Essence
Essence
Rating: Mature
Archive Warning: No Archive Warnings Apply
Category: M/M
Fandom: 僕のヒーローアカデミア | Boku no Hero Academia | My Hero
Academia (Anime & Manga)
Relationships: Bakugou Katsuki/Midoriya Izuku, Bakugou Katsuki & Midoriya Izuku
Characters: Midoriya Izuku, Uraraka Ochako, Bakugou Katsuki, Shuuzenji Chiyo |
Recovery Girl, Aizawa Shouta | Eraserhead, Toga Himiko
Additional Tags: Fluff and Angst, Fluff, Idiots in Love, Mutual Pining, Pining Bakugou
Katsuki, Pining Midoriya Izuku, Human/Vampire Relationship,
Character Turned Into Vampire, Vampire Bites, Quirk Accident (My
Hero Academia), Jealous Bakugou Katsuki
Language: Español
Stats: Published: 2024-11-05 Words: 16,155 Chapters: 10/10
Essence
by heartsofabyss
Summary
Mientras patrullaba por la ciudad, Izuku Midoriya se vio afectado por el quirk de la chica a la
que trataba de rescatar. Tras acudir a la enfermería, descubre que este poder está relacionado
con el vampirismo. El joven decide ocultar el secreto, sin embargo, su amigo de la infancia y
rival comienza a sospechar del extraño comportamiento del chico.
Notes
• Vampire AU.
•Disclaimer: Los personajes de esta historia están en el tercer año de la U.A. y, por lo tanto,
son mayores de edad.
•Personajes originales del anime/manga Boku no Hero Academia, creado por Kōhei
Horikoshi.
Capítulo 1
Era un día cualquiera en la U.A. Hacía calor dado que era verano y el sol había alcanzado su
máximo esplendor. Los alumnos de la clase A se encontraban fuera de la residencia y lejos
del perímetro escolar, ya que estaban patrullando las calles de un vecindario cercano. Su tutor
les había encomendado una simple tarea; debían agruparse en grupos de cuatro para
posteriormente vigilar hasta el último rincón del lugar. El objetivo de este ejercicio era el de
capturar a los villanos que se ocultaban por la zona y el de supervisar a los habitantes.
Es así como nuestro protagonista, Izuku Midoriya y sus tres amigos y compañeros de clase;
Shoto Todoroki, Ochako Uraraka y Tenya Iida, se pusieron en marcha para cumplir su
asignación con éxito. Al cabo de un rato, el grupo decidió dividirse para cubrir más terreno y
ser más productivo. Mientras sus amigos se alejaban, Deku avanzó con rapidez
desplazándose gracias a su quirk.
Hubo un período de tiempo en el que no ocurrió ningún suceso fuera de lo común, por lo que
patrulló con tranquilidad. No obstante, la racha de buena suerte se vio interrumpida. Se
alarmó al percibir los gritos de una joven que provenían de un oscuro y deteriorado callejón.
La velocidad a la que iba incrementó con notoriedad. Tenía la intención de socorrer a la
mujer.
A pesar de sus esfuerzos, el atracador logró quitárselas y la empujó, ocasionando que esta
cayera de bruces.
El hombre creó un extraño portal y se esfumó sin dejar rastro alguno. Frustrado por haber
presenciado la escena desde la distancia, el peliverde finalmente aterrizó en el callejón y fue
corriendo a comprobar el estado de la mujer.
Tocó su hombro para que reaccionara, pues parecía haber quedado atrapada en un estado de
shock.
El repentino contacto la espantó. Lo miró con miedo y desconfianza. Sus miradas chocaron
por una milésima de segundo. Izuku se sorprendió al toparse con unos ojos rojos como la
mismísima sangre.
La imagen de Bakugo apareció en su mente, sus ojos eran parecidos, pero no superaban a los
bellos rubíes del joven. Borró aquel vergonzoso pensamiento y se centró en su trabajo. Pero
al volver a mirar a la chica, la piel del pecoso se erizó y su vista comenzó a nublarse.
Las lágrimas de la chica empezaron a fluir por sus mejillas.
Deku no comprendía nada. Intentó hablar con ella, pero era demasiado tarde. Había
desaparecido en un abrir y cerrar de ojos. Era como si las mismas tinieblas del infierno se la
hubieran tragado. Izuku la buscó por todas partes, pero no la volvió a ver. Y cuando quiso
darse cuenta, la hora de regresar con sus compañeros había llegado.
Una vez reunidos, el dolor de cabeza del peliverde aumentó con creces. El mundo daba
vueltas a sus pies y su corazón recibía dolorosas punzadas.
—¿Deku? ¿Qué ocurre? —preguntó Uraraka mientras pasaba la mano por su rostro para
asegurarse de que seguía consciente.
Bakugo, que por algún motivo estaba escuchando (espiando) la conversación, analizó a Deku
con la mirada.
—Midoriya, ¿seguro que estás bien? Tu cara luce blanca como la nieve —añadió Iida.
Deku abrió la boca, pero no pudo responder. Sus piernas se debilitaron y fallaron,
ocasionando que el peliverde se desplomara.
Por suerte y gracias a que Bakugo estaba al tanto de que algo raro estaba sucediendo, es que
pudo atraparlo antes de que su cabeza y cuerpo se estamparan contra el duro asfalto.
•••
Los ojos del peliverde se abrieron con lentitud. Todavía se sentía aturdido y estaba
desorientado. Se incorporó y visualizó la habitación en la que se encontraba. Era la
enfermería de la U.A.
—Por fin despiertas —se escuchó una voz que le resultaba demasiado familiar, pues aquella
sala era como su segunda casa debido a la frecuencia con la que se lesionaba.
—No tenemos los detalles exactos de lo ocurrido, sin embargo, hemos averiguado que
mientras hacías tu ronda de patrullaje fuiste expuesto al quirk de la persona a la que tratabas
de auxiliar.
—¿Expuesto? ¿A qué se refiere?
—Después de varios análisis y pruebas, he llegado a la conclusión de que has sido afectado
por un poder que está relacionado con el vampirismo. Este se manifestará en las próximas
horas, por lo que debes estar preparado, porque tu cuerpo y tu metabolismo sufrirán ciertos
cambios.
Deku no daba crédito. ¿De ahora en adelante sería un vampiro? ¿Debería alimentarse de
sangre humana y ocultarse de los rayos del sol por el resto de su vida? Aquello tenía que ser
una broma pesada.
—Jamás me había topado con una situación similar, así que no puedo precipitarme y darte
una respuesta inmediata. Lo mejor será esperar y ver la evolución del quirk para estar seguros
de cómo proceder. También hay que dar con la responsable de esto para reunir más
información.
El peliverde se estremeció. No podía permitir que aquello se supiera por qué su profesor lo
dejaría en observación, y como resultado, el muchacho perdería horas de clase y experiencia
como héroe.
Quedarse atrás le aterraba, y es que si ansiaba ser el número uno, tendría que ponerse las
pilas.
Por no hablar de que no quería preocupar a nadie, y menos a su madre, la cual enloquecería si
se enterara de que su hijo ahora es medio vampiro.
—Por favor, le pido que no se lo diga a Aizawa ni a All Might. Tampoco a mis compañeros.
No quiero retrasarlos a ellos también. Encontraré a la chica que causó esto y lo arreglaré. Por
favor —repitió casi rogándole.
—Te daré el beneficio de la duda. Pero a la mínima que ocurra algún incidente, volverás y no
saldrás de esta enfermería, ¿de acuerdo?
Izuku asintió y agradeció su comprensión. Bajó de la camilla y caminó hacia la puerta. Alzó
el brazo y antes de girar el pomo, escuchó un comentario que provocó que su corazón diera
un vuelco.
—Deberías darle las gracias al joven Bakugo. Te sostuvo cuando te desmayaste, evitando
posibles lesiones craneales. Además, fue el que se encargó de traerte hasta aquí.
Las mejillas del pecoso se recalentaron y una inconsciente sonrisa se formó en su cara.
Se fue de la enfermería con alegría, algo inusual considerando que siempre salía de allí
regañado y con algún brazo roto. Deku caminó hasta llegar a la sala común. Se sentó en el
sofá y cerró los ojos. Estaba algo asustado, ya que no sabía cómo su cuerpo y su mente
reaccionarían ante aquel nuevo quirk. A los pocos minutos, la habitación se llenó de gente.
Múltiples de sus compañeros se acercaron a comprobar su estado. Izuku los tranquilizó,
alegando que estaba bien y que solo había sido un leve golpe de calor.
Levantó su mirada y buscó por toda la sala tratando de encontrar a alguien. Sin embargo, se
entristeció al notar que la persona a la que sus ojos buscaban no se hallaba entre la multitud.
Después de la cena, Deku se fue directamente a su cuarto. Estaba exhausto y su cabeza seguía
molestándolo. De momento no sentía nada raro, aunque la ansiedad lo carcomía por dentro.
Se estiró en su cómoda cama y trató de conciliar el sueño, pero su móvil emitió un particular
sonido. Había recibido un mensaje. El pecoso resopló y volvió a inclinarse para hacerse con
el teléfono. Encendió la pantalla para ver quién le había escrito y se quedó quieto como una
estatua. Al cabo de unos segundos, se atragantó con su propia saliva. El dispositivo
electrónico comenzó a temblar por culpa de sus agitadas manos.
El órgano encargado de bombear sangre le iba a mil y sus pulsaciones se habían vuelto locas.
Su relación había mejorado en los últimos meses. Ahora hablaban con normalidad e incluso
solían entrenar juntos. Deku estaba feliz de ver que su amistad iba progresando, ya que se
acercaban cada vez más y más. Sin embargo, hacía tiempo que no recibía un mensaje del
rubio, pues el de ojos verdes era el que normalmente iniciaba sus conversaciones.
El peliverde sonrió. Sabía que aquella era su forma de preocuparse por él.
Bakugo Katsuki: No me lo agradezcas, solo era una estúpida pregunta. Pero sigues sin
decirme el porqué de tu patético desmayo.
La sonrisa del joven se desvaneció. No quería ocultarle nada. No a él. Ya lo había hecho con
anterioridad y se arrepentía profundamente.
De hecho, fue por culpa de aquel incidente; cuando le reveló la verdad acerca del One For
All, que decidió que no volvería a esconderle ningún secreto.
