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Torquemaso 3

Un estudio de 57 inquisidores de Toledo entre 1482 y 1598 revela que la mayoría eran juristas con formación en derecho canónico, pero carecían de preparación en derecho penal. A pesar de su papel en la Inquisición, muchos inquisidores ascendieron a tribunales superiores, donde la burocracia eclesiástica y estatal se entrelazaban. Los familiares, empleados seglares del Santo Oficio, desempeñaron un papel crucial en la recolección de información y la detención de sospechosos, aunque su función no era ser espías.

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Torquemaso 3

Un estudio de 57 inquisidores de Toledo entre 1482 y 1598 revela que la mayoría eran juristas con formación en derecho canónico, pero carecían de preparación en derecho penal. A pesar de su papel en la Inquisición, muchos inquisidores ascendieron a tribunales superiores, donde la burocracia eclesiástica y estatal se entrelazaban. Los familiares, empleados seglares del Santo Oficio, desempeñaron un papel crucial en la recolección de información y la detención de sospechosos, aunque su función no era ser espías.

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estado y de los tribunales superiores.

Un estudio de 57
inquisidores de Toledo del período 1482-1598,32 demuestra que todos,
excepto dos, tenían títulos y doctorados basados en el estudio del
derecho canónico en la universidad, y que casi la mitad de ellos habían
estudiado en las escuelas más exclusivas llamadas Colegios Mayores.

En 1608 Felipe III acordó que todos los inquisidores tenían que
ser juristas. Por supuesto, estos hombres estaban versados sólo en el
derecho de la Iglesia o canónico; no estaban preparados para abordar
asuntos relacionados con el derecho penal, disciplina que se desarrolló
en Europa sólo a partir del siglo XVIII. 33 Ello significa que en cuestiones
trascendentales, como la necesidad de presentar pruebas que sustenten
la acusación, principio que en la actualidad se supone que desempeña
un papel decisivo en los juicios, los inquisidores tenían que desarrollar
su práctica sobre la marcha. Debieron de aprender no poco de obras
como el manual de Eimeric destinado a los inquisidores franceses de la
Edad Media, pero en casos que tuvieran que ver directamente con
asuntos penales lo normal era que recurrieran a un experto en derecho
civil para que los asesorara.34

Muchos pasaban a prestar servicio en los tribunales superiores


del reino.35 Para ellos, las actividades llevadas a cabo en la Inquisición
no eran más que un trampolín en su carrera. En la práctica la
burocracia del Estado y la de la Iglesia se solapaban, por supuesto, de
modo que, aunque algunos inquisidores fueran seglares, resultaba más
útil haber recibido las órdenes sagradas. Además, el carácter
eclesiástico de los inquisidores venía subrayado por su dependencia de
las canonjías en lo tocante a sus ingresos y por el ulterior ascenso de
muchos al obispado.

Los tribunales del Santo Oficio eran pocos por lo que se refiere a
su cobertura geográfica, y disponían sólo de un pequeño número de
empleados. Este hecho bastaría para echar por tierra cualquier idea
acerca de su capacidad de imponer su presencia en un mundo
premoderno sin una red viaria adecuada, ni una burocracia y unas
comunicaciones como es debido. Era fundamental contar en todos los
terrenos con la ayuda de la población local que hoy día necesitaría
cualquier órgano de vigilancia y control: para recoger información, para
detener a los sospechosos y para transportar a los prisioneros. Estas
funciones podían llevarse a cabo gracias a la ayuda de los familiares y
comisarios del Santo Oficio.

El familiar, personaje habitual en la Inquisición medieval, siguió


existiendo en la Inquisición española. Esencialmente era un empleado
seglar del Santo Oficio, dispuesto en todo momento a llevar a cabo
labores al servicio del tribunal. A cambio de ello se le permitía llevar
armas para proteger a los inquisidores y gozaba de diversos privilegios
lo mismo que otros oficiales. Ser familiar solía ser un honor, y en sus
tiempos de auge la Inquisición se jactaría de contar entre sus familiares
a una elevada proporción de nobles y personajes de título. Pero a
comienzos del siglo XVI los familiares estaban ya asociados en una
hermandad llamada Congregación de San Pedro Mártir, basada
directamente en el modelo de las asociaciones fundadas por la
Inquisición medieval tras el asesinato en Verona (Italia) de un
inquisidor, Pedro Mártir, en 1252.

Los familiares adquirieron notoriedad en la realidad y en la


leyenda por actuar como delatores, pero ésa no fue nunca su verdadera
finalidad; se suponía que ni familiares ni comisarios eran espías. El
gobierno español, como el de Inglaterra y Francia, disponía de unos
cuantos espías políticos, pero no existe documentación alguna acerca
de los intentos de espionaje de la religión de los españoles. Los
documentos de la Inquisición demuestran con claridad que la mayoría
de las denuncias se hacían no a través de un sistema de policía secreta,
sino que las efectuaba gente corriente —vecinos o conocidos— en
respuesta a los llamamientos hechos en los edictos de fe o simplemente
como consecuencia de conflictos personales (cf. Capítulo 9).

Como los familiares solían ser seglares,36 era inevitable que, en caso de
comisión de delito, reclamaran jurisdicción sobre ellos los tribunales
seculares. Habitualmente surgían conflictos y más todavía a partir de
1518, cuando Carlos V decretó que en los casos penales relacionados
con familiares y otros empleados y oficiales de la Inquisición, la com

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