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Quien Es La Virgen Maria

La Virgen María es honrada por la Iglesia como madre de Dios, quien aceptó ser la madre de Jesús a través del Espíritu Santo. Su grandeza radica en su papel como madre de Cristo y su relación especial con la Santísima Trinidad. María es un modelo de fe y virtud, y su intercesión es solicitada por los fieles, aunque la adoración está reservada solo para Dios.

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Quien Es La Virgen Maria

La Virgen María es honrada por la Iglesia como madre de Dios, quien aceptó ser la madre de Jesús a través del Espíritu Santo. Su grandeza radica en su papel como madre de Cristo y su relación especial con la Santísima Trinidad. María es un modelo de fe y virtud, y su intercesión es solicitada por los fieles, aunque la adoración está reservada solo para Dios.

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1. ¿Quién es la VIRGEN MARIA?

¿Quién es María?

Para venir al mundo, Dios quiso contar con la libre cooperación de una criatura, María, para que fuera
madre de su Hijo, por la acción del Espíritu Santo. Y la Iglesia, desde sus inicios, honra a María como
hija de Dios Padre, madre de Dios Hijo, esposa de Dios Espíritu Santo.

¿Cómo fue la concepción humana del Hijo de Dios?

El momento histórico, previsto por Dios desde toda la eternidad, tuvo lugar en un pueblo de Galilea,
en Nazareth cuando el ángel Gabriel se presentó a María, una joven judía, "una virgen desposada con
un hombre llamado José, de la casa de David; el nombre de la virgen era María", dice san Lucas en el
capítulo 1 de su Evangelio.
Para venir al mundo Dios quiso la libre cooperación de una criatura, María, para que fuera madre de
su Hijo. "El Padre de las misericordias quiso que el consentimiento de la que estaba predestinada a ser
la Madre precediera a la Encarnación para que, así como una mujer contribuyó a la muerte (Eva), así
también otra mujer contribuyera a la vida".

Catecismo de la Iglesia Católica 488-504-511

¿Cómo eligió Dios a María? ¿Qué le dijo el Ángel Gabriel a María, en Nazareth, y
que respondió María?

San Lucas narra en el primer capítulo de su Evangelio cómo el Ángel San Gabriel dice a María:
"¡Alégrate!, llena de gracia, ¡el Señor está contigo!

Al oír estas palabras, Ella quedó desconcertada y se preguntaba qué podía significar ese saludo.
Pero el Ángel le dijo:

No temas, María, porque Dios


te ha favorecido. Concebirás y
darás a luz un hijo, y le
pondrás por nombre Jesús. Él
será grande y será llamado
Hijo del Altísimo. El Señor Dios
le dará el trono de David, su
padre, reinará sobre la casa de
Jacob para siempre y su reino
no tendrá fin".

María dijo al Ángel: "¿Cómo puede ser eso, si no conozco varón?". El Ángel le respondió:
"El Espíritu Santo descenderá sobre ti y el poder del Altísimo te cubrirá con su sombra. Por eso el niño
será Santo y será llamado Hijo de Dios".

Jesús fue concebido por obra del Espíritu Santo en el seno de la Virgen María porque Él es el Nuevo
Adán que inaugura la nueva creación: "El primer hombre, salido de la tierra, es terreno; el segundo
viene del cielo".

La humanidad de Cristo, desde su concepción, está llena del Espíritu Santo porque Dios "le da el Espíritu
sin medida", dice san Juan. Catecismo de la Iglesia Católica 504.

María nació en Nazaret, Galilea, 15 o 20 años antes del nacimiento de Cristo. Sus padres, según la
tradición, fueron Joaquín y Ana.

María era judía. Fue educada en la lectura de los libros santos y en la obediencia a la ley de Dios. Hizo
voto de virginidad. Se desposó con José estando ambos de acuerdo en permanecer vírgenes por amor
a Dios. Un ángel del Señor se le apareció y le comunicó que el Espíritu Santo descendería sobre ella, y
que de ella nacería el Hijo de Dios (Lc. 1, 35). María aceptó tan maravilloso destino con estas palabras:
«Hágase en mí según tu Palabra», y en aquel instante Jesús fue concebido en su seno. El nacimiento
del Niño fue en Belén de Judea y fue acompañado de diversas circunstancias, que refieren los
Evangelios de Mateo y de Lucas.

