PARÁBOLAS BÍBLICAS
PARÁBOLA DEL SEMBRADOR
En aquél mismo día, saliendo Jesús de casa, se sentó a la orilla del mar; y se reunió a su alrededor una
gran multitud de gente, por eso, subió a una barca, en donde se sentó, estando el pueblo en la ribera; y
les dijo muchas cosas por parábolas, hablando de esta manera:
“El sembrador, salió a sembrar, y mientras sembraba, una parte de las semillas cayó junto al camino, y
vinieron las aves del cielo y las comieron. Otra cayó en lugares pedregosos, en donde no había mucha
tierra; y luego nació porque la tierra donde estaba no tenía profundidad. Mas el sol, habiéndose elevado
enseguida, la quemó y como no tenía raíz, secó. Otra cayó en el espinar y las espinas, cuando crecieron, la
ahogaron. Otra, en fin, cayó en tierra buena y dio fruto, algunos granos rindiendo ciento por uno, otros
sesenta y otros treinta. El que tenga oídos para oír, oiga.
Sus discípulos le preguntaron qué significaba esta parábola. Jesús les respondió: a vosotros os es dado
conocer los misterios del Reino de Dios, pero a los otros se les habla en parábolas, para que mirando no
vean; y oyendo no entiendan.”
El sentido de la parábola es este:
“Todo aquél que escucha la palabra del reino y no le da importancia, viene el espíritu maligno y le
arrebata lo que había sembrado en su corazón; es aquél que recibió la semilla junto al camino.
Aquél que recibió la semilla en medio de las piedras, es el que oye la palabra y por lo pronto la recibe con
gozo; pero no tiene en sí raíz, antes es de poca duración; y cuando sobrevienen los obstáculos y las
persecuciones, por causa de la palabra, la toma pronto por objeto de escándalo y de caída.
Aquél que recibe la semilla entre espinas, es el que oye la palabra; pero pronto los cuidados de este siglo y
la ilusión de las riquezas ahogan en él esa palabra y la vuelven sin fruto.
Mas aquél que recibe la semilla en una buena tierra, es aquél que escucha la palabra, que presta atención
y da fruto rindiendo ciento, sesenta o treinta por uno.” (Mateo, XIII, 1-9 – Marcos, IV, 1-9 – Lucas, VIII, 4-
15).
PARÁBOLA DEL GRANO DE MOSTAZA
“El Reino de Dios es semejante a un grano de mostaza, que toma un hombre, lo echa en su huerto y crece
hasta llegar a ser como un árbol, en cuyas ramas anidan las aves.” (Mateo, VIII, 31-32 – Marcos, IV, 30-32 –
Lucas, XIII, 18-19).
PARÁBOLA DE LA LEVADURA
“¿A qué compararé el Reino de Dios? Es como la levadura que una mujer toma y la mete en tres medidas
de harina hasta que fermenta toda la masa.” (Mateo, XIII, 33 – Lucas, XIII, 20-21)
PARÁBOLA DEL TESORO ESCONDIDO
“El Reino de los Cielos es semejante a un tesoro escondido en el campo. El que lo encuentra lo esconde y,
lleno de alegría va, vende todo lo que tiene y compra aquél campo.” (Mateo, XIII, 44).
LA PARÁBOLA DE LA PERLA
“El Reino de los Cielos es semejante a un mercader que busca perlas preciosas. Cuando encuentra una de
gran valor, va, vende todo lo que tiene y la compra.” (Mateo, XIII, 45-46).
PARÁBOLA DE LA RED
“Finalmente, el Reino de los Cielos es semejante a una red que se echa al mar y recoge toda clase de
peces; cuando está llena, los pescadores la sacan a la orilla, se sientan, recogen los buenos en cestos y
tiran los malos. Así será el fin del mundo. Vendrán los ángeles, separarán a los malos de los justos y los
echarán al horno ardiente; allí será el llanto y el crujir de dientes.” (Mateo, XIII, 47-50).
PARÁBOLA DE LA OVEJA PERDIDA
“¿Qué os parece? Si un hombre tiene cien ovejas y se le extravía una de ellas, ¿no dejará en los montes las
noventa y nueve e irá a buscar la extraviada? Y si la encuentra, os aseguro que se alegrará por ella más
que por las noventa y nueve que no se habían extraviado. De la misma manera, vuestro Padre celestial no
quiere que se pierda ni uno solo de esos pequeñuelos.” (Mateo, XVIII, 12-14 – Lucas, XV, 3-7).
