L.
Szondi
EL CAINISMO EN LA HISTORIA UNIVERSAL
E d it o r ia l B ib lio tec a N ueva
El autor emplea el nombre
de Caín como símbolo para
esa clase de hombres que
ha podido demostrar (por
investigaciones genéticas,
evolución vital, datos clíni
cos y métodos experimen
tales) la realidad de su
existencia entre nosotros.
El autor aporta 33 ejemplos
minuciosos de cómo Caín
aparece en la Sociedad. Le
muestra como enfermo pa-
roxismal, como criminal de
guerra, como asesino por
placer, asesino por robar,
como incendiario, suicida,
como paciente de ataques
de Amok, como neurótico,
y el Caín enmascarado de
todos los días
El autor se muestra en es
te libro fiel a su elevada
condición científica y a su
fina espiritualidad
El libro es una invocación
a la conciencia y a la re
nuncia; apela a la toleran
cia, buena voluntad, fran
queza y altruismo; invita
nos sometamos a la volun
tad divina y a la observan
cia de la ley frente a la fal
ta de conciencia; a la fuer
za y el valimiento frente a
la intolerancia, maldad, ma
levolencia, insidia, com
placencia por el mal ajeno;
y se enfrenta al ateísmo
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B IB LIO TE C A NUEVA
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Teléf. 410 04 36
P recio: 350 p t a s.
L. Szondi
CAIN
Y EL CAINISMO EN LA HISTORIA UNIVERSAL
Traducción hecha del alemán por el
Dr. Federico Soto Yarritu
Profesor de Psiquiatría de la U niversidad
de N avarra
BIBLIOTECA NUEVA
Titulo original: Kain Gestalten des Bosen
© by Verlag Hans Huber Bern
© EDITORIAL BIBLIOTECA NUEVA
Almagro, 38—Madrid-4 (ESPAÑA)
Impreso en España — Printed in Spain
ISBN 84-7030-247-7
Depósito legal: M. 31.721-1975
Imprime: Héroes, S. A.—Torrelara, 8.—M adrid-16
INDICE
Pág.
Prólogo.................................................................................................... , 9
Introducción............................................................................................. 11
I. Caín a la luz de la Biblia y de la leyenda...................................... 21
El nacimiento de Caín..................................................................... 23
Caín, un hijo de S a tá n ................................................................... 23
El nombre de Caín........................................................................... 25
Los hermanos de C a ín .................................................................... 26
El matrimonio de Caín.................................................................... 28
El fratricidio..................................................................................... 28
La señal de C a ín .............................................................................. 37
La descendencia de Caín................................................................. 38
La muerte de Caín............................................................................ 39
Genealogía de Adán y Eva.............................................................. 42
II. Caín a la luz de la psicología del destino........................................ 47
Los ocho radicales del destino hum ano......................................... 50
El radical C aín.................................................................................. 53
El Caín enfermo........................... ' ................................................... 54
Caín, el enfermo epilético............................................................. 54
Caín, el enfermo m ental............................................................... 57
El Caín criminal................................................................................. 62
Caín, criminal de guerra............................................................... 62
Caín, el asesino............................................................................... 68
Caín, asesino por placer................................................................ 71
P ág .
Exámenes com parativos entre asesino p o r ro b o y asesino p o r
placer......................................................................................................
72
Caín, el incendiario; C aín y el f u e g o ................................................ 78
Caín, el ta n a tó m a n o ; el ataque de A m o k ........................... ¡ . . . . 89
Caín, el suicida......................................................................................... 91
Caín, el neurótico......................................................................................... 112
El complejo de C a ín ............................................................................... 112
Caín, el despersonalizado (ex trañ am ien to )...................................... 117
Caín, el a u to sa b o te a d o r........................................................................ 120
Caín, el so ñ ad o r....................................................................................... 123
Caín, el hom bre v u lg ar.......................................................................... 130
A. La vida afectiva de C a ín ............................................................... 131
B. Vida del yo de C aín........................................................................ 136
Caín, el hom bre de las mil c a ra s ........................................................ 138
Caín, el p ro fe sio n a l................................................................................ 141
A.— D iaphotos: Caín, el sin luz, el ten eb ro so .................................... 152
Bibliografía y notas...................................................................... 161
PROLOGO
Caín rige el mundo. El que lo dude le aconsejamos que lea la Historia Universal.
