VOLUMEN
Biblioteca
Biográfica
67 Venezolana
EL NACIONAL BANCARIBEy
Catalina Banko
Es Profesora de la Escuela de Economía y de los
Postgrados de Teoría y Política Económica
y de Historia de América de la Universidad Central
de Venezuela (UCV). Licenciada en Historia
(Universidad Nacional de Buenos Aires) y Magister
y Doctora en Historia (Universidad Santa María).
Fue investigadora del Centro de Estudios
Latinoamericanos Rómulo Gallegos entre 1987
y 1990. Es miembro del Comité Académico
del Doctorado en Economía y del Postgrado
en Historia (UCV). Ha colaborado en revistas espe
cializadas nacionales y extranjeras y es miembro
del Comité Editorial de la Revista Venezolana
de Economía y Ciencias Sociales. Entre sus obras
publicadas se destacan: El capital comercial en La
Guaira y Caracas 7827-7848 (Academia Nacional
de la Historia, 1990); Las luchas federalistas en
Venezuela! Monte Ávila Editores/CELARG, 1996),
Régimen medinista e intervencionismo económico
(FaCES/UCV, 2001) y Política, crédito e institutos
financieros en Venezuela 1830-1940 (Academia
Nacional de la Historia/FaCES/UCV, 2006).
Ha participado en la coordinación de los libros:
Costos sociales de las reformas neoliberales en
América Latina (FaCES/UCV, Universidade de Sao
Paulo y Pontificia Universidade Católica de Sao
Paulo, 2000) y Los desafíos de la política social
en América Latina (FaCES/UCV, Universidade
de Sao Paulo y Pontificia Universidade Católica
de Sao Paulo, 2002).
Biblioteca Biográfica V enezolana
Manuel Antonio Matos
BIBLIOTECA BIOGRÁFICA VENEZOLANA
Director: Simón Alberto Consalvi
Coordinador Editorial: Edgardo Mondolfi Gudat
Consejo Asesor
Ramón J. Velásquez
Eugenio Montejo
Carlos Hernández Delfino
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Simón Alberto Consalvi
C.A. Editora El Nacional
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Presidente Ejecutivo: Manuel Sucre
Editor Adjunto: Simón Alberto Consalvi
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Gerencia Unidad de Nuevos Productos: Tatiana lurkovic
Gerencia de Desarrollo de Nuevos Productos: Haisha Wahnón
Coordinación de Nuevos Productos: Yosira Sequera
Diseño Gráfico y realización de portada: 72 DPI
Fotografías: Rostros y personajes de Venezuela, El Nacional/CANTW
Fundación Banco Mercantil. Caracas, 2002 (portada); La caída del
Liberalismo Amarillo: tiempo y drama de Antonio Paredes, de Ramón
J. Velásquez. Caracas, Ediciones Roraima, 1977 (p. 9).
Impresión: Editorial Arte
Distribución: El Nacional
Las entidades patrocinantes de la Biblioteca Biográfica
Venezolana, Banco del Caribe y C.A. Editora EL Nacional,
no se hacen responsables de los puntos de vista expresados
por los autores.
Depósito legal: If78920079203360
ISBN: 980-6518-56-X(O.C.)
ISBN: 978-980-395-155-9
Conversación con el lector
La Biblioteca Biográfica Venezolana es un proyecto de lar
go alcance, destinado a llenar un gran vacío en cuanto se
refiere al conocimiento de innumerables personajes, bien se
trate de actores políticos, intelectuales, artistas, científicos,
o aquellos que desde diferentes posiciones se han perfilado a
lo largo de nuestra historia. Este proyecto ha sido posible por
la alianza cultural convenida entre el Banco del Caribe y el
diario El Nacional, y el cual se inscribe dentro de las celebra
ciones del bicentenario de la Independencia de Venezuela,
1810- 2010 .
Es un tiempo propicio, por consiguiente, para intentar una
colección que incorpore al mayor número de venezolanos y
que sus vidas sean tratadas y difundidas de manera adecua
da. Tanto el estilo de los autores a cargo de la colección, como
la diversidad de los personajes que abarca, permite un ejerci
cio de interpretación de las distintas épocas, concebido todo
ello en estilo accesible, tratado desde una perspectiva actual.
Al propiciar una colección con las particulares caracterís
ticas que reviste la Biblioteca Biográfica Venezolana, el Ban
co del Caribe y el diario El Nacional buscan situar en el mapa
las claves permanentes de lo que somos como nación. Se tra
ta, en otras palabras, de asumir lo que un gran escritor, Au
gusto Mijares, definió como lo “afirmativo venezolano”. Al
hacerlo, confiamos en lo mucho que esta iniciativa pueda
significar como aporte a la cultura y al conocimiento de nues
tra historia, en correspondencia con la preocupación perma
nente de ambas empresas en el ejercicio de su responsabili
dad social.
Miguel Ignado Purroy Miguel Henrique Otero
Presidente del Banco del Caribe Presidente Editor de El Nacional
1810 Bicentenario de la Independencia de Venezuela 2010
Manuel Antonio
Matos
(1847- 1929)
Catalina Banko
Agradecimientos
Mi sincera gratitud a quienes prestaron su
inestimable colaboración a lo largo de
esta experiencia:
Al querido historiador Ramón J. Velásquez
por su generosidad, sus sabias
orientaciones y fascinantes narraciones
sobre la vida política venezolana. A Rafael
Ramón Castellanos, autoridad en materia
bibliográfica, por sus oportunas y
atinadas respuestas a mis interrogantes.
Al calificado genealogista Antonio
Herrera Vaillant por sus pacientes
indagaciones en la compleja trama de los
lazos familiares, tarea a la que se sumó
gentilmente el historiador Manuel Soto
Arbeláez.
A Cecilia Pérez Matos de Urdaneta, María
Pérez Matos de Muñoz y Carmen Luisa
Pérez Matos de Sardi por la calidez de su
trato y el vivaz entusiasmo con que me
dieron a conocer singulares anécdotas y
facetas de la cotidianidad de su abuelo
Manuel Antonio Matos.
A Víctor Abreu, colega y amigo, quien me
brindó valiosas recomendaciones y siguió
con interés mis pasos por los intrincados
senderos del relato biográfico.
Liberal de cuna
“Mi paso por la vida no carece de originalidad” . Así comienza la de
dicatoria que, en su libro Recuerdos, Manuel Antonio Matos escribe a
sus hijos en 1917. Ciertamente, tiene en la historiografía venezolana
una presencia ineludible, transita por el ciclo de apogeo y declinación
del Liberalismo amarillo, representa el novedoso perfil del banquero
en una sociedad todavía agraria y tradicional, y es actor de primera
línea en el mundo de las finanzas públicas. Ese exitoso hombre de
negocios, expresión de una poderosa élite económica y social, es a la
vez el máximo protagonista de la vasta coalición revolucionaria que
aglutina a principios del siglo XX al caudillaje histórico, próximo a su
extinción, junto a una diversidad de intereses económicos y posicio
nes políticas. Esta coalición desató la última guerra civil en Venezue
la. Su vida, sin duda, no careció de originalidad.
Algunos de sus antepasados tenían larga tradición en Venezuela. Era
el primogénito de Manuel Antonio Matos Tinoco y Brígida Páez. Sus
abuelos, por vía materna, fueron Dominga Flores y el coronel Juan
José Páez Landaeta, descendiente del linaje de los Páez de Vargas, los
primeros de origen gallego y, los segundos, oriundos de Castilla.
En la línea paterna sus abuelos fueron Carmen Tinoco Urayn de Cas
tilla y Manuel Antonio Matos Monserrate. Este ultimo personaje, de
gran importancia en los movimientos previos a la Independencia, era
Biblioteca Biográfica Venezolana
12 Manuel Antonio Matos
hijo del teniente coronel español José de Matos y Rabel, quien entre
1765 y 1779 ejerció el cargo de Gobernador y Comandante General de
la provincia de Margarita. En 1786, Matos Monserrate fue acusado de
insubordinación, por lo que debió permanecer en prisión durante año
y medio. Posteriormente alcanzó el grado de capitán del Ejército. For
maba parte del círculo de amistades de Juan Vicente y Simón Bolívar.
En su condición de hacendado, se pronunció en reiteradas oportuni
dades contra las trabas comerciales impuestas por la Corona española.
En ju lio de 1808, al llegar a Caracas las inquietantes noticias de la
invasión napoleónica a la Península, Manuel Antonio Matos Monse
rrate expresó a gritos en plena calle su posición a favor de la libertad
de los americanos. Por ello fue arrestado, recluido en una prisión de
La Guaira y enjuiciado por sedición. Dicha causa estuvo vinculada con
el proceso sustanciado en noviembre de aquel año contra los promo
tores del movimiento conocido como la Conjura de los Mantuanos.
Queda todavía un enigma por resolver. A finales del siglo XVIII, en
contramos en Chaguaramas a un Manuel Monserrate Matos, casado
con Rosa Camejo. Sus dos hijos, Manuel Dámaso y José Manuel inicia
ron estudios en la Universidad de Caracas y más tarde participaron en
las guerras por la Independencia. El primero murió en combate en
1819 y el segundo fue abatido en Aragua en la retirada de Oriente.
También aparece un miembro del Real Consulado de Caracas con el
nombre de Manuel Monserrate. Estos datos generan cierta confusión
y no sabemos a ciencia cierta si se trata del mismo capitán que, en
1808, desafió a las autoridades españolas. De todos modos, hemos po
dido comprobar, a través de la documentación del Registro Principal
de Caracas, que Manuel Antonio Matos Tinoco (1810-1887) era hijo le
gítim o de Manuel Antonio Matos (Monserrate) y de Carmen Tinoco.
Matos Tinoco, padre de nuestro personaje, estaba residenciado en
Puerto Cabello, donde se desempeñó como Jefe Civil en 1850. Durante
el Gobierno de José Gregorio Monagas participó en diversas acciones
militares, siendo ascendido en 1854 a Primer Comandante de Infante
ría y diez años más tarde a General de Brigada. Su fortuna, iniciada en
los negocios mercantiles, se acrecentó con el arrendamiento, entre
1856 y 1870, de la hacienda Chuao, patrimonio de la Universidad de
Caracas. Esta finca, en la que se producía un cacao de excelente cali
Liberal de cuna 13
dad, estuvo bajo la administración de figuras políticas de gran relieve.
En los años cuarenta había sido arrendada por el general José Antonio
Páez. Luego de ser ordenada la venta de dicho establecimiento agríco
la en 1884, el mismo fue adquirido por Antonio Guzmán Blanco. Otros
destacados propietarios de la famosa hacienda Chuao fueron Joaquín
Crespo y Juan Vicente Gómez.
Entre San Esteban y Puerto Cabello
Junto a una tranquila ensenada y bajó la mirada vigilante del Casti
llo de San Felipe, escenario frecuente de prolongados sitios y heroi
cas resistencias, transcurría la vida comercial de Puerto Cabello. A
mediados del siglo XIX, sus muelles perm itían albergar buen núme
ro de barcos, aun cuando ese puerto no había alcanzado todavía la
preeminencia que tendría décadas más tarde, por lo que su m ovimien
to de frutos y mercancías era todavía lim itado y la población de la
ciudad apenas llegaba a unos 7.000 habitantes. Abundaban por en
tonces las quejas en torno a la insalubridad de su ambiente a conse
cuencia de la gran extensión de los manglares que rodeaban el puer
to. Por ello, las principales fam ilias de Puerto Cabello preferían
retirarse a sus propiedades de San Esteban, aldea cercana al puerto y
situáda en un fértil valle atravesado por un río y rodeado por exube
rante vegetación. La belleza de este pequeño pueblo, en el que mu
chos comerciantes, especialmente alemanes, habían construido pin
torescas villas, ha sido reflejada por Ferdinand Bellermann en un
conocido dibujo realizado en 1842.
Al igual que los extranjeros de fortuna, Manuel Antonio Matos Tino
co y su esposa, Brígida Páez, residenciados en la ciudad portuaria, acos
tumbran temperar en San Esteban, donde poseen un agradable sitio
campestre, llamado Campanero. En medio de aquel apacible ambiente
y benigno clima, nace el primogénito, el 8 de enero de 1847. Es bautiza
do con el mismo nombre del padre y del abuelo, Manuel Antonio, tra
dición que habrá de perdurar durante varias generaciones. Sus prime
ros ocho años de vida transcurren entre San Esteban y Puerto Cabello.
Su infancia coincide con los nuevos aires políticos que se agitan en
Venezuela. Tras la proclamación de José Tadeo Monagas como Presi
dente de la República, en enero de 1847, se van gestando profundos
Biblioteca Biográfica V enezolana
K Manuel Antonio Matos
cambios políticos a raíz de la ruptura del Caudillo Oriental con el sec
tor “conservador”, encabezado por el general José Antonio Páez. Desde
mediados de ese año, Monagas comienza a desplegar su hábil política
de alianzas con el Partido Liberal, estrategia que le permite despren
derse de los compromisos con el paecismo y construir una sólida base
de sustentación para su liderazgo en el escenario político nacional.
Los conflictos alcanzan su máxima expresión con los trágicos suce
sos del 24 de enero de 1848, que le permiten a Monagas obtener el
control del Poder Legislativo. Lo que para el paecismo fue el “asalto” al
Congreso, se constituyó para monaguistas y liberales en el triunfo de
la causa republicana en su lucha contra el dom inio “oligárquico”. Sin
embargo, poco después se irá conformando un poder de carácter au
toritario en manos de José Tadeo Monagas, quien es sucedido en 1851
por su hermano José Gregorio. Cuatro años más tarde, José Tadeo asu
me nuevamente la Presidencia, de la que es desplazado por la Revolu
ción de Marzo de 1858, acaudillada por el general Julián Castro.
Durante el largo período de dominación de los Monagas, transcurre
la niñez de Manuel Antonio Matos, quien aprende sus primeras letras
en Puerto Cabello, para continuar luego sus estudios en Valencia, pri
mero en el Colegio Peña y más tarde en el Colegio Carabobo, ambos
bajo la dirección de Rafael Domínguez. A causa de la Revolución de
Marzo, el rector Domínguez abandona sus labores y se traslada a Cara
cas en apoyo a Julián Castro. Debido al cierre de aquel establecimien
to, el niño de apenas 11 años debe proseguir sus estudios en el institu
to conducido por Francisco de Paula Herrera. Desde temprana edad
escucha conversaciones de su padre en las que éste expresaba sus sim
patías por el Partido Liberal. También recuerda la inquietud de su fa
milia por la caída de José Tadeo Monagas y los antagonismos que so
brevienen tras la Revolución de Marzo, vivencias que dejan profundas
huellas en Manuel Antonio Matos, quien siempre expresará con orgu
llo su condición de “liberal de cuna” .
La impronta de los centros del mundo
Ni el derrocamiento de José Tadeo Monagas ni la proyectada “fusión”
de Julián Castro logran apaciguar las turbulencias que se agitan en la
República. En febrero de 1859 estalla la Guerra Federal, por lo que una
Liberal de cuna 15
vez más peligra la tranquilidad de los habitantes de Puerto Cabello. Si
bien era costumbre en la época que las familias de buena posición
económica enviaran a los hijos varones a completar su formación en
el extranjero, seguramente los padres de Manuel Antonio estaban ade
más preocupados por las amenazas de la guerra. A esta comprensible
alarma, se agregan los desvelos de Brígida Páez por la educación de su
hijo: “ ¡No, Manuel, no voy a dejar al niño metido en el campo para que
se embrutezca!” , le manifiesta de manera enfática a su esposo. Lo cier
to es que, en 1859, siendo un niño todavía, inicia un largo viaje, pri
mero a Nueva York y, años más tarde, a Europa. En Puerto Cabello
quedan sus cuatro hermanas: Enriqueta, Carmen, Matilde y Brígida.
El sitio escogido para la formación del primogénito es Nueva York,
ciudad en la que Antonio Guzmán Blanco, poco tiempo antes, entre
1857 y 1858, había estado cumpliendo funciones al frente del Consula
do venezolano. En 1859, Manuel Antonio arriba a la próspera urbe, don
de residía Royal Phelps, anteriormente destacado comerciante en Puer
to Cabello, quien por su amistad con la familia, acepta la responsabilidad
de velar por la educación del joven. Sus estudios los realiza en el Saint
John’s College, ubicado en Fordham, localidad próxima a Nueva York.
Este reconocido establecimiento había sido fundado en 1841 por el reve
rendo John Hughes, primer Arzobispo de Nueva York. Si bien Fordham
era un pequeño poblado, en gran parte todavía rural, estaba comunica
do por entonces con la gran ciudad por medio de un ferrocarril.
La primera visión de Nueva York debió ser impactante para el recién
llegado, aun cuando no se había iniciado todavía el furor arquitectó
nico que habría de difundirse más adelante. A mediados de siglo, la
ciudad tenía una población que superaba los 500.000 habitantes. El
intenso movimiento comercial del puerto bullía en torno a los mue
lles donde atracaban barcos de las más diversas procedencias. Duran
te tres años permanece Matos en Estados Unidos, experiencia que
marcará al joven que había pasado su infancia en Puerto Cabello y
Valencia, donde la vida cotidiana se caracterizaba por ese lento ritmo
de las pequeñas ciudades de provincia.
Mientras continúa su formación en el Saint John’s College, y en Nue
va York la prosperidad económica se afianza día a día, la situación
política en Estados Unidos comienza a enturbiarse. En 1861 estalla el
I Biblioteca Biográfica V en ezolan a
16 i Manuel Antonio Matos
enfrentamiento entre los estados del Sur y el Norte, que al año siguiente
se convierte en un conflicto armado de grandes proporciones. Así es
como el niño que había dejado a Venezuela envuelta en las llamas de
la Guerra Federal, tres años más tarde, transformado ya en un adoles
cente, abandona los Estados Unidos, probablemente por la preocupa
ción de sus padres ante la amenaza de la Guerra de Secesión. El nuevo
viaje que emprende esta vez tiene por destino a Europa.
En 1862 arriba a Burdeos, donde por recomendación de su padre se
relaciona con Jean Segrestáa, vinculado al comercio de Puerto Cabe
llo, para seguir poco después a París, deslumbrante ciudad que era la
viva expresión de la prosperidad y opulencia que se vivía durante el
Segundo Imperio, tiempos de extraordinario y vertiginoso crecimien
to económico.
El horizonte se amplía aún más con la visita a Londres, el centro
financiero de la mayor potencia del mundo. En plena era victoriana,
su economía estaba avanzando hacia una nueva fase de industrializa
ción basada en el carbón, hierro y acero, mientras se iban extendien
do las inversiones en el extranjero a través de la intrincada trama de
las redes financieras.
Mayor tiempo se detiene el viajero en Hamburgo, donde se establece
por dos años, en un ambiente en que también el comercio adquiere
un m ovimiento febril en el marco de una notable expansión económi
ca. Es la época en que la fragmentada nación alemana se está encami
nando hacia la unificación imperial bajo la égida del Canciller de Hie
rro, Otto Von Bismarck.
Después de su prolongada estancia en Hamburgo, el joven se dedica
a trabajar para varias casas bancarias en Londres, París y Burdeos. El
área de las finanzas se convierte en el eje de su formación que se enri
quece con la experiencia recogida en sus labores cotidianas. El perfil
del futuro banquero, asesor en materia financiera y Ministro de Ha
cienda, se va delineando a lo largo de su permanencia en Europa.
El conocimiento adquirido es vasto. Al aprendizaje de varios idio
mas, inglés, alemán y francés, se agrega la experiencia directa en el
complejo movimiento financiero de los centros económicos mundia
les, que crecen de manera incesante al ritmo de extraordinarias inver
siones en la industria, la banca y el comercio. Su trabajo le permite
Liberal de cuna 17
establecer relaciones de negocios que en el futuro le serán muy útiles
para consolidar su crédito en el extranjero. Desde aquellos años, Fran
cia se convierte para Matos en una especie de “segundo hogar”, hacia
donde retornará con mucha frecuencia, algunas veces en busca de re
fugio después de sus polémicas actuaciones en la vida pública.
En 1868, tras seis años de provechosa estancia en Europa, se embarca
rumbo a Venezuela, coincidiendo su arribo con el regreso a la Presiden
cia del ya anciano José Tadeo Monagas con el triunfo de la Revolución
Azul. Aquel niño, que había iniciado un largo itinerario en el extranje
ro en 1859, vuelve al país convertido en un joven de 21 años con amplia
experiencia y conocimiento de la realidad económica de ese tiempo. En
el vapor que lo trae a Venezuela también viaj a Antonio Guzmán Blanco,
quien al enterarse de que Manuel Antonio Matos está a bordo, lo hace
llamar y le habla de su padre “con grandes elogios” y le formula “amis
tosos ofrecimientos” . Para aquel “liberal de cuna” el encuentro con esa
importante figura política es motivo de gran satisfacción y el punto de
partida de una estrecha amistad que habrá de perdurar durante décadas.
Podemos imaginar los encontrados sentimientos que agitaban al via
jero al aproximarse a las costas de Venezuela. Desde La Guaira, donde lo
aguarda su familia, se traslada a Puerto Cabello. A pesar de que la ciu
dad de su infancia no había alcanzado las transformaciones que ha
brían de materializarse décadas más tarde, ya existían algunas nuevas
edificaciones que modificaban un tanto su fisonomía. Es posible que,
inicialmente, el puerto que había visto por última vez a los 12 años se
haya empequeñecido ante su mirada inquieta, acostumbrada a calibrar
las grandes dimensiones de puertos como Nueva York, Burdeos o Ham-
burgo. ¿Cuál habrá sido su reacción al observar el nuevo faro de 30 me
tros de altura ubicado en Punta Brava? Había sido inaugurado en los
años de su ausencia. Concluida esta primera sorpresa, debió fijar su
mirada en la familiar silueta del Castillo de San Felipe. La antigua casa
de la Compañía Guipuzcoana seguía ofreciendo su imagen de sólida
construcción de los tiempos en que los vascos detentaban el monopolio
comercial de la Provincia de Caracas. Días después de su llegada, tras el
reencuentro familiar, el joven realiza la obligada visita al sitio de juegos
de su infancia en las colinas de San Esteban, donde se halla la casa cam
pestre de la familia, propiedad que conservará hasta la vejez.
Biblioteca Biográfica V en ezolan a
18 Manuel Antonio Matos
Antes de poner en práctica los conocimientos adquiridos en el exte
rior, debió familiarizarse con el escenario político que había sufrido
significativos cambios durante los últimos años. A la conclusión de la
Guerra Larga y al triunfo de la causa federal en 1863, siguió el período
de gobierno del general Juan Crisòstomo Falcón, junto a la creciente
influencia de Antonio Guzmán Blanco, en ejercicio de la Vicepresi
dencia y del Ministerio de Hacienda. Con la Revolución Azul de 1868,
una vez más, el precario orden alcanzado con el Pacto de Coche se
encontraba amenazado por el retorno de las contiendas civiles.
Familia, negocios y política
El peso político de Antonio Guzmán Blanco se había fortalecido a lo
largo de los años del Gobierno de la Federación. En ese tiempo viajó a
Europa en su condición de Ministro Plenipotenciario de Venezuela ante
las cortes europeas. Allí adquiere, al igual que Matos, amplios conoci
mientos acerca de las transformaciones económicas que se estaban ope
rando con la conformación de grandes consorcios industriales y ban-
carios y el establecimiento de una extensa red mercantil y financiera.
Guzmán, deslumbrado ante los avances económicos europeos, com
prende rápidamente que, para lograr la modernización económica e
incorporar el progreso material, era necesario atraer a los inversores
extranjeros y, para cumplir con este propósito, debía instaurarse un
régim en político con capacidad para lograr la pacificación y sentar
las bases de la unidad política nacional.
Sus primeras acciones, tras el triunfo en la Revolución de Abril de
1870, se orientan hacia el apaciguamiento de las pugnas políticas y el
control de los caudillos regionales. Las reformas económicas iniciales
se van estructurando a partir de la conformación de un aparato esta
tal a tono con los principios liberales, dotado de mecanismos que ga
rantizasen el eficiente desempeño de las finanzas. El primer paso con
siste en la reorganización de la Hacienda Pública a fin de asegurar
ingresos superiores mediante la centralización fiscal.
, Biblioteca Biográfica Venezolana
20* Manuel Antonio Matos
Los nexos que Guzmán Blanco había logrado establecer con los miem
bros del “alto com ercio”, desde su actuación en el Gobierno de la Fe
deración, facilitan la conformación de una estrecha alianza con ese
poderoso sector económico, cuyo apoyo habría de contribuir a la me
joría de la situación financiera de la República. Prueba de esas armo
niosas relaciones es la rapidez con que se constituye la Compañía de
Crédito en diciembre de 1870. Ésta es la primera entidad bancaria
promovida por los miembros de las casas comerciales más poderosas.
La Tesorería se compromete a disponer en favor de la compañía el 85
por ciento del producto total de los derechos de importación de la
Aduana de La Guaira y todo lo recaudado por uso de almacenes y ca
botaje de las demás aduanas del país. Por su parte, el instituto se en
carga de proporcionar anticipos sobre las rentas públicas, al tiempo
que obtiene la facultad de realizar operaciones de depósito, descuen
to, giro y emisión de billetes hasta por la cantidad de dinero suminis
trado al Tesoro.
Las reformas administrativas permiten destinar recursos para la rea
lización de obras de fomento que contribuyen a la modernización de
algunos centros urbanos. Las inversiones extranjeras reciben especial
atención durante el largo período de predominio guzmancista (1870-
1888), especialmente las relacionadas con ferrocarriles, explotación
aurífera, asfalto, alumbrado de gas, telégrafo y cable submarino. De
esta manera se van dando los primeros pasos hacia la materialización
del tan ansiado progreso material y la m odernización del aparato po
lítico-administrativo en las últimas décadas del siglo XIX.
En este ambiente económico y político se sitúa el ingreso de Manuel
Antonio Matos a las actividades comerciales. Después de una corta
estancia en la ciudad de su infancia, se traslada a La Guaira para desem
peñarse como dependiente en la sucursal de la firm a francesa Char-
tier, Frères y Cía., que tenía una larga y destacada trayectoria en el
comercio de Puerto Cabello.
Gracias a la experiencia adquirida en el exterior y a la ayuda pecu
niaria de su padre, establece en 1870 una casa de comercio en La Guai
ra en sociedad con M. A. Chirinos, bajo la denominación de Chirinos,
Matos y Cía. Esta empresa es el punto de partida de su carrera como
hombre de negocios, hecho que coincide con grandes cambios en la
Familia, negocios y política 21
escena política y en la vida económica nacional. Las circunstancias
son propicias para la expansión de las actividades mercantiles y la
celebración de contratos con el Gobierno, más aún cuando la Presi
dencia de la República está en manos de un fiel amigo.
Al año siguiente de haberse instalado en La Guaira interviene por
primera vez en las contiendas políticas locales. Para impedir la reelec
ción del Jefe Civil de La Guaira, debido a sus prácticas autoritarias, se
convierte en el principal candidato para ocupar dicho cargo. De acuer
do con su propia versión, la negativa de Guzmán es terminante: “La
candidatura de Matos no me conviene. Matos es una autoridad que me
saldrá mañana con la ley, esto o aquello. No, yo necesito en La Guaira
quien haga ciegamente lo que yo mande”. En este episodio quedan re
tratadas las personalidades de ambas figuras. Por un lado, el “Ilustre
Americano” requiere de la presencia de un funcionario incondicional
en La Guaira, dada la importancia estratégica de ese puerto, a la vez
que no acepta con agrado contradicciones a su mandato. Por otro, Ma
tos, a pesar de su juventud, se caracteriza ya por su fuerte tempera
mento y la intransigencia en sus posiciones políticas y criterios econó
micos. Se desempeña luego como Presidente del Consejo Administrador
de La Guaira, cargo que abandona a los pocos meses por desacuerdos
con el Jefe Civil en cuanto a los manejos de las rentas municipales.
En 1874, la relativa estabilidad política es interrumpida por el levan
tamiento de los generales José Ignacio Pulido en la región oriental y
León Colina en Coro, quienes se alzan por su déscontento ante la re
form a constitucional aprobada en aquel año, estableciendo el voto
público y firmado, y la reducción del período presidencial a dos años.
Una vez derrotado Pulido, es necesario aún enfrentar el poderoso ejér
cito de Colina, lo que exige un gran despliegue de fuerzas militares
bajo la conducción del propio Guzmán Blanco, quien propone a Ma
tos que se incorpore a la campaña. Éste rechaza la oferta por temor a
los perjuicios que ello pudiera acarrearle a su crédito en el extranjero,
aunque finalmente triunfa la insistencia de Guzmán. Así es como asu
me la función de auxiliar de la Comisaría del Ejército que marcha
hacia Barquisimeto y Coro. Se trata de su primera acción de armas, a
diferencia de Guzmán, quien ya se destacaba por su veteranía en el
manejo m ilitar desde los años de la Guerra Federal. Tras la derrota de
Biblioteca Biográfica Venezolana
22 Manuel Antonio Matos
León Colina en febrero de 1875, Matos regresa a Caracas donde recibe
el nombramiento de General de Brigada, recompensa que considera
un premio demasiado valioso para sus escasos e “incipientes servicios” .