PARÁBOLA DEL SIERVO DESPIADADO
“Entonces Pedro, se acercó y le dijo: Señor, ¿cuántas veces tengo que perdonar a mi hermano las ofensas
que me haga? ¿Hasta siete veces? Jesús le dijo: No te digo hasta siete veces, sino hasta setenta veces
siete.
El Reino de Dios es semejante a un rey que quiso arreglar sus cuentas con sus empleados. Al comenzar a
tomarlas, le fue presentado uno que le debía diez mil talentos. No teniendo con qué pagar, el señor mandó
que fuese vendido él, su mujer y sus hijos y todo cuanto tenía, y que le fuera pagada la deuda. El
empleado se echó a sus pies y le suplicó: Dame un plazo y te lo pagaré todo. El señor se compadeció de
él, lo soltó y le perdonó la deuda. El empleado, al salir, se encontró con uno de sus compañeros que le
debía un poco de dinero, lo agarró por el cuello y le dijo: ¡Paga lo que me debes! El compañero se echó a
sus pies y le suplicó: ¡Dame un plazo y te pagaré! Pero él no quiso, sino que fue y lo metió en la cárcel
hasta que pagara la deuda.
Al ver sus compañeros lo ocurrido, se disgustaron mucho y fueron a contar a su señor todo lo que había
pasado. Entonces su señor lo llamó y le dijo: Malvado, te he perdonado toda aquella deuda porque me lo
suplicaste. ¿No debías tú también haberte compadecido de tu compañero, como yo me compadecí de ti? Y
el señor, irritado, lo entregó a los verdugos, hasta que pagase toda la deuda.
Así hará mi Padre Celestial con vosotros si cada uno de vosotros no perdona de corazón a su hermano.”
(Mateo, XVIII, 21-35).
PARÁBOLA DE LOS OBREROS DE LA VIÑA
“El reino de los Cielos es como un amo que salió muy de mañana a contratar obreros para su viña.
Convino con los obreros en un denario al día, y los envió a su viña. Fue también a las nueve de la mañana,
vio a otros que estaban parados en la plaza y les dijo: Id también vosotros a la viña, yo os daré lo que sea
justo. Y fueron. De nuevo fue hacia el mediodía y otra vez a las tres de la tarde, e hizo lo mismo. Volvió por
fin hacia las cinco de la tarde, encontró a otros que estaban parados y les dijo: ¿Por qué estáis aquí todo el
día sin hacer nada? Le dijeron: Porque nadie nos ha contratado. Él les dijo: Id también vosotros a la viña. Al
caer la tarde dijo el dueño de la viña a su administrador: Llama a los obreros y págales el jornal,
empezando por los últimos hasta los primeros. Vinieron los de las cinco de la tarde y recibieron un denario
cada uno. Al llegar los primeros, pensaron que cobrarían más, pero también ellos recibieron un denario
cada uno. Y, al tomarlo, murmuraban contra el amo diciendo: Esos últimos han trabajado una sola hora y
los has igualado a nosotros, que hemos soportado el peso del día y el calor. Él respondió a uno de ellos:
Amigo, no te hago ninguna injusticia. ¿No convinimos en un denario? Toma lo tuyo y vete. Pero yo quiero
dar a este último lo mismo que a ti. ¿No puedo hacer lo que quiera con lo mío? ¿O ves con malos ojos el
que yo sea bueno? Así pues, los últimos serán los primeros, y los primeros los últimos.” (Mateo, XX, 1-16).
PARÁBOLA DE LA HIGUERA SECA
“Cuando volvía muy temprano a la ciudad, sintió hambre. Vio una higuera junto al camino, se acercó a ella
y no encontró más que hojas. Entonces dijo: Jamás brote de ti fruto alguno. Y la higuera se secó en aquél
mismo instante. Al ver esto los discípulos, admirados, decían: ¡Cómo se ha secado de repente la higuera!
Jesús les respondió: Os aseguro que si tuvierais fe y no dudarais, no sólo haríais lo de la higuera, sino que
si decís a este monte: Quítate de ahí y échate al mar, así se hará. Todo lo que pidáis en oración con fe lo
recibiréis.” (Mateo, XXI, 18-22 – Lucas, XIII, 6-9).
PARÁBOLA DE LOS DOS HIJOS
“Un hombre tenía dos hijos; se acercó al primero y le dijo: Hijo, vete a trabajar hoy a la viña. Y él
respondió: Iré, señor; y no fue. Se acercó al otro hijo y le dijo lo mismo, y este respondió: No quiero; pero
más tarde tocado por el arrepentimiento fue. ¿Cuál de los dos hizo la voluntad de su padre? Le
contestaron: El segundo. Jesús dijo: Os aseguro que los publicanos y las prostitutas entrarán en el Reino de
Dios antes que vosotros.” (Mateo, XXI, 28-31).