¿Qué se sabe acerca de María después del nacimiento de Jesús?


Al cabo de algún tiempo, vemos a María, a José y al Niño instalados en Nazaret. Allí hay un solo
episodio notorio: la pérdida y hallazgo del Niño, a los 12 años, en Jerusalén. Fue el tiempo que
llamamos de la «vida oculta» de Jesús, su vida de hogar, de familia, de trabajo. Jesús empieza su vida
«pública», su vida apostólica y misionera, hacia los 30 años. María lo acompaña, a veces de cerca, a
veces más lejos. El Evangelio nos la muestra en Caná asistiendo a un matrimonio, y al pie de la cruz en
que Jesús está muriendo. También en varias otras oportunidades. El libro de los Hechos la menciona
en el Cenáculo junto a los apóstoles, después de la Resurrección del Señor. La Tradición sugiere que
murió en Éfeso -en el Asia Menor- en casa de Juan el Evangelista.

¿Cómo era María?


Del Evangelio se desprende que María era humilde y pura; que era decidida y valiente para enfrentar
la vida; que era capaz de callar cuando no entendía y de reflexionar y meditar; que se preocupaba de
los demás y que era servicial y caritativa; que tenía fortaleza moral; que era franca y sincera; que era
leal y fiel. María es, como mujer, un modelo para las mujeres. Es también para los hombres el tipo ideal
de mujer.

¿En qué consiste principalmente la grandeza de María?


En ser madre de Dios. Algunos han dicho que María es madre de Jesús «en cuanto hombre», pero no
de Jesús «en cuanto Dios». Esta distinción es artificial y, de hecho, nunca la hacemos. Una madre es
madre de su hijo tal cual es o llega a ser. No decimos que la madre de un presidente, por ejemplo, ha
sido la madre de él como niño, pero no como presidente o que nuestra mamá sea madre de nuestro
cuerpo solamente, pero no de nuestra alma que es infundida por Dios. Nunca hacemos esta distinción;
decimos simplemente que es nuestra madre. María es Madre de Jesús. Jesús es Dios. Luego, podemos
decir que María es Madre de Dios y en eso consiste fundamentalmente su grandeza.

¿Tiene María alguna relación especial con la Santísima Trinidad?

Sin duda. Es la hija predilecta del Padre. Se lo dice el ángel el día de la Anunciación: «Alégrate, llena
de gracia, el Señor está contigo» (Lc. 1, 28). Tiene también con el Espíritu Santo una relación que se
ha comparado a la de la esposa con el esposo. Lo dice el ángel: «El Espíritu Santo te cubrirá con su
sombra. Por eso el niño que nacerá de ti será llamado Santo e Hijo de Dios» (Lc. 1, 35). «No temas
María porque has encontrado gracia delante de Dios» (Lc. 1, 30).

¿Qué dice la Biblia?

Vamos por partes: Es cierto que esos privilegios no están contenidos «explícitamente» en la Biblia. La
Biblia, por ejemplo, no habla de la Inmaculada Concepción ni de la Asunción. Pero están contenidos
implícitamente en la Biblia. Por ejemplo, en una semilla de rosal no está la rosa. No se ve la rosa, pero
ahí está en germen y poco a poco con la savia que viene de la tierra húmeda y con el calor del sol
brotará el rosal y en él florecerá la rosa.

Así también todo lo que la Iglesia enseña de María ha brotado de la semilla del Evangelio, al calor del
Espíritu Santo, que sigue iluminando al Pueblo de Dios y lo lleva a descubrir de a poco toda la riqueza
que El mismo ha colocado, como en un germen, en la Escritura inspirada por El.

Todo lo que la Iglesia enseña acerca de María es coherente con la imagen de María que nos formamos
al leer el Evangelio, con humildad y con espíritu de fe.

¿Qué dicen los evangelios acerca de las hermanas y hermanos de Jesús?

