Nombre: Mariana Esperanza Salguero Alcántara.
Pseudónimo: the moon
Título de la obra: ¿Por qué yo?
Edad: 16 años.
Dirección: Calle principal, Lago de Coatepeque, Colonia Santa Mónica,
Ciudad de El Congo, Departamento de Santa Ana.
Teléfono: 7704-7615
Grado de estudios: Primer año de bachillerato.
Institución educativa: Colegio Militar Coronel Milton Antonio Andrade
Cabrera.
Representante: Lic. Enrique Alexander Moza Baños.
Dirección de la institución: 29 Calle Poniente y 2ª Av. Sur N° 13 B° Nuevo,
29 Calle Poniente 13, Santa Ana.
Tel.2440-2058
¿Por qué yo?
Desdicha, desesperación inherente, ¿Cómo debo reaccionar? ¿es este el castigo que debo pagar?
Ser señalado, acusado juzgado, rodeado de prejuicios, no puedo expresarme, no puedo decir
nada, porque mi voz parece no ser escuchada, bueno, jamás lo fue, el dolor cada vez aumenta, las
fiebres parecen hasta irreales, no puedo creer que mi cuerpo pase por temperaturas de este tipo,
apenas es jueves, no quiero volver al hospital, apenas el lunes fui, además de que me sirve ir, es
el tercer hospital al que voy ya que en ninguno quieren recibirme, solo me dan unas cuantas
pastillas y creo que es para que no los demande por negligencia médica, es gracioso ver como las
personas pueden ser tan poco empáticas con otras, eso no es justo…
No es justo, nada de esto lo es, encontrar personas deshumanizadas me recuerdan a mi
papá, es increíble como la persona que debe ser la mas importante en mi vida, resulta ser alguien
el cual me desprecia, recordar todas las ofensas, y el poco apoyo (por no decir nulo) que recibí de
este, aun así, es mi padre, nunca podría odiarlo, no a él, quizá si odio sus acciones, como aquella
vez en la que empezó todo.
Era a eso de las 6:00 de la mañana, estaba como todos los días haciendo los deberes de la
casa, ya había rajado la leña para que mi mamá empezara a echar pupusas para el negocio, mi
mamá como siempre, me saludo con un beso en la mejilla y dándome los buenos días no sin
antes decirme que desayunara bien antes de continuar con mi día, estaba ansioso por ayudarle a
mi papá a arreglar su pick up, él es mecánico pero de esos que solitos aprenden, mi papa dice
que no confía en nadie mas que no sea el, y que los demás le quieren ver la cara, entonces solito
arregla sus cosas, mi mama le dice que tiene mañas, y es que no sé dónde, ni como, pero siempre
consigue piezas bien raras para reparar las cosas, mi mamá lo regaña, pero yo le digo que no lo
haga, porque mi papito con mucho esfuerzo trabaja y consigue sus cosas. Por eso yo cuando sea
grande quiero ser como él, quiero ser un excelente mecánico y por eso me apuro a terminar mis
deberes para poder ayudarle, y así aprender todo lo que el sabe, le pregunto si necesita ayuda
pero solo me da la lamparita para que alumbre el motor, aunque me gustaría hacer mas no me
quejo, porque sé que viendo también aprendo, pero aunque me guste mucho la mecánica,
también me gusta estudiar, entonces le digo a mi papá que ya me voy, a él no le gusta que yo
estudie, dice que mi mamá me tiene que sacar y mejor mandarme a aprender un oficio, porque el
estudio de nada me va a servir, porque los feos y burros como yo no pueden aspirar a nada
grande en la vida, aun así no dejo que eso me afecte, porque yo se que puedo lograrlo, yo sé que
puedo…
Después de dejar a mi papá quejándose en el patio me apure a bañarme y alistarme para ir
a estudiar, me tengo que apurar para que el bus no me deje, así que salgo de mi casa con la cora
del pasaje y un dólar para comprarme un pan chuco y una horchata, apenas y alcancé a llegar a la
parada, cuando de pronto llegó el bus, y allá voy para la escuela, apenas voy a noveno, pero se
que quiero ir a la universidad, no se muy bien que quiero estudiar, pero se que quiero ir, pero mi
motivación para ir no solo es graduarme, es Yesenia, es una bicha de segundo año de
bachillerato, es tan linda, muy linda, es en mi opinión la más linda de todas, pero dudo que me
haga caso, pero, me encantaría hablarle y hoy me siento con el valor suficiente como para decirle
un hola.
La veo pasar por el patio con su grupito de amigos, veo los collares colgar de su cuello y
su cabello corto y pintado de morado brillar bajo el sol, la boca roja y muchos brillos en su cara
además de su falda ajustada, se ve perfecta para mí, vamos José me digo a mi mismo, tu puedes,
me armo de valor y el momento en el que la veo sola me acerco un poco titubeante le hablo, pero
noto que sus ojos son bastante profundos y se ven un poco ¿rojos? No le doy importancia y
empiezo a hablar con ella parece que tenemos muchas cosas en común, ambos vemos las
mismas películas y a los dos nos gusta soda stereo, me comenta sus cosas favoritas y escucho
atento cada una de las palabras que salen de su boca, me invita a fugarnos de la escuela e ir a su
casa, la idea no me parece tan buena porque si no llego temprano mi papá me va a pegar, pero me
gana la adrenalina y acepto, salimos corriendo de la escuela, tanto que por poco y nos atropella
un carro, llegamos a un lugar que parecía ser un parque, había una casita abandonada, parecía
que Yesenia venia muy seguido aquí, todo era muy raro, me invitó a pasar y se tiró en un sofá
viejo que estaba ahí, se saco un rollito y le prendió fuego, era un olor muy extraño pero no dije
nada, me sentía muy fuera de lugar así que preferí no hacer comentarios, de la nada me lo pasa,
sabía lo que era, no era la primera vez que había visto eso, bastó con sentir el olor, ¿lo peor?
