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Corrección Terminado

El texto narra la vida de Juliet, quien desde pequeña ha lidiado con pesadillas relacionadas con su tío y su infancia complicada. A pesar de las dificultades económicas y emocionales, se esfuerza por estudiar y ser independiente, enfrentándose a la presión social de tener una vida convencional. Finalmente, logra conseguir un trabajo en medio de la pandemia de COVID-19, lo que le brinda una nueva esperanza para alcanzar sus metas.

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Corrección Terminado

El texto narra la vida de Juliet, quien desde pequeña ha lidiado con pesadillas relacionadas con su tío y su infancia complicada. A pesar de las dificultades económicas y emocionales, se esfuerza por estudiar y ser independiente, enfrentándose a la presión social de tener una vida convencional. Finalmente, logra conseguir un trabajo en medio de la pandemia de COVID-19, lo que le brinda una nueva esperanza para alcanzar sus metas.

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Querido lector o lectora, debo decirte antes de que te

aventures a leer este libro, que lamento decepcionarte porque


no es ninguna historia de amor si es lo que estás buscando…

Me desperté antes de que sonara la alarma, lo peor


de todo es que había tenido otra de mis horribles
pesadillas. Las tenía constantemente, recuerdo que
casi desde los doce años. Y siempre era lo mismo,
pero la que más me ponía la piel de gallina eran las
que tenia con mi tío. Habíamos crecido juntos,
pues era el hermano menor de mi madre y cuando
yo nací por razones personales, mi madre me dejó
al cuidado de mi abuela así que viví con ellos
desde los seis meses.
Recuerdo que para mí era como mi hermano
mayor, por eso siempre me sentía avergonzada de
tener tales pesadillas. Eran una gran falta de
respeto hacia él. Había sido tan bueno,
cuidándome cuando salía mi abuela.

Pero las pesadillas cada día eran más claras,


aunque siempre eran lo mismo. Supongo que antes
no las entendía porque no sabía que significaba
que un hombre y una mujer tuvieran relaciones
sexuales.
En mis pesadillas mi tío me pedía que me
recostara en la cama y bajaba rápidamente mis
pantalones cortos junto con mis bragas de algodón.
No se cuántos años tenía en ese entonces, pero
estaba muy pequeña, supongo. Él también se bajó
sus pantalones, me pidió que me callara y me abrió
de piernas. No lloré, no grité, no pedí ayuda a
nadie. Solo dejé que mi tío hiciera lo que quisiera.
Los recuerdos son confusos, por eso no estoy
segura si mi memoria me hace una mala jugada.
En mis pesadillas no veo si claramente son ciertas
las cosas que distingo.
Rara vez nos veía detrás de una pequeña bodega
que tenía mi abuela, donde le contaba a nuestro
primo lo que había sucedido el día anterior. Y que
yo había prometido que lo haríamos de nuevo.
Pero en mis sueños yo me negaba porque no me
había gustado el juego que habíamos hecho. Esa
era la pesadilla más rara que había tenido, de vez
en cuando también soñaba fragmentos de mi prima
bañándome y luego llevándome a la cama. Yo me
dormía y despertaba con ella encima de mí.
Restregaba su cuerpo junto al mío, tampoco eran
tan claros los sueños. No podía preguntarle a mi
madre, pensaría que soy una sinvergüenza por
estar soñando estas cosas.
Así que lo mejor era dejar de pensar en ello. Nadie
podía aclararme nada y tampoco podía andar
preguntando por cosas del pasado. Seguro que
todo era una mala pasada de mi memoria y nunca
pasó nada de eso.
La única duda era porqué siempre eran las mismas
pesadillas, con las mismas personas y los mismos
lugares.
Mi madre me puso Juliet según ella por una vecina
que la había ayudado cuando la fecha de
nacimiento se adelantó, estaba previsto que naciera
a mediados de noviembre. Seguro que me aburría
un montón y quise nacer antes, jaja.
Nací a finales de septiembre, casi como un
pequeño renacuajo, pues con siete meses todavía
me faltaba crecer un poco. Mi madre me cuenta
que tenía que envolverme en cientos de sábanas y
no podía ponerme el pecho, me alimentaba a pura
jeringa. Seguro que fue un comienzo muy difícil y
con quince años qué se puede saber de la vida.

Cuando tenía seis meses mis padres se separaron


pues la relación estaba muy deteriorara. Ella solo
era una niña de 15 años y mi padre le superaba en
edad. Mi madre en ciertas ocasiones dejaba muy
claro que nunca lo amó solo aceptó la oportunidad
de salir de casa, porque estaba agobiada de su
madre. Pero que la vida de casada no era nada
bonita a esa edad.

Creo que por eso mi único propósito era estudiar y


ser una mujer independiente. Así que cuando me
gradué del instituto el siguiente paso, era
graduarme de la universidad, para mí ese sería mi
mayor logro en la vida. Por eso nunca acepté salir
con nadie, ni siquiera tenía tiempo para ello, por
eso a la edad de veinticinco años todavía no había
tenido relaciones sexuales y no es que me guardara
para alguien como me lo había hecho creer mi
abuela en casa, es más me consideraba rara por
que era la única chica de mi clase que no lo había
hecho nunca con un chico. Y no era que me lo
cuestionara. Era por la sociedad, tienes que
casarte, buscarte a alguien de bien, que es mejor
ahorita que estás joven tener los hijos, etcétera.

Pero yo no me visualizaba de esa manera tan


radical, yo quiero brillar en otras cosas, como ser
la primera en mi familia en graduarse de la
universidad, ser una mujer admirable y exitosa con
el paso del tiempo.
Hasta que después de dos años, muchas noches de
desvelo en la universidad, momentos que quedaron
grabados en mi memoria para siempre con
aquellos con los que compartía la misma neurona,
pero la vida, el universo o lo que sea no permitió
que en ese momento lograra mis propósitos.

Mi madre me había dicho desde el principio que


no podría apoyarme, como ama de casa, no ganaba
ni un duro siempre estaba a esperas de lo que le
daba mi padrastro, yo era consiente de eso,
después de todo, él ya me había pagado la
secundaria y el instituto. No podía exigir más. Así
que el primer año intenté trabajar y estudiar.

Una amiga de mi madre me recomendó para


trabajar en una pequeña escuelita. Nunca estudié
para maestra debo aclararlo, pero como me había
graduado de secretaria bilingüe, sabía un poco de
inglés así que gracias a eso pude colocarme.
Recuerdo muy bien el día de la entrevista estaba
muy nerviosa…
Era mi primer trabajo y como era por
recomendación no podía dejar en mal a la otra
persona. Me hicieron un par de preguntas. ¿Por
qué quería trabajar con ellos?¿Cómo ayudaría a
crecer la escuela? Entre otras cosas más, recuerdo
que para iniciar el año ya tenía trabajo.

Estaba muy contenta todo iba de maravilla, al


inicio trabajaba medio tiempo y luego tomaba el
autobús para la universidad, seguí esa misma
rutina hasta mitad de año.

Pero la situación empezó a empeorar, al ser una


institución privada los padres de los niños estaban
atrasados con los pagos. La dueña empezó a
decirnos que le tuviéramos paciencia que ella
conseguiría el dinero.

Así nos tuvo durante tres meses, debo aclarar que a


mí personalmente no me habían contratado como
profesora, pues no tenía la experiencia requerida.
Así que mi pago por ser asistente no era tan
grande.

En ese entonces todavía vivía con mis padres, pero


me preocupaba el hecho de no poder tener dinero
para comprar mis libros, así que sacaba dinero
prestado. Asegurando que cuando me pagaran en
la escuela, yo regresaría el dinero. Ahora que lo
pienso, no se por qué demonios nunca renuncie.
Será talvez porque era mi primer trabajo y no sabía
cómo exigir mis derechos.
Así que al final tuve que dejarlo. El siguiente año
me mantuve con lo poco que había ahorrado.
Tenía la esperanza de conseguir una beca, pero las
cosas nunca salen como uno se lo espera.

Dejé de lado mi sueño, superé la crisis de


depresión y ansiedad que había tenido los últimos
meses, al dejar la universidad sentía que todo mi
mundo se derrumbaba, talvez estoy exagerando un
poco, pero solo pensaba en que sería de mi ahora
que no tenía ninguna oportunidad de graduarme.
Y claro que intenté con todas mis fuerzas de no
rendirme, buscar otro trabajo, pedir ayuda a mis
familiares. Pero nadie me aconsejo, otra manera de
hacer las cosas así que lo deje sin más.
Me propuse trabajar un año y mudarme a otro país,
con la esperanza de tener mejores oportunidades o
terminar mi sueño frustrado.
Una tarde mientras veía por la ventana, me di
cuenta, que tenía nuevos vecinos. Era una familia
más humilde que la mía, una chica casi de mi edad
bajaba de un coche rojo con un montón de cajas,
nuestras miradas se cruzaron por un segundo así
que quise saludar por educación.

—Hola, soy Juliet vivo aquí, al frente de tu casa—


le dije sin más, era mas alta que yo, se veía un
tanto mayor a mi parecer.

—Ahh soy Anna, tengo veinticinco años. —Un


niño casi de la edad de mi hermanita se acerco a
nosotras—es mi hijo mayor, Andrés y el que está
por allá es Matías.
Por eso se veía mayor que yo, con dos hijos la
vida ha de ser muy dura. Quería seguir
conversando con ella y lo mejor era invitarla a
tomar algo por ahí.

—¿Te apetece salir por ahí algún día? —Pero ella


solo negó con la cabeza.

—Lo siento, pero trabajo todos los días, y al llegar


a casa tengo que encargarme de los niños así que
termino muy cansada. —Eso captó mi atención de
verdad, pues estaba muy interesada en trabajar.

—¿Y dónde trabajas? Yo llevo semanas buscando


y no me sale nada, ¿te pagan bien ?—Esta era mi
oportunidad y tenía que aprovechar pensé para mí.

—A las afueras de la ciudad, hay muchas áreas. Es


una empresa dedicada a la producción de
alimentos, snacks.
Así que convencí a mi amiga, que tampoco tenía
trabajo, lo intentamos durante tres días. El primer
día fue un poco abrumador, había muchas personas
solicitando, y todo apuntaba a que mi racha de
mala suerte no terminaría nunca, pero estaba muy
decidida a quedarme ahí. Sabía que esta vez,
lograría mi propósito. Hasta que salió la
encargada.

—Vuelvan mañana hoy no se aceptaran hojas de


vida.

Pero estaba dispuesta a regresar las veces que


fueran necesarias hasta lograr quedarme. Mi amiga
no estaba muy convencida y lo peor era que su
familia lo veía como una pérdida de tiempo.

Así que al siguiente día, tampoco hubo mucha


suerte tenían unos inversionistas y todo el personal
estaba ocupado. Así que también regrese al tercer
día, estaba más que segura que nos darían una
respuesta favorable.

La encargada nos dijo muy amablemente que


estuviéramos atentos porque solo los que fueran
calificados serían llamados por recursos humanos.

Estaba muy entusiasmada, por fin veía que algo


me salía bien.

Cuando me desperté, estaba muy abrumada. Eran


de esos meses que me estresaba mucho y las
pesadillas se volvían más constantes. Era de
tenerlas todos los días. Me levanté a desayunar con
el móvil en la mano, no quería perderme ninguna
llamada de la empresa.
Así que, después de la hora del almuerzo ya no
estaba tan segura, seguro que no me necesitan en
ninguna parte. Pero justo en ese momento la
pantalla de mi móvil se iluminó.

—Hola, ¿Me comunico con la señorita Juliet?


Hablo por la solicitud que hizo a nuestra empresa.

—Sí, soy yo —dije casi en un susurro

—Tiene que presentarse el lunes a primera hora de


la mañana para firmar el contrato.

—Gracias, muchas gracias — Era la mejor noticia


que había recibido en mucho tiempo.

—Me han llamado, que empiezo el lunes. ¿Y tú?


—tenia ganas de jugarle una broma a mi amiga,
pero yo no podía mentir con facilidad.

—No, no he recibido ninguna llamada.


—Pero, cómo si eras la más entusiasmada por el
trabajo, yo solo iba por hacerte compañía— No
pude contener la risa al verla tan preocupada.

—Jajajaja, que me han llamado me presento el


lunes, tontita.

—Menudo susto me has dado. Pensé que no había


valido la pena tanto esfuerzo.

Me puse como objetivo trabajar un año y ahorrar


todo el dinero. Tenía claro que cuando tuviera para
el boleto, renunciaría para pasar al siguiente paso.

Estaba tan emocionada que me desperté antes de


que sonara la alarma. Cuando salí de la ducha mi
madre había preparado el desayuno.

—Ven, siéntate un momento. Y desayuna


tranquila.

—¿Qué?, Quiero llegar temprano madre.


—Hay tiempo para todo Juliet.

Era una mujer muy exigente. Siempre nos ponía


restricciones para todo. Mi hermana menor hacía
un año que había abandonado la casa por que
quería vivir libre y sin restricciones.

A veces admiraba a mi hermana menor, la


consideraba una joven más atrevida y valiente. Yo
ya tenía veinticinco años y todavía hacía lo que
querían mis padres en cambio ella no había ni
cumplido los dieciocho cuando se fue de casa.

Mi consuelo era que si quería irme del país. Era


mejor esperar un poco y seguir bajo las normas de
mi madre. Empecé a trabajar a mediados de abril,
desde finales de 2019 en varios países del mundo
se hablaba de un virus COVID-19, no sé dónde se
produjo el virus pero en cuestión de meses ya se
había propagado por toda Asia y Europa. Al vivir
en América pensé que era algo solo de esos países
hasta que a principios del año 2020 el virus ya se
había propagado por todo el mundo.

El mes que empecé a trabajar, todo se complicó. El


mundo entero fue puesto en cuarentena, el
COVID-19 estaba causando millones de muertes,
los noticieros nos bombardeaban día tras día. La
situación fue muy dura y a mi parecer afectó más a
las personas que se quedaron en casa. En mi caso
al ser una compañía de alimentos no cerró en
ningún momento debo decir que gracias a eso, no
pasé encerrada como los demás.

El encargado de Recursos Humanos nos hizo pasar


uno por uno a su oficina, mientras sacaba los
documentos de un armario. No pude evitar
observarlo, era un tanto mayor para mí. Pero
cuando tomó asiento empezó a coquetear de la
nada, me sorprendió mucho la forma tan descarada
de hacer las cosas y no era que me gustara en
teoría, pero creo que ya está en la naturaleza de
una mujer ser coqueta porque personalmente me
gusta despertar pasiones saber que tengo cierto
poder.

—Tu puesto será en la recepción, doy por hecho


que no será nada complicado contestar llamadas,
algunos correos de proveedores y hacer algunos
informes semanales—

—Gracias por la oportunidad. —Estaba segura que


con mi experiencia talvez en un futuro próximo
podría aplicar a un puesto más alto.

—De nada colocha, tú trata de hacer bien tu


trabajo, serán dos meses de prueba, esos son los
más críticos. Si lo haces bien, te quedarás de
forma permanente.

Solo tenía que hacer bien el trabajo y


personalmente me considero una persona muy
obstinada y cuando tengo un objetivo no me rindo
tan fácilmente.

Salí primero que mi amiga así que me senté en uno


de los sillones de la recepción a esperarla. De
pronto me sentía un poco incómoda, sentía la
mirada de alguien, escuché las puertas del ascensor
y levanté la vista porque pensé que era ella, pero
solo era un grupo de personas. Y esa fue mi
oportunidad para ver desde dónde me estaban
observando. Al final del pasillo estaba el mirón.
Estaba sentado fingiendo que leía algo en su
móvil, nuestras miradas se cruzaron hasta que
llegó mi amiga.
—A quién ves tan fijamente, Juliet. —Mi amiga
me sacó de la batalla de miradas que estaba a
punto de ganar.

