte. 114.707/2004, "Valdez, José Marcelino c/ Miño, Luis
Alberto daños y perjuicios"; Id., id., 06/07/2010, Expte. 93261/2007 "Godoy Muñoz, Pedro c/ Villegas, Víctor
Hugo y otros s/ daños y perjuicios", entre muchas otras).-Es un síndrome psiquiátrico coherente (enfermedad
psíquica novedoso en la biografía, relacionado causal o concausalmente con el evento de autos (accidente,
enfermedad, delito), que ha ocasionado una disminución de las aptitudes psíquicas previas (incapacidad), que
tiene carácter irreversible (cronicidad) o al menos jurídicamente consolidado (dos años). La enfermedad
psíquica que el perito diagnostique debe dañar de manera perdurable una o varias de las siguientes funciones
del sujeto: 1) incapacidad para desempeñar sus tareas habituales; 2) incapacidad para acceder al trabajo; 3)
incapacidad para ganar dinero y 4) incapacidad para relacionarse.-
Los sufrimientos psíquicos normales, detectados e informados por el perito, que no han dejado incapacidad
psíquica residual, pero que verosímilmente han sido padecidos, también pueden resarcirse, aunque no sea a
título de "daño psíquico". Por eso, cuando el perito los detecta debe señalarlos al juez para que los tenga en
cuenta como uno de los elementos a valorar en el momento de regular el daño moral.-Sostiene el mismo autor
que en medicina legal, la incapacidad indemnizable es tributaria de la cronicidad, en tanto que el sufrimiento
psíquico normal (no incapacitante), que no ha ocasionado un desmedro de las aptitudes mentales previas, si
es detectado e informado por el perito, es uno de los elementos que el juez podrá incluir en el daño moral.-
Sentado ello, cabe reiterar, que en materia de procesos de daños y perjuicios, la prueba pericial resulta de
particular trascendencia en lo que se refiere a la existencia y entidad de las lesiones por las que se reclama, el
informe del experto, no es una mera apreciación sobre la materia del litigio sino un análisis razonado con
bases científicas y conocimientos técnicos.-
En similar orden de ideas, la función de la prueba pericial es de asesoramiento, pues se trata de cuestiones
ajenas al derecho respecto de los cuales el Juez no tiene conocimientos específicos. No será el perito quien
defina el pleito, pero es indudable que, fundando debidamente su informe, tiene mayor peso y envergadura.
La mera opinión de los litigantes no puede prevalecer sobre sus conclusiones, en especial si se advierte que
no hay argumentos valederos para demostrar que éstas fueron irrazonables (esta misma sala, expte. nº
32.650/2005, "Sánchez, Romina Mabel c/ La Mediterránea S.A. y otro s/ Daños y perjuicios" del 10/09/2009;
expte. nº 115.605, "Elefteriu Zonca, Eduardo y otro c/ Consorcio de Propietarios Bolivar 1867/69/75/87 s/
Daños y perjuicios" del 24/08/2009; expte. nº 114.916/2003, "Ghiorso, Elsa Noemí c/ Pérez, Héctor Oscar y
otros s/ Daños y perjuicios", del 17/02/2010; expte. nº 29.511/2005, "Galarza, Diego Nicolás c/ Figueroa,
Marta s/daños y perjuicios", del 25/05/2010; expte. nº 37.541/2007, "García, José Luis c/ Transportes
Automotores Riachuelo S. A. s/ Daños y perjuicios", del 29/3/2011, entre otros).-
La pericia psicológica efectuada en autos dictamina tanto en relación a Juan Federico Santucho como a
Sabrina Castaño, que no presentan indicadores compatibles con la figura de daño psíquico, por no hallarse
secuelas incapacitantes derivado del hecho de autos (ver fs. 625 y fs. 634).-En su respuesta a las
impugnaciónes efectuadas por la parte actora a fs. 674/687 y fs. 681/687 respectivamente, la experta reitera
la inexistencia de daño psíquico en los accionantes, ratificando en un todo su dictamen-
Por su parte el perito médico toxicológico concluyó a fs. 766, que no se evidencian lesiones seculares de la
intoxicación al momento de la evaluación, obrando las respuestas a los pedidos de explicaciones a fs. 792 y
fs. 820/821.-Señala el experto que los actores presentaron una intoxicación con monóxido de carbono
clasificable como grave, y que ocasionaron incapacidades totales y temporarias, durante el periodo que
requirió su atención, pero que no se lograron objetivar secuelas, salvo la referencia a la pérdida de memoria
de la actora, pero que no existe manera de constatar o descartar el nexo causal con el accidente.-Esta Sala
ha sostenido reiteradamente que la circunstancia de que el dictamen no tenga carácter de prueba legal no
importa que el juez pueda apartarse arbitrariamente de la opinión fundada del idóneo, por lo que la
desestimación de las conclusiones a las que arribara ha de ser razonable y motivada, siendo imprescindible
contar con elementos de juicio que permitan concluir fehacientemente en el error o inadecuado uso que el
experto hubiera hecho de sus conocimientos científicos, de los que por su profesión o título habilitante ha de
suponérselo dotado. (Conf. C. N. Civ., esta sala, 10/12/09, expte. Nº 76.151/94 "Taboada, Carlos David c/
Lizarraga, Luis Martín"; Idem., id., 06/07/2010, Expte. 93261/2007, "Godoy Muñoz, Pedro c/ Villegas, Víctor
Hugo y otros s/ daños y perjuicios"; Id. id.,23/6/2010, Expte. Nº 59.366/2004 "Berdier, Tristán Marcelo c/
Snitovsky, Luis y otro s/ daños y perjuicios") entre otros.-
Por consiguiente, para que las observaciones que pudiesen formular las partes logren favorable acogida, es
menester aportar al expediente probanzas de similar o mayor rigor técnico o científico que desmerezcan las
conclusiones alcanzadas en el peritaje (conf. arts. 386 y 477 del Código Procesal; Palacio, Lino "Derecho
Procesal Civil", t. IV, pág. 720; C. N. Civ., esta Sala, 10/12/2009, Expte. Nº 76.151/94 "Taboada, Carlos David
c/ Lizarraga, Luis Martín s/ daños y perjuicios, idem, 23/6/2010 expte. Nº 59.366/2004 "Berdier, Tristán
Marcelo c/ Snitovsky, Luis y otro s/ daños y perjuicios" ) entre otros.-
En virtud de lo dictaminado por los expertos, en los presentes obrados no se encuentra acreditada la
incapacidad sobreviniente de los accionantes, parcial y permanente, con características de daño cierto y
perdurable, que amerite resarcimiento en este sentido, sin perjuicio que deberá merituarse la incidencia de la
incapacidad transitoria sufrida, al ponderarse el daño moral.-Ha sido criterio reiterado de este Tribunal que
toda ineptitud transitoria o lesión física o psíquica sin secuelas permanentes, no puede ser objeto de
resarcimiento, en sí misma considerada, sino en sus efectos. Estos pueden recaer en la esfera afectiva de la
víctima y, así, incidirán en la cuantía del daño moral, o en la órbita patrimonial, como, por ejemplo, si ella ha
debido o deberá efectuar gastos médicos, de tratamiento, de farmacia, o lucro cesante, etc. (Conf CNCiv. esta
sala 7/10/2010, expte N° 16.769/08 "Tucci, Norma Haydee c/ Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires s/ daños
y perjuicios"; Ídem 15/2/2011, Expte. N° 15.069/06 "Andrade, María Inés c/ Mammarella, Isabel Delia y otros s/
daños y perjuicios" ídem id 31/7/2012, Expte Nº 12333/2008 "Ferragud Juan Manuel c/ Lagomarsino Walter
Javier y otros s/ daños y perjuicios" id. id; 1/10/2013 Expte N° 111.612/2003 "Giuliano Antonio y otros c/
Trasumed SRL y otros s/daños y perjuicios" íd. Id; 7/10/2014, Expte. Nº 68.180/2009 " Rodrigue Rene Gastón
c/ Nannini Pittorino Roberto y otros s/ daños y perjuicios" entre muchos otros).-
En virtud de las consideraciones vertidas ninguna duda cabe en cuanto a que habrá de confirmarse la
sentencia en crisis, desestimando los agravios de la parte actora en cuanto al rubro en estudio.-
VI.- Daño Moral La presente partida prosperó por la suma de $ 10.000 para cada uno de los accionantes,
cifra considerada insuficiente en razón de los perjuicios sufridos por los apelantes.-El daño moral -en tanto
configura un menoscabo a los intereses no patrimoniales- es el conjunto de sinsabores, angustias, pesares,
sufrimientos, etcétera, que el injusto provocó en el damnificado; más allá de las secuelas de orden psíquico
que el episodio pueda o no dejar en la víctima, según su peculiar sensibilidad y circunstancias personales (ver
Cammarota, Antonio, "Responsabilidad extracontractual. Hechos y actos ilícitos", ed. Depalma, Buenos Aires,
1947, p. 102; Zavala de González, Matilde, "Resarcimiento de daños, T. 2b, pág. 593 y ss.; Zannoni, Eduardo
A., "El daño en la responsabilidad civil", Ed. Astrea, p. 287; C.N.Civ., Sala C, 22-12-2005, "Vega Rubilan,
Soria de las Mercedes c/ Transporte Automotor General Las Heras SRL", LL, online; id., Sala E, 26-5-2006,
"Montalbetti, Carlos F. y otros c/ Microómnibus Sur SAC y otros").-Para que surja el daño moral, es menester
que, además de un eventual desmedro económico, concurra una "repercusión en los intereses existenciales"
del sujeto y no se reputa que suceda sólo ante molestias o inconvenientes de relativa entidad (Conf. Orgaz,
"El daño resarcible", pág. 259). Lo que se repara es el resultado dañoso, el perjuicio susceptible de
apreciación desde la óptica del entendimiento, de la sensibilidad o de la voluntad de la persona, no la
actividad del responsable, hecho ilícito o incumplimiento contractual, etcétera, que ha sido sólo la causa
eficiente de aquél (Zannoni, "El daño en la responsabilidad civil", Astrea, 1982, pág. 1982, pág. 231).-
Reiteradamente ha sostenido nuestro Máximo Tribunal que, en lo concerniente a la fijación del daño moral
debe tenerse en cuenta el carácter resarcitorio de este rubro, la índole del hecho generador de
responsabilidad y la entidad de los sufrimientos espirituales causados y por otra parte, que el reconocimiento
de dicha reparación no tiene necesariamente que guardar relación con el daño material, pues no se trata de
un daño accesorio a éste (conf. C. S. J. N., 06/10/2009, "Arisnabarreta, Rubén J. c/ E. N. (Min. de Educación y
Justicia de la Nación) s/ juicios de conocimiento"; Idem., 07/11/2006, "Bianchi, Isabel del Carmen Pereyra de
c/ Buenos Aires, Provincia de y Camino del Atlántico S.A. y/o quien pueda resultar dueño y/o guardián de los
animales causantes del accidente s/ daños y perjuicios", Fallos 329:4944; Id., 24/08/2006, "Ferrari de Grand,
Teresa Hortensia Mercedes y otros c/ Entre Ríos, Provincia de y otros s/ daños y perjuicios", Fallos 329: 3403;
Id., 06/03/2007, ORI, "Mosca, Hugo Arnaldo c/ Buenos Aires, Provincia de (Policía Bonaerense) y otros s/
daños y perjuicios", Fallos 330: 563, entre muchos otros).-
En relación al monto acordado, es un aspecto que no se halla sujeto a parámetros objetivos, pues las
aflicciones se producen en el ámbito espiritual de la víctima, por lo que la determinación de su cuantía queda
librada al Juzgador más que en cualquier otro rubro.-
Hemos sostenido reiteradamente que para estimar pecuniariamente la reparación del daño moral falta toda
unidad de medida, pues los bienes espirituales no son mensurables en dinero. Sin embargo, al reconocerse
una indemnización por este concepto, no se pone un precio al dolor o a los sentimientos, sino que se trata de
suministrar una compensación a quien ha sido injustamente herido en sus afecciones íntimas (Conf. Orgaz,
Alfredo, "El daño resarcible", pág. 187; C. N. Civ., esta Sala, 11/02/2010, "Procopio, Fernando Antonio y otro
c/ Piñero, Ernesto Emir y otros s/ daños y perjuicios"; Idem., id., 22/04/2010, Expte. Nº 100.782/2006,
"Musumano, María Elena c/ Scheurman, Raúl Ernesto y otros", entre otros).-Teniendo en cuenta las
circunstancias personales de las víctimas, edad al momento del hecho ( 27 Y 28 años respectivamente),
entidad del daño padecido, como el tiempo de recuperación, ponderado asimismo la incapacidad de orden
transitorio, que da cuenta el dictamen pericial, estimo adecuado a las constancias de la causas los importes
fijados en la instancia de grado (Art 165 del CPCC).-
Por lo expuesto, si mi voto fuera compartido, propongo al Acuerdo: 1) confirmar la sentencia apelada con
costas de Alzada a las accionadas vencidas (art. 68 del Código Procesal).-TAL ES MI VOTOLas Dras. Zulema
Wilde y Beatriz A. Verón adhieren al voto precedente.-Con lo que terminó el acto, firmando las Señoras
Vocales por ante mí que doy fe.-///nos Aires, febrero de 2015.-Y VISTOS: Lo deliberado y conclusiones
establecidas en el Acuerdo precedentemente transcripto el Tribunal RESUELVE:
1) Confirmar la sentencia apelada con costas de Alzada a las accionadas vencidas (art. 68 del Código Procesal).-Para
conocer los honorarios regulados a fs 1067/1067 vta que fueran apelados por altos y bajos a fs.1081, 1083, 1087,
1090/1091, y 1095 respectivamente.-En atención al monto comprometido, naturaleza del proceso, calidad, eficacia y
extensión del trabajo realizado, cantidad de etapas cumplidas, resultado obtenido, y de conformidad con lo dispuesto por los
arts. 1, 6, 7, 9,10, 19,10, 37, 38 y conc. de la ley 21.839, y su modificatoria 24432 asimismo con lo dispuesto en el art. 13 de
esta última norma, los jueces deberán efectuar las regulaciones, sin atender a los montos o porcentuales mínimos
establecidos en los regímenes respectivos cuando la naturaleza, tiempo, calidad o resultado de la tarea realizada o el valor
de los bienes, indicaren razonablemente que la aplicación estricta lisa y llana de esos aranceles ocasionaría una evidente e
injustificada desproporción entre la importancia del trabajo efectivamente cumplido y la retribución que en virtud de aquellas
normas arancelarias habría de corresponder (CSJN 29/8/2002 "Laboratorios Ricar S.A. c/ Estado Nacional (M° de S.P. y
M.A.) y otro s/ daños y perjuicios") merituando los trabajos desarrollados por los expertos se aplicará el criterio de la debida
proporción que los emolumentos de los peritos deben guardar con los de los demás profesionales intervinientes en el
proceso (conf. C.S.J.N., Fallos 236:127; 239:123; 242:519; 253:96; 261:223; 282:361) así como la incidencia que han tenido
en el resultado del pleito y de conformidad con los arts 505 del Código Civil y 478 del Código Procesal, por considerarlos
ajustados a derecho se confirman los honorarios regulados a los profesionales y peritos intervinientes en la instancia de
grado.-En atención al monto del proceso resultado obtenido complejidad y labor profesional respecto de la tarea
desarrollado en la Alzada de conformidad con lo dispuesto en el art 14 de la ley de aranceles profesionales, según texto ley
24432 ,se regulan los honorarios de la Dra . N A. B en la suma de pesos ... ($...) y los de los Dres D F en la suma de
pesos ...($...) y los del Dr. R R Á en la suma de pesos ... ($...) .-Regístrese, notifíquese y comuníquese a la Dirección de
Comunicación Pública de la Corte Suprema de Justicia de la Nación (Acordada N ° 15/13 art. 4°) y oportunamente
devuélvase.Fdo.: Marta del Rosario Mattera - Zulema Wilde - Beatriz A. Verón
2)
Expte. Nº 53.736/04 - "V. M. P. y Otro c/ Hospital de Pediatría Garrahan y Otros s/ daños y perjuicios
Resp. Prof. Médicos y Aux." – CNCIV – SALA H - 07/07/2015
En Buenos Aires, a los 07 días del mes de julio de 2015, hallándose reunidos los señores jueces integrantes
de la Sala H de la Cámara Nacional de Apelaciones en lo Civil, a los efectos de dictar sentencia en los autos:
"V. M. P. y otro c/ Hospital de Pediatría Garrahan y otros s/ daños y perjuicios – resp. prof. médicos y aux.", y
habiendo acordado seguir en la deliberación y voto el orden de sorteo de estudio, el Dr. Fajre dijo:
I.- La sentencia de fs. 3015/3025 rechazó la demanda incoada por M. P. V., por derecho propio y en
representación de su hija M. A. V., contra Hospital de Pediatría SAMIC Prof. Dr. Juan P. Garrahan, G. W., L.
E. C., y La Economía Comercial S.A. de Seguros Generales, con costas.La decisión fue apelada por las
demandantes y por el Ministerio Público Tutelar.A fs. 3099/3108 expresó agravios la parte actora. Sostuvo —
en síntesis— que: a) se realizó una errónea valoración del dictamen del Cuerpo Médico Forense elaborado en
sede penal, pues de dicho informe surge con claridad que no se dejó constancia en la historia clínica de
cuestiones vitales para la resolución de la causa (v. g., si sonaron las alarmas, si estaban conectadas, etc.); b)
se tuvo en cuenta la pericia elaborada por el Dr. V., que fue descalificada en su momento y motivó la
realización de un nuevo dictamen con la intervención de otro profesional; c) es erróneo considerar que no se
encuentra acreditada una deficiente atención de la paciente, pues las irregularidades en la historia clínica
operan como una presunción en contra de los demandados, y d) la absolución de la enfermera en sede penal
no se puede traducir en un factor de inimputabilidad de los demandados en sede civil, pues la sentencia
criminal únicamente valoró la conducta de la enfermera C., y la absolución obedeció a la falta de certeza
sobre las circunstancias fácticas.
A fs. 3122/3126 la Sra. defensora de menores de cámara mantuvo y fundó el remedio promovido en la
anterior instancia.La expresión de agravios de la parte actora mereció las respuestas de fs. 3112/3115 y
3117/3119.
II.- Liminarmente es preciso destacar que no se encuentra discutido en autos que la coactora M. A. V. ingresó
el 20 de marzo de 2002 en el Hospital Garrahan, donde se le diagnosticó botulismo tipo A. Fue internada en la
unidad de terapia intensiva, y se le practicó una traqueotomía debido a las dificultades respiratorias que
presentaba, como consecuencia de la dolencia ya mencionada. El día 19 de junio del mismo año se
encontraba estable.Tampoco se discute que durante la madrugada del día 20, aproximadamente a las 6 hs.,
la menor sufrió un paro cardiorrespiratorio, por lo que se le realizó reanimación, y se recuperó la frecuencia
cardíaca con un ritmo normal luego de habérsele suministrado adrenalina por segunda vez. Las partes se
encuentran contestes en que todo el proceso antes referenciado se debió a la súbita complicación que
presentó la niña como consecuencia de la enfermedad que padecía.Ahora bien, lo que sí es motivo de debate
es si no pudo detectarse a tiempo el paro cardiorrespiratorio –que, ante la falta de oxigenación, causó a la
paciente secuelas irreversibles a nivel neurológico- debido a la falta de control de enfermería y a las fallas de
los aparatos a los cuales se encontraba conectada la menor.III.- Determinado entonces el thema decidendum
sometido a conocimiento de este tribunal, corresponde establecer cuál es el régimen de responsabilidad
aplicable, tanto al hospital, en cuyo marco se desarrolló la atención, como al médico y la enfermera
demandados.Desde esta perspectiva diré que la misma debe ser juzgada a la luz de las reglas sobre
responsabilidad contractual, y no obsta esta conclusión el hecho de que el establecimiento asistencial en
cuestión sea un hospital público. Sentado ello, debo señalar que para que la misma quede configurada deben
concurrir como requisitos: a) Obligación preexistente, o sea la que asume el médico en virtud de un
compromiso previo de naturaleza contractual o legal; b) Falta médica, que debe ser estrictamente profesional
y cuyo elemento esencial es la antijuricidad; c) Daño ocasionado, esto es, que como consecuencia de la falta
cometida se produzca un daño en el cuerpo o en la salud del paciente; d) Relación causal entre el acto
médico y el daño ocasionado; e) Imputabilidad, o sea que para que el médico sea tenido por culpable del
daño, su conducta debió jugar dentro de las condiciones de discernimiento, intención y libertad y según se
den los presupuestos exigidos por el art. 512 del Código Civil (Conf. Yungano, López Bolado, Poggi, Bruno,
"Responsabilidad profesional de los médicos", págs. 134 y sigs.). Con criterio que comparto se ha sostenido
que la obligación asumida por el médico no es de resultado, sino de medios. No se compromete a sanar al
enfermo, sino solamente a atenderlo con prudencia y diligencia, a proporcionarle todos los cuidados que
conforme a los conocimientos científicos que su título presume, son conducentes al logro de la curación, la
que no puede asegurar (Conf. Trigo Represas, Felix, "Responsabilidad civil de los profesionales", pág. 81). De
hecho, el art. 20 de la ley 17.132 prohíbe a los profesionales que ejerzan la medicina anunciar o prometer la
curación fijando plazos, anunciar o prometer la conservación de la salud (incisos 1 y 2). En materia de
responsabilidad médica, resulta fundamental la prueba de la culpa o negligencia del profesional, que a su vez
generará la del establecimiento asistencial. Aquél, a su vez, podrá excusarla demostrando la culpa exclusiva
de la víctima o de un tercero o el caso fortuito e inclusive, la mera inexistencia de negligencia de su parte, o
prueba de su no culpa (Conf. Highton, Elena, "Prueba del daño por mala praxis médica", en Revista de
Derecho de Daños, Nº 5, pág. 74).
En líneas generales, podría sostenerse que quien alega el incumplimiento de su obligación por parte del
médico, tiene a su cargo la prueba de que los servicios profesionales se prestaron sin esa prudencia o
diligencia, o sea que le corresponde al damnificado probar la relación de causalidad entre la culpa médica y el
perjuicio que se invoca. Sin embargo, no existe consenso en lo que hace a la carga de la acreditación de la
culpa, pues hay quienes sostienen que probado el contrato y el daño por el accionante, es el demandado
quien debe demostrar acabadamente su cumplimiento o sea la prueba de que cumplió con la atención debida.
Al médico le resultará mucho más fácil intentar una demostración de una conducta acorde con lo prometido,
que al paciente convencer al juez acerca del apartamiento de la conducta médica respecto de la prestación
emergente del negocio celebrado (Conf. Mosset Iturraspe, Jorge, "Responsabilidad civil del médico", pág. 293;
Lorenzetti, Ricardo, "Responsabilidad civil de los médicos", pág. 246).
En el mismo sentido se dijo que el médico debe probar, no sólo que ha puesto los medios, sino que éstos han
sido suficientes y eficientes para obtener la curación de su paciente, lo cual si no se ha obtenido, no puede ser
imputable a los mismos. Debe probar que la prestación brindada ha poseído la idoneidad necesaria y se ha
realizado con la diligencia y prudencia correspondiente (Conf. Riu, Jorge, "Responsabilidad civil de los
médicos", pág. 86). Siendo ello así, nada impide que pueda exigirse entonces al profesional médico
involucrado en la litis una amplia colaboración en la dilucidación de los hechos. Para admitir la excusabilidad
del error médico habrá que investigar si adoptó todas las previsiones que aconseja la ciencia para la
elaboración del diagnóstico, y, además, habrá de estarse a lo que opinan los demás médicos y la ciencia
sobre el presunto error, y en base a estos datos el juez evaluará la excusabilidad del error invocado (Conf.
Lorenzetti, op. cit., pág. 248). Ahora bien, en nuestro sistema jurídico la culpa se aprecia en concreto, pero
utilizando un tipo de comparación abstracto, que es elástico, fluido adecuado a cada situación particular. Por
lo tanto, de acuerdo con el sistema instituido por el art. 512 del Código Civil, el juez debe atenerse en principio
a la naturaleza de la obligación o del hecho y a las circunstancias de personas, tiempo y lugar, considerando
las condiciones personales del agente, al único efecto de hacer mérito a la mayor o menor previsibilidad del
daño impuesto en el caso (conf. CNCiv., Sala G, 31 de agosto de 2007, Revista Gaceta de Paz, 11 de octubre
de 2007). La culpa de los médicos está gobernada por estas reglas, en relación con los arts. 902 y, en su
caso, 909 del Código Civil (Conf. Bueres, Alberto, "Responsabilidad civil de los médicos", págs. 212 y sigs.).
Comprende tres fases: la negligencia, la imprudencia y la impericia. La primera supone una conducta omisiva,
el no tomar las debidas precauciones en un evento cualquiera. La segunda consiste en una acción de la que
había que abstenerse o en una acción que se ha realizado de manera inadecuada, precipitada o prematura.
La tercera consiste en la incapacidad técnica para el ejercicio de una función determinada, profesión o arte
(Conf. Mosset Iturraspe, op. cit., pág. 197).
La imprudencia es la falta de prudencia y ésta debe ser una de las virtudes médicas, pues el médico debe
ejercer su profesión con cordura, moderación, cautela, discreción y cuidado. Se identifica con el conocimiento
práctico o idóneo y apto para la realización del acto profesional y supone el ejercicio de otros valores o
conductas, conjugándose la experiencia, la comprensión del caso actual, la claridad para saber qué es lo que
se debe hacer y el trato que debe darse al paciente y a sus familiares. La realización de un acto innecesario
es un acto de imprudencia (Conf. Yungano, op. cit., pág. 158). Otro aspecto a considerar es el tema del error.
