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Bebe

El relato sigue a Izuku, un profesor que viaja en autobús y se enamora de un joven padre, Katsuki, que lleva a su bebé. A través de encuentros diarios, Izuku se siente atraído por la familia del padre, mientras lidia con sus propias inseguridades sobre la vida y el amor. La historia se desarrolla en un universo alternativo sin poderes, explorando el crecimiento personal y las conexiones humanas.

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Bebe

El relato sigue a Izuku, un profesor que viaja en autobús y se enamora de un joven padre, Katsuki, que lleva a su bebé. A través de encuentros diarios, Izuku se siente atraído por la familia del padre, mientras lidia con sus propias inseguridades sobre la vida y el amor. La historia se desarrolla en un universo alternativo sin poderes, explorando el crecimiento personal y las conexiones humanas.

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Bebé (KatsuDeku)

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Rating: General Audiences


Archive Warning: Creator Chose Not To Use Archive Warnings
Category: M/M
Fandom: 僕のヒーローアカデミア | Boku no Hero Academia | My Hero
Academia (Anime & Manga)
Relationship: Bakugou Katsuki/Midoriya Izuku
Language: Español
Stats: Published: 2024-11-15 Completed: 2024-12-13 Words: 7,655 Chapters:
6/6
Bebé (KatsuDeku)
by Hada_san

Summary

En los días de maestro pobre, Izuku sin auto va en el mismo bus, todos los días a la misma
hora, lo que suele coincidir con el viaje de un padre joven con su hija de seis meses.
Es así como el maestro Izuku conoce a la bebé del bus, que un día abrió sus ojitos rojizos
como los de su padre y le sonrió amorosa.
Y bueno, también al padre en cuestión, que a Izuku le parece "todo lo que debería ser un
hombre".

---
Universo Alternativo.
No quirk.
Katsuki Padre / Izuku Maestro.
Portada hecha con IA (al menos hasta que encuentre otra que me guste).
Mención: Kacchaco: No romance.
TogaChako, KiriKami, IidaShoto
Chapter 1

Izuku entra al trabajo a las ocho de la mañana, por lo que debe levantarse a las seis para hacer
su rutina diaria que consiste en darse un baño, aplicar diligentemente las cremas en su rostro
para evitar el acné que lo persigue desde la adolescencia y tomar un buen desayuno porque si
no llegara a comer, sería difícil soportar a sus alumnos en pleno desarrollo, cuyos estados de
ánimo varían muchísimo durante el día y pareciera que su interés más grande es un aparato
reproductor masculino o en su defecto, femenino.

Con ese ritual sagrado, el querido profesor de la Academia mixta UA se va a la parada del
autobús, porque a pesar de tener un sueldo decente, prefiere gastarlo en su supervivencia que
en comprar un auto. Nadie podría culparlo, porque vivir en este mundo es cada día más caro.

El autobús todos los días, sin falta, se detiene en aquella parada a las siete y un cuarto, e
Izuku lo toma y se sienta en la tercera fila junto a la ventana, mientras espera que pasen
cuatro paradas para que suba el hombre que lo tiene totalmente hipnotizado desde hace dos
semanas.

El tiempo pasa con rapidez y cuando el bus se detiene y entra aquel rubio, alto, fornido,
vestido completamente de negro y con sexys piercings en su ceja y en sus orejas. Sin
embargo, toda esa aura oscura que podría dar es contrastada con el canguro rosa pastel que
tiene atado en su cuello y en su cintura para sostener a una bebé tan rubia y tan pálida como
él, que siempre usa vestiditos vaporosos de colores muy claros.

Para su suerte, el padre de la niña siempre se sienta delante de él, dándole la vista de su
espalda y su cuello, además de también, el rostro dormido de la pequeña. El pasatiempo
favorito de Izuku es espiar como aquel padre, en todo el viaje, ve videos donde explican
libros de paternidad o neuropsicologos hablando sobre sus recientes descubrimientos sobre la
predisposición de los niños al lenguaje materno.

Y cada día tiene que tomar la amarga decisión de bajarse del bus para ir a trabajar, perdiendo
el privilegio de ver a ese rubio tan guapo y su afán por ser un buen padre.

Pero Izuku, tan concentrado en su propio gusto por él, no se da cuenta de cómo, cada vez que
pasa por el lado de Katsuki, sus ojos rojos lo devoran con la mirada.

Si para Izuku aquel rubio es el padre joven con una niña hermosa, para Katsuki el pecoso es
el profesor sexy cuya camisa y pantalón marcan precisamente lo que tienen que marcar, y
cuyo rostro es totalmente su tipo.
Capítulo 1

Las publicaciones pasaban rápidamente ante el contacto del dedo de Izuku, quien con
aburrimiento miraba su celular mientras esperaba que bus pasara por la parada. Eran las seis
de la tarde, se sentía cansado y no tenía panorama alguno para su viernes por la noche.

Una de las publicaciones de etiqueta a tu novio le recordó el "romántico" momento que vivió
una de sus alumnas, porque un chico de otro curso le envió una rosa con un poema (copiado
de Internet, claro está) diciéndole lo hermosa que era. Aquella niña de no más de trece años
saltaba alegre e Izuku, rodó los ojos. Seguramente no durarían. Eran niños.

Maldición. ¿Cómo podía ser que sus alumnos tuvieran pareja y él no? A sus veinticinco años
contaba con una experiencia amorosa de cero y una experiencia sexual mínima: una sola vez
en toda su vida había tenido sexo y, ¡no fue placentero!

Era terrible ver como sus amigos ya tenían pareja y él tenía que fingir que no estaba ansioso
por conocer a alguien. ¡Casi todos los que habían salido de clase con él ya se encontraban
hablando de matrimonio!

¡En especial sus dos mejores amigos! Shoto y Tenya ya se encontraban planeando la suite, las
invitaciones, los trajes, ¡todo! Y claro, Izuku sería su padrino de bodas, pero eso no quitaba la
sensación de que se estaba quedando atrás.

Apenas salió de la preparatoria entró a estudiar para ser profesor, y considerando que no tuvo
un romance de infancia, ni un romance adolescente, ¡mucho menos tuvo un romance
universitario! Si no fuera porque salió de una de las mejores universidades de Japón, ni
siquiera tendría trabajo en la a Academia UA y en eso se basaba su vida prácticamente.

