0% encontró este documento útil (0 votos)
52 vistas24 páginas

Cultura Micenica

La cultura micénica, centrada en la Argólida, se desarrolló entre 1700 y 1100 a.C., destacándose por su organización jerárquica y su economía basada en la agricultura y el comercio. Su arte y religión reflejan influencias minoicas, mientras que su colapso se atribuye a factores como desastres naturales y conflictos internos. A pesar de su desaparición, la civilización micénica dejó un legado duradero en la cultura griega posterior, inspirando mitos y relatos épicos.

Cargado por

beckaa2910
Derechos de autor
© © All Rights Reserved
Nos tomamos en serio los derechos de los contenidos. Si sospechas que se trata de tu contenido, reclámalo aquí.
Formatos disponibles
Descarga como PDF, TXT o lee en línea desde Scribd
0% encontró este documento útil (0 votos)
52 vistas24 páginas

Cultura Micenica

La cultura micénica, centrada en la Argólida, se desarrolló entre 1700 y 1100 a.C., destacándose por su organización jerárquica y su economía basada en la agricultura y el comercio. Su arte y religión reflejan influencias minoicas, mientras que su colapso se atribuye a factores como desastres naturales y conflictos internos. A pesar de su desaparición, la civilización micénica dejó un legado duradero en la cultura griega posterior, inspirando mitos y relatos épicos.

Cargado por

beckaa2910
Derechos de autor
© © All Rights Reserved
Nos tomamos en serio los derechos de los contenidos. Si sospechas que se trata de tu contenido, reclámalo aquí.
Formatos disponibles
Descarga como PDF, TXT o lee en línea desde Scribd