PARÁBOLA DE LOS LABRADORES MALOS O DE LOS ARRENDATARIOS INFIELES
“Un hacendado plantó una viña, la cercó con una valla, cavó en ella un lagar, edifico una torre para
guardarla, la arrendó a unos viñadores y se fue de viaje. Cuando llegó el tiempo de la vendimia, mando
sus criados a los viñadores para recibir su parte. Pero los viñadores agarraron a los criados, y a uno le
pegaron, a otro lo mataron y a otro lo apedrearon. Mandó de nuevo otros criados, más que antes, e
hicieron con ellos lo mismo. Finalmente les mando a su hijo diciendo: Respetarán a mi hijo. Pero los
viñadores, al ver al hijo, se dijeron: Este es el heredero. Matémoslo y nos quedaremos con su herencia. Lo
agarraron, lo echaron fuera de la viña y lo mataron. Cuando venga el dueño de la viña, ¿qué hará con
aquellos viñadores? Le dijeron: Hará morir de mala muerte a esos malvados y arrendará la viña a otros
viñadores que le paguen los frutos a su tiempo.” (Mateo, XXI, 33-42.- Marcos, XII, 1-9.- Lucas, XX, 9-16).
PARÁBOLA DEL FESTÍN DE BODAS
“Y Jesús se puso a hablar de nuevo en parábolas: El reino de Dios es semejante a un rey que celebró las
bodas de su hijo. Envió sus criados a llamar a los invitados a las bodas, y no quisieron venir. Mandó de
nuevo a otros criados con este encargo: Decid a los invitados: Mi banquete está preparado, mis terneros y
cebones dispuestos, todo está a punto; venid a las bodas. Pero ellos no hicieron caso y se fueron, unos a
su campo y otros a su negocio; los demás echaron mano a los criados, los maltrataron y los mataron. El
rey, entonces, se irritó, mandó sus tropas a exterminar a aquellos asesinos e incendió su ciudad. Luego
dijo a sus criados: El banquete de bodas está preparado, pero los invitados no eran dignos. Id a las
encrucijadas de los caminos y a todos los que encontréis convidadlos a la boda. Los criados salieron a los
caminos y recogieron a todos los que encontraron, malos y buenos, y la sala de bodas se llenó de
invitados. El rey entró para ver a los invitados, reparó en un hombre que no tenía traje de boda y le dijo:
Amigo, ¿cómo has entrado aquí sin tener un traje de boda? Pero él no contestó. Entonces el rey dijo a los
camareros: Atadlo de pies y manos y arrojadlo a las tinieblas exteriores; allí será el llanto y el crujir de
dientes. Porque muchos son los llamados, pero pocos los escogidos.” (Mateo, XXII, 1-14).
PARÁBOLA DE LA HIGUERA EN GERMINACIÓN
“Aprended del ejemplo de la higuera. Cuando sus ramas se ponen tiernas y echan hojas, conocéis que el
verano se acerca. Así también vosotros, cuando veáis todo esto, sabed que él (El Hijo del Hombre) ya está
cerca, a las puertas.” (Mateo, XXIV, 32-34 – Marcos, XII, 28-30 – Lucas, XXI, 29-32).
PARÁBOLA DE LOS SIERVOS BUENOS Y MALOS
“¿Quién es, entonces, el administrador fiel y prudente, para que dé a la servidumbre la comida a su hora?
Dichoso ese criado si, al llegar su amo, lo encuentra cumpliendo con su deber. Os aseguro que lo pondrá al
frente de todos sus bienes. Pero si ese criado, pensando que su amo va a tardar en venir, se pone a
maltratar a los demás criados y criadas y a comer y beber hasta emborracharse, su amo vendrá el día y la
hora que él menos lo espere, lo castigará severamente y lo pondrá en la calle, donde se pone a los que no
son fieles. El criado que sabe lo que su amo quiere y no lo hace será severamente castigado. Pero el que
no lo sabe, si hace algo que merece castigo, será castigado con menos severidad. Al que mucho se le da,
mucho se le reclamará; y al que mucho se le confía, más se le pedirá.” (Mateo, XXIV, 45-51 – Lucas, XII,
42-48).
