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El documento es una monografía sobre el usufructo, un derecho real que permite a una persona usar y disfrutar de un bien ajeno sin alterar su naturaleza. Se exploran su historia, definición, características, diferencias con otras instituciones y aspectos legales relacionados, como la transmisión y extinción del usufructo. Además, se analiza su relevancia en la planificación patrimonial y su función en contextos hereditarios.

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El documento es una monografía sobre el usufructo, un derecho real que permite a una persona usar y disfrutar de un bien ajeno sin alterar su naturaleza. Se exploran su historia, definición, características, diferencias con otras instituciones y aspectos legales relacionados, como la transmisión y extinción del usufructo. Además, se analiza su relevancia en la planificación patrimonial y su función en contextos hereditarios.

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UNIVERSIDAD PERUANA LOS ANDES

Facultad de: Derecho y Ciencias Políticas


Escuela Profesional: Derecho

“USUFRUCTO”

Nombres y Apellidos :
➢ Rondon Terreros Guinibier
➢ Cossio Supanta Eunice
➢ Muñico Crocco Nahuel
➢ Ceras Espinal Erick
➢ Doroteo Almerco Priscila
Asignatura:
Derecho Civil: Reales
Docente:
Mstra. Magali Violeta Alania Gomez

Ciclo y seccion:

VI – C1
DEDICATORIA

Dedicamos este trabajo con respeto y gratitud a la docente su por su guía,


exigencia académica y constante disposición para compartir sus conocimientos, lo
cual ha sido fundamental para la elaboración de esta monografía.

1
INDICE

DEDICATORIA .......................................................................................................................... 1

INDICE ....................................................................................................................................... 2

INTRODUCCIÓN ...................................................................................................................... 5

CAPÍTULO I .............................................................................................................................. 6

1.1 HISTORIA................................................................................................................ 6

1.2 DEFINICIÓN. .......................................................................................................... 7

1.3 CARACTERISTICAS .............................................................................................. 8

1.4 DIFERENCIAS CON OTRAS INSTITUCIONES .................................................. 9

1.5 OBJETO DEL DERECHO DE USUFRUCTO. ..................................................... 10

1.5.1 Constitución del Usufructo .......................................................................................11

1.6 PLAZO DEL USUFRUCTO. ................................................................................. 13

1.7 . TRASMISIÓN Y GRAVAMEN DEL USUFRUCTO. ......................................... 14

1.8 RÉGIMEN DEL USUFRUCTO EN CASO DE EXPROPIACIÓN Y SOBRE


PRODUCTOS NO RENOVABLES ............................................................................. 16

1.8.1 Usufructo en Caso de Expropiación del Bien .......................................................... 16

1.8.2. Usufructo Legal sobre Productos no Renovables ................................................... 17

1.9 REGULACIÓN DE LOS EFECTOS DEL USUFRUCTO. ..................... 18

2
CAPITULO II ........................................................................................................................... 21

2.1 . INVENTARIO Y TASACIÓN DE LOS BIENES................................................ 21

2.2. EXPLOTACIÓN DEL BIEN................................................................................. 22

2.3. MODIFICACIONES EN EL BIEN USUFRUCTUADO. .................................... 23

2.4. SUBROGACIÓN EN EL CRÉDITO HIPOTECARIO. ....................................... 24

2.5. DESGASTE POR DISFRUTE ORDINARIO. ..................................................... 25

2.6. REPARACIONES ORDINARIAS. ....................................................................... 26

2.7. RÉGIMEN LEGAL DE LAS MEJORAS. ............................................................ 26

2.8. OPOSICIÓN POR INFRACCIONES. .................................................................. 28

CAPITULO III .......................................................................................................................... 29

3.1. USUFRUCTO DE DINERO. ................................................................................ 29

3.2. USUFRUCTO DE UN CREDITO ........................................................................ 31

3.3 USUFRUCTO SOBRE DERECHOS Y SU INCORPORACIÓN EN TÍTULOS


VALORES .................................................................................................................... 32

3.4. USUFRUCTO SOBRE DINERO COBRADO. .................................................... 35

CAPITULO IV ......................................................................................................................... 38

4.1. CAUSALES DE EXTINCIÓN DEL USUFRUCTO ............................................ 38

4.1.2. Vencimiento del plazo ............................................................................................ 39

4.1.2 Prescripción por no uso ........................................................................................... 39

4.1.3. Consolidación ......................................................................................................... 40


3
4.1.4. Fallecimiento del usufructuario .............................................................................. 40

4.1.5. Renuncia del usufructuario ..................................................................................... 40

4.1.6. Destrucción o pérdida total del bien ....................................................................... 41

4. 1.7. Por declaración judicial ......................................................................................... 41

4.2. USUFRUCTO A FAVOR DE VARIAS PERSONAS. .......................................... 42

4.3. DESTRUCCIÓN DE BIEN USUFRUCTUADO. ................................................ 43

4.4. PÉRDIDA O DESTRUCCIÓN PARCIAL DEL BIEN. ........................................ 43

4.5. USUFRUCTO SOBRE FUNDO Y EDIFICIO. .................................................... 44

CAPÍTULO V ........................................................................................................................... 46

5.1 REALIDAD SOCIAL ............................................................................................ 46

5.2 ANÁLISIS DE LA POSIBLE SOLUCIÓN JURÍDICA ........................................ 47

CONCLUSIONES .................................................................................................................... 49

BIBLIOGRAFÍA ...................................................................................................................... 51

4
INTRODUCCIÓN

El usufructo es una figura del derecho real que otorga a una persona, denominada usufructuario,
la facultad de utilizar y disfrutar de un bien que le pertenece a otro individuo, sin que ello implique
una modificación de la naturaleza o sustancia del bien en cuestión. En otras palabras, el
usufructuario puede servirse del bien y obtener sus beneficios o frutos —como podrían ser los
productos generados por una propiedad agrícola o los alquileres de un inmueble—, pero está
impedido legalmente de alterar su estructura o destinarlo a fines distintos de los autorizados por su
configuración original. Desde el punto de vista jurídico, el usufructo no implica una transferencia
del dominio o propiedad sobre el bien, sino que se constituye como un derecho autónomo que
recae sobre cosa ajena. Aunque el usufructuario ejerce ciertas prerrogativas similares a las del
propietario, como el uso y disfrute del bien, esto no lo convierte en copropietario ni en titular
parcial del derecho de dominio. Por ello, la doctrina y la jurisprudencia han sido claras al señalar
que el usufructo no fracciona ni divide el derecho de propiedad, sino que lo limita temporalmente,
trasladando únicamente algunas facultades al usufructuario mientras se mantenga vigente dicho
derecho.

En este contexto, el propietario original pasa a ser denominado "nudo propietario", ya que conserva
la titularidad del bien, pero desprovista de los atributos esenciales del uso y el goce, que son
asumidos temporalmente por el usufructuario. Es importante destacar que el nudo propietario
conserva intacta la facultad de disposición, es decir, puede vender, donar o transferir el bien,
aunque dicha disposición no afectará el derecho de usufructo hasta que este se extinga.

El usufructuario, por su parte, debe limitarse al ejercicio del derecho de uso y disfrute, respetando
el estado material del bien y absteniéndose de introducir modificaciones que puedan alterar su
esencia. Tiene, además, la obligación de conservar el bien en buenas condiciones y, en algunos
casos, incluso realizar reparaciones ordinarias necesarias para su adecuado mantenimiento. Este
conjunto de responsabilidades evidencia que el usufructo no solo otorga beneficios, sino también
impone cargas al usufructuario en favor de la preservación del derecho del propietario.

5
CAPÍTULO I

USUFRUCTO

1.1 HISTORIA

En el sistema jurídico del Derecho Romano, los derechos reales orientados al disfrute de
bienes ajenos eran identificados como servidumbres personales. El concepto de servidumbre se
empleaba de manera general para abarcar todos aquellos derechos reales que recaían sobre cosas
pertenecientes a otra persona. Dentro de esta categoría, se establecía una división fundamental
entre servidumbres prediales y servidumbres personales. Las primeras, que son las únicas que
conservan dicha denominación en el Derecho actual, se distinguían claramente de las personales,
ya que tenían una naturaleza permanente, mientras que las personales eran de carácter temporal.
Además, las servidumbres personales podían cederse sin que esto afectara al bien sobre el cual se
ejercían, a diferencia de las prediales, que estaban estrictamente ligadas al predio beneficiado, sin
posibilidad de desvinculación.

Con la entrada en vigor del Código Civil Francés, se abandonó esta clasificación
tradicional, pues bajo la influencia de las ideas revolucionarias, se buscó suprimir cualquier
vestigio de figuras jurídicas asociadas a privilegios individuales como las servidumbres
personales. Por tal motivo, se optó por eliminar dicha denominación y, en su lugar, se adoptaron
términos específicos ya conocidos desde el Derecho Romano, tales como usufructo, uso y

6
habitación. En la misma línea, el Código Civil peruano, siguiendo el modelo francés, también
descartó el reconocimiento de las servidumbres personales, manteniendo únicamente las prediales
bajo esa clasificación.

El usufructo, etimológicamente derivado de las palabras latinas usus (uso) y fructus (fruto),
consiste en el derecho de usar un bien ajeno y aprovecharse de los beneficios o frutos que este
genere, con la condición de que su integridad o naturaleza no sea alterada.

1.2 DEFINICIÓN.

Artículo 999 El usufructo constituye una institución jurídica que confiere a una persona
—denominada usufructuaria— la facultad de usar y disfrutar temporalmente un bien ajeno, sin
adquirir su propiedad. Este derecho, de naturaleza real, no necesariamente abarca todos los
rendimientos o utilidades que el bien pueda generar, ya que la normativa permite que, por acuerdo
entre partes o por mandato legal, ciertos beneficios queden excluidos del mismo. De manera
general, el usufructo puede recaer sobre cualquier bien no consumible, salvo las restricciones
expresamente previstas en los artículos 1018 al 1020 del Código Civil del Perú.

Aunque el mencionado código no ofrece una definición exhaustiva del usufructo, la


doctrina jurídica lo ha descrito como un derecho real limitado que habilita a su titular a servirse de
la cosa y a obtener sus frutos, siempre respetando su integridad y sin menoscabar su sustancia.
Este derecho es eminentemente temporal: su vigencia suele estar condicionada al fallecimiento del
usufructuario o al cumplimiento de un plazo previamente estipulado.

Desde un enfoque doctrinal, el jurista argentino Guillermo Borda lo clasifica dentro del
conjunto de servidumbres personales, entendidas como derechos reales que, al estar vinculados
íntimamente a la persona beneficiaria, tienen un carácter transitorio y se extinguen con su muerte.
Este enfoque resalta la distinción entre el usufructo y la propiedad plena, dado que el usufructuario
goza del uso legítimo del bien, pero carece de la facultad de disposición total sobre el mismo.

