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El documento detalla un caso de cumplimiento de contrato en el que Aldo José Coa Marín demandó a Desarrollos Tao Insular, C.A., y la sentencia de apelación fue confirmada por el Juzgado Superior. Posteriormente, se anunció un recurso extraordinario de casación que fue admitido por la Sala de Casación Civil del Tribunal Supremo de Justicia. La Sala ejerce la facultad de casar de oficio el fallo recurrido, enfatizando la importancia del derecho a la defensa y la observancia de los procedimientos legales.

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El documento detalla un caso de cumplimiento de contrato en el que Aldo José Coa Marín demandó a Desarrollos Tao Insular, C.A., y la sentencia de apelación fue confirmada por el Juzgado Superior. Posteriormente, se anunció un recurso extraordinario de casación que fue admitido por la Sala de Casación Civil del Tribunal Supremo de Justicia. La Sala ejerce la facultad de casar de oficio el fallo recurrido, enfatizando la importancia del derecho a la defensa y la observancia de los procedimientos legales.

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SALA DE CASACIÓN CIVIL


Exp. AA20-C-2024-000501
Magistrado Ponente: JOSÉ LUIS GUTIÉRREZ PARRA

En el juicio por cumplimiento de contrato, interpuesto ante el Juzgado Tercero de


Primera Instancia en lo Civil, Mercantil y de Tránsito de la Circunscripción Judicial del estado
Anzoátegui, con sede en la ciudad de Barcelona por el ciudadano ALDO JOSÉ COA
MARÍN, venezolano, mayor de edad, titular de la cédula de identidad N° V-12.652.222
representado por las abogadas Rubi Massiel Sevilla de Fung, Gilda Mata Cariaco y Antonia de
Jesús Mata Cariaco inscritas en el Instituto de Previsión Social del Abogado (I.P.S.A.) bajo los
números 68.171 y 16.929 en el orden mencionado; contra sociedad mercantil
“DESARROLLOS TAO INSULAR, C.A.”, inscrita por ante el Registro Mercantil Quinto de
la Circunscripción Judicial del Distrito Capital y estado Miranda bajo el N° 72, Tomo 1487-A

de fecha 08 de enero de 2007, representada por las ciudadanas Norelis Tovar Oviedo y Asusena
Aponte Centeno, venezolanas, mayores de edad y titulares de la cédula de identidad N° V-

11.233.519 y V-8.227.940 respectivamente, y asistidas judicialmente por los profesionales del


derecho Alberto Ruiz Blanco y Andrea Pierina Colmenarez Rodríguez, inscritos en el Instituto

de Previsión Social del Abogado (I.P.S.A.) bajo los números 58.813 y 289.016 en el orden
indicado; el Juzgado Superior en lo Civil, Mercantil, Tránsito y Marítimo de la mencionada

Circunscripción Judicial, conociendo en apelación dictó sentencia en fecha 29 de abril de 2024,


en la cual declaró: Sin lugar el recurso de apelación ejercido por la parte actora en contra de la

decisión del 29 de octubre de 2023, por lo que confirmó en todas y cada una de sus partes la
decisión proferida por el a quo, que declaró sin lugar la demanda por cumplimiento de

contrato.

En fecha 20 de junio de 2024, la parte demandante anunció recurso extraordinario de


casación contra la sentencia del juez de alzada, la cual declaró la admisión por auto y se acordó

la remisión del expediente a la Sala de Casación Civil del Tribunal Supremo de Justicia de
fecha 2 de julio de 2024.

El 18 de octubre de 2024, se dio cuenta en Sala, designándose la ponencia de la

presente causa al Magistrado Dr. José Luis Gutiérrez Parra.

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Cumplidas las formalidades legales, pasa esta Sala a dictar su máxima decisión

procesal, bajo del Magistrado que con tal carácter la suscribe y lo hace previa las siguientes
consideraciones:

CASACIÓN DE OFICIO
En resguardo del legítimo derecho que tienen las partes a la defensa y al libre acceso a

los órganos de administración de justicia para ejercer el derecho a la tutela efectiva de los
mismos y el de petición, consagrado en los artículos 49, numeral 1, 26 y 51 de la Constitución

de la República Bolivariana de Venezuela, esta Sala ejerce la facultad prevista en el artículo

320 del Código de Procedimiento Civil, que le permite casar de oficio el fallo recurrido, con
base en las infracciones de orden público que ella encontrare, aunque no se las hubiere

denunciado. A tal efecto observa:

La doctrina pacífica y reiterada de este Alto Tribunal ha sido tradicionalmente exigente


en lo que respecta a la observancia de los trámites esenciales del procedimiento. El principio de

legalidad de las formas procesales, salvo las situaciones de excepción previstas en la ley,
caracterizan el procedimiento civil ordinario, es decir, no es relajable por las partes, pues su

estructura, secuencia y desarrollo está establecida en la ley.

Asimismo, ha establecido de forma reiterada que tampoco ...es potestativo de los


tribunales subvertir las reglas legales con que el legislador ha revestido la tramitación de los

juicios, pues su estricta observancia es materia íntimamente ligada al orden público....


(Sentencia de fecha 19 de julio de 1999, caso: Antonio Yesares Pérez c/ Agropecuaria el Venao

C.A.).

Ahora bien, en reciente decisión Nro. 432, de fecha 28 de junio de 2017, caso: Morela

Chiquinquirá Pérez Terán, contra Francisco Vásquez Péréz y otro, esta Sala de Casación Civil
estableció mediante un obiter dictum, la facultad de casar de oficio con base en infracción de

Ley, de conformidad con los principios procesales del derecho a la defensa, al debido proceso

previstos en los artículos 26 y 257 de la Constitución de la República Bolivariana de

Venezuela, lo cual fue establecido en los siguientes términos:

OBITER DICTUM

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Dicho sea de paso, la Sala de Casación Civil del Tribunal Supremo de


Justicia, es consciente del conjunto de críticas que tanto la Doctrina como el
Sistema de Justicia (Art. 253 de la Constitución de la República Bolivariana
de Venezuela), -entre los que se encuentran los abogados y abogadas
autorizados para el ejercicio profesional-, realizan a diario al sistema de los
recursos, a su innegable carga de formalismos y a su variable eficacia, que no
se ajusta, en muchas ocasiones, al desarrollo de la Teoría General de los
Recursos dentro de un Estado democrático y social de Derecho y de Justicia
que entiende al proceso con carácter instrumental para la búsqueda de la
justicia, conforme a las modernas corrientes del Derecho Procesal Civil.
En efecto, desde su creación a través de la Asamblea Constituyente Francesa
por Decreto del 27 de noviembre y 1° de diciembre de 1790, este recurso
tenía por finalidad invalidar todos los procedimientos cuya sustanciación
haya quebrantado el derecho de defensa y todas las sentencias que contengan
una contravención expresa al texto de la Ley, desde donde surgieron de
inmediato críticas por sus funciones meramente negativas, esto es, si se
casaba la recurrida, no se podía decidir el fondo del asunto, no profería el
fallo de reemplazo, sino que debía remitir, enviar el proceso a través del
reenvío al tribunal de la recurrida para que decidiera o profiriera el fallo de
reemplazo, vale decir, no se analizaba el fondo del asunto, sino que sólo se
ventilaba el antagonismo sentencia ley; tampoco se permitía casar sobre los
hechos y por último, dentro de las limitaciones del recurso de casación, el
poder de control era única y exclusivamente de la parte que recurría,
respondía sin lugar a dudas a un exacerbado principio dispositivo, que rinde
culto al principio de personalidad del recurso sin que los Magistrados del
Tribunal, a pesar de observar la violación de ley, pudieran intervenir en su
control en beneficio de la Justicia, sino que era un Magistrado pétreo, si, -de
piedra-.
Se denota ya las diferencias entre el recurso de casación del ancien régime,
donde la casación va naciendo como instrumento de batalla entre el poder
real que mandaba y el poder judicial que no obedecía, que, llegada su
creación por la revolución burguesa, el Juez vuelve a quedar tan o más atado
en su rebeldía para darle sentido a la Ley, por ello, -en esa etapa histórica-, no
se permite que los Magistrados casen de oficio, la revolución francesa,
consagra el recurso en interés individualista: de parte, cuando sus principios
nacen, negando el efecto expansivo del recurso que permitiría la actuación
oficiosa -inquisitiva- en búsqueda de la Justicia.
Esta tesis del entendimiento del recurso de casación en interés de parte,
continúa su desarrollo bajo las escuelas que subsiguientemente a la
revolución francesa, consideraban al proceso como un contrato, como un
cuasi contrato- como una relación jurídica o como una situación jurídica, que
veían su télesis en función del ius litigatur del derecho subjetivo invocado
por las partes; y, de no ser invocado el error de juzgamiento por éste, surgía la
presunción iure et de iure que el resto del Derecho aplicado lo había sido en
forma debida, limitando la Casación como recurso a la búsqueda de la verdad
a la Justicia en suma, obligándola a voltear su rostro en caso de conseguir un
quebrantamiento en la premisa mayor del fallo, en el error de derecho
(infracción de Ley), tanto en su interpretación como en su aplicación o falta
de aplicación.
Históricamente los fines de la casación, han estado revestidos del embrujo o
de la propia emoción de la revolución francesa (Hipervaloración de la Ley),
llegándose a extremos de exaltación en su concepción que conducen a
concebirla casi como una institución extra-procesal, ideándose las frases más
ingeniosas para calificarla: Le Court de cassation et une des institutions
judiciaires capitales de notre pays; tal como lo hizo Schmidt, al definirla
como: un órgano de fiscalización jurídica que el Estado tiene a su servicio... y

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Kohler la califica como: custodio de la ley. Utilizándose otras frases como:


guardián supremo de la ley[1]; intérprete máximo del derecho y corte
reguladora de la jurisprudencia.
Todo ello, sin permitir a los órganos encargados de ejercer la casación la
posibilidad de una casación oficiosa sobre la Ley, e impidiendo sus fines de
Nomofiláctica (defensa de la Ley) y del valor Dikelógico, de estar dentro de
la concepción de Justicia.
Estas concepciones, recibieron profundas críticas, como expresa Satta (Satta,
Salvattore. Derecho Procesal Civil. T I. Ed. EJEA, Buenos Aires. 1971, pág.
453 y ss), según el cual, forman parte de un sentimiento místico, en la utopía
de la ley que presidió los denuedos de los revolucionarios burgueses, dando
origen a las elucubraciones que llevan a atribuir a la casación una función
política de custodia y conservación de la ley, que resaltan en el propio texto
procesal Italiano (CPC Italiano del 30 de enero de 1941), cuando en su
artículo 65, define la casación como: órgano supremo de la justicia que
asegura la exacta observancia y la uniforme interpretación de la ley, y la
unidad del derecho objetivo nacional; frase ésta, -según señala Satta-,
producto de viejas consignas de la burguesía revolucionaria francesa.
Se entendió a la casación como custodit ipsos custodes, de una naturaleza
superior que se encarga de fiscalizar la actividad propia de los fiscalizadores,
para decidir si la conducta de los jueces se desarrolló en el ámbito de
legalidad (judex, judicando judica, secundum, jus).
Esta circunstancia de calificación publicista o política del recurso, se
mantuvo dentro de los intensos estudios que sobre la casación realizó el
maestro florentino Piero Calamandrei, cuando en su definición del recurso
expresó: la casación es un instituto judicial consistente en un órgano único
del Estado (corte de casación) que, a fin de mantener la exactitud y la
uniformidad de la interpretación jurisprudencial dada por los tribunales al
derecho objetivo, examinará, solo en cuanto a la decisión de las cuestiones
de derecho, las sentencias de los jueces inferiores cuando las mismas son
impugnadas por las partes interesadas mediante un remedio judicial
(recurso de casación) utilizable solamente contra las sentencias que
contengan un error de derecho en la resolución de mérito.
Por ello, el tema de la finalidad de la casación, es sin ninguna duda el prius
de todo el entendimiento de la posibilidad de casar de oficio o no por
infracción de Ley, pues es el fin el que permite entender el instituto de la
casación, ya que sólo teniendo bien en claro su télesis, estamos
condicionados en fijar sus motivos, sus límites y trámite ritual, entendiendo,
que estos fines han variado en la historia, no son unívocos, ni han
permanecido constantes, variando del Estado Liberal de Derecho del CPC de
1986 al actual Estado Social de Derecho y de Justicia, pues, como dice Jaime
Guasp, si por casación se entiende un recurso limitado a extremos jurídicos y
a meras rescisiones, su fundamento entonces sí resulta discutible y en éstas
condiciones, -señala Serra Domínguez-, la situación es tan grave que no se
debe vacilar en afirmar que de continuar la técnica actual de la casación, sería
mucho mejor suprimir radicalmente el recurso (Juan Carlos Hitters. Fines
de la Casación. Libro Homenaje a. Morellos. Ed Platense. Argentina. 1982.
Pág 28).
Para Calamandrei, el interés privado se reconoce en tanto y en cuanto,
coincida con aquél especial interés colectivo que es la base de la institución,
pero no más allá de él. El particular que recurre, estimulado por su propio
interés, se convierte, casi sin darse cuenta, en un instrumento de utilidad
colectiva del Estado, el cual, a cambio del servicio que el recurrente presta a
la conservación de un interés público, encuentra en la sentencia basada en un
error de derecho, la posibilidad de obtener una nueva resolución favorable a
su interés individual.

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Como puede observarse de la anterior definición, se maximiza el sentido


público de la integridad de la legislación y de la uniformidad de la
jurisprudencia. Esta función proviene indiscutiblemente del fin político que
originariamente tuvo la casación bajo la inspiración, como ya se dijo, del
ideario de Maximilian Robespierre en mayo de 1879, que prohibía la
interpretación de las leyes por parte del poder judicial y mantener a la
casación dentro del poder legislativo. Todo ello bajo la inspiración de las
ideas de Montesquieu y Rousseau que proclaman la plenitud y hermetismo
del ordenamiento jurídico; para que, posteriormente, Calamandrei,
encontrara ya dentro del poder judicial, la necesidad que generaba la casación
de la protección de la ley en sí misma, - lo cual genera un evidente
contrasentido lo como lo diría Jaime Guasp -, para resguardar su texto literal
de cualquier alteración o modificación que pudieran realizar los tribunales al
aplicarla o interpretarla. De allí, evidentemente la finalidad nomofiláctica, de
tutela, preservación y defensa de la ley. (René Molina. Reflexiones sobre una
nueva visión Constitucional del Proceso. Ed. Paredes. Caracas. 2008. Nº 84).
Hay que destacar que dicha defensa de la ley cubre tanto a las normas
sustantivas como adjetivas y que busca mantener a los órganos de instancia
del poder judicial dentro del marco preciso de sus atribuciones y deberes,
impidiendo que en sus fallos infrinjan la ley, para mantener la igualdad de
todos ante la ley, la cual se realiza a través, en forma de género de la
observancia por parte de los tribunales de instancia, de la doctrina estimatoria
fijada por la Sala en sus fallos (Art. 321 CPC), además a través del reenvío
(Art. 322 1er párrafo) y en forma de especie, por intermedio del error de
interpretación (Art. 313 Ord 2º CPC).
Pero se mantiene limitado el control oficioso de la Ley, lo que no permitió,
ni permite hoy día, encontrar la función Dikelógica (Dike del griego Justicia.
La Dikelogía es la ciencia de la justicia y que se identifica con el fin del
proceso. Art. 257 CRBV) al caso en concreto; cuando en realidad, como
expresa el procesalista español Caravantes, el objeto de la casación no es
tanto, principalmente, enmendar el perjuicio o agravio inferido a los
particulares con las sentencias ejecutoriadas, o el remediar la vulneración del
interés privado, cuanto el atender a la recta, verdadera, general y
uniforme aplicación de las leyes o doctrinas legales.
Manresa, atribuye al recurso de casación la misión de enmendar el abuso,
exceso o agravio inferido por las sentencias firmes de los tribunales de
apelación cuando han sido dictadas contra Ley o doctrina legal, o con
infracción de las formas y trámites más esenciales del juicio. Manuel de la
Plaza, señala, por su parte, que la función de la casación es imprimir una
dirección única a la interpretación de las normas jurídicas, cualesquiera
que fuese su rango, cuidando de evitar que no se apliquen o fueren
indebidamente aplicadas, y se procure a la par, que so pretexto de
interpretarlas, no se desnaturalice por error en su alcance y sentido, de
tal modo que, en el fondo no quedasen infringidas; en definitiva, -señala
De la Plaza-, su finalidad es la preocupación de velar por el cumplimiento
de la ley, expresión suprema de la norma jurídica.
Más recientemente Taruffo Michelle (La Corte de Casación, entre la función
de control de legitimidad y la de instancia. Estudios de Derecho Procesal, en
honor de Víctor Fairén Guillén. Ed. Tirano Blanch. Valencia, España. 1990,
Págs. 549 y ss), ha entrado abiertamente a la polémica, al expresar que con la
visión nomófila de la interpretación de la ley a una concreta resolución, no se
está poniendo en evidencia la violación de la norma de derecho en sí
considerada, sino más bien, como una lesión a una específica situación
subjetiva individual, privilegiándose, de este modo, las necesidades de la
justicia al caso en concreto sobre la verdadera uniformidad de la
interpretación de la ley.