Después de esta breve experiencia militar, se consagra a la atención
de su casa de comercio que iba prosperando rápidamente. El año 1875
marca otro hito en su vida: el 3 de octubre contrae m atrim onio con
María Ibarra Urbaneja, hermana de Ana Teresa, la esposa de Guzmán
Blanco. La ceremonia es celebrada en la Catedral de Caracas y uno de
los testigos de la boda es nada menos que el Presidente de la Repúbli
ca, ahora convertido en su concuñado. Este enlace significa no sólo
la unión con una fam ilia de reconocido linaje, como eran los Ibarra
Urbaneja, sino también el estrechamiento de los nexos con el “Ilus
tre Am ericano”.
Ese mismo año, Matos y Chirinos deciden ubicar la sede de su firm a
mercantil en Caracas, la cual queda a cargo del primero, mientras su
socio permanece al frente de la sucursal situada en La Guaira. Inme
diatamente, Matos viaja a Europa por tres meses a fin de concretar
negociaciones relacionadas con la extensión de las actividades de la
compañía. En marzo de 1876 se traslada con su esposa a Caracas, para
ponerse al frente del negocio ubicado en la Plaza de San Jacinto. Se
trata de un almacén de víveres en el que se distribuyen mercancías
procedentes de Europa y los Estados Unidos, tales como quincalla, len
cería, artículos de perfumería y ferretería.
Su residencia en la capital de la República le permite establecer vín
culos con el sector bancario que, desde la fundación de la Compañía de
Crédito en 1870, había adquirido mayor solidez. En 1876, como conse
cuencia de ciertas diferencias en cuanto al manejo de la cuenta co
rriente del Gobierno, el mencionado instituto es puesto en liquidación,
siendo sucedido por el Banco de Caracas que continúa desempeñando
funciones a semejanza del modelo de la primera compañía.
En febrero de aquel año, Francisco Linares Alcántara es electo Presi
dente de la República por el Congreso Nacional. El panorama político
comienza a cambiar. En los meses siguientes va tomando cuerpo la
reacción contra el guzmancismo que, a través de la prensa, lanza viru
lentos ataques contra el régimen del Septenio por presuntos manejos
ilícitos en varios contratos celebrados durante ese período. Enfrenta
Familia, negocios y política 23
do a crecientes presiones de la oposición, Guzmán Blanco decide aban
donar el país. A fin de desempeñar el cargo de Ministro Plenipotencia
rio de Venezuela ante varias naciones europeas, se embarca en La Guai
ra el 18 de mayo de aquel año. Durante su ausencia, la apertura política
y el retorno a la Constitución de 1864 se convierten en las principales
consignas agitadas por la corriente antiguzmancista.
Alas pugnas políticas se suman los desajustes económicos. Debido a
las cuantiosas exigencias del Gobierno, las arcas del Banco de Caracas
quedan casi vacías, por lo que se acuerda disponer su liquidación y, en
agosto de 1877, se establece el segundo Banco de Caracas. Aunque Matos
sigue apoyando al m ovimiento guzmancista, las diferencias políticas
con Linares Alcántara no parecen representar un obstáculo para su
ingreso en el rentable negocio bancario. Así es como la casa de comer
cio, en la que aquél está asociado con Chirinos, se convierte en accio
nista del segundo Banco de Caracas. Diversas firmas de gran significa
ción económica suscriben acciones de la nueva entidad bancaria, que
se caracteriza por agrupar no solamente a miembros del sector mer
cantil de La Guaira y Caracas sino también a comerciantes de Puerto
Cabello. Ello significa una notable ampliación del número de accio
nistas con respecto a los que habían actuado durante el Septenio. El
propio Linares Alcántara suscribe 64 acciones, siendo ésta la primera
oportunidad en que un Presidente de la República participa de mane
ra directa en este tipo de empresas, lo que constituye un signo de la
conformación de estrechos nexos entre el sector bancario y algunos
representantes del poder público.
Durante la gestión de Linares Alcántara se multiplican los proble
mas políticos y económicos. El Presidente acusa a Guzmán Blanco de
haber dejado una deuda interna de gran magnitud, en circunstancias
en que la renta aduanera había disminuido notablemente y el Gobier
no contaba con un crédito muy limitado.
En medio de este convulsionado clima político, Matos mantiene su
adhesión al guzmancismo y llega incluso a colaborar con la compra
de pólvora y armas en apoyo a un intento de rebelión encabezado por
Joaquín Crespo. Tras ser incautados los pertrechos en Ocumare del
Tuy, el Ministro del Interior ordena su apresamiento por estar involu
crado en el alzamiento. Sin embargo, el Presidente se niega a suscribir
Biblioteca Biográfica Venezolana
24 Manuel Antonio Matos
esa medida en consideración a la amistad que siempre los había uni
do, acotando que se “conformaba con haber apresado el parque”.
La inesperada muerte de Linares Alcántara, el 30 de noviembre de
1878, siembra el desconcierto en el campo de la reacción. La ocasión
es aprovechada por los seguidores de Guzmán Blanco, que se dispo
nen a los preparativos de la Revolución Reivindicadora, cuando aquél
todavía se hallaba en Europa. En los últimos días de ese año estallan
sangrientos enfrentamientos en Puerto Cabello, donde se encontraba
Matos en ocasión de estar celebrando con sus padres el bautizo de su
prim ogénito Manuel Antonio.
Preocupado por la marcha de los acontecimientos, decide regresar a
Caracas para atender personalmente sus negocios que ya habían ad
quirido gran importancia. A causa de su reconocida filiación guzman-
cista, el Gobierno ordena su apresamiento, permaneciendo detenido
en la casa de Modesto Urbaneja, uno de los principales promotores de
la reacción. Es liberado a los pocos días gracias a la intervención de
varios comerciantes y cónsules extranjeros.
De la mano del "Ilustre
Americano"
Antonio Guzmán Blanco desembarca en Puerto Cabello el 21 de fe
brero de 1879 y, pocos días después, hace su entrada triunfal en Cara
cas al frente de la Revolución Reivindicadora, e inicia su segundo man
dato presidencial, conocido como el Quinquenio (1879-1884). Pocos días
después, el 28 de febrero, ya se está constituyendo el tercer Banco de
Caracas con el respaldo de las más sólidas casas de comercio. Chiri-
nos, Matos y Cía. participa en dicha entidad de crédito con 10 accio
nes, mientras que Antonio Guzmán Blanco suscribe 40, convirtiéndo
se así en el mayor accionista del instituto.
El 18 de marzo se resuelve autorizar a las firmas Santana, Boulton,
Eraso, Elizondo y Róhl, que habían estado asociadas a las instituciones
bancarias del período guzmancista, para acuñar en el exterior la suma
de un m illón de venezolanos. Tras la promulgación, el 31 de marzo, de
la Ley de Monedas que establece el “bolívar plata” como unidad mone
taria, se modifica la resolución del 18 de marzo, otorgando a Manuel
Antonio Matos el contrato de acuñación que poco antes había sido ad
judicado a los mencionados comerciantes. En el mes de abril, aquél
recibe la formal autorización para acuñar la suma de 5 millones de
bolívares en moneda nacional de oro y plata, operación que es realiza
da en la Casa de Moneda de Bruselas y concluida en noviembre de 1880.
Este contrato constituye un paso fundamental en su carrera no sólo
Biblioteca Biográfica V enezolana
26 Manuel Antonio Matos
por lo lucrativo de la operación, sino también porque le permite conso
lidar aún más su crédito en el país y en el exterior.
En menos de una década ha logrado diversificar sus actividades eco
nómicas. La firm a Chirinos, Matos y Cía., inicialmente ubicada en la
Plaza de San Jacinto, se establece en los años ochenta entre las esqui
nas de Sociedad y San Francisco. Aparte de los negocios de venta al por
mayor, realiza operaciones de importación y exportación y suscribe
diversos contratos con el Gobierno. En 1883 se encarga de la adquisi
ción en París de doce grandes vitrales para la Santa Capilla, construi
da en el sitio de la antigua ermita de San Mauricio.
Para las apoteósicas celebraciones del Centenario del Natalicio del Li
bertador en 1883, los comerciantes de Caracas, entre quienes se encuen
tra Manuel Antonio Matos, costean la realización en Nueva York de la
estatua pedestre del Padre de la Patria, la cual es colocada en la escalina
ta de la fachada sur de la Universidad de Caracas. Asimismo, Matos for
ma parte de la Comisión encargada de designar a los jurados de la Gran
Exposición organizada en el marco de los actos en honor del Libertador.
Su poder económico se fortalece con la fundación en aquel mismo
año del Banco Comercial, en respuesta a las gestiones que estaba reali
zando Simón O’Leary para la instalación de un banco de emisión a
cargo del colombiano Justo Arosemena. De simple accionista de enti
dades bancarias se convierte ahora en promotor de este tipo de empre
sas, revelando su agudeza para captar las circunstancias propicias para
los negocios más lucrativos.
Resulta sorprendente la rapidez con que se concreta esa iniciativa,
ya que en el transcurso de tan sólo un día logra reunir el capital reque
rido. Naturalmente contó para ello con el apoyo de Guzmán Blanco.
Ambos se convierten en los primeros accionistas del instituto que se
encargaría de la atención exclusiva del sector privado. Ese es el origen
del Banco Comercial, fundado en marzo de 1883, con un capital de Bs.
3.200.000, dividido en 32 acciones con un valor de 100 mil bolívares
cada una. Se trata de la segunda oportunidad en que Guzmán Blanco,
en su condición de Presidente de la República, se incorpora al negocio
bancario mediante la suscripción de cuatro acciones, mientras que
Manuel Antonio Matos posee tres y la firm a Chirinos, Matos y Cía.,
otras dos acciones.
De la mano del lu stre Americano" 27
Como ya era práctica del Banco de Maracaibo, fundado en 1882, el
Banco Comercial se constituye en Caracas también con la finalidad de
llevar a cabo operaciones únicamente con el sector privado. En sus
estatutos se prohíbe la realización de transacciones con el poder pú
blico, condición que sería luego desvirtuada por las necesidades pecu
niarias del Gobierno. Según la versión de su fundador, no había sido
creado para sustituir al Banco de Caracas, sino para efectuar negocios
mercantiles. Sin embargo, los apremios económicos impulsan a Guz
mán a solicitar que el Banco Comercial se encargue de la cuenta de la
Tesorería, a cuyo efecto deben ser modificados sus estatutos.
Mediante un convenio firmado en febrero de 1884, cuando ya el Ban
co de Caracas se encontraba en liquidación, la nueva compañía se com
promete a abrir una cuenta corriente por Bs. 1.000.000, a cambio de la
entrega del producto íntegro de las aduanas marítimas y terrestres. A
través de los mecanismos indicados, la administración guzmancista lo
gra disponer del auxilio del Banco Comercial, cuya estructura responde
a un modelo similar al de los sucesivos institutos que habían operado
desde 1870, con relación al sistema de recaudación de la renta aduane
ra y del pago de las diversas partidas del presupuesto nacional. Esta
iniciativa constituye otro paso fundamental en la carrera de Matos.
En 1884, tras la disolución de la sociedad con Chirinos, decide orga
nizar su propia casa de comercio que habrá de girar bajo la razón so
cial de M. A. Matos y Cía., ubicada de Sociedad a San Francisco, donde
realiza operaciones de venta al por mayor, importaciones y exporta
ciones. Poco después se dirige con su fam ilia a Europa, donde perma
nece hasta diciembre de 1886.
Durante el Bienio presidencial de Joaquín Crespo (1884-1886), Guz
mán Blanco viaja nuevamente a Europa, ostentando el cargo de Minis
tro Plenipotenciario de Venezuela. En ese período son frecuentes los
encuentros y también constante la correspondencia entre los concu
ñados, quienes comentan con gran interés las noticias procedentes de
Venezuela. En marzo de 1886, Matos, desde su residencia ubicada en
27 Rué Bassano de París, escribe a Guzmán, quien está de paso por
Niza, para cuestionar la conducta de los directores del Banco Comer
cial que “siguen haciendo disparates” al entregar al presidente Crespo
exageradas sumas de dinero. Muchas son las cartas referidas a las des
Biblioteca Biográfica Venezolana
28 Manuel Antonio Matos
medidas exigencias del poder público que ponen en riesgo la estabili
dad del instituto.
En aquel tiempo son múltiples las obligaciones de Guzmán Blanco,
tanto en Francia como en Inglaterra. Ello no le impide cultivar rela
ciones sociales de elevado rango y organizar costosas recepciones. Sien
do ya Presidente electo de Venezuela y, en plenos preparativos para su
retorno al país, en mayo de 1886, anuncia con gran júbilo el matrimo
nio de su hija Carlota con el duque de Morny, emparentado con el
emperador Napoleón III. La boda se celebra con gran pompa, siendo
los dos testigos por la novia: Manuel Antonio Matos y Francisco Ba
rrios Parejo.
En ju lio de 1886, una terrible pérdida aflige a la fam ilia Matos en
París: la muerte de su pequeña hija María Teresa. En la emotiva carta
que dirige a su concuñado, para anunciarle la triste noticia, se revela
la entrañable amistad que unía a ambos personajes. En la temporada
de vacaciones, los hijos de Guzmán Blanco visitan a sus tíos en Biarritz,
lo que sirve de distracción a María Ibarra muy afectada por la reciente
tragedia. La señora llevará consigo de por vida un medallón con el
retrato de su pequeña hija.
Guzmán regresa al país en agosto de 1886 y al mes siguiente asume
la primera magistratura. Por entonces, prosigue la fluida correspon
dencia entre los concuñados. Además de las noticias familiares, espe
cialmente referidas a la situación económica de Carlota y su esposo,
Matos resalta las virtudes del “Ilustre Am ericano” para asegurar a la
nación la regularidad administrativa y el restablecimiento del equili
brio que impedían el surgimiento del “caudillaje”. Las cartas conclu
yen siempre con el saludo de su “afectísimo amigo y hermano” .
Su retorno a Venezuela en diciembre de 1886 está rodeado de trági
cas circunstancias. El vapor La France en que viaja con su familia, tras
un fuerte temporal, sufre un pavoroso incendio que se prolonga por
cuatro días. Finalmente, logran arribar sanos y salvos a La Guaira el día
31 de diciembre, siendo recibidos con una jubilosa recepción organiza
da por familiares y amigos. Poco después, un doloroso acontecimiento
sacude al recién llegado: la muerte de su padre el 15 de febrero de 1887.
Desde inicios de aquel año, luego de una larga ausencia, retoma la
administración de sus prósperos negocios. Su fortuna ha ido crecien
De la mano del "Ilustre Americano" 29
do a pasos agigantados y una muestra de ello es su lujosa residencia
situada en la calle Norte 2 No. 19, entre Santa Capilla y Mijares. En
frente se encuentra la sede del Club Unión o Concordia, casa que es
también propiedad de Matos. En aquel tiempo la parroquia de Altagra-
cia era un sitio privilegiado de aquella Caracas con pretensiones de
transformarse en una pequeña París. Otra prueba de su excelente po
sición económica es la construcción de una amplia y confortable casa
en Antímano, localidad que, por su fama de aires y aguas puras, se
había convertido desde los años ochenta en lugar de preferencia para
las familias adineradas y cercanas al “Ilustre Americano”.
Manuel Antonio Matos, el acaudalado hombre de negocios, casado
con una dama de abolengo y emparentado con Guzmán Blanco, co
mienza a inquietarse ahora por la posibilidad de llegar a la máxima
magistratura. La oportunidad está muy cerca con la próxima postula
ción de candidatos para la Presidencia.
En agosto de 1887, el “Ilustre Americano” emprende un nuevo viaje
a Europa, en calidad de Enviado Extraordinario y Ministro Plenipoten
ciario de Venezuela, para llevar a cabo diversas negociaciones finan
cieras y realizar gestiones relativas al conflicto con Inglaterra por el
territorio de la Guayana Esequiba. Su intención es continuar ejercien
do el control político desde el exterior mientras Hermógenes López
queda encargado de la Presidencia.
En ausencia de Guzmán, se inician enconadas pugnas en torno a las
candidaturas presidenciales que conducirán al fraccionamiento del
Partido Liberal. El otrora poderoso jefe del Liberalismo amarillo está
perdiendo el control de las fuerzas políticas que antes acataban sumi
samente su mandato.
Entre las candidaturas figura la de Matos, a la que'Guzmán se opone
de manera term inante, argumentando sus nexos de parentesco:
“¿Cómo he de perm itir que Matos y yo vengamos a representar el tris
te papel de ambos Monagas? ¡Eso no puede ser!” . Sobran motivos para
desconfiar de la sinceridad de esta afirmación, pero de todos modos el
planteamiento no carece de fundamento.
La opinión del candidato es algo distinta. Años más tarde, adjudica
rá la negativa al autoritarismo de Guzmán, ya que éste le había sido
siempre “hostil” en “política y negocios”. Si bien es cierto que ambos
Biblioteca Biográfica Venezolana
30 Manuel Antonio Matos
habían sostenido excelentes relaciones en ocasión del contrato de acu
ñación en 1879 y luego con la fundación del Banco Comercial en 1883,
también lo es que Guzmán no confiaba en su subordinación incondi
cional para el desempeño de determinados cargos públicos, como cuan
do le negó su respaldo para ocupar la Jefatura Civil de La Guaira y,
más aún, tratándose en este caso del ejercicio de la primera magistra
tura. El “ amigo y concuñado” no cumplía con el requisito de ser un
funcionario doblegado a su autoridad.
Domingo Antonio Olavarría, reconocido empresario y publicista,
expresa una opinión muy favorable a la candidatura de Matos, a quien
considera el “único liberal” con capacidad para implantar un “gobier
no impersonal” y abogar por la reintegración del Partido Liberal, por
ser “independiente sin tolerar reacciones” y, al mismo tiempo, “leal
sin estar completamente sometido” . Este comentario resalta las cuali
dades del banquero para conducir de manera equilibrada y equidis
tante las fuerzas en pugna.
Numerosas reuniones de los círculos liberales se celebran en Cara
cas, mientras la tensión va en aumento debido a las diferencias con
respecto a la figura que habrá de ocupar la Presidencia de la Repúbli
ca. El debate se centra en torno a las candidaturas de Raimundo Fonse
ca, Ovidio María Abreu, Francisco González Guinán, Manuel Antonio
Matos yju an Pablo Rojas Paúl, siendo este últim o el único que gozaba
del apoyo del “Autócrata Civilizador” .
Como expresión de la descomposición del Partido Liberal, las dife
rencias entre los distintos grupos se dirimen mediante pactos y com
promisos en el seno de la Convención Electoral. Este cuerpo, hacién
dose eco de la voluntad del “Ilustre Americano” , proclama en febrero
de 1888 la candidatura de Rojas Paúl, quien es designado poco des
pués Presidente de la República por el Consejo Federal. A pesar de ha
ber llegado a la primera magistratura gracias al aval de Guzmán Blan
co, el nuevo Presidente se ubica rápidamente junto al movimiento
opositor y comienza a desplazar a las piezas clave del guzmancismo.
31
El hombre fuerte de las finanzas
El 17 de ju lio de 1888 Guzmán suscribe en París un contrato con el
Banco Franco-Egipcio para establecer en Caracas una agencia denomi
nada Banco de Venezuela, que podría abrir crédito al Gobierno con
una tasa de interés inferior a la vigente en el mercado venezolano. Ese
acuerdo es firm ado a espaldas del Banco Comercial, al que solamente
se otorga la suscripción del 25 por ciento de las acciones.
Las condiciones del contrato se traducen en una amenaza para la
supervivencia del Banco Comercial, enfrentado a la posibilidad de que
un grupo de inversionistas extranjeros se apodere de las negociacio
nes vinculadas con el sector público. En una comunicación dirigida a
Juan Pablo Rojas Paúl por los directivos del instituto, entre quienes se
encuentra Matos, se argumenta que, hasta el momento, el Banco Co
mercial había cumplido cabalmente con sus obligaciones al suminis
trar cantidades superiores al m illón de bolívares, que era el monto
máximo establecido en el contrato. Es más, se afirma en el citado do
cumento, que en situaciones críticas se llegó a entregar hasta Bs.
3.200.000, es decir, el doble de la cantidad que con tanta “liberalidad
ofrecen los agraciados”, en abierta alusión a las promesas de los pro
motores del banco extranjero auspiciado por Guzmán.
Por su parte, el “Ilustre Americano” fustiga desde París a los banque
ros que en Venezuela se oponen al proyecto, comentando con ironía
1B iblioteca B iográfica V en ezolana
32 'M a n u e lA n to n io Matos
que su indignación está justificada, ya que ellos disfrutan de la facili
dad de obtener elevados beneficios “sin riesgo ni desembolso alguno,
hasta 80% sobre el capital nominalmente suscrito”. En los implaca
bles juicios lanzados contra los banqueros, afirma que es un verdade
ro “disparate” preferir a los venezolanos en ese tipo de negocios: “Al
contrario, Venezuela lo que necesita es población y capitales extranje
ros, si es que queremos fecundar esos mismos elementos de población
y riqueza venezolanos”. Resulta curiosa la posición de Guzmán, si se
considera que él también había formado parte del grupo de accionis
tas del Banco Comercial.
Tal vez por la angustia que le creaba su progresivo desplazamiento
del escenario político y la posible pérdida de sus provechosos nego
cios en el exterior, llega al extremo de amenazar a “Matos, Boulton y
compañeros”, si se oponían a su proyecto, con publicar los datos de las
ganancias exageradas del instituto. ¿Cómo pudo olvidar Guzmán con
tanta rapidez que el sector mercantil se había constituido en uno de
los puntales de su proyecto desde 1870? ¿No habrá meditado sobre las
consecuencias de esta actitud hostil hacia sus antiguos y más firmes
aliados? Precisamente, su insistencia en imponer un proyecto, que le
sionaba los intereses de los capitalistas residentes en Venezuela, acele
ra el derrumbe de su predominio.
Gracias a la sagacidad de Rojas Paúl, a partir de mayo de 1889, el
poder de Guzmán se va resquebrajando al tiempo que sus aún fieles
seguidores son desplazados de los cargos públicos. El proceso de reac
ción se profundiza con la demolición de las estatuas del “Autócrata
Civilizador” en octubre de aquel año. Poco después, éste renuncia a su
cargo de Ministro Plenipotenciario y Agente Fiscal en Europa, quedan
do así truncados sus ambiciosos proyectos financieros.
En el transcurso de las polémicas desatadas por el proyecto del Ban
co Franco-Egipcio, Matos se está desempeñando como Presidente del
Senado. A esa altura ha construido una base política y económica bas
tante sólida que le permite actuar con mayor independencia. A su gran
fortuna, se unen su prestigio y solvencia en los medios financieros
tanto en el país como en el exterior.
La década de los noventa se inaugura en un ambiente caracterizado
por la ausencia del “Autócrata Civilizador”. Al concluir el período pre-
El hombre fuerte de la s finanzas 133
sidencial de Juan Pablo Rojas Paúl (1888-1890), ya está prácticamente
desmontado el aparato político del guzmancismo. En marzo de 1890,
el Consejo Federal elige a Raimundo Andueza Palacio (1890-1892) como
Presidente de la República, con el apoyo de un amplio espectro de
fuerzas políticas.
En ese contexto, se produce un hecho de gran significación: la fun
dación en 1890 del Banco de Venezuela, por iniciativa de Manuel An
tonio Matos. Esta propuesta surge, tras la extinción del proyecto del
Banco Franco-Egipcio, con el objetivo de impedir que se instalara en el
“país una sociedad análoga que se proyectaba con capital extranjero.
Esta fue la razón patriótica que tuvo el comercio de Caracas” para crear
dicho instituto, de acuerdo con la versión de Matos. El Banco Comer
cial es absorbido así por el Banco de Venezuela, el cual se constituye
en 1890 con un capital de Bs. 8.000.000, dividido en 160 acciones de
Bs. 50.000 cada una. El contrato de cuenta corriente con el Gobierno
es firm ado el 12 de mayo de ese año. Manuel Antonio Matos suscribe
cuatro acciones, y su casa de comercio otras cuatro. Están presentes
en la composición del capital los más respetables hombres de nego
cios de la época: Santana, Eraso y Boulton, entre otros. También parti
cipan como accionistas figuras políticas como Raimundo Andueza
Palacio yju an Pablo Rojas Paúl.
El ocaso del dom inio guzmancista coincide con la creación de otro
instituto bancario de gran importancia. El ambiente político parece
ser más propicio para la extensión de ciertas actividades económicas,
esta vez sin la presión ejercida por Guzmán Blanco. El 8 de agosto de
1890 es fundado el Banco Caracas, gracias a la iniciativa de un destaca
do grupo de capitalistas, entre quienes se encuentra otra vez Manuel
Antonio Matos, convertido en el operador más relevante en materia
financiera. Asimismo, sobresale la presencia de comerciantes no sólo
de Caracas y La Guaira, sino también de Puerto Cabello y Valencia.
Con un capital de 6 millones de bolívares, sus negocios están destina
dos exclusivamente al sector privado, ya que el Gobierno contaba con
el Banco de Venezuela como auxiliar de la Tesorería Nacional.
La relevancia de los Bancos de Venezuela y Caracas es indudable, al
punto de que ambos logran sobrevivir todos los embates políticos de
aquellos años y alcanzan a tener la existencia más prolongada de cuan-
Biblioteca Biográfica V enezolana
34 Manuel Antonio Matos
tos institutos fueron creados en ese tiempo. A esa altura, Matos se ha
bía transformado en un acaudalado empresario que formaba parte
del “alto comercio”, tenía participación protagónica en los dos insti
tutos bancarios más importantes del país, y era además accionista de
reconocidas sociedades anónimas: la Compañía del Gas y de la Luz
Eléctrica, Cervecería Nacional y Compañía de Tranvías.
¡Dígalo usted, General!
A fines de 1890, Matos se ausenta del país, como siempre con desti
no a París. En enero del año siguiente, recibe en esa ciudad la visita de
Guzmán quien le comunica que en Caracas han sido apresados los
encargados de manejar sus negocios. A pesar de las diferencias que se
habían suscitado en ocasión de la pugna por las candidaturas entre
1887 y 1888, Matos se esfuerza por resolver dicho problema, aunque le
es bastante difícil lograr el concurso de nuevos administradores, ya
que todos temen que ello pudiera perjudicar sus propios intereses mer
cantiles. Finalmente, su socio José Gabriel Núñez, se hace cargo de la
administración de dichos bienes, aunque con muchas reservas por te
mor a retaliaciones de parte del Gobierno.
La administración de las propiedades de Guzmán se convierte en
motivo de roces y discusiones por la pretensión del otrora poderoso
Caudillo de que se procediera “según su capricho”, mostrando así una
actitud intransigente, propia de quien está “acostumbrado a dar órde
nes y ser obedecido” , según afirmaciones del banquero.
José Gabriel Núñez, en carta dirigida a Matos, quien a su vez remite
una copia a su concuñado, señala su preocupación por las dificulta
des que debía sobrellevar para cumplir con la atención de los negocios
que se le habían encomendado. Entre sus comentarios acota que Guz
mán no comprendía la verdadera situación que se estaba viviendo en
J Biblioteca Biográfica Venezolana
36! Manuel Antonio Matos
Venezuela y que todavía tenía los ojos tan “cerrados como cuando
impuso la elección de Rojas Paúl”. Al conocer el contenido de esa car
ta, el “Autócrata Civilizador” responde a Matos, el 28 de mayo de 1891,
manifestando que se trataba de una calumnia porque jamás impuso
la candidatura de Rojas Paúl, sino que la sostuvo sólo después que la
Convención decidió postularlo para la Presidencia de la República.
Si bien ambos residen en París, curiosamente el vehículo usado para
esta discusión es la correspondencia. Quizá, la vía epistolar resultaba
más adecuada para transmitir los arrebatos temperamentales tanto
de Guzmán como de Matos, resentido este últim o todavía por su frus
trada candidatura presidencial. Siguiendo la polémica, el día 29 de
mayo, el banquero increpa a Guzmán, mostrando su sorpresa de que
negara haber impuesto a Rojas Paúl, “cuando el País entero lo sabe” y
conoce los pormenores de aquel episodio. Como respuesta a lo que
Guzmán calificaba como una calumnia, Matos lanza una andanada
de reproches y acusaciones:
... debo decirle que calumnia sí la había en sus cartas, en que objetaba usted mi
candidatura, porque yo le entregaría el Poder a los Olavarría y a los Godos. Nunca ha
creído usted tal cosa de mí, sabe usted muy bien que ni soy godo, n i me dejo dominar.
Dígalo usted General, es precisamente p or esto último que usted me rechazaba; yo no se
lo he llevado a mal, encuentro que estaba usted en su perfecto derecho. Al creer yo que
eran aquellos sus temores, tendría que decirle que estaba usted verdaderamente ciego y
que, quienes veían claro, eran sus mejores amigos, liberales todos, quienes al proponer y
sostener mi candidatura, pensaban sostener con ella las glorias del Partido Liberal.
En el conflicto se refleja la soberbia de ambos personajes, unidos por
el parentesco y la amistad, pero enfrentados por las ambiciones políti
cas e incluso por asuntos de negocios, aun cuando la casa de comercio
perteneciente a Matos continuaría administrando por un tiempo más
los intereses de Guzmán. El incidente termina convirtiéndose en un
asunto que involucra incluso a las familias. Sus esposas, las hermanas
Ana Teresa y María Ibarra, muy unidas hasta el momento, se distancian
también y cada una de ellas toma partido por su respectivo cónyuge.