7
En términos económicos, los tratadistas Diez-Picazo y Gullón consideran que el usufructo
cumple una función redistributiva y práctica, al permitir que el goce del bien sea transferido por
un periodo determinado, con la certeza de que, una vez vencido el plazo, los derechos sobre la cosa
retornarán a su legítimo propietario. Esta utilidad es especialmente relevante en contextos
hereditarios, donde el testador puede destinar el usufructo de ciertos bienes a una persona —como
el cónyuge viudo— sin afectar la legítima de los herederos forzosos.

Asimismo, en el ámbito de la planificación patrimonial, el usufructo se presenta como un


instrumento estratégico de uso frecuente en la práctica notarial y registral. Permite separar
jurídicamente la titularidad del bien de su uso, facilitando así la gestión de los intereses familiares
y garantizando la conservación del patrimonio para futuras generaciones. En efecto, esta figura
protege el equilibrio entre el derecho al disfrute de una persona y la salvaguarda de la propiedad
para su posterior transmisión.

1.3 CARACTERISTICAS

➢ El usufructo se entiende como un derecho subjetivo que otorga a su titular una


facultad jurídica directa sobre un bien ajeno, permitiéndole disfrutarlo y
utilizarlo legítimamente. Esta posición está jurídicamente respaldada, lo que les
confiere protección frente a terceros, evidenciando su carácter oponible erga
omnes.
➢ Este instituto jurídico pertenece a la categoría de derechos reales y se clasifica
como una limitación al dominio. Es decir, el usufructuario goza de ciertas
prerrogativas sobre el bien, como el uso y la percepción de frutos, pero no
accede a la propiedad plena. Se trata, entonces, de una separación entre la nuda
propiedad y el derecho de goce, sin que esto implique subordinación, ya que el
usufructo conserva su autonomía como derecho real principal.
➢ A través del usufructo, el beneficiario puede obtener provecho económico del
bien, pero no cuenta con la potestad de disposición, es decir, no puede
enajenarlo, gravarlo ni alterar su esencia. No obstante, en situaciones

8
particulares como el cuasiusufructo, se permite el uso con facultades de
disposición, dado que el objeto —al ser consumible— justifica dicha excepción.
➢ Uno de los elementos esenciales del usufructo es que debe recaer sobre un bien
de propiedad ajena. Si el usufructuario fuese también propietario del bien,
cesaría la dualidad funcional que distingue entre el derecho de goce y el de
dominio, convirtiéndose en un solo sujeto con todos los atributos del
propietario, lo que excluye la figura del usufructo.
➢ Al tratarse de un derecho de naturaleza limitada, su ejercicio debe ceñirse a la
conservación del bien, respetando su integridad física, finalidad económica y
uso habitual. Según el artículo 1009 del Código Civil peruano, el usufructuario
tiene la obligación de usar el bien con moderación, evitando cualquier daño
innecesario o deterioro no vinculado al uso ordinario.
➢ La temporalidad es una nota distintiva del usufructo. No es indefinido: si el
titular es una persona natural, el derecho expira con su fallecimiento; en el caso
de personas jurídicas, la duración máxima es de treinta años. Excepcionalmente,
para bienes inmuebles de interés monumental restaurados con fondos privados,
la ley permite extender su vigencia hasta por noventa y nueve años.
➢ El usufructo también puede fraccionarse, permitiendo su disfrute por varias
personas al mismo tiempo o en sucesión. Esta divisibilidad otorga flexibilidad
en su configuración, de modo que diferentes beneficiarios pueden ejercer el
derecho de manera concurrente o en etapas, siempre respetando las condiciones
legales o contractuales pactadas.

1.4 DIFERENCIAS CON OTRAS INSTITUCIONES

Es necesario establecer una clara distinción entre el usufructo y otras figuras jurídicas con
las que podría confundirse, debido a ciertas similitudes funcionales. A continuación, se presentan
dos de las más relevantes:

a) Diferencia con la propiedad:


La distinción entre usufructo y propiedad resulta evidente si se considera que la propiedad

9
representa el derecho más completo que puede ejercerse sobre un bien, al incluir la facultad de
disposición, es decir, la posibilidad de transferir, modificar o extinguir el derecho sobre dicho bien.
Por el contrario, el usufructuario no posee esta facultad, limitándose a usar y disfrutar del bien.
Aunque en la práctica el usufructuario puede comportarse como si fuese propietario, su poder
jurídico está restringido.
Además, el derecho de propiedad es, por naturaleza, perpetuo, mientras que el usufructo está sujeto
a plazos: se extingue con la muerte del usufructuario o tras un lapso determinado si recae en una
persona jurídica.
Incluso las facultades comunes, como el uso y el disfrute, presentan matices: el usufructuario solo
puede ejercerlas en la medida que no alteren la estructura ni el destino económico del bien, según
lo establecido en el artículo 1009 del Código Civil, lo que no ocurre con el propietario, quien tiene
libertad plena en la gestión del bien que le pertenece.

b) Diferencia con el arrendamiento:


Una distinción esencial radica en la naturaleza jurídica de ambas figuras: el usufructo es un derecho
real, mientras que el arrendamiento es un derecho personal que origina una relación obligacional
entre arrendador y arrendatario. El arrendador debe garantizar el uso y goce del bien al
arrendatario, mientras que el nudo propietario cumple su deber simplemente entregando el bien al
usufructuario.
En cuanto a la duración, el usufructo tiene un carácter vitalicio o se establece por el plazo que
indique la ley, mientras que el arrendamiento, conforme al Código Civil peruano, no puede exceder
los diez años si se trata de personas naturales.
Otra diferencia clave es la fuente de constitución: el arrendamiento surge exclusivamente de un
contrato, mientras que el usufructo puede originarse también por testamento, disposición legal o
acto inter vivos. Finalmente, el arrendamiento siempre implica una contraprestación económica,
mientras que el usufructo puede ser gratuito, lo cual es común en la práctica.

1.5 OBJETO DEL DERECHO DE USUFRUCTO.

En relación con los bienes susceptibles de ser objeto del usufructo, el artículo
correspondiente del Código Civil establece que este derecho puede recaer sobre todo tipo de bien

10
que no sea consumible, salvo las excepciones expresamente previstas en los artículos 1018 al 1020.
No obstante, al analizar estas disposiciones —que contemplan casos especiales como el usufructo
de dinero o de créditos— se infiere que el usufructo puede extenderse a cualquier bien, siempre
que sea apropiable, esté dentro del comercio jurídico y sea susceptible de uso y goce.

En esa línea, siguiendo el criterio doctrinal expuesto por ROMERO ROMAÑA, diversas
legislaciones reconocen la posibilidad de constituir usufructo incluso sobre bienes consumibles.
En tales supuestos, se configura una modalidad especial denominada cuasiusufructo o usufructo
imperfecto, que se aparta del régimen ordinario del usufructo. La principal diferencia radica en
que, en el cuasiusufructo, el usufructuario adquiere la propiedad del bien, quedando facultado para
consumirlo o disponer de él, con la obligación de restituir otro bien de la misma especie y cantidad
al finalizar el usufructo.

Por el contrario, en el usufructo perfecto —la forma común— el usufructuario se limita al


uso y disfrute del bien sin que le sea transferido el dominio. Esta diferencia sustancial permite
adaptar la figura del usufructo a una mayor variedad de situaciones patrimoniales.

Asimismo, el usufructo no tiene por qué recaer sobre la totalidad de un bien. Puede
establecerse también sobre una fracción del mismo o sobre una cuota ideal cuando el bien se
encuentra en régimen de copropiedad, lo que amplía su utilidad práctica dentro del ámbito del
derecho de bienes.

1.5.1 Constitución del Usufructo

De acuerdo con el artículo 1000 del Código Civil peruano, el usufructo puede constituirse
por mandato legal, por contrato o por acto jurídico unilateral. Esta disposición reconoce, por tanto,
tanto el origen legal como el convencional del derecho de usufructo, otorgándole una estructura
flexible que permite su aplicación en diversos contextos patrimoniales y familiares.

En el ámbito de los actos jurídicos, como precisan DIEZ-PICAZO y GULLÓN, el


usufructo puede nacer tanto mortis causa —a través de disposiciones testamentarias— como inter

11
vivos, ya sea por actos onerosos o gratuitos. En ambos supuestos, se evidencia la autonomía de la
voluntad como fuente legítima del derecho real de usufructo.

A) Constitución por mandato legal

Existen determinados supuestos en los que la ley confiere expresamente el usufructo a


ciertas personas. En el sistema jurídico peruano, se reconocen principalmente dos formas de
usufructo legal:

➢ El usufructo que corresponde a los padres respecto de los bienes de sus hijos
menores de edad, hasta que estos alcancen la mayoría de edad (art. 423 del
Código Civil).
➢ El usufructo que se concede al cónyuge sobreviviente sobre la vivienda
conyugal, en caso de que carezca de medios económicos suficientes para
sostener el hogar (art. 732 del mismo cuerpo normativo).
➢ En ambos casos, la ley protege intereses familiares o de subsistencia, mediante
la atribución automática de un derecho de goce que no requiere acuerdo entre
partes.
B) Constitución por contrato o acto jurídico unilateral

El usufructo también puede nacer de la voluntad expresada por una o más personas a través
de un contrato —cuando hay acuerdo entre partes— o de un acto jurídico unilateral. En esta
modalidad, su constitución puede ser onerosa (como en la compraventa o permuta con reserva de
usufructo) o gratuita (por ejemplo, en una donación).

Es importante distinguir dos formas frecuentes en este ámbito:

➢ La constitución directa, en la que una persona transfiere el usufructo y retiene


la nuda propiedad.
➢ La reserva de usufructo, en la que el transmitente transfiere la propiedad del
bien, pero se reserva para sí el derecho de uso y disfrute.

12
C) Constitución por testamento

El usufructo también puede ser constituido mediante disposición testamentaria, lo que lo


convierte en una herramienta habitual dentro del derecho sucesorio. En este supuesto, el testador
otorga a un tercero el derecho de usar y disfrutar de determinados bienes, sin transferirles el
dominio, que permanece dentro del patrimonio hereditario. Al fallecer el usufructuario, el bien
retorna íntegramente a los herederos propietarios, restaurándose así la unidad del dominio.