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Para el maestro de la universidad de Pavia, en Italia, ver en la casación un fin


subjetivo de solución a un agravio en particular, hace que ésta se constituya
en un modelo distinto al objeto propio de la casación, acercándose así, a la
revisión de tipo germánico, que controla la legalidad al caso concreto, para
concluir expresando que: de este modo, la Casación termina por encontrarse
en las antípodas del modelo puro delineado y previsto por Calamandrei.
En Venezuela, partícipes de ésta tesis son los profesores Alirio Abreu Burelli;
Luis Aquiles Mejía (La Casación Civil. Ed. Alva. Caracas. 2000, Pág. 140) y
René Molina; para los primeros, la casación no se queda en la defensa de la
ley, sino que además se extiende a la defensa del derecho y la unificación de
la jurisprudencia para garantizar la seguridad jurídica, fijando al recurso de
casación, los siguientes objetivos: 1) La protección de la ley o función
nomofiláctica: Donde debe imprimirse una dirección única a la
interpretación de las normas jurídicas, evitando que no se apliquen
indebidamente y que al interpretarlas no se desnaturalice por error en el
alcance o en el contenido; pues el juez debe juzgar según derecho (como
garantía de que la ley se aplique en igual interpretación a todos: principio de
igualdad) Judex judicando judica, secundumius. De tal manera que si se
otorga un fallo, en oposición formal con la ley, la presunción de su justicia
desaparece, porque la ley, en debida interpretación, debe ser la Justicia de los
tribunales. He aquí el por qué la Sala de Casación, a través del ejercicio del
recurso por las partes, tiene la potestad de anular tales fallos; 2) La
unificación de la jurisprudencia o función uniformadora: Es la de tener
una idea rectora de los criterios de las instancias y de la propia Sala, evitando
fallos de distintas zonas del país con diversas motivaciones, creándose así, la
jurisprudencia del Llano, o del Centro, o de la región zuliana u oriental... De
la misma manera que Justiniano o Napoleón codificaron con una finalidad
política de unidad, la interpretación de la ley como forma de unidad de la
jurisprudencia no puede quedar al capricho de las instancias que quebrante
esa unidad necesaria por razones de conveniencia social y aún política de
tener la misma intención de construir el Estado Social de Derecho y de
Justicia (Art. 2 CRBV), y 3) La obtención de una fiscalización jurídica del
componente normativo estatal.
Para el tratadista Colombiano Humberto Murcia Ballén es deber del juez, al
proferir los fallos que ponen fin al proceso, hacerlo secundum ius, vale decir,
que haya necesaria coincidencia entre la voluntad que efectiva y realmente
nace de la ley sustancial, cuyos destinatarios primarios son los asociados y
quienes, por tanto, están obligados a observarla y la voluntad concreta que el
juez declare en su fallo. Así, el juez debe al momento de sentenciar: 1)
comprobar los hechos del litigio. 2) calificar esos hechos a la luz de la norma
jurídica y 3) la deducción de las consecuencias legales de tales hechos
calificados. Si yerra el juez en uno de éstos actos, nace para el agraviado el
recurso de casación.
Según Gómez de la Serna, de la escuela adjetiva ibérica, el interés público
domina a la ley; porque principalmente en consideración a él se otorga éste
medio de impugnación. Otro destacado procesalista de la escuela clásica
española, en la casación, el profesor Arranzola, expresa que: en nuestros
tribunales sólo se atiende al interés de los litigantes, pero en el Tribunal
Supremo hay una cuestión más alta que resolver: la interpretación judicial
de la ley, la uniformidad de la jurisprudencia en todos los tribunales de la
monarquía española.
Por su parte, el profesor venezolano René Molina Galicia, a pesar de
sostener la misma tesis, morigera la posición ortodoxa anterior, que sostiene
como fin único la posición publicista , agregando que: la constitución de
1999, le asignó una labor jurisdiccional, de manera que a los fines de
consustanciarse con el nuevo arden jurídico que deriva de los preceptos,

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principios, y garantías establecidas en la Constitución vigente, nuestra


casación debe abandonar el rol formal de velar por la preservación literal
de la ley, para entrar en el análisis fáctico del caso concreto y poder así
determinar si el fallo sometido a su consideración es justo, o no lo es .
Esta tesis del profesor Molina Galicia, se identifica con la: teoría de la
equivalencia de los fines de la casación, sostenida en España por Vicente C,
Guzmán Fluja (El recurso de casación Civil. Ed. Tirant Monografías.
España, Valencia. 1996, págs. 21 y ss), donde se recoge que la moderna
casación navega entre dos aguas bien distintas: la satisfacción del interés del
recurrente en la solución concreta del caso específico y el interés general en
una jurisprudencia uniforme. Es lo cierto que existen evidentes diferencias,
desde el punto de vista del método, entre juzgar según el modelo de justicia
generalizadora, que sirve a la finalidad uniformadora, y juzgar según el
módulo de la justicia individualizadora, que sirve al interés particular. La
primera encomienda al juez juzgar un caso exclusivamente según módulos
universalmente obligatorios, reclamando un tratamiento igual para casos
iguales, conforme al respeto pleno de los postulados del principio de igualdad
y de la seguridad jurídica. La segunda busca por principio la ley propia del
caso, aunque hagan lo mismo, no es necesariamente lo mismo, y así
igualdad y seguridad jurídica tienen sólo una vigencia limitada.
Al cabo de un siglo de la obra de Calamandrei, no ha sido apagado el debate
sobre la esencia de la casación, sobre cuáles son sus fines y alternativas, sus
condicionamientos, su virtualidad práctica. El crepúsculo finisecular y el
decenio que recién termina, son testigos de una renovada disputa doctrinaria
que trasciende al Estado de Derecho, para introducir a la casación en el
Estado Social de Justicia.
Ante tal dinámica de ideas y vertientes sobre la casación, es necesario, en
criterio de la Sala de Casación Civil, purificar la naturaleza jurídica del
instituto, encuadrándola en los límites del derecho constitucional y procesal
de lo que debe ser la visión propiamente constitucional del instituto, es decir,
la de considerarla como un instrumento (recurso) para la búsqueda de la
justicia cuando en las instancias campee la inseguridad. Por ello, lejos de
entornar la puerta, la casación debe aperturarla a las nuevas creaciones. Lo
contrario será retornar a la casación pura.
En Venezuela, la Sala de Casación Civil, tiene un elogiable empeño que
denota el laboreo jurisprudencial para pergeñar un modelo superador de las
críticas al actual modelo casacionista, adscribiéndose a la tesis publicista del
fin de la casación, expresando: este Alto Tribunal reitera que la función
jurisdiccional de esta Sala al conocer de los recursos de casación, siempre
estará dirigida a controlar la actividad jurisdiccional, pues su objetivo es
defender la aplicación del derecho y la unificación de la jurisprudencia
como garantía de la seguridad y certeza jurídica; aún en aquellos casos en
los que esta Sala deba revisar el juzgamiento de los hechos por los jueces de
instancia. (SCC. Sentencia: Nº00498 de 04/06/06).
Para algunos autores, verbi gratia, calificar el recurso de casación como
mestizo, impuro o inclusive bastardo, pudiera significar un desprecio a la
institución adjetiva; para nosotros en Iberoamérica, significa parte de nuestra
esencia misma, lo que nos permite avanzar por derroteros distintos que
favorecen en la casación la espontaneidad y creatividad de nuestros
Magistrados, accediendo a un sano y esperado activismo de los jueces en la
transformación evolutiva y progresista del Derecho y la Justicia (finalidad
Dikelógica axiológica: Hacer justicia, afirmar valores (Art. 2 CRBV, que
propugna: como valores superiores de su ordenamiento jurídico y de su
actuación, la vida, la libertad, la justicia, la igualdad, la solidaridad, la
democracia, la responsabilidad social y en general la preeminencia de los
derechos humanos, la ética y el pluralismo político); pues, los que critican tal

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transformación de recurso, son aquellos que descargan en el tribunal de


casación el lamento de los límites de sus potestades en casar, y la critican, a
su vez, como un defectuoso producto de la legislación procesal, predicando la
necesidad de un retorno a la ortodoxia jurisprudencial, a la cual, en la
búsqueda de una sociedad igualitaria, jamás se retornará.
El carácter público del recurso de casación, -que es innegable-, participa del
carácter íntegramente público de las normas del derecho procesal en general
y de la posibilidad dentro de las facultades del Juez de la Casación de
interpretar el alcance de las normas de manera oficiosa si detecta un vicio.
No puede entenderse la moderna casación, siguiendo a autores como: Satta,
Jaime Guasp, Pedro Aragones Derecho Procesal Civil. Tomo II. Ed. Civitas.
2002, Madrid. Pág. 377., De la Rúa De la Rúa, Fernando. El recurso de
casación. Ed. V. de Zavalia. Buenos Aires. 1968, Pág. 22) y Enrico T.
Liebman (Liebman, Enrico Tulio. Manual de Derecho Procesal. Ed. EJEA.
Buenos Aires. 1980, pág.498), que ven en el Tribunal de la Casación que
juzga de un recurso por el cual se impugnan las sentencias viciadas por
errores jurídicos, la verdadera actividad como Sala, consistente en juzgar el
fallo recurrido a través, únicamente, del prisma de la formalización,
sujeta al impulso de parte, lo que limita y subordina aquella pretendida tarea
de uniformidad, pues, para los recurrentes el bien final del recurso, no es el
motor de su voluntad, indudablemente, ni esa es la razón por la que acuden al
Tribunal Supremo, ésta sólo resulta de obtener una decisión favorable que
anule la recurrida y les abra la compuerta para un nuevo fallo que, esta vez,
les favorezca.
La contemplación del juego procesal de la casación, nos presenta a los
particulares, instando la actividad judicial, poniéndola en movimiento y aun
señalándole a la Sala el camino que ha de recorrer. Podría decirse, que en un
sistema de Derecho liberal de la casación, la legislación procesal confía a la
actividad privada (de parte) para los fines públicos; de tal manera que el
interés individual de la sentencia errada se utiliza como instrumento del
interés público en la eliminación de la inexacta interpretación de la ley. Lo
importante, -para ésta doctrina individualista-, es resaltar que el pretendido
interés de uniformar e integrar la jurisprudencia y la interpretación de la ley,
no existen objetivados y abstractos en la casación, sin que previamente se
entienda la subjetivación del interés en recurrir de parte contra un acto del
juez que lo grava y que, el recurrente entiende no se corresponde con la ley.
Se ha transferido al interés de las partes el mantenimiento de la uniformidad
de la interpretación y la integridad de la Legislación, del plano de los fines al
de los medios del proceso, lo cual resulta absurdo a todas luces.
En efecto, si bien, como afirma Manresa, se busca con el recurso la misión
de enmendar el agravio, el abuso o exceso inferido por las sentencias de los
tribunales de la apelación cuando han sido dictadas contra la ley, son
arbitrarias o con infracción de las formas y trámites esenciales al juicio, no es
menos cierto, que el fin público no puede cumplirse verdaderamente si el
órgano de la casación no puede de manera oficiosa entrar a conocer
fuera de los límites particulares de la formalización, cualquier violación
de Ley que oficiosamente detecte.
Por su parte, el tratadista Colombiano LUIS ARMANDO TOLOSA
VILLALONA (Teoría y Técnica de la Casación. Ed. Doctrina y Ley LTDA,
Bogotá. 2008. págs. 247, 248), ha expresado su opinión de avanzada al
reseñar sobre la casación de oficio, que: corresponde al nuevo tipo de
Casación, compatible con el Estado Constitucional, y Social de Derecho que
impone a una Corte o Tribunal de Casación casar o anular un fallo recurrido
si de la demanda formulada oportunamente se deduce la violación de un
valor o principio constitucional, o un derecho fundamental, y que resulta
aplicable en cualquier tipo de casación u ordenamiento.

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En Venezuela, el CPC de 1986, coloca la casación de oficio, en el 4° Párrafo


del artículo 320 del Código de Procedimiento Civil, como facultad inquisitiva
- oficiosa de indicar infracciones, únicamente, trasgresoras del orden público
y constitucional, sin que se hayan denunciado, permitiendo al recurso y a la
Sala de Casación servir mejor a la satisfacción de las demandas de una
sociedad, en mudanzas aceleradas que, no cabe conformarse con lo
establecido.
Sin embargo, en la Casación por Interés de Ley, del CPC de 1916, consagrada
en el artículo 435, parte in fine, se estableció: si del examen del asunto la
Corte encontrare que se ha quebrantado alguna disposición legal expresa,
o aplicado falsamente alguna Ley, sin que tales infracciones se hayan
alegado, lo advertirá a los jueces sentenciadores para conservar la
integridad de la legislación y la uniformidad de la jurisprudencia. Como
puede observarse claramente, si bien la casación en interés de Ley no hacía
anulable el fallo, pues sólo representaba una advertencia a la recurrida de
cómo debía interpretarse debidamente la Ley sustantiva, material, sí
consagraba la posibilidad de lograr la unidad de la interpretación de la
legislación y por ende de la jurisprudencia, vale decir, se señalaba por parte
de la Corte la violación de Ley de manera oficiosa, aunque, se repite, no se
anulaba el fallo.
Por el contrario, el Código de Procedimiento Civil de 1986, consagra la
casación de oficio que anula el fallo de la recurrida pero sólo por
violación del orden público o de norma constitucional, dejando por fuera
la posibilidad de que el recurso de casación actúe debidamente para lograr
su finalidad, unificar la interpretación de la ley, ya que no permite la
casación de oficio por violación expresa de Ley, quedándose corta tal
disposición, como sí lo hacía la casación por interés de Ley del Código de
Procedimiento Civil de 1916.
Fue así, entonces, como el Código de Procedimiento Civil de 1987, incluyó la
casación de oficio solo por violación al orden público y Constitucional y no
de las infracciones de Ley, que son las que dieron origen al control de la
casación como recurso.
En efecto, en el CPC de 1987, el aparte 4° del artículo 320, que establece:
Podrá también la CSJ en su sentencia hacer pronunciamiento expreso,
para casar el fallo recurrido con base en las infracciones de orden público
o constitucionales que ella encontrare, aunque no se las haya denunciado.
Ello, nos permite concluir, que en el nuevo CPC de 1987, se contempla una
casación de oficio, limitada a la percepción y establecimiento por parte de la
Sala de Casación de las violaciones al Orden Público y a las infracciones
Constitucionales, lo cual, esta manera, exalta a la casación venidera del
Estado Liberal a controlar el interés privado que sigue teniendo prevalencia,
pero se matiza por la necesidad de proteger los intereses públicos los nuevos
fines que impregna la Carta Política a toda la Teoría General de los Recursos,
en especial el fin Dikelógico del proceso en general y de la Casación en
particular.
En definitiva, no se puede seguir sosteniendo que la casación de oficio
proceda única y exclusivamente sobre violaciones constitucionales y del
orden público.
En Francia, el recurso de casación del Code de Procédure Civile, permite
a la Corte, en el artículo 620.2, casar la decisión atacada relevando de
oficio un motivo de puro derecho (motif de pur droit). Así lo expresa
Vicente C, Guzmán Fluja (El recurso de casación Civil. Ed. Tirant. Univ.
Carlos III. Madrid.1995, pág. 131). Con ello, lo que se hace es autorizar
al órgano casacional francés para que pueda estimar el recurso de
casación empleando motivos distintos de los alegados por el recurrente,
haciendo uso del iura novit curia para poner de manifiesto los

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fundamentos jurídicos, sean o no de orden público, que demuestren la


falta de ajuste a derecho del fallo impugnado.
En Alemania los artículos 554 y 559 ZPO, la Corte Federal Alemana no están
sujetos a los motivos de casacón alegados (Revisiongrunde).
Gran parte de la doctrina procesal de avanzada, encabezada por Ramón
Escovar León (La Casación Laboral Frente a la Civil: Dos Modos Diferentes
de Interpretar el Derecho. Ed Legis. Caracas. 2012. Pág 144), expresó: el
fallo citado (SCS Sent. Del 16/03/00, aplicó la casación de oficio, por
cuanto el juez de mérito incurrió en errores in iudicando. Esta decisión
corrobora la tesis, según la cual la casación de oficio puede atender a los
errores de juzgamiento y no sólo los de forma. Se observa la voluntad de
dilucidar el fondo de la controversia.
Quienes niegan a la casación de oficio por infracción de Ley, expresan
que se violaría el derecho al establecer la Sala una interpretación que
probablemente no había sido discutido en la litis. A lo que cabe
responder, con una interrogante: ¿Violaría el derecho de defensa la
cúspide cimera del derecho civil, representado por la Sala de Casación
Civil, cuando interpreta, buscando el fin público el verdadero sentido de
la Ley Las partes dan los hechos y la Sala da el Derecho, el principio Iura
Novit Curia (el Juez sabe el Derecho) no se elimina en la casación, sino que
obra en todo el andamiaje o devenir del proceso.
Así, pues, si bien es cierto la casación de oficio constituyó un avance para el
año de 1986, no es menos cierto que bajo la Carta Política de 1999, que
establece en su artículo 257 que el proceso es un instrumento para la
búsqueda de la Justicia, señalando exactamente qué: El proceso constituye
un instrumento fundamental para la realización de la justicia, hace
necesaria la ampliación de la casación de oficio a las vulneraciones o
conculcaciones que generan el error de interpretación y la falta o falsa
aplicación de ley, la violación del derecho propiamente dicho cuando se
aplica una norma no vigente o se niega vigencia a una que sí lo está o se
violenta una máxima de experiencia, pues si no es así, entonces, ¿Cómo
explicarnos que un fallo con errores de interpretación de la ley sustantiva o
de su aplicación o falta de aplicación pueda adquirir además, bajo la
mirada de la Sala, carácter de cosa juzgada o res iudicata? Y, peor aún,
pretender que de ese mismo fallo se cumpla el derecho y la garantía de haber
obtenido tutela judicial efectiva.
La exclusión de la casación de oficio sobre la violación o infracciones,
quebrantamientos de Ley, solo puede sustentarse sobre la base del Magistrado
convidado de piedra, como se dijo anteriormente, el Magistrado pétreo,
que no pueda develar un error de interpretación o de falta o falsa aplicación
de Ley, pues está sometido a una camisa adjetiva de fuerza medieval, al
pretender limitarse la casación de oficio que, constituye la esencia y finalidad
misma, originaria, del recurso de casación; es decir, la establecida en el
artículo 321 CPC, consistente en mantener la uniformidad de la interpretación
de la Ley, su unidad, cuando dicho artículo reseña: Los jueces de instancia
procurarán acoger la doctrina de casación establecida en casos análogos,
para defender la integridad de la legislación y la uniformidad de la
jurisprudencia.
Esa misma conjugación o mistificación de finalidades, se encuentra
claramente en el Código de Procedimiento Civil Colombiano, cuando en su
artículo 365, expresa los fines de la casación, señalando: El recurso de
casación tiene por fin primordial unificar la jurisprudencia nacional y
proveer a la realización del derecho objetivo en los respectivos proceso;
además procura recuperar los agravios inferidos a las partes por la
sentencia proferida. (Código publicado en el Diario Oficial Nº 33.150, del 21
de septiembre de 1970, es decir, Decreto 2.019 de 1970, en el Diario Oficial

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Nº 33.215, 18 de diciembre de 1970; el decreto 2.282 de 1989, en el Diario


