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La Ventosa

La Ventosa, Oaxaca, es una de las zonas más productivas de energía eólica del mundo, con 27 parques eólicos que generan el 60.9% de la energía eólica de México. Sin embargo, a pesar de la gran producción de energía, la población local no se beneficia adecuadamente, ya que persisten problemas como la falta de electricidad en miles de hogares y el impacto ambiental negativo de los parques. Un nuevo proyecto de inversión busca expandir la producción de energía eólica, pero no está diseñado para mejorar la situación de los habitantes locales.

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La Ventosa, Oaxaca, es una de las zonas más productivas de energía eólica del mundo, con 27 parques eólicos que generan el 60.9% de la energía eólica de México. Sin embargo, a pesar de la gran producción de energía, la población local no se beneficia adecuadamente, ya que persisten problemas como la falta de electricidad en miles de hogares y el impacto ambiental negativo de los parques. Un nuevo proyecto de inversión busca expandir la producción de energía eólica, pero no está diseñado para mejorar la situación de los habitantes locales.

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Parques eólicos en La Ventosa y sus consecuencias

Romeo Pérez Ortiz


El viento, como flujo de aire a gran escala, es producido por diferencias en la temperatura del
aire, y por tanto de la densidad, entre dos regiones de la Tierra. Esta descripción científica se la
debemos al físico y matemático italiano Evangelista Torricelli (1608-1647), inventor del
barómetro de mercurio y primer científico en descubrir la existencia y el valor de la presión
atmosférica, es decir, que el aire tiene peso. La tierra absorbe la radiación solar, se calienta y el
aire caliente al dilatarse se desplaza hacia arriba, mientras que el aire frío se desplaza hacia
abajo. El primero, al elevarse, crea un área de baja presión, mientras que el segundo, al bajar,
crea un área de alta presión. Al chocarse el aire frío y el caliente, se genera lo que llamamos
viento. Así se explica, por ejemplo, que en La Ventosa, Oaxaca, y en las regiones aledañas,
soplen fuertes vientos, a 25 metros por segundo. Por el Golfo de México entra el aire frío que
crea un área de alta presión, mientras que por el Golfo de Tehuantepec, el aire caliente creando
un área de baja presión. Ambos llegan a encontrarse en aquellas regiones del Istmo de
Tehuantepec, consideradas hoy como las mayores generadoras de energía eólica.
Esa asombrosa zona, repleta de mil 765 gigantes desaforados de diferentes capacidades,
a quienes, alguna vez, hizo frente Don Quijote de la Mancha, se encuentra en un nudo comercial
importante porque confluyen en ella varias líneas de ferrocarril y carreteras: la carretera 185 la
comunica al norte con las ciudades Matías Romero, Acayucan y Coatzacoalcos. Al oeste, a
través de las carreteras 190 y 200, es comunicada con Juchitán, Santo Domingo Tehuantepec y
Oaxaca de Juárez; al este con Tuxtla de Gutiérrez, Chiapas. En el estratégico emplazamiento,
empresas privadas nacionales y extranjeras, sobre todo estas últimas, llevan instalado ya 27
parques eólicos. Destacan, en este sentido, empresas nacionales Grupo Nestlé México e
Industrias Peñoles, empresas españolas Iberdrola y Gamesa Renovables, Renovalia Energy
group, Gas Natural-Fenosa, Eolia Renovables de Inversiones y Preneal, el fabricante danés
Vestas, la empresa líder por potencia eólica instalada Acciona Energía/CEMEX, el grupo francés
de energías renovables EDF-Energies Nouvelles, la multinacional italiana Enel Green Power,
entre otras. La región, por tanto, se ha convertido en un atractivo lugar de explotación de energía
eólica y generación de riqueza, en primer lugar porque es una de las zonas con más viento en el
mundo, y en segundo porque hoy en día se sabe que la energía renovable generada por la fuerza
del viento es una industria en crecimiento. Los países como China, Alemania, Estados Unidos e