1.6 PLAZO DEL USUFRUCTO.

El artículo 1001 del Código Civil establece que el usufructo, como derecho real de goce,
tiene un carácter esencialmente temporal. No se trata de un derecho perpetuo, sino de uno limitado
en el tiempo, circunstancia que se traduce en una restricción parcial del dominio, sin llegar a
extinguirlo. Esta temporalidad es una de las características estructurales que distingue al usufructo
de la propiedad plena.

Cuando el usufructo se otorga a favor de una persona jurídica, la ley establece


expresamente que su duración no puede exceder de treinta años. En caso de haberse pactado un
periodo superior, este se reducirá de pleno derecho al límite máximo permitido. Esta restricción
responde a la finalidad de evitar que se prolongue indefinidamente la escisión entre la nuda
propiedad y el uso del bien, asegurando así la reintegración futura del dominio en una sola
titularidad.

Sin embargo, el legislador ha previsto una excepción notable respecto de bienes inmuebles
pertenecientes al Estado y de valor monumental. En estos casos, si dichos inmuebles son
restaurados por personas naturales o jurídicas con recursos propios, el usufructo puede tener una
duración de hasta noventa y nueve años. Esta ampliación excepcional se justifica por la
importancia de incentivar la conservación del patrimonio histórico y cultural del país,
reconociendo jurídicamente el esfuerzo e inversión del usufructuario.

13
Por otro lado, en el caso de las personas naturales, aunque el artículo no lo establece de
forma expresa, se entiende —por interpretación sistemática del régimen del usufructo— que su
duración se extiende hasta el fallecimiento del usufructuario, no siendo posible su transmisión
mortis causa. En consecuencia, no puede disponerse válidamente un usufructo que beneficie a los
herederos del titular original, ya que su extinción opera por la muerte del mismo.

Asimismo, si no se fija expresamente un plazo de duración al constituirse el usufructo, este


se entenderá concedido por el plazo máximo legal, conforme al principio de integración del
dominio. De igual modo, en caso de sobrepasarse los límites establecidos legalmente, se aplicará
una reducción automática conforme a derecho, con el objetivo de preservar el equilibrio entre los
derechos del nudo propietario y del usufructuario.

Este diseño normativo evidencia la preocupación del legislador por evitar una separación
indefinida entre los atributos del dominio, garantizando que, transcurrido el plazo establecido o
producida la muerte del usufructuario, el bien retorne plenamente al titular de la nuda propiedad.

1.7 . TRASMISIÓN Y GRAVAMEN DEL USUFRUCTO.

El artículo 1002, regula expresamente la posibilidad de transferir o gravar el derecho de


usufructo, siempre que este no sea de origen legal ni esté constituido con carácter personalísimo.
Con ello, el legislador supera el vacío normativo que presentaba el Código Civil de 1936,
reconociendo expresamente la transmisibilidad del usufructo inter vivos, en consonancia con lo
que ya sostenía la doctrina.

El usufructo, como derecho real limitado, puede ser objeto de cesión onerosa o gratuita, así
como de constitución de gravámenes, tales como la hipoteca o la anticresis. No obstante, dicha
posibilidad está sujeta a condiciones fundamentales:

➢ Que no se trate de un usufructo legal,


➢ Que no exista prohibición expresa en el acto constitutivo, y
➢ Que se respete el plazo original fijado al momento de su creación.

14
En efecto, cuando el usufructo deriva de la ley, como ocurre con el usufructo de los padres
sobre los bienes de sus hijos menores o el usufructo del cónyuge sobreviviente (artículos 423 y
732), su naturaleza es estrictamente personalísima, por lo que resulta intransferible e inembargable.
Lo mismo ocurre cuando el usufructo se establece intuitu personae, es decir, en atención a la
persona del beneficiario.

Respecto a la cesión del usufructo, el código no exige el consentimiento del nudo


propietario, lo que implica que el usufructuario puede transferir su derecho sin necesidad de
notificación previa. Esta disposición otorga mayor flexibilidad al usufructuario en la
administración de su derecho, aunque puede generar inseguridad jurídica para el propietario. Cabe
recordar que el Proyecto del Código Civil de 1982 había propuesto exigir dicha notificación y, en
caso de omisión, imponer una responsabilidad solidaria entre cedente y cesionario, disposición que
finalmente no fue incorporada al texto vigente.

Por otra parte, el plazo del usufructo no puede ser extendido mediante el acto de cesión o
gravamen. Toda tentativa de ampliar el término original debe entenderse como ineficaz y, en su
defecto, reducirse al plazo legal o pactado. Esta limitación evita que el usufructo adquiera una
duración perpetua o indeterminada, preservando así su naturaleza temporal.

En cuanto al gravamen del usufructo, este puede constituirse válidamente, pero debe recaer
únicamente sobre el derecho de usufructo, es decir, sobre el uso y disfrute del bien, sin afectar la
nuda propiedad. Sin embargo, esta posibilidad tiene limitaciones prácticas importantes, ya que el
gravamen también se extinguirá al finalizar el usufructo, sea por vencimiento del plazo o por
muerte del usufructuario (en el caso de personas naturales). Esta circunstancia debilita la eficacia
del usufructo como garantía para los acreedores, especialmente cuando se trata de instrumentos a
largo plazo como la hipoteca.

Finalmente, es importante resaltar que el usufructo no se transmite mortis causa, lo cual se


encuentra expresamente señalado en el artículo 1021, inciso 4, del Código Civil. A la muerte del
usufructuario, el derecho se extingue, sin posibilidad de ser heredado. Esto reafirma el carácter

15
temporal y personal del usufructo, diferenciándolo de otros derechos reales que sí pueden
incorporarse al caudal hereditario.

1.8 RÉGIMEN DEL USUFRUCTO EN CASO DE


EXPROPIACIÓN Y SOBRE PRODUCTOS NO
RENOVABLES

1.8.1 Usufructo en Caso de Expropiación del Bien

El artículo 1003 del Código Civil peruano establece que, en caso de expropiación del bien
objeto del usufructo, este derecho se traslada al valor que se obtenga como compensación. Este
mecanismo refleja la voluntad del legislador de mantener subsistente el usufructo, trasladándolo
al monto indemnizatorio, antes que declararlo extinguido.

Este tratamiento marca una diferencia sustancial con la normativa contenida en el derogado
Código Civil de 1936. En efecto, su artículo 946 señalaba que la indemnización reemplazaba al
bien usufructuado, mientras que el artículo 947 disponía su reparto proporcional entre nudo
propietario y usufructuario, dando por concluido el usufructo. Tal disposición extinguía el derecho
del usufructuario, lo cual podía dejarlo en situación de vulnerabilidad, especialmente si el
usufructo era su única fuente de ingreso o medio de uso.

El Proyecto del Código Civil de 1982 ofrecía una fórmula más detallada y equitativa: en
caso de expropiación por causa de utilidad pública, el propietario debía entregar al usufructuario
un bien equivalente o, en su defecto, pagarle el interés legal sobre el monto de la indemnización
durante el tiempo que hubiera durado el usufructo, con garantía de cumplimiento. Este diseño
buscaba salvaguardar el equilibrio de intereses entre usufructuario y propietario.

En la regulación vigente, sin embargo, no se establece expresamente el destino o


distribución del importe indemnizatorio ni se contempla a la expropiación como causal de
extinción del usufructo (conforme al artículo 1021 del Código Civil). En este contexto, una
interpretación sistemática permite concluir que el usufructo no se extingue, sino que se transforma,

16
subsistiendo sobre el capital indemnizatorio como cuasiusufructo, en el que el usufructuario
adquiere el derecho de uso y disfrute sobre el dinero, pero con la obligación de restituir su
equivalente al finalizar el usufructo (conforme a la figura regulada en el artículo 1018).

Esta postura es respaldada por la doctrina, como lo expresa Beatriz Areán, quien señala
que, frente a una expropiación imprevista, el usufructo se transfiere de pleno derecho al valor
indemnizatorio, sin necesidad de nuevo acuerdo. La figura del cuasiusufructo se presenta como
una solución racional que evita el perjuicio del usufructuario, garantizando la continuidad de su
derecho.

No obstante, la falta de precisión legal sobre el reparto o administración del capital recibido
puede dar lugar a conflictos interpretativos. En tal sentido, se ha sostenido que una regulación
similar a la del Código de 1936 o al Proyecto de 1982 habría otorgado mayor certeza jurídica,
especialmente sobre el destino, reparto o inversión del monto indemnizatorio.

1.8.2. Usufructo Legal sobre Productos no Renovables

El artículo 1004 regula de manera específica el usufructo legal respecto de productos no


renovables, estableciendo que los padres que ejercen la patria potestad y, por ende, gozan del
usufructo legal sobre los bienes de sus hijos, deben devolverles la mitad de los ingresos netos
obtenidos por concepto de productos.

De conformidad con el artículo 1000.1 del Código Civil, el usufructo legal es aquel que
se origina por mandato expreso de la ley, y no puede ser constituido por decisión judicial
autónoma. Ejemplos representativos incluyen el usufructo de los padres sobre los bienes del hijo
menor (artículo 423.8), así como el usufructo del cónyuge supérstite sobre la vivienda conyugal
(artículo 732).

En el marco del artículo 894, se entiende por productos aquellos beneficios que alteran o
consumen la sustancia del bien de donde proceden, como la extracción de minerales, madera
no reforestada o bienes similares. Dado que estos bienes no son renovables y su explotación
compromete la integridad del patrimonio, el legislador impone a los usufructuarios (padres) la

17
obligación de restituir la mitad del valor neto percibido, en aras de preservar parte del capital
del menor.

Esta regla contrasta con lo establecido para los frutos, definidos en el artículo 890 como
beneficios naturales, civiles o industriales renovables, que no afectan la esencia del bien productor.
En esos casos, los padres usufructuarios no están obligados a compartir los frutos, ya que estos
pueden regenerarse sin mengua del bien original.

La disposición contenida en el artículo 1004 constituye una excepción al principio general


de liberalidad que caracteriza al usufructo legal, en el cual los padres pueden utilizar libremente
los frutos de los bienes de sus hijos. Esta excepción responde a un objetivo de protección del
patrimonio infantil, en coherencia con el interés superior del menor reconocido por el
ordenamiento jurídico.

1.9 REGULACIÓN DE LOS EFECTOS DEL


USUFRUCTO.

El artículo 1005 del Código Civil peruano establece que los efectos del usufructo se rigen,
en primer término, por lo dispuesto en el acto constitutivo y, en su defecto, por las normas
contenidas en el Título correspondiente del mismo cuerpo normativo. Esta disposición refleja la
estructura jerárquica de las fuentes jurídicas que determinan las consecuencias legales derivadas
de la constitución voluntaria del derecho real de usufructo.