PARÁBOLA DE LAS VÍRGENES SENSATAS Y DE LAS NECIAS
“El Reino de Dios será comparado a diez vírgenes que, tomando sus lámparas, salieron al encuentro del
novio. Cinco de ellas eran necias y cinco sensatas. Las necias, tomando sus lámparas no se proveyeron de
aceite; mientras que las sensatas llevaron las lámparas y aceiteras con aceite. Como tardara el novio, les
entró sueño y todas se durmieron. A media noche se oyó un grito: ya está ahí el novio, salid a su
encuentro. Entonces se despertaron todas las vírgenes y se pusieron a aderezar sus lámparas. Las necias
dijeron a las sensatas: Dadnos de vuestro aceite, pues nuestras lámparas se apagan. Las sensatas
respondieron: No sea que no baste para nosotras y vosotras, mejor es que vayáis a los vendedores y lo
compréis. Mientras fueron a comprarlo, vino el novio y las que estaban dispuestas entraron con él a las
bodas y se cerró la puerta. Más tarde llegaron también las otras vírgenes diciendo: Señor, señor, ábrenos.
Y él respondió: os aseguro que no os conozco.
Por tanto, estad en guardia, porque no sabéis el día ni la hora.” (Mateo, XXV, 1-13).
PARÁBOLA DE LOS TALENTOS Y DE LAS MINAS
“Porque es como un hombre que al irse de viaje, llamó a sus criados y les confió su hacienda. A uno dio
cinco talentos, a otro dos y a otro uno, a cada uno según su capacidad, y se fue. El que había recibido
cinco se puso enseguida a trabajar con ellos y ganó otros cinco. Asimismo el de los dos ganó otros dos.
Pero el que había recibido uno solo fue, cavó en la tierra y enterró allí el dinero de su señor. Después de
mucho tiempo, volvió el amo de aquellos criados y les tomó cuenta. Llegó el que había recibido cinco
talentos y presentó otros cinco, diciendo: Señor, me diste cinco talentos; aquí tienes otros cinco que he
ganado. El amo le dijo: Bien, criado bueno y fiel; has sido fiel en lo poco, te confiaré lo mucho. Entra en el
gozo de tu señor. Se presentó también el de los dos talentos, y dijo: Señor, me diste dos talentos; mira, he
ganado otros dos. Su amo le dijo: Bien, criado bueno y fiel; has sido fiel en lo poco, te confiaré lo mucho.
Entra en el gozo de tu señor. Se acercó también el que había recibido un solo talento, y dijo: Señor, sé que
eres duro, que cosechas donde no has sembrado y recoges donde no has esparcido. Tuve miedo, fui y
escondí tu talento en la tierra. Aquí tienes lo tuyo. Su amo le respondió: Siervo malo y holgazán, ¿sabíais
que quiero cosechar donde no he sembrado y recoger donde no he esparcido? Debías, por tanto, haber
entregado mi dinero a los banqueros para que, al volver yo, retirase lo mío con intereses. Quitadle, pues,
el talento y dádselo al que tiene diez. Porque al que tiene se le dará y le sobrará; pero al que no tiene, aun
lo que tiene se le quitará. Y a ese criado inútil echadlo a las tinieblas exteriores. Allí será el llanto y el crujir
de dientes.” (Mateo, XXV, 14-30).
“Como la gente lo escuchaba, les propuso una parábola, ya que estaban cerca de Jerusalén y creían que la
manifestación del Reino de Dios era inminente. Dijo: Un hombre de la nobleza marchó a un país lejano
para recibir la dignidad real y volver. Llamó a diez criados, les dio diez monedas de gran valor y les dijo:
Negociad mientras vengo. Pero sus conciudadanos lo odiaban y enviaron tras él una embajada diciendo:
No lo queremos por rey. Él regresó investido de la realeza, y mandó llamar a los criados a los que había
dado el dinero para saber cuánto había ganado cada uno. El primero se presentó y dijo: Señor, tu dinero
ha producido diez veces más. Y le contestó: Muy bien, criado bueno; puesto que has sido fiel en lo poco,
recibe el gobierno de diez ciudades. El segundo llegó y dijo: Señor, tu dinero ha producido cinco veces
más. Y dijo igualmente a este: Manda tú también en cinco ciudades. Llegó otro y dijo: Señor, aquí tienes tu
dinero, que he tenido guardado en un pañuelo, porque tuve miedo de ti, pues eres un hombre duro;
recoges lo que no pusiste y cosechas lo que no sembraste. Él le dijo: Por tus mismas palabras te juzgo, mal
criado. ¿Sabías que soy muy duro, que recojo lo que no he puesto y cosecho lo que no he sembrado? Y,
¿por qué no pusiste mi dinero en la banca, y yo, al volver, lo hubiera retirado con los intereses? Y dijo a los
que estaban presentes: Quitadle la moneda y dádsela al que tiene diez monedas. Ellos le dijeron: Señor,
ya tiene diez monedas. Yo os digo que al que tiene se le dará, y al que no tiene aun lo que tiene se le
quitará. En cuanto a mis enemigos, esos que no me quisieron por rey, traedlos aquí y degolladlos en mi
presencia.” (Lucas, XIX, 11-27).
