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Los jardines y huertas de la Alhambra son elementos clave que reflejan la evolución histórica y estética del lugar, destacando la importancia de los jardines nazaríes por su integración de vegetación y agua. A lo largo de los siglos, se han realizado diversas intervenciones en estos espacios, adaptándolos a nuevas funciones y estilos, mientras que la vegetación ha ido incorporando especies de diferentes orígenes. La reforestación y el ajardinamiento han transformado el entorno, creando un 'Bosque de la Alhambra' que combina tradición y modernidad.

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Los jardines y huertas de la Alhambra son elementos clave que reflejan la evolución histórica y estética del lugar, destacando la importancia de los jardines nazaríes por su integración de vegetación y agua. A lo largo de los siglos, se han realizado diversas intervenciones en estos espacios, adaptándolos a nuevas funciones y estilos, mientras que la vegetación ha ido incorporando especies de diferentes orígenes. La reforestación y el ajardinamiento han transformado el entorno, creando un 'Bosque de la Alhambra' que combina tradición y modernidad.

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MÓDULO 4

4.9. LOS JARDINES, HUERTAS Y DEHESAS


Por Rafael de la Cruz
Consejería de Agricultura, Ganadería, Pesca y Desarrollo Sostenible

Como parte fundamental de la ciudad de la Alhambra y su entorno, los jardines y espacios cultivados,
elementos de adorno, de sofisticación, de simbolismo, se suceden por todos los rincones de la Alhambra,
aportando una componente trascendente, en el territorio y en el tiempo, al paisaje de este lugar.

El paso de los siglos ha modificado, multiplicado y enriquecido en la Colina Roja la variedad de los
jardines que se hallan en el recinto, e igualmente el número y singularidad de especies vegetales que aquí
se encuentran son claro exponente del paso por la Alhambra de diversas formas, utilización de especies y
gustos estéticos de cada época.

Los jardines creados en la etapa nazarí, son los que mayor importancia tienen por su cronología, por el
carácter refinado con que integran la vegetación, el agua y los propios edificios que los enmarcan, y por la
estrecha relación que despertaron en su concepción con conceptos paradisiacos propios del mundo
islámico.

Fieles a la herencia de precedentes civilizaciones del Mediterráneo los patios ajardinados, representan el
más profundo reflejo del jardín andalusí, atendiendo a dos tipologías básicas, las de diseños
cuatripartitos y los de carácter rectángular alargado con una amplia alberca central, más propios del
mundo nazarí como los de los Arrayanes del Palacio de Comares o el de las Damas en el Partal. En el
patio, el agua adquiere un especial protagonismo como fundamento esencial de poder y prosperidad,
como elemento cuyos reflejos permiten observar los volúmenes construidos, iluminar espacios y evocar
otras emociones sensibles de carácter individual.

Con respecto al Generalife, un espacio absolutamente ajeno al conjunto palatino de la Alhambra y con
funciones bien diferenciadas, ya que era, básicamente, una almunia de recreo de los monarcas nazaríes.
Este conjunto se define con espacios palatinos, hoy día intervenidos y de difícil comprensión, sobre todo

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en la zona sur, y amplias huertas destinadas a la producción. Tanto la arquitectura, con sus patios y
jardines, como la zona productiva dependen de las acequias Real y del Tercio, que permiten, junto con
diversas albercas y otros dispositivos hidráulicos, la llegada y repartimiento del agua necesaria.

A partir de la conquista de Granada, se realizan intervenciones tanto en la Alhambra como en el


Generalife, creando nuevos jardines con lecturas de carácter historicista o adaptándose a funciones no
previstas en los conjuntos monumentales originales. Es el caso de las definiciones renacentistas de los
patios de la Reja o de Lindaraja, así como el Jardín de los Adarves (Alcazaba) del siglo XVII; o los
jardines del Partal del siglo pasado, respondiendo al concepto de ajardinamiento de ruinas o de espacios
arqueológicos.

En lo que respecta al Generalife se realizarán los denominados Jardines Altos en el ochocientos y los
nuevos condicionados por la construcción del auditorio para el Festival de Música y Danza en el siglo
XX con remodelaciones continuadas en los últimos años.

La vegetación del conjunto monumental también ha ido modificándose con el tiempo, no sólo en cuanto
al número y variedad de especies, sino también en lo que se refiere a las técnicas y estilos de cultivo y
mantenimiento. A las especies utilizadas tradicionalmente en época nazarí como el alhelí, el lirio, el
jazmín, el ciprés o el naranjo amargo, se han ido incorporando muchas otras procedentes de nuevos
continentes y regiones, y que ya hoy se consideran plenamente arraigadas en la jardinería granadina,
como el boj, el macasar, la glicinia o la rosa de pitiminí.
Entre todas ellas, si alguna especie pudiera representar a los jardines de este recinto, sin duda, el arrayán
sería la elegida. Este arbusto, considerado en el mundo árabe como planta con “báraka” (con bendición,
oculta e invisible), de denso y oloroso follaje, ha sido utilizado en todas las épocas y en casi todos los
jardines alhambreños.

Aunque diversos ingenios hidráulicos permitieron el establecimiento de construcciones palaciegas y el


cultivo de algunos espacios ajardinados y hortícolas en zonas altas del Cerro del Sol, la dehesa debió ser
la forma predominante del uso del territorio en esta zona, con un arbolado abierto de encinas que
permitiera el aprovechamiento agroganadero extensivo del espacio.

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Actualmente, densas arboledas rodean el conjunto monumental cubriendo las laderas que impiden
lecturas de sus usos históricos. Por el carácter de imagen y funcionamiento militar de la Alhambra, en
época medieval no debió contar con una apreciable densidad forestal en el entorno, sobre todo en las
laderas orientadas al sur y a poniente, que descienden con relativa suavidad hasta la ciudad y su entorno.
Por el contrario, la escarpada ladera que se enfrenta al Albayzín sobre el Darro debió de considerarse
suficiente como protección estratégica y, por ello, por su orientación en umbría y por los derrames que
se derivaban desde las fuentes palaciegas, ya entonces permitió cierta densidad de plantas leñosas
arbustivas e incluso arbóreas, como encinas, quejigos o aladiernos. Además, la zona limitada por la actual
cuesta de los Chinos y el río Darro, sobre el Paseo de los Tristes, funcionó como zona de caza limitada
por una cerca.

La paulatina reforestación desarrollada por los sucesivos alcaides cristianos de la Alhambra, aseguró la
cobertura plena de las laderas ya en el siglo XVII si bien no es, hasta comienzos del XIX, con la paulatina
introducción de especies de uso jardinero desde el resto de Europa, como el plátano de sombra o el
castaño de Indias, cuando se definen, finalmente, el llamado “Bosque de la Alhambra”

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