El usufructo puede originarse por norma con fuerza de ley o por actos jurídicos. En el
supuesto previsto por el artículo 1005, se hace referencia específica al usufructo constituido
mediante actos jurídicos, sean estos unilaterales (como el testamento), bilaterales (como el
contrato) o incluso plurilaterales. En estos casos, los efectos que se desprenden del usufructo
encuentran su fundamento tanto en la voluntad de las partes como en las disposiciones legales
aplicables, lo que pone de manifiesto una interacción entre autonomía privada y normatividad
estatal.

18
Este diseño normativo expresa un interés del legislador por compatibilizar la autonomía de
la voluntad con el marco jurídico imperativo. Tal equilibrio encuentra respaldo constitucional en
normas como el literal a) del inciso 24 del artículo 2 de la Constitución Política del Perú, que
consagra el principio de legalidad al establecer que nadie está obligado a hacer lo que la ley no
manda, ni impedido de hacer lo que ella no prohíbe. Igualmente, el inciso 14 del mismo artículo
reconoce expresamente el derecho a contratar para fines lícitos, siempre que no se vulneren normas
de orden público.

En ese sentido, el principio de autonomía privada —reconocido como un principio general


del Derecho— otorga a los particulares la facultad de estructurar libremente sus relaciones
jurídicas, siempre dentro de los márgenes permitidos por el ordenamiento. Desde una perspectiva
técnico-jurídica, este principio confiere un derecho subjetivo a los individuos, entendiendo por tal
una situación jurídica favorable que incluye el ejercicio de facultades, poderes, derechos
potestativos y expectativas legítimas. Esta libertad abarca no solo la decisión de contratar o no,
sino también la posibilidad de determinar el contenido, alcance y efectos de sus actos jurídicos.
Las reglas generadas por el ejercicio de la autonomía privada son vinculantes y coercibles, aunque
no necesariamente universales.

El reconocimiento del principio de autonomía privada en el ordenamiento peruano se


consolida aún más en el ámbito contractual. Así, el artículo 62 de la Constitución de 1993 garantiza
la libertad contractual y dispone que los contratos no pueden ser modificados por leyes de menor
jerarquía. En concordancia, el artículo 1354 del Código Civil establece la libertad para contratar,
siempre que no se contraríen normas imperativas. Este aparente conflicto entre Constitución y
Código Civil ha sido objeto de debate doctrinario, y su solución se ha orientado a través del
principio de jerarquía normativa.

A ello se suman los artículos 1355, 1356 y 1361 del Código Civil, que desarrollan los
efectos y alcances de la autonomía privada dentro del ámbito contractual, reforzando el carácter
vinculante y exigible de los compromisos asumidos por las partes.

19
En consecuencia, la norma contenida en el artículo 1005 del Código Civil representa una
manifestación concreta del principio de autonomía privada aplicado al usufructo constituido por
acto jurídico. No obstante, esta autonomía no es absoluta, ya que la misma norma condiciona su
aplicación a la inexistencia de disposiciones contrarias en el Título III del Código Civil. A su vez,
ello no excluye la aplicabilidad de otras normas imperativas contenidas en los Libros II (actos
jurídicos), IV (derechos reales), VI (sucesiones) y VII (prescripción y caducidad) del Código Civil,
en función del tipo de acto jurídico constitutivo del usufructo.

Este análisis puede extenderse, mediante la aplicación supletoria del Código Civil
reconocida en el artículo IX del Título Preliminar, a figuras específicas como el usufructo de
acciones regulado en los artículos 107 y 108 de la Ley General de Sociedades (Ley N.º 26887),
cuando esta última no regule expresamente todos los aspectos vinculados al usufructo.

20
CAPITULO II

DEBERES Y DERECHOS DEL USUFRUCTUARIO

2.1 . INVENTARIO Y TASACIÓN DE LOS BIENES.

El artículo 1006 establece que, una vez que el usufructuario toma posesión de los bienes,
está obligado a realizar un inventario junto con una valorización de los bienes muebles, salvo que
el propietario lo haya exonerado expresamente de dicha obligación, siempre que no existan
herederos forzosos. Sin embargo, en los casos de usufructo originado por mandato legal o por
disposición testamentaria, la norma exige que tanto el inventario como la tasación sean efectuados
obligatoriamente a través de un procedimiento judicial.

Esta disposición legal encuentra su fundamento en el antiguo artículo 937 del Código Civil
de 1936. No obstante, el artículo vigente introduce un cambio significativo al restringir la facultad
del propietario de liberar al usufructuario de cumplir con esta obligación cuando existen herederos
forzosos. Esta modificación tiene como propósito principal brindar una mayor protección al
patrimonio que eventualmente corresponderá a estos herederos, permitiendo con ello una
fiscalización clara sobre los bienes sujetos al usufructo.

21
Desde la óptica de la jurista Beatriz Areán, el inventario y la tasación son herramientas
imprescindibles para definir el alcance del derecho de usufructo, ya que permiten identificar con
exactitud qué bienes deben ser devueltos al término del mismo. Partiendo de este razonamiento,
se puede plantear que la normativa peruana debería contemplar también una referencia explícita a
los bienes inmuebles. En efecto, el ordenamiento jurídico argentino, a través del artículo 2846 del
Código Civil y Comercial, exige no solo la elaboración de un inventario de los bienes muebles,
sino también la descripción del estado físico de los inmuebles, con la participación del propietario
o su apoderado.

Cabe resaltar que el inventario debe incluir un detalle minucioso de cada bien mueble,
especificando su estado y valor estimado. En cuanto a los bienes inmuebles, aunque no están
mencionados de forma expresa en el artículo 1006, sería aconsejable incluir un informe que
documente sus condiciones al momento de ser entregados, de modo que sirva como base para
verificar su conservación al final del usufructo.

Otro aspecto relevante de la norma es el momento en el que debe cumplirse esta obligación.
El artículo precisa que debe realizarse “al momento de entrar en posesión”, lo cual significa que
no se exige como condición previa para que el usufructuario comience a disfrutar de los bienes.
En consecuencia, el usufructuario puede acceder a los bienes antes de haber efectuado el inventario
y la tasación, y dicha circunstancia no impide que el propietario los entregue. Sin embargo, si el
usufructuario incumple posteriormente con esta obligación, el propietario podrá solicitar
judicialmente su cumplimiento. Esta misma exigencia por vía judicial es de carácter obligatorio
cuando se trata de usufructos que se originan por mandato legal o disposición testamentaria.

2.2. EXPLOTACIÓN DEL BIEN

El artículo 1008 establece que el usufructuario debe hacer uso del bien conforme a su
destino natural y de acuerdo con los usos y costumbres socialmente aceptados. Esta disposición
tiene como objetivo fundamental resguardar uno de los principios esenciales del usufructo: la
obligación del usufructuario de conservar el bien en condiciones similares a aquellas en que lo
recibió, sin modificar su esencia o estructura.

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En efecto, el usufructuario no puede transformar ni deteriorar el bien, ya que esto
comprometería el derecho del propietario a recuperarlo al finalizar el usufructo en condiciones
apropiadas. El uso indebido o desviado del bien podría traducirse en un perjuicio directo para el
nudo propietario, afectando la integridad del bien y limitando su utilidad o valor posterior.

En esta línea, la especialista Lucrecia Maisch von Humboldt ha observado que el enfoque
del artículo es demasiado restringido, pues se concentra únicamente en la obligación del
usufructuario de usar el bien conforme a su naturaleza. No contempla otras responsabilidades
importantes que deberían formar parte del régimen legal del usufructo. Por ejemplo, el deber del
usufructuario de intervenir ante situaciones que amenacen su derecho, la obligación de tomar
medidas para la preservación del bien (como contratar un seguro), y la responsabilidad de devolver
el bien junto con sus accesorios y aquellas mejoras que subsistan al término del usufructo.

Estas omisiones debilitan la protección tanto del bien como de los intereses del propietario,
por lo que una regulación más amplia resultaría más adecuada para garantizar el cumplimiento
íntegro de las responsabilidades del usufructuario.

2.3. MODIFICACIONES EN EL BIEN USUFRUCTUADO.

El artículo 1009 establece una restricción clara al usufructuario: no puede realizar


modificaciones sustanciales al bien, ni transformar de manera significativa su forma de uso. Esta
limitación tiene como finalidad principal asegurar que el bien conserve las características
necesarias para que el propietario, una vez terminado el usufructo, pueda hacer uso de él conforme
a su propósito original, sin que haya sufrido alteraciones que disminuyan su valor o utilidad.

Esta norma busca resguardar el derecho del propietario a recuperar el bien en su estado
esencial. Así, se impide que el usufructuario adopte conductas que, aunque puedan parecer
beneficiosas o mejoradoras, afecten la esencia del bien y perjudiquen el uso que el propietario
podría darle posteriormente.

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De acuerdo con la interpretación doctrinal de Papaño, el usufructuario no tiene la libertad
de explotar el bien de manera desmedida o irracional. Tampoco le está permitido llevar a cabo
actos que comprometan su estructura física o limiten el disfrute íntegro por parte del titular una
vez que finalice el usufructo.

Incluso en los casos donde las modificaciones podrían, en apariencia, representar una
mejora en funcionalidad o rendimiento, estas siguen estando vedadas si implican una alteración
fundamental del bien. La razón es que el usufructo es un derecho limitado en el tiempo y en su
alcance, por lo que no otorga al usufructuario la potestad de disponer o modificar libremente el
bien como si fuera el propietario.

En resumen, el artículo reafirma el principio de conservación del bien, exigiendo que este
se mantenga en su estado sustancial durante todo el período de usufructo, garantizando así su
restitución en condiciones apropiadas al final del mismo.

2.4. SUBROGACIÓN EN EL CRÉDITO HIPOTECARIO.

El artículo 1011 establece que, si el usufructuario cancela una deuda respaldada por
hipoteca, o los intereses generados por ella, tiene el derecho de subrogarse en la posición del
acreedor a quien efectuó el pago. Esto significa que el usufructuario, al asumir esa obligación
financiera, adquiere los mismos derechos que tenía el acreedor original sobre el crédito satisfecho.

Esta figura representa un caso concreto de subrogación legal, contemplada en el artículo


1260, inciso 2) del Código Civil, que permite a quien paga una deuda ajena, debido a un interés
legítimo, ocupar la posición jurídica del acreedor. En este sentido, el usufructuario pasa a tener los
mismos derechos, garantías y acciones que poseía el titular del crédito que ha sido cubierto,
conforme también a lo señalado por el artículo 1262 del mismo cuerpo normativo.