No obstante, Bakugo era su rival y en cierto modo sentía que no podía defraudarlo y mucho
menos retrasarlo. Por eso, inventó una excusa.
Midoriya Izuku: No te preocupes, Kacchan. No ha sido nada grave, solo un leve golpe de
calor mezclado con agotamiento.
Midoriya Izuku: Pero ya estoy mejor! <3
Bakugo Katsuki: ¡¿Quién ha dicho que esté preocupado?! El que debería preocuparse por sí
mismo eres tú.
Una sonrisilla tonta volvió a iluminar el rostro del muchacho. Soltó el teléfono sobre las finas
sábanas y cerró los ojos, los cuales fueron atacados por una somnolencia repentina.
•••
El anticuado reloj que se ubicaba en la parte central de la mesita comenzó a vibrar y a emitir
un estridente sonido. Molesto, Izuku se inclinó y una vez despierto lo apagó de un manotazo.
No solo lo dejó mudo, sino que también lo hizo añicos. Sus niveles de fuerza se habían
disparado. Le pareció fuera de lo común, pero no le dio importancia y siguió su camino para
llegar al cuarto de baño.
Su boca, o mejor dicho, sus dientes dolían a más no poder. Parecía haber vuelto a la época en
la que era un niño pequeño al cual le empezaban a salir los dientes de leche. Su cabeza seguía
desorientada y sus oídos pitaban. Podía escuchar como las gotas del grifo caían siguiendo una
especie de ritmo. También percibió la melodía que estaba reproduciendo su estómago. Tenía
hambre. Demasiada. Era como si no hubiera comido en meses.
El chico tosió y palpó su cuello. Le ardía la garganta. En conclusión, el pecoso estaba hecho
un asco. Lavó su cara con agua y trató de lavarse los dientes. Miró su reflejo en el espejo que
yacía delante de sus narices y soltó un grito de espanto. Puso la mano en el interior de sus
fauces e investigó su cavidad bucal.
Estaba horrorizado.
—Mierda, mierda, mierda.
No paraba de repetir la misma palabra. Y es que la situación era preocupante. Sus colmillos
habían incrementado de tamaño de la noche a la mañana. A duras penas podía cerrar la boca
sin cortarse con sus propios dientes. ¿Cómo iba a ocultar algo tan notorio? Se aproximó a la
ventana de su cuarto, y retirando la cortina, comprobó que el sol no le afectase. Pues si no era
capaz de salir de su habitación, todo se complicaría y debería informar a Aizawa. Por suerte,
su piel no notó nada.
Se vistió con rapidez, colocó una mascarilla que cubría la parte inferior de su cara y se
marchó a clase despeinado. Una vez allí, evitó a la mayor cantidad posible de gente y se sentó
en su pupitre. Algunos de sus compañeros preguntaron por la mascarilla. Izuku alegó que
había atrapado un resfriado veraniego. Nada más cruzar la entrada, sus ojos y los de Bakugo
se encontraron. El rubio lo miró de arriba a abajo, analizándolo como un robot. Vio la
mascarilla y enseguida chasqueó la lengua.
El adolescente, algo enfadado, fue a echarle la bronca, pues no hacía ni veinticuatro horas
desde que le había comentado que debía cuidarse.
Su discurso fue interrumpido por Aizawa, el cual lo mandó a callar. La lección había dado
comienzo. A pesar de que Izuku era un chico muy responsable y estudioso y que siempre
prestaba atención en clase, sobre todo en las de su tutor, aquel día estaba siendo una tortura
para él. Estaba deshidratado, y por más que bebiera agua, no lograba saciar su sed. Sus orejas
percibían demasiados sonidos; las voces y susurros de los demás estudiantes, las
respiraciones de estos, el ruido que hacían los lápices al tocar el papel...
Podía escucharlo todo con mucha más claridad. Su vista también había mejorado, pero sus
ojos estaban siendo increpados por la blanquecina luz de la sala. Quería salir de allí. Se
estaba asfixiando.
Bakugo salió primero. El pecoso se limitó a seguirlo. Ambos caminaron por el vacío pasillo
en silencio hasta llegar a su destino. Atravesaron la puerta y la cerraron. Recovery Girl no se
encontraba allí.
El rubio estaba de espaldas y mantenía las manos escondidas en los bolsillos de su pantalón.
Izuku no lograba verle la cara.
Extendió su brazo con la intención de tocar el hombro del contrario, sin embargo, Bakugo se
dio la vuelta, y agarrándolo del mismo brazo, lo inmovilizó y acorraló. Como resultado,
Izuku chocó contra la dura pared.
—No te hagas el tonto. Los demás extras se habrán creído tu penosa actuación, pero a mí no
puedes engañarme.
Se quedó callado.
—Yo...
Pero estaba seguro de tres cosas; la primera era que nunca antes había estado tan sediento.
Era como si los fragmentos de un cristal roto se hubieran incrustado en su garganta.
La segunda era que los ojos de Bakugo jamás habían brillado tanto. Aquel rojo sangre lo
estaba llamando.
Y la tercera y última, era que aquel muchacho desprendía un aroma peculiar. Una
embriagadora esencia que lo estaba volviendo loco. ¿Había olido así siempre?
Las pulsaciones del rubio eran irregulares. Y es que gracias a aquel quirk, Izuku podía
escuchar los latidos del contrario.
Por alguna razón, esto produjo que la piel del pecoso se erizase. Se sentía débil y sus piernas
temblaban. Apoyó su cabeza sobre el hombro de Bakugo, ocasionando que este último se
tensara.
Respiró profundo y volvió a captar aquella esencia. Aquel olor lo estaba seduciendo. Era
como si dos imanes se estuvieran atrayendo entre sí. Sus ojos se desplazaron y se fijaron en el
cuello del adolescente.
Deku tenía el impulso de clavar sus colmillos sobre la tersa piel del rubio. Sus sentidos le
decían que debía drenar toda su sangre.
Izuku lo ignoró. Su boca prácticamente salivaba y su corazón latía por distintas razones.
Sentía que moriría si no actuaba rápido.
Agarró a Bakugo de la cintura y acortó los centímetros que los alejaban. Con una mano
sujetó el cuello del joven y con la otra apretó su cadera. A continuación, y de manera casi
instintiva, Izuku perforó su piel empleando sus afilados colmillos. Succionó algunas gotas de
sangre y cerró los ojos.
Estaba en el cielo, o quizá había sido arrastrado al infierno. Todavía no lo tenía claro. La
sangre de Bakugo estaba exquisita. Aunque Deku no se sorprendió, pues el rubio era el mejor
en todo lo que hacía, por lo que su sangre no se quedaría atrás. Hablando de Bakugo, este se
quejó al sentir los punzantes dientes del contrario. Estaba sorprendido, pues no era consciente
de lo qué estaba pasando.
Su cuello dolía un poco y estaba algo mareado. Además, los latidos de su corazón se
dispararon y sus mejillas se enrojecieron.
Al cabo de un rato, apartó al peliverde de un empujón y se tapó la herida del cuello con la
mano.
Bakugo no pudo verle la cara, ya que las persianas de la sala estaban bajadas y los
muchachos ni siquiera habían encendido la luz. Izuku estaba horrorizado y apenado. Sus
mejillas rosadas mostraban lo avergonzado que se sentía.
No paraba de disculparse.
Regresó a su habitación.
Lo primero que hizo fue mirarse en el espejo. Contempló su reflejo y al verlo lloró
desconsoladamente. No se reconocía a sí mismo.
Su boca estaba teñida de rojo, al igual que sus ojos, los cuales adquirieron este color al haber
probado la sangre humana. Trató de lavarse como pudo y cuando lo logró, se sentó abatido en
el suelo.
Aún recordaba la cara de sorpresa y espanto del rubio. Lo había arruinado todo. Los avances
que habían hecho en los últimos meses se habían ido al garete. Izuku escondió la cabeza en el
hueco de sus rodillas e inhaló aire.
¿Cómo podría convertirse en un héroe si de ahora en adelante debía lidiar con un quirk que
causaba dolor a la gente?
Izuku cruzó los dedos, deseando que aquel poder fuese temporal, pues si no lo era, su futuro
podría verse comprometido.
—¡Deku! ¡¿Acabas de cerrarme la puerta en la puta cara?! ¡Ya puedes estar abriendo si no
quieres que la explote!
El pecoso suspiró.
No estaba preparado para verle, pero si seguía armando tal escándalo, los demás no tardarían
en unirse a él. Lo dejó pasar, aunque trató de evitar el contacto visual. El rubio lo notó y se
molestó aún más.
—¿Acaso me estás ignorando? —bufó. Agarró el mentón del contrario e hizo que sus
miradas se encontraran—. ¿Ni siquiera vas a mirarme?
—¿Qué te ha pasado en los ojos? —preguntó con incredulidad y algo de decepción—. Ese
color no te favorece.
Ambas manos sujetaban las coloradas mejillas del adolescente. Los dos se miraron.
Mantenían una cierta cercanía que desestabilizaba el frenético pulso de Izuku.
Deku resopló. Ocultárselo e inventar más excusas carecía de sentido y solo lograría enfadarlo
más. Abrió la boca y confesó todo; le contó lo ocurrido y le explicó las cosas que le
preocupaban y lo mantenían en vilo. Le comentó que no sabía demasiado acerca del quirk y
que todavía no estaba seguro de que los efectos fueran permanentes. Además, el peliverde le
pidió que no se lo contara a nadie. Ni siquiera a All Might.
Asintió.
Bakugo soltó una sonrisa burlona y siguió molestándolo con sus preguntas.
—¿Y cómo es que el sol no te afecta? ¿Ni siquiera brillas? Aunque si yo fuera tú, preferiría
quemarme antes que parecer una puta bola de discoteca.
—Kacchan, ves demasiadas películas. ¿Cuál será tu próxima pregunta? ¿Si el ajo puede
matarme o si soy inmortal?
—Pero hablando en serio, ¿qué harás cuando tengas hambre? Pues como he podido
comprobar, ahora te va la sangre.
—Te he pedido perdón mil veces. Juro que no lo volveré a hacer... Me controlaré hasta
resolverlo.
Bakugo pensó en una alternativa; pedir algunas bolsas de sangre en el hospital. Pero sería
difícil obtenerlas. Además, conocía a Deku. Seguro que se negaba en rotundo, alegando que
habría alguien que las necesitaría más que él. Después de estar un rato reflexionando, el rubio
llegó a una conclusión.
