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Tema 1 La Evolución Histórica Del Estado Moderno

El documento analiza la evolución histórica del Estado moderno, desde su surgimiento en la Edad Media hasta la consolidación del Estado absoluto y constitucional. Se discuten las características del feudalismo, la centralización del poder monárquico y la influencia de la secularización y la conciencia de nacionalidad en la formación del Estado. Además, se abordan las etapas del Estado absoluto y su transición hacia el Estado de policía en el siglo XVIII.

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Tema 1 La Evolución Histórica Del Estado Moderno

El documento analiza la evolución histórica del Estado moderno, desde su surgimiento en la Edad Media hasta la consolidación del Estado absoluto y constitucional. Se discuten las características del feudalismo, la centralización del poder monárquico y la influencia de la secularización y la conciencia de nacionalidad en la formación del Estado. Además, se abordan las etapas del Estado absoluto y su transición hacia el Estado de policía en el siglo XVIII.

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TEMA 1

LA EVOLUCIÓN HISTÓRICA DEL ESTADO MODERNO

1. El Estado como presupuesto de aparición del constitucionalismo y como objeto del


derecho constitucional; 2. El Estado absoluto; 3. El Estado constitucional; 3.1 El Estado
liberal; 3.2 El Estado social y su crisis; 3.3 Globalización e integración supranacional.

1.1 El Estado como presupuesto de la aparición del constitucionalismo


y como objeto del Derecho Constitucional

El Estado es una realidad histórica que culmina a finales de la Edad Media y principios
de la Edad Moderna (finales del siglo XV y principios del XVI). Se le denomina Estado
moderno porque nace en la Edad Moderna y porque se pretende usar como sinónimo de
contemporáneo.

Concepto de Estado
Estado es un término bastante ambiguo. Algunas de sus acepciones son:

• Ámbito internacional: Unidad política existente en el orden internacional, en la


que se incluye la población, el territorio, las instituciones… de un país.

• Ámbito interno: Gobernantes o poderes públicos, en contraposición a la


ciudadanía de un país. O bien en referencia al Estado central, Poderes públicos de
ámbito nacional.

• Amplia: Sujeto en el orden internacional. El término Estado designa una


colectividad organizada cuyo soporte social está constituido por la Nación.

• Estricta: El término Estado indica a un conjunto de gobernantes o poderes


públicos en relación a los gobernados, tanto instituciones nacionales como las
autónomas o locales.

• Restringida: la palabra Estado designa los poderes públicos centrales, es decir, los
poderes nacionales, las instituciones de ámbito nacional. Aquí nos referimos a la
más amplia acepción del Estado (persona jurídica dotada de poder soberano y
titular de relaciones en el orden internacional).

Formas políticas preestatales:

Tradicionalmente se han recordado, como los más destacados tipos históricos de


comunidad política que en rigor no son Estado, los siguientes:

1
• Grandes imperios orientales. Afecta a la naturaleza del poder y se les atribuyen
dos caracteres específicos:
I. Despotismo oriental: Caracterizado por el arbitrio absoluto del dominante y una
total ausencia de derechos en los dominados.

II. Teocracias: se refiere a la fundamentación de tal poder y al orden de valores


en que la organización descansa. Se trata de teocracias en las que el dueño del
poder representa al poder divino.

• Polis griegas. comunidad muy reducida caracterizada por una serie de notas entre
las que merece subrayarse el papel desempeñado por la religión y el fuerte
sentimiento de ciudadanía, elementos que son aglutinantes y hasta constitutivos
de este tipo de comunidad política. La polis es una comunidad religiosa en la que
el derecho sagrado se vincula al orden y fines de la vida política. En segundo
lugar, la polis es una asociación de hombres libres unidos por un orden jurídico a
través del cual los ciudadanos participan en el poder.

• Imperio romano (Civitas o ciudad romana). Imperio romano: tiene en su origen


caracteres muy similares a los de la polis griega (grupo social reducido, unidad
religiosa y participación ciudadana), aunque en esta existe una “res publica”
diversa de los intereses privados y hace una distinción entre el derecho “publico”
y el derecho “privado”. Su posterior evolución difiere de la de la polis; en el caso
de Roma, sus sucesivas conquistas la llevan a configurar el Imperio. A partir del
fin de la Edad Media, surgen dos conceptos que jugarán un papel muy importante
en la formación de los Estados Modernos: el de soberanía (el poder del Emperador
tenía carácter supremo) y el de imperium, por el cual se entiende un poder
específicamente político, el cual se libera de sus aspectos económicos y religiosos.

Formaciones políticas típicas de la Edad Media (feudalismo).

Feudalismo

El feudalismo es el antecedente directo del Estado. Su sociedad se organizaba en una


estructura piramidal. Su base contractual era el contrato o pacto feudal, de carácter
privado y voluntario, que creaba relaciones de vasallaje entre los miembros de los
distintos estamentos: los súbditos juraban lealtad al señor feudal a cambio de una serie de
derechos y éstos, a su vez, hacían lo propio con el monarca.

2
Su sociedad se organizaba en una estructura piramidal.

En esta estructura piramidal de la sociedad, cada lado representa sus diferentes elementos
sociales jerárquicamente ordenados. Así:

1 Rey
2 Eclesiásticos
3 Nobles
4 Caballeros
5 Artesanos
6 Labriegos libres
7 Siervos
8 Esclavos

• El Rey, los nobles y los caballeros poseían la tierra por la espada / lanza (per
hastam).
• Los labriegos libres poseían la tierra por el arado (per aratum)
Þ Éstos representan el lado militar de la pirámide (los que poseen o trabajan la tierra.
• Artesanos (de aprendiz a maestro)
Þ Lado de la clase artesana.

• Eclesiásticos, propietarios por la oración (per preces) (estructurados hasta llegar


al Papa).
Þ Lado sobrenatural.

3
La pirámide representa los diferentes elementos sociales, todos jerárquicamente
ordenados: existía el lado militar de la pirámide integrado por los que poseen o trabajan
la tierra: los caballeros, nobles o el Rey (poseen la tierra por la espada) y los labriegos
libres (poseen la tierra por el arado). Por debajo de estos están los labriegos también libres,
los siervos y los esclavos. En el segundo lado de la pirámide está la clase artesana. Por
último, el lado de los propietarios por la oración, estructurados jerárquicamente hasta
llegar al Papa.

Organización política feudal:

• Base contractual de la sociedad: contrato o pacto feudal que en el ámbito político


llega a sustituir el concepto de dominio o poder. Las relaciones que cabe destacar
son las que se dan entre los señores y sus vasallos, que generan una serie de
vínculos de dependencia y derechos y obligaciones por ambas partes, el vasallaje.
El vasallo jura fidelidad al señor feudal a cambio de seguridad, cultivar una parte
de su tierra... El Rey no tiene súbditos directos, está mediatizado por los señores
feudales, por ende hay una gran fragmentación política: no existe una relación
directa entre el rey y los súbditos. Los campesinos (no los burgueses) dependen
de los señores feudales, no del monarca, lo que debilitaba el sistema.

