Clase 3
Unidad 2 | Clase 1
1)
Vamos a empezar esta clase a partir de una idea. Si un producto televisivo es un objeto
que se mueve en el campo de la cultura, es casi una obligación para nosotros
observarlos y pensarlos desde una mirada crítica, porque solo desde esa perspectiva es
posible complejizar las lecturas de cualquier objeto de nuestra cultura. Hemos visto que
los Estudios Culturales resultan un campo muy productivo para pensar los objetos de la
cultura. Sin embargo, iniciaremos aquí otro camino hacia la crítica. Lo haremos desde
la Filosofía Estética, que tantas categorías ha dado a la historia del pensamiento
intelectual para pensar el campo cultural contemporáneo.
Decimos que el concepto de crítica puede entenderse en diversos sentidos. En nuestro
espacio, vamos a detenernos en tres autores que abordan este concepto desde miradas
propias. En primer lugar, tomaremos algunos de los conceptos de Susan Sontag, quien
refiere acerca de la crítica de arte; para la autora, la actividad crítica consiste en
describir cómo una obra de arte es lo que es (criticar, por tanto, no es interpretar ni
descubrir qué es lo que una obra nos quiere decir, sino pensar una obra desde
categorías propias de la Filosofía Estética). En segundo término, tomaremos un breve
texto de Foucault que sitúa a la crítica en el campo de la Filosofía, y de esta manera nos
introducimos en el terreno de la Filosofía Estética, que vamos a definir como la rama de
la Filosofía que se ha ocupado de la percepción de los objetos de la cultura y que
implica una forma de pensamiento crítico que intenta no desentrañar sino complejizar
esa percepción. Desde este punto de vista, Foucault entiende que la crítica implica una
actitud, la de preguntarse quién tiene el poder, quién gobierna, para no dejarnos
gobernar. Finalmente, tomaremos algunas ideas de Lukács respecto de la actividad
crítica y de los posibles roles que podemos asumir en tanto críticos que observamos el
campo de la cultura.
Como punto de partida, y antes de entrar en los autores, traemos aquí una pequeña
introducción sobre el concepto de Estética, que vamos a desarrollar más ampliamente
en la próxima clase. A grandes rasgos, podemos describir a la Estética como un
entramado de categorías que nos ayudan a pensar a los objetos que están en el campo
de la cultura. Se trata de una rama de la Filosofía que se desarrolla en el pensamiento
intelectual desde la antigua Grecia (Platón teoriza sobre la belleza en “El banquete” y
“La República”; Aristóteles hace lo propio en “Arte y poética” y en su “Retórica
política”). Como disciplina, la Estética aparece en el contexto de la Ilustración, quizás
de la mano de Kant y su obra “Crítica del juicio”. Un poco más aquí, la Estética se
desarrolla ampliamente entre los pensadores marxistas del siglo XX; filósofos como
Adorno y Benjamin son autores de un enorme terreno de categorías estéticas. Lo hacen
mientras están pensando al arte nuevo, aquel con el que las vanguardias artísticas
irrumpen en el inicio del siglo XX y que viene a discutir no solo las características del
arte sino al espacio de poder que instituye a una obra en el estatuto de arte. La Estética
desarrolla líneas de pensamiento para dar cuenta, en parte, acerca de las vanguardias:
había que explicar que el arte se había salido de sus carriles; había que dar cuenta de
Joyce, de Kafka, y del arte pictórico que había cambiado por completo. Detengámonos
aquí un momento para intentar discernir de qué hablamos cuando hablamos de
vanguardias.
Veamos el video 3-1
Cuando decimos que el arte se había salido de los carriles, hablamos de esto que pasó.
Del descentramiento; de las formas que ya no parecían tan claras. En esta unidad,
entonces, partiremos del concepto de crítica desde tres autores y definiremos a la
Estética en su relación con el arte de vanguardia.
2)
En 1964, Susan Sontag escribe su famoso ensayo “Contra la interpretación”; ese texto
parte de una pregunta muy sencilla:
¿Qué es criticar una obra de arte?