Si se arriba al mismo por un conocimiento insuficiente, existe culpa por parte del médico, pues su obligación
es poseer los conocimientos adecuados y actualizados para ejercer con toda responsabilidad la prestación
asistencial que el paciente necesita, en cuyo caso se configura una típica falta a la responsabilidad profesional
por impericia, quedando consagrada su culpa. Distinto es el caso en que el médico llega al resultado dañoso
porque los alcances técnicos son todavía insuficientes o la afección desconocida que presenta el paciente se
constituye en materia opinable. Ese resultado se deberá a un error científico, configurándose una situación
inculpable (Conf. Riú, op. cit., págs. 71 y sigs.). La responsabilidad del médico queda comprometida cuando
se trata de un error grosero de diagnóstico, pero si se está en presencia de un caso dudoso o raro con
evolución atípica y signos clínicos cambiantes, estas circunstancias pueden determinar un incorrecto pero
excusable diagnóstico, que no podrá afectar la responsabilidad profesional (Conf. Yungano, op. cit. pág. 168).
De ahí que el plan de conducta que lleva adelante el facultativo constituye, en realidad, la ejecución de la
prestación principal a cargo del establecimiento asistencial, razón por la cual su inexacto cumplimiento
comprometerá la responsabilidad de este último. Es allí donde adquiere relevancia la culpa del médico en el
desarrollo del plan de conducta, pues dicho plan es lo debido por el ente asistencial, y será este último quien
responderá, en el marco del contrato, por su propio incumplimiento (Sáenz, Luis R. J., "La responsabilidad de
las clínicas, hospitales y demás establecimientos asistenciales en el marco de la ley de defensa del
consumidor", en Picasso, Sebastián – Vázquez Ferreyra, Roberto A., Ley de Defensa del Consumidor.
Comentada y anotada, La Ley, Buenos Aires, 2011, t. III, ps. 626 y ss.). Desde esta perspectiva, la
responsabilidad del hospital quedaría consolidada una vez acreditado el incumplimiento de la obligación
principal comprometida, es decir, determinada la negligencia en el desarrollo del plan de conducta debido
(arts. 511, 512, 519 y concs. del Código Civil).
Ahora bien, respecto de la responsabilidad del médico demandado que atiende a un paciente en el marco de
una institución hospitalaria, no celebra con él ningún contrato, razón por la cual su responsabilidad debe
enmarcarse en la órbita aquiliana (Lorenzetti, La empresa médica, Rubinzal-Culzoni, Santa Fe, 1998). Idéntico
criterio corresponde aplicar respecto de los enfermeros, en tanto miembros del personal paramédico
dependiente del establecimiento asistencial, tampoco están unidos con el paciente con ningún vínculo
obligacional. Por lo tanto, la imputación de responsabilidad a los codemandados W. y C. debe analizarse a la
luz de lo que prescribe el art. 1109 del Código Civil.
IV.- Aplicando estas ideas al caso de autos, la peritación médica es de una importancia prácticamente
decisiva, en tanto asesora sobre temas que normalmente escapan a la formación profesional del juez (Conf.
Highton, Elena, "Prueba del daño por la mala praxis médica", en Revista de Derecho de Daños", Nº 5, pág.
63). Se acentúa el significado de la pericia, que es evaluada según las reglas de la sana crítica. Cuanto mayor
es la particularidad del conocimiento, menor es la posibilidad de apartarse. Sin embargo, esa importancia no
implica aceptación lisa y llana. El juez no homologa la pericia, la analiza, la examina, la aprecia con las bases
que contiene el art. 477 del Código Procesal (Conf. Cipriano, Néstor A., "Prueba pericial en los juicios de
responsabilidad médica (Finalidad de la prueba judicial), en LL, 1995-C-623). Asimismo, no puede soslayarse
la existencia de un dictamen emanado del Cuerpo Médico Forense en el marco de la causa penal caratulada
"C., L. E. s/ art. 94 del CP" (n.° 61.139/02)". Es que el aporte de dicho cuerpo científico especializado es
fundamental, pues se trata de un órgano imparcial auxiliar de la justicia, cuyos miembros son designados de
acuerdo a sus antecedentes y especialidad, lo que permite aceptar sus conclusiones, siempre y cuando el
dictamen sea coherente, categórico y fundado en principios técnicos, dada la reconocida autoridad científica
que dicho cuerpo posee (CNCiv., Sala A, 14/5/12, "T. A. R. y otro c/ Clínica Bessone y otros s/ daños y
perjuicios – resp. prof. médicos y aux.", ya citado; ídem, 9/12/08, "C., O. c/ Inst. Nacional de Servicios Sociales
para Jubilados y Pensionados"; ídem, Sala J, 22/11/11, "L., E. F. c/ S., R. s/ daños y perjuicios", LLOnline).
Ahora bien, tanto los dictámenes de los peritos que intervinieron en autos, como el del mencionado cuerpo de
expertos, coinciden en cuanto a que en la historia clínica no se dejó constancia de las circunstancias en que
fue descubierto el paro cardiorrespiratorio que sufrió la menor, ni tampoco de la forma en que dicho evento fue
advertido por la enfermera que se encontraba a su cuidado. El Cuerpo Médico Forense señaló, en el marco
de la causa penal ya referenciada, que tanto el diagnóstico efectuado en el nosocomio como el tratamiento
fueron adecuados y permitieron la sobrevida de la paciente. Sin embargo, aclaró: "El único punto en cuestión
es el relacionado con los hechos acaecidos en la madrugada del 20 de junio de 2002". Se relató en dicho
informe que surge de la historia clínica que la enfermera encontró a la paciente cianótica (coloración azulada
de la piel y las mucosas), pero no se hace referencia en el documento mencionado a si ese hallazgo visual se
produjo en forma casual o en respuesta a alguna alarma (respirador o monitor). Tampoco es posible conocer
cómo se descubrió el accidente, pues no existe ninguna constancia en ese sentido en la historia clínica.
Concluyó el citado organismo: "Lo cierto es que la niña sufrió una grave y brusca intercurrencia cuasi mortal
de la que pudo recuperarse después de la intervención de médicos y enfermeros. Que esa complicación le
ocasionó graves secuelas. Neurológicas. Que es probable que la duración del período de hipoxia e isquemia
fuera de una prolongación suficiente como para producir dichas secuelas. Que no puede inferirse de las
constancias si sonaron las alarmas, si las mismas estaban conectadas y si los elementos funcionaban
adecuadamente o tenían algún desperfecto" (sic, fs. 37/41; el resaltado me pertenece).
A su turno, el perito médico V. informó en su dictamen que la niña fue asistida en tiempo y forma (rta. 28, fs.
2755), y que el paro cardiorrespiratorio fue detectado en tiempo y forma (rta. 46, fs. 2757). Sin embargo,
frente a la pregunta de "Si surge de la historia clínica o de la hoja de enfermería de guardia: (...)c) Cuánto
tiempo estuvo cianótica hasta que se procedió a su resucitación", contestó que no encontró dicha información
en el instrumento en cuestión (rta. 26, fs. 2755).A la misma conclusión, en cuanto a la inexistencia de
constancia alguna en la historia clínica, llegó el perito médico pediátrico, S., quien, además de afirmar que no
surge de la historia clínica la forma en que se produjo el hallazgo de la paciente al momento de sufrir la
complicación (rta. 59, fs. 2913), también señaló que, si bien la historia clínica cumple con las descripciones
requeridas, "...se objeta la actualización del día en que ocurre el paro cardiorrespiratorio, demasiado escueta y
falto de descripciones de lo actuado, horarios, diagnósticos presuntivos, etc. que intente explicar lo previo y el
resultado..." (sic, rta. 63, fs. 2913 y ss.).
Finalmente, la lectura de los asientos efectuados en la historia clínica de la niña el día en cuestión (20 de junio
de 2002) permite advertir que asiste razón a los peritos en este punto. En efecto, la única constancia relevante
de la hoja de evolución de la paciente, en cuanto al descubrimiento del evento, dice que se "constata paro y
se comienza reanimación" (sic.). La restante información allí inserta se vincula con las tareas de reanimación
desarrolladas (fs. 73). Por su parte, la hoja de enfermería señala "...03 HS= CSV. Afebril, estable- 04:30 Hs=
Duerme – CSV- 06:10 Hs.=Se encuentra a la paciente cianotica Se bolsea a la niña, se avisa a la médica de
guardia, se realiza, reanimación." (sic., fs. 864).En base a ello, entiendo que no se encuentra acreditada la
forma en que se determinó el paro cardiorrespiratorio que estaba sufriendo la niña, si ello fue consecuencia
del descubrimiento espontáneo de la enfermera que estaba a su cuidado o si sonó alguna alarma que lo
advirtió, ni si los aparatos que asistían a la niña funcionaban en correctas condiciones.
V.- Ahora bien, párrafo aparte merece la valoración de la historia clínica, labrada en el hospital
accionado.Sobre el particular cabe recordar que la historia clínica, además de ser la prueba del deber de
información que pesa sobre el médico, constituye un documento imprescindible del ejercicio médico sanitario,
puesto que al recoger toda la práctica médica es esencial para que el médico pueda prestar una asistencia de
calidad y para que el paciente pueda recibirla (Calvo Costa, Carlos A., Daños ocasionados por la prestación
médico-asistencial, Hammurabi, Buenos Aires, 2007, p. 227). Por ser la prueba fundamental del actuar médico
en su relación con el paciente, debe ser confeccionada con precisión, asentando los datos esenciales en
relación con el enfermo (diagnóstico, tratamiento, etc.), como así también la totalidad de las circunstancias en
torno a la salud del paciente, tales como los resultados de los estudios complementarios que se hayan
realizado, la evolución que ha ido presentando en enfermo, el detalle de la medicación que se le ha
suministrado, etc. En lo que aquí interesa, es primordial que exista constancia de toda circunstancia relevante
que se suscite a lo largo del tratamiento e intervención del enfermo. En síntesis, es un verdadero documento
complejo que debe contener una pormenorizada información de lo sucedido a lo largo de toda la relación
médico-paciente desde su inicio (Calvo Costa, op. cit., p. 228; Tallone, Federico C., "Análisis de la importancia
probatoria de la historia clínica en los juicios de mala praxis médica", LL 2011-F, 336; Lorenzetti,
Responsabilidad civil de los médicos, cit., t. II, p. 246 y ss.). En el caso, la imposibilidad de determinar si
existió o no negligencia por parte de los demandados en el descubrimiento temporáneo del paro
cardiorrespiratorio que estaba sufriendo la paciente, entiendo se debe a que existen serias omisiones en la
historia clínica acompañada. En efecto, es evidente que, dada la trascendencia del suceso que se presentó en
la atención de la paciente, y que derivó en las secuelas que ahora padece, se imponía asentar en el
documento en cuestión las distintas circunstancias vinculadas con el descubrimiento del evento, extremo que
no se advierte en el caso de autos. Ahora bien, cuando la historia clínica presenta una irregularidad u omisión,
eso la desnaturaliza como medio probatorio. Por ende, en estos casos la deficiencia del documento actuará,
al menos, como un incumplimiento del deber de conducta de las partes en el proceso (Lorenzetti,
Responsabilidad civil de los médicos..., cit., t. II, p. 251). La historia clínica llevada deficientemente o
incompleta, si bien no demuestra por sí sola la culpa profesional, anudada o corroborada por otros elementos
probatorios producidos en la causa, puede constituir un indicio que, junto a otros, permita tener por
demostrado el accionar negligente de los expertos que atendieron al paciente, siempre y cuando se pruebe la
relación de causalidad adecuada, según el curso normal y ordinario de las cosas, existente entre las
omisiones o deficiencia de la historia clínica y el daño cuyo resarcimiento se pretende (CNCiv. Sala A,
8/8/2011, "Espíndola, Claudia Viviana c/ Asociación Civil de Estudios Superiores Hospital Austral y otros s/
daños y perjuicios", LLOnline AR/JUR/50982/2011; ídem, 9/12/2009, "Riveras, Lorena Carla c/ Clínica Morano
y otros", LLOnline AR/JUR/63538/2009; ídem, 30/11/2006, "O., M. C. c/ Ciudad de Buenos Aires", LLOnline
AR/JUR/8158/2006; Calvo Costa, Daños ocasioandos..., cit., p. 233; Taraborrelli, José N. – Magnoni, Christian
M., "La historia clínica y su valor probatorio", LL 2009-D, 832). En consecuencia, la omisión de asentar en la
historia clínica datos de gran relevancia acerca de la forma en que se descubrió la complicación de la enferma
constituye un indicio del accionar negligente, al menos, del establecimiento asistencial. Esta comprobación
deja vacía de contenido la conclusión del perito V. en el sentido de que la niña fue atendida en debido tiempo
y forma, pues lo cierto es que no surge ningún dato de la historia clínica que permita apreciar si la paciente
fue o no asistida temporáneamente, por lo que difícilmente podía el experto sustentar la afirmación que
expuso.
Ahora bien, el indicio enunciado precedentemente no es el único relevante en la causa. En este sentido, cabe
destacar lo informado por el perito S. en cuanto al tiempo que debe transcurrir para que la hipoxia produzca
daños irreversibles. Al respecto, dijo que "...una detención del flujo sanguíneo cerebral (FSC) al encéfalo,
puede ser provocada por una hipoxemia por más de 6 a 8 segundos, lo cual provoca la pérdida inmediata de
la conciencia. Si el FSC se restablece rápidamente, la conciencia se recupera en segundos a minutos. Si la
hipoxia-isquemia se mantiene por más de cinco minutos, se produce daño neuronal en las estructuras más
sensibles" (rta. 24, fs. 2904/2905). Esta afirmación permite concluir, teniendo en cuenta las secuelas
neurológicas irreversibles que sufrió la paciente, que transcurrieron al menos cinco minutos entre la
producción del paro cardiorrespiratorio y la atención de la actora, lo cual, pese a su gravedad, no se encuentra
justificado por constancia alguna de la historia clínica. Asimismo, la sentencia dictada en sede penal, en la
que se absolvió a la codemandada C., da cuenta que el saturómetro que tenía colocado la niña no podía ser
visualizado desde el box en donde se encontraba la enfermera. Es decir que, debido a la infraestructura del
área de terapia intensiva en donde se produjo el hecho, quien se encontraba al cuidado de la paciente no
tenía contacto visual con la enferma (fs. 464 de la causa penal).
Es decir que, por un lado, se encuentra acreditado que transcurrió un lapso de al menos algunos minutos
entre el momento del inicio del paro cardiorrespiratorio y la atención de la paciente y, por el otro, se probó que
el saturómetro colocado a la niña no podía ser correctamente visualizado por la enfermera a cargo de su
cuidado. Si a eso se suma la total ausencia en la historia clínica de una explicación acerca de la forma en que
se detectó la complicación sufrida por la enferma, si existían alarmas colocadas para alertar acerca de esa
circunstancia, y si estas realmente funcionaban, se concluye en la existencia de indicios serios, graves y
concordes (art. 163, inc. 5 del CPCCN) suficientes para presumir que existió un retraso injustificado en la
atención de la paciente, ante la omisión de detectar temporáneamente el cuadro que sufrió. De hecho, el
testigo A. dijo que su hija estaba internada a dos boxes de distancia de A. V., y recordó que en la madrugada
del hecho C. tomó un descanso dejando a cargo de su hija y de A. V. a M.. Cuando regresó fue a aspirar a su
hija, luego fue a ver a A. y al llegar al box donde la menor se encontraba, comenzó a llamar a los enfermeros
a los gritos. Agrega el testigo que no recuerda que haya sonado alguna alarma esa madrugada (fs. 80 vta. de
la causa penal). En virtud de ello, considero que esa negligencia en la temporánea detección de la
complicación de la menor, en modo alguno se debió a la desatención de los médicos o enfermeros a su cargo,
sino a una deficiencia en la organización del sistema de alarmas y control, por lo que estimo que la misma
resulta imputable al hospital demandado en su calidad de deudor de las prestaciones de salud, pues
constituyó un defectuoso cumplimiento de las obligaciones a su cargo (arts. 511, 512, 519 a 522 y concs.,
Código Civil).
Por ello, entiendo que la solución debe ser distinta en lo que respecta a los restantes codemandados en
autos. En primer lugar, y respecto de la enfermera codemandada, cabe recordar que el art. 1102 del Código
Civil establece que, cuando se produce la absolución del acusado en sede penal, la sentencia que así lo
decide hará cosa juzgada en sede civil acerca de la existencia del hecho principal sobre el cual hubiese caído
la absolución. Por ende, si la acción penal es desestimada porque el hecho no ocurrió, o porque el autor no
participó, ese extremo no podrá ser discutido nuevamente en sede civil, pues esto implicaría volver sobre el
análisis de una cuestión que ya ha sido juzgada (Kemelmajer de Carlucci, Aída, comentario al art. 1103 en
Belluscio, Augusto C. (dir.) – Zannoni, Eduardo A. (coord.), Código Civil y normas complementarias.
Comentado, anotado y concordado, Astrea, Buenos Aires, 1994, t. 5, p. 309 y ss.). Es cierto que la
apreciación por parte del juez penal de la negligencia del imputado no impide la valoración de su conducta en
sede civil, que se realiza en base a criterios distintos (Saux, Edgardo I, comentario al rt. 1103 del Código Civil,
en Bueres, Alberto J. (dir.) – Highton, Elena I. (coord.), Código Civil y normas complementarias. Análisis
doctrinario y jurisprudencial, Hammurabi, Buenos Aires, 1999, t. 3A, p. 329). Sin embargo, en el presente
caso, las conclusiones del juez penal en cuanto a las circunstancias en que se desarrollaron los hechos (en
particular, que la enfermera no tenía a la vista a la paciente desde el "box" de enfermería, y que no se trataba
de la única enferma a su cuidado) me llevan a coincidir con la conclusión de la distinguida colega de la
anterior instancia, en cuanto a que no existió una conducta negligente por parte de la Sra. C. en el cuidado de
la paciente. En efecto, fue terminante al señalar: "...es cierto que la enfermera C. no tenía en su orden de
trabajo –por el tipo de cuadro que presentaba el paciente M. V.- llevar a cabo un exhaustivo control de su
estado en forma permanente, es decir, minuto a minuto. No estaba destinada al exclusivo cuidado de aquella,
sino por el contrario, tenía otra paciente en quien ocuparse –y por cierto en un estado más crítico (...)lo
contrario implicaría imponer –tanto a Covarrubias como al resto del personal de enfermería- obligaciones que
van más allá de sus posibilidades, circunstancia ésta ajena al cometido del Derecho mismo, habida cuenta
que el ordenamiento jurídico no puede compeler la realización de conductas heroicas sino aquellas que sean
de factible cumplimiento".
Es decir que, más allá del esfuerzo argumental desarrollado por la parte actora en su expresión de agravios,
la contundencia de la decisión absolutoria en cuanto a la forma en que se desarrollaron los hechos (extremos
cuyo debate no puede reabrirse en esta sede), me conduce a considerar que el accionar de la enfermera fue
diligente. A idéntica conclusión habré de arribar con relación a la responsabilidad endilgada al Dr. G. W., pues
ninguna constancia hay en la causa que me lleve a considerar que haya actuado de modo negligente en la
atención de la menor, o que haya participado en la confección de la historia clínica, en el marco de la omisión
a la que me he referido precedentemente. Nótese que el perito S. señaló que teniendo en cuenta dado la
forma en que se produjo el hecho, no habría recaudos que debió haber tomado el jefe de la unidad, es decir,
el Dr. W. (fs. 2915). Por estos fundamentos, propongo al acuerdo modificar la sentencia en tanto rechazó la
acción contra el hospital, y confirmarla en lo atinente a los restantes codemandados.
VII.- Determinada la responsabilidad del hospital, corresponde señalar que el daño que pretende endilgársele,
se relaciona con la pérdida de la chance con que contaba la paciente de poder recuperarse del paro
cardiorrespiratorio que sufrió sin que se produjera la hipoxia, y de esa manera, evitar el grave cuadro que
actualmente padece. Es que, no se encuentra debatido en autos que dicho suceso fue causado por la
dolencia que aquejaba a la menor y que, por lo tanto, sus consecuencias guardan relación causal adecuada
con la situación preexistente en que se encontraba la víctima, y no con la negligencia del ente hospitalario. Sin
embargo, considero que esta negligencia sí le hizo perder, las chances con las que contaba de evitar el
desenlace (estado vegetativo permanente), según se verá seguidamente. De ahí que la cuestión deba
analizarse desde la perspectiva de ese particular perjuicio constituido por la pérdida de una chance de
curación. Por lo tanto, es preciso establecer si, efectivamente, al momento de producirse el suceso, la víctima
contaba con posibilidades de superar el evento sin las complicaciones que motivan la promoción de esta litis.
En este aspecto, ya el Cuerpo Médico Forense, en el marco de la causa penal, señaló que: "...la niña sufrió
una grave y brusca intercurrencia cuasi mortal de la que pudo recuperarse después de la intervención de los
médicos y enfermeros. Que esa complicación le ocasionó graves secuelas neurológicas. Que es probable que
la duración del período de hippoxia e isquiemia fue de una prolongación suficiente como para producir dichas
secuelas..." (fs. 40/41 del expediente ya citado). Por su parte, el perito S. dijo que la detención del flujo
sanguíneo cerebral al encéfalo puede ser provocada por una hipoxemia por más de 6 a 8 segundos, lo cual
provoca la pérdida inmediata de la conciencia, pero si dicho flujo se reestablece rápidamente, la conciencia se
recupera en segundos o minutos. Por el contrario, si la interrupción se mantiene por más de cinco minutos, se
produce un daño neuronal en las estructuras más sensibles (fs. 2905). A ello agregó que el hecho fue
inesperado, en una situación que debe ser afrontada por la guardia (fs. 2915).
Se ha dicho que la pérdida de una chance se caracteriza por el alea intrínseca al perjuicio y que lo que está
en juego es la afectación de esa alea (conf. Kemelmajer de Carlucci, Aída, "Reparación de la 'chance' de
curación y relación de causalidad adecuada", en Revista de Derecho de daños. Relación de causalidad en la
responsabilidad civil, 2003-2, pág. 227). El límite de la responsabilidad, en este caso del hospital demandado,
estará dado, entonces, por la pérdida de chance y no por el desarrollo definitivo de la enfermedad, es decir,
que no se puede imputar causalmente al ente asistencial el resultado final al que arriba la paciente, pues en
parte obedece a un proceso natural. Es decir, el nexo causal para imputar responsabilidad, media entre la
omisión del tratamiento debido (en este caso, la temporaneidad en la detección de la complicación) y la
posibilidad de curación que razonablemente podía esperar. Así, se ha dicho que cuando el daño consiste en
la frustración de una esperanza, en la pérdida de una chance, de una probabilidad, coexisten un elemento de
certeza y uno de incertidumbre. Certeza de que de no mediar el evento dañoso el damnificado habría
mantenido la esperanza futura de –en este caso- evitar el perjuicio. Pero, a la par, incertidumbre -ya definitiva-
de que manteniéndose la situación de hecho que era el presupuesto de la chance, la pérdida se habría
evitado (conf. Zanonni, Eduardo, El daño en la responsabilidad civil, Astrea, Buenos Aires, 1987, pág. 76). Se
da en estos casos una reparación "no integral o total", en el sentido que "…el médico no debe ser condenado
a reparar el daño final del paciente (vgr. la muerte, lesión o incapacidad) sino tan sólo la pérdida de la
posibilidad de curación o supervivencia. La indemnización, pues, deberá consistir en la frustración de la
chance misma, por lo cual deberá ser el magistrado quien valúe económicamente la entidad de la oportunidad
perdida…" (Calvo Costa, Carlos A., La pérdida de la chance en la responsabilidad civil médica: dos sentencias
ejemplares, RCyS 2011-III, 90). Todo eso me lleva a concluir que, si bien la víctima contaba con chances del
revertir el cuadro, aunque ellas eran escasas, dadas las características del hecho dañoso, la gravedad de la
patología que padecía la niña, y lo sorpresivo del suceso cardíaco. Por todo ello, estimo que la indemnización
habrá de ser inferior a la que hubiese correspondido al padecimiento del cuadro final que sufrió como
consecuencia del desarrollo de la enfermedad que la aquejó, es decir, que lo estrictamente indemnizable no
puede sino comprender la pérdida de la posibilidad de recuperación oportuna, a los efectos de la
determinación del daño material o patrimonial.
VIII.- Corresponde ahora que me refiera a la indemnización que cabe acordar a las demandantes.
a).- Incapacidad psicofísica sobreviniente para M. A. V.. Ante todo es preciso recordar que el daño, en
sentido jurídico, no se identifica con la lesión a un bien (las cosas, el cuerpo, la salud, etc.), sino, en todo caso,
con la lesión a un interés lícito, patrimonial o extrapatrimonial, que produce consecuencias patrimoniales o
extrapatrimoniales (Calvo Costa, Carlos A., Daño resarcible, Hammurabi, Buenos Aires, 2005, p. 97).