PARÁBOLA DE LA SIMIENTE
“El reino de Dios es como un hombre que echa semilla en la tierra. Lo mismo si está dormido como si está
despierto, si es de noche como si es de día, la semilla, sin que sepa cómo, germina, y crece. La tierra por
sí misma da el fruto: primero la hierba, luego la espiga, después el grano gordo en la espiga. Y cuando el
fruto está maduro, el hombre echa la hoz porque es el tiempo de la cosecha.” (Marcos, IV, 26-29).
PARÁBOLA DE LA CANDELA
“Nadie enciende una candela y la oculta en una vasija o la pone debajo de la cama; la coloca en un
candelero para que los que entren vean la luz. Porque nada hay oculto que no sea descubierto, ni secreto
que no sea conocido y puesto en claro. Mirad bien cómo escucháis; porque al que tiene se le dará más, y
al que no tiene se le quitará aun lo que cree que tiene.” (Lucas, VIII, 16-18).
“También les dijo: ¿Acaso se trae una candela para ocultarla en una vasija o ponerla debajo de la cama?
¿No es para colocarla en el candelero? Porque nada hay oculto que no sea descubierto, y nada secreto que
no sea puesto en claro. El que tenga oídos para oír que oiga. Les decía también: Atención a lo que oís. Con
la misma medida con que midáis seréis medidos, y se os dará con creces. Porque al que tiene se le dará, y
al que no tiene, aun lo que tiene se le quitará.” (Marcos, IV, 21-25).
PARÁBOLA DE LA HIGUERA SECA
“Al día siguiente, al salir de Betania, Jesús sintió hambre y, viendo desde lejos una higuera que tenía hojas,
fue a ver si encontraba algo en ella; pero al llegar sólo encontró hojas, pues no era tiempo de higos.
Entonces dijo a la higuera: Nadie coma jamás fruto de ti. Y lo oyeron sus discípulos.”
“Al atardecer, Jesús salió de la ciudad. Al pasar otra vez por la mañana cerca de la higuera, la vieron seca
de raíz. Pedro se acordó y dijo a Jesús: ¡Maestro, mira!, la higuera que maldijiste se ha secado.” (Marcos,
XI, 12-14 – 19-21).
PARÁBOLA DEL CIEGO QUE GUÍA A OTRO CIEGO
“¿Puede un ciego guiar a otro ciego? ¿No caerán los dos en el hoyo? (Lucas, VI, 39).
“Entonces los discípulos se le acercaron y le dijeron: ¿Sabes que los fariseos, al oír tus palabras, se han
escandalizado? Él respondió: Toda planta que no ha plantado mi Padre celestial será arrancada de raíz.
Dejadlos. Son ciegos, guías de ciegos; y si un ciego guía a otro ciego, ambos caerán en el hoyo.” (Mateo,
XV, 12-14).
PARÁBOLA DEL BUEN SAMARITANO
“Se levantó entonces un doctor de la ley y le dijo para tentarlo: Maestro, ¿qué debo hacer para heredar la
vida eterna? Jesús le respondió: ¿Qué está escrito en la ley? ¿Qué lees en ella? Él le contestó: Amarás al
Señor, tu Dios, con todo tu corazón, con toda tu alma, con todas tus fuerzas y con toda tu mente, y a tu
prójimo como a ti mismo. Jesús le dijo: Has respondido muy bien; haz eso y vivirás. Pero él, queriendo
justificarse, dijo a Jesús: ¿Quién es mi prójimo? Jesús respondió: Un hombre bajaba de Jerusalén a Jericó y
cayó entre ladrones, que le robaron todo lo que llevaba, le hirieron gravemente y se fueron dejándolo
medio muerto. Un sacerdote bajaba por aquél camino; al verlo, dio un rodeo y pasó de largo. Igualmente
un levita, que pasaba por allí, al verlo, dio un rodeo y pasó de largo. Pero llegó un samaritano, que iba de
viaje, y, al verlo, se compadeció de él; se acercó, le vendó las heridas, echando en ellas aceite y vino; lo
montó en su cabalgadura, lo llevó a una posada y cuidó de él. Al día siguiente sacó unos dineros y se los
dio al posadero, diciendo: Cuida de él, y lo que gastes demás yo te lo pagaré a la vuelta. ¿Quién de los tres
te parece que fue el prójimo del que cayó en manos de los ladrones? Y él contestó: El que se compadeció
de él. Jesús le dijo: Ve y haz tu lo mismo.” (Lucas, X, 25-37).