Se trata de una pregunta esencial en los años 60, momento en el que estaba en
discusión si una obra de arte siempre “tenía que decir algo”. Es el contexto de la
llamada neovanguardia, aquel arte conceptual que parece producido para que los
espectadores no alcancen a entenderlo. Sontag escribe este ensayo y dice que hay que
acabar con el mito de que toda obra puede y debe ser interpretada y que las obras no
necesariamente deberían decirnos algo. Escribe: “la finalidad de todo comentario sobre
el arte debería ser hoy que las obras de arte fueran para nosotros más reales”; “la
función de la crítica debería consistir en mostrar cómo una obra es lo que es, incluso
que es lo que es, y no en mostrarnos qué significa”.
De esta manera, Sontag cuestiona la idea de que las obras de arte deban interpretarse.
Esto es por varias razones: porque la tarea de interpretar se parece a la de “revelar un
significado”, y para la autora, el arte sencillamente no necesita revelarse; porque toda
interpretación es siempre una alteración, una destrucción, la interpretación por tanto
es reaccionaria, impertinente, asfixiante porque significa “masticar”, decodificar para
que un algo sea entendido. Ninguna de estas actividades (masticar, decodificar) tienen
sentido para Sontag: el arte está hecho para ponernos nerviosos, piensa. Quizás el
punto de vista parece un poco extremo (y de hecho yo creo que es así; quizás el arte no
siempre va a ponernos nerviosos, aunque sí deberíamos pedirle al arte siempre que sea
capaz de despertarnos preguntas. Podemos citar aquí el ejemplo de Miguel Martín: su
trabajo no nos pone nerviosos, pero sí que deja preguntas acerca de la autoridad, la
clase, etc. En cualquier caso, para la autora el arte debe incomodarnos, y toda
explicación que intente sacarnos del estado nervioso resulta siempre una alteración de
esa obra. Se refiere al caso de la literatura de Kafka, quien a su juicio ha estado
sometido a sucesivos “secuestros” por parte de distintas generaciones de intérpretes:
aquellos que ven en su obra una alegoría social, luego los que interpretan a Kafka desde
la mirada psicoanalítica, y están también quienes decodifican esta obra desde la lógica
religiosa. Nada de esto, dice Sontag: “toda interpretación basada en una teoría,
sumamente cuestionable, de que la obra de arte está compuesta por trozos de sentido,
violenta el arte”.
Vemos cómo, desde una posición clara respecto del arte, Sontag entiende a la crítica no
como una interpretación, sino como una serie de rodeos cuya única finalidad es
decirnos cómo una obra es lo que es. Se trata de una crítica que atiende a las formas.
“La mejor crítica, y no es frecuente, procede a disolver las consideraciones sobre el
contenido en consideraciones de forma (…) porque el valor más alto y liberador del arte
es la transparencia. La transparencia supone experimentar la luminosidad del objeto en
sí, de las cosas tal como son”. Por eso la crítica debe decir cómo un objeto es como es (y
no qué es lo que ese objeto significa).
Podríamos sintetizar, entonces, que en la mirada de Sontag, la crítica es un detenerse
en las formas y no una develación de los significados.
3)
Por otro lado, en el ensayo “¿Qué es la crítica?”, Foucault nos lleva a otro plano; la
crítica, para Foucault, se mueve en el terreno de la Filosofía. En efecto, Foucault tiene
como punto de partida a la crítica kantiana; el ensayo, está enunciado, es una respuesta
tardía al ensayo homónimo de Kant. En algún sentido, podríamos decir que este escrito
de Foucault es una redefinición de esa crítica kantiana.