Aunque la norma se refiere de manera explícita a deudas hipotecarias —que, en la práctica,


suelen recaer sobre bienes inmuebles—, se plantea la interrogante sobre su aplicación a los bienes
muebles sujetos a garantía prendaria. Desde una perspectiva coherente con el sistema jurídico, no

24
habría razón válida para excluir estos casos. La lógica de protección del interés del usufructuario
que paga la deuda se mantiene en ambas situaciones.

Incluso puede argumentarse que esta disposición no era indispensable en el texto actual del
Código Civil, ya que el usufructuario ya se encuentra amparado por la regla general de la
subrogación legal en el artículo 1260, inciso 2). De esta forma, el derecho a subrogarse no se limita
solo a deudas hipotecarias, sino que puede extenderse a otras formas de garantía, como las prendas,
siempre que se cumpla la condición de pago por interés legítimo.

2.5. DESGASTE POR DISFRUTE ORDINARIO.

El artículo 1012 establece que el usufructuario no será considerado responsable por el


deterioro que se derive del uso ordinario y conforme del bien objeto del usufructo. Esta regla
reconoce que el ejercicio legítimo del usufructo conlleva, de forma natural, un desgaste progresivo
del bien, el cual no debe generar responsabilidad mientras se mantenga dentro de los límites del
uso habitual.

Sin embargo, algunos autores como Lucrecia Maisch von Humboldt critican la limitación
de esta disposición, ya que no aborda con claridad situaciones más complejas que pueden
presentarse en la práctica. Entre ellas, destacan la posibilidad de que el usufructuario utilice el bien
por medio de terceros, lo arriende, administre sus frutos, o incluso consuma ciertos bienes sin
incurrir en obligación de restitución, salvo que exista dolo o negligencia.

Este artículo guarda estrecha relación con el artículo 1008, que dispone que el usufructuario
debe utilizar el bien respetando su destino natural y las costumbres usuales. Por ende, ambos
preceptos deben interpretarse de manera conjunta: mientras el artículo 1008 impone el deber de
uso adecuado, el artículo 1012 libera de responsabilidad cuando el deterioro resulta precisamente
de ese uso correcto y moderado.

De ello se concluye que el usufructuario solo será responsable cuando el daño al bien supere
los márgenes del uso normal, es decir, cuando exista un uso abusivo, imprudente o negligente. En

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casos de conflicto, corresponderá al juez evaluar si el desgaste ha sido excesivo o si se mantiene
dentro de los límites razonables del usufructo.

2.6. REPARACIONES ORDINARIAS.

El artículo 1014 establece que se entienden como reparaciones ordinarias aquellas que
deben realizarse para solucionar los daños derivados del uso habitual del bien y que resultan
indispensables para su conservación en condiciones adecuadas. Estas intervenciones son
necesarias para preservar la utilidad y funcionalidad del bien durante la vigencia del usufructo.

La norma otorga al propietario una herramienta legal importante: la posibilidad de solicitar


judicialmente que se realicen dichas reparaciones, sin tener que esperar a que el usufructo
concluya. Esta petición se canaliza a través de un incidente, un procedimiento breve que busca dar
una respuesta rápida ante situaciones urgentes.

Este precepto representa un avance normativo significativo, ya que no solo aclara el


concepto de reparación ordinaria, sino que también brinda una vía eficaz para que el propietario
actúe frente a la inacción o negligencia del usufructuario. Es común que ciertos desperfectos
necesiten atención inmediata, pues de no resolverse a tiempo, podrían derivar en un deterioro
mayor y más costoso.

La ley, al permitir este tipo de intervención judicial expedita, protege el patrimonio del
propietario y garantiza que el bien se conserve en condiciones aceptables a lo largo del usufructo.
De esta manera, se equilibra el ejercicio del derecho de usufructo con la responsabilidad de
mantener el bien en buen estado, estableciendo un mecanismo legal para prevenir daños mayores
que puedan afectar a su titular.

2.7. RÉGIMEN LEGAL DE LAS MEJORAS.

El artículo 1015 extiende al usufructo las disposiciones previstas en materia de mejoras


dentro del régimen de la posesión, específicamente aquellas que son necesarias, útiles o de recreo.

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Esta norma debe analizarse a la luz del artículo 1009, que impone límites a las modificaciones
relevantes o sustanciales que el usufructuario pueda realizar sobre el bien.

Las mejoras necesarias, conforme al artículo 916 del Código Civil, son aquellas que evitan
la pérdida o deterioro del bien, por lo que su realización es una obligación del usufructuario, siendo
procedente el reembolso por parte del propietario. Este punto no genera controversia, pues
responde a una lógica de preservación patrimonial.

En cambio, las mejoras útiles, que incrementan el valor o rentabilidad del bien sin ser
indispensables para su conservación, plantean un dilema. El artículo 1015 admite el reembolso al
usufructuario por dichas mejoras, al igual que al poseedor. Sin embargo, esto parece colisionar con
la regla del artículo 1009, que prohíbe alteraciones relevantes en el bien sin autorización del
propietario.

La jurista Lucrecia Maisch von Humboldt advierte esta tensión normativa y propone
priorizar la restricción del artículo 1009, negando el derecho de reembolso cuando las mejoras
útiles se hayan efectuado sin el consentimiento del propietario.

No obstante, esta aparente contradicción puede superarse mediante una interpretación


sistemática: el artículo 1015 permite el reembolso por mejoras útiles siempre que no se infrinja la
prohibición de cambios sustanciales. Es decir, aquellas mejoras que aumenten el valor del bien sin
modificar su estructura esencial ni su uso pueden ser admitidas y reembolsadas.

En cambio, si las mejoras útiles alteran la naturaleza o destino del bien, el usufructuario no
solo pierde el derecho a compensación, sino que incurre en una violación de sus obligaciones
legales.

Un ejemplo ilustrativo sería el de un inmueble destinado a hospedaje: si el usufructuario


decide construir un restaurante dentro del mismo, pese a que la obra pudiera representar una mejora
útil en términos de ingresos, implicaría una modificación sustancial en el uso del bien, lo cual está
expresamente prohibido.

27
2.8. OPOSICIÓN POR INFRACCIONES.

El artículo 1017 reconoce al propietario la facultad de oponerse a cualquier conducta del


usufructuario que infrinja los deberes establecidos en los artículos 1008 y 1009, y le permite acudir
al juez para que intervenga y regule el uso o la explotación del bien. Este pedido se tramita a través
de un proceso incidental, actualmente regulado como proceso sumarísimo.

Según los artículos 1008 y 1009, el usufructuario está obligado a utilizar el bien conforme
a su destino ordinario y no debe introducir cambios sustanciales ni en el bien ni en su función. El
artículo 1017 actúa entonces como un mecanismo legal que permite al propietario asegurar el
cumplimiento de estas disposiciones, acudiendo a la vía judicial si es necesario.

Este instrumento busca resguardar los derechos del propietario. En esta línea, Wolff
sostiene que el propietario está legitimado para solicitar que el usufructuario se abstenga de actos
indebidos, incluso si no se presenta un perjuicio inmediato o grave, bastando con que exista una
persistencia en el mal uso, pese a las advertencias del propietario.

Por otro lado, Lucrecia Maisch von Humboldt cuestiona la falta de una regulación más
moderna, como la propuesta en el artículo 240 del Proyecto de 1982. Dicha norma proyectada
contemplaba que, ante un abuso significativo del usufructuario, el propietario podía solicitar la
entrega temporal del bien sin que ello implicara la extinción del usufructo. A cambio, debía
compensar al usufructuario con un pago periódico equivalente al rendimiento neto del bien,
respaldando esta obligación.

Pese a esta observación, el Código actual contempla una medida más severa en el artículo
1021, inciso 6, que prevé la extinción del usufructo en caso de abuso por parte del usufructuario,
ya sea por deterioro del bien o por negarse a cumplir con las reparaciones ordinarias.

28
CAPITULO III

CUASIUSUFRUCTO

3.1. USUFRUCTO DE DINERO.

El artículo 1018 establece que el usufructo sobre dinero no permite al usufructuario


disponer del capital, sino únicamente percibir los intereses o rentas que este genere.

Este precepto se fundamenta en el principio de que el usufructo debe recaer sobre bienes
que no se destruyen con su uso. De acuerdo con el segundo párrafo del artículo 999 del Código
Civil, el usufructo se constituye sobre bienes no consumibles. No obstante, el propio Código
admite excepciones a este principio, como lo demuestra el artículo 1018 junto a los artículos 1019
y 1020, que permiten el usufructo sobre bienes consumibles, dando origen al denominado
cuasiusufructo.

El dinero, aunque físicamente permanezca, se considera un bien consumible, pues al


emplearse —por ejemplo, en un pago— se pierde su disponibilidad para quien lo usó. En este
sentido, Arias Schreiber señala que el usufructo sobre dinero es un cuasiusufructo, ya que el
usufructuario consume el bien, pero debe devolver su valor al concluir el usufructo.

29
Sin embargo, el artículo 1018 restringe ese uso, pues impide al usufructuario disponer del
dinero. Solo puede beneficiarse de los frutos que genere, como intereses, sin tocar el capital. Por
esta razón, a diferencia del cuasiusufructo típico, no se impone la obligación de restitución del
capital, dado que este no puede ser consumido.

Desde la doctrina, el cuasiusufructo —también conocido como usufructo impropio—


implica la transferencia temporal de la propiedad de bienes consumibles, con la obligación de
restituir bienes equivalentes o su valor al final del usufructo. Autores como Enneccerus y Genty
afirman que en realidad se trata de una transmisión de propiedad con obligación de devolución,
más que un usufructo en sentido estricto.

Cuadros Villena, por su parte, sostiene que el cuasiusufructo requiere la entrega del bien
para que el usufructuario lo use, como ocurre en el contrato de mutuo, donde el bien pasa al
usufructuario como propietario temporal.

En derecho comparado, los códigos civiles francés e italiano reconocen el cuasiusufructo


con la obligación de restituir lo consumido o su valor. No obstante, el derecho peruano regula el
usufructo sobre dinero de forma especial: aunque se trate de un bien consumible, no se permite su
uso, limitando al usufructuario a percibir la renta generada.

En síntesis, el usufructo sobre dinero, según el Código Civil peruano, no constituye un


cuasiusufructo propiamente dicho, sino un usufructo pleno que protege el capital y limita al
usufructuario a disfrutar únicamente de la renta, sin derecho a consumir o disponer del monto
principal.

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3.2. USUFRUCTO DE UN CREDITO

El artículo 1019 del Código Civil dispone que el usufructuario de un crédito tiene
legitimación activa para cobrar la renta generada por dicho crédito, así como el deber de ejercer
las acciones necesarias para conservar su vigencia y evitar su extinción.