—Bebe mi sangre.
—Lo que oyes. Hasta que descubramos una forma de revertir este estúpido quirk, te daré mi
sangre.
Chasqueó la lengua.
—¿Me estás llamando débil? ¿Acaso crees que no puedo soportar un simple mordisco? —Lo
agarró del cuello de la camisa—. Además, no fue para tanto. Se sintió bien...
El de ojos rojizos se puso nervioso e Izuku lo sabía, pues se había aficionado a escuchar sus
latidos.
—¡Claro que no, idiota! Al morderme... —No sabía cómo expresarlo con palabras—. Dolió,
pero no estuvo mal.
—¡Por supuesto que no, puto brócoli con patas! No te burles de mí —espetó—. Debe ser un
efecto secundario del quirk. O puede que sea por la zona. Quizá mi cuello es demasiado
sensible.
—No me hace mucha gracia, porque lo último que quiero es que salgas herido por mi culpa.
Pero tampoco es que tenga una mejor opción.
—Puedes morderme la muñeca. Así resultará más fácil cubrir la herida con cualquier pulsera
o tirita.
—De acuerdo.
Un silencio sepulcral invadió hasta los rincones más oscuros de la habitación. Ambos se
observaron. Bakugo volvió a fijarse en los rojizos ojos del contrario, los cuales ahora
combinaban con los suyos. No obstante, prefería las verdosas esmeraldas que siempre lo
seguían a todas partes con un característico brillo.
—¿A qué esperas? ¿Tengo que hacerlo todo yo? —dijo posicionando la muñeca a la altura de
la nariz del pecoso.
Sostuvo el brazo del rubio con gentileza. Se lo acercó a la boca y antes de hincarle el diente,
escuchó las aceleradas pulsaciones del joven.
A continuación, Deku aproximó sus labios a la piel del muchacho. Lamió la superficie de
esta, dejando al contrario sin palabras. Posteriormente clavó aquellos mortales colmillos. La
carne de Bakugo fue ligeramente perforada. Hizo una mueca de dolor. Izuku lo miró con
preocupación y se aseguró de que estaba bien. Katsuki le devolvió la mirada y sin decir nada
asintió. Dando a entender que todo estaba en orden. Era increíble como ambos se
comunicaban sin la necesidad de verbalizar.
El pecoso comenzó a beber, tratando de no succionar una gran cantidad de plasma. La sangre
del rubio ahora corría por sus venas. Aquella sensación era fascinante. Su cuerpo se sentía
caliente y las mariposas de su estómago aleteaban siguiendo un extraño patrón. Ambos se
habían sentado en el suelo de la decorada habitación. Bakugo levantó la mano que aún tenía
libre y la colocó sobre los rizados y alocados cabellos del pecoso. Después, introdujo los
dedos en la alborotada melena y estiró de ella con algo de fuerza.
Izuku emitió un pequeño gemido de placer, pues beber la sangre de la persona a la que había
admirado toda la vida lo emocionaba.
Quizá aquello no era simple admiración, puede que hubieran más sentimientos involucrados
en aquel momento tan íntimo. Sin embargo, ninguno de los dos se había dado cuenta de ello.
Deku volvió a mirar a Bakugo. El chico estaba agitado. Sus mejillas lucían ruborizadas y sus
ojos estaban cerrados, dejando entrever sus hermosas y largas pestañas. Izuku adoraba verlo.
El rubio sintió que alguien lo estaba observando, así que abrió sus párpados. Sus ojos
conectaron, y es que mientras Izuku succionaba con delicadeza la sangre ajena, Bakugo no
podía disimular lo bien que se estaba sintiendo. Y eso le molestaba.
Aquellos ojos, fuesen del color que fuesen, sabían cómo ponerlo nervioso.
Cuando Deku acabó, retiró sus colmillos, los cuales habían dejado dos diminutas
perforaciones en las que quedaban restos de aquel líquido rojizo. Izuku no pensaba
desperdiciarlo, por lo que usó su flexible lengua y lamió su piel. Hizo esto varias veces hasta
que la zona quedó impecable. Inconscientemente, el peliverde depositó un beso sobre la
herida, pues era lo que su madre solía hacer cuando él era pequeño y se lastimaba.
Bakugo se tensó.
La había cagado.
Con temor, Izuku alzó la vista y lo miró apenado. Bakugo estaba un poco pálido, pues al fin y
al cabo le habían extraído sangre. Pero no reaccionó de forma negativa ante su muestra de
afecto.
Deku percibió un fuerte sonido. Era como si alguien estuviera tocando la batería. El pecoso
ató cabos. Aquel alboroto procedía del corazón del rubio, el cual bombeaba sangre a una gran
velocidad. Bakugo se levantó con rapidez mientras fruncía el ceño. Al hacer esto, su cuerpo
se desequilibró. Estaba mareado y sus mejillas todavía ardían.
—Kacchan...
Lo miró con ojos de cachorro. Puso su mano en el rostro del contrario y lo apartó de su
campo visual, pues por algún motivo, se sentía raro cada vez que lo miraba.
—Por favor, siéntate. Te curaré eso en un periquete —contestó haciendo alusión a la herida
de su brazo.
Cruzó sus brazos con indignación. Nadie le decía lo que tenía que hacer. Se sentó y esperó a
que trajera el botiquín. Cuando lo obtuvo, volvió a sentarse al lado del rubio y tomó su mano
con timidez.
Desinfectó la herida y aplicó una extensa tirita.
—¡Listo!
Bakugo observó su muñeca. Había realizado un gran trabajo. Se notaba que tenía experiencia,
ya que se lastimaba con frecuencia. Bakugo lo había visto curarse a sí mismo miles de veces.
Pensar en eso lo enfureció.
—¡Deja de hacer todo por tu cuenta y confía un poco más en los demás! —refunfuñó.
Deku asintió sin saber a lo que se refería. Luego de esto, Bakugo se dirigió a la puerta.
—Sí. No. Bueno, quiero decir... No es que te esté echando ni nada por el estilo. Sabes que
siempre eres bienvenido. Solo era una pregunta sin importancia.
«Cierra la boca» se dijo a sí mismo. ¿Por qué se ponía en evidencia cada vez que estaba a su
lado?
—Buenas noches, nerd —anunció—. Si ocurre algo, llámame. Y cuando tengas sed, avísame.
Después de aquella despedida, Bakugo se fue. Izuku observó como la ancha espalda del
contrario se iba alejando. Sonrió, pues su corazón estaba rebosante de alegría.
He revisado los capítulos varias veces porque soy demasiado perfeccionista, pero me
disculpo por si hay alguna falta de ortografía o algún error.
Al día siguiente, Izuku se levantó en perfecto estado. Y puede que la sangre del rubio tuviese
algo que ver. Caminó hacia la entrada y se sorprendió al divisar un sobre, el cual estaba
postrado en el suelo de su habitación. Alguien lo introdujo por la ranura de la puerta.
El peliverde agarró el papel y lo abrió con cuidado. Dentro había una carta y una pequeña
cajita de cartón. Izuku la leyó con atención:
Le pedí a Yaoyorozu que crease unas lentillas para que nadie sospeche de tu repentino
cambio y para evitar preguntas no deseadas, Ya sabes lo cotillas que son los extras de
nuestra clase. Y tranquilo, no le he comentado para qué las quería ni para quién eran. Será
mejor que las uses.
-De nada, Bakugo Katsuki.
—Kacchan... —dijo en voz alta y con una sonrisa que sería capaz de iluminar a toda una
ciudad.
En estos encuentros nocturnos, los cuales eran bastante frecuentes, Deku siempre mordía a
Bakugo en la muñeca o en el antebrazo. Básicamente sitios que fueran discretos y fáciles de
ocultar. Partes como el cuello estaban descartadas, pues la gente lo sacaría de contexto y se
armaría un escándalo. La cantidad de sangre que Izuku succionaba era limitada, ya que no
quería poner en peligro la salud del contrario. Por otro lado, y a pesar de que resultase
doloroso, Bakugo amaba aquella sensación.
Cuando los colmillos de Izuku atravesaban su piel, su mente quedaba en blanco. Se sentía en
las nubes. Incluso podía escuchar los latidos de su corazón retumbando en su cabeza. Pero lo
que más le gustaba era ver como el otro también lo disfrutaba.
Izuku sabía que decir esto estaba mal, pero quería más. La sangre del rubio era lo mejor que
había probado en toda su vida. Y aquella esencia que lo envolvía era tentadora. Provocaba
que el se volviera algo posesivo, pues quería que el rubio fuese solo para él.
Quizá aquel quirk estuviera sacando a la luz sus deseos más profundos.
•••
Era un viernes por la tarde. Los alumnos de la clase A estaban en el exterior de la escuela,
entrenando por parejas para mejorar el control de sus habilidades. Aquel día, Deku no se
encontraba demasiado bien. Su garganta se sentía más reseca de lo habitual y sus colmillos
habían incrementado levemente de tamaño. Volvía a estar hecho un desastre, no obstante,
trató de enfocarse en la tarea que su profesor les había encomendado.
Izuku estaba practicando con Uraraka mientras que Bakugo lo hacía fervientemente con
Kirishima. Estos dos eran buenos amigos, lo habían sido desde el principio. Izuku siempre
estuvo celoso de su relación y se odiaba por ello.
Embobado, Izuku lo miraba de reojo a la vez que flotaba por los aires junto a Uraraka, la cual
le daba indicaciones, pues era una experta en ese campo.
Volviendo al combate que se estaba formando entre ambos adolescentes; Kirishima realizó un
arriesgado movimiento. Desgraciadamente, Bakugo en ese instante estaba distraído
contemplando al peliverde. Por lo que no logró contraatacar y recibió el brutal impacto. Su
rostro estaba intacto, pero sus labios habían sufrido un profundo corte. La sangre salía a
borbotones, cosa que alertó al pecoso.
El olor era demasiado fuerte como para ignorarlo. Izuku estaba enloqueciendo.
El nombrado presionó su boca, tratando de detener el sangrado. Esto fue en vano, ya que el
flujo de sangre incrementó.
Izuku le dio la espalda y tapó su nariz. El olor se intensificaba. Su maravillosa esencia estaba
llenando cada ápice de la enfermería. Tenía demasiada sed. Por mucho que tragara saliva, no
lograba hidratar su garganta. Era como si le hubieran clavado pequeñas astillas de madera.