• Dimensión privatista de todas las relaciones e, incluso, en el desempeño de las


funciones públicas: la propiedad de la tierra como elemento determinante de
todas las relaciones (concepción patrimonial del poder). En el Estado Moderno
hay legitimidad al poder (Derecho público). En el feudalismo el Rey tiene el poder
público porque es propietario de la tierra que concede a los vasallos para que la
trabajen (Derecho privado).

• Organización administrativa: pluralismo jurídico, multitud de ordenamientos


particulares, nacimiento de ciudades libres. Existe una multiplicidad de
ordenamientos jurídicos particulares conformados por los usos, costumbres,
pactos y normas estrictas, diversos según las épocas y territorios. No existe un
Derecho unificado después del Derecho Romano. Hay pluralismo jurídico. Nacen
las ciudades libres, zonas que no dependen del señor feudal, sino del Rey. Nacen
gremios, artesanos... exentos del señor feudal. Las ciudades libres son promovidas
por los reyes, ya que refuerzan su poder frente a los señores.

• Existen dos poderes políticos supraterritoriales que tienen un carácter


universalizador. Tienen un poder político indirecto, ya que los demás líderes les
reconocían cierto poder de intervención e incluso de veto en sus decisiones:

o El Papa: Tras la caída del Imperio Romano, el Papa buscaba ser la


máxima figura de la cristiandad, tanto a nivel religioso (como líder de la
Iglesia católica) como político (como heredero del Imperio Romano). Este
último poder lo ejercía nombrando a un Emperador.

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o El Emperador: Tras la caída del Imperio Carolingio apareció el título del
Sacro Emperador Romano Germánico, como heredero del Imperio
Romano. Éste era nombrado por el Papa.

• El poder del monarca provenía de Dios, es decir, tenía una fundamentación


religiosa. Por ello, los reyes debían lealtad al Papa. Incluso aquéllos que se
enfrentaban al Papado, también seguían esta fundamentación, sólo que
consideraban que el Papa no era un verdadero intermediario de Dios.

• El poder de los señores feudales provenía de sus propiedades, es decir, tenía una
concepción patrimonial: el propietario de la tierra tenía la potestad de cobrar
impuestos, explotar la tierra, impartir justicia…

Durante los siglos XII y XIII los monarcas comenzaron a conceder Cartas Poblas a un
gran número de ciudades. Éstas dejaban de depender de los antiguos señores feudales
para hacerlo directamente del monarca, originando, así, una gran rivalidad entre los
burgos y los señores feudales.

En cuanto al Derecho, con la caída del Imperio Romano, el Derecho romano perdió su
unidad. Durante la Edad Media, existieron multitud de versiones del Derecho que
evolucionaron de forma fragmentada, originando un gran pluralismo de leyes y normas.
Siglos más tarde, los monasterios redescubrieron el Derecho romano e intentaron dotarlo
de una unidad para toda la cristiandad.

Factores que contribuyen a la consolidación del Estado moderno:

La aparición del Estado Moderno está vinculada al fin de dispersión medieval y a la


posterior afirmación de una pluralidad de órdenes autónomos que defienden
territorialmente unidades de vida política. Este también es fruto de una serie de
condiciones de diversa índole. Pese a la diversidad de experiencias y ritmos con que se
desarrollan en cada país, cabría no obstante señalar en el proceso de formación del Estado
una serie de factores que, al combinarse, propician la definitiva configuración del Estado,
poniendo, así, de relieve la especificad de éste

• Unificación y centralización del poder en la figura del monarca: Aunque este


proceso fue común para toda Europa, existen ciertas diferencias entre las grandes
monarquías del s. XVI.

• Gran Bretaña (proceso inglés): pérdida de poder del rey a favor de otros poderes
(Carta Magna 1215, poderes locales, parlamentarismo, Revolución Gloriosa
1688).

5
El punto de partida fue la existencia de un poder fuerte y relativamente
concentrado, personificado en el Rey. Como consecuencia del sistema implantado
por los Normandos, la monarquía es fuerte, centralizada y autoritaria. No obstante,
los nobles se alían con ciudades para así frenar el poder del Rey, dando lugar a
una serie de luchas contra este, que culminan en 1215 con la Carta Magna, firmada
por el Rey Juan y donde el poder real queda limitado, se reconocen derechos a los
súbditos y prohíbe la imposición de impuestos, constituyendo el germen de la
institución parlamentaria. A finales del s. XIII, se da una división del Parlamento
entre Lores y Comunes por separado. Ya en el s. XVII, Estuardo acepta al
Parlamento la elaboración de leyes. El carácter absoluto del reinado de los Tudor
da lugar a la Revolución Gloriosa (1688), donde los nobles y burgueses derrocan
a Jacobo, siendo sustituido por Guillermo de Orange, lo que supone un avance
hacia la monarquía parlamentaria (soberanía compartida entre el Rey y el
Parlamento) Mientras tanto, en España se avanza hacia una monarquía absoluta,
hasta 1789.

• Continente (Francia, España): fortalecimiento poder real (Reyes Católicos) con


apoyo en las ciudades.

El punto de partida es un Rey débil confundido prácticamente con los señores


feudales de mayor rango, algunos de los cuales representaban un poder igual o
superior al del Monarca. Su evolución supone un fortalecimiento del poder real a
costa de poderes de los señores feudales; por ello el monarca buscará apoyo en
elementos no aristocráticos, aliándose a ciudades libres de manera que estas
dependen directamente de él sin intermediar con los vasallos. En España, la
unificación y centralización del poder se lleva a cabo con los Reyes Católicos,
consolidando su poder a principios del s. XVI, con monarquías autoritarias.

• Secularización del poder: El Renacimiento y Reforma protestante, distinción del


poder temporal y del religioso, revalorización de la naturaleza y de la razón.

Va a ser un proceso lento e irreversible. Los dos fenómenos más destacados de tal
proceso son el Renacimiento (antroponcentrismo, confianza en el hombre) y la
Reforma. El resultado será el establecimiento de una clara distinción entre el fin
temporal y el religioso: supone una ruptura con el teocentrismo de la Edad Media,
se pone en cuestión la relación entre lo político y religioso. Tiene lugar una
revalorización de la naturaleza y de la razón humana.

• Determinación territorial: Los reyes comenzaron a establecer fronteras y a


ejercer su poder sobre todos aquellos territorios y personas que estuviesen dentro
de ellas, sin importar las relaciones de vasallaje o los señoríos jurisdiccionales.

• Conciencia de nacionalidad: Surgió como consecuencia de la centralización del


poder. Apareció el término “nación” para designar un origen común, de hecho, en

6
las universidades medievales se utilizaba para separar a los estudiantes según su
procedencia.