El idioma que usaba Jesús y sus discípulos no tiene muchas palabras para distinguir los distintos grados
de parentesco. Para todo se usaba la palabra «hermano» y así lo vemos en Génesis 13, 8 y en Mt. 13,
55. Las palabras originales que traducimos en castellano por «hermanos» y «hermanas» significan no
sólo los hermanos carnales sino también los primos y otros parientes cercanos. La Virgen María no
tuvo otros hijos. Jesús es el «único hijo» de María. Esto se muestra claramente por el hecho de que, al
morir, Jesús entregó su madre a Juan (Jn. 19, 27).

¿María es corredentora?

Así es. Jesús es el único Redentor, pero San Pablo enseña también que nosotros colaboramos a la
redención uniendo nuestros sufrimientos a los de Cristo. «Me alegro por lo que sufro por ustedes,
porque de esta manera voy completando en mi propio cuerpo lo que falta a los sufrimientos de Cristo
por la Iglesia, que es su cuerpo» (Col. 1, 24). María sufrió durante la pasión de su Hijo como nadie
jamás ha sufrido, porque tenía, más que nadie, horror al pecado, porque amaba a su Hijo más que
nadie; porque amaba a los hombres por quienes su Hijo sufría y moría. Por eso ha participado tan
íntimamente en la redención. No es ella la redentora; hay un solo Redentor, Jesucristo. Pero se la puede
llamar corredentora con toda propiedad explicando bien el alcance de este término.

¿Creer en María más que en Dios?

Adorar a María sería una idolatría, un pecado contra el primer mandamiento de la Ley de Dios. «Sólo
a Dios adorarás» (Lc. 4, 8). Jamás la Iglesia ha enseñado cosa semejante. María es una mujer, una
creatura, la más santa de todas las creaturas, pero solamente una creatura. A María la queremos, la
veneramos, conversamos con ella en la oración, le damos culto no de adoración que está reservado
sólo a Dios, sino un culto de veneración como se lo damos a los santos que, como ella, son seres
humanos, simples creaturas; y le pedimos que nos haga conocer, amar y seguir a Jesús como ella lo
conoció, lo amó y lo siguió.
La Virgen no puede ser objeto de culto de adoración o latría (la adoración sólo corresponde a Dios).
Pero sí se honra a la Virgen de una manera especial, a la que la Iglesia llama "hiperdulía" que es una
veneración mayor a la que se da a los santos del cielo, ellos son objeto de culto de "dulía" o veneración.

Los católicos no adoran a María ni a ninguna criatura. Hacerlo violaría el Primer Mandamiento. Solo
podemos adorar a Dios: Padre, Hijo y Espíritu Santo. Se adora a Cristo, incluso en su naturaleza humana,
ya que, el Hijo, es una persona divina.
Los católicos honran a María y piden su intercesión, pero esto nunca debe confundirse con la
adoración. El Catecismo de la Iglesia Católica (párrafo 970) dice:

“La función de María como madre de los hombres de ninguna manera oscurece o disminuye esta
mediación única de Cristo, sino que muestra su poder. Pero la influencia saludable de la Santísima
Virgen en los hombres brota de la sobreabundancia de los méritos de Cristo, descansa en su mediación,
depende enteramente de ella y extrae todo su poder de ella”. “Ninguna criatura podría contarse jamás
junto con el Verbo Encarnado y Redentor; pero, así como el sacerdocio de Cristo es compartido de
diversas maneras tanto por sus ministros como por los fieles, y como la única bondad de Dios se irradia
de diferentes maneras entre sus criaturas, así también la mediación única del Redentor no excluye, sino
que da surgir a una cooperación múltiple que no es más que una participación en esta única fuente ".

¿No será que el culto a María distrae del culto a Cristo?

No distrae de él, sino que conduce a él. María presintió el culto que le sería dado a lo largo de los
siglos, cuando exclamó: «Desde ahora me proclamarán bienaventurada todas las generaciones» (Lc. 1,
42). Ya Isabel, su prima, se lo había anunciado: «Bendita eres entre todas las mujeres y bendito es el
fruto de tu vientre» (Lc. 1, 48).