No podía culparse a sí mismo por querer un poco de emoción en su vida. Y fantaseaba,


demasiado, muchísimo. Sobre todo con el hombre que había conocido en aquel bus hace dos
semanas. Jamás lo había visto antes y fue casi una epifanía verlo. Era todo lo que él buscaba
en alguien. Su pensamiento completamente homosexual se llenaba de alegría cuando pensaba
en aquel desconocido tan atractivo.

Siguió pensando en el rubio, con su imaginación cada vez más encendida y no se dio cuenta
que había llegado a su parada, por lo que tuvo que bajarse en la siguiente, añadiendo el hecho
de caminar extra hacia su casa.

Estaba apunto de quejarse, cuando sintió su celular vibrar en su bolsillo. Lo tomó en sus
manos y con sorpresa vio que le había escrito aquella que en la adolescencia había sido una
de sus mejores amigas.

Ochako:
¡ Holaaa Izu ! ¿Cómo estás ? ¿Qué tal todo? ¡Ha pasado muchísimo tiempo!

Tenía toda la razón. No hablaban desde que a sus dieciocho años separaron sus caminos:
Ochako, totalmente apasionada por la ciencia, le ofrecieron una beca en el extranjero para
estudiar física, como un plan de inclusión para que las mujeres puedan tomar más dominio en
la ciencia. Fue una despedida triste, pero llena de buenos deseos por parte de ambos, aunque
ninguno continuó el contacto.

Izuku:
No lo puedo creer. ¡ Holaaa ! Ochako, no pensé que me escribirías. Te hallaba dando
conferencias y callando a científicos apáticos con tus argumentos.
Jajaja .

O chako:

¡Ay Izu , si supieras!


¡Tenía muchas ganas de golpear a tanto idiota!
Pero, ¿Tú cómo estás ? Te extrañé mucho T-T

Izuku:
Jajaja , hubiera pagado lo que sea para verte golpeando imbéciles .
Yo estoy bien, aquí , enseñando a adolescentes hormonales.
También te extrañaba, Chako .

Ochako:
¡He visto tus historias ! Me encanta que estés enseñando, Izu , realmente me alegra
muchísimo que te vaya bien ♡

Izuku:
En cualquier momento te llamaré para que vayas a dar una charla como experta en física
-química. Motivarás a muchas de mis alumnas que aman la ciencia tanto como tú . Aunque
tendría que pagarte el pasaje desde Estados Unidos hasta aquí
Jajaja , soy pobre.

Ochako:
Jajaja , podría hacerlo, pero actualmente estoy un poco complicada con ese tipo de cosas.
Precisamente por eso te escribí .
Estoy en Japón . Me estoy quedando en casa de un amigo.

Izuku:
¡Genial! ¿Cuando llegaste ?

Ochako:
Hace dos semanas.
Este último año ha sido un poco complicado , pero estoy muy bien.
Muy agradecida por lo que tengo.

Izuku:
Oye, estoy indignado, ¿por qué me cuentas tan tarde? Si hubiera sabido que estabas aquí
, te habría ido a ver. ¿Con quien te estas quedando? Ninguno de los chicos me dijo que
estabas aquí .
Me alegra que estés bien ♡
Ochako:
Me estoy quedando con el padre de mi hija, Izu ...

Y la noticia le cayó como un balde de agua fría al pobre Izuku, que se detuvo enfrente del
portón de los apartamentos, estupefacto.

¿Hija? ¿Padre? ¿Ochako había tenido una hija?

—Unos apunto de casarse y otra ya con hija —murmuró, negando con su cabeza para salir
del estado de shock. Abrió el portón—. Dios mío, me estoy quedando demasiado atrás. A
esta edad mamá ya me tenía...

Izuku:
Decir que estoy sorprendido es poco .
¡Pero muchas felicidades! ¡Me alegra mucho que tengas una hija, Ochako! Ay, ¿cuando
puedo conocerla? Si se parece a ti, será hermosa.

Ochako:
¡ Jajaja ! Ojalá se pareciera a mi. La tuve ocho meses en mi vientre para que naciera y se
pareciera al idiota de su padre.
No se cuando podrás verla, Izu , su papá es bastante apático con respecto a que la
conozca alguien más .
Hace poco llegamos aquí y compró una casa para que pueda vivir con Iss .
¡Ay, mi pequeña se llama Eloisse !

Izuku:
¿Padre sobreprotector? Pobre del idiota que se atreva a estar con ella cuando sea mayor,
jajajaja.
No hay problema, podemos vernos cuando quieras . Le diré a Shoto y Tenya que
organicemos una junta como antes.
Nos reuniremos todos de nuevo.

Ochako:
Y con una nueva integrante en el grupo ♡

Izuku no pudo contener la risa al imaginarse a una pequeña niña como Ochako entre ellos,
adultos que jamás han tenido que cuidar niños. Bueno, excepto él, claro. Recordó que su
amiga le había dicho que se parecía a su padre. Oh, sin duda tenía que contarle muchos
detalles, necesitaba saber la historia completa.

Izuku:
¿Tienes problemas si organizo una junta mañana? Pueden venir a mi departamento. Le diré
a Shoto y a Tenya .
Y puedes traer a tu pareja contigo, para que no se sienta ansioso por la bebé.

Ochako:
Mmm , le diré a su papá .
Si no quiere, que se joda jajaja . Me traeré a mi pequeña Iss conmigo para que conozca
a las personas que más les tengo cariño.
En realidad nunca me ha importado mucho lo que piense él, jajaja.
Mejor no le digo. A ver si se enoja, va a ser muy divertido.

El pecoso soltó una carcajada. ¿Con qué clase de persona se había metido su amiga? Mañana
sabría todo y estaba muy emocionado, porque si estaba Ochako, ¡podrían salir a fiestas! No
podrían llevar a la bebe... Pero para algo tenía padre, así que rápidamente se alegró.

Izuku:
Jajaja.
No te metas en problemas, Ochako.

Y entró a su hogar, esperando que llegara el día de mañana, para conocer a la pequeña que
cambiaría su vida radicalmente.
Capítulo 2

Aquel sábado por la mañana, Izuku se levantó con ganas de seguir durmiendo, porque sus
únicos días para dormir hasta tarde eran el sábado y el domingo. Pero claro, el día anterior
decidió ser sociable e invitar a sus amigos.