• Objetivación del poder en el Derecho: El Derecho fue el instrumento clave para


la configuración del Estado. Se pretendía que apareciese en los súbditos una
conciencia de lealtad a la Ley. Para lograrlo, se crearon una serie de reglamentos
y leyes que afianzaron el poder del monarca con medidas como:

o Creación de un ejército permanente para someter a la nobleza.

o Creación de un sistema impositivo propio para financiar los proyectos del


Estado: los súbditos, incluidos los burgueses, debían pagar impuestos al
monarca a través de aranceles, impuestos a la profesión…

o Creación de un sistema burocrático profesional y jerarquizado para


gestionar los proyectos y actividades iniciadas por el Estado.

o Estimulación de la actividad económica para aumentar los ingresos. Para


ello, se aplican políticas mercantilistas, desarrollando una especie de proto
capitalismo.

• Concurrencia internacional de Estados soberanos: Se creó un pluriuniverso


político sin autoridad mundial. La paz de Westfalia (1.648) fue un punto de
inflexión, ya que supuso la primera renuncia de un monarca a imponer su religión
a sus súbditos. En este momento, las alianzas perdieron su sentido religioso y
comenzaron a ser por interés geoestratégico.

1.2 El Estado absoluto

Etapas del Estado Absoluto

Aunque es una visión muy discutida por los estudiosos del Estado, algunos autores
(escuela italiana) distinguen dos etapas en el Estado Absoluto:

• Estado patrimonial (siglos XVI y XVII): Continúan características medievales:


no hay distinción entre el derecho público y privado, la legitimidad del poder la
daba la propiedad, se confundían los límites entre la monarquía y el Estado.

7
• Estado de policía (siglo XVIII): Se utiliza la expresión “de policía” en su sentido
clásico (proveniente del griego POLITEIA), que significa “lo político” o “lo
público”. En esta etapa (salvo en el Reino Unido) se produce la máxima
concentración y unificación del poder: la monarquía intervenía en todas las esferas
de la vida pública, buscando el interés público (en aquella época, el interés público
se definía como la suma de los intereses individuales de todos los súbditos).
Además, las fronteras entre monarquía y Estado se delimitan: se distinguía el
patrimonio estatal (que, circunstancialmente, podía ser utilizado por el monarca)
del real, y las leyes de las ordenanzas. Y, por último, la burocracia estatal se
jerarquizó y especializó y comenzaron a convocarse oposiciones para su elección.

La última fase del Estado Absoluto (incluida dentro del Estado de policía) fue el
despotismo ilustrado. Durante esta etapa, algunos monarcas europeos aplicaron el
programa de reformas de la Ilustración en el ámbito económico y social (sobre
todo en el educativo), pero no en el político. Esto supuso una revalorización de la
razón frente a la tradición, de la ciencia frente a la religión y de las artes útiles
(artesanía, comercio…) y una desvalorización de la nobleza y los gremios.

Filósofos importantes sobre el Estado:

Nicolás Maquiavelo. Italia s. XVI: Trata de aproximar la descripción teórica a la realidad


que le circunda. Puede ser considerado precursor del empirismo. El autor observa la
realidad para extraer de ella ideas útiles a todo príncipe que quiera conservar y
engrandecer su reino.

• Razón de Estado: el fin justifica los medios. Está por encima de lo común, lo que
le autoriza a escapar de la moral situándose más allá del bien y el mal. Para que el
príncipe llegue a su fin no hay medio que no sea honorable (grandeza).

• Dualismo moral, separación moral y política. El gobernante no debe seguir la


moral del súbdito. Una cosa es la moral religiosa y otra lo que se hace en política:
sin reconocerlo, tiene que recurrir a matar, robar, mentir... para conservar o
incrementar su poder. Todo está permitido para ello.

• Método racionalista y empírico: describe lo que es, no lo que debería ser. No


expone sus opiniones, sino que se limita a extraer consecuencias prácticas de la
realidad que le rodea.

En su obra “El príncipe” reúne las condiciones que debe reunir el príncipe. Éstas son:

• Realismo: debe atenerse al ser, no al querer ser, a la realidad llena de peligros.


• Egoísmo: debe tratar de practicar el culto a la cultura del “yo”.
• Cálculo: debe preferir ser temido a ser amado, siendo imposible lograr ambas
cosas.

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• Indiferencia por el bien y el mal: aunque prefiere el bien, decidirá el mal si a
ello se le obliga.
• Habilidad: su cualidad principal es la “virtù”, definida como “conjunto de
cualidades que le permiten al caudillo vencer los obstáculos del presente y (pues
la previsión más que la prudencia es un rasgo del virtuoso) hacer frente a cuantos
tropiezos pueda depararle el futuro”.
• Simulación: importa más la apariencia de poseer cualidades que el poseerlas.
• Grandeza
• Separación entre la moral y la política
• Método racionalista y empírico.

Jean Bodin. (Juan Bodino) Francia, [Link]: Es el primer teórico de la soberanía. Bodin
vive toda la confusión propia de una Francia y una Europa ensangrentada por las guerras
de religión, por ello su propósito es formular ideas que contribuyan a fortalecer el poder
del Estado para evitar la violencia.

• Soberanía: la gran aportación doctrinal está representada por la formulación de


la teoría de la soberanía, que es un poder absoluto y perpetuo de una República.
Sin poder soberano no hay Estado. Este poder no admite igual en el interior
(supremo), todos están sometidos a él, es un poder supremo, ni superior en el
exterior (independiente). Es decir, ningún poder social ni político puede, a partir
de esta concepción, limitar el poder del soberano. No obstante, el poder tiene 2
limitaciones: la Ley de Dios y de la naturaleza que brilla en todas partes como el
sol, y las Leyes Fundamentales, que no pueden ser violadas por el Príncipe, porque
su violación supondría la desaparición de la propia soberanía.

Para Bodin, el Estado queda definido como “asociación de familias y de lo que


les es común, gobernada rectamente con potestad soberana”.

Thomas Hobbes s. XVII, Reino Unido: Fue el primer gran teórico y defensor del Estado
Absoluto, y, por ende, del poder absoluto de los monarcas. Hobbes comenzó a filosofar
en el siglo XVII, durante la Guerra Civil Inglesa.

Su teoría decía que, en un estado de naturaleza, el “hombre es un lobo para el hombre”,


por lo que el desarrollo económico, la paz, la estabilidad… son imposibles. Por ello el ser
humano firma el pacto social, donde, en aras de una mayor seguridad, los seres humanos
transfieren su libertad natural a un monarca absoluto, el “Leviatán”. Así,
irreversiblemente, se crea la sociedad, sometiendo a las personas al poder del soberano.
Únicamente en caso de que el monarca fuese incapaz de conseguir la seguridad y la paz
social que caracterizan la sociedad, estaría justificada la desobediencia civil

9
• Teórico del poder absoluto, que defiende el poder absoluto de los monarcas,
porque considera que es en éste en quien se debe concentrar todo el poder y no se
debe disgregar.
• Presupuestos filosóficos: método mecanicista, dogmático y deductivo aplicado a
la política, pesimismo antropológico. Utiliza argumentos modernos, científicos y
racionales para defender la monarquía absoluta.
• Estado de naturaleza: en el estado de naturaleza todos los hombres son iguales,
todos compiten entre sí. El hombre es el lobo del hombre y existe una guerra
perpetua de todos contra todos. Homo nomini lupus.
• Pacto social: la situación es tal, que obliga a los hombres a concluir el pacto
social. Se renuncia a la libertad y se transfiere a un Estado absoluto (Leviatán),
con un poder soberano que le permita cumplir con sus obligaciones para/con los
ciudadanos: brindar la paz y el orden. Por otro lado, Hobbes plantea que si el
soberano no cumple con lo anterior, los súbditos no están obligados a respetarle u
obedecerle.