Esta disposición configura una relación jurídica compleja entre tres partes: el titular del
crédito (nudo propietario), el deudor y el usufructuario. A diferencia del cuasiusufructo, aquí no se
transfiere la propiedad del crédito al usufructuario; este último solo goza del derecho a percibir los
frutos del crédito, como intereses o cualquier otro rendimiento derivado.

Existen diversas modalidades dentro del usufructo sobre créditos:

➢ Usufructo sobre crédito propio: Ocurre cuando el usufructuario es también el


acreedor del crédito. Esto puede suceder desde la constitución del usufructo o por
adquisición posterior del crédito. Sin embargo, este escenario podría dar lugar a una
consolidación regulada en el inciso 3 del artículo 1021 del Código Civil,
extinguiendo el usufructo si la calidad de nudo propietario y usufructuario se
concentran en una misma persona.
➢ Usufructo sobre crédito confundido: Se presenta cuando el deudor y el acreedor
se identifican en una sola persona, generando la extinción del crédito por confusión.
No obstante, si persisten el usufructuario y el propietario como sujetos distintos, el
usufructo continúa subsistiendo. En este caso, de acuerdo con el artículo 1020, el
derecho de usufructo se traslada al dinero recibido como cumplimiento del crédito,
manteniéndose así el objeto del usufructo.
➢ Usufructo sobre deuda propia: Este caso surge cuando el usufructuario es también
el deudor. Un ejemplo ilustrativo es cuando una persona deja en usufructo a su
cónyuge una deuda que esta misma tenía, siendo el acreedor el hijo. Aunque parezca
contradictorio que alguien usufructúe una deuda que él mismo debe, aquí no hay
consolidación, ya que el usufructuario no adquiere el crédito. Los beneficios no

31
provienen de un pago que ella misma se haga, sino del ahorro que representa no
tener que pagar intereses durante el periodo del usufructo.

En todos estos casos, el usufructo sobre créditos se materializa en la cesión del derecho a
percibir los rendimientos económicos del crédito. No obstante, este derecho se encuentra limitado:
el usufructuario no puede disponer del capital, condonar la deuda, novarla ni realizar actos que
modifiquen el crédito sustancialmente. Su facultad se reduce al goce de los frutos, que son los
intereses o beneficios accesorios.

Desde una perspectiva funcional, el usufructo sobre créditos permite al usufructuario


aprovechar los beneficios económicos del crédito sin asumir la titularidad del mismo. Esto busca
asimilar el usufructo de créditos al usufructo tradicional, donde se conserva la sustancia del bien y
solo se perciben sus frutos. Sin embargo, estos frutos deben ser suficientemente sustanciales —
como los intereses— para que el usufructo cumpla su finalidad, ya que beneficios accesorios como
cláusulas penales o primas suelen ser esporádicos o insuficientes.

3.3 USUFRUCTO SOBRE DERECHOS Y SU


INCORPORACIÓN EN TÍTULOS VALORES

En líneas generales, el usufructo constituido sobre un derecho mantiene la misma


naturaleza jurídica que el derecho sobre el cual recae. Al respecto, Enneccerus ilustra esta idea con
el caso del usufructo sobre una deuda garantizada con un bien inmueble, señalando que tal
usufructo implica un derecho que incide directamente sobre dicho bien, al tiempo que modifica la
posición del acreedor hipotecario. Esto se debe a que, al establecerse un usufructo sobre una deuda
inmobiliaria, el usufructuario asume ciertas facultades que anteriormente pertenecían al acreedor,
lo cual genera una distribución de prerrogativas entre el titular del derecho y el usufructuario.

Por otro lado, Joaquín de Oalmases, citando a Scaevola, subraya las limitaciones inherentes
al usufructo de créditos, advirtiendo que el usufructuario debe atenerse estrictamente a las
32
condiciones previamente acordadas entre el acreedor y el deudor. En tal sentido, no le está
permitido modificar unilateralmente la obligación, anticipar su cobro, otorgar plazos, negociar,
compensar ni renunciar a los derechos de crédito, a menos que cuente con la aprobación del
propietario, quien conserva las atribuciones que le confiere el acto constitutivo del derecho.

De este modo, el usufructuario solo puede gozar de los beneficios —o frutos civiles—
generados por el derecho usufructuado, sin alterar su contenido ni las condiciones originales que
le dieron origen. Esta visión también está recogida en el artículo 107 de la Ley General de
Sociedades, el cual dispone que, salvo pacto en contrario, los derechos políticos de las acciones
corresponden al accionista titular, mientras que el usufructuario únicamente tiene derecho a los
dividendos, sean en efectivo o en especie, durante la vigencia del usufructo.

Debe tenerse en cuenta, además, que solo pueden ser objeto de usufructo aquellos derechos
que admitan transmisión, quedando excluidos los derechos de carácter personalísimo o
intransferibles. Esto se explica porque el usufructo conlleva una cesión parcial de las facultades
del derecho original, lo que impide su constitución sobre derechos no susceptibles de transmisión,
como otro usufructo o créditos inembargables.

No obstante, esta interpretación ha sido puesta en tela de juicio por Venezian, quien plantea
que es jurídicamente posible constituir un usufructo sobre otro usufructo —lo que denomina
“usufructo-objeto”—, por ejemplo, a través de un legado. En esta línea, sostiene que la cesión del
usufructo a un tercero es viable, siempre que se cumplan los requisitos legales pertinentes.

A su vez, si el contenido del derecho objeto de usufructo sufre modificaciones por causas
atribuibles al constituyente, estas alteraciones también repercuten en la configuración del
usufructo. Así ocurre cuando el usufructuario pierde su rango en un proceso concursal por no
presentar oportunamente su crédito para el reconocimiento en el procedimiento de insolvencia. En
estos casos, el usufructuario tiene la posibilidad de solicitar la sustitución del bien o la cesación de
los factores que motivan la variación.

33
Del mismo modo, el usufructuario tiene derecho a ser protegido frente a actos de terceros
que perjudiquen el derecho usufructuado, debiendo recibir la misma tutela que el titular pleno. Así,
por ejemplo, si el objeto del usufructo es una marca registrada, el usufructuario puede ejercer
acciones legales para salvaguardarla frente a usos indebidos o daños.

Cuando el derecho gravado se encuentra incorporado en un título, el usufructo se mantiene


respecto de ese instrumento. En este contexto, se entiende que el objeto del usufructo es el propio
título valor, y no únicamente el derecho a la prestación que representa. Dichos títulos, que pueden
expresar valores monetarios o bienes, son transmisibles mediante endoso. Solo los títulos que
generan rendimientos económicos —como los que representan dinero— pueden ser objeto de
usufructo.

En el caso de títulos valores emitidos a la orden o al portador, el usufructo se efectiviza


mediante el endoso del título a favor del usufructuario. Esta modalidad es necesaria, ya que, sin el
título, el usufructuario no podría ejercer su derecho ni exigir el cumplimiento de las obligaciones
al deudor. Este endoso, denominado "en procuración", faculta al usufructuario a percibir los
intereses y defender el crédito, sin implicar la transmisión de la propiedad del mismo.

Esta figura encuentra respaldo en el artículo 1020 del Código Civil, el cual establece que
las atribuciones del usufructuario se limitan a gestionar el cobro del crédito, pero para su
percepción definitiva se requiere la participación del propietario. Cuadros Villena considera que
esta operación se configura como un negocio fiduciario, en el que se conceden al usufructuario
más facultades de las que le corresponderían formalmente. Así, el endoso transforma al
usufructuario en un apoderado del crédito, permitiéndole su gestión y defensa, aunque sin
transferirle la titularidad del capital subyacente.

Por último, los principios que rigen el usufructo sobre dinero pueden aplicarse —con los
ajustes necesarios— al usufructo de derechos, tal como lo establece el comentario al artículo 1018
del Código Civil

34
3.4. USUFRUCTO SOBRE DINERO COBRADO.

El artículo 1020 del Código Civil establece que, si el usufructuario desea cobrar el capital
de un crédito, deberá hacerlo en conjunto con el propietario. En tal situación, el usufructo se
trasladará al dinero percibido como resultado del cobro.

Esta disposición contempla el supuesto en que el crédito objeto de usufructo finalmente es


cobrado por el acreedor-propietario. En dicho contexto, la norma exige que el usufructuario –quien
únicamente goza del derecho a percibir los frutos del crédito– no puede realizar dicho cobro sin la
participación del propietario. Así lo explica Arias-Schreiber, señalando que esta limitación se debe
a que el usufructuario no es titular del capital, sino únicamente beneficiario de los frutos, como los
intereses generados.

Existe, además, un aspecto práctico que refuerza esta interpretación: el deudor está
jurídicamente obligado a pagarle al propietario, no al usufructuario, por lo que la existencia del
usufructo no basta para que el deudor reconozca a este último como acreedor legítimo.

Sin embargo, esta restricción no se aplica exclusivamente al usufructuario. El propietario,


por su parte, tampoco puede cobrar el capital de manera unilateral, sin contar con el consentimiento
del usufructuario. Por tanto, el artículo impone una exigencia de actuación conjunta, donde ambas
partes deben intervenir de forma simultánea para hacer efectivo el cobro del crédito.

Ahora bien, consideramos que esta interpretación puede generar confusión. Es fundamental
tener presente que el usufructuario no tiene derecho sobre el crédito en sí, sino sobre los frutos que
este genere. Así, el usufructo sobre un crédito no otorga al usufructuario la potestad de disponer
del mismo, ni de negociarlo, ni de condonarlo.

De ahí que la intervención conjunta solo sea necesaria cuando quien desea cobrar el capital
es el usufructuario. Si, por el contrario, es el propietario quien realiza el cobro, no se requiere el
permiso del usufructuario.

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Una vez efectuado el cobro, el usufructo no se extingue automáticamente. Lo que ocurre
es una transformación: el usufructo pasa a recaer sobre el dinero obtenido. En este nuevo escenario,
el usufructuario conserva el derecho a los intereses que dicho monto pueda generar, tal como
sucede en el usufructo sobre dinero. El capital podrá quedar en posesión del propietario o de un
tercero, pero el usufructuario únicamente podrá exigir los intereses producidos por su inversión.

Existe, sin embargo, una alternativa prevista en algunos ordenamientos jurídicos, como el
español: permitir que el usufructuario cobre el capital por su cuenta, siempre y cuando preste una
fianza suficiente. Esta modalidad podría ser una solución eficaz, ya que agiliza el cobro y evita
complicaciones innecesarias.

Además, cuando el dinero se encuentra en manos del usufructuario, este tiene un incentivo
mucho mayor para reinvertirlo, buscando así la generación de nuevos frutos. Esto rara vez ocurre
cuando el capital permanece inmovilizado en poder del propietario.

