“Ceniza y Luz”
En el mundo de Ætherion, los cielos y los abismos llevaban milenios en guerra.
Por un lado, los Ángeles de Lumea, seres alados nacidos de la luz y la armonía del universo. Su reino
estaba en el Cielo Luminoso, un lugar donde todo brillaba, desde las estrellas hasta el aire mismo. El
mandato de los ángeles era proteger la paz y el equilibrio del mundo, guiados por su reina, Seraphielle, y
su hija, la princesa Elaria, nacida con alas que destellaban como auroras y ojos que podían ver la esencia
de los seres.
En el otro extremo, los Demonios de Nocthar, criaturas nacidas de la sombra y el caos. Su reino estaba en
el Abismo Oscuro, un lugar donde las estrellas nunca brillaban y el cielo siempre estaba cubierto por nubes
grises. Los demonios querían deshacer el orden del mundo, destruir la luz y sumirlo todo en la oscuridad
eterna. Su líder, el tirano Lord Varnak, dirigía su ejército con puño de hierro, queriendo conquistar todo lo
que estaba bajo el dominio de los cielos.
Por siglos, ambos reinos se odiaron profundamente, luchando en batallas sin fin, llenas de luz cegadora y
oscuridad impenetrable. El mundo parecía estar atrapado en un ciclo interminable de conflicto.
Sin embargo, una noche, en el borde del mundo donde el Cielo Luminoso y el Abismo Oscuro se tocaban,
ocurrió algo que cambiaría todo.
Elaria, la princesa de los ángeles, había descendido al límite de su reino, donde las estrellas se
desvanecían en la oscuridad, para observar el eclipse lunar que solo ocurría una vez cada mil años. Allí, en
la quietud de la oscuridad, encontró algo que no esperaba.
Un demonio solitario, de rostro impasible y cuerpo de sombras fluidas, estaba observando el mismo
eclipse. Su nombre era Kaelen, príncipe de los demonios, quien había sido desterrado de las filas de
Varnak por su rechazo a la destrucción sin fin. Kaelen no deseaba sumir al mundo en la oscuridad eterna,
sino romper el ciclo de guerra, de un lado o del otro.
Los dos se vieron en el borde de la guerra, en el lugar donde ninguna de las dos razas se atrevía a ir. Al
principio, Elaria desconfiaba de él, y Kaelen la miraba con la misma cautela. Pero, en ese instante, algo
comenzó a cambiar.
La princesa, con su luz suave, y el príncipe, con su sombra mística, compartieron miradas de curiosidad. La
guerra los había marcado, pero el amor no lo haría.
En las noches siguientes, Elaria y Kaelen se encontraron nuevamente, entre las fronteras del Cielo y el
Abismo. Hablaron de la fatiga de la guerra, del odio que se heredaba y se perpetuaba, y de la posibilidad
de un mundo sin luces cegadoras ni sombras impenetrables.
Se enamoraron.
Su amor era una muerte lenta para ambos. Un amor prohibido, pues si los ángeles descubrían la relación,
Elaria sería exiliada del Cielo. Si los demonios lo sabían, Kaelen sería destruido por Varnak. Ambos lo
sabían.
Pero, el amor no conoce fronteras.
Finalmente, los cielos se llenaron de nubes negras y la tierra se cubrió de luz cegadora. Los dos reinos se
dieron cuenta del secreto que mantenían. Los ángeles, furiosos por la traición, atacaron. Los demonios,
enfurecidos por la deslealtad, enviaron a su ejército.
Elaria y Kaelen se enfrentaron a sus destinos.
En el último encuentro, en lo alto de la Torre del Alba, donde el sol y la sombra chocaban violentamente,
ambos lucharon. No con espadas ni con magia, sino con lo único que les quedaba: su amor. Se abrazaron
bajo la tormenta de luz y oscuridad, desafiando al mundo que quería separarlos.
—Que no quede un solo rincón de mi alma sin ti —susurró Kaelen, su voz resonando con fuerza en el
viento.
—Que no quede ni un rayo de luz sin ti, Kaelen —respondió Elaria, con lágrimas de fuego cayendo de sus
ojos.
Con un último suspiro, se fundieron en un único estallido de luz y sombra, dejando tras de sí una explosión
de energía que retumbó en todo el mundo.
Y cuando la tormenta cesó, no quedó ni luz ni oscuridad. Solo vacío.
En su lugar, en el centro del mundo, nació un árbol de sombras brillantes, cuyas raíces se extendían por
toda la tierra, tocando el Cielo y el Abismo. Las leyendas decían que si uno se acercaba a este árbol y
escuchaba el viento, se podía oír un susurro: "El amor trasciende todo, incluso la guerra."
Spoiler
Después de la desaparición de Elaria y Kaelen, el mundo se sumió en un equilibrio extraño y peligroso. La
guerra entre ángeles y demonios cesó momentáneamente, pero la semilla de su amor, sembrada en el
árbol de sombras brillantes, comienza a germinar. Una nueva fuerza emerge de las raíces del árbol, una
criatura híbrida entre luz y oscuridad, que lleva en su interior los recuerdos y los poderes de los dos
amantes.
Este ser, conocido como Seraphin, es un niño nacido de la esencia del amor prohibido, y tiene el poder de
cambiar el destino de ambos reinos. Sin embargo, su existencia es peligrosa. Si los ángeles y demonios
descubren la verdad, todo podría desbordarse en una nueva guerra, y Seraphin tendrá que decidir:
¿unificar los mundos en paz o traer la destrucción final de ambos reinos?