Puestos en este lugar, decimos que Foucault avanza sobre el concepto de crítica
trascendental y viene a proponer, en cambio, que la crítica es una actitud. A la pregunta
de Kan “¿Qué puedo conocer?”, Foucault la lleva al plano de la acción. La crítica no es
pregunta pasiva, piensa. La crítica es una actitud, movimiento. Las ideas kantianas son
llevadas al plano de la acción. Así, la crítica se define como el “movimiento por medio
del cual el sujeto se atribuye el derecho de interrogar a la verdad sobre sus efectos de
poder y al poder sobre sus discursos de verdad”. En otras palabras, la crítica es una
actitud muy bien definida: ante un objeto que está en el campo de la cultura, nuestra
actitud debería ser la de preguntarnos quién tiene el poder, quién gobierna aquí, para
no dejarnos gobernar.
Foucault inicia la conferencia señalando que la pregunta por la crítica ha estado en
todos los confines de la Filosofía; sin embargo, dice, en occidente moderno se
desarrolló una nueva manera de pensar, de decir, de actuar, cierta relación con lo que
existe, que podría llamarse la actitud crítica. Y ese modo de pensar no es lo mismo que
pensar a la crítica desde una mirada trascendental, tal como lo pensaba Kant. Foucault
propone una actitud activa: “voy a conocer lo que puedo conocer para saber quién
manda aquí; voy a conocer incluso aquello que se supone que no puedo conocer”.
Para Foucault, este inicio de la actitud crítica puede situarse a finales del siglo XVIII,
momento en el que “la Filosofía se propone analizar el presente”. Aparece así una
dimensión histórico/crítica de la Filosofía. Esto ocurre en el siglo XVIII como la
culminación de un proceso que se había iniciado entre los siglos XV y XVI, cuando la
iglesia católica se había expandido en occidente, y lo había hecho a través de una fuerte
actividad pastoral, “conducir la conducta de los individuos”. Esta voluntad de gobernar
la conducta, si bien aparece como una actividad religiosa, a lo largo de los siglos va a ir
extendiéndose al terreno de las artes. El siglo XVIII ve entonces una afirmación de ese
fenómeno de la gobernabilidad. Y es ante ese fenómeno que el pensamiento intelectual
comienza a desarrollar una actitud crítica. Es el momento en que las ciencias sociales, y
la Filosofía en particular, empieza a preguntarse… ¿quién manda aquí?; la Filosofía
empieza a ser aquella disciplina que nos lleva a una actitud crítica para no ser
gobernados.
De este modo, la crítica aparece como la contraparte y el adversario del arte de
gobernar; la crítica es, en definitiva, el arte de no ser gobernados. Dice Foucault: “Si la
gubernamentalización es el movimiento mediante el cual se trataba de sujetar a los
individuos a través de mecanismos de poder que reivindican para sí una verdad; pues
bien, yo diría que la crítica es el movimiento por medio del cual el sujeto se atribuye el
derecho de interrogar a la verdad sobre sus efectos de poder y al poder sobre sus
discursos de verdad”. La crítica será, entonces, el arte de no aceptar como verdadero lo
que la autoridad nos dice que es verdadero.
4)
Podemos observar aquí cómo Sontag y Foucault entienden a la crítica desde
dimensiones diferenciadas. En Sontag, la crítica es un ejercicio que le habla a la obra de
arte o en todo caso al artista; utiliza categorías de la Estética pero para explicar cómo
una obra es lo que es; su objetivo es lograr que el espectador pueda experimentar la
transparencia de una obra, sentirla más real. Para Foucault, en cambio, la crítica
representa una forma de comportamiento, una actitud, la de preguntarnos quién
manda aquí para no ser gobernados; su objetivo es indagar quiénes y cómo intervienen
para definir que una obra es o no arte…
Fíjense entonces que entre una mirada y otra hay un cambio de pregunta. Mientras la
crítica desde la perspectiva de Sontag podría sintetizarse en la pregunta ¿qué es esta
obra?, para Foucault la pregunta debería ser otra… no se pregunta cómo es una obra,
sino que va más allá e indaga… ¿esto es una obra de arte? ¿quién lo ha dicho para que
nosotros lo creamos así?