PARÁBOLA DEL AMIGO INOPORTUNO
“Suponed que uno de vosotros tiene un amigo que acude a él a media noche y le dice: Amigo, préstame
tres panes, pues un amigo mío ha venido de viaje a mi casa y no tengo que darle; y que él le responde
desde dentro: No me molestes; la puerta está cerrada, y yo y mis hijos acostados; no puedo levantarme a
dártelos. Yo os aseguro que si no se levanta a dárselos por ser su amigo, al menos para que deje de
molestarle se levantará y le dará todo lo que necesite. Pues bien, yo os digo: Pedid y se os dará; buscad y
encontraréis; llamad y se os abrirá. Porque el que pide recibe; el que busca encuentra, y al que llama se le
abre. ¿Qué padre de entre vosotros, si su hijo le pide un pez, le dará en lugar de un pez una serpiente? O
si le pide un huevo, ¿le dará un escorpión? Pues si vosotros, que sois malos, sabéis dar a vuestros hijos
cosas buenas, ¿cuánto más el Padre del cielo dará el Espíritu Santo a quienes se lo piden? (Lucas, XI, 5-
13).
PARÁBOLA DEL AVARO
“Las fincas de un hombre rico dieron una gran cosecha. Y él pensó: ¿Qué haré, pues no tengo donde
almacenar mis cosechas? Y se dijo: Destruiré mis graneros, los ampliaré y meteré en ellos todas mis
cosechas y mis bienes. Luego me diré: Tienes muchos bienes almacenados para largos años; descansa,
come, bebe y pásalo bien. Pero Dios le dijo: ¡Insensato, esta misma noche morirás!; ¿para quién será lo
que has acaparado? Así sucederá al que amontona riquezas para sí y no es rico a los ojos de Dios.” (Lucas,
XII, 16-212).
PARÁBOLA DEL SIERVO VIGILANTE
“Estad preparados y tened encendidas vuestras lámparas. Sed como los criados que esperan a su amo de
retorno de las bodas para abrirle tan pronto como llegue y llame. ¡Dichosos los criados a quienes el amo
encuentra en vela a su llegada! Os aseguro que los hará sentar a la mesa y se pondrá a servirlos él mismo.
Si llega a medianoche o de madrugada y los encuentra así, ¡dichosos ello! Tened en cuenta que si el amo
de casa supiera a qué hora iba a venir el ladrón, estaría en guardia y no dejaría que asaltaran su casa.
Estad preparados también vosotros, porque a la hora que menos penséis vendrá el Hijo del Hombre.”
(Lucas, XII, 35-40).
PARÁBOLA DE LOS PRIMEROS LUGARES
“Jesús, al observar que los invitados escogían los primeros puestos, les dijo esta parábola: Cuando alguien
te invite a una boda, no te pongas en el primer asiento, no sea que haya otro invitado más honorable que
tú, venga el que te invitó y te diga: Cede el sitio a este, y entonces tengas que ir avergonzado a ocupar el
último puesto, y así, cuando venga el que te invitó, te dirá: Amigo, sube más arriba. Entonces te verás
honrado ante todos los comensales. Porque el que se ensalza será humillado y el que se humilla será
ensalzado.” (Lucas, XIV, 7-11).
PARÁBOLA DEL GRAN BANQUETE
“Un hombre daba un gran banquete e invitó a muchos. A la hora del banquete mandó a sus criados a decir
a sus invitados: Venid, que ya está preparado el banquete. Y todos a una comenzaron a excusarse. El
primero dijo: He comprado un campo y necesito ir a verlo; te ruego que me excuses. Otro dijo: He
comprado cinco pares de bueyes y voy a probarlos; te ruego que me excuses. Un tercero dijo: Me he
casado y no puedo ir. El criado regresó y se lo contó a su amo. El amo, irritado, dijo a su criado: Sal de
prisa a las plazas y a las calles de la ciudad y trae a los pobres y a los inválidos, a los ciegos y a los cojos.
El criado dijo: Señor, he hecho lo que me mandaste y todavía hay sitio. El amo le dijo: Sal por los caminos
y cercados, y obliga a la gente a entrar para que se llene la casa. Pues os digo que ninguno de los
invitados probará mi banquete.” (Lucas, XIV, 16-24).