—A nadie, estaba cotilleando un poco. ¿Dónde te


han colocado?—Traté de cambiar de tema aunque
ella me conocía muy bien y no me dejaría en paz
hasta que le contara todo

—Eres un zorrón Juliet, si estabas coqueteando


con él. —No podía negarlo, me habían atrapado
con las manos en la masa. —Y para responder a tu
pregunta seré asistente de uno de los licenciados
de ventas. Volviendo al tema, te lo vas a tirar.—
De las dos ella era la más atrevida, yo solo
coqueteaba con ellos. Como mucho llegábamos a
la primera cita luego terminaba por aburrirme de lo
mismo y era mejor terminar con aquello.
—Me ofendes, pero me identifico. Cómo me lo
voy a tirar si es casi un abuelo.— Si bien es cierto
que en muchas ocasiones le había mencionado que
me atraen los mayores pero como mucho ocho
años de diferencia.

—El pobre estaría encantado con alguien como tú,


joven, bonita y buen cuerpo. Lo malo que no le va
a durar mucho la conquista. Seguro que ni llegan a
consumar el matrimonio.—

—Creo que estaría más encantado con tus grandes


pechos, mira no deja de observar tu tan
pronunciado escote, es un pervertido.—

Cuando estaba en plena adolescencia siempre me


quejaba de no llenar los sujetadores como yo
quería y renegaba de tener unos pechos tan
pequeños, pero desde que descubrí que tener unos
limoncitos era una gran ventaja, podía usar crop
tops sin problemas, no sufría por dolores de
espalda, podía dormir boca abajo, en fin, me di
cuenta de la gran ventaja que tenía y que después
de todo era por quedar bien con la sociedad, así
que lo mejor era que aprendiera a amar mi cuerpo.

El primer día, todo fue un completo caos, nadie me


explicó en qué consistía el trabajo. Todo se me
había amontonado, tenía cientos de llamadas de los
proveedores, correos sin contestar, una fila de
empleados pidiendo citas para recursos humanos.

—Juliet, tienes que mandarle al señor Reyes los


nuevos contratos antes de la medianoche, estarás
en graves problemas por no enviárselos a tiempo, a
él no le gustan los retrasos.
—¿Quién es el señor Reyes?—en ningún momento
me había mencionado al tal señor Reyes ni que
tenía que enviarle tales informes.

—El dueño y su temperamento es muy poco


manejable, aparte te lo mencione esta mañana que
eso era lo primero que debías hacer.

Ahora sí que estaba en problemas, con todo el


trabajo que tenía para ese día, seguro que me
despedían al terminar el día, no cumpliría ni con
los dos meses de prueba.

Pero aunque me despidieran, no me rendiría tan


fácilmente, me propuse terminar el día de la mejor
manera.

A las tres de la tarde tuve que bajar a la bodega a


por unas muestras que necesitaba.—Sigue por ese
pasillo y gira a la izquierda, ahí veras unos estantes
justo enfrente de ti— por lo menos alguien tenía la
intención de ayudarme. Porque todo el día la gente
pasaba por mi escritorio, seguro que les daba
mucha pena verme fracasar, como yo habían sido
muchas las que habían estado en mi misma
situación supongo.

Los archivos que necesitaba, no podían estar más


altos, no es que fuera muy bajita. Mi estatura era
promedio, pero me hubiera gustado ser más alta ya
que todos en mi familia parecían jirafas.

—Ahuché, lo que me faltaba y con todo lo que


tengo que hacer.—De pronto me encontraba tirada
en el suelo, con un montón de archivos regados
por todos lados.

—Vaya, la que has liado. Y ni siquiera obtuviste el


que querías. ¿Eres nueva? ¿No?
—Se nota mucho.—Le di un repaso con la mirada,
ciertamente no era mi tipo, alto, moreno y
demasiado delgado para mi gusto. Un poquito más
de carne en los huesos y podría coquetearle.
Aunque su sonrisa, era lo único que llamó bastante
mi atención, una sonrisa Colgate.

—Ummm, un poco. Ten, solo recuerda guardar


todo, antes de marcharte—supuse que se ofrecería
a ayudarme, como todo un buen caballero.

—Podrías ayudarme, estoy muy liada y ordenar


esto solo me atrasará un montón—pensé que
talvez, pidiéndoselo amablemente me ayudaría.

—No, bonita no me pagan para hacer eso. Yo


tengo muchas cosas que hacer, las cuales tu seguro
que no te ofrecerás a ayudarme. Aparte estoy en
mi hora de descanso. —Pensé que era muy poco
caballeroso de su parte no ayudarme. Viendo que
prácticamente se lo estaba suplicando.

En mi vida le volvería a pedir un favor, ni siquiera


cruzaría palabra con él. Por suerte, ese pequeño
incidente no supuso ningún problema para que
lograra completar mi jornada laboral. Ese día
llegué casi arrastras a casa.

—El primer día y ya estas agotada—dijo mi madre


la cual siempre tenia algo que decir— Rápido, vas
a renunciar por lo que veo, no aguantarás mucho
tiempo, aquí se te da de todo, no te falta de nada—
No estaba de acuerdo con ella y solo por eso les
demostraría a ella y a todos de lo que era capaz,
por que cuando me proponía a hacer algo trataba
de dar lo mejor de mí y hacer bien las cosas.
—Ya tengo veinticuatro años, madre, tengo que
ganarme la vida, y ya estoy cansada de vivir bajo
tus reglas.

La siguiente semana ya le había agarrado el truco


al trabajo, ya casi era la hora del almuerzo así que
bajé a la cafetería a por un café y algo para llenar
mi estómago, mi cuerpo me pedía comida desde
muy temprano y estaba esperando con ansias que
llegara esta hora.

—Pensé que ya habías renunciado, después del


desastre del primer día. —Había decidido que lo
mejor era ignorarlo después de lo descortés que
fue la ultima vez.—Eres muy guapa, todos en la
empresa están hablando de ti, en pocas palabras
todos quieren probar suerte en conquistarte, nos
traes locos.— Ja, eso quería decir que él también,
menudo gilipollas.
—Umm, qué mal por ellos, no estoy interesada en
enrollarme con nadie de por aquí—lo cierto es que
nadie valía la pena, para que me planteara dejar mi
soltería.

—Ni yo, podríamos pasarlo muy bien si me


dejaras ntntentarlo—Lo cierto era que entre todos
los presentes era el más pasable, siempre andaba
bien arreglado, demasiado coqueto para mi gusto.
Pero como no estaba interesada en una relación,
eso no significaba que no podía divertirme con él.

—Sería algo sin compromisos, de divertirnos sin


complicaciones, ni reclamos cada quien en su
rollo.—Parecía que había encontrado al candidato
perfecto. No estaba interesada en él, en absoluto,
pero había algo que me incitaba a aceptar su
propuesta.
Tal vez era el hecho de que ya tenía mis planes y
lo que menos necesitaba era una relación seria,
esta propuesta me cayo como anillo al dedo y era
lo que siempre había buscado.

—Me parece perfecto es justo lo que me interesa,


no estoy interesada en relaciones ni lo que
conllevan.—Que era lo peor que podía pasar. Que
uno de los dos terminará por enamorarse, pero
para ese momento yo ya tendría mi boleto en
mano…

—¿Qué haces mañana?¿Quieres salir a tomar algo


por ahí?—Tan rápido, nunca aceptaba salir con
nadie me da demasiada pereza salir en plan pareja.
Prefiero salir con mis amigos o quedarme en casa
viendo una buena serie. Pero hoy me sentía más
decidida, aunque después terminé por arrepentirme
como suele pasarme normalmente.
—Bien, pasa a por mí a las tres te mandaré la
dirección por mensaje.—Después me quedé
pensando en cómo haría para decirle a mi madre
que saldría con un chico, eso nunca se mencionaba
en casa. A pesar de que mi madre era una mujer
joven tenía ciertas actitudes un poco raras a veces.
Nunca nos había dado el consentimiento a mi
hermana y a mí de salir con un chico. Mi hermana
era más atrevida y siempre que alguien le gustaba
terminaba saliendo con él, en cambio yo preferiría
no meterme en problemas y me conformaba con
leer mis libros.

Cuando llegué a mi mesa, una de las secretarias de


los ejecutivos se acercó, los más rápido que sus
ridículos tacones le permitieron.

—Oye, que te he visto hablando con Ari el chico


guapo de la empresa.—Guapo pero es que ocupaba
lentes, tampoco era la gran cosa.—Yo quise salir
con él, pero nunca llegamos a nada, y según sé,
tiene novia fuera de la empresa así que lo mejor es
que te alejes de él.—Tuve que poner la sonrisa
más fingida del mundo.

—Gracias, por el consejo. Te lo agradezco de todo


corazón.—Si tenía novia a mi me daba lo mismo,
eso solo significaba que era un putón, bueno no es
como que yo se lo hubiera preguntado, y aparte
para el trato que teníamos era perfecto pues así lo
tendría menos pidiendo explicaciones. Aparte no
había nada de malo yo estaba soltera, él era quien
tenía una relación y por lo tanto debía respetarla,
no yo. Haría como que no sabía nada total ni me
importaba.

—Bueno yo solo te advierto, es feo tener novio y


que te engañe. —Preferí ignorar la conversación,
aparte lo mejor era que no entablara ninguna
amistad ya tenía a mi amiga para contarle mis
cosas. Seguro que metía en chismes a todo el
mundo.

Dejé el tema de lado y traté de terminar con todos


los pendientes del día.

Por fin era sábado, la semana había sido muy


caótica. Planeé quedarme en la cama todo el día,
necesitaba recuperar fuerzas. Me la pasé viendo
series y leyendo libros, esta sí es vida, pensé para
mí, el que inventó el trabajo no tenía nada que
hacer.

De pronto mi móvil me avisó que tenía una


llamada perdida de Ari, le devolví la llamada por
pura cortesía

—¿Dónde estás? Estoy frente a tu casa, ¿Estas


lista? He traído el casco, iremos en moto— si antes
no tenía ganas de ir, ahora menos, me daba un
terror las motos.
—No iré, es que me ha surgido algo, lo dejamos
para luego si te apetece.— Ya lo había hecho
muchas veces, aceptaba quedar con ellos y luego
los cancelaba cuando me daba cuenta de que no
era tan buena idea.

—Puedes salir solo un momento aunque sea, ya


que no saldremos me gustaría verte.—Bueno a eso
sí podría acceder, tendría que salir y volver, sin
que se dieran cuenta en casa de que no estaba en
mi habitación.

Estaba esperándome en la esquina como yo se lo


había pedido, y no se veía tan mal, llevaba puesto
unos vaqueros negros muy ajustados y un polo
blanco. Se había puesto mucho fijador en el
cabello, pero eso no le quitaba estilo, la verdad que
se había lucido para la cita.
—Hola, ¿por que no te apetece acompañarme?—
Que le podía decir, tenía que inventarme una muy
buena excusa, no podía decirle la verdad, que en
primer lugar mi madre era capaz de atarme a la
cama para que no saliera y lo mejor era no probar
suerte.

—Hace un mal día, se ve que lloverá muy fuerte y


no quiero resfriarme.—Esa era la excusa perfecta y
en teoría no era una mentira ya que de verdad el
panorama no pintaba nada bien.

—Tienes razón, lo dejamos para luego mejor. Me


hacía mucha ilusión que me acompañaras.—La
verdad que no me apetecía ir, y menos en moto, si
hubiera llegado en coche tal vez me hubiera
convencido en huir y pensar después en las
consecuencias.
El lunes, como era inicio de semana era demasiado
caótica, ese día en concreto necesitaba unas cuatro
manos extras para hacer todo el trabajo.

—Hola, soy Walter el encargado de relaciones


publicas, como que pasas mucho tiempo con Ari y
la verdad que el no te conviene eres muy guapa
para tener algo con él. —Ja, no entiendo por qué la
gente siempre quiere meterse en mi vida, ya estaba
lo bastante mayorcita y sabía lo que quería, aparte
él tampoco estaba tan bueno, era casi de mi edad,
pero solo con levantar la vista del ordenador me
había llevado un gran susto.

Vestía unos vaqueros militares que no le pasaban


de la mitad de la nalgas, una camiseta toda ancha
que parecía que había adelgazado 5 tallas y aun la
conservaba.—Gracias por preocuparte, pero solo
me cae bien, nada más.—No tenía por qué darle
explicaciones a nadie y menos a un desconocido.
Después de perder varios minutos de mi valioso
tiempo, no me había dado cuenta que ya casi era la
hora del almuerzo, decidí bajar a por algo. Siempre
quedaba con mi amiga, nos sentamos en la misma
mesa de siempre. Supongo que ya nos habíamos
acoplado al lugar.

—Oye, ya andan diciendo en la empresa que tienes


pareja, siempre me preguntan si sé algo. Pero me
siento un poco herida, no me has contado nada del
chico misterioso.—Es que la gente le encanta
andar inventado cada cosa pensé para mí misma.

—No hagas caso, son puros chismes de oficina,


cuando sea cierto ya sabes que serás la primera en
enterarte.—No le había comentado nada de que
había estado hablando con Ari, ni mucho menos
que había aceptado salir con él.
—Ya lo sé, no te estoy pidiendo explicaciones
Juliet, solo te lo digo para que te des cuenta como
son de cotillas.—No tenía ni que advertirme, si
hasta llegaban a mi escritorio a decirme lo que era
mejor para mí.

Mientras esperábamos nuestro turno para subir al


ascensor, Ari me estaba esperando para que
subiéramos juntos. Justo lo que me faltaba, ahora
todos confirmarían lo que decían.

—Quería invitarte, a la fiesta de cumpleaños de la


novia de mi amigo, será en el pueblo de ella. El
plan es que ustedes dos se vayan juntas y nosotros
llegaremos antes para preparar todo, mi amigo le
quiere dar una sorpresa.—Ja, ya esta dando por
echo que voy a ir, quién se cree para darme
ordenes.
Lo pensaré, ¿cuándo dices que es?—La verdad que
las fiestas no son de mi agrado, pero no sería mala
idea asistir. Así puedo ver si de verdad merecen la
pena o no las fiestas.

—El sábado, solo serán unos cuantos. Te la


pasarás de maravilla te lo prometo. Aparte me
hace mucha ilusión bailar un par de canciones y
todo será más divertido si en tu compañía.—Es
que no se rinde, después de dejarlo plantado pensé
que no me volvería a buscar.

El martes por la mañana estaba apunto de


prepararme una taza realmente perfecta de café,
hasta que él amigo de Ari, apareció plantándose
delante de mí. Se llamaba Marcus, según recuerdo,
siempre andaban juntos ya que trabajaban en la
misma área. Era totalmente diferente a Ari, más
alto, igual de delgado y su tono de piel un poco
más clara.
—Hola Juliet, no he tenido el placer de
presentarme formalmente, soy Marcus amigo de
Ari. Seguro que nos has visto siempre juntos. Él
me ha comentado que irás como su pareja a la
fiesta sorpresa que le quiero hacer a mi novia, me
encantaría que me ayudaras a distraerla, mientras
preparamos todo.— No lo podía creer, todo mundo
daba por sentado que iría a la dichosa fiesta, y
menos ganas me daban cada vez de aceptar. Y solo
de pensar en cómo me escaparía de casa, me daba
dolor de cabeza.

—Umm, todavía no estoy tan segura. Ari me lo ha


comentado hasta hoy, no tengo nada preparado.—
Era la peor excusa que me había inventado en toda
mi vida.

—No pasa nada. Lo que importa es tu presencia y


que me ayudes a distraerla un poco y de paso se
conocen. Así en un futuro podemos salí los cuatro
juntos.—Y dale con lo mismo no entendían que no
tenía ganas de asistir a la dichosa fiesta.

Durante toda la semana Ari y Marcus, cada vez


que pasaban por mi mesa hablaban sobre el mismo
tema. Y ya estaba cansada de darles excusas
aunque muy en el fondo sabía que no era tan mala
idea portarme mal por un momento.

—Vas a ir a la fiesta, no me han invitado. Supongo


que solo es para gente privilegiada. Deberías de ir,
estoy segura que te vas a divertir. Nunca sales,
tienes que vivir la vida, yo te puedo cubrir.—Mi
amiga tenía toda la razón, y ese simple comentario
me dio el valor para aceptar e ir. Siempre he sido
buena hija y nunca he logrado nada por eso.