Volteó su cuerpo y divisó los labios del chico. Lo estaba atrayendo como el canto de las
sirenas a los marineros. Bakugo lo observó extrañado, pues parecía agitado.
—¿Izuku?
Ese fue el detonante. Que lo llamase por su nombre de una forma tan dulce y casual lo
remató. Corrió hacia el rubio, y agarrándolo con suavidad del cuello, hizo que ambas bocas
colisionaran en un explosivo beso. El peliverde comenzó a lamer la sangre que se postraba
sobre sus labios, mientras que Bakugo se quedó paralizado a causa de la sorpresa.
A pesar de la estupefacción que sintió ante aquel inesperado encuentro, correspondió el beso
casi de forma instintiva. Izuku usó sus dedos y recorrió cada centímetro de la piel del rubio a
la vez que lo besaba apasionadamente y succionaba su sangre.
Mordió su labio inferior en repetidas ocasiones. Bakugo soltó un suspiro al notar que la
lengua del contrario lo estaba tocando de una forma tan íntima. Utilizó su mano para acercar
aún más al peliverde. Quería romper la invisible barrera que existía entre ambos. Rodeó su
cintura y la apretó con fuerza. Katsuki abrió la boca e introdujo su lengua en la cavidad bucal
del contrario. Sus lenguas chocaron y compitieron por el control. Izuku respiró hondo. Sus
piernas no eran lo único que temblaban.
Escuchó unos fuertes y veloces latidos, pero no sabía si eran suyos o del rubio, pues
retumbaban por toda la sala. A Bakugo no parecía importarle el sabor metálico de su propio
plasma, es más, estaba tan centrado en el beso que olvidó que estaba perdiendo sangre.
Izuku se separó para recobrar el aliento. Estaban muy nerviosos, se podía notar con solo ver
sus acalorados rostros, los cuales estaban completamente sonrojados. A pesar de haberse
alimentado, el pecoso no lograba saciarse. Esta vez algo era diferente.
De nuevo, miró el cuello del rubio. Acercó sus fauces y clavó sus mortíferos colmillos sobre
su tersa piel. Empezó a succionar más sangre de la cuenta.
Bakugo intentó contener un gemido. Su cara estaba enrojecida y dejaba entre ver el placer
que estaba experimentando. Bajó la mano que mantenía en la cintura ajena y la posó sobre el
trasero del peliverde, el cual mientras bebía y se envolvía en su esencia lo miraba
embelesado.
Amaba las reacciones del muchacho, su cálido cuerpo y su imponente voz, su orgullo y lo
cabezota que podía llegar a ser. Amaba su sangre y lo bien que olía. Sus sonoros latidos y las
pulsaciones erráticas mostraban lo nervioso que estaba. Aunque el joven jamás lo admitiría
en voz alta; sin embargo, su corazón no podía mentirle. Izuku lo amaba en cuerpo y alma. Y
por fin se dio cuenta de ello. ¿Cómo había estado tan ciego y por tantos años?
Sus cuerpos chocaban y se rozaban con frecuencia. El peliverde seguía sin saciarse.
Izuku volvió a sus sentidos. Pensó en lo que acababa de pasar. No se lo podía creer, había
vuelto a perder el control. Pudo haberlo matado en un abrir y cerrar de ojos.
Si eso hubiera pasado no podría seguir viviendo, pues un mundo sin Bakugo carecía de
sentido.
Por otra parte, se habían besado. Habían compartido un momento tan especial y privado. Pero
la cara de espanto del rubio se quedó grabada en el cerebro de Izuku.
Por la reacción de Bakugo, Deku supuso que solo le había seguido el juego por compromiso,
ya que en la mente del pecoso era imposible que Katsuki se enamorase de él.
Lo había arruinado todo y esta vez no habría vuelta atrás. Su corazón sintió una punzada.
Quizá una estaca hubiera dolido menos.
Fueron sus últimas palabras antes de darse a la fuga. Incrédulo, Bakugo observó cómo su
silueta se iba alejando con rapidez y de repente sintió un déjà vu. Aquel incidente daría paso
a un nuevo obstáculo en su complicada relación.
Capítulo 5
Los días que pasaron ignorándose se convirtieron en semanas. Y eso que Bakugo trató de
acercarse al pecoso. Pero este último lo evadía por completo, causando que el orgulloso rubio
se enfadara con él. Parecían dos niños pequeños. Por parte de Izuku, este se encontraba
realmente mal. Odiaba el hecho de haber vuelto a herir a su amigo de la infancia.
Por no hablar de que ambos se besaron y Katsuki prácticamente lo había rechazado, o eso era
lo que Izuku pensaba. Solo quería retroceder en el tiempo y olvidarse de aquellos
sentimientos que se habían mantenido bajo tierra durante tantos años. En cuanto al tema del
vampirismo, el joven había alcanzado su límite. Decir que estaba sediento era quedarse corto.
Sus entrañas revueltas exigían comida y sus colmillos estaban más afilados que nunca. Su
piel adquirió un tono más blanquecino y se sentía frío al tacto. Necesitaba sangre cuanto
antes.
Sus amigos y compañeros estaban preocupados por él. Pues lo veían más delgado y callado.
También notaban la tensión que se había vuelto a formar entre Bakugo y el peliverde. Izuku
estaba sentado haciendo deberes. Era lo único que lo mantenía distraído y alejado de aquella
incómoda situación. Todavía no había hecho ningún avance para revertir el quirk, tampoco
había hallado el paradero de la chica.
Se escucharon unos golpecitos que procedían de la entrada. Una parte de él deseaba abrir la
puerta y encontrarse al rubio de ojos escarlata. Desgraciadamente, los deseos a veces no
llegaban a cumplirse. Una joven de cabellos oscuros lo miraba con compasión.
—¿Vamos a dar una vuelta? —dijo Uraraka con una media sonrisa.
La muchacha logró convencerlo para que saliera a tomar un poco de aire fresco. Después de
estar varios minutos caminando, se sentaron en un banco de madera que se ubicaba cerca del
perímetro de la residencia.
Por alguna razón, las ganas de llorar aparecieron de la nada y lo invadieron por completo.
Intentó contenerse, quedándose callado y mirando hacia el suelo.
—Deku, sabes que puedes hablar conmigo de lo que sea. Somos amigos y no voy a juzgarte.
Al contrario, buscaré una forma de ayudarte a resolver lo que sea que haya ocurrido.
Al escuchar sus palabras de consuelo, Izuku no pudo ocultarlo más y comenzó a explicarle
todo. Desde el incidente con la chica que estaba siendo atracada hasta el momento en el que
besó a Bakugo y perdió el control.
—Deberías hablar con él. Estoy segura de que solo fue un malentendido. Al fin y al cabo te
correspondió el beso, ¿no?
Izuku se sonrojó.
—Bakugo no es de los que hacen algo por obligación. Él es directo con lo que hace y dice.
Estoy segura de que quería besarte. Lo sé por como te mira. Los ojos no mienten, Deku.
—Porque casi le drenas toda la sangre —añadió. Por muy sincera que fuese Uraraka, eso
había dolido.
—Tampoco te machaques mucho. A toga le ha pasado más de una vez. Dice que mi sangre es
la mejor del mundo. Aunque bueno, eso es subjetivo.
Izuku a veces lo olvidaba, Uraraka y Toga estaban en una relación desde hacía meses. La
rubia disponía de un quirk similar, por lo que Uraraka podría saber bastante acerca del tema.
—¿Y cómo funciona eso? Quiero decir, solo he probado la sangre de Kacchan así que no
puedo compararla con nada.
—Por lo que me ha contado Toga, todo está muy ligado a los sentimientos y a las emociones.
La sangre de cada humano es única y varía dependiendo de la relación o lo que sientas por
esa persona. Por ejemplo, si odiases a alguien, su sangre te sabría a alcantarilla. En cambio, si
tus sentimientos por una amistad o por un familiar fueran positivos, la cosa sería diferente.
Pero eso sí, cuando se trata de amor romántico, todo cambia. Si ese es el caso, la sangre de la
persona a la que amas te volverá loco. Y no solo su sangre, su esencia y su olor. Es como si
tus sentimientos se amplificaran.
Ahora todo tenía sentido. De nuevo, el adolescente pensó en el rubio. Lo echaba de menos.
—Por cierto, ¿tienes sed, verdad? Por lo que me has contado, no te has alimentado en
semanas.
—Bebe. Antes de que ataques a alguien hasta dejarlo seco —soltó una risa burlona.
—No es gracioso —sonrió y suspiró.
—De todos modos, lo digo en serio. Tienes que beber o de lo contrario morirás. Tu
organismo ahora funciona diferente. Debes adaptarte a él.
Tras pensarlo seriamente, llegó a la conclusión de que si quería seguir cuerdo debería aceptar
la petición de la chica.
Sus mejillas se sonrojaron al pensar en su hermosa novia. Es así como Uraraka le ofreció su
brazo. Izuku introdujo sus colmillos en la piel de su amiga y una vez que degustó su sangre,
comprobó la teoría de la muchacha. Su sangre no estaba mal, cumplía con la función de
alimentar. Sin embargo, no se comparaba a la del rubio.
Es aquí cuando comprendió que por muchos tipos de plasma que probara, él solo querría la
de Bakugo. Pues era la sangre de la persona de la que estaba enamorado. Su rostro se
ruborizó. Quería verlo, pero tenía miedo de que el contrario lo rechazase.
Hablando del rubio, este había salido a correr. Algo normal en su rutina. Pues a pesar de su
tosca personalidad, Katsuki siempre estaba entrenando y estudiando. Mientras sus piernas se
movían siguiendo un ritmo en concreto, Bakugo avistó el sedoso y reconocible cabello del
peliverde. Corrió hacia él con desesperación. Hacía tiempo que no hablaban, y si no
solucionaban las cosas, nada cambiaría entre ellos. Además, el rubio estaba preocupado por
la salud del pecoso, ya que hacía semanas que no probaba su sangre.
Cuando lo tuvo enfrente, sus pies quedaron pegados al suelo y su cuerpo se petrificó al ver
aquella estampa. El maldito de Deku estaba succionando la sangre de la cara redonda.
Bakugo apretó sus puños y su corazón se oprimió al ver que lo habían reemplazado. ¿Por qué
no había contado con él?