India son los que más desarrollan esta fuente de energía sustentable.
México, por su lado, ocupa el lugar 18 a nivel mundial en cuanto a producción de
energía eólica. Existen 42 parques eólicos, en funcionamiento, distribuidos en 10 estados de la
república mexicana; Oaxaca, con un total de 27 parques, concentra el 60.9% de la energía eólica
del país. Las entidades que le siguen son Tamaulipas, 7.8%, Nuevo León, 7.1%, San Luis Potosí
y Coahuila con 5.2% cada uno, Jalisco, 4.6%, Baja California, 4.3%, Zacatecas, 2.6%, Puebla,
1.7%, y Chiapas con 0.7% (datos de la Asociación Mexicana de Energía Eólica (AMDEE),
2017). En cuanto a la cantidad de Megawatts (MW) producida, solamente en el estado de
Oaxaca se generan cerca de 2 mil 360 al año, lo que representa el 63 por ciento de toda la
energía eléctrica producida en ese Estado, el resto lo genera una central hidroeléctrica fundada
en 1959 en la Presa Miguel Alemán ubicada en el cauce del Río Tonto en San Miguel
Soyaltepec, Oaxaca.
Sigo. De acuerdo con los cálculos realizados por la AMDEE, por cada 65.5 MW, al año
se obtienen 293 Gigawatts hora (GWh) equivalentes a 33 mil 447 kilowatts (kw) por 8 mil 760
horas (número total de horas que tiene el año), mismos que pueden iluminar a 66 mil 894 casas
con 500 watts cada una. O sea que con 2 mil 360 MW pueden beneficiarse aproximadamente 2
millones 410 mil 226 viviendas con 500 W cada una. Una cantidad colosal e impresionante,
pero resulta que en Oaxaca hay 31 mil 305 viviendas sin electricidad (datos del CONEVAL,
2015). Y no sólo eso. La instalación de parques eólicos ni siquiera ha traído prosperidad para los
nativos habitantes. En las localidades se observan casas de dos pisos bien construidas con
muchas viviendas humildes; las empresas optan por el arrendamiento, fijando las
contraprestaciones según los aerogeneradores instalados, las hectáreas ocupadas o el pago de
regalías conforme a un porcentaje de los ingresos brutos por la venta de la electricidad; se
benefician solamente los grandes dueños arrendatarios; hay incumplimiento con las minutas
firmadas; la vigencia de los contratos de arrendamiento va de 20 a 30 años con opción a
prórroga por un lapso similar; los precios de los productos básicos se han elevado; el olor a
lubricante que se derrama por el mástil del aerogenerador es penetrante; los que viven cerca de
los aerogeneradores sufren erupciones en la piel y tos; los suelos, ríos, lagunas y acuíferos se
contaminan por el derrame de aceites de las turbinas; ya no se cultiva la tierra ni se crían
ganados, principales actividades económicas de los istmeños, etc. (véase el artículo Energía
Eólica en el Istmo de Tehuantepec: desarrollo, actores y oposición social, 2014 y el informe:
Género, energía doméstica y empresas eólicas en Oaxaca y Zacatecas, 2017).
El problema arriba mencionado se agravará más, pues no hace mucho, el gobernador de
Oaxaca, Alejandro Murat Hinojosa, en compañía de Leopoldo Rodríguez Olivé, presidente de la
Asociación Mexicana de Energía Eólica anunciaron una inversión millonaria de mil 200
millones de dólares para seguir produciendo esta fuente de energía. Un proyecto muy
ambicioso, que abarcará 900 kilómetros de nuevas líneas de transmisión, que pasarán por la
ciudad de Oaxaca, Morelos, Estado de México, Ciudad de México, Veracruz y Puebla. ¡Así las
cosas hasta el momento! ¿Quiénes son los verdaderos beneficiarios? Está muy claro, la energía
eólica que se generará no la disfrutarán los ciudadanos oaxaqueños que habitan en esas 31 mil
305 casas y en las que se acumulen en este año. Ellos seguirán en la lobreguez porque simple y
sencillamente el proyecto no está pensado para llevar luz a esos alejados hogares con carencias.
Mientras no se organicen y exijan lo que es suyo, difícilmente disfrutarán de ese insumo
fundamental que ofrece el desarrollo económico del siglo XXI.

Ciudad de México, a 8 de julio de 2018

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