—La verdad que sí quiero ir, pero sabes que mi


madre nunca me va a permitir poner un pie afuera
de casa, y menos si se entera que es para una fiesta
que voy.—Es que ya me urgía vivir sola, y con mis
propias reglas.

—Tienes veinticinco años, a tu edad ya nadie pide


permiso para salir. ¿Qué esperas para irte a vivir
sola?—La verdad era que tenía que aguantar si
quería lograr mis planes. Todavía no tenía el
dinero para comprarme el boleto. Siempre he
dicho que el día que me salga de casa de mis
padres es porque tengo un mejor plan.

Ya tenía todo planeado para el sábado, mi amiga


me cubriría por cualquier cosa, había mentido en
mi casa diciendo que tenía que trabajar hasta tarde.
El viernes llego muy pronto, me sentía un poco
culpable por mentirle a mi madre, a eso de las
cinco de la tarde, estaba tan absorta en el trabajo
que no escuché que se abrieran las puertas del
ascensor. Había una mujer enfrente de mi
escritorio, se quedó callada por un momento y
pasó mucho tiempo observándome para mi gusto.

—Hola, soy Blanca la novia de Marcus. Ari y él


me han dicho que nos iremos juntas. Que no tienes
coche, pasaré a por ti mañana a las seis y media de
la tarde.—En cierta ocasión Ari había mencionado
que Blanca era muchísimo mayor que Marcus, casi
diez años, bueno yo nunca he creído mucho en el
amor. Pero siempre dicen que no hay edad para
encontrar a esa persona de la cual te enamoras
hasta los huesos. Justo en ese momento Ari y
Marcus salían juntos de recursos humanos.

—Ahh, Juliet ya conoces a mi hermosa novia.—


Blanca y Marcus eran totalmente diferentes,
empezando por la estatura. Marcus le sacaba el
doble a Blanca que hasta tenía que inclinar el
cuerpo para poder darle un beso. Blanca parecía
muy enamorada hasta podría decir que más que él.

—Sí, estaba preguntándole a Juliet. Si le parecía


bien que pasara a por ella.—Bueno, todos estaban
decidiendo por mí, ni siquiera le he contestado
nada. Pero ya me había comprometido en
distraerla un rato, hasta que recibiera la llamada de
Ari.

—Estoy muy agradecida porque me han tomado


en cuenta.—Blanca no tenía ni idea de la fiesta, los
chicos le habían dicho que solo se trataba de una
pequeña reunión de compañeros para conocernos
mejor.

Era sábado y había tenido que pasarme por la


empresa, tenía que terminar algunos informes y
otras cosas que durante la semana se me había
acumulado y necesitaba para el lunes siguiente.
Pero en cuanto terminé salí corriendo a casa para
preparar toda las cosas que me llevaría, le había
mencionado a Blanca que me cambiaría en su
coche, así no saldría vestida de casa.

Y mientras la esperaba, mi amiga me mandaba


mensajes cada cinco minutos recordándome que
tenía que divertirme y contarle todos los detalles el
día siguiente.

Blanca llegó en su coche a las seis menos diez, era


un Turismo color rojo la verdad que quedaba bien
con su personalidad.

Cuando estaba terminando de ponerme los


tacones, el celular me avisó que tenía un mensaje
de Ari.

«“Pídele que vayan a tomar algo, todavía nos


faltan cosas por hacer», se lo preguntaría sólo por
que quería conocer un poco más a Blanca, nunca
me ha gustado qué la gente me diga que hacer.

—Oye Blanca, y si vamos a algún bar a tomar


algo, tenemos mucho tiempo para llegar a la hora
acordada.—Nunca en mi vida había andado de bar
en bar, pero podría pedirme una botella con agua,
¿no?

—Ah, perfecto conozco uno que queda de camino,


te va a encantar el ambiente.—Creo que podríamos
ser muy buenas compañeras de trabajo, me gustaba
mucho su personalidad alegre.

Cuando llegamos no había mucha gente, era muy


temprano la mayoría estarían en sus casas
poniéndose sus mejores trajes como cada fin de
semana.

—Dime Juliet, que hay entre tú y Ari. Andan muy


coquetos.—Vamos con las preguntas, lo cierto era
que no había nada que contar, solo quería
divertirme sin complicaciones, aunque no creo en
el amor, de vez en cuando me siento bien en tener
uno que otro pretendiente.

—Nada, la verdad solo nos estamos conociendo.


Yo creo firmemente que entre un hombre y una
mujer se puede crear una bonita amistad.—
obviaría el hecho de que ella ya sabía que él tiene
novia, estaba más que segura que a lo mejor ella la
conocía muy bien—¿Y, tú?¿Cuánto tiempo llevas
saliendo con Marcus? Si se puede saber.

—Poco tiempo, dos meses casi. Él estaba casado


cuando lo conocí, su esposa está embarazada. Solo
están viviendo juntos hasta que ella tenga al bebé.
Luego la dejará.—Vaya, así que en la empresa se
vive como Sodoma y Gomorra. Pero cómo puede
creer tal mentira.
—Pero estas enamorada, o solo estás saliendo en
plan de diversión con él.—Preguntaba por saber
bien el chisme, pero se notaba de lejos que estaba
hasta los huesos por él.

—No, yo sigo conociendo chicos. Con él solo


tengo citas, de vez en cuando, es muy atento y me
consiente todos los días, sin que se lo diga sabe
todo lo que me gusta y llega a casa los fines de
semana.—Pero estaba más claro que el agua que
esa era una relación, yo no estaba entendiendo
mal. Para mí eso es engañarse a uno mismo, pobre
tonta que piensa que va a cambiar por ella

Para mí un hombre que deja su familia por la


amante, en cuanto se aburre se va a la siguiente.
Como dicen en mi pueblo «el puesto de amante
siempre queda libre»
Media hora después, y media hora de escuchar de
su vida, ya no sabía si, sentir lastima por ella o
darle un par de bofetadas para que reaccionara y
viera que estaba jugando con ella. Pero, ¿quién era
yo? Tarde o temprano se daría cuenta de lo
equivocada que estaba.

Cuando nos dimos cuenta, ya se había hecho de


noche. Revisé mi móvil, tenía diez llamadas
perdidas de Ari y una infinidad de mensajes donde
me decía que podíamos llegar en cualquier
momento.

Blanca aparcó enfrente de la casa en cuestión de


minutos todas las luces de la casa estaban
apagadas.—Segura que ya han llegado, no se
escucha ningún ruido.—Al subir el primer escalón.
Me sentía un poco nerviosa pensando que tal vez
nos habíamos equivocado de casa. Pero justo en
ese momento todos empezaron a cantarle, vi que
Ari estaba al otro lado de la casa así que me
acerqué para saludarlo. Ya había cumplido mi
parte de traer a Blanca.

—¿Dónde estaban? Casi me voy a buscarlas, pensé


que les había ocurrido algo.—Qué dramático, y no
tenía porqué darle explicaciones en primera no
éramos nada, y segundo, solo estaba haciendo lo
que él me pidió.

—Mira, quiero llevar la fiesta en paz así que deja


tus reclamos para otro día.—La música estaba
sonando tan alto que apenas podíamos conversar
así que me pidió que saliéramos a la terraza porque
no entendía nada.

—Dame un beso—me quedé sin palabras, era lo


más directo que alguien había sido en mi vida. Y
ahora qué hago nunca en mi vida he besado a
nadie. No he pasado de rozar los labios con un
chico y la última vez que lo hice fue en el instituto
que ya casi ni me acordaba.

—Otro día, todavía estas en prueba para que


puedas recibir un beso de mi parte.—Ciertamente
sí quería besarlo, pero no tenía ni idea de cómo
hacerlo. Así que me haría la difícil, así no se daría
cuenta.

—Tienes razón me los ganaré primero, ¿quieres


bailar? Se supone que a eso hemos venido.—Debía
decir que bailaba muy bien, yo no hacía ningún
movimiento él era el que nos guiaba a los dos.

Aunque nunca había asistido a una fiesta, aparte de


la escena del beso me la pasé muy bien. Todos
acordamos que el siguiente sábado también había
fiesta y no se por qué pero ya estaba emocionada.
A las cinco menos diez de la madrugada Blanca
me dejó en mi casa. Ari y Marcus venían detrás de
nosotras en sus motos. Haciendo de
guardaespaldas, la verdad que parecía una escena
de una película de terror.

—Joder estaba tan preocupada por ti, tu madre


dice que llegaste casi a las cinco de la madrugada.
No podía dormir pensando que algo te había
pasado de regreso a casa.—Amigas así necesitaba
uno en esta vida que se preocuparan más que uno
mismo.

—¿Qué hora es? ¿Cómo has entrando a mi


habitación?—Hacía mucho que no dormía tan
bien, lo que si tenía era un hambre de muerte.

—Casi las doce y tu madre me ha dejado subir.


Quería comprobar por mí misma que estabas viva.
—Que dramática, pero tenía que agradecerle que
me había salvado el culo y habia reafirmado la
mentira más cuando mi madre le preguntó, por qué
ella no tenía que ir también.

—No ha estado tan mal. Andaban varios de tu


área. Y a que no sabes de lo que me he enterado.—
Sabía que estaba ahí más que todo por el chisme y
su cara lo decía todo, estaba esperando con ansias
que le contara.—Blanca me ha contado que
Marcus está casado y su esposa está embarazada.
Pero por lo que entendí a ella nada de eso le
importa. Según ella no están en una relación, pero
te podría jurar que sí.

—¿Como Marcus y ella en una relación? El esta


casado es demasiado chisme para alguien como yo
que no soy chismosa.—Lo bueno que ella no le
contaría a nadie, porque se supone que nadie sabe
que están saliendo. Ya que todo mundo el sabe que
está casado y va a ser padre.

—Así mismo quedé yo, es que estos tipos no


respetan a las que tienen en casa.—Yo no podría
decir que estaba haciendo lo mismo que Blanca
porque ya le había dicho a Ari que no quería nada
serio y mucho menos le pediría que dejara a su
novia por mí. No me interesaba quedarme con las
sobras de nadie. Tampoco le mencioné lo del beso,
seguro que me hacia bullying por un buen tiempo.

El lunes por la mañana todos comentaban cosas de


la fiesta. Cuando bajé a buscar algo para almorzar
en una esquina estaba Blanca, Ari y Marcus.
Blanca y Marcus estaba sentados uno en frente del
otro. Blanca me hizo señas con la mano para que
me sentara con ellos.
—Hola no puedo quedarme, ya tengo con quién
comer.—No podía dejar sola a mi amiga, y
tampoco tenía ganas, así que esa era la excusa
perfecta.

—Es una lástima yo pensé que sería buena idea


que comiéramos los cuatro juntos.

—Te habría pedido algo, si te sentabas aquí. Pero


será para la próxima.—Es que nunca me pedían mi
opinión pero hoy no daría mi brazo a torcer.

—Bueno, me voy que tengo mucho trabajo que


hacer hoy.—

Durante el transcurso de la semana Ari y todos los


demás no pararon de recordarme que tenía que
asistir a la dichosa fiesta, estaba casi lista. De vez
en cuando me leía un artículo de cuál era la mejor
forma de besar.
Era un poco ridículo pero tenía tantas ganas de
intentarlo y no porque me gustara, simplemente
quería experimentar. Era vergonzoso que a estas
alturas de mi vida nunca hubiera dado un beso en
condiciones.

Al final, dejaron de insistir que me sentara con


ellos, ya que tomaron la gran idea de unirse a
nosotros, mi amiga se sentía excluida, lo sé. Pero
nunca me lo dijo, ya que Blanca siempre estaba
coqueteando con Marcus y Ari no dejaba de hacer
lo mismo conmigo y yo trataba de seguirle el
juego para seducirlo.

—Me ha comentado Ari que tienes problemas con


tu madre para salir de fiesta, así que hemos
pensado que te vengas a mi casa y nos preparamos
juntas.—Bueno, eso era mejor que cambiarme en
su coche, odiaba esta parte de mi vida. Por qué no
podía salir por ahí como cualquiera de mi edad.
Tenía que recurrir a mentir para poder hacer estas
cosas.

Y podría jurar que nunca me porté mal, pero me di


cuenta que un poco de diversión en la vida no cae
mal. Tenía veinticinco años por Dios. Ya no le iba
a dar tanta importancia al asunto.

Aparte tenía la oportunidad y las personas para


hacerlo, me dedicaría a vivir la experiencia de la
mejor manera.

El día llegó y ya tenía preparado lo que usaría.


Tenía una falda lápiz blanca que me quedaba al
cuerpo, la cual combiné con un crop top negro de
tirantes transparente y unos tacones de aguja color
negros.

Recogí algo mi cabello con lagunas pinzas dejando


unos rizos sueltos, me puse máscara de pestañas,
base para ocultar un poco las ojeras y el labial más
rojo que tenía.

No era por presumir, pero me veía como toda una


diosa, la combinación de atuendos hacía resaltar
cada curva de mi cuerpo.

—Madre mía, cuando Ari te vea después de esta


noche estará comiendo de tu mano.—En parte me
había vestido sexy por él, pero la verdad es que me
encantaba gustar y recibir cumplidos.

—Esa es la intención. Que vea lo que nunca podrá


tener, solo por hoy, sus ojos serán bendecidos. Ya
sabia que lo único que quería era llevarme a la
cama, pero no me atraía tanto como para llegar a
eso.

—Yo he comprado lencería nueva, solo para esta


noche. A Marcus le encanta cuando me pongo
encaje. Y esta noche nos perderemos un rato y
posiblemente lo terminemos haciendo en mi
coche.—Bueno era demasiada información para
mí, no me interesaba conocer lo que hacían esos
dos en la intimidad.

Cuando llegamos, ya todos estaban dándolo todo


en la pista de baile, menos mal que la casa que
habían conseguido tenía una gran sala.

Ari me ayudó a salir del coche, cuando vi la


expresión en su rostro. Mi yo interior estaba muy
orgullosa. Había logrado el propósito de está
noche.

—Guau, estas fantástica. No tengo palabras para


describir lo hermosa que estás.

—Bueno, la noche lo amerita, ¿no Tú tampoco


estás mal —La verdad andaba con una camiseta
negra básica un jean rasgado negro se había puesto
suficiente fijador para que ningún cabello se le
escapara. Envidiaba a los hombres en ese aspecto.
No les costaba tanto arreglarse como a uno de
mujer.

—Vamos a bailar, un rato. Así entramos en calor.


—¿A eso se venía a las fiestas, no? Qué pregunta
tan fuera de lugar ,la verdad.

Empecé pegándome a su cuerpo sugerentemente.


Todos se nos quedaban viendo, prácticamente le
estaba haciendo un striptease en la sala. Me sentía
poderosa, nunca en mi vida había hecho tal cosa,
pero esa noche no me importaba nada la verdad.

—Vamos a la terraza, para que podamos estar


nosotros solos.—Ja ya sabía lo que quería, los
hombres son tan predecibles.

Me llevó tiempo reaccionar a lo que estaba


pasando, empezó a besarme apasionadamente y
literalmente se me olvidó todo lo que había leído.
No puedo decir si lo hice bien o mal. Solo me dejé
llevar por el momento.

De pronto sentí que tenía la espalda pegada a la


pared, sin romper el beso, con una mano levantó
una de mis piernas mientras yo bajaba una mano
para comprobar que estaba tan excitado como yo.

En cuestión de segundos me apartó la mano,


empezó a mover las caderas mientras me clavaba
su dura erección.

Ese leve movimiento, me hizo ver las estrellas.

—Vamos al cuarto de baño, necesito que me


ayudes a resolver esto—mencionó esas palabras
tan seductoramente, que de no ser por mi
determinación él habría logrado su objetivo.

—No es muy cutre, gracias pero no tengo ninguna


intención de meterme ahí.—Ya había dicho que no
me acostaría con él, y tampoco tenia intenciones
de que mi primera vez fuera en un cuarto de baño,
mal oliente.