¿Se arrepentía del arrebato de amistad? Más o menos, sin embargo sabía que luego lo
agradecería, por lo que hizo su rutina diaria y salió de su apartamento dispuesto a comprar
comida y bebidas.

Pensó en comprar alcohol, pero Ochako probablemente no podría tomar por lactancia, así que
rápidamente desechó la idea. Tenya y Shoto habían aceptado felices la invitación, por lo que
estarían todos en su casa a eso de las seis de la tarde para celebrar la llegada de Ochako y
comer hasta reventar.

No esperó mucho en la parada, por lo que el bus llegó y se subió, lamentando el poco dinero
que le quedaba para pagar el pasaje. Esperaba que pronto pagaran el sueldo, ya que ¡para algo
trabajaba!

Y con sorpresa, luego de cuatro paradas, se subió el guapo que tanto le gustaba. Con rapidez,
Izuku notó que el bus iba inusualmente lleno y que el único lugar vacío era a su lado. El
padre también lo notó y con su bebé se sentó al lado de Izuku. El pecoso sintió el calor de la
piel del rubio a su lado y agradeció que los asientos fueran tan pequeños, porque estaba
cerquita del sexy hombre a su lado.

Fue entonces que la pequeña lo miró. Izuku no había notado que estaba despierta y se
sorprendió al ver el rojo tan intenso de sus ojos. Eran iguales a los del lindo a su lado. La
bebé, totalmente ajena a lo que pensaba Izuku, le sonrió y el pecoso sintió que su corazón se
enternecía ante la adorable sonrisita sin dientes de la pequeña. Ella extendió su mano e Izuku
lleno de ternura, se acercó un poco, sintiendo la mirada intensa del rubio.

Y de pronto la pequeña jaló el mechón más largo del cabello de Izuku, soltando una risa
encantadora que fue seguida por el quejido de Izuku, quien gracias al jalón terminó mucho
más cerca del padre de la niña.

—Maldición —dijo el rubio sexy, evitando reírse por la travesura de su princesa. Separó la
mano de la niña del cabello de Izuku y alzó su mirada a la del pecoso, esperando un reclamo
por aquel jalón.

Pero para su sorpresa, Izuku comenzó a reírse tontamente. ¿Cómo podría enojarse? Al menos
dos veces al día sus propios niños le jalaban el cabello accidentalmente —o no, quién sabe—
y ya se había acostumbrado. No podría molestarse con una pequeña con una risita tan
encantadora.

—Lo siento, le gusta jalarle el cabello a la gente —se disculpó el padre, esbozando una
sonrisa que paralizó a Izuku por lo hermoso que se vio ante sus ojos—. Se que no es excusa,
pero lo siento mucho.
E Izuku tuvo que salir de su trance para responder, porque los ojos de padre e hija lo
observaban atentamente.

—No hay problema —sonrió el pecoso y acercó su mano a la pequeña, apretando


delicadamente aquella manita que había jalado con tanta fuerza—. No dolió, pequeña bebé,
¡pero buen día!

La niña se carcajeó y el rubio pensó que era muy extraño que su huraña hija, que no solía reír
con nadie más que la loca de su madre y él, estuviera riendo con un completo desconocido,
pero no podía ir en contra de los excelentes y deliciosos gustos de su hija. Él también estaba
embobado por el profesor que siempre veía bajarse en la parada de la academia famosa.

—No le gustan mucho las nuevas personas, pero creo que tú le caíste bien —dijo el rubio,
deseoso de que la conversación no terminara ahí y se dio cuenta de que él y su hija eran
iguales: ya no parecían tan huraños frente al pecoso de ojos hermosos.

—Es un honor, pequeña —dijo Izuku, que volvió a ser consciente de la presencia abrumadora
del rubio y de lo mucho que le atraía. Y estaba agradecido por aquel jalón de cabello de la
pequeña, porque gracias a ella se encontraba hablando con el rubio—. Tu hija es muy linda...

El rubio soltó una risa arrogante, el tipo de risa que decía a gritos: "Sí, lo sé". A Izuku le
encantó.

—Por supuesto, es mi hija —respondió aquel orgulloso. La bebé volvió a reír ante la voz de
su padre. ¡A Izuku le parecía tan risueña y adorable!

—Claro, es tu hija, normal que sea linda —dijo Izuku, y al instante enrojeció porque su boca
dijo lo que él pensó.

Ante el coqueteo inesperado del pecoso, el rubio pensó en lo mucho que se molestaría la loca
madre de su hija si se enterara que gracias a ella podía coquetear finalmente con el profesor
que miraba de reojo desde que tuvo que, obligadamente, ir a dejar a su hija en la guardería en
bus porque su auto se averió y la mecánica, que también estaba loca, le dijo que tardaría al
menos dos semanas en arreglarlo.

—Vaya, no es común que un desconocido me diga que soy lindo —dijo Katsuki con un tono
descaradamente coqueto que aceleró el corazón de Izuku—. Creo que en este caso
deberíamos dejar de ser desconocidos. Me llamo Katsuki. Katsuki Bakugo.

A Izuku le pareció conocido el nombre, pero estaba más preocupado de que su corazón no
latiera tan fuerte.

Y se sintió tan glorioso por fin saber como se llamaba aquel guapo rubio.

—Katsuki... —dijo sin pensar, otra vez, y el sonrojo no tardó en llegar—. Yo... Me llamó
Izuku...

El pobre profesor de la academia sentía que moriría entre la coquetería del padre y la sonrisa
adorable de la hija.
—Bien, Izuku. Esta es nuestra parada —volvió a hablar, sonriendo y, la gota que rebalsó el
vaso de la emoción de Izuku, haciendolo sentirse como una colegiala enamorada, fue el
delicado gesto con el que tomó la manito de su hija y la movió de un lado a otro—. Di adiós,
mi princesa. —La pequeña soltó una carcajada—. Nos vemos, Izuku —dijo Katsuki, por fin
levantándose y caminando hacia las puertas del bus.

Y claro, como el ratón le comió la lengua —¡cuanto daría porque Katsuki fuera quien se lo
comiera!—, Izuku se quedó ahí, sin hablar y sin mirar más que la tonificada espalda marcada
por aquella camiseta negra, mientras tenía aquel pensamiento claro: "¿Qué demonios acabo
de hacer para merecer tanta suerte?"
Capítulo 3

La tarde en el apartamento de Izuku tenía un ambiente acogedor. Los rayos del sol
atravesaban las cortinas de colores claros, bañando el pequeño comedor en una cálida luz
dorada. Izuku se movía de un lado a otro, organizando cada detalle como si estuviera a punto
de recibir a la realeza. Los globos que había inflado por insistencia propia pendían
torpemente del techo, mientras el aroma a pan recién horneado llenaba el lugar.