CULTURA MICENICA

Las tradiciones y cultura micénica tenían su centro


en la Argólida y se desarrollaba en las regiones
limítrofes. Todas las regiones parece que estuvieran
bajo control de las diversas ciudadelas en las que se
concentraba el poder territorial.
Las ciudadelas y palacios más importantes,
eran Micenas, Tirinto y Midea en la Argólida, Vafio en
Laconia, Pylos en Mesenia, Yolcos en
Tesalia, Orchomenós y Gla en el Lago Copais,
el Cadmeion de Tebas en Beocia y la acrópolis de
Atenas en el Ática.
Los rasgos característicos de la Grecia micénica en su
apogeo son los de una población numerosa, con élites
muy ricas, que se dedicaba a la producción agrícola
(cereales y olivos) y a la cría de ovinos, con una
organización económica basada en el almacenamiento
de excedentes, su redistribución y su exportación.
La sociedad estaba totalmente centralizada y
jerarquizada y en ella numerosas actividades
dependían del palacio gobernado por un rey, el wanax.
Las relaciones entre el continente y el conjunto del
mundo mediterráneo se desarrollaron hasta extremos
no conocidos hasta entonces en suelo griego.
La civilización micénica (1700-1100 a.C.) floreció a finales
de la Edad del Bronce, alcanzando su apogeo entre los
siglos XV y XIII a.C. Su influencia se extendió no sólo en el
Peloponeso y la Grecia continental, sino por todo el mar
Egeo, en particular, Creta y las islas Cícladas. Los
micénicos, llamados así por su principal ciudad, Micenas,
situada en la Argólida al nordeste del Peloponeso,
recibieron el influjo de la primera civilización minoica
(2000-1450 a.C.), que se expandió desde su origen en
Cnosos, Creta, por todo el Egeo. La arquitectura, el arte y
el culto religioso fueron asimilados y adaptados para
expresar la cultura micénica, quizás más militarizada y
austera. Los micénicos llegaron a dominar la mayor parte
de la Grecia continental y varias islas, extendiendo su red
comercial a otras culturas de la Edad de Bronce en
lugares como Chipre, el Levante y Egipto. Esta cultura
marcó una impronta duradera en los griegos posteriores,
durante los periodos arcaico y clásico, tal como reflejan
los mitos de héroes como Aquiles y Odiseo y sus hazañas
en la Guerra de Troya.
El comercio micénico
Los contactos comerciales de la civilización
micénica con otras culturas del Egeo son
evidentes por la presencia de bienes
foráneos hallados en los asentamientos
micénicos: oro, marfil, cobre y cristal, y por
el descubrimiento de productos micénicos,
como la cerámica, en lugares tan distantes
como Egipto, Mesopotamia, el Levante,
Anatolia, Sicilia y Chipre. Sin duda,
productos perecederos como el aceite, el
aceite perfumado y el vino constituían
buena parte de las exportaciones
micénicas, pero, por desgracia, la escasez
de registros escritos (apenas unas setenta
tablillas de Lineal B en Micenas) nos priva
de más datos sobre el comercio
interregional. El pecio de Uluburun, un
barco que naufragó hacia el siglo XIV a.C.,
descubierto en la costa de Turquía,
transportaba materias primas, como cobre
y lingotes de estaño, marfil, discos de
cristal y otros productos, posiblemente en
ruta hacia los talleres micénicos antes de
su hundimiento.
El arte micénico
Expresado en frescos, cerámica y joyas, el gusto
minoico por las formas naturales y los diseños
fluidos fue adoptado por los artesanos micénicos,
pero con una tendencia hacia representaciones
más esquemáticas y menos realistas. Este nuevo
estilo se convirtió en el dominante por todo el
Mediterráneo oriental. Las formas de los
recipientes son similares a las minoicas, con la
notable adición del cáliz y el alabastron, con una
preferencia clara por las jarras grandes. Las
estatuillas de terracota de animales, y
especialmente las figuras femeninas, eran
populares, así como pequeñas esculturas de
marfil, vasijas de piedra tallada y orfebrería de
oro con intrincados diseños. Los frescos
representan plantas, grifos, leones, saltos de
toros, escenas de batallas, guerreros, carros de
combate, escudos en forma de ocho y cacerías de
jabalíes, una actividad muy popular entre los
micénicos.
La religión micénica
Poco se sabe con certeza acerca de las
prácticas religiosas micénicas, aparte de la
importancia del sacrificio de animales, los
banquetes comunitarios, las libaciones y las
ofrendas de alimentos. La presencia de
tallas con la doble hacha y cuernos de
consagración en el arte y en la arquitectura
sugiere fuertes vínculos con la religión
minoica, aunque estos símbolos también
pudieron adoptarse por su impacto político.
Otros rasgos arquitectónicos, como las
bañeras unciales y las pinturas al fresco en
los altares apuntan a una función religiosa
del megaron. Muchos centros también
contaban con santuarios de culto,
normalmente cerca del complejo palacial.
Está claro que el entierro era un ritual
importante, como lo ponen de manifiesto
las tumbas monumentales de tholos, otras
sepulturas prominentes y la cantidad de
objetos preciosos enterrados con los
muertos: máscaras de oro, diademas, joyas,
espadas y dagas ceremoniales
Colapso y legado
Las razones por las que desapareció la civilización micénica, acaecida entre
el 1230 y el 1100 a.C., son muy debatidas. Sabemos que varias ciudades
fueron destruidas entre el 1250 y el 1200 a.C., marcando el llamado
periodo postpalacial, cuando el sistema centralizado de control desde los
palacios declinó. Hay evidencias de destrucción en diferentes lugares, pero
algunos escaparon al caos. Algunas ciudades fueron habitadas de nuevo,
pero a menor escala y con menor riqueza que antes, mientras que otros
lugares se hicieron más grandes y prósperos que nunca. Hacia el año 1100
a.C., sin embargo, la mayoría de las ciudades micénicas habían quedado
reducidas a simples aldeas.
Entre las varias explicaciones que los académicos aducen para explicar el
colapso de la cultura micénica (y otras culturas del Mediterráneo) se