Desde esta perspectiva, habrá que atender entonces a las consecuencias que esas lesiones provocan en la
esfera patrimonial o extrapatrimonial de la víctima, que serán, por lo tanto, subsumibles dentro de alguna de
las dos amplias categorías de perjuicios previstas en nuestro derecho: el daño patrimonial y el moral. La
incapacidad es la inhabilidad o impedimento o bien la dificultad apreciable en algún grado para el ejercicio de
funciones vitales. Entraña la pérdida o la aminoración de potencialidades de que gozaba el afectado, teniendo
en cuenta de modo predominante sus condiciones personales. La incapacidad sobreviniente es la que se
verifica luego de concluida la etapa inmediata de curación y convalecencia y cuando no se ha logrado total o
parcialmente el restablecimiento de la víctima. Se aprecia en miras de lo funcional, pero el origen puede ser
anatómico, fisiológico o una combinación de ambos (conf. Zavala de González, Matilde, Resarcimiento de
daños, Hammurabi, Buenos Aires, 1996, T. 2a, pág.344). La jurisprudencia se ha pronunciado de modo
reiterado, en el sentido que las consecuencias de la incapacidad física y las de la lesión psíquica deben ser
valorados en forma conjunta, porque los porcentajes de incapacidad padecidos por el damnificado repercuten
unitariamente, lo cual aconseja que se fije una partida indemnizatoria que abarque ambos aspectos ya que,
en rigor, si bien conformarían dos índoles diversas de lesiones, se traducen en el mismo daño, que consiste,
en definitiva, en la merma patrimonial que sufre la víctima por la disminución de sus aptitudes y para el
desempeño de cualquier trabajo o actividad productora de beneficios materiales (CNCiv. Sala A, 18/2/2014,
"G., J. M. c/ L. P., N. y otros s/ Daños y perjuicios", Expte. n° 37.586/2008; ídem, 22/10/2013, "C., C. M. c/
Sanatorio del Valle y otros s/ Daños y perjuicios", L. n° 589.623; ídem, 12/3/2013, "H., Ricardo Alejandro c/
Empresa Ciudad de San Fernando y otros s/ Daños y Perjuicios", L. n° 610.399; ídem, 19/6/2012, "G.,
Josefina c/ Transporte Escalada S.A.T. y otro s/ daños y perjuicios", L. n° 598.408; ídem, 23/02/2012, "G.,
Victoria Yasmin c/ M., Pablo y otros s/daños y perjuicios", LL 18/06/2012, 9). Sentado ello, diré que en la
demanda se reclamó la suma de $ 364.000.- por este concepto, o lo que en más o menos resulte de la prueba
a producirse en la causa (fs. 45 y ss., punto 4.1.1).
El perito S. señaló que la niña se encuentra en estado vegetativo permanente, y presenta una incapacidad
total y permanente del 100% de la V.O.T. Por su parte, el Dr. V. sostuvo que "la niña M. A. V. padece un foco
neurológico central secuela neurológica secundaria a paro cardiorrespiratorio, irreversible (impresiona
descerebración)...", apreciación en la que ambos peritos han coincidido. Es claro que A. no desempeñaba
ninguna tarea remunerada, pues al momento de producirse los hechos tenía 1 año y 11 meses de edad (ver
fs. 72). En función de lo expuesto, en base a las pautas sentadas en el considerando que antecede,
adaptadas a las particularidades del caso, valorando también prudencialmente las posibilidades de progreso
económico de la niña, así como el hecho de que la indemnización debe computar asimismo la pérdida de la
capacidad de la víctima para efectuar otras actividades no remuneradas, pero mensurables económicamente,
habré de acceder a este rubro por la suma de $ 550.000.- (art. 165 del Código Procesal).
b).- Daño psíquico reclamado por M. P. V. La madre de la damnificada directa reclamó en la demanda la
suma de $ 60.000 en concepto de daño psíquico. El experto S. estimó su incapacidad psicológica en un 15%,
lo que no fue impugnado por los demandados. Para así concluir, el experto sostuvo que la Sra. V.
experimenta un malestar caracterizado por angustia y sentimientos de tristeza e indefensión, que es crónico y
le genera dificultades para adaptarse a condiciones de vida que percibe como estresantes desde hace tiempo.
Entre ellas, la de mayor envergadura es, sin duda, la enfermedad de su hija y las consecuencias familiares
que acarrea. Asimismo, dijo: "Las exigencias de su vida cotidiana en muchos casos superan el repertorio de
estrategias organizadas con que cuenta para formular y dirigir sus comportamientos como pretendería" (fs.
2916/2919). Es cierto también que, contrariamente a ello, el perito V. afirmó que la madre de la menor no
presenta ningún tipo de daño psíquico (punto VIII de fs. 2766/2767).
Sin embargo, la contundencia del informe brindado por el experto citado en primer término, sumado a las
consecuencias que el hecho ilícito generó en la menor, quien hoy se encuentra en estado vegetativo, y el más
elemental sentido común, resultan suficientes para echar por tierra las conclusiones de este último médico.
Siendo así, me inclino por seguir el criterio sustentado por el Dr. S. respecto de la incapacidad psíquica que
padece la madre de la niña. Ahora bien, surge del incidente del beneficio de litigar sin gastos promovido por la
interesada que al 16 de junio de 2004, ella vivía junto a su pareja y no trabajaba, dado que se dedicaba
permanentemente al cuidado de su hija. Únicamente dijo percibir un subsidio por el "Plan Trabajar" de $ 150
(fs. 97/102, expte. n° 5.738/04). En consecuencia, por análogas razones a las expuestas en el considerando
anterior, teniendo en cuenta que las tareas que desarrolla la madre de la niña son mensurables
económicamente, estimo que este rubro debe prosperar por la suma de $ 60.000.- (art. 165 del Código
Procesal).
c).- Daño moral de A. V.
Puede definirse al daño moral como: "una minoración en la subjetividad de la persona, derivada de la lesión a
un interés no patrimonial. O, con mayor precisión, una modificación disvaliosa del espíritu, en el
desenvolvimiento de su capacidad de entender, querer o sentir, consecuencia de una lesión a un interés no
patrimonial, que habrá de traducirse en un modo de estar diferente de aquel al que se hallaba antes del
hecho, como consecuencia de éste y anímicamente perjudicial" (Pizarro, Ramón D., Daño moral. Prevención.
Reparación. Punición. El daño moral en la diversas ramas del derecho, Hammurabi, Buenos Aires, 2004, p.
31).
En lo que atañe a su prueba, cabe señalar que, a tenor del principio que sienta el art. 377 del CPCCN, se
encuentra en cabeza de los actores la acreditación de su existencia y magnitud, aunque, en atención a las
características de esta especial clase de perjuicios, sea muy difícil producir prueba directa en ese sentido, lo
que otorga gran valor a las presunciones (Bustamante Alsina, Jorge, "Equitativa valuación del daño no
mensurable", LL, 1990-A-655). En el caso, la condición actual de la niña (estado vegetativo permanente)
permite indudablemente presumir la existencia de un daño moral (art. 163 inc. 5, Código Procesal). Es que
dudar o negar sobre la posibilidad de que los niños o insanos, como en el caso, padezcan daño moral,
significa tanto como creer que, para sufrir se debe poseer "discernimiento" en los mismos términos que el art.
900 del Código Civil prescribe como recaudo del hecho voluntario. En cuanto a su valuación, ha señalado por
la Corte Suprema de Justicia de la Nación que: "Aun cuando el dinero sea un factor muy inadecuado de
reparación, puede procurar algunas satisfacciones de orden moral, susceptibles, en cierto grado, de
reemplazar en el patrimonio moral el valor que del mismo ha desaparecido. Se trata de compensar, en la
medida posible, un daño consumado (…). El dinero es un medio de obtener satisfacción, goces y
distracciones para reestablecer el equilibrio en los bienes extrapatrimoniales. El dinero no cumple una función
valorativa exacta, el dolor no puede medirse o tasarse, sino que se trata solamente de dar algunos medios de
satisfacción, lo cual no es igual a la equivalencia. Empero, la dificultad en calcular los dolores no impide
apreciarlos en su intensidad y grado, por lo que cabe sostener que es posible justipreciar la satisfacción que
procede para resarcir dentro de lo humanamente posible, las angustias, inquietudes, miedos, padecimientos y
tristeza propios de la situación vivida" (CSJN, 12/4/2011, "Baeza, Silvia Ofelia c/ Provincia de Buenos Aires y
otros", RCyS, noviembre de 2011, p. 261, con nota de Jorge Mario Galdós). En idéntico orden de
razonamiento se sostuvo que para estimar pecuniariamente la reparación del daño moral falta toda unidad de
medida, pues los bienes espirituales no son mensurables en dinero. Sin embargo, al reconocerse una
indemnización por este concepto, no se pone un precio al dolor o a los sentimientos, sino que se trata de
suministrar una compensación a quien ha sido injustamente herido en sus afecciones íntimas (Conf. Orgaz,
Alfredo, "El daño resarcible", pág. 187; Brebbia, Roberto, "El daño moral", Nº 116; Mosset Iturraspe, Jorge,
"Reparación del dolor: solución jurídica y de equidad", en L.L. l978-D-648). Si la indemnización en metálico no
puede por sí restablecer el equilibrio perturbado del bienestar de la víctima, puede sin embargo, procurarle la
adquisición de otros bienes que mitiguen en daño (Conf. Fischer, Hans A., "Los daños civiles y su reparación",
pág. 228).
La misma idea resulta del art. 1741 in fine del Código Civil y Comercial de la Nación recientemente
promulgado, a cuyo tenor: "El monto de la indemnización debe fijarse ponderando las satisfacciones
sustitutivas y compensatorias que pueden procurar las sumas reconocidas". Si bien ese cuerpo normativo
recién entrará en vigencia a partir del 1 de agosto de 2015 (art. 7, ley 26.994, según la ley 27.077) es
indudable que los preceptos que lo integran deben inspirar la interpretación de las normas del Código Civil
que todavía se encuentra vigente, en la medida en que recogen –por lo general- la opinión doctrinal y
jurisprudencial mayoritaria respecto de los diversos puntos del derecho civil, aspecto que se destaca en el
nuevo ordenamiento legal.
Por consiguiente, atendiendo a las características del hecho generador, su repercusión espiritual en la
víctima, a las secuelas incapacitantes permanentes de la niña, y los padecimientos que debió enfrentar como
consecuencia del hecho y que han sido enumerados a lo largo del presente pronunciamiento, considero que
el presente rubro debe estimarse en la suma de $ 600.000.- (art. 165 del Código Procesal).
d).- Gastos médicos, de farmacia, de tratamiento, de traslado, de farmacia, de ortopedia, y de
asistencia En la demanda, la parte actora reclamó, en forma independiente: a) los gastos de asistencia
médica, odontológica, kinesiológica y podológica; b) los gastos de farmacia y colaterales (pañales, sondas,
jeringas, etc.) y ortopedia (silla de ruedas, etc.); c) los gastos de movilidad y transporte; y d) los de atención
personalizada y permanente, sumando el reclamo por todos estos conceptos la suma de $ 2.082.500. Por
razones de mejor orden expositivo, se tratarán conjuntamente todos los ítems mencionados. Sobre el
particular, cabe recordar que la reparación del daño patrimonial sufrido por una persona que ha resultado
discapacitada como consecuencia del hecho no puede circunscribirse al lucro cesante a partir de los ingreso
que aquella percibía antes del hecho, pues ello importaría transferir al reclamante los costos de su
incapacidad, que —de adoptarse esta postura— deberían ser soportados con un sueldo idéntico al que
obtenía antes de verse afectado por su detrimento físico o psíquico. De tal forma, se resarciría solo
parcialmente el lucro cesante, pero no el daño emergente, que consiste en los costos de la asistencia de la
terapia y de la incapacidad. Dentro de este renglón resarcitorio, en casos como el presente, debe encontrarse
comprendida la asistencia permanente de al víctima, como así también los gastos que implique su atención
(Zavala de González, Resarcimiento de..., cit., t. 2a, p.130 y ss.). Ahora bien, sentado ello, y ya sobre el
análisis de los gastos reclamados en autos, es claro y ninguna duda me cabe que tales erogaciones, que
requiere la atención de la menor, quien se encuentra en estado vegetativo, no precisan de una prueba directa,
pues la gravedad de las lesiones autoriza a presumir que se han debido realizar, y que deberán afrontarse en
el futuro. Vienen a corroborar esta apreciación las contundentes manifestaciones del médico S. en cuanto a
las necesidades que presenta la menor.
En efecto, dijo dicho experto que, en el estado vegetativo permanente existen dos posibilidades: llevar al
paciente a un centro que cuente con la experiencia suficiente como para sostener todos los protocolos de
tratamiento, o la internación domiciliaria. Para esta última opción, sostuvo que es necesario contar con la
infraestructura y un equipo multidisciplinario organizado. Agregó que la víctima es totalmente dependiente
para su traslado, y necesita acompañante y asistencia tanto en el transporte como en sus actividades de la
vida diaria, cómo así también terapias adecuadas a su problemática (v. gr. fonoaudióloga, kinesiología,
odontología, etc.). Por ello, a la luz de las características del caso, lo informado por el experto, en función de
las limitaciones que padece la menor, corresponde concluir que estos rubros deben evaluarse en la suma de
$ 1.000.000.- (art. 165 del Código Procesal).
e).- Necesidades de adaptación de la vivienda En la demanda, la parte actora reclamó el resarcimiento del
daño generado por la necesidad de adecuación de la vivienda de la menor, pues la actual resulta inadecuada.
Estimó este ítem en la suma de $ 50.000.-
Al respecto es preciso tener en cuenta que la discapacidad que padece la niña permite presumir la necesidad
de adaptar su hogar a los fines de que pueda continuar residiendo en él, o bien comprar otra vivienda que sea
acorde a sus necesidades actuales. En este sentido, se ha señalado que, en muchos casos, puede
necesitarse adaptaciones importantes de orden arquitectónico en el hogar de la persona con capacidades
diferentes, por ejemplo, en los sanitarios, accesos, circulación dentro de su hábitat, etc. (Zavala de González,
Resarcimiento de..., cit., t. 2a, p. 131). La pericia arquitectónica de fs. 2573/2591, que no fue impugnada por
los codemandados, da cuenta de que la propiedad en la cual reside la menor no cuenta con las características
necesarias para su debida atención. Por ejemplo, la vivienda no cuenta con una buena accesibilidad, no
existe un suministro de corriente eléctrica alternativa, no hay comodidades para la persona que debe atender
a la niña, el cuarto de la damnificada directa no cuenta con el espacio suficiente para circular alrededor de la
cama, etc. Finalmente, la experta estimó el costo de una vivienda, en la misma zona en donde reside la
menor, entre 85.000 y 89.300 dólares estadounidenses. Así las cosas, teniendo en cuenta el costo
mencionado, lo dispuesto en el art. 165 del CPCCN, y que las demandantes supeditaron la estimación de la
indemnización a lo que en más o en menos surgiera de las probanzas a producirse en la causa, considero
procedente fijar este rubro en la suma de $ 75.000.-
f).- Tratamiento psicológico La Sra. P. M. V. reclamó el tratamiento psicológico que debe afrontar por el
hecho ilícito de marras, y estimó este ítem en la suma de $ 23.400.- Sin embargo, no se encuentra acreditada
en autos la necesidad de dicho tratamiento.
En efecto, el perito S. no estimó, en ningún momento, que la madre de la niña requiriera la intervención de un
experto psicólogo, y este extremo no fue objeto de cuestionamiento por la parte actora en su impugnación.
Siendo ello así, y por aplicación de la regla establecida en el art. 377 del Código Procesal, este rubro no habrá
de prosperar.
g).- Gastos de traslado La madre de la menor reclamó las erogaciones en que debería incurrir para
trasladarse al consultorio del terapeuta. Toda vez que el daño por tratamiento psicológico ha sido
desestimado, por idénticos argumentos, corresponde rechazar este ítem.
h).- Aumento de los gastos domésticos
También reclamó la damnificada indirecta los gastos generados por la presencia del personal necesario para
la asistencia de la menor, como así también por la necesidad del cambio de la vivienda. Sin embargo, este
ítem se encuentra comprendido en los gastos estimados para la atención de la menor, más allá del esfuerzo
argumental realizado al respecto.
Por lo tanto, también cabe desestimar este rubro.
i).- Lucro cesante de la damnificada indirecta
La progenitora de la menor reclamó el lucro cesante que dice haber sufrido, consistente en la imposibilidad de
llevar una vida normal para dedicarse a la atención de M..
Ahora bien, es sabido que aunque en el lucro cesante sólo puede aspirarse a una certeza relativa sobre la
frustración de los beneficios esperados, siempre es menester aportar prueba suficiente al respecto. Es decir,
que el interesado debe aportar elementos objetivos que permitan inferir que las ganancias se habrían
previsiblemente logrado de no haber ocurrido el hecho perjudicial (Zavala de González, Resarcimiento de
daños..., cit., t. 3, p. 175).
Por otra parte, la admisión de la existencia de lucro cesante presupone una prueba certera de las ganancias
dejadas de percibir y de su cuantía. Quien formule esta petición debe traer al pleito la prueba que demuestre
su extensión o, por lo menos, dejar en el ánimo del juez la certeza de que no se produjo una ventaja por
haberlo impedido la acción del responsable o corresponsable del hecho dañoso (CNCiv., Sala C, mayo
17/2005, L. 405.657 González José Mario c/Gil Nelio Omar s/daños y perjuicios).
En el caso, la Sra. V. no produjo prueba alguna tendiente a acreditar, siquiera mínimamente, que haya sufrido
alguna pérdida de ganancias como consecuencia del hecho ilícito que sustenta su pretensión.
Por lo tanto, este rubro también debe ser desestimado.
j).- Pérdida de chance de ayuda futura
La madre de la menor reclama la pérdida de chance de ayuda futura, ítem que estima en la suma de $ 8.000.-
Con criterio que comparto, se ha dicho que la muerte de un hijo hace perder a sus padres una chance, de
contenido económico, representada por la expectativa de sostén, apoyo y colaboración en la ancianidad y
ante los problemas que la vida puede representar, y no obsta a la existencia de esta probabilidad la
circunstancia de que la víctima, en razón de su edad, no tuviese capacidad productiva o para concretar otros
logros sociales, pues este último extremo no excluye una fundada y objetiva esperanza ligada a la proyección
futura de su existencia (Zavala de González, Matilde, Resarcimiento de daños..., cit., t. 2b, p. 260 y ss.;
Vázquez Ferreyra, Roberto A., "La indemnización por daño patrimonial y moral a los padres por al muerte de
un hijo de pocos meses", LL 1997-F, 914; Sagarna, Fernando A., "Daño patrimonial indirecto por fallecimiento
del hijo", RCyS, mayo de 2007, p. 99).
En este sentido, la Corte Suprema de Justicia de la Nación ha dicho: "No puede negarse la indemnización por
la ‘pérdida de chance’ por la muerte de un hijo recién nacido, que por su naturaleza es sólo una posibilidad,
con el argumento de que es imposible asegurar que de la muerte del menor vaya a resultar perjuicio, pues ello
importa exigir una certidumbre extraña al concepto mismo del daño de cuya reparación se trata, cuya
existencia, por un lado, no cabe excluir en función de la corta edad del fallecido, pues es dable admitir la
posibilidad de ayuda futura y sostén para los progenitores, expectativa legítima (art. 367, Código Civil) y
verosímil según el curso ordinario de las cosas" (Fallos, 321:487).
Sin embargo, la situación que aquí se presenta es distinta de las que acaban de mencionarse, que
presuponen, justamente, la muerte del hijo.
En el caso, en cambio, la niña A. está con vida, aunque en estado vegetativo permanente.
En esta circunstancia, sumado ello a que ya se ha otorgado una partida tendiente a resarcir la incapacidad
sobreviniente que, lógicamente, no procedería en caso de muerte de la víctima, resarcir adicionalmente la
pérdida de chance de ayuda futura implicaría incurrir en una doble indemnización por el mismo concepto.
En síntesis, debo señalar que cualquier detrimento en la aptitud de M. para realizar tareas patrimonialmente
mensurables, incluido el aporte económico o la ayuda material a su progenitora, ha quedado comprendido en
el rubro "incapacidad sobreviniente".
Ello que me lleva a desestimar este rubro.
IX.- En lo relativo a la tasa de interés, de acuerdo a lo establecido por la doctrina plenaria sentada por esta
Cámara civil en los autos "Samudio de Martínez, Ladislaa c/ Transporte Doscientos Setenta S.A. s/ daños y
perjuicios" (del 20/4/09), sobre el capital reconocido corresponde aplicar la tasa activa cartera general
(préstamos) nominal anual vencida a treinta días del Banco de la Nación Argentina, desde el momento del
hecho (ver mi voto como vocal de la Sala A de esta cámara in re "Piñeiro, Gabriel Alberto c/ Ausilli, José Luis
y otros s/ Daños y Perjuicios", del 10/11/2011, L 574.847, LL 2011-F, 568).
X.- En cuanto a las costas procesales, entiendo que la demandante ejerció un legítimo derecho al accionar
contra todos los protagonistas del suceso, independientemente del resultado del juicio. No me parece que ella
haya actuado con ligereza al demandar a todos los profesionales que atendieron a su hija, a quien también
representa.
En los casos de mala praxis médica ocurren situaciones de muy difícil comprobación para el damnificado. Así,
es lógico que quien demanda no conozca toda la verdad de lo ocurrido al momento de iniciar su reclamo.
Quienes formaron parte de la atención de la paciente fueron los médicos y sus colaboradores.
Al ser así, estimo que no corresponde que la actora soporte las costas del juicio relativas a los accionados
vencedores y, por esa razón, considero que el Hospital de Pediatría SAMIC Prof. Dr. Juan P. Garrahan deberá
cargar con las costas procesales de ambas instancias, incluso con aquellas correspondientes a la actuación
de los demandados no vencidos (conf. arts. 68 y 279 CPCCN).
XI.- Por todo lo expuesto, propongo al acuerdo que se haga lugar parcialmente al recurso de apelación
interpuesto, y en consecuencia: 1) se modifique la sentencia apelada, en el sentido de admitir la demanda
contra el Hospital de Pediatría SAMIC Prof. Dr. Juan P. Garrahan, y se lo condene a abonar a M. A. V. la
suma de dos millones cincuenta mil pesos ($ 2.225.000.-), y a Mabel Patricia Vega, la de dieciocho mil pesos
($ 60.000.-), dentro del término de diez (10) días de quedar firme la presente decisión; 2) Se establezca que
las sumas fijadas devengarán el interés establecido en el considerando IX del presente decisorio; 3) se
confirme la sentencia en lo demás que decide y fue materia de apelación y agravio; 4) se impongan las costas
conforme lo expuesto en el considerando X.
El Dr. Kiper y la Dra. Abreut de Begher, por las consideraciones expuestas por el Dr. Fajre, adhieren al voto
que antecede. Con lo que se dio por terminado el acto firmando los señores Jueces por ante mí, que doy fe.
FDO.: José Benito Fajre - Liliana E. Abreut de Begher - Claudio M. Kiper.
///nos Aires, de juliode 2015.
Y VISTO, lo deliberado y conclusiones establecidas en el acuerdo transcripto precedentemente por
unanimidad de votos, el Tribunal decide: I.- Modificar la sentencia apelada, en el sentido de admitir la
demanda contra el Hospital de Pediatría SAMIC Prof. Dr. Juan P. Garrahan, y condenarlo a abonar a M. A. V.
la suma de dos millones cincuenta mil pesos ($ 2.225.000.-), y a M. P. V., la de dieciocho mil pesos ($
60.000.-), dentro del término de diez (10) días de quedar firme la presente decisión; II.- Establecer que las
sumas fijadas devengarán el interés establecido en el considerando IX del presente decisorio; III.- Confirmar
la sentencia en lo demás que decide y fue materia de apelación y agravio; IV.- Imponer las costas conforme lo
expuesto en el considerando X.
V.-En atención a lo dispuesto por el artículo 279 del Código Procesal, corresponde dejar sin efecto las
regulaciones efectuadas en la instancia de grado y establecer los honorarios de los profesionales
intervinientes adecuándolos a este nuevo pronunciamiento.
En lo que se refiere a la base regulatoria, este Tribunal considera que, de conformidad con lo establecido por
el art. 19 de la ley 21.839, debe considerarse como monto del proceso a los fines arancelarios al capital de
condena con más los intereses reclamados y reconocidos en la sentencia (autos "Prevención Aseguradora de
Riesgos del Trabajo SA c/Medina Juan José y otros s/cobro de sumas de dinero" del 27/09/11).
Sentado lo anterior se tendrá en cuenta el objeto de las presentes actuaciones y el interés económicamente
comprometido, naturaleza del proceso y su resultado, etapas procesales cumplidas, y el mérito de la labor
profesional apreciada por su calidad, eficacia y extensión, considerando además lo dispuesto por los artículos
1, 6, 7, 9, 10, 11, 19, 33, 37, 38 y concs. de la ley 21.839 –t.o. ley 24.432–.
En consecuencia, regúlase el honorario de la representación letrada de la parte actora, integrada por las Dras.
A. M. R. y E. S. S., en conjunto y por las tres etapas, en la suma de PESOS ... ($ ...) por el principal, y en la de
PESOS ... ($ ...) por la incidencia resuelta a fs. 274/5.
Se fijan los de los Dres. G. C. J. y R. P., en conjunto, por las tres etapas del proceso, en la suma de PESOS ...