Los desentendimientos entre los concuñados no concluyen con aque
lla polémica epistolar, sino que continúan tras el regreso de Matos a
¡Dígalo usted. General! 37
Venezuela en febrero de 1892. A inicios de ese año, están emergiendo
en el país alarmantes signos de crisis económica, a lo que se suman las
perturbaciones políticas derivadas de las intenciones continuistas de
Andueza Palacio. Éste aspira a permanecer en el cargo hasta 1894, ba
sándose en una reforma aprobada por las legislaturas de los estados
que extendía el período presidencial a cuatro años, pero que no conta
ba todavía con el aval del Congreso Nacional.
El retorno de Matos despierta suspicacias entre los políticos, quie
nes sospechan que el motivo de su viaje no es la simple atención de
sus negocios. Se cree que está portando instrucciones de Guzmán para
urdir nuevas estrategias políticas, hecho que será pronto desmentido
por el banquero, como veremos más adelante.
A los pocos días de su llegada, se dirige a conversar con Andueza
para exponerle su inquietud ante la situación reinante y persuadirlo
de que abandone sus intenciones continuistas, para evitar así poner
en manos de Crespo la “bandera de la legalidad”. El Presidente, al pa
recer tratando de ignorar los peligros que lo amenazan, le manifiesta:
“Don Manuel, no se preocupe, ya en este país ni los gallos pelean; hay
que traerlos de Puerto Rico” . Andueza estaba totalmente equivocado,
o bien pretendía soslayar el peligro que se cernía sobre su Gobierno.
Crespo sí tenía ganas de pelear y tan sólo estaba aguardando el desen
lace del conflicto con el Congreso.
Por su parte, Guzmán, todavía con pretensiones de conducir la polí
tica venezolana desde el exterior, tiene planes muy concretos. Sus dos
figuras clave son Francisco González Guinán y Aníbal Domínici, a quie
nes designa como jefes del Partido Liberal, el primero en Valencia y
Occidente, y el segundo para el Centro y Oriente.
Con el propósito de definir el campo de sus alianzas, en carta del 6
de febrero, Guzmán advierte a Aníbal Domínici lo siguiente: “ ...como
Matos es o pasa como de m i familia, es bueno que usted sepa que, no
obstante mis cordiales relaciones con él, en política sus ideas y propó
sitos son enteramente distintos y hasta opuestos de los míos” . A l cono
cer el contenido de esta correspondencia, el disgusto del banquero es
mayúsculo, al punto de publicar un remitido en el que aclara estar al
margen de las instrucciones enviadas desde París a Domínici. Subraya
que su único anhelo era “contribuir a la unión de la gran fam ilia libe
Biblioteca Biográfica V enezolana
38 Manuel Antonio Matos
ral, teniendo por base la paz y la prosperidad de la Patria”. El 7 de
marzo está anunciando a Guzmán que no continuará al frente de la
administración de sus negocios. Esta vez, la ruptura de los concuña
dos es un hecho.
En cuanto a las diferencias señaladas por su pariente, Matos intenta
precisar los puntos divergentes. En una carta de mayo de 1892 se iden
tifica como “liberal de cuna”, ideas a las que siempre había guardado
fidelidad. En cambio, Guzmán había ejercido un gobierno de carác
ter “ autoritario”, no sólo durante el Septenio en que las difíciles cir
cunstancias lo ameritaban, sino también en etapas posteriores cuan
do ya no se justificaba esa conducta. En una posición un tanto
contradictoria, después de haber exaltado años atrás el papel casi re
dentor de Guzmán por haber unificado el país combatiendo el “cau
dillaje” , juzga ahora con severidad los excesos de autoritarismo del
ex Presidente.
En materia económica, las divergencias entre ambos personajes son
igualmente profundas. Para Guzmán, el progreso debía ser “violento
sin pararse en lo que cueste”. En contraste, Matos expresa su convic
ción de que el ritmo de la evolución tenía que ser acorde con los recur
sos del país, por lo que era conveniente promover obras de menor cos
to, suprimiendo acciones de gracia y utilidades a favor de los que
intervenían en la concesión de los contratos. Para reafirmar este crite
rio, recuerda la catástrofe fiscal de Argentina en 1890, que arrastró
incluso a la casa Baring Brothers de Inglaterra, crisis que fue el resul
tado de un acelerado “desenvolvimiento del progreso material” acom
pañado de un elevado endeudamiento.
A las disensiones por asuntos políticos y económicos, se añaden las
intemperancias características de ambos personajes. Intransigencia,
vanidad y soberbia se unen para apartar a los concuñados. Aquel “afec
tísimo amigo y hermano”, con que concluían las cartas de otros tiem
pos, se va transformado en el simple y frío saludo de su “atento servi
dor y am igo” . Sin embargo, la relación no queda totalmente rota, ya
que pocos meses después se reencontrarán en París.
Desventuras de un Ministro
de Hacienda
Desde los primeros días de marzo de 1892 las tensiones políticas se
van exacerbando cada vez más. El desequilibrio fiscal no es menos
preocupante. Un nutrido grupo de comerciantes, entre los que se en
cuentra M. A. Matos, suscribe un documento dirigido al Presidente,
planteando su inquietud por la situación económica y política reinan
te. En la respuesta de Andueza se hace alusión a la necesidad de bus
car una fórmula de avenimiento para garantizar la paz y la alternabi-
lidad republicana, al tiempo que expresa también su opinión favorable
a la reforma constitucional en la que, desde luego, estaba contempla
da su permanencia en el Gobierno hasta 1894.
En medio de un explosivo ambiente político, el Presidente y sus se
guidores optan por pasar a la ofensiva. A sabiendas de que no conta
ba con el apoyo de la mayoría del Congreso para aprobar la reforma
constitucional, Andueza decide desconocer la autoridad del cuerpo
legislativo nacional y, el 14 de marzo de 1892, lanza un manifiesto en
el que proclama la vigencia de la reforma que prolongaba el período
presidencial hasta el año 1894. Este hecho provoca la inmediata reac
ción del sector denominado “legalista”, opuesto a la maniobra conti-
nuista del Presidente. El m ovim iento revolucionario se organiza con
rapidez, encabezado por el ex Presidente de la República: general Joa
quín Crespo.
Biblioteca Biográfica Venezolana
40 ManuelAntonio Matos
Entretanto, el Banco de Venezuela sufre una fuerte crisis debido a la
escasez de metálico para atender el retiro de depósitos y el cambio de
billetes, por lo que algunos directivos piensan incluso en la alternati
va de cerrar el instituto. La oportuna intervención de Manuel A. Ma
tos, gracias a su gran influencia en los medios mercantiles, impide la
disolución del banco recientemente creado. A fin de llegar a un arre
glo general de cuentas y celebrar un nuevo contrato con el Gobierno,
el 24 de marzo, el financista presenta al Banco de Venezuela un pro
yecto que obtiene el voto de confianza de los principales accionistas,
entre quienes sobresalen capitalistas muy reconocidos, como Santa
na, H. L. Boulton, Lesseur, Römer, C. Hellmund, Francisco G. Travieso,
J. A. Olavarría y R. Röhl, entre otros.
El 28 de marzo, el Banco de Venezuela firm a el acuerdo que estable
ce las bases para proseguir sus relaciones con el Gobierno. Una de las
condiciones impuestas por Andueza Palacio es clara y precisa: Matos
debe ocupar la cartera de Hacienda a fin de garantizar el cumplimien
to de lo pactado. A causa de su desacuerdo con los propósitos conti-
nuistas del Presidente, el banquero acepta el cargo sólo por el lapso de
tres meses, hasta tanto quedaran solucionados los principales proble
mas financieros, sin que ello implicara ningún tipo de acuerdo políti
co con el gobernante. El nombramiento del nuevo Ministro, al día si
guiente de la firm a del convenio, genera amplias expectativas en los
medios políticos y comerciales. En periódicos como La Opinión Nacio
nal y La Rehabilitación se exaltan sus virtudes y cualidades idóneas
para restablecer el crédito de la nación, aptitudes que se pueden apre
ciar a través del “éxito de sus empresas” y el “crédito de su firm a”.
Para Manuel Antonio Matos se ha abierto una nueva faceta en su ca
rrera. Ahora es el “ministro-banquero” que deberá afrontar una verda
dera prueba de fuego en circunstancias políticas y económicas muy
adversas. De acuerdo con lo estipulado en el convenio, el Banco de Ve
nezuela se compromete a aumentar los suministros de dinero, aunque
disminuyendo el crédito en cuenta corriente a la suma de Bs. 2.000.000.
Para disponer de mayores sumas de dinero efectivo, el instituto queda
obligado a reducir sus operaciones comerciales al 40 por ciento de su
capital nominal. La participación de Matos en el gabinete y su papel de
accionista del Banco de Venezuela implican el aparente fortalecimien-
D esventuras de un M inistro de Hacienda 41
to de las relaciones entre los principales capitalistas y las autoridades
nacionales, en momentos en que se están intensificando los enfrenta
mientos con el ejército de Joaquín Crespo. Se evidencia que Andueza
estaba totalmente errado cuando afirmó, un mes antes, que en Vene
zuela ni siquiera era posible encontrar “gallos de pelea” .
La situación se agrava cada vez más, en la medida en que el ejército
revolucionario fortalece sus posiciones en medio del creciente descon
tento ante la política continuista de Andueza Palacio. Tras un infruc
tuoso intento por lograr la pacificación mediante la convocatoria del
Congreso o bien de una Convención delegatoria de los estados, ante la
cual debía renunciar el Presidente, Matos presenta su dimisión a la
cartera de Hacienda a inicios de mayo de 1892, mucho antes de haber
se cumplido el lapso de tres meses previamente acordado. El Presiden
te se muestra preocupado por dicha decisión, que podría ser juzgada
“como el prim er síntoma de disolución” ante la presencia de “un ene
m igo tenaz” que estaba amenazando la estabilidad institucional.
La renuncia, bajo el pretexto de un inminente viaje por razones per
sonales, estaba fundada en sus discrepancias con las intenciones polí
ticas de Andueza, a lo que se unía la inquietud ante los crecientes
gastos militares y los consiguientes trastornos fiscales. Su intempesti
va partida hacia Europa era una señal del próxim o derrumbe del Go
bierno acosado por el embate de los revolucionarios. Como agravante,
su casa de habitación es objeto de dos ataques nocturnos con petardos
de dinamita que precipitan su viaje.
En junio de 1892 la situación se torna insostenible para Andueza,
quien renuncia al cargo y sale al exilio, quedando Guillermo Tell Vi
llegas como encargado de la Presidencia. Las promisorias condiciones
auguradas a comienzos de la década se habían desvanecido frente a
los estragos de la guerra civil y al caos de las finanzas públicas.
Después que Joaquín Crespo hace su entrada triunfal a Caracas, el 6
de octubre de 1892, al frente de la Revolución Legalista, las relaciones
con el Banco de Venezuela pasan a ser conflictivas inmediatamente.
El Gobierno de Crespo (1892-1898) no reconoce la deuda de las admi
nistraciones anteriores y decreta, además, el embargo de los bienes
pertenecientes a los liberales que habían participado en la gestión de
Andueza, que son declarados “reos de traición”.
Biblioteca Biográfica Venezolana
¿2 Manuel Antonio Matos
Entre los afectados por el embargo se encuentra Matos, a quien se le
impone el pago de un “empréstito de guerra” por Bs. 1.600.000. Ante
la negativa de satisfacer dicha suma, su casa de comercio es cerrada y
sellada por orden del Ministro de Hacienda, Juan Pietri. Éste comenta
a uno de sus amigos, según la versión del banquero: “ ...ahora lo tengo
agarrado por el pescuezo y si no me da los reales lo haré quebrar” .
Un grupo de amigos de Matos resuelve entrevistarse con el Ministro
para explicarle las razones por las que aquél había aceptado la cartera
de Hacienda en tiempos de Andueza e interceder a fin de que le fue
ran restituidos sus bienes. El Ministro los recibe con altivez y, al cono
cer sus intenciones, les manifiesta con acritud: “Es inútil toda explica
ción, ese señor pesa demasiado política y socialmente, debo rebajarlo” .
Se llega incluso a ordenar la ocupación m ilitar de la casa del banque
ro en Caracas, medida que es desautorizada por el general Crespo al
enterarse de este incidente.
A pesar de los arreglos celebrados con el Banco de Venezuela, en en e
ro de 1893 ya se había agotado el monto del crédito otorgado, lo que
motiva la negativa a conceder sumas adicionales. Ante los rumores y la
creciente desconfianza por la marcha de los negocios, el público exige
el cambio de sus billetes. Para evitar males mayores, se impulsa la bús
queda de un nuevo acuerdo entre el Gobierno y el Banco de Venezuela.
A fin de restablecer la confianza, se decreta la amnistía para los funcio
narios afectados por el embargo, a quienes les son devueltos sus bienes.
Uno de los favorecidos por esta decisión es Manuel Antonio Matos.
43
De revolucionario a “evolucionista”
Con el agravamiento de las tensiones políticas comienza a organi
zarse un m ovimiento revolucionario en el exterior. A inicios de 1893,
varios políticos liberales visitan a Guzmán en París e intentan conven
cerlo para que encabece la reacción contra Crespo. Después de escu
charlos con cortesía, aquél se dirige a la biblioteca de donde extrae un
libro y luego pregunta a los presentes con amargura: “Díganme uste
des, quiénes no están firmados en ese libro declarándome traidor a la
Patria y con quiénes, por lo tanto, podría contar racionalmente para
encabezar la revolución que me proponen y en caso de buen éxito
gobernar luego la República” . No le faltaba razón al “Ilustre America
no”. El problema no consistía sólo en deponer a Crespo, dado que más
difícil aún era lograr mantenerse en el poder en medio de tantos tras
tornos y fraccionamientos políticos.
La negativa de Guzmán es terminante, por lo cual aquellos m iem
bros del Partido Liberal optan por proponer a Matos la conducción de
la empresa revolucionaria, a lo que éste responde que antes de tomar
cualquier determinación debía ir primero a Venezuela para liquidar
sus negocios de comercio y estudiar la situación de cerca. Al comuni
carle a Guzmán, con quien ya se había reconciliado, sus intenciones y
también sus dudas con respecto a la elección de un jefe m ilitar para
secundarlo en la campaña, aquél le da un sabio consejo, que tendrá
Biblioteca Biográfica Venezolana
¡A Manuel Antonio Matos
gran importancia casi una década después. Le recomienda que no con
sidere el nombre de Luciano Mendoza por ser “un simple guerrillero
incapaz de mandar un ejército” . En cambio, resalta las cualidades
militares de José Ignacio Pulido y Domingo Monagas, especialmente
de este último, quien se destacaba por ser más “intrépido y fogoso” .
Una vez que la medida de embargo de sus bienes es levantada, Matos
resuelve regresar con su fam ilia a Venezuela a ocuparse de sus nego
cios. En noviembre de 1893 pone en liquidación su casa de comercio
mientras continúa en contacto con los comités revolucionarios que
estaban actuando en Curazao y Nueva York.
Su retorno a Venezuela coincide con el gran revuelo desatado por el
contrato firm ado con Alfredo Hastings para establecer el Banco An-
glo-Venezolano, proyecto que contó con su total oposición, tal como
venía ocurriendo desde la experiencia del Banco Franco-Egipcio en
1888. Paralelamente, surge gran preocupación en torno a los peligros
del exceso de emisión por lo que se inician discusiones para reformar
la legislación vigente en la materia. Mientras estos temas absorben la
atención del banquero, los propósitos revolucionarios gestados en Pa
rís parecen haber quedado en el olvido.
Aunque Matos sigue ejerciendo la jefatura nominal del movimien
to, en la práctica no ha definido aún su papel en el mismo. Según el
plan inicial, una vez que estuvieran concluidos los preparativos, aquél
debía abandonar el país. Con el paso de los meses, ante la ausencia de
señales claras, crece la impaciencia de los opositores que exigen ma
yor celeridad en las acciones. El banquero, en un nuevo intento de
aplazar el estallido de la insurrección, informa que a su criterio sería
oportuno esperar a que se “acentuara más la mala marcha” de los asun
tos públicos y se generalizara el descontento de la población. Su dubi
tativa posición provoca fuertes críticas de parte de los revolucionarios
hasta que finalmente Matos responde que, si no se tomaban en cuenta
sus observaciones, “los dejaba en libertad de proceder” según su con
veniencia.
Sobre su separación de la jefatura, las versiones son muy contradic
torias. El banquero asevera que desde octubre de 1894 había anuncia
do su decisión de no continuar con la revolución, recibiendo poco
después la primera invitación de José Antonio Velutini para integrar
De revolucionario a “evolucionista" 45
se al gabinete. Según Manuel Modesto Gallegos, estrecho colaborador
de Crespo, esa afirmación no es cierta, ya que el primer contacto entre
ambos personajes se dio recién en marzo de 1895. Si nos atenemos a lo
sostenido por Guillermo Villegas Pulido, los revolucionarios creían
hasta el mes de marzo que todo estaba dispuesto para iniciar las accio
nes armadas, cuando fueron sorprendidos por la invocación de Matos
a la política conciliatoria. Lo cierto es que de su reunión con Joaquín
Crespo, en el mes de marzo, queda planteado el camino de la “evolu
ción política” y el consiguiente abandono del proyecto revolucionario.
Pactos secretos
Manuel Modesto Gallegos da a conocer los entretelones de las nego
ciaciones que culminaron con el nombramiento de Matos como Mi
nistro de Hacienda. Al tener conocimiento Crespo de los preparativos
revolucionarios en los que aquél estaba involucrado, trama una hábil
estrategia que consistía en atraer al banquero a la esfera del Gobierno
y neutralizar así la acción de los elementos subversivos. A instancias
de José Antonio Velutini, al tanto de tales maquinaciones, el presiden
te Crespo se reúne con Matos, a fin de poner en práctica sus planes.
No hay testigos de la entrevista y nadie conoce con certeza los térmi
nos precisos en que se desenvolvió la negociación, a excepción del re
lato de Matos, parte interesada en el asunto. Resulta llamativo que el
banquero haya sido invitado a la reunión para proponerle su designa
ción para el despacho de Hacienda, y saliera de allí con atribuciones
para nombrar él mismo otros cuatro ministros, todos ellos pertene
cientes al sector de los revolucionarios que ahora estaban por la “evo
lución” política.
Después de aceptar la tentadora oferta, el banquero elabora la lista
de miembros del gabinete sin incluir los nombres de los titulares de
Interior y de Guerra y Marina. Los mismos son dictados por Crespo:
Juan Francisco Castillo y Ramón Guerra. Los demás ministros son:
Manuel Antonio Matos en Hacienda, Lucio Pulido en Relaciones Exte
riores, Alejandro Urbaneja en Instrucción Pública, José María Manri
que en Obras Públicas y Jacinto Lara en Fomento. Si bien los despa
chos de In terior y de Guerra, fundam entales para garantizar la
seguridad interna, continúan sometidos a la voluntad del Presidente,
Biblioteca Biográfica V enezolana
46 Manuel Antonio Matos
a Matos se le había otorgado el control de cinco ministerios, varios de
ellos decisivos en materia económica.
A fin de establecer los deberes que asumirían los integrantes del lla
mado Gabinete Matos, los cinco ministros firm an un pacto secreto, el
30 de marzo de 1895, en el que definen los lineamientos de la futura
gestión. En dicho documento se formula el propósito de conservar la
paz y el orden, fomentar la prosperidad y conducir el crédito público
de acuerdo a “sanos principios económicos” con el fin de cumplir es
trictamente los compromisos internos y externos. Los funcionarios se
comprometen a trabajar en conjunto por la conservación de la “per
fecta unidad y armonía” . En el caso de sobrevenir una crisis, debido a
la imposibilidad de mantener los acuerdos previos, todos los minis
tros presentarían su renuncia, o bien, debía dim itir a su cargo aquel
de los firmantes cuya opinión fuera contraria al criterio sostenido por
la mayoría.
El objetivo de que un sector abandonara sus planes sediciosos para
abrazar la causa de la “evolución” se había logrado sin mayores tropie
zos. Desde la perspectiva de uno de los grupos de la oposición, la con
quista de cinco cargos ministeriales implicaba un virtual triunfo polí
tico sin la necesidad de acudir al expediente de la violencia, es decir,
se trataba de una vía pacífica y realista de alcanzar el poder. El movi
miento revolucionario queda así fraccionado. En el exterior cunde el
desconcierto, y los planes de derribar a Crespo se debilitan en la medi
da en que no hay ninguna figura con capacidad para proseguir con la
jefatura de la revolución.
Para evaluar los términos reales de la negociación con Matos es me
nester contemplar el factor económico, dado que el Gobierno reque
ría de un eficaz colaborador en materia financiera y con gran influen
cia en las decisiones del Banco de Venezuela a fin de reordenar las
caóticas finanzas públicas. Este último aspecto podría explicar en par
te el hecho de que se estuviera entregando prácticamente el control
del gabinete a un hombre que había estado envuelto en conspiracio
nes hasta poco tiempo antes.
Más allá de las maniobras políticas que pudieron haber motivado la
integración de una alianza de esa naturaleza, Matos demostraba en
aquella oportunidad su gran influencia en los medios políticos y eco
De revolucionario a "evolucionista" 47
nómicos, ya que además de sus funciones en la cartera de Hacienda,
llega a ejercer la virtual dirección del gabinete. El general Crespo reco
nocerá más tarde haberle confiado el manejo de la Hacienda pública
por sus conocimientos en la materia, sus “valiosas relaciones comer
ciales dentro y fuera del país, que podían dar mayor vida a las transac
ciones, y en situación adecuada para plantear sin esfuerzos un siste
ma de economías que se hacía indispensable” .
El Gabinete Matos en medio del vendaval
La actuación de este gabinete, en parte crespista y con mayoría de la
oposición, es bastante accidentado. Si bien inicialmente se habían ali
mentado ciertas expectativas en torno a los resultados de su gestión,
con el paso del tiempo comienzan a crecer las críticas. En la prensa
abundan los artículos contrarios al Ministro de Hacienda. Se le repro
cha haber recortado el presupuesto sin tomar en cuenta los efectos
destructivos para el fomento y la instrucción pública. Mientras la re
ducción de sueldos, una de las medidas más combatidas, empeora las
condiciones de vida de una parte de la población, los estados se empo
brecen por la disminución del monto asignado por concepto de Situa
do Constitucional.
A estas acusaciones se agregan denuncias en periódicos como El
Combate y La América acerca del alza violenta sufrida por algunos
títulos de la deuda pública: “El Sr. Matos como buen comerciante, apro
vecha las oscilaciones de la política para hacer sus evoluciones, y ju e
ga a la Bolsa con los valores públicos como jugaría con una factura
insignificante” .
Los conflictos llegan a tal extremo, que el propio Ministro de Ha
cienda se ve obligado a sacar a empujones de su despacho al Jefe de los
Edecanes, quien habría expresado de manera airada su descontento
por la reducción de su salario.
Otro frente de oposición se levanta contra el financista. Se trata de
sus antiguos aliados en el exilio, quienes interpretan la política “evo
lucionista” como una claudicación frente al enemigo. Por su parte, los
núcleos crespistas se oponen a Matos por su participación en el gabi
nete de Andueza Palacio y denuncian su excesivo acercamiento a los
viejos “fantasmas del guzmancismo”.
Biblioteca Biográfica Venezolana
48 Manuel Antonio Matos
Ramón J. Velásquez describe minuciosamente el clima político de
aquel momento. Desde el seno del gabinete, Juan Francisco Castillo,
con aspiraciones presidenciales para las elecciones de 1897, promueve
intrigas que van socavando las bases de sustentación del Ministro de
Hacienda, cada vez más solitario y aislado. Mientras las calles se con
vierten en escenario de protestas y escaramuzas, se desata una impla
cable campaña de prensa.
A pesar de la intensa pugnacidad que se va exacerbando día a día, el
banquero y sus aliados permanecen en el gabinete, en tanto Crespo
aguarda expectante el resultado de los enfrentamientos que cotidia
namente se suceden en la Casa Amarilla.
Los antagonismos se agravan cuando Feliciano Acevedo queda como
encargado de la Presidencia, por ausencia temporal de Crespo. Una de
las discusiones surge por un problema de competencias entre los m i
nisterios de Hacienda y Guerra. La tensión aumenta con el debate en
torno al pago de compromisos de la Tesorería. Matos subraya la urgen
cia de solventar las múltiples deudas pendientes, ya que con ese pro
pósito se habían dedicado grandes esfuerzos desde marzo de 1895 para
reducir el uso del crédito en la cuenta corriente del Banco de Venezue
la y acumular un elevado depósito para atender necesidades extraor
dinarias del presupuesto. Frente a la propuesta de Feliciano Acevedo
de amortizar las deudas de Tesorería con títulos del uno por ciento, el
titular de Hacienda se opone terminantemente por considerar que esos
recursos debían ser usados para honrar las deudas con las compañías
de ferrocarriles, que montaban a Bs. 20.000.000, compromiso ineludi
ble si se pretendía fortalecer el “crédito de la Nación”.
Los ánimos se exasperan en medio de los debates hasta que, el pri
mero de octubre, Acevedo resuelve solicitar la renuncia a los integran
tes del Gabinete Matos. Gran algarabía se produce en los medios oposi
tores al titular de Hacienda. Los ministros que habían firmado el pacto
renuncian, a excepción de Jacinto Lara, a cargo de la cartera de Fo
mento. La situación se complica a causa de la publicación por parte de
Matos del folleto Crisis Ministerial, en el que se reproduce el texto del
pacto firm ado el día 30 de marzo.
El Presidente reacciona con indignación ante la falta de tacto de
mostrada por el ex Ministro y denuncia dicho acuerdo “como una con
De revolucionario a "evolucionista" 49
fabulación atentatoria contra la autoridad presidencial que mostraba
el premeditado propósito de m onopolizar el poder, decidir por sí y
ante sí todas las cuestiones” relativas a las resoluciones del gabinete.
Tal como era de esperarse, las divergencias habían desembocado en
una crisis irreversible, indicio de las dificultades para concertar acuer
dos en medio de las rivalidades, los enfrentamientos personales y las
pugnas políticas que conmocionaban a la nación en los últimos años
del siglo XIX. La supervivencia de aquella especie de “coalición” no era
viable bajo la conducción de una figura que, como Matos, se caracteri
zaba por la intransigencia de sus criterios tanto en política como en
economía. Por otro lado, buena parte del crespismo no estaba de acuer
do con establecer alianzas con grupos provenientes de la oposición.
Tras retirarse de la cartera de Hacienda, el banquero emprende un
nuevo viaje a Europa, donde permanece hasta septiembre de 1897.
51
Tensiones e incertidumbres
Incertidumbre política y depresión económica son los signos de la
última década del siglo XIX. Este es el escenario del polémico emprés
tito de la compañía alemana Disconto Gesellschañ, aprobado en el
año 1896 por un monto de Bs. 50.000.000. Esta suma estaba destinada
al pago de la garantía del 7 por ciento de algunas empresas de ferroca
rriles y al rescate de la obligación que tenía la nación de abonar dicha
garantía en el futuro, además de la adquisición de algunas vías fé
rreas, si el Ejecutivo lo considerara conveniente, y para cooperar con
la conclusión del Ferrocarril Central de Venezuela hasta Santa Lucía.
En lo que se evidencia como una tendencia expansionista de los ca
pitales alemanes, el Disconto Gesellschañ de Berlín pretende partici
par en la creación de un instituto de crédito que sería fusionado con el
Banco de Venezuela. El proyecto motiva, entre fines de 1896 y princi
pios del año siguiente, prolongadas discusiones protagonizadas por
los principales capitalistas del país. Manuel Antonio Matos se convier
te en uno de los más tenaces opositores a este tipo de ensayos, señalan
do en febrero de 1897, desde París, que tal iniciativa hería “los intere
ses y la dignidad nacionales” .
Es interesante analizar las tendencias “nacionalistas” que afloran
en torno a la polémica por la introducción de capitales extranjeros en
el negocio bancario. La opinión casi unánime de los financistas loca
Biblioteca Biográfica V enezolana
52 Manuel Antonio Matos
les se inclina por el rechazo a tales proyectos. Matos es uno de los aban
derados de esta campaña, puntualizando que su ataque no está dirigi
do contra los extranjeros residentes en el país con “intereses y fami
lias” ligados a esta sociedad. Más bien pretende alertar con respecto a
la debilidad de los empresarios venezolanos para “luchar con un ele
mento extraño, robusto, emprendedor y que dispondría de recursos
fáciles y poderosos, que le permitiría avasallarnos, y adueñarse en se
guida de nuestro comercio y de nuestras industrias”.
La aprobación del contrato, en opinión de Matos, habría de signifi
car la entrega al extranjero de “la dirección y el manejo de la vida
financiera de la República” . También se refiere a las apetencias de cier
tas naciones europeas en el continente americano. Como consecuen
cia de su tardía unificación territorial, Alemania carecía de un mun
do colonial tan extenso como las otras potencias, por lo que aspiraba
apoderarse “financieramente de los mercados y de los países que pue
dan servirle a fecundar su Tesoro” . El destacado hombre de negocios
se pregunta acerca de la importancia que tendría “un crédito de más o
menos dos millones de bolívares para nuestra exuberante hacienda
pública” . Al respecto enfatiza que en muchas ocasiones el Banco de
Venezuela había entregado al Gobierno sumas superiores, pero duda
ba que una firm a extranjera estuviera dispuesta a adoptar una medi
da semejante. En su alegato, el banquero señala que el dom inio finan
ciero de las compañías extranjeras haría peligrar el comercio nacional,
porque aquéllas dificultarían las operaciones de giros y créditos hasta
absorber dicha actividad.