Oficial Nº 39.013, 7 de octubre de 1989 y, la ley 794 de 2003, en el Diario
Oficial Nº 45.058, 09 de enero de 2003. Actualmente el Código General del
Proceso, Ley 1.564 del 12 de julio de 2012, en su artículo 333, define al
recurso de casación, como: El recurso extraordinario de casación tiene
como fin defender la unidad e integridad del ordenamiento jurídico, lograr
la eficacia de los instrumentos internacionales suscritos por Colombia en el
derecho interno, proteger los derechos constitucionales, controlar la
legalidad de los fallos, unificar la jurisprudencia nacional y reparar los
agravios irrogados a las partes con ocasión de la providencia recurrida.
Allí, se observa como la vanguardia del pensamiento procesal Colombiano,
consagrada en el moderno Código General del Proceso de 2012, consagra el
interés público primigenio de la casación y la defensa no sólo del orden
público y constitucional, sino de la Ley, que es la esencia y la naturaleza
misma del recurso de casación, por lo que impedir el conocimiento oficioso
de las infracciones de ley es mutatis mutandi, tener una casación eunuco,
impedida de lograr su fin de Justicia.
Nos corresponde pues, sacar de circulación lo que pretende ser y,
constitucional y legalmente no lo es-, como lo es considerar a la casación de
oficio y su concepto, dentro de la limitante extraordinaria y significativa de
no conocer oficiosamente de las infracciones de Ley, ello genera que se atente
contra el propio concepto de Justicia, y encontraríamos una colisión entre el
artículo 320.4° CPC y el artículo 254 Constitucional que, además, cercenaría
al recurso de casación de perseguir su fin más importante que es la unidad del
Derecho Objetivo, y la unidad de la jurisprudencia (Art. 321 CPC, supra
citado), pues en puridad, de no poderse casar de oficio por infracción de Ley,
quedaría firme el criterio de la recurrida y habrían distintos criterios, teniendo
el Magistrado Civil que dar la espalda y como la Themis Griega vendarse los
ojos ante la injusticia.
Así la doctrina nacional, entre ellos, Carlos Portillo A (Manual de Casación
Civil. Ed. Vadell. Valencia. 2000, pág. 147 y 148), nos trae a colación dos
fallos de vieja data que representan en la extinta Sala de Casación la visión
publicista. El primero de ellos de fecha 23 de octubre de 1882, recogido en
las Memorias de 1883, pág. 45, donde se señaló: el objeto del recurso de
casación es contener a los tribunales y jueces en la estricta observancia de
las leyes, impedir toda falsa aplicación de éstas y su errónea interpretación,
a la par que uniformar la jurisprudencia Y la segunda, de más reciente data
19 de agosto de 1903, Memoria de 1904, Pág. 128, expresa: la misión de ésta
Corte es mantener la unidad de la legislación; y de ahí que no esté obligada
a decidir acerca de la justicia o injusticia de los fallos que se sometan a su
examen.
Con base en ello, la casación de oficio en el Estado Social de Derecho y de
Justicia, no puede estar enclaustrada en el orden público y en la
violación constitucional, sino extenderse al control de la violación
expresa de norma de Ley que atenta contra el sistema de Justicia.
Se sostiene también, que modernamente, la casación ha perdido ese carácter
supremo, ante la revisión constitucional (336.10 CRBV), que genera carácter
vinculante y que ejerce la Sala Constitucional del alto Tribunal, lo cual hace
de nuestra Casación sea una institución impotente para mantener la
uniformidad de la jurisprudencia y se da, al decir de Mattirollo, el
espectáculo desconsolador de interpretaciones opuestas entre las mismas
entre la Sala y sus instancias, pues al no poder casar el fallo desvinculado del
contenido de la norma surge un conflicto entre lo que es (criterio de la
Instancia) y lo que debe ser (Doctrina estimatoria de la Sala de Casación
Civil), lográndose justamente el efecto contrario a lo que realmente busca la
casación.

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De no considerarse la posibilidad de casar de oficio la violación de Ley,


tendría que darse cabida a otro recurso que permita tal control, lo cual
sobredimensionaría con exceso de remedios el block de los recursos.
Por ende en la casación como control de legalidad debe haber holgura de
control y no restricción o constricciones al poder oficioso, la casación
modernamente concebida en su finalidad dikelógica constitucional debe
ensancharse en vez de constreñirla, como diría Bidart Campos.
De concebirse como hasta ahora se ha realizado, la casación quedaría
presa de una revisión constitucional (Art. 336.10 CRBV), pues el fallo de
la casación civil no podría casar de oficio un vicio no delatado, pero
existente, y cuya indebida interpretación atentaría contra el Estado
Social de Justicia, pudiendo ser inmediatamente revisado por la Sala
Constitucional, la cual anulará sin lugar a dudas y debe hacerlo, dicho
fallo, creando un exceso de jurisdicción que pudo haber evitado la Sala
de Casación Civil de haber podido casar de oficio y, por el contrario, la
permisión de la casación de oficio sobre infracción de Ley, permitiría
erradicar enormemente la perención del recurso por falta de técnica, ya
que cuando se formalice sin técnica una infracción de fondo sobre la cual
recae la más exigente técnica de casación, la Sala podrá entrar a
considerar oficiosamente la infracción. Sin atisbo de duda, ello es una
deuda del deber de impartir justicia hacia el justiciable.
En éste punto, no podemos hacer lo que expresa Ortega y Gasset, en su:
España Invertebrada, cuando señaló: son las cosas a veces de tal condición
que juzgarlas con sesgo optimista equivale a no haberse enterado. Por ello,
representa un desafío mayor, actualizar el tema de la casación, en los más
de doscientos años de su historia. Así, un Tribunal de casación oficiosa que
persiga efectivamente la violación del derecho que decide el fondo, dirime o
sustenta la controversia, sería, - según algunos expresan -, preferible al actual
sistema de casación, que muchas veces se convierte en una inútil academia
de platónicos comentaristas.
La misma opinión, sostenía el maestro Cuenca, Humberto, en su texto del:
Curso de Casación Civil de 1962, cuando destacó: las Salas del Supremo
Tribunal se han convertido en académico recinto de retórica jurídica y de
ejercicios silogísticos. Es una casación rutinaria y viciosa, indiferente al
calor humano, al drama del hombre y de la miseria, al hervor que palpita
en las páginas de los expedientes judiciales. Otras instituciones han
recibido el influjo del hondo sacudimiento, pero la casación permanece
empozada. Todavía adherida a las exigencias que le dieron vida, a la
uniformidad de la jurisprudencia y a la integración legislativa
Bajo el sistema actual de casación (CPC 1986), no ajustado a los valores
Constitucionales de 1999, de no permitirse la casación de oficio sobre
violación, quebrantamiento o infracción de Ley en la recurrida, se dejaría con
fuerza de cosa juzgada a un fallo que contiene una voluntad concreta de la ley
proclamada por el juez que no coincide, con la voluntad real efectiva del
Legislador, donde el defecto inherente a las premisas lógicas de la norma
incide erradamente en el dispositivo de la sentencia.
El juez yerra en la aplicación e interpretación de la norma y se produce una
declaración falsa de la voluntad de la Ley relativa a la cuestión controvertida,
el Juez no decide secundum ius en la premisa mayor (norma) y menor
(hechos) del fallo. En estos vicios el Jurisdicente excede el marco de los
sentidos posibles de la norma. Se genera, como dice Chiovenda, José un:
desconocimiento de la voluntad abstracta de la Ley, o como dice Fernando de
la Rúa (El recurso de casación en el Derecho Positivo Argentino. Ed Zavalia.
Buenos Aires, 1968. pág. 103) el juez ignora la existencia o se resiste a
reconocer la existencia de una norma jurídica en vigor.

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¿Cómo podría pues, la casación en un Estado Social de Derecho y de


Justicia, cerrar los ojos y no conocer, ante tal infracción expresa de Ley y
no declararla? ¿Puede la casación civil renunciar a la verdad jurídica
objetiva? La casación oficiosa de infracciones de ley logra la reconciliación
de la casación y la finalidad del proceso (Art. 257 CRBV), eliminando
barreras ritualistas, caprichosas y decimonónicas que enervan una verdadera
y actual tutela judicial efectiva.
Sólo si se casa de oficio por infracción de Ley, la casación y la Sala de
Casación Civil adquieren la posibilidad de que el proceso cumpla su fin
constitucional se supriman las diferencias y se logre la igualdad verdadera en
la aplicación de la Ley, sin permitir que campee la arbitrariedad y el
abuso e los fallos de las recurridas. El derecho constitucional está en
materia judicial al servicio de la primacía de la verdad jurídica objetiva.
La anulación oficiosa del fallo que violente la correcta interpretación,
aplicación o falta de aplicación, debe ser una conquista propia, de uso
moderado, en casos que no exista otra salida prudente o ponderada y donde
sea manifiesta la expresa violación de Ley que atente contra el orden
constitucional o la verdadera intención del legislador al consagrar la norma.
Al margen del plano, estrictamente jurídico, más allá de su estructura
procesal, siempre fuera de su definición, ajena a su prístino concepto, puede
buscarse su finalidad en la aspiración del legislador de unificar la
jurisprudencia para asegurar la unidad del derecho objetivo, lo que se puede
procurar sólo en la medida en que no se altere su esencial naturaleza de
recurso; esto es, limitándolo a la existencia de una concreta impugnación
propuesta por el particular interesado; lo cual permite dibujar los perfiles de
una nueva casación a partir de la sinceridad, el realismo y la necesidad de
perfeccionar un modelo que posibilite la eficacia de su ejercicio desde la
óptica del consumidor del servicio, del litigante, y no del operador que la
maneja técnicamente.
De tal manera, a través de la captura de la verdadera naturaleza del recurso,
se permite su oxigenación, revitalizando un esquema legal que sigue siendo
maleable, dúctil y perfectible, colocándose en condiciones más adecuadas
para que, con realismo mágico, sin pragmatismos y mejor aptitud, la Sala de
Casación Civil y su recurso de casación den respuesta, independizándose de
las cadenas doctrinarias clásicas, a la abigarrada caracterización del campo
litigioso en condiciones más ajustadas a los requerimientos del presente, a los
efectos de servir mejor a los modernos fines del proceso.
Con una Carta Política sobrevenida al Código Adjetivo, se permite al sistema
de Justicia escaparse de aquella acepción vertida por José Levitán (Recursos
en el Proceso Civil y Comercial. Ed. Astrea. Buenos Aires. 1986, pág. 87.),
por demás conformista, anti-procesalista y derrotero de los derechos humanos
del proceso, cuando expresa que: además, si a veces la injusticia en un
proceso escapa de nuestro control, vemos otras injusticias mucho más
irritantes en la vida, que tampoco tienen solución. Alegato éste, al cual el
sistema procesal Venezolano, no se sumara jamás, pues el fin del proceso
es la Justicia y los Jueces y Magistrados, en nuestra labor diaria estamos
empeñados en alcanzarlo efectivamente.
De acuerdo con este nuevo criterio, la Sala abandona la posición asumida
en su decisión de fecha 03 de agosto de 1988 (juicio Automotores La
Entrada C.A., contra Colectivos Negro Primero C.A.), y en consecuencia,
declara que, en lo sucesivo, podrá la Sala de Casación Civil, casar de
oficio los fallos sometidos a su consideración, para lo cual sólo es
necesario que detecte en ellos infracciones de ley, de la recurrida, que
atenten, expresamente, en la errónea interpretación del contenido y
alcance de disposiciones de Ley, o se hayan aplicado falsamente o dejado
de aplicar normas jurídicas, violentando en su dispositivo decidir

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secundum lege, según la Ley, ateniéndose siempre, claro está, a los


postulados de los artículos 2, 26 y 254 de la Carta Política de 1999,
ampliándose así el sentido del artículo 320, 4to Párrafo del Código de
Procedimiento Civil vigente.
Sobre los anteriores basamentos doctrinarios, copilados de esta Máxima
Instancia Judicial Civil de la República Bolivariana de Venezuela, en apego al
postulado constitucional consagrado en el artículo 2 y 257 de nuestra vigente
Carta Política, a través del cual, la República Bolivariana de Venezuela se
consagra como un Estado democrático y social de Derecho y de Justicia,
donde se interpreta los sistemas y recursos procesal como es el caso de la
casación, como un instrumento fundamental para la búsqueda de la Justicia y
donde en recurso de casación a los fines de mantener su finalidad esencial de
ser garante de la Justicia, en defensa de la integridad de la legislación y la
uniformidad de la jurisprudencia, esta Máxima Jurisdicción Civil, reconoce
la obsolescencia contenida en la citada norma contenida en el artículo
320 parágrafo 4to del Código de Procedimiento Civil, el cual se
encuentra en franco desafuero con nuestra novísima Constitución, y así
lo declara.
En tal sentido, en atención a la nueva doctrina que acoge esta Máxima
Instancia Civil, en lo adelante la Sala de Casación Civil del Tribunal Supremo
de Justicia podrá -a partir de la publicación del presente fallo- pues con
ello en modo alguno se viola la seguridad jurídica de los justiciables ya que
no se encuentran discutidos sus derechos adquiridos ni la interpretación de
normas jurídicas sustantivas (vid., sentencia N° 127 de fecha 3 de abril de
2013, caso: Freddy Antonio Ávila Chávez y otros contra María Eugenia
Jiménez Jiménez, expediente N° 2012-000729), casar de oficio el fallo
recurrido en el cual se advierta la infracción de la ley por falsa
aplicación, errónea interpretación o falta de aplicación de una norma
jurídica sustantiva -aunque no se le hubiere delatado- para establecer un
verdadero Estado de Derecho y Justicia que permita al recurso de
casación cumplir con su verdadero fin, relativo a la unificación de la
interpretación de la legislación y de la jurisprudencia, optando las
Magistradas y Magistrados integrantes de esta Sala por asegurar con
preferencia la efectividad supremacía de nuestra Carta Política. Así se
decide.

Al respecto del vicio de suposición falsa, es criterio reiterado de la Sala que éste se
produce esencialmente por un error de hecho o de percepción en el juzgamiento de los hechos
por parte del juez, toda vez que los hechos que fija carecen de fundamento probatorio.

En todo caso, cabe señalar que como el mencionado vicio sólo puede cometerse en
relación con un hecho establecido en el fallo, quedan fuera del concepto de suposición
falsa las conclusiones del juez con respecto a las consecuencias jurídicas del hecho, porque
en tal hipótesis se trataría de una conclusión de orden intelectual, que aunque errónea, no
configuraría lo que la Ley y la doctrina entienden por suposición falsa. Por tanto, el falso

supuesto se caracteriza por el error de percepción de un hecho, pero nunca por el


raciocinio o apreciación de la prueba. (Vid. sentencia Nro. 559 de 24 de noviembre de 2011,

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caso: Distribuidora Ktdc C.A., contra Seguros Mercantil C.A.). (Negrillas y subrayado de la
Sala).

Ahora bien, en cuanto al vicio de la desviación ideológica de los contratos, la Sala ha


establecido en reiterada jurisprudencia entre otra decisión número 220, de fecha 4 mayo de
2018, (caso: Sheila Milángela Zanchetta Rosario, representada judicialmente por las abogadas
Aleida Villegas y Ana Pineda, contra el ciudadano Pedro González Hernández), lo siguiente:

Por otro lado, en cuanto a la desviación ideológica la Sala en decisión N°


187, de fecha 26 de mayo de 2010, caso: Vicente Emilio Capriles Silvan
contra Desarrollos Valle Arriba Athletic Club, C.A., exp. N 09-532, indicó lo
que se transcribe a continuación:
De los anteriores criterios jurisprudenciales se desprende que si bien los
jueces de instancia son los facultados para interpretar y calificar los
contratos, tal actividad no puede, de ninguna manera, distorsionar los hechos
que hubieren sido alegados por ellas, pues su labor es la de indagar la
voluntad e intención de las partes contratantes al establecer
determinadas obligaciones y derechos, y en caso de incurrir en tal
infracción, esta Sala de Casación Civil del Tribunal Supremo de Justicia,
estará facultada -previo cumplimiento de los requisitos necesarios del escrito
de formalización-, para descender a las actas del expediente y conocer los
errores de hecho al juzgar los hechos en que hubiese incurrido el juez de
alzada.
(Omissis)
El criterio de combatir el hecho y no la conclusión jurídica está bien para la
denuncia de suposición falsa estricto sensu, pero no para la denuncia por
desviación intelectual, pues, allí nunca se controlarían hechos sino
conclusiones jurídicas inexactas. No se puede exigir en la denuncia de
desviación intelectual que sólo se combata un hecho puro y simple, por
cuanto ello es imposible.
(Omissis)
En este caso, el formalizante enfocó su denuncia a través de la figura de la
tergiversación intelectual, que sería la única forma posible de hacerlo. Pues
no hay otra, dado que lo que se combate es precisamente la delicada tarea del
juez superior que hilando fino descontextualizó la palabra acreencia, le
suprimió el peso específico y la transformó en una frase hueca, sin fuerza
jurídica.
Se está aseverando, como lo constató la Sala de la lectura del acta de
asamblea que contiene el contrato y del fallo recurrido antes transcrito, la
desviación intelectual, no una suposición falsa en sentido estricto. Sólo que la
doctrina de la Sala exige pedir prestado en sentido analógico el primer caso
de suposición falsa, pero no para combatir un hecho sino realmente un
ejercicio intelectual producto de múltiples razonamientos del juez.
Lógicamente no se combate un hecho puro y simple, sino el razonamiento
final de el recurrido producto del travisamento italiano, o la desnaturalización
por desviación intelectual o ideológica y el mal juge de la doctrina francesa,
como ya se explicó en este fallo.... (Resaltado propio).
De conformidad con la jurisprudencia transcrita, la denuncia por desviación
intelectual, implica necesariamente el análisis de una conclusión por parte del
juez, la cual deberá ser compatible con el texto de la mención que se

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interpreta, pues si en su labor de indagar la voluntad e intensión de las partes


contratantes distorsiona los hechos alegados por estas, se estaría en presencia
del referido vicio, el cual deberá ser delatado con base el primer supuesto de
suposición falsa.
En el caso bajo estudio, el recurrente en casación no precisa que el tipo de
vicio en que incurrió el juez superior en la sentencia, pues por un lado
denuncia valoración de pruebas al alegar que el juzgador atribuyó a un acta o
documento del expediente menciones que no contiene, así como el vicio de
desviación ideológica de los contratos, puede observarse como el mismo
entremezcla y desnaturaliza varios vicios para fundamentar su delación, ya
que ataca un hecho positivo y concreto y al mismo tiempo una conclusión del
juez, motivo suficiente para desechar la presente denuncia por falta de
fundamentación.