—Tienes razón, además todos están entrando y no


tiene seguro la puerta, no tendremos privacidad.—
Ja en que mundo vivía, la emoción del momento
se había esfumado en el aire después de su nada
inapropiado comentario. Bien por mí, estaba a
punto de perder la cabeza por sus deliciosos
movimientos.

Mientras dejaba que metiera su lengua hasta el


fondo de mi garganta, alguien me llamaba a lo
lejos.

—Juliet debemos iremos. Si nos quedamos más


tiempo, habrá mucho trafico y tardaremos horas en
llegar a la ciudad.
—Vale, me despido de Ari y nos vamos.—Salvada
por la campana, si Blanca no hubiera interrumpido
el momento, estoy más que segura que hubiera
perdido los papeles con Ari.

—No, es necesario que te vayas con ellos, yo


puedo llevarte a primera hora de la mañana.
Podemos quedarnos en una de estas habitaciones.

Para mi lo mejor era volver a casa y pensar con la


cabeza fría. Esto no estaba nada bien.

—No, lo siento pero tengo que volver con ellos.


En mi casa lo verán muy raro y empezarán con sus
preguntas de por qué salí de casa en coche y
regreso en moto.— Solo quería divertirme, creo
que él no me atraía lo suficiente como para superar
mis límites.

Después de que Blanca me dejara en casa, no tuve


tiempo para pensar en todo lo sucedido. Me podía
tanto el sueño que solo me puse la pijama y me
dormí profundamente, y otra vez ahí estaban las
malditas pesadillas

—Que te ha pasado en el labio. Y lo que tienes en


el cuello es un chupete. Por Dios a tu madre le
dará algo cuando te vea.—Mi amiga no exageraba,
me acerqué al espejo que tenía enfrente. Esta vez
sí estaba en problemas cómo explicaría estas cosas
en casa.

—Es un imbécil, sabe que no tenia que dejar


rastros y con lo que odio estas cosas.—El chupete
del cuello era lo que más me asustaba empecé a
frotar una moneda en él. Había leído que así se
podía hacerlo desaparecer. Colocaría un poco de
base y ya.

—Y con la mordida en el labio qué harás, esa no


desparecerá de la noche a la mañana.—En vez de
darme ideas, estaba haciendo preguntas fuera de
lugar.

—Diré, que me cayó una caja. Tú tienes que


ayudarme a mentir.—Ja, era la mentira más
ridícula pero sonaría tan convincente que no habría
dudas.

El lunes por la mañana todos comentaban de cómo


había pasado toda la noche seduciendo a Ari. Y
por la herida en mi labio que aun no había sanado
era más que obvio.

A la hora del desayuno, Ari, Blanca y Marcus se


acercaban a nuestra mesa. No me apetecía nada
verle la cara. Por su culpa, todo mundo me veía
como una mujerzuela. Bueno, al final de cuentas la
gente siempre va a hablar, lo mejor era disfrutar el
momento. Tarde o temprano terminaría.
—Hola, no hace falta preguntar qué te paso en el
labio. Ari es un bestia—decía Blanca mientras se
sentaba al lado de Marcus.

—Perdóname Juliet, yo no hago estas cosas me


deje llevar por el momento. No volverá a pasar lo
prometo.—Ja, después del susto del fin de semana.
Tampoco podría permitir que volviera a suceder.

Después de dejar esa noche de lado. Cada vez


pasábamos más tiempo juntos. En la empresa o los
días que no trabajamos quedábamos con Blanca y
Marcus y terminábamos teniendo una cita doble.

No puedo negar que me la pasaba bien, siempre


habían besos sugerentes. Hasta que un día, todo se
arruinó. Estábamos almorzando en la cafetería de
la empresa cuando vi que se movía un poco
nervioso en su silla.
—Juliet, quiero que formalicemos lo que tenemos,
es decir, quiero que seas mi novia.—Empecé a
atragantarme y esparcir la comida por todos lados.
La pregunta me había tomado por sorpresa.

—¿Qué? Estás loco, y tu novia.—El muy cínico


quería tener una relación con las dos. De que va,
desde el principio le dije que no me interesaba
tener una relación.

—No, tienes por que darme una respuesta en este


momento. Piénsatelo y me respondes luego.
Aparte tenía muchos problemas con ella lo hemos
dejado de momento.—Ja, capaz que la pobre
mujer esté en casa esperándole, solo lo dice para
que yo acepte, es la típica técnica de tenemos
problemas. O solo estamos juntos por los niños, ya
no la amo.
—Umm, dame tiempo para pensar. Me ha
sorprendido mucho tu pregunta.—Ja no tenía nada
que pensar, extrañaría su amistad y lo bien que lo
hemos pasado las últimas semanas. Pero una
relación y encima, con un tipo como él.
Demasiado agobiante para mí.

Todos los días de la semana me preguntaba si ya


tenía su respuesta. Que nada cambiaría entre
nosotros.

La verdad que llegó hasta el punto de fastidiarme


con la dichosa pregunta. Así que tomé la decisión,
el viernes después del trabajo, le diría que gracias
pero no.

El viernes, Blanca pasaría por nosotras. Habíamos


acordado que lo mejor era viajar con ella en vez de
pagar transporte publico.
—A que no saben de lo que me acabo de enterar.
—Seguro que entendió por nuestra expresión que
no teníamos idea a lo que se refería.—Acaban de
despedir a Ari.

Lo primero que pensé fue, se acabaron las salidas


fuera de la empresa, pero qué bien por mí. Ya no
tendría la necesidad de decirle que no me
interesaba en absoluto. Ese día fue bastante
extraño, pues ya estaba acostumbrada a su
presencia no puedo negar que los días juntos me
había divertido mucho. Cuando llegué a casa me di
cuenta que me había enviado un mensaje de texto.

«Debo, decir que me la pase bien en tu compañía.


El que ya no esté en la empresa, no significa que
no podamos seguir viéndonos. Tal vez no sea lo
mismo, pero me gustaría quedar cualquier día.
Cuídate, se te aprecia» …Ari.
Saldría sola, desde que me enteré esa mañana que
lo habían despedido para mí significaba pasar
página. En parte me alegraba que lo hubieran
despedido aunque no debía ser tan egoísta.
También le deseo que encuentre algo mejor.
Tampoco hay que desearle el mal a las personas.
Era un simple deseo por los buenos momentos
juntos.

De vez en cuando los cotillas de la empresa me


preguntaban si sabía algo de él. Hasta que me
enojé y hablé con mi amiga.

—No entiendo la necesidad de la gente con insistir


en el mismo tema.—Estaba harta de lo mismo.

—Es porque dan por hecho que tenían algo más


que una simple amistad. Los de mi área. Me
preguntan cuánto tiempo salieron y si lo sigues
viendo.—Es que la gente siempre da por hecho
cosas que ni al caso.

—Pero, sabes mejor que nadie que nunca anduve


con él, bueno, de manera formal.—Ósea solo
estábamos en plan amigos, para mí eso no cuenta
como relación.

—Ya sabes cómo son, siempre andan al pendiente


de los asuntos de los demás.—Mi amiga tenía
razón, la gente pasaba más tiempo metiendo las
narices en la vida de otros que en la de ellos
mismos.

—Pero bueno, no me voy a preocupar por chismes


de oficina, pronto se les olvidará y pasarán a la
siguiente víctima.—Era lo que siempre pasaba. Era
una empresa donde nada pasaba desapercibido y
siempre había tema de conversación.
Habían pasado ya varios meses y ya nadie hablaba
o me preguntaba por Ari. Yo había decidido seguir
con mi vida, y guardar los momentos vividos en el
baúl de los recuerdos. Como ya estaba de forma
permanente en el puesto todo sería más fácil me lo
había ganado a puro trabajo. Pero la paz y
tranquilidad no me duraron mucho. Recuerdo que
estaba en el sótano de la empresa, ordenando unas
facturas que yo misma había tomado. Cuando sentí
la presencia de alguien, me di la vuelta presa del
pánico. Traté de ver a lo lejos pero no podía
distinguir de quien era la figura, hasta que lo tuve
enfrente.
—Que haces aquí sola. No es necesario que las
bajes tú, pídele a uno de los que trabajan aquí que
suban por ellas.—Tremendo susto me había dado
y el muy cretino, ni siquiera se había disculpado.

—Es algo que tengo que hacer personalmente.—


Quien los entiende. Unos me dicen una cosa y
luego resulta que no es así. Menuda pérdida de
tiempo.

—Bueno, en realidad te seguí hasta aquí por otro


motivo. Vi que estabas bajando al sótano y quería
hablar donde no nos vieran.—Es que este hombre
no es normal. Si los meses que llevo aquí nunca
habíamos cruzado palabra. Y ahora me seguía,
esto si que era acoso.—¿Que pasaría si te robara
un beso?

—Pues te daría tu par de cachetadas por atrevido.


—Me importaría muy poco si me despedía, ni lo
pensaría dos veces. Es que tengo un cartel en la
frente que diga necesitada de afecto.

—No te atreverías tú también lo deseas tanto como


yo.— Empezó a besarme a la fuerza, traté de sacar
mis manos de su agarre. Mi cerebro tardó un poco
en reaccionar. Tuve que sacar fuerzas de donde no
había para quitármelo de encima.

—Pero que te pasa suéltame. Te dije que no.


Debes respetar mi decisión. —Muchos dirán que
estoy loca pero debo decir abiertamente que el
beso me encantó. Tal vez sea masoquista pero el
que me haya besado sin pedir permiso me había
excitado. Salí corriendo lo que había pasado no
estaba nada bien.

A las seis y cuarto salí corriendo a casa para


contárselo a mi amiga.
—¿Qué ha pasado? Por que me has pedido qué
venga a verte.—De camino a casa le había pedido
que nos viéramos, que tenía algo muy importante
que contarle y vaya que le interesaba saber.

—A que no adivinas quién me ha besado a la


fuerza. Me ha encantado, pero no me lo esperaba.
—Tenía que escuchar lo que opinaba seguro que
me regañaba por ser tan tonta.

—A ver, si no me cuentas nunca sabré quién es.


Adivina no soy.—Bueno, muchas veces podría
jurar que tenía poderes ocultos.

—Fernando. Uno de los accionistas, solo viene de


vez en cuando a la empresa.—Era una de las
ventajas de ser el jefe supongo. Dejas que otros se
lleven la peor parte.

—Sí, se quien es, todos hablan de lo guapo que es,


pero ahí no debes meterte está casado. Cambia de
amante cada vez que se aburre.—Mi amiga tenía
razón, no debía meterme ahí.

El martes estaba terminando de acomodar mi mesa


cuando Fernando apareció de la nada y me arrastró
a su oficina.
—A dónde me llevas. No te das cuenta que alguien
podría vernos y empezarán a correr chismes por
toda la oficina.—No podía permitir que volviera a
ocurrir lo del otro día.
—Me he asegurado y no hay nadie más que tú y
yo. Mira me traes loco, no dejo de pensar en ti.
Sabes que estoy casado, no puedo ofrecerte nada
más que esto.
Cualquiera en su sano juicio no lo pensaría dos
veces y saldría corriendo.
Pero el hecho de que estuviera casado solo ponía
las cosas más excitantes. Y como siempre he
dicho, yo soy libre y puedo estar con quién quiera.
No le debo explicaciones a nadie. Él debería
respetar su relación aparte no es como que me
interesara tener una relación. Unos cuantos besos,
seguirle el juego. Hasta aburrirme.

—Por favor, déjame ir. Esto está mal—


—No te resistas, es algo que tú también quieres
que pase.
Sí pero me quedaba un poquito de conciencia y
aunque ya había dicho que no tenía por qué
negarme. Mi mente se debatía entre el deseo y la
moral.
Me sorprendía estar por segunda vez en la misma
situación. Antes de entrar, trataba de alejarme de
los hombres. En parte por proteger mi corazón y
otra porque me había encerrado en mi mundo y no
le daba la oportunidad a ninguno de ellos que
traspasaran mis barreras.
Pero cuando entré aquí mi mentalidad cambió por
completo y ni siquiera yo me reconocía.

Sus besos eran muy intensos, no es que esté


comparando pero Ari me besaba con más
delicadeza y muy pausadamente.

Fernando por el contrario no me daba tiempo ni de


respirar, y en cuestión de segundos, con su mano
derecha empezó a masajear mi pecho para
terminar entre mis piernas.

Debo decir que cuando hizo eso mi mente quedó


totalmente fuera de órbita.
—Yo sé que te gusta—Estaba tan caliente que ni
siquiera tuve tiempo para contestarle garró mi
mano y la guío hasta el bulto que encerraban sus
pantalones.
—¿Qué haces? —aparté mi mano nerviosa la
situación se me estaba saliendo de las manos.
—Para que sientas como me pones, y yo sé que
causo el mismo efecto en ti. —Ja, tan seguro
estaba, no podía negar que me encantaba la
intensidad del momento pero tampoco estaba tan
desesperada.

Estaba a punto de gritarle sus cosas cuando


escuchamos unos pasos en el pasillo. Era la señora
de limpieza.
—Señor Fernando, ¿es usted?—Ahora sí que
estaba en serios problemas.
—Sí Pili, pero ya casi me voy. Solo apago las
luces.—Debería gritar talvez así me deja en paz.
Pero mañana todo mundo hablaría de cómo me
estaba encerrada con él en su oficina.
—Debo irme, ella podría regresar, y todo acabará
muy mal para ambos.—Lo mejor era dejar las
cosas así. La aparición de Pili fue muy oportuna,
aunque no tenía por qué haber permitido que las
cosas llegaran tan lejos.
—Tienes razón, pero solo por esta vez. Luego
seguiremos donde lo hemos dejado.—Ja, estaba
muy equivocado si creía que yo volvería a caer en
la misma situación. Tan fácil me creía.

Eso era lo que más me molestaba siempre había


sido muy buena apartándome de los hombres.
Diría que los veía como plagas y trataba de no
relacionarme con ellos. Después de lo que sucedió
en mi infancia con mi padre. Tenía claro que sí me
gusta tener amigos y claro que me ha gustado uno
que otro, a lo único que sí le tengo miedo es al
compromiso.
—Sal, estoy afuera de tu casa.—Casi me da un
infarto al ver el mensaje, sabía de quien era. Pero
cómo había conseguido mi número y mi dirección.

No le contestaría, tenia que entender que no me


interesaba ni lo más mínimo. El lunes llegó igual
que siempre, con muchas cosas por hacer.
—Por qué no contestaste mis llamadas ni mis
mensajes.—No paró de llamarme y enviarme
mensajes todo el día. De los cuales no contesté
ninguno.
—No tengo llamadas perdidas de la empresa—Eso
debía sonar profesional y mostrarle mi desinterés.
—Sabias perfectamente que era yo. Estuve horas
esperando que salieras y nunca apareciste. Estuve
a punto de entrar a la fuerza.—Pero de qué va, si
hubiera hecho tal cosa a mí me hubiera dado algo.
Cómo le hubiera explicado a mi madre qué hacía
ese tipo en nuestra casa.
—A ver, no se cómo explicarte que no me
interesas para nada.
—Te esperaré en mi oficina, hasta que todos se
vayan. Tenemos que continuar lo que quedó
pendiente la otra noche.—Es que no se rendía,
pero que espere sentado porque yo no pienso subir
a su oficina lo evitaré a toda costa.

Traté de terminar temprano, pero todos venían y


me pedían documentos que aun no tenía listos
porque no era el día de entregarlos. Es que se
habían puesto de acuerdo para fastidiarme el día.
—Lo sentimos Juliet, pero Fernando ha pedido los
informes para hoy. Es raro porque siempre se
entregan los viernes, creo que lo hace por
fastidiarnos la vida, ha de estar aburrido.—Eso era
juzgar sucio. Tonta de mí que creía que me lo
pondría fácil.
El final del día llegó y yo todavía tenía muchas
cosas que hacer.

Estaba bien ocupada contestando unos correos


cuando sentí unos pasos y ya presentí quien era.
Me haría la loca y haría como que no notaba su
presencia.