Esta diferencia es importante, porque mientras la crítica de Sontag parece quedarse en
el terreno del arte, en Foucault eso no ocurre. Por el contrario, desde su mirada, la
crítica siempre va a ser un poco más que la forma de una obra de arte. La crítica va a ser
interrogarse por las reglas que hacen que las cosas sean así. Y estas son precisamente
las preguntas que se ha hecho y se hace la Estética; estas son las preguntas que
intentaban responder Adorno, Benjamin mientras vivían el arte de las vanguardias. Por
eso, cuando hablamos de Estética, siempre estamos volviendo sobre las vanguardias.
Las vanguardias pusieron en discusión el arte, el estatuto del arte, y ese intenso
movimiento dio luz a las más profundas categorías del pensamiento estético. Por eso,
en la unidad siguiente, profundizaremos en esta relación entre Estética y vanguardias.
Veamos nuevamente un video sobre vanguardias, video 3-2
5)
Dejamos para el final de esta clase la “Carta a Leo Popper”, escrita por Lukács en 1910.
Los invito a leer el modo hermoso en que escribe Lukács. Aunque si hemos traído aquí
este texto no es tanto por la belleza de la prosa; tampoco en razón de las ideas teóricas
de Lukács respecto de la crítica. En efecto, el filósofo viene a decir que la crítica es un
arte y no una ciencia. Fíjense cómo la define, “como el caso más hermoso de un arte”;
fíjense que Lukács nos explica cuáles son las diferencias entre ciencia y arte: en la
ciencia obran sobre nosotros los contenidos, pero en el arte las formas; la ciencia nos
ofrece hechos y sus conexiones, mientras que el arte almas y destinos.
Sin embargo, leamos este texto con otros ojos. Prestemos atención a aquello que Lukács
tiene para decirnos no sobre la crítica sino acerca del crítico (acerca de su actitud, de su
esencia). Casi podríamos decir que esta carta a Leo Popper se parece a una reflexión
acerca de la actitud del crítico en su humanidad. Dice Lukács acerca del crítico:
1)Un crítico no es quien lo sabe todo; no es alguien que escribe para emitir juicios
finales. Lo hace, más bien, para ofrecernos a nosotros, los lectores, algunas
explicaciones. Dice: “El ensayista rechaza sus propias y orgullosas esperanzas que
sospechan haber llegado alguna vez cerca de lo último; se trata solo de aproximaciones
de la poesía de otros, y en el mejor de los casos, explicaciones de sus propios conceptos;
eso es todo lo que él puede ofrecer”.
2)Un ensayista siempre debe aspirar a la verdad, aunque sabe bien que al final del
camino no va a encontrar la verdad, sino una nueva meta, que quizás no sea la que él
buscaba. Por esa misma razón, para Lukács ningún ensayo es verdadero: “Cada uno
crea un mundo diferente y, aunque, por conseguir una generalidad superior, vaya más
allá de eso, permanece siempre, por su tono, su color y su acentuación, en el mundo
que ha creado.
Cuando escriban sus ensayos…
No hablen como Beatriz Sarlo.
Aspiren simplemente a crear un mundo.
Sepan que su mundo no es el único mundo.
Sepan que ese mundo no es destino, sino el inicio de otro mundo posible.
Sean más como Platón: “El más grande ensayista que jamás ha vivido y escrito, el que
lo ha arrancado todo a la vida que le circundaba inmediatamente y no ha necesitado así
de ningún vehículo mediador; el que pudo enlazar sus preguntas a la vida”.
No hagan afirmaciones: pregúntense cosas.
3)Un ensayista es alguien que siempre está por llegar, alguien que nunca ha llegado;
como diría Lukács: “él mismo es una cosa provisional”.
Escriban como si sus trabajos nunca estuvieran terminados.
6)
Por último, para cerrar con Lukács.
Si el ensayista es alguien provisional, un ensayo debería entenderse como “una
concepción del mundo, una toma de posición respecto de la vida”. Por eso, el esfuerzo
del crítico está puesto en encontrar esa propia concepción del mundo.
Encuentren su forma.
Pregúntense cosas.
Y escriban.