Los millares de iglesias dedicadas a María, las multitudes de personas que acuden a sus santuarios, los
millones de Avemarías que se rezan diariamente en el mundo, han confirmado ese presentimiento y
ese anuncio. El que conoce a María la ama, y se esfuerza por darla a conocer y por conocer y amar a
Cristo. Se alimenta de su Palabra. Se integra en la vida de la Iglesia, cumple los mandamientos y
participa de los sacramentos, especialmente de la Eucaristía.

¿Cuál será la relación de María con Cristo?

María es madre. Es también


discípula, su más perfecta
discípula, su primera y
fidelísima seguidora y su
inseparable colaboradora.
María es un reflejo de la
santidad de su Hijo Jesús. Se la
ha comparado a la luna que
nos ilumina de noche con una
luz más suave que la del día y
que no es sino un reflejo de la
luz deslumbrante del sol.
¿Cuál es la relación de María con la Iglesia?

Siendo madre «de Cristo» y, siendo nosotros por adopción, hermanos de Cristo, María es también
Madre «nuestra». Así lo dijo también expresamente Cristo en la cruz cuando le dijo a Juan: «He ahí a
tu madre» (Jn. 19, 27). María, siendo discípula y seguidora de Cristo, es nuestro modelo, la que va
delante en nuestra peregrinación hacia Cristo, la que nos muestra el camino y nos anima a seguirlo:
modelo de fe, de esperanza y de amor. Estando María ahora en el cielo, intercediendo por nosotros,
nos encomendamos a ella para que nos ayude a vivir aquí en la tierra como cristianos y alcanzar nuestro
destino final que es el cielo.

Los títulos de la Virgen

¿Por qué hablan algunos de la Virgen «del Carmen» y otros de la Virgen «de la Tirana» o de
«Lourdes»? ¿Por qué hay tantas imágenes y advocaciones distintas de la Virgen? ¿Son acaso
muchas las Vírgenes?

La Virgen María es una sola. La que conocemos en el Evangelio, con la fe de la Iglesia, es María de
Nazaret, la Madre de Jesús. Los diversos nombres y las distintas imágenes aluden a las circunstancias
o misterios de su vida. La Mater Dolorosa al pie de la cruz es una mujer madura, traspasada de dolor.
La Virgen del Tránsito o de la Asunción es una mujer transfigurada, entrando en la gloria.

Otros nombres se refieren a los distintos lugares en que se celebra su culto: Virgen de Lourdes, de
Guadalupe... Pero la Santísima Virgen es una sola. Los miles de artistas que han querido pintarla y
esculpirla se la han imaginado cada cual, a su manera, buscando, sin embargo, su inspiración en el
Evangelio y en la fe de la Iglesia

¿Qué se debe entender por apariciones de la Virgen?

La Santísima Virgen puede, si quiere, intervenir desde el cielo en asuntos humanos por amor a los
hombres. Puede «aparecerse» a tal o cual persona, habitualmente a niños o personas humildes, y
entregarles un mensaje para que los hombres se conviertan y vuelvan a Dios.

¿Cree la Iglesia, así no más, a cualquiera que dice que se le apareció la Virgen?

La Iglesia tiene mucha prudencia y sabiduría y es muy lenta en reconocer una aparición. Primero
estudia, averigua y comprueba, a fin de no inducir a nadie a engaño. Y hechas las averiguaciones y
después de varios años se pronuncia y reconoce con su autoridad si la aparición es real o ficticia.

En algún caso la Iglesia se ha convencido de la autenticidad de una aparición por la santidad de vida
del vidente, por la pureza del mensaje entregado o por los hechos ocurridos en el lugar de la aparición:
curaciones, conversiones, etc. Esto es lo que ocurrió en Lourdes, Francia, en 1858 y en Fátima, Portugal,
en el año 1917. En otros casos la Iglesia ha rechazado las supuestas apariciones o simplemente no se
pronuncia esperando que el tiempo establezca la verdad.
¿Cuál es la mejor manera de orar a la Santísima Virgen?

La oración principal es la del Ave María que consta de dos partes: la primera parte está tomada del
Evangelio, del relato de la Anunciación y de la Visitación: «Dios te salve María, llena eres de gracia, el
Señor está contigo» (Lc. 1, 28). «Bendita tú eres entre todas las mujeres y bendito es el fruto de tu
vientre» (Lc. 1, 42).