—¿Por qué me estas evitando? Llevo más de


media hora esperándote en mi oficina, tú crees que
tengo todo el tiempo del mundo.—Vaya que
estaba desesperado se le notaba hasta en la voz.
—Lo siento, a alguien se le ocurrió pedir los
informes hoy. Así que tengo mucho trabajo, no
tengo tiempo para tus tonterías.

Tal vez me dejaba en paz de una vez por todas,


cuando ya pasan los límites uno tiene todo el
derecho de parar las cosas.
No me dio tiempo a reaccionar, me levantó como
si nada de mi silla. Y me cargó en su hombros.
Sabía cómo acabaría la cosa, traté de bajarme,
pataleé todo lo que pude, hasta le clave las uñas en
la espalda para dejarle saber lo molesta que estaba.

—Eres un capullo, no me interesas, búscate a otra.


—Lo insulté y le grité de todo hasta quedarme sin
aliento. Seguro que mañana estaría ronca.
Entramos a su oficina y me tiro en su sofá de cuero
negro. Pero en cuanto vi que podía escaparme,
corrí a la puerta, lo más rápido posible, pero ni
supe de dónde había salido cuando sentí que me
levantaba en el aire por segunda vez y volvía a
tirarme al sofá.
Después de unos segundos lo único que se
escuchaba eran muestras reparaciones agitadas. Yo
tratando de huir y él de retenerme a su lado.

—Basta, te comportas como una niña, deberíamos


de estar disfrutando del momento.—Quería llorar
de coraje para ellos, todo se reduce a satisfacer su
propio placer.

Y antes que le contestara empezó a besarme a la


fuerza, juro que traté con todas mis fuerzas de
evitarlo pero empezó a mover sus caderas, al
mismo tiempo que lamía todo mi cuello.

Dirán que soy una débil, pero qué se tiene que


hacer cuando tu cerebro te dice una cosa y tu
cuerpo pide otra. Debió entender que había
perdido mi lucha interna.
Entramos en calor de pura excitación, sus besos
eran demasiado feroces y eso me ponía a mil.

Se sentó en el sofá y arrastro mi pesado cuerpo con


el, era el momento más intenso de mi vida. Hasta
que mi subconsciente me recordó dónde estaba.

Salté de su regazo, salí huyendo de su oficina


medio vestida, mientras corría al ascensor que
había, he hecho lo mejor.
—Juliet, Juliet. Regresa por qué me dejas así.—
Venía acomodándose los pantalones, estaba más
que claro que no me dejaría ir. No puedes
enredarte con un hombre casado. Me repetía mil
veces mientras bajaba en el ascensor.

Para mi sorpresa, estaba bloqueando la puerta de


salida, es que ellos cuando quieren mojar no
aceptan un no por respuesta.

—No puedo dejar que te marches.—Lo decía casi


sin aliento—,sí no subes ahorita mismo. Te juro
que de ahora en adelante tu vida será un maldito
infierno. Lamentarás la decisión de esta noche.—
Pero de que va todo porque no he querido follar
con él.
Me acerqué lentamente para dejarle claro que no le
tenía miedo, y que tenía que respetar mi decisión.
—Que te den, no voy a caer en tus chantajes.—
Estaba jugando con fuego, era consciente de ello.
Pero tampoco debía caer en su trampa. Por su
mirada asesina sabía que cumpliría lo que acababa
de decir.
—Que estupideces estás diciendo, ni ha pasado
nada entre nosotros por que te la tiras de santa.
Cuando no eres más que una zorra barata.—Vaya
que concepto tenía de mí, así que no lo dude dos
veces y le di tremenda bofetada. Estaba furiosa
con él, pero más conmigo misma por haber
permitido la situación.
Salí corriendo del lugar, y no trato de detenerme.
Pero algo en mi interior me decía que la cosa no
terminaría ahí.
Después de pasar el fin de semana, poniendo a mi
amiga al corriente de todo. Tuve que regresar al
trabajo como si nada.

—Juliet, según escuché arriba. Hoy no se


presentará Fernando, así que no le veras la cara por
aquí.—La verdad que ya era toda una experta en
mi puesto pero ahora tenía tantas ganas de
renunciar.
—Hoy no, pero esta en su empresa. Algún día
tendrá que venir a trabajar.—Mi amiga no dijo
nada, su silencio solo me confirmó que yo tenia
razón. No podría escaparme para siempre.

Debo decir que fue la semana, que más trabajo


tuve. Según decían, Fernando, siempre se quejaba
de que había errores en los informes. No se por
qué pero sospechaba que quería vengarse de mí, lo
que no entendía era que culpa tenían los demás en
la empresa. Blanca llegó muy temprano en la
mañana, se veía muy feliz, seguro que las cosas
con Marcus marchaban bien.
—Ya terminas, he venido a decirte que si te
apetece quedar después del trabajo para tomar
algo.—Se veía mas radiante que nunca, llevaba
puestos un jean ajustado y una polo rojo que le
daba color a su pálida piel.
—Claro, así nos ponemos al día.—Podríamos
tener una bonita amistad.
—He invitado a la chica que siempre anda contigo,
y ha dicho que sí. Así que hoy es noche de chicas.
—Que bien que la había aceptado, así no tendría
que dejarla tirada. Cuando salí Blanca nos estaba
esperando, fuera de la empresa en su coche. Me
pidió que me sentara en el asiento del copilo y mi
amiga se quedó en los asientos de atrás.
Cuando llegamos al lugar, era un bar tranquilo,
estaba decorado al estilo Americano. Con
fotografías de lugares y personajes famosos. Que
yo solo había visto en películas como Elvis
Presley, Marilyn Monroe, la ruta 66, entre otros.

—¿Qué van a tomar? Hay que ir a pedir a la barra.


—Blanca se levantó sutilmente de su sitio, seguro
que venía muy a menudo por el lugar.
—Yo tomaré vino ¿Y tú?. Le pregunté a mi
amiga, ya que la muy cabezota estaba con la
mirada perdida, viendo cómo un grupo de hombres
se sentaba en la esquina contraria a la nuestra.
—Lo mismo para mí.

Debo decir que mi vicio con el vino se desarrolló


hace unos cuantos días, siempre que salíamos yo
solo me pedía una botella de agua. Y ella siempre
me hacía burla diciendo que nadie va a los bares y
no pide alcohol. Hasta que la última vez me obligó
a tomar una copa de vino, que según ella no era
alcohol pero era aceptable.

Blanca, nos presumió toda la noche prácticamente


de Marcus. Al final, sí se había separado de su
esposa y habían hecho oficial la relación. Y que
estaba convencida de que a ella sí la amaba.
—Me lo ha demostrado de muchas maneras, con
decirles que el día que nació su hijo prefirió
quedarse a mi lado, que irse con ella. —Lo dijo
con tanto orgullo que lo único que hicimos mi
amiga y yo fue vernos de reojo en plan y esta de
que va.—Eso para mí quiere decir mucho.—
Seguro que esperaba que, mi amiga y yo le
diéramos la razón en algo tan absurdo.
—¿No te has planteado alguna vez, que después de
todo también se aburrirá y te dejara por otra? Y tú
serás la mas perjudicada en todo esto.—Siento que
mis palabras, no servirían de nada, estaba hasta los
huesos por él.

—Juliet tiene razón, al principio todos son unos


caballeros. Pero cuanto más pasa el tiempo más te
decepcionan.—Por eso nos entendíamos bien ella
también tenía claro que no le interesaban las
relaciones.

—El es un buen chico. La dejó por que ella, es


muy celosa y está loca. Yo lo veo bien.—Como
decía mi abuela no hay peor ciego que el que no
quiere ver.
Al final quedamos que todos los días pasaría, por
nosotros. Todo marchaba muy tranquilo
demasiado diría yo, hasta que, se escucharon unos
gritos en el pasillo. Era Fernando y estaba muy
ebrio. Tenía el pelo revuelto, y unas fachas de lo
peor. Al instante notó mi presencia.

—Véanla bien, esa mujer de ahí es una toca


huevos. Te seduce pero no suelta nada.—Lo decía
mientras los de seguridad trataban de sujetarlo
para evitar que se estrellara contra el suelo.

Era el momento más vergonzoso de mi vida,


quería que me tragara la tierra y me escupiera en
algún lugar lejano. Como defenderme yo había
accedido muchas veces dejándome llevar por la
pasión vaya problema en el que me había metido
por andar de caliente.
—Decídete de una puta vez, menuda zorra de
mierda. Solo me ilusionas pero nunca me vas a
soltar tu coño, entonces me busco a otra, ja, ni que
fueras la única.—Estaba realmente loco y no
dejaba de burlarse de mí. Qué tonta he sido por
seguirle el juego.
—No se de qué me hablas, yo nunca he tenido
nada que ver contigo.—Nadie me creería todo
mundo lo había visto tonteado conmigo muchas
veces en el comedor, hasta puedo jurar que nos
vieron besándonos.
Ahora todos me tratarían como a una cualquiera
por enrollarme con un hombre casado. Ellos no
saben que solo fueron simples besos, y uno que
otro roce. Todos asumirán que me ha llevado a la
cama, cuando nunca fue así.

—Mírenla, tirándosela de monja. Pero si te


encantaba cuando te metía mano. Hasta lo
disfrutabas.—No podia creer que hubiera dicho
tales palabra.

Al siguiente día no me presenté a trabajar, según


mi amiga. Al poco rato que me fui, Fernando
pidió a su chofer que lo saco de ahí. Y nadie
dejaba de comentar lo sucedido.

Ya tenía el dinero que necesitaba para irme del


país, lo mejor era que dejara el trabajo y empezar
una nueva vida lejos de aquí. Pero solo me
quedaba una semana del preaviso, así que tenía
que terminar por fuerza, por cuestiones legales si
renunciaba antes perdería la totalidad de mis
prestaciones.

—Hola Juliet, a ver cuándo quedamos. Y me


complaces un rato.—Este era el peor insulto que
he recibido en mi vida, y el tipo ni tenía buena
pinta. Parecía un pequeño duende, si me
preguntaran por una buena descripción sería como
los duendes de Harry Potter, nada adorable.
—Umm no me interesa.
—Pero con Fernando no te importó ser su amante,
sabías perfectamente que estaba casado. Yo estoy
soltero, no veo el problema.—Lo decía con una
sonrisa burlona en su cara. Él muy descarado creía
que podía chantajearme.

Mira, no se de qué vas. No tengo tiempo para darle


explicaciones a un gilipollas como tu.—Quería ser
amable, pero la gente no entiende de otra manera
por lo visto.

Todos los hombres me habían perdido el respeto,


era como si llevara un cartel en la frente que decía
disponible para cuando quieras. Y las mujeres no
dejaban de criticarme y tratarme de una tal por
cual.

—Y dice que nunca ha estado con nadie. Que bien


escondido se lo tenía.—Hasta las que consideraba
buenas compañeras de trabajo, un día se me
escapó decirles que nunca habia estado con nadie,
y todas me vieron como si fuera pecado.—Ya
decía yo que nos estaba viendo la cara, a su edad
no hay nadie que no haya follado. Es una
embustera.
Ni aunque me sentara con cada una a explicarles
mi versión lo entenderían. Lo mejor era no gastar
mis energías.

El viernes llegó, y mi humor cambió. Ya solo tenía


que soportar el dichoso lugar una semana más. Y
sería libre, ya no me esforzaba como antes. Sí
tenia ganas adelantaba trabajo, y cuando no hacía
lo justo.

No había vuelto a ver a Fernando después del


incidente. Según me habían dicho se quedaba en
casa y solo llamaba de vez en cuando para ver
cómo iban las cosas. No tuvo problemas con su
mujer cuando le llegó el rumor, ya estaba
acostumbrada y ella decía que podía tirarse a la
que quisiera, para todos ella era la oficial.
—Hola, ¿Salimos hoy a dar un paseo?—Por lo
visto Blanca se tomaba muy enserio las amistades,
siempre que llegaban los viernes quería que
saliéramos por ahí.

—Esta bien, le preguntaré a mi amiga si se apunta.


—Blanca sonreía de oreja a oreja. Eso solo
significaba que ya le había preguntado. Me
gustaba que la incluyera.

Ese día por suerte todas habíamos salido temprano,


decidimos aventurarnos a conocer otros lugares.
Era un pequeño café, en las afueras del Pueblo.
Debo decir que era sorprendente, tenía las mejores
vistas. Daba paz y tranquilidad después de los
últimos sucesos.

De pronto se me vino a la mente que no le había


comentado a Blanca que un día, después de salir
de la empresa, había visto a Marcus coqueteándole
a una joven de la planta baja.

Pero para qué meterme en líos, dirá que son solo


cuentos. O me tomará por cotilla, si salta a la vista
que no me creería, aunque tuviera las pruebas en
frente. Y creo que todo el mundo lo ha visto más
de una vez. Porque mi amiga también. Ha de ser la
única que no, o finge que no lo sabe para no salir
lastimada.

—Que Juliet, ¿has vuelto a quedar con Ari?


Siempre que me textea me pregunta por ti—lo
decía con cierto tono de picardía, lo que no
entendía era por qué le preguntaba a los demás si
aún conservaba mi móvil.

—La verdad es que no. Supongo que ha decidido


sentar cabeza con su novia, bien por mí, menos
problemas en mi vida.—Con lo que había pasado
con Fernando tenia más que suficiente.

—Todos son iguales, por lo menos este nunca


negó que tenía una relación. Pero por el simple
hecho de querer algo contigo. Deja mucho que
desear como hombre.—Mi amiga tenia razón, ella
también, no se dejaba llevar por el romanticismo
de la vida.

—Yo no opino lo mismo, para mí. Si, la relación


está dañada es mejor que sigan con su vida por
separado. Aparte a mí los pequeños detalles son
los que me enamoran.—Blanca, hablaba seguro de
su relación con Marcus. El había descubierto como
ganársela.
El fin de semana, termino demasiado rápido para
mi gusto no puede terminar todo lo que tenía
pendiente, me habia puesto de acuerdo con mi
agencia de viajes y él vuelo estaba previsto para
dentro de un mes. Para mi estaba perfecto, pasaría
ese mes con mí familia y luego todo cambiaria
para bien
Así que decide que esa semana no me estresaría
con nada.

El bendito viernes llegó, y todos hipócritamente,


me decían lo mucho que me echarían de menos y
que me desean lo mejor en mi nueva etapa.
Al final del día, no sentía otra cosa más que
alivio, por fin dejaría ese lugar que me había
vuelto una persona irracional. Haciendo
estupideses que nunca había hecho en mi vida.

—Nos vamos a comer, para celebrar que dejarás


este lugar. —Mi amiga era la mejor sabía que la
comida era lo mejor para cerrar este ciclo de mi
vida.—Pero nada de comida chatarra. Iremos por
un buen plato.
—Pero si terminamos comiendo en esos lugares es
por ti. Yo soy la que te digo que deberíamos de
comer más saludable.—Era como hablar con la
pared, estaba claro que no le gustaba cocinar, lo
más fácil era pedir comida rápida.
Qué bien se sentía despertar y no tener que ir a
trabajar. Pero mi madre no me dejaría tranquila,
desde mi habitación se escuchaba que gritaba mi
nombre.

—Juliet, levántate a hacer el café. ¿Crees que


nadie desayuna en esta casa?—Ahora recuerdo por
qué la mayoría de las veces prefería trabajar que
quedarme en casa. Es cierto que si había dos
personas, la faena era menos. Pero mi madre al ser
ama de casa, siempre nos daba obligaciones con la
excusa de que ella ya estaba cansada de tanto
cuidarnos.
Siempre me preguntaba, si mi madre de verdad
quería hijos, o solo nos habría traído al mundo
para que le sirviéramos, y no es que fuera mala
madre. De vez en cuando tenía un poco de bondad
por nosotros.
Había decidido que pasaría más tiempo con mi
abuela que vivía sola, en su pueblo natal. Debo
decir que aunque era pequeño y no habían muchas
cosas que hacer para mí era lo mejor.