El historiador no disimula que la esencia de la Historia Universal es la lucha.
El analista del destino dice: «La mayor parte de la Historia Universal está
constituida por la eterna repetición de la historia de Caín».
El historiador establece bien claro que la Historia Universal no es la reali
zación de un continuo progreso desde lo- bajo a lo alto, de lo malo a lo mejor,
de la esclavitud a la libertad. Su opinión es de que la Historia Universal repre
senta, más bien, una línea tortuosa de crueldades. A la perfección sigue inme
diatamente la caída en el precipicio. La Historia Universal registra cuándo el
pueblo crucifica o quema a profetas y santos, tribunos y misioneros. Com
prueba que un emperador romano, Nerón (Lucius Domitian Ñero), asesina a
su hermano, a su madre, a su mujer, así como a su preceptor; que incendia por
puro placer Roma y que lleva a cabo la primera persecución contra los cristianos,
encontrando así un «buco emisario». En la Historia Universal se «profana,
con demasiada frecuencia, la razón por la pasión».
Y cuán frecuentemente se «sacrifica la flor y la esperanza de la vida a la am
bición, a la envidia y a la vanidad». Así se expresa el historiador (1).
Ambición, envidia y vanidad son peculiares en Caín. No Dios, sino Caín,
es el nombre del hombre que se manifiesta en la Historia Universal. Así piensa
el psicólogo del destino. Cualquier fricción entre los hombres —aun cuando
sea mínima— es suficiente para despertar el eterno Caín.
Al cabo de miles y miles de años no ha disminuido la actividad de matar
en Caín. Persiste el «fratricidio». Subsiste puesto de manifiesto en lo profundo del
alma por la leyenda bíblica con la que comienza la historia del mundo. Los sen
timientos de los hermanos han permanecido idénticos. El historiador lo expresa
así: «La familia lucha contra la familia, el pueblo contra la ciudad, el caballero
10 Caín y el cainismo en la H istoria Universal
contra el ciudadano, el príncipe contra la Iglesia y el aristócrata, el creyente
contra el ateo, el pueblo culto contra el pueblo primitivo, la nación contra los
opresores, el continente contra los poderosos del mar, las confederaciones es
tatales contra el superestado, los sistemas de estado Universal contra el impulso
imperialista; también el campesino contra el terrateniente, el ciudadano contra
los privilegiados, el liberal contra la burocracia, el parlamentario contra la corona,
el pacifista contra los militaristas, el obrero contra el capital, el terrorista contra
la sociedad, el anarquista contra la deificación del estado (2).
El sentimiento homicida de Caín se percibe fácilmente. Este sentimiento de
matar halló en la Historia Universal, una y otra vez, nuevas metas y nuevos
motivos para matar. Caín, empero, no es solamente el portador del sentimiento
de matar. No solamente acumula en sí ira y odio, furia y venganza, envidia y
celos, que descarga luego repentinamente de forma explosiva; Caín impulsa
también, sin límites, el afán de imponerse. Quiere tomar posesión de todo lo
que tiene valor y aumentar ilimitadamente su poderío en el tener y en el ser.
Estas características son las que determinan la estructura básica de las fun
ciones cainíticas. La llamada «civilización» y «cultura» obligan al Caín a des
arrollar un arsenal de técnicas de enmascaramiento. Con mentiras, acusaciones,
calumnias y denuncias domina Caín el mundo. A esto lo llama él política y di
plomacia.
Así actúan los fuertes. Los débiles sucumben a la conciencia interior y se
hacen neuróticos o psicóticos.
Raras veces se presentan en el escenario del mundo figuras que quieran re
parar el Caín que han sido después de haber actuado ellos mismos cainíticamente.
Estos antípodas de Caín invocan la ley contra el homicidio. A éstos los llamamos
simbólicamente figuras «Moisés». Son los legisladores en la religión, en el estado,
en el arte y en las ciencias. Sobre ellos versará el segundo tomo «Moisés».
El psicoanálisis ha elegido el complejo de Edipo como el problema central
de su investigación. El análisis del destino coloca a Caín en la entraña del ser
humano. El «Edipo» en el hombre deja de actuar, mientras que Caín sigue im
perando. Rige a cada uno desde la cuna hasta la tumba, y rige el mundo desde la
edad de piedra hasta la era atómica y seguirá rigiendo en los tiempos venideros.