Acordaron que pasara lo que pasara, si el peliverde necesitaba sangre, el rubio estaría
dispuesto a darle hasta la última gota. ¿Era tan poco confiable? ¿Tanto odiaba su sangre? ¿Y
por qué había acudido a ella en específico?
Eso le fastidiaba. Estaba muy molesto y no entendía por qué le importaba tanto que el nerd
estuviera con alguien que no fuese él. Detestaba aquel sentimiento al cual no podía ponerle
nombre.
Cuando Izuku terminó de beber, se apartó y limpió sus labios con un pañuelo. Agradeció la
ayuda de Uraraka y se despidió de ella. Minutos después, se levantó y respiró hondo. Al
hacer esto, inhaló una fragancia que le resultaba muy familiar.
—¿Kacchan?
Capítulo 6
A la mañana siguiente el pecoso despertó mareado y con una terrible jaqueca. Era bastante
pronto, un hecho inusual considerando que era sábado e Izuku no solía despertarse tan
temprano, pues los fines de semana aprovechaba para descansar. Se puso de pie y estiró su
espalda. A continuación, caminó con pereza hasta donde se encontraban las ventanas y corrió
las cortinas.
Inmediatamente soltó un grito de dolor. Su cara ardía a causa del sol, el cual quemaba su piel
con rapidez. Era como si estuviera bañándose en un mar de lava.
Volvió a cerrar las cortinas y se ocultó en la esquina más oscura de su habitación. Su rostro,
algo adolorido, recobró su tono natural y las heridas se curaron al momento. Asustado, pues
hasta ahora nada de esto había sucedido, agarró el teléfono y llamó a la primera persona que
pasó por su cabeza.
Bakugo sabía que estaba soltando estupideces, pero no podía evitarlo. Su boca a veces iba
más rápido que su cabeza, por lo cual no analizaba lo que decía.
—¿Uraraka? ¿Qué tiene que ver ella con esto? Al que necesito es a ti.
Un silencio invadió la sala. Los corazones de ambos empezaron a flotar mientras que la
frente del pecoso sudaba a causa del nerviosismo.
Colgó la llamada y salió de la cama a una velocidad ultrasónica. Se puso una camiseta negra
de tirantes y fue en busca del peliverde.
A los pocos minutos, alguien golpeó la puerta.
Deku suspiró y explicó su desafortunado encuentro con los rayos del sol.
El rubio chasqueó la lengua.
—¿Qué ocurre?
—Creo que el quirk podría estar llegando a su fase final. Si no encontramos a la chica que
causó toda esta mierda, dudo que podamos revertirlo.
—¡Eso no puede pasar! ¡¿Cómo seré un héroe si he de alimentarme de sangre humana?! ¡La
gente nunca confiaría en mí!
—Hablando de eso... ¿De quién te has estado alimentando durante estas semanas?
—De nadie.
—Tú, maldito... ¡¿Te atreves a mentirme a la cara?! —espetó—. Te vi el otro día chupándole
el brazo a la cara redonda. Si querías probar su sangre, debiste haberlo dicho desde el
principio. Me habrías ahorrado muchas molestias.
—¿Qué insinúas, qué bebí la sangre de Uraraka por gusto? Lo hice por necesidad. Me estaba
muriendo de sed.
—¿Y por qué no pensaste en mí primero? Sabes que te habría ayudado a pesar de estar
enfadados. ¿Tanto detestas mi sangre?
—¿Y por qué te molesta lo de Uraraka? Ella trataba de ayudar —dijo y después recapacitó—.
Espera... Kacchan, ¿puede ser que estés celoso?
El rubio se quedó petrificado al oír tales palabras. Bakugo había encontrado la respuesta a sus
dudas. Sus mejillas y sus sudorosas manos se recalentaron.
—¡¿Qué mierda estás soltando por esa estúpida boca?! ¿Por qué iba a estar celoso?
Izuku se aproximó a él, mientras que el rubio retrocedía. Tenía los nervios a flor de piel.
Terminó acorralándolo contra una de las paredes de su cuarto. Admiró los ojos de Bakugo.
Una corriente recorrió toda su espina dorsal.
El rubio gruñó y apartó su mirada. Tragó saliva y trató de respirar, cosas que se le estaba
dificultando debido a la cercanía del rostro ajeno.
—Temía herirte.
—¡¿Cuántas veces tengo qué decírtelo?! Deja de tratarme como si fuera algo frágil que está a
punto de romperse y debe ser sujetado con cuidado. No me subestimes, porque sé
defenderme solo.
—Kacchan no lo entiendes. Sé que eres fuerte. Lo sé mejor que nadie. El que me preocupa no
eres tú, soy yo. Porque cada vez que te tengo cerca me vuelvo loco. El simple sabor de tu
sangre es tan embriagador que hace que todos mis sentidos enloquezcan y pierdan el control.
Parezco idiota.
—Escucha, la otra vez casi dreno toda tu sangre, porque no podía parar, no sabía cómo.
¿Sabes lo aterrador que es eso? ¿Qué haría si te pasara algo? Te necesito a mi lado. Por eso
me alejé. Puede que no fuera lo mejor, lo admito. ¿Pero qué hubieras hecho tú en mi lugar?
Su voz sonaba entrecortada y sus ojos no tardarían en llenarse de lágrimas. A partir de aquí,
comenzó a balbucear y a decir cosas sin sentido.
—¿Quieres hacer el favor de cerrar el pico? —habló mientras sujetaba y acariciaba las
mejillas del peliverde.
Este último lo observó atónito. Sus piernas temblaban al igual que su corazón. Incluso era
capaz de notar el aleteo de las múltiples mariposas que yacían en el interior de su estómago.
Como consecuencia, Izuku soltó un gemido casi inaudible. Esto encendió aún más al rubio.
Sus labios se iban tocando una y otra vez. Los besos cada vez se volvían más profundos e
intensos. Sus lenguas jugueteaban entre sí para determinar quién tenía el control. Era como si
estuvieran compitiendo para ver cuál de los dos besaba mejor, pues al fin y al cabo, seguían
siendo rivales.
— ¡Lo siento! Ves, esto era a lo que me refería. Ni siquiera puedo besarte por culpa de este
maldito quirk.
—¿Quién lo dice? —cuestionó con una sonrisa pícara. Dejó entrever su lengua, la cual estaba
teñida de un color rojizo. ¿Acaso lo estaba seduciendo? Porque si era así, había funcionado.
Izuku lo besó de nuevo, introdujo su lengua e hizo que chocase con la del contrario. Saboreó
cada ápice de esta mientras ambos se alejaban de la incómoda y dura pared.
Caminaron hasta llegar a la cama del pecoso. Este último arrojó al rubio a la cama. Cayó en
las finas sabanas y enseguida se hizo con la mano de Izuku. Tiró de ella y lo empujó hacia él.
Se movió con sutileza para poder alcanzar la boca del muchacho, pero al hacer esto sus partes
íntimas se rozaron. Bakugo sentía unos extraños pálpitos. Su corazón estaba recibiendo
pequeñas, pero sutiles punzadas, lo cual le condujo a pensar que estaba sufriendo un infarto.
Sujetó el trasero de Deku con ambas manos y lo movió a un determinado ritmo a la vez que
él encorvaba la cadera.
El rubio todavía no se acostumbraba al nuevo color de sus ojos, sin embargo, le seguían
pareciendo hermosos. Bakugo volvió a agarrarlo del cuello y lo aproximó. Segundos después,
unieron sus labios de nuevo. Izuku se alejó y se fijó en el apetecible cuello del contrario.
Quería morderlo, pero temía perder el control.
—¿Puedo? —suplicó.
Bakugo sonrió.
—Sola a la tuya.
Clavó sus colmillos en la pálida piel del chico. Bebió unas gotas, pues no deseaba hacerle
daño. Retiró sus fauces y apreció la marca que había dejado. Le otorgó un beso y apreció a la
persona que tenía delante. No podía creer lo que estaba viendo. Un ruborizado Bakugo lo
estaba observando con deseo.
Su cuerpo se sintió débil por un momento. Dios, quería besarlo y morderlo por todas partes.
Utilizó su mano para tocar la camiseta del rubio. Este último entendió la indirecta y
rápidamente se la quitó. El peliverde hizo lo mismo. Ambos se observaron embelesados. El
tiempo parecía detenerse cuando estaban juntos. Deku contempló el torso desnudo de
Bakugo. Parecía una estatua de mármol, típica de la antigua Grecia.
—Un poco más y se te cae la baba —dijo, ya que lo estaba analizando con la boca abierta.
A continuación, se aproximó al pecho del rubio y clavó sus dientes en él. Bakugo se
sorprendió ante tal acción. Y empezó a comprender que Izuku era más posesivo de lo que
parecía, pues estaba dejando su cuerpo lleno de marcas. Aunque esto no le desagradaba. La
sangre formó una especie de riachuelo que circulaba por los abdominales del rubio. El pecoso
se aproximó, y usando su larga lengua, lamió el plasma mientras recorría su abdomen.
Esto causó que Katsuki sintiera una brutal electricidad que le erizó la piel. Por no hablar del
creciente cosquilleo que estaba sintiendo debajo de su ropa interior.
Puso su mano en el bello rostro del peliverde y le dedicó una dulce mirada. Sus sentimientos
habían sido aclarados nada más verse a los ojos. Había estado enamorado de él por un
tiempo, aunque su subconsciente lo había estado ocultando por miedo al rechazo. Bakugo lo
besó en la frente y después lo abrazó. Izuku correspondió la muestra de afecto. Cuando sus
pieles se unieron, ambos soltaron un suspiro.
Podían sentir el latir del otro. Era una sensación agradable. Les recordaba que estaban vivos y
sobre todo juntos. Aquella acalorada escena podría haber llegado a algo más, sin embargo,
fueron interrumpidos por alguien que llamó a la puerta,
Izuku se rio. Con mucho pesar, se separó del cuerpo de su amado y fue hacia la puerta. Al no
tenerlo cerca, Bakugo sintió una repentina ráfaga de frío.
Sujetó el pomo y lo giró. Entreabrió la puerta, porque no quería que vieran a Bakugo medio
desnudo ni que se formaran rumores no deseados.
Ante la impactante noticia que fue revelada junto a la llegada de Recovery Girl, los
muchachos se vistieron enseguida y se dirigieron a la enfermería, pues la causante de aquel
incidente los estaba esperando. Bakugo tapó la cabeza del peliverde con una especie de
sábana para evitar que los pocos, pero cálidos rayos de sol que se colaban por las ventanas
del pasillo quemaran la pálida piel del joven.