Ahora bien, una vez precisado el vicio del falso supuesto referido a la
desviación ideológica de los contratos esta Sala de casación Civil pasa a
analizar la decisión recurrida en los siguientes términos:
Resulta pertinente pasar a transcribir el contenido de la sentencia
recurrida (folios 46 al 60, pieza 3/3) dictada en fecha 29 de abril de 2024, por
el Juzgado Superior Civil, Mercantil, Transito y Marítimo de la
Circunscripción Judicial del estado Anzoátegui, con Sede en Barcelona, en la
que se expresó lo siguiente:
“…Observa esta juzgadora que no existe discusión entre las partes sobre el
vínculo jurídico que los une y que dio lugar a este proceso judicial, vale decir,
que sobre el contrato cuyo cumplimiento reclama la parte actora, al igual que
la existencia en pasada oportunidad de las distintas medidas administrativas
de la cual fue objeto la parte demandada por parte del Estado venezolano.
No así, en lo que respecta a la naturaleza del contrato suscrito y al
incumplimiento, siendo necesario determinar a cuál de las partes se atribuye
tal incumplimiento, dado los alegatos expuestos en sus respectivas
intervenciones, aunado a la controversia existente sobre la posibilidad o no de
proceder a la protocolización del documento definitivo de venta durante la
vigencia de las aludidas medidas administrativas, dado que el demandado
niega que durante dicha época no se pudiera celebrar tal negociación (…)
Razón por la cual, considera esta juzgadora necesario realizar una
interpretación de las cláusulas establecidas en el contrato cuya ejecución
se demanda, no sólo a los efectos de determinar la naturaleza del mismo,
sino a su vez para verificar la existencia como tal de las obligaciones en
los términos que expresan las partes y que se afirman aquí incumplidas,
tomando en consideración que los contratos deben cumplirse tal como fueron
suscritos.
Así las cosas, se desprende de autos que mientras el actor aduce que el acto
de la protocolización estaría a cargo del demandado, este último considera
que cumplió con las notificaciones efectuadas por la prensa incluso en fecha
posterior al lapso de duración establecido en el contrato, con lo que estima se
le debe tener por cumplida su obligación, siendo que afirma que fue el actor
quién no cumplió dentro de los lapsos por él concedidos en pagar el precio,
presentar los documentos necesarios y proceder a la protocolización.
Puntualizado lo anterior, procede este Juzgado Superior a hacer el análisis de
las pruebas promovidas por ambas partes, de conformidad con lo establecido
en el artículo 509 del texto adjetivo.
(…Omissis…)
Establece el contrato objeto de litis en sus clausulas séptima, novena, decimo
tercera y decima cuarta, lo que se transcribe a continuación:
(…Omissis…)

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Ahora bien, se desprende de autos, que la parte demandada realizo un aviso


de prensa publicado en fecha 23 de agosto de 2011, con la finalidad de
proceder a la protocolización siendo esta una fecha posterior al lapso de
vigencia que, conforme al contrato objeto de litis, tendría la negociación,
estableciendo en el aludido aviso, la parte demandada un lapso para efectuar
el trámite de la protocolización totalmente distinto al previsto en el contrato;
no obstante no puede pasar por alto esta juzgadora que de las clausulas
supra citadas, se desprende que la carga de pagar todos los gastos que
generan la negociación en cuestión, dentro de los cuales, destaca los
atinentes a la redacción de documentos, de hechos y gastos de registros, si
reposaba en la parte demandante, siendo a ella a quien correspondía
dicha gestión de protocolización, por lo cual, el aludido aviso de prensa se
tiene de conformidad con el artículo 510 de nuestra ley adjetiva civil, como
indicio de la intensión de la demandada de proceder a la alegada
protocolización, habiendo demostrado, que aun cuando fue sujeto de medidas
administrativas en dicho periodo de intervención, procedió a hacer la
protocolización de los documentos de venta definitivos de otros inmuebles;
en este sentido, de conformidad con las clausulas establecidas por las partes
en uso del principio de la libre voluntad, se observa, que dejaron
establecido que la obligación de realizar todas las gestiones pertinentes y
gastos de registros corresponden al accionante, ya que si bien, se deja
constar que el documento sí fue presentado ante el Registro no es menos
cierto que no cursa en autos constancia alguna de la cual se desprenda el
cumplimiento de las obligaciones asumidas por el accionante comprador,
en cuanto a la obligación aquí en referencia, no constando de su parte,
convocatoria alguna para la demandada en la cual deja evidencia de
haber cumplido con su carga en la redacción del documento definitivo de
compraventa, ni el pago, ante el registro correspondiente, ya que aun
cuando fue presentado para su revisión en fecha 5 de diciembre de 2012, ante
el Registro Inmobiliario, resulta evidente que para dichas épocas ya fenecido
con creces el lapso de 90 días mas su prorroga establecido en las clausulas
antes citadas, sin que curse a los autos algún medio de convicción que
demuestre lo contrario, por lo que el incumplimiento por parte del
demandante ya se había verificado, pues tal como indicó la parte demandada
el lapso de vigencia convenido entre las partes había vencido en el mes de
junio de 2011, considerando esta juzgadora que si bien es cierto, la parte
demandante aduce en su escrito libelar tal situación, sin que conste en autos
que efectivamente le fue otorgado cita para su firma y que así lo haya
debidamente informado conforme a las cláusulas del contrato a la accionada,
se observa que atañe el hecho de no haberse realizado la protocolización una
vez presentado el documento definitivo para su revisión al cese de las
funciones de la junta interventora en representación de la empresa hoy
demandada, sin embargo, no pasa por alto quien suscribe, que cursa a los
autos el informe rendido por el registrador inmobiliario respectivo, en el cual
deja constancia de las diversas protocolizaciones sobre documentos
definitivos de venta que, durante los años donde se mantuvieron en vigencia
las distintas medidas administrativas decretadas fueron efectuadas, ello
conforme consta en los autos de las providencias administrativas ut supra
especificadas, por lo cual, considera esta juzgadora que este no resultaría
motivo suficiente para que se generara incumplimiento por parte del
accionado, por lo cual, cabe dejar establecido que al no demostrar el
accionante que cumplió con la debida comunicación a la demandada de
haber cumplido con todos los trámites ante el registro incluidos con los
pagos respectivos así como la redacción del instrumento, para obtener
una fecha de protocolización mal podría determinarse que la accionada
no se presentó ante el registro, siendo determinado así el incumplimiento

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de la parte actora durante la vigencia del contrato, sin que pueda excusar
o justificar dicho incumplimiento tal como alegó debido a la ocupación
temporal de la cual fue objeto la demandada.
Por lo cual, en atención al principio de ejecución de buena fe del contrato
establecido en el artículo 1.160 del Código Civil, quien demandó el
incumplimiento debió ser leal al contrato y de acuerdo con el principio del
contrato-ley pautado en el artículo 1.159 eiusdem, el actor no podría haber
relajado las obligaciones contractuales que tenia, puesto que mal podría
exigir el cumplimiento de su contraparte cuando en inicio no cumplió con su
responsabilidad, puesto que si bien dejó demostrado que el documento
definitivo de compraventa se encontraba en el Registro, no así que existiera
fecha fijada para la protocolización, y tal como quedara expuesto, caso
contrario sería si hubiese dejado constancia de haber cumplido dentro del
plazo previsto para la negociación y su prórroga que cumplió con su
obligación dejando en cuenta de ello a la demandada y que fue ésta quien no
se presentó oportunamente para la firma, no siendo éste el caso de autos;
teniendo el actor la carga procesal de la demostración de sus dichos para la
procedencia de la acción propuesta de conformidad con los artículos 254 y
506 del Código de Procedimiento Civil; no existiendo en autos pruebas
fehacientes que permitan demostrar sin género de dudas que cumplió con sus
obligaciones para lograr la efectiva protocolización del documento definitivo
dentro del plazo establecido en el contrato para la negociación. Así se
declara.
Conforme a los argumentos que anteceden, no dio cumplimiento la parte
actora a la concurrencia de los supuestos de procedencia de la acción de
cumplimiento de contrato, puesto que al no cumplir con sus obligaciones
previstas en el contrato mal podría pretender el cumplimiento de la
contraparte, resultando así forzoso declarar sin lugar el recurso de apelación y
por lo cual confirma la sentencia recurrida tal como quedará expresado en la
dispositiva del fallo conforme a los términos que anteceden . Así se
declara.”.

Del extracto anterior de la sentencia recurrida se evidencia que el ad quem parte del
hecho de que resulta necesario pasar a determinar las cláusulas que constan en el contrato a fin
de verificar la existencia como tal de las obligaciones en los términos que expresan las partes y

que se afirman incumplidas.

En este sentido expresa que: “... de las cláusulas supra citadas, se desprende que la
carga de pagar todos los gastos que generan la negociación en cuestión, dentro de los cuales,
destaca los atinentes a la redacción de documentos, de hechos y gastos de registros, si
reposaba en la parte demandante, siendo a ella a quien correspondía dicha gestión de

protocolización...”.

En cuanto al aviso de prensa alegado por la parte demandada, consideró que: “... de
conformidad con el artículo 510 de nuestra ley adjetiva civil, como indicio de la intensión de la

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demandada de proceder a la alegada protocolización, habiendo demostrado, que aun cuando


fue sujeto de medidas administrativas en dicho periodo de intervención, procedió a hacer la
protocolización de los documentos de venta definitivos de otros inmuebles...”.

En este sentido expresa el ad quem, “... dejaron establecido que la obligación de


realizar todas las gestiones pertinentes y gastos de registros corresponden al accionante, ya
que si bien, se deja constar que el documento sí fue presentado ante el Registro no es menos
cierto que no cursa en autos constancia alguna de la cual se desprenda el cumplimiento de las

obligaciones asumidas por el accionante comprador, en cuanto a la obligación aquí en


referencia, ...”.

En este sentido agrega “... ya que aun cuando fue presentado para su revisión en fecha
5 de diciembre de 2012, ante el Registro Inmobiliario, resulta evidente que para dichas épocas
ya fenecido con creces el lapso de 90 días más su prorroga establecido en las cláusulas antes

citadas, sin que curse a los autos algún medio de convicción que demuestre lo contrario, por lo
que el incumplimiento por parte del demandante ya se había verificado...”.

Al respecto considera el juzgador de alzada que, “... cabe dejar establecido que al no
demostrar el accionante que cumplió con la debida comunicación a la demandada de haber

cumplido con todos los trámites ante el registro incluidos con los pagos respectivos así como la
redacción del instrumento, para obtener una fecha de protocolización mal podría determinarse
que la accionada no se presentó ante el registro, siendo determinado así el incumplimiento de
la parte actora durante la vigencia del contrato...”.
Y en virtud de lo establecido concluye, “... en atención al principio de ejecución de

buena fe del contrato establecido en el artículo 1.160 del Código Civil, quien demandó el
incumplimiento debió ser leal al contrato y de acuerdo con el principio del contrato-ley
pautado en el artículo 1.159 eiusdem, el actor no podría haber relajado las obligaciones
contractuales que tenia, puesto que mal podría exigir el cumplimiento de su contraparte
cuando en inicio no cumplió con su responsabilidad, puesto que si bien dejó demostrado que el

documento definitivo de compraventa se encontraba en el Registro, no así que existiera fecha


fijada para la protocolización, y tal como quedara expuesto, caso contrario sería si hubiese

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dejado constancia de haber cumplido dentro del plazo previsto para la negociación y su
prórroga que cumplió con su obligación dejando en cuenta de ello a la demandada y que fue
ésta quien no se presentó oportunamente para la firma, no siendo éste el caso de autos;
teniendo el actor la carga procesal de la demostración de sus dichos para la procedencia de la
acción propuesta de conformidad con los artículos 254 y 506 del Código de Procedimiento
Civil; no existiendo en autos pruebas fehacientes que permitan demostrar sin género de dudas

que cumplió con sus obligaciones para lograr la efectiva protocolización del documento
definitivo dentro del plazo establecido en el contrato para la negociación...”.

Ahora bien, esta Sala a fin de verificar lo expuesto por la recurrida, pasa a examinar las
actas que constan en el expediente en los siguientes términos:

Escrito de libelo de demanda de fecha 11 de agosto de 2017, según auto de admisión


dictado por el Juzgado Tercero de Primera Instancia en lo Civil, mercantil, Agrario y Tránsito
de la Circunscripción Judicial del estado Anzoátegui, Barcelona, (ff. 1 al 69 de la pieza 1 / 3 del
expediente) en la que se expresa textualmente lo siguiente:
“Yo ALDO JOSE COA MARIN, venezolano mayor de edad
titular de la cedula de identidad numero v 12.652.222, de este domicilio,
asistido en este acto por (sic) abogada en ejercicio, RUBI MASSIEL
SEVILLA DE FUNG, venezolana, mayor de edad titular de la cedula de
identidad numero V-9.687.220, e inscrita en el inpreabogado bajo el numero
68.171, de este domicilio, con el debido respeto ocurro ante su competente
autoridad para exponer y solicitar lo siguiente:
DE LOS HECHOS
DEL DOCUMENTO DE COMPRA VENTA:
Se evidencia de documento notariado al cual opongo en este acto
en contenido y firma suscrito en fecha 03 de febrero de 2011, el cual
consignamos el presente escrito en copia fotostática y sea confrontado con su
original a fin de (sic) cumpla sus efecto legales, para que curse en calidad de
anexo marcado con el literal “A”; entre otras cosas lo siguiente:
Que suscribí un contrato con el ciudadano Francisco Javier Reyna
Bello, quien actúa en nombre y representación de la sociedad mercantil
DESARROLLOS TAO INSULAR, C.A; contrato este que decidieron
conceptuar como contrato de opción de compra; amén de que la verdadera
intención del contrato no era una promeso de comprar y vender, sino
definitivamente una compra a plazos, como lo dispuesto en la pacífica y
reiterada doctrina de nuestro más alto tribunal dado que en el caso bajo
estudio se pago parte del precio; es decir, como se evidencia del contrato, el
ciudadano Francisco Javier Reyna Bello en nombre de DESARROLLOS
TAO INSULAR, C.A, se comprometió como así lo hizo en vender un
inmueble constituido por un apartamento identificado con el numero M-PH-4
en el edificio M, en el conjunto residencia “THAI” ubicado en la avenida R8
urbanización el Morro, Lechería, Municipio Diego Bautista Urbaneja de este
estado.

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El precio pactado de la venta por el apartamento fue la cantidad


de SEISCIENTOS VEINTUCATRO MIL BOLIVARES CON CERO
CENTIMOS (Bs. 624.000,00) y tal y como indica el contrato fijo e invariable
que me comprometí a pagar de la siguiente manera, por cuanto parte del
precio seria pagado así: A) por concepto de cuota inicial la cantidad de Ciento
Veinticuatro Mil Ochocientos Bolívares exactos (Bs 124.800,00) dinero este
que se pago y recibió conforme (sic) DESARROLLOS TAO INSULAR C.A,
obligación este que cumplí tal y como fue pactada.
El saldo restante, es decir la cantidad de CUATROCIENTOS
NOVENTA Y NUEVE MIL DOSCIENTOS BOLIVARES EXACTOS (Bs.
499.200,00) Serian pagados posterior al momento cierto de la protocolización
del documento definitivo de compraventa.
Razones esta expuestas y evidenciadas del contrato antes
analizado, quedan pro tesis la verdadera intención de Francisco Javier Reyna
Bello en nombre de su representada –LA VENDEDORA-, que fue la de
venderle el apartamento M-PH-4 de la torre M del conjunto residencial THAI
a mi persona, vista así las cosas, existieron los elementos esenciales de la
venta, como lo son: A) la voluntad, expuesta por parte de Francisco Javier
Reyna Bello en nombre y representación de DESARROLLOS TAO
INSULAR C.A en el documento, cuando no solo recibe y acepta conforme
parte del precio, pues con claridad meridiana estamos en presencia de una
venta a plazos, teniendo que solicitar como lo hago por medio de este texto
libelar que el ciudadano Francisco JAVIER Reyna Bello representante legal
de DESARROLLOSTAO INSULAR C.A, me realícela transferencia de la
cosa, lo que es lo protocolice el documento de venta definitivo. B) El objeto,
que este perfectamente identificado y reconocido. C) el pago del precio, que
el caso bajo estudio, solo tengo una obligación de dar, pero que la misma esta
condicionada a que se materialice el hecho de la protocolización lo cual no ha
ocurrido para pagar el saldo restante y cubrir así con el monto total pactado
de la venta. D) causa: se evidencia y así es claro de notar que existe una
causa para Francisco Javier Reyna Bello representante legal de
DESARROLLOS TAO INSULAR C.A, vender el inmueble y para mí en
comprarlo.
Con lo descrito supra se evidencia que estamos en presencia de
una venta a plazo, que se dieron en forma todos los elementos necesarios de
la venta, y que en el caso bajo estudio nos encontramos que el vendedor no
cumplió con la obligación contractual, que no era otra que la de realizar el
traspaso del inmueble, razón esta que me motiva a acudir ante su competente
autoridad a los fines de que impartiendo justicia pueda realizarse el traspaso
del inmueble a mi distinguido con las siglas M-PH-4, igualmente desde el día
que suscribí el contrato con la vendedora he realizado todos los pagos del
condominio que corresponden a dicho inmueble, recibos que anexare en su
oportunidad, Así pues, es imperioso resaltar que Jamás he estado en mora con
respecto a mis obligaciones contractuales, por cuanto las mismas se hacen
liquidas y exigibles luego de la oportunidad de la protocolización, del
documento de venta definitivo del apartamento en M-PH-4 OPORTUNIDAD
QUE JHAMAS SE HA MATERIALIZADO.
DE CIERTOS HECHOS DE IMPORTANCIA QUE DEBEN SER
EL CONOCIMIENTO DE ESTE SENTENCIADOR:
El conjunto residencial “THAI” recibió medida de ocupación
temporal por parte del Estado, tal y como así en su momento el jefe de
Estado Hugo Rafael Chávez Frías durante la edición número 366 del
programa “Alo Presidente” , lo ordeno para cuyo caso justificaron la medida
en el hecho cierto de que la empresa jugaba al cansancio de los compradores
alargando el plazo de entrega de los apartamentos, además así aumentar el
precio y coaccionar a los usuarios a asumir segundos contratos de opción de
Á