PARÁBOLA DEL DRACMA PERDIDO
“¿Qué mujer que tenga diez dracmas, si pierda uno, no enciende una luz y barre la casa y lo busca
cuidadosamente hasta encontrarlo? Y cuando lo encuentra, llama a sus amigas y vecinas y les dice:
Alegraos conmigo, porque he encontrado el dracma que había perdido. Os digo que así se alegrarán los
ángeles de Dios por un pecador que se arrepiente.” (Lucas, XV, 8-10).
PARÁBOLA DEL HIJO PRÓDIGO
“Un hombre tenía dos hijos. Y el menor dijo a su padre: Padre, dame la parte de la herencia que me
corresponde. Y el padre les repartió la herencia. A los pocos días el hijo menor reunió todo lo suyo, se fue a
un país lejano y allí gastó toda su fortuna llevando una mala vida. Cuando se lo había gastado todo,
sobrevino una gran hambre en aquella comarca y comenzó a padecer necesidad. Se fue a servir a casa de
un hombre del país, que le mandó a sus tierras a guardar cerdos. Tenía ganas de llenar su estómago con
las algarrobas que comían los cerdos, y nadie se las daba. Entonces, reflexionando, dijo: ¡Cuántos
jornaleros de mi padre tienen pan de sobra, y yo aquí me muero de hambre! Volveré a mi padre y le diré:
Padre, he pecado contra el cielo y contra ti. Ya no soy digno de llamarme hijo tuyo: tenme como a uno de
tus jornaleros. Se puso en camino y fue a casa de su padre. Cuando aún estaba lejos, su padre lo vio y,
conmovido, fue corriendo, se echó al cuello de su hijo y lo cubrió de besos. El hijo comenzó a decir: Padre,
he pecado contra el cielo y contra ti. Ya no soy digno de llamarme hijo tuyo. Pero el padre dijo a sus
criados: Sacad inmediatamente el traje mejor y ponédselo; poned un anillo en su mano y sandalias en sus
pies. Traed el ternero cebado, matadlo y celebremos un banquete, porque este hijo mío había muerto y ha
vuelto a la vida, se había perdido y ha sido encontrado. Y se pusieron todos a festejarlo. El hijo mayor
estaba en el campo y, al volver y acercarse a la casa, oyó la música y los bailes. Llamó a uno de los
criados y le preguntó qué significaba aquello. Y este le contestó: Que ha vuelto tu hermano, y tu padre ha
matado el ternero cebado porque lo ha recobrado sano. Él se enfadó y no quiso entrar. Su padre salió y se
puso a convencerlo. Él contestó a su padre: Hace ya tantos años que te sirvo sin desobedecer jamás tus
órdenes, y nunca me has dado ni un cabrito para celebrar una fiesta con mis amigos. ¡Ahora llega ese hijo
tuyo, que se ha gastado toda su fortuna con malas mujeres, y tú le matas el ternero cebado! El padre le
respondió: ¡Hijo mío, tú estás siempre conmigo, y todo lo mío es tuyo! En cambio, tu hermano, que estaba
muerto, ha vuelto a la vida; estaba perdido y lo hemos encontrado.” (Lucas, XV, 11-32).
PARÁBOLA DEL ADMINISTRADOR INFIEL
“Jesús dijo también a sus discípulos: Un hombre rico tenía un administrador que fue denunciado como
malversador de bienes. Entonces lo llamó y le dijo: ¿Qué es lo que oigo de ti? Dame cuenta de tu
administración, porque quedas despedido. Entonces el administrador se puso a pensar: ¿Qué voy a hacer,
pues mi amo me quita la administración? Cavar, ya no puedo; mendigar, me da vergüenza. Ya sé lo que
voy a hacer, para que haya quien me reciba en su casa cuando no tenga la administración. Llamó a todos
los deudores de su amo, y preguntó al primero: ¿Cuánto debes a mi amo? Él contestó: Cien barriles de
aceite. Él le dijo: Toma tu recibo, siéntate y escribe cincuenta. Luego dijo a otro: ¿Y tú, cuánto debes? Él
respondió: Cien fanegas de trigo. Él le dijo: Toma tu recibo y escribe ochenta. El amo alabó al
administrador infiel, porque había actuado con sagacidad. Pues los hijos del mundo son más sagaces en
sus relaciones que los hijos de la luz. Y yo os digo: Haceos amigos con el dinero injustamente adquirido,
para que, cuando os falte, os reciban en las moradas eternas. El que es infiel en lo poco lo es también en
lo mucho, y el que es injusto en lo poco, lo es también en lo mucho. Si no habéis sido fieles con el dinero
injustamente adquirido, ¿quién os confiará los bienes verdaderos? Y si no habéis sido fieles en lo ajeno,
¿quién os dará lo que es vuestro? Nadie puede servir a dos amos, porque odiará a uno y amará al otro, o
se apegará a uno y despreciará al otro. No podéis servir a Dios y al dinero.” (Lucas, XVI, 1-13).