Durante el año 1897 se desenvuelven fuertes discrepancias políticas
en el marco de las elecciones presidenciales. Con el apoyo de Crespo se
constituye el Gran Consejo Liberal Eleccionario que propugna la can
didatura de Ignacio Andrade, postulación que provoca enconadas dis
cusiones en la prensa. Uno de los contendores es el jefe del Partido
Liberal Nacionalista, José Manuel Hernández, el Mocho, cuya popula
ridad crece aceleradamente. Bien conocida es la historia referente al
proceso electoral en que Crespo ordena ocupar los sitios en que fun
cionan las mesas de votación el día primero de septiembre. Así es como
mediante el fraude, Andrade conquista la primera magistratura para
un período de cuatro años.
Tensiones e incertidum bres 53
Antes de haberse concretado esta elección, Matos había manifestado
en París su inclinación por la candidatura de Andrade, a la que se opo
nían Guzmán Blanco y otros liberales. En agosto de 1897, decide regre
sar a Venezuela. A su llegada, en el mes de septiembre, debe ocuparse de
solucionar urgentes problemas surgidos con el Banco de Venezuela. A
pesar de su conflictiva experiencia ministerial que desembocó en la cri
sis de octubre de 1895, el financista se acerca nuevamente a Joaquín
Crespo. En su condición de figura protagónica del Banco de Venezuela,
trabaja a diario junto a los ministros a fin de reducir las erogaciones de
la Tesorería en momentos en que los ingresos públicos eran bastante
escasos. Con tal fin, se determinan las necesidades del presupuesto y se
colocan algunos excedentes en obras públicas y otros gastos indispensa
bles, con lo que, según el banquero, podría renacer la confianza gracias
a la satisfactoria marcha de las finanzas públicas.
El 10 de marzo de 1898, Matos es designado para ocupar la cartera
de Hacienda del gobierno de Andrade. Se trata de su tercera experien
cia en ese despacho en el lapso de apenas seis años, clara demostra
ción de su gran peso económico. Sin embargo, las adversas circuns
tancias políticas conspiran contra los intentos de organizar las finanzas
públicas. Como respuesta al fraude electoral del primero de septiem
bre del año anterior, el Mocho Hernández proclama en Queipa el ini
cio de la revolución contra el “despotismo” imperante en Venezuela.
Para combatir el alzamiento, el general Joaquín Crespo asume la con
ducción de las operaciones militares. El 16 de abril es abatido en La
Mata Carmelera. La desaparición del Caudillo genera gran confusión
en los círculos gubernamentales hasta que, por consejo de Matos, el
mando supremo del Ejército es confiado al general Ramón Guerra.
A medida que los enfrentamientos se multiplican en el territorio de
la República, las rentas públicas resultan sensiblemente afectadas, por
lo que el titular de Hacienda se ve obligado a acudir al expediente de
efectuar una emisión de bonos por 9 millones de bolívares, cuya amor
tización estaría garantizada por los ingresos de las Salinas de la Nación.
En breve, su tercera gestión en Hacienda queda en entredicho, en
medio de los comentarios mordaces de la prensa. Se dice en el periódi
co La República que el Ministro pretende favorecer los intereses del
Banco de Venezuela a través de manejos y arreglos que perjudican a la
Biblioteca Biográfica Venezolana
54 M anuel Antonio Matos
nación, lo que sería el resultado de designar “ministros banqueros”
que no diferencian los límites entre el interés privado y el público. Se
afirma que dicho banco subsiste por ser una “oficina pública depen
diente del gobierno” , a la vez que Matos estaría utilizando su cargo
para arrimar “la brasa a su sardina”, es decir, defender los intereses
del Banco de Venezuela, que son también los suyos.
No pasa mucho tiempo hasta el estallido de conflictos entre los inte
grantes del gabinete. En noviembre de 1898, el Ministro de Crédito
Público se niega a poner a disposición del Banco de Venezuela el mon
to de 20.000 bolívares diarios para el pago de los intereses de la deuda
pública interna. El titular de Hacienda plantea que tal medida es de la
exclusiva competencia de su cartera, y no del Ministerio de Crédito
Público. La situación se complica con la orden de suspender la entrega
de las recaudaciones de la Aduana de La Guaira al Banco de Venezue
la. El hecho motiva una agria discusión con el Presidente y la poste
rior dimisión de Matos, para quien el pago puntual de los compromi
sos m on eta rio s había te n id o siem pre carácter p rio rita rio .
Curiosamente, esta vez no se embarca rumbo a Europa, sino que per
manece en el país.
Una vez más, a principios de 1899, se da a conocer un proyecto ban-
cario extranjero que provoca airadas reacciones. Su promotor es el
norteamericano Geo W. Upton, quien pretende fundar en Caracas un
Banco de Circulación e Hipotecario, bajo la denominación de Banco
Nacional Bolívar, con un capital de 15.000.000 de bolívares. El proyec
to no llega a concretarse por el posterior derrocamiento del presiden
te Ignacio Andrade. Manuel Antonio Matos, opuesto al contrato, se
refiere con inquietud a las nuevas “disposiciones a favor de la extran-
jerización de nuestros institutos de crédito y de nuestros valores pú
blicos, por más que la ciencia del mundo civilizado tenga reprobado
ese procedimiento por anti-económico y anti-patriótico” .
No es esta la primera, ni será su última invocación al patriotismo
para expresar su rechazo al ingreso de compañías de crédito extranje
ras en Venezuela. Podríamos especular que dichas amenazas, que des
de los tiempos de Guzmán Blanco eran relativamente frecuentes, se
habían convertido en un elemento de presión para obligar al Banco de
Venezuela a ceder ante las exigencias del poder público.
55
Crisis de fin de siglo
Muchas son las preocupaciones que absorben la atención de Manuel
Antonio Matos durante el año 1899. La economía está atravesando una
fuerte crisis a causa de la persistente baja de los precios del café y la
consiguiente contracción del comercio. Mientras disminuyen las ren
tas, aumentan las erogaciones debido a los incesantes conflictos ar
mados, de lo que se derivan constantes fricciones con el Banco de Ve
nezuela en torno a la entrega de auxilios monetarios adicionales a los
estipulados en los contratos. En el plano político, la muerte de Joa
quín Crespo ha creado un vacío en la estructura de poder que se tradu
ce en la orfandad política de Andrade, al desaparecer el “hombre fuer
te” que garantizaba cierta estabilidad y el control del aparato militar.
Se acentúa así la debilidad del Gobierno, al tiempo que las pugnas y
rivalidades van despedazando al ya bastante desgastado Partido Libe
ral. Como agravante, desde mayo de ese año se había iniciado el impe
tuoso avance del ejército comandado por el general tachirense Cipria
no Castro, aunque este alzamiento no parecía representar todavía una
verdadera amenaza para el Gobierno Central.
Sorpresivamente llega desde París una noticia dolorosa: el 28 de ju
lio había muerto Antonio Guzmán Blanco, el estimado amigo y con
cuñado de Matos. Muchas fueron las veladas compartidas en acogedo
res encuentros familiares en sus residencias de París y Caracas. Nutrida
Biblioteca Biográfica Venezolana
56 Manuel Antonio Matos
fue la correspondencia entre ambos personajes. El 21 de diciembre de
1898, el polémico financista escribía una de las últimas cartas a su
concuñado informándole de los trastornos fiscales y de su renuncia al
Ministerio de Hacienda.
A partir de septiembre recrudecen las perturbaciones políticas. Tras
el triunfo de Tocuyito, los andinos continúan su marcha hasta Valen
cia, donde se acantonan a la espera del m ejor m omento para empren
der la conquista de Caracas. Sin embargo, el ejército carece de la fuer
za suficiente para el asalto final. Sus tropas no podían enfrentarse con
éxito al Gobierno que contaba con 4.000 hombres estacionados en La
Victoria, bajo las órdenes del general Luciano Mendoza.
El Presidente de la República, por su parte, está cada vez más aislado
y a su alrededor pululan las redes conspira ti vas. Manuel Antonio Ma
tos experimenta hondo desasosiego frente al sombrío cuadro político
y económico del país.
En los primeros días de octubre de 1899, mientras toma su acostum
brado anisete en el escritorio de Altagracia, el poderoso hombre de ne
gocios está concentrado en sus cavilaciones. Debe evaluar con calma la
correlación de fuerzas y calibrar las oportunidades y amenazas que se
presentan en el escenario político. Por un lado, es necesario considerar
que, con la desaparición de Crespo, ya Cipriano Castro no tendría riva
les de envergadura en su camino. El Mocho Hernández está en prisión,
aunque siempre se podía temer que sus seguidores organizaran nuevos
alzamientos, variable que debía ser tomada en cuenta. Por otro lado,
junto al tambaleante Presidente de la República, agoniza el Partido Li
beral ante el vacío doctrinario y la ausencia de auténticos liderazgos.
Claro está, todavía existen en el país muchos otros caudillos con domi
nio de escenarios locales y regionales, pero ninguno aisladamente está
en capacidad de ocupar Caracas. Ante estas inquietantes perspectivas es
posible que Matos haya concebido la idea de colaborar con el Gobierno
en las negociaciones con Cipriano Castro, iniciadas desde fines de sep
tiembre, lo que le permitiría dialogar con el General tachirense y mane
jar así elementos de juicio más certeros. Al ser convocado a la Casa
Amarilla para dar a conocer su opinión sobre la situación reinante, ofrece
sus buenos oficios para buscar una salida al conflicto. En esa ocasión se
proyecta la entrevista con Cipriano Castro en Valencia.
Crisis de fin de siglo 57
¡Que se rinda a discreción!
Apartado de los cargos públicos desde noviembre del año anterior,
Matos se siente satisfecho por su rol de mediador en un enfrentamien
to armado que mantiene en vilo a la República. Acompañado de su
cuñado Martín H. Pérez y de su hijo Manuel Antonio, se dirige a La
Guaira, donde se embarca en la cañonera Miranda con destino a Puer
to Cabello. A llí es recibido por el general Antonio Paredes, quien refie
re que, al tener conocimiento de la misión del banquero, le manifestó
su rechazo a toda mediación porque ello “envalentonaría a Castro a la
vez que deprimiría el espíritu de las tropas del Gobierno” . A su crite
rio, debía proponerse que el andino se “rindiera a discreción” y, en
caso de que se negara, “debería atacársele en el acto, porque el gobier
no tenía medios de sobra para acabar con aquel puñado de bandole
ros”. Matos continúa su viaje hacia El Palito, donde están situadas las
primeras avanzadas del ejército revolucionario.
Al llegar a Valencia acude a su viejo amigo Francisco González Gui-
nán para participarle el motivo de su visita a la ciudad. Ambos se en
cuentran en el hotel Catalá donde, en presencia de Martín H. Pérez,
sostienen una conversación previa a la entrevista con Cipriano Castro,
que se desenvolvió en los siguientes términos, de acuerdo a la narra
ción de González Guinán:
Le referí al General Matos los sucesos de Tocuyito, la entrada del General Castro a
Valencia, el estado de su tropa y los escasos elementos con que contaba; y como el General
Matos me significase su propósito de contribuir al triunfo de la revolución, le respondí:
Asómese a los balcones, vea esa tropa que ocupa la plaza, su actitud y conducta y díga
me si es digna de ir a la capital; a lo que me replicó: Andrade es ya un imposible;
tenemos a Castro que viene triunfando desde el Táchira, y en Caracas al General José
Manuel Hernández que, aunque preso, aspiran los conservadores mochistas a entregarle
el país; creo, pues, de necesidad, en esta disyuntiva, de apoyar al primero, que al f in se
titulajefe de la Restauración Liberal.
Matos analizaba el proceso con pragmatismo. Debía promover un
arreglo entre el Presidente y el General tachirense a fin de evitar que
continuara la guerra. Como Andrade estaba irremisiblemente perdi
do desde el punto de vista político, y se temía un eventual triunfo del
Biblioteca Biográfica Ven ezolan a
58 Manuel Antonio Matos
mochismo, era menester inclinarse por la alternativa que garantizara
mayor estabilidad en el futuro. Cipriano Castro constituía, no sólo para
el banquero sino para muchos otros políticos e intelectuales, la salida
más apropiada para superar la crisis que afectaba a la nación.
Los resultados de la entrevista celebrada en Valencia el 6 de octubre
son poco halagadores. El jefe andino no parece dispuesto a llegar a
ningún acuerdo y, refiriéndose al Presidente Andrade, repite con in
sistencia: “ ¡Que se rinda a discreción!” , aun cuando no se encontraba
en condiciones de formular tales exigencias en circunstancias en que
sus fuerzas estaban bastante debilitadas en contraste con las tropas
m ejor equipadas del Gobierno.
En el encuentro de Valencia, se logra únicamente la promesa de una
próxima reunión en Maracay entre el jefe revolucionario y el presi
dente Andrade. Más tarde, Matos comenta a su cuñado Martín H. Pé
rez: “Castro es un ensimismado, loco de atar, pero como no le veo a
esto otra solución práctica inmediata, insistiré mañana a ver que pue
do lograr; y si no, surgirá el mochismo”. Al día siguiente, en su casa de
Caracas, da a conocer la misma impresión a su esposa: “María, esta
mos en manos de un loco” .
La entrevista de Maracay, concertada entre el Presidente y el jefe de
los insurrectos, fracasa. El día indicado para la reunión, el 11 de octu
bre, Castro envía un telegrama a Matos, expresando su indignación
ante la ausencia de Andrade, por lo que considera rotas las negociacio
nes. Preocupado por el curso de los acontecimientos, una semana des
pués del primer encuentro, el banquero decide marchar por segunda
vez al campamento de Valencia con un proyecto de tratado, que fue
redactado por José Ladislao Andara y aprobado por el Presidente y su
gabinete. Después de convencer a Castro de que aceptara una nueva
entrevista, sale tarde en la noche del 13 de octubre para La Guaira y
luego hacia El Palito, aprovechando la oscuridad para no ser visto des
de Puerto Cabello. Se estaba ocultando de Antonio Paredes, de quien
conocía su terminante oposición a todo arreglo con el enemigo.
En la segunda reunión celebrada en Valencia, el General andino exa
mina minuciosamente el tratado que habrá de facilitar su triunfo. En el
documento se propone la convocatoria de un Congreso de Plenipoten
ciarios de los veinte estados y del Distrito Federal, cuyos representantes
Crisis de fin de siglo 59
serían nombrados en partes iguales por el Presidente de la República y
el Jefe de la Revolución. El Congreso debería instalarse el 28 de octubre,
siendo sus atribuciones: admitir la renuncia del Presidente Andrade,
designar la persona que habría de ejercer el cargo de Jefe del Poder Eje
cutivo Nacional, y “formular la nueva Constitución de la República”.
Como un castillo de naipes
El tratado significaba la entrega del poder a los revolucionarios, en
una situación en que el Gobierno de Andrade se estaba desmoronando.
Ya no había ningún “hombre fuerte” con capacidad de respaldar su
autoridad. Luciano Mendoza se había distanciado también del Presi
dente y se afirmaba que estaba pactando con el enemigo. Hasta los más
cercanos colaboradores de Andrade se encontraban a la expectativa del
triunfo de Cipriano Castro, tal era el caso de Manuel Antonio Matos.
Completamente aislado, el 19 de octubre, Andrade resuelve marchar
se en secreto a La Guaira-y se embarca al día siguiente rumbo a Barba
dos. No había llegado a cumplir ni siquiera la mitad de su mandato de
cuatro años. Ante la ausencia del Primer Magistrado, el general Víctor
Rodríguez se hace cargo de la Presidencia provisional y de inmediato
se disponen los arreglos para entregar el gobierno a Cipriano Castro.
Una comisión especial se traslada a Valencia para acompañar al Jefe
de la Revolución Liberal Restauradora en su entrada triunfal a Cara
cas el día 22. Una multitud lo espera en la estación de Caño Amarillo.
En el mismo vagón en que viaja Castro se encuentran Luciano Mendo
za y Manuel Antonio Matos, quien se había dirigido hasta Los Teques
para abordar el tren. En la noche se celebra una recepción en la Casa
Am arilla a la que asisten el banquero y muchos de los colaboradores
del ex Presidente que hasta hacía unos días lo habían secundado en
su gestión.
Tras la llegada de Castro a Caracas, el Mocho Hernández es liberado
con grandes demostraciones de júbilo de parte de sus seguidores. No
solamente sale de la prisión, sino que además se le ofrece la cartera de
Fomento. Tres días después, el jefe del Partido Liberal Nacionalista
abandona Caracas para encabezar otro alzamiento. La consigna de
“Nuevos hombres, nuevos ideales, nuevos procedimientos” , proclama
da por la Revolución Liberal Restauradora, es para los dirigentes del
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60 Manuel Antonio Matos
mochismo una farsa que encubre la supervivencia de los mismos hom
bres que reeditan iguales procedimientos fundados en las ideas del
pasado. Para Matos, en cambio, el triunfo del General andino repre
senta la alternativa de un cambio del rumbo político y económico de
la nación. Con ese motivo, celebra en su casa un gran banquete para
agasajarlo. En aquel momento no podía anticipar las difíciles circuns
tancias que le tocaría vivir bajo el mandato del “hombre de Capacho”
en los primeros días del nuevo siglo.
Con el ascenso de Cipriano Castro al poder surgen algunas interro
gantes. ¿Cómo explicar la caída de Ignacio Andrade? ¿Cómo fue posi
ble que un jefe revolucionario, que ni siquiera estaba en condiciones
de dar el asalto final sobre Caracas, pudiera ser aclamado tan rápida
mente como el General victorioso?
Al respecto resulta de gran interés analizar la interpretación del pro
pio Andrade. Desde Puerto Rico, a inicios de 1900, intenta explicar las
causas de su vertiginosa caída y de la crisis del Liberalismo amarillo. A
su juicio, el problema fundamental residía en la descomposición de
los partidos políticos: “Como las aguas sin corriente, los partidos polí
ticos que no tienen actividad doctrinaria, no realizan la natural reno
vación de su organismo en el curso del tiempo y de los sucesos, se
estancan y se pudren” . Dichos partidos fueron agotando su existencia
en tanto sólo servían para la satisfacción de ambiciones personales y
como resguardo de los abusos y la corrupción: “Y no es, repito, que los
Partidos no existan, no: ¡ellos son eternos con sus principios y sus e re
dos! Es que los hombres sí, no son los mismos” .
Continúa expresando el ex Presidente que las luchas cívicas, las bata
llas de la prensa y de la tribuna habían sido sustituidas por la revuelta
armada y el desprecio por la legalidad. Estaban a la orden del día las
conspiraciones, “los halagos, la infidencia, la corrupción de militares,
la traición y la final y espantosa relajación de los caracteres y de las
costumbres públicas” . Algunos de los conceptos expresados por An
drade, con referencia a la descomposición de los partidos políticos, la
corrupción y la ausencia de principios doctrinarios, parecen aludir
proféticamente a un tiempo histórico posterior, a la crisis política que
habría de sobrevenir en Venezuela cien años más tarde, la crisis de
otro fin de siglo. Las analogías de ambos procesos son abrumadoras.
61
Tiempos borrascosos
Al día siguiente de la llegada de Cipriano Castro a Caracas, el ban
quero es convocado a la Casa Amarilla. De acuerdo con su versión, se
le propone la cartera de Relaciones Exteriores, oferta que rechaza por
tener “aversión a la política, la que sólo fastidios y numerosos perjui
cios" le habría causado.
El nuevo Gobierno inicia su gestión con acuciantes apremios eco
nómicos derivados de la persistente crisis de las exportaciones agrí
colas y del crónico desorden fiscal. A fin de obtener con urgencia
auxilios monetarios del Banco de Venezuela, se organiza una reunión
en la Casa Am arilla con la participación del Presidente, los minis
tros, los directivos del instituto y, desde luego, Manuel Antonio Ma
tos. Las conversaciones transcurren con normalidad y asegura el ban
quero que en esa oportunidad se le ofreció el Ministerio de Hacienda.
Si bien no aceptó el cargo, manifestó que estaría a disposición de las
autoridades para cualquier circunstancia en que pudiera brindar sus
buenos oficios. Su colaboración consistió en interceder ante la direc
tiva del Banco de Venezuela para la aprobación de un adelanto de un
m illón de bolívares, fondos que rápidamente se agotaron tanto por
deficiencias en la administración de la Hacienda como también por
la drástica reducción de los ingresos públicos. Cipriano Castro había
comenzado su gestión con las consabidas consultas al influyente fi
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62 Manuel Antonio Matos
nancista, cuya mano “milagrosa” podía lograr que se abrieran las cajas
fuertes de los bancos, como en efecto ocurrió con el anticipo del m i
llón de bolívares.
A finales de año, Matos recibe otra convocatoria para concurrir a la
casa de Gobierno. Esta vez se trata de una reunión de gabinete en la
cual los ánimos se muestran muy acalorados, en particular cuando el
banquero recomienda poner en práctica medidas de austeridad en las
erogaciones, tomando en cuenta el exiguo monto de las rentas. Estas
apreciaciones provocan la airada reacción del Ministro de Relaciones
Exteriores, Raimundo Andueza Palacio, quien manifiesta que de ser
preciso se “usarían mandarrias para abrir las cajas fuertes” y extraer
de ellas el dinero necesario.
Profundamente afectado por tal incidente, Matos se traslada a Ma
cuto, desde donde escribe al Presidente, el día 4 de enero, para adver
tirle que cualquier medida violenta que se adopte no habrá de contri
buir a resolver los problemas económicos, sino que más bien los
agravarán. Le recuerda que, dada la mala situación económica del país,
los recursos que pueda lograr por la fuerza serán insignificantes, y
ello producirá efectos muy negativos tanto en el interior como en el
exterior, con el consiguiente alejamiento de la confianza y la pérdida
del crédito, indispensable para el aumento de las rentas públicas.
Cipriano Castro no escucha las recomendaciones del avisado finan
cista, sino que se inclina por la adopción de medidas drásticas. En
opinión de Ramón J.Velásquez, el Presidente no quería consejos “sino
dinero, para atender a las apremiantes necesidades del gobierno”.
Al día siguiente, Castro envía una carta a Matos, a través de su hijo
Manuel Antonio, indicando que, dado el carácter extremo de las me
didas que se veía obligado a aplicar, requería del “concurso espontá
neo y decidido del amigo personal y compañero de Causa”. Ese mismo
día, el banquero recibe una esquela de Jorge Uslar, hijo, quien le da a
conocer los siguientes sucesos: “Muy tormentosa la tarde de ayer. El
personal del Banco Caracas preso, como sabes, y el presidente y Secre
tario del Venezuela. Este últim o está de Junta de Médicos. A Echeve
rría lo rodaron hoy, y acaban de decirme que Don W. Guzmán ha sus
crito cuarenta mil bolívares” . La información es muy clara y precisa:
quien no acepte entregar dinero al Gobierno va preso.
Tiempos borrascosos 63
A pesar de estas alarmantes noticias, Matos responde el 6 de enero la
carta de Cipriano Castro del día anterior. En la misma esboza un diag
nóstico de la economía venezolana, asolada por la depreciación del
café en los mercados de consumo, seis años de desorden fiscal, dos
años de guerras, la ruina de las haciendas, la falta de confianza de
parte de los comerciantes, el desmoronamiento del “crédito de la Na
ción en el extranjero” , y las penurias que atraviesan el comercio y la
economía en general. Sugiere que, una vez agotados los fondos pro
porcionados por el Banco de Venezuela, se organizara la suscripción
de unos 500.000 o 600.000 bolívares entre “los amigos y aún los adver
sarios” interesados en el restablecimiento del orden. Ese dinero, junto
al producto de las aduanas, podría satisfacer las demandas más ur
gentes, hasta tanto pudieran ser reorganizadas las aduanas y se logra
ra instaurar una “severa administración” de los recursos.
Intenta convencer al jefe de la Revolución Liberal Restauradora de
que las medidas extremas adoptadas sembrarán el terror entre los
capitalistas y repercutirán “de manera alarmante en el extranjero” .
Para evitar tales consecuencias, propone a Castro que reemplace a los
miembros del gabinete, “ responsables de esta catástrofe” , por hom
bres de “competencia notoria, probidad reconocida y de buen concep
to público” . Continúa ofreciendo sus “desinteresados” servicios: “ Si
en este sentido, cree usted que puedo serle útil con mis indicaciones,
con m i consulta o de la manera que le parezca, me tiene sin reserva a
su disposición”. Agrega que se sentía honrado por su comentario, trans
m itido verbalmente a través de su hijo Manuel Antonio, de que más
necesitaba de su nombre que de su contribución monetaria. ¿Le ha
bría solicitado el Presidente que lo acompañara en el Ministerio de
Hacienda? No podemos dar respuesta a esta interrogante porque no
hay referencias precisas a ese particular. Del contenido de la carta del
6 de enero se evidencia que el banquero parecía no comprender la
realidad y aún pretendía seguir dando consejos a Cipriano Castro,
como en el tiempo en que sus opiniones eran apreciadas con respeto
por los mandatarios.
Matos decide regresar a Caracas respondiendo a la convocatoria del
Presidente, a pesar de las advertencias de sus amigos. En la estación
del ferrocarril es detenido y conducido a La Rotunda junto a otros de
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64 Manuel Antonio Matos
los banqueros. Al recordar su papel de mediador en Valencia, se la
menta de “haber sido quien trajo a Castro al Poder, cuando como se
habrá visto comprobado, estaba en Valencia irremisiblemente perdido”.
A los tres días de detención, todos los presos son conducidos a pie
por las calles de Caracas de “a uno en fondo entre dos líneas de solda
dos” desde La Rotunda hasta la Estación del Ferrocarril Inglés para
trasladarlos al Castillo de San Carlos. Manuel J. Acedo, apoderado de
Matos, se dirige a la estación para comunicarle de parte de su esposa
que lo autorizara para solucionar el conflicto, a lo que replicó el pri
sionero, tal como consta en su libro Recuerdos: “Dígale a m i mujer
que me deje ir hasta el fin de esta brutal infamia con la cabeza alta,
cual me corresponde y es m i deber hacerlo” . María Ibarra se niega a
presenciar el desfile de los banqueros encadenados, como lo hicieron
otras mujeres, porque sabía que a su esposo no le gustaría verla en la
calle observando ese “grotesco espectáculo” .
Ramón J. Velásquez describe la dramática escena: “ La gente va si
guiendo el extraño cortejo. Frente al Teatro Municipal se detienen,
hay confusión, gritos, amenazas. La esposa de uno de los prisioneros,
bañada en lágrimas, se lanza en brazos del marido. La fila sigue su
marcha. En Caño Amarillo, la multitud aplaude a los prisioneros” .
Mientras tanto, un anciano grita en francés: “Valor, señores, Valor, se
ñores, es el padre de uno de los prisioneros. La locomotora está pren
dida, los vagones listos” . Viene luego un cambio de orden y la com iti
va es conducida de regreso a La Rotunda. El objetivo de atemorizar a
los banqueros ya se había cumplido. Éstos son liberados al día siguien
te, después de acceder a las reclamaciones del mandatario.
Matos, quien no había aceptado ninguna negociación, permanece en
La Rotunda. Al segundo día, es liberado y conducido a una entrevista
con Cipriano Castro, en presencia de Jorge Uslar, hijo. En esa reunión,
reitera en tono airado sus críticas a las violentas acciones emprendidas
por el Gobierno. A los pocos días, el banquero es nuevamente recluido
en La Rotunda, siendo encerrado esta vez en el temible calabozo cono
cido como “El Tigrito”. Al día siguiente, Bernardo Lassérre, Presidente
del Banco de Venezuela, logra su liberación, aunque sin informarle los
medios que había utilizado para ello. Matos asegura que se enteró más
tarde de que Lassérre había reunido a la Junta Directiva, cuyos miem
Tiempos borrascosos 65
bros resolvieron por unanimidad entregar la cantidad de dinero por la
que fueron conminados. De acuerdo con su versión, al conocer estos
hechos dio la orden de que se reembolsara el dinero.
El agravio de aquellos días no podía olvidarse fácilmente. Menos aún
borraría de su memoria los esfuerzos realizados para facilitar el triunfo
de los revolucionarios e incluso haber acompañado a Castro desde Los
Teques en su marcha triunfal hacia Caracas. Tampoco podía olvidar sus
gestiones para ayudar al Gobierno a satisfacer sus desmedidas exigen
cias monetarias. Tal vez desde los días de su prisión en La Rotunda haya
comenzado a elucubrar algún plan para derrocar al gobernante, al que
había tildado de “loco de atar” . Era el momento de pensar en respuestas
radicales a las medidas violentas adoptadas por las autoridades. Posible
mente ahora comprendía las palabras de reproche de Guillermo V ille
gas Pulido del año 1895, en ocasión de haber abandonado Matos los
planes revolucionarios contra Crespo: “Bien sabe usted que males extre
mos nunca han tenido sino remedios también extremos”.
Enero de 1900 es un mes fatídico para el banquero. Había sido redu
cido a prisión y humillado en las calles de Caracas, actos imperdona
bles para un hombre acostumbrado a la consideración de los gober
nantes y al respeto que imponía su posición social. Sin embargo, pocas
semanas después del episodio de La Rotunda, protagoniza un hecho
discordante con su altiva personalidad.