($ ...); los de los letrados patrocinantes del codemandado G. W., Dres. J. R. . M. G. P., P. O. A. B. y V. L. D.,
por dos etapas y en conjunto, en la suma de ... ($ ...) por el principal, y en la de PESOS ... ($ ...) por la
incidencia resuelta a fs. 274/5; los del letrado apoderado de la citada en garantía, por dos etapas, Dr. V. E. R.,
en la suma de PESOS ... ($ ..); y los de la Dra. D. N. B., letrada patrocinante de la codemandada L. E. C., por
su actuación en las segunda etapa, en la suma de PESOS ... ($ ...).-
VI.- En cuanto a los honorarios de los peritos, se tendrá en consideración el monto del proceso conforme lo
decidido precedentemente, la entidad de las cuestiones sometidas a su dictamen, mérito, calidad y extensión
de las tareas, incidencia en la decisión final del litigio y proporcionalidad que deben guardar sus honorarios
con los estipendios regulados a favor de los profesionales que actuaron durante toda la tramitación de la
causa (art. 478 del CPCC).
Por lo antes expuesto se regulan los honorarios de la perito arquitecta, L. M. S., en la suma de .... ($ ...); los
del Dr. V. J. V., en la de PESOS ... ($ ...); los del calígrafo J. C. P. R., en la suma de PESOS ... ($ ..), y los del
Dr. M. E. S., en la de PESOS .. ($ ...).
VII.- Respecto a los honorarios de la mediadora, esta Sala entiende, por mayoría de votos de sus integrantes,
que a los fines de establecer los honorarios de los mediadores corresponde aplicar la escala arancelaria
vigente al momento de la regulación (cfr. autos "Brascon, Martha Grizet Clementina c. Almafuerte S.A. s/ds. y
ps.", del 25/10/2013, Exp. 6618/2007, con disidencia del Dr. Picasso).
En consecuencia, ponderando el monto de la sentencia y lo dispuesto por el Dec. 1467/2011, Anexo III, art. 1,
inc. g), se fija el honorario de la Dra. P. M. K. en la suma de PESOS ... ($ ..).
VIII.- Por su actuación en la etapa recursiva que culminó con el dictado de la presente sentencia definitiva,
regúlase el honorario de las Dras. R. y S., en conjunto, en la suma de PESOS ... ($ ...); los de la Dra. V. L. D.,
en la suma de PESOS ... ($ ..); y los del Dr. R. P., en la de PESOS ... ($ ...) (art. 14 del Arancel).
Dichos honorarios no contienen la alícuota correspondiente al IVA, por lo que, en caso de acreditar los
profesionales su condición de inscriptos ante dicho tributo, deberá adicionarse el 21% correspondiente.
Regístrese, comuníquese a la Dirección de Comunicación Pública, dependiente de la CSJN (conf. Ac. 15/13),
notifíquese y a la Sra. Defensora de Menores e Incapaces y, oportunamente, archívese.
FDO.: José Benito Fajre - Liliana E. Abreut de Begher - Claudio M. Kiper
Citar: elDial.com - AA90F5
Publicado el 13/08/2015
3)
SUCESORES DE ANDERSCH, ABEL ALFREDO en autos: " MONTES SEGUNDO ALEJANDRO C/
OPORTO, SANDRO Y OTRO S/ DAÑOS Y PERJUICIOS" S/ TERCERÍA" (Expte. Nro.: 509, Folio 80,
Año 2.010),
PRUEBA PERICIAL Nulidad de la pericia por indebida actuación del consultor técnico de
parte.Montes, Segundo Alejandro c/Oporto, Sandro y otro s/Daños y perjuicios s/Tercería –
Cámara de Apelaciones Cutral Có -
VISTAS: Las presentes actuaciones caratuladas: ", a efectos de resolver el recurso de apelación que
ha sido deducido y; CONSIDERANDO:
I.- Que conforme resulta de las constancias de autos, a fs. 545/551 se dicta resolución mediante la
que se hace lugar al planteo de nulidad de la pericial caligráfica obrante a fs. 489/504 articulada
por los Sres. Barría y Montes.- Asimismo, en dicha resolución se dispone audiencia para la
formación de cuerpo de escritura a los fines de efectuar una nueva pericia, con la intervención de
la misma perito.Frente a esta decisión, los citados interponen a fs. 552 recurso de apelación,
presentando sus fundamentos en el escrito glosado a fs. 554/556vta.
Expresan que se persigue la revocación del decisorio atacado por violentar el mismo el debido
proceso, peticionando que la nueva pericia a realizarse se haga por medio del Gabinete
especializado de la Jefatura de Policía de la Provincia o en su defecto, por otro perito inscripto en
la circunscripción. Manifiestan que oportunamente plantearon la nulidad de la pericia por cuanto
la perito no sólo dio participación en la elaboración del dictamen pericial al consultor técnico del
co-demandado Segovia -a quien se lo tuvo a fs. 377 por desistido de producir la pericial por él
ofrecida-, sino también por haberle posibilitado la " deliberación" y más grave aun, haber
presentado el informe en forma conjunta.
Que luego de una extensa fundamentación la Juez de grado hizo lugar a la nulidad, más cae en el
absurdo de decidir que la nueva pericia sea llevada a cabo por la misma perito, por entender que
ésta no ha incurrido en las causales de remoción. Que esta errada conclusión a la que arriba la A
quo deriva de una incorrecta aplicación del derecho (Art. 474 del CPCyC).
Sostienen los apelantes que la perito no puede alegar desconocer la situación como lo hizo.-
Pretender que ella participe y elabore una nueva peritación como si no hubiera existido la
impugnada, es pretender que por una formación de cuerpo de escritura -que en su oportunidad la
experta omitió-, pueda ahora proporcionar una opinión técnica distinta.
II.- Corrido el pertinente traslado de ley, a fs. 562/564vta. contesta el memorial el incidentado Sr.
Carlos Alberto Segovia. Afirma que el agravio de los apelantes no tiene sustento legal por cuanto
no se configuran ninguna de las causales de remoción de la perito. Que el error que motiva la
nulidad no ha sido cometido por la perito sino por el consultor técnico. Efectúa demás
consideraciones fácticas y jurídicas y solicita el rechazo del recurso impetrado, con costas.
III.- A fs. 501 interpone recurso de apelación el Sr. Carlos A. Segovia, respecto de la misma
resolución, expresando agravios a fs. 568/569vta.Se disconforma que la juez A quo haya declarado
nula la pericia por una cuestión formal como lo ha sido la rúbrica del perito de parte. Sostiene que
es práctica común que los peritos (refiriéndose a los consultores técnicos) en caso de no objetar
los dictámenes, los suscriban conjuntamente con los peritos oficiales al sólo efecto de prestar
conformidad con las conclusiones. Otro motivo de agravio lo es la orden de la Juez de fijar
audiencia para la formación de cuerpo de escritura. Que en relación a la omisión de ésta, el
proponente de la prueba ha instado la producción de la pericia sin la previa constatación de la
realización de las audiencias de prueba, por lo que la resolución de la Magistrada no puede suplir
el desinterés mostrado por la parte. Considera que la nulidad decretada es de índole procesal por
vicios de forma y no de fondo del acto en sí llevado a cabo por la Perito; por lo tanto resulta
ajustada la decisión de la Juez de mantener a la profesional actuante más no la decisión de
declarar nula la pericia.- En mérito a lo argumentado, solicita se revoque el decisorio y se declare
válido el dictamen pericial.- Hace reserva del caso federal.
IV.- Conferido el pertinente traslado, el mismo es contestado a fs. 571/572 por los Sres. Barría y
Montes, quienes por los fundamentos que allí exponen, solicitan el rechazo de la apelación, con
costas.
V.- A). Como cuestión preliminar y previo al tratamiento de los planteos recursivos formulados,
hemos de señalar, como en forma reiterada lo hemos puesto de manifiesto, que el Tribunal de
Alzada como Juez del recurso de apelación se encuentra facultado para revisar el trámite seguido
en primera instancia. En razón de ello, consideramos que la resolución que se dicte en el incidente
de nulidad de la prueba pericial -ya sea admitiendo o rechazando el mismo-, es apelable por
resultar un pronunciamiento que excede el marco del Art. 379 del CPCyC.
Al respecto el Dr. Víctor de Santo en su obra "Tratado de los Recursos" (Editorial Universidad,
Tomo I), sostiene que la supresión de apelaciones, por ser de interpretación restrictiva, no cabe
extenderla a supuestos como aquel en que se trate de decidir si los medios probatorios han sido
incorporados regularmente y deben ser proveídos por el Juzgado.
El referido tratadista señala: "...si se resuelve un incidente de nulidad pedido por una de las partes,
aunque éste aluda a medidas probatorias, corresponde conceder la apelación (C1° CC La Plata,
Sala I, causa 181.171, reg. int. 33/81), pues la tipificación del Art. 379 sólo llega a los
proveimientos del juez allí consignados y no a los que influyen sobre la prueba, puesto que
obedecen a la aplicación de otras normas procesales". Reafirma dicha postura con la cita
jurisprudencial que dijo: " Es inaplicable el criterio de inapelabilidad de las cuestiones vinculadas
con la producción, denegación y sustanciación de la prueba cuanto la decisión también comprende
una incidencia sobre nulidad procesal, y de lo que se resuelva respecto de ésta dependerá la
suerte de aquellas (CNCiv., Sala C, 25/8/81, ED, t.99, p. 645)" (op. cit., Pág. 279).
B). Por una cuestión lógica habremos de estudiar en primer término el recurso planteado por el Sr.
Segovia, ésto para determinar si resulta válida o no la pericia efectuada, para luego analizar -si
corresponde efectuar nueva pericia-, quién debe realizarla.
La Juez A quo luego de un minucioso análisis decreta la nulidad de la pericia fundada en dos
hechos concretos: 1) la intervención del consultor técnico de la contraria, quien encabeza junto
con la perito designada de oficio el informe pericial y 2) la omisión de la formación de cuerpo de
escritura a los fines de realizar la pericia.
Con relación al consultor técnico, si bien la parte que lo propuso había perdido el derecho de
producir su prueba, nada obsta a que el propuesto presencie las operaciones técnicas en los
términos del Art. 471 del Código Procesal.
El consultor técnico -figura incorporada a nuestro ordenamiento procesal por el Art. 459bis del
CPCyC, según texto Ley 2.121-, es en el régimen procesal un verdadero defensor técnico de la
parte que lo designa y a quien responde, no puede ser recusado ni removido, ni tampoco se
requiere que acepte el cargo.- A diferencia del perito, que en un auxiliar del juez, el consultor
interviene desde la parcialidad de la parte que lo propone.
Sus atribuciones son limitadas: sólo puede intervenir en la etapa de examen pero no puede
participar en las deliberaciones con el perito ni en la elaboración del dictamen, pudiendo
presentar por separado su informe (Arts. 471 y 474 del Código citado).
Para mayor ilustración, señalamos que la jurisprudencia ha dicho: " Una vez designado el perito (o
los peritos), las partes pueden designar un perito de control, cuya misión no es la de hacer una
pericia conjunta con el perito ni hacer una contrapericia, sino que su labor debe consistir en
demostrar que el método realizado por el perito oficial ha sido acertado o desacertado; en el
primer caso deberá explicar si se han usado las leyes de una buena técnica o de su arte y, en el
segundo, explicar donde está el error y demostrar cuáles son las que debieron haber utilizado"
(Cám. Apel. Civ. y Com. 5° Nom., Córdoba, 29/04/04, Lexis, n° 1/700183983-1, citado en " Código
Procesal Civil y Comercial de la Nación", Highton - Areán (5), Pág. 494).
Por todo ello y no habiéndose cumplimentado con la regla, coincidimos con los sólidos
fundamentos expuestos por la señora juez de grado para decretar la nulidad, en cuanto a la
actuación que tuvo aquél en la elaboración del dictamen pericial.
Así, consideramos a contrario de lo sostenido por el apelante que la omisión de la falta de cuerpo
de escritura no corresponde imputársela a la parte proponente de la prueba sino a la perito
actuante, quien a fs. 477 solicitó audiencia para la formación de cuerpo de escritura, más luego
nada dijo ante tal omisión, ni siquiera expresó si ello le impedía o no evacuar los puntos de pericia
tal como fueran propuestos.
C). Analizando el recurso de apelación interpuesto por los Sres. Orlando Gabriel Barría y Luis Angel
Montes, adelantamos que les asiste razón, por cuanto la perito al haber presentado ya el dictamen
pericial que se declara nulo, emitió su opinión razón ésta por lo que corresponde apartarla del
cargo por encontrarse incursa en las causales previstas por los Arts. 466, 17 inc. 7° del
ordenamiento procesal.
Al respecto, la jurisprudencia ha dicho: " En principio la introducción al proceso por la vía del
testimonio de una pericia declarada nula sin duda afecta la garantía de la defensa en juicio y
convierte en absolutamente ineficaz la sanción de nulidad decretada oportunamente. La
consecuencia de esta última sanción es que debe realizarse una nueva pericia por un nuevo
experto, pues el anterior está inhabilitado por haber dado ya su dictamen." (Tc0001 Lp 7491 RSD-
741-4 S, Fecha: 28/10/2004, autos: C., J. B. S/ Recurso De Casación, Mag. Votantes: Natiello-
Piombo-Sal Llargués).
RESUELVE:
IV.- Por los fundamentos expuestos, disposiciones legales y jurisprudencia citadas, corresponde
confirmar la nulidad de la prueba pericial caligráfica, en consecuencia, disponer que la pericial
caligráfica ordenada en autos deberá ser realizada por un nuevo profesional, motivo por el cual se
deberá proceder en el origen de acuerdo a lo previsto por el Art. 459bis del CPCyC..
Preguntas
7-que resolvio?
4)-
Expte. 110.241/1999 y 10.677/2000 - “Alonso, Amneris Mabel C/ Metrovías S.A. y Otro s/ Daños Y
Perjuicios” - “Fernández, Carlos Alberto c/ Metrovías S.A. s/ Daños y perjuicios” – CNCIV - SALA H -
23/03/2016
En Buenos Aires, a los 23 días del mes de marzo de 2016, hallándose reunidos los señores Jueces
integrantes de la Sala H de la Cámara Nacional de Apelaciones en lo Civil de la Capital Federal, a los efectos
de dictar sentencia en los autos: “Alonso, Amneris Mabel c/ Metrovías S.A. y otro s/ Daños y perjuicios”, y su
acumulado: “Fernández, Carlos Alberto c/ Metrovías S.A. s/ Daños y perjuicios”, y habiendo acordado seguir
en la deliberación y voto el orden de sorteo de estudio, el Dr. Kiper dijo: Contra la sentencia dictada a fs.
877/891 de los autos “Alonso” y fs. 499/513 de “Fernández” que hizo lugar a la demanda interpuesta por
Amneris Mabel Alonso y Carlos Alberto Fernández respecto de Metrovías S.A. y Edesur S.A.; apela Metrovías
S.A., la que, por las razones expuestas en sus presentaciones de fs. 930/936 de los autos “Alonso” y de fs.
546/550 de los autos “Fernández”, intenta obtener la modificación de lo decidido. A fs. 941/942 del expte.
“Alonso” la parte actora contestó dichos argumentos y a fs. 553/556 del expte. “Fernández” lo hizo Edesur
S.A., encontrándose los autos en condiciones de dictar un pronunciamiento de carácter definitivo.
Metrovías S.A. se agravia de que se haya hecho lugar a la acción en su contra por cuanto entiende que
Edesur S.A. es la única responsable de lo ocurrido. También critica la procedencia y cuantía de la
indemnización y el modo en que se dispuso realizar el cómputo de los intereses.
Antes de continuar con el estudio del expediente resaltaré que, con respecto al encuadre jurídico que habrá
de regir esta litis, atendiendo a la fecha en que tuvo lugar el accidente, resulta de aplicación lo establecido en
la normativa contenida en el Código Civil y en el Código de Comercio, hoy derogados, en virtud de lo
dispuesto en el art. 7 del Código Civil y Comercial de la Nación, actualmente vigente, sin perjuicio de señalar,
claro está, que a idéntica solución se arribaría aplicando las normas pertinentes de este último cuerpo legal.
Estimo oportuno recordar que la obligación principal del transportista, por tratarse del transporte oneroso de
personas, es la de conducir a sus pasajeros sanos y salvos hasta su lugar de destino (conf. art. 184 y concs.
del Código de Comercio). Por ende, en caso de incumplimiento, nace para el contratante la obligación de
reparar el daño causado, salvo que se pruebe la culpa de la víctima, la de un tercero por quien no deba
responder o el casus genérico de los arts. 513 y 514 del Cód. Civil.
Resulta aplicable el art. 184 del Código de Comercio que establece la responsabilidad del empresario, quien
debe responder por la muerte o lesión de un viajero, produciéndose la inversión de la carga de la prueba de la
culpa del porteador, lo que es consecuencia del carácter contractual de la responsabilidad del empresario, el
que debe responder por el incumplimiento de las obligaciones estipuladas, entre las que se cuenta la de
conducirlo sano y salvo al lugar fijado (v. Alconada Aramburu, Carlos, Cód. Com. Comentado, T° I, p g. 211,
nota 647; Brebbia, Roberto H., Problemática Jurídica de los automotores, responsabilidad contractual, T° 2, p
g. 13).
Toda vez que dentro de la órbita de la responsabilidad contractual, probada la inejecución de la obligación, la
culpa del deudor se presume, por tal motivo queda a cargo de este la acreditación de que tal incumplimiento
no le es atribuible (conf. Llambías J, Tratado, T ° I, pág. 207, N° 168 y nota 54; Mosset Iturraspe,
Responsabilidad por daños, T° I, pág. 78, N° 32; Bustamante Alsina, Teoría General de la Responsabilidad
Civil, pág. 254, N° 284; Alterini, Curso de las Obligaciones, Vol. I, pág. 205, N° 445). Justamente, nos
encontramos frente a una obligación de resultado y su solo incumplimiento compromete la responsabilidad del
transportista, la cual no se desvanece por la vaga prueba de su ausencia de culpa sino por la demostración
concreta del caso fortuito, fuerza mayor, culpa de la víctima o de un tercero que le impida sucumplimiento
(conf. Mosset Iturraspe, Jorge, Contratos, Ed. Ediar, Buenos Aires, 1984, pág. 346 y sgts.; Llambías, J.,
Tratado de Derecho Civil Obligaciones, ed. Perrot, Buenos Aires, 2° edición actualizada, T° I, pág. 190).
El factor objetivo de imputación recogido por el art. 184 del Código de Comercio, se proyecta en la distribución
de la carga probatoria. Por un lado, el actor debe probar su carácter de pasajero y la lesión padecida durante
el viaje, la que importa incumplimiento de la obligación de llevar al pasajero sano y salvo al lugar de destino.
Por el otro incumbe a la transportadora alegar y probar alguna de las eximentes previstas en dicha normativa,
sin que sea suficiente a tal fin la demostración de que no hubo culpa en el subordinado que conducía la
unidad de transporte público. (Esta Sala, 05/04/2000, “Conditi, Susana Haydée c/ La Nueva Metrópoli SA y
otro s/ daños y perjuicios”, 02/07/2001, “Ayala, Américo Idilio c/ Transportes Metropolitanos General San
Martín SA s7 daños y perjuicios”, Sala G, del 21/05/1996, “Leiva, José Emilio c/ Transportes Guido SRL s/
daños y perjuicios”).
Claro que para que funcione este régimen, el actor debe probar el contrato de transporte y el daño sufrido en
la ejecución. Dicho en otras palabras, debe acreditar los hechos toda vez que ellos no se presumen.
Es que, aún en supuestos como el que nos ocupa -en el cual la responsabilidad que se atribuye es objetiva-,
rige plenamente la norma que establece que es la víctima a quien le incumbe la carga de la prueba “primaria”
del hecho, puesto que el daño tiene que ser una consecuencia efectiva y real del acontecimiento y no
solamente posible. Además, el reclamante siempre deberá acreditar la “causa física del daño”: que sufrió
lesiones al ser transportado, que lo hirió la colisión de cierto automóvil, etc. (Kiper, Claudio M., “Proceso de
daños”, T. II, 1a ed., Editorial La Ley, Buenos Aires, 2008, p. 58).
Sentado ello, destaco que es un hecho no controvertido que el 1° de diciembre de 1998, aproximadamente a
las 18,45 hs., Amneris Mabel Alonso y Carlos Alberto Fernández descendieron del subte en la Estación José
María Moreno de la línea E.
Tampoco se cuestiona que mientras salían de la Estación, cuando estaban en la escalera mecánica, se cortó
la luz. Menos aún se discute que en ese momento la escalera se detuvo y empezó a ir hacia atrás, lo que
provocó que los actores se cayeran y se lesionen.Finalmente, nadie niega la falta de luces de emergencia.
La magistrada de primera instancia, luego de resumir lo expuesto por las partes, y de evaluar las pruebas
producidas, arribó a la conclusión de que Metrovías S.A. y Edesur S.A. eran responsables de las lesiones
invocadas por los reclamantes. Justamente, consideró que Metrovías S.A. incumplió con la obligación tácita
de seguridad debido a que los actores se lastimaron cuando la escalera comenzó a ir para atrás. También
entendió que Edesur S.A. no prestó el servicio eléctrico de forma adecuada y que el apagón operó como
causa adecuada del accidente.
Al expresar agravios, Metrovias S.A. insiste en que toda la responsabilidad le cabe a Edesur S.A. Sostiene
que la escalera mecánica no estaba destinada a permanecer quieta en caso de que hubiera muchas personas
encima, y que era imposible evitar que se mueva ante un corte de energía. Igualmente, refiere que la
ausencia de luces de emergencia no guarda relación con el accidente. Resalta que el perito designado en el
expediente penal estimó que la escalera funcionaba correctamente y que el profesional que la revisó en sede
civil se pronunció en el mismo sentido. Además, menciona que se encontraba debidamente habilitada.
La mayor parte de los hechos que sí fueron controvertidos en la instancia de grado ya no se discuten ante
éste Tribunal. Es más, casi podría decirse que los pormenores de la cuestión son un asunto de puro derecho.
No obstante, resaltaré lo expuesto por los peritos, expertos cuyas apreciaciones fueron esenciales para
resolver la cuestión.
A fs. 213/221 se encuentran las copias del informe confeccionado por el perito que actuó en la causa penal, el
Ingeniero Electromecánico Jorge M. Manganiello. El experto revisó la escalera e indicó que tenía por objeto
transportar personas desde el andén hasta las boleterías. Puede observársela en las fotos que agregó a su
trabajo.
Igualmente, refirió que no podía descartarse la posibilidad de que el hecho ocurriera a oscuras y que “...la
situación de falta de iluminación puede producir agitación en los pasajeros, que desemboque en oscilaciones
imposibles de bloquear para el sistema de frenos” y que “no puede descartarse la falta de un perfecto apoyo
en las cintas de freno como factor posiblemente coadyuvante a la ocurencia del siniestro...”.
Por su parte, el experto designado en sede civil, Ing. Mecánico Orlando Diego Tadey, señaló que no
pudo verificar el funcionamiento del sistema electromecánico del accionamiento de la escalera en
atención a que no estaba presente el ingeniero de Metrovías S.A., a pesar de que así lo habían
acordado por teléfono.
Explicó que la escalera en cuestión fue fabricada en 1972 y adujo que le resultaba imposible certificar que a la
fecha del accidente reuniera las condiciones de seguridad necesarias.
Y señaló que un factor primordial de todo transporte de personas radica en el sistema de frenos, comentando
que si dicho sistema sufre desgastes o no se encuentra convenientemente regulado puede suceder que el
peso en transporte venza la inercia del frenado de la escalera y la mueva en el sentido contrario al de su
marcha normal.
Asimismo, dijo que “si el sistema de frenos es apropiado y correctamente regulado, el corte en el suministro
de energía eléctrica hubiese hecho detener la escalera sin retroceso alguno y sin otra manifestación que una
muy pequeña oscilación producto de la inercia del sistema de frenos” y que a su entender “el corte de
suministro de energía eléctrica, quedando totalmente a oscuras la zona, de hecho produce una intranquilidad,
si a ello se suma que la escalera mecánica interrumpió su marcha ascendente e inmediatamente comenzó el
retroceso, aumentó el pánico creándose una reacción incontrolada de las personas que en su intento de
ponerse a resguardo de posible[s] mayores inconvenientes se llevaran por delante produciéndose caídas y
pisotones...”.
Cuando se lo interrogó acerca de qué tipo de falla momentánea u ocasional pueden presentar los frenos de
una escalera respondió diciendo que éstas pueden deberse a un desgaste no controlado, mala calidad del
material, deficiente ajuste y calibración, suciedad o derrame de aceites y grasas sobre las superficies de
frenado o rotura de componentes y que eso depende del mantenimiento al que estén sometidas las
instalaciones.
Finalmente, apuntó que a la fecha del hecho ya era exigible que hubiera iluminación de emergencia en todas
aquellas instalaciones a las que concurra público en general (fs. 124/129 y 720/735)
Los dos informes se encuentran bien fundamentados. La mayor diferencia entre uno y otro radica que el perito
que intervino en la causa penal pudo inspeccionar la escalera varios años antes que quien emitió su opinión
en este expediente. Sin embargo, lamentablemente ninguno de los dos pudo revisarla instantes después del
accidente.
Entonces, no es posible saber, con certeza, cómo estaba en ese momento.
Aún así, es claro que algo no funcionó.
Los frenos no operaron de la manera en la que tendrían que haberlo hecho.
Recuerdo que conforme el perito civil esto posiblemente se debió a alguna falla, vinculada con el estado de
mantenimiento de las instalaciones, y que según el que actuó en sede penal podría haber sido imposible para
el sistema de frenos bloquear el movimiento en virtud de la agitación que suele producirse ante la falta de
iluminación. De cualquier manera, no tengo dudas de que Metrovías S.A. tiene que responder. Si los frenos
fallaron es más que evidente la responsabilidad de la empresa. Pero también lo es si los frenos no fallaron y lo
que sucedió fue que cedieron por el descontrol que se produce ante la falta de iluminación.
