MÓDULO 5
5.5. EL AGUA EN LA ALHAMBRA
Por María Cullel Muro
Arquitecta Técnica y Restauradora
La trascendencia del agua para la civilización musulmana alcanza en el Conjunto Monumental de la
Alhambra y Generalife su plenitud funcional, artística y simbólica. El agua no sólo está presente para
satisfacer las necesidades básicas del musulmán, sino que forma parte de sus preceptos religiosos
imprescindibles para alcanzar el estado de pureza. En su imaginario colectivo, enraizado por origen y
procedencia entre oasis y desiertos, se cuestiona incluso los lugares donde habitar: abundantes en ríos
y arbolado, a semejanza del jardín celestial o Paraíso, concebido en la escatología musulmana como
morada definitiva. Universos abstractos donde el gua estimula los sentidos recreando imágenes
cargadas de poética y fantasías estéticas. Ubicada sobre la colina de la Sabika, formando parte de un
paisaje idílico donde el agua helada de la Sierra Nevada es elemento principal, y junto a un río, el
Darro, la Alhambra da cumplimiento a todo este ideario.
El agua se manifiesta en la Alhambra como recurso necesario para el desarrollo de la vida urbana y
agrícola que se combinan en la ciudad, pero también será artífice de una inusitada trama de contrastes
y relaciones entre espacios interiores y exteriores, entre morada y jardín, en una verdadera unión
espiritual entre arquitectura y naturaleza.
El abundante caudal de agua que recibe la Alhambra se capta del río Darro y es llevado por la Acequia
Real y un ramal de la misma, la Acequia del Tercio, hasta el Generalife. Ésta da servicio al Albercón
de las Damas, depósito donde se reserva el agua para garantizar el suministro de las huertas, mientras
que la Acequia Real se ramifica en una extensa red que facilita la dispersión de los puntos de reparto,
normalmente aljibes, albercas, estanques, pilares y fuentes, a lo largo de todos los espacios
ajardinados, medina, palacios y alcazaba.
La red de distribución está formada por conducciones de diversa índole, dependiendo del carácter del
lugar que atraviese: tuberías de plomo y tuberías cerámicas formadas por atanores; canalillos de
mármol que forman parte de fuentes o bordean estanques; conducciones de tejas, cauces de
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empedrado o pequeños arroyos y cascadas en paseos y alamedas. Completan la red arquetas,
partidores y cauchiles, con los que se regula el reparto del agua.
La forma característica de estanque de jardín o patio ajardinado es la alberca, depósito de agua a cielo
abierto, de escasa profundidad y planta rectangular. Las más sencillas se alimentan por una arqueta
situada en uno de sus lados menores desde la que se vierte el agua en la alberca porun simple canal de
cerámica.
Destaca por su monumentalidad, proporción y belleza la del patio de los Arrayanes. Centrada en el eje
del patio, largos setos de arrayán enmarcados por canalillos de mármol blanco recorren sus lados
mayores; en los menores, dos fuentes bajas de piquera (con canal de vertido) abastecen el agua que
desliza suavemente sin alterar la quietud del estanque. Aquí el agua reproduce como un espejo la
arquitectura circundante, en un equilibrado escenario donde se mezcla el sonido y la visión del líquido
que brota de los surtidores con los aromas de la vegetación, regulando además las condiciones
térmicas ambientales. Pero también cumple una función simbólica al estar la alberca situada en el
palacio de Comares, centro oficial y protocolario de la monarquía nazarí, y ocupar un lugar
predominante ante el salón del trono, materializando así la majestad del sultán a través del significado
del agua en la tradición islámica: abundancia, riqueza, poder y eternidad.
En general, las numerosas fuentes o pilas que contienen el agua de la Alhambra son de diversos
tamaños, realizadas en mármol, de sección circular y poca profundidad, colocadas directamente en el
suelo, rehundidas o enrasados sus bordes con el pavimento. Obedecen a dos tipologías, las llamadas
«esquemáticas» poseen un vaso cilíndrico de escasa altura, pueden estar cerradas o con un canalillo
por donde escapa el agua que surge de un surtidor a modo de borbotón; las denominadas «gallonadas»
adoptan forma semiesférica, con bordes ondulados simulando las olas del mar. La fuente de Lindaraja
es de este segundo tipo, alcanza los dos metros de diámetro y está ricamente decorada; un poema
tallado en su borde la describe como la obra más bella de Oriente y Occidente, comparándola con la
esfera celestial llena de astros por los juegos de agua que dentro de ella se producen.
Pero sin duda, la más singular y admirada de la Alhambra es la fuente de los Leones. Ubicada en el
patio central del palacio del Riyad, construido por Muhammmad V para residencia y disfrute de la
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corte, se compone de una gran taza dodecagonal apoyada en doce esculturas de leones surtidores
distribuidos radialmente. Pertenece a un conjunto hidráulico formado por otras diez fuentes
secundarias, y dos canales perpendiculares que penetran por uno de sus extremos en sucesión de
estancias porticadas y salas interiores para confluir, por el extremo contrario, bajo la fuente principal,
conformando un circuito cerrado donde el agua fluye y discurre en un continuo sin fin de gran
efectismo visual.
Si bien la importancia del agua en toda la Alhambra es incuestionable, donde se hace más palpable
esta evidencia es en la huerta real del Generalife. Sabiamente incorporada en cada uno de sus espacios,
ya sea de carácter agrícola o residencial, patio íntimo o abierto al paisaje, jardines o arboledas, el papel
del agua se manifiesta con una elocuente diversidad de planteamientos técnicos y recursos formales.
El agua de la Acequia Real, hábilmente manejada, abandona su curso agreste para penetrar remansada
en el patio de la Sultana donde aflora en un pequeño canal y sendos estanques, salta de nivel en
pequeña cascada hasta descender al gran canal que cruza el patio de la Acequia, aquí de nuevo se
remansa y vuelve a elevarse a través de surtidores que la lanzan para caer otra vez al canal, se esconde
y luego asoma por la taza de una fuente, la colmata, se derrama y definitivamente se oculta dando por
acabada su danza acuática.
En el Generalife, el agua resalta y amplifica cualquier elemento o construcción por más sencilla que
parezca; tal es el caso de la Escalera del Agua. Responde a un desarrollo en cuatro tramos con mesetas
intermedias y fuentes de surtidor centradas en ellas. Un canal longitudinal, a ras del suelo, enlaza las
fuentes recorriendo todo el eje de la escalera que, a su vez, queda encerrada entre dos pequeños
muros laterales rematados por una conducción de tejas vidriadas por las que desciende el agua.
Cubierto por una bóveda de laureles, la experiencia sensitiva del agua, junto a una atmósfera de luces y
sombras, llenan de magia el lugar.
No se puede entender la Alhambra sin el agua, está presente en todos sus rincones de forma más o
menos manifiesta, particulariza cada uno de sus ambientes a los que dota de personalidad propia, y
con todos ellos trasciende configurando una unidad armónica.