La segunda parte ha sido agregada por la Iglesia: «Santa María, Madre de Dios, ruega por nosotros,
pecadores, ahora y en la hora de nuestra muerte. Amén».

¿Qué es el santo rosario?


Es una manera de unirnos a la Santísima
Virgen María rezando cinco veces un
Padre nuestro, diez Avemarías y un
gloria, y recordando cada vez un
misterio de la vida del Señor.

Hay 5 misterios gozosos, que se rezan los lunes y sábado, 5 misterios dolorosos, que se rezan los
martes y viernes, 5 misterios luminosos que se rezan los jueves y 5 misterios gloriosos que se rezan los
miércoles y domingos. Otras hermosas oraciones a la Virgen son la «Dios te salve Reina y Madre»; el
«Bendita sea tu pureza», etc.

¿Por qué celebramos a María, como Madre de la Iglesia?

Las raíces teológicas de este título se remontan a la Iglesia primitiva. Los Padres de la Iglesia, obispos
santos y estudiosos de los primeros siglos, hablaban a menudo de María como la nueva Eva. Así como
la Mujer Eva fue "la madre de todos los vivientes" (Gén. 3:20), la Mujer María fue la madre de todos los
que viven en Cristo. En Apocalipsis 12:17, San Juan dice que la descendencia de esta Mujer es "los que
guardan los mandamientos de Dios y dan testimonio de Jesús".

En 2025, la memoria de María, Madre de la Iglesia se celebra el 9 de junio.

¿Por qué celebramos a María, como Madre de la Iglesia?

La popularidad de la expresión específica “Madre de la Iglesia” creció especialmente en los siglos XX y


XXI. En 2018, el Papa Francisco agregó un día festivo con este título para el lunes siguiente a la
solemnidad de Pentecostés, considerado el cumpleaños de la Iglesia.

¿Qué significa Madre de la Iglesia?

En una audiencia general en 2013, el Papa Francisco exploró el significado de que la Iglesia es nuestra
"Madre".
Entre las imágenes que el
Concilio Vaticano II eligió para
ayudarnos a comprender
mejor la naturaleza de la
Iglesia, está la de “madre”: la
Iglesia es nuestra madre en la
fe, en la vida sobrenatural (cf.
Constitución Dogmática
Lumen Gentium, nn. 6,
14,15,41,42).

Es una de las imágenes más utilizadas por los Padres de la Iglesia en los primeros siglos y creo que
podría sernos útil también a nosotros.
Para mí es una de las imágenes más bellas de la Iglesia: ¡Iglesia Madre! ¿En qué sentido y de qué
manera la Iglesia es madre? Partimos de la realidad humana de la maternidad: ¿qué hace a una madre?

Una madre genera vida, lleva a su hijo en su vientre durante 9 meses y luego da a luz. La Iglesia es
así: nos lleva en la fe, por obra del Espíritu Santo que la hace fecunda, como la Virgen María. La Iglesia
y la Virgen María son madres, ambas; lo que se dice de la Iglesia se puede decir también de Nuestra
Señora y lo que se dice de Nuestra Señora también se puede decir de la Iglesia... Una madre no se
limita a dar vida; con mucho amor ayuda a sus hijos a crecer, les da leche, les da de comer, les enseña
el camino de la vida, los acompaña siempre con sus cuidados, con su cariño, con su amor, incluso
cuando son mayores. Y en esto también sabe corregirlos, perdonarlos y comprenderlos. Sabe estar
cerca de ellos en la enfermedad y en el sufrimiento. En una palabra, una buena madre ayuda a sus
hijos a salir por sí mismos y a no permanecer cómodos bajo sus alas maternales, como una cría de
polluelos bajo las alas de una gallina. La Iglesia como buena madre hace lo mismo: acompaña nuestro
desarrollo transmitiéndonos la Palabra de Dios, que es una luz que orienta el camino de la vida cristiana;
ella administra los sacramentos. Ella nos nutre con la Eucaristía, nos trae el perdón de Dios a través
del Sacramento de la Penitencia, nos ayuda en los momentos de enfermedad con la Unción de los
enfermos. La Iglesia nos acompaña durante toda nuestra vida de fe, durante toda nuestra vida
cristiana...
En los primeros siglos de la Iglesia, una cosa estaba muy clara: la Iglesia, siendo madre de los cristianos,
mientras “hace” cristianos, también es “hecha” por ellos. La Iglesia no es distinta de nosotros, sino que
debe verse como la totalidad de los creyentes, como el “nosotros” de los cristianos: yo, ustedes, todos
somos parte de la Iglesia. San Jerónimo escribió: “La Iglesia de Cristo no es otra cosa que las almas de
los que creen en Cristo” (Tract. Sal 86: PL 26,1084). Así la maternidad de la Iglesia la vivimos todos,
pastores y fieles.