A finales de aquel mes, los bancos Caracas y Venezuela ofrecen un
brindis al Presidente en el que participa Matos. Sorprende su presen
cia en la celebración, sin duda, pero lo más impactante es su discurso
en el que llega a afirmar que “los hombres de paz, los hombres de
trabajo, pueden y deben contar con la protección franca y sincera de
Cipriano Castro” .
Entre los concurrentes al brindis se encuentran varios banqueros
que habían desfilado con cadenas por las calles de Caracas: Juan B.
Egaña, A. Valarino, Carlos V. Echeverría y Alejandro Sosa. En cambio,
Eduardo Montauban, otro de los presos en aquellas circunstancias, se
excusó de asistir a la reunión e incluso renunció al elevado cargo que
tenía en la Junta Directiva del Banco de Venezuela.
El discurso de Matos no pasa inadvertido en la pequeña capital de la
República. En el periódico El Im parcial se publica un artículo titulado
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66 Manuel Antonio Matos
“Desvergüenza” , en el que se comenta con encendido enojo aquel he
cho y se alude al “servilismo” y a la “extinta dignidad” del personaje.
No era para menos. ¿Cómo interpretar ese comportamiento en el caso
de un hombre que se había caracterizado por la altivez y soberbia a lo
largo de toda su vida pública?
Difícil es hallar explicaciones para su extraña conducta. ¿Había sido
doblegado por el régimen? ¿Decidió asumir una posición oportunista
para no poner en riesgo su gran fortuna? ¿Estaba pronunciando un
discurso, aparentemente apologético, pero que en realidad estaba car
gado de ironía? Aún otra alternativa: ¿Se trataba de un acto de simula
ción, deliberado y planificado, porque ya a esa altura se había empe
zado a tejer la trama del alzamiento contra Castro? No sería desdeñable
esta última posibilidad si tomamos en cuenta los hechos posteriores.
Al poco tiempo, abandona el país con el objetivo de cooperar en un
movimiento armado contra Castro, que no logra concretarse debido a
los cambios políticos que se disponen en algunos de los estados del
país, según la versión del banquero.
Los hilos de la conspiración
Matos opta por regresar a Venezuela después del temblor que con
mueve a Caracas el 29 de octubre de 1900. Durante su estadía en el
exterior tuvo oportunidad de establecer algunos contactos con enemi
gos del régimen y esbozar la línea general de las futuras acciones. Por
tanto, su inesperado retorno debía formar parte de sus planes para
derrocar a Cipriano Castro. Para ello era indispensable concertar alian
zas y organizar minuciosamente el proyecto revolucionario.
Mientras Manuel Antonio Matos comienza a trazar su futura estrate
gia, también los caudillos del interior están avizorando las consecuen
cias de las medidas centralizadoras que se pretende poner en práctica.
En el transcurso del año 1900, se ordena la recolección del armamen
to y municiones de guerra que se hallan diseminados por el territorio
de la República, disposición que genera inquietud y resistencia de par
te de algunos jefes militares locales y regionales. El mensaje de Castro
ante la Asamblea Nacional Constituyente, en febrero de 1901, es elo
cuente en cuanto a la intención de crear escuelas de guerra y marina,
a fin de brindar una formación adecuada al Ejército y a la Armada. Se
trata de un proyecto que apunta a la creación de un Ejército Nacional,
bajo cuya exclusiva responsabilidad quedaría el ejercicio de la violen
cia legítima, clara amenaza a la supervivencia de las huestes al servi
cio de los caudillos.
Biblioteca Biográfica Venezolana
68 Manuel Antonio Matos
La Constitución de 1901 establece además que las elecciones pasan a
ser de carácter indirecto y el período presidencial se extiende de cua
tro a seis años. Ante el objetivo de centralizar la vida política y m ilitar
del país, se desata la reacción de los caudillos que habrán de incorpo
rarse a la Revolución Libertadora encabezada por Matos. Curiosamen
te, el banquero había exaltado el papel de Guzmán Blanco para domi
nar el “caudillaje”, cuya influencia consideraba nefasta para la Nación.
De manera paradójica, estará al frente de una revolución integrada en
su mayor parte por caudillos que representan los tradicionales meca
nismos de poder de la Venezuela decimonónica.
Además de la adhesión del mochismo, logra el apoyo de comercian
tes y banqueros descontentos con las medidas económicas del régi
men. Asimismo, algunas compañías extranjeras comienzan a apreciar
los planes revolucionarios con simpatía, ya que Castro no era precisa
mente hombre que inspirara confianza a los inversionistas.
Es posible que los primeros pasos de la confabulación se remonten a
inicios de 1900, es decir, algo después del episodio del apresamiento
de los banqueros. Pocos sospecharían que Matos estuviera involucra
do en tales planes después de aquel brindis ofrecido por los banque
ros a Castro a finales de enero de ese año, en el que pronunció aquel
discurso de reconocimiento a las virtudes del régimen. Posteriormen
te, permanece varios meses en el exterior, lo que le permite a su regre
so pasar más o menos desapercibido. Su comportamiento en Caracas
sigue teniendo apariencias de normalidad: entrevistas, visitas, ban
quetes, partidas de billar, reuniones en el Club Unión, en fin, una va
riada gama de encuentros sociales y de negocios propios de un hom
bre de fortuna, muy bien relacionado con venezolanos de todas las
tendencias políticas, y también con extranjeros poderosos.
Mucha gente entraba y salía de su casa, pero ese detalle no pareció
alarmar a las autoridades. En ese tiempo, el Gobierno se veía obliga
do a prestar más atención al ruido de las armas y a las proclamas de
guerra que a eventuales tramas conspirativas tejidas en las residen
cias de los adinerados. En Guárico, Oriente y Carabobo se suceden
varios alzamientos, aunque de poca magnitud, a los que se agrega la
invasión de Carlos Rangel Garbiras desde territorio colombiano. Las
tropas enviadas por Cipriano Castro obtienen en todos estos enfren
Los hilos de la conspiración 69
tamientos un triunfo resonante, lo que alimenta la omnipotencia
del gobernante.
Mientras tanto, Matos, en cada uno de sus sigilosos pasos de Cara
cas, desde finales de 1900 hasta ju lio del año siguiente, va anudando
con paciencia pactos y compromisos para garantizar las contribucio
nes de dinero, soldados y armas, además de los contactos indispensa
bles para contar con un efectivo sistema de comunicaciones, transpor
te y una base de operaciones en algunas islas del Caribe. Sorprende la
destreza con que el banquero, escasamente experimentado en mate
ria de conspiraciones, se desenvuelve en la clandestinidad de los pre
parativos que, a partir de ju lio de 1901, prosiguen en el exterior. Si
bien hubo algunas detenciones previas al estallido de la insurrección,
como el caso de Claudio Bruzual Serra, los principales eslabones de la
red son descubiertos recién en el mes de noviembre. El movimiento
tiene a esa altura ramificaciones insospechadas que se extienden más
allá del territorio nacional, desde algunas islas del Caribe hasta Co
lombia, Nueva York, Francia e Inglaterra. Cuando el Gobierno es sor
prendido por la urdimbre de la conspiración, Matos había concluido
con el equipamiento de un barco de guerra que ya estaba navegando
rumbo al Caribe.
No. 11 Broadway
Los inicios de la conspiración tienen su centro en Caracas en conexión
con los tradicionales caudillos del liberalismo amarillo e incluso con
representantes del mochismo. Comerciantes y banqueros, atemoriza
dos por las arbitrariedades de Cipriano Castro, se unen con entusias
mo a los preparativos. Los planes revolucionarios se consolidan gra
cias al decidido apoyo de algunas compañías extranjeras, entre ellas,
la New York & Bermudez Company. A esta firm a norteamericana le
había sido traspasada en 1885 la famosa concesión Hamilton para la
explotación de asfalto en el lago de Guanoco y, a partir de 1894, aque
lla empresa pasó a ser controlada por la General Asphalt Company,
conocida como el Trust del Asfalto. Posteriormente, la New York &
Bermudez se vio envuelta en un prolongado litigio por la delimita
ción del área de explotación, hasta que en diciembre de 1900 los tribu
nales venezolanos dictan un fallo contrario a los intereses de la em
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70 Manuel Antonio Matos
presa. Después de varios intentos inútiles por resolver en términos
legales la controversia, los directivos de la compañía se convencen de
la imposibilidad de hallar una solución satisfactoria a sus reclamacio
nes mientras durara el Gobierno de Castro. La oportunidad de lograr
ciertos cambios favorables para la empresa surge con el proyecto revo
lucionario que estaba orquestando un reconocido hombre de nego
cios, el general Manuel Antonio Matos.
Los primeros contactos se establecen en Caracas aproximadamente
en mayo de 1901 con Harry W. Bean, director gerente de la New York&
Bermudez Company. Con frecuencia, aquél recibe visitas del banque
ro para dialogar sobre la conveniencia de prestar apoyo económico a
cambio de un trato preferencial a la empresa después del triunfo de la
revolución. Una vez que se han precisado algunos acuerdos prelimina
res, se da inicio a la segunda fase del plan que consiste en viajar a los
Estados Unidos para ultimar detalles de la negociación con los altos
funcionarios de la empresa. El 14 de ju lio de 1901, Matos se embarca
en el vapor Maracaibo con destino a Nueva York. El 22 arriba a esta
ciudad y al día siguiente se dirige a la oficina situada en el No. 11 de
Broadway, donde se reúne con Avery D. Andrews, Vicepresidente de la
New York & Bermudez Company. Como resultado de las negociacio
nes, la empresa se compromete a prestar ayuda financiera por la suma
de 100.000 dólares, a lo que más tarde se agregarán otros giros por un
monto de 45.000 dólares.
Después de sus exitosos arreglos en Nueva York, se embarca rumbo a
Europa. En el lujoso hotel Continental de París, convertido en su cen
tro de operaciones, se dedica con afán durante varios meses a gestionar
la compra de un barco destinado al transporte de armas y municiones
hacia Venezuela. El negocio se concreta con la adquisición del Ban Righ,
navio construido en Escocia por la Aberdeen Steamship Company.
No fue a través de Matos que se divulgó la información sobre los acuer
dos con la New York & Bermudez Company. Era un secreto pretendida
mente bien guardado por los comprometidos en la confabulación, pero,
tal vez fueron demasiados los funcionarios subalternos de la compañía
que conocieron los motivos de las visitas del banquero o sospecharon
del destino de unas abultadas partidas relacionadas con Venezuela. La
complicidad de la firm a en el alzamiento hubiera permanecido en la
Los hilos de la conspiración 71
penumbra de no ser por la aparición, años más tarde, de algunos es
candalosos testimonios que revelaban la verdad de los hechos.
Las primeras y sorprendentes noticias aparecen en 1904 en el perió
dico El M o n ito r de Caracas. A través de una serie de artículos se de
nuncian los compromisos contraídos por la New York & Bermudez
para financiar la Revolución Libertadora, derrotada definitivamente
en ju lio del año anterior con la ocupación de Ciudad Bolívar, último
baluarte de los revolucionarios. ¿Cómo se había llegado a difundir tan
valiosa información? La respuesta se encuentra en una acuciosa inves
tigación de Nikita Harwich Vallenilla, quien mediante un trabajo casi
detectivesco logró reconstruir la historia del Trust del Asfalto desde
su origen, siguiendo la complicada trama de los intereses del consorcio.
Las denuncias formaban parte de la estrategia de un pequeño grupo
de ex directivos y empleados del Trust, quienes entre 1901 y 1902 de
bieron abandonar sus puestos de trabajo a causa de las dificultades
financieras y el proceso de reorganización de la compañía. Dicho gru
po pretendía apoderarse del negocio de la comercialización del asfal
to en Venezuela pero, para ello, era necesario orquestar una campaña
previa de descrédito de la New York & Bermudez Company, la cual
precisamente en enero de 1904 había obtenido una sentencia favora
ble de parte de los tribunales venezolanos. Por tanto, era menester
demostrar su complicidad en la revolución, lograr que se elevara una
nueva acción judicial para despojarla de sus derechos sobre la conce
sión, y tener así el camino allanado para emprender negocios en la
zona del asfalto. Uno de aquellos antiguos empleados del Trust era
Orray E. Thurber, quien se dedicó por entonces a recabar pruebas para
inculpar a la New York & Bermudez, información que constituyó la
base de los artículos de prensa publicados en El M o n ito r en 1904.
A raíz de las revelaciones en torno a la participación de la New York
& Bermudez en la Revolución Libertadora, en ju lio de ese mismo año,
el Estado venezolano introduce una demanda en contra de la empre
sa. Las declaraciones de los testigos, que fueron presentadas en los
Estados Unidos en 1905, por solicitud del tribunal venezolano que te
nía a su cargo dicho proceso, revelan los entretelones de los arreglos
celebrados con la compañía norteamericana, ratificando y ampliando
lo ya denunciado en el periódico caraqueño en 1904. Toda esta infor
Biblioteca Biográfica Venezolana
72 Manuel Antonio Matos
mación forma parte del conocido libro de Thurber, publicado en 1907,
bajo el título: The Venezuelan question. Castro and theAsphalt Trust
Frente a estas pruebas, ni Matos ni la compañía presentaron refuta
ción alguna de las declaraciones de los testigos.
Aquellos testimonios dan a conocer los pasos del conocido hombre de
negocios por las oficinas de la firma norteamericana en Caracas y Nue
va York, probando que la misma suministró dinero para la revolución y
además prestó apoyo directo a las fuerzas del ejército rebelde en la zona
del lago de Guanoco. Uno de los testigos, el secretario de Harry Bean,
señala la fecha exacta y el nombre del barco en que el banquero viajó a
Nueva York. No queda duda alguna en torno a la veracidad de este testi
monio porque hemos podido constatar que, efectivamente, Matos figu
ra en la lista de pasajeros del vapor Maracaibo, que partió el día 14 de
julio de 1901 con destino a Nueva York, tal como lo registra el periódico
El Pregonero del día 16 de julio de ese mismo año.
Ante las demoledoras revelaciones, al principal inculpado por reci
bir financiamiento extranjero para el movimiento armado contra Cas
tro no le queda otra alternativa que el silencio. El banquero se convier
te una vez más en el blanco de duros ataques, en esta ocasión por
haber aceptado dinero de una compañía extranjera para derrocar al
Gobierno venezolano. Concordando con el historiador Manuel Alfre
do Rodríguez, se hace difícil creer que “el Matos de 1901 sea la misma
persona que en 1888 se opuso” al contrato del Banco Franco-Egipcio y
que en 1897 rechazó de manera terminante la absorción del Banco de
Venezuela por la compañía alemana Disconto Gesellschañ. El banque
ro, que había agitado la bandera nacionalista en varias oportunida
des, y lo seguiría haciendo posteriormente, había sucumbido a la ten
tación de buscar ayuda económica en un m onopolio norteamericano
con tal de derribar a su más enconado enemigo.
Sin embargo, para Matos no se trataba de una acción antipatriótica,
ya que, animado por la obsesión de derrocar a Castro, todo medio que
pudiera contribuir a tal objetivo era juzgado como legítim o. Si efec
tuamos una ojeada del pasado, resulta indiscutible que en diversos
momentos se solicitó apoyo extranjero en la lucha contra la domina
ción colonial, aunque en aquel tiempo se buscó la colaboración de
gobiernos y no de compañías privadas como en 1901.
Los hilos de la conspiración 73
No conocemos ninguna explicación o justificación del protagonista
de estos acontecimientos sobre las denuncias que conmovieron a la opi
nión pública venezolana y dieron motivo a tantos comentarios de la
prensa nacional y del exterior. Sólo manifestará, reiteradamente, que la
atención de los gastos de la revolución se realizó con su “peculio perso
nal”. El dinero aportado por la compañía norteamericana fue utilizado
para la compra de un barco, sus reparaciones y, tal vez, de una parte de
los armamentos y municiones traídos desde Europa. La revolución, des
de su inicio formal en Martinica, en enero de 1902, hasta la capitula
ción de junio de 1903, requirió de ingentes sumas de dinero, muy supe
riores a lo aportado por la New York & Bermudez, que habrían sido
suministradas principalmente por Matos, quien solicitó un préstamo a
Jean Segrestáa de Burdeos e hipotecó la mayor parte de sus bienes en
Venezuela, a lo que se agregan contribuciones forzosas y aportes reali
zados por los propios caudillos participantes en el movimiento armado.
Peripecias del "barco pirata"
Volviendo al centro de operaciones en el hotel Continental de París,
a mediados de 1901 se da comienzo a las gestiones para adquirir un
barco y establecer contactos con traficantes de armas en Europa, al
tiempo que se mantiene en constante comunicación con los revolu
cionarios de Venezuela. Con respecto a la compra del barco, llamado
Ban Righ, la operación es realizada a nombre del colombiano Rodolfo
de Paula, con un costo algo superior a los 100.000 dólares suministra
dos por la New York & Bermudez Company.
Cuando se están llevando a cabo las reparaciones en los astilleros
del Victoria Dock en Londres para transformar al Ban Righ en un bu
que de guerra, surgen sospechas de parte de los funcionarios de la
aduana, lo que obliga a paralizar los trabajos. Finalmente, el p rob le
ma es solucionado gracias a la intervención de Rodolfo de Paula, quien
convence a las autoridades del puerto de que el barco había sido ad
quirido por orden del Gobierno de Colombia. Por entonces, este país y
Venezuela habían roto sus relaciones diplomáticas a consecuencia de
los persistentes conflictos entre ambas naciones.
El Ban Righ zarpa del puerto de Londres el 21 de noviembre de 1901,
al mando del capitán C. L. W illis, quien al principio desconocía las
Biblioteca Biográfica Venezolana
74 Manuel Antonio Matos
verdaderas intenciones de la expedición. Después de detenerse en
Amberes para recoger un cargamento de armas y municiones, el bar
co continúa viaje hacia el Caribe. El 9 de diciembre, Matos, junto a su
secretario privado José María Ortega Martínez, se embarca en el vapor
francés La Fayette. El día 22 de diciembre arriban ambas naves a Fort
de France en la isla de Martinica.
A mediados de noviembre de 1901 fueron descubiertos por el Go
bierno los principales hilos de la conspiración promovida por el “co
mité matista”, en la que estarían comprometidos encumbrados comer
ciantes de Caracas. Días después de la partida del Ban Righ del puerto
de Londres, el Cónsul de Venezuela en París remitió urgentes comuni
caciones a Caracas haciendo referencia a un vapor sospechoso que lle
vaba elementos de guerra, pero se ignoraba si estaban destinados a
Venezuela o Colombia. Grande es la conmoción en Caracas al conocer
se los nombres de algunos de los implicados, entre los que sobresalen
nada menos que el propio Ministro de Guerra y el Presidente del esta
do Aragua, general Luciano Mendoza. Este último protagoniza el pri
mer alzamiento el día 19 de diciembre de 1901 en las cercanías de La
Victoria, hecho que no estaba previsto en los planes revolucionarios,
ya que Matos arriba a Martinica pocos días más tarde.
Gran entusiasmo reina en Fort de France. No solamente ha llegado
con éxito el Ban Righ, sino que también se concreta el ansiado en
cuentro con parte de la plana mayor revolucionaria. A la isla llegan
figuras de la talla de Domingo Monagas, Nicolás Rolando, Pedro Eze-
quiel Rojas y Horacio Dúchame, acompañados de numerosos oficia
les. Domingo Monagas es nombrado Comandante en Jefe del vapor y
de inmediato se hace cargo de organizar a la tripulación. La revolu
ción ya cuenta con un barco de guerra y un grupo de diestros y valero
sos militares que darán inicio a las operaciones bélicas.
El día primero de enero de 1902, en una ceremonia desbordante de
alegría, es izada la bandera venezolana en el Ban Righ y el barco es
rebautizado con el emblemático nombre de Libertador, ocasión en que
se ordena subir champagne a bordo, que es bebido por los “soldados
más toscos, a pico de botella, como si se tratara del más criollo guara
po fuerte”, según el relato del capitán Willis. La ceremonia es corona
da por una salva de veinte cañonazos, tras lo cual se procede a la lectu
Los hilos de la conspiración 75
ra de la proclama de la insurrección. Todas estas actividades se reali
zan con la complacencia de las autoridades de la isla, además de dis
poner del apoyo logístico de la Compañía Transatlántica Francesa.
Mientras se concluyen los trabajos de reparación del buque, su propie
dad es traspasada a Manuel Antonio Matos. Ya no existen motivos para
ocultar la identidad del verdadero dueño del navio.
A Fort de France arriba Jean Segrestáa, hijo, procedente de Burdeos.
Según informaciones consulares, este comerciante había prestado a
Matos una elevada suma de dinero con base en la hipoteca de sus bie
nes, que estaban embargados desde noviembre de 1901 por el Gobier
no venezolano. Cuando el comerciante francés intenta desembarcar
en La Guaira para reclamar sus derechos sobre aquellas propiedades,
se le prohíbe su ingreso al país por ser considerado un “agente revolu
cionario”.
El plan, meticulosamente orquestado, contemplaba diversas fases:
en primer lugar, un nutrido grupo de jefes y oficiales ya se había in
corporado en Martinica a la tripulación del Ban Righ. Un segundo paso
consiste en recoger en Curazao a otro contingente de revolucionarios,
entre quienes destacan Gregorio Segundo Riera y Juan Pablo Peñalo-
za, para luego emprender las operaciones de desembarco de armas y
municiones en puntos determinados de la costa venezolana. Entre
tanto, Matos se dedica a enviar cartas a jefes militares situados en dis
tintas partes del país para invitarlos a participar en el movimiento
armado. La etapa marítima de la guerra debía concluir con el desem
barco del Jefe Supremo de la Revolución Libertadora en Venezuela,
hecho que ocurrirá en el mes de mayo.
Si bien la travesía del Ban Righ se desenvolvió sin mayores dificulta
des hasta su arribo a Martinica, poco después surgen desperfectos m e
cánicos que obligan a cambiar el rumbo hacia Puerto Colombia, donde
bajo el amparo de las autoridades de ese país, se efectúan trabajos de
reparación de las calderas. Buena parte de las peripecias del Ban Righ
son relatadas por el capitán W illis en un folleto publicado en 1902: The
cruise o f the Ban Righ: o r how I became a pírate. En Barranquilla, el
capitán inglés opta por huir de esta singular y peligrosa aventura.
A esa altura de los acontecimientos, el Ban Righ había sido declara
do “pirata” por el Gobierno. El “barco pirata” , también llamado “fan
Biblioteca Biográfica V enezolana
76 Manuel Antonio Matos
tasma” por el Ministro inglés en Caracas, aparecía en el Caribe con
diversas banderas, unas veces venezolana y otras británica o colom
biana, según lo exigieran las circunstancias. Para capturarlo, se auto
rizó a “embarcaciones corsarias públicas o privadas” de Venezuela o
de cualquier otra nación, ofreciéndose el navio, su carga y 2.000 libras
como recompensa, de acuerdo con información del Foreign Office.
Mientras tanto el Ban Righ va bordeando las costas de Venezuela para
distribuir tropas y parque. En su trayecto se da un enfrentamiento con
el vapor Crespo, cuya tripulación debe rendirse ante la superioridad
de fuego del “barco pirata” . Encarnizados combates se libran en varios
puntos de la isla de Margarita y frente a las costas orientales. En el mes
de marzo el Ban Righ se encuentra anclado en Trinidad, esta vez con el
nombre de Bolívary bandera colombiana, donde se efectúan los prepa
rativos finales para el desembarco en territorio venezolano.
77
La ultima guerra civil
El 29 de abril, en la proclama de Puerto España, Manuel Antonio
Matos declara que la Revolución Libertadora no es la obra de un par
tido, “ni mucho menos de una aspiración personal, es la resultante
de la desesperación de todo un pueblo contra el tirano que, de vio
lencia en violencia, y de desacierto en desacierto, lo ha conducido al
estado de desprestigio, de ruina y de vergüenza en que se halla hoy
postrada Venezuela” . Seguidamente, anuncia los nombres de los je
fes de los “ejércitos libertadores” que se han unido a la causa del
m ovim iento revolucionario, dejando a un lado rivalidades y diferen
cias políticas.
El Director Supremo de la Revolución Libertadora aspira a la consti
tución de un gobierno amplio, respetuoso y garante de las libertades
públicas y sustentado en el equilibrio de dos partidos fuertes y respe
tables con “programas y propósitos nacionales, que involucren la feli
cidad de la patria” ; partidos “que se vigilen, se corrijan y se alternen
en el ejercicio del Poder” , en el marco de la vigencia plena de los dere
chos ciudadanos.
La pluralidad de fuerzas políticas y poderes regionales que confluye
en la Revolución Libertadora es un rasgo que caracteriza este movi
miento, apoyado además por importantes factores económicos den
tro y fuera del país. Se trata de una amplia coalición que reúne a las
Biblioteca Biográfica Venezolana
78 Manuel Antonio Matos
figuras más representativas del caudillismo venezolano frente a la
amenaza del centralismo castrista.
Los recursos de que disponen los insurgentes son cuantiosos, desde
el financiamiento aportado por la New York & Bermúdez Company
hasta el apoyo del Ferrocarril Alemán que se niega a trasladar tropas
del gobierno y protege en cambio a las fuerzas revolucionarias; tam
bién la Orinoco Steamship colabora con la Libertadora para el trans
porte fluvial; la compañía del Cable Francés se encarga de entorpecer
las comunicaciones oficiales y, como si todo esto fuera poco, el movi
miento armado goza de las simpatías de las autoridades de Trinidad y
Martinica. Por otra parte, el poder de fuego de los revolucionarios es
muy superior al del Ejército castrista, gracias al moderno armamento
adquirido en Europa.
Domingo Monagas, Nicolás Rolando, Luciano Mendoza, Gregorio Se
gundo Riera, Juan Pablo y José Manuel Peñaloza, Amàbile Solagnie,
Francisco Batalla, Rafael Mondila, Pedro, Alejandro y Horacio Duellar
ne y Zoilo Vidal, son los exponentes más destacados de aquella conste
lación de caudillos que aglutina el Ejército Libertador. Con relación al
espectro de la alianza revolucionaria, Ramón J. Velásquez resalta la
participación de “viejos y jóvenes, andinos y orientales, centrales y
falconianos, liberales amarillos y nacionalistas”. Hasta el ex rector de
la Universidad de Caracas, Santos Dominici, se integra como médico
cirujano a las filas revolucionarias, y muchos son los estudiantes que,
animados por su rechazo al autoritarismo de Cipriano Castro, deci
den incorporarse a la lucha.
La coalición estaba asentada ciertamente en la capacidad de Manuel
Antonio Matos para obtener recursos bélicos, pero también se funda
ba en su prestigio como representante del viejo Liberalismo amarillo
y figura reputada por sus habilidades en el terréno de las finanzas y
consistentes vinculaciones en Venezuela y en el exterior.
La guerra se extiende con rapidez y en pocos meses los insurgentes
llegan a controlar gran parte del territorio venezolano. Entretanto,
comienza a adquirir un papel destacado el general Juan Vicente Gó
mez, quien obtiene varios triunfos significativos sobre la Libertadora,
aunque es herido cuando estaba intentando la toma de Carúpano en
abril de 1902, por lo que se ve obligado a retirarse a Caracas.
La ultima guerra civil 79
El 15 de mayo se produce el esperado desembarco de Matos en Güí-
ria y, pocos días después, desde Campano, convoca a la insurrección
general contra el despotismo de Castro. A finales del mes de julio, la
Libertadora da muestras de un poder extraordinario frente a un go
bierno que no cuenta con recursos suficientes para oponerse al movi
miento revolucionario que se fortalece día a día. Desde Oriente y Occi
dente convergen las tropas hacia Villa de Cura, donde habrá de reunirse
un ejército de 14.000 hombres.
El Jefe Supremo del Ejército Libertador, quien también exhibe el tí
tulo de Jefe del Gobierno Provisional de la República, dicta el 21 de
mayo de 1902, desde Campano, un decreto suprimiendo el treinta por
ciento adicional que gravaba las mercaderías importadas procedentes
de las Antillas. Tal medida se adopta por considerar que el enfrenta
miento bélico dificultaba el tráfico con Europa y el de cabotaje con los
principales centros del comercio en Venezuela.
En la primera fase de la revolución, la familia de Matos permanece
en Caracas, a excepción del hijo mayor, Manuel Antonio, que partici
pa en la guerra como Jefe de Edecanes. Por entonces, María Ibarra debe
afrontar constantes y apremiantes solicitudes de dinero para solven
tar necesidades urgentes de la guerra. Con ese fin, en varias oportuni
dades recurre a la ayuda de Manuel J. Acedo, administrador de los
bienes de su esposo. Para evitar que ciertos secretos pudieran caer en
manos del enemigo, decide quemar papeles relativos a la revolución
que se encontraban en la casa de Caracas. Finalmente, el Gobierno
ordena, aunque “con cortesía”, la expulsión de la señora y sus hijas,
Mary, Anastasia y Brígida, quienes hacia marzo de 1902 se encuentran
en Curazao. Desde la isla, María Ibarra continúa enviando remesas de
dinero a Venezuela para la compra de armas y se comunica mediante
mensajes cifrados con algunos de los jefes revolucionarios.