—Izuku, ¿realmente necesitas todo esto? —preguntó Shoto, sosteniendo un globo


semidesinflado con una expresión entre confusión y resignación.

—¡Claro que sí, Shoto! No es solo una reunión cualquiera, ¡es una reunión con mis amigos!
—respondió Izuku con un entusiasmo que casi bordeaba la histeria.

Para cuando Ochako llegó, cargando a su hija en brazos, la sonrisa de Izuku iluminaba más
que los rayos de sol. Sin embargo, en cuanto la pequeña Eloisse entró en su campo de visión,
su mundo entero se tambaleó.

Era ella. Esa misma niña del autobús, con esos ojos rojos tan brillantes como gemas, que lo
habían mirado con una mezcla de curiosidad y diversión unas horas antes.

Por un momento, Izuku se quedó inmóvil, intentando procesar la conexión que su cerebro
insistía en hacer. No puede ser. No. No es la misma bebé... ¿o sí? Sintió cómo una gota de
sudor frío le resbalaba por la sien, pero decidió que la única solución era ignorar el asunto.

—¡Todos, les presento a Eloisse! —anunció Ochako con orgullo, acomodando a la pequeña
en sus brazos mientras la niña balbuceaba algo ininteligible pero encantador.

—¡Qué adorable! —comentó Tenya, ajustándose las gafas con una expresión de genuino
interés.

—Tiene un aire muy... heroico —añadió Shoto, inclinándose para observarla con su típica
seriedad.

Izuku, en cambio, intentaba mantenerse lo más alejado posible, fingiendo estar ocupado con
los refrescos en la cocina. Pero cuando Ochako lo llamó directamente, supo que no tenía
escapatoria.

—Izuku, ¿no vas a saludar a Eloisse? —preguntó ella, con una sonrisa dulce que no aceptaba
negativas.

—¡Ah, claro! Hola, pequeña Eloisse... —dijo, forzando una sonrisa mientras levantaba una
mano temblorosa en un saludo torpe.

La niña lo miró directamente, y para su horror, soltó una carcajada idéntica a la que había
escuchado esa mañana en el autobús. Fue un golpe directo al alma. Esto no está pasando.
Esto no está pasando, pensó desesperado, mientras sus amigos seguían interactuando con la
bebé como si nada fuera extraño.

Durante el resto de la tarde, Izuku se aferró a su estrategia de "fingir demencia" con una
dedicación casi admirable. Mientras Ochako contaba anécdotas de la pequeña, y Tenya y
Shoto discutían sobre la logística de las heroínas madres, Izuku asentía, reía y comentaba
como si todo estuviera bajo control. Pero por dentro, su mente era un caos.

"Si Eloisse es la niña del bus, entonces... significa que su padre es... No, no puede ser él. ¡No
quiero que sea él! Porque si es él, eso significa que Ochako está con él, y..." Izuku negó con
la cabeza, intentando no pensar en lo que eso implicaría para sus propios sentimientos.

La tarde avanzó entre risas y charlas, con Tenya organizando un improvisado torneo de
juegos de mesa que resultó ser más competitivo de lo esperado. Incluso Izuku, a pesar de su
nerviosismo, logró relajarse un poco, dejándose llevar por la calidez de sus amigos. Pero
justo cuando empezaba a sentir que el día terminaba de forma tranquila, el sonido de un
teléfono rompió la armonía.

Ochako se levantó rápidamente, alejándose un poco para contestar. Izuku no pudo evitar
seguirla con la mirada, aunque pronto se arrepintió. Desde donde estaba, podía escuchar
fragmentos de la conversación.

—¿Qué pasa, Katsuki?

El corazón de Izuku se detuvo.

—¿Dónde demonios estás con Eloisse? —respondió una voz masculina, profunda y
claramente molesta.

"No, no, no. Por favor, dime que no es él..."

—Estoy con mis amigos. Tranquilo, Katsuki, no estamos en ningún lado peligroso.

—Voy a buscarla. Estaré ahí en diez minutos.

La llamada terminó abruptamente, dejando a Ochako con una expresión de fastidio que
intentó ocultar al regresar al comedor.

—Chicos, lo siento, pero tengo que irme. El padre de Eloisse nos viene a buscar.

Shoto y Tenya asintieron comprensivamente, pero Izuku se quedó helado, sintiendo que su
destino estaba sellado. Aun así, se ofreció a acompañarla hasta la puerta.

—Te ayudo con las bolsas —dijo, aunque más que ayudar, lo hacía para ganar tiempo y
procesar lo que estaba a punto de pasar.

Cuando salieron al pasillo, Ochako comenzó a despedirse justo cuando un auto deportivo se
detuvo frente al edificio. Izuku no necesitó mirar para saber quién era.
Katsuki bajó del vehículo con una actitud relajada, pero en cuanto sus ojos se encontraron
con los de Izuku, su rostro adoptó una sonrisa descaradamente coqueta.

—Vaya, si es mi amigo del autobús. No esperaba verte tan pronto, pecoso —dijo, ignorando
deliberadamente a Ochako mientras daba un paso hacia Izuku, inclinándose lo suficiente
como para invadir su espacio personal.

Izuku, por su parte, intentó no hiperventilar.

—¿Se... se conocen? —preguntó Ochako, claramente confundida mientras alternaba la


mirada entre Katsuki e Izuku.

—Claro que nos conocemos, Ochako —respondió Katsuki con su tono seguro, sin dejar de
observar a Izuku como si fuera su juguete favorito—. Nos vimos esta mañana en el autobús.
Fue... interesante.

Izuku quiso desaparecer, pero Katsuki parecía disfrutar demasiado de su incomodidad.

—Gracias por cuidar de Eloisse —dijo finalmente Katsuki, tomando a la niña en brazos antes
de dedicarle un guiño descarado a Izuku y subir al auto.

Ochako, visiblemente desconcertada, miró a Izuku con el ceño fruncido.

—Izuku... ¿qué fue eso?

—¿Qué fue qué? No entiendo de qué hablas —respondió él, con una sonrisa nerviosa
mientras intentaba convencerse de que todo había sido una gran coincidencia.

Pero en el fondo, sabía que su vida acababa de complicarse de maneras que ni siquiera podía
imaginar.
Capítulo 4

Katsuki Bakugo no era de los que tomaban malas decisiones. Bueno, excepto esa vez.

Había conocido a Ochako Uraraka hace un par de años en una conferencia de tecnología y
ciencia en Nueva York. Katsuki estaba allí representando a su compañía como uno de los
ingenieros informáticos más destacados, y Ochako era la ponente invitada por un proyecto
innovador en física y química. Ambos eran impresionantes en sus respectivas áreas, pero eso
no significaba que se llevaran bien.

La primera vez que hablaron fue durante una ronda de preguntas después de la presentación
de Ochako, cuando Katsuki levantó la mano y, con todo el tacto que lo caracterizaba, le dijo:

—Tu teoría es brillante, pero tu modelo matemático está lleno de agujeros. ¿Te equivocaste al
hacer los cálculos o simplemente decidiste que las leyes de la física eran opcionales?

Ochako, con una sonrisa tensa y visible esfuerzo por no lanzarle algo a la cara, respondió:

—Gracias por tu observación, pero creo que mi modelo es lo suficientemente sólido para que
incluso un ingeniero de tu... nivel, pueda entenderlo.

Desde ese momento, nació una rivalidad cordial, cargada de sarcasmo y pequeños
enfrentamientos en eventos posteriores. Por supuesto, fue en una de esas reuniones donde
todo se salió de control.

Esa noche, ambos habían bebido más de la cuenta. Katsuki no recordaba exactamente cómo
terminó discutiendo con Ochako en la barra sobre quién era más importante para el avance de
la humanidad: los científicos o los ingenieros.

—Los ingenieros hacen que las ideas funcionen. Sin nosotros, tus teorías son solo garabatos
en una pizarra —espetó Katsuki, su voz notablemente más alta de lo necesario.

—Oh, claro, porque todos sabemos que el mundo necesita más artilugios inútiles en lugar de
respuestas reales —respondió Ochako, con un gesto exagerado que casi derrama su copa.

No estaba claro cómo, pero en algún momento entre los insultos y las risas nerviosas, las
cosas se salieron de control. Para cuando ambos despertaron al día siguiente, con resacas
monumentales y una habitación de hotel compartida, lo único que pudieron hacer fue mirarse
mutuamente con expresiones de puro horror.

—¿Esto... pasó en serio? —preguntó Ochako, aferrándose a la sábana como si fuera un


escudo contra la vergüenza.

—Cállate. Mi cabeza me va a explotar.

Ambos decidieron no hablar del tema nunca más. Lo que no esperaban era que el asunto los
persiguiera semanas después, cuando Ochako apareció en la puerta del departamento de
Katsuki con una expresión que él tardó en descifrar, pero que definitivamente no era buena
noticia.

—Estoy embarazada.

Katsuki parpadeó, procesando esas palabras como si fueran un error de código en un


programa que se negaba a compilar.

—¿Y es mío? —preguntó finalmente, porque si iba a morir ese día, al menos quería estar
seguro del motivo.

—¿Crees que tengo tiempo para andar por ahí con más gente como tú? —replicó Ochako,
cruzándose de brazos.

Lo pensó por un momento. Bueno, eso tenía sentido.

—Bien, si quieres tenerlo, te apoyaré y si no quieres, también. Es tu decisión —dijo Katsuki


finalmente, aunque se sentía dudoso porque no le parecía mala idea tener un bebé, aunque
fuera con ella.

Y para su sorpresa, Ochako sonrió ladina, demostrándole que a ella tampoco le parecía mala
idea.

—Espero tu amable colaboración para cuidar a este bebé.

Katsuki aceptó inmediatamente. Jamás sería un padre ausente. Si algo sabía sobre sí mismo,
era que podía ser muchas cosas, pero irresponsable no era una de ellas.

Durante el embarazo, Katsuki descubrió que la mujer con la que tendría un bebé era
increíblemente terca y propensa a lanzar cosas cuando estaba molesta. Ochako, por su parte,
descubrió que Katsuki tenía un don especial para ser irritante incluso cuando intentaba ser
útil.

—¿Por qué me trajiste sushi? ¡No puedo comer pescado crudo! —le gritó un día, con los ojos
llenos de lágrimas hormonales.

—¡¿Y cómo demonios iba a saberlo?! —respondió él, dejando el contenedor en la mesa con
un golpe seco.

Soportar a Ochako se estaba volviendo cada vez más pesado y viceversa. ¿Cómo podían
convivir si eran totalmente opuestos? ¡Ni siquiera se gustaban o atraían! Sí, cometieron un
error y, a pesar de eso, Ochako decidió tener al bebé. Pero aun así, ahora no estaba seguro de
que hubiera sido una buena idea.

Esos pensamientos cruzaban la mente de Katsuki mientras la fecha del parto se acercaba. No
se consideraba alguien particularmente emocional, y mucho menos una persona que soñara
con formar una familia. Pero ahí estaba, discutiendo con Ochako sobre nombres, colores para
la habitación y qué pañales eran mejores, mientras intentaba no perder la cabeza.
El día llegó en una madrugada fría. Katsuki se despertó de golpe al escuchar el grito de
Ochako. Por un segundo, su mente entró en pánico; no sabía si debía buscar las llaves del
auto, las bolsas del hospital, o si Ochako iba a lanzarle algo. Ella, entre respiraciones
agitadas, solo le gruñó:

—¡Deja de quedarte ahí parado como un idiota y vámonos ya!

Todo sucedió en un torbellino de caos. El camino al hospital estuvo lleno de maldiciones (la
mayoría de Katsuki), respiraciones entrecortadas y gritos ocasionales de Ochako, que juraba
que jamás volvería a confiarle un volante.

Pero cuando finalmente llegaron, el mundo pareció ralentizarse. Ochako fue llevada
rápidamente a una sala de partos, y Katsuki, vestido con un ridículo traje quirúrgico, se
encontró a su lado, sosteniéndole la mano mientras ella luchaba por traer a su hija al mundo.

Katsuki no había esperado que fuera tan intenso, tan brutal y tan... milagroso. Cada grito de
Ochako, cada orden de los doctores, cada segundo parecía estirarse interminablemente. Y
luego, lo escuchó.

Un llanto.

El tiempo pareció detenerse cuando los médicos levantaron a la pequeña Eloisse, roja y
llorando, con su diminuto cuerpo temblando por el primer contacto con el aire frío. Katsuki
contuvo la respiración mientras veía cómo la colocaban sobre el pecho de Ochako. Era tan
pequeña, tan frágil... y tan perfecta.

—Es hermosa —murmuró Ochako, con lágrimas rodando por su rostro cansado.

Katsuki no pudo responder. No confiaba en su voz, porque el nudo en su garganta amenazaba


con romperlo. En su lugar, se acercó lentamente, observando cómo la pequeña movía sus
manitas con torpeza, buscando consuelo en el calor de su madre.

Cuando una enfermera le preguntó si quería cargarla, Katsuki dudó por un instante. Sus
manos, acostumbradas a manipular herramientas y utilizar la tecnología, temblaron cuando
tomó a Eloisse por primera vez. La pequeña cabecita rubia reposaba en el hueco de su brazo,
y los ojos cerrados de la bebé parecían guardar el secreto de todo el universo.

En ese momento, algo en Katsuki cambió. Una oleada de emociones lo golpeó con fuerza:
asombro, miedo, ternura... y amor. Amor puro, crudo, incondicional.

—Hola, princesa —susurró, apenas audible, mientras una sonrisa torpe se asomaba en su
rostro.

No sabía si estaba preparado para ser padre, si alguna vez podría ser suficiente. Pero lo que sí
sabía era que haría todo lo que estuviera en su poder para protegerla, para hacerla feliz, para
que nunca dudara de cuánto la amaba.

Mientras miraba a Eloisse, algo más se asentó en su mente: Ochako. Si había algo que él y
ella compartían, era el deseo de que su hija creciera bien. No importaban las discusiones, los
regaños o las diferencias; Eloisse era lo más importante, y eso significaba que tendría que
esforzarse por llevarse mejor con Ochako, aunque a veces quisiera arrancarse las orejas para
dejar de escucharla quejarse por todo.

Cuando finalmente devolvió a Eloisse a los brazos de la madre, Katsuki sintió que todo valía
la pena. Cada pelea, cada sacrificio, cada momento de incertidumbre. Porque al final del día,
tenía a su pequeña princesa, y nada en el mundo podía ser más importante que eso.

A penas la castaña se recuperó, hablaron la situación y para ambos seguir con sus respectivos
trabajos y al mismo tiempo cuidar a la bebé, decidieron volver a Japón en donde estaban las
familias de ambos que los ayudarían a cuidarla mientras que Ochako hiciera sus conferencias
y Katsuki manejara asuntos de la empresa.

El recién estrenado padre, siempre práctico, compró una casa espaciosa donde pudieran vivir
cómodamente mientras cuidaban a Eloisse. Habitaciones separadas para cada uno, una
habitación gigante para la pequeña donde tendría todo lo necesario y la idea de que tal vez
sería como en las residencias de la universidad, donde compartían casa con un roomie.

Sin embargo, la convivencia entre él y Ochako era un campo de batalla constante.

—¿Puedes lavar los platos al menos una vez en tu vida? —le gritó Ochako desde la cocina
una noche, mientras Katsuki estaba frente a su laptop en el sofá.

—¿Y tú puedes no dejar calcetines en el sofá? —respondió él sin apartar la mirada de la


pantalla, con la calma exasperante que solo podía tener cuando sabía que estaba ganando la
discusión.

—Son de Eloisse, ¡idiota!

Katsuki levantó una ceja y miró el par de calcetines diminutos que, en efecto, eran de su hija.
Los agarró entre dos dedos como si fueran evidencia de un crimen.

—Claro, culpa a la niña —murmuró, como si eso resolviera todo, mientras los dejaba sobre la
mesa con un gesto desganado.

Ochako salió de la cocina, con las manos en las caderas y una mirada que podría haber
fulminado a cualquiera, pero Katsuki estaba acostumbrado.

—¿Sabes qué? Si vamos a vivir juntos, tal vez podrías intentar no ser un completo desastre.

—Yo no soy el que deja botellas vacías en la nevera.

—¡Para eso está el reciclaje!

—¿Y para qué están los basureros? —replicó, sin molestarse en esconder la sonrisa que se le
asomaba por el rincón de los labios.

Ochako resopló, tomando los calcetines de Eloisse y desapareciendo por el pasillo mientras
murmuraba algo sobre cómo era posible que alguien con tan pocas habilidades sociales
tuviera una hija tan adorable. Katsuki, por su parte, volvió a enfocarse en su laptop, pero no
por mucho tiempo.

A pesar de las constantes discusiones, había algo que ambos sabían sin necesidad de decirlo:
Eloisse era su punto de unión. La pequeña lograba algo que nadie más podía: hacer que
Katsuki y Ochako dejaran de pelear, aunque fuera por un momento, y se concentraran en ella.

Cada noche, sin importar qué tan ocupado estuviera o qué tantas discusiones hubiera tenido
con Ochako, Katsuki encontraba tiempo para la princesa de aquel hogar. Su momento
favorito era cuando la cargaba antes de dormir, con la pequeña envuelta en su pijama con
estampado de animalitos, balbuceando cosas incomprensibles mientras él caminaba de un
lado a otro del cuarto, tarareando cualquier canción que se le viniera a la cabeza.

Sin embargo, la paz no duró mucho. El problema llegó cuando su auto comenzó a fallar.

—¿Por qué no lo llevas al taller de nuevo? —le dijo Ochako un día, mientras cargaba a
Eloisse en el canguro.

—¡Porque Mei ya lo revisó! Y me prometió que estaría bien.

Ochako alzó una ceja.

—¿No es la misma Mei que casi incendió un laboratorio en la universidad?

—¡Fue un maldito accidente! —replicó Katsuki, aunque incluso él sabía que estaba buscando
excusas.

Finalmente, resignado, tuvo que usar el autobús para llevar a Eloisse a casa de su madre. Fue
ahí, entre empujones de pasajeros y sonidos de teléfonos, donde conoció al profesor pecoso
que ahora no podía sacarse de la cabeza.
Capítulo 5

Katsuki lo había notado desde el primer día. Había algo en él que lo diferenciaba del resto de
los pasajeros: su mirada perdida en el horizonte, como si estuviera siempre inmerso en sus
propios pensamientos, y esos rizos desordenados que caían sobre su frente con una
naturalidad irritantemente atractiva. El tipo ni siquiera parecía esforzarse en verse bien, y aun
así lo lograba.

Y esas pecas... Katsuki no sabía si alguien podía tener tantas pecas y no parecer ridículo, pero
en el caso de ese hombre, funcionaban. Era como si alguien hubiera decidido colocar una
constelación completa en su rostro, haciéndolo casi imposible de ignorar.

Había algo más: la estructura delgada pero firme de su cuerpo. Aunque usaba ropa holgada y
un poco pasada de moda, no ocultaba del todo los músculos bien definidos de sus brazos que,
Katsuki supuso, no eran producto de un gimnasio, sino de trabajo duro. Un físico que no
buscaba presumir, pero que ahí estaba, jodidamente perfecto en su sutilidad.

Lo que realmente lo desconcertaba era la calidez inexplicable que parecía irradiar incluso en
las mañanas más frías. Era como si el hombre pecoso llevara consigo un aura que hacía que
todo a su alrededor pareciera más soportable. No era alguien que soliera fijarse en extraños,
mucho menos durante las monótonas horas muertas en el transporte público, pero este tipo
era diferente.

Al principio, lo observó con un desinterés absoluto, simplemente notando que siempre se


sentaba en el mismo lugar, en la tercera fila junto a la ventana. Pero pronto algo cambió.

Fue Eloisse quien realmente lo notó primero. Su pequeña, que solía ignorar a los
desconocidos con la misma actitud que su padre, comenzó a fijarse en el hombre pecoso. Lo
miraba con atención, casi con fascinación, y cada vez que lo veía, se reía, hacía sonidos
felices y extendía las manitas en su dirección.

Katsuki intentó convencerse de que era una simple coincidencia. Pero no lo era. Día tras día,
Eloisse seguía reaccionando igual, como si el pecoso tuviera algo especial que la atraía. Y
Katsuki, por mucho que odiara admitirlo, empezaba a pensar lo mismo.

No sabía si eran sus ojos, grandes y verdes como un bosque después de la lluvia, o la forma
en que sonreía tímidamente cada vez que alguien lo miraba demasiado tiempo. Había algo en
ese hombre que lo jodía completamente, y no de una mala manera.

Lo entendió totalmente cuando aquel sábado por la mañana, de camino a llevar a su pequeña
con sus abuelos, tuvo aquella improvisada y coqueta interacción con el profesor de la
academia, donde le quedó totalmente claro que era su tipo.

Curioso, porque nunca había tenido un tipo.

Lo único malo de todo aquello, era que después de dos semanas, Mei por fin había logrado
arreglar el motor de su auto, lo que significaba que ya no tendría que usar el autobús y ese
sería el último día que vería al pecoso. ¿Tal vez tendría que haberle pedido su número? O
alguna red social. La única pista que tenía de él era que trabajaba en la Academia UA, donde
el mismo había estudiado. ¿Quizá en una visita a su antigua casa de estudios podría fingir un
encuentro de casualidad? Estaba seguro de que su profesor seguía trabajando ahí, así que tal
vez podría retomar la interacción con Izuku a través de él.

Entonces no se molestó en lo absoluto de no verlo en el autobús, porque ya le atraía, así que


haría lo posible para volver a encontrarlo "de casualidad".

Y fue literal, aunque Katsuki no lo planeó. ¿Quizá tendría que agradecerle a Ochako?

Pues cuando Katsuki llegó a casa esa tarde, todo pareció fuera de lugar. La puerta estaba
cerrada como siempre, y la casa en orden, pero algo no se sentía bien. Entró dejando caer las
llaves sobre la mesa con un golpe seco, y fue entonces cuando lo notó.

La cuna de Eloisse estaba impecable, vacía, y el silencio reinaba en cada rincón de la casa.
No había rastros de juguetes esparcidos por el suelo, ni la suave risa de su pequeña. Katsuki
se quedó inmóvil por un instante, escuchando con atención. Nada.

La primera chispa de preocupación se encendió en su pecho. ¿Dónde estaban? Ochako nunca


salía tan tarde con Eloisse. Ella tenía que ir a buscarla a casa de su madre y luego volver, para
bañarla, ponerle un tierno pijama y luego acostarla. Era en esos momentos que Katsuki se
hacía cargo y dormía toda la noche con su hija.

Pero no estaba. ¿Por qué diablos no estaba?

—Tal vez salió a comprar algo... —murmuró para sí mismo, pero incluso a él le sonó falso.

El reloj marcaba las siete de la noche. Ochako no era irresponsable, pero esto era inusual.
Katsuki comenzó a caminar por la sala, revisando sin motivo aparente: la cocina, el baño,
incluso su propio cuarto. Sabía que no estaban allí, pero no podía detenerse. Cada paso que
daba aumentaba su frustración y su ansiedad.

¿Y si había pasado algo? La idea le atravesó la mente como un rayo. ¿Un accidente? ¿Un
asalto? ¿Y si alguien las había molestado? ¿Y si...? Katsuki sacudió la cabeza con fuerza,
intentando alejar esos pensamientos, pero el nudo en su estómago no hacía más que crecer.

—Maldita sea... —murmuró, sacando el teléfono con dedos temblorosos mientras buscaba el
contacto de Ochako.

El tono de llamada resonó en el silencio de la casa, cada pitido como un martillo golpeando
su paciencia. Cuando finalmente respondió, su voz despreocupada solo logró enfurecerlo
más.

—¿Qué pasa, Katsuki?

—¿Dónde demonios estás con Eloisse? —gruñó, su tono lleno de ira apenas contenida. Sus
dedos tamborileaban nerviosamente sobre la mesa, y su mandíbula estaba tan tensa que casi
dolía.
—Estoy con mis amigos. Tranquilo, Katsuki, no estamos en ningún lado peligroso.

El alivio de saber que estaban bien fue fugaz, reemplazado inmediatamente por la
indignación. ¿Con sus amigos? ¿A estas horas? ¿Y por qué demonios no le había avisado?

—Voy a buscarla. Estaré ahí en diez minutos —soltó antes de colgar, sin darle tiempo a
replicar.

Katsuki tomó las llaves del auto que había pasado a buscar de vuelta del trabajo y salió de la
casa con pasos decididos, sus pensamientos enredados en una maraña de preocupación y
enojo. Subió al auto, activó el GPS que había instalado en el teléfono de Ochako y dejó
escapar un suspiro tenso mientras ponía en marcha el motor.

No era por Ochako. No le importaba si ella quería pasar tiempo con sus amigos, pero
Eloisse... Eloisse era su hija. Su prioridad. La única persona que realmente importaba en esa
casa.

Mientras conducía, con las manos aferradas al volante como si su vida dependiera de ello,
Katsuki se maldijo internamente por no haber insistido más en que Ochako le avisara cada
vez que saliera con la niña. Su mente corría a mil por hora, repasando todas las cosas que
podrían haber salido mal.

El GPS marcó el destino, y Katsuki no dudó en estacionar rápidamente frente al edificio.


Bajó del auto y caminó hacia el edificio que se alzaba imponente delante de él, con el ceño
fruncido y la respiración agitada. Cuando finalmente vio a Ochako salir del apartamento con
Eloisse en brazos, la tensión en sus hombros se liberó de golpe.

Allí estaba su hija, segura, ajena al caos interno de su padre. Y mientras Katsuki se acercaba,
su atención quedó atrapada en el hombre que las acompañaba.

Como si el destino le sonriera, ¡el sexy profesor de la UA venía con la madre de su hija!

Sus ojos se encontraron por un instante, y aunque Eloisse comenzó a reír felizmente al verlo,
Katsuki no pudo evitar clavar su mirada en el hombre, evaluándolo de arriba abajo. ¿Qué
estaba haciendo aquí? ¿Qué relación tenía con Ochako?

—Vaya, si es mi amigo del autobús. No esperaba verte tan pronto, pecoso —dijo finalmente,
dejando entrever una sonrisa ladeada, pero con el corazón todavía acelerado por la mezcla de
emociones.

En ese momento, mientras Eloisse extendía sus bracitos hacia él y el hombre pecoso lo
miraba con evidente nerviosismo, Katsuki supo una cosa con certeza: aquella pequeña lo
había unido de una extraña forma al sexy profesor y eso le causaba diversión.

Con un asentimiento, tomó a la niña en sus brazos y fue de vuelta a su auto, esperando que
llegara la castaña para irse y agradeciendo que ahora tenía un vínculo mucho más cercano
con el cual volver a ver a Izuku: Ochako.
Aunque la susodicha, una vez que se subió al auto y tomó a la pequeña adormecida en sus
brazos, solo lo observaba desde el asiento trasero, abrazando a Iss, con la mirada fija en él a
través del espejo retrovisor. No hacía falta ser un genio para darse cuenta de que tenía un
millón de preguntas acumuladas, y estaba a punto de soltarlas.

—¿Vas a decirme cómo conoces a Izuku? —preguntó finalmente, con los brazos cruzados,
como si ya hubiera esperado la pregunta desde el principio.

Katsuki, manejando de regreso a casa, giró la cabeza ligeramente hacia ella, pero sin dejar de
prestar atención a la calle. No le sorprendía que Ochako lo interrumpiera con eso.

—Lo conocí en el autobús —Respondió con indiferencia, como si eso fuera lo más obvio del
mundo.

Ochako frunció el ceño, claramente confundida.

—¿Desde cuándo hablas con gente en el autobús? —preguntó, la incredulidad evidente en su


voz.

Katsuki soltó una risa baja, casi burlona, mientras sus manos seguían firmes en el volante. No
sabía si la pregunta era absurda o simplemente la reacción típica de Ochako ante cualquier
situación.

—No suelo hablar con nadie. Pero es... lindo. —Respondió con la misma indiferencia, como
si nada de eso fuera significativo, aunque por dentro sabía que no podía dejar de pensar en
Izuku y que ya había hecho planes para encontrarlo de "casualidad" al menos siete veces.

Ochako se quedó completamente en silencio durante un momento. Katsuki escuchó cómo su


respiración se interrumpía por la sorpresa.

—¿Lindo? ¿Izuku? ¿Eso te parece una buena descripción? —exclamó, sorprendida,


girándose hacia él con una expresión de incredulidad.

Katsuki, sin apartar la vista de la carretera, solo sonrió de lado. La situación le parecía más
graciosa que cualquier otra cosa.

—Sí. Me gusta su cara, y a Eloisse también —Respondió, encogiéndose de hombros.

Ochako lo miró como si estuviera intentando entender algo que claramente le resultaba
incomprensible. Luego suspiró, claramente resignada a que la conversación no iría por el
camino que esperaba.

—Katsuki —dijo finalmente, su tono más serio, pero sin perder su estilo directo—. Izuku es
una de las personas más dulces y amables que conozco. Y lo último que necesita es que
alguien como tú lo irrite o lo confunda.

Katsuki alzó una ceja, sin poder evitar la risa nerviosa que se formaba en su pecho.

—¿Alguien como yo? —preguntó, desafiante, sabiendo que la respuesta de Ochako no sería
nada amable.
—Ya sabes a lo que me refiero. Eres... tú. —Respondió, sin rodeos, con ese tono que solo ella
podía usar con él.

Sí, probablemente las únicas personas que podían decir algo así eran su madre y la castaña,
las únicas mujeres con las que había pasado el tiempo suficiente para demostrar su
irritabilidad.

Katsuki se echó hacia atrás en el asiento, disfrutando de la frustración que veía en el rostro de
Ochako, pero también sabiendo que era inútil intentar discutir más de la cuenta.

—Relájate, Ochako. Sabes que no soy tan terrible como lo estás haciendo ver

—Solo digo. Y no pienses que me usarás como excusa para verlo, mucho menos a Eloisse.
Estoy totalmente en contra de lo que sea que piense tu cerebro —murmuró ella, recostándose
de nuevo en su asiento mientras Katsuki volvía a centrarse en la carretera, dejando que el
silencio entre ellos se alargara un poco.

Y maldiciendo porque Ochako acaba de frustrar cuatro de los siete planes que había hecho.
Pero no importaba, le quedaban tres planes que usaría a su favor. Soltó una risa interna. ¿Qué
esperaba Ochako que hiciera? Era la primera persona en mucho tiempo que lo hacía sentir
tan... atraído. No lo dejaría escapar fácilmente. Además, tenía que pensar a su futuro. Su
pequeña princesa tenía solo seis meses, pero si conquistaba a Izuku, tendría un profesor al
menos desde los seis hasta los trece años. Exacto, esa es la mente de un empresario.
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