¿Qué día de fiesta es el lunes después de Pentecostés?

El memorial de María, Madre de la Iglesia, se celebra el lunes después de Pentecostés. El domingo de


Pentecostés, celebramos el cumpleaños de la Iglesia, y en el memorial de María, Madre de la Iglesia,
los católicos celebran el hecho de que María, como madre de Nuestro Señor, está intrínsecamente
vinculada a la Iglesia como su madre
¿Se encuentra el título “Madre de la Iglesia” en la Biblia?

El título “Madre de la Iglesia” no se encuentra en la Sagrada Escritura, pero el Papa San Juan Pablo II
cubrió varias formas en las que la Biblia alude a este título:

Aunque el título "Madre de la Iglesia" se le atribuyó a María sólo recientemente, expresa la relación
maternal de la Santísima Virgen con la Iglesia, como ya se muestra en varios textos del Nuevo
Testamento.
Desde la Anunciación, María fue llamada a dar su consentimiento para la llegada del reino mesiánico,
que se produciría con la formación de la Iglesia.
Cuando en Caná María pidió al Hijo que ejerciera su poder mesiánico, hizo una contribución
fundamental a la implantación de la fe en la primera comunidad de discípulos, y colaboró en la
iniciación del reino de Dios, que tiene su “semilla” y “comienzo” en la Iglesia (cf. Lumen gentium, n. 5).
En el Calvario, María se unió al sacrificio de su Hijo e hizo su propia contribución materna a la obra de
la salvación, que tomó la forma de los dolores de parto, el nacimiento de la nueva humanidad.
Al dirigir las palabras "Mujer, ahí tienes a tu hijo" a María, el Crucificado proclama su maternidad no
sólo en relación con el apóstol Juan, sino también con cada discípulo. El mismo evangelista, al decir
que Jesús tuvo que morir `` para reunir en uno a los hijos de Dios que están dispersos '' (Jn. 11, 52),
indica el nacimiento de la Iglesia como fruto del sacrificio redentor con el que María está asociada
maternalmente.
El evangelista san Lucas menciona la presencia de la Madre de Jesús en la primera comunidad de
Jerusalén (Hch. 1,14). De esta manera destaca el papel maternal de María en la Iglesia recién nacida,
comparándolo con su papel en el nacimiento del Redentor. La dimensión materna se convierte así en
un elemento fundamental de la relación de María con el nuevo Pueblo de los redimidos. (Audiencia
general, 17 de septiembre de 1997)

¿Cómo se convirtió María en Madre de la Iglesia?

El Padre eligió a María de entre todas las mujeres para ser la madre, según la naturaleza humana, de
su Divino Hijo. Como es Madre de Cristo en el orden natural, es también la Madre de Su Cuerpo Místico,
la Iglesia, de la cual Él es la Cabeza en el orden de la gracia.