Una parte final importante del artículo 1020 aclara que el usufructo se mantiene sobre el
monto cobrado. Al realizarse el pago del capital, la relación jurídica entre deudor, propietario y
usufructuario se simplifica, convirtiéndose en una interacción directa entre propietario y
usufructuario, ya que el deudor desaparece de la ecuación.

Este cambio trae consecuencias prácticas: el dinero que permanece en manos del
propietario, por lo general, no produce intereses. En consecuencia, el usufructo pierde su razón
económica de ser, pues, conforme al artículo 1018, solo se reconoce como fruto el interés generado
por el dinero. Si el crédito no genera intereses, el usufructuario no obtiene beneficio alguno.
Incluso si las partes pactaran que el propietario abone una suma periódica al usufructuario, esta no
se consideraría un fruto civil, sino una compensación privada desvinculada del usufructo.

Esto evidencia una limitación práctica significativa: una vez cobrado el capital, el usufructo
puede perder efectividad económica. Esta situación contradice la finalidad del usufructo, que es
precisamente permitir el aprovechamiento de los frutos de un bien.

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En los casos más extremos, esto podría representar una frustración de la finalidad misma
del contrato, que es dotar al usufructuario de un beneficio económico continuo. Además, si el
usufructuario llegara a pagar una contraprestación al propietario sin recibir frutos, se configuraría
un escenario de enriquecimiento sin causa a favor de este último.

Frente a esto, proponemos una alternativa razonable: que el propietario y el usufructuario


colaboren para que el capital cobrado se reinvierta de manera que produzca frutos, como lo
establecen las normas aplicables a los bienes tutelados. En esta dinámica, sería el usufructuario
quien tendría voz principal para decidir cómo invertir el dinero.

Así se evitaría que el propietario opte por mantener el dinero inmovilizado por temor a
pérdidas, lo que impediría que el usufructo cumpla su finalidad económica. Este aspecto debería
ser objeto de una regulación específica. Mientras tanto, es válido aplicar principios generales,
como la posibilidad de que el usufructuario solicite la reducción de la contraprestación o incluso
la sustitución del bien objeto del usufructo.

También podría considerarse viable permitir que el usufructuario realice el cobro del capital
a su nombre, siempre que garantice el retorno del capital mediante una fianza. De esta forma,
aunque no obtenga directamente los intereses, el usufructuario tendría un incentivo real para
reinvertir el capital y seguir generando frutos, asegurando así la continuidad y eficacia del
usufructo.

37
CAPITULO IV

EXTINCIÓN Y MODIFICACIÓN

4.1. CAUSALES DE EXTINCIÓN DEL USUFRUCTO

Artículo 1021: Causales de extinción del usufructo

El derecho de usufructo llega a su fin por diversas razones claramente señaladas en la


normativa vigente. Entre ellas se encuentran:

➢ La finalización del plazo máximo previsto en el artículo 1001 del Código Civil o
en el acto jurídico mediante el cual se constituyó el usufructo.
➢ La prescripción extintiva por falta de uso durante un período continuo de cinco
años.
➢ La figura de la consolidación, que ocurre cuando la propiedad y el usufructo se
reúnen en una sola persona.
➢ El fallecimiento del usufructuario o la renuncia expresa a su derecho.
➢ La desaparición o pérdida absoluta del bien usufructuado.
➢ El uso indebido del derecho por parte del usufructuario, manifestado a través de
actos como la enajenación no autorizada del bien, su deterioro significativo o su

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pérdida ocasionada por no realizar reparaciones ordinarias. En tales supuestos, el
juez tiene la facultad de declarar extinguida la figura del usufructo.

A diferencia del Código Civil anterior, que distribuía estas causales en varios artículos, la
legislación actual opta por reunirlas de manera integral en una sola disposición normativa,
introduciendo además ciertos aspectos innovadores que merecen ser destacados.

4.1.2. Vencimiento del plazo

El usufructo llega a su fin cuando se cumple el plazo previamente establecido al momento


de su constitución. Este período puede estar definido en términos temporales concretos —como
días, meses o años— o mediante un criterio específico, como alcanzar una determinada edad. Por
ejemplo, si una persona (A) concede el usufructo a otra (B) hasta que esta última cumpla 60 años,
el derecho se extinguirá al alcanzarse dicha edad.

En el caso de que el usufructo se otorgue a una persona jurídica, la legislación establece


una duración máxima de 30 años. No obstante, existen ciertas excepciones, como en el caso de
inmuebles históricos pertenecientes al Estado, donde el usufructo puede prolongarse hasta por 99
años.

Cabe señalar que el vencimiento del plazo no es la única causa que puede poner fin al
usufructo, ya que pueden concurrir otras circunstancias legales que anticipen su extinción, incluso
antes de que se cumpla el término originalmente fijado.

4.1.2 Prescripción por no uso

El usufructo también puede extinguirse por prescripción extintiva cuando el usufructuario


no ejerce su derecho durante cinco años. Aunque hay debates sobre el plazo exacto, esta posición
es mayoritaria en la doctrina.

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El "no uso" debe evaluarse según las circunstancias y naturaleza del bien. Esta causal es
una forma de caducidad, pues se extingue el derecho mismo, no solo la acción para exigirlo. Tiene
sentido evitar que un derecho que no se usa siga vigente sin propósito.

4.1.3. Consolidación

La consolidación ocurre cuando el usufructuario y el nudo propietario se convierten en la


misma persona, eliminando la separación de la propiedad. Esto puede suceder, por ejemplo, si el
usufructuario adquiere la nuda propiedad, o viceversa.

Cuando esto ocurre, el usufructo se extingue porque el derecho de uso y disfrute se integra
en la propiedad plena.

Si el usufructuario adquiere la nuda propiedad, la consolidación es clara y directa, mediante


compra, donación o herencia. Si es al revés, la doctrina discute si es posible o si debe entenderse
como renuncia, pero, en cualquier caso, la consolidación siempre extingue el usufructo.

4.1.4. Fallecimiento del usufructuario

El usufructo es un derecho temporal y, por ello, finaliza con la muerte del usufructuario,
aunque el plazo no haya vencido. Esta causa prevalece sobre las demás.

Por ello, el usufructo no es transmisible por herencia ni legado, ya que se extingue


automáticamente al fallecer el usufructuario.

4.1.5. Renuncia del usufructuario

El usufructuario puede renunciar expresamente a su derecho, extinguiéndolo. La renuncia


tácita se equipará al no uso, que también puede causar la extinción por prescripción.

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4.1.6. Destrucción o pérdida total del bien

El usufructo se extingue si el bien objeto del usufructo es destruido o se pierde totalmente,


aspecto que no estaba especificado en el Código anterior.

Aquí deben considerarse diferentes escenarios:

➢ Si la destrucción es causada por un tercero con dolo o culpa, el usufructo continúa sobre
la indemnización que reciba el propietario.
➢ Si el bien estaba asegurado, el usufructo se trasladará al importe pagado por la
aseguradora, sin importar quién pagó las primas.
➢ Si la destrucción es imputable al usufructuario, el usufructo se extingue y este
responderá frente al propietario por la imposibilidad de restituir el bien.

La destrucción o pérdida parcial no extingue el usufructo, que seguirá vigente sobre la parte
no afectada, aunque el usufructuario pueda ser responsable por la pérdida parcial.

4. 1.7. Por declaración judicial

El juez puede declarar la extinción del usufructo cuando el usufructuario abuse de su


derecho, enajene, deteriore o descuide el bien, protegiendo así al nudo propietario.

Aunque se menciona la "enajenación" del bien, esto es jurídicamente impreciso, pues el


usufructuario no puede transferir legalmente bienes ajenos; tal acto es nulo.

La extinción por abuso ocurre automáticamente, permitiendo al propietario retomar la


posesión inmediata del bien, el cual el usufructuario debe devolver.

No obstante, el usufructuario tiene derecho a retener el bien hasta que se le reembolsen las
mejoras que haya realizado.

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Es por ello por lo que, debería liquidarse la situación entre nudo propietario y usufructuario
respecto a frutos pendientes, reparaciones y estado del bien, o la indemnización si la devolución
no es posible por culpa del usufructuario.

4.2. USUFRUCTO A FAVOR DE VARIAS PERSONAS.

Cuando el usufructo ha sido otorgado a varias personas de manera sucesiva, es decir, con
estipulación de que una lo disfrute después de otra, este se extingue con el fallecimiento del último
beneficiario en la cadena. En cambio, si se ha constituido a favor de varias personas
simultáneamente, en forma conjunta, la muerte de uno de los usufructuarios no pone fin al derecho,
sino que los demás continúan ejerciéndolo y lo absorben en mayor proporción. El usufructo, en
este caso, culmina únicamente cuando fallece el último usufructuario sobreviviente.

El primer párrafo guarda cierta continuidad con el artículo 945 del Código Civil de 1936,
aunque el texto vigente introduce de forma explícita el concepto del usufructo múltiple sucesivo,
estableciendo que dicho derecho se mantiene hasta la muerte del último designado.

Sin embargo, este enfoque ha generado observaciones críticas, ya que puede generar una
extensión excesiva del usufructo en el tiempo, dificultando la unificación de la propiedad plena.
Esta prolongación puede acarrear complicaciones prácticas y jurídicas, por lo que sería
recomendable establecer un plazo límite —por ejemplo, treinta años— para evitar la perpetuación
innecesaria del usufructo.

Respecto al usufructo conjunto, el segundo párrafo incorpora una disposición novedosa: al


fallecer uno de los usufructuarios, los derechos no se extinguen ni se transfieren por herencia, sino
que se redistribuyen entre los supervivientes. Esta solución es coherente con la naturaleza
estrictamente personal del usufructo, ya que este no se transmite mortis causa y, por tanto, no
ingresa al caudal hereditario del usufructuario fallecido. En consecuencia, es razonable que los
derechos se consoliden entre los titulares que aún viven.

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4.3. DESTRUCCIÓN DE BIEN USUFRUCTUADO.

Cuando un tercero provoca, de manera intencional o por negligencia, la destrucción del


bien objeto del usufructo, este derecho no desaparece, sino que se transfiere al monto
indemnizatorio que dicho tercero esté obligado a pagar como reparación del daño. Del mismo
modo, si el bien perece y se encontraba asegurado —ya sea por el propietario o por el
usufructuario— el usufructo se ejercerá sobre la suma que corresponda percibir de la entidad
aseguradora.