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compraventa, así como lo informo el ciudadano Francisco Álvarez


representante estadal de INDEPABIS, soportado además por las denuncias
recibidas por el jefe de Estado.
Es necesario resaltar que en el caso de marras, la junta
interventora del Estado introdujo el documento definitivo de venta para que
en mi caso se diera en forma el traspaso del inmueble, con la mala suerte que
en el ínterin de la firma en la fecha indicada por la oficina de registro
inmobiliario cesaron las funciones de la referida junta, por lo cual no se dio
en forma la protocolización.
Ahora bien, como quiera que para la presente fecha ha cesado la
intervención del Estado, y aun insiste la vendedora DESARROLLOS TAO
INSULAR C.A., sin querer cumplir la obligación que me tiene.
Realmente ciudadano juez, esto es una situación desagradable e
insólita por todo lo que involucro el escándalo de la estafa inmobiliaria, tal y
como lo llamo el expresidente Hugo Chávez, constituyo un hecho notorio y
público en esta ciudad. Pero en este acontecimiento los indefensos han sido
los optantes quienes habiendo comprado una vivienda, pagando su precio, en
algunos casos como el mío no hemos podido protocolizar, acto que se
pretende por esta vía, ya que ahora que termino la ocupación temporal es
cuando la presunta representación de DESARROLLO ESTADO INSULAR
C.A. Pretende desconocer lo cancelado y exige el valor del inmueble
corriente del mercado actual mas en el caso en estudio encontramos que tal y
como dije supra no estoy en estado de mora con respecto a mis obligaciones
contractuales, por cuanto el pago restante o saldo deudor del precio del
inmueble está supeditado a la protocolización del documento de venta
definitivo, tal y como se ha expuesto a lo largo de la presente narrativa. Pero
bien, a los fines de que esta sentenciadora evidencia con claridad meridiana
mi verdadera e inequívoca intención de terminar de pagar el precio de venta,
con lo cual así le oferto techo digno a mi familia, consigno y hago oferta real
en este acto del saldo de CUATROCIENTOS NOVENTA Y NUEVE MIL
DOSCIENTOS TRES BOLIVARES CON CERO CENTIMOS (Bs.
499.200,00) presento cheque de gerencia a nombre del tribunal (el que será
consignado en el momento mismo de la admisión de la presente acción).
DE LA LEGITIMACION Y DEL ITNERES PARA ACTUAR.
La legitimación activa y al interés jurídico actual que tengo en
esta acción de cumplimiento de contrato, me viene dada en razón de que
suscribí un contrato mal llamado de opción de compra venta con la empresa
DESARROLLO TAI INSULAR, y se pago parte del precio del inmueble
distinguido con el numero M-PH-4 del conjunto residencia “THAI”.
Así es necesario indicar además que desde que se suscribió el
documento en el cual consta la obligación de la que hoy se pide el
cumplimiento, se han realizado todo cuanto ha sido posible para lograr que
DESARROLLOS TAO INSULAR, C.A. Protocolice y han sido infructuosas
las gestiones.
En lo que se corresponde a la legitimación pasiva en el caso bajo
estudio recae sobre la sociedad mercantil DESARROLLOSTAO (sic) C.A.,
(sic) domiciliada en la ciudad de Lechería Estado (sic) Anzoátegui sociedad
mercantil debidamente inscrita por ante el Registro Mercantil V de la
Circunscripción Judicial del Distrito Capital y Estado (sic) Miranda, bajo el
numero 72, tomo .1487-A, de fecha 8 de enero de 2007.
…Omissis…
DE LA DEMANDA
Por Todo lo antes expuesto demando, como formalmente lo hago
en este acto a la sociedad mercantil DESARROLLOS TAO INSULAR C.A,
de este domicilio, inscrita por ante el Registro Mercantil V, de la
circunscripción judicial del Distrito Capital y Estado Miranda, bajo el numero

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72, tomo 1.487 –A, de fecha 8 de enero de 2007, en la persona de sus


representantes mayores de edad, titulares de las cedulas de entidad números
V- 11.233.519 y B-8.227.940 respectivamente, en sus caracteres de directoras
principales del a parte accionada, para que convenga o sea condenada por
este tribunal, en:
PRIMERO: Que la accionada DESARROLOS TAO
INSULAR,C.A, reconozca que me vendió el apartamento numero M-PH-4
del edificio M, del conjunto residencial thai, ubicado el Municipio Diego
Bautista Urbaneja, Lechería y no de convenir a ello sea condenado por este
tribunal.
SEGUNDO: Para que la sociedad mercantil DESARROLLO
TAO INSULAR, C.A, cumpla con la obligación O bien sea constreñido por
este tribunal para protocolizar el documento definitivo de compraventa del
inmueble M-PH-4 del conjunto residencial “THAI”, obligación que se
comprometió el representante de esta con mi persona, tal y como se evidencia
documento suscrito el 03 de febrero de 2011, lo cual cursa en calidad de
anexo y de documentos indubitados de la presente acción. Que en caso de
incumplimiento del accionado en este particular este jugado emita sentencia
que sea suficiente título de propiedad del inmueble en virtud de que ya se ha
pagado el precio convenido.
De conformidad con lo establecido en el artículo 38 del código de
procedimiento civil estimamos la presente acción de la cantidad de Bs.
1.000.200,00 lo que corresponde según la resolución del más alto tribunal
2000-0006, le corresponden 3.334 UT.
A los efectos legales de la presente acción y sobre la base de lo
estipulado en el código de procedimiento civil establezco como domicilio
procesal el siguiente CONJUNTO Residencia THAI, apto M-PH-4, edificio
M, lechería estado Anzoátegui. Solicitamos se cite personalmente a las
ciudadanas Norelys Tovar Oviedo y Asusena Aponte Centeno, ambas de
nacionalidad venezolana, mayores edad, con cédulas de identidad números:
V11.233.519 y V8.227.940, respectivamente. En sus caracteres (sic)
directoras principales de la parte accionada, para la contestación de la
demanda y para que nos absuelva a las posiciones juradas que le
formularemos en la oportunidad que tenga a bien fijar el tribunal, a cuyos
efectos de conformidad con lo dispuesto en el artículo 406 del código de
procedimiento civil, desde ya manifiesto la disposición en que estoy de
absolverla en razón de la reciprocidad de la prueba.
Consigno en (sic) este acto sendas copia simple de la presente
demanda, para que se certifique con el contrato de compraventa original a
efecto videndi (sic) y me sea devuelto su original, así mismo solicito
certifiquen junto con el auto de comparecencia al pie y, compulsadas como
sea, le sean entregados al alguacil del despacho, para las diligencias de la
citación, para la contestación de la demanda y la personal para la absolución
de las posiciones juradas.

Igualmente señalo como dirección de la sociedad mercantil


DESARROLLOS TAO INSULAR, C.A, la siguiente: Oficinas de
DESARROLLOS TAO INSULAR, Municipio Turístico Diego Bautista
Urbaneja, del Estado(sic) Anzoátegui, avenida R-83, Conjunto Residencial
"THAI", sector las Salinas, siendo el domicilio fiscal de la sociedad
mercantil.
DE LAS MEDIDAD CAUTELARES
Sobre la base de lo establecido en el artículo 585 y siguientes del
Código de Procedimiento Civil, pido la medida de prohibición de enajenar y
gravar sobre el inmueble objeto del contrato del cual hoy se pide su
cumplimiento, es decir, el apartamento número M-PH-4 del edificio M del

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conjunto residencial "THAI" ubicado en el municipio Diego Bautista


Urbaneja, Lechería y en consecuencia se oficie suficientemente a la oficina
subalterna de registro inmobiliario del municipio Diego Bautista Urbaneja.
Pido por último que la presente demanda por cumplimiento de
contrato de opción a compra, sea admitida sustanciada conforme a derecho
según el trámite del procedimiento Ordinario pautado en el código de
procedimiento civil y declarado con lugar en la definitiva, (…)…”

Consta en los folios 11 al 13 de la 1/3 pieza del expediente, el


documento de Compromiso Bilateral de Compra Venta fecha 03 de febrero de
2011, autenticado ante la Notaria Pública de Lechería, Municipio Licenciado
Diego Bautista Urbaneja del estado Anzoátegui, bajo el N°019, Tomo 4, d los
Libros de Autenticaciones llevados por esa Notaría, mediante el cual se puede
apreciar lo siguiente:

“…Entre, DESARROLLOS TAO INSULAR, C.A., sociedad mercantil,


domiciliada en Caracas debidamente inscrita en el Registro Mercantil V de la
Circunscripción Judicial del Distrito Capital y Estado Miranda, el 08 de
Enero de 2.007, bajo el No. 72, Tomo 1.487-A, representada en este acto por
FRANCISCO ALVAREZ, JOSE SERRANO y GLADYS LEON,
venezolanos, mayores de edad, solteros y divorciada, de este domicilio y
titulares de las Cedulas de Identidad, Nos. V10.219.393, V-8.285.554 y V-
8.013.255, con Rif Nos. V-10219393-4, V-08285554-4 y V-08043255-3, en
su carácter de miembros de la Junta Administradora Temporal de la Sociedad
mercantil DESARROLLOS TAO INSULAR, C.A., según PROVIDENCIA
ADMINISTRATIVA No. 446, dictada por el Instituto para la Defensa de las
Personas en el acceso de los Bienes y Servicios (INDEPABIS), de fecha 11
de Noviembre de 2.010 quien en lo sucesivo y a los efectos de este contrato
se denominará LA COMPAÑÍA PROPIETARIA, por una parte; y por la otra
ALDO JOSE COA MARIN, de nacionalidad venezolana, soltero, de este
domicilio, portador (a) de la Cédula de Identidad No. V-12.652.222, quien en
lo sucesivo y para los efectos del contrato se denominará EL COMPRADOR,
se conviene en celebrar, como en efecto se celebra, el presente
COMPROMISO BILATERAL DE COMPRA VENTA, el cual se regirá por
las siguientes cláusulas:
PRIMERA: LA PROPIETARIA es única y exclusiva dueña de un lote de
terreno, que en su totalidad abarca una superficie de aproximadamente
CUARENTA Y DOS MIL SETECIENTOS VEINTIÚN METROS
CUADRADOS ( 42.721 mts2 ), ubicado en la Avenida R-8, de la Zona
de Hoteles y Apartamentos de Condominio del Sector La Salina, Complejo
Turístico El Morro, en Jurisdicción del Municipio Turístico Diego Bautista
Urbaneja del Estado Anzoátegui, tal y como se desprende del respectivo
documento de propiedad, Protocolizado en la Oficina de Registro Publico del
Municipio Turístico Diego Bautista Urbaneja del Estado Anzoátegui, con
fecha 19 de Septiembre de 2007, bajo el N° 30, Folios 324 al 335, Protocolo
Primero, Tomo 52, Tercer Trimestre del año 2007, en el cual constan los
linderos, medidas y demás especificaciones de dicho terreno, los cuales se
dan aquí por Íntegramente reproducidos.
SEGUNDA: LA PROPIETARIA está construyendo sobre la referida
superficie de terreno descrita en la cláusula primera, un Conjunto Residencial
a ser desarrollado por etapas, que se denominará Conjunto Residencial THAI,
Proyecto que se encuentra en fase de elaboración. TERCERA: El presente
“COMPROMISO BILATERAL DE COMPRAVENTA”, se refiere a un
Apartamento destinado a vivienda, ubicado en el Edificio “M”, identificado
con las siglas M-PH-4, de aproximadamente 70,00 mts2, 3 habitaciones, 2
baños, sala - comedor, cocina, al Cual se le asignará, en cumplimiento de lo

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dispuesto en el Artículo 5°, literal i), de la Ley de Propiedad Horizontal, un


(1) puesto de estacionamiento doble ( es decir con capacidad para Estacionar
2 vehículos, uno detrás de otro) identificado con los Nos. 716 - 715. A estos
Efectos, EL COMPRADOR declara que ha solicitado de LA PROPIETARIA
información detallada acerca de la calidad de la obra, proyecto, condiciones
de la operación, calidad de los materiales a emplear y demás circunstancias
que le interesaban para la negociación y que todas le son satisfactorias. Así
mismo, EL COMPRADOR declara aceptar que está conforme con el
inmueble objeto de este compromiso bilateral de compra venta.
CUARTA: El COMPRADOR, en caso de que efectivamente llegue a
comprar, recibirá el inmueble objeto de la presente negociación, el cual se
entregará en las siguientes condiciones. Pisos: en obra gris. Paredes: friso
liso. Techos: friso texturizado pintado. Baños: Piezas sanitarias y cerámica en
piso y paredes. Puertas: Entrada principal con marco y Puerta metálica.
Puertas entamboradas de madera con marco metálico en habitaciones y
baños, Closet: Solo el espacio para los clóset (sin distribución interna ni
cerramiento). Ventanas: Marcos de aluminio con cristales.
QUINTA: Las partes contratantes convienen que el precio de venta es la
cantidad de BOLIVARES SEISCIENTOS VEINTICUATRO MIL CON
00/100 (Bs. 624.000,00 ) pagadero y en su totalidad en el momento de
protocolizar la firma del documento de compra-venta ante el Registro
Subalterno correspondiente.
SEXTA: El COMPRADOR entrega en este acto a LA PROPIETARIA la
cantidad de BOLIVARES CIENTO VEINTICUATRO MIL OCHOCIENTOS
CON 00/100 (Bs. 124.800,00) en calidad de arras, la cual se imputará al
precio del inmueble en el momento de la protocolización del respectivo
documento definitivo de compra-venta ante la Oficina de Registro
correspondiente. Los pagos deberán hacerse únicamente en cheques a nombre
de DESARROLLOS TAO INSULAR, C.A. y nunca emitir cheques a nombre
de terceras personas. La compañía propietaria no reconocerá pagos hechos de
manera diferente a lo aquí expresado.
SEPTIMA: La protocolización del documento definitivo de compraventa
tendrá lugar dentro de los noventa (90) días continuos siguientes, contados a
partir de la fecha de firma del presente Contrato, más Treinta (30) días
continuos de prórroga. La negociación objeto de este convenio deberá
realizarse dentro del citado termino de noventa (90) días, transcurrido el cual
LA PROPIETARIA queda libre de toda obligación para con EL
COMPRADOR pudiendo en consecuencia, disponer del inmueble y retener
para sí, en concepto de única indemnización contractualmente estipulada para
cubrir daños y perjuicios y cualquier otro concepto, el diez por ciento (10%)
del precio del inmueble, debiendo devolver a ésta todo el excedente que
pudiera haber a su favor luego de haber deducido la referida indemnización.
En este caso, LA PROPIETARIA devolverá ese dinero a El COMPRADOR
en un plazo no mayor de noventa (90) días continuos.
OCTAVA: Si una vez culminados todos los trámites a que se refiere la
precedente cláusula, LA PROPIETARIA desistiere de celebrar y protocolizar
el contrato definitivo de compraventa, quedará obligada a devolver a EL
COMPRADOR la totalidad de las cantidades de dinero que ésta haya para
entonces pagado conforme a la precedente cláusula SEXTA del presente
contrato, más un monto equivalente al quince por ciento (15%) del precio
estimado del inmueble. En concepto de única indemnización
contractualmente estipulada para cubrir daños y perjuicios y cualquier otro
concepto, dentro de un plazo de noventa (90) días calendario contados desde
el vencimiento del plazo estipulado en la referida cláusula SEPTIMA. Si por
el contrario, es EL COMPRADOR quien desiste de comprar, entonces LA
PROPIETARIA podrá retener para sí, en concepto de única indemnización

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contractualmente estipulada para cubrir daños y perjuicios y cualquier otro


Concepto, el quince por ciento (15%) del precio del inmueble, debiendo
devolver a ésta todo el excedente que pudiera haber a su favor luego de haber
deducido la referida indemnización. En este caso, LA PROPIETARIA
devolverá ese dinero a EL COMPRADOR, en un plazo NO Mayor de
noventa (90) días continuos.
NOVENA: Todos los gastos que ocasione la negociación a que se refiere este
documento, así como los correspondientes a la operación definitiva de
compraventa, si ésta llegare a efectuarse, tales como redacción de
documentos, derechos y gastos de Notaría, derechos y gastos de Registro y
cualesquiera otros que resulten indispensables para la formalización de los
negocios jurídicos a que el presente documento se refiere, serán por cuenta de
EL COMPRADOR.
DECIMA: Tanto la opción de compra a que se refiere el presente contrato,
como los derechos que del mismo se derivan, no podrán ser cedidos,
enajenados o negociados en cualquier forma por El COMPRADOR.
DECIMA PRIMERA: LA PROPIETARIA podrá rescindir unilateralmente el
presente contrato, sin que por ello incurra en responsabilidad alguna ni tenga
que indemnizar a EL COMPRADOR por ningún concepto, en los siguientes
casos: 1.Cuando los terrenos sobre los cuales se pretende construir el
Conjunto Residencial, o la construcción de la misma, sean objeto de
Expropiación por causa de Utilidad Pública conforme a la Ley. 2. Caso
fortuito o Fuerza Mayor que impida a LA PROPIETARIA concluir la
edificación del Conjunto Residencial, de modo tal que no pueda cumplir con
la futura compraventa y entrega definitiva del inmueble a que se refiere el
presente contrato. A estos efectos, se entenderá como Caso Fortuito o Fuerza
Mayor aquellas circunstancias que escapan del control de LA PROPIETARIA
por no ser previsibles ni evitables aún con la máxima prudencia y diligencia
del buen padre de familia, como son terremotos, desastres naturales o de otra
índole, cambios violentos en la situación política del país, Hecho del
Príncipe, crisis financiera o económica generalizada u otras circunstancias
Similares. En tales casos, la responsabilidad de LA PROPIETARIA se
limitará a la obligación de reintegrar a EL COMPRADOR el monto de las
cantidades de dinero que para entonces ésta haya entregado conforme a la
cláusula SEXTA del presente contrato, sin intereses y sin lugar a
indemnización alguna por ningún concepto.
DECIMA SEGUNDA: Como antes se dijo en el presente documento, el
Conjunto Residencial THAI, está concebido para ser desarrollado por etapas.
En consecuencia, quien adquiera una Unidad vendible en cualquiera de tales
etapas queda en cuenta y acepta que deberá tolerar las molestias que pueda
ocasionar la ejecución de los trabajos de construcción correspondientes a las
etapas subsiguientes, sin que en modo alguno pueda pretender entorpecer,
paralizar impedir la ejecución de tales trabajos. Por tanto, EL COMPRADOR
declara expresamente su conformidad con esta estipulación.
DECIMA TERCERA: Para toda comunicación o notificación que por causa
del presente contrato deban cursarse las partes, las cuales deberán hacerse
siempre por escrito, se establecen las siguientes direcciones: DE LA
PROPIETARIA: Av. R-8, Conjunto Residencial Thai, El Morro, Edo.
Anzoátegui. EL COMPRADOR: Paseo Caroní, Casa 44-A, No. 6, Sector
Caimito, Pto. Órdaz, Edo. Bolivar, Teléfonos: (…)
DECIMA CUARTA: EL COMPRADOR declara que garantiza el origen
lícito y la libre disponibilidad de los fondos con los cuales cubrirá todos los
aportes y pagos de cualquier naturaleza que deba hacer por causa del presente
contrato. Por tanto, exime de toda responsabilidad en ese sentido a LA
PROPIETARIA y a todos sus representantes, directivos, ejecutivos o personal
general.