En el Libro de Hebreos 2: 9-13, el autor deja en claro que Jesús es nuestro hermano:
Vemos a Jesús, que por un tiempo fue hecho menor que los ángeles, coronado de gloria y honra a
causa del sufrimiento de la muerte, para que por la gracia de Dios gustara la muerte por todos.
Porque convenía que aquel para quién y por quien existen todas las cosas, al llevar a muchos hijos a la
gloria, perfeccionara mediante el sufrimiento al pionero de su salvación. Porque el que santifica y los
que son santificados tienen un solo origen. Por eso no se avergüenza de llamarlos hermanos,
diciendo:
“Proclamaré tu nombre a mis hermanos, en medio de la congregación te alabaré”.
Y de nuevo, “confiaré en él”.
Y nuevamente, “Aquí estoy, y los hijos que Dios me ha dado.” (énfasis añadido)
Dado que Jesús es nuestro hermano y María es su madre, se deduce que María también es nuestra
madre.
Finalmente, cuando Jesús estaba en la cruz, vemos el tierno momento en que le dio a María al apóstol
Juan. En el Evangelio de Juan 19: 26-27, leemos:
Cuando Jesús vio a su madre y al discípulo a quien amaba que estaban cerca, dijo a su madre: "Mujer,
aquí tienes a tu hijo". Luego dijo al discípulo: "¡Ahí tienes a tu madre!" Y a partir de esa hora el discípulo
la llevó a su propia casa.
Así, la Tradición de la Iglesia, procedente de los Apóstoles, nos enseña a comprender que el Señor
confiaba todos sus discípulos a María, en la persona de San Juan.

¿Cuál es el papel de la Virgen María en la Iglesia?


El Catecismo de la Iglesia Católica (párrafos 964-965) nos enseña,
El papel de María en la Iglesia es inseparable de su unión con Cristo y fluye directamente de ella. “Esta
unión de la madre con el Hijo en la obra de la salvación se manifiesta desde la concepción virginal de
Cristo hasta su muerte”; se manifiesta sobre todo en la hora de su Pasión:
Así la Santísima Virgen avanzó en su peregrinaje de fe, y perseveró fielmente en su unión con su Hijo
hasta la cruz. Allí permaneció, de acuerdo con el plan divino, soportando con su Hijo unigénito la
intensidad de su sufrimiento, uniéndose a su sacrificio en el corazón de su madre y consintiendo
amorosamente en la inmolación de esta víctima, nacida de ella: para ser entregada, por el mismo Cristo
Jesús agonizante en la cruz, como madre de su discípulo, con estas palabras: "Mujer, ahí tienes a tu
hijo".
Después de la Ascensión de su Hijo, María "ayudó a los comienzos de la Iglesia con sus oraciones". En
su asociación con los apóstoles y varias mujeres, “también vemos a María en sus oraciones implorando
el don del Espíritu, que ya la había eclipsado en la Anunciación”.
Además, el Papa San Pablo VI, en el “Credo del Pueblo de Dios”, dijo lo siguiente:
Unida por un vínculo estrecho e indisoluble a los Misterios de la Encarnación y la Redención, la
Santísima Virgen, la Inmaculada, fue al final de su vida terrena elevada en cuerpo y alma a la gloria
celestial y comparada con su Hijo resucitado en anticipación de la suerte futura. de todos los justos; y
creemos que la Santísima Madre de Dios, la Nueva Eva, Madre de la Iglesia, continúa en el cielo su
papel maternal con respecto a los miembros de Cristo, cooperando con el nacimiento y crecimiento
de la vida divina en las almas de los redimidos.

¿Por qué es importante la Virgen María?


El Catecismo de la Iglesia
Católica (párrafo 971) dice:
"Todas las generaciones me
llamarán bienaventurada": "La
devoción de la Iglesia a la
Santísima Virgen es intrínseca
al culto cristiano".

La Iglesia honra con razón a “la Santísima Virgen con especial devoción. Desde los tiempos más
remotos, la Santísima Virgen ha sido honrada con el título de "Madre de Dios", a cuya protección los
fieles vuelan en todos sus peligros y necesidades... Esta devoción tan especial... difiere esencialmente
de la adoración que se da al Verbo encarnado e igualmente al Padre y al Espíritu Santo, y fomenta
mucho esta adoración”. Las fiestas litúrgicas dedicadas a la Madre de Dios y la oración mariana, como
el rosario, “epítome de todo el Evangelio”, expresan esta devoción a la Virgen María.
El Catecismo (párrafo 487) deja claro que nuestras creencias sobre María están todas ligadas a su
relación con el Señor: “Lo que la fe católica cree sobre María se basa en lo que cree sobre Cristo, y lo
que enseña sobre María ilumina a su vez su fe en Cristo".