Es evidente que Matos, convertido en general de brigada en tiempos
de Guzmán Blanco, en una guerra en la que prácticamente no comba
tió, carecía de experiencia y dotes militares. Sin embargo, en la etapa
organizativa de la insurrección demostró poseer talento para el dise
ño de un plan de acción que fue puesto en práctica paso a paso con la
racionalidad característica del “hombre fuerte” de las finanzas. Pero
no estaba preparado para la guerra en su escenario real, en la que se
i Biblioteca Biográfica Venezolana
80: Manuel Antonio Matos
requiere liderazgo, conocimiento del terreno y dom inio de las tácti
cas bélicas. Por esta razón, prefiere ostentar el título de Jefe Supremo
de la Revolución, mientras Domingo Monagas ejerce el mando m ili
tar, en su condición de Jefe del Estado Superior de la Jefatura Suprema
del Ejército. Se trata de un carismàtico caudillo, hijo de José Gregorio
Monagas, y una figura de excepcional capacidad en materia militar.
El Segundo Jefe es Luciano Mendoza y luego siguen los comandantes
generales de los doce cuerpos del Ejército; generales Nicolás Rolando,
José A. Hernández, Gregorio S. Riera, Amàbile Solagnie, Lorenzo Gueva
ra, Antonio Fernández, Gregorio Cedeño, José Pinto, Luis Crespo Torres,
Rafael Montilla, Santiago Sánchez y Espíritu Santo Morales.
Manuel Antonio Matos había ideado la división en cuerpos del Ejér
cito para suprimir toda referencia a determinados estados o regiones,
y m inim izar así la incidencia de las rivalidades internas. De esta ma
nera, los voluntarios se integrarían a dichos cuerpos según sus prefe
rencias y simpatías. Si bien todos los comandantes debían responder a
un mando unificado, con frecuencia asomaban celos y diferencias entre
los jefes militares, para quienes la convivencia dentro de la gran coali
ción revolucionaria era una experiencia inédita.
Las disputas entre los caudillos exigían la presencia de un “ árbitro
situado en la cúspide” que, en opinión de Julio Calcaño Herrera, Ede
cán de la Jefatura Suprema, estaba personificado en el director de la
revolución, figura que reunía las cualidades necesarias para conver
tirse en el futuro Presidente de la República.
Sin embargo, el problema central no residía tan sólo en llegar a la
casa de Gobierno, sino en tener la aptitud para conducir un país pla
gado de discordias y conflictos. Todo propósito de unificar de modo
auténtico al país requería de la actuación de un político con liderazgo
para mantener cierto equilibrio entre las fuerzas en pugna, una auto
ridad capaz de dominar los poderes regionales. Cabe entonces la pre
gunta: ¿Estaba realmente Manuel Antonio Matos en condiciones de
cumplir ese papel? El curso de los acontecimientos no perm itió que
fuera sometido a esa prueba, el desenlace fue otro.
En todo caso, el hombre de negocios, financista y varias veces Minis
tro, se dispuso a desafiar con aplomo los rigores de las largas marchas
y las penurias de la guerra. Padeció de disentería, enfermedad que lo
La última guerra civil 81
obligó a mantenerse bajo cuidado médico durante su permanencia en
Urica. A pesar de todo, seguía allí, persistente y tenaz, impulsado por
el objetivo de derrocar a Cipriano Castro y convertirse en el nuevo
Presidente.
En medio de los sinsabores de la guerra, conservó algunas costum
bres de su vida cotidiana. A lom o de muía era transportada una baila
dera, además de frascos de agua de colonia y un neceser. Casi nunca
dejaba de usar sombrilla y guantes, que se habían convertido en los
signos distintivos del Jefe Supremo de las fuerzas revolucionarias.
A causa de sus “hábitos mantuanos” no gozaba de las simpatías de
buen número de soldados y oficiales, según lo refiere Andrés Brito,
capitán del Ejército Libertador. Sin embargo, este mismo oficial reco
noce que el General se distinguía por sus dotes de administrador, por
su elevada posición económica, “su honorabilidad, su filiación neta
mente liberal y sus extensas y valiosas relaciones”. Por tales atributos
era aceptado como el Jefe de la Revolución con capacidad para poner
en práctica una brillante administración de Gobierno, “con honradez
y sin intenciones continuistas” .
Entretanto, en las altas esferas públicas la zozobra crece día a día.
Ante la magnitud de los ejércitos enemigos, Castro resuelve encabe
zar las operaciones bélicas en ju lio de 1902, dejando a Juan Vicente
Gómez encargado de la Presidencia. Gracias a su aureola de “hombre
victorioso” , la participación directa del caudillo tachirense en la gue
rra comunica entusiasmo a sus tropas, desalentadas por los reveses y
la escasez de recursos. El punto de concentración de las fuerzas de la
Restauración es La Victoria, apenas con 6.000 soldados frente a los
14.000 del Ejército Libertador reunido en Villa de Cura, cuya superio
ridad en materia de armamentos era indiscutible.
Derrota en La Victoria
En Villa de Cura se decidirá la suerte de la Revolución Libertadora.
Domingo Monagas, el más avezado de los caudillos, ve con claridad el
horizonte y ofrece sus juiciosos consejos: “No olvides Manuel Antonio
que por ningún motivo debemos pelear en La Victoria; allí nos va a
esperar Castro, hay que flanquearlo en esa plaza; debemos batirlo don
de nos convenga y no donde él quiere” . Como si presintiera su inm i
Biblioteca Biográfica V enezolana
82 Manuel Antonio Matos
nente desaparición, repite esa advertencia en varias ocasiones. Enfer
mo de disentería y postrado en Maturín, hace construir una litera para
trasladarse hasta Zaraza porque quería evitar a toda costa que triunfa
ra el proyecto de algunos generales de marchar hacia La Victoria “a
cambiar tiros con el enemigo atrincherado en esa plaza fuerte, y así
botar ese parque que tanto trabajo nos ha costado reunir y m ovilizar” .
Domingo Monagas muere el primero de septiembre, casi dos meses
antes del desenlace de la guerra. La Libertadora pierde así no sólo al
Jefe del Estado Mayor, sino también a uno de sus caudillos más enérgi
cos y diestros en materia militar. Su muerte se convierte en un temi
ble presagio para el Ejército más grande y mejor dotado de cuantos se
habían conocido en la historia venezolana, que en breve será someti
do a la prueba decisiva. Juan Pablo Peñaloza es designado para suce
der al caudillo oriental en la jefatura del Ejército.
Las rivalidades entre los jefes militares no tardan en emerger. La
impaciencia y las presiones para acelerar la marcha hacia el encuen
tro del enemigo se acrecientan. Luciano Mendoza, Segundo Jefe del
Ejército, y otros generales no comparten la opinión del desaparecido
caudillo oriental y consideran más conveniente el ataque en La Victo
ria. En cambio, Matos está persuadido de que la marcha hacia Cara
cas, atravesando los valles del Tuy, ofrece mayores garantías de triun
fo porque dicha plaza había quedado desguarnecida.
Para dirim ir tales diferencias, el Jefe Supremo convoca un Consejo
de Guerra en Villa de Cura, que resuelve adoptar el proyecto del g en e
ral Mendoza y confiarle a éste su ejecución. Manuel Antonio Matos,
opuesto a ese plan, salva su voto y hace constar por escrito su posición.
En el episodio de Villa de Cura se exterioriza la ausencia de unidad de
mando. El Jefe Supremo desempeña una especie de dirección política
del movimiento, pero la conducción de la guerra está bajo el control
de los caudillos. Como agravante, Matos no se siente con autoridad
suficiente para contradecir los criterios de los jefes militares. En aque
llos momentos, debió recordar la conversación sostenida con Guzmán
Blanco en París, cuando en 1893 se estaba proyectando un movimien
to revolucionario contra Crespo. Luciano Mendoza, aquel “simple gue
rrillero”, como sentenció Antonio Guzmán Blanco, tenía ahora en sus
manos el futuro de la Revolución Libertadora.
La última guerra civil 83
Sobrada razón tuvo el caudillo Domingo Monagas. No era conveniente
enfrentar al ejército enemigo en La Victoria. Mientras las tropas de la
Revolución Libertadora se aproximan al encuentro definitivo, el gene
ral Castro tiene todo dispuesto para rechazar el ataque que comienza
el 13 de octubre. Inmediatamente se suma a la lucha el general Juan
Vicente Gómez, encargado del Poder Ejecutivo. El Ejército Restaura
dor, casi desprovisto de parque, recibe el día 18 un tren cargado de
municiones que logra atravesar las columnas enemigas. Este hecho
comunica gran entusiasmo a los combatientes, bajo la veterana jefa
tura de Cipriano Castro, que mantiene una compacta línea defensiva.
Mientras la Libertadora ha perdido a Domingo Monagas, el más caris
màtico de sus generales, en las filas restauradoras hay una sola y enér
gica voz de mando que transmite fuerza y arrojo.
En medio del fragor de la batalla, Matos no deja de estar acompaña
do de su famosa sombrilla. Julio Calcaño Herrera relata que el General
se hizo presente en la línea de fuego varias veces. El primer día “subió
a uno de los cerros de la Curia, y como de costumbre abrió su parasol”.
Uno de sus colaboradores, ante la “lluvia de plom o” que caía sobre el
grupo, le manifestó: “General, permítame que le observe que el quita
sol de usted es un m agnífico blanco”. En otra ocasión, Luciano Mendo
za debió suplicarle: “General, cierre el quitasol, porque está sirviendo
de blanco y nos van a matar a todos” .
Los combates y los constantes tiroteos se prolongan a lo largo de tres
semanas. Durante el interminable asedio a La Victoria, el Ejército de
la Libertadora no logra articular un ataque combinado y simultáneo
en todos los frentes, en tanto que las municiones se van agotando en
reiteradas refriegas. Entre el primero y dos de noviembre, sorpresiva
mente, varias columnas, una de ellas comandada por el propio gene
ral Gómez, realizan una exitosa operación envolvente que abre una
brecha en las filas de los revolucionarios. Ante la gravedad de la situa
ción, Matos ordena la retirada que es transmitida a los oficiales por
Lino Duarte Level: “Los de Oriente para Oriente y los de Occidente para
Occidente” .
En la mañana del 2 de noviembre se inicia la marcha de los diferen
tes cuerpos de ejército, para dirigirse cada uno de ellos hacia sus re
giones de origen con el compromiso de reorganizar las tropas y con
: Biblioteca Biográfica Venezolana
84; Manuel Antonio Matos
verger hacia el centro, cuando estuvieran dadas las condiciones para
reanudar la lucha. Durante la retirada, calificada como “dolorosa e
impresionante” por Calcaño Herrera, se desvanecen las esperanzas de
lograr un rápido triunfo. Tres m il muertos quedan en el campo de la
batalla más larga de la historia venezolana.
El general Matos, abatido por la derrota, se encamina con sesenta
hombres hacia Nirgua y luego prosigue con dirección a la costa. En
Boca del Tocuyo, el general Eladio Ramírez pretende acomodar al jefe
de la Libertadora en uno de los botes más veloces. En medio del pesar
que lo agobia y, tal vez, iluminado por un presentimiento, Matos le
señala a Ramírez: “Aun cuando me ha recomendado éste como más
rápido, no sé por qué quiero irme en el otro”. Después del cambio de
embarcación, el General, junto a su hijo Manuel Antonio, logra llegar
a Curazao sin contratiempos, mientras el otro bote estaba todavía frente
a las costas de Chichiriviche sin haber podido avanzar, por lo que sus
ocupantes fueron capturados y conducidos a Puerto Cabello.
Después de la retirada, los ejércitos de Occidente se encontraban
bastante debilitados y con muchos esfuerzos lograron defender la pla
za de Barquisimeto del ataque enemigo. Por su parte, Nicolás Rolan
do, nombrado en Cagua Jefe de Estado Superior de los Estados Orien
tales, en la mañana del 2 de noviembre, concentró sus fuerzas en la
región de Barlovento. Este valeroso caudillo continuará combatiendo
al régim en de Cipriano Castro hasta ju lio de 1903.
El papel del controversial Manuel Antonio Matos al frente del movi
miento revolucionario ha dado lugar a encontradas opiniones. Una
crítica demoledora acerca de su actuación es presentada por Jacinto
López. Este acérrimo enem igo del General tachirense también lo es
del jefe de la Libertadora, a quien califica de “personaje extravagante,
vanidoso, petulante, jactancioso y engreído” . Argumenta que siem
pre se abrió camino gracias a la influencia que le brindaba su dinero.
Agrega que, de no haber disfrutado de su gran fortuna, no habría
sido jamás el jefe de la revolución por estar dotado de un “cerebro de
ganso” . De manera terminante expresa: “Cuando Castro es la tiranía
y Matos la libertad es porque Venezuela ha caído muy abajo en el
abismo de la decadencia” . Sin duda, se trata de una versión extrema
damente apasionada.
La última guerra civil 85
Distinta es la opinión de Julio Calcaño Herrera, quien da a conocer
con mucho tino y criterios de mayor objetividad sus impresiones so
bre el papel político y m ilitar del Jefe Supremo de la Revolución Li
bertadora:
Por otra parte, Matos, hombre social, culto, de relevantes méritos personales y recono
cido financista, estaba mejor preparado para d irig ir la República ya encarrilada en el
camino de la paz desarrollando un movimiento de verdadero progreso, más que todo
p or sus variadas residencias en las grandes ciudades europeas y su espíritu asimilador.
Pero como Jefe de una Revolución armada carecía de los arrebatos heroicos y geniales,
tan necesarios en los conductores de multitudes que luchan p o r grandes ideales. Le falta
ban esos golpes maestros que transforman una derrota en un triunfo y que hacen que un
hombre sólo con su cabeza y su constancia, sea la máxima representación de todo un
ejército. Matos era un buen modelo de hombre civil.
El segundo final
Un mes después de la retirada de La Victoria se produce un hecho
que contribuye a debilitar todavía más a la Libertadora. A raíz de las
exigencias de pago de deudas pendientes y reclamaciones por perjui
cios sufridos por extranjeros residentes en Venezuela, fuerzas navales
de Gran Bretaña y Alemania inician el 9 de diciembre de 1902 el blo
queo de las costas venezolanas, operaciones a las que se une Italia el
día 12 de ese mes. Las hostilidades se prolongarán hasta febrero del
año siguiente.
A fin de ampliar su base de apoyo interno, Cipriano Castro decreta
una amnistía general y ordena la liberación del Mocho Hernández,
quien decide apoyar al Presidente en su resistencia frente al ataque
extranjero, lo que ocasiona la división del Partido Liberal Nacionalis
ta, ya que buena parte de sus miembros opta por proseguir la revolu
ción. El Presidente maneja con habilidad el conflicto y exalta el senti
miento nacionalista de la población. En muchos puntos del país se
producen manifestaciones en rechazo a la agresión foránea. Prolife-
ran declaraciones en defensa de la independencia y soberanía de Ve
nezuela. La popularidad de que había gozado el m ovimiento armado
a lo largo del año 1902 se va debilitando con rapidez y, más aún, cuan
do comienzan a difundirse rumores acerca de la presunta conniven
Biblioteca Biográfica Ven ezolan a
86 Manuel Antonio Matos
cia de los revolucionarios con las potencias bloqueadoras, hecho que
naturalmente predispone a la opinión pública contra la causa de la
Libertadora, aun cuando no se han hallado pruebas documentales acer
ca de la existencia de dichos contactos, en opinión de Karl Krispin.
El 11 de diciembre dirige Matos una comunicación a los generales
Hernández Ron, José Manuel Peñaloza y Nicolás Rolando, indicando
que Cipriano Castro “al declararse en guerra contra Alemania e Ingla
terra, en vez de atender a la deuda legal que le reclaman, agrava las
desgracias de Venezuela”. Por tanto, “hacernos cómplices de él, sería
condenar a Venezuela a la esclavitud y la vergüenza” , siendo deber de
la revolución continuar la lucha contra un hombre que “todo lo ha
envenenado y corrompido” para poner a salvo la dignidad, el honor y
el bienestar de la nación.
En una circular del 23 de diciembre de 1902, expresa que el blo
queo presenta dos fases: “una, la del cobro de sumas de dinero pen
dientes por falta de pago oportuno; y la otra, la de reclamaciones
varias con m otivo de perjuicios recibidos por extranjeros residentes
en la República” . Con respecto al prim er punto, sostiene que toda
deuda legítim a debe ser satisfecha y, con relación al segundo, opina
que es prim ordial respetar los tratados suscritos con las naciones
extranjeras.
En el mismo documento señala que las potencias bloqueadoras han
manifestado a los Estados Unidos que las acciones navales no tienen el
propósito de invadir ni usurpar parte alguna del territorio nacional.
En consecuencia, no habría razón “para que nuestro patriotismo se
alarme de otra manera que para deplorar el conflicto actual y sus efec
tos inmediatos” . Pero que, de no ser cierta tal aseveración, el “ Gran
Ejército Libertador llevará la vanguardia en defensa de la Soberanía
Nacional, cual cumple a nuestro deber supremo para con la Patria” .
En un ambiente dominado por las pasiones, esta posición no contri
buye precisamente a salvar la imagen de la revolución, enfrentada al
surgimiento de un fuerte sentimiento nacionalista. El General estaba
en una encrucijada, corría el riesgo cierto de aparecer suscribiendo
una posición antinacional pero, al mismo tiempo, sabía que deponer
las armas significaría alentar el triunfo absoluto del gobernante. De
hecho, la mayor parte de los generales de la Libertadora opta por el
La última guerra civil 87
camino de proseguir la lucha contra Cipriano Castro, pese a que el
bloqueo se había convertido en un factor que estaba horadando la
popularidad del movimiento. Asimismo, la opinión de Antonio Pare
des es contraria al Presidente, de quien afirma que estaba utilizando
el conflicto con otros estados para lograr que los partidarios de la Li
bertadora abandonaran sus filas, aunque también juzga con severi
dad el papel desempeñado por Matos en dicho movimiento.
A pesar de las dificultades que lo asedian, el General exiliado en
Curazao se empeña en reorganizar las fuerzas de la Libertadora, de
acuerdo a lo convenido con los comandantes militares en la mañana
de la retirada de La Victoria. Quedaban todavía focos revolucionarios
en Coro, Barquisimeto, Guárico y Carabobo, aunque se trataba en la
mayor parte de los casos de pequeños contingentes. Distinta era la
situación en la región oriental donde la guerra continuaba encendida
al mando de Nicolás Rolando.
Al desembarcar Matos en las cercanías de Tucacas, el 30 de abril de
1903, surgen algunas expectativas con respecto al futuro de la revolu
ción. De hecho, unas semanas atrás se había logrado traer armas y
municiones desde Curazao Chico, pero el optimismo se desvanece al
comprobarse que el General venía solo y sin pertrechos. A poco de
arribar éste a Tucacas, aparecen en la costa dos barcos y tres goletas
del Gobierno que transportan tropas, bajo el mando de Juan Vicente
Gómez. Ante esta amenaza, Matos logra introducirse en un vagón del
tren y, solamente acompañado de una muía, se dirige hacia Aroa. Re
lata Calcaño Herrera que la partida del tren que conducía al General
fue “saludada” con el “primer cañonazo de los vapores”. En Aroa, se
reúne con Peñaloza, sigue luego a Barquisimeto, donde se encuentra
con Solagnie y Montilla. A llí se decide que, de no ser posible la resis
tencia al ataque del ejército enemigo que avanzaba triunfante desde
Tucacas, se replegarían todos hacia Coro, con el objeto de sumarse a
las fuerzas de Riera. En efecto, tras duros combates, Peñaloza, Solag
nie y Montilla se ven obligados a desalojar Barquisimeto, plaza que es
ocupada por el general Gómez, quien con celeridad inicia la marcha
hacia Coro para coronar su victoriosa campaña.
El Jefe de la Libertadora que se traslada de Tucacas a Aroa, y luego a
Barquisimeto y Coro no parece ser el mismo General del Ban Righ, el
I Biblioteca Biográfica Venezolana
88 1Manuel Antonio Matos
que hacía la guerra con quitasol y guantes y se exhibía con altivez al
frente de un gran ejército. Matos había cambiado, es indudable. Esta
vez arriba a Tucacas en la más angustiosa soledad, se desplaza al fren
te de reducidos grupos de soldados e intenta reorganizar el ejército de
Occidente. Ahora se está pareciendo más a un guerrillero que a la fi
gura soberbia del Jefe Supremo que marchaba en octubre de 1902 al
encuentro de Cipriano Castro en La Victoria.
El segundo intento contrasta con la opulencia de armamentos que
había ostentado el alzamiento durante el año anterior. En esta oportu
nidad, los recursos son escasos y las esperanzas de reorganizar la revo
lución se esfuman rápidamente. El 3 de junio, los generales Matos y
Riera se enfrentan en Matapalo con Juan Vicente Gómez. Cuando la
batalla ya estaba perdida, Matos escribe un mensaje al jefe de las filas
enemigas proponiendo un armisticio. Riera, contrario a la capitula
ción, al conocer las intenciones del Jefe Supremo impide que dicha
nota llegue a su destinatario. Tras la derrota, Riera extrae de su bolsi
llo el mensaje que había interceptado y se lo muestra a Matos, dicién-
dole: “General, lo guardo para la historia”.
Después de la batalla de Matapalo, se reúnen los generales de Occi
dente en Mirimire, donde se resuelve concluir con la lucha. Tras licen
ciar las tropas, el 10 de junio, Peñaloza, Riera, Solagnie y Matos se
embarcan rumbo a Curazao.
Seguramente, en medio del pesar que lo agobia, el General reflexio
na en torno a la inevitable decisión y, una vez en la isla, el día 11 de
junio, da a conocer una proclama, con cuyo contenido no están de
acuerdo algunos de los jefes militares refugiados en Curazao, en la
que reconoce la derrota y el fin de las hostilidades: “El patriotismo
que guió ayer nuestros pasos nos impone hoy el deber de cesar una
guerra que sería larga y llena de angustias para la fam ilia”. “La pacifi
cación a pasos violentos” , como rezaba un titular de El Constitucio
nal, había logrado su objetivo final. Para Matos había concluido la
empresa más temeraria de su existencia.
Habían transcurrido casi dos años desde que abandonó un 14 de ju
lio suelo venezolano para viajar a Nueva York y negociar el financia-
miento de la New York & Bermudez Company. Luego siguió la compra
del Ban Righ en Europa, la travesía hacia el Caribe, las operaciones en
La última guerra civil 189
las costas venezolanas, el desembarco en Güiria, el avance arrollador
hasta Villa de Cura y, después... se inició el desastre. Había hecho gran
des esfuerzos para reorganizar las fuerzas dispersas en Occidente, ob
tener armas y municiones, pero todo concluyó en el fracaso.
Aun cuando todavía existía voluntad para proseguir la lucha de parte
de algunos de los jefes militares, el encendido espíritu revolucionario
de otros tiempos se estaba extinguiendo. Entretanto, Nicolás Rolando
no se rinde y continúa resistiendo en la región oriental hasta que Juan
Vicente Gómez, después de un asedio de varios días, logra tomar la pla
za de Ciudad Bolívar el 21 de julio de 1903. Concluye así la última gue
rra civil en Venezuela y con ella sucumbe el caudillaje histórico.
La larga espera
Después del triunfo de Juan Vicente Gómez en Ciudad Bolívar, se
inicia la etapa de pacificación bajo el dominio de Cipriano Castro.
Muchos de los integrantes y simpatizantes del movimiento armado
son reducidos a prisión, mientras que otros más afortunados logran
huir al exterior, donde esperan pacientemente la caída del régimen o
planifican nuevos alzamientos.
El general Matos permanece largo tiempo con su fam ilia en Cura
zao. El reencuentro con su esposa e hijos le permite recuperarse en
parte de la dolorosa experiencia de la derrota. Quizá, en los predios de
Miraflores se tejían conjeturas acerca de los motivos de su prolongada
estancia en la isla caribeña. Su posterior viaje a Bogotá y sospechosas
conexiones colombianas pudieron despertar suspicacias entre sus
enemigos. ¿Temía aún Cipriano Castro al “esfinge de Curazao”?, inge
nioso apodo con que Henri Romain se refirió en 1904 a Matos en el
periódico bogotano El Santo y Seña.
En correspondencia dirigida a Pedro Ezequiel Rojas, el General deja
asomar aún en abril de 1904 ciertas ilusiones de un eventual derroca
miento del Presidente. ¿Estaría nuevamente envuelto en alguna cons
piración el infatigable y enigmático exiliado? Hacia el mes de octubre
se difunden algunos rumores sobre una presunta confabulación con
tra el mandatario venezolano, hecho que desde luego provoca sobre
I Biblioteca Biográfica Venezolana
921 Manuel Antonio Matos
saltos en los círculos del poder. Sin embargo, las circunstancias no se
muestran favorables para aventuras revolucionarias, ya que, precisa
mente, durante aquel año se publican los impactantes artículos de El
Monitor, denunciando la vinculación de la New York&Bermudez Com-
pany con la Revolución Libertadora.
Además de los problemas políticos, preocupa también a Matos la
situación de sus bienes, embargados desde noviembre de 1901: 33
propiedades en Caracas, algunas de ellas desocupadas y otras arren
dadas, y las haciendas Guanasna, Caricuao y El Rosal. A mediados de
1904, llega a su fin el ju icio entablado por la Procuraduría General de
la Nación contra el jefe de la Libertadora, quien debía pagar al Tesoro
24.178.638 de bolívares para resarcir al Gobierno por sus gastos para
restablecer el orden público trastocado por el m ovimiento revolucio
nario. Al parecer, no es el juicio por los bienes embargados el único
m otivo de su estadía en las cercanías de Venezuela, ya que dichos
asuntos podían ser atendidos por su apoderado y sus administrado
res, sin que fuera necesaria su intervención personal. De modo que
podemos suponer que habría otras razones que lo obligan a perma
necer en Curazao.
A riesgo de que la opinión pública tachara su actitud de indiferencia
cobarde, no podía desprenderse de la responsabilidad de haber sido el
director de una revolución en la que participaron miles de combatien
tes, muchos de ellos recluidos en las cárceles. Por ello debía, en aten
ción a su propia reputación moral y política, emprender alguna acción
a favor de los que estaban padeciendo las consecuencias de la derrota.
En julio de 1904 dirige un manifiesto al Congreso Nacional solicitan
do la excarcelación de los presos políticos y la restitución de las liberta
des individuales, derechos ciudadanos y libre goce de sus legítimas pro
piedades a aquéllos que participaron en la pasada guerra y a los que
fueron objeto de sospechas de estar simpatizando con la revolución.
Sustentaba la petición en las propias palabras del Presidente que había
proclamado la “fraternidad de todos los venezolanos” después de tan
tas confrontaciones, odios y derramamientos de sangre. No dejó de r e
cordar que también el Gobierno en ejercicio tenía su origen en “un pu
ñado de hombres que se rebelaron contra la Autoridad”. Afirm a en el
escrito, además, no haber tenido ningún tipo de nexo o compromiso
con los bloqueadores extranjeros, subrayando que siempre asumió la
defensa firme y enérgica de la “independencia y supremacía” nacionales.
El Congreso, después de examinar el extenso documento, decide
pasarlo a los tribunales para que se determinaran previamente las res
ponsabilidades civiles y políticas del peticionario con relación a los
sucesos de la Libertadora. Laureano Vallenilla Lanz, quien tenía dos
hermanos prisioneros en el Castillo de San Carlos, comenta con sar
casmo en El Pregonero la solicitud de Matos, a quien califica de “po
bre m illonario”, asomando la sospecha de que su interés por obtener
la libertad de los encarcelados fuera sólo un pretexto para recuperar
sus bienes y retornar al “goce de sus rentas” .
Los ataques contra Matos no cesan. En el transcurso de 1905 se difun
de el contenido de las declaraciones de los testigos interrogados en los
Estados Unidos en el caso de la demanda del Estado venezolano por el
financiamiento de la New York & Bermudez Company. Bastante alar
mantes son las acusaciones formuladas en el periódico The New York
Herald, del 5 de febrero de aquel mismo año, en torno a la presunta
complicidad de la Revolución Libertadora con las naciones extranjeras
en 1902 y la intención de entregar a Alemania la isla de Margarita, y a
Inglaterra otros territorios insulares, algunos ubicados en las bocas del
Orinoco. Desde Bogotá, donde se encuentra desde mediados de 1904, el
General desterrado niega de modo terminante la existencia de tales
acuerdos y enfatiza que jamás se hubiera prestado a compromisos que
pudieran implicar la “desmembración del suelo patrio”. Esta enfática
respuesta contrasta con su silencio sobre las denuncias del financia
miento de la New York & Bermudez Company. Así como no desmintió
públicamente las irrefutables pruebas sobre la concertación de acuer
dos con la compañía norteamericana, sí negó de manera rotunda en
diversas oportunidades haber tenido vinculaciones con el bloqueo naval.
A mediados de 1905, para la tranquilidad del gobernante venezola
no, su más enconado enemigo abandona el exilio en Bogotá, desde
donde se marcha resignado a Europa. En París establece residencia
primero en 51, Avenue d’Antin y luego en 14, Quay de Passy.
Por el momento, no hay posibilidad alguna de cambios políticos en
Venezuela. Las medidas represivas se han intensificado y cada vez son
más los presos y exiliados del régimen. Entretanto, el General espera
Biblioteca Biográfica Venezolana
94 Manuel Antonio Matos
algún acontecimiento imprevisto que modifique el panorama político.
Su tiempo transcurre entre París y algunos viajes a Evian, Biarritz y Niza.