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DECIMA QUINTA: Este contrato anula y sustituye cualquier otro que haya
sido firmado entre las partes arriba descritas, sobre el inmueble mencionado
en el presente documento. DECIMA SEXTA: Ambas partes fijan como
domicilio especial, a los efectos derivados del presente contrato la ciudad de
Lechería, a la jurisdicción de cuyos Tribunales declaran someterse. Se hacen
tres (3) ejemplares de un mismo tenor y un solo efecto, en Lechería, a la
fecha de su autenticación.”.

De la transcripción del contrato de compraventa objeto del presente litigo, resulta


pertinente precisar que el comprador de acuerdo a la cláusula Novena, el comprador corre con
todos los gastos de registro tales como redacción de documento, derechos y gastos de Notaría,
derechos y gastos de Registro y cualesquiera otros que resulten indispensables para la
formalización de los negocios jurídicos a que el presente documento. Asimismo, se evidencia
de la cláusula tercera que, “... Para toda comunicación o notificación que por causa del
presente contrato deban cursarse las partes, las cuales deberán hacerse siempre por escrito, se
establecen las siguientes direcciones: DE LA PROPIETARIA: Av. R-8, Conjunto Residencial
Thai, El Morro, Edo. Anzoátegui. EL COMPRADOR: Paseo Caroní, Casa 44-A, No. 6, Sector
Caimito, Pto. Órdaz, Edo. Bolivar, Teléfonos:(...).

Consta al folio 79 de la Pieza 1 / 3 del expediente consignación del cheque por el monto
de CUATROCIENTOS NOVENTA Y NUEVA MIL DOSCIENTOS TRES BOLIVARES CON
CERO CENTIMOS (Bs. 499.200,00), con el cual se hace la oferta de pago de la diferencia de
lo adeudado a fin de completar el monto total de la venta.

Consta en el folio 303 de la 1/3 pieza del expediente, copia del Libro de Notas
Marginales, Tomo 5, Primer Trimestre del año 2010, según el cual en fecha 05 de diciembre de
2012, fue presentado en el Registro Público del Municipio Diego Bautista Urbaneja del estado
Anzoátegui, los documentos referidos, al inmueble M-PH-4.

Consta en los folios 325 al 328 de la 1/3 pieza del expediente, correspondiente a escrito

suscrito por la abogada María Consuelo Cervantes Joló, apoderada del ciudadano Aldo José
Coa Marín, dirigida al Director General de Gestión del Sistema Nacional De Vivienda y
Habitad del Ministerio del Poder Popular para la Vivienda y Habitad, en la que se solicitó la
designación de las personas autorizadas para la protocolización del documento de compra
venta del inmueble, el cual expresa textualmente lo siguiente:

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“…Ciudadano
DIRECTOR GENERAL DE GESTION DEL SISTEMA NACIONA DE
VIVIENDA Y HABITAT DEL MINISTERIO DEL PODER POPULAR
PARA LA VIVIENDA Y HABITAT
Su Despacho.-
Yo, María del Consuelo Cervantes Joló, venezolana, mayor de edad, titular
de la Cédula de Identidad V-6.558.623, abogado en el ejercicio e inscrito en
el Inpreabogado bajo el No. 28.223, domiciliada en Barcelona, estado
Anzoátegui, correo electrónico [email protected],
actuando en mi carácter de apoderado de los ciudadanos LUCIANO
RAFAEL MARCANO AVILA, ALDO JOSE COA MARIN y
DEYANIRA SUJU TORRES, venezolanos, mayores de edad, titulares de
las Cédulas de Identidad V-2,799.535, V-12.652.222 y V-9.412.035, según
consta de instrumentos poderes que acompaño en copia con vista de original,
marcados “A”, “B”, y “C”, acudo ante Usted de conformidad con el artículo
2 de la Ley Orgánica de Procedimientos Administrativos, en concordancia
con el artículo 27 de Ley contra la Estafa Inmobiliaria, en los siguientes
términos:
ANTECEDENTES
Mis representados son OPTANTES DE COMPRA desde el año 2009, con
documentos ratificados el 06 de enero de 2011, 03 de febrero de 2011 y 25
agosto de 2009, respectivamente, de tres (3) apartamentos del Conjunto
Residencial THAI, ubicado en la Avenida R-8 de la zona de Apartamentos
de Condominio del Sector La Salina, Complejo Turístico El Morro,
jurisdicción del Municipio Diego Bautista Urbaneja del Estado Anzoátegui,
identificados como H-1-5, M-PH-4 y K-2-4, respectivamente, según puede:
constatarse de copias con vista de original y devolución, que anexo a la
Presente marcados con las letras “D”, “E” y “F”.
Ahora bien, el desarrollo habitacional Conjunto Residencial THAl que fuera
Construido por la empresa DESARROLLO TAO INSULAR, C.A., fue
Intervenido mediante medida de ocupación temporal de bienes en fecha 31 de
octubre de 2010, y la Junta Interventora designada por el INDEPABIS,
órgano rector que en ese momento dicto la medida temporal en referencia,
procedió a la culminación de la obra, actualización de la data de optantes y
protocolización definitiva de venta sobre los apartamentos con la
mayoría de los optantes que suscribieron sus opciones de compra venta
en ese Conjunto Residencial.
Ahora bien, en fecha 19 de agosto de 2011, mediante Resolución del
ciudadano Ministro del poder Popular para El Comercio No. 90, publicada en
la Gaceta Oficial No. 387.586 de fecha 22 de agosto de 2011,
específicamente en el artículo 2, se traspasó la tutela, administración y
operación de los desarrollos habitacionales objeto de medidas
preventivas de ocupación al Ministerio del Poder Popular para la
Vivienda y Hábitat, sin menoscabo de las medidas que sobre ellos recaen.
De tal manera que a partir de esa fecha, cualquier Junta Administradora que
hasta ese momento operaba bajo la tutela del Ministerio de Comercio, debía
ser ratificada por el Ministerio de Vivienda y Hábitat, lo cual no ocurrió con
la Junta que hasta ese momento operaba en el desarrollo habitacional in
comento.
Igualmente, en fecha 13 de octubre de 2011, publicado en la Gaceta Oficial
No. 388.689, este Ministerio, dictó la Resolución No. 162 de fecha 04 de
octubre de 2011, donde se dictaron las condiciones sobre las cuales van a
regir los participantes en el proceso de culminación de los desarrollos
habitacionales sobre los cuales el INDEPABIS haya dictado o dicte medidas
preventivas de ocupación, dentro de las cuales, se fijó la manera en que iba a
estar integrada las Junta Administradoras de estos desarrollos.

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A partir de entonces, se suspendieron las protocolizaciones de los


documentos de propiedad de los optantes del desarrollo habitacional por
perder facultades la Junta Administradora Temporal designada por el
INDEPABIS, quedando pendientes las protocolizaciones de los
apartamentos de mis representados.
LOS HECHOS
Mis representados son titulares de los derechos de propiedad de los
apartamentos identificados como H-1-5, M-PH-4 y K-2-4, respectivamente,
tal como se puede demostrar de la copia de los documentos de opción a
compra y del documento de condominio donde se demuestra que no se ha
protocolizado ningún otro documento de propiedad a partir que el Ministerio
Vivienda y Hábitat tomó la rectoría de las intervenciones del INDEPABIS.
Es un hecho igualmente que la empresa DESARROLLO TAO INSULAR,
C.A., ha desaparecido de la zona sin tener conocimiento del destino de
sus representantes, por lo que mis representados se encuentran en un estado
de indefensión sobre el destino de la propiedad de sus apartamentos que
en la actualidad ocupan y los representantes de la comunidad de la Junta
anterior del INDEPABIS, están conscientes de los derechos que les asisten.
CONCLUSIONES
En anterior a los anteriores (sic) planteamientos, es que solicito a este órgano
Superior de vivienda que siendo como es su competencia la facultad de
protocolizar los documentos de propiedad de los inmuebles de mis
representados que fueron objeto de medidas preventivas dictadas por el
INDEPABIS, a los fines de garantizar a éstos el derecho a una vivienda
digna, así como es su obligación asegurar la satisfacción del derecho
constitucional a la vivienda, protegiendo así a quienes compraron sus
apartamentos pertenecientes al proyecto de la empresa DESARROLLOS
TAO INSULAR, C.A., quien incumplió con mis representadnos, solicito que
se designe a las personas autorizadas para la protocolización de los
apartamentos de mis representados identificados como H-1-5, M-PH-4 y
K-2-4, a los fines de garantizar, tal como lo expresé, el derecho constitucional
a una vivienda digna por estar amparados mis representados por la Ley contra
la Estafa Inmobiliaria y la Constitución de la República Bolivariana de
Venezuela.

Consta en los folios 358 y 359 de la pieza 1/3 del expediente el informe solicitado al
Registro Inmobiliario del Municipio Lic. Diego Bautista Urbaneja del estado Anzoátegui, para
que se sirva indicar si en los Libros de Notas Marginales, en el Tomo 5 del Primer Trimestre
del año 2010, cursa una nota de fecha 5 de diciembre de 2012, en la cual se presentó para venta
los documentos del apartamentos M-PH-4, la cual señala, que se encuentra estampada una nota
de fecha 05/12/2012 en la cual se dejó constancia de la revisión de varios apartamentos
incluyendo el M-PH-4. Así como también en dicho Tomo se encuentra una nota marginal la

cual expresa textualmente lo siguiente: "Por documento registrado hoy 28/07/2017, bajo el
Número 2017.449, AR1, Matricula 250.2.17.2.6415, Folio Real 2017. Desarrollo Tao Insular,
C.A... vende a Inversiones Inmobiliarias Brisas de Alisios, C.A., el apartamento N" M-PH- 4.

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Ubicado en el Piso PH, del Conjunto Residencial Thai al cual le corresponde los puestos de
estacionamiento N° 715 y 716".

Consta en los folios 162 y 191 de la pieza 1/3 del expediente, copia del aviso de prensa
de fecha 23 de agosto de 2011, publicado en el diario "El Tiempo", de la ciudad de Puerto La
Cruz, por parte de la empresa Desarrollos Tao Insular C.A, contentivo de la notificación
realizada a los futuros adquirentes del Conjunto Residencial THAI, que el plazo para reiniciar
las protocolizaciones de los documentos definitivos de compra-venta era desde el 1 de julio
de2011 hasta el día 1 de octubre de año 2011.

En este sentido, resulta pertinente precisar el tipo de contrato objeto de la presente


controversia, es decir, se está ante una contrato de compra venta o de opción de compra venta,
en razón de lo cual se procede a precisar el criterio de esta Sala a través del pasaje
jurisprudencial siguiente:

Según la jurisprudencia de esta Sala de Casación Civil, la cual que el


criterio imperante en la actualidad procedente de la decisión N° 116 de esta
Sala de Casación Civil, de fecha 22 de marzo del año 2013, en la que se
retomó el criterio respecto a que el contrato de opción de compra venta debe
equipararse a la venta pura y simple, siempre que exista consentimiento de los

contratantes y se cumplan los requisitos de precio y objeto, no era la posición


doctrinal que tenía esa Sala de Casación Civil en relación con el contrato de
opción de compra venta, para la fecha de interposición de la demanda y su
reforma.

En ese sentido y atención al vicio delatado, esta Sala, en sus


sentencias 1) N° RC-420, de fecha 29 de julio de 2013, caso: Irais Dugarte de
Yánez contra Norvis Alberto López Palencia, 2) N° RC-421, de fecha 15 de
julio de 2015, caso: Santuario de Coromoto de El Pinar contra Bella Monique,
C.A.; 3) De fecha 7 de diciembre de 2016, caso: José Emilio Arias Serrano,
contra los ciudadanos Ángel Arcadio Acevedo, Elodia de Acevedo y Osman

Acevedo; 4) N° RC-689, de fecha 8 de noviembre de 2017, expediente N°

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2017-399, caso: Alexandra Escalona Riera contra Zoraida Maithe Márquez de


Mottola y otro; y 5) N° RC-757, de fecha 23 de noviembre de 2017, caso:
Fundación Rusa para la Construcción de Vivienda (FRCV) contra La
Internacional de Seguros S.A., las cuales se reiteran en esta oportunidad,
estableció, lo siguiente:

-I-
“…Sobre la manera adecuada en que deben formularse las
denuncias de indefensión o violación del derecho a la defensa,
esta Sala en sentencia N° RC-000067 de fecha 11 de marzo de
2010, caso: Nellys del Carmen Zerpa Salazar contra Francesco
Melillo y otro, exp. N° 09-363, reiterando decisión de esta
Sala, Nº RC- 001038 de fecha 8 de septiembre de 2004, caso:
Luís Ramón Rada Arencibia contra Eleonora Ducharne, exp. N°
04-354, estableció lo siguiente:
‘…En este orden de ideas, la Sala en uso de su facultad
pedagógica, considera oportuno señalar la técnica adecuada para
la correcta formalización de las denuncias que versen sobre una
invocada indefensión o menoscabo del derecho de defensa,
establecida por esta Máxima Jurisdicción mediante
jurisprudencia, pacífica, reiterada e inveterada, entre otras, en
decisión N° 687, de fecha 27 de julio de 2004, Exp. N° 2003-
00897, en el caso de Elmano Isidro Ferreira contra Haydee
Baptista Bonachera, y otros, estableció:
‘...En cuanto a la denuncia aislada del artículo 15 del Código
Adjetivo Civil, la Sala ha señalado que ello es inadmisible; en
tal sentido se permite transcribir decisión de fecha 13 de abril
de 2000, Exp. 91-719, sentencia N° 107, en el caso de Antonio
Reyes Andrade y otros contra Livia Escalona de Ayala, en la
cual se dijo:
‘...Si bien es cierto que la nueva Constitución tiende a
flexibilizar los rígidos y doctrinarios formalismos; sin embargo
esa flexibilidad no puede implicar el abandono total de una
correcta técnica en el planteamiento de las denuncias, mantenida
en forma reiterada y pacífica por los cánones procesales que
rigen el instituto de la casación, devenida de su propia
naturaleza de revisión de derecho.
Al respecto, en sentencia del 11 de noviembre de 1993, esta Sala
expresó:
‘Una correcta técnica de denuncias de infracción basadas en
indefensión o menoscabo del derecho de defensa y apoyadas
en el respectivo supuesto del Ordinal (sic) 1° del artículo 313
del Código de Procedimiento Civil, implica necesariamente lo
siguiente:
a) Explicación de cuál ha sido la forma quebrantada u
omitida y si lo ha sido por el Juez de la causa o el de la
alzada.
b) Indicar cómo, con tal quebrantamiento u omisión de las
formas sustanciales de los actos, se lesionó el derecho de la
defensa o el orden público, según el caso, o ambos.

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c) Si el quebrantamiento u omisión de las formas que


menoscabó el derecho de defensa o lesionó el orden público,
lo ha sido por el Juez de la causa, y si considera procedente
la reposición de la misma, denunciar la infracción del
artículo 208 de la Ley Procesal, la norma expresa contenida
en la disposición general del artículo 15 del Código de
Procedimiento Civil y los particulares que acarrean el
menoscabo del derecho de defensa, o los que establecen el
orden público, las cuales resultan las realmente infringidas
por la recurrida, al no decretarse en ella la nulidad o la
reposición cuando la omisión o quebrantamiento de las
normas que menoscaban el derecho de defensa o el orden
público, lo lesiona el Tribunal de la causa.
d) Si el quebrantamiento u omisión de las formas que
menoscabó el derecho de defensa o lesionó el orden público
lo ha sido por el Tribunal de la alzada, además de la
infracción de la norma contenida en el artículo 15 del Código
de Procedimiento Civil, deben denunciarse como infringidas
las disposiciones referentes al quebrantamiento u omisión de
las formas que menoscaban el derecho de defensa o las que
establecen el orden público que ha sido lesionado por el
propio Juez de la recurrida.
e) La explicación a la Sala que con respecto a dichos
quebrantamientos u omisiones de formas o lesiones al orden
público, se agotaron todos los recursos…”. (Subrayado de la
Sala).
-II-
“…Ahora bien, en el presente caso esta Sala ha evidenciado de
la lectura del fallo recurrido, una infracción de orden
público en su formación, por la aplicación por parte de la
recurrida de un criterio jurisprudencial de forma indebida, pues
aplicó al caso un criterio jurisprudencial no vigente y posterior
a la fecha en que se presentó la demanda, y al respecto es
necesario puntualizar, que ha sido criterio reiterado de esta Sala
de Casación Civil, que al aplicarse un criterio jurisprudencial no
vigente de forma retroactiva, se incurre en el menoscabo del
debido proceso y el derecho a la defensa, por un palmario
desequilibrio procesal al no mantener a las partes en igualdad de
condiciones ante la ley, lo que deriva en una clara indefensión
de los sujetos procesales, con la violación de los principios de
expectativa plausible, confianza legitima, seguridad jurídica y
estabilidad de criterio, en detrimento de una tutela judicial
efectiva, vicios de orden público, que de ser detectados deben
ser obligatoriamente declarados de oficio, sin menoscabo a que
el afectado los denuncie en casación al amparo del ordinal 1º
del artículo 313 del Código de Procedimiento Civil, por la
violación de los artículos 12 y 15 eiusdem, y artículos 2, 26, 49
ordinal 1° y 257 de la Constitución de la República Bolivariana
de Venezuela. (Cfr. Fallos de esta Sala N° RC-782, de fecha 19
de noviembre de 2008, expediente N° 2008-151; N° RC-147, de
fecha 26 de marzo de 2009, expediente N° 2008-598; N° RC-
816, de fecha 11 de diciembre de 2015, expediente N° 2015-429;
y N° RC-577, de fecha 6 de octubre de 2016, expediente N°
2016-302, este ultimo bajo la ponencia del Magistrado que
suscribe la presente decisión).’

