QUE ES LA ALFARERIA
La alfarería es el nombre del arte que consiste en la elaboración de vasijas de barro cocido. También reciben
dicho nombre las tiendas donde se comercializan las vasijas y el obrador en el cual se fabrican.
Por lo general, el concepto de alfarería se utiliza para hacer referencia a aquellas piezas realizadas sin esmalte o
con barniz aplicado en una única cocción. Por eso, el alfarero se diferencia del ceramista, ya que éste añade
esmaltes y utiliza diversas técnicas en sus piezas, con más de una cocción.
Los historiadores afirman que la alfarería nace hace unos 12.000 años en Japón, con el desarrollo de la cerámica
Jomon. La alfarería más antigua de América Latina de la que se tenga registro está compuesta por los objetos de
Kotosh-Hauyrajirca, que fueron encontrados en Perú y que dataría del año 1.850 a.C.
Tan importante, no sólo por mero placer decorativo sino también por utilidad para desarrollar diversas tareas de
la vida cotidiana, ha sido la alfarería a lo largo de la historia que en la actualidad, además de los objetos citados,
se han encontrado multitud de elementos de este tipo pertenecientes a tiempos antiquísimos.
Piezas en museos: Así, por ejemplo, hoy tenemos el privilegio de poder admirar desde piezas egipcias datadas
en el año 3.700 a.C hasta otras pertenecientes a las culturas que poblaron la Península Ibérica durante la Edad
del Bronce pasando por cerámicas griegas, iberas o romanas.
Precisamente estas y otras muchas más se han convertido en las mejores obras de arte y joyas que se conservan
en museo de todo el mundo. En concreto, algunas de las más significativas se hallan en el Museo Arqueológico
Nacional de Atenas, el Museo Nacional de Tokio, el Museo Nacional de Arte Antiguo de Portugal o el Museo
Arqueológico Nacional de España que se encuentra situado en Madrid.
Todo ello sin olvidar tampoco que, por ejemplo, luego existen otros centros culturales de este tipo que están
especializados en la alfarería. Este sería el caso del Museo de Alfarería de Agost, en la comunidad valenciana,
que se encuentra situado en una antigua fábrica de barro del siglo XIX y que permite conocer a fondo las
características de este arte en dicha zona.
Creación de objetos de alfarería
El proceso de elaboración de las piezas cerámicas comienza con el amasado de la arcilla, para que las distintas
partículas y la humedad se distribuyan de manera homogénea y para evitar la formación de burbujas de aire.
El siguiente paso consiste en el moldeado manual o con la ayuda de distintas herramientas. En esta parte del
proceso se agrega agua, de manera que la arcilla mantenga su plasticidad y no surjan rajaduras.
Después la pieza es dejada al aire libre para que se seque, en una fase conocida como estado de cuero. Cuando
la pieza está totalmente seca, adquiere mayor dureza y un color más claro. El alfarero puede entonces lijar la
pieza para dejarla más prolija.
Finalmente, la pieza de alfarería es llevada al horno, donde adquiere mayor resistencia y pierde su humedad
química.
REFERENCIAS HISTORICA DE LA ALFARERIA EN VENEZUELA
La alfarería de la zona comprendida entre el río Cachapoal y el Biobío sobrevivió gracias a que ciertas
tradiciones indígenas precolombinas persistieron a través de encomiendas o pueblos de indios, estancias,
haciendas, fundos y finalmente en comunas.
Esta práctica data del período Agroalfarero (300 a.C. - 1580 d.C.), cuando las nuevas condiciones climáticas
impulsaron el sedentarismo, la horticultura y el uso de tecnologías innovadoras.
En estos grupos no existían grandes centros de producción que permitieran una mayor especialidad, por lo que
se distinguen sólo dos tipos de creaciones:
Utilitaria: usada en un contexto doméstico para cocción, almacenamiento y consumo de alimentos.
Social-ritual: asociada a contextos funerales y espacios de interacción grupal, donde funcionó como un
"vehículo de comunicación social que transmite, a través de las formas o diseños, algunas características de los
usuarios o del contexto de uso" (Falabella et al. 1989:57).
Durante el período Intermedio Tardío (1.000 - 1.400 d.C.) y Tardío (1400-1541) se presentaron notorios
cambios en la alfarería ritual y social. Se identificaron nuevos estilos a partir del uso de pastas cerámicas de
diferentes colores y tipos decorativos y formales asociados a la preponderancia de otras unidades culturales:
Aconcagua (Intermedio Tardío): su principal característica es la cerámica del tipo Aconcagua Salmón y un
símbolo denominado trinacrio, similar a la suástica. Predominó el uso de elementos andinos o diaguitas.