¿Qué cree la Iglesia Católica sobre María?

La Iglesia Católica tiene cuatro dogmas sobre la Santísima Virgen:

 Ella es la Madre de Dios (Concilio de Éfeso, 431).


 Su virginidad perpetua, es decir, mantenida durante toda su vida (Concilio de Letrán, 649).
 Su Inmaculada Concepción (Papa Pío IX), Ineffabilis Deus, 1854).
 Su Asunción al Cielo (Papa Pío XII, Munificentissimus Deus, 1950).

LA MATERNIDAD DIVINA

El dogma de la Maternidad Divina se refiere a que la Virgen María es verdadera Madre de Dios. Fue
solemnemente definido por el Concilio de Éfeso (año 431). Tiempo después, fue proclamado por otros
Concilios universales, el de Calcedonia y los de Constantinopla.

El Concilio de Éfeso, del año 431, siendo Papa San Clementino I (422-432) definió:

"Si alguno no confesare que el Emmanuel (Cristo) es verdaderamente Dios, y que, por tanto, la
Santísima Virgen es Madre de Dios, porque parió según la carne al Verbo de Dios hecho carne, sea
anatema."

El Concilio Vaticano II hace referencia del dogma así:

"Desde los tiempos más antiguos, la Bienaventurada Virgen es honrada con el título de Madre de Dios,
a cuyo amparo los fieles acuden con sus súplicas en todos sus peligros y necesidades" (Constitución
Dogmática Lumen Gentium, 66)
LA INMACULADA CONCEPCIÓN

El Dogma de la Inmaculada Concepción establece que María fue concebida sin mancha de pecado
original. El dogma fue proclamado por el Papa Pío IX, el 8 de diciembre de 1854, en la Bula Ineffabilis
Deus.

"Declaramos, pronunciamos y definimos que la doctrina que sostiene que la Santísima Virgen María,
en el primer instante de su concepción, fue por singular gracia y privilegio de Dios omnipotente en
previsión de los méritos de Cristo Jesús, Salvador del género humano, preservada inmune de toda
mancha de culpa original, ha sido revelada por Dios, por tanto, debe ser firme y constantemente creída
por todos los fieles."

LA PERPETUA VIRGINIDAD

El dogma de la Perpetua Virginidad se refiere a que María fue Virgen antes, durante y perpetuamente
después del parto.

"Ella es la Virgen que concebirá y dará a luz un Hijo cuyo nombre será Emanuel" (Cf. Is., 7, 14; Miq., 5,
2-3; Mt., 1, 22-23) (Const. Dogmática Lumen Gentium, 55 - Concilio Vaticano II).

"La profundización de la fe en la maternidad virginal ha llevado a la Iglesia a confesar la virginidad real


y perpetua de María incluso en el parto del Hijo de Dios hecho hombre.
En efecto, el nacimiento de Cristo "lejos de disminuir consagró la integridad virginal" de su madre. La
liturgia de la Iglesia celebra a María como la 'Aeiparthenos', la 'siempre-virgen'." (499 - catecismo de
la Iglesia Católica)
LA ASUNCIÓN

El dogma de la Asunción se refiere a que la Madre de Dios, luego de su vida terrena fue elevada en
cuerpo y alma a la gloria celestial.

Este Dogma fue proclamado por el Papa Pío XII, el 1º de noviembre de 1950, en la Constitución
Munificentisimus Deus:

"Después de elevar a Dios muchas y reiteradas preces y de invocar la luz del Espíritu de la Verdad, para
gloria de Dios omnipotente, que otorgó a la Virgen María su peculiar benevolencia; para honor de su
Hijo, Rey inmortal de los siglos y vencedor del pecado y de la muerte; para aumentar la gloria de la
misma augusta Madre y para gozo y alegría de toda la Iglesia, con la autoridad de nuestro Señor
Jesucristo, de los bienaventurados apóstoles Pedro y Pablo y con la nuestra, pronunciamos, declaramos
y definimos ser dogma divinamente revelado que La Inmaculada Madre de Dios y siempre Virgen
María, terminado el curso de su vida terrenal, fue asunta en cuerpo y alma a la gloria del cielo".

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