Zürich, marzo 1966 L. S z o n d i
INTRODUCCION
El hombre Caín figura en la psicología del destino como símbolo del destino
de un infractor de la ley.
El hombre Moisés, por el contrario, simboliza el destino de un hombre que
intenta reparar su falta mediante severa legislación.
Ambas clases de hombres, tanto los cainitas como los moiseítas —como los
denominaremos simbólicamente en lo sucesivo— albergan el mismo destino
del sentimiento de matar. Estas dos clases de seres pueden, en ciertas circuns
tancias, transformarse súbitamente, casi a manera de ataque, en homicidas
por afecto. Según el Antiguo Testamento (A. T.), Caín mató a su hermano Abel
por celos; Moisés, al egipcio por encolerizada rebeldía contra la injusticia de
éste. Este acto de violencia une estrechamente los dos destinos opuestos. Sin
embargo, el mismo hecho —el homicidio afectivo— fue castigado por Dios de
forma desigual.
«Aunque labres el suelo no te dará más su fruto, vagabundo y errante serás
sobre la tierra», así decía el castigo de Dios a Caín. (A. T. 1. Moisés 4, 12; según
la traducción de Martín Buber) (3).
«¡Ahora ve, yo te envío al faraón para que saques a mi pueblo, los hijos de
Israel, de Egipto!», decía la orden de mando dada precisamente a un homicida
afectivo, Moisés, a quien Dios había elegido (2. Moisés 3, 10) (4).
Uno de los homicidas, Caín, por consiguiente, es expulsado de su campo
privándosele de todo éxito en su trabajo. El otro homicida, por el contrario, es
elegido caudillo de su pueblo y profeta de su Dios.
Parece como si el Dios del Antiguo Testamento —al igual que un juez pro
gresista de nuestro tiempo— hubiese fallado su veredicto no en virtud de la mag
nitud de la falta, sino de acuerdo con los motivos del delito.
■ 12 Caín y el cainismo en la Historia Universal
Se podría, sin embargo, preguntarse —como ciertos teólogos— : «¿Es el Dios
de Caín el mismo Dios que aquél de Moisés ?»
De esta cuestión teológica nos ocuparemos en el segundo tomo. En esta obra
tratamos exclusivamente sobre la psicología del destino.
¿Cómo, dónde y qué relación guardan ambos destinos polarmente opuestos
—el del infractor de la ley y el del legislador— ? Esto representa también la cues
tión referente al origen del bien y del mal.
Con anticipación a los resultados finales de nuestras investigaciones podemos
comunicar aquí que, según hipótesis de la psicología del destino, la necesidad de
matar en arrebatada pasión y el ardor irresistible de dar al pueblo una ley de
«¡No matarás!» proceden de las mismas raíces psíquicas. Los cainitas y moi-
seítas son seres que están ligados con un parentesco de destino. Sus destinos
brotan de la misma fuente primitiva, del alma.
Pero, ¿es nueva esta hipótesis?
Una antiquísima leyenda judía, de la colección de Micha Josef Bin Gorion (5),
nos informa muy exactamente. Transcribiremos textualmente dicha leyenda
y veremos que el alma popular presentía en ella aquellos profundos nexos que la
psicología del destino intentaba aproximar a la realidad.
De Caín, de Abel y de Moisés
«Desde el momento en que Eva comió del árbol de la sabiduría se entremezcló
el bien con el mal; de la chispa del bien nació Abel, pero Caín vino del mal. Y
así como toda clase de santidad contiene una mezcla de impureza, y por el con
trario, también en toda impureza hay algo de santidad, resultó que de la porción
de santidad que en Caín había nació Jetró, suegro de Moisés; éste resultó ser
uno de los que se declararon partidarios de Yahvé; pero de la dosis de impureza
que se le había añadido a Abel nació Bileam, el hechicero.
Y Eva continuó y dio a luz a su hermano, al Abel que sería Moisés. Moisés,
nuestro maestro, la paz sea con él, fue como un acrecentamiento de la creación,
y por eso es por lo que siguió procreando. Si Adán no hubiese caído en pecado,
al mundo le hubiera bastado únicamente la estirpe de Caín. Pero así tuvo que
venir otra creación; ésta fue Moisés, que vino a reparar el pecado de Adán. Pero
cuando Israel cayó en el pecado de adorar al becerro de oro, y se airaron contra
el Señor por la sequía en el desierto, hicieron que volviese nuevamente al mundo
la impureza, originada por el pecado de Adán».