Había vivido ahí desde los seis meses hasta los


ocho años. Así que le tenía cariño al lugar. Justo
cuando iba a lavar la cafetera. Recibí un mensaje
de mi agencia. Dónde me explicaban que si no
tenía la dosis completa de las vacunas por el
COVID-19 no podría viajar.
—Lo que faltaba, no me lo pudo decir desde el
principio.—Empecé a buscar a mi madre por toda
la casa, ella tenía una amiga en el área de salud.

La he llamado y dice que tendrás que esperar


mucho tiempo. Primero empezaran por las
personas mayores, tendrás que esperar que llegue
tú turno. Mi madre sabía que ya estaba estresada,
cuando las cosas no salían como yo quería. Me
frustraba, y no dejaba de comerme la cabeza con
ello.
Estaba preparando mi maleta, ya que había
llamado a mi abuela para decirle que llegaría al
siguiente día, no había necesidad de quedarme si
no había nada que pudiera hacer, cuando mi
celular me avisó de que tenía un mensaje. Debo
decir que me nunca debí contestar ese mensaje,
caería en el peor de los juegos.
«Cómo van las vacaciones guapa. Espero que todo
bien».
Era de Marcus nunca habíamos mantenido una
conversación fuera del trabajo, las únicas veces
que hablamos no pasamos de mantener una simple
conversación y ahora me salía con esto.
Bueno, tal vez solo quería preguntar y aquí estaba
yo pensado las cosas. Le contesté por educación:

«bien y tú, como va tú día», a lo que contestó de


una. «Aquí, extrañándote» ja, pero este de qué va,
no creía que teníamos la confianza suficiente para
esto.

Pero ahorita no tenía tiempo, para estar


contestándole. Quería ir y perderme en las
pintorescas calles de mi pueblo.
Cuando llegué era casi hora del almuerzo, aunque
había salido a primera hora. El trayecto era muy
largo casi cuatro horas en autobús pero la paz y
tranquilidad que sentía al solo llegar, pagaba con
creces el viaje.
—Abuela, que he llegado ¿Dónde estás?—
Escuché ruido en la cocina. No tenía que buscar
más.

—Cariño, has llegado. Por qué no me dijiste nada,


hubiera mandado a alguien por ti a la estación. —
Yo me la quede viendo, y solo me preguntaba si
ella, tendría alguna idea de cuánto la quería.

No digo que no quisiera a mi madre pero para mí,


era un amor totalmente diferente. Ella me había
criado desde los seis meses. Y a veces me daba
una gran pena, pues casi nadie la visitaba. Y
después de sus fallidos matrimonios decidió que
estar sola era lo mejor. Eso era lo que más
admiraba de ella. Muchas mujeres prefieren
aguantar todos los maltrataos de sus esposos, solo
por apariencias.

—Quería darte una sorpresa. Ya soy una adulta me


las he apañado yo sola —La vida había sido muy
dura con ella. Su madre habia fallecido al nacer
ella. Y su padre nunca fue tan amoroso. Estuvo
casada tres veces, uno la engañó con una prostituta
del pueblo, el otro no dejaba la bebida y los
juegos. No le importaba dejar a sus hijos sin
comer. Pero él último fue el peor, la golpeaba
todos los días solo porque sí. Y lo peor era que ya
le había tocado perder a tres de sus hijos.
—Bueno, tú ve a sentarte, que ya le falta poco al
pollo.—Debo decir que su estofado de pollo era el
mejor del mundo.

—Mira te he traído tu fruta favorita, uvas las más


grandes que he encontrado.—Yo quería darle lo
mejor del mundo sabía que no era eterna, y solo de
pensarlo se me hacia un gran nudo en la garganta.

—Abuela, pero si he venido para mimarte yo a ti,


no tú a mí. —No me habia fijado en su vestuario,
pero debo decir que se veía radiante. Andaba su
típica falda y camiseta a juego.
La semana se me hizo muy corta entre que pasar
tiempo con mi abuela y visitar una que otra casa de
algún familiar de vez en cuando. Y debo decir que
pasé muy ocupada contestando los mensajes de
Marcus, siempre me preguntaba qué estaba
haciendo, cómo había amanecido. No le tomaba
demasiada importancia a sus cumplidos.

Hasta que un día me llamó de la nada. A este


punto ya lo sentía como un amigo podría decirse.

—Hola preciosa. ¿Qué estás haciendo?—Podía


notar su tono meloso. El cual ya tenía bien
estudiado lo más probable.

—Me llamas solo para preguntarme eso. O es


porque no tienes nada mejor que hacer.—Se,
quedó un momento meditando, por lo que tuve que
comprobar dos veces mi móvil al no escuchar
nada.

——Me gustaría invitarte a salir.—Seguro que Ari


le había pedido que me invitará, desde que dejó la
empresa nunca volví a salir con él. Nunca más
volví a responder a sus llamadas.

—Bueno, me quedaré una semana más.—Lo pensé


por un momento, porque hubiera sido más natural,
si Blanca me lo hubiera pedido.—Me parece
perfecto, se que te gusta mucho el café. Y conozco
un buen lugar que te encantará. No era nada raro
que lo supiera. Lo mencioné muchas veces cuando
salíamos los cuatro juntos.

—Ahí estaré sin falta.


Nunca mencionó a Blanca pero di por hecho que
también estaría ahí, ahora que lo pienso en qué
estoy pensando. La semana paso demasiado
rápido, pero me llamaron de la empresa que tenia
que ir personalmente a recoger los cheques.
—Abuela, me iré mañana. Te prometo que vendré
la siguiente semana. Trataré de pasar el mayor
tiempo juntas.—Me quedó viendo fijamente,
aunque no mencionó nada en su mirada se veía,
que no quería que me fuera.

—Vale, cariño como tú quieras. No iré a ninguna


parte, aquí estaré esperando por ti.—Era lo malo
de querer con todo el corazón a alguien. Quieres
estar siempre ahí con ellos.

—No te preocupes, que estos meses, pasaremos


mucho tiempo juntas.—Estoy más que segura que
no quería que me marchará, podía notar la tristeza
en su cara. Pero su orgullo era más fuerte, y era
consiente que no podía quedarme mucho tiempo.
Aunque el viaje se me habia retrasado, aun tenía
muchas cosas que resolver antes de irme.
Llegué, en el último autobús a casa. Estaba
demasiado cansada, mi abuela le había enviado a
mi madre todo lo que tenía en su pequeño huerto.

Llegué, muy temprano a la empresa, no quise


entrar para no ver a ciertas personas. Había
quedado con Marcus después de terminar mis
pendientes del día. Había mencionado que era su
día libre.

Quedamos en que pasaría a por mí, y que lo


esperara al salir del banco. Estaba concentrada
revisando el móvil, comprobando que no me
hubiera enviado un mensaje o tuviera una llamada
perdida.
—Lo siento, te he hecho esperara mucho.—No se
en qué momento llego, pero lucia igual que
siempre. Una camisa polo negra y unos jeans
rasgados.
—No te preocupes, no ha sido para tanto.

Me di cuenta que Blanca no estaba con él. Seguro


que mandó a buscarme y posiblemente ya estaba
esperándonos en el lugar. No tenía caso
preguntarle por ella.

Él tenía una moto, estilo ninja color rojo. Y se


había llevado un casco para mí. Me daban un
terror esas cosas pero ya me había comprometido.
El recorrido duró menos de media hora, cuando
llegamos el lugar solo habían dos que tres mesas
ocupadas, la cafetería estaba decorada con colores
pastel y lo único que resaltaban eran la variedad de
plantas que tenían.
—Sentémonos en aquella mesa de por allá,
estaremos más cómodos.—Blanca no estaba por
ningún lado.

—¿Y Blanca? ¿No vendrá?—La curiosidad me


podia, pero la situación era un tanto incomoda,
nunca mencionó que ella vendría y yo nunca
pregunté.
—Hoy solo necesito tu compañía. Ella no sabe con
quién he quedado, no tengo por qué informarle
cada cosa que hago.—Lo decía tan tranquilo que
hasta me estaba empezando a enojar. Ahora cómo
podría contarle. Pensará que yo soy la buscona.
Y con lo cegada que está por él, seguro que se
inventa algo o lo niega y yo voy a quedar como
una mujerzuela y con mi historial de los últimos
acontecimientos sería muy poco creíble mi
versión.

Bueno quería jugar, le seguiría el juego hasta ver


dónde llegara esto, él saldrá perdiendo más que yo.
—¿Puedo preguntar por qué me has invitado a
salir?—Saltaba a la vista la razón, pero quería
conocer hasta donde llegaba su descaro.
—Siempre te quise invitar a salir, pero sabía que
no aceptarías. Siempre te he observado de lejos y
como nunca estabas sola, nunca tuve la
oportunidad.—Piensa que soy idiota o qué.
—Umm, pues qué mal, ¿no?—Se le notaba que no
sentía ningún respeto por Blanca. Uno de mujer
siempre es más sentimental y ellos tan imbéciles.
—Has vuelto a salir con Ari.
—Hablamos de vez en cuando, pero salir no. Para
mí cuando salió de la empresa ahí termino todo.
Tampoco era que hubiera algo que terminar, ¿no?
—Él lo sabría mejor que yo, si se contaban todo.
Lo sé porque muchas veces Marcus sabía cosas
que yo le había comentado a Ari.
—Entonces, tampoco sales con nadie, aunque con
lo hermosa que eres no lo creo.—Y dale con lo
mismo, pero ya que estaba tan interesado y su
forma de hablar dejaba muy claro a dónde quería
llegar.

—No, estoy buscando un buen amante por el


momento, no me interesan las relaciones. Son un
problema innecesario.—No tenía porque
responderle pero su descaro me había incitado a
contestarle.
Debo decir que literalmente estábamos
coqueteando a plena luz del día.

—Te preguntaré esto solo una vez, y espero que


me contestes con la verdad.—Esto ya se estaba
poniendo intenso.—Cuando fue la última vez que
estuviste con alguien.— Juro que mi cara cambió a
todas las tonalidades de rojo que existen. Así que
bajé mi taza de café, fingí que estaba estudiando la
decoración meticulosamente, me sentía muy
incómoda que me preguntaran cosas así.

—Nunca, he estado demasiado ocupada con mis


cosas. Y nunca he conocido a alguien que me
llame la atención para hacerlo.—No se por qué le
he contado, sin poner ni un pero. Pensará que soy
una aburrida, o que soy muy creyente de llegar
virgen hasta el matrimonio cuando ni al caso.
—¿De verdad? Jamás me lo hubiera esperado, es
algo inusual. Pero no te gustaría intentarlo algún
día—Podía ver el deseo en sus ojos, jamás había
experimentado algo así. Qué un hombre me
deseara con tanta intensidad.

—Por supuesto, solo tengo que encontrarlo


primero.—Ya que estábamos pues decidí ser un
poco descarada, me había olvidado por completo
de mi moral. Estaba tan sumergida en la tensión
sexual del momento que ya nada importaba.
—Si quieres, yo me ofrezco a enseñarte. Seré un
buen maestro.—Lo decía mientras se pasaba la
lengua por su labio inferior, debo decir que las
tentaciones te hacen dudar de todo.
—Lo pensaré, y tal vez algún día me interese—
tampoco estaba tan desesperada para lanzarme al
primero que me ofrece sexo. Tenía que trabajar
para convencerme.

—Perfecto, me gustan los retos. Será algo sin


compromisos llegaremos hasta donde tú quieras,
lo haremos a tu manera.—Esa parte si que me
interesaba, no se andaba con rodeos y era
justamente lo que yo andaba buscando nada de
sentimientos.

Cuando llegué a casa me tumbé en la cama y


empecé a comerme el coco con lo que había
sucedido, tenía novia. ¿Y eso qué? Él había dejado
bastante claro que no habría nada de sentimientos
de por medio y era lo que siempre había buscado
una sórdida noche de sexo, y luego cada quien
para su casa. Estaba tan concentrada que me asusté
cuando el móvil empezó a vibrar.
—Ya tienes mi respuesta, te juro que no te
arrepentirás, será la mejor experiencia de tu vida.
—Sonaba muy seguro de si mismo, tal vez era esa
parte lo que le había encantado a Blanca y por eso
andaba tan loca por él.

—Pero si acabo de llegar. Y te lo diré cuando yo


quiera, así que no me presiones.—Tenia que dejar
clara mi posición, no era porque el quería que
pasara. Si accedía era porque yo tenía ganas.

—Qué haces mañana, podemos quedar en otro


sitio.—Tenía claro lo que quería, su único objetivo
mi cuerpo.
—Me voy a pasar una temporada con mi abuela. Y
no se cuándo regresare.—Tampoco se la pondría
fácil, tenía que tomarme las cosas con calma. Este
viaje posiblemente influiría en mi decisión.

—Es una lástima, ya tengo muchas ganas de verte,


pero espero que disfrutes tu viaje estaremos en
contacto. Espero que cuando vuelvas me des una
respuesta favorable.

Me levanté muy temprano quería tomar el primer


autobús, salí de casa antes que saliera sol. Tenía
tantas ganas de regresar que no me importaba
madrugar.

Llegué y me tumbe un rato, me dormí casi toda la


mañana ya para las once me levanté porque tenía
mucha hambre y mi abuela ya había preparado el
desayuno. Estaba fregando los platos cuando
escuché una voz muy familiar.
—Has vuelto, he venido a recogerte mi madre
quiere que la visites. Y después podemos ir a
donde tú quieras.—David era mi primo favorito
debo decir, sus fachas dejaban mucho que desear,
pero tenía un gran corazón, y aunque me
entristecía, el verlo muy acabado por las drogas y
el alcohol. Sabía que eso no lo convertía en una
mala persona supongo.
—Hola guapo, a donde quieres ir esta vez. La
última vez te fuiste con aquella morena y me
dejaste tirada.—Bajo su mirada apenado, se había
embobado de ella y no se volvió acordar de mí en
toda la noche.

—Ya te he pedido disculpas, sabes que soy débil.


Y ella me estaba seduciendo así que no podía
decirle que no.—Habían terminado en el pueblo
porque no tenían otra opción, habían vivido en la
cuidad siendo una familia muy acomodada, pero la
mala cabeza de su padre y el derroche excesivo de
mi tía los habia llevado a la bancarrota.

Cuando llegamos, mi tía salió a recibirme con


mucho entusiasmó. Según mi abuela aparentaba lo
que no era. Era muy cariñosa, era todo lo contrario
a mi madre, no parecía que fueran hermanas.

Mi madre era de tez blanca y un poco baja de


estatura, en cambio ella era de tez morena y súper
alta, se parecía un poco a mi abuela.

—Mi amor, ¿cuando llegaste? Hablé ayer con tú


madre y no mencionó en ningún momento que
vendrías.—Su alegría era contagiosa, y mi primo
nos dejó solas porque se sentía incomodo
quedándose a escuchar chismes de mujeres.

—Muy temprano, ya sabe, el viaje es agotador.


Solo llegué y me metí en la cama, me quede
dormida toda la mañana. Acabo de desayunar.—
Entendía muy bien la razón de mi cansancio, la
carretera era un fiasco, y como era la única, había
que aguantarse.
—Bueno, pero te quedarás para el almuerzo. Estoy
haciendo un filete, que te chuparás los dedos.—
Pero si le acababa de decir que había desayunado
hace poco. Será que no escucho, o le importaba un
pimiento si había comido o no.

A este paso terminaría como una foca antes de


irme del país, si en cada casa me daban comida y
no podía rechazarla por vergüenza.
—Ya se que cocinas muy rico tía, no podría
perderme tu filete.—Su cara se iluminó de
felicidad, me odiaba por no haberme negado, pero
estaba tan emocionada que no quería parecer una
mala persona.

—Juliet, ven te presentaré a un amigo que te


quiere conocer.—Quede viendo a mi tía, y
prácticamente me echó para que me fuera con
David. Seguro que su amigo no tendría buenas
pintas. Ya conocía a muchos de su círculo y a
pesar de que yo era cinco años mayor que él,
nunca me presentaba nada bueno.

—Hola me llamo Eric, un gusto. David me ha


hablado mucho de ti. Y debo decir que estás muy
guapa, me encanta tu cabello rizado.—Se notaba
en su mirada que andaba bien tocado, estaba muy
nervioso y ansioso.