Sin dudas, Metrovías tendría que haber tenido luces de emergencia, no sólo porque de acuerdo a lo que dice
el perito ya a la época del accidente eran obligatorias, sino también debido a que cualquier empresario que
hubiere obrado con cuidado y previsión tendría que haberlas colocado. No obsta a lo antedicho que Edesur
S.A. haya sido la responsable del corte de suministro, extremo ya de por sí reprochable. Es una situación a la
que, lamentablemente, las distribuidoras de energía eléctrica ya nos tienen bastante acostumbrados. Pero no
me parece que esta circusnstacia exima de responsabilidad a Metrovías S.A.
Hay que tener presente que Metrovias S.A. se trata de una importante empresa que desde hace décadas
explota el sistema de subterráneos de Buenos Aires. No hay forma de que Metrovías pretenda excusarse de
responsabilidad ya que tendría que haber tenido sus instalaciones listas para el caso de que tuviere lugar un
corte de suministro energético. Ello, claro está, fuera de que nos encontremos ante un factor de atribución de
responsabilidad de carácter objetivo y de que no se acreditó que hubiere tenido lugar alguno de los eximientes
de responsabilidad expresamente previstos por nuestro ordenamiento jurídico.
En consecuencia, y recordando que los jueces no se encuentran obligados a analizar todos los
cuestionamientos introducidos en las expresiones de agravios, sino tan sólo aquéllos que resultan de interés
para resolver la cuestión, propongo al Acuerdo que se confirme este sustancial aspecto del fallo apelado.
Seguidamente, me ocuparé de los agravios formulados en torno a la indemnización. Metrovías S.A. se agravia
del monto fijado en concepto de incapacidad sobreviniente. Se le concedieron $ 40.000 a Amneris Mabel
Alonso y $30.000 a Carlos Alberto Fernández.
La indemnización por incapacidad sobreviniente -que debe estimarse sobre la base de un daño cierto- procura
el resarcimiento de aquellos daños que tuvieron por efecto disminuir la capacidad vital de la persona afectada,
no solo en su faz netamente laboral o productiva sino en toda su vida de relación (social, cultural, deportiva e
individual).
De allí que en materia civil y a los fines de su valoración no puedan establecerse pautas fijas por cuanto habrá
de atenderse a circunstancias de hecho variables en cada caso en particular ya que tratándose de una
reparación integral para que la indemnización sea justa y equitativa deben apreciarse diversos elementos y
circunstancias de la víctima, tales como su edad, sexo, formación educativa, ocupación laboral y condición
socioeconómica.
No debe perderse de vista que el individuo tiene derecho a su integridad física, pues la salud y la integridad
no son solo un bien jurídicamente tutelado cuyo quebrantamiento debe ser reparado, sino que además
constituye un valor en cuya protección está interesado el orden público.
Comenzaré con Amneris Mabel Alonso.De las constancias de la causa resulta que el día del accidente fue
asistida en el Hospital General de Agudos Dr. Carlos Durand. A su vez, surge que posteriormente fue atendida
en el Instituto Médico Antártida por padecer politraumatismos, una herida cortante superciliar, una herida
cortante en el cuero cabelludo y heridas múltiples y excoriaciones en los codos (fs. 759).
El perito médico, Dr. Ariel Garate, indicó que la víctima presenta una serie de cicatrices que son
desagradables, visiblemente desarmónicas y antiestéticas por el volumen y la ubicación que tienen. Dijo que
tiene cicatrices en el antebrazo derecho, en el brazo izquierdo y en el cuadrante medio izquierdo de la cara en
la zona malar. El experto manifestó que el grado de incapacidad estética debía ser fijado al evaluar los
trastornos de adaptación (fs. 641/651). De ahí que recuerde que la perito psicóloga, Lic. Emilce E. Perassi,
expresó que Amneris Mabel Alonso sufre de un profundo enojo, que se presenta como odio y malestar, y que
tiene un 18% de incapacidad (611/616). Sobre la cuestión también se expidió el Dr. Garate, que es médico
neurólogo y psiquiatra, expresando que el accidente dejó una huella en la actora de odio y malestar
insoportable y que exhibe un trastorno por estrés postraumático (fs. 713).En definitiva, el médico afirmó que la
capacidad funcional de la víctima se encuentra limitada y concluyó apuntado que su incapacidad total es del
20% (fs. 641/651).
Ahora me ocuparé de Carlos Alberto Fernández.El reclamante también fue asistido en el Hospital General
de Agudos Dr. Carlos Durand por tener excoriaciones en dorso y scalp frontal del cuero cabelludo (fs. 205).
Igualmente, surge que posteriormente lo revisaron en el Sanatorio Mitre, sin que fuere necesario que quede
internado (fs. 186). Al día siguiente lo atendieron en el Sanatorio Otamendi (fs. 200/201).
El perito médico, Dr. Jorge Luis Bogacz, observó tres cicatrices en la región frontal: una en dirección oblicua
vertical de derecha a izquierda, otra formando una V con la primera y una más paralela a esta última. Aclaró, a
su vez, que éstas no alteran manifiestamente ni la textura ni la coloración de la piel. También apuntó que por
el accidente no trabajó por 25 días y que actualmente no tiene ningún tipo de incapacidad física (fs. 292/293).
A su turno, la perito psicóloga, Lic. Elsa Isabel Maluenda, expuso que padece de ansiedad, pasividad e
introversión y que el accidente le generó un desequilibró que se presentó como una amenaza y que lo limita
en su vida de relación.
Así, concluyó diciendo que sufre de un cuadro de depresión neurótica moderada que le provoca un 10% de
incapacidad (fs. 247/264).
Por lo demás, reiteradamente he sostenido que, en tanto los dictámenes periciales se encuentren fundados
razonablemente en principios y procedimientos técnicos, y resulten congruentes con el resto de la prueba
rendida, se deben aceptar a la luz de los arts. 386 y 477 del CPCCN. Quiero recordar que el hecho de que
Amneris Mabel Alonso estuviera jubilada no la limita para reclamar la incapacidad sobreviniente a raíz del
evento, pues dentro de esta partida deben contemplarse no sólo la merma en la capacidad laborativa o
productiva sino también las consecuencias que afecten su vida de relación. Entonces, si tengo en cuenta las
circunstancias de hecho en que los actores resultaron lesionados, las particularidades de los trastornos
padecidos, como también las características personales que se relacionan con aspectos tales como su edad
(Amneris Mabel Alonso tenía 66 años al momento del hecho y Carlos Alberto Fernández contaba con 34),
sexo, ocupación (Alonso estaba jubilada y Fernández era vendedor de diarios), y sus restantes condiciones
personales, que fueron correctamente reseñadas en el fallo apelado; creo que la cantidad establecida no tiene
que reducirse. Metrovías S.A. también se quejó de la procedencia y cuantía de los gastos de farmacia,
asistencia médica, traslados y futuros que se le otorgaron a Amneris Mabel Alonso. La partida asciende a
$7500 y comprende los gastos de farmacia y traslados, la contratación de una persona para que la ayudó en
la convalecencia y el costo de una operación estética futura.
La apelante se queja de la procedencia de los gastos médicos y de traslado con sustento en que la víctima
fue atendida en hospitales públicos y a través de su obra social y de la suma concedida por la operación
futura. Respecto de ésta, aduce que no se acreditó que sea necesaria.
Empezaré por los gastos de farmacia, asistencia médica y traslados.Desde antiguo se ha entendido que
los gastos en los que incurre quien sufre un ilícito no necesitan de una acabada prueba documental y,
asimismo, que se presume que quien ha sufrido lesiones que requirieron tratamiento médico realiza gastos
extraordinarios en concepto de medicamentos y traslados. No obsta a tal solución que la damnificada fuera
atendida en hospitales públicos ya que también en estos supuestos debe afrontar ciertos pagos que le
ocasionan un detrimento patrimonial. Entonces, no creo que tenga que rechazarse ni reducirse el
resarcimiento.
Lo mismo pienso acerca de la suma otorgada para pagar una operaciónSucede que el perito médico indicó
que, debido a sus cicatrices, Amneris Mabel Alonso tendría que ser sometida a una operación estética. Estimó
su costo en $5000 (fs. 156 vta.).
Recuerdo que los gastos terapéuticos que deban de realizarse son resarcibles en caso de que exista la
necesidad de practicar una intervención quirúrgica. Si se demuestra la necesidad de realización de una
operación en el futuro para aliviar las consecuencias del daño naturalmente debe condenarse a la
indemnización de éste, en concepto de daño futuro cierto (Kiper, Claudio M.; ob. cit., p. 264).
Así, entiendo que tiene que confirmarse este punto del fallo apelado.
Otro de los agravios formulados por Metrovías S.A. se vincula con los $1500 que se le dieron por lucro
cesante a Amneris Mabel Alonso. Se otorgó la suma porque se entendió acreditado que si bien la víctima era
jubilada también hacía tareas de protocolista en diferentes escribanías.
La apelante señaló que del informe pericial contable no surgía que las facturas acompañadas por la parte
actora hubieran sido registradas en los libros de las diferentes escribanías.
Sin embargo, habré de declarar desierto este punto de la expresión de agravios ya que no cumple con los
recaudos mínimos exigidos por el art. 265 del Cód. Procesal. Se observan en los repertorios recursos
declarados desiertos cuando el apelante se limita a afirmar que el monto de cierta indemnización es elevado,
o que es bajo, pero sin aportar mayores fundamentos; transcribe citas de autores y de fallos sin vincularlos
con la causa concreta, etc. (Colombo-Kiper, Código Procesal Civil y Comercial de la Nación. Anotado y
comentado, Tomo III., pág. 173). Ello, sin dudas, es lo que aquí sucede, ya que nada se dice de los
parámetros que se tuvieron en cuenta en la sentencia para inclinarse por la procedencia y estimar la cuantía
de la partida.
Cabe aquí destacar, tal como lo explicó la juez de grado, que aunque las facturas no se encontraban
registradas ello no justificaba rechazar la partida, máxime cuando se había acreditado que la víctima era
protocolista y que trabajaba en distintas escribanías.
Fundó su decisión en lo que surgía de la prueba testimonial y de las contestaciones de oficio remitidas por las
escribanías (fs. 121, 122 y 123).Por ende, estimo que no corresponde modificar este punto del fallo. Metrovías
S.A. también se agravia del daño moral, fijado en $15.000 para Amneris Mabel Alonso y en $20.000 para
Carlos Alberto Fernández. Para estimar la cuantía del daño el juzgador debe sortear la dificultad de imaginar o
predecir el dolor que el hecho dañoso produjo en la esfera íntima del reclamante para luego establecer una
indemnización en dinero que supla o compense el desmedro injustamente sufrido, por lo que más que en
cualquier otro rubro queda sujeto al prudente arbitrio judicial, que ha de atenerse a la ponderación de las
diversas características que emanan del proceso.- “La determinación del monto no depende de la existencia o
extensión de los perjuicios patrimoniales pues no media interdependencia en tales rubros, ya que cada uno
tiene su propia configuración pues se trata de daños que afectan a esferas distintas” (cfr. Llambías,
“Obligaciones” T. I, pág. 229).
Así, teniendo en consideración las características que presentó el hecho, la repercusión que en los
sentimientos de los damnificados debió generar la ocurrencia misma del accidente como una agresión
inesperada a su integridad física, el tipo de tratamiento recibido y sus características personales, estimo que la
partida no tiene que reducirse.
Resta aún que me expida sobre el modo en que se dispuso realizar el cómputo de los intereses. Los daños
cuya reparación se persigue por medio de esta acción judicial se han producido en forma coetánea con el
hecho ilícito motivo de la litis, entonces la obligación del responsable de volver las cosas a su estado anterior
y de indemnizar los restantes perjuicios sufridos ha nacido a partir del momento en que tuvo lugar el obrar
antijurídico. Si en esta oportunidad nace el deber de reparar los perjuicios, como contrapartida surge el
derecho del damnificado a ser indemnizado; y ello es así independientemente de que el actor hubiere
efectuado o no erogaciones previas al dictado de la sentencia.
En efecto, a poco que se observe que los intereses tienen por finalidad compensar al acreedor la
indisponibilidad del uso de su capital, se advierte que, si éste es debido desde el momento en que se produjo
el daño (o lo que es lo mismo, desde que el damnificado se hallaba habilitado a reclamarlo), corresponde
computarlos desde la fecha del accidente.
Por lo demás y referente a la tasa que debe usarse, recuerdo el plenario dictado por esta Cámara in re
"Samudio de Martinez Ladislaa c/Transporte Doscientos Setenta SA s/daños y perjuicios" (20-4-2009).
Entonces, creo que corresponde aplicar la tasa activa cartera general (préstamos) nominal anual vencida a
treinta días del Banco de la Nación Argentina desde la fecha del hecho y hasta su efectivo pago a todos los
rubros, remitiéndome -brevitatis causae- a los fundamentos vertidos en autos “Northlands Asociación Civil de
Beneficencia c/Solari Claudia s/cobro de sumas de dinero" (recurso 499.526 del 24/04/09).
Entonces, considero que tiene que confirmarse esta parte de la sentencia.
Las costas de la presente instancia se le imponen a Metrovías S.A. en virtud del principio objetivo de la
derrota (conf. art. 68 del CPCCN).
Por todo ello, y si mi voto fuere compartido, propongo al Acuerdo que se confirme el fallo apelado en todas las
cuestiones que decide y fueron materia de agravios. Con costas de la Alzada conforme lo expuesto
precedentemente.
La Dra. Abreut de Begher dijo:Adhiero a las consideraciones expuestas por el Dr. Kiper en su voto,
proponiendo la solución allí indicada.El Dr. José Benito Fajre dijo:Adhiero a las consideraciones expuestas por
el Dr. Kiper en su voto, proponiendo la solución allí indicada.Con lo que se dio por finalizado el acto, firmando
los señores Jueces por ante mí de lo que doy fe.
Fdo.: José Benito Fajre - Liliana E. Abreut de Begher - Claudio M. Kiper.
5)
Expte. Nº 72.411/11 - “M., G. y Otro c/ C. M. DE C. P. B. J. P. y Otros s/ daños y perjuicios” – CNCIV –
SALA G - 30/11/2015
En la Ciudad de Buenos Aires, Capital de la República Argentina, a los 30 días de noviembre de dos mil
quince, reunidos en Acuerdo los Señores Jueces de la Cámara Nacional de Apelaciones en lo Civil, para
conocer en el recurso de apelación interpuesto en los autos caratulados: “M., G. Y OTRO C/ C. M. DE C. P. B.
J. P. Y OTROS S/ DAÑOS Y PERJUICIOS”, respecto de la sentencia de fs. 505/513, el Tribunal estableció la
siguiente cuestión a resolver:
¿ES JUSTA LA SENTENCIA APELADA?
Practicado el sorteo resultó que la votación debía realizarse en el siguiente orden: Señores Jueces de Cámara
Doctores CARLOS CARRANZA CASARES - BEATRIZ AREÁN - CARLOS ALFREDO BELLUCCI.-
A la cuestión planteada el Señor Juez de Cámara Doctor Carranza Casares dijo:
I.- La sentencia dictada a fs. 505/513 hizo lugar parcialmente a la demanda por daños y perjuicios entablada
por G. M. y condenó a S. B. S. A., al médico J. C. P. B., con extensión a la citada SMG Compañía Argentina
de Seguros S. A., al pago de $30.000 más intereses y costas. Para así decidir el pronunciamiento expresó
que no estaba discutido que la actora había sido sometida, en julio de 2009, a una operación de extracción de
prótesis, capsulectomía e inclusión mamaria con aumento de tamaño. En relación con la responsabilidad del
cirujano demandado dijo que se trataba de una obligación de medios pues la intervención quirúrgica no tenía
una finalidad exclusivamente estética y que no se podía afirmar que la ruptura de la prótesis y su
encapsulamiento, la asimetría de mamas y la anemia detectada podía atribuirse al obrar negligente del
galeno.
Adujo que frente a la demandante consumidora tanto la firma como el cirujano habían asumido la condición de
proveedores y que la ruptura de la prótesis se había producido como consecuencia de un defecto del
producto, pero que los perjuicios cuya reparación se solicitaba no se vinculaban con la aludida rotura.
De todos modos estimó que la reclamante debió haber sufrido intensamente ante el temor que el contenido de
la prótesis se hubiera diseminado en su organismo y le reconoció en concepto de daño moral la suma objeto
de la condena.
II.- El fallo fue apelado por la actora, la sociedad demandada y la citada en garantía.
La primera en su memorial de fs. 556/561, respondido a fs. 580/581 vta., manifiesta que la obligación del
cirujano plástico era de resultado, que la anemia, la asimetría de mamas y el encapsulamiento fueron
originados en la intervención quirúrgica.
La segunda al fundar su recurso a fs. 535/537 vta., contestado a fs. 567/570, dice que no se ha probado que
la prótesis tuviera un defecto de fabricación y que no debe aplicarse la normativa de protección al consumidor
y, además, objeta la condena en costas.
La última, al expresar sus agravios a fs. 539/554 vta., respondidos a fs. 571/577, invoca la ausencia de culpa
y de relación causal, explica que no se ha probado que su asegurado rompió la aludida prótesis, cuestiona el
daño moral reconocido, los intereses fijados y su punto de partida.
A fs, 579 se declaró desierto el recurso interpuesto a fs. 515 por J. C. P. B..
III.- Ante todo, cabe aclarar que en razón de la fecha en la que tuvo lugar el hecho invocado como generador
de la deuda que se reclama, no corresponde la aplicación retroactiva del nuevo Código Civil y Comercial de la
Nación (cf. art. 7 del citado, similar al art. 3 del Código Civil).
Como he expresado en otras oportunidades, supuesta la cuestión de la autoría, el deber jurídico infringido por
un médico puede resultar de las propias convenciones contenidas en el contrato de asistencia médica o bien
tratarse simplemente del deber jurídico genérico no dañar (cf. Trigo Represas, Félix A., López Mesa, Marcelo
J., Tratado de la Responsabilidad Civil, Ed. La Ley, Buenos Aires, 2004, t. II, p. 354/355), que constituye un
principio -de rango constitucional- común a las órbitas de responsabilidad contractual y extracontractual (cf.
Fallos: 308:1118).
La culpa médica, como es sabido, consiste en la omisión de las diligencias exigidas por la naturaleza del
deber profesional asumido y que corresponde a las circunstancias de las personas, del tiempo y del lugar (art.
512 del Código Civil; art. 1724 del Código Civil y Comercial de la Nación) cuyo grado de responsabilidad ha de
estimarse por la condición especial del agente (art. 909 del Código Civil; art. 1725 del Código Civil y Comercial
de la Nación).
Para establecer tal culpabilidad uno de los elementos decisivos consiste en desentrañar si ha existido un
incumplimiento de las reglas del arte de curar (lexartis). Después de valorar en concreto la naturaleza de la
obligación y las circunstancias de personas, tiempo y lugar, el tipo de comparación será el de un profesional
prudente y diligente de la categoría o clase en que quepa encuadrar la conducta del deudor en cada caso
concreto (cf. Llambías, Jorge Joaquín, Tratado de Derecho Civil. Obligaciones, Ed. AbeledoPerrot, Buenos
Aires,1980, t. IV-B, p. 145, n° 2826; Bueres, Alberto J., Responsabilidad civil de los médicos, Ed. Hammurabi,
Buenos Aires, 1994, t. 2, p. 94 y ss.; Lorenzetti, Ricardo Luis, Responsabilidad civil de los médicos, Ed.
RubinzalCulzoni, Buenos Aires, 1997, t. I, p. 461 y ss.; Calvo Costa, Carlos Alberto, Daños ocasionados por la
prestación médico-asistencial, Ed. Hammurabi, Buenos Aires, 2007, p. 142 y ss.).
Conviene recordar que la obligación de los profesionales de la medicina en relación a su deber de prestación
de hacer es de medios, o sea de prudencia y diligencia, proporcionando al enfermo todos aquellos cuidados
que conforme a los conocimientos y a la práctica del arte de curar son conducentes a su curación, aunque no
puede ni debe asegurar este resultado, y al accionante le corresponde probar la existencia del daño cuya
reparación reclama, así como la antijuridicidad de la conducta del deudor, o sea la infracción contractual que
configura el incumplimiento, la relación causal adecuada entre el perjuicio y el incumplimiento y el factor de
imputabilidad que consiste en la culpa del infractor (Fallos: 327:3925; C.N.Civ., esta sala, L. 483.472, del
31/8/07; L. 493.836, del 7/11/08 y L. 513.585, del 6/4/09; ídem, sala K, L. 97.391, del 26/8/10; íd., sala L,
L.568.319, del 17/2/12).
Más allá de que se ha postulado que la obligación del cirujano que realiza una intervención estrictamente
plástica es de resultado (C.N.Civ., sala G, L. 259.255, del 19/3/99; ídem sala E, “V.,M.C. c/ B., P.C.”, del
25/10/12 y “L.,M.C. c/ D., M.M.” del 1873/13; ídem sala K, “C.T.A. c/ M.M.S.”, del 24/10/05 y “I.,E.C. c/ B.,
M.F.”, del 23/9/04; ídem sala D, “G. DE S. M., E. N. c/ M., E. E.”, del 20/11/14), también se ha considerado
que aun en tales cirugías existe un álea conforme la cual es posible que no se logre el resultado esperado
(CNCiv. sala B “A., L.B. c/ C., L.P.”, del 27/11/13), y deben analizarse y deslindarse los distintos factores que
coadyuvaron a que la práctica no fuera satisfactoria (sala G, L. 372.243, del 10/10/03), imponderables que
tornan incierto el resultado (sala G, L. 593.491, del 21/5/12), ya que la más inocente operación puede aparejar
consecuencias inesperadas (sala A, “L.S., S c/ O., E.”, del 11/5/11).
De todos modos, en el caso no es materia de controversia que la cirugía llevada a cabo era necesaria en
razón del encapsulamiento (grado IV en la escala de Baker) de prótesis mamaria que padecía la actora (fs.
351vta., 352 y 354) y por lo tanto encuadraba en una intervención reparadora, respecto de la cual no cabe
duda que se trataba de una obligación de medios.
En este sentido, como en la generalidad de los juicios sobre responsabilidad de los médicos, la prueba debe
versar sobre los actos u omisiones del profesional que demuestren una actividad negligente, imprudente, o la
falta de pericia necesaria, y no sólo el resultado negativo del tratamiento o de la intervención quirúrgica, pues
no queda comprometida la responsabilidad si la conducta considerada reprochable no está probada
suficientemente (Fallos: 322: 1393) y además, en caso de procedimientos clínicos discutibles u opinables -lo
que ni siquiera se ha probado en el presente- no cabe la censura ex post facto de la conducta profesional,
cuando se conocieron tardíamente la etiología, evolución y desenlace de la patología (Fallos: 322: 1393).
La actora ha expresado en el escrito de inicio que la mala praxis que le imputa al médico demandado consiste
en “1. El acto médico quirúrgico de reemplazo de prótesis efectuado con vicios que motivaron el derrame del
líquido –silicona- existente en su interior. 2. Ante los dolores y padecimientos de la paciente, el profesional
durante aproximadamente un año omitió darle asistencia médica a pesar de los requerimientos de la paciente”
(fs. 50).
A fin de verificar tales extremos en este tipo de pleitos, como no es difícil advertir, resulta decisiva la prueba
pericial médica, pues la apreciación de los hechos controvertidos -a la luz de la conducta debida- suele
requerir de conocimientos técnicos y científicos especiales (art. 457 del Código Procesal).
Lejos de haberse probado los transcriptos asertos, la perito médica ha destacado que el gel no se hallaba
diseminado por el tórax, sino que se encontraba dentro del bolsillo (fs. 350 vta. d). Asimismo, ha afirmado que
la reclamante ha sido correctamente atendida (fs. 354, resp. 3) y que el actuar del cirujano se ajustó al arte de
la cirugía plástica (fs. 318 vta., resp. 14). Y otro tanto cabe decir de la alegada falta de asistencia frente a los
dolores que presentaba la demandante (art. 377 del Código Procesal) sobre lo cual ya no se insiste en el
memorial.
Por otra parte la anemia no severa (fs. 351) verificada con posterioridad a la cirugía en agosto de 2009 (fs.
360 vta.) y remediada prontamente conforme explica la perito (fs. 317 vta.), no puede generar un deber de
responder en el galeno, no sólo por su relativa entidad y transitoriedad, sino porque no hay constancia de que
se hubiera producido alguna complicación quirúrgica (fs. 319), ni evidencia de una hemorragia postquirúrgica
grave más allá del drenaje habitual en este tipo de cirugía (fs. 351).
La experta ha señalado que la reclamante “solo presenta una leve asimetría de altura del complejo areola-
pezón” cuyas “secuelas actuales son tolerables sin necesidad de otro tratamiento” (fs. 354 vta./355). Además
de la leve entidad informada por la perito y de que no se ha acreditado la situación de hecho existente antes
de la intervención cuestionada, no le pueden ser imputadas a quien se ha considerado que se ha ajustado al
arte de la cirugía plástica.
La contractura capsular o encapsulamiento de prótesis ocurrido después de la intervención del médico
demandado tampoco le puede ser achacado, desde que se trata de la más frecuente de las complicaciones
que presenta esta cirugía (fs. 352) y, además, las pacientes que se someten a reoperaciones de implantes
mamarios sufren con mayor frecuencia encapsulamiento (fs. 352 vta.). Ella se ha operado cuatro veces desde
los dieciocho años y siempre ha hecho cápsula (fs. 354 vta.).