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Con base a la anterior doctrina, se observa que la recurrente, en


su exposición, plantea que se le causó indefensión a su
mandante ya que “…la juez de alzada en reenvío aplicó un
criterio que no estaba vigente para el momento en que se
introdujo la demanda de autos…’.

En ese sentido, esta Sala en su fallo N° RC-089, de fecha 12 de


abril de 2005, expediente N° 2003-671, caso: Mario Castillejo
Muellas contra Juan Morales Fuentealba; en cuanto a la tutela
judicial efectiva, dejó establecido lo siguiente:
‘(…) el constituyente de 1999 acorde con las tendencias de otros
países consagró el derecho a una justicia, accesible, imparcial,
oportuna, autónoma e independiente, y estos aspectos integran
la definición de la tutela judicial efectiva por parte de la
Convención Americana Sobre Derechos Humanos (Pacto de San
José), cuyo artículo 8 dispone que el derecho de acceso a los
órganos de justicia consiste en “...la determinación de sus
derechos y obligaciones de orden civil, laboral, fiscal o de
cualquier otro carácter...”. Es decir, la tutela judicial efectiva
comprende, no sólo el acceso a una vía judicial idónea para la
resolución de los conflictos surgidos entre los ciudadanos a
través de la aplicación objetiva del derecho mediante una
sentencia justa, sino también la garantía de que gozan las partes
para ejercer oportunamente los medios recursivos contra las
providencias jurisdiccionales, a fin de que puedan ser revisadas
en un segundo grado de la jurisdicción…’. (Negrillas y
subrayado de la Sala).

De igual forma, es doctrina de esta Sala, que el quebrantamiento de las

formas procesales en menoscabo del derecho de defensa, constituye materia


de orden público, el cual acontece sólo “…por actos del tribunal, es decir,
atribuible al juez al conculcar de forma flagrante el ejercicio a uno de los
justiciables, esto es, imposibilitar formular alegatos o defensas, de promover o
evacuar pruebas, o de recurrir la sentencia que considere le causa un
gravamen en los términos previstos en la ley.”. (Cfr. Fallos N° 015, de fecha
14 de febrero de 2013, expediente N° 2012-525, caso: Seguros Pirámide, C.A.
contra Instaelectric Servicios, C.A. y otros; N° 857, de fecha 9 de diciembre de
2014, expediente N° 2014-535, caso: Luis Antonio Palmar González y otros
contra Asociación Cooperativa de Transporte Expresos Maicao (ACOOTEMA)
RL.; N° 488, de fecha 8 de agosto de 2016, expediente N° 2016-099, caso:

Inversiones 747, C.A. contra Comercial Roliz Barquisimeto, S.R.L. y otra, en


el que intervino con el carácter de tercera opositora Inversora Toleca, C.A., y

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N° 007, de fecha 31 de enero de 2017, expediente N° 2016-515, caso: Olga


Aguado Durand contra Ricardo Antonio Rojas Núñez, (.)

Así las cosas, esta Sala estima necesario reseñar el criterio establecido
por esta Sala en sentencia N° RC-217, de fecha 30 de abril de 2002, expediente
N° 2000-894, caso: Domingo Valladares, contra los ciudadanos Félix Juvenal
Freites Millán y Mirna Rosa Guilarte de Freites, que dispuso lo siguiente:

“(…) se puede concluir que el contrato que originó el juicio es


de compra-venta, y no de opción de compra, tal como concluyó
el juzgador de alzada, pues aún cuando presente la apariencia de
un contrato de opción de compra, la naturaleza de la convención
objeto del presente juicio no es tal, pues hubo un acuerdo de
voluntades entre el vendedor de entregar el inmueble vendido, y
el comprador de entregar el precio pactado; es decir, se verificó
la venta por el cruce de voluntades o consentimiento…”.

Por su parte esta Sala en decisiones N° RC-358, de fecha 9 de julio de


2009, expediente N° 2009-051, caso: Ada Preste de Suárez y otro contra
Desarrollos 20699, C.A.; N° RC-460, de fecha 27 de octubre de 2010,
expediente N° 2010-131, caso: Tomcar, C.A. Almacén, contra la Sucesión
Amleto Antonio Capuzzi Di Prinzio y otros; y N° RC-198, de fecha 12 de

mayo de 2011, expediente N° 2010-190, caso: Luís Francisco Rodríguez


Martínez y otra contra Rosalba Peña, dispuso lo siguiente:

“(…) Los contratos de promesa bilateral de compraventa son


contratos preparatorios o preliminares, en el sentido de que sólo
producen el efecto de obligar a las partes a celebrar entre sí un
futuro contrato.
Éstos deben contener los elementos esenciales del ulterior
contrato, de manera que en él debe constar la perfecta y clara
voluntad de las partes de prestar en el futuro el consentimiento
para la compraventa, sin que ello signifique la consumación del
contrato definitivo.
Asimismo, estos contratos son en la actualidad de gran utilidad
para los ciudadanos y su uso ha sido muy frecuente para la
adquisición de bienes inmuebles, ya que para comprar un
inmueble se requiere el cumplimiento de ciertas formalidades
previas, como por ejemplo, la solvencia de impuestos
municipales, presentación del comprobante de vivienda
principal, impuesto sobre inmuebles urbanos, certificación de
gravámenes, entre otros, necesarios para la celebración del

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contrato definitivo; y la utilización de tales contratos ha sido de


gran provecho especialmente cuando se solicita un préstamo a
un Banco o Institución Financiera para la compra del inmueble.
Dentro de las características de los contratos preparatorios
podemos mencionar las siguientes:
Es un precontrato, ya que prepara la celebración de otro
contrato.
Es autónomo, ya que cada uno de los contratantes tiene el
derecho de exigir que el otro se preste a la estipulación del
contrato definitivo.
Es principal, ya que subsiste con independencia del contrato
futuro.
Produce efectos personales, ya que no es traslativo ni
constitutivo de derechos reales, sino que por el contrario
engendra una obligación de hacer, es decir, prestarse para la
celebración de un futuro contrato.
Pueden ser bilaterales o unilaterales, según se obliguen ambas
partes o una sola a celebrar el contrato prometido. (José Mejía
Altamirano. Contratos Civiles. Teoría y práctica. p. 195)
De manera que el contrato que se examina, consignado como
documento fundamental de la demanda, es un contrato de
promesa bilateral de compraventa, cuya naturaleza es la de un
contrato preparatorio, pues constituye un acuerdo de
voluntades en el cual ambas partes contratantes se
comprometen a celebrar el contrato futuro, en este caso
el contrato de compraventa propiamente dicho.
En consecuencia, el juez de la recurrida, tal y como lo denunció
el formalizante, incurrió en el primer caso de suposición falsa al
calificar el contrato como un ‘contrato unilateral de promesa de
venta’, desnaturalizando su contenido y apartándose de esta
manera de la intención de los contratantes, cuando lo cierto es
que se trata de un ‘contrato de promesa bilateral de
compraventa’, ya que, repetimos, se pactaron obligaciones
recíprocas, en las cuales una parte se obligaba a vender y la otra
a comprar, previo el cumplimiento de ciertas condiciones.
Por las anteriores consideraciones, esta Sala de Casación Civil
declara con lugar la presente denuncia de falso supuesto por
desviación ideológica o intelectual en la interpretación del
contrato. Así se establece.
-II-
‘…Aunado a lo anteriormente expuesto, la Sala ha sido clara y
precisa al establecer: ‘…Los contratos de promesa bilateral de
compra-venta no constituyen una venta, ya que son contratos
preparatorios o preliminares, que preparan la celebración de
otro contrato, y en cuyas cláusulas se identifican las personas
intervinientes ya sean naturales o jurídicas, el bien o bienes
objetos del mismo, la duración de éste, el precio del o los
bienes, la cantidad de dinero que en calidad de arras o como
garantía de cumplimiento de las estipulaciones contenidas en
ese contrato entrega el opcionado o comprador al opcionante o
vendedor y, la denominada ‘Cláusula Penal’ en caso de
incumplimiento de las obligaciones establecidas en el
contrato…’ (Sentencia N° 460, de fecha 27 de octubre de 2010,
Caso: Tomcar, C.A. Almacén contra Sucesión Amleto Antonio
Capuzzi Di Prinzio, Expediente: 10-131)…” (Destacado de la
Sala).

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Ahora bien, observa esta Sala que con relación al criterio mediante el
cual se considera que los contratos de promesa de opción de compra-venta son
verdaderos contratos de venta, fue retomado en sentencia N° RC-116 de fecha
22 de marzo de 2013, expediente N° 2012-274, caso: Diego Argüello Lastres
contra María Isabel Gómez del Rio, que dejó establecido lo siguiente:

“(…) Sobre el punto de si el contrato de opción de compra-venta


puede estimarse una venta, la jurisprudencia de esta Sala ha
sostenido el criterio según el cual, efectivamente, si están
presentes los elementos de consentimiento, objeto y precio debe
considerarse una verdadera venta, así se colige de sentencia N°
116 del 12/4/05, expediente N° 04-109 en el juicio de Ana
Morela Serrano Iriarte y otro contra Trina Cecilia Ruiz Velutini,
donde se estableció:
‘…De la trascripción antes realizada, la Sala observa que el juez
de alzada consideró que las partes al suscribir el contrato de
opción de compra venta, realizaron una verdadera venta, al
darse los dos elementos esenciales objeto y precio del cual se
dio un anticipo, y la tradición había quedado diferida para el
pago del saldo del precio, al momento de obtenerse el crédito
por los accionantes, y el cumplimiento por la demandada
vendedora de la transferencia de la propiedad del inmueble en
forma registral.
Asimismo, observa la Sala, que el juez superior, contrariamente
a lo denunciado, realizó una acertada interpretación del artículo
1.167 del Código Civil, pues en la misma el juzgador señaló la
existencia de un contrato de opción de compra-venta y un
documento privado celebrado entre las partes, en el cual quien
lo incumplió fue la demandada, estando perfectamente
facultados los actores para solicitar el cumplimiento del
contrato, situación fáctica que forma parte del supuesto de
hecho de la referida norma, que es precisamente lo planteado en
el juicio…’.
El criterio reseñado fue abandonado en sentencias recientes en
las que se estableció lo contrario, vale decir, que no deben
considerarse los contratos de opción de compra venta una
verdadera venta, sino contratos preparatorios aun cuando
llenen los requisitos de consentimiento, objeto y precio, así se
plasmó en las decisiones N°. 358 de fecha 9/7/09, caso Ada
Preste contra Desarrollos 20699, C:A, N°. 460 del 27/10/10,
caso Tomar contra sucesión Capuzzi y N°. 198 del 12/5/11,
caso Luís Francisco Rodríguez contra Rosalba Peña.
Ahora bien, luego de realizar un estudio profundo y
documentado sobre el asunto, esta Máxima Jurisdicción Civil,
estimó pertinente retomar el criterio inveterado que se había
abandonado y, por vía de consecuencia establecer que el mismo
debe equipararse a la venta pura y simple, tomando en
consideración que se produzca el cruce de consentimientos en
los contratantes y siempre y cuando se encuentren presentes,

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claramente, en dicho contrato de opción de compra venta los


requisitos del objeto y precio.
Advierte la Sala que el sub iudice, se encuentra efectivamente
en la situación tal y como la establecía la jurisprudencia que se
retoma y que, se repite, consideró que cuando en un contrato de
opción de compra-venta se encontraran presentes los elementos
de consentimiento, precio y objeto, ello equivaldría a un
contrato de venta, razón por la que debe valorarse el contrato de
opción de compra venta en análisis, como una verdadera venta.
Considera la Sala, que en el caso bajo estudio debió ser aplicado
desde el inicio el criterio pacífico y reiterado, que consideraba
la promesa bilateral de venta como venta, pues la presente
demanda fue presentada el 4 de agosto de 2006, y admitida el 5
de octubre de 2006, folio 22 de la primera pieza del expediente.
Quiere esto decir, que cuando el accionante demandó, estaba
vigente el citado criterio de la Sala de Casación Civil. De esta
forma, no podía aplicársele al caso bajo estudio el cambio
jurisprudencial establecido en sentencia N°. 358 de fecha
9/7/09, caso Ada Preste contra Desarrollos 20699, C.A., pues no
puede exigírsele al demandante que adecúe su pretensión
procesal a un criterio futuro, que todavía no había sido
establecido. Más bien la demanda fue cónsona con la doctrina
vigente para ese momento. Por tal motivo, considera la Sala que
al abandonarse el criterio del 9 de julio de 2009 para este caso
concreto, no lesiona los intereses de los sujetos procesales ni la
expectativa plausible, pues siempre sería aplicable al caso bajo
estudio, la interpretación doctrinaria de la Sala anterior y que
ahora se retoma.
Con base a los razonamientos expuestos y a la jurisprudencia
señalada, es concluyente afirmar que en el caso bajo decisión, el
ad quem negó esa posibilidad, expresando que el controvertido
era sólo un contrato preparatorio de opción de compra-venta,
razón por la que infringió el artículo 1.474 del Código Civil por
falta de aplicación, por lo que se declara procedente esta parte
de la denuncia. Así se decide…”. (Destacado de la Sala)

De igual forma esta Sala en su sentencia N° RC-820, de fecha 11 de


diciembre de 2015, expediente N° 2015-492, caso: Mk Ingeniería, C.A., contra
Inversiones Ruju, C.A., dispuso lo siguiente:

“(…) Sobre el punto de si el contrato de opción de compra-venta


puede estimarse una venta, la jurisprudencia de esta Sala ha
sostenido el criterio según el cual, efectivamente, si están
presentes los elementos de consentimiento, objeto y precio debe
considerarse una verdadera venta, así se colige de sentencia N°
116 del 12/4/05, expediente N°04-109 en el juicio de Ana
Morela Serrano Iriarte y otro contra Trina Cecilia Ruiz Velutini,
donde se estableció:
‘…De la trascripción antes realizada, la Sala observa que el juez
de alzada consideró que las partes al suscribir el contrato de
opción de compra venta, realizaron una verdadera venta, al
darse los dos elementos esenciales objeto y precio del cual se
dio un anticipo, y la tradición había quedado diferida para el

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pago del saldo del precio, al momento de obtenerse el crédito


por los accionantes, y el cumplimiento por la demandada
vendedora de la transferencia de la propiedad del inmueble en
forma registral.
Asimismo, observa la Sala, que el juez superior, contrariamente
a lo denunciado, realizó una acertada interpretación del artículo
1.167 del Código Civil, pues en la misma el juzgador señaló la
existencia de un contrato de opción de compra-venta y un
documento privado celebrado entre las partes, en el cual quien
lo incumplió fue la demandada, estando perfectamente
facultados los actores para solicitar el cumplimiento del
contrato, situación fáctica que forma parte del supuesto de
hecho de la referida norma, que es precisamente lo planteado en
el juicio…’.
El criterio reseñado fue abandonado en sentencias recientes
en las que se estableció lo contrario, vale decir, que no deben
considerarse los contratos de opción de compra venta una
verdadera venta, sino contratos preparatorios aun cuando
llenen los requisitos de consentimiento, objeto y precio, así se
plasmó en las decisiones N°. 358 de fecha 9/7/09, caso Ada
Preste contra Desarrollos 20699, C.A., N°. 460 del 27/10/10,
caso Tomcar contra sucesión Capuzzi y N°. 198 del 12/5/11,
caso Luís Francisco Rodríguez contra Rosalba Peña…”.
(Destacados de la Sala).-

Por último, también cabe señalar sentencia de la Sala Constitucional de


este Tribunal Supremo de Justicia, N° 878, de fecha 20 de julio de 2015,
expediente N° 2014-0662, caso: Panadería La Cesta De Los Panes, C.A., en
revisión constitucional, en la cual ante la controversia que se ha generado

respecto de la naturaleza del contrato de opción a compra venta, determinó lo


siguiente:

“(…) En este sentido, cuando la Sala de Casación Civil asimila


los contratos preliminares de compraventa o promesas
bilaterales de compraventa con el contrato definitivo, desconoce
lo relativo a la formación progresiva del contrato, negándoles su
autonomía conceptual, contrariando el propósito buscado por las
partes al celebrar dichos contratos, violentando así el principio
de la autonomía contractual, al considerar que la promesa
bilateral de compraventa equivale a la venta definitiva porque el
inmueble y el precio establecidos en el contrato preliminar se
encuentran determinados, como si en Venezuela existiera un
artículo similar al artículo 1.589 del Código Napoleónico de
1804, que introdujo la norma que equiparaba la promesa de
venta con la venta definitiva.
Asimismo, tampoco se comparte la consideración según la cual
se considera que como contrapartida del sacrificio que hace el
promitente (oferente) de mantener la irrevocabilidad de la oferta
por un tiempo, en contraprestación de un premio (el precio) de
la opción, se está en presencia de un contrato bilateral y

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sinalagmático, lo cual tiene efecto en relación a las


solemnidades y pruebas. El hecho de que exista un premio
(valor de la oportunidad) para el promitente, no significa que se
trate de un contrato bilateral, sino que sigue siendo unilateral ya
que las obligaciones del promitente y el beneficiario no son
recíprocas o correspectivas, pasando únicamente a ser
sinalagmático el contrato cuando el premio de la opción resulte
muy elevado en relación al precio acordado. Ante esto se deben
tomar en cuenta los elementos esenciales y accesorios del
contrato para poder determinar cuándo se perfecciona el mismo.
(…omissis…)
El contrato de opción aunque es firme, es un contrato que puede
conducir, pero no necesariamente, a la conclusión de un contrato
ya sea de venta, permuta, arrendamiento o cualquier otro
nominado o innominado, por cuanto tiende a la formación del
contrato, que puede formarse o no (contrato eventual), de
ejercerse la opción.
En razón de lo anterior, es que todo juez de la República, debe
revisar y observar de forma individualizada los elementos,
términos, características y condiciones establecidas en cada uno
de los contratos sometidos a su conocimiento, a los fines de
determinar su naturaleza, independientemente de la
denominación que se le haya dado al mismo por las partes, y
notar si se trata de un contrato preliminar, una promesa u otro
tipo de contrato, para establecer los efectos y consecuencias
debidas del contrato realmente suscrito, de conformidad como lo
señala el artículo 12 del Código de Procedimiento Civil.
Esta Sala Constitucional ordena remitir copia certificada del
presente fallo a todos los presidentes de los distintos circuitos
judiciales del país para que se haga extensivo su conocimiento
en todos los tribunales de la República y su publicación en la
página web del Tribunal Supremo de Justicia. Así se decide.”