En otro libro leemos:
«Con Abel nacieron dos hermanas gemelas; con Caín, sin embargo, solamente
una; por eso mató Caín a Abel, pues a él le había de corresponder el doble, según
Introducción 13
el derecho de primogenitura. Pero ambas hermanas gemelas fueron Zippora,
esposa de Moisés, y Bathia, la hija del faraón que le educó.
Mira y comprende los misterios ocultos. Caín salió a su madre; Abel, sin
embargo, fue hijo de Adán. Caín tomó de los frutos de la tierra y siguió, por tanto,
el camino de su madre, pues de este modo obró también Eva: ella cogió la fruta.
Abel, sin embargo, se atuvo a la palabra de su padre; su sacrificio fue un sacrificio
en acción de gracias...».
«Sorprendente es la muerte de Abel. No encontramos pecado alguno en él
que debiera castigarse con la muerte. ¿Cuál fue, pues, el motivo? Cuando él
consumó el sacrificio se atrevió a contemplar la majestad de Dios más de lo que
estaba permitido.
Está escrito: Moisés escondió su cara, pues temía mirar a Dios. ¿Por qué
tenía miedo? Recordaba aquello que le había ocurrido cuando él, en aquella
ocasión, era Abel, elevaba la mirada hacia la grandeza de Dios...; en aquella
época fue castigado por ese motivo y fue muerto. Cuando el Señor se dirigió al
sacrificio de Abel y vino una llama del cielo y se tragó la ofrenda, ya había mirado
en el fuego y estaba perdido» (5).
¿Pueden, sin embargo, las leyendas expresar la realidad psíquica ?
Tenemos que contestar afirmativamente a esta pregunta, ya que las leyendas
pueden ser interpretadas como los sueños del pueblo. Este modo de interpreta
ción significa que nosotros, ante todo, traducimos el significado de las legenda
rias narraciones a un lenguaje científico, verificando posteriormente las narra
ciones obtenidas en sus núcleos de veracidad con los instrumentos de las ciencias.
Nos propusimos dicha tarea y verificamos la verdad de aquellas narraciones
que contiene la leyenda precedente. En nuestra traducción significan aproxima
damente :
Bien y mal, santidad e impureza no forman juntas contradicciones alternativa
mente excluyentes, contradictorias, sino integrantes y complementarias.
Esta tesis se ha confirmado mediante árboles genealógicos familiares, bio
grafías personales de individuos y mediante el diagnóstico experimental del
instinto y del yo. De ello dedujimos la conclusión de que tanto los cainitas como
los moiseítas no representan variantes de seres homocigotes, sino heterocigotes.
En todo «Caín» hay de hecho un algo de «Moisés» y en todo «Moisés» algo de
«Caín», debido a que tanto los cainitas como los moiseítas son individuos hete
rocigotes, en el sentido del proceso hereditario recesivo. En la descendencia del
«Caín» pueden incluso presentarse, junto a los cainitas (Lamech), naturalezas
moiseítas, y también viceversa.
Trataremos casos tomados de la Historia de la Humanidad e historiales de
pacientes de clínicas y prisiones que confirman esta tesis.
14 Caín y el cainismo en la Historia Universal
En virtud del proceso hereditario recesivo puede manifestarse naturalmente
la naturaleza «Abel», predominante en Adán, pero también presente en Eva en
estado latente; posteriormente puede aparecer en un descendiente con una
excesiva carga hereditaria como en Moisés. Este fenómeno hereditario se ilu
minará más adelante mediante historias familiares. La leyenda refuerza esta po
sibilidad con las siguientes palabras:
«Y Eva prosiguió y dio a luz a su hermano, al Abel, que sería Moisés».
Genéticamente significa lo siguiente: Eva, la primera infractora de la ley,
tenía una fuerte carga hereditaria de los cainitas y una más débil de los moiseítas.
Adán, por el contrario, poseyó la más fuerte predisposición de los moiseítas,
ya que la naturaleza «Caín» era en él la más débil. Así aconteció que Eva en
gendró primeramente a Caín por su mayor predisposición al mal y después, en
cambio, a Abel como consecuencia de la mayor predisposición mosaica de Adán.
Esta más enérgica predisposición se manifestó posteriormente en Moisés, una
vez agotada su naturaleza «Caín». La posibilidad de retorno, recesividad, de
determinadas taras hereditarias a lo largo de una serie de generaciones se expresa,
por consiguiente, con claridad en la leyenda por medio de la expresión: «Abel,
que sería Moisés».