Este cúmulo de elementos me induce a postular el rechazo de los agravios de la actora.
IV.- Los condenados cuestionan que se haya reconocido una reparación por la rotura de la prótesis dentro del
cuerpo de la paciente.
Este último hecho no es materia de discusión.
Tal rotura post-implante no es frecuente y sí puede deberse, siempre siguiendo el dictamen de la perito, a
traumatismo grave o falla de la prótesis (fs. 351 vta. resp. 13). A falencias de fabricación (fs. 354 vta. resp.14).
La rotura espontánea de los implantes de mamas es muy rara (posiblemente solo se produce si hubiera algún
defecto de fabricación, a pesar de los estrictos controles de seguridad a los que son sometidas las prótesis),
puede ocurrir tras accidentes con traumatismos severos de tórax (fs. 352 vta. resp. 9). También puede haber
tenido lugar por maniobras realizadas durante el acto quirúrgico (fs. 354 vta. resp. 12).
El aludido traumatismo severo no ha sido probado en modo alguno, aunque tampoco una mala maniobra en la
cirugía o un defecto en la fabricación.
Ahora bien, coincido con la sentencia en cuanto a que al respecto resulta aplicable la normativa que protege
al usuario y consumidor (arts. 1, 3, 5, 37 y 40 de la ley 24.240), tanto respecto de la sociedad demandada
como del médico vendedor o proveedor directo de la prótesis (art. 22).
Aunque la aseguradora del galeno condenado no hace expresa cuestión al respecto, aclaro que no se trata de
soslayar la exclusión del segundo párrafo del art. 2 de la citada ley que hace referencia a los “servicios” de los
profesionales liberales, sino de advertir que lo que se trata en este punto no es la prestación de un servicio,
sino la venta o provisión de una cosa que ha provocado un daño. Y el criterio restrictivo con el cabe interpretar
la aludida excepción legal (cf. Fresneda Saieg, Frustagli, “Las prácticas abusivas en la ley de Defensa del
Consumidor: implicancias en orden a la responsabilidad del abogado”, en RCyS 2009-IX, 16; Messina de
Estrella Gutiérrez, “Todos somos pacientes”, en La Ley 2011-C, 683), duramente criticada por la doctrina
civilista (XV Jornadas Nacionales de Derecho Civil, comisión N° 3), abona aún más esta conclusión.
Como se ha expresado en un supuesto de hecho similar al presente, de la citada preceptiva se desprende
que en los casos de responsabilidad por productos el deber de reparar tiene naturaleza objetiva. La ley no
discrimina entre productor, fabricante, importador, distribuidor, proveedor o vendedor, siendo de igual
naturaleza para todos ellos el factor de atribución de responsabilidad. Así, el vendedor que contrata
directamente con el consumidor responde por vicio o riesgo, basándose su responsabilidad en la obligación
de garantía o seguridad que le impone la carga de preservar al consumidor final del producto. Y aún cuando
se argumente que es posible que el vendedor se exonere cuando el vicio de la cosa es exclusivamente de
fabricación o de una manipulación en la que no tuvo ninguna intervención, o porque le resultaba imposible
controlar la calidad del producto, lo cierto es que tales eximentes no surgen de la normativa legal en cuestión;
dispositivo que prescribe la responsabilidad sin atenuantes ante el consumidor. Es que las eventuales
acciones de regreso entre todos aquellos a los cuales la ley considera responsables, no es materia a
desentrañar en estos autos (cf. C.N.Civ., sala C, "L. L., M. Y. c. Medic S.A. y otros", del 26/08/08, Laleyonline).
En definitiva, el proveedor de una prótesis mamaria que ha provocado daños sólo podrá eximirse en el caso
probando la culpa de la víctima o el hecho de un tercero por el cual no deba responder; aunque desde luego
no podrá considerarse tercero al fabricante o cualquier otro que intervino en la cadena de comercialización del
producto (cf. Farina, Juan M., "Defensa del consumidor y del usuario", Ed. Astrea, Buenos Aires, 2004, págs.
456/459; Wajntraub, Javier H., "Protección jurídica del consumidor", Ed. Depalma, Buenos Aires, 2004, págs.
219/227, citados en C.N.Civ., sala B, “F., F. A. c. M.S.A.”, del 12/11/2009).
Por ende, propongo la confirmación de la responsabilidad asignada en el pronunciamiento, en virtud de la cual
la totalidad de su monto podrá ser reclamado a cualquiera de los condenados, sin perjuicio de dejar
establecido –frente al pedido de discriminación efectuado por la aseguradora sin propiciar porcentaje alguno-
que tal responsabilidad les corresponde por parte iguales.
V.- En lo atinente a la reparación del daño moral -prevista en los aplicables arts. 522 y 1078 del Código Civil y
en el art. 1741 del Código Civil y Comercial de la Nación- sabido es que está dirigida a compensar los
padecimientos, molestias e inseguridades, únicamente desde el plano espiritual, cobrando especial
importancia la índole de las lesiones y el grado de menoscabo que dejaren, para mostrar en qué medida ha
quedado afectada la personalidad y el sentimiento de autovaloración.
El detrimento de índole espiritual debe tenerse por configurado por la sola producción del episodio dañoso, ya
que se presume -por la índole de la agresión padecida- la inevitable lesión de los sentimientos del
demandante y, aun cuando el dolor no puede medirse o tasarse, ello no impide justipreciar la satisfacción que
procede para resarcir -dentro de lo humanamente posible- las angustias, inquietudes, miedos, padecimientos
y tristeza propios de la situación vivida por la actora, teniendo en cuenta la índole del hecho generador de la
responsabilidad y la entidad del sufrimiento causado, que no tiene necesariamente que guardar relación con
el daño material, pues no se trata de un daño accesorio a éste (cf. Fallos: 334:1821; 332:2159; 330:563, entre
otros).
Bajo tales premisas, valorando las aludidas condiciones personales y sociales de la demandante y reparando
en que no puede dudarse de la existencia de un padecimiento espiritual provocado por la rotura de la prótesis
dentro del cuerpo, estimo que cabe confirmar la suma establecida.
VI.- Respecto de la tasa de interés a aplicar en autos, la sentencia decidió que debían liquidarse en la forma
establecida por el plenario “Samudio de Martínez, Ladislaa c/ Transportes Doscientos Setenta S.A. s/ daños y
perjuicios”, del 11 de noviembre de 2008, sin que se advierta que los montos fijados lo hayan sido a valores
actuales como aduce la demandada en su memorial, por lo que propicio el rechazo de las quejas formuladas
al respecto.
La decisión que postulo no se contrapone con la que surge de aplicar la normativa del Código Civil y
Comercial de la Nación (art. 768), que si bien no contempla en su letra la facultad judicial de fijar intereses,
debe de ser integrada con los arts. 767 y 1748 (cf. art. 2 del mismo cuerpo legal) y con el deber de los jueces
de resolver -con razonable fundamento- los asuntos que les sean sometidos a su jurisdicción (art. 3 del nuevo
código de fondo y art. 163, inc. 6, del Código Procesal), conforme con la idea de contar con
“mayor flexibilidad a fin de adoptar la solución más justa para el caso” (cf. Fundamentos del Anteproyecto).
En lo que atañe a su punto de partida, en un renovado examen de la cuestión, tal como lo ha decidido la sala
en “G., S.N. c/ Instituto Cardiovascular de Buenos Aires” del 25/11/15, estimo que en casos de
responsabilidad médica como el presente deben computarse desde que aconteció el perjuicio.
Como la interpelación no es un acto ritual sino una manifestación de voluntad plena de significado substancial
en las relaciones de las partes, cuando el cumplimiento del deudor ha dejado de ser posible sería absurdo
supeditar la responsabilidad del deudor a la exigencia de un pago ya imposible (cf. Llambías, Tratado de
Derecho Civil, Obligaciones, Editorial Perrot, Buenos Aires, 1983, t. I, p. 160; Alterini, Ameal, López Cabana,
Derecho de Obligaciones, Ed. AbeledoPerrot, Buenos Aires, p. 174). Por ello, cuando como en el caso se trata
de una obligación incumplida en forma definitiva, no es necesaria la previa intimación y los réditos deben
comenzar su curso desde el momento mismo del hecho generador (cf. C.N.Civ., sala E, L. 552.566, del
11/8/10 Ottone, Alicia Rosa c. Federación de Círculos Católicos de Obreros y otros s/daños y perjuicios”, del
19/03/2013, en DJ 05/06/2013 , 89 y “S.,C.I. c/ SPM”, del 8/6/15; ídem, sala F, “C. L. A. c. P. L. C. A. y otros s/
daños y perjuicios”, del 27/02/2014, en DJ 18/06/2014 , 86).
Además, no puedo soslayar que el criterio que distingue el inicio del cálculo de los accesorios según la
responsabilidad médica sea contractual o extracontractual puede dar lugar a soluciones inequitativas frente a
un mismo hecho (ver C.N.Civ., sala A, “C., J. L. c. D. S., J. A. y otros s/ daños y perjuicios”, del 09/05/2014,
voto del Dr. Picasso, RCyS 2014-X , 71).
El punto de partida del cómputo de los intereses debe efectuarse desde el momento en que tuvo lugar el obrar
antijurídico de los demandados, si las consecuencias dañosas se produjeron en forma coetánea con el hecho
ilícito motivo de la litis por la existencia de una mala praxis médica (C.N.Civ., sala H, “G. de F., Z. E. c.
Hospital Militar Central Dr. Cosme Argerich y otros”, del 28/12/2012, en JA 2013-II , 669 y “Riveras Lorena
Carla c. Clínica Morano y otros”, del 09/12/2009, en La Ley Online AR/JUR/63538/2009; ídem, sala J,
“Dulemba, Patricio Alfredo c. Centro Médico Fitz Roy y otros s/daños y perjuicios”, del 11/10/2012, en La Ley
Online AR/JUR/55850/2012; íd., sala M, “Wetzler, Natalia R. c/ Obra Social del Personal Civil de la Nación”,
del 18/12/12).
Este criterio, por otra parte, ha sido seguido por Corte Suprema en los casos de responsabilidad médica
(Fallos: 324:2984; 322:1393) y es el que prescribe el actual art. 1748 del Código Civil y Comercial de la
Nación.
Consecuentemente, propicio desestimar los agravios expresados sobre el punto.
VII.- En relación con las costas cuya adecuación al principio de “vencimiento parcial y mutuo” se pretende, al
requerir que se tengan en cuenta los aspectos y montos en definitiva no admitidos, he de recordar que en los
procesos de daños y perjuicios deben imponerse al vencido aun cuando no hayan prosperado todos los
rubros pretendidos por la actora, atento al principio de reparación integral y a la naturaleza resarcitoria que
revisten estos gastos, como parte integrante de la indemnización, sin que obste a ello la demasía en la
pretensión esgrimida, pues fue la actitud de la parte demandada la que hizo necesario tramitar el pleito.
De admitirse una solución contraria, el derecho que la sentencia reconoce a la demandante quedaría
menoscabado con infracción del fundamento mismo de la institución de las costas (cf. C.N.Civ., sala H, “Fiore
de Genovese, María c. Natural Foods Industria Exportadora S.A. y otro”, del 17/12/02, en La Ley 2003-B, 198;
íd., esta sala L. 469.367, del 20/2/07 y L. 489.020, del 27/12/07, entre muchos otros), máxime cuando no se
puede considerar configurado un supuesto de una pluspetición inexcusable desde que la demandada no
aceptó deber suma alguna, sino que pidió el rechazo de la demanda (cf. C.N.Civ., esta sala, L. 423.485, del
13/2/07).
De allí que postule el rechazo de los agravios vertidos sobre este tópico.
VIII.- En mérito de lo expuesto, después de haber examinado las argumentaciones y pruebas conducentes,
propongo al acuerdo confirmar el pronunciamiento apelado con la aclaración expresada en el apartado IV, con
costas de alzada en el orden causado en atención al resultado de los recursos (art. 68 del Código Procesal).
Los Señores Jueces de Cámara Doctores Beatriz Areán y Carlos Alfredo Bellucci votaron en el mismo sentido
por razones análogas a las expresadas en su voto por el Doctor Carranza Casares. Con lo que terminó el
acto.
Buenos Aires, 30 de noviembre de 2015.-
Y VISTOS:
Por lo que resulta de la votación de que instruye el acuerdo que antecede, SE RESUELVE: I.- Confirmar
pronunciamiento apelado con la aclaración expresada en el apartado IV, con costas de alzada en el orden
causado. II. Se deja constancia de que la publicación de esta sentencia se encuentra sujeta a lo establecido
por el art. 164, segundo párrafo, del Código Procesal. Regístrese, notifíquese al domicilio electrónico
denunciado, conforme lo dispone la ley 26.685 y acordadas 31/11 y 38/13 de la CSJN, oportunamente
cúmplase con la acordada 24/13 de la Corte Suprema de la Nación.
Fdo.: CARLOS A. CARRANZA CASARES - BEATRIZ AREAN - CARLOS A. BELLUCCI
Citar: elDial.com - AA944D
Publicado el 10/02/2016
6)
Expte. 94.825-06 - “CH. L. A. c/ C. del L. S.A. y Otros s/ daños y perjuicios” – CNCIV – SALA E –
26/10/2015
// nos Aires, Capital de la República Argentina, a los veintiséis días del mes de octubre de dos mil quince,
reunidos en Acuerdo los Señores Jueces de la Excma. Cámara Nacional de Apelaciones en lo Civil, Sala “E”,
para conocer en el recurso interpuesto en los autos caratulados: “CH. L. A. C/ C. DEL L. S.A. Y OTROS S/
DAÑOS Y PERJUICIOS”, respecto de la sentencia corriente a fs. 669, el Tribunal estableció la siguiente
cuestión a resolver:¿Es arreglada a derecho la sentencia apelada? Practicado el sorteo resultó que la
votación debía efectuarse en el siguiente orden: Señores Jueces de Cámara Doctores CALATAYUD.
RACIMO. DUPUIS.
El Señor Juez de Cámara Doctor CALATAYUD dijo:
1.- En la sentencia de fs. 669/71, el juez de la causa admitió las defensas de falta de legitimación que
opusieran los codemandados G. A. D. y la C. del L. S.R.L. y, tras analizar los testimonios de L. A. A., D. A.. P.
y R. O. F., así como también las constancias de la causa penal n° 60.405, de la que surgía que el actor había
ingresado a la guardia del Hospital Pirovano en estado alcoholizado, consideró que en la emergencia había
existido culpa exclusiva de la víctima en el evento dañoso del cual el actor resultó lesionado, por lo que
rechazó la demanda que había instaurado, con costas a su cargo.Contra dicha decisión se alza el perdedor,
quien cuestiona la responsabilidad que se le imputara e, igualmente, la admisión de las excepciones
articuladas, de manera que peticiona la revocatoria del fallo y reclama se declare procedente la demanda
instaurada, con costas (ver escrito de fs. 728/31, respondido a fs. 733/35).
2.-Por una mera cuestión de metodología analizaré en primer término lo relativo a la responsabilidad en el
accidente sufrido, para luego y en su caso, hacer lo propio con las excepciones de falta de legitimación pasiva
para obrar.El 22 de diciembre de 2004, en horas de la madrugada, el actor regresaba caminando por la
avenida del Libertador, entre las calles Juramento y Echeverría, junto a amigos -entre ellos R. O. F. y
M. C. S. F. - rumbo a su domicilio y según relata, el primero ante el pedido de la segunda, le arrojó un
paquete de cigarrillos que no pudo ser atrapado y fue a parar a un jardincito que se encontraba frente
al n° 5962 de la citada avenida que ocupaba la empresa M. S.A.. A raíz de ello, quiso recuperar el
paquete e ingresó al lugar y cuando dio unos pasos pisó una claraboya que se rompió provocando su
caída al subsuelo, lesionándose seriamente. Tras diversas alternativas, fue rescatado por los
bomberos y trasladado al Hospital Pirovano, donde se comprobó la fractura proximal del fémur
derecho, lesión de la que fue intervenido quirúrgicamente.Acerca de la forma como sucediera el
accidente, declaró en primer término el aludido P. (fs. 273/76), quien conoce a D. por trabajar con él en la
clínica L.. Asevera que el día del accidente trabajaba en el inmueble como sereno nocturno cuando
encontrándose en el hall y mirando hacia el exterior vio un grupo de 10 o 15 chicos que venían un poco
alterados, saltando y haciendo ruido. Ingresaron a un cantero existente en el frente y golpeaban los vidrios.
“Yo intenté calmarlos cuando de repente un chico salta sobre una claraboya y pasa para abajo. En ese
momento fueron a la puerta de la clínica y empezaron a golpear y tocar el timbre, por el chico que había caído
porque querían sacarlo, les dije que esperaran que yo lo iba a buscar y cuando bajé vi que no se podía ni
mover. Entonces me pidieron de entrar para acompañarlo lo cual dejé pasar una chica…”. Refiere que llamó
una ambulancia y lo revisó una doctora que a su vez llamó a los bomberos para que lo pudieran sacar.
Después del suceso, colocaron un chapón al agujero. Dice que la claraboya era de acrílico, “panseada” para
arriba, y la superficie donde estaba ubicada era un cantero con tierra y plantas, que respecto al nivel de la
vereda se encontraba aproximadamente a una altura de 25 o 30 cms.
También declaró el amigo que acompañaba al demandante, el citado F. (fs. 299/304), quien señala que le tiró
a éste unos cigarrillos que cayeron en el cantero de la clínica, que no era muy alto respecto de la vereda, más
o menos a la altura de los tobillos y que no se encontraba cercado. “No se veía mucho porque tenía el pasto
bastante largo. L. se acercó a buscar los cigarrillos y después no lo vi más. No me había percatado de que se
había caído. Cuando me acerco miro para abajo y él estaba en shock. Veo sangre y no me escuchaba”.
Mandó a la chica que los acompañaba a buscar ayuda para ver si les podían abrir para ayudar a su amigo.
Asegura que estuvo un buen rato insistiendo porque aparentemente no había nadie, y al tiempo apareció una
persona de seguridad, que lo dejó pasar y el testigo se quedó solo con el actor que tenía una pierna
quebrada, “era como una fractura expuesta”, por lo que se sacó la remera para pararle la hemorragia y se
quedó hasta que vino una ambulancia o la policía. Pasó un buen rato hasta que los bomberos médicos lo
subieron por una escalera de caracol hasta la ambulancia, pues no había ascensores. Describe la claraboya
como “de plástico, pero no muy grueso. Era de un material opaco”, blanca pero no traslúcida, de forma
cuadrada y parabólica, aunque la superficie no se distinguía mucho. Recuerda sólo una claraboya porque no
pudo apreciar más dado que el pasto estaba muy alto.Existen notorias diferencias entre uno y otro testimonio,
debidas seguramente a la intención de los deponentes de favorecer la postura de las partes proponentes,
sobre todo frente a lo declarado por L. A. A. (fs. 277/79), único testigo presencial que no tiene ninguna
relación con ellas y que circunstancialmente pasaba por el lugar tras asistir a una fiesta con amigos. Al
finalizar el festejo, a eso de las cinco o cinco y media, caminaba atrás de un grupo de seis o siete jóvenes que
iban a los gritos, empujándose entre ellos, exaltados, como una especie de juego. Refiere que ellos lo hacían
unos 50 metros adelante, “…jugando, saltando, traspusieron la línea municipal y comenzaron a golpear los
vidrios con intenciones de entrar o no se. Lo que recuerdo que del lado de adentro de la clínica había un
muchacho que les hacía seña, que les decía que no lo hicieran. Yo en ese momento ya estaba a la misma
altura que ellos pero del lado del cordón viendo a ver que pasaba. Creo que había una chica en ese momento.
Había dos que saltaban entre la línea municipal y los vidrios de la clínica y ahí escuché “uy se cayó”. No se
que pasó, en un momento el chico que estaba dentro desapareció y supongo que habría ido a llamar a una
ambulancia porque apareció al rato y lo que no se porque motivo la ambulancia no lo saco y al ratito llegaron
los bomberos”. La curiosidad lo llevó a ver por qué el chico se había caído y comprobó que había un tragaluz,
seguramente de acrílico, que se había roto al saltar el joven. Preguntado para que describa el lugar donde
estaba la claraboya, responde: “Por lo que yo recuerdo sobre la línea municipal tenía un murete. Un murete es
un muro bajito. La gente se podía sentar. Me parece que era de ladrillo a la vista. Después había un poco de
pasto. Estaban los dos huecos rectangulares, de un metro por setenta o algo así y desde el murete hasta la
clínica, debe haber unos dos metros o un poco más quizás. El murete es una parecita baja, que en muchas
casas hay”. Los huecos estaban recubiertos de acrílico especial, “que no resiste el salto de una persona o la
caída de un objeto contundente”, y los conoce porque en una época él los construía. Generalmente tienen una
forma abovedada, que es lo que las hace resistente. Este testimonio, a mi juicio, es el que debe prevalecer
sobre los otros dos, porque se trata de una persona -como dijera- ajena totalmente a las partes interesadas y,
por ende, que depone sobre los hechos en forma objetiva y clara, sobre cuya presencia en el lugar y en el
momento de los hechos no cabe poner en duda, frente a la declaración de un dependiente de la demandada y
de un amigo de la víctima (arts. 386 y 456 del Código Procesal).
Así las cosas, cabe concluir que el accidente ocurrió cuando un grupo de muchachos que volvían de un pool,
jaraneando, gritando y empujándose, cruzaron la línea municipal de edificación, dos de ellos -uno de los
cuales era Ch.- ingresaron en el cantero existente frente al inmueble para lo cual traspusieron un borde hecho
de ladrillos y de poca altura (ver fotografías de fs. 7,8 y 11), golpeando los vidrios de la clínica y saltando, lo
que produjo la rotura de una de las claraboyas allí ubicadas y la posterior caída al vacío de aquél. Es
evidente, entonces, que hubo una conducta claramente desaprensiva y negligente en su actuar, al haber
invadido un sector privado no destinado al paso de los peatones sin que conste acreditada una justificación
razonable.Según el informe del ingeniero N. J. T. -designado perito de oficio por el juzgado, con la
imparcialidad que el origen de su nombramiento permite presuponer-, de acuerdo a planos las claraboyas se
apoyan en una superficie aproximadamente a 40 cms. por debajo del nivel de la vereda y separadas 1 metro
de la línea municipal de edificación, siendo que la parte superior de la cúpula se encontraba prácticamente a
nivel de la vereda, ya que se eleva unos 40 cms. sobre el piso en que estaba colocada. Asegura que el
material de construcción de la claraboya es importante por razones de seguridad y confiabilidad, en tanto su
cúpula, pese a no ser una superficie de tránsito, tendría que tener dimensiones y resistencia estructural
capaces de soportar una sobrecarga de 200 kg/m2. Desde la línea municipal se desciende a un cantero o
patio inglés por un pequeño terraplén, donde estaban ubicadas las tres claraboyas -dos grandes y una más
pequeña- que sirven de iluminación al subsuelo, donde se encuentra un quirófano, radiología y un sector de
descanso para los médicos. Pese a no tratarse de un lugar de tránsito para personas, ellas deben reunir las
condiciones de seguridad referidas, aunque desconoce la resistencia estructural que tenían las allí existentes
(ver fs. 347).Más adelante, al responder al pedido de explicaciones y observaciones formuladas por la
demandada, afirma que en la fachada no existen barreras, ni vallas de contención, ni otro tipo de separación
del cantero donde se encontraban las claraboyas de los transeúntes que caminan por la vereda y, si bien no
están colocadas en lugar donde puedan transitar las personas, deben guardar las medidas de seguridad
antes aludidas dado que pueden pasar sobre ellas las personas que realizan tareas de mantenimiento y
refacciones (ver fs. 358).
A la luz del resultado de esta prueba pericial -cuyas conclusiones deben ser aceptadas como elemento hábil
de convicción frente a la carencia de otros de similar o mayor valor probatorio (arts. 386 y 477 del Código
Procesal; ver Palacio, Derecho Procesal Civil, t. IV pág. 720)-, cabe tener igualmente por debidamente
acreditado que también existe responsabilidad en el accidente de parte de la propietaria del inmueble, porque
debe concluirse que la claraboya sobre la que saltó Ch., que se rompió y provocó su caída al vacío, no
cumplía las condiciones de seguridad que debía tener y a las que aludió el ingeniero T., sin que tenga
relevancia, a mi juicio, el hecho de que estuviesen ubicadas en lugar no destinado al tránsito de personas,
toda vez que lo estaban en un sitio al que fácilmente éstas pueden acceder sin grandes dificultades. Es que,
si hubieran estado fabricadas con la resistencia que deben tener, el accidente no se hubiera producido.