Inca (Agroalfarero Tardío): Aconcagua establece una relación con el Estado Inca que cambió sus
manifestaciones sociales y rituales. Hubo creaciones cerámicas como aríbalos o botellones con asas en los
costados usados para guardar chicha, platos y aizanas o jarros con asa diagonal. Todos estos objetos se
asociaron a la práctica ritual.
En 1541 las huestes españolas llegaron a Santiago. Los indígenas de la zona central no desaparecieron, sino que
su cultura se desestructuró y perdieron el sentido que les daba unidad (Barrales; Vergara, 2007: 31).
La dominación española impuso al sujeto indígena nuevas formas de vida, como la forma en que producían sus
objetos de subsistencia y de uso simbólico, se organizaban, se relacionaban como grupo, entre grupos y con lo
divino.
Bajo el dominio europeo, ellos sólo reprodujeron fragmentos aislados de su cultura, generalmente asociados a lo
cotidiano y popular, que es precisamente lo que la historia oficial no aborda en profundidad" (Quinteros 2004:
145).
En la zona estudiada hubo una gran presencia de pueblos de indios. Este tipo de organización permitió una
cierta preservación de tecnologías tradicionales, al dejar a los grupos indígenas asentados en un espacio de
producción comunitaria.
En el siglo XVII destacó Rancagua, Copequén, Malloa, Peumo, Pichidegua y Tagua Tagua, en los que se formó
una economía y cultura compleja que se relacionaba con los españoles mediante el intercambio de productos.
La hacienda surgió a fines del siglo XVII, período en que españoles reorganizaron la tierra para la producción
agrícola. La población mestiza se transformó en mano de obra remunerada o no, como peones o inquilinos.
Esta unidad productiva predominó hasta mediados del siglo XX. En su entorno se creó una subcultura local con
un fuerte componente indígena, por lo que sobrevivieron técnicas de producción cerámica heredadas de las
culturas prehispánicas, aunque desprovistas de su antiguo sentido simbólico.
Después de 1973, el fenómeno conocido como nueva ruralidad determinó la crisis del oficio, al separar al
poblador de las labores campesinas tradicionales como la agricultura o ganadería.
La permanencia de la tradición indígena fue investigada por Catalina Paz Barrales Masías y María Eugenia
Vergara Solari. Ellas realizaron un estudio de las técnicas utilizadas en el período precolombino y colonial y
observaron a las últimas alfareras a través de un análisis etnográfico, con el que detectaron similitudes en
distintos niveles:
Marco ambiental. En el río Cachapoal se encontraban todas las deposiciones minerales necesarias para la
producción cerámica, como la arcilla, antiplástico, combustible y agua.
Aspecto técnico. Las semejanzas se refieren a:
Uso de rodetes o pieza giratoria cilíndrica utilizada para modelar la arcilla.
Decoración con engobe de colo o arcilla de grano más fino que la usada para modelar, que se impregna como
pintura sobre las piezas sin secar.
Luego de la cocción se fusionan ambos materiales, otorgando un tono indeleble a las piezas.
Preferencia por los desgrasantes de origen mineral (áridos). También denominado aplástico o antiplástico,
disminuyen la ductilidad natural de la arcilla, reduce la formación de tensiones y grietas en el proceso de
secado, anterior a la cocción. Los más comunes fueron los áridos de origen granítico o volcánico.
Estilo. Un ejemplo de permanencia es la olla porotera, ollas, fuentes, pucos o vasija de barro cocido ancha y
semiesférica, jarropatos o ketre metawe, en las que se observaron antecedentes de los grupos Lolleo de la zona.
Producción. El taller formó parte del espacio habitacional y el trabajo se realizó a nivel familiar, al igual que
en el Período Agroalfarero Temprano cuando no existían grandes centros de producción cerámica ni
infraestructura destinada exclusivamente como talleres.
La diferencia más importante entre la cerámica precolombina y la campesina tradicional se observó en el
manejo de técnicas decorativas y formas pictóricas como el trinacio y los campos geométricos. La cerámica
perdió prolijidad, lo que fue apreciado en el grosor e irregularidad de sus paredes y falta de proporción en piezas
simétricas.
Estos cambios dan cuenta de la pérdida de la función social y ritual de la cerámica y su rol como marcador de
identidades.
