PROBLEMATICA DEL AGUA
La problemática del agua y los pronósticos de escasez a la que están y se verán sometidos
muchos países en no más de dos décadas, y el desalentador escenario proyectado por la
Organización de las Naciones Unidas (ONU), con la mitad de la población mundial para el año
2050 viviendo en países y en condiciones de estrés hídrico, hacen que el sector agua merezca una
priorización adecuada en la estrategia, la política y los planes de desarrollo de las naciones. La
relevancia política que tiene el tema del agua crece a medida que se confirman el panorama de
presión por el agua o se plantean escenarios futuros, que incluyen amenazas latentes como los
posibles efectos del cambio climático, que tienen el potencial de agravar los pronósticos ya
conocidos.
El tema del agua ha sido un punto central en la celebración de la Conferencia de las Naciones
Unidas en Mar del Plata (1977), la Conferencia Internacional sobre Agua y Desarrollo Sostenible
en Dublín (1992), la Conferencia Internacional del Agua y Desarrollo Sostenible en Paris (1998),
en los seis Foros Mundiales del Agua cada tres años, a partir de 1997 (Marruecos, La Haya,
Tokyo – Kyoto, México, Estambul, Marsella), en las celebraciones anuales de la Semana
Internacional del Agua en Estocolmo (desde 1991), la Cumbre del Milenio de las Naciones
Unidas (2000), y que el agua haya tenido un espacio importante en la agenda de las Conferencias
de las Naciones Unidas sobre Desarrollo Sostenible en Río de Janeiro (1992 y 2012) y
Johannesburgo (2002).
El reconocimiento y la notoriedad del agua en el plano internacional también es clara al
considerar las declaraciones de La Haya sobre Seguridad del Agua (2000), y de los propios
Objetivos de Desarrollo del Milenio. Un posicionamiento relevante del tema es además evidente
al repasar que la década de 1980 a 1990 fue declarada como el “Decenio Internacional del Agua
Potable y el Saneamiento Ambiental” (1980 a 1990), el que la ONU haya declarado el año 2003
como el “Año Internacional del Agua Dulce”, y la década de 2005 a 2015 como la Década de la
Acción “Agua por la Vida”.
La República Dominicana ha participado en estos foros y conferencias y ha sido signataria de
estas declaraciones, siendo compromisaria de alcanzar metas relacionadas con el servicio de
agua y la gestión de los recursos hídricos. El Instituto Nacional de Recursos Hidráulicos
(INDRHI) entiende necesario que el agua reciba cada vez más un mayor espacio en la agenda
política y en los planes de desarrollo y presupuestos de inversión del país, y para ello se entiende
que es esencial disponer de un plan.
En la República Dominicana se dispone, en valores promedios, de suficiente agua para cubrir las
necesidades básicas y la requerida para sustentar las principales actividades económicas del país.
No obstante, el escurrimiento no es estable a lo largo del año, y en ocasiones se presentan ciclos
de estiajes muy bajos en períodos multianuales, y por supuesto la disponibilidad de agua no es
uniforme en todas las cuencas hidrográficas del país.
Las variaciones estacionales, las demandas de agua y las características climáticas - hídricas
propias de cada región, nos hacen ver que ya hay cuencas en nuestro país en las cuales la
demanda de agua se aproxima vertiginosamente a la disponibilidad. El crecimiento de la
población, con el consecuente incremento exponencial de la demanda de agua, y el hecho de que
los núcleos poblacionales de mayor magnitud no están asentados necesariamente en las zonas y
regiones de mayor disponibilidad de agua, generan presiones. Por otro lado, en zonas de mayor
abundancia de recursos hídricos, puede existir una “escasez económica” de agua, porque no
existe la infraestructura apropiada para captar, conducir, tratar el agua y distribuirla a los
usuarios, y las restricciones financieras impiden que las soluciones técnicas puedan
implementarse.
La población aspira y merece disponer de servicios confiables de agua. Los agricultores procuran
obtener agua para regar o “mojar” sus parcelas y asegurar sus cosechas. La crisis de energía y la
alta dependencia de hidrocarburos hacen razonable que se priorice elevar la capacidad de
generación de fuentes hídricas, que proporcionan energía más limpia y más “barata”. Los
episodios de inundaciones que exponen la vulnerabilidad en que vive parte de la población
asentada en zonas de riesgo, se constituyen en un llamado a emprender acciones y obras para
controlar y mitigar los efectos de las inundaciones. Las situaciones inversas que se presentan con
las sequías estacionales crean escasez que preocupa a todos los sectores de usuarios del agua y
motivan la racionalidad y a veces sacrificios involuntarios en el consumo de agua.
Factores que escapan al control humano como la variabilidad climática del país, provocan tanto
condiciones de escasez en las precipitaciones, así como de lluvias extremas. Las sequías son una
verdadera amenaza a la producción agrícola. Los episodios frecuentes de crecidas e inundaciones
en un país que está en la ruta de los huracanes provocan serias pérdidas de vida, daños a las
propiedades y la infraestructura social (acueductos, red vial) y generan pérdidas en la producción
agrícola e industrial y un des aceleramiento de la economía. Tanto los daños como las pérdidas se
acentúan cuando por la intervención humana descontrolada y no planificada, la población se
asienta en zonas de riesgo, exponiéndose al peligro y aumento de su vulnerabilidad.
Otros aspectos como el uso inadecuado del suelo, la deforestación y la erosión en las cuencas
hidrográficas, la sedimentación de los embalses que prematuramente alcanzan condiciones
próximas a la vida útil proyectada, la creciente demanda y la baja eficiencia de los sistemas de
abastecimiento a la población y de los sistemas de riego, la conducta de desperdicio de agua y la
contaminación de las fuentes de agua, degradan los recursos hídricos y su potencial de
aprovechamiento, limitando a la vez los beneficios que se pueden derivar de la infraestructura
hidráulica existente.