incluyen los desastres naturales (terremotos, erupciones volcánicas y
tsunamis), la superpoblación, los conflictos internos, sociales y políticos, la
invasión de tribus foráneas como los Pueblos del Mar, cambios climáticos
a escala regional o una combinación de varios o todos estos factores. Con
el misterioso fin de la civilización micénica y el llamado colapso de la Edad
de Bronce en el antiguo Egeo y el Mediterráneo oriental, llega la llamada
Edad Oscura (otra etiqueta extrema para un periodo que quizás no lo fue
tanto) y, aunque algunos lugares comenzaron a resurgir a partir del siglo X
a.C., pasarían varios siglos antes de que la cultura griega recuperase las
cimas que había alcanzado a finales de la Edad de Bronce.
La civilización micénica inspiraría
los relatos arcaicos y clásicos del
siglo VIII a.C. en adelante de tal
manera que la Edad de Bronce
sería recordada como una época
dorada donde las gentes
respetaban a los dioses, los
guerreros eran más valerosos y
la vida era menos complicada y
más decente. Nombres
legendarios como
Agamenón, Menelao, Aquiles y
Odiseo (todos ellos griegos
micénicos) alcanzarían vida
inmortal en la escultura, la
cerámica pintada y
la literatura épica, como en la
Ilíada de Homero, que relata un
episodio de la Guerra de Troya,
mito posiblemente basado en
una serie de conflictos reales
entre los micénicos y los hititas.
La agricultura y la ganadería
La tierra era trabajada por los
esclavos y los campesinos, que
cultivaban trigo y cebada.
Empezaban a hacerse famosos y
muy solicitados los higos, que se
usaban también como moneda de
pago. El olivo y la vid eran otros
recursos importantes de su
economía. Criaban ovejas y cabras,
de las que obtenían lana para sus
ropas y leche para su alimentación.
Los artesanos
Eran muy habilidosos y habían
desarrollado muchos oficios y artes.
Había orfebres, que trabajaban el
oro y el cobre, sastres, que
fabricaban ropa nueva y arreglaban
la vieja, alfareros, que fabricaban la
mayoría de los utensilios que se
usaban en las casas, panaderos,
albañiles, constructores de barcos y
carpinteros
ANTIGUA ROMA
En un principio, la gastronomía romana era muy simple,
básicamente se comía el “pulmentum” que era como una
papilla de harina de trigo, queso, cereales, legumbres, verduras
y fruta. Poco a poco se le fue incorporando nuevas recetas y
alimentos, sobre todo con la conquista de nuevos territorios.
Hay que destacar que no toda la población comía lo mismo,
había una gran diferencia entre la plebe y la gente rica. Los
primeros tenían una alimentación muy básica a base de pan,
algunas legumbres y verdura, podía aparecer el consumo de
pescado sobre todo en las poblaciones costeras, o el consumo
de carne de caza en zonas del interior, pero muy
esporádicamente. Sin embargo, los ciudadanos más adinerados
tenían un menú mucho más completo y esquisito, con incluso
alguna importación. Entre sus comidas se encontraban las
ensaladas, verduras, carnes de cerdo, cordero, buey, jabalí,
aves de casi cualquier tipo (desde el pollo hasta el flamenco
pasando por faisanes, pavos reales…), pescados, mariscos…y
todo cocinado de varias maneras, asado, en guisos… Muchas
de estas recetas se acompañaban con salsas y guarniciones
ricamente condimentadas, que llevaban entre otros
ingredientes: vinagres, hierbas aromáticas, especias, vino,
aceite y por supuesto, el garum
Normalmente los romanos hacían tres comidas al
día: el “ientaculum” era el desayuno, que consistía
en pan huntado con ajo, sal o algún otro
condimento, también se solía desayunar queso,
huevos, leche, miel, algunos frutos secos, uvas. En
el almuerzo o “prandium” se comían las sobras de la
cena del día anterior, bien frías o recalentadas. Y
por último, la cena o “cenae”. Era la comida más
importante del día y se solía reunir toda la familia o
con invitados, celebrando los famosos banquetes.
Comenzaban a comer sobre las 4 o las 5 de la tarde
y duraba varias horas, ya que constaba de varias
partes: “gustus” que eran unos entrantes,
ensaladas, aceitunas, pescado en
salazón…acompañado de vino mezclado con miel,
para ir abriendo el apetito. Despues tenían el
primer plato o “prima mesa” que consistían en
varios platos de carnes o pescados, acompañados
de más vino. Y como segundo plato o “secunda
mesa”, dulces, fruta o frutos secos, por supuesto
con más vino dulce. Durante toda la velada los
comensales charlaban entre ellos, eran servidos por
esclavos y siempre había amenización de música y
danza o se recitaba poesía.
Las técnicas más usadas a la hora de elaborar estas
recetas eran a la brasa, hervidas o fritas en aceite
de oliva (del que ya os hemos hablado en una
publicación anterior), además se usaban muchas
hierbas aromáticas y especias que, además de
condimentar las comidas, servían para ayudar a
hacer bien las digestiones, ya que como hemos
visto, estas comidas solían ser muy copiosas y
pesadas. Aunque como condimento esencial en la
gastronomía del Imperio Romano nos encontramos
al “garum”. El garum o garo era una salsa elaborada
a partir de las vísceras del pescado fermentadas y
mezcladas con vino, aceite, vinagre, sangre y agua.
Esta mezcla se dejaba macerar en unas grandes
piscinas, después era envasado en ánforas y
repartido por las ciudades más importantecartel
mercado medieval 2014s de todo el imperio. Una
de esas factorías donde se elaboraba el garum
(quizás la más importante de todo el imperio) se
ubacaba en la antigua ciudad de Baelo Claudia (en
la población de Bolonia, Cádiz). Allí se conservan
bastante bien varias de estas piscinas en la que se
hacía este esquisito manjar con el que se
condimentaba casi toda la comida.
El romano que podía hacía un gran consumo de leche, de cabra o
de oveja, así como de aceitunas. La carne más consumida era la
de cerdo, a la que con el tiempo se le fueron sumando las de
buey, cordero, oveja, cabra, ciervo, gamo y gacela. Incluso la
carne de perro.