Sabía lo que estaba haciendo, sabía que estaba mal hacerlo, pero aun así lo hice, aun así, me
adentré a esto, acepté tener el veneno entre los labios, Yesenia sacó una pequeña bocina y puso
música todo parecía tan irreal que no podía creer lo que pasaba, no sabía cuánto tiempo llevaba
ahí, no entendía nada, pero de pronto todo se puso oscuro. Cuando desperté, tenía un dolor de
cabeza horrible, así que tome mis cosas y me fui, ese día tampoco llegue a mi casa porque estaba
tan desorientado que no sabía cómo había llegado, fueron dos días los que estuve lejos de casa, el
tercer día al llegar, no me di ni cuenta pero estaba en el suelo, vi unas gotas de sangre salpicar y
solo pude escuchar el grito de mi mamá, cuando apenas pude reaccionar veo la imponente figura
de mi papá estaba aún aturdido por el golpe que me propicio, y solo veía como su boca se movía
y seguramente era un sinfín de insultos, entonces me puse de pie y de pronto, una bofetada más,
no me dejaba explicarle nada de lo que realmente me pasaba, intenté disculparme, y empecé a
llorar, me gritó que no era un hombre, y me recalcaba que los hombres no lloran, y más lloraba al
escuchar eso, me sacó de la casa y me dijo, que si tenía la edad suficiente para desaparecer sin
explicaciones y regresar como si nada, tenía la edad suficiente para ser independiente, busque a
Yesenia, necesitaba su ayuda, pero cuando la encontré estaba llorando, trate de hablar con ella y
dijo que olvidara lo que paso, ninguno de ellos quiso ayudarme, nadie quiso darme su mano.
Me quede en una casita muy vieja, ahí estuve viviendo y empecé a buscar trabajo, como
albañil en una construcción, tenía ya un mes fuera de casa, ese 21 de julio todo cambio para mí,
me caí al suelo de la nada, mi cuerpo parecía no poder reaccionar, estaba muy cansado, sentía mi
cuerpo arder, todo fue tan rápido, que mis compañeros de la construcción no tenían tiempo ni de
reaccionar, de inmediato fui llevado a un hospital, donde empezaron a atenderme, cuando
desperté y ver la cara del doctor, supe que ya tenía mi diagnóstico.
Todo el poco dinero que había logrado conseguir, lo utilice para cubrir los gastos y aun
así no me alcanzó, mis compañeros de trabajo pusieron un poco cada uno para ayudarme a
completar, cuando salí no encontraba la forma de darle la noticia a mi familia, pero sabía que
debía hacerlo, estaba seguro de eso, busque a mis papás y con toda la vergüenza y dolor del
mundo les conté lo que pasaba, en lugar de apoyo recibí otra golpiza por parte de mi padre y el
sin fin de gritos de mi madre diciendo que porque Dios la castigó así dándole u hijo como yo, el
rumor se esparció por toda la colonia y cuando me veían pasar se alejaban de mi evadiéndome o
murmurando que era un castigo y que lo tenía bien merecido, que desde pequeño se me notaba la
clase de “hombre” que era, el sarpullido era cada vez mas notorio y yo no podía pagarme el
tratamiento, intente recurrir a la empatía o voluntad de las personas, pero lo único que conseguí
fue ser repudiado y si alguien por algún motivo me brindaba su ayuda, podía ver en su cara el
asco que le producía verme, me miran como si fuese una alimaña, y no los culpo, el olor que
emanaba era tan horroroso que parecía que jamás me había bañado, mi aspecto no era el mejor,
estaba muy demacrado, los ojos hundidos y una delgadez extrema, recordé a Yesenia y quise
preguntar por ella, al enterarme que había fallecido supe claramente cuál era mi destino.
Hoy, me encuentro aquí, es una cama muy incomoda y bastante pequeña, los lúgubres
colores de las paredes me causan incomodidad, las sábanas no brindan ningún calor y yo tenía
mucho frio, o quizá este era ese tipo de frio que tienes en tus últimos momentos, mi historia
habría sido muy diferente a como lo es ahora, la gente puede ser muy cruel cuando de ayudar a
otros se trata, pero aun hay personas buenas, aún hay gente que te da una sonrisa cuando va por
la calle, aun hay gente que se pone feliz al ver las estrellas, al acariciar a un perrito, gente que
baila con su canción favorita, así como también hay gente que llora al ver películas, aun hay
gente con la esperanza de construir puentes hacia la unidad, puentes donde los prejuicios y los
miedos se queden abajo, gente constructora de nuevas oportunidades, personas amables,
personas humanas.
Mi nombre era José, tenia 15 años, cuando me contagie de SIDA, síndrome de
inmunodeficiencia adquirida, es la fase mas avanzada del VIH, su etapa final, Yesenia lo había
adquirido y me lo transmitió a mí, mi cuerpo ya no reaccionó, ya no pude hacer lo mismo que
antes, acabó conmigo poco a poco, me arrebató mi vida, me quitó mi juventud, y no solo eso,
trajo consigo el repudio social, nadie me hablaba, nadie me tocaba, nadie me miraba siquiera y
las pocas personas que lo hacían, me miraban con asco. pero, aun así, en la vida siempre hay
personas, las cuales no te abandonan, te brindan su ayuda y agradecí a Dios por eso, no pude
salvarme al igual que muchos, pero abran muchos que si podrán. Valoremos la vida. FIN.