1.3. El Estado Constitucional

Ya Sieyès, en su Exposición razonada de la Declaración de los Derechos del Hombre y


del Ciudadano constataba que la autoría de una Constitución corresponde a un poder
distinto y superior a los órganos que ella crea y ordena.

La doctrina del poder constituyente surge de la praxis del Estado constitucional nacido de
las revoluciones burguesas, la inglesa de 1688, la norteamericana de 1776, y la francesa
de 1789, y no de una elaboración teórica.

En la Edad Media y durante la Reforma se consideraba que sólo Dios tenía la potestas
constituens; dicho principio perdura hasta que los revolucionarios ingleses y
norteamericanos reclaman la titularidad de dicho poder para el pueblo.

El precedente más lejano de la idea de un poder distinto y superior a los poderes


constituidos tiene su precedente en la teoría del pacto religioso (covenant): los fieles de
las iglesias inglesa y escocesa se obligaban a mantener sus creencias y organizar su culto.
El Agreement of the People, redactado en 1648, en la época de Cromwell, se basaba en
que el pacto del pueblo estaba por encima del Parlamento, cuando era acordado por el
mismo pueblo. Estos covenants se convierten de pactos religiosos a pactos políticos,
como ocurre con el Pacto de los Padres Peregrinos a bordo del Mayflower, en 1620.

El modelo norteamericano de poder constituyente se asienta sobre dos presupuestos


básicos:

• Atribución del poder constituyente al pueblo.

10
• Exclusión de todo principio representativo; si se encargaba a una Convención la
redacción de un texto constitucional se exigía su aprobación por el pueblo o por
los Town Meetings.

La formación del modelo francés de poder constituyente difiere radicalmente del modelo
norteamericano. No está en las teorías de Rousseau, y sólo indirectamente en las de
Montesquieu. Su exponente principal es el abate Sieyès, que se atribuye el descubrimiento
de este poder, distinto de los tres poderes constituidos. Este abate excluye la participación
directa del pueblo en el proceso constituyente y en su atribución de la soberanía a la
Nación. Se atribuirá la elaboración de la Constitución a una diputación extraordinaria que
tenga un poder especial ad hoc. Se evita así que la Nación deba reunirse siempre, lo que
es imposible. Los puntos fundamentales de su teoría del poder constituyente son:

• La Nación tiene un poder constituyente distinto de los creados por la Constitución.

• El poder constituyente no puede ser ejercido por la Nación, sino por una
diputación extraordinaria que suple a ésta.

• La voluntad de estos diputados equivale a la de la Nación misma. Estos


comisionados lo están para un solo asunto, y para un tiempo determinado, sin
poder ejercer las funciones de los demás poderes constituidos.

Muy pronto las consideraciones de oportunidad política llevaron a confundir la voluntad


constituyente con la voluntad del órgano constituido. En la tradición francesa las
Asambleas Constituyentes han ejercido el poder constituyente y el poder legislativo.

En el constitucionalismo español también se observa esta falta de separación entre poder


constituyente y poder legislativo; ya paso en la Constitución de 1812 y volvió a pasar con
ocasión de la Constitución de 1978.

En Francia, durante la Restauración monárquica se atribuyó al Rey el poder constituyente.


En los regímenes autocráticos la titularidad del poder constituyente, asimismo, recae
sobre una persona o minoría.

En la actualidad, el constitucionalismo democrático de la posguerra atribuye de nuevo el


poder constituyente al pueblo, titular de la soberanía. Hoy es difícil encontrar una
negación de la afirmación democrática y popular del poder constituyente.

1.3.1 El Estado Liberal

Notas que caracterizan la organización política del Estado Liberal

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a) El Estado Liberal es un Estado Constitucional, primero porque se somete a normas
y se estructura en torno a la división de poderes y segundo porque formalmente
surge junto al constitucionalismo escritor.

b) La unidad se la soberanía encarnada en la persona del monarca se traslada a un


nuevo ente, también unitario, que es la Nación.

El Estado Liberal, fruto de la crisis del Estado absoluto y del pensamiento que cuaja en
el constitucionalismo.

Las ideas empiezan a surgir a partir del Renacimiento, aún en pleno absolutismo se van
formulando nuevas doctrinas que sientan las bases del constitucionalismo.

Factores de carácter económico y social que dan paso al Estado Liberal:

• La crisis económica que deja sentir sus efectos en la segunda mitad del siglo
XVIII, por los obstáculos que el régimen agrario y las ordenanzas gremiales aún
vigentes representaban.

• El conflicto social generado entre la aristocracia y la burguesía al que no es


ajena la política monárquica.

• El aumento excesivo de tasas e impuestos necesarios a medida que las


actividades del Estado se han hecho mayores.

Sin embargo, con la llegada del Estado Constitucional va a pesar mucho más la
elaboración doctrinal que le precede de antaño y que logra actuar como fermento social
revolucionario proporcionándole la estructura jurídica que le caracteriza como Estado
Constitucional.

Gestación de las ideas liberales

La resistencia de los señores al poder real abrió una primera brecha por la que penetró la
ideología liberal. Así, poco a poco se va asentado la idea de dividir o contrarrestar los
poderes para paliar los abusos que sufre la libertad individual. No es menos destacable la
contribución de la Iglesia a tal proceso.

La principal contribución de la Iglesia Católica en la gestación y consolidación del


pensamiento liberal es la representada por las consecuencias del movimiento que se
conoce como Reforma.

12
En cuanto al segundo de los aspectos mencionados, cabe hallar en el calvinismo, una
influencia decisiva en la aparición del constitucionalismo a través del puritanismo,
exaltando el valor de la conciencia y del del racionalismo, que obviamente escapan a las
pretensiones y planteamientos religiosos del protestantismo, que inevitablemente derivan
con el tiempo del libre examen.

Noción de Liberalismo

Se denomina Liberalismo a la corriente de pensamiento y de acción filosófica y política


que surge en Inglaterra a finales del siglo XVII y se propaga por Francia y otros países
europeos en el siglo XVIII. Busca que los Estados estén regidos por una Constitución que
contiene los principios básicos de la Democracia Liberal; pretende imponer un gobierno
limitado con el propósito de asegurar y proteger unos derechos individuales, o derechos
de autonomía, para lo cual se establece como dispositivo esencial la separación de
poderes. Un elemento clave del Estado Constitucional y Democrático de Derecho es la
justicia Constitucional que intenta concretar los límites del poder estatal en expansión.