De los fallos parcialmente transcritos se observa el cambio de criterio


que ha venido llevándose a cabo por esta Sala de Casación Civil respecto a los
contratos de opción de compra venta, referidos por un lado al criterio de esta
Sala de Casación Civil, plasmado en sus fallos N° RC-358, de fecha 9 de julio
de 2009, expediente N° 2009-051, caso: Ada Preste de Suárez y otro, contra
Desarrollos 20699, C.A., N° RC-460, de fecha 27 de octubre de 2010,
expediente N° 2010-131, caso: Tomcar, C.A. Almacén, contra la Sucesión
Amleto Antonio Capuzzi Di Prinzio y otros, y N° RC-198, de fecha 12 de mayo

de 2011, expediente N° 2010-190, caso: Luís Francisco Rodríguez Martínez y


otra contra Rosalba Peña, que dispuso que “…los contratos de promesa
bilateral de compra-venta no constituyen una venta, ya que son contratos
preparatorios o preliminares…”, criterio este, que se mantuvo vigente hasta
la sentencia N° RC-116, de fecha 22 de marzo de 2013, expediente N° 2012-

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274, caso: Diego Argüello Lastres contra María Isabel Gómez del Rio, cuando
se retomó el criterio de que los contratos de promesa de opción de compra-
venta son verdaderos contratos de venta.
Asimismo, del criterio antes transcrito fijado por la Sala Constitucional

en fecha 20 de julio de 2015, se desprende, que: “…todo juez de la República


al revisar y observar de forma individualizada los elementos, términos,
características y condiciones establecidas en cada uno de los contratos
sometidos a su conocimiento, a los fines de determinar su naturaleza,
independientemente de la denominación que se le haya dado al mismo por las
partes, y notar si se trata de un contrato preliminar, una promesa u otro tipo
de contrato, para establecer los efectos y consecuencias debidas del contrato
realmente suscrito, de conformidad como lo señala el artículo 12 del Código
de Procedimiento Civil…”

Luego de esta análisis jurisprudencial aplicado al caso de autos, se puede evidencia que
del contrato objeto de la presente controversia se precisa que el mismo cumple con los
requisitos de sujeto, objeto y consentimientos de las partes, para la suscripción del mismo
razón por la cual esta Sala Civilñ determina que estamos ante la demanda por cumplimiento de
un contrato de compra venta.

En este orden de ideas se aprecian que quedan establecidos los siguientes hechos:
-Que el precio de la venta es de BOLIVARES SEISCIENTOS VEINTICUATRO MIL
CON 00/100 (Bs. 624.000,00 ), que el comprador entregaba en el mismo acto de suscripción

del contrato la cantidad de de BOLIVARES CIENTO VEINTICUATRO MIL


OCHOCIENTOS CON 00/100 (Bs. 124.800,00) y que la pago total seria en el momento de la
protocolización del respectivo documento definitivo de compra-venta ante la Oficina de
Registro correspondiente, según lo pactado en la cláusula Quinta y Sexta, y lo cual no fueron
hechos controvertidos por las partes en el proceso y las cuales expresan lo siguiente:
“…QUINTA: Las partes contratantes convienen que el precio de venta es la
cantidad de BOLIVARES SEISCIENTOS VEINTICUATRO MIL CON
00/100 (Bs. 624.000,00 ) pagadero y en su totalidad en el momento de
protocolizar la firma del documento de compra-venta ante el Registro
Subalterno correspondiente.
SEXTA: El COMPRADOR entrega en este acto a LA PROPIETARIA la
cantidad de BOLIVARES CIENTO VEINTICUATRO MIL OCHOCIENTOS
CON 00/100 (Bs. 124.800,00) en calidad de arras, la cual se imputará al

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precio del inmueble en el momento de la protocolización del respectivo


documento definitivo de compra-venta ante la Oficina de Registro
correspondiente. Los pagos deberán hacerse únicamente en cheques a nombre
de DESARROLLOS TAO INSULAR, C.A. y nunca emitir cheques a nombre
de terceras personas. La compañía propietaria no reconocerá pagos hechos de
manera diferente a lo aquí expresado…”

En este mismo orden, quedo establecido que el demandante llevo al registro el


respectivo documento para la protocolización según se desprende del informe que consta en los
folios 325 al 328 de la 1/3 pieza del expediente, y del cual se desprende el correspondiente
escrito fue suscrito por la abogada María Consuelo Cervantes Joló, apoderada del ciudadano
Aldo José Coa Marín, dirigida al Director General de Gestión del Sistema Nacional De
Vivienda y Habitad del Ministerio del Poder Popular para la Vivienda y Habitad, y cuya prueba
no fue impugnada por la parte demandada.

Asimismo, se evidenció con el citado informe supra indicado, que el demandante le dio

cumplimiento a la clausula Novena referida a los gastos de protocolización y Registro, de


acuerdo con el informe supra mencionado, la cual textualmente expresa:
“…NOVENA: Todos los gastos que ocasione la negociación a que se refiere
este documento, así como los correspondientes a la operación definitiva de
compraventa, si ésta llegare a efectuarse, tales como redacción de
documentos, derechos y gastos de Notaría, derechos y gastos de Registro y
cualesquiera otros que resulten indispensables para la formalización de los
negocios jurídicos a que el presente documento se refiere, serán por cuenta de
EL COMPRADOR…”.

De ellos se evidencia que el juez de alzada incurre en error en la desviación ideológica


del contrato pues establece que si bien lo llevo el comparador (actor), este incumplió el
contrato, cuando el propio contrato en la cláusula Novena expresamente indica que es
obligación del comprador y fue este el que lo llevo al registro correspondiente.

Asimismo se evidencia el yerro del ad quem cuando expresa que la demandada cumplió
cuando notifico vía prensa para la protocolización cuando la cláusula Decima Tercera expresa:
“…DECIMA TERCERA: Para toda comunicación o notificación que por
causa del presente contrato deban cursarse las partes, las cuales deberán
hacerse siempre por escrito, se establecen las siguientes direcciones: DE LA
PROPIETARIA: Av. R-8, Conjunto Residencial Thai, El Morro, Edo.
Anzoátegui. EL COMPRADOR: Paseo Caroní, Casa 44-A, No. 6, Sector
Caimito, Pto. Órdaz, Edo. Bolivar, Teléfonos: (…)…”

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En este aspecto se vuelve a evidenciar la desviación ideológica en la que incurre el juez


de alzada en el análisis de las clausulas del contrato y el cumplimiento de las obligaciones por
las partes contratantes, pues la notificación debían hacerse vía personal y en las direcciones
indicadas en la citada cláusula.
Ahora bien, resulta pertinente pasar a analizar el contenido del artículo 1.488 del
Código Civil:

“Artículo 1.488: El vendedor cumple con la obligación de hacer la tradición


de los inmuebles con el otorgamiento del instrumento de propiedad.”

Asimismo, la Sala, en sentencia de fecha 28 de septiembre de 1989, caso: José Rafael


Guillén contra Fundación para el Mejoramiento y Desarrollo Municipal del Distrito
Bolivariano del estado Zulia (FUNDEMU), señaló:

“…Según la doctrina, la forma de tradición más perfecta, las más accesible a


los sentidos y la que comprendía mejor la suma de derechos hacia el
vendedor transfiere al comprador al ponerle en poder y posesión de la cosa
vendida, es la de la ocupación material de esta con entrega de los títulos de
propiedad y con el registro de los mismos.
Más no siempre esto es posible, ni necesario. La espiritualización de la forma
crea la fórmula instrumental en su sentido más amplio, y encerrando en
palabras el contenido de la voluntad, esta llega hasta donde alcanza su
expresión gráfica. Así lo reconoce el citado artículo 1.488 del Código Civil al
establecer:
(…Omissis…)
Es decir, si la venta o negocio se efectúa mediante escritura pública el
otorgamiento de esta equivaldrá a la entrega de la cosa objeto de
contrato, si de la misma escritura no resultare o se dedujere claramente lo
contrario.”.

Más recientemente, en sentencia N° 665 de fecha 26 de octubre de 2017, caso:


Diego Argüello Lastres contra María Isabel Gómez del Rió, esta Sala de Casación Civil,
determinó:
“…Ante el razonamiento proferido por el ad quem en su fallo, esta Sala no
evidencia que incurriera en la delatada infracción por errónea interpretación
del artículo 1.488 del Código Civil, en razón, que el juzgador determinó
como obligación principal del vendedor, la tradición de la cosa vendida,
lo cual se cumple, tratándose de bienes inmuebles con el otorgamiento
del instrumento de propiedad, es decir, otorgó a tal normativa el sentido y
alcance establecido en su texto…”.

Por lo tanto, de conformidad con lo anterior, se desprende que la tradición del bien
inmueble se materializa con el otorgamiento del documento de propiedad y que tal obligación

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recae sobre el vendedor y no en el comprador.

En sintonía con lo anterior, los artículos 1.159 y 1.167 del Código Civil indica lo
siguiente:
“…Artículo 1.159: Los contratos tienen fuerza de ley entre las partes. No
puede revocarse sino por mutuo consentimiento o por las causas autorizadas
por la ley.

“Artículo 1.167: En el contrato bilateral, si una de las partes no ejecuta su


obligación, la otra puede a su elección reclamar judicialmente la ejecución
del contrato o la resolución del mismo, con los daños y perjuicios en ambos
casos si hubiere lugar a ello.”

De las citadas normas, se desprende el hecho de que los contratos son ley entre las
partes, lo que evidencia que debe cumplirse tal y como fue pactado.
Asimismo, el artículo 1.167 del Código Civil hace referencia a que acción de
cumplimiento o resolución de contrato ante el incumplimiento culposo de una de las partes
contratantes, en otras palabras, le otorga la facultad a la parte que ha cumplido con sus
obligaciones, para que demande, y en consecuencia, ser liberada de su obligación, y pedir la
restitución de las prestaciones que hubiere cumplido, con el pago de los daños y perjuicios, si
hubiere lugar a ello.
En sintonía con lo anterior, tanto la doctrina como la jurisprudencia han sido contestes
en sostener que cuando se trata de la existencia de un “contrato bilateral”, esto es, de un

contrato en el cual cada una de las partes están obligadas a ejecutar ciertas prestaciones a favor
de la otra parte encontrándose esas recíprocas obligaciones en una relación de interdependencia
entre sí, ante la inejecución de su obligación por parte de aquel contra quien se dirige la acción,
resulta necesario acudir a la autoridad judicial para que sea ésta quien verifique la ocurrencia
del incumplimiento.

Sobre este punto, el Doctor José Melich Orsini en su obra “Doctrina General del
Contrato” señala que el artículo 1.167 del Código Civil, claramente establece la necesidad de
que cualquiera que sea la elección de la parte inocente, el cumplimiento o la resolución (ya que
ambas acciones se encuentran previstas en la misma norma), deben ser reclamadas
“judicialmente”.

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Entonces, de acuerdo a las motivaciones expuestas en la sentencia recurrida se


evidencia que el juez desvirtuó el contenido del contrato de opción de compraventa, pues ahí
no se acordó que el comprador tenía el deber de protocolizar el documento final de venta sino
que todos los gastos inherentes al mismo corren por su cuenta y que aunado a ello, las partes
tenían la obligación de dirigirse los comunicados concernientes a dicho contrato en la dirección
que ellos mismos acordaron en establecer, de conformidad con lo dispuesto en la cláusula
décimo tercera del citado contrato de compra venta.

En consecuencia, de acuerdo a los razonamientos expuesto se evidencia que el juez

yerra al momento de declarar que el demandado es decir, el vendedor cumplió con su


obligación de conformidad con el contrato cuando quedo evidenciado que no hizo la
notificación tal y como lo prevé el contrato, tampoco se presento para el otorgamiento del
documento definitivo de venta, el cual fue llevado al registro correspondiente por el comprador
o demandante según se desprende de las actas del expediente y de la misma decisión recurrida,
razón por la cual se evidencia que el actor cumplió con las obligaciones previstas en el contrato
a fin de que se otorgara el documento de venta definitivo, así como el pago del monto
adeudado para complemento del monto definitivo de la venta, lo que evidencia la infracción de
los artículo 1.488, 1.159 y 1.157 todos dl Código Civil.

En tal sentido, esta Sala casa de oficio total y sin reenvío de conformidad con lo
establecido en el artículo 322 del Código de Procedimiento Civil, que hacen innecesario un
nuevo pronunciamiento sobre el fondo del asunto. En consecuencia, y de acuerdo a los
razonamientos precedentemente señalados, ésta Máxima Jurisdicente estima procedente
declarar con lugar el recurso extraordinario de casación anunciado por la parte demandante y
por vía de consecuencia se declara con lugar la demanda incoada por el accionante ciudadano
Aldo José Coa Marín.

CASACION SIN REENVIO

En el caso concreto, la Sala casó de oficio el fallo recurrido, luego de haber detectado
que el mismo incurrió en el primer caso de suposición falsa por desnaturalización de las

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cláusulas del contrato de compra venta y en consecuencia en la falta de aplicación del artículo
1.488, 1.159 y 1.167 del Código Civil. En tal sentido, esta Sala encuentra que están
suficientemente establecidos los requisitos del artículo 322 del Código de Procedimiento Civil,
que hacen innecesario un nuevo pronunciamiento sobre el fondo del asunto, por cuanto del
contenido de las pruebas promovidas y evacuadas en autos, se puede evidenciar que la
empresa demandada DESARROLLO TAO INSULAR, C.A. incumplió con lo establecido
en la cláusula décimo tercera del contrato de compra venta; razón por la cual la Sala hace uso

de la facultad de casar sin reenvío el fallo cuestionado, en aplicación de la doctrina de la Sala


Constitucional en pro de la ejecución del fallo.

En consecuencia, y de acuerdo a los razonamientos precedentemente expuestos la Sala


evidencia que el comprador o parte actora, es decir, el ciudadano ALDO JOSE COA MARIN
cumplió con sus obligaciones de conformidad con el contrato suscrito con la sociedad
mercantil DESARROLLOS TAO INSULAR, C.A.”, inclusive con el pago del monto
adeudado para completar el monto total de la venta correspondiente al cheque N° 00005571 del
Banco de Venezuela , el cual consta en copia en el expediente a los folios 78 y 79 de la pieza 1
/3 del expediente, cuyo original reposa en e l Tribunal Tercero de Primera Instancia en lo Civil,
Mercantil y del Tránsito de la Circunscripción Judicial del estado Anzoátegui, con sede en la
Ciudad de Barcelona en virtud de lo cual esta Sala declara Con Lugar la demanda por
cumplimiento de contrato, y en consecuencia ordena a la sociedad Mercantil
DESARROLLOS TAO INSULAR, C.A. (supra identificada) al otorgamiento del documento
definitivo de venta ante el Registro Civil competente, y en caso que no le de cumplimiento a la
presente orden se tendrá como documento definitivo la presente decisión de conformidad con
lo previsto en el artículo 531 del Código de Procedimiento Civil, y así se decide.

DECISIÓN

En mérito de las precedentes consideraciones, el Tribunal Supremo de Justicia en Sala

de Casación Civil, administrando justicia en nombre de la República Bolivariana de Venezuela


y por autoridad de la ley, declara: CASA DE OFICIO Y SIN REENVIO la sentencia dictada
por el Juzgado Superior en lo Civil, Mercantil, Tránsito y Marítimo de la Circunscripción

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Judicial del estado Anzoátegui, con sede en Barcelona, en fecha 29 de abril de 2024 y en
consecuencia decreta su NULIDAD, y dicta sentencia de mérito sobre el fondo de la causa en
los términos siguientes: PRIMERO: CON LUGAR el recurso de apelación presentado por la
parte actora contra la decisión de fecha en contra de la decisión del 29 de octubre de 2023,

dictado por el juzgado a quo. SEGUNDO: CON LUGAR la demanda por CUMPLIMIENTO
DE CONTRATO interpuesta por el ciudadano ALDO JOSÉ COA MARÍN (supra
identificado) en contra de la sociedad mercantil “DESARROLLOS TAO INSULAR, C.A.”
(antes identificado) y en consecuencia, SEGUNDO: SE ORDENA a la sociedad Mercantil
DESARROLLOS TAO INSULAR, C.A. (supra identificada) al otorgamiento del documento
definitivo de venta ante el Registro Civil competente, referido un inmueble constituido por un
apartamento identificado con el numero M-PH-4 en el edificio M, en el conjunto residencia
“THAI” ubicado en la avenida R8 urbanización el Morro, Lechería, Municipio Diego Bautista
Urbaneja de este estado, y en caso que no le de cumplimiento a la presente orden se tendrá
como documento definitivo la presente decisión de conformidad con lo previsto en el artículo
531 del Código de Procedimiento Civil. TERCERO: se condena al pago de las costas
procesales del procedimiento a la parte demandada de conformidad con lo previsto en el
artículo 274 del Código de Procedimiento Civil.

No hay condenatoria en costas del recurso de conformidad con la ley.

Publíquese, regístrese y remítase el expediente al Juzgado Tercero de Primera Instancia


en lo Civil, Mercantil y de Tránsito de la Circunscripción Judicial del estado Anzoátegui, con
sede en la ciudad de Barcelona. Particípese al Juzgado Superior de origen conforme el artículo
326 del Código de Procedimiento Civil.

Dada, firmada y sellada en la Sala de Despacho de la Sala de Casación Civil del


Tribunal Supremo de Justicia, en Caracas, a los días once (11) del mes de abril de dos mil
veinticinco (2025). Años: 214° de la Independencia y 166° de la Federación.
Presidente de la Sala,

_________________________
HENRY JOSÉ TIMAURE TAPIA
Vicepresidente-Ponente,

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___________________________
JOSÉ LUIS GUTIÉRREZ PARRA
Magistrada,

___________________________
CARMEN ENEIDA ALVES NAVAS
Secretario,

_____________________________
PEDRO RAFAEL VENERO DABOIN

Exp. AA20-C-2024-000501.
Nota: Publicada en su fecha a las ( )
Secretario

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