Recovery Girl les dio la bienvenida y no se sorprendió demasiado al ver a Bakugo. Ambos
jóvenes lucían algo sudorosos y nerviosos.
Los alborotados cabellos y sus ropas arrugadas mostraban lo bien que se lo habían pasado.
Por no hablar de que Bakugo iba exhibiendo las marcas que habían dejado los colmillos de
Deku. Las cortinas de la enfermería estaban bajadas. Izuku miró al frente y se fijó en la chica.
Parecía sacada de otra época. Llevaba unas gafas de sol distintas y un precioso vestido
victoriano.
Sus miradas volvieron a encontrarse tras tantas semanas. La joven se arrodilló y le dio la
mano. Agachó su cabeza y comenzó a disculparse.
—¡Lo siento tanto! No quería complicarte las cosas, de verdad. He venido a darte las gracias,
pues lo que hiciste por mí fue muy noble. También a rogar por tu perdón, ya que este quirk
puede convertirse en una maldición si uno no tiene autocontrol.
La chica hablaba rápido. Izuku se puso de cuclillas y tocó su hombro con suavidad.
—No te preocupes. Sé muy bien lo difícil que es controlar tu propio quirk. Así que no me
pidas perdón ni te eches la culpa. Solo ha sido un accidente.
—¿Sabes si este quirk es permanente? ¿O hay alguna forma de revertir sus efectos?
—Es complicado.
—Por favor —suplicó—. Si existe una posibilidad, aunque sea mínima, necesito que me lo
digas. Mi futuro depende de ello.
La chica suspiró.
—Este poder es permanente, sin embargo, hay algo conocido como período de transición.
Dura aproximadamente un mes, y durante este, tu organismo se va acostumbrando a los
nuevos cambios. No obstante, si se supera el límite de tiempo, los efectos serían irreparables.
Por lo tanto, te convertirías en un vampiro hasta el resto de tus días.
—Pero si todavía estás a tiempo, podría haber una forma de volver a ser humano. Aunque es
algo enrevesada.
—Deberás dar con una persona que esté profundamente enamorada de ti o con la que
compartas un fuerte vínculo. No solo eso, tendrás que corresponder sus sentimientos, o de lo
contrario no funcionará. Si por casualidad lograses cumplir con esos dos factores, los
enamorados deberán beber la sangre del contrario. Es decir, no solo el que está en transición,
el humano también beberá la sangre ajena, por muy desagradable que le parezca.
Izuku quedó estático. ¿Qué clase de estupidez era aquella? No había nadie que se sintiera de
esa manera hacia él, y por muy enamorado que estuviera del rubio, estaba claro que este no lo
veía de la misma forma.
Pues sí, se habían besado, pero eso no significaba que automáticamente lo quisiera de forma
incondicional. El pecoso se sentía angustiado y empezaba a creer que no recuperaría su vida
humana.
—¿Estás segura de que es la única opción? Puede que exista otro remedio. Debe haber otra
alternativa, siempre la hay.
—No es la primera vez que ocurre algo similar. He vivido docenas de vidas y puedo
asegurarte que en todas ellas esta siempre ha sido la única forma.
—¡Pues claro que no! —espetó—. ¡¿Me estás diciendo que mi futuro como héroe depende de
que alguien me quiera lo suficiente como para beber mi sangre?! ¡¿Quién es el desequilibrado
mental que estaría dispuesto a realizar tal estupidez?!
El pecoso explotó.
—Yo lo haré.
Observó al dueño de aquellas palabras.
—¡Cállate! —Selló sus labios con una sola mano—. ¡Cierra la boca! ¡No te atrevas a decirlo
en voz alta!
Las orejas del rubio habían adquirido un tono rojizo e Izuku percibió su latir descompensado.
El pecoso tendió su mano esperando una respuesta positiva. Bakugo se quedó mirando la
palma del contrario, y sin darle muchas vueltas, unió ambas manos en un dulce y nostálgico
apretón.
Izuku lo miró emocionado. Sus ojos lucían algo vidriosos, pues casi se le saltan las lágrimas.
Recovery Girl empezó a prepararlo todo. Hizo que se sentaran en una camilla y
posteriormente, les extrajo la sangre.
El plasma de ambos quedó almacenado en unos pequeños frascos de cristal. La sangre del
pecoso era más oscura que la del rubio. Bakugo la analizó.
—¿Ah? ¿Crees que no puedo beberme un chupito de sangre? Apuesto a que me lo bebo más
rápido que tú.
Izuku sonrió, cosa que calmó al contrario. Porque aunque tratase de ocultarlo, estaba
nervioso. Y es que beber sangre no entraba en su lista de cosas que hacer antes de morir.
—¿Preparado?
—Siempre.
Dicho esto, ambos comenzaron a beber. Bakugo cerró los ojos por inercia y trató de no
pensar en el sabor. Tragó rápidamente y segundos después comenzó a toser. El interior de su
boca sabía a metal.
—¿Kacchan, estás bien? —preguntó preocupado, mientras acariciaba la espalda del rubio en
muestra de su apoyo.
Y por un momento, deseó ser un vampiro para poder disfrutar de la sangre del pecoso.
El nombrado gruñó como respuesta y siguió limpiando su lengua con un paño húmedo.
—Lo sabréis en unas horas. Si el resultado es negativo, es que uno de los dos no ha sido
sincero en cuanto a sus sentimientos por el otro. Por lo tanto, te convertirás en vampiro —
dijo mirando al pecoso—. Os sorprendería la de parejas que se han separado por culpa de mi
quirk. Es bastante triste, ahora que lo pienso...
Ambos tragaron saliva y rezaron por que funcionara. Bakugo volvió a sentarse en la camilla.
Izuku lo contempló.
Algo se sentía diferente. Su cabeza resonaba y sus oídos estaban entumecidos. Por no hablar
de que su visión se nubló. Pocos segundos después, su cuerpo se desplomó.
—¡Izuku! —exclamó el rubio, a la vez que lo recogía y le sujetaba el rostro para comprobar
que no estuviera herido.
Los ojos de Izuku se abrieron con pereza. Tardaron un poco en acostumbrarse a la anaranjada
luz que entraba por los grandes ventanales de la enfermería. A través de estas se podía
apreciar un hermoso atardecer.
Cuando despertó del todo, analizó la escena. Se encontraba en la misma camilla en la que
había estado horas antes.
Bajó su mirada, pues notaba que algo pesado estaba ejerciendo presión. Se sorprendió al ver
que una persona permanecía con la cabeza apoyada sobre su regazo. Se fijó en el rostro
ajeno, unas notables ojeras se postraban debajo de sus párpados.
—¿Kacchan?
Al oír la voz del pecoso, el nombrado abrió los ojos al instante. Separó su cara de las finas
sábanas y ambos se miraron, sumiéndose en un extraño, pero no incómodo silencio.
¿Y si no lo habían logrado? Eso significaba que sus sentimientos nunca fueron recíprocos.
Deku comenzó a preocuparse.
—Como echaba de menos esos ojos —dijo empleando una suave voz que dejó temblando al
peliverde.
—Ha funcionado.
—O sea que tú... —comentó estupefacto y lleno de dudas—. ¿Tú también sientes lo mismo?
¿Estás enamorado de mí?
—Joder, ¿de verdad tienes que preguntarlo? Supongo que lo de esta mañana no te ha dado
una pista. Quizá no he sido lo bastante convincente. ¿Debería besarte otra vez para que te
enteres de una puta vez?
El peliverde se sonrojó.
El rubio se subió a la camilla para estar más cerca de él. Aproximó sus labios a los del
contrario y los unió. Ambos cerraron los ojos y disfrutaron del momento. Movieron sus bocas
siguiendo un cierto compás y entremezclaron sus lenguas en un dulce pero apasionado beso.
Mientras Izuku lo agarraba del cuello con deseo, Bakugo sujetaba su cintura y apretaba uno
de sus muslos con fuerza. Deku mordió el labio inferior del rubio, y consiguió sacarle un
sonoro suspiro.
—No eres el más indicado para hablar de eso. Sabes que te encanta que lo haga.
El rubio sonrió.
A la mañana siguiente, Recovery Girl entró en la enfermería y encontró a los dos muchachos
abrazados.
Extra (primera parte)
Chapter Summary
Bakugo había estado teniendo sueños en los que ahora él era quien se transformaba en
una criatura de la noche para chupar la sangre de su novio. Pasaron años y, sin embargo,
el rubio no podía olvidar la locura que vivieron y la envidia y sobre todo curiosidad que
sentía. Se quedó con la intriga y las ganas de probar la sangre de la persona a la que más
amaba en este mundo.
Sus ojos escarlatas combinaban con la sangre que caía en forma de riachuelo por el cuello
de la persona que se postraba frente a él. Un joven de cabello frondoso y verde mantenía sus
manos en la cintura de un rubio totalmente extasiado.
Bakugo Katsuki agarró con pasión el rostro de su amado, Izuku Midoriya, y acarició sus
suaves y sonrojadas mejillas para posteriormente besarlo con desesperación. El pecoso se
derritió y ante tal acción abrió aquellas brillantes esmeraldas denotando sorpresa.
El dulce plasma que brotaba y se filtraba por la garganta del rubio, calentó su interior al
instante, haciéndole perder la cabeza. Le ardían las manos e Izuku pudo notarlo, pues sentía
como una de ellas se enredaba adentrándose en sus rizos. Tiró de estos creando una cierta
tensión y en consecuencia, Deku notó un cosquilleo en su cuero cabelludo.
Bakugo estaba perdido en el olor, el cuerpo y la sangre de su amado. Se alejó del chico,
manteniendo una escasa distancia y lo miró fijamente. Unos ojos grandes y deslumbrantes lo
observaban con deseo.
Su mirada parecía decirle al rubio que siguiese drenando hasta la última gota de su sangre.
La alarma de Bakugo comenzó a sonar. El joven héroe olvidó desactivarla. Se inclinó sobre la
cama y soltó un sonoro suspiro.
Pasaron años y, sin embargo, el rubio no podía olvidar la locura que vivieron y la pequeña
envidia y sobre todo curiosidad. Se quedó con la intriga y las ganas de probar la sangre de la
persona a la que más amaba en este mundo.