Está finalizando el año 1908, cuando se produce la inesperada sepa
ración de Cipriano Castro de la primera magistratura. El 24 de no
viembre, éste se embarca rumbo a Europa para someterse a una inter
vención quirúrgica. La providencial circunstancia es aprovechada por
los enemigos que, dentro del Gobierno, pretendían imponer un cam
bio de timón. A las ambiciones del vicepresidente Juan Vicente Gómez
se une la presión internacional encabezada por el Secretario de Esta
do norteamericano. Así es como el 19 de diciembre se lleva a cabo el
golpe de Estado. Bajo el pretexto de que Cipriano Castro había promo
vido un complot para atentar contra la vida del general Gómez, aquél
es suspendido en el ejercicio de sus funciones presidenciales.
Manuel Antonio Matos se entera de la sorprendente noticia en Fran
cia. ¡Había sucedido lo imprevisto! El júbilo en la Costa Azul es incon
tenible. El General, instalado en el hotel Majestic de Niza, recibe a
finales de diciembre la visita de un reportero del periódico Petit Niçois,
posiblemente la primera entrevista concedida a la prensa tras divul
garse los acontecimientos de Caracas. El hombre que dirigió el gran
m ovimiento revolucionario contra Castro no puede ocultar su emo
ción al conversar sobre el futuro de Venezuela. Juzga como positiva la
conformación del gabinete, expresión del interés por establecer la con
ciliación entre los diversos elementos políticos del país, lo que contri
buirá a revivir el crédito en toda la nación. Elogia las dotes militares
del general Juan Vicente Gómez, quien se había distinguido por su
valor en la guerra en que ambos fueron adversarios.
El nuevo mandatario venezolano ordena la liberación de los presos
políticos e invita a los exiliados a retornar al país. El 24 de septiembre
de 1909 desembarca en La Guaira Manuel Antonio Matos, la figura
más emblemática de la oposición contra Castro. En el marco del clima
de armonía que se estaba promoviendo, Francisco González Guinán, a
cargo de la cartera de Relaciones Exteriores, propicia la “rehabilita
ción política” de su antiguo amigo, vencido en la Libertadora precisa
mente por el general Juan Vicente Gómez. Afirm a el Canciller que, al
saber que Matos había arribado a La Guaira, le preguntó al Presidente
cuándo quería recibirlo y éste le contestó: “Ahora m ism o”. Con celeri-
La larga espera 95
dad se dirige González Guinán en un coche, acompañado de José Ma
ría Ortega Martínez, a la estación del ferrocarril inglés, donde le ma
nifiesta al recién llegado que el general Gómez tenía interés de reunir
se con él de inmediato. Ambos se trasladan a Miraflores, donde en
términos “sinceros y cordiales” se celebra la entrevista con Juan Vi
cente Gómez. Los antiguos contendores en el campo de batalla se es
tán aproximando en el marco de la política de conciliación promovi
da por el Gobierno. Así es como el Jefe de la Revolución Libertadora es
introducido a la “Causa de la Rehabilitación”.
Otra vez Matos es noticia en Caracas. Pocos días después de su llega
da es entrevistado por un reportero del periódico Sancho Panza, quien
lo describe con los mismos rasgos que “las revistas extranjeras lo pre
sentaron a la curiosidad universal” después de la batalla de La Victo
ria: expresión de señorío “a lo Napoleón III” , con un acento “mitad
imperativo, mitad altivo” y una “delgadez de hombre fuerte, con el
semblante de diputado oposicionista” . En la entrevista expresa su jú
bilo ante el retorno de la libertad y las garantías ciudadanas gracias al
derrocamiento del mandatario que hizo víctima a Venezuela de sus
“malas pasiones y sus perversas inconsecuencias”. Se refiere al gene
ral Gómez como un gobernante con “corazón de león y alma de niño;
con todas las cualidades de un hombre sencillo, capaz de hacer la feli
cidad” de la nación. Es evidente que el experto financista no se desta
caba precisamente por el acierto de sus predicciones políticas.
97
El gabinete délas ilusiones
En el nuevo ambiente resucitan los políticos de viejo cuño liberal,
los mismos que habían integrado la Libertadora, propiciando ahora la
candidatura presidencial de Juan Vicente Gómez para el próximo pe
ríodo constitucional. Un extraordinario evento se celebra el 10 de oc
tubre de 1909. No había transcurrido siquiera un mes desde que Ma
tos regresó al país, y ya se encuentra pronunciando un discurso, en
medio de entusiastas aplausos, en el que exalta el patriotismo que
anima a los concurrentes al promover la candidatura del hombre que
ha devuelto las libertades públicas a la nación venezolana. Se refiere a
su antigua idea sobre la necesidad de dos partidos políticos alternán
dose en el poder “merced al libre goce de la acción ciudadana en los
comicios populares” . Este propósito político no habrá de materializar
se, al aflorar más adelante la voluntad autocràtica del general Gómez.
Al finalizar el acto se constituye el Directorio del Partido Liberal de
la capital. En primer lugar aparecen los nombres de las más connota
das figuras de la Libertadora: Manuel Antonio Matos, Gregorio Segun
do Riera, Juan Pablo Peñaloza y Nicolás Rolando. La inclinación a fa
vor de la candidatura de Juan Vicente Gómez es unánime. Éste agradece
el “espontáneo” apoyo de quienes lo están postulando para la Presi
dencia, a la vez que proclama sus intenciones de forjar la armonía
política de la nación. ¿Qué habrá pensado realmente el “hombre de La
Biblioteca Biográfica Venezolana
98. Manuel Antonio Matos
Mulera” ante esa congregación de antiguos liberales, muchos de ellos
sus adversarios de años no muy lejanos? Por el momento había que
maniobrar con habilidad y poner en práctica un juego político de
amplitud y tolerancia. Para el general Gómez, la “resurrección” de
aquellos integrantes de la agonizante corriente liberal era un buen
comienzo. Le servirán para consolidar la fase inicial de su régimen
hasta que pueda construir una base de poder propia y, entonces, ha
brá tiempo para apartarlos de su entorno político.
En este juego de habilidades e ilusionismos, el golpe de Estado con
tra Cipriano Castro se transforma, en la fantasía de los políticos y cau
dillos de otrora, en la “Revolución de Diciembre”, y Juan Vicente Gó
mez, el jefe andino que acompañó al Presidente desterrado y contribuyó
de manera decisiva a derrotar a la Libertadora, en el adalid de la “revo
lución”, promotor de la “concordia” y abanderado del Liberalismo.
Ambiente festivo reina en los círculos de la antigua oposición al ré
gimen de Cipriano Castro, ahora convertido en una sombra errante
que vaga por el continente europeo. Matos toma posesión nuevamen
te de los bienes que le habían sido confiscados durante los años ante
riores. Afirm a que debió efectuar elevados gastos para “reparar los
grandes descalabros y destrozos” que habían sufrido algunas de sus
propiedades.
Afínales del año 1909, en la calle Norte 2 No. 19, entre las esquinas de
Santa Capilla y Mijares, residencia de Manuel Antonio Matos, se obser
va un animado ambiente. Dos grandes lienzos de Arturo Michelena pre
siden el salón principal. Alrededor de quince años atrás, el renombrado
artista, ya en la cúspide de la fama, había retratado al General, a su
esposa e hijas, como era moda por entonces en ciertas esferas sociales.
Otros retratos, pintados por los celebrados Martín Tovar y Tovar, Anto
nio Herrera Toro y Federico Brandt, realzan el sobrio y señorial estilo de
la mansión. Los ventanales ostentan un elegante grabado que represen
ta su monograma, especie de blasón familiar. Casualmente, el mismo
sitio en que vivió el forjador de la moderna banca nacional forma parte
hoy del gran edificio ocupado por el Banco Central de Venezuela.
Después de siete años de silencio, la residencia de Altagracia recupe
ra su antiguo movimiento. Hay gran despliegue de luces, vajilla y cris
talería como en los viejos tiempos. En los carnavales de 1910 se cele
}
El gabinete de las ilusiones ¡99
bra una suntuosa fiesta, en honor de Mary, una de las hijas del Gene
ral. Las damas más distinguidas de la sociedad caraqueña están pre
sentes en el evento. El proverbial señorío de la fam ilia vuelve a ser
motivo de comentarios y elogios. A fines de marzo, los dueños de casa
se preparan para un nuevo festejo. Esta vez se organiza un espléndido
banquete para homenajear al Presidente de la República. En el agasajo
resaltan la refinada decoración y la presencia de la orquesta dirigida
por Eduardo Richter.
En la acera de enfrente se encuentra el Club Venezuela, posiblemen
te en la misma sede donde funcionó el Club Unión. Dicho centro so
cial ocupa la casa que había pertenecido al Marqués de Mijares, la cual
fue adquirida por Matos en los años ochenta a la fam ilia de Reynaldo
Hahn, célebre compositor venezolano que nació en esa misma man
sión en 1874. Al parecer, el Club Venezuela no pagaba alquiler debido
al interés de Matos de promover sus actividades. Éste recomendó a sus
herederos que mantuvieran esa misma consideración, por lo que el
reconocido club continuó instalado allí por muchos años.
Canciller del Centenario
Para sorpresa de algunos, no se le ofrece a Matos el Ministerio de
Hacienda, cargo que había desempeñado tres veces a finales del siglo
anterior. Sin embargo, sí se estaba pensando en contar con los servi
cios de tan emblemática figura. A l modificarse el gabinete en abril de
1910, es designado para ocupar la cartera de Relaciones Exteriores.
Inicia sus gestiones con los preparativos de la celebración del Cente
nario de la Independencia. Este acontecimiento se convierte en esce
nario propicio para la reunión del Congreso Boliviano, el día 5 de ju
lio de 1911, evento al que concurren distinguidos representantes de
Bolivia, Colombia, Ecuador y Perú. Excelente ocasión para el lucimiento
del mundano y señorial Manuel Antonio Matos.
Los actos del Centenario adquieren más brillo aún con la ceremonia
solemne en la que se deposita el Acta de la Independencia, hallada a la
sazón en Valencia, en un arca que reposará en el Salón Elíptico del
Capitolio. Entre los presentes destaca nada menos que el nieto del ge
neral español Pablo Morillo, como símbolo de amistad de las dos na
ciones. Una nota pintoresca se introduce con el desfile de un cuerpo
Biblioteca Biográfica V enezolana
100'ManuelAntonio Matos
de Húsares, integrado por un grupo de jóvenes, descendientes de los
mantuanos que participaron en la lucha por la Independencia.
En la inauguración del Congreso Boliviano, el Ministro pronuncia un
discurso en el que subraya el imperio de la Unión y Fraternidad entre
los pueblos del continente. En las sesiones de dicho Congreso se suscri
ben varias convenciones que permiten estrechar vínculos en materia
postal, de telégrafos, patentes y privilegios de invención, comercio, ex
tradición, vías de comunicación, entre otros acuerdos firmados por los
representantes de las cinco naciones integrantes del Congreso.
Desde el golpe de Estado de diciembre de 1908, el Gobierno gomecis-
ta había comenzado a norm alizar sus relaciones internacionales y
promover las inversiones extranjeras, mientras renacía la confianza
de los capitalistas. Después de la accidentada diplomacia de los tiem
pos de Cipriano Castro, se inicia una política de acercamiento con los
Estados Unidos, en la que se inscribe la visita del Secretario de Estado,
Philander Knox, a Venezuela, quien se encuentra de gira por varios
países latinoamericanos. Se trata de un hecho sin precedentes, ya que
es la primera vez que llega al país en misión oficial un funcionario
norteamericano de esa categoría.
El día 22 de marzo arriba el Secretario de Estado con su comitiva. Su
visita motiva la preparación de un extenso programa con diversos ac
tos en Caracas, Maracay, San Mateo, Valencia y Puerto Cabello. Un fas
tuoso banquete es celebrado en Miraflores con la presencia de la e re
ma y nata de la sociedad. De los 86 invitados, sobresalen representantes
de los círculos mercantiles y financieros, conocidos propietarios de
haciendas, algunos artistas e intelectuales, ministros extranjeros y
exponentes destacados del Directorio del Partido Liberal, otra vez, Juan
Pablo Peñaloza, Nicolás Rolando y Gregorio Segundo Riera. Doce miem
bros de la fam ilia Matos están presentes en el agasajo: el Canciller, su
hijo Manuel Antonio, su cuñado Martín H. Pérez y los sobrinos José
Antonio y Luis Olavarría Matos, y Enrique Pérez Matos, todos ellos acom
pañados de sus respectivas esposas.
Riguroso protocolo y formal etiqueta caracterizan la recepción con
que se obsequia al Secretario Knox en Miraflores. Manuel Antonio
Matos, en su condición de Ministro de Relaciones Exteriores, preside
el acto oficial, exaltando en su discurso la obra fecunda del Panameri-
El gabinete de las ilusion es 101
canismo, además de resaltar que la apertura del Canal de Panamá re
presentaba un factor de unión para los pueblos de América. Por su
parte, Knox subraya que los obstáculos de la distancia, la diversidad
de origen y la diferencia de idiomas se desvanecen con la calurosa
acogida que se le ha tributado: “El sajón del norte y el hispano del Sur
se juntan como asociados en la causa común del progreso y de la paz” .
La visita de Knox sella el restablecimiento de amistosas relaciones en
tre ambos países.
El contrato con Bolo Pachá
En coincidencia con la gestión del Canciller del Centenario, tiene
lugar una seria controversia a raíz del intento de introducir capitales
extranjeros en la banca venezolana. Desde el comienzo del régimen
gomecista se había ido acrecentando la influencia de un nuevo perso
naje en los medios financieros cercanos a la Presidencia: Román Del
gado Chalbaud. A fin de concretar la creación de un Banco Comercial,
Agrícola e Hipotecario, en 1911 es designado Agente Fiscal de Vene
zuela en Europa. En París entabla contactos con la firm a Crédit Français
y con la casa Louis Dreyfus a través de Paul Marie Bolo (Bolo Pachá),
empresario francés envuelto en multiplicidad de negocios turbios. Sus
afanosas diligencias tienen resultados positivos en breve tiempo, como
lo revela la celebración del contrato con Bolo Pachá para establecer el
Banco Nacional de Venezuela con un capital de Bs. 30.000.000. Este
instituto ejercería funciones como auxiliar de la Tesorería mediante
un crédito en cuenta corriente por Bs. 15.000.000, a la baja tasa de
interés de cinco por ciento anual.
Como era previsible, el contrato de Delgado Chalbaud levanta un
vendaval en el círculo de los financistas locales, muchos de los cuales
se oponen terminantemente a su aprobación, por estimar que consti
tuía una especie de “servidumbre fiscal” en beneficio de capitales fo
ráneos que representaban un peligro para el manejo de las rentas na
cionales. Lo más significativo es que se trató de un ataque directo a los
intereses del Banco de Venezuela que, desde 1890, se desempeñaba
como agente auxiliar de la Tesorería.
Este asunto se convierte en motivo de discusiones dentro del gabine
te. Como lo había hecho tantas otras veces, Matos expresa su opinión
Biblioteca Biográfica Venezolana
102 Manuel Antonio Matos
contraria a ese tipo de contratos. Por su parte, Vicente Lecuna, m iem
bro del Banco de Venezuela, afirma que es muy peligroso entregar a
una compañía extranjera la administración de las rentas públicas. Para
impedir la concreción del proyecto sostiene conversaciones privadas
con el ministro Román Cárdenas, a quien manifiesta que, de firmarse
el contrato con Bolo Pachá, el Presidente de Venezuela “abdicará más
de la mitad de su poder, porque en caso de divergencia él no tendrá
fuerza suficiente para contrarrestar la influencia de una compañía
francesa respaldada por los cañones de Francia” . Ese mismo argumen
to es utilizado por Matos para persuadir a Juan Vicente Gómez de la
inconveniencia de instalar un instituto de tal naturaleza. A fines de
1911, el espinoso problema queda resuelto con la anulación del polé
mico proyecto. Como había ocurrido en anteriores oportunidades, el
Banco de Venezuela celebra un nuevo contrato en condiciones más
favorables para el Gobierno en cuanto al monto del crédito y las tasas
de interés.
Después de superado este conflicto, el general Gómez se dirige a
Maracay, donde permanece durante varios meses. Ni siquiera está pre
sente en los actos que se celebran en Caracas en honor de Knox, a quien
recibe en su residencia de la ciudad aragüeña. Aún flotaban en los
corrillos de la sociedad caraqueña los comentarios sobre la elegante y
memorable recepción de Miraflores, cuando sorpresivamente, a fines
de abril de 1912, Juan Vicente Gómez solicita la renuncia de todos los
miembros del gabinete. De esta manera, comienza a desmoronarse la
frágil alianza con el moribundo Liberalismo amarillo y se va perfilan
do el creciente autoritarismo del régimen gomecista, que se define en
1913 con la disolución del Consejo de Gobierno. Algunos de los anti
guos aliados de la Libertadora, como Juan Pablo Peñaloza y José María
Ortega Martínez, se lanzan a la oposición. Matos ya no volverá a ocu
par ningún cargo público ni tendrá un rol protagónico en el escena
rio político nacional.
103
La nueva generación
de banqueros
Retirado a su vida privada, Matos se dedica a la atención de los nego
cios bancarios. Con interés examina las reformas fiscales puestas en
práctica, desde que en 1913 Román Cárdenas asumiera la cartera de
Hacienda. El Ministro se propone reorganizar las finanzas públicas, in
troduciendo orden y regularidad en la percepción y administración de
los ingresos. Con tal fin, se establece que la liquidación de los impues
tos quedaría a cargo de los funcionarios de Hacienda, mientras que la
recaudación sería responsabilidad de las agencias del Banco de Vene
zuela, el cual pasaría a ser “perceptor de las Rentas Públicas”. Por tanto,
el instituto estaba obligado a marchar con la misma eficacia con que
funcionaba el riguroso sistema de administración de los ingresos pú
blicos. Allí es donde precisamente reside el origen de algunas pugnas
que habrán de suscitarse en el seno del Banco de Venezuela en 1915.
Como la entidad presentaba pérdidas en algunas de sus cuentas, se
considera la aplicación de urgentes medidas para eliminar tales irregu
laridades y lograr la rápida recuperación de su capital y el restableci
miento de su fondo de reservas. Por ello, el Ministro de Hacienda propo
ne la renovación de los miembros de la directiva del instituto. Matos, de
acuerdo con esta sugerencia, se encarga de elaborar un proyecto con la
finalidad de establecer un sistema de rotación para la designación del
Presidente del banco, quien estaría obligado además a elaborar un in
1Biblioteca Biográfica Venezolana
104¡ManuelAntonio Matos
forme periódico que sería evaluado tanto por la Junta Directiva como
por la Consultiva. El objetivo consistía en reforzar los controles y dismi
nuir el personalismo en las acciones de los funcionarios.
La posición de Matos no es nueva, ya que en 1910 había hecho una
propuesta semejante en el Banco Caracas. A fin de impedir arbitrarie
dades, planteó en aquella ocasión la adopción del sistema de alterna-
bilidad en los cargos, de modo tal que se actuara con mayor prudencia
y se evitara así la “dictadura de un individuo”. Con el mismo propósi
to estaba intentando en 1915 desplazar de la dirección del Banco de
Venezuela a ciertas figuras que se habían eternizado en los puestos
claves, y que representaban serios obstáculos para la modernización
del organismo.
Después de prolongadas discusiones, el ministro Cárdenas logra la
renuncia de la antigua directiva y la elección de Vicente Lecuna como
Presidente del banco. Para el Gobierno era fundamental contar con
funcionarios incondicionales en la entidad, que aseguraran el cum
plimiento de las metas fiscales. La centralización de las finanzas pú
blicas debía estar acompañada por un sistema similar en la adminis
tración del agente auxiliar de la Tesorería.
Con relación a la designación de Lecuna, aparentemente Matos no
tiene reservas. Su preocupación reside en la reforma de los estatutos
con el objetivo de imponer la no reelección para el período inmedia
to; la alternancia de los cinco directores en la Presidencia y la acción
efectiva de la Junta Consultiva como cuerpo de control de la Directiva.
Su proyecto es debatido y aprobado, pero anulado luego por el Juzga
do de Comercio a instancias de algunos miembros del banco. Este he
cho no es del agrado de Matos, quien decide publicar todos los docu
mentos relativos a las discusiones llevadas a cabo. De seguidas se hace
sentir la presión oficial, ya que el Encargado de la Presidencia de la
República le exige el retiro de dicho folleto de la imprenta, orden que
acata con resignación. Por un momento, pareció retornar el espíritu
polémico e impulsivo que lo había caracterizado en épocas pasadas,
pero en esta oportunidad se dio por vencido rápidamente. Venezuela
es otra y el banquero está más viejo y cansado. Ni siquiera le queda la
opción de embarcarse rumbo a Europa, allí está encendida la guerra y
el conflicto amenaza con prolongarse.
La nueva generación de banqueros 105
De hecho, el sistema de rotación que se pone en práctica en el Banco
de Venezuela en los años siguientes no es el propuesto por su funda
dor y, desde 1919, Vicente Lecuna permanece al frente de la Directiva
durante una década completa.
En esas circunstancias comienza a declinar la influencia de Matos
en el Banco de Venezuela. Sus opiniones ya no tienen la gravitación de
antaño, al tiempo que va quedando relegado en su tradicional papel
de consejero económico. La cartera de Hacienda está a cargo de Ro
mán Cárdenas, un competente profesional en materia fiscal. Por su
parte, Vicente Lecuna demuestra singular capacidad para adaptarse a
las nuevas exigencias del régimen.
En aquellos años, Matos continúa siendo accionista de los Bancos
Venezuela y Caracas y de otras importantes compañías anónimas, ade
más de poseer títulos de la deuda pública venezolana y, posiblemente,
también valores públicos y acciones de empresas ubicadas en el ex
tranjero. En Caracas es propietario de la próspera compañía del Ase
rradero y Venta de Maderas, ubicada de Solís a Caño Amarillo. Tam
bién es dueño de buen número de casas y algunas haciendas, como La
Elvira, El Rosal, Caricuao y La Majada.
En el ambiente político del gomecismo, el otrora poderoso hombre
de las finanzas va siendo apartado. Sus pareceres tienen escaso eco, a
pesar de sus intentos por hacerse escuchar, como cuando en 1916 re
dacta un documento que ostenta el pomposo título de: “Memorán
dum del General Manuel Antonio Matos”, en el que recomienda que
Venezuela se declare a favor de los aliados, mientras que el Gobierno
gomecista estaba inclinado por la neutralidad. Entretanto, el banque
ro sigue con mucho interés los acontecimientos de la contienda mun
dial que ha trastocado el orden económico internacional.
En aquellos años, el negocio bancario se había m odificado sustan
cialmente. Al concluir la Primera Guerra Mundial, el Banco de Vene
zuela estaba operando en un mercado financiero con mayor compe
tencia, aunque mantenía el privilegio de contar con el “cliente” más
poderoso del país. En los años de la guerra habían ingresado capita
les extranjeros con la instalación de varias agencias bancarias de ori
gen británico y norteamericano, lo que contribuyó a la ampliación
de las fuentes de financiamiento. Por entonces, estaban en proceso
Biblioteca Biográfica V en ezolan a
106 Manuel Antonio Matos
de declinación las antiguas casas de comercio alemanas, afectadas
por las “listas negras” auspiciadas por los Estados Unidos e Inglate
rra, como parte de la estrategia de boicot a los intereses germanos en
el continente americano.
Por otra parte, el capital bancario se desenvuelve en un ambiente
más favorable para los negocios, en el marco del orden y de la estabili
dad reinante, a lo que se une la regularización del pago de la deuda
pública. Todo ello contribuye a despertar confianza y crear las condi
ciones que convierten a Venezuela en atractivo escenario para los in
versores extranjeros. El aumento de los ingresos públicos, gracias a la
reorganización de la Hacienda y a la explotación petrolera, posibilita
que Venezuela disfrute de una inusual solvencia económica, al punto
de que el Tesoro llegó a abandonar su condición de deudor para con
vertirse en “depositante” del Banco de Venezuela. Había quedado atrás
la época en que los gobiernos exigían adelantos de dinero e imponían
empréstitos forzosos, como había ocurrido en el siglo XIX y en los bo
rrascosos tiempos de Cipriano Castro.
107
El consejero no tiene quien
lo escuche
Una gran expansión del comercio internacional se produce tras la
conclusión de la contienda europea. Sin embargo, desde principios
del año 1920 comienzan a aflorar algunos síntomas que auguran in
minentes desequilibrios económicos. Las operaciones mercantiles cre
cen y los comerciantes utilizan el sistema de crédito con mayor inten
sidad. En este ambiente económico, la directiva del Banco de Venezuela
decide aumentar el capital a Bs. 24.000.000. Esta medida es presenta
da a los accionistas como un signo de avance y modernización, que
redundaría en la difusión del uso del papel moneda, por considerar
que todavía persistía cierto rechazo a su utilización, lo que era un
indicador de la permanencia de criterios tradicionales con respecto al
sistema de circulación.
Manuel Antonio Matos, a pesar de su avanzada edad, no deja de par
ticipar en las asambleas del Banco de Venezuela y polemizar en torno
a asuntos concernientes a la marcha de sus negocios. Fundamenta sus
opiniones en la “práctica y experiencia” que había acumulado desde
el año 1870, a lo que agrega su “paternal interés por ese instituto”
creado por su propia iniciativa varias décadas atrás. No podía despren
derse de los cuidados de aquella criatura que había traído al mundo y,
por tanto, se resistía a todo cambio que pudiera afectar la solidez de
dicha entidad bancaria.
Biblioteca Biográfica Ven ezolan a
108 Manuel Antonio Matos
A su juicio, dicho aumento de capital constituía una medida muy
peligrosa en un ambiente económico internacional de gran inestabili
dad. Argumenta que, a consecuencia de la Primera Guerra Mundial,
el valor del oro y de la plata se había elevado, ocasionando una fuerte
depreciación monetaria en los países que habían acrecentado la emi
sión. En el caso de incrementarse al doble el capital del Banco de Vene
zuela, el mercado se vería inundado con billetes y, por tanto, cual
quier trastorno podría precipitar a los particulares a cambiarlos por
metálico, disparando así el valor del oro.
El experimentado banquero avizora la crisis económica que se aproxi
ma, cuyos signos emergen a mediados del año 1920, como resultado
de las perturbaciones derivadas del proceso de transición hacia la paz,
especialmente por la brusca caída de la demanda mundial tras la sa
turación de los mercados, que aún no se habían recuperado de los
efectos de la guerra. Como consecuencia de estos desajustes, el institu
to sufre una fuerte crisis, al disponer de un exceso de fondos que no
puede colocar en el mercado, por lo que resulta imprescindible dise
ñar una nueva estrategia para ajustar las condiciones de los créditos.
La depresión de las actividades mercantiles, que llega a su punto más
álgido en 1921, demuestra que Matos había tenido razones valederas
al oponerse al aumento de capital por los peligros derivados del exce
so de emisión en un entorno económico inestable.
Además de estar inform ado de todo lo concerniente a la marcha de
los institutos bancarios del país, se dedica pacientemente a escribir
sus memorias, tarea que había iniciado en 1917. A l redactar y selec
cionar documentos relacionados con su trayectoria como hombre pú
blico, comienza a añorar los viejos tiempos en que era una figura
destacada, el “hombre fuerte” de las finanzas y el máximo protago
nista de la Libertadora. Una pregunta lo obsesiona todavía: el porqué
del fracaso de la revolución. Le angustia no poder volver sobre sus
pasos y cambiar el curso de la historia. Atrás quedaron los días del
poderoso jefe revolucionario al frente de aquel imponente ejército.
¿Cómo explicar que el triunfo estaba casi al alcance de la mano y, sin
embargo, la guerra se perdió? Necesita nuevos testimonios que le per
mitan dar a conocer a la posteridad que la responsabilidad de la de
rrota no fue suya.
El consejero no tiene quien lo escuche 109
De esta inquietud afloran en su memoria los nombres de Santos Do-
mínici y Félix Ambard, testigos de los hechos. Les solicita en 1921 que
traten de recordar las opiniones de Domingo Monagas sobre la mar
cha del ejército a La Victoria. Ambos amigos ratifican por escrito que
el Caudillo se oponía a la determinación de algunos generales de ata
car aquella plaza y, en cambio, pretendía ordenar el avance hacia Ca
racas por los Valles del Tuy. Santos Domínici afirma que ese era justa
mente el mismo plan concebido por Matos en Puerto España. Estos
testimonios le bastan por el momento. Por lo demás, la decisión final
quedó en manos de un Consejo de Guerra reunido en Villa de Cura.
Sin embargo, referirse a aquellas aciagas circunstancias no es placen
tero. La pluma se resiste a describir la historia de la derrota, no impor
ta de quién haya sido la culpa.
Su estado de ánimo está muy afectado desde la muerte de su hijo
Manuel Antonio en París y, con esfuerzo, trata de concentrarse en la
redacción de las memorias. Los años van transcurriendo ahora con
más lentitud. Su agitada vida de otro tiempo se ha esfumado y no
tiene muchas ocupaciones que le permitan llenar la vida cotidiana.
Su existencia transcurre entre Antímano, Caracas y las largas tempo
radas en Macuto. La rutina se interrumpe con algunos viajes a Francia
para las tradicionales “curas” de Evian.