TECNICAS TRADICIONALES Y MODERNAS DE LA ALFARERIA
Lejos de nacer entre alfareros, descubrió el barro gracias a su habilidad con las manos, de manera autodidacta,
poco a poco, y con una exquisita atención en el tratamiento de esas piezas, bandejas, vasijas, que vendía
primero como comerciante de los “cacharros” de otros alfareros. El torno y la alfarería tradicional en una ciudad
en el que eran especialmente famosas las cantarillas del agua agria y los pucheros del Santo Voto marcaron sus
primeros pasos, las primeras intensas horas con las manos embadurnadas; aunque dispuesto a hacer frente a las
grandes rémoras que sufría sobre todo la cerámica frente a otros materiales por su fácil rotura, pronto decidió
aventurarse en el perfeccionamiento del tratamiento del barro, para conseguir una perdurabilidad ilimitada y una
calidad máxima. Dedicado en cuerpo y alma a la alfarería desde hace veinticinco años, el puertollanense
Virgilio Vizcaíno destaca a nivel nacional por la dureza y la resistencia de sus piezas, siempre tratadas en
“bicocción” y con el horno a 1.000 grados centígrados, frente a las habituales reducciones de calidad
experimentadas en los últimos años en el sector para reducir costes.
Con la “honestidad” por bandera, Virgilio explica que “el principal problema del barro es la perdurabilidad y la
reducción de la calidad del tratamiento que han asumido algunas empresas encargadas en su producción”.
Frente a creaciones espectaculares, pero frágiles, el puertollanense comenta que “una buena materia prima y la
realización de dos cocciones y al máximo de graduación, como tradicionalmente hacían los alfareros, es básico
para ofrecer un buen producto”; al mismo tiempo que habla de sus últimas propuestas, ahora tratadas con barro
negro de óxido de manganeso, según añade, “un barro especial, por los matices que da a las creaciones y sus
interesantes colores de oxidación”. De esta manera, la calidad aparece como la gran garantía de este tipo de
artesanía, aunque Virgilio expresa que el desarrollo de estos tratamientos no implica un aumento del precio de
los productos de manera excesiva y afirma que mantiene precios populares.
Además de su utilización para la cacharrería tradicional, cuencos, vasos o botijos, la alfarería de alta calidad de
Virgilio ha tenido una interesante y novedosa aplicación: las lápidas. Frente a las típicas “que llegan a ser en
muchas ocasiones bastante tétricas”, el puertollanense indica que las creaciones de óxido de manganeso, “con
bicoción y esmaltes de fabricación propia”
-producto de sus conocimientos de tratamientos químicos-, introducen creatividad y motivos particulares; y
además tienen la garantía de “que durarán siglos” debido a la complejidad del proceso de elaboración. En unos
momentos en el que el plástico se impone y también materiales de menor calidad para las aplicaciones que
tradicionalmente tenía la alfarería, los artesanos han tenido que buscar nuevas alternativas, y entre ellas están
también las esculturas personalizadas que realiza para trofeos y premios. En este sentido, Virgilio confiesa que
manda trofeos a “toda España e incluso al extranjero”, muchos de ellos para campeonatos nacionales.
La evolución alfarera de Virgilio demuestra de forma clara la búsqueda de la adaptación de este trabajo artesano
tradicional a las necesidades actuales, como refleja también la fabricación de murales, a pesar de que muchas de
las creaciones por las que se ha hecho famoso en toda la comarca y fuera de ella han sido las rústicas
relacionadas con la historia de Puertollano. En esta línea, el alfarero comenta que “las cantimploras de barro son
las piezas que más vendo”, con su intensidad de colores, de cobalto, hierro y cobre, y que incluyen una cuerda
de cáñamo natural. Por supuesto, de sobra conocidas son sus esculturas relacionadas con la promoción de la
localidad, como las que hacen referencia a la ‘Puerta del Valle de Alcudia’.
Como profesional aficionado a utilizar la alfarería de manera creativa, a ir más allá del torno, con elaboraciones
escultóricas, el conjunto artístico que elaboró para la Plaza de Solana del Pino, formado por un suelo con un
mosaico de piedra, cuatro murales en cerámica de tamaño pequeño, y otros cuatro de más de dos metros
cuadrados de tamaño, figura entre las creaciones a las que guarda “un cariño especial”. La creación de murales,
que incluso introducen texturas, siempre le ha causado interés y de hecho tiene expuestas de manera permanente
piezas a la intemperie para analizar la evolución que experimentan ante los cambios climáticos, el constraste del
frío invierno al bochornoso verano y también los efectos de inclemencias meteorológicas como la lluvia. Sin
duda, la resistencia de los materiales que utiliza ha quedado demostrada con creaciones como el mural dispuesto
en el auditorio Pedro Almodóvar o en el Hotel Castilla de Puertollano.