Tampoco puede tener mayor importancia que al ingreso al Hospital Pirovano se haya dejado constancia de
que Ch. lo hizo en estado “alcoholizado” (ver fs. 35 de la causa penal agregada por cuerda), habida cuenta
que, además de no constar el grado de alcoholización que presentaba, ello no tuvo incidencia en el evento
dañoso sufrido, el que se produjo principalmente por el estado deficiente de la cúpula de la claraboya en
cuestión. Por consiguiente, es mi convicción que ha existido una responsabilidad compartida entre ambos
protagonistas del episodio y, como en la especie no consta fehacientemente la incidencia causal de la
conducta de los responsables ni la medida del daño atribuible a cada uno, la asignación debe hacerse por
partes iguales. Al respecto, es doctrina de la Sala que, mediando pluralidad de culpas, los agentes tienen que
compartir el peso del daño en la medida en que cada cual contribuyó a causarlo; que, si no hay diferencia en
la incidencia causal de una y otra culpa, es menester graduar la responsabilidad atendiendo a la gravedad de
aquéllas y, si tampoco hubiere en ello diferencia, la discriminación debe ser paritaria (conf. votos del Dr. Mirás,
en L.L. 2000-F, 878 y en causas 87.089 del 24-4-91 y 213.008 del 30-4-97 y mis votos en causas 192.224 del
17-5-96 y 337.938 del 5-2-02; ver también Llambías, Tratado de Derecho Civil - Obligaciones, 2a. ed., t. III
págs. 724 a 728, letras c a f y nota 242; Kemelmajer de Carlucci en Belluscio, Código Civil y leyes
complementarias comentado, anotado y concordado, t. 5 págs. 399 y 400, letra e del n° 10 y nos. 11 y 12).
3.- Para argumentar acerca de la procedencia de la defensa de falta de legitimación opuesta por D., el
magistrado aseveró que el propio actor había admitido que no era titular de dominio del inmueble en cuestión.
Ello surge debidamente acreditado a través del informe del Registro de la Propiedad de fs. 170/74, por lo que
la confirmatoria de la decisión resulta incontrovertible, en tanto que la circunstancia de que aquél se haya
presentado en la causa penal como apoderado de la Clínica del Libertador y que en el bien tuviese instalado
su consultorio particular (ver fs. 3 del expediente penal), no puede alterar dicha conclusión desde que el
mandatario no responde, en principio, por los actos celebrados en nombre de su mandante (arts. 1946 y 1947
del Código Civil).Y, para desechar la articulada por C. del L. SRL, se basó el a quo en que dicha razón social
no explotaba comercialmente el inmueble a la fecha del accidente (22-12-04), lo que así resultaba de la
pericia contable realizada en este proceso (ver fs. 218/19), circunstancia que, por lo demás, se encuentra
debidamente comprobada a través de la declaración testimonial de C. La R. (fs. 265/66) y M. P. (fs. 269/70) y
el informe del Ministerio de Salud (ver fs. 205/12). El quejoso insiste en el reconocimiento efectuado por D. a
fs. 3 de la causa penal y sostiene que esa admisión importa conceder que es el “dueño y guardián” de la cosa.
Discrepo con esa afirmación, toda vez que -reitero- él refiere ser simplemente apoderado de la clínica, en la
que funciona su “consultorio privado”, es decir, ni propietario de ella ni guardián del bien, de manera que, ante
la liviandad argumental del memorial de agravios, no cabe sino desechar las quejas vertidas.En lo relativo a la
crítica respecto de la condena en costas por la incidencia derivada de los planteos, si bien reiteradamente se
ha decidido que ellas no importan una sanción para el perdedor, sino tan sólo el resarcimiento de los gastos
que su contrario se ha visto obligado a afrontar con el objeto de asumir su defensa en el proceso (ver
Colombo, Código Procesal Civil y Comercial de la Nación anotado y comentado, 4a. ed., t. I pág. 164, nota
278; Sala “A” en L.L. 1978-D, 857 y E.D. 80-479; Sala “D” en E.D. 87-611; esta Sala en L.L. 1987-B, 433),
también es criterio aceptado que la eximición que autoriza el art. 68 del Código Procesal procede, en general,
cuando media “razón fundada para litigar”, expresión ésta que contempla aquellos supuestos en que, por las
particularidades del caso, cabe considerar que el vencido actuó sobre la base de una convicción razonable
acerca del derecho invocado en el litigio (ver Palacio, Derecho Procesal Civil, t. III pág. 373 nº 313 ap. 8;
Colombo, op. y loc. cits., pág. 165; CNCiv. esta Sala, fallo citado precedentemente).
Pues bien, en el particular caso de autos considero que se dan ciertas características que tornan viable la
crítica, a poco que se repare que D. declaró -junto al otro titular de dominio- que actuaba como gestor de
negocios para C. del L. S.A. (e.f.) y que, con posterioridad, ambos vendieron una mitad indivisa a C. P. S.A. y
la otra a C. P. S.A., ambas integradas por aquél como socio, al igual que C. del L. SRL, por lo que las costas
derivadas del rechazo de las defensas deberán ser distribuidas en el orden causado, lo que así propicio.
4.- Resta analizar la cuestión relacionada con las partidas indemnizatorias reclamadas y su entidad
económica: a) incapacidad física sobreviniente, $ 105.000; b) psíquica, $ 35.000; c) daño moral, $ 25.000;
gastos médicos, farmacéuticos y de traslado, $ 5.000; d) tratamientos traumatológico y psicoterapéutico que
deberá continuar, $ 10.000.
Antes de proceder al examen de las cuestiones referidas, quiero destacar que en el particular caso de autos el
examen de los daños lo haré conforme las normas jurídicas vigentes a la época del hecho antijurídico (ver
Kemelmajer de Carlucci, La aplicación del Código Civil y Comercial a la relaciones y situaciones jurídicas
existentes, Rubinzal-Culzoni editores, pág. 100 n° 48; Dell’Orefice, Carolina y Prat, Hernán V., La aplicación
del nuevo Código Civil y Comercial de la Nación y el derecho transitorio, Revista Código Civil y Comercial, ed.
Thomson Reuters La Ley, año 1 n° 1, julio 2015, pág. 19, en especial, pág. 27, capítulo VI letra d; Lavalle
Cobo en Belluscio, op. cit., t. 1 pág. 28 n° 12, letra b).
a) Incapacidad sobreviniente.Sabido es que ella abarca cualquier disminución física o psíquica que afecte
tanto la capacidad laborativa del individuo, como aquélla que se traduce en un menoscabo en cualquier tipo
de actividad que desarrollaba con la debida amplitud y libertad (conf. Kemelmajer de Carlucci en Belluscio, op.
cit., t. 5 pág. 219 nº 13; CNCiv. esta Sala, causas 24.116 del 20-10-86, 43.169 del 18-4-89 y 66.946 del 18-5-
90, entre muchas otras).Es que -conforme principio reconocido-, la integridad corporal de la persona tiene, por
lo común, un valor económico instrumental, como capital destinado a ser fuente de beneficios, tanto
económicos como de otra índole. Por ello, su afectación se proyecta necesariamente al futuro, cercenando o
menoscabando probabilidades de desenvolvimiento, éxito e inserción en el mundo de relación (conf. Zavala
de González, Daños a las personas - Integridad sicofísica, t. 2a pág. 41; CNCiv. esta Sala, causa 124.883 del
22-3-93).El perito médico designado de oficio, Dr. R. H. V., informó que Ch. había sufrido en la caída la
fractura de la cadera derecha, siendo que de la historia clínica del Hospital Francés surgía que se le
había practicado una tracción esquelética y posteriormente una intervención quirúrgica de
osteosíntesis, colocándosele una clavo endomedular con dos tornillos. Fue dado de alta el 11-1-05,
continuando con kinesiología por espacio de tres meses. El 7-4-05 es operado nuevamente para el
retiro del cerrojo distal, estimando un plazo de recuperación de unos ocho meses. Presenta en la
actualidad una diferencia de longitud de ambos miembros inferiores, con aumento del derecho de 1,5
cms. La movilidad de la cadera muestra una mínima limitación para la rotación interna de
aproximadamente 5° y la externa de unos 15°. Calcula que la incapacidad física, parcial y permanente,
es del 30% (ver fs. 464/65).
Con posterioridad y ante las observaciones del actor y de la demandada, a fs. 478, el profesional
asevera que el damnificado deberá someterse a una nueva intervención quirúrgica para el retiro del
material de osteosíntesis, pudiendo estimar el costo total -con rehabilitación incluida-
aproximadamente en $ 25.000, mientras que a fs. 484/86 explica qué tipo de fractura padeció y reafirma
las limitaciones descriptas.
En el aspecto psíquico, se pronunció el licenciado E. V., también designado de oficio por el juzgado,
quien refiere que el entrevistado posee una patología pre-existente que encuadra en el baremo de los
Dres. Castex y Silva como “otras formas de neurosis”, de grado moderado y una incapacidad, parcial
y permanente, que puede estimarse en un 15%, aunque al accidente sólo le es atribuible un 8%.
Sugiere la realización de un tratamiento de una duración de un año y una frecuencia semanal, a un
costo de $ 90 cada una (ver fs. 318/23). A fs. 500/01, responde a las objeciones formuladas por la
demandada, ratificando sus conclusiones.
Acerca de la cuestión, esta Sala tiene decidido que, si bien el perito es un auxiliar de la justicia y su misión
consiste en contribuir a formar la convicción del juzgador, razón por la cual el dictamen no tiene, en principio,
efecto vinculante para él (art. 477 del Código Procesal; CNCiv. esta Sala, en E.D. 89-495 y sus citas), la
circunstancia de que el dictamen no obligue al juez -salvo en los casos en que así lo exige la ley-, no importa
que éste pueda apartarse arbitrariamente de la opinión fundada del perito idóneo, en tanto la desestimación
de sus conclusiones ha de ser razonable y fundada (conf. fallo citado y votos del Dr. Mirás en causas 34.389
del 9-2-88 y 188.579 del 26-3-96 y, en el mismo sentido, CNCiv. Sala “D” en E.D. 6-300; Colombo, op. y loc.
cits., t. I pág. 717 y nota 551).
En forma congruente, ha adherido a la doctrina según la cual aun cuando las normas procesales no acuerdan
al dictamen pericial el carácter de prueba legal, cuando el informe comporta -como en el caso- la apreciación
específica en el campo del saber del perito -conocimiento éste ajeno al hombre de derecho-, para desvirtuarlo
es imprescindible contar con elementos de juicio que permitan concluir fehacientemente en el error o el
inadecuado uso que el experto hubiese hecho de sus conocimientos técnicos o científicos, de los que por su
profesión o título habilitante ha de suponérselo dotado (conf., entre muchas otras, causas 21.064 del 15-8-86,
11.800 del 14-10-85, 32.091 del 18-12-87, 131.829 del 29-7-93 y 169.102 del 6-6-95).
Por consiguiente, para que las observaciones que pudiesen formular las partes puedan tener favorable
acogida, es menester aportar al expediente probanzas de similar o mayor rigor técnico o científico que
desmerezcan las conclusiones alcanzadas en el peritaje (conf. arts. 386 y 477 del Código Procesal; Palacio,
Derecho Procesal Civil, t. IV pág. 720; CNCiv. Sala “C” en L.L. 1992-A, 425; Sala “H” en L.L. 1997-E, 1009 n°
39.780-S), pruebas que no fueron incorporadas al proceso, de manera que corresponde atenerse a los
dictámenes analizados.
Ahora bien, para fijar el quántum de esta partida es necesario atender a la naturaleza de las lesiones sufridas,
así como también a la edad del damnificado, su estado civil y demás condiciones personales, cómo habrán
aquéllas de influir negativamente en sus posibilidades de vida futura e, igualmente, la específica disminución
de sus aptitudes laborales (conf. Kemelmajer de Carlucci en Belluscio, op. y loc. cits., pág. 220 y citas de la
nota 87; Llambías, op. cit., t. IV-A pág. 120; CNCiv. Sala “F” en E.D. 105-452; íd., en E.D. 102-330; esta Sala,
causas anteriormente citadas).
Así las cosas, habida cuenta la importancia de las lesiones y sus secuelas, edad del damnificado a la época
del accidente (19 años), su estado civil (soltero), considero equitativo fijar en concepto de incapacidad
sobreviniente, comprensiva de la física y la psíquica, en la suma actual de $ 130.000, de la cual la demandada
deberá afrontar solamente $ 65.000, atento lo propiciado con relación a la responsabilidad compartida.
b) Daño moral.
Es criterio uniforme aquel que ha establecido que, estando en presencia de un supuesto de responsabilidad
extracontractual -como lo es el caso de autos-, no cabe requerir la prueba específica de su existencia,
debiendo tenérselo por configurado por el solo hecho de la acción antijurídica (conf. Orgaz, El daño resarcible
[Actos ilícitos], 3a. ed., pág. 216 nº 66; CNCiv. Sala “A” en E.D. 67-353; Sala “D” en E.D. 75-306; Sala “F” en
E.D. 92-365; esta Sala, causas 285.983 del 9-5-83, 5.219 del 3-5-84 y 90.799 del 17-6-91).Ello establecido,
sabido es que se entiende por daño moral cualquier lesión a los sentimientos o afecciones legítimas de una
persona, o cuando se le ocasionan perjuicios que se traducen en padecimientos físicos o, en fin, cuando de
una manera u otra se han perturbado la tranquilidad y el ritmo normal de vida del damnificado (conf. CNCiv.
Sala “D” en E.D. 61-779; íd., en E.D. 69-377; Sala “F” en E.D. 42-311; íd., en E.D. 53-350; Sala “G” en E.D.
100-300; esta Sala, causas 502 del 26-12-83 y 66.984 del 30-5-90).Para fijar su cuantía, diversos precedentes
han señalado que deben ponderarse diversos factores, entre los que merecen ser citados, a modo de
ejemplo, la gravedad de la culpa del autor del hecho, la existencia y cuantía de los perjuicios materiales, las
condiciones personales de aquél y las de la víctima, etc., factores todos que quedan librados al prudente
arbitrio judicial (conf. CNCiv. Sala “B” en E.D. 57-455; Sala “D” en E.D. 43-740; esta Sala, causas 19.073 del
13-3-86 y 124.140 del 16-11-94).Así las cosas, habida cuenta la forma como sucediera el accidente, la
entidad de las lesiones y sus secuelas, condiciones personales del damnificado, aspecto estético y funcional
derivado de la diferencia de longitud de los miembros inferiores y demás antecedentes de autos, considero
justo proponer se fije por este concepto la suma de $ 50.000 a valores actuales, de las que la demandada
deberá responder solamente por el cincuenta por ciento, es decir, $ 25.000.
c) Gastos médicos, farmacéuticos y de traslado.
Es doctrina de la Sala que tales erogaciones no requieren prueba documental, debiendo ser admitidos
siempre que resulten verosímiles en relación con las lesiones provocadas por el evento dañoso (conf. mi votos
en causas 157.723 del 1-3-96 y 204.192 del 23-12-96; voto del Dr. Mirás en causa 69.534 del 13-7-90; votos
del Dr. Dupuis en causas 44.825 del 2-5-89 y 138.134 del 3-2-95, entre muchas otras).
No obsta a la admisión de la partida la pertenencia de la víctima a una obra social, adhesión a un sistema de
salud pre-pago o su atención en hospital público, pues existe siempre una serie de gastos que se encuentra a
cargo de los afiliados o parientes y que aquellos no cubren, sin perjuicio de que, cuando existe total o parcial
orfandad de prueba documental, en el monto a fijarse deben ser consideradas tales circunstancias (conf. esta
Sala, causas 107.157 del 30-4-92, 113.652 del 24-8-92, 127.547 del 19-4-93, 119.174 del 15-12-92, 146.808
del 18-5-94, 154.150 del 6-10-94 y 164.495 del 23-3-95; Sala "M", causa 61.766 del 27-3-91; Sala "C", causa
129.891 del 2-11-93).
De la misma manera, es reiterada la jurisprudencia que ha admitido la procedencia de los gastos de traslado
en función de la prerrogativa del art. 165 del ritual, cuando puede presumirse, dada la índole de las lesiones,
que la víctima se ha visto necesitada de recurrir a gastos extraordinarios de movilidad, como podría ser, por
ejemplo, la utilización de autos taxímetros (conf. CNCiv. Sala “D” en E.D. 34-328; esta Sala, causas 81.236
del 25-4-91, 96.383 del 13-11-91 y 121.482 del 14-12-92, entre otras).
Y en el caso, si se repara en la importancia de las lesiones, gastos que debió encarar la actora, más allá de su
atención en un nosocomio público y, posteriormente, en el Hospital Francés a través de su obra social, estimo
prudencialmente establecer para este ítem un importe de $ 4.000, de los que la obligada deberá responder
hasta la de $ 2.000, a valores de la fecha de este pronunciamiento.
d) Tratamientos traumatológico y psicoterapéutico.
Con relación al primero, puesto que no se ha requerido se expida al respecto al perito médico, no
encontrándose debidamente acreditado que requiera de tratamiento traumatológico, no corresponde acceder
al reclamo.
Por el contrario, en lo que atañe a la psicoterapia, el licenciado Verona aconsejó la realización por un plazo de
un año y a razón de una sesión semanal, a un costo para esa fecha de aproximadamente $ 90 cada una (ver
fs. 322). Ahora bien, como ha quedado establecido pericialmente que el accidente incidió sobre la afección de
base que presenta Ch. sólo parcialmente, es decir, representó una concausa, en atención a los valores que
admite este tribunal, corresponderá condenar a la obligada a abonar por este concepto la suma actual de $
2.600, que representa una justa estimación del perjuicio.
5.- En definitiva, el actor ha acreditado perjuicios por un total de $ 94.600, importe por el que deberán
responder C. P. S.A. y C. P. S.A. en su carácter de propietarias del inmueble donde sucediera el accidente y
al que deberán adicionarse los respectivos intereses calculados a una tasa del 6% anual desde la fecha de
producción del accidente y hasta la de este pronunciamiento (ver mis votos en expedientes 105.395-10 del
31-8-15 y 85.237-11 del 7-9-15, entre otros), debiéndose devengar con posterioridad y hasta el efectivo pago
la tasa activa cartera general (préstamos) nominal anual vencida a treinta días del Banco de la Nación
Argentina y las costas de ambas instancias, toda vez que no influye respecto de este aspecto el hecho de que
se disponga que en el evento dañoso ha existido culpa concurrente entre el responsable y la víctima (ver
CNCiv. esta Sala, voto del Dr. Dupuis, en expediente n° 61.187/11 del 20-10-2015). Así lo voto.
Los Señores Jueces de Cámara Doctores Racimo y Dupuis por análogas razones a las expuestas por el Dr.
Calatayud, votaron en el mismo sentido. Con lo que terminó el acto.
MARIO P. CALATAYUD. JUAN CARLOS G. DUPUIS. FERNANDO M. RACIMO.
Este Acuerdo obra en las páginas Nº 1056 a Nº 1062 del Libro de Acuerdos de la Sala “E” de la Excma.
Cámara Nacional de Apelaciones en lo Civil.
Buenos Aires, octubre veintiséis de 2015.-
Y VISTOS:En atención a lo que resulta de la votación de que instruye el acuerdo que antecede, se revoca la
sentencia de fs. 669/72 y se hace lugar parcialmente a la demanda entablada. En consecuencia, se condena
a la Compañía Parigual S.A. y a la C. P. S.A. a abonar a L. A. Ch., dentro del plazo de diez días y en concepto
de indemnización de daños y perjuicios, la suma de NOVENTA Y CUATRO MIL SEISCIENTOS PESOS (son
$ 94.600.-), con más sus intereses calculados en la forma establecida en el considerando 5 del primer voto y
las costas de ambas instancias. Difiérase la regulación de los honorarios de los profesionales intervinientes
(art. 279 del Código Procesal) para una vez que obre en autos liquidación definitiva aprobada. Not. y dev.-
Fdo.: MARIO P. CALATAYUD - JUAN CARLOS G. DUPUIS - FERNANDO M. RACIMO
Citar: elDial.com - AA9453
// nos Aires, Capital de la República Argentina, a los veintiséis días del mes de octubre de dos mil
quince, reunidos en Acuerdo los Señores Jueces de la Excma. Cámara Nacional de Apelaciones
en lo Civil, Sala “E”, para conocer en el recurso interpuesto en los autos caratulados: “CH. L. A. C/
C. DEL L. S.A. Y OTROS S/ DAÑOS Y PERJUICIOS”, respecto de la sentencia corriente a fs. 669,
el Tribunal estableció la siguiente cuestión a resolver:¿Es arreglada a derecho la sentencia
apelada? Practicado el sorteo resultó que la votación debía efectuarse en el siguiente orden:
Señores Jueces de Cámara Doctores CALATAYUD. RACIMO. DUPUIS.
El Señor Juez de Cámara Doctor CALATAYUD dijo: 1.- En la sentencia de fs. 669/71, el juez de la
causa admitió las defensas de falta de legitimación que opusieran los codemandados G. A. D. y la
C. del L. S.R.L. y, tras analizar los testimonios de L. A. A., D. A.. P. y R. O. F., así como también
las constancias de la causa penal n° 60.405, de la que surgía que el actor había ingresado a la
guardia del Hospital Pirovano en estado alcoholizado, consideró que en la emergencia había
existido culpa exclusiva de la víctima en el evento dañoso del cual el actor resultó lesionado, por lo
que rechazó la demanda que había instaurado, con costas a su cargo.Contra dicha decisión se
alza el perdedor, quien cuestiona la responsabilidad que se le imputara e, igualmente, la admisión
de las excepciones articuladas, de manera que peticiona la revocatoria del fallo y reclama se
declare procedente la demanda instaurada, con costas (ver escrito de fs. 728/31, respondido a fs.
733/35).
2.-Por una mera cuestión de metodología analizaré en primer término lo relativo a la
responsabilidad en el accidente sufrido, para luego y en su caso, hacer lo propio con las
excepciones de falta de legitimación pasiva para obrar.El 22 de diciembre de 2004, en horas de
la madrugada, el actor regresaba caminando por la avenida del Libertador, entre las calles
Juramento y Echeverría, junto a amigos -entre ellos R. O. F. y M. C. S. F. - rumbo a su
domicilio y según relata, el primero ante el pedido de la segunda, le arrojó un paquete de
cigarrillos que no pudo ser atrapado y fue a parar a un jardincito que se encontraba frente al
n° 5962 de la citada avenida que ocupaba la empresa M. S.A.. A raíz de ello, quiso recuperar
el paquete e ingresó al lugar y cuando dio unos pasos pisó una claraboya que se rompió
provocando su caída al subsuelo, lesionándose seriamente. Tras diversas alternativas, fue
rescatado por los bomberos y trasladado al Hospital Pirovano, donde se comprobó la
fractura proximal del fémur derecho, lesión de la que fue intervenido quirúrgicamente.Acerca
de la forma como sucediera el accidente, declaró en primer término el aludido P. (fs. 273/76), quien
conoce a D. por trabajar con él en la clínica L.. Asevera que el día del accidente trabajaba en el
inmueble como sereno nocturno cuando encontrándose en el hall y mirando hacia el exterior vio un
grupo de 10 o 15 chicos que venían un poco alterados, saltando y haciendo ruido. Ingresaron a un
cantero existente en el frente y golpeaban los vidrios. “Yo intenté calmarlos cuando de repente un
chico salta sobre una claraboya y pasa para abajo. En ese momento fueron a la puerta de la clínica
y empezaron a golpear y tocar el timbre, por el chico que había caído porque querían sacarlo, les
dije que esperaran que yo lo iba a buscar y cuando bajé vi que no se podía ni mover. Entonces me
pidieron de entrar para acompañarlo lo cual dejé pasar una chica…”. Refiere que llamó una
ambulancia y lo revisó una doctora que a su vez llamó a los bomberos para que lo pudieran sacar.
Después del suceso, colocaron un chapón al agujero. Dice que la claraboya era de acrílico,
“panseada” para arriba, y la superficie donde estaba ubicada era un cantero con tierra y plantas,
que respecto al nivel de la vereda se encontraba aproximadamente a una altura de 25 o 30 cms.
También declaró el amigo que acompañaba al demandante, el citado F. (fs. 299/304), quien señala
que le tiró a éste unos cigarrillos que cayeron en el cantero de la clínica, que no era muy alto
respecto de la vereda, más o menos a la altura de los tobillos y que no se encontraba cercado. “No
se veía mucho porque tenía el pasto bastante largo. L. se acercó a buscar los cigarrillos y después
no lo vi más. No me había percatado de que se había caído. Cuando me acerco miro para abajo y
él estaba en shock. Veo sangre y no me escuchaba”. Mandó a la chica que los acompañaba a
buscar ayuda para ver si les podían abrir para ayudar a su amigo. Asegura que estuvo un buen
rato insistiendo porque aparentemente no había nadie, y al tiempo apareció una persona de
seguridad, que lo dejó pasar y el testigo se quedó solo con el actor que tenía una pierna quebrada,
“era como una fractura expuesta”, por lo que se sacó la remera para pararle la hemorragia y se
quedó hasta que vino una ambulancia o la policía. Pasó un buen rato hasta que los bomberos
médicos lo subieron por una escalera de caracol hasta la ambulancia, pues no había ascensores.
Describe la claraboya como “de plástico, pero no muy grueso. Era de un material opaco”, blanca
pero no traslúcida, de forma cuadrada y parabólica, aunque la superficie no se distinguía mucho.
Recuerda sólo una claraboya porque no pudo apreciar más dado que el pasto estaba muy
alto.Existen notorias diferencias entre uno y otro testimonio, debidas seguramente a la intención de
los deponentes de favorecer la postura de las partes proponentes, sobre todo frente a lo declarado
por L. A. A. (fs. 277/79), único testigo presencial que no tiene ninguna relación con ellas y que
circunstancialmente pasaba por el lugar tras asistir a una fiesta con amigos. Al finalizar el festejo, a
eso de las cinco o cinco y media, caminaba atrás de un grupo de seis o siete jóvenes que iban a
los gritos, empujándose entre ellos, exaltados, como una especie de juego. Refiere que ellos lo
hacían unos 50 metros adelante, “…jugando, saltando, traspusieron la línea municipal y
comenzaron a golpear los vidrios con intenciones de entrar o no se. Lo que recuerdo que del lado
de adentro de la clínica había un muchacho que les hacía seña, que les decía que no lo hicieran.