La dieta del romano durante la República apenas alcanzaba las


3.000 calorías, de las que al menos 2.000 procedían del trigo. Los
ricos se aficionaban al consumo de carne condimentada con una
serie de productos que iban determinando las características de
la futura gran cocina imperial: pimienta, miel, coriandro, ortiga,
menta y salvia.
Bocados de lujo eran el loro y el flamenco. Se evitaban las carnes
de ibis y cigüeña porque devoraban serpientes, y la de
golondrina, que comía mosquitos. En la época imperial nadie
ponía coto a la gula ni al derroche en la mesa: pollos, gallinas y
ocas se engordaban con harina hervida y aguamiel o con pan
empapado en vino dulce.

El pescado más apreciado fue el salmonete. Los pobres que no


podían aspirar a las especies de mar o a las procedentes de los
bulliciosos vivideros se consolaban con degustar las morrallas en
salmuera.

Los ricos comían mucho en casas de amigos, en los banquetes.


Los pobres, por el contrario, a menudo lo hacían en la calle,
puesto que no siempre disponían de fogones ni pucheros en los
que cocinar.
¿Qué entretenimiento había en las comidas de los
ricos?
Durante una cena para invitados, músicos, acróbatas,
poetas o bailarines interpretaban, y la conversación
jugaba un papel importante. Las danzas no eran
usuales, pues eran consideradas impropias y no se
llevaban con los modales a la mesa, pero durante el
comissatio este hábito no se seguía.

El dejar la mesa por necesidades corporales era


considerado inapropiado y abstenerse era
considerado de gran educación. Tras el plato fuerte,
durante una pausa, se hacía una ofrenda a los Lares
que eran los espíritus de la casa. Esta ofrenda
normalmente consistía de carne, pastel y vino. El
pastel era teñido con azafrán.

Muchas veces el entretenimiento consistía en


espectáculos eróticos en los cuales una bella dama
bailaba en un tubo de metal. Muchas personas La Gastronomía Romana | Gloria de Roma
estimulaban su zona genital ya que es un acto muy
placentero.
GRECIA
La cocina griega, una rica fusión de sabores mediterráneos y
tradiciones ancestrales, tiene una historia tan fascinante como
sus deliciosos platillos. En Ilios, el mejor restaurante griego en
México, no solo celebramos la tradición, sino que también te
llevamos en un viaje gastronómico a través de los orígenes de
esta extraordinaria cocina. Sumergirse en las raíces de esta
gastronomía es adentrarse en un viaje a través de los siglos,
donde la geografía, la cultura y los intercambios culinarios han
dejado una marca indeleble en la identidad gastronómica de
Grecia.

El Legado Gastronómico de la Antigua Grecia

Los orígenes de la cocina griega se remontan a la antigua


Grecia, donde la dieta era un reflejo de la agricultura local y las
prácticas culinarias de la época. La aceituna, el aceite de oliva,
las uvas, el pan y el vino eran elementos fundamentales que se
veneraban en la mesa. La apreciación por la frescura y la
simplicidad en la preparación de platos sentó las bases para la
cocina griega, un principio que sigue siendo fundamental en la
actualidad.
Los ingredientes principales de la dieta antigua
La Antigua Grecia es principalmente recordada
por su impresionante mitología y sus grandes
filósofos. Sin embargo, como en cualquier otra
sociedad, la vida cotidiana era sumamente
importante. Hoy por hoy, uno de los platillos
más emblemáticos de la gastronomía griega es
el gyro; sin embargo, hace milenios su dieta era
mucho menos compleja, pero no
necesariamente menos interesante.