En la medida en que sus responsabilidades disminuyen, se involu
cra en asuntos que eran más bien de la competencia del administra
dor de sus bienes. En 1922 entabla una larga polém ica por la forma
de pago de los títulos de la Deuda Diplomática de Venezuela, em i
sión 1905, de los que era poseedor. En defensa de su posición, dirige
numerosas cartas a Juan Vicente Gómez, al Ministro de Hacienda y
al director del Royal Bank o f Cañada, discusiones que se prolongan
durante varios meses. Concluido satisfactoriamente el asunto, se
marcha a finales de ese año a Macuto, porque el aire frío lo obliga “ a
la práctica de las golondrinas” . Se hallaba satisfecho por haber gana
do la partida.
También se ocupa de problemas relativos a los linderos de sus pro
piedades. Es el caso de la hacienda La Elvira que da lugar a un prolon
gado litigio con un propietario vecino, hecho que m otiva el envío de
una serie de cartas al general Gómez para presentar sus quejas por la
Biblioteca Biográfica Venezolana
110 Manuel Antonio Matos
sentencia dictada por los tribunales que era contraria a sus intereses.
El conflicto llega a tener tal magnitud que, en una ocasión, el vecino
lo amenaza con un rifle, mientras Matos saca a relucir un revólver.
Otro incidente se suscita con José Manuel Sánchez, convertido años
más tarde en un destacado empresario, quien adquirió en 1919 la
propiedad contigua a la casa de Matos en Antímano. Tras acordar
ambos que este últim o se encargaría de levantar una pared diviso
ria, se inicia una fuerte discusión respecto a su ubicación. Ante los
reclamos de Sánchez, acompañado de un joven abogado amigo, el
anciano General llegó a exclamar con voz acalorada: “ ¡Bribón, cana
lla...!” . Después de un rato se disculpa, aunque todavía con tono arro
gante: “ ¡Ustedes deben de estar complacidos de este arrebato mío,
que demuestra que aún corre sangre juvenil en mis venas, pero de
todas maneras quiero que sepan que no he querido ofender a ningu
no de ustedes!”. Como era habitual, no podía resistirse a sus impulsi
vas reacciones.
Su atención no se focaliza tan sólo en asuntos vinculados con sus
propiedades, también utiliza sus buenas relaciones con el general
Gómez para interceder por algunos de sus amigos perseguidos por el
régimen. Así es como aboga por el regreso del prominente médico
Luis Razetti, exiliado en Curazao, donde debió permanecer durante
casi un año por haber presentado una denuncia sobre la elevada tasa
de mortalidad infantil en Venezuela, hecho que fue considerado un
“acto sedicioso” por la dictadura gomecista.
Igualmente, su intervención tiene positivos resultados en el caso de
Francisco González Guinán, cuyos diez primeros tomos de la Historia
Contemporánea de Venezuela fueron publicados en 1909, aunque lue
go la obra quedó inconclusa por haber caído su autor en desgracia con
el régimen. Una oportuna carta de Matos logra que en 1925 sean edi
tados los tomos restantes.
Al crearse en aquel año el Banco Venezolano de Crédito, el aumento
de la circulación de billetes se constituye una vez más en motivo de
desvelos para nuestro personaje. Frente a la autorización solicitada
por dicho banco para em itir billetes, expresa su opinión contraria
debido a los peligros que se derivarían para la estabilidad monetaria.
Estos argumentos son calificados por Henrique Pérez Dupuy, uno de
El consejero no tiene quien lo escuche 111
los fundadores de dicho instituto y además directivo del Banco de Ve
nezuela, como la expresión de “ideas anticuadas” que no se adapta
ban a la evolución de los nuevos tiempos. Matos insiste en la inconve
niencia de continuar autorizando la creación de bancos con facultades
emisoras y aprobar incrementos de capital para los ya existentes, a fin
de evitar el exceso de circulación de billetes que, “al sobrevenir el menor
tropiezo, habrían de quedar inconvertibles y reducidos a peor condi
ción que el papel de estraza” . Según este criterio, la circulación mone
taria de cada país debía estar determinada por su movimiento comer
cial, ya que cu alqu ier exceso en la em isión de billetes podría
desembocar en la inconvertibilidad de los mismos.
Esta era la misma posición que el fundador del Banco de Venezuela
venía sosteniendo insistentemente desde hacía muchos años, y que
había esgrimido en 1920, cuando la directiva de dicho instituto apro
bó un apreciable incremento de capital. En cambio, la nueva “genera
ción” de banqueros, algunos de cuyos exponentes eran Lecuna y Pérez
Dupuy, representaba ideas más novedosas en esa materia que se dife
renciaban de los clásicos planteamientos en torno a los límites de la
emisión. A pesar de las prevenciones de Matos, se agregaría en 1926 la
fundación del Banco Mercantil y Agrícola, al que también se otorgó la
facultad de emisión.
Para reforzar sus argumentos y demostrar que sus recomendacio
nes sobre temas bancarios no estaban guiadas por ningún interés
personal, dirige una carta al Presidente en 1925, afirmando que ya
no era accionista de ninguna entidad bancaria ni tampoco de socie
dades anónimas, a excepción de la C.A. Venezolana de Navegación,
empresa controlada por Juan Vicente Gómez. Resulta sorprendente
esta inform ación porque ello significa que en los últimos tiempos
había estado vendiendo parte de sus bienes y que ya ni siquiera con
servaba las acciones del banco del que fue fundador. Es posible que,
para tomar tal decisión, haya considerado la circunstancia de su avan
zada edad.
En ese mismo año coloca en venta la casa que fuera sede de la Com
pañía Guipuzcoana en La Guaira, de la que era propietario, por la
suma de cien m il bolívares. La primera oferta es presentada al propio
Presidente de la República, dándole a conocer las ventajas de la ubi
Biblioteca Biográfica Venezolana
112 M anuel Antonio Matos
cación de este edificio que, hasta el momento, había estado alquilado
a la Prefectura.
Un consejo muy significativo se refiere a la necesidad de crear un
Ministerio especial para la atención de la higiene y beneficencia, se
gún las indicaciones del Congreso Sanitario celebrado en Cuba. Evi
denciando estar muy bien informado de lo que acontecía en otros paí
ses de la región, señala en 1925 que Argentina, Chile y Brasil contaban
ya con ministerios de esa naturaleza, por lo que estima de interés que
el Congreso se encargue de dictar una ley sobre la materia con el obje
to de enfilar acciones para el mejoramiento de las condiciones sanita
rias y asistenciales.
113
Los últimos consejos
Ahora que el General no tiene cargos públicos y poco a poco se ha
ido desprendiendo de sus acciones de entidades bancarias y otras em
presas, sus ocupaciones se circunscriben cada vez más al ámbito de la
vida doméstica. Recostado en su mecedora y cubierto por una manta,
desde el corredor de su casa de Antímano se dedica a observar el paso
de peatones y automóviles. Además de atender con esmero un magní
fico jardín, muy elogiado en la época, otra parte de su tiempo está
consagrada a la redacción de cartas y más cartas que llegan a M iraflo
res, probablemente sin encontrar demasiados lectores interesados.
Las periódicas estadías en su casa del Litoral, Guaicamacuto, le per
miten conocer de cerca los trabajos de ampliación de la carretera Ca
racas-La Guaira y estar al tanto de los adelantos de las obras, a la vez
que no deja de dar recomendaciones sobre la conveniencia de realizar
determinadas reparaciones y labores de limpieza en algunos sitios ale
daños a esa carretera. Desde su residencia de Antímano dirige nutrida
correspondencia al Presidente para tratar, con la misma vehemencia
con que discutía relevantes problemas económicos, asuntos que eran
de la competencia de las autoridades municipales. Entre sus muchas
quejas, refiere que se había visto obligado a comprar dos escobas del
Aseo Urbano para barrer la calle y evitar el polvo ocasionado por el
continuo tráfico de automóviles, e incluso critica los trabajos realiza
Biblioteca Biográfica Venezolana
114 Manuel Antonio Matos
dos en la vía pública por la falta de buenos desagües y la mala calidad
del cemento. Hasta llega a sugerir el nombramiento de un nuevo Ins
pector General de Obras Públicas, detallando además las aptitudes
indispensables para desempeñar tal cargo.
Aunque ya no es accionista, está al tanto de los mínimos detalles
sobre los montos de emisión de los Bancos de Venezuela y Caracas.
Cualquier irregularidad en sus cuentas motiva la inmediata redacción
de una carta para prevenir al titular de Hacienda sobre las amenazas
que se podrían derivar de tales excesos.
La vida del banquero había transitado a lo largo de un tiempo carga
do de constantes cambios. Allá por el año 1859, en Nueva York, cono
ció el ferrocarril, medio de transporte que años más tarde se estable
ció también en Venezuela. Ya en el siglo XX, mientras los carruajes
pasaban de moda, se fue imponiendo el automóvil por las calles de
Caracas. Dos lujosos modelos de la época le pertenecieron. El progreso
continúa su marcha y en medio de la euforia de los “años locos” se
difunde la increíble aventura de la aviación. Precisamente, el año 1928
se inicia con la gran novedad del arribo del aviador norteamericano
Charles Lindbergh a Venezuela, después de haber realizado la hazaña
del primer vuelo sobre el Atlántico sin escalas.
La visita motiva varias celebraciones en Caracas en las que el ban
quero no podía estar ausente en su condición de miembro del Comité
Venezolano de la Sociedad Panamericana. En esa oportunidad, esa
institución organiza un almuerzo en homenaje a Lindbergh en los
salones del Caracas Country Club, situado en ese tiempo en Bella Vis
ta, donde se hacen presentes los más connotados exponentes de la
sociedad caraqueña.
Habían transcurrido pocos días desde que Lindbergh abandonó el
país, cuando el aparente sosiego político se ve bruscamente interrum
pido por las agitadas celebraciones de la Semana del Estudiante en la
Universidad Central, entre el 6 y 12 de febrero. Los pronunciamientos
contra la dictadura gomecista concluyen con el apresamiento de un
numeroso grupo de estudiantes, quienes son reducidos a prisión y,
muchos de ellos, obligados a realizar trabajos forzados en las carreteras.
Dada la exagerada medida represiva adoptada contra los jóvenes, se
organizan varias protestas para reclamar su libertad, entre ellas un
Los últimos consejos 115
telegrama enviado por Rafael Arévalo González que le significó una
prisión de cuatro años en el Castillo de Puerto Cabello, después de
haber pasado buena parte de su existencia recluido en las cárceles
durante el Gobierno de Cipriano Castro y luego con Gómez. Eduardo
Michelena destaca en sus relatos sobre la vida caraqueña que hubo
hombres que, “apoyados en su gran posición social y en su nombre
público, como el General Manuel Antonio Matos, se atrevieron a pedir
a Gómez la libertad de esos jóvenes”.
Abandonando su ostracismo político, en el que se había mantenido
desde su salida del Ministerio de Relaciones Exteriores en 1912, el
anciano demuestra gran indignación por la prisión de los estudian
tes. Cuenta su hija Mary, en una entrevista para el periódico Últimas
Noticias del 14 de enero de 1947, que al conocer el castigo aplicado a
los jóvenes por orden de Gómez, exclamó: “Es un salvaje, estamos en
manos de un salvaje, de un bárbaro” . Decide entonces dirigirse a Ma-
racay para hablar directamente con el Presidente: “General, a usted
ni a su gobierno le conviene hacer presos a los estudiantes. Estas son
rebeldías propias de la juventud. No los haga presos... Hágase el desen
tendido”. Gómez le responde con su habitual estilo: “Se equivoca, ge
neral Matos, no son cosas de muchachos. Detrás de ellos hay otros,
los grandes, los enemigos de mi gobierno”. Le comenta además que
no se preocupara por la suerte de los muchachos porque había orde
nado que les suministraran buena alimentación: “Yo sólo quiero cas
tigarlos, hacerles amar el trabajo”. A su regreso a Caracas, el banque
ro continúa m urm urando que Góm ez se com portaba com o un
“bárbaro”. Tenía 81 años cuando realizó este viaje a Maracay para abo
gar por los estudiantes.
Poco después, las perturbaciones políticas se agravan. El 7 de abril
estalla la sublevación de un grupo de militares y estudiantes que in
tentan tomar el Cuartel San Carlos. La respuesta del Gobierno es in
mediata y la mayor parte de los involucrados son conducidos a pri
sión y sometidos a duros castigos.
Este hecho, señal del hondo malestar subyacente en diversos estra
tos de la sociedad venezolana, motiva una nueva reacción de Matos.
Evidenciando que había solicitado infructuosamente audiencia con
Gómez, el 19 de abril le expresa con tono imperativo:
Biblioteca Biográfica Venezolana
116 Manuel Antonio Matos
“Ya que no ha querido recibirme, permítame escribirle con la fran
queza del amigo; el mal ocurrido es causado por los absorbentes pro
cedimientos del Ministro de Obras Públicas, a quien, con ese motivo,
todo el mundo odia. La falta de circulación de dinero en el país, que él
ha pasado al extranjero en abundancia, ha exasperado a la gente. Apár
telo, ponga a circular dinero y volverá la calma y naturalidad” .
De este párrafo se desprenden varios aspectos de sumo interés. Por
un lado, Matos no ha logrado hacerse escuchar de parte del Presiden
te, lo que muestra un distanciamiento entre ambos. Por otro, se apre
cia la clara animadversión del banquero hacia el Ministro de Obras
Públicas, José Ignacio Cárdenas, hombre que se caracterizaba por ser
muy afecto a las intrigas. También se evidencia que, para el banquero,
la causa profunda de la reacción antigomecista radicaba en proble
mas económicos que podrían remediarse aumentando la circulación
de dinero. Incluso recomienda que aquel funcionario fuera reempla
zado por el ex Ministro de Hacienda Román Cárdenas, quien desde
1922 no ejercía ya ningún cargo público.
Con relación a lo económico, Manuel Antonio Matos, como siempre
atento a las fluctuaciones del mercado, conocía con precisión la exis
tencia de serias dificultades agrícolas y comerciales por la persisten
te baja de las exportaciones desde 1926. A l año siguiente, la situación
se agravó debido a la notable caída de los precios del petróleo, fenó
meno que condujo a la contracción de las actividades de esta indus
tria en el Zulia. En ese contexto económico se producen los sucesos
políticos de 1928.
Al parecer, las advertencias de Matos no fueron tomadas en cuenta,
porque el 30 de abril envía a Gómez otra carta señalando de manera
aún más elocuente, que podría ser calificada de descortés: “Franca
mente. Ud. no debe estar bien informado de lo que pasa. Las masas
exasperadas repiten de boca en boca: perro gordo no muerde, perro
flaco es capaz de todo” , aludiendo a la amenaza proveniente del movi
miento opositor. Le reclama con acritud: “Recíbame para decirle toda
la verdad con la sinceridad de mi carácter, como me recibía y oía el
valiente Crespo”. Esta referencia a las virtudes del desaparecido Cau
dillo expresa un nítido contraste con la actitud del Presidente, que no
quiere oír ni admitir las causas reales del problema. Si bien descono
Los últimos consejos 117
cemos los entretelones que rodean la posición asumida por Matos, lo
significativo estriba en el sorprendente retorno a su característico es
píritu impulsivo y vehemente.
Lo cierto es quejóse Ignacio Cárdenas no es removido de su cargo y,
al año siguiente, pasa a ocupar el despacho de Fomento. Sin embargo,
es menester aclarar que dicho Ministro se había opuesto tenazmente a
la creación del Banco Agrícola y Pecuario y del Banco Obrero. Estas
entidades fueron fundadas por decreto del 29 de junio de 1928, con
capital enteramente estatal, para aliviar algunos de los quebrantos eco
nómicos de aquel tiempo.
119
Olvidos y recuerdos
Manuel Antonio Matos concluye Recuerdos, libro en el que conden
só sus principales experiencias de la vida pública, en el año 1927. Las
últimas páginas revelan cierto cansancio y resignación. A sus ochen
ta años había temas de los que no quería hablar. Ya no deseaba recor
dar las incidencias de la Revolución Libertadora, uno de los hechos
más trascendentales de su vida y con grandes repercusiones en la his
toria del país.
Los acontecimientos relativos a su actuación al frente de ese movi
miento armado, que reunió el ejército más poderoso de cuantos llega
ron a actuar en Venezuela hasta el momento, son sorprendentemente
sintetizados en una sola página en su libro. Rememorando las adver
tencias de Guzmán Blanco sobre las dudosas dotes militares de Lucia
no Mendoza, adjudica a éste la mayor parte de la responsabilidad de
la derrota. A sus breves comentarios personales, agrega un escaso nú
mero de documentos sobre los hechos acaecidos entre 1901 y 1903. Es
indudable que prefería olvidar aquella experiencia, motivo de enemis
tades, sospechas, denuncias y un largo exilio.
En 1929 una grave enfermedad postra al banquero. El dictamen de
la junta de médicos es muy pesimista y se le recomienda viajar a Euro
pa para buscar alternativas de curación. A los pocos días de arribar a
Francia, estando recluido en el Hospital de París, su estado de salud
Biblioteca Biográfica Venezolana
120 Manuel Antonio Matos
empeora. Cuando se le pregunta si quería confesarse, su respuesta es
contundente; “Yo soy librepensador, hija, y no creo en esas tonterías,
déjame en paz”. Es significativo que ni siquiera en el lecho de muerte
abdicara de las ideas que conservaba desde su juventud. Era masón en
grado 33 y en el año 1895 había sido nombrado Serenísimo Maestro
del Gran Oriente Nacional de los Estados Unidos de Venezuela.
En la entrevista de Últimas Noticias, su hija Mary relata que, al sen
tir que la hora de la partida se estaba aproximando, su padre pidió
que lo vistieran con un pijama limpio, peinaran su barba y lo friccio
naran con agua de colonia. El hombre que hacía la guerra con quita
sol y guantes no podía m orir sin el sello de su proverbial elegancia.
Ese fue el últim o acto de su vida el 27 de mayo de 1929. Meses más
tarde, sus restos fueron traídos a Caracas y reposan en el panteón fa
m iliar en el Cementerio General del Sur.
Al día siguiente de la muerte de su viejo y entrañable amigo, Francis
co González Guinán, conmovido ante la ingrata noticia, escribió una
sentida nota de pésame, que fue publicada por El Nuevo Diario: “Yo
también estoy de duelo, acostumbrado como me hallaba al trato íntimo
del general Matos (...) Le debí consideraciones personales y aplausos a
las producciones de m i tosca pluma. Se lo agradecí de todo corazón”.
Como hombre de negocios se destacó por su agudeza para compren
der cuál era el terreno más adecuado para las inversiones. Construyó
las bases de la moderna banca en Venezuela y desde allí se lanzó a la
tarea de organizar las finanzas públicas, pero su labor en los ministe
rios de hacienda de finales del siglo XIX fue conflictiva y tuvo escasos
frutos. Su gran influencia se extendió desde el círculo comercial y
bancario hasta el intrincado mundo político. Era ya un hombre rico,
cuando tuvo pretensiones presidenciales en 1887, pero su amigo y con
cuñado Antonio Guzmán Blanco se opuso a tal proyecto. Era aún más
acaudalado y poderoso cuando organizó la gran coalición revolucio
naria contra Cipriano Castro.
A pesar de su relevante labor en el mundo de las finanzas, es más
recordado por haber sido el jefe de la Revolución Libertadora, motivo
de apasionadas polémicas, no sólo en la época sino hasta tiempos re
cientes. Esta guerra civil, la última de la historia venezolana, tuvo en
tretelones casi novelescos desde que comenzó a tejerse la urdimbre de
Olvidos y recuerdos 121
la conspiración hasta la derrota definitiva. Este movimiento, sustenta
do en la alianza de los jefes más representativos del caudillismo y en
el papel protagónico de Matos, figura del viejo Liberalismo amarillo,
fue el intento final por conservar algunos de los patrones políticos de
la Venezuela decimonónica. La Revolución Libertadora habría de su
cumbir precisamente ante la fuerza impetuosa del régimen centralis
ta que se estaba instaurando en el país. Comprender la trayectoria
política de Manuel Antonio Matos y sus acciones en el campo econó
mico permite comprender también algunos aspectos del proceso his
tórico que se extiende desde los tiempos del guzmancismo hasta la
autocracia gomecista.
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Últim as Noticias. Caracas: 14.01.1947.
El Universal. Caracas: 1909-1910 y 1929.
Liberal de cuna 11
Entre San Esteban y Puerto Cabello 13
La impronta de los centros del mundo 14
Familia, negocios y política 19
De la m ano del “Ilustre Am ericano” 25
El hom bre fuerte de las finanzas 31
¡Dígalo usted, General! 35
Desventuras de un M inistro de Hacienda 39
De revolucionario a “evolucionista” 43
Pactos secretos 45
El Gabinete Matos en medio del vendaval 47
Tensiones e incertidum bres 51
Crisis de fin de siglo 55
¡Que se rinda a discreción! 57
Como un castillo de naipes 59
Tiempos borrascosos 61
Los hilos de la conspiración 67
No. 11 Broadway 69
Peripecias del “barco pirata” 73
La últim a guerra civil 77
Derrota en La Victoria 81
El segundo final 85
La larga espera 91
Biblioteca Biográfica Venezolana
126 Manuel Antonio Matos
El gabinete de las ilusiones 97
Canciller del Centenario 99
El contrato con Bolo Pachá 101
La nueva generación de banqueros 103
El consejero no tiene quien lo escuche 107
Los últim os consejos 113
Olvidos y recuerdos 119
B ibliografía 122
Biblioteca Biográfica Venezolana
Títulos publicados
Primera etapa /2005-2006
1. Joaquín Crespo /Ramón J. Velásquez /Tomo I y Tomo II
2. José Gregorio Hernández /María Matilde Suárez
3. Aquiles Nazoa /lldem aro Torres
4. Raúl Leoni /Rafael Arráiz Lucca
5. Isaías Medina Angarita /Antonio García Ponce
6. José Tomás Boves /Edgardo M ondolfi Gudat
7. El Cardenal Quintero /Miguel Ángel Burelli Rivas
8. Andrés Eloy Blanco /Alfonso Ramírez
9. Renny Ottolina / Carlos Alarico Gómez
10. Juan Pablo Rojas Paúl /Edgar C. Otálvora
11. Simón Rodríguez /Rafael Fernández Heres
12. Manuel Antonio Carreño /Mirla Alcibíades
13. Rómulo Betancourt /María Teresa Romero
14. Esteban Gil Borges /Elsa Cardozo
15. Rafael de Nogales Méndez /Mirela Quero de Trinca
16. Juan Pablo Pérez Alfonzo /Eduardo Mayobre
17. Teresa Carreño /Violeta Rojo
18. Eleazar López Contreras /Clemy Machado de Acedo
19. Antonio José de Sucre /Alberto Silva Aristeguieta
20. Ramón Ignacio Méndez /Manuel Donís Ríos
21. Leoncio Martínez /Juan Carlos Palenzuela
22. Ignacio Andrade /David Ruiz Chataing
23. Teresa de la Parra /María Fernanda Palacios
24. Cecilio Acosta /Rafael Cartay
25. Francisco de Miranda /Inés Quintero
Segunda etapa/ 2006-2007
26. José Tadeo Monagas /Carlos Alarico Gómez
27. Arturo Uslar Pietri /Rafael Arráiz Lucca
28. Daniel Florencio O’ Leary /Edgardo Mondolfi Gudat
29. Morella Muñoz /Ildemaro Torres
30. Cipriano Castro /Antonio García Ponce
31. Juan Vicente González /Lucía Raynero
32. Carmen Clemente Travieso /Ornar Pérez
33. Carlos Delgado Chalbaud /Ocarina Castillo D’Imperio
34. César Zumeta /Luis Ricardo Dávila
35. Carlos Soublette /Magaly Burguera
36. Miguel Otero Silva /Argenis Martínez
37. Agustín Codazzi /Juan José Pérez Rancel
38. Pedro Manuel Arcaya /Pedro Manuel Arcaya Urrutia
39. Raimundo Andueza Palacio /Edgar C. Otálvora
40. Andrés Bello /Pedro Cunill Grau
41. Rómulo Gallegos /Simón Alberto Consalvi
42. Eugenio Mendoza /Carlos Alarico Gómez
43. José Gregorio Monagas /Agustín Moreno Molina
44. José Rafael Revenga /Carlos Hernández Delfino
45. Gustavo Machado /Manuel Felipe Sierra
46. Rafael Arias Blanco /Manuel Donís Ríos
47. José María Vargas /Carolina Guerrero
48. Mario Briceño-Iragorry /Laura Febres
49. José Antonio Ramos Sucre /Alba Rosa Hernández Bossio
50. Laureano Vallenilla Lanz /Elsa Cardozo
Tercera etapa /2007-2008
51. Francisco De Venanzi /Sonia Hecker
52. Antonio Leocadio Guzmán /Rogelio Altez
53. Antonio Guzmán Blanco /María Elena González Deluca
54. Isacc J. Pardo /María Ramírez Ribes
55. Julián Castro /Tomás Straka
56. Carlos Eduardo Frias /Edgardo Mondolfi Gudat
57. Arturo Michelena /Javier Duplá
58. Diógenes Escalante /Maye Primera Garcés
59. Juan Vicente Gómez /Simón Alberto Consalvi
60. Tulio Febres Cordero /Ricardo Gil Otaiza
61. Lucila Palacios /Carmen Mannarino
62. José Cortés de Madariaga /Antonio Sánchez García
63. Rafael María Baralt /Lucía Raynero
64. Manuel R. Egaña /Luis Xavier Grisanti
65. Antonio Lauro /Ivo Hernández
66. Juan Antonio Pérez Bonalde /Antonio Padrón Toro
67. Manuel Antonio Matos /Catalina Banko
Este volumen de la Biblioteca Biográfica
Venezolana se terminó de imprimir el mes de
septiembre de 2007, en los talleres de Editorial
Arte, Caracas, Venezuela. En su diseño se
utilizaron caracteres light, negra, cursiva y
condensada de la familia tipográfica Swift y
Frutiger, tamaños 8.5, 10.5, 11 y 12 puntos. En
su impresión se usó papel Ensocreamy 55 grs.
La biografía es un género que concita
siempre una gran atracción entre los
lectores, pero no menos cierto es el
hecho de que muchos venezolanos nota
bles, más allá de su relevancia, carecen
hasta ahora de biografías form ales o
han sido tratados en obras que, por lo
general, resultan de difícil acceso.
Todo lo que contribuya a reducir la desme
moria de los venezolanos se me antoja como
tarea principal de los tiempos que corren.
Si nos cuesta relacionarnos con el pasado
porque lo desconocemos, lo malinterpreta-
mos o lo explotamos a nuestro antojo, una
manera de volverlo diáfano y plural es reco
rriendo las vidas de quienes lo han forjado.
A llí yace un múltiple espejo donde nuestro
rostro se refleja en mil pedazos, tan variados
como compleja y fascinante ha sido nuestra
hechura de país.
Antonio López Ortega
Para entender nuestra historia, hay que
conocer a sus protagonistas. Son ellos los
que dieron forma a nuestra identidad actual.
De ahí el estimable valor de poder leer sus
biografías.
Isaac Chocrón
Antes que tratar de adivinarlo mediante
ilusorios horóscopos, el verdadero futuro
hay que aprender a leerlo en las obras y
logros del pasado. Nada mejor, por tanto,
que una colección de biografías de venezola
nos distinguidos, de vidas esenciales de
nuestra historia, para entrever el porvenir
del país que nos espera.
Eugenio Montejo
"Yo soy librepensador, hija, y no creo en esas tonterías,
■
déjame en paz". Manuel Antonio Matos, general, banque
ro y políglota, estaba desahuciado cuando su hija le propo
ne los auxilios del confesor antes de emprender el viaje sin
retorno. Así rindió sus armas en París, el 27 de mayo de
1929 el jefe de la Revolución Libertadora que, aun cuando
sacudió al país de un extremo a extremo, no logró el derro
camiento de Cipriano Castro, a pesar, digámoslo,
de la alianza con poderosos intereses extranjeros,
en la última de nuestras guerras civiles.
Es el personaje que "transita por el ciclo de apogeo y decli
nación del Liberalismo Amarillo, representa el novedoso
perfil del banquero en una sociedad todavía agraria y tradi
cional, y es actor de primera línea en el mundo de las
finanzas públicas". Así lo describe la historiadora Catalina
Banko en esta biografía ejemplar, páginas propicias para el
conocimiento de los orígenes de la banca en Venezuela,
de modo que constituyen también una contribución a la
historia económica. La vinculación política y familiar con
el Ilustre Americano le otorgó a Matos influencia excepcio
nal en la vida pública, según se analiza de modo exhausti
vo en el capítulo "El hombre fuerte de las finanzas".
Personalidades del gran mundo de la riqueza y el poder,
los concuñados mantuvieron una relación frecuentemente
al borde de la ruptura.
Después de su aventura guerrera contra Castro, muerto
Guzm án, en el lejano ocaso del Liberalismo Amarillo,
Matos buscó abrigo a la sombra de Juan Vicente Gómez
de quien fue Ministro de Relaciones Exteriores en 1910,
tocándole el rol de organizador de las ceremonias
del primer centenario de la Independencia. La profesora
9789803951559 Catalina Banko ha escrito una historia fascinante, en cuy
páginas se cruzan y entrecruzan las ambiciones de poder
y los duelos de innumerables protagonistas.
Simón Alberto Consa, v.
J-00002949-0
BANCARIBE ^