Otro elemento clave del Estado Constitucional y Democrático de Derecho es un Estado


Constitucional, en el sentido de poseer una Constitución formal con una codificación
amplia y comprensible para todos, que limita y legitima al poder Estatal y es creada
normalmente por una Asamblea Constituyente. El paso del Estado de Derecho a un
Estado Social de Derecho implica una transformación del universo jurídico, una nueva
manera de entender las fuentes del derecho, una forma distinta de administrar justicia.

Principales formulaciones doctrinales que sientan las bases del constitucionalismo


liberal

Respecto a la fundamentación doctrinal del liberalismo político, sus más destacados


formuladores Locke y Montesquieu considerados como padres del constitucionalismo y
con algunos matices de Rousseau, como visión filosófico-política de este período que, en
la Europa continental, se cierra con la Revolución Francesa.

En cuanto a la Revolución Francesa, esta supuso la ruptura política, jurídica e histórica


del Antiguo Régimen, cuestión a la que contribuyeron en gran medida la Ilustración y el
Enciclopedismo. El concepto de libertad política se asienta en el rechazo a una sociedad
dividida, la lucha por la separación de poderes bajo la idea de una soberanía nacional
representada por la voluntad de la nación y no en el Rey al considerar que este ya no es
el “rey de los franceses” se haría realidad el 3 de septiembre de 1791, al proclamar la
Asamblea Nacional la Consolidación del liberalismo Constituyente la primera
Constitución escrita, que es aceptada por Luis XVI, con el lema oficial “Liberté, Égalité,
Fraternité”.

La concepción del Derecho inglés previa a la Revolución Gloriosa.

13
Lo más significativo de la evolución constitucional inglesa es la concepción del Derecho
y el equilibrio o armonía que de él se desprende para la práctica del Gobierno de la
Nación.

El Justicia mayor Coke, es quien, por su oposición abierta al monarca, se le atribuyen


todas las características y elementos de las modernas constituciones. El sistema
norteamericano adopta la tradición inglesa, permitiendo a Coke dictar la más famosa de
las sentencias: “el rey no puede crear mediante su prohibición o proclamación
un delito que no fuese delito antes”, sin embargo la doctrina no comportaba la supremacía
del Parlamento pues también Coke le negaba la capacidad para cambiar los principios de
justicia subyacentes en el common law (norma que se caracteriza por el hecho de que se
basan más en la jurisprudencia que en las leyes).

La convicción generalizada de esta tradición inglesa sólo será superada por la fuerza de
las circunstancias que llevan a la Revolución de 1688 y la publicación que hace Lolme de
su Constitución de Inglaterra, en ella muestra el equilibrio que toda Europa tratará de
imitar sin éxito a lo largo del siglo XIX.
Los derechos del hombre y de la comunidad política en la Escuela española del
Derecho Natural

El pensamiento español entre los siglos XVI y XVII es rico en nombres y escuelas
generalmente vinculadas a órdenes religiosas.

La mayor unanimidad del que, sin perjuicio de que pueda considerarse proveniente de
Dios, afirman indefectiblemente (que no puede dejar de ser o faltar) su pertenencia a la
comunidad. Esta transferencia del poder originario y el modo de llevarla a cabo suscitó
diferenciad de opinión dentro de la Escuela española que se divide en tres corrientes:

• Los que sostienen que hay una necesidad moral de transmitirlo a los gobernantes
• Los que consideran que no hay tal, sino solamente la conveniencia a efectos
prácticos para lograr un gobierno eficaz.
• Los que niegan la necesidad de transferir el poder por entender que la comunidad
puede ejercerlo directamente

En la segunda corriente destaca Francisco de Vitoria, catedrático de Salamanca, quien


sostiene que, si la potestas ha de ser forzosamente ejercida por el Rey, ante la
imposibilidad de que la comunidad la ejerza directamente, la auctoritas significa el
reconocimiento de la comunidad, es decir, el acatamiento y obediencia de ésta en tanto
que el Rey haga un uso legítimo de la potestas.

En la tercera destaca Francisco de Suárez (Doctor Eximio) representa la cumbre de


nuestra Escuela del Derecho Natural y su engarce con la modernidad. Sus puntos de
partida coinciden con los de Vitoria: el Derecho presupone la sociedad y ésta a su vez
deriva de la sociabilidad humana. Todos los hombres nacen libres y su sociabilidad se

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manifiesta en primer lugar en la familia; es de la agrupación inorgánica de las familias de
donde se deriva la sociedad. Pero bien, esto requiere un acto de constitución: el pacto o
contrato (ya sea expreso o tácito) que expresa el consentimiento voluntario y general por
el que todos se unen para lograr el bien común.

El poder del gobernante le viene dado por el pueblo, cualesquiera que sean las formas de
pacto, lo que contienen es el libre consentimiento de los ciudadanos, esta transferencia de
poder no comporta la renuncia de los hombres a sus derechos como personas, razón por
la cual no puede el monarca atentar contra los mismos… siendo, por lo tanto, destituido
el Rey, si abusará de su poder, autorizando a la comunidad a ejercer su derecho (colectivo)
de legítima defensa).

Por otro lado, el valenciano Luis Vives, representante renacentista de erasmismo español,
se distingue por llamar la atención sobre los conceptos de solidaridad y beneficencia y
por la exaltación de algunas virtudes que deben adornar el ejercicio del poder a los
gobernantes: la prudencia, la experiencia y el consejo son sus principales armas políticas.
Al filósofo valenciano se le considera antecedente de algunas de las más significativas
doctrinas modernas de Descartes, Bacon, Locke, Hamilton, etc.

El éxito práctico de las doctrinas pactistas y sus aportaciones a la técnica


constitucional

Dos son los más destacados exponentes de dichas doctrinas: Locke y Montesquieu, uno
y otro describen la realidad constitucional inglesa y su influencia es decisiva en el
constitucionalismo continental, aunque las particulares condiciones revolucionarias de
Francia y el éxito e influencia que en tal revolución alcanza Rousseau, nos imponen,
también una breve consideración de éste.

Dos son las ideas básicas que regirán las construcciones de la teoría política a partir de
ahora:

• estado de naturaleza
• contrato social

Separación de poderes y libertades burguesas: John Locke

John Locke, teorizador y apologeta de la revolución inglesa de 1688, nace en 1632 y su


obra más conocida es de 1690, Dos tratados sobre el Gobierno Civil.