Yo en ese momento ya estaba a la misma altura que ellos pero del lado del cordón viendo a ver
que pasaba. Creo que había una chica en ese momento. Había dos que saltaban entre la línea
municipal y los vidrios de la clínica y ahí escuché “uy se cayó”. No se que pasó, en un momento el
chico que estaba dentro desapareció y supongo que habría ido a llamar a una ambulancia porque
apareció al rato y lo que no se porque motivo la ambulancia no lo saco y al ratito llegaron los
bomberos”. La curiosidad lo llevó a ver por qué el chico se había caído y comprobó que había un
tragaluz, seguramente de acrílico, que se había roto al saltar el joven. Preguntado para que
describa el lugar donde estaba la claraboya, responde: “Por lo que yo recuerdo sobre la línea
municipal tenía un murete. Un murete es un muro bajito. La gente se podía sentar. Me parece que
era de ladrillo a la vista. Después había un poco de pasto. Estaban los dos huecos rectangulares,
de un metro por setenta o algo así y desde el murete hasta la clínica, debe haber unos dos metros
o un poco más quizás. El murete es una parecita baja, que en muchas casas hay”. Los huecos
estaban recubiertos de acrílico especial, “que no resiste el salto de una persona o la caída de un
objeto contundente”, y los conoce porque en una época él los construía. Generalmente tienen una
forma abovedada, que es lo que las hace resistente. Este testimonio, a mi juicio, es el que debe
prevalecer sobre los otros dos, porque se trata de una persona -como dijera- ajena totalmente a las
partes interesadas y, por ende, que depone sobre los hechos en forma objetiva y clara, sobre cuya
presencia en el lugar y en el momento de los hechos no cabe poner en duda, frente a la
declaración de un dependiente de la demandada y de un amigo de la víctima (arts. 386 y 456 del
Código Procesal).
Así las cosas, cabe concluir que el accidente ocurrió cuando un grupo de muchachos que volvían
de un pool, jaraneando, gritando y empujándose, cruzaron la línea municipal de edificación, dos de
ellos -uno de los cuales era Ch.- ingresaron en el cantero existente frente al inmueble para lo cual
traspusieron un borde hecho de ladrillos y de poca altura (ver fotografías de fs. 7,8 y 11),
golpeando los vidrios de la clínica y saltando, lo que produjo la rotura de una de las claraboyas allí
ubicadas y la posterior caída al vacío de aquél. Es evidente, entonces, que hubo una conducta
claramente desaprensiva y negligente en su actuar, al haber invadido un sector privado no
destinado al paso de los peatones sin que conste acreditada una justificación razonable.Según el
informe del ingeniero N. J. T. -designado perito de oficio por el juzgado, con la imparcialidad
que el origen de su nombramiento permite presuponer-, de acuerdo a planos las claraboyas
se apoyan en una superficie aproximadamente a 40 cms. por debajo del nivel de la vereda y
separadas 1 metro de la línea municipal de edificación, siendo que la parte superior de la
cúpula se encontraba prácticamente a nivel de la vereda, ya que se eleva unos 40 cms.
sobre el piso en que estaba colocada. Asegura que el material de construcción de la
claraboya es importante por razones de seguridad y confiabilidad, en tanto su cúpula, pese
a no ser una superficie de tránsito, tendría que tener dimensiones y resistencia estructural
capaces de soportar una sobrecarga de 200 kg/m2. Desde la línea municipal se desciende a
un cantero o patio inglés por un pequeño terraplén, donde estaban ubicadas las tres
claraboyas -dos grandes y una más pequeña- que sirven de iluminación al subsuelo, donde
se encuentra un quirófano, radiología y un sector de descanso para los médicos. Pese a no
tratarse de un lugar de tránsito para personas, ellas deben reunir las condiciones de
seguridad referidas, aunque desconoce la resistencia estructural que tenían las allí
existentes (ver fs. 347).Más adelante, al responder al pedido de explicaciones y
observaciones formuladas por la demandada, afirma que en la fachada no existen barreras,
ni vallas de contención, ni otro tipo de separación del cantero donde se encontraban las
claraboyas de los transeúntes que caminan por la vereda y, si bien no están colocadas en
lugar donde puedan transitar las personas, deben guardar las medidas de seguridad antes
aludidas dado que pueden pasar sobre ellas las personas que realizan tareas de
mantenimiento y refacciones (ver fs. 358).
A la luz del resultado de esta prueba pericial -cuyas conclusiones deben ser aceptadas
como elemento hábil de convicción frente a la carencia de otros de similar o mayor valor
probatorio (arts. 386 y 477 del Código Procesal; ver Palacio, Derecho Procesal Civil, t. IV
pág. 720)-, cabe tener igualmente por debidamente acreditado que también existe
responsabilidad en el accidente de parte de la propietaria del inmueble, porque debe
concluirse que la claraboya sobre la que saltó Ch., que se rompió y provocó su caída al
vacío, no cumplía las condiciones de seguridad que debía tener y a las que aludió el
ingeniero T., sin que tenga relevancia, a mi juicio, el hecho de que estuviesen ubicadas en
lugar no destinado al tránsito de personas, toda vez que lo estaban en un sitio al que
fácilmente éstas pueden acceder sin grandes dificultades. Es que, si hubieran estado
fabricadas con la resistencia que deben tener, el accidente no se hubiera
producido.Tampoco puede tener mayor importancia que al ingreso al Hospital Pirovano se haya
dejado constancia de que Ch. lo hizo en estado “alcoholizado” (ver fs. 35 de la causa penal
agregada por cuerda), habida cuenta que, además de no constar el grado de alcoholización que
presentaba, ello no tuvo incidencia en el evento dañoso sufrido, el que se produjo principalmente
por el estado deficiente de la cúpula de la claraboya en cuestión.Por consiguiente, es mi convicción
que ha existido una responsabilidad compartida entre ambos protagonistas del episodio y, como en
la especie no consta fehacientemente la incidencia causal de la conducta de los responsables ni la
medida del daño atribuible a cada uno, la asignación debe hacerse por partes iguales. Al respecto,
es doctrina de la Sala que, mediando pluralidad de culpas, los agentes tienen que compartir el
peso del daño en la medida en que cada cual contribuyó a causarlo; que, si no hay diferencia en la
incidencia causal de una y otra culpa, es menester graduar la responsabilidad atendiendo a la
gravedad de aquéllas y, si tampoco hubiere en ello diferencia, la discriminación debe ser paritaria
(conf. votos del Dr. Mirás, en L.L. 2000-F, 878 y en causas 87.089 del 24-4-91 y 213.008 del 30-4-
97 y mis votos en causas 192.224 del 17-5-96 y 337.938 del 5-2-02; ver también Llambías, Tratado
de Derecho Civil - Obligaciones, 2a. ed., t. III págs. 724 a 728, letras c a f y nota 242; Kemelmajer
de Carlucci en Belluscio, Código Civil y leyes complementarias comentado, anotado y concordado,
t. 5 págs. 399 y 400, letra e del n° 10 y nos. 11 y 12).
3.- Para argumentar acerca de la procedencia de la defensa de falta de legitimación opuesta por
D., el magistrado aseveró que el propio actor había admitido que no era titular de dominio del
inmueble en cuestión. Ello surge debidamente acreditado a través del informe del Registro de la
Propiedad de fs. 170/74, por lo que la confirmatoria de la decisión resulta incontrovertible, en tanto
que la circunstancia de que aquél se haya presentado en la causa penal como apoderado de la
Clínica del Libertador y que en el bien tuviese instalado su consultorio particular (ver fs. 3 del
expediente penal), no puede alterar dicha conclusión desde que el mandatario no responde, en
principio, por los actos celebrados en nombre de su mandante (arts. 1946 y 1947 del Código
Civil).Y, para desechar la articulada por C. del L. SRL, se basó el a quo en que dicha razón social
no explotaba comercialmente el inmueble a la fecha del accidente (22-12-04), lo que así resultaba
de la pericia contable realizada en este proceso (ver fs. 218/19), circunstancia que, por lo demás,
se encuentra debidamente comprobada a través de la declaración testimonial de C. La R. (fs.
265/66) y M. P. (fs. 269/70) y el informe del Ministerio de Salud (ver fs. 205/12). El quejoso insiste
en el reconocimiento efectuado por D. a fs. 3 de la causa penal y sostiene que esa admisión
importa conceder que es el “dueño y guardián” de la cosa. Discrepo con esa afirmación, toda vez
que -reitero- él refiere ser simplemente apoderado de la clínica, en la que funciona su “consultorio
privado”, es decir, ni propietario de ella ni guardián del bien, de manera que, ante la liviandad
argumental del memorial de agravios, no cabe sino desechar las quejas vertidas.En lo relativo a la
crítica respecto de la condena en costas por la incidencia derivada de los planteos, si bien
reiteradamente se ha decidido que ellas no importan una sanción para el perdedor, sino tan sólo el
resarcimiento de los gastos que su contrario se ha visto obligado a afrontar con el objeto de asumir
su defensa en el proceso (ver Colombo, Código Procesal Civil y Comercial de la Nación anotado y
comentado, 4a. ed., t. I pág. 164, nota 278; Sala “A” en L.L. 1978-D, 857 y E.D. 80-479; Sala “D” en
E.D. 87-611; esta Sala en L.L. 1987-B, 433), también es criterio aceptado que la eximición que
autoriza el art. 68 del Código Procesal procede, en general, cuando media “razón fundada para
litigar”, expresión ésta que contempla aquellos supuestos en que, por las particularidades del caso,
cabe considerar que el vencido actuó sobre la base de una convicción razonable acerca del
derecho invocado en el litigio (ver Palacio, Derecho Procesal Civil, t. III pág. 373 nº 313 ap. 8;
Colombo, op. y loc. cits., pág. 165; CNCiv. esta Sala, fallo citado precedentemente).
Pues bien, en el particular caso de autos considero que se dan ciertas características que tornan
viable la crítica, a poco que se repare que D. declaró -junto al otro titular de dominio- que actuaba
como gestor de negocios para C. del L. S.A. (e.f.) y que, con posterioridad, ambos vendieron una
mitad indivisa a C. P. S.A. y la otra a C. P. S.A., ambas integradas por aquél como socio, al igual
que C. del L. SRL, por lo que las costas derivadas del rechazo de las defensas deberán ser
distribuidas en el orden causado, lo que así propicio.
4.- Resta analizar la cuestión relacionada con las partidas indemnizatorias reclamadas y su entidad
económica: a) incapacidad física sobreviniente, $ 105.000; b) psíquica, $ 35.000; c) daño moral, $
25.000; gastos médicos, farmacéuticos y de traslado, $ 5.000; d) tratamientos traumatológico y
psicoterapéutico que deberá continuar, $ 10.000.
Antes de proceder al examen de las cuestiones referidas, quiero destacar que en el particular caso
de autos el examen de los daños lo haré conforme las normas jurídicas vigentes a la época del
hecho antijurídico (ver Kemelmajer de Carlucci, La aplicación del Código Civil y Comercial a la
relaciones y situaciones jurídicas existentes, Rubinzal-Culzoni editores, pág. 100 n° 48;
Dell’Orefice, Carolina y Prat, Hernán V., La aplicación del nuevo Código Civil y Comercial de la
Nación y el derecho transitorio, Revista Código Civil y Comercial, ed. Thomson Reuters La Ley,
año 1 n° 1, julio 2015, pág. 19, en especial, pág. 27, capítulo VI letra d; Lavalle Cobo en Belluscio,
op. cit., t. 1 pág. 28 n° 12, letra b).
a) Incapacidad sobreviniente.Sabido es que ella abarca cualquier disminución física o psíquica que
afecte tanto la capacidad laborativa del individuo, como aquélla que se traduce en un menoscabo
en cualquier tipo de actividad que desarrollaba con la debida amplitud y libertad (conf. Kemelmajer
de Carlucci en Belluscio, op. cit., t. 5 pág. 219 nº 13; CNCiv. esta Sala, causas 24.116 del 20-10-
86, 43.169 del 18-4-89 y 66.946 del 18-5-90, entre muchas otras).Es que -conforme principio
reconocido-, la integridad corporal de la persona tiene, por lo común, un valor económico
instrumental, como capital destinado a ser fuente de beneficios, tanto económicos como de otra
índole. Por ello, su afectación se proyecta necesariamente al futuro, cercenando o menoscabando
probabilidades de desenvolvimiento, éxito e inserción en el mundo de relación (conf. Zavala de
González, Daños a las personas - Integridad sicofísica, t. 2a pág. 41; CNCiv. esta Sala, causa
124.883 del 22-3-93).El perito médico designado de oficio, Dr. R. H. V., informó que Ch. había
sufrido en la caída la fractura de la cadera derecha, siendo que de la historia clínica del
Hospital Francés surgía que se le había practicado una tracción esquelética y
posteriormente una intervención quirúrgica de osteosíntesis, colocándosele una clavo
endomedular con dos tornillos. Fue dado de alta el 11-1-05, continuando con kinesiología
por espacio de tres meses. El 7-4-05 es operado nuevamente para el retiro del cerrojo distal,
estimando un plazo de recuperación de unos ocho meses. Presenta en la actualidad una
diferencia de longitud de ambos miembros inferiores, con aumento del derecho de 1,5 cms.
La movilidad de la cadera muestra una mínima limitación para la rotación interna de
aproximadamente 5° y la externa de unos 15°. Calcula que la incapacidad física, parcial y
permanente, es del 30% (ver fs. 464/65).
Con posterioridad y ante las observaciones del actor y de la demandada, a fs. 478, el
profesional asevera que el damnificado deberá someterse a una nueva intervención
quirúrgica para el retiro del material de osteosíntesis, pudiendo estimar el costo total -con
rehabilitación incluida- aproximadamente en $ 25.000, mientras que a fs. 484/86 explica qué
tipo de fractura padeció y reafirma las limitaciones descriptas.
En el aspecto psíquico, se pronunció el licenciado E. V., también designado de oficio por el
juzgado, quien refiere que el entrevistado posee una patología pre-existente que encuadra
en el baremo de los Dres. Castex y Silva como “otras formas de neurosis”, de grado
moderado y una incapacidad, parcial y permanente, que puede estimarse en un 15%, aunque
al accidente sólo le es atribuible un 8%. Sugiere la realización de un tratamiento de una
duración de un año y una frecuencia semanal, a un costo de $ 90 cada una (ver fs. 318/23). A
fs. 500/01, responde a las objeciones formuladas por la demandada, ratificando sus
conclusiones.
Acerca de la cuestión, esta Sala tiene decidido que, si bien el perito es un auxiliar de la justicia y su
misión consiste en contribuir a formar la convicción del juzgador, razón por la cual el dictamen no
tiene, en principio, efecto vinculante para él (art. 477 del Código Procesal; CNCiv. esta Sala, en
E.D. 89-495 y sus citas), la circunstancia de que el dictamen no obligue al juez -salvo en los casos
en que así lo exige la ley-, no importa que éste pueda apartarse arbitrariamente de la opinión
fundada del perito idóneo, en tanto la desestimación de sus conclusiones ha de ser razonable y
fundada (conf. fallo citado y votos del Dr. Mirás en causas 34.389 del 9-2-88 y 188.579 del 26-3-96
y, en el mismo sentido, CNCiv. Sala “D” en E.D. 6-300; Colombo, op. y loc. cits., t. I pág. 717 y nota
551).
En forma congruente, ha adherido a la doctrina según la cual aun cuando las normas procesales
no acuerdan al dictamen pericial el carácter de prueba legal, cuando el informe comporta -como en
el caso- la apreciación específica en el campo del saber del perito -conocimiento éste ajeno al
hombre de derecho-, para desvirtuarlo es imprescindible contar con elementos de juicio que
permitan concluir fehacientemente en el error o el inadecuado uso que el experto hubiese hecho de
sus conocimientos técnicos o científicos, de los que por su profesión o título habilitante ha de
suponérselo dotado (conf., entre muchas otras, causas 21.064 del 15-8-86, 11.800 del 14-10-85,
32.091 del 18-12-87, 131.829 del 29-7-93 y 169.102 del 6-6-95).
Por consiguiente, para que las observaciones que pudiesen formular las partes puedan tener
favorable acogida, es menester aportar al expediente probanzas de similar o mayor rigor técnico o
científico que desmerezcan las conclusiones alcanzadas en el peritaje (conf. arts. 386 y 477 del
Código Procesal; Palacio, Derecho Procesal Civil, t. IV pág. 720; CNCiv. Sala “C” en L.L. 1992-A,
425; Sala “H” en L.L. 1997-E, 1009 n° 39.780-S), pruebas que no fueron incorporadas al proceso,
de manera que corresponde atenerse a los dictámenes analizados.
Ahora bien, para fijar el quántum de esta partida es necesario atender a la naturaleza de las
lesiones sufridas, así como también a la edad del damnificado, su estado civil y demás condiciones
personales, cómo habrán aquéllas de influir negativamente en sus posibilidades de vida futura e,
igualmente, la específica disminución de sus aptitudes laborales (conf. Kemelmajer de Carlucci en
Belluscio, op. y loc. cits., pág. 220 y citas de la nota 87; Llambías, op. cit., t. IV-A pág. 120; CNCiv.
Sala “F” en E.D. 105-452; íd., en E.D. 102-330; esta Sala, causas anteriormente citadas).
Así las cosas, habida cuenta la importancia de las lesiones y sus secuelas, edad del damnificado a
la época del accidente (19 años), su estado civil (soltero), considero equitativo fijar en concepto de
incapacidad sobreviniente, comprensiva de la física y la psíquica, en la suma actual de $ 130.000,
de la cual la demandada deberá afrontar solamente $ 65.000, atento lo propiciado con relación a la
responsabilidad compartida.
b) Daño moral.
Es criterio uniforme aquel que ha establecido que, estando en presencia de un supuesto de
responsabilidad extracontractual -como lo es el caso de autos-, no cabe requerir la prueba
específica de su existencia, debiendo tenérselo por configurado por el solo hecho de la acción
antijurídica (conf. Orgaz, El daño resarcible [Actos ilícitos], 3a. ed., pág. 216 nº 66; CNCiv. Sala “A”
en E.D. 67-353; Sala “D” en E.D. 75-306; Sala “F” en E.D. 92-365; esta Sala, causas 285.983 del 9-
5-83, 5.219 del 3-5-84 y 90.799 del 17-6-91).Ello establecido, sabido es que se entiende por daño
moral cualquier lesión a los sentimientos o afecciones legítimas de una persona, o cuando se le
ocasionan perjuicios que se traducen en padecimientos físicos o, en fin, cuando de una manera u
otra se han perturbado la tranquilidad y el ritmo normal de vida del damnificado (conf. CNCiv. Sala
“D” en E.D. 61-779; íd., en E.D. 69-377; Sala “F” en E.D. 42-311; íd., en E.D. 53-350; Sala “G” en
E.D. 100-300; esta Sala, causas 502 del 26-12-83 y 66.984 del 30-5-90).Para fijar su cuantía,
diversos precedentes han señalado que deben ponderarse diversos factores, entre los que
merecen ser citados, a modo de ejemplo, la gravedad de la culpa del autor del hecho, la existencia
y cuantía de los perjuicios materiales, las condiciones personales de aquél y las de la víctima, etc.,
factores todos que quedan librados al prudente arbitrio judicial (conf. CNCiv. Sala “B” en E.D. 57-
455; Sala “D” en E.D. 43-740; esta Sala, causas 19.073 del 13-3-86 y 124.140 del 16-11-94).Así las
cosas, habida cuenta la forma como sucediera el accidente, la entidad de las lesiones y sus
secuelas, condiciones personales del damnificado, aspecto estético y funcional derivado de la
diferencia de longitud de los miembros inferiores y demás antecedentes de autos, considero justo
proponer se fije por este concepto la suma de $ 50.000 a valores actuales, de las que la
demandada deberá responder solamente por el cincuenta por ciento, es decir, $ 25.000.
c) Gastos médicos, farmacéuticos y de traslado.
Es doctrina de la Sala que tales erogaciones no requieren prueba documental, debiendo ser
admitidos siempre que resulten verosímiles en relación con las lesiones provocadas por el evento
dañoso (conf. mi votos en causas 157.723 del 1-3-96 y 204.192 del 23-12-96; voto del Dr. Mirás en
causa 69.534 del 13-7-90; votos del Dr. Dupuis en causas 44.825 del 2-5-89 y 138.134 del 3-2-95,
entre muchas otras).
No obsta a la admisión de la partida la pertenencia de la víctima a una obra social, adhesión a un
sistema de salud pre-pago o su atención en hospital público, pues existe siempre una serie de
gastos que se encuentra a cargo de los afiliados o parientes y que aquellos no cubren, sin perjuicio
de que, cuando existe total o parcial orfandad de prueba documental, en el monto a fijarse deben
ser consideradas tales circunstancias (conf. esta Sala, causas 107.157 del 30-4-92, 113.652 del
24-8-92, 127.547 del 19-4-93, 119.174 del 15-12-92, 146.808 del 18-5-94, 154.150 del 6-10-94 y
164.495 del 23-3-95; Sala "M", causa 61.766 del 27-3-91; Sala "C", causa 129.891 del 2-11-93).
De la misma manera, es reiterada la jurisprudencia que ha admitido la procedencia de los gastos
de traslado en función de la prerrogativa del art. 165 del ritual, cuando puede presumirse, dada la
índole de las lesiones, que la víctima se ha visto necesitada de recurrir a gastos extraordinarios de
movilidad, como podría ser, por ejemplo, la utilización de autos taxímetros (conf. CNCiv. Sala “D”
en E.D. 34-328; esta Sala, causas 81.236 del 25-4-91, 96.383 del 13-11-91 y 121.482 del 14-12-92,
entre otras).
Y en el caso, si se repara en la importancia de las lesiones, gastos que debió encarar la actora,
más allá de su atención en un nosocomio público y, posteriormente, en el Hospital Francés a través
de su obra social, estimo prudencialmente establecer para este ítem un importe de $ 4.000, de los
que la obligada deberá responder hasta la de $ 2.000, a valores de la fecha de este
pronunciamiento.
d) Tratamientos traumatológico y psicoterapéutico.
Con relación al primero, puesto que no se ha requerido se expida al respecto al perito médico, no
encontrándose debidamente acreditado que requiera de tratamiento traumatológico, no
corresponde acceder al reclamo.
Por el contrario, en lo que atañe a la psicoterapia, el licenciado Verona aconsejó la realización por
un plazo de un año y a razón de una sesión semanal, a un costo para esa fecha de
aproximadamente $ 90 cada una (ver fs. 322). Ahora bien, como ha quedado establecido
pericialmente que el accidente incidió sobre la afección de base que presenta Ch. sólo
parcialmente, es decir, representó una concausa, en atención a los valores que admite este
tribunal, corresponderá condenar a la obligada a abonar por este concepto la suma actual de $
2.600, que representa una justa estimación del perjuicio.
5.- En definitiva, el actor ha acreditado perjuicios por un total de $ 94.600, importe por el que
deberán responder C. P. S.A. y C. P. S.A. en su carácter de propietarias del inmueble donde
sucediera el accidente y al que deberán adicionarse los respectivos intereses calculados a una
tasa del 6% anual desde la fecha de producción del accidente y hasta la de este pronunciamiento
(ver mis votos en expedientes 105.395-10 del 31-8-15 y 85.237-11 del 7-9-15, entre otros),
debiéndose devengar con posterioridad y hasta el efectivo pago la tasa activa cartera general
(préstamos) nominal anual vencida a treinta días del Banco de la Nación Argentina y las costas de
ambas instancias, toda vez que no influye respecto de este aspecto el hecho de que se disponga
que en el evento dañoso ha existido culpa concurrente entre el responsable y la víctima (ver
CNCiv. esta Sala, voto del Dr. Dupuis, en expediente n° 61.187/11 del 20-10-2015). Así lo voto.
Los Señores Jueces de Cámara Doctores Racimo y Dupuis por análogas razones a las expuestas
por el Dr. Calatayud, votaron en el mismo sentido. Con lo que terminó el acto.
MARIO P. CALATAYUD. JUAN CARLOS G. DUPUIS. FERNANDO M. RACIMO.
Este Acuerdo obra en las páginas Nº 1056 a Nº 1062 del Libro de Acuerdos de la Sala “E” de la
Excma. Cámara Nacional de Apelaciones en lo Civil.
Buenos Aires, octubre veintiséis de 2015.-
Y VISTOS:En atención a lo que resulta de la votación de que instruye el acuerdo que antecede, se
revoca la sentencia de fs. 669/72 y se hace lugar parcialmente a la demanda entablada. En
consecuencia, se condena a la Compañía Parigual S.A. y a la C. P. S.A. a abonar a L. A. Ch.,
dentro del plazo de diez días y en concepto de indemnización de daños y perjuicios, la suma de
NOVENTA Y CUATRO MIL SEISCIENTOS PESOS (son $ 94.600.-), con más sus intereses
calculados en la forma establecida en el considerando 5 del primer voto y las costas de ambas
instancias. Difiérase la regulación de los honorarios de los profesionales intervinientes (art. 279 del
Código Procesal) para una vez que obre en autos liquidación definitiva aprobada. Not. y dev.-
Fdo.: MARIO P. CALATAYUD - JUAN CARLOS G. DUPUIS - FERNANDO M. RACIMO
Citar: elDial.com - AA9453
Publicado el 05/02/2016