PARÁBOLA DEL RICO Y LÁZARO
“Había un hombre rico que se vestía de púrpura y de lino y blanqueaba a diario espléndidamente. Un
pobre, llamado Lázaro, cubierto de úlceras, estaba sentado a la puerta del rico; quería quitarse el hambre
con lo que caía de la mesa del rico; hasta los perros se acercaban y le lamían sus úlceras. Murió el pobre, y
los ángeles le llevaron al seno de Abraham. Murió también el rico, y lo enterraron. Y estando en el infierno,
entre torturas, levantó los ojos y vio a lo lejos a Abraham, y a Lázaro a su lado. Y gritó: Padre Abraham, ten
compasión de mí y envía a Lázaro para que moje en agua la yema de su dedo y refresque mi lengua,
porque me atormentan estas llamas. Abraham respondió: Hijo, acuérdate que ya recibiste tus bienes
durante la vida, y Lázaro, por el contrario, males. Ahora él está aquí consolado, y tú eres atormentado. Y
no es esto todo. Entre vosotros y nosotros hay un gran abismo, de tal manera que los que quieran ir de
acá para allá no puedan, ni los de allí venir para acá. El rico dijo: Entonces, padre, te ruego que le envíes a
mi casa paterna, pues tengo cinco hermanos, para que les diga la verdad y no vengan ellos también a este
lugar de tormentos. Abraham respondió: Ya tienen a Moisés y a los profetas; ¡que los escuchen! Pero él
dijo: No, padre Abraham; que si alguno de entre los muertos va a verlos, se arrepentirán. Abraham
contestó: Si no escuchan a Moisés y a los profetas, no harán caso aunque resucite un muerto.” (Lucas, XVI,
19-31).
PARÁBOLA DEL SIERVO TRABAJADOR
“Los Apóstoles le dijeron al Señor: Acrecienta nuestra fe. Y el Señor dijo: Si tuvierais una fe tan grande
como un grano de mostaza y dijerais a este sicómoro: Arráncate y trasládate al mar, él os obedecería.
¿Quién de vosotros, que tenga un criado arando o pastoreando, le dice cuando llega del campo: Pronto,
ven y siéntate a la mesa? Más bien le dirá: Prepárame de cenar, y ponte a servirme hasta que yo coma y
beba. Después comerás y beberás tú. ¿Tendría que estar agradecido al criado porque hizo lo que se le
había ordenado? Así también vosotros, cuando hayáis hecho lo que se os haya ordenado, decid: Somos
siervos inútiles; hemos hecho lo que debíamos hacer.” (Lucas, XVII, 7-10).
PARÁBOLA DEL JUEZ INJUSTO
“Sobre la necesidad de orar siempre sin desfallecer jamás, les dijo esta parábola: Había en una ciudad un
juez que no temía a Dios ni respetaba a los hombres. Una viuda, también de aquella ciudad, iba a decirle:
Hazme justicia contra mi enemigo. Durante algún tiempo no quiso; pero luego pensó: Aunque no temo a
Dios ni respeto a los hombres, le voy a hacer justicia para que esta viuda me deje en paz y no me moleste
más. Y el Señor dijo: Considerad lo que dice el juez injusto. ¿Y no hará Dios justicia a sus elegidos, que
claman a él día y noche? ¿Les va a hacer esperar? Yo os digo que les hará justicia prontamente. Pero el
hijo del hombre, cuando venga, ¿encontrará fe en la Tierra?” (Lucas, XVIII, 1-8).
PARÁBOLA DEL FARISEO Y EL PUBLICANO
“A unos que se tenían por justos y despreciaban a los demás les dijo esta parábola: Dos hombres fueron al
templo a orar; uno era fariseo y el otro publicano. El fariseo, de pie, hacía en su interior esta oración: Dios
mío, te doy gracias porque no soy como el resto de los hombres: ladrones, injustos, adúlteros, ni como ese
publicano; yo ayuno dos veces por semana y pago los diezmos de todo lo que poseo. El publicano, por el
contrario, se quedó a distancia y no se atrevía ni a levantar sus ojos al cielo, sino que se golpeaba el pecho
y decía: Dios mío, ten compasión de mí, que soy un pecador. Os digo que este volvió a su casa justificado,
y el otro no. Porque el que se ensalza será humillado, y el que se humilla será ensalzado.” (Lucas, XVIII, 9-
14).