—Soy Juliet, un placer conocerte.—Ya había


perdido mi interés no es que en algún momento
hubiera tenido alguna. Así que no puede evitar
escanearlo un poco, ellos también hacían lo mismo
así qué más daba.

Vestía una camiseta negra con calaveras y un jeans


rasgados. Seguro que fumaba unos cuantos porros
al día tenia sus dientes hechos un desastre.
Y no es que yo fuera perfecta en mi higiene pero
hay ciertas cosas que uno se debe cuidar.

—Que te ha parecido, es buen chico. No te dejes


llevar solo por su apariencia.—Lo decía muy serio
tal vez eran palabras que se decía así mismo.
—Ummm, si de eso te quería hablar. He conocido
a alguien.—Su reacción era de esperarse, nunca le
había hablado de ningún hombre—, no pongas esa
cara, no me interesa como te lo imaginas.
Prácticamente me ha dicho que lo único que puede
ofrecerme es sexo.—Solté, todo tan rápido que no
sabía si me había entendido bien o no.

—Y cuál es el problema por qué no aceptas, lo


único que veo es un hombre y una mujer que se
desean. Porque si no te interesara no lo estuvieras
pensando.—Tenía toda la razón, pero tampoco
podía tirarme de cabeza en la situación.
—Tiene novia, y la conozco bien.—Para qué
andarme por las ramas, era mejor decirle por qué
me resistía tanto aunque no era la única razón,
pero era la mejor excusa, para recordarme a mi
misma que esto estaba mal.
—¿Y? A él no parece importarle, por qué a ti sí.
Cuando uno siente atracción, no lo piensa mucho.
No pierdes nada con intentarlo, si no te gusta no
vuelvas a quedar con él.—Era , la primera vez que
decía algo de manera muy seria. Siempre se
tomaba en broma todo lo que uno le decía.

—Pues sí, eso ya lo sé. Pero ya sabes uno de mujer


no es tan lanzada como ustedes en estas
situaciones.—Pero sus palabras me infundieron
valor. Tenía un poco de razón, solo sería cuestión
de intentarlo si no me gustaba lo mandaba a tomar
por culo. Siempre había dicho que si tenia sexo
con alguien seria por placer no por sentimientos y
esta era la oportunidad para saber si esto era lo que
quería.
—No lo pienses tanto Juliet dile que sí, que puedes
perder, no estás enamorada. No te costará tanto
dejarlo.—Justo mi móvil me avisó que tenía un
mensaje de él, hablando del rey de Roma.
Me hacía la misma pregunta de todos los días, lo
dejaría esperando hasta que regresara a la cuidad.
David me acercó a casa, bien entrada la noche, y
cuando llegué mi abuela estaba hablando con la
persona que mas he odiado en este mundo.

—¿Qué hace este señor aquí abuela?—Ella sabía


perfectamente que no quería verlo, desde cuándo
salido ser el padre que nunca fue.

—Solo quiere hablar con tigo Juliet, dale la


oportunidad de escucharle.—Mi resentimiento o
odio empezó desde que tenía seis años, pero
cuando llegué a la adolescencia me di cuenta que
el daño me lo hacía yo, él ni se enteraba que le
odiaba. Así que desde el fondo de mi corazón le
perdoné, pero eso no significaba que deberíamos
fingir ser padre e hija. Para mí no era más que un
extraño en mi vida.
Debo decir que de ahí nace mi odio por los
hombres siempre me decía a mí misma que por
que debería de creer en las palabras de amor de
alguien más, cuando mi padre nunca me había
amado.
—Hola Juliet, solo quería saber cómo has estado.
—Era una simple pregunta, no tenía por qué
contestarle de mala gana.

—Bien, me he liado un poco con el viaje. Pero


todo se solucionara al final.—Por su cara era algo
que ya sabía, seguro que se habia enterado por ahí
todo el pueblo ya sabía que me marcharía del país.

—Sí, no me habías dicho nada. Me siento un poco


decepcionado, de que no haberme enterado por ti.
— No tenía por qué, nunca cumplió su papel de
padre. Como se lo había dicho a mi abuela una
vez, cuando yo quería un padre el no quería una
hija, y ahora él quería una hija y yo ya no lo
necesitaba en mi vida.
Esa noche no pude conciliar el sueño, al final
llegué a la conclusión de que en mi corazón no
sentía nada por mi padre. Ni amor, ni odio.
Marcus pasó toda la semana mandándome
mensajes, donde describía con pelos y señales lo
bien que lo pasaríamos si aceptaba su propuesta.
Al llegar el fin de semana preparé mis maletas y
llevaba solo un propósito en mente.
Llegué temprano a casa, lo primero que hice fue
enviarle un mensaje, informándole que ya estaba
en la ciudad. Me lo imaginaba, al segundo tenía su
llamada.

—Tengo libre por la tarde, podemos ir unas dos


horas a un lugar que conozco, es muy limpio.—
Increíble hasta me estaba diciendo el tiempo que
tenía libre, tan desesperada estaba por ese polvo.

—Donde quedamos, así llego hasta ahí. —Bueno,


al final se había dado de esa manera, no podía ser
en mi casa. Porque ahí no existía la privacidad. Y
igual solo podía escaparme dos horas, si no, mi
madre me mataría.
—Espérame en la salida del Centro comercial.—
Por como lo decía ya lo tenía todo bien estudiado.

Llegué un poco antes de la hora, compré un café


frío para calmar los nervios, era mi primera vez.
Era normal, ¿no?

—Lista para lo que tenga que pasar, señorita. Por


cierto estás muy guapa hoy.—Qué mentiroso, era
una táctica lo más probable. Llegó en su moto, esta
vez con su cazadora de cuero negra, y pantalones
para protección de la moto.

—No lo sé, estoy a tiempo de arrepentirme,


¿Verdad?—Hasta que no me subiera a eso trasto,
podía decir que no.
—Súbete, antes que te dé por salir corriendo y me
dejes tirado. Sin haber probado tu exquisito cuerpo
con el cual he estado soñando los últimos días.—
Lo decía de una manera tan llena de lujuria y
sensualidad que no puede apartar mi mirada de su
boca
El muy listillo se dio cuenta y empezó a pasarse la
lengua por su labio inferior. Al ver que me quedé
petrificada en el sitio. Se bajó de una manera muy
sexy debo decir. Y mi mirada seguía cada uno de
sus pasos. Sin pedir permiso me tomó por la
cintura y en mitad de la calle empezó a besarme
mientras pegaba su cuerpo al mío.

Pegó sus caderas a mi bajo vientre y de manera


involuntaria dejé escapar un pequeño gemido. Así
que se apartó y pude verle de cerca. Todos mis
sentidos estaba disfrutando.
Olía de maravilla, su cuerpo no era tan musculoso
pero se veía que lo trabajaba un poco, tenía los
ojos color miel, nunca me había fijado en su
sonrisa, era encantadora.

—Ves, te perderías de esto. Sé que también te


mueres de ganas, te excita lo que va a pasar. Por
eso no entiendo por qué te resistes tanto.—El muy
listillo sabía muy bien lo que hacía, cuando ya me
tenía atrapada separó lentamente nuestros cuerpos
mientras se llevaba mi labio inferior entre sus
dientes.

Estaba loca por hacer esto, pero me excitaba la


sola idea de lo que estaba por venir. Soy humana y
en este momento era totalmente débil a este
hombre.
Me subí a su moto lo más rápido que, que pude.
Nos tomó media hora llegar al lugar. Era un
hotelito a las afueras del pueblo. Para ser tan
pequeño la habitación que le habían dado estaba
muy limpia, la verdad. Pero era más que obvio que
era utilizado como picadero para calentura de los
amantes.

Nos lo tomaremos con calma, por ser tu primera


vez, no quiero hacerte daño.—Pero sí era lo que
quería, según mi mente que ya estaba bastante
excitada, me arrancaría la ropa al solo entrar.

Empezó a besarme lentamente y haciéndome


retroceder hacia atrás, hasta que sentí la cama y me
invitó a sentarme.
Cuando ya me tenía cautivada, y habíamos
entrando en calor sabía que la ropa sobrara de más,
primero me sacó la camiseta luego el tejano
dejándome solo con la ropa interior. Sentía un
poco de vergüenza, no había encontrado nada sexy
y terminé poniéndome ropa de algodón mata
pasiones diría mi amiga.

—Eres, muy hermosa. Y pensar que no querías


aceptar, me hubieras privado de tremendas vistas.
—Me ruboricé al instante.

No dije nada, no sabía que decir y tenía tantos


complejos qué debido a lo excitada que estaba se
me habían olvidado. Me agarró por la cintura y me
llevó a la punta de la cama y me depósito muy
despacio, como si fuera de cristal.
Me quitó el pantis, dejándome totalmente expuesta
solo con el sostén. Me sentía muy vulnerable y con
mucha vergüenza.
—No, miraré nada. Si no quieres, y hoy no habrá
penetración, quiero darte placer solo a ti.—Lo
decía mientras rozaba mi vello púbico. Muy
lentamente empezó a acariciarme entre las piernas.
Mientras yo me retorcía esperando el momento
culminante.

—Umm—Ya conocia la sensación tampoco era


como si nunca me hubiera autodesubierto yo sola.
Ya sabía que estaba cerca del orgasmo. Pero para
mi sorpresa cuando ya estaba a punto se esfumó
por completo.

De pronto, mi mente estaba siendo bombardeada


por un montón de imágenes desagradables que
hasta el día de hoy pensé que solo eran simples
pesadillas. Pero se sentía tan real.

Él seguía, tocándome de una manera nada


satisfactoria, la verdad, ya había perdido el interés,
empecé a llorar y a gritarle que parara se sentía tan
real que estaba empezando a sentirme agobiada.

Lo que para mí siempre habían sido simples


pesadillas. Ese día se volvieron muy reales. Había
sido violada de verdad por mi tío en muchas
ocasiones. Y también por mi prima.

Ahora estaba más que claro, no eran pesadillas de


verdad me había pasado podía ver claramente
cómo había sucedido.
Los recuerdos llegaban de todos lados, y yo solo
quería salir corriendo de ahí. Me levanté y empecé
a vestirme torpemente porque mi vista borrosa por
las lágrimas no me dejaba ver lo que estaba
haciendo.
Salí corriendo de la habitación con las zapatillas en
mano, y me subí al primer taxi que pillé.
Lo último que vi al dejar el lugar era cómo Marcus
salía medio vestido de la habitación, sin saber qué
había pasado. No podía verle la cara como le
explicaría todo esto. Seguro que ahora le daría
asco, si yo misma lo sentía por mí.
—¿Por qué nunca me lo dijiste?—mi madre se me
quedó viendo como si fuera un extraterrestre.
—Si me explicas, a qué te refieres puedo
responderte. No entiendo cuando me hablas en
clave.
—Por qué, cuando te contaba de mis pesadillas.
Nunca me dijiste la verdad. Estaba en todo mi
derecho, saber que esa gente me había violado. Por
qué te callaste.—Mi madre estaba atónita, no sabía
qué decir. Su silencio solo confirmó lo que yo
tanto me temía

—Yo, solo quería que lo olvidaras. La psicóloga


había dicho que eran tan doloroso, que tu mente
los había ocultado y lo mejor era no hablarte de
ello.—Sentí que las piernas no me sostenían, así
que caí sobre ellas, mientras lloraba sin ningún
consuelo.

De pronto sentí que mi madre me envolvía en un


abrazo. No había vuelta atrás me sentía sucia,
frustrada y con rabia.
—Siento que hayas tenido que pasar por eso
siendo tan niña. No cumplí mi papel de madre al
protegerte.—Mi madre, no hallaba como
consolarme, y de pronto me escapé de su regazo.

Ella era la más culpable en toda la situación, si no


me hubiera dejado en casa de mi abuela nada de
esto hubiera sucedido.
Me levanté torpe mente y me encerré en mi
habitación. No sabía qué otra cosa hacer. Las
lágrimas salían sin que yyolas pudiera controlar,
sentía un gran dolor en el pecho, me sentía
totalmente perdida.
—Juliet, ven bañémonos juntas, te voy a lavar bien
el cabello y luego nos iremos a la cama a tomar
una siesta.—Decía mi prima mientras, me ponía
acondicionador en el cabello.
Mi abuela se había ido a visitar a mi tía, mi
hermana y yo estaríamos toda la semana con mi
otra abuela.
Ella tenía quince años, mientras que yo acababa de
cumplir los cinco.

—Mira, Juliet aquí en la entrepierna tengo algo.


Podrías acercarte un poco y quitarlo. Las dos
estábamos en la ducha sin nada, tenía un cuerpo
muy bonito yo solo pensaba que cuando tuviera su
edad. Tendría el cuerpo como ella, así que le quité
lo que tenía en la entrepierna era un poco de
espuma, de pronto me cargó en sus brazos. Y nos
metió a ambas en la regadera.
Tapó mi diminuto cuerpo en una toalla, y me llevo
a su habitación, cuando estábamos ahí se subió
encima de mí. Y empezó a restregar su cuerpo con
el mío.
No entendía lo que pasaba, supuse que era una
forma muy rara de jugar. Pero de pronto tenía
mucho sueño así que me quede dormida de
inmediato.
A los segundos desperté, y mi prima seguía
restregando su cuerpo con el mío.

—Tienes sueño. Ya casi termino y puedes tomar


una siesta. —En medio de mi sueño me decía a mí
misma que mi prima se había inventado un juego
muy raro las dos estábamos sin ropa. No
estábamos haciendo nada. No me parecía nada
divertido pero si a ella le gustaba era por que ya lo
había juagado antes.
Desperté sudorosa y sollozando, me había quedado
dormida las pesadillas eran más claras que nunca.
Como no pude volver a conciliar el sueño decidí
que lo mejor era prepararme una buena taza de
café. Cuando llegue a la cocina mi madre ya se
habia levantado, no dijo ninguna palabra. Supongo
que no tenía nada que decirme.
Cogí mi taza de café y regresé a mi cuarto. Justo
cuando estaba por tumbarme, la pantalla del móvil
se iluminó. Estaba casi segura que era Marcus.

Y en efecto era él tenia diez llamadas perdidas y


más de veinte mensajes de voz. Pero quitando de
lado lo que acababa de descubrir él no había
cumplido su papel en complacerme. Así que no
tenía por qué darle explicaciones de por que había
salido huyendo.

Aunque tampoco podría explicarle mis razones,


son cosas que no son fáciles de decir.

—Juliet, tu abuela está en casa. Me pareció verla


salir puedo esperarla contigo. Reconocía su voz,
pero no podía distinguir su rostro en la oscuridad ,
pero estaba segura que era nuestro vecino de
enfrente un señor casi de la misma edad de mi
abuela.
—Dijo, que no tardaría en volver.
—Ven aquí un momento quiero, mostrarte una
cosa.—Moví mi diminuto cuerpo hasta donde
estaba el señor, y puede verle más de cerca.
Metió su mano por debajo del dobladillo de mi
vestido, de flores que mi abuela me había
comprado unos días atrás.

Nadie me dijo que nunca debía dejar que alguien


me tocara o metiera sus manos entre mis bragas de
algodón y dibujos animados.

No lo vi nada raro que él hiciera eso. Ya lo había


hecho muchas veces, bajaba siempre que mi
abuela salía.
Hizo lo mismo de todos los días, empezó a
tocarme, entre las piernas, seguro que había un
secreto en eso. O estaba buscando algo.

Y siempre que lo hacía me decía que no tenía que


contarle a nadie, tenía que ser un secreto entre los
dos.
—Esto que hago, se les hace a todas las niñas. Ya
lo he hecho muchas veces. No tienes por qué
preocuparte. —Era tan solo una niña, y por como
lo decía, tenía que ser cierto.
Me levanté de golpe, había sido otro recuerdo, de
mi infancia, no podría ser otra cosa. Me senté en la
cama y me abracé las rodillas, las lagrimas
empezaron a salir sin siquiera darme cuenta.
Quería volver atrás en el tiempo y proteger a
aquella niña pequeña y frágil.