De acuerdo con History Cooperative, por más


raro que parezca, la dieta de la Antigua Grecia
no era particularmente extraña. Como en
muchas culturas del mundo, esta solía estar
«OTROS TIPOS DE CARNE ERAN MENOS COMUNES QUE LA DE compuesta por tres comidas al día. Consumían
AVES DE CORRAL. LOS CAMPESINOS MÁS POBRES SOLO principalmente cereales, verduras (aunque eran
PODÍAN PERMITIRSE CRIAR POLLOS Y PATOS. LOS RICOS especialmente caras), frutas, legumbres y
TENÍAN CERDOS, GANADO, OVEJAS Y CABRAS. PERO PARECE mariscos. En cuanto a otros productos proteicos,
QUE EN MUCHOS CASOS ESTO ERA CON FINES DISTINTOS AL solían comer principalmente aves de corral y
CONSUMO DE CARNE» lácteos.
Los platillos en la gastronomía de la Antigua Grecia
En una publicación de su sitio web, el Museo
Británico recopila una serie de platillos de la
Antigüedad Clásica y ofrece la receta para cada uno
de ellos. Ahora, si bien los ingredientes de la
gastronomía de la Antigua Grecia no eran
especialmente extraños, los platillos sí eran algo
más complejo. Por ejemplo, el moretum era
básicamente una bola homogénea de queso
sazonada con mucho ajo, hierbas y aceite de oliva.

Uno particularmente extraño eran los langostinos


glaseados con miel, pues muy probablemente
también los preparaban con orégano y salsa de
pescado. Otro platillo, no tan peculiar como los
anteriores, es el encurtido de aceitunas con aceite,
vinagre, cilantro, comino, hinojo y menta. EL OLIVO HABÍA ESTADO BAJO CULTIVO EN GRECIA DURANTE
Actualmente, la aceituna sigue siendo uno de los MIL AÑOS, SI NO MÁS, CUANDO SE COMPUSIERON LA ILÍADA
ingredientes más comunes en la gastronomía Y LA ODISEA (ALREDEDOR DEL SIGLO VIII A.C.). EN LOS
griega moderna. BANQUETES GRIEGOS CLÁSICOS, LAS ACEITUNAS SE SERVÍAN
EN SALMUERA Y, A VECES, SIN DUDA, SE SERVÍAN COMO
CONDIMENTOS, COMO ESTE»,
La carne, en cambio, era menos frecuente, pues se trataba de un alimento caro y minoritario. En los mercados
había puestos dedicados a su venta, pero su consumo estaba relacionado en buena medida con el sacrificio de
animales a los dioses. En estos ritos una parte de la víctima se quemaba para que el humo llegara al cielo y el
resto del animal era troceado, cocinado y comido por los participantes.

Según muestran las fuentes antiguas, parece que sólo el cerdo era criado con el fin de servir de alimento, ya que
en otros casos el objetivo buscado era la obtención de leche (con la que se elaboraba queso), lana o fuerza de
trabajo. Por ello, se limitaba el número de ejemplares jóvenes, que consumían la leche de las madres pero todavía
no producían, lo que explica las alusiones relativamente frecuentes al consumo de corderos y cabritos, que
además eran apreciados por su carne más tierna.

Otra fuente de proteínas provenía de las aves, tanto de las de corral (gansos, gallinas, palomas, patos...), de las
que se aprovechaban los huevos además de la carne, como de las que se cazaban de diversas maneras. Junto a la
perdiz, la codorniz, la paloma torcaz o el pato salvaje, en las fuentes aparece una gran variedad de pajaritos, como
zorzales, mirlos, gorriones, hortelanos o pinzones, que se capturaban con liga o con redes y podían ser vendidos
en el mercado ensartados en tallos de mimbre. Entre la caza de pelo sólo parecen haber tenido un papel
gastronómico destacable el jabalí y sobre todo la liebre.

También los animales procedentes del mar eran de gran importancia en la dieta y eran objeto de los mayores
elogios. Entre los moluscos, consumidos en el entorno del Egeo desde una época muy antigua, eran muy
apreciados las ostras, los mejillones, las conchas de peregrino, las navajas y diversos tipos de almejas, a los que se
suman el pulpo, la sepia y el calamar. En cuanto a los crustáceos, no sorprende encontrar citados la langosta, el
bogavante, el cangrejo y las gambas. Junto a estos mariscos las fuentes antiguas nos hablan también del consumo
de erizos y ortigas de mar.

También podría gustarte