Hablando de su amante, Izuku y Katsuki llevaban cuatro años de noviazgo. De hecho, aquel
suceso los acercó y empezaron una relación a raíz de eso. Vivían juntos en un apartamento
algo estrecho pero bastante acogedor. Tras perder el One For All, Izuku trabajaba como
profesor en la U.A. a tiempo completo. Sus estudiantes lo admiraban y adoraban la
dedicación que demostraba por convertirse en un gran docente.
A pesar de que amase su trabajo, todavía extrañaba los días en los que patrullaba las calles y
detenía a algún que otro villano. Los días en los que podía ser un héroe junto a sus
compañeros y sobre todo Bakugo, ya que desde niños soñaban con formar su propia agencia.
Estaba siendo agotador, pero sus duros esfuerzos valdrían la pena al poder volver a patrullar
con Deku. Bakugo no podía esperar para ver la reacción de su amante, por lo que seguiría
esforzándose al máximo para que la sonrisa del pecoso nunca se apagara. Este era su primer
día libre en meses. Le hubiera gustado pasarlo junto a Izuku, pero estaba trabajando y no
volvería hasta tarde. Se levantó y se duchó de inmediato. Aquel sueño lo había dejado hecho
un desastre.
Se vistió, agarró las llaves, se puso una gorra y unas gafas para pasar desapercibido, porque
ahora era un héroe reconocido a nivel mundial, y se dispuso a salir de su hogar para comprar
los ingredientes de la cena. Una vez que la bolsa se llenó de comida, caminó un rato para
despejar su mente. Inmediatamente, sus ojos se desplazaron hasta el escaparate de una
librería. Segundos después, el rubio ya estaba en el interior del edificio.
Contempló las largas filas de libros, pero su atención se centró en un artbook que mostraba
diferentes ilustraciones de los héroes más importantes a lo largo de la historia de Japón.
Ahora mismo no podía derrochar ni un céntimo, no obstante, se imaginó el rostro
emocionado de su novio y no pudo resistirse.
Aproximó su mano hacia el libro y lo sujetó. Rápidamente, sintió que otra mano estaba
sosteniendo el extremo contrario del libro. Alzó la cabeza y se topó con una mujer que
parecía haberse escapado de un libro de historia. Al igual que Katsuki, también llevaba gafas
de sol y un vestido con demasiados volantes. Bakugo abrió los ojos con incredulidad al
reconocerla.
—¡Tú! —dijeron ambos al unísono señalándose con el dedo índice.
Bakugo no sabía cómo terminó en aquel lúgubre bar. Las luces rojas ambientaban el lugar de
forma espeluznante, parecía la guarida de Hades. Permanecía sentado en la barra junto a la
mujer de cabello oscuro.
El rubio no creía en el destino, pero quizá aquella podía ser su gran y única oportunidad de
experimentar sus impuras ensoñaciones. Le contó acerca de su situación, sin entrar en detalle,
pues Bakugo no era partidario de contarle su vida a una casi desconocida.
Las mejillas del rubio adquirieron un tono carmín, chasqueó la lengua y evitó explotar el
local.
Si las autoridades habían restringido el uso de su poder aquello debía haber sido grave.
Bakugo se levantó de la silla y se dispuso a irse. Había perdido su valioso tiempo.
—¡Espera! —exclamó la chica sosteniéndolo del brazo con fuerza—. Conozco a alguien que
tiene un don similar, podría darte su información de contacto.
—Es buena persona, tranquilo. No me atrevería a causar más problemas, y menos a un héroe
—contestó con una triste mirada que aun con sus gafas puestas era perceptible.
«Mierda».
Bakugo se reunió con la misteriosa persona en una cafetería. Eligió un lugar público por si
las cosas se tornaban extrañas. No es que tuviera miedo, ni mucho menos. Podía acabar con
cualquiera en menos de un minuto, pero quería evitar problemas innecesarios. El hombre que
tenía ante sus ojos era el típico vampiro cliché; ojos rojos, pelo negro, piel pálida y orejas
picudas.
—El quirk es temporal y dura menos de un día. Lo único que debes hacer es beber de este
pequeño frasco que contiene algunas gotas de mi sangre.
Le otorgó el recipiente de cristal. Bakugo arqueó la ceja y lo aceptó con cierta incertidumbre.
Bakugo dejó de escucharlo, abrió el frasco y bebió el líquido rojo de un sorbo. Como era de
esperar, aquello sabía asqueroso. Reprimió una arcada y se tapó la boca. Su rostro palideció
al notar que se estaba mareando.
Sin embargo, Bakugo no oyó esto último, estaba ocupado intentando no vomitar.
—Lo sabrás en unas horas, quizá minutos. Quién sabe. Este quirk es algo impredecible, todo
depende de la persona —añadió y con una sonrisa pícara siguió hablando—. Pásalo bien.
Bakugo resopló y volvió a su hogar. Una vez allí, preparó la cena para Izuku. Él no tenía
hambre por lo que ni siquiera comió. Además, la cabeza empezó a dolerle y su estómago se
retorcía con ímpetu. Dejó el libro que había comprado en la encimera y le escribió una nota
dedicada a su novio. A continuación, se dirigió a su habitación, cerró las persianas y se
tumbó en la cama. Cerró los ojos y enseguida se desmayó a causa del dolor insoportable que
provenía del interior de su boca.
Izuku Midoriya había acabado su turno. Salió más tarde de lo normal porque se puso a
terminar el papeleo y a corregir varios exámenes. El peliverde pensó en lo molesto que
estaría Bakugo al saber que había hecho horas extras, ya que a veces el pecoso se sobre
exigía demasiado. Se montó de inmediato en el transporte público y llegó a casa corriendo.
Sus manos estaban congeladas por culpa del frío invernal.
Quería abrazar a su novio cuanto antes y sentir el calor que emanaba de forma natural de su
cuerpo. Abrió la puerta. La casa estaba a oscuras, sumida en un silencio sepulcral. Eso le
sorprendió, de normal Bakugo lo esperaba en el sofá mientras veía algún documental o serie
policiaca. Inmediatamente, sus ojos fueron a parar al libro. Gritó de alegría al ver el
contenido de las páginas. Pero lo que más le hizo ilusión fue la nota de su amado.
Silencio.
El rubio lo miró.
Se volvió a crear un extraño silencio. Katsuki alzó su mano y tiró de la camisa del contrario,
empujándolo de tal forma que cayó encima de él. Lo analizó de arriba a abajo. El pecoso
vestía un traje negro, el cual favorecía su figura esbelta. Echó un vistazo a la corbata que
adornaba y se cernía alrededor del cuello ajeno. Estaba un poco mal atada y era de un color
que podría pasar desapercibido si no fuera por el estampado de All Might.
Bakugo soltó una risa. Izuku lo observó y se quedó paralizado. Ahora que la distancia entre
ellos era prácticamente nula, el pecoso se fijó en su rostro con atención. Agarró la cara del
rubio con ambas manos y la acercó a él.
—Son rojos.
—Lo sé. Me refiero a que el tono... Hay algo diferente. Brillan con más intensidad.
Bakugo se sobresaltó y se desplazó hacia el baño de un salto. Se miró al espejo, pero no logró
ver nada. Su reflejo se había volatilizado.
El nombrado abrió la boca y se tocó los dientes. Recorrió la fila de arriba y apretó hasta que
la yema de su dedo fue perforada por algo puntiagudo.
—Sorpresa —dijo.
—¡¿Cómo qué sorpresa?! ¡¿Qué ha pasado?! ¡¿Has sido afectado por algún quirk?! ¡¿Te ha
atacado un villano?!
—Sí.
—¿Por qué? No tiene sentido Kacchan, ¿por qué querrías ser un vampiro? ¿Es porque te dije
que encontraba a Edward Cullen atractivo?
—¡Claro que no, idiota! No lo haría por una razón tan estúpida.
—Yo... —soltó un suspiro—. Desde que fuiste afectado por aquel quirk me seguí
preguntando qué se sentiría al probar tu sangre. Cuando te alimentaste de mí, tus reacciones
se grabaron a fuego en mi mente. Parecía que estabas en las nubes. Me entró curiosidad y
desde entonces he estado teniendo sueños.
—¿Sueños?
El rubio asintió.
—En cada uno de ellos te mordía el cuello y bebía de ti como una puta sanguijuela. Te besaba
mientras te mordía por todo el cuerpo y lamía cada parte ensangrentada.
Izuku se ruborizó al escuchar aquello. La verdad es que no podía culpar al rubio por tener
aquellas fantasías, pues mentiría si dijera que a veces no extrañaba la sensación de sentir la
sangre de su amado fluir por su propio organismo.
—¿Por qué crees? No quería que pensaras que era un bicho raro por desear morderte. Lo
último que quiero es hacerte daño, lo sabes. Es por eso que he intentado reprimir estos sueños
de mierda para no alejarte de mí. Pero... Tenía tanta curiosidad. Lo siento, he sido un maldito
egoísta.
Izuku abrió los ojos con sorpresa. Se entristeció al ver a su novio tan agobiado.
—Está bien Kacchan. No estoy enfadado, solo estaba preocupado porque pensaba que
alguien te había atacado con su peculiaridad. Además, yo también he soñado cosas similares.
—¿De verdad?
El peliverde asintió con vergüenza rascándose la mejilla para ocultar sus nervios.
El ambiente cambió drásticamente. Katsuki había acortado la distancia de tal forma que
Izuku estaba arrinconado contra la pared del baño. Sus narices se rozaban con frecuencia.
—Yo... —tartamudeó lleno de nerviosismo—. Ambas cosas. Cuando fui influenciado por
aquel quirk, pensé en cómo hubieras reaccionado si te hubiera pasado a ti. Fue ahí cuando
comenzaron los escenarios imaginarios.
Un nuevo silencio inundó hasta el último recoveco del baño. Izuku debería estar
acostumbrado al contacto visual con el rubio, era su novio al fin y al cabo. Pero seguía siendo
un manojo de nervios a su alrededor. Apartó la mirada de aquellos penetrantes ojos que lo
estaban analizando. Bakugo se percató y le dedicó una sonrisa pícara.
—Tu corazón está latiendo demasiado fuerte. Deberías tener cuidado o se te saldrá del pecho,
Izuku —interrumpió arrastrando la 'u' de su nombre.