Locke piensa que el hombre por naturaleza es sociable, sensible y bondadoso, los hombres
por naturaleza son iguales e independientes, sostiene Locke que los hombres tienen
derechos anteriores al gobierno, hay un Derecho Natural. A pesar de esto, hace falta un
pacto social para regular la convivencia entre las personas, pacto social en el que se hace
una cesión de derechos a la comunidad, la comunidad que ha de gobernar por medio de

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la mayoría, y el gobierno surge como consecuencia para garantizar esos derechos. Locke
viene hablar de un poder legislativo, de un poder ejecutivo y luego de un poder federativo,
un poder federativo que tiene que ver con la seguridad del Estado y de las relaciones
internacionales. La verdadera libertad consiste en vivir bajo leyes ciertas, estables y
suficientes.

El autor no llega a formular la idea del poder judicial, aunque insinúa en algún momento
la necesidad de que un cuarto poder se ocupe de controlar el respeto de las citadas
limitaciones, hallando su formulación acabada en la doctrina de Montesquieu.

División de poderes y equilibrio social como garantía de la libertad política:


Montesquieu

Montesquieu nos aporta una de sus obras “En El espíritu de las leyes” (1784), nos aporta
la doctrina de la separación de poderes, el legislativo, ejecutivo y judicial.

Montesquieu se fijó en la forma de gobierno inglesa, el legislativo hace las leyes, el


judicial hace cumplir las leyes. juzgando y condenando los delitos.

También sostiene que el ejecutivo y el legislativo tienen que ser totalmente


independientes. Así es como el liberalismo cuenta con la fórmula política sobre la que
construir su propio Estado.

Las revoluciones burguesas como ocasión histórica para el establecimiento del Estado
Liberal

La ocasión histórica que da paso al Estado Liberal-Constitucional se produce con las


revoluciones burguesas: en Inglaterra se instaura el régimen monárquico constitucional
con la Revolución Gloriosa de 1688; pero el constitucionalismo escrito (que va a
caracterizar al nuevo Estado) se introduce con la revolución americana que lleva a las
colonias inglesas a la independencia y con la revolución francesa, la más influyente en el
resto de Europa.

En el Continente y, especialmente en Francia, asistimos, en cambio, a grandes


planificaciones o programas teórico-filosóficos, como se observa en las aportaciones de
Rousseau y del propio Sieyès.

El salto revolucionario del Continente, un nuevo titular de la soberanía y un nuevo


método que se aleja del racionalismo: Rousseau.

El teórico por excelencia de esta revolución es Rousseau que cierra el período con su
fundamental aportación de la soberanía popular, concepto revolucionario cuando aún
está vigente el legitimismo tradicional.

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Rousseau es un pactista “optimista” cree en la bondad natural de los hombres, su obra
más conocida “El contrato social” (1762) Tiene que ver con el pacto social, es el
reconocimiento de la soberanía del pueblo. La soberanía se identifica, con el ejercicio de
la voluntad general debiendo ser ejercida directamente por todo el pueblo, sin ningún tipo
de representación. La Ley es sino la expresión de la voluntad general, que siempre es
justa, siempre se orienta al bien común, expresión que Rousseau se esfuerza por glorificar.

Pues bien, la teoría que inflamó los espíritus y el ambiente de la revolución pronto había
de ser molida por los intereses de la burguesía, muy revolucionaria respecto del Antiguo
Régimen, pero muy comedida hacía el futuro. Está teoría viene de la mano de Sieyès al
formular los conceptos de Nación y de representación nace el concepto de soberanía
nacional. Los representantes son representantes de la nación, y el mandato es
representativo.

La organización política del estado liberal

Su determinación es importante por cuanto el fenómeno del liberalismo también resulta


decisivo desde la perspectiva de otras disciplinas, principalmente de la Economía.

El liberalismo político no debe ser confundido con el económico El Estado Liberal


nace como expresión de desconfianza frente al poder estatal y con el propósito d.e reducir
el papel del Estado.

El Estado Liberal es una forma histórica más del Estado Moderno que surge y crece
progresivamente a partir del Renacimiento y las reflexiones de Maquiavelo.

Por Estado Moderno se entiende el monopolio del uso legítimo de la fuerza que se
actúa en tres ámbitos: el jurídico, el político y el sociológico.

• Jurídico, no existe derecho vigente por encima del Estado que pueda limitar su
voluntad; pertenece al Estado el poder de determinar por medio de las leyes el
comportamiento de sus súbditos.

• Político, el Estado Moderno se presenta con Estado administrativo, en la medida


en que existe a disposición del Príncipe un instrumento operativo nuevo: la
moderna burocracia que es una máquina que actúa racional y eficientemente.

• Social, el Estado Moderno representa la progresiva destrucción del pluralismo


orgánico, propio de la sociedad corporativa estamental.

El estado Liberal tendrá un nuevo sustrato social: la nación entendida unitariamente y


restringida a la clase social que le ha dado vida y que será beneficiaria directa del nuevo
régimen: la burguesía. Entre la sociedad y el Estado no se conciben los cuerpos
intermedios: frente a las ataduras feudales y corporativas, la sociedad liberal está

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presidida por el individualismo; el individuo es el punto de partida de todas las
deliberaciones y el objetivo de toda política; siendo éste el valor axial, la sociedad se
concibe como un producto secundario y el Estado sólo tiene razón de existir en tanto que
proteja la libertad individual. Después con la aparición del proletariado industrial, se
reinterpretaría para evitar que la igualdad se extendiera a todos.

En el campo de la cultura, se rompe el monopolio que la Iglesia tenía sobre el orden social
con la defensa de la idea de separación de la Iglesia y el Estado y con la defensa y
reconocimiento de las libertades de pensamiento y enseñanza.

En la economía preside la ley de la oferta y demanda que exige del Estado una actitud
claramente inhibicionista. La Revolución Francesa quiso erradicar el principio absolutista
pero no el principio unitario de la voluntad soberana. El problema se resolverá con el
recurso al concepto de Nación.

1.3.2 El Estado social y su crisis;

El Estado social y sus dificultades actuales.

Los problemas de la puesta en práctica del Estado social son bien conocidos. Todo
depende de la fortaleza del presupuesto público y en consecuencia de la disposición del
gasto público necesario para garantizar el ejercicio de los derechos sociales por parte de
los respectivos titulares; si, de hecho, el sistema económico entra en crisis y no crece la
riqueza conforme a las expectativas, las finalidades del Estado social (inevitablemente)
se convierten en irrealizables para la ley que ha de actualizarlas.

En este sentido, queremos proponer algunas reflexiones esenciales acerca de la


problemática efectividad de los derechos fundamentales.
La crisis económica de la primera década del 2000 en los países europeos, según una
opinión muy extendida, choca con la soberanía de los Estados, menoscabando, al mismo
tiempo, los derechos fundamentales (sobre todo, pero no solo) sociales, afectando a su
estatuto inderogable de derechos de ciudadanía. Desde esta perspectiva, los márgenes de
decisión de los legisladores nacionales están condicionados por la necesidad de respetar
el equilibrio presupuestario, más aún ahora que está garantizado constitucionalmente,
asegurando así un respeto de las directrices europeas. Sin duda, estas circunstancias
contribuyen a reducir la protección.