El siguiente enunciado de la leyenda no podría, ni siquiera por un genético,
ser formulado con más actualidad:
«Caín salió a su madre. Abel, por el contrario, era hijo de Adán. Caín tomó
de los frutos de la tierra y siguió, por tanto, el camino de su madre, pues de este
modo obró también Eva: ella cogió la fruta. Abel, sin embargo, se atuvo a la
palabra de su padre; su sacrificio fue un sacrificio en acción de gracias».
La psicología del destino habla de memoria de los antepasados, de engramas
de antepasados, es decir, huellas latentes de vivencias de antepasados en el in
consciente familiar del individuo. Estos pueden ser recordados súbitamente por
el descendiente en situaciones peligrosas y guiarle, mediante advertencia, para
tomar una decisión corregida.
También esta importante tesis del análisis del destino se expresa claramente
en la precedente leyenda. El texto dice así:
«Moisés escondió su cara, pues temía mirar a Dios. ¿Por qué tenía miedo?
El recordaba aquello que le había ocurrido; cuando él, en aquella ocasión, era
Abel, elevaba la mirada hacia la grandeza de Dios. En aquella época fue casti
gado por ello a morir. Cuando el Señor se dirigió al sacrificio de Abel vino una
llama del cielo y se tragó la ofrenda; ya había mirado al fuego y estaba perdido».
Aquí se presenta la profunda sabiduría del pueblo respecto a la memoria
a los antepasados y el regreso de un antepasado como señal de aviso en el des
tino del individuo.
Introducción 15
El crear símbolos de personajes de la mitología, de mitos y leyendas y emplear
los en la psicología profunda para complejos, depresiones, acontecimientos
o caracteres psíquicos, nos lo ha mostrado S. Freud en el ejemplo del complejo
de Edipo. Por consiguiente, confiamos que el empleo simbólico de los nombres
«Caín» y «Moisés» (o bien «cainitas y moiseítas») en esta obra, para determi
nados destinos del instinto y del yo y complejos, no causen impresión desagra
dable al lector. Tanto más cuanto las mismas leyendas han empleado ciertos
nombres de la Biblia como símbolos para el bien y el mal.
En la leyenda en cuestión está el nombre «Abel» o «Moisés» como símbolos
del bien y de la santidad. Por eso se dijo de Moisés, «ya que él era aún Abel».
O también: «Y Eva prosiguió y dio a luz a su hermano, al Abel que era Moisés».
El nombre «Caín» es el símbolo de la impureza, del mal, pero con una porción
entremezclada de «puro y bien». De aquí la aseveración de la leyenda de que «de
la porción de santidad que en Caín había nació Jetró, suegro de Moisés; éste
resultó ser uno de los que se declararon partidarios del Señor...».
El empleo de nombres bíblicos como símbolos del bien y del mal se extiende
en las leyendas, incluso a los nombres femeninos. Así pues, cita la leyenda a una
de las hermanas gemelas de Abel como «Zippora», si bien en el Antiguo Testa
mento era Zippora la mujer de Moisés. Incluso por ello se subraya simbólica
mente la igualdad en la santidad de las dos figuras: Abel = Moisés.
En el transcurso de esta obra hemos de ocupamos también de los destinos
de las mujeres que los cainitas y moiseítas acostumbraban a elegir como esposas
y compañeras, y dentro de ese marco intentaremos comprender las manifesta
ciones de las leyendas respecto al papel desempeñado por los personajes bíblicos
femeninos.
Otra cuestión más que hemos de tratar aquí preliminarmente es:
¿Determinan, en general, los destinos de los hombres «Caín y Moisés» la
total e invariable esencia del hombre? ¿O, por el contrario, las tendencias predo
minantes que condicionan el destino en cainitas y moiseítas son rasgos esenciales
de sólo un grupo de determinadas variantes de hombres?
La cuestión relativa a la esencia del hombre, como es ya sabido, se ha formulado
a través de los años de diversos modos.
¿Qué es el hombre? ¿Quién es el hombre? ¿Cómo transcurre el camino hasta
hacerse hombre?, etc.
En aquel tiempo, en el cual se formulaba la pregunta de qué es el hombre,
imperaba en la filosofía el concepto de que la naturaleza del hombre permanecía