Deku volvió a mirarlo a los ojos. Observó la pálida piel del hermoso joven, las dos esferas
escarlata que lo miraban como si fuese lo único que existía en el mundo.
El cabello cenizo que tanto adoraba acariciar y los suaves labios que se hallaban a pocos
centímetros de los suyos propios estaban reclamando su atención.
El pecoso lo agarró de la camiseta negra que llevaba y lo tiró hacia él con fuerza, haciendo
que sus labios colisionaran después de horas de añoranza.
Los ojos de Bakugo se abrieron ante la sorpresa, pero no se quejó y enseguida se concentró
en el sabor de su amado. Los besos fueron toscos al principio, debido a la pasión del primer
contacto. No obstante, fueron tornándose más profundos, lentos e intensos conforme sus
bocas se adaptaban la una a la otra.
Se besaron una y otra vez con tanta energía y desesperación que los labios de Izuku, los
cuales ya estaban agrietados a causa del frío, empezaron a sangrar con moderación. Los
sentidos de Bakugo colapsaron. Olió la sangre al momento. Sus pupilas se dilataron y
prestaron atención a la pequeña herida. La garganta del rubio estaba áspera y seca. Si seguía
así pronto no respiraría bien por culpa de aquella deshidratación que lo estaba enloqueciendo.
Volvió a juntar sus labios y con su lengua chupó la sangre que brotaba de los labios ajenos.
Izuku soltó un suspiro y se aferró a la espalda del contrario. Poco después, el peliverde notó
cómo su cuerpo se elevaba de golpe. Se sobresaltó al ver que el rubio lo estaba sosteniendo
con destreza, agarrándolo por la zona de su trasero. Izuku se aferró para no caer. Por suerte
seguía estando brevemente recostado sobre la pared de azulejos del baño. Bakugo continuaba
besándolo sin descanso mientras lo sujetaba con pasión.
El pecoso percibió unas cálidas manos en sus glúteos, cosa que le provocó un escalofrío.
Izuku notaba como su propia sangre se mezclaba con la saliva del cenizo. Era un sabor
desagradable, pero besarse con Katsuki le hacía olvidarlo. Estuvieron así varios minutos,
hasta que se separaron para recuperar el aliento. La sed de sangre todavía no había sido
saciada, no obstante, no quería herir a Izuku por lo que decidió alejarse. Bajó el cuerpo del
contrario con cuidado y dio dos pasos hacia atrás.
Este se apartó.
—Lo siento, Izuku —explicó con la voz entrecortada—. Ahora mismo no puedo pensar con
claridad. Tu embriagador aroma y esa esencia que está flotando por todo el maldito
apartamento me está volviendo loco. Puedo escuchar tus pulsaciones dentro de mi cabeza y
como tu corazón se acelera cada vez que te beso. Si seguimos con esto podría hacerte daño y
sabes que jamás me lo perdonaría.
—Kacchan, no lo harás. Confío en ti. Tienes que beber sangre o podrías enfermar. No
conoces qué efectos secundarios tiene el quirk y como tu cuerpo podría reaccionar ante la
falta de alimento. Tú me ayudaste aquella vez ¿recuerdas? Déjame compensarlo.
—No tienes que compensar nada. Suficiente me has dado ya —respondió apartando la
mirada.
Y era verdad, la mera presencia del peliverde alegraba la vida del rubio de tal manera que lo
impulsaba a mejorar cada día más para poder ser digno de su amor. Izuku le dedicó una dulce
sonrisa que lo derritió por completo. Tras este intercambio de palabras, el pecoso sostuvo la
mano de Bakugo y la apretó con determinación. Tiró de él y lo guio hacia su habitación.
Izuku se sentó en el borde de la cama, mientras que Bakugo se colocó encima de los muslos
fuertes del otro joven.
El de ojos rojos desajustó la corbata y la dejó caer al suelo. Izuku hizo lo mismo con la
chaqueta del traje, quedando con solo la camisa blanca la cual pronto se teñiría de otro color.
—¿Estás seguro de esto? Y no me mientas para hacerme sentir mejor —reclamó con un tono
amenazante.
Izuku soltó una leve risita y se destapó el cuello indicando que el rubio tenía vía libre.
—No diga tonterías, idiota —contestó, intentando ocultar la sonrisa que se había dibujado en
su rostro.
Después de mirarse con afecto, Bakugo acercó su cabeza y la hundió en el cuello de Izuku,
quien sintió un leve cosquilleo al sentir el cabello del cenizo rozando su piel. Repartió besos
por la zona y lamió la superficie llena de lunares que formaban lo que parecían ser
constelaciones. Posteriormente, clavó sus colmillos, perforando la dermis del chico. La
sangre no tardó en salir.
Con una mano, Izuku se aferró a la camiseta sin mangas del héroe y sumergió sus dedos en la
espalda de este. Con la otra, agarró el glúteo del rubio y lo tocó con interés. Bakugo comenzó
a succionar el plasma con frenesí. No quería desperdiciar ni una gota de la sangre de su
amado. La sensación del líquido corriendo por su interior, navegando por su garganta y
calentando cada parte de su cuerpo lo había dejado completamente aturdido.
—Ni te lo imaginas —explicó empujándolo hacia atrás, ocasionando que este chocara contra
el colchón y las arrugadas sábanas.
Katsuki seguía apoyado encima de Izuku. Su trasero ejercía una cierta presión y Deku era
demasiado consciente de ella. Intentó reprimir un gemido y se tapó la boca.
Bakugo soltó una carcajada. Puso su mano en la del contrario y la apartó para poder besarlo.
Sus cuerpos ahora estaban en contacto. El rubio emitía un calor reconfortante. Las manos de
ambos se desplazaron y recorrieron cada parte inexplorada de la figura ajena. Se quitaron las
camisas, quedando con el torso expuesto. Los dedos de Bakugo se deslizaron por su
abdomen. El pecoso intentó no volverse loco.
Su cara roja delataba la vergüenza que estaba experimentando. Miró al rubio y suspiró con
alivio al ver que sus mejillas lucían aún peor, combinando con aquellos afilados ojos. Katsuki
siguió su recorrido hasta que llegó a las piernas del muchacho. Desabrochó el cinturón y lo
tiró Dios sabe dónde.
Agarró los pantalones y se deshizo de ellos empleando una velocidad inhumana. Por un
momento Izuku sintió que levitaba.
—Deja de hacer eso, quiero escuchar tu voz —reprochó con los labios rojos.
El corazón de Izuku latió con efusividad. Era tan ruidoso que resonaba en la cabeza de
Katsuki.
—¿Cómo puedes decir algo tan vergonzoso con una cara tan seria? —anunció sonrojado. Su
cara parecía una fresa.
Una desmedida presión oprimió el corazón del rubio. Era como si alguien lo hubiera
exprimido cuál naranja.
—Es tu culpa. Me haces decir cosas que nunca pensé que diría —alegó lamiendo la sangre
restante. Más tarde, le otorgó un beso donde ahora se hallaban dos notables perforaciones.
Bakugo de río y asintió. Bajó su ropa interior y haciendo uso de su boca trató de enloquecer a
su novio de placer. Cosa que por supuesto, logró con éxito
Después de diversos minutos en los que el peliverde llegó al clímax, ambos se separaron
brevemente para tranquilizar sus desacompasadas respiraciones.
—¿Estás bien? —cuestionó Katsuki al analizar las mejillas rojas de su novio y su mirada
desenfocada.
—Sé que hoy has hecho horas extras y debes estar cansado, así que podemos parar y
descansar si así lo quieres.
A veces llegaba a ser bastante atrevido sin siquiera darse cuenta. Bakugo le dedicó una cálida
sonrisa y se lanzó hacia él para besarlo con aún más ganas. El cuerpo lleno de cicatrices de
Izuku ahora también tenía marcas de mordiscos por todas partes. No eran muy profundos, ya
que lo último que quería era que se desmayase. Las manos se enredaban en el pelo del
contrario, a la vez que sus cuerpos luchaban para determinar quién tenía el control. En aquel
instante, los roles sexuales eran lo que menos les importaba, pues estar juntos era todo lo que
necesitaban.
Lo hicieron durante varias horas plagadas de caricias, roces, risas y tiernos y húmedos besos.
Enseguida se quedaron dormidos debido al agotamiento.
Todo parecía ir bien hasta que en mitad de la noche Izuku se levantó de sopetón. Tenía una
sed irracional. Enseguida reconoció la sensación. Ya la había vivido con anterioridad. Se tocó
los dientes e hizo una mueca de dolor.
Agarró su almohada y le dio un golpe al rubio para despertarlo. Este se levantó aturdido y
gritando.
—Lo siento, debe ser algún efecto extraño del quirk... —explicó mientras una disimulada
sonrisa se apoderaba de su rostro.
—Pues no. Si te soy sincero esto me está emocionando otra vez —confesó haciendo alusión a
la clara erección que se escondía sin éxito.
Izuku se aproximó y le otorgó un descontrolado beso para callarlo de una vez. Unieron sus
lenguas, las cuales luchaban por el control de la situación.
Más tarde, el pecoso mordió el labio inferior del rubio, creando un pequeño riachuelo de
sangre. Este último soltó un inaudible sonido que fue acallado por la boca contraria que
volvió a la carga. Katsuki no estaba dispuesto a quedarse atrás. Imitó el movimiento de Izuku
y también lo mordió, ocasionando que la sangre de ambos se mezclara formando un
irresistible sabor.
Los corazones de ambos retumbaban por toda la habitación. Tanto Izuku como Katsuki
habían memorizado el ritmo cardíaco del contrario.
Se separaron para que sus pulmones recobraran el oxígeno que habían perdido. Bakugo
agarró el trasero del contrario y lo llevó hacia él para que ambos cuerpos se tocaran con más
intensidad. Las partes íntimas de ambos chocaron delatando el deseo oculto de los dos
jóvenes.
—¿Esto significa que tienes energía para otra ronda? —cuestionó el héroe.
A la mañana siguiente; la habitación estaba hecha un desastre, había ropa por todas partes,
algún que otro condón por el suelo, las sábanas de la cama estaban desordenadas y arrugadas.
Por no hablar de que ambos seguían durmiendo plácidamente abrazados.
Aquella escena era similar a cuando años atrás se quedaron acurrucados en la camilla de la
enfermería.
Y es que hay cosas que nunca cambian ni aun con el pasar de las estaciones.
FIN
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