En verdad, la crisis del Estado social no representa solo el fracaso de un modelo político
de la economía, que tuvo el mérito histórico de haber permitido la paz social en el régimen
capitalista, sino que representa también el riesgo de una gradual descomposición del
Estado constitucional que asume la dignidad del hombre como premisa y finalidad de su
actuación.

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El condicionamiento financiero de las políticas públicas redistributivas dirigidas a realizar
el proyecto constitucional de la igualdad y de la justicia social y a garantizar la efectividad
de los derechos, hace que la crisis del Estado social se manifieste no solo como crisis
fiscal del Estado sino también como crisis constitucional, como una verdadera crisis
democrática.

Dada la reducción de los recursos públicos y de la limitación de las prestaciones


administrativas, se pone en cuestión la exigibilidad (y con ella la justiciabilidad) de los
derechos fundamentales sociales, caracterizados – estos últimos – como situaciones
jurídicas financieramente condicionadas; tal circunstancia hace que el Tribunal
Constitucional se tenga que enfrentar ante los requisitos objetivos de los recursos
disponibles y de las finanzas públicas, todo ello reforzado ahora por las reglas
constitucionales.

En conclusión, la doctrina constitucional no parece expresar dudas acerca de la naturaleza


preceptiva de los derechos constitucionales sociales y, por lo tanto, acerca de su directa
aplicabilidad en cuanto situaciones jurídicas constitucionalmente garantizadas, pero
tampoco discute la necesaria provisión financiera. Por tanto, el Juez constitucional ha de
afirmar la necesidad de garantizar los derechos como atributo esencial de la forma de
Estado, aunque debiendo subrayar en su jurisprudencia la apreciación de la necesaria
gradualidad de la protección, de la discrecionalidad del legislador y por último, más
recientemente, de las exigencias constitucionales de equilibrio de las finanzas públicas,
que conllevan un evidente impacto limitativo sobre las prestaciones administrativas y
sobre la protección judicial de los derechos sociales.

El límite insuperable establecido por la Corte Constitucional en el ámbito de los derechos


sociales (sobre todo respecto a la salud y a la asistencia social) está constituido por el
respeto del “núcleo esencial” según un parámetro constitucional, el de la dignidad
humana. Este parámetro, de todas formas, es más bien incierto (en el sentido de su plena
disponibilidad en las manos del intérprete constitucional), fungible en su ponderación con
otros bienes constitucionales, es decir como vértice sobre el cual producir el equilibrio.

Crisis del Estado social y constitucionalismo europeo

La larga experiencia de las constituciones del siglo XX, que se inicia con un
reapoderamiento de lo económico por parte de lo político, parece llevarnos en su
conclusión hacia un Estado cada vez menos soberano, mero espectador y caja de
resonancia de grandes procesos económicos y decisionales, que se desarrollan más allá
de sus fronteras geopolíticas, que escapan con su dinamismo, haciendo inciertos los
procesos nacionales de toma de decisiones.

Nacido para gobernar la economía, el Estado social termina por doblegarse ante sus
exigencias, sus tendencias, sus fuerzas; fuerzas que se suman y germinan, determinando
la crisis del Estado soberano y, con ella, incluso el mismo (riesgo de) quebrantamiento

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del mundo democrático, de sus instituciones, de sus leyes, tal y como han sido
consolidadas en las tradiciones constitucionales de los países europeos.

A la afirmación de la mundialización de los procesos económicos, le corresponde, así,


una crisis de la soberanía de los Estados contemporáneos provocada por la creciente
centralidad del mercado y del contrato como categorías paradigmáticas de un nuevo
constitucionalismo “conservador”, capaz de fundar nuevas interpretaciones de las mismas
normas constitucionales en la base de los modelos del Estado social propio de las
constituciones europeas tras la segunda guerra mundial.

En este marco, la amplitud de la crisis en la que se debate el Estado contemporáneo como


Estado constitucional (social, democrático, de derecho) induce a repensar los topoi
clásicos del constitucionalismo, es decir, los límites impuestos constitucionalmente a los
poderes para la tutela de los derechos fundamentales.

Si la crisis del Estado ha abierto una crisis profunda de la Constitución tanto en su aspecto
garantista como en su función directriz, en cualquier caso no ha faltado la necesidad de
orden, de certeza y de seguridad que ha justificado (y que justifica) su existencia, así como
su carácter normativo. La necesidad de alcanzar un equilibrio razonable entre
conservación e innovación constitucional, los reenvíos a una Constitución mundial, o al
menos europea, demuestran que, en el escenario del nuevo siglo, la Constitución todavía
se considera un momento que integra a la sociedad y ordena los poderes y las
instituciones. En este escenario, la idea de un “sistema constitucional europeo” parece
haberse convertido en el punto de coagulación de dicha exigencia, la respuesta formal a
los poderes generados por la globalización de los mercados y por el policentrismo de los
poderes públicos, es decir por el pluralismo de los centros de decisión tecnocrática y por
el polimorfismo de las instituciones democráticas.

La integración europea, en su proceso dinámico, suaviza y transfigura los cánones


constitucionales del siglo XX, abriendo una fase de transición profunda que agranda los
horizontes espaciales del constitucionalismo y de la democracia, aunque no siempre, ni
con la misma intensidad. El sistema constitucional europeo, en esta perspectiva, está
todavía lejos de replicar los cánones tradicionales de la democracia representativa, que es
ya parte integrante de la cultura política y de la tradición jurídica de los ordenamientos
constitucionales occidentales. Aunque el Parlamento europeo ha incrementado y
reformulado sustancialmente su propio papel en los últimos años, no posee todavía
capacidades decisionales comparables a las de los parlamentos nacionales de los Estados
miembros de la Unión.

Las decisiones más importantes, de hecho, están prevalentemente a disposición de los


ejecutivos de cada Estado (“los señores de los tratados”) y de la tecnocracia europea, con
el resultado, seguramente ambiguo, de que en el sistema de la Unión el órgano
representativo carece de una adecuada capacidad de decisión y, a su vez, los órganos con
capacidad de decisión, aunque no carezcan de representatividad (de primer nivel),

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terminan por carecer de legitimidad. Este déficit de legitimación constitucional (más que
democrática) que se aviva bajo una política de la Unión concebida principalmente, no por
el órgano directamente representativo de las comunidades nacionales, sino por las
mayorías políticas que éstas son capaces de expresar y, sobre todo, por las fórmulas de
inter-gobernabilidad a la que se acude en ausencia de un verdadero gobierno europeo de
la economía, no es el único aspecto en el que el constitucionalismo europeo se demuestra
deficitario si se examina bajo el perfil democrático.

También en lo que concierne a la efectividad de los derechos fundamentales, el sistema


constitucional de la Unión no es (todavía) capaz de asegurar garantías análogas a las
ofrecidas por el constitucionalismo nacional, sobre todo en su experiencia de posguerra,
demostrando cómo la sustancia concreta de los derechos todavía es tutelada por el
constitucionalismo nacional.