Quería volver y encerrarla en una caja de cristal


para que nadie le hiciera daño. Era tan solo una
niña, por qué me había pasado esto a mí, qué había
hecho para que esas personas me violaran de mil
maneras. Pero ya estaba hecho esa gente había
abusado de mí, aprovecharon mi cuerpo como les
dio la gana.

Estaba sumida en mis pensamientos, cuando a


través de las lágrimas vi que tenía un mensaje de
Marcus, durante los días que llevaba en casa
torturándome con los recuerdos de mi niñez,
siempre me mandaba mensajes para preguntarme
cómo seguía. Y cuando iba a responderle, de
pronto vi su nombre en la pantalla.

—¿Quieres quedar hoy por la tarde? Puedo


recogerte en el mismo lugar de siempre.—Lo
único que le interesaba era mi cuerpo también. Me
sentía como una auténtica basura. De pronto se me
ocurrió la peor idea de todas, debería aceptar. Que
tal que si le doy la oportunidad pueda borrar de mi
mente los recuerdos que me han estado
consumiendo en vida los últimos días.

—Vale, nos tomamos algo primero y después


vemos qué pasa.—Tampoco saltaría a aceptar,
nunca había sido así. Rebusque en todos los
cajones por lencería decente, pero solo encontré
ropa de algodón que había llevado la última vez.

—Llámame cuando estés ahí.—Estaba segura que


las pesadillas acabarían. Estaba convencida que él
me ayudaría a borrar mi pasado. Lo haría las veces
que fueran necesarias para borrar de mi cuerpo y
mi mente a esas personas.

A lo largo de mi corta vida, pensé que el único


motivo por el que odiaba a los hombres y no
quería saber nada del sexo era por culpa de mi
padre que nunca había estado para mí.
Salí corriendo a arreglarme tenía tres horas antes
de verle, tenía tiempo de sobra para ir a la tienda
más cercana de lencería. Seguro, eso falló la
ultima vez, que no llevaba ropa interior sexy.

Llegué a casa lo más rápido posible y me metí a la


ducha tenía que depilarme toda, también era algo
que no había hecho la ultima vez. Seguro que se
llevó tremenda decepción al ver tan poblado mi
gran monte de Venus.
—Vas a salir, qué te ha pasado tú no eres así.—Lo
decía un poco enfadada. Mi madre estaba
observando desde el umbral de mi habitación
como me vestía apresuradamente.
—Tengo que salir un momento, me ha surgido
algo de última hora, pero no tardaré en regresar.—
Por muy enfadada que estuviera tenía que decirle
una verdad a medias. Más que todo por costumbre,
porque la verdad estaba molesta todavía con ella, o
con la vida misma, ya no lo tenía tan claro.

Llegué diez minutos antes, volví a pedir la misma


bebida de siempre. La gente que pasaba a mi
alrededor no apartaba la vista, debo decir que
estaba muy arreglada. Me había puesto un vestido
rojo, que resaltaba mis precarias curvas.

El color resaltaba mucho mi tono de piel, había


dejado mis rizos al aire libre, estaban un poco
rebeldes. Había optado por usar unas zapatillas
deportivas blancas, le quitaba un poco el estilo al
vestido. Pero era la nueva moda.
—Estas preciosa, ya has pedido algo —Siempre he
pensado que para los hombres es más fácil. Solo se
ponen una camiseta básica y unos jeans y ya tienen
el outfit completo. No se complican mucho la vida
como nosotras.

—No sabía, que querías lo siento pero no te he


pedido nada.—No tenía intención de quedar bien
con él, no había sentimientos de por medio, esto
era un acuerdo mutuo.
—Tranquila, no pasa nada, vamos a sentarnos en
aquella esquina, cerca de la ventana.—Sabía la
razón, de por qué me pedía que nos quedáramos en
aquel rincón. Era obvio que no quería que nadie
nos viera juntos.
—Vale, como quieras.—La situación se estaba
volviendo algo extraña. Ahora me estaba
empezando a arrepentir de haber aceptado su
invitación. ¿Y si me pregunta por qué había salido
corriendo la última vez? No, nos habíamos visto
desde ese día. Seguro que querrá alguna
explicación. Estaba tan sumida en mis
pensamientos que no me di cuenta en qué
momento se había sentado en la silla de enfrente.

Los dos nos quedamos observando, sin decir


ninguna palabra. Pero por la expresión en su cara
su cerebro estaba trabajando a mil por hora.

—¿Por qué saliste corriendo del hotel la última


vez?—Estaba demasiado tranquilo, pero su voz
sonaba un tanto enojado.
No podía contarle la verdad, no podía contarle
algo que me hacía sentir miserable. Aparte no
quería su lástima, quería su ayuda pero no de esa
manera. Me negaba a ver una gota de lástima en su
mirada. Ya había trazado un plan y si quería que
funcionara lo mejor era que lo guardara para mí.

—Sabes, que nunca había hecho algo así. Ya te lo


habia dicho. Sentí que aquello estaba muy mal. No
por ti, fue un momento de pánico.—Tampoco le
diría que la ultima vez no había sido nada
satisfactorio para mí.

—¿Segura?. No hay nada más que quieras


contarme. Yo trataré de entenderlo, no quiero
forzarte a nada que tu no quieras.—Lo decía como
si supiera que le ocultaba algo
Qué podía decirle, no era algo que el tenía que
saber, cuando se dio cuenta que no había nada más
que hablar. Se levantó y fue a pagar por los cafés.

—Nos vamos, recuerda que hay algo que debemos


continuar.—Lo decía muy enserio, aunque puedo
decir que en su mirada podía ver el ardiente deseo
o eran simples imaginaciones mías.

—¿Tienes mucha prisa? Pero si acabamos de


llegar.— Puedo decir con toda honestidad , que en
lo único que yo pensaba, era que él sería la única
persona que podía ayudarme a borrar mi pasado
que me estaba atormentando cada día.

Llegamos al mismo hotelito de la última vez, nos


dieron la misma habitación. Él se encargaba de la
recepción, yo subí antes que él. Supongo que lo
hacía para que no lo vieran con cada chica que se
acostaba, se veía que ya era muy conocido en el
lugar.

Se sentó en el sofá de cuero, cosa que no me hizo


ninguna gracia, pues no habíamos venido a
charlar.

—Quítate la ropa lentamente, y solo déjate puesta


la ropa interior. —Su mirada ardía de puro deseo,
y eso me dio el valor que necesitaba.
—Entonces, ¿estoy al mando? No espere su
respuesta.

Agarré el dobladillo de mi vestido, y me lo saqué


por la cabeza, él recorría mi cuerpo envuelto en
ropa interior de encaje color marfil.
Por lo rápido de sus movimientos, no podía
esperar más. Se puso de pie, me levantó del suelo.
Cosa que aproveché para enroscar mis piernas al
rededor de su cintura.

Noté que mientras me besaba no cerraba los ojos,


que raro, ¿no? Pero eso pasó a segundo plano, se
sentó en un extremo de la cama y empezó a
depositar pequeños besos en todo mi cuello.
—Hoy voy a hacer todo lo que me has privado en
estos últimos días.

Lo decía muy enserio, por fin haría lo que había


prometido desde el principio. Y de paso yo
también salía ganando.

—A ver, qué tanto puedes hacer o solo son


palabras vacías.—Supuse que era de esos hombres
que se lo tomaban todo muy en serio. Era su
hombría la que estaba en juego.

Mientras estaba a horcajadas sobre sus piernas, me


quitó el sostén y empezó a depositar pequeños
besos en mis pechos. Eran mi punto de
vulnerabilidad, siempre había tenido complejos
por tener unos limoncitos. Comprendí que si
alguien llegara a amarme algún día, lo haría de
igual manera. Teniendo pechos grandes o
pequeños. Ahora eso no importaba quién me
tomaría en serio con mi oscuro pasado.

Se quedó un momento viendo fijamente mi cuerpo,


tenía ganas de agarrar una manta y taparme. Me
ruboricé al instante señal de que no estaba
cómoda, en aquella posición.
En un movimiento astuto, me quitó las bragas con
una mano.

—Lo haré muy despacio, por ser tu primera vez no


quiero hacerte daño.—Bajó la mirada, y me separó
las piernas, mientras él se colocaba encima de mí.

No sentía nada de emoción, solo quería que


empezara de una vez, sin darme cuenta solté un
profundo alarido. Había entrado de golpe.
Empezó a entrar y salir de manera brutal, mientras
me preguntaba por lo bajo si estaba bien.
Yo tenía la mente en blanco. No hacía aquello por
amor o por placer, lo hacía por las razones
equivocadas.

Mis ojos se llenaron de lágrimas, me sentía peor


que antes le había dado mi cuerpo a un
desconocido, pero no lloraría, la situación era lo
bastante mala para ponerme a llorar.

Quería decirle que se detuviera, pero solamente


dejé que me tratara como un animal. Me estaba
haciendo daño pero tampoco se lo haría saber. Su
único propósito era complacerse con mi cuerpo.
Cuando terminó, se levantó corriendo al cuarto de
baño para quitarse el condón. Yo no me había
corrido.

—¿Te encuentras bien? Perdóname, me he dejado


llevar, no me percaté de que iba muy rápido.

—¿Te importaría irte? Quiero estar sola.—Me


sentía como una auténtica basura, y lo que menos
quería era su compasión.
—Como quieras, te pido un taxi, o quieres que te
acerqué a casa.—Antes de que contestará a su
estúpida pregunta, su móvil empezó a sonar.—si,
ya he terminado, dame diez minutos y estoy por
ahí.—Tiro el móvil al sofá y empezó a vestirse a la
velocidad de la luz.—Me voy, vale. Si quieres
repetir solo me llamas.—Agarró sus cosas y cerró
la puerta de golpe.

Las lágrimas, salían sin parar. No podía


contenerme ahí tirada en una habitación de hotel
me sentía la peor mujer del mundo. Lloré y lloré
hasta que el nudo en mi garganta desapareció.
Estuve compadeciéndome casi media hora.

Me levanté torpemente. Me dolía todo el cuerpo y


recordé que la habitación solo estaba alquilada dos
horas, pronto tocarían la puerta y yo aquí en
pelotas.

Recogí mi ropa del suelo y me vestí lo más rápido


que pude. Pero las lágrimas volvían a salir de mis
ojos, no podía controlarlas. Solo quería encerrarme
en mi cuarto y no salir jamás.

Cuando llegué a casa, pasé los más rápido que


puede por la sala. Para mi desgracia toda mi
familia estaba reunida viendo la televisión, no
podía ser peor, dije que para mí.

—Juliet, ¿estas bien? Estás muy pálida, cariño.—


Me hice la que no había escuchado, pero mi madre
sabía que no quería hablar con nadie. Solo pude
divisar su cara de preocupación.
Tenía ya varios días que parecía un fantasma en
casa, solo salía para comer. No quería hablar con
nadie, pensaba y pensaba hasta quedarme dormida

Luego los recuerdos aparecían en mi memoria, y


me daba una terrible rabia. Y siempre terminaba
con la misma pregunta, ¿por qué yo? Por qué Dios
había permitido que pasara por eso, por qué mí
familia había permitido que esa gente abusara de
mi durante años.

Era tan solo una niña, no tenía idea de nada, no


podía defenderme. Y lo peor de todo nadie, me
protegió de esos monstruos.

Me metí en la ducha y no espere a que el agua se


calentará, ya no me importaba nada. Y por otra
parte, pensaba que el agua fría borraría todos los
malos recuerdos. Ja, como si fuera posible. Me
sentía vacía por dentro con un gran odio por el
mundo. Estaba sumida en mis pensamientos,
cuando el sonido de las notificaciones de mi
celular, me avisó que tenía un mensaje.

Ya había pasado demasiado tiempo


compadeciéndome de mi misma. Así que salí de la
ducha, no me sentía mejor, pero qué más podía
hacer.
Revisé mi celular, era mi amiga.
—¿Dónde estás, quieres salir a dar una vuelta?—
No le había contado nada de mis salidas con
Marcus. Ella no entendería mis razones y lo más
probable es que piense que estoy demasiado loca.

Pero no tenía ganas de hablar con ella, lo mejor era


no contestarle. Yo siempre había sido así, me
gustaba mucho disfrutar de mi soledad y ahora
más que nunca quería estar sola y nunca salir de
aquí.

Me metí en mi cama y me tapé de pies a cabeza


con la esperanza de que en la oscuridad podría
olvidarme de todo, solo quería dormir
profundamente y cuando abriera mis ojos alguien
me dijera que todo había sido un sueño

Escuché que alguien me hablaba pero no sabía si


estaba dormida o despierta. Me quité la manta de
encima era mi madre que estaba sentada en un
extremo de la cama. No podía verla bien, al
parecer ya había anochecido. Encendí mi móvil y
en efecto era la 2:00 de la madrugada. No lograba
ver su rostro.
—Qué haces, madre das mucho miedo allí en la
oscuridad, por favor enciende la luz.—Se levantó
y encendió la luz del baño. Pero no dijo nada, se
quedó en la esquina opuesta de mi cama, aunque la
luz era un amarillo muy bajo podía verla con más
claridad. Estaba un tanto nerviosa, no era muy
común en ella. Me estaba empezando a asustar, los
últimos días solo había estado compadeciéndome
de mí misma.

—Pasa algo, por qué estás tan nerviosa. Le ha


sucedido algo a la abuela o a mis hermanos.—
Agachó la cabeza, y empezó a llorar. Así que me
levanté de un tirón y llegué a su lado en cuestión
de segundos. Estaba temblando de pies a cabeza,
juro que nunca la había visto así.
Debía ser algo grave, pensé para mí pero no quería
presionarla, lo mejor era esperar que ella se
calmara. Se escapó de mi abrazo.
No supe en qué momento, llegó al otro extremo de
la habitación.

—Hay algo que todavía no has recordado. Pero lo


más probable es que suceda, he hablado con tu
psicóloga, a la que fuiste aquel año cuando eras
más pequeña y me ha dicho que lo mejor es que te
lo cuente. Tarde o temprano los recordarás todo y
las consecuencias serán peores.

Ahora era yo la que estaba empezando a ponerme


nerviosa, estaba segura que no era nada bueno lo
que tenía que decirme.
—Te juro, que yo hubiera hecho cualquier cosa
para que no pasaras por todo eso. Ahora me odio
más que nunca por qué no protegerte.

—Pues, dímelo de una vez.—Sentía que me


faltaba el aire, empezaba a respirar con dificultad,
podía escuchar los fuertes latidos de mi corazón.
Estaba terriblemente asustada. No quería escuchar,
lo que tenía que decirme por qué sabía que no me
iba a gustar, pero quería terminar con esto de una
vez.
—Según la psicóloga le contastes, como mi
hermano abusó de ti también, que te obligó a
jurarle que nunca le dirías a mi madre ni a nadie.
Pero que tú no te habías quejado porque ya habías
pasado por eso y lo viste como un juego.
Mis piernas me fallaron caí sentada encima de
ellas, tratando de entender lo que me había dicho.
No tenía sentido, no hablaba en serio. Empecé a
pellizcarme, aquello era como las pesadillas que
tenía de vez en cuando solo tenía que despertar era
por el estrés al que había estado sometida.

Empecé a llorar llena de rabia y decepción de mi


vida, volví la vista hacia mi madre, estaba tan
descontrolada como yo pero no podía consolarla,
no podía consolarme ni yo misma. Así que solo
abrí mis labios para preguntarle.

—¿Por qué yo?—Me levanté como pude, tenía que


salir de ahí. Mi madre trató de detenerme pero mi
determinación era más fuerte. No veía por dónde
iba, todavía era de madrugada, estaba lloviendo a
cántaros y las lágrimas que no paraban de salir me
impedían ver con claridad.

Cuando decidí cruzarme la carretera, no pude


divisar el coche que venía directamente hacía mi,
Me quedé congelada en el lugar, salí disparada por
los aires. Todo sucedido en cuestión de minutos,
hasta que caí de golpe al asfalto, me dolía todo y
no tenía fuerzas para moverme. Era mi final, ¿no?
Ya no habrían más sufrimientos, ni dolor.

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