Esta disposición introduce un criterio novedoso, no contemplado expresamente en el


Código Civil de 1936, el cual no preveía la eventualidad de que la pérdida del bien derivara de un
acto imputable a un tercero. En este nuevo enfoque, el legislador reconoce que, si la desaparición
del bien no es atribuible al usufructuario, no existen fundamentos para que este cargue con las
consecuencias de dicha pérdida.

La jurista Lucrecia Maisch von Humboldt respalda esta postura, al señalar que tanto en el
supuesto de indemnización por responsabilidad civil como en el de seguro, es justo que el usufructo
se proyecte sobre la prestación compensatoria. En ambas situaciones, se garantiza la continuidad
del derecho de usufructo al trasladarse a la compensación económica que sustituye el valor del
bien perdido, protegiendo así los intereses del usufructuario frente a eventos que escapan a su
control.

4.4. PÉRDIDA O DESTRUCCIÓN PARCIAL DEL BIEN.

El usufructo no se extingue automáticamente si el bien sobre el cual recae sufre una pérdida
parcial. En estos casos, el derecho se mantiene vigente respecto de la porción que ha permanecido
intacta, permitiendo al usufructuario continuar haciendo uso de esa parte.

Esta disposición introduce un criterio relevante que difiere del tratamiento tradicional, al
distinguir entre la destrucción total y parcial del bien. Mientras que el artículo 1021, inciso 5,

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dispone que la desaparición completa del bien extingue el usufructo, este artículo aclara que, si el
daño es limitado, el usufructo sigue siendo válido respecto de lo no afectado.

Cabe destacar que esta idea ya se insinuaba en el anteproyecto del Código Civil de 1982,
aunque de manera más restringida. En efecto, el inciso 9 del artículo 237 de dicho anteproyecto
preveía la subsistencia del usufructo solo en caso de pérdida parcial de un inmueble, lo que generó
críticas por limitar su aplicación a bienes inmuebles, a pesar de que inicialmente se refería al “bien
fructuado” de manera general.

De acuerdo con la opinión del jurista Areán, esta subsistencia parcial del usufructo será
válida únicamente si el remanente del bien conserva utilidad práctica para los fines con los que fue
constituido el usufructo. En otras palabras, no basta que una parte del bien subsista físicamente:
debe mantenerse su funcionalidad para que el derecho del usufructuario tenga sentido.

4.5. USUFRUCTO SOBRE FUNDO Y EDIFICIO.

El artículo 1025 introduce una importante diferenciación legal respecto a la extinción del
usufructo en situaciones donde intervienen inmuebles edificados. Así, cuando el usufructo recae
sobre un terreno que incluye una construcción, y esta se destruye —ya sea por causas naturales
como el deterioro por el paso del tiempo, o por hechos fortuitos como un sismo o incendio—, el
usufructuario mantiene su derecho sobre el terreno mismo y sobre los materiales resultantes del
colapso de la edificación.

En este supuesto, el bien no ha desaparecido totalmente, ya que el suelo permanece y sigue


siendo objeto del usufructo. Por tanto, en consonancia con lo dispuesto en el artículo 1024, la
pérdida solo es parcial, lo cual justifica la subsistencia del derecho del usufructuario sobre lo que
aún existe.

En contraste, si el usufructo se ha constituido únicamente sobre el edificio y no sobre el


terreno, la destrucción total de la construcción implica también la extinción del usufructo. En este
caso, al desaparecer el objeto específico sobre el cual recaía el derecho, se configura una pérdida

44
total conforme al artículo 1021, inciso 5. Como consecuencia, el usufructuario no tiene derecho
alguno sobre el suelo, ni sobre los materiales del edificio destruido, ni sobre eventuales
edificaciones nuevas que el propietario decida realizar por cuenta propia.

Este artículo, por tanto, establece una regla clara y diferenciadora que aporta precisión
conceptual al régimen del usufructo, alineándose con el criterio de conservación del derecho
cuando subsiste parte del objeto original, y de extinción cuando este desaparece en su totalidad.
También refuerza el carácter no renovable ni extensible del usufructo sobre bienes distintos a los
originalmente contemplados, respetando los límites del acto jurídico constitutivo.

45
CAPÍTULO V

PROBLEMÁTICA

5.1 REALIDAD SOCIAL

La sociedad contemporánea se encuentra en un proceso de transformación constante,


impulsado por fenómenos como la globalización, el avance de la tecnología y la evolución de los
modelos económicos. En este escenario dinámico, el Derecho —como expresión normativa de la
vida en sociedad— se ve en la necesidad de adaptarse permanentemente para responder a las
nuevas exigencias sociales, económicas y culturales. Particularmente, el Derecho Civil ha venido
experimentando un proceso de modernización progresiva, mediante reformas que buscan dar
respuesta a las complejidades de la realidad actual.

En este contexto, el usufructo se presenta como un derecho real de especial trascendencia,


ya que permite a una persona —el usufructuario— usar y disfrutar temporalmente de un bien ajeno,
con la obligación de conservarlo y restituirlo al término del usufructo. No obstante, este derecho
no incluye la facultad de disposición del bien, prerrogativa que corresponde exclusivamente al
propietario, titular de la nuda propiedad.

Es relevante señalar que el usufructuario actúa como poseedor inmediato del bien, mientras
que el propietario conserva la calidad de poseedor mediato. Si bien esta figura jurídica cumple
funciones útiles y legítimas dentro del tráfico patrimonial, no está exenta de conflictos prácticos.
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Una situación recurrente se presenta cuando, vencido el plazo o extinguida la causa que dio origen
al usufructo, el usufructuario se niega a devolver el bien, convirtiéndose en un ocupante precario.
En tal supuesto, el propietario debe recurrir a la vía judicial para recuperar la posesión mediante
una acción de desalojo.

Otro supuesto conflictivo se genera cuando uno de los cónyuges constituye unilateralmente
un usufructo sobre un bien perteneciente a la sociedad de gananciales, sin contar con el
consentimiento del otro cónyuge. Este acto infringe lo establecido en el artículo 315 del Código
Civil peruano, que exige la intervención conjunta de ambos cónyuges para disponer o gravar bienes
sociales. La omisión de este requisito esencial conlleva la nulidad del acto, por carecer de un
elemento indispensable de validez: la manifestación de voluntad válida, conforme a lo previsto en
el artículo 140 del mismo código.

En este marco, surge una interrogante de gran relevancia jurídica: ¿puede el acto jurídico
de constitución de un derecho real de usufructo sobre un bien social, celebrado por uno solo
de los cónyuges, adquirir validez si posteriormente es ratificado por el otro? Esta es
precisamente la problemática que nos proponemos analizar en el presente trabajo, a fin de
esclarecer sus implicancias jurídicas y su eventual convalidación dentro del sistema legal vigente.

5.2 ANÁLISIS DE LA POSIBLE SOLUCIÓN JURÍDICA

Desde la perspectiva normativa, el artículo 219, inciso 1, del Código Civil sanciona con
nulidad todo acto jurídico en el que falte la manifestación de voluntad de una de las partes cuya
participación es legalmente exigida. No obstante, el propio ordenamiento contempla mecanismos
de subsanación, como la ratificación, la cual puede conferir validez a determinados actos
celebrados sin representación adecuada, siempre que se cumplan las formalidades legales
requeridas para su celebración.

Esta interpretación ha sido recogida por la jurisprudencia nacional. En la Casación N.º


2242-99-LIMA, la Corte Suprema estableció que, tratándose de bienes gananciales, la disposición
unilateral realizada por uno de los cónyuges carece de validez jurídica, por infringir lo previsto en

47
el artículo 315 del Código Civil. Sin embargo, en la Casación N.º 1626-2001, el mismo tribunal
precisó que la ratificación constituye un medio jurídicamente válido para subsanar los defectos de
representación, siempre que dicha ratificación se realice cumpliendo las formas exigidas para la
celebración del acto original.

En ese sentido, si el acto jurídico es de naturaleza solemne, la ratificación deberá efectuarse


con igual solemnidad. En cambio, si el acto es consensual, podrá ser ratificado incluso de forma
tácita, mediante conductas concluyentes que evidencien la voluntad del representado de
convalidarlo.

Por consiguiente, si uno de los cónyuges constituye unilateralmente un usufructo sobre un


bien social, el acto será nulo de origen por falta de manifestación de voluntad del otro cónyuge.
Sin embargo, si este último lo ratifica posteriormente conforme a los requisitos formales
pertinentes, la nulidad podrá ser convalidada, otorgando al derecho de usufructo plena validez
legal.

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CONCLUSIONES

El derecho real de usufructo desempeña un rol fundamental en el ordenamiento jurídico


peruano, al permitir que una persona —el usufructuario— utilice y disfrute de un bien ajeno, sin
ostentar la facultad de disposición. Este derecho impone al usufructuario el deber de conservar la
forma y sustancia del bien, garantizando su integridad en beneficio del propietario, quien mantiene
la nuda propiedad.

A lo largo del desarrollo de esta monografía, se ha abordado el conflicto jurídico que surge
cuando uno solo de los cónyuges constituye un usufructo sobre un bien social sin el consentimiento
del otro. Tal acto, en principio, deviene en nulo por carecer de uno de los elementos esenciales del
acto jurídico: la manifestación válida y conjunta de voluntad. No obstante, el ordenamiento civil
ofrece una vía de subsanación a través de la figura de la ratificación, que permite conferir validez
al acto celebrado sin representación adecuada, siempre que se respeten las formalidades exigidas
para su celebración.

El análisis desarrollado ha permitido concluir que, si bien el usufructo constituido


unilateralmente sobre un bien ganancial es inválido en su origen, la ratificación expresa o tácita
por parte del otro cónyuge puede dotarlo de plena eficacia jurídica. Así lo ha reconocido también
la jurisprudencia nacional, al admitir que los vicios de representación pueden ser corregidos
siempre que exista una voluntad clara e indubitable de convalidar el acto.

En efecto, el usufructuario tiene derecho a aprovechar los beneficios del bien, mientras que
el propietario conserva la expectativa de recuperar su dominio pleno una vez extinguido el
usufructo. Esta situación genera una escisión temporal del derecho de propiedad, en la que se
armonizan los intereses de ambas partes. Cabe recordar que el usufructuario tiene obligaciones
específicas, como la de devolver el bien conforme al inventario inicial y asumir las reparaciones
ordinarias que se deriven de un uso negligente.

En definitiva, el estudio del usufructo no solo reafirma su relevancia en el ámbito del


derecho civil, sino que también evidencia la necesidad de actuar con diligencia y conforme a

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derecho al momento de constituirlo sobre bienes sociales, privilegiando siempre el respeto a la
voluntad conjunta de los cónyuges y a las normas que rigen la sociedad conyugal.

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BIBLIOGRAFÍA

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