Resulta claro, así, que las (reiteradas) connotaciones tecnocráticas del sistema
constitucional de la Unión, convierten al Estado, en su actual evolución, en una realidad
poco apta para ampliar los horizontes de la democracia y de los derechos; parece todavía
más evidente que su derecho fragmentado no lleva a prefigurar de forma inequívoca un
proceso lineal de reproducción de largo alcance de los cánones constitucionales del siglo
XX.

El constitucionalismo europeo, en este sentido, asumiría de forma progresiva los poderes


y las competencias de los Estados nacionales, reduciendo la esencia misma de sus
constituciones, pero sin intentar seguir sus huellas, reflejar sus principios, o conmemorar
sus valores, desplegando hacia el futuro (europeo y nacional) una débil trama institucional
en la que parece verdaderamente difícil crear una nueva época de los derechos y de las
libertades. Esta es, creemos, la reflexión central del constitucionalismo multinivel, en el
que todavía se debe profundizar (art. 53 Carta de Niza/Estrasburgo).
La crisis del Estado social reside en el condicionamiento financiero exterior de las
políticas públicas redistributivas llamadas a dar actuación al proyecto constitucional de
igualdad y justicia social; bienes constitucionales – estos últimos – que no constituyen
concesiones «octroyées» (según una concepción de “Estado-providencia”) sino (en todos
los sentidos) obligaciones jurídicas (según la arquitectura del Estado constitucional
social).

Frente a dicho condicionamiento de la discrecionalidad legislativa y de la ponderación


estatal, impuesta (o auto-impuesta) por las instituciones europeas, el riesgo evidente,
pues, es que los derechos, y no necesariamente solo los sociales, no cuenten con recursos
capaces de sostener los correspondientes servicios públicos en aplicación de las funciones
propias del Estado social. En un escenario de reducción de los recursos públicos
disponibles, se menoscaba la misma justiciabilidad de los derechos fundamentales
(sociales y no). Dicho riesgo parece todavía más evidente cuando se reflexiona sobre la
aplicación de las nuevas (discutibles) previsiones de la Constitución, que remiten a la ley
la tarea de disciplinar al conjunto de administraciones públicas, para lograr, durante las

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fases negativas del ciclo económico, que el Estado asegure la financiación de los niveles
esenciales de las prestaciones y de las funciones fundamentales relativas a los derechos
civiles y sociales.

Un condicionamiento similar, como se ha observado, impacta de manera problemática


sobre la misma exigibilidad de los derechos fundamentales, convirtiéndolos en derechos
financieramente condicionados, y descarga en el Juez constitucional la decisión de
concretar el equilibrio (a través de la ponderación) entre sostenibilidad financiera y
efectividad del disfrute de los derechos sociales. Así, el riesgo evidente no es tanto la
reformulación de un modelo social europeo – nunca desplegado hasta sus últimas
consecuencias- sino más bien el impacto negativo impuesto por la «austerity» europea en
el «welfare» nacional, en el conjunto de derechos sociales y en el mismo principio de
solidaridad, verdaderos contralímites frente a una pretendida noción de primacía
generalizada del derecho primario de la Unión sobre el derecho constitucional nacional,
en lo que se refiere a los principios y a los derechos fundamentales.

Con carácter introductorio al tema que queremos tratar ahora, cabe resaltar que un
enfoque constitucionalista correcto no es tanto aquel que se limita a leer la estructuración
de los poderes constitucionales y el catálogo de los derechos tal y como han sido
codificados en las cartas constitucionales sino, más bien (respetando un enfoque
metodológico inspirado en el criterio de la efectividad) aquel que se presta a examinar las
problemáticas reales generadas por los acontecimientos concretos del constitucionalismo,
entendido como limitación del poder y como tutela efectiva de los derechos.

Con la intención de perseguir dicha finalidad, en el escenario mutable y evolutivo de las


formas económicas contemporáneas (cada vez más dependientes de un marco económico
y financiero internacionalizado) – y para asegurar, como premisa necesaria en este marco,
la aplicación de los principios constitucionales de justicia social, hace falta remarcar cómo
el enfoque de este tema obliga a basarse en una concepción normativa de la Constitución
(relativa tanto a la estructura y a las relaciones entre poderes constitucionales como a la
efectividad de los derechos, sobre todo de aquellos sociales) a través de la cual se podrá
alcanzar una conclusión sobre la misma efectividad de la democracia.

Y es justo en el seno de esta concepción normativa de la Constitución – guía y límite de


los actos legislativos – que se ha de comprender su supremacía, a la luz de la inmediata
vinculación a los principios y a las normas fundamentales, que constituye el aspecto más
novedoso y original del constitucionalismo contemporáneo. Y desde esta perspectiva han
de afrontarse lo posibles conflictos que pueden surgir en la relación entre derecho
constitucional interno y derecho de la Unión.

1.3.3 Globalización e integración supranacional

Los efectos del poder político son más a menudo nocivos que provechosos, como enseña

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la historia, por lo que siempre ha sido conveniente establecer límites al mismo. Estos
poderes, y sus límites, han ido evolucionando con el tiempo; los límites han pasado de ser
los gobiernos mixtos, las leyes fundamentales, y las constituciones. Actualmente hay un
desajuste entre los Estados nacionales y la mundialización o globalización; nuevos
poderes para los que habrá que establecer nuevos tipos de límites.

Karl Löwenstein (Teoría de la Constitución) dice que ‘es inclinación general de toda la
especie humana el deseo incansable e incesante de poder’. Los efectos del poder político
son bien conocidos, de acuerdo con la historia de la humanidad; ésta nos ilustra sobre la
conveniencia de controlar el poder político, desde los primeros grupos humanos.

El poder político puede ser usado en beneficio de la comunidad o en perjuicio de ella,


siendo lo último, los efectos nocivos que tiende a producir el poder cuando no se
establecen controles, lo que muestra la historia. El riesgo es directamente proporcional a
la cantidad de poder; tal es la tesis de Lord Acton: ‘el poder corrompe, y el poder absoluto
corrompe absolutamente’. Recuérdense los efectos de los regímenes fascistas y
comunistas del siglo pasado.

Las vías para lograr el control del poder han variado a lo largo del tiempo: los gobiernos
mixtos, las leyes fundamentales, los pactos medievales entre los reyes y la nobleza o entre
los reyes y las ciudades, y más modernamente las constituciones. Ejemplos del
constitucionalismo medieval son la Carta Magna inglesa de 1215, o el Tratado de Tubinga
de 1514. El poder es inherente a la realidad social y va cambiando con ella.

En las últimas décadas en paralelo a la ‘globalización’ se ve un desplazamiento del poder


desde los Estados nacionales a un ‘campo de fuerzas’, de contornos indefinidos, difícil de
controlar, una presión transnacional, de carácter económico-social; con un poder más
difuso y expansivo, más sutil y penetrante, que llega